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lunes, 20 de diciembre de 2010

"Le Retour des Princes Français à Paris" HIMNO NACIONAL DE FRANCIA

"Le Retour des Princes Français à Paris" (El Retorno de los Príncipes a París) fue el Himno Nacional de Francia durante la Restauración Borbónica (Retorno de la Casa de Borbón al Trono, desde 1814 a 1830), y es una insignia de la Resistencia Católica Monarquista de Francia.

Letra en Francés

La paix ramène
tous les princes français
chantons l'antienne,
aujourd'hui désormais
que ce bonheur tienne
Vive le roi! Vive la paix!

Vive la France
et les sages Bourbons
plein de clémence,
dont tous les coeurs sont bons!
la paix, l'abondance
viendront dans nos cantons.

Quelle joie extrême
Vive, vive d'Artois!
duc d'Angoulême!
chantons tous à la fois
Louis dix-huitième,
descendant de nos rois!

Le diadème
de France est pour un Roi,
notre voeu même
est la raison pourquoi,
oui, Louis nous aime,
Vive, vive le Roi!

Plus de tristesse,Vive, vive Louis!
princes, princesses,
nous sommes réjouis,
que les allégressesrègnent dans tous pays!

Traudcción al Español

La paz vuelve
los príncipes franceses
cantan el himno
hoy y en el futuro
que sean así de felices
¡Viva el rey! ¡Viva la paz!

Viva Francia
y los Borbones,
llenos de clemencia
¡y todos de buen corazón!
La paz, la abundancia
vendrán a nuestros cantones.

Que gran alegría
¡Viva, viva el Conde de Artois!
¡Duque de Angulema!
Cantemos todos a la vez
Luis dieciocho
¡descendiente de nuestros reyes!

La corona
de Francia es para un rey
nuestro mismo voto
es la razón por la que
Luis nos ama.
¡Viva el Rey! ¡Viva la paz!

No más tristeza
¡Viva, viva Luis!
príncipes, princesas
nosotros nos regocijamos
¡Que la alegría
reine en todo el país!

martes, 13 de abril de 2010

LA CORONA DE CARLOMAGNO, POR EL DR. PLINIO CORREA DE OLIVEIRA

Desde Sociedad Tradición Familia y Propiedad

 Corona Imperial de Carlomagno (Palacio Imperial de Viena)

La Corona de Carlomagno trae mensajes que nos hablan de algo muy alto. Es como si ella encendiese dentro de nosotros algo todavía mayor que el ambiente histórico en alguna vez estuvo. Trae un mensaje y coloca alguna cosa en la persona que la observa con atención.  Y si esa persona se abre a ese mensaje, entonces ella encaja tanto con la corona como con su significado. Si varias personas son sensibles a ese mensaje, nace en ellas una relación entre sus almas. 

La Corona de Carlomagno simboliza valores absolutos que nunca cambian y flotan por encima de los hombres. Lo símbolos tienen la función de darnos a conocer esos valores absolutos de manera sensible. Los hombres no tenemos visión directa sobre los valores absolutos, pero cuando vemos un símbolo como la Corona de Carlomagno percibimos entonces lo que son esos absolutos.  
      
Cuando una persona se abre a la influencia impalpable e indecible del absoluto representado por esa corona, entra en un relacionamiento profundo de alma no solo con la corona sino también con todo aquello que ella representa. Y entonces, en ese relacionamiento, un valor que está en Dios -es decir el Absoluto, entra a habitar dentro de la persona.  
      
¿Qué es ahí lo absoluto?: Es el propio Dios visto en los reflejos que de Él hay en la Creación; y el alma humana fue hecha por Dios para conocer y amar lo absoluto, es decir esos valores que existen en Dios y resplandecen en los símbolos.  
      
Mientras el alma humana no conozca esos símbolos del absoluto, ella en verdad no ha vivido todavía. Mientras no conozca y ame esos absolutos, sentirá el peso de la vida como de un animal.

Nota: Traducido de apartes de grabación directa en portugués, reunión del 26 de octubre

jueves, 8 de abril de 2010

RIP, EDUARDO DE LOBKOWICZ

De Agencia FARO

Ha fallecido el Príncipe Eduardo de Lobkowicz

S. A. S. Don Eduardo de Lobkowicz

París, 3 abril 2010, Sábado de Gloria [Agencia FARO]. A los 83 años de edad ha fallecido, tras larga enfermedad, S.A.S. el Príncipe Eduardo de Lobkowicz, marido de S.A.R. la Infanta Doña Francisca de Borbón.

El Príncipe Lobkowicz casó en 1959 con Doña Francisca, la mayor de las hijas de los reyes Don Javier y Doña Magdalena. De sus cuatro hijos, el mayor, Don Eduardo Javier, estrecho colaborador de su tío Don Sixto Enrique, murió asesinado por terroristas mahometanos en 1984. El segundo, Don Roberto, murió de cáncer en el Líbano en 1988. Quedan Don Carlos Enrique y su hermana Doña Gabriela, quien ingresó en la congregación de las Hijas de la Caridad.

Eduardo de Lobkowicz había sido embajador en el Líbano de la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, de cuyas obras de caridad seguía ocupándose, secundado por su esposa. La Infanta Doña Francisca y su hermano Don Sixto Enrique de Borbón fueron los únicos hijos de Don Javier que permanecieron fieles a la Iglesia, a la Causa carlista y a su Familia.

Que Aquél cuya resurrección vamos a celebrar acoja en su seno al Príncipe Eduardo de Lobkowicz. Requiescat in pace.

jueves, 11 de febrero de 2010

EL RETORNO DEL REY

Desde La Santa Alianza

Es el rey, el rey,
El rey que vuelve,
Vuelve por sus fueros,
Legitimidad ardiente,

Fue Miguel en Portugal,
Fue Carlos en España,
Fue el británico Jacobo,
Fue Chambord en Francia,

El retorno del rey,
El primer soldado patrio,
Protector de los humildes,
Caballería y escapulario,

Bandera de restauración,
Defensa nacional,
Pueblo y dinastía,
Garantía de libertad,

No es un paraíso perdido,
Ni un paraíso en la tierra,
Es la lucha realista,
Un resplandor en la hoguera,

Por el retorno del rey,
Una férrea Comunión,
Guardia disciplinada,
De la Santa Tradición,

Acción por la Cristiandad,
Que un día ha de volver,
Por los legítimos tronos,
Que la harán renacer,

Tronos que se sujeten,
A las leyes justas,
Arrodillados ante el altar,
Expiando las culpas,

No son los de los hombres,
Los tiempos de Dios,
No desfallezcamos,
En nuestro pundonor.

Por el retorno del rey,
Por el orden tradicional,
La Contrarrevolución,
Al final vencerá.

lunes, 25 de enero de 2010

LA MARCHA DE ORIAMENDI: GRITO DE GUERRA



La Marcha de Oriamendi es el himno del carlismo. Su nombre viene del de una batalla que tuvo lugar en el monte homónimo, situado en las inmediaciones de San Sebastián, en 1837, durante la Primera Guerra Carlista en el que el ejército carlista derrotó al cristino (de la usurpadora María Cristina).

Según cuenta la leyenda, tras la derrota de las tropas liberales, los carlistas entraron en el campamento cristino, tomando como botín de guerra, armas, uniformes y, también, la partitura de una marcha militar compuesta por un músico inglés y arreglada por un liberal donostiarra, sin letra, para conmemorar la victoria de los cristinos, y a la que los carlistas pusieron letra.

Por supuesto, la letra original no era la misma que hoy entonamos. Así era en un principio:



ORIGINAL (En guipuzcoano)

Gora Jainko maite maitea
zagun denon jabe.
Gora Espania ta Euskalerria
ta bidezko errege.
Maite degu Euskalerria,
maite bere Fuero zarrak,
asmo ontara jarriz daude
beti karlista indarrak.
Gora Jaingoiko illezkor!!!
Gora euskalduna,
auto ondo Espaniako
errege bera duna!!!
TRADUCCIÓN

Viva Dios queridísmo
tengámoslo todos por dueño.
Vivan España y el País Vasco
y el rey legítimo.
Amamos al País Vasco,
amamos sus viejos Fueros,
a esta idea están orientadas
siempre las fuerzas carlistas.
¡¡Viva Dios inmortal!!
¡¡Viva el vasco,
que tiene bien
el mismo rey de España!!

El Carlismo, como no es sólo de las Vascongadas, sino de toda España, arregló la Marcha para mostrar los ideales de éste. De ahí que, gracias a Ignacio Baleztena Azcárate, tenemos la letra que hoy conocemos:

Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharemos nosotros también.

Lucharemos todos juntos
Todos juntos en unión
Defendiendo la bandera
De la Santa Tradición. (bis)

Cueste lo que cueste
Se ha de conseguir
Venga el rey de España
A la corte de Madrid. (bis)

Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharon nuestros padres.
Por Dios, por la patria y el Rey
Lucharemos nosotros también.

Desde entonces, la Marcha de Oriamendi se convirtió en símbolo del Carlismo. Durante la Cruzada Española, fue uno de los himnos nacionales de España, junto con "Cara al Sol" (de la Falange) y la Marcha Real de José María Pemán. Pero Franco cambió la mención a la vuelta del rey de España («venga el rey de España a la corte de Madrid»), por «que las boinas rojas entren en Madrid», más acorde con la nula voluntad de Franco de restaurar la monarquía en la dinastía Borbón-Parma.

Para escuchar la Marcha de Oriamendi, seguid el enlace.

domingo, 25 de octubre de 2009

PROFECÍAS SOBRE EL GRAN MONARCA

Del Apostolado Eucarístico


San Luis y San Fernando, modelo de reyes cristianos

En la noche de Navidad del 496, por influjo de su mujer Santa Clotilde, borgoñona, y en acción de gracias por las victorias conseguidas, Clodoveo, rey de los franceses, se bautizó con 3.000 de sus guerreros en –Reims, por San Remigio. Fue el primer reino cristiano, por eso Francia es llamada la hija primogénita de la Iglesia. (Recaredo, rey de los visigodos, hermano de San Hermenegildo mártir, abjuró del arrianismo, por influjo de San Leandro, arzobispo de Sevilla, en el III Concilio de Toledo, 589).


Dos sabios arzobispos historiadores nos relatan la historia: Hicmaro (806-882), arzobispo de Reims, en su “Vida de San Remigio” (PL 125) dice que una gran luz le iluminó y se oyó la voz de Dios “La paz sea con vosotros. Soy Yo, no temáis, permaneced en mi amor”. Y faltando el crisma en el momento de la consagración del rey, apareció una paloma blanca con una ampolla de óleo santo en su pico. (Todos los reyes de Francia fueron consagrados con éste, hasta que fue rota en 1793, pero una parte del óleo se conserva.)

Entonces San Remigio profetizó a Clodoveo: “El reino de Francia será predestinado por Dios para la defensa de la Iglesia. Será victorioso y próspero mientras sea fiel a la fe católica, y cuando no, será duramente castigado. Un día será grande entre todos los reinos, abrazará todo el imperio romano (extinguido el 470), someterá todos los pueblos, durará hasta el fin de los tiempos”. El Beato Rabán Mauro (780-856), arzobispo de Maguncia, cuenta así la anterior profecía: “Hacia el fin de los tiempos un descendiente de los reyes de Francia reinará sobre todo el antiguo imperio romano, será el más grande y el último de los reyes de Francia”.

E. Muraise, según refiere en su libro, ha catalogado desde entonces al menos 76 profecías con signos de credibilidad (44 francesas, 16 italianas, 7 alemanas, 4 españolas, 3 portuguesas y 2 inglesas) que anuncian el futuro gran Monarca francés y van añadiendo datos. Ya vimos antes las de Benedicto XII y Santa Brígida (siglo XIV), San Francisco de Paula y Beato de Bustis (siglo XV), Beato Factor (siglo XVI) venerable Holzhauser (siglo XVII), Beata Taigi y Melania de la Salette (siglo XIX), Juana Luisa Ramonet de Kérizinen (siglo XX), he aquí algunas otras:

San Cesáreo de Arlés (470-543) (1) describe la historia de Francia desde el siglo VI, pero continua la posterior a su publicación “Un capitá ilustre (Napoleón) surge del seno del Mediterráneo recoge los restos del cetro, vuela como el águila y sube con demasiado orgullo, coge al Santo entre sus garras agudas, pero en vano; encadenado rompe sus hierros una vez, mas la fortuna contraria le sujeta en medio de las aguas hasta su muerte”. Hay una breve restauración y un rey ladrón que comienza la conquista de Argelia (Napoleón III). Más adelante, lo que nos interesa: “El hierro y el fuego oprimen a la Babilonia de las Galias (París) que cae en un gran incendio, ahogada en sangre: después la segunda ciudad del reino (Marsella) y otra son también destruidas. Finalmente brilla el resplandor de la misericordia divina, pues la justicia suprema ha golpeado a todos los impíos. Llega el noble exiliado, el dado por Dios, asciende al trono de sus antepasados, del cual la malicia de hombres depravados le había arrojado; recobra la corona de lis refloreciente; con su valor invencible destruye a todos los hijos de Bruto (los revolucionarios; Bruto fue el asesino de César); después de establecer su trono en la ciudad pontifical (Aviñón). Volverá a levantar la tiara real sobre la cabeza de un santo Pontífice que ha estado lleno de amargura por las tribulaciones, quien obligará al clero a vivir según la disciplina de los tiempos apostólicos. Ambos unidos harán triunfar la reforma del mundo; dulce paz, cuyos frutos durarán hasta el fin de los siglos”.

Es también muy famosa la profecía de un monje de Premol (Cartuja de Francia, cerca de Grenoble) que abarca, con lenguaje simbólico, desde el siglo V. Publicada a finales del siglo XVIII, continúa prediciendo la reaparición del lis (Borbones) después de la caída del águila sobre la roca (Napoleón en Santa Elena); ve la desolación en Jerusalén (Roma), el Patriarca (Papa) huyendo “hacia el mar donde se pone el sol”; la peste, guerras por todas partes, indica la destrucción de París. Los hijos de Sión (católicos): unos fieles al Pontífice fugitivo, otros disponen del gobierno de Sión (la Iglesia). Dios sacará al mundo del caos y empezará un nuevo mundo. Un hombre resplandeciente como un ángel asciende sobre las ruinas de Sión (el gran Papa), todos se convierten a su voz. Viene un joven extraordinario de Oriente (el gran Monarca), sobre un león, con una espada llameante, y el gallo cantaba ante él; el león puso el pie sobre la cabeza del Dragón (Satanás), dio la mano al Pontífice y llamaron a todos los pueblos.

Otra semejante es la de un monje de Orval, publicada en 1829, pero ya conocida antes de la revolución francesa. Se extiende desde Napoleón hasta el Anticristo. Dice al gran Monarca: “Ven joven príncipe, deja la isla de cautividad (¿Irlanda?, nacido en Blois, según Juan de Vatigueno, y huido a lejanos países hacía muchos años, añade sor Juana Le Royer), une el león a la flor blanca (lis)... Será un retoño de la Cape (Capeto)”.

Numerosos videntes anuncian que el gran Monarca aparecerá en mitad de la crisis, en concreto: después de la destrucción de París (Santo Cura de Ars), “por el emperador de Alemania después de dos enormes batallas” (añade el canónigo de Brana, que conocía mucho a Melania de La Salette). Según éste, en octubre del mismo año será consagrado rey en Reims y diez días después emperador en Aix-la-Chapelle (Aachen, Aquisgrán, capital de Carlomagno); y se llamará Enrique V. Nombre que le dan también otros, como María Julia Jahenny, Nostradamus, etc.

Lo más repetido es que será descendiente de San Luis IX, rey de Francia de 1242 a 1270 (de la dinastía de los Capetos), o de la flor de lis (=Lirio emblema de la casa real francesa). “El verdadero descendiente de San Luis”, vimos puntualiza la Beata Taigi (2).

Especialmente interesante es que el gran Monarca será nombrado por el gran Papa, como hemos visto en la Beata Taigi, y éste puede ser el significado de otros muchos que lo describen como enviado o dado por Dios, como la frase de Souffrand: “traído por el santo Pontífice”. ¿Tal vez se pudiera servir del secreto de Maximino de la Salette y de otras informaciones guardadas en los archivos vaticanos?

Ya vimos por qué Francia es llamada la hija primogénita de la Iglesia, titulo dado por vez primera por el Papa Anastasio II en carta al rey Clodoveo después de su conversión.

Gregorio IX escribía en una bula de 1239 a San Luis, rey de Francia; “Dios, como prefirió la tribu de Judá a las otras, así ha escogido con preferencia a Francia para la protección de la fe católica”.

Santa Juana de Arco, guerreando por el rey, afirmaba: “El rey de Francia es el lugarteniente del Rey del Cielo. Todos los que luchan contra el santo reino de Francia, luchan contra el Rey Jesús.”

Y San Pío X, cuando la iba a beatificar, encargaba al obispo de Orleans: “Decid a los franceses que hagan su tesoro de los testamentos de San Remigio, de Carlomagno, de San Luis, que se resumen en estas palabras tan repetidas por la heroína de Orleáns: Viva Cristo que es el Rey de Francia”. En la beatificación del Cura de Ars (1905) había dicho: ésta “prueba que Dios mantiene su predilección por Francia muy pronto obrará prodigios que nos darán la alegría de constatarlo por los hechos”. Y el 27 de noviembre de 1911: “El pueblo que hizo alianza con Dios en las fuentes bautismales de Reims se arrepentirá y volverá a su primitiva vocación... y el Señor le dirá: Hija primogénita de la Iglesia, nación predestinada, vaso de elección ve a llevar mi nombre a todos los pueblos y a todos los reyes de la tierra”.

Pío XII en 1937 (13 de julio) poco antes de ser Papa, proclamaba: “Desde el mismo día que el primer heraldo del Evangelio pisó las Galias, la fe en Cristo y la unión con Roma, centro de la Iglesia, es para Francia la ley misma de su vida... Y el miércoles santo de 1946: “Su misión es difundir en el mundo la verdad, la justicia, la bondad, el amor en la ley.”

Por eso la prosperidad y gloria de Francia está vinculada a que cumpla esa misión divina, y su prevaricación o traición a ella, es la causa de sus castigos. Esto puede decirse de alguna manera de todas las naciones católicas, sin embargo, a su luz se entienden mejor las predilecciones de la Medalla Milagrosa, La Salette, Pellevoisin (escapulario del S. Corazón), Lourdes, etc. Por algo Juan XXIII el 18 de febrero de 1959 explicaba que en el plan de Dios cada nación tiene una misión, y que califica la de Francia la divisa: Reino de Francia, reino de María.

También a la luz de la misión de Francia como nación, se entiende mejor el mensaje del Corazón de Jesús a Luis XIV por medio de Santa Margarita María, en 1689, pidiendo: 1º.) La fiesta a su Corazón (instituida en 1765). 2º.) Una basílica nacional dedicada a Él (Montmartre, construida en 1873). 3º.) Consagración de Francia al Sagrado Corazón; y 4º.) Colocación del Sagrado Corazón en la bandera nacional.

Estas dos peticiones aún no se han realizado aunque llevan consigo la promesa que así “Dios le dará siempre la victoria sobre sus enemigos y sobre los enemigos de la religión” (pues, obviamente, solo contra ellos luchará). Luis XIV no las atendió, y ese año 1689 fue el principio de la decadencia de Francia, Sin embargo, algún día no lejano se cumplirán.


NOTAS

(1) Profecía atribuida también a Juan de Vatiguerro, pero que con el título “La gran predicción de San Cesáreo, arzobispo de Arlés, fue encontrada entre los papeles de Mons, du Lau arzobispo de Arlés, martirizado durante la revolución francesa, y luego ampliamente divulgada y traducida a varios idiomas (cfr. Víctor).

(2) ¿Quién, por tanto? No vamos a dilucidar cuestión tan debatida) cfr. el libro de E. Muraise). Hay al menos 12 pretendientes al trono de Francia, sin contar a los descendientes de Napoleón. Atendiendo exclusivamente a la línea masculina primogénita pública, sería el Duque de Cádiz, y sólo los Borbones españoles unen el león a la flor de lis, de acuerdo con la profecía de Orval; pero no se dan otros detalles citados (Y se alega la discutible renuncia de Felipe V para sí y sus descendientes al trono de Francia; así como la de su padre D. Jaime, y su matrimonio morganático.) Algunos se dicen descendientes desconocidos de Enrique III o de Carlos IX (S. XVI), y sobre todo de Luis XVII (hijo de Luis XVI guillotinado, que algunos sostienen no murió prisionero en el Temple a los diez años en 1795; teoría confirmada por algunos videntes: Souffrand, párroco bretón, 1755-1828, famoso por su santidad y profecías; Ignacio Tomás Martín, ya citado, Josefina Reverdy, 1854-1908, enfermera, vivió en Boulleret, Francia, y se dice la Virgen comunicó este secreto en La Salette a Maximino, quien lo transmitió a Pío IX. “Aquí se ve el candor y la simplicidad de un niño”, fue su comentario)

Tomado del folleto ELTIEMPO QUE SE APROXIMA, del Padre José Luis de Urrutia, S.J. Editado en 1980.

martes, 18 de agosto de 2009

CARLISMO: RESISTENCIA CATÓLICA Y MONARQUISTA

MARCHA REAL CARLISTA



Viva España,
gloria de tradiciones,
con la sola ley
que puede prosperar.

Viva España,
que es madre de Naciones,
con DIOS, PATRIA, REY
con que supo imperar.

Guerra al perjuro
traidor y masón,
que con su aliento impuro
hunde la nación.

Es su bandera
la historia de su gloria;
por ella dará
su vida el español.

Fe verdadera
que en rojo de amor
aprisiona briosa
un rayo de sol.