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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 11 de octubre de 2009

HIMNO AKATHISTOS A NUESTRA SEÑORA

Respecto a la historia del Akathistos, este himno fue adoptado en acción de gracias luego de la intervención milagrosa de María Santísima en defensa de Constantinópolis -reinando Heraclio como emperador- ante el ataque de los bárbaros: concretamente los ávaros y los persas -a un tiempo y amenazando las fronteras del Imperio bizantino desde diversos frentes- en el año 626.

Se cuenta que el patriarca Sergio hizo llevar en procesión, por toda la ciudad, el icono de la Santa Madre de Dios, exhortando a la población a no perder la confianza en su protección. Como quiera ser que los intentos de conquista de Constantinopla por sus enemigos, tanto por tierra como por mar, fracasaron milagrosamente -a pesar de las más numerosas y poderosas fuerzas que aportaban a la lucha los bárbaros-, maravillados, los habitantes de la ciudad imperial se dirigieron a la Catedral de Santa Sofía para agradecer a la «Combatiente Poderosa» su infalible intercesión, cantando jubilosamente: «¡Oh, Madre de Dios, somos tus siervos!».

El título de "Akathistos" se debe a que el pueblo, careciendo de espacio para sentarse, permaneció de pie ("akáthistos" significa "que no está sentado") toda la velada y, en adelante, escucharía siempre este himno en esa posición en honor de la Virgen.

Es posible que el himno estuviera compuesto con bastante anterioridad, puesto que es evidente que no puede ser fruto de la improvisación. Sin embargo, este acontecimiento histórico tan señalado pudo influir para que se fijase la tradición de usarlo como himno de acción de gracias. Así, habría que situar su composición entre finales del siglo V y principios del siglo VI.

Respecto al autor, se han propuesto varias hipótesis, sin que haya pruebas suficientes para determinar con seguridad la autoría de uno de ellos: entre ellos destacan los patriarcas de Constantinopla Sergio y Germán, Jorge de Pisidia y San Romanos el Meloda.

El Akathistos pertenece al género del Kontakion (Himnos), compuesto sobre un acróstico, dando comienzo cada una de las letras del alfabeto griego a cada uno de los 24 versos de que se compone.

Desde el principio, el himno parece haber sido muy apreciado no sólo devocionalmente, sino también en su aspecto poético: así Romanos el Meloda lo toma como modelo para su Himno de la Historia de San José, existe también un acatisto del Tránsito de la Virgen muy antiguo y, posteriormente, son numerosos los kondakios a los que sirve como modelo. Se cuenta también con un «Akathistos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo».

La primera parte del Himno Akathistos a la Madre de Dios relata poéticamente la Anunciación, el Nacimiento y primeras manifestaciones del Hijo de Dios y la segunda parte está constituida por reflexiones teológicas acerca de estos misterios en todos sus aspectos: teológicos, soteriológicos (relativos al Espíritu Santo), sacramentales, espirituales y, sobre todo, marianos. Se trata de un poema sobre la Encarnación y manifestación del Hijo de Dios y para ello sigue y recrea los relatos evangélicos concernientes a estos hechos.

El Akathistos es insertado en el servicio de Pequeñas Completas junto con el Canon litúrgico, compuesto por san José el Himnógrafo; se suele llamar a todo el conjunto el “Servicio del Akathistos”.

HIMNO AKATHISTOS A LA SANTA MADRE DE DIOS

Icono ruso de la Madre de Dios en su advocación de Generala Victoriosa (alrededor de Ella las 24 preces del Akathistos)

Κοntakion

Oh Madre de Dios, oh Generala victoriosa, te cantamos un himno de triunfo. A ti, que nos salvas de nuestras tribulaciones te ofrecemos nuestra gratitud. Eres invencible. Líbranos de todo peligro y exclamaremos: Alégrate, Novia no desposada.

Prólogo

Habiendo entendido su misión secreta, el Ángel va con prisa a la casa de José y dice a la Virgen: "El que inclina los Cielos por su condescendencia, Se esconde en ti. Viendo cómo toma la forma de esclavo en tu seno, me maravillo y te aclamo: Alégrate, Novia no desposada.

STASIS 1ª [A – Ζ]

Un Príncipe de los ángeles es enviado desde los Cielos para decir a la Madre de Dios: "Alégrate." Cuando Te contempla, oh, Señor, asumiendo un cuerpo, exulta y queda asombrado, y con voz inmaterial la aclama:

Alégrate, Luz de alegría;
Alégrate, extinción de la maldición.

Alégrate, resurrección de Adán caído;
Alégrate, redención de las lágrima de Eva.

Alégrate, altura inaccesible a la razón humana;
Alégrate, profundidad insondable aun a los ojos de los Ángeles.

Alégrate, trono del Rey;
Alégrate, portadora de Quién lo lleva todo.

Alégrate, estrella que anuncia al Sol;
Alégrate, seno de la divina Encarnación.

Alégrate, renovadora de la Creación;
Alégrate, Madre del Creador.

Alégrate, Novia no desposada.

Considerando su castidad, la Santísima dice con franqueza a Gabriel: "La paradoja de tu palabra parece incomprensible a mi alma. Me predicas una maternidad sin que conozca varón y exclamas: ¡Aleluya!

La Virgen desea comprender lo incomprensible e interroga al enviado: "¿Cómo puede nacer un hijo de mis castas entrañas? Dímelo." El ángel responde con temor, aclamándola:


Alégrate, iniciada en el designio inefable;
Alégrate, testimonio del silencio misterioso.

Alégrate, preludio de las maravillas del Cristo;
Alégrate, recapitulación de los dogmas de la fe.

Alégrate, escala por la que Dios bajó de los Cielos;
Alégrate, puente que conduce a los de la tierra a los Cielos.

Alégrate, maravilla de los ángeles;
Alégrate, herida de los demonios.

Alégrate, Madre inefable de la Luz;
Alégrate, maestra de discreción

Alégrate, ciencia mayor que la de los sabios;
Alégrate, iluminación del espíritu de los fieles.

Alégrate, Novia no desposada.

 La Energía del Altísimo cubre con su sombra a la Virgen para fecundarla, transformando su seno estéril en un campo fértil para todos los que quieran cosechar la salvación, salmodiando así: ¡Aleluya!

Habiendo recibido a Dios en su seno, la Virgen se apresura a visitar a Isabel. Su bebé, reconociendo el saludo de María, enseguida se alegra y salta de júbilo, aclamando a la Madre de Dios:


Alégrate, sarmiento de cepa incorruptible;
Alégrate, huerto de frutos puros.

Alégrate, Madre del Jardinero, amigo del hombre;
Alégrate, matriz del Sembrador de nuestra vida.

Alégrate, tierra fértil de misericordias;
Alégrate, mesa colmada de ofrendas.

Alégrate floración del Paraíso;
Alégrate, puerto de las almas.

Alégrate, grato incienso de la plegaria;
Alégrate expiación de todo el universo.

Alégrate, amor de Dios a los hombres;
Alégrate, intercesora de los mortales frente a Dios.

Alégrate, Novia no desposada.

El discreto José es turbado por un torbellino de pensamientos contradictorios. Vacila su alma al verte concebir misteriosamente, Virgen irreprochable. Más, conociendo la obra del Espíritu Santo, dice: ¡Aleluya!


STASIS 2ª [H– Μ]


Oyeron los pastores a los ángeles que cantaban alabanzas a la presencia encarnada de Cristo; y acudiendo como a un pastor, le contemplan como cordero inocente, pacido en el vientre de María, a quien alabando dijeron:


Alégrate, madre del cordero y pastor;
Αlégrate redil de corderos racionales.

Alégrate, defensa contra enemigos invisibles;
Alégrate llave de las puertas del paraíso.
Alégrate, porque el cielo se regocija junto a la tierra;
Alégrate porque la tierra canta junto al cielo.

Alégrate, boca no silenciada de los apóstoles;
Alégrate, coraje invencible de los victoriosos.

Alégrate tú, firme baluarte de la fe;
Alégrate tú, conocimiento brillante de la gracia.

Alégrate, porque fue desnudado el Hades;
Alégrate, porque a través de Ti nos hemos vestido de gloria.

Alégrate, Novia no desposada.

Habiendo visto los Magos una estrella que marcaba el camino de Dios, siguieron a su resplandor, y teniéndola como linterna, buscaban con ella a un Rey poderoso. Al alcanzar al inalcanzable, se regocijaron exclamándole: ¡Aleluya!

Vieron los hijos de los caldeos, en las manos de la Virgen, a quien creó con sus manos al ser humano. Y reconociéndole como Amo, aunque tomó la forma de siervo, acudieron para hacerle atenciones con obsequios y para exclamarle a la Bendita:


Alégrate, Madre de la estrella sin ocaso;
Αlégrate aurora de un día místico.

Alégrate, tú que apagaste el horno del engaño;
Αlégrate, tú que iluminas a los ministros de la Trinidad.

Alégrate, tú que echaste del mando al tirano de la gente;
Alégrate, tu que revelaste a Cristo Señor filántropo.

Alégrate, tú que nos redimiste de la religión bárbara;
Alégrate tú que nos libras del fango de nuestras obras.

Alégrate, tú que aboliste la adoración del fuego;
Alégrate, tú que nos libras de las llamas de las pasiones.

Alégrate, guía fiel de prudencia;
Alégrate tú, Alegría de todas las generaciones.

Alégrate novia no desposada.

Convertidos los Magos en predicadores divinos, regresaron a Babilón; cumpliendo con tu oráculo y predicándote, a Ti Cristo, a todos, dejando a Herodes delirando, sin saber cantar: ¡Aleluya!

Iluminando a Egipto con la iluminación de la verdad, ahuyentaste la oscuridad de la mentira; pues sus ídolos, Salvador, al no poder resistir tu poder, se cayeron, mientras quienes fueron librados de ellos exclamaban a la Madre de Dios:

Alégrate tú, la redención de los humanos;
Alégrate tú, la caída de los demonios.

Alégrate tú, que pisoteaste el engaño del fraude;
Alégrate tú, que cuestionaste la razón de los ídolos.

Alégrate tú, que echaste al fondo del mar al Faraón imaginario;
Alégrate tú la piedra que abrevó a los sedientos de vida.

Alégrate tú, columna de fuego que guía a los que están en tinieblas;
Alégrate tú, protección del mundo más ancha que una nube.
Alégrate tú, alimento de la especie del maná;
Alégrate tú, servidora de santa ternura.
Alégrate tú, tierra prometida;
Alégrate tu, de quien corre miel y leche.

Alégrate Novia no desposada.

Estando Simeón a punto de mudarse de esta vida engañosa, fuiste entregado a él siendo un bebé, pero te diste a conocer a él como Dios perfecto; por lo cual se asombró por tu inefable sabiduría, exclamando: ¡Aleluya!

STASIS 3ª [Ν – Σ]

Nos mostró una nueva creación, el Creador, al revelarnos a nosotros que fuimos creados por Él, que brotó de un vientre no sembrado y lo conservó como era incorrupto, a fin de que contemplando el milagro, le cantemos a ella exclamando:


Alégrate, flor de la inmortalidad;
Αlégrate, corona de la continencia.

Alégrate, tú que preanuncias la resurrección;
Αlégrate tú que revelas la vida de los ángeles.

Alégrate, árbol de frutos alegres del que se nutren los creyentes;
Αlégrate, madero de buena sombra, donde se refugian muchos.

Alégrate, tú que gestas al guía de los desorientados;
Alégrate, tú que traes a luz al salvador de los cautivos.

Alégrate, tú que calmas la ira del Juez;
Alégrate tú, perdón de los cometan faltas.

Alégrate, atuendo festivo de los desnudos;
Alégrate, cariño que vence a todo deseo.

Alégrate, Novia no desposada.

Viendo una gestación extraña, seamos extraños al mundo, transportando la mente al cielo, pues para ello, Dios Altísimo se reveló en la tierra, como un hombre humilde, queriendo atraer a las alturas a quienes le exclaman: ¡Aleluya!

El inefable Verbo estaba totalmente en la tierra sin ausentarse del cielo, pues el hecho no fue un traslado de lugar, sino condescendencia divina. El nacimiento se realizó en una Virgen fecundada por Dios, que escucha estas palabras:


Alégrate, lugar del infinito Dios;
Alégrate, puerta del honorable misterio.

Alégrate, noticia incierta para los incrédulos;
Alégrate, orgullo seguro de los creyentes.

Alégrate, carro santísimo de Aquél que está sobre los Querubines;
Alégrate, morada óptima de Quien está sobre los Serafines.

Alégrate, tú que realizaste, de contrarios, la unidad;
Alégrate, tú que conjugaste el ser virgen con la maternidad.

Alégrate, tú por quien fue desatada la transgresión;
Alégrate, tú por quien fue reabierto el paraíso.

Alégrate, llave del reino de Cristo;
Alégrate, esperanza de bienes eternos.

Alégrate, Novia no desposada.

Todas las órdenes angelicales se asombraron frente a la gran obra de Tu encarnación; pues contemplaban a Dios inaccesible, como un hombre accesible a todos, caminando entre nosotros, y escuchando de todos: ¡Aleluya!

Vemos a oradores elocuentes mudos como peces ante Ti, Madre de Dios; pues no pueden explicar, cómo sigues siendo Virgen y pudiste dar a luz. En cuanto a nosotros, admirando el misterio clamamos con fe:


Alégrate, recipiente de la sabiduría de Dios;
Alégrate tesoro de Su providencia.

Alégrate Tú, que muestras a los filósofos como carentes de sabiduría;
Alégrate Tú, que reprochas a los tecnólogos como carentes de razón.

Alégrate porque se han tornado necios los poderosos dialécticos;
Alégrate porque se han marchitado los fabuladores de mitos.

Alégrate Tú, que rompes las redes de los atenienses;
 Alégrate Tú que llenas las redes de los pescadores.

Alégrate Tú, que rescatas de las profundidades de la ignorancia;
Alégrate Tú que iluminas a muchos con el conocimiento.

Alégrate nave de los que quieren salvarse;
Alégrate puerto de los flotadores de la vida.

Alégrate Novia no desposada.

O Queriendo salvar al mundo el rector del universo, vino al mundo por su propio poder, y siendo Pastor por ser Dios, se reveló a nosotros como un hombre; pues llamando a Su semejanza, como Dios, oye: ¡Alleluia!

STASIS 4ª [Τ – Ω]

Eres muralla de vírgenes, Virgen Madre de Dios, y de todos los que acuden a Ti; pues el Creador del cielo y de la tierra te creó, oh Inmaculada, habitó en tu matriz y enseñó a todos a exclamarte:


Alégrate, columna de la virginidad;
Alégrate, puerta de la salvación.

Alégrate, primicia de la recreación ideal;
Αlégrate, provisora de bondad divina.

Alégrate, tú que hiciste renacer a los concebidos con vergüenza;
Alégrate, tú que amonestaste a los de mente envilecida.

Alégrate, la que abolió al corruptor de mentes;
Alégrate, la que dio a luz al sembrador de pureza.

Alégrate, recámara de boda sin siembra;
Αlégrate, reconciliadora a los creyentes con el Señor.

Alégrate, buena nodriza de vírgenes;
Alégrate, adorno nupcial de almas santas.

Alégrate, novia no desposada.

Todo himno languidece cuando corre a explayarse sobre la magnitud de tu inmensa misericordia; pues aunque te ofrendáramos una cantidad de cánticos tan numerosos como los granitos de la arena, Santo Rey, nada digno de Ti haríamos, por todo lo que nos has dado, a nosotros que te cantamos:

¡Aleluya!

Vemos a la Virgen santísima como lámpara portadora de luz, que se revela a los que están en la oscuridad; ella, encendiendo la Luz inmaterial, guía a todos al divino conocimiento e ilumina la mente con esplendor. Honrémosla exclamando:


Alégrate, rayo del Sol espiritual;
Alégrate, flecha de la Luz inocultable.

Alégrate, relámpago que ilumina las almas;
Alégrate, trueno que aterroriza a los enemigos.

Alégrate, tú que haces fulgurar luz radiante;
Alégrate, tú que haces emanar río abundante.

Alégrate, tú que prefiguraste la pila bautismal;
Alégrate, tú que eliminaste la suciedad del pecado.

Alégrate, purificación que limpia la conciencia;
Alégrate, copa que vierte alegría.

Alégrate, fragancia del incienso de Cristo;
Alégrate, vida del banquete místico.

Alégrate, novia no desposada.

Deseando el Misericordioso otorgar la gracia de perdonar las antiguas deudas, vino, Él mismo, a habitar entre los que estaban alejados de su Gracia; y al borrar la deuda, escucha de todos: ¡Aleluya!

Cantando a tu hijo, te alabamos todos, como templo animado, Madre de Dios; pues habiendo morado en tu vientre, el Señor que contiene en la palma al universo, santificó, glorificó, enseñó a todos exclamarte:


Alégrate, tienda de Dios Verbo;
Alégrate, Santa mayor de todos los Santos.

Alégrate, arca dorada por el Espíritu;
Alégrate, tesoro de vida inagotable.

Alégrate, preciosa diadema de reyes piadosos;
Alégrate, orgullo reverendo de sacerdotes devotos.

Alégrate, torre inconmovible de la Iglesia;
Alégrate, muralla inexpugnable del reino.

Alégrate, pues por Ti se enarbolan trofeos;
Alégrate, pues por Ti se abaten los enemigos.

Alégrate, curación de mi cuerpo;
Alégrate, salvación de mi alma.

Alégrate, novia no desposada.

¡Oh! muy alabada Madre, que trajiste al mundo al más Santo de todos los Santos, el Verbo de Dios. Aceptando la presente ofrenda, líbranos a todos de toda desgracia, y redímenos de la condenación futura, a nosotros que te clamamos: ¡Aleluya!

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+Jorge de la Compasión (Autor del blog)

Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)