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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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martes, 25 de junio de 2013

FRANCISCO ES EL PAPA IDÓNEO PARA LOS JUDÍOS

Traducción hecha por C. G. L. para VERITAS LIBERAVIT VOS (El artículo fue primeramente publicado en ingles por Francis X. Rocca para THE WALL STREET JOURNAL, en su edición del 14 de Junio).- Imágenes de MILES CHRISTI

 
FRANCISCO ES EL PAPA IDÓNEO PARA LOS JUDÍOS
 
Por: Francis X. Rocca- THE WALL STREET JOURNAL
 
El Concilio Vaticano II, hace casi medio siglo, corrigió la actitud histórica de la Iglesia Católica hacia los judíos con la declaración Nostra Aetate, por el cual se exoneró a los judíos de toda culpa colectiva por la muerte de Jesús en la cruz y también se afirmó, que el pacto de ellos con Dios nunca fue suprimido.
Nostra Aetate significó la exoneración a los judíos de cualquier culpa y responsabilidad en la crucifixión de Jesús (en contravía a lo que afirma la Sagrada Escritura en Mateo XXVII, 25: "Y todo el pueblo respondió: 'Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos' ".)

El documento continúa siendo una fuente de controversia entre los católicos, sobre todo, por la cuestión de que si se debería procurar siempre la conversión de los judíos, o simplemente, como Nostra Aetate, declara, esperar “ese día, que solo Dios conoce, en el que todos los pueblos se dirigirán al Señor al unísono”. Sin embargo, el documento de 1965, sin duda, abrió un período de diálogo sin precedentes y propuestas dramáticas por los líderes católicos. Un movimiento que promete continuar, incluso elevarse a otro nivel, bajo el pontificado del Papa Francisco.

Mientras que los judíos tienen un interés evidente en la comunicación cordial con la Iglesia más grande del mundo, el interés de los católicos es más complejo. El diálogo permite a la Iglesia repudiar el antisemitismo fomentado o tolerado por parte de sus líderes y miembros durante muchos siglos y reconocer lo que Nostra Aetate llama su “sustento de la raíz del olivo bien cultivado en el que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles”. Un catolicismo que se refiera a las personas de su divino fundador con amor y respeto, y a la vez de forma diferente a otras, es una religión en profunda contradicción consigo misma.

El Papa Juan Pablo II, quien creció con amigos de la gran comunidad judía de Polonia antes de la guerra, se convirtió en 1986 en el primer Papa de la era moderna en visitar una sinagoga, la Gran Sinagoga de Roma, donde sus predecesores habían mantenido a los judíos confinados hasta finales del siglo XIX. 
 
El Papa visitó Jerusalén en el año 2000 y rezó en el Muro de los Lamentos, expresando su tristeza por el daño ocasionado a los judíos en el pasado. Asimismo, Juan Pablo II abrió todas las relaciones diplomáticas entre Israel y la Santa Sede
 
Juan Pablo II significó la materialización de las ideas de Nostra Aetate respecto a los judíos

El Papa Benedicto XVI siguió el ejemplo de Juan Pablo II, al visitar también la Gran Sinagoga de Roma e Israel, y reiteró y explicó con gran detalle ​​que el pueblo judío no era culpable de la muerte de Jesús como así lo afirma la declaración del Concilio Vaticano II. Benedicto XVI también modificó la famosa descripción de Juan Pablo II sobre los judíos como “hermanos mayores” en favor de un término —según, lo considera, él— aún más reverente: “padres en la fe”
 
Benedicto XVI continuó el “crescendo” de las relaciones con los judíos, relaciones comenzadas por Pablo VI (en la teoría), y Juan Pablo II (en la praxis)

Cuando la decisión de Benedicto XVI de volver a admitir a un obispo tradicionalista excomulgado en la Iglesia Católica en el 2009, que luego resultó ser públicamente un negador del holocausto judío para desatar un furor a nivel internacional, entonces el Papa les agradeció expresamente su apoyo llamándoles “nuestros amigos judíos”.
 
El apoyo judío a Benedicto XVI se manifestó aún más después de levantar la excomunión (inválida) a Richard Williamson y los obispos de la FSSPX (y luego de que Wiliamson negó la veracidad del Holocuento)

Los gestos y palabras de Benedicto XVI, procedentes de un alemán que había servido (de mala gana) en las Juventudes Hitlerianas, además, militar de su país durante la Segunda Guerra Mundial, tuvieron una resonancia histórica muy especial. También indicaron que la amistad con los judíos era el principio de la enseñanza de la Iglesia y no sólo la tendencia de un pontífice en particular.

Sin embargo, dada la creciente necesidad de proseguir también el diálogo con el Islam, era casi obvio que el sucesor de Benedicto XVI en Roma promovería la relación de la Iglesia con el judaísmo con el mismo enfoque y entusiasmo de su antecesor, sobre todo si el nuevo Papa venía de fuera de Europa.

Existe un proceso de reparación que comenzó con Juan Pablo II y que podría ser culminado por el nuevo Papa. 
 
Al final resultó que el Colegio de Cardenales no podo haber elegido a un hombre con un compromiso más claro para las relaciones entre católicos y judíos que el cardenal Jorge Mario Bergoglio. Como arzobispo de Buenos Aires, había celebrado Rosh Hashaná (Año nuevo judío) y Hannukah (Purificación del Templo de Jerusalén por Judas Macabeo) en las sinagogas locales, expresó su solidaridad con las víctimas judías por el terrorismo, y coautor de un libro con un prominente rabino. 
 
Francisco I (cuando era Jorge Mario Bergoglio Sívori, cardenal-arzobispo de Buenos Aires), departió muchas veces con los judíos

Refiriéndose a uno de los puntos más sensibles en la relación entre los católicos y los judios, Bergoglio había pedido al Vaticano que abra sus archivos desde el pontificado de Pío XII, que reinó desde 1939 hasta 1958, para hacer frente a persistentes dudas sobre si el Papa durante la guerra había hecho lo suficiente para oponerse al genocidio nazi.

Es relevante en este aspecto que el nuevo Papa viene de Buenos Aires, la ciudad con la comunidad judía más grande en el hemisferio sur. Ningún Papa desde los primeros siglos de la Iglesia ha venido de una sociedad culturalmente diversa como la Argentina moderna que Francisco homenajeaba por su mezcla de etnias y religiones.

Este trasfondo ayuda a explicar la sorprendente cuestión de hecho y el carácter inconsciente de la conversación de su libro con el rabino Abraham Skorka de Buenos Aires, publicado en español hace tres años y traducido recientemente al inglés con el título “On Heaven and Earth”. 
 
Portada del libro “Sobre el Cielo y la Tierra”, escrito por Bergoglio y Abraham Skorka. (NOTA: La foto fue retocada para mostrar a los autores del libro).

Solo unas pocas páginas de la conversación entre el entonces cardenal y el rabino hacen mención a las tensiones históricas entre católicos y judíos, o sobre cómo podrían ser resueltas; son cuestiones que tradicionalmente han cobrado mucha importancia en el diálogo entre católicos y judíos.

De modo inusual, el libro presenta a dos líderes religiosos como amigos tratando asuntos sobre temas tan variados como el feminismo, la globalización y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Los dos hombres se comparan notas sobre los planteamientos de sus respectivas tradiciones, pero a menudo comprometiéndose a no dudar en señalar las diferencias.

En las propias palabras del ahora Papa: “Con Skorka nunca he tenido que comprometer mi identidad católica, así como nunca él lo hizo con su identidad judía, y esto no era solo por el respeto que tenemos el uno por el otro, sino también porque es nuestra manera de entender el diálogo interreligioso”.

Medio siglo después del Concilio Vaticano II, seguida de la apertura precursora al judaísmo de Juan Pablo II y su confirmación con Benedicto XVI, el pontificado del Papa Francisco ofrece ahora la posibilidad de un logro no menos histórico para las relaciones entre católicos y judíos: la normalidad.
 
Está claro: Bergoglio Sívori/Francisco I es un agente más de la judaización en la iglesia conciliar
 
 "[El judío] sabe que con las actividades que realice, al destruir o debilitar las defensas de la Cristiandad, facilita el cumplimiento de la “voluntad divina”, favoreciendo la consecución del dominio de Israel sobre la Tierra". (MAURICE PINAY, Complot contra la Iglesia- Tomo III: "LA QUINTA COLUMNA JUDÍA EN EL CLERO")

miércoles, 19 de junio de 2013

LAS TRES APOSTASÍAS: PROTESTANTISMO, MASONERÍA Y COMUNISMO

Desde APOSTOLADO EUCARÍSTICO- Vía ESPADA CATÓLICA y MILES CHRISTI

APOSTASÍA CONTRA LA IGLESIA 1517, APOSTASÍA CONTRA CRISTO 1717, Y APOSTASÍA CONTRA DIOS 1917

 En las apariciones de la Santísima Virgen María que han acontecido (del siglo XVI hasta nuestros días), se hace mención a la Apostasía en los últimos tiempos

Desde hace medio milenio los combates librados por el mundo contra la verdad de la Iglesia Católica han conducido a errores cada vez más profundos y peligrosos, desencadenando hasta revoluciones. Es muy interesante notar que los procesos históricos más fundamentales de la era moderna se dieron en tres fechas semejantes: en los años 1517 (protestantismo), 1717 (masonería) y 1917 (comunismo), en los que se manifiesta, en Occidente, un avance verdaderamente sistemático de la apostasía de la Verdad de Dios, que irradia desde allí a todo el mundo.
Jesucristo dice a sus Apóstoles: “Como me envió mi Padre, así os envío Yo”. En esta palabra de Cristo tenemos tres niveles: el Padre – Cristo – los Apóstoles (la Iglesia). El Padre envía a Cristo. Cristo envía a los Apóstoles. Cristo dice: “Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza, ahora bien, quien me rechaza a Mí, rechaza a aquel que me envió” (Lc. 10,16)[1]. Y justamente en estos tres pasos, tuvo lugar la apostasía de la Verdad durante los últimos siglos: apostasía contra la Iglesia Católica (1517), apostasía contra Cristo (1717), y apostasía contra Dios (1917). Este desarrollo es del todo consecuente y, en su avance es, un cierto sentido, necesario. Aquel que rechaza a los enviados de Cristo, los sucesores de los Apóstoles (es decir la Iglesia Católica), rechaza en consecuencia también a Cristo. El que rechaza a Cristo, rechaza consecuentemente también a Dios Padre. La historia del último medio milenio ha confirmado así, y de manera aterradora, estas palabras de Cristo.

Las tres etapas de la Apostasía en la Historia son: el protestantismo (contra la Iglesia Católica), la masonería (contra Jesucristo y María Santísima), y el comunismo (contra Yahveh Dios). Todas ellas proceden de satanás el diablo.

En 1517, con la publicación de las tesis de Lutero se marca, al menos exteriormente, el comienzo decisivo del protestantismo. De los dos “envíos” mencionados Lutero reconoce solamente uno: la mediación de Cristo hacia Dios, pero no la mediación de la Iglesia hacia Cristo. De aquí las sentencias programáticas de Lutero: “Solo las Escrituras” y no el Magisterio de la Iglesia; “Solo la gracia” y no la mediación a través del sacerdocio y de los sacramentos. “Solo Dios” y ninguna mediación a través de los Santos del Cielo.

De acuerdo a San Juan de Ávila: “Al modo en que San Juan Bautista abrió el camino a Cristo, Lutero abrió el camino al anticristo”. Martín Lutero, al rebelarse contra la Iglesia Católica, introdujo la primera apostasía

En 1717, con la fundación de la masonería en Inglaterra, se marca la siguiente etapa de la apostasía. El rechazo de la Iglesia y de su Magisterio por Lutero trajo como consecuencia ulterior el rechazo absoluto de la revelación de Dios dentro de este mundo. Como la encarnación de Jesucristo constituye el punto culminante de la revelación de Dios, será especialmente rechazada. La filosofía masónica no es atea: postula un ser superior, gran arquitecto del mundo. Por lo tanto, los masones no son ateos, sino que abogan por el deísmo (Dios ya no actúa más en el mundo después de la creación) y por el agnosticismo (es imposible conocer la verdad), y en el campo de la ética postulan, consecuentemente, el liberalismo (libertad en todos los ámbitos en lugar de autoridad o ley). Aquí se ve la realización del primer paso antes mencionado: “Quien a vosotros rechaza, a Mí me rechaza”. Así como Lutero rechazó la mediación de la Iglesia, así también rechazan los masones a Cristo y con Él, toda mediación o puente hacia Dios. Es por eso que sostienen el deísmo, que rechaza a priori no solamente la Divina Providencia y la posibilidad de milagros, sino también toda autoridad divina.

En la masonería, si bien no rechazan la existencia de Dios, rechazan a Jesús como Su enviado (y por ende, a la Iglesia Católica como guía moral)

En 1917, con el estallido del comunismo, se marca la tercera etapa en esta revolución social contra Dios. Ya que desde 1717 se ha negado categóricamente la actuación de Dios en el mundo y cualquier intervención suya después de la creación, llegamos como consecuencia al último paso: al perfecto ateísmo y antiteísmo. El comunismo es, efectivamente, en esencia, un ateísmo social combativo. No es, en ningún caso, un sistema meramente económico al que se agrega sólo externamente el ateísmo. El comunismo entronca con la Revolución Francesa, especialmente a través de Rousseau. También entre la masonería y el protestantismo existe una clara relación fácil de deducir viendo quiénes han sido sus artífices: los dos principales fundadores de la masonería son Jean Théophile Désaguliers y James Anderson, uno pastor protestante y el otro teólogo protestante.

“Quien me odia a Mí, odia también a mi Padre” (Jn. 15,23). El segundo nexo consecuente trazado claramente por Cristo, se hace realidad aquí. Esta última consecuencia que llega hasta el odio de Dios, se muestra claramente en el comunismo y de modo muy combativo. Se había anunciado en la masonería más avanzada. “Quienquiera niega al Hijo, tampoco tiene al Padre” (1Jn. 2,23).

Todos estos errores de la Era Moderna no permanecieron sólo en el plano teórico, sino que transformaron la vida de la humanidad y de la sociedad en todos sus aspectos. Condujeron necesariamente a una persecución de cristianos sin precedentes. De acuerdo a recientes declaraciones rusas, 200.000 sacerdotes y religiosos (católicos y ortodoxos) perecieron víctimas del terror stalinista: fusilados, ahorcados, crucificados o expuestos a morir congelados.

La Unión soviética llegó en su mayor momento a dar muerte a los sacerdotes católicos y ortodoxos, en su afán por borrar las raíces cristianas de los pueblos ocupados.

Martillo y hoz no se limitaron solamente a derramar la sangre de mártires sino que también aplicaron a sus pueblos subyugados, sin el menor escrúpulo, medidas de terror de una violencia y crueldad monstruosas. Según las prudentes estimaciones de los autores del “Libro Negro del Comunismo” la erección de la utópica visión de la sociedad sin clases sociales costó alrededor de 100 millones de víctimas humanas: 20 millones de muertos en la Unión Soviética; 65 millones en China; 1 millón en Vietnam; 2 millones en Corea del norte; 2 millones en Camboya; 1 millón en Europa del Este, 150.000 muertos en América Latina; 1,7 millones en África y 1,5 millones en Afganistán, lo cual suma casi 100 millones de víctimas humanas.[2] Estas masacres se llevaron a cabo de tres maneras diferentes: mediante ejecuciones de todo tipo como fusilamiento, horca, ahogamiento, apaleo, envenenamiento, cámaras de gas; por hambrunas intencionalmente provocadas o no evitadas deliberadamente y por deportaciones, ya sea por prolongadas marchas a pie, ya por hambre, enfermedad o frío dentro de vagones de transporte de ganados, ya por agotamiento en trabajos forzados. El intento ateo de establecer un cielo sin Dios aquí en la tierra conduce siempre al infierno.

El comunismo (como toda revolución) se construye con muertos y guerras

La Santa Iglesia, previendo las consecuencias de las explosivas ideas marxistas, ha condenado el sistema comunista ya 71 años antes del estallido de la Revolución de Octubre de 1917. Así, en el año 1846, el Beato Papa Pío IX alza la vos a través de su encíclica Qui Pluribus, condenando “la nefanda doctrina del comunismo contraria al derecho natural que, una vez admitida, echa por tierra los derechos de todos, la propiedad y la misma sociedad humana”.[3] Pío IX reafirma después esta reprobación en el Syllabus.[4]

El Beato Pío IX fue el primer Papa en condenar explicitamente la herejía comunista

León XIII, su sucesor, en la encíclica Quod Apostólici Muneris, desenmascara el comunismo como “mortal pestilencia que se infiltra por los miembros íntimos de la sociedad humana y la conduce a un extremo peligroso”.[5]

León XIII reveló la verdadera naturaleza del comunismo: CAMINO SIN RETORNO A LA DESTRUCCIÓN

También Pío XI dedica una encíclica entera a condenar y advertir solamente contra:
el comunismo bolchevique y ateo que tiende a derrumbar el orden social y socavar los fundamentos mismos de la civilización cristiana (…) contraponiendo a estos falsos principios la luminosa doctrina de la Iglesia e inculcando de nuevo con insistencia los medios con los que la civilización cristiana, única “civitas” verdaderamente “humana”, puede librarse de este satánico azote y desarrollarse mejor para el verdadero bienestar de la sociedad humana”.[6]

El error del comunismo lo lleva, en su exigencia absoluta y exclusiva, a pretender no sólo una reforma social, sino, y eso desde el primer momento, a promover una revolución mundial para lograr el poder mundial total.

Insistiendo en el aspecto dialéctico de su materialismo, los comunistas sostienen que los hombres pueden acelerar el conflicto que ha de conducir el mundo hacia la síntesis final. De ahí sus esfuerzos por hacer más agudos los antagonismos que surgen entre las diversas clases de la sociedad; la lucha de clases, con sus odios y destrucciones, toma el aspecto de una cruzada por el progreso de la humanidad. En cambio, todas las fuerzas, sean las que fueren, que resistan a esas violencias sistemáticas, deben ser aniquilados como enemigos del género humano.”[7] 

Es interesante constatar la coincidencia casi exacta entre los cinco meses de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima (desde el 13 de mayo de 1917 al 13 de octubre de 1917) y el tiempo de los preparativos revolucionarios de Lenin en Rusia. Los niños videntes, en aquella época, no podían saberlo. Al respecto, el Padre Josef Schweigl SJ escribe:

El 16 de abril volvió Lenin de su exilio y comenzó de inmediato su lucha contra el gobierno liberal. Ya después de tres meses había ganado tal influencia que podía arriesgar un primer intento de revolución. El 17 de julio, algunos días después de aquel 13 de julio en el que María había entregado su mensaje a los tres pastorcitos, tuvo lugar en San Petersburgo una manifestación de casi medio millón de trabajadores, los que bajo la conducción de Lenin, transformaron la manifestación en un alzamiento armado con el objetivo de hacer caer al gobierno provisorio y proclamar el gobierno de los Soviets. Los bolcheviques fueron los dueños de la ciudad por tres días. La situación era tan crítica que el gobierno se vio en la obligación de retirar parte de las tropas del frente, con cuya ayuda pudo sofocar la revuelta. (…) Justamente el 13 de octubre, el día de la última aparición de Nuestra Señora en Fátima, Kerenski publicó en su diario Delo Naroda un artículo con el encabezamiento: “Perseverar, Resistir”, en el que exhortaba al pueblo a perseverar en la guerra hasta la victoria final. Al leer este artículo, Lenin se puso tan furioso que decidió ese mismo día consumar la revolución[8]. Todo lo que siguió fue nada más que la consecuencia práctica de esta decisión. Primeramente, la revolución del 7 de noviembre (el 25 de octubre sgún el Calendario Juliano, de donde el nombre de Revolución de Octubre), y luego el armisticio de Brest-Litowsk con Alemania el 5 de diciembre: y, al año siguiente, la paz especial, que fue concluida en la misma ciudad”.[9]
NOTAS:

1 Jesucristo afirma lo mismo en varios pasajes más de las Escrituras Santas pero con otras palabras. Véase al respecto: 1 Jn. 2,23; Jn. 14,6; Jn. 5,23; Jn. 8,19; Jn.8,42; Jn. 15,23; Jn. 14,7; y 1 Jn. 2,22.
2 Cfr.: Courtois, Stéphane, et alii, Schwarzbuch des Kommunismus, Müchen/Zürich 2000, p. 16. Este libro es una traducción de la obra francesa Le Livre Noir du Communisme que ha sido traducida ya en 16 lenguas. La edición alemana apareció en la muy conocida editorial Piper.
3 Pío IX, Encíclica Qui Pluribus del 1º de noviembre de 1846.
4 Cfr.: Pío IX, Syllabus (Colección de los errores modernos), editado el 8 de diciembre de 1864, nº IV.
5 León XIII, Encíclica Quod Apostólici Muneris, del 28 de diciembre de 1878.
6 Pío XI, Encíclica Divini Redemptoris, del 1º de marzo de 1937.
7 Ibidem: pp.528 s.
8 Cfr.: Lenin, Vladimir Iljitsch, Gesammelte Werke, t. 26, Moskau 1949, pp. 111 ss.
9 Schweigl, Josef, SJ, Fátima und die Bekehrung Russlands, Leutesdorf 1956, p. 23.

Padre Gérard Mura, "FÁTIMA ROMA MOSCÚ"

viernes, 7 de junio de 2013

SERMÓN DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, POR EL PADRE BASILIO MÉRAMO

Desde APOCALIPSIS, EL BLOG PARA LOS ÚLTIMOS CATÓLICOS- Vía MILES CHRISTI


Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:

Después de celebrar el primer domingo del tiempo de Pentecostés y el misterio de la Santísima Trinidad, la Iglesia quiere conmemorar, próxima a esa fecha y durante este mes de junio, la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que relativamente es nueva o moderna, pero que es tan antigua como es el amor de Dios y más aún el amor de nuestro Señor Jesucristo crucificado. El corazón es el símbolo, el signo, la imagen que expresa y que manifiesta ese amor; éste, aun en los humanos; pero el humano es apenas el reflejo divino, del de Dios, y por eso la celebración de hoy nos manifiesta el amor divino de nuestro Señor que Encarnado se inmola en la Cruz.

Dios es en sí mismo amor y se refleja en esa vida de la Santísima Trinidad que a sí mismo se basta, que no necesita absolutamente de nada; pero como el querer es difusivo de sí como el bien que se desborda hacia afuera por amor, Dios crea el universo y a nosotros. Pero no solamente nos crea por ello, sino que quiere también que gocemos eternamente de él, y por eso, todo el universo debe converger hacia Él a través de las criaturas inteligentes como los ángeles y los hombres.

ese primer rechazo a la adoración de Dios en esa primera gran apostasía de los ángeles, de las virtudes de los cielos que debían corresponderle libremente, pero muchos no lo hicieron, condenándose así eternamente en el infierno, que es la carencia, la falta de adhesión a Dios; solamente así se explica sin excluir el motivo de la justicia, sobre todo hoy, el infierno que quieren negar, porque se preguntan cómo es posible que si Dios es bueno exista el infierno. Pero es que el querer de Dios tiene sus exigencias; todo es por adoración y ésta exige una correspondencia de la criatura que ha sido creada con inteligencia y voluntad para conocer, amar y servir a Dios; por eso hay que tener en cuenta esas características ineludibles del amor. Porque éste en sí mismo es exclusivo, absoluto, no admite otra cosa; es categórico, donde no existe, por vía de los contrarios hay odio, y de ahí el gran dilema de nuestra respuesta libre a ese querer de Dios, a esa elección que cada uno debe hacer y que hará no solamente a todo lo largo de su vida sino en el último instante de su paso por esta tierra.

La Iglesia es imagen de ese amor que tiene nuestro Señor a los hombres; por eso el matrimonio es imagen de esa unión de la Iglesia con Dios. Y la Iglesia siempre ha insistido en que es indisoluble; aun el mismo matrimonio natural es exclusivo y no acepta divisiones y de ahí la desgracia del hombre si no elige bien. No basta, como piensa el actual mundo, cualquier amor, o como también acontece, llamarle así a cualquier cosa, profanando el divino. Hay exclusión de otra concepción; la salvación fuera de nuestro Señor, de la Iglesia, no existe y no puede existir, son las exigencias de ese amor divino. Y son tan terribles esas demandas, tan celoso es el amor, que si no se responde, está y existe la condenación eterna, ese estado de falta de caridad y de eterna desesperación en el odio por no estar sustentados en el querer de Dios.

Esas llamas que afligen los sentidos, el cuerpo, no harían sino distraer un poco el dolor del alma en ese estado de desamor y de odio; para que nos demos cuenta como pálida imagen de lo que quiero decir, como cuando tenemos un dolor fuerte, si aparece esta molestia en alguna otra parte del cuerpo distrae la intensidad del inicial; así, lo peor del infierno no serían las llamas eternas sino el estado de oposición a Dios, de falta de amor a Él y, por ende, de odio. Muy distinto es el cielo para aquellos que responden al querer divino, donde se goza amando.

Esa es la importancia de la elección permanente y constante que debemos hacer todos los días, hasta el último suspiro, pidiéndole a nuestro Señor la gracia de la perseverancia final y que no nos dejemos eclipsar por falsos amores que nos separan de Dios; como decía San Agustín: “Dos amores crearon dos ciudades, el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo creó la ciudad de Dios, y el amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios, creó la ciudad del hombre”. Esta última ciudad es la que tiene carta de residencia, la de la revolución, la del nuevo orden mundial, la del imperio no solamente de las finanzas que dominan el mundo, sino del dominio del príncipe de este mundo que culminará con el reino del anticristo por no haber aceptado el Reino de Cristo, por no haber aceptado la ciudad de Dios.

Pero así y todo, el Sagrado Corazón nos promete su victoria final sobre todo mal. Esa es nuestra gran esperanza, porque solamente así podemos perseverar, si somos fieles al amor de nuestro SeñorFidelidad para con la Iglesia Católica, Apostólica y Romana; no se puede eludir y no por una falsa concepción de Iglesia como pretende la libertad religiosa que hace facultativa esa respuesta de amor a nuestro Señor. No es autoritaria, es grave, es una exigencia del amor que es más fuerte que la muerte y cuando no se le responde, engendra la muerte. Ese es el terrible estado de separación, de ruina eterna de las almas que se condenan.

Debemos en consecuencia cada día mirar nuestra salvación con la esperanza que nos da el Sagrado Corazón. Esa confianza tiene un nombre y se llama fidelidad. Que tengamos a nuestro Señor Jesucristo, que guardemos su palabra porque quien le ama la guarda, como Él mismo lo dice. Tenemos que defender su palabra. Esa es la misión de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, guardar la palabra y el Evangelio de Dios, el depósito de la fe en medio del mundo impío donde el enemigo ha copado todos los puestos de gobierno y ha infiltrado la Iglesia; eso es lo que quieren decir todos los mensajes de nuestra Señora, eso mismo nos dice la Sagrada Escritura, que nuestro combate como cristianos católicos, como fieles a nuestro Señor no es un combate contra la carne, o sea contra los hombres de carne y hueso, sino que en última instancia es contra espíritus malignos, contra Satanás.

Mirado con ojos de fe, es el terrible estado en el que nos encontramos. Por eso, monseñor Lefebvre no quiso inventar nada sino simplemente transmitir como un apóstol de la Iglesia, como un verdadero misionero, lo que él recibió y quiso legarlo hasta el fin. Esa es la misión de la Fraternidad como la única institución de la Iglesia, que como tal quiere y mantiene viva esa palabra de Dios, no a medias, no con componendas, sino con la libertad de los hijos de Dios, de la palabra de Dios, del Espíritu Santo que sopla por doquier.

Ahí está el origen del ataque contra esta institución y por eso el “sambenito” que nos toca llevar con mucha altura no solamente a los sacerdotes sino también a los fieles, sin asustarnos, para poder fielmente corresponder a ese amor de Dios. No es que la Fraternidad se crea la Iglesia, sino que es la parte sana de la Iglesia que defiende públicamente la palabra divina, porque se trata de los actos públicos, ya que los actos privados de nada sirven cuando el debate es público. Eso fue lo que siempre quiso la revolución, que el sacerdote y la religión no salieran de la sacristía y eso se nos pide, que no hablemos, que no gritemos, que no digamos, y esa es la oposición. Todos los fieles tenemos que entenderlo para permanecer unidos en la verdad y en la fidelidad al amor de Dios, salvar las almas, poder convertir a aquellos que de buena voluntad estén en el error, y defendernos del enemigo hasta que se conviertan. Porque la Iglesia espera que algún día llegue la conversión de los judíos, del pueblo elegido, que por rechazar el amor de Cristo azota a la Iglesia hasta ese momento de su conversión y por eso la Iglesia gime con dolores de parto.

Debemos por lo mismo pedirle a nuestra Señora, a Ella, que tuvo ese amor inigualable y virginal, excelso. Nadie puede amar a Dios y a nuestro Señor Jesucristo como Ella le amó, porque correspondió plena y virginalmente a ese amor. Amor virginal que el mundo tiene olvidado y que, antaño, cuando alguien se casaba, siempre se tenía en mente la virginidad, la fidelidad de la mujer que contraía las nupcias, símbolo de esto es el vestido blanco que hoy ha perdido su significación. Nuestra Señora es entonces la expresión del amor limpio que corresponde a nuestro Señor. También el amor puro de San Juan, el discípulo amado entre todos los discípulos por haber permanecido virgen, es decir fiel, adhesión espiritual sin contaminación, sin corrupción.

Por eso también la Iglesia celebra la fiesta de las Vírgenes, de las mujeres vírgenes; con los hombres habla de doctores, confesores porque hay toda una concepción que irradia y representa ese amor. Amor que como ejemplo de pureza dio nuestra Señora con su vida. Pidámosle a Ella que espiritualmente permanezcamos vírgenes en esa respuesta de amor para excluir el pecado que nos corrompe, contamina y separa de Dios. Esa es la santidad que pide a todos nosotros la Santa Madre Iglesia. 

+ PADRE BASILIO MÉRAMO
7 de junio de 2002