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martes, 16 de marzo de 2010

EL TALLER DE SAN JOSÉ

Esta reflexión me la mandaron por correo, y quiero compartirla con vosotros:

¿CÓMO SERÍA EL TALLER DE SAN JOSE? 



-Utilizaba el martillo de su perseverancia: aseguró todo, hasta el final.
-El formón era su herramienta preferida: quitaba importancia a las cosas.
-La sierra no tenía cabida en su taller: lo poco que tenía, sabía aprovecharlo.
-El metro era muy original: donde los hombres medían corto... el siempre echaba largo-Su nivel era muy especial: donde los hombres se torcían, El siempre enderezaba.
-Su distracción era el silencio: nunca hizo ruido. Nadie se quejó de EL.
-El banco de su trabajo era sencillo: sus manos, en cambio, prodigiosas.
-No tenía grandes operarios: un tal, Jesús, le echaba una mano. María, miraba con amor.
-Nunca tenía hambre: María, su esposa, le llenaba de felicidad.
-Su cepillo cortaba muy poco: sabía que la pobreza no le permitía desperdiciar nada.
-El destornillador que más utilizaba era la dulzura: con ella consiguió sacar muchas espinas.
-La escuadra preferida era la Biblia: con ella le cuadraba todo.
-La maza era su afable carácter: todo material se dejaba doblegar.
-El punzón preferido era la palabra oportuna: habló poco, pero hizo mucho.
-Los sargentos eran sus convicciones: con ellas todo quedaba atado
-Las tenazas eran su perdón: nunca tuvo rencor, siempre lo sacó fuera
-La lija fue la confianza: con ella se dejó pulir y llevar hasta el final de sus días
-La madera era su obediencia: Dios, una vez más, encontró una persona leal, noble y pobre.
-Sus trabajos eran sencillos: trabajaba para vivir y, aún así, no siempre pudo vivir bien.
-El secreto de su carpintería fue la fe: con ella la abrió y, sin ella, hoy no hubiera sido conocida.
-Su taller era pequeño pero, en su interior, siempre había un lugar para todo el que llamaba.
-Su taller tenía una ventana: cuando se abría, se veía el cielo.
-Su taller tenía un suelo: la esperanza lo sustentaba todo.
-Su taller tenía una inspiración: la oración. En ella, San José, encontraba la razón de sus fuerzas y de su ser.

Así, más o menos, era el lugar de trabajo de José de Nazaret. Ojala que, entre todos, no lo desvirtuemos. 

Ojala que, San José, nos haga ver que –en el día a día- es donde hemos de construir un gran taller para nuestro Dios.

Autor: Javier Leoz

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