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sábado, 21 de diciembre de 2019

RORATE COELI, LA ANTÍFONA QUE INSPIRÓ UN HIMNO

La Anunciación (Miniatura de Fra Angélico)
  
En la Domínica IV del Adviento romano tradicional se reza (o se canta, según el caso), el siguiente introito, tomado de Isaías 45, 8 [y aparece también como responso y verso en el Breviario]:
℣. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum: ℟. Aperiátur terra, et gérminet Salvatórem (Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al justo; que se abra la tierra y brote el Salvador).
Esta antífona (que también pertenece a la Misa del Miércoles de las Témporas de Adviento, la fiesta de la Expectación del Parto de Nuestra Señora -18 de Diciembre-, y la Misa votiva de Santa María en Sábado para el Adviento, y de la cual deriva la Misa Roráte -antes del amanecer, sin más iluminación que los candeleros del altar y el presbiterio, y las velas que los fieles portan en sus manos-) hace referencia al cumplimiento de la promesa profética de la venida de Cristo como Salvador (cuya celebración es esperada tras las cuatro domínicas de Adviento), señal y tipo de su Segunda Venida como Juez (recordemos el carácter esjatológico del Adviento).

Como siempre, los conciliares saltan a adulterar la Escritura, y con esta antífona no hubo excepción. En la Nova Vulgáta (año 1979), la versión bíblica latina oficial de la deuterovaticanidad, en lugar de justum (“justo”) dice justítiam (“justicia”), y en lugar de Salvatórem (“Salvador”) dice salvatiónem (“salvación”). Es evidente que quieren oscurecer lo que es claro por el curso profético.

Ahora, el canto “Rorate cœli” no es estrictamente litúrgico, en cuanto no tiene un lugar propio y específico en el culto. Es costumbre tradicional cantarlo durante el Adviento al comienzo de la Exposición del Santísimo Sacramento, y también en el Ofertorio, después del canto propio, allí donde hay cantores capaces de entonar el ofertorio propio de cada domingo.
 
  
Técnicamente no es una melodía gregoriana, sino un canto de origen posterior al repertorio gregoriano original (que data aproximadamente del siglo VIII). Su estilo es por ello algo diferente respecto al gregoriano primitivo y más próximo a nuestras costumbres musicales, aunque no deja de representar una evolución orgánica y coherente del idioma musical propio de la Iglesia de rito latino. Posiblemente este canto fue compuesto hacia 1615 por el Padre Francois Bourgoing, maestro de canto del Oratorio de Jesús y María Inmaculada (el Oratorio de Francia) fundado en 1611 por el cardenal Pierre de Bérulle.

Son bellísimas las estrofas, a través de las cuales se presenta una impresionante expresión del Adviento a base de citas de la Escritura y de la Liturgia. Aquí está el texto latino junto con la traducción, los pasajes de la Escritura a que se refieren y la sección del Breviario Romano a la que pertenecen.

LATÍN
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
  
1. Ne irascáris Dómine, ne ultra memíneris iniquitiátis:
Ecce cívitas Sáncti est deserta:
Sion desérta facta est: Jerúsalem desolata est:
Domus sanctificatiónis tuae et glóriæ tuæ,
Ubi laudavérunt te patres nostri.
  
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
2. Peccávimus, et facti sumus tamquam immúndus nos,
Et cecídimus quasi fólium univérsi:
Et iniquitátes nostræ quasi ventus abstulérunt nos:
Abscondísti fáciem tuam a nobis,
Et allisísti nos in manu iniquitátis nostrae.
     
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
3. Vide, Dómine afflictiónem pópuli tui,
Et mitte quem missúrus es:
Emítte Agnum dominatórem terræ,
De petra desérti ad montem fíliæ Sion:
Ut áuferat ípse júgum captivitátis nostræ.

℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
4. Consolámini, consolámini, pópule meus:
Cito véniet salus tua:
Quare mœróre consúmeris, quia innovávit te dolor?
Salvábo te, noli tímere,
Ego enim sum Dóminus Deus tuus, Sanctus Ísraël, Redémptor tuus.
  
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
TRADUCCIÓN
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo. [Isaías 45, 8ab –  verso del primer responsorio del Martes previo a la Navidad; segunda Antífona y quinto responsorio de las Maitines de la Expectación de la Santísima Virgen; y segundo responsorio del Viernes de la III semana]

1. No te irrites, Señor, no te acuerdes más de nuestra injusticia;
mira que la ciudad del Santo está desierta;
Sión ha quedado desierta; Jerusalén está abandonada;
la casa de tu santificación y de tu gloria,
donde te alabaron nuestros padres. [Cf. Isaías 64, 9ab, 10, 11ab – Abreviación de la Lección III del IV Jueves de Adviento, excepto tuæ por nostræ en ambos lugares]
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

2. Pecamos, nos volvimos impuros,
y caímos como hojas todos;
y nuestras culpas nos arrebataron como el viento;
escondiste tu rostro de nosotros
y nos entregaste a manos de nuestra iniquidad. [Cf. Isaías 64, 4, 5c; 6a,cd,7cd – Abreviación de la Lección III del IV Jueves de Adviento, excepto tamquam por ut]
   
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

3. Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo [cf. Éxodo 3, 7a; 4, 13b – Abreviación del responso III del I Viernes de Adviento];
envía al Cordero soberano de la tierra,
desde la Peña del desierto al Monte Sión [cf. Isaías 16, 1 – Antífona II de las Laudes del Martes antes de la Vigilia de Natividad);
para que aparte él mismo el yugo de nuestro cautiverio [cf. Isaías 14, 25d; cf. var.]
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

4. Consoláos, consoláos, pueblo mío [cf. Isaías 40, 1a – Abreviación de la Antífona del Benedíctus del IV Jueves de Adviento]:
pronto llega tu salvación;
¿Por qué te consumes de tristeza? ¿Por qué se renueva tu dolor? [cf. Miqueas 4, 9ad; – Abreviación del responso I del II Domingo de Adviento]
Te salvaré, no temas,
Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Redentor [cf. Isaías 43, 3ab; – Abreviación del responso I del II Domingo de Adviento].
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

Los ordinariatos personales anglicanos remplazan la tercera estrofa con el verso
Vos testes mei, dicit Dóminus, et servus meus quem elégi: ut sciátis, et credátis mihi, Ego sum, ego sum Dóminus, et non est absque me salvátor: et non est qui de manu mea éruat (Vosotros sois mis testigos, dice el Señor, y mi siervo el que escogí, para que conozcais y me creáis. Yo soy, yo soy el Señor, y no hay otro salvador que yo; y no hay nadie que pueda sustraerse de mi mano) [Isaías 43, 10a, 11, 12b].

domingo, 1 de diciembre de 2019

LA “CORONA DE ADVIENTO”, SÍMBOLO PAGANO

Junto con el “Árbol de Navidad” y el “Papá Noel” (“Santi Cló”, “Viejo Pascuero” o como se llame y/o quien haga sus veces), otro símbolo de origen alemán ha irrumpido en muchos hogares para el tiempo de Adviento y Navidad. Nos referimos, pues, a la Corona de Adviento. Frente a la difusión que éste ha tenido en estos tiempos, principalmente en el ámbito conciliar, cabe preguntarse si es una costumbre que puede adoptarse por un Católico, y es el tema de nuestro artículo presente.

Corona de Adviento
Antes de abordar el tema central, es oportuno dar un repaso histórico del tiempo de Adviento. La celebración de este tiempo litúrgico tiene su origen en la tradición bizantina como un período de ayuno de cuarenta días que comienza el 15 de Noviembre, el día posterior a San Felipe Apóstol -en el calendario bizantino, ya que en el Romano es el 1 de Mayo con San Santiago el Menor- (de ahí que se le llame también Ayuno de Felipe) y acaba el 24 de Diciembre. Se cree que esta celebración fue importada por San Gregorio Magno -que antes de ser Papa fue legado apostólico en Constantinopla- a la Iglesia occidental. Inicialmente se observaban seis semanas de preparación, comenzando el Domingo posterior a la fiesta de San Martín de Tours -práctica aún conservada en el Rito Ambrosiano donde, si el 24 de Diciembre cae en Domingo, se le considera como domínica aparte-; y en el Rito Hispano-Mozárabe de Toledo, el domingo más cercano a San Acisclo Mártir (fiesta litúrgica: 17 de Noviembre), entre el 13 y el 19 de Noviembre. Un siglo después, se recortó en dos semanas, quedando así su inicio en el Domingo más cercano a San Andrés Apóstol, como es la práctica en el Rito Romano.
   
Según el criterio de muchos historiadores y eruditos, el concepto de la Corona de Adviento tuvo su origen entre los luteranos alemanes del siglo XVI, aunque sus raíces remotas están en el paganismo nórdico, que siguiendo el esquema cíclico de las estaciones y la creencia de la muerte y renacimiento del sol durante el invierno, cortaban ramas de árboles perennifolios que eran dispuestas en forma circular y encendían fuego con la esperanza de que su dios solar Balder, asesinado por su hermano ciego Höðr con un dardo de muérdago fabricado por su tío malvado Loki, retornara con la fertilidad de los campos en la primavera. Y en ese sentido, la fiesta del Yule, en el solsticio de invierno boreal, simboliza el renacimiento del Dios solar después de su muerte en Samhain (31 de Octubre) las hojas han caído y la vida espera bajo la tierra esperando a renacer.
   
En la religión wicca existe el llamado tronco de Yule, sobre el cual se ponen cinco velas que se encienden en el siguiente orden:
  • La primera vela (que representa a la conciencia), es de color negro, ya que contiene a todos los demás colores, simboliza un comienzo nuevo y de un principio de vida tanto física, espiritual así como mental. Representa todo lo básico para  ser, es la substancia y de ahí parte todo, tiene que ver el amor a la vida y al encender su luz, simbólicamente disipa cualquier oscuridad existente. En algunos lugares, en vez de velas, se prendían las hogueras y al encenderlas y estando en circulo todos, oran por el bienestar pidiendo lo básico para subsistir y más adelante poder a la vez darlo en ofrenda de vuelta.
  • La segunda vela (que representa el principio masculino, y el número dos), es de color amarillo, simboliza el pan y fruto de la cosecha. Representa la voluntad, la substancia materializada en energía, dándole capacidades como el de la voluntad e imaginación. Con ella se piden estas cualidades y la fuerza necesaria para la vida... y en su llama se quema la falta de voluntad, la cobardía, la falta de acción así como las omisiones que no han hecho bien a nadie.
  • La tercera vela (que representa lo femenino y el mar como principio de la vida, y el número tres), es de color rojo. Al encender esta tercera vela, se pide por la protección, salud, la comida y la economía del hogar, el consuelo, el descanso, la restauración, y la fuerza constructiva y destructora de aquello que no nos conviene. Simbólicamente se puede quemar en un papel todo lo que no hemos asimilado y no hemos desechado de nosotros, todo lo que hemos guardado y almacenado y no conviene más a nuestro ser.
  • La cuarta vela (que representa la gracia, la armonía y el equilibrio, y el número cuatro), es de color verde. Se le atribuyen poderes sanadores, y se considera el que se transforma, el que instruye, es maestro y discípulo a la vez, pues usa los elementos, el que llama, el que consagra, el que porta el cetro y ejerce la autoridad, el que dinamiza, el que festeja, el que maneja la energía, el que programa, así que al encender esta vela,  se quema todo lo que impide recibir estos poderes y se pide la restitución de los mismos
  • La quinta vela (que representa la unificación y la conexión, y el número cinco) es de color blanco, representa la unión espiritual y la conexión con la divinidad, al encender esta vela reiteramos nuestro compromiso con la tradición y nuestro sendero, así damos la bienvenida de nuevo a la luz. Esta vela se enciende la noche de Yule (21 de Diciembre).

Representacióon artística de un tronco de Yule
   
Ahora bien, la forma más contemporánea de este paramento se adoptó tres siglos después de la rebelión de Lutero (que por alguna razón conservó el temporal del calendario litúrgico de esa “Römisch-kirche” que tanto satanizaba -otra prueba de la hipocresía de los “reformadores”-), por parte del pastor y misionero urbano Johann Hinrich Wichern, fundador de la Misión Interna de Alemania, un movimiento de apostolado social dedicado a la atención de los niños pobres y abandonados. Winchern, ante la continua pregunta de los niños de su escuela misional Rauhes Haus en la ciudad de Hamburgo de si ya había llegado la Navidad, en  el año 1839 hizo construir un gran anillo de madera a partir de una vieja rueda de carreta, sobre la cual dispuso 24 velas pequeñas de color rojo y 4 grandes de color blanco, encendiendo cada día una (las rojas de lunes a sábado, y las blancas el Domingo). A esto se le dio el nombre de Adventskranz.

Ejemplo de Adventskranz (Bundestag, año 2017)
  
Hacia 1860, se adaptó una reforma: en los hogares, escuelas, orfanatorios e iglesias luteranas que acogieron esa práctica, remplazaron la rueda de carreta por una corona con ramas de abeto (es de saber que ya el Árbol de navidad era popular en ese entonces, a partir de la difusión entre la realeza europea), y con el fin de economizar consumibles, se decidió emplear cuatro velas que se encendían cada domingo de Adviento, como se estila en la actualidad: Los colores pasaron a significar los de los ornamentos empleados en este tiempo litúrgico: tres velas moradas (entre los anglicanos y los ordinariatos creados a raíz de Anglicanórum Cœ́tibus, algunos usan velas azul índigo -un color popularizado como Azul Sarum para el Adviento, aunque el Uso de Sarum no tenía colores litúrgicos definidos hasta el siglo XV, cuando se estableció para la Cuaresma y el Adviento el color blanco apagado- y otros moradas) y una rosada que se enciende el tercer Domingo de Adviento (algunos incluso disponen una última vela blanca para el centro de la corona, que se enciende el 25 de Diciembre). Por otro lado, los miembros de la Hermandad Morava (la segunda denominación pre-protestante más antigua) usan velas del color natural de la cera de abejas, en tanto que algunos protestantes en el Reino Unido emplean el color rojo en todas las cuatro velas (en ese país es un color tradicional en la decoración festiva).
Ejemplo de Corona de Adviento con velas Azul Sarum -un color popularizado en medios anglicanos, pero no acorde al antiguo Uso de Sarum del que dicen descender-.
Como dato curioso, fue uno de los símbolos adoptados también para el Festival Yule en la Alemania nazi, con el cual pretendían remplazar la Navidad, que consideraban superpuesta a la tradición pagana germánica. La Adventskranz devino en el Sonnwendkranz (corona del solsticio) o Lichterkranz (corona de luz), que en su centro tenía el Sol Negro (símbolo nórdico del fin del mundo, y adoptado por las SS en su culto esotérico). Otra variante era el Julbogen (Arco de Yule), adornado con runas, y que se conserva aún en el neopaganismo nórdico para las fiestas del solsticio.

Arco de Yule (fuente: Partido Nacionaldemócrata de Baden-Wurtemberg, Alemania)
    
Supuesto lo anterior, ¿Cuándo se introdujo la práctica en la iglesia conciliar? Si bien se debate cuando sucedió, lo cierto es que en ella es una práctica muy arraigada junto con el Árbol en la Plaza de San Pedro Vaticano, y en el año 2006, Ratzinger Tauber/Antipapa Benedicto XVI fue noticia porque utilizó una corona con cuatro velas rojas (quizá comenzó a adoptarse en tiempo de Wojtyła, pero Ratzinger quiso plasmarle su gusto personal). Incluso existe un ceremonial específico para la bendición y posterior encendido de la corona en el templo, que llega al punto de ser insertado por algunos presbíteros entre el Acto penitencial y el Gloria en el servicio Novus Ordo [Anécdota personal: cuando estaba en la iglesia conciliar -sobre todo cuando fui monaguillo-, ése era uno de los momentos más sufridos: tener que estar de pie con la tortura que representaba escuchar la entonación de un himno (“La corona de Adviento” de Bernardo Velado Graña, o “Ven, ven, Señor, no tardes” de Cesáreo Gabaráin Azurmendi) por parte de una señora con una voz horrorosamente destemplada y sus dos hijas, que más parecían ser forzadas a interpretar música religiosa]. Y aun entre los conciliares tampoco hay acuerdo entre los colores, porque hay quienes usan una vela morada (penitencia), una verde (esperanza), una rosada (alegría por la pronta llegada del Señor), una roja (caridad) y la infaltable vela blanca para el 25 (el nacimiento de Jesús) -incluso hubo quien sustituyera el morado por el amarillo y el verde por el azul celeste, significando la fe y la aceptación de la justicia de Dios respectivamente.

Ejemplo de una Corona con cinco colores
  
Dado que es una práctica nueva, ciertos autores modernos han hecho circular que esta costumbre de la Corona de Adviento fue cristianizada en la Edad Media, o que fue compartida por los católicos alemanes del siglo XVII (lo que hace que la disposición según los colores litúrgicos expuesta arriba tenga algún sentido). Históricamente no puede ser cierto tal argumento, sobre todo si se tiene en cuenta que la Corona de Adviento sólo se comenzó a adoptar en las regiones católicas de Alemania a partir de 1920 (Colonia: 1925; Múnich: 1930), en la región de Alsacia durante el período de entreguerra, y que en Austria la primera Adventkranz apareciera en 1945 (en todos estos casos, por proselitismo protestante). Por otra parte, en los Estados Unidos esta práctica llegó con la inmigración alemana, que alcanzó su máximo entre 1840 y 1880. Y como es de esperarse, en un país tan pluralista en cuanto al origen de sus habitantes, los católicos estadounidenses lo adoptaron.
  
Otros aseguran que procede de la Cristiandad oriental, basándose en una miniatura medieval representando a San Gregorio Magno con una corona pendiendo en alto sobre su cabeza. Primeramente, el objeto pendiente sobre la cabeza de San Gregorio puede ser una lámpara o una corona votiva que se hacía colgar del baldaquino sobre el altar. En ese último caso, la donación de coronas votivas fue una práctica habitual especialmente entre los reyes y nobles desde Constantinopla hasta Toledo, siendo ejemplo de ello la famosa Corona del rey visigodo Recesvinto (conservada actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid), y posiblemente también la Corona de Hierro de Lombardía.

San Gregorio Magno dictando una carta a su secretario (Miniatura del Regístrum Gregórii, Biblioteca de Trier, Alemania)
  
Y por otra parte, la costumbre de la Corona de Adviento es muy rara entre los ortodoxos y católicos de rito oriental que viven en Europa y Estados Unidos (para no hablar de los países con importante presencia ortodoxa), y en todo caso es de muy reciente adopción. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos católicos de rito oriental no ven con buenos ojos la latinización litúrgica, no es de extrañar que éstos no acogen pacíficamente la Corona de Adviento.
 
En síntesis, es posible afirmar que la costumbre de la Corona de Adviento no es conveniente que sea acogida por ningún Católico verdadero, no sólo por su origen pagano-protestante, sino también porque no le favorece el hecho de haber sido precisamente adoptada por la iglesia deuterovaticana.

Que la Paz de Dios Uno y Trino, que supera todo entendimiento, nos acompañe siempre, y la Virgen Santa María interceda por nosotros para perseverar en la Sana Doctrina y la Espiritualidad Auténtica del Catolicismo Tradicional.

JORGE RONDÓN SANTOS
1 de Diciembre de 2019
Domingo I de Adviento Romano, fiesta de San Eligio Obispo y Confesor.

sábado, 1 de diciembre de 2018

SECUENCIA «Mœsta Sion muta vocem», DEL PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

La Anunciación (Miniatura perteneciente al Codice Corale 2, siglo XIV)
  
Secuencia tomada del antiguo Eucologio de Lisieux, año 1818. Traducción nuestra.
    
LATÍN
Mœsta Sion, muta vocem,
Sume psalmum, et felícem
Dic vicem mortálium.
  
Lapsus homo suspirábat,
Cœlo pulsus exulábat;
Fert Deus auxílium.
  
Quem Prophétæ prædicárunt,
Quem tot annos expectárunt,
Justum pluunt sídera.
  
Radix Jesse mittit florem:
Terra profert Salvatórem:
Virgo fit puérpera.
   
Hic languóres nostros suscípiet;
Hic ætérnam pacem stabíliet,
Omne scelus ábluet.
   
Hic decrétum nobis contrárium,
Quo peccáti fit mors stipéndium,
Immolátus díluet.
  
Qui Redémptor expectáris,
O spes rebus in amáris!
Instant mala, quid moráris?
Veni, lapsos érige.
 
Et tu, Virgo paritúra,
Dei mater mox futúra,
Mater virgo permansúra,
Invocántes prótege. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Sion afligida, cambia tu voz,
Toma los salmos, para cantar
El retorno de la felicidad a los mortales.
   
El hombre caído suspiraba,
Llamando a la cerrada puerta del Cielo,
Ahora Dios le da sus auxilios.
 
Los astros hacen descender al Justo
Aquel que predijeron los profetas,
Aquel a quien esperaron por tantos años.

La rama de Jesé produjo una flor:
La tierra manifiesta al Salvador:
La Virgen ha dado a luz.
 
Vino a tomar nuestras debilidades;
Vino a establecer la paz eterna;
Vino a lavar todos los crímenes.
 
Por su inmolación diluyó
El decreto que nos era contrario,
Por el cual la muerte era el pago del pecado.
   
Tú que eres esperado como Redentor,
¡Oh esperanza de todas las amarguras!
Preguntan los malvados, ¿por qué tardas?
Ven, levanta a los caídos.

Y tú, Virgen que darás a luz,
Pronto serás la Madre de Dios,
Madre que permanece Virgen:
Protege a los que te invocan. Amén.

domingo, 19 de diciembre de 2010

MISA DE LA DOMÍNICA CUARTA DE ADVIENTO


Del Misal Romano de San Pío V

Dominica Quarta Adventus
Statio ad Ss. duodecim Apostolos

Introitus. Is. 45, 8. Rorate, coeli, désuper, et nubes pluant justum: aperiátur terra, et gérminet Salvatórem. Ps. 18, 2. Coeli enárrant glóriam Dei: et ópera mánuum ejus annúntiat firmaméntum. ℣. Glória Patri.

ORATIO
Excita, quǽsumus, Dómine, poténtiam tuam, et veni: et magna nobis virtúte succúrre; ut per auxílium grátiæ tuæ, quod nostra peccáta præpédiunt, indulgéntiæ tuæ propitiatiónis accéleret: Qui vivis et regnas.

2. de S. Maria
ORATIO
Deus, qui de beátæ Maríæ Vírginis útero Verbum tuum, Angelo nuntiánte, carnem suscípere voluísti: præsta supplícibus tuis; ut, qui vere eam Genetrícem Dei credimus, ejus apud te intercessiónibus adjuvémur. (Per eúndem Dominum nostrum Jesum Christum, Filium tuum: Qui tecum vivit.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ
ORATIO
Ecclésiæ tuæ, quǽsumus, Dómine, preces placátus admítte: ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, secúra tibi sérviat libertáte. Per Dóminum.

Lectio Epístolæ beati Pauli Apostoli ad Corinthios
1 Cor. 4, 1–5.

Fratres: Sic nos exístimet homo ut minístros Christi, et dispensatóres mysteriórum Dei. Hic jam quǽritur inter dispensatóres, ut fidélis quis inveniátur. Mihi autem pro mínimo est, ut a vobis júdicer aut ab humano die: sed neque meípsum judico. Nihil enim mihi cónscius sum: sed non in hoc justificátus sum: qui autem júdicat me, Dóminus est. Itaque nolíte ante tempus judicáre, quoadúsque véniat Dóminus: qui et illuminábit abscóndita tenebrárum, et manifestábit consília córdium: et tunc laus erit unicuique a Deo.

Graduale. Ps. 144, 18 et 21. Prope est Dóminus ómnibus invocántibus eum: ómnibus, qui ínvocant eum in veritáte.
℣. Laudem Dómini loquétur os meum: et benedícat omnis caro nomen sanctum ejus.

Allelúja, allelúja, ℣. Veni, Dómine, et noli tardáre: reláxa facínora plebis tuæ Israël. Allelúja.

Sequéntia sancti Evangélii secundum Lucam.
Luc. 3, 1–6.

Anno quintodécimo impérii Tibérii Cǽsaris, procuránte Póntio Piláto Judǽam, tetrárcha autem Galilǽæ Heróde, Philíppo autem fratre ejus tetrárcha Iturǽæ et Trachonítidis regionis, et Lysánia Abilínæ tetrárcha, sub princípibus sacerdotum Anna et Cáipha: factum est verbum Domini super Joannem, Zacharíæ filium, in deserto. Et venit in omnem regiónem Jordánis, prǽdicans baptísmum pæniténtiæ in remissiónem peccatórum, sicut scriptum est in libro sermónum Isaíæ Prophétæ: Vox  clamántis in desérto: Paráte viam Dómini: rectas fácite sémitas ejus: omnis vallis implébitur: et omnis moris et collis humiliábitur: et erunt prava in dirécta, et áspera in vias planas: et vidébit omnis caro salutáre Dei. 

Credo.

Offertorium. Luc. 1, 28. Ave, María, gratia plena; Dóminus tecum: benedícta tu in muliéribus, et benedíctus fructus ventris tui.

SECRETA
Sacrifíciis præséntibus, quǽsumus, Dómine, placátus inténde: ut et devotióni nostræ profíciant et salúti. Per Dóminum.
 
2. de S. Maria
SECRETA
In mentibus nostris, quǽsumus, Dómine, veræ fídei sacraménta confírma: ut, qui concéptum de Vírgine Deum verum et hóminem confitémur; per ejus salutíferæ resurrectiónis poténtiam, ad ætérnam mereámur perveníre lætítiam. (Per eúndem Dóminum nostrum.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ
SECRETA
Prótege nos, Dómine, tuis mystériis serviéntes: ut, divínis rebus inhæréntes, et córpore tibi famulémur et mente. Per Dóminum.
   
Communio. Is. 7, 14. Ecce, Virgo concípiet et páriet fílium: et vocábitur nomen ejus Emmánuel.

POSTCOMMUNIO
Sumptis munéribus, quǽsumus, Dómine: ut, cum frequentatióne mystérii, crescat nostræ salútis efféctus. Per Dóminum.
 
2. de S. Maria.
POSTCOMMUNIO
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut, qui, Angelo nuntiánte, Christi, Fílii tui, incarnatiónem cognóvimus; per passiónem ejus et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. (Per eúndem Dóminum.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ.
POSTCOMMUNIO
Quǽsumus, Dómine, Deus noster: ut, quos divína tríbuis participatióne gaudére, humánis non sinas subjacére perículis. Per Dóminum.
 
Si Vigilia Nativitatis Domini venerit in Dominica, totum Officium Missæ fit de Vigilia, cum Commemoratione Dominicæ, sed non legitur ejus Evangelium in fine.

domingo, 12 de diciembre de 2010

MISA DE LA DOMÍNICA TERCERA DE ADVIENTO

Del Misal Romano de San Pío V

Dominica Tertia Adventus
Statio ad S. Petrum

Introitus. Phil. 4, 4–6 Gaudéte in Dómino semper: íterum dico, gaudéte. Modéstia vestra nota sit ómnibus homínibus: Dóminus enim prope est. Nihil sollíciti sitis: sed in omni oratióne petitiónes vestræ innotéscant apud Deum. Ps. 84, 2 Benedixísti, Dómine, terram tuam: avertísti captivitátem Jacob. ℣. Glória Patri.

ORATIO
Aurem tuam, quǽsumus, Dómine, précibus nostris accómmoda: et mentis nostræ ténebras, grátia tuæ visitatiónis illústra: Qui vivis.
 
2. de S. Maria
ORATIO
Deus, qui de beátæ Maríæ Vírginis útero Verbum tuum, Angelo nuntiánte, carnem suscípere voluísti: præsta supplícibus tuis; ut, qui vere eam Genetrícem Dei credimus, ejus apud te intercessiónibus adjuvémur. (Per eúndem Dominum nostrum Jesum Christum, Filium tuum: Qui tecum vivit.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ
ORATIO
Ecclésiæ tuæ, quǽsumus, Dómine, preces placátus admítte: ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, secúra tibi sérviat libertáte. Per Dóminum.
    

Lectio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Philippénses
Philipp. 4, 4–7

Fratres: Gaudéte in Dómino semper: íterum dico, gaudéte. Modéstia vestra nota sit ómnibus homínibus: Dóminus prope est. Nihil sollíciti sitis: sed in omni oratióne et obsecratióne, cum gratiárum actióne, petitiónes vestræ innotéscant apud Deum. Et pax Dei, quæ exsúperat omnem sensum, custódiat corda vestra et intellegéntias vestras, in Christo Jesu, Dómino nostro.

Graduale Ps. 79, 2, 3 et 2 Qui sedes, Dómine, super Chérubim, éxcita poténtiam tuam, et veni.
℣. Qui regis Israël, inténde: qui dedúcis, velut ovem, Joseph.


Allelúja, allelúja, ℣. Excita, Dómine, potentiam tuam, et veni, ut salvos fácias nos. Allelúja.

  
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem
Joann, l, 19–28

In illo tempore: Misérunt Judǽi ab Jerosólymis sacerdótes et levítas ad Joánnem, ut interrogárent eum: Tu quis es? Et conféssus est, et non negávit: et conféssus est: Quia non sum ego Christus. Et interrogavérunt eum: Quid ergo? Elías es tu? Et dixit: Non sum. Prophéta es tu? Et respondit: Non. Dixérunt ergo ei: Quis es, ut respónsum demus his, qui misérunt nos? Quid dicis de te ipso? Ait: Ego vox clamántis in desérto: Dirígite viam Dómini, sicut dixit Isaías Prophéta. Et qui missi fúerant, erant ex pharisǽis. Et interrogavérunt eum, et dixérunt ei: Quid ergo baptízas, si tu non es Christus, neque Elías, neque Prophéta? Respóndit eis Joánnes, dicens: Ego baptízo in aqua: médius autem vestrum stetit, quem vos nescítis. Ipse est, qui post me ventúrus est, qui ante me factus est: cujus ego non sum dignus ut solvam ejus corrígiam calceaménti. Hæc in Bethánia facta sunt trans Jordánem, ubi erat Joánnes baptízans.

Credo.

Offertorium. Ps. 84, 2. Benedixísti, Dómine, terram tuam: avertísti captivitátem Jacob: remisísti iniquitatem plebis tuæ.

SECRETA
Devotiónis nostræ tibi, quǽsumus, Dómine, hóstia júgiter immolétur: quæ et sacri péragat institúta mystérii, et salutáre tuum in nobis mirabíliter operétur. Per Dóminum.
 
2. de S. Maria
SECRETA
In mentibus nostris, quǽsumus, Dómine, veræ fídei sacraménta confírma: ut, qui concéptum de Vírgine Deum verum et hóminem confitémur; per ejus salutíferæ resurrectiónis poténtiam, ad ætérnam mereámur perveníre lætítiam. (Per eúndem Dóminum nostrum.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ
SECRETA
Prótege nos, Dómine, tuis mystériis serviéntes: ut, divínis rebus inhæréntes, et córpore tibi famulémur et mente. Per Dóminum.
  
Præfatio de Sanctissima Trinitate
  Communio. Is. 35, 4. Dícite: pusillánimes, confortámini et nolíte timére: ecce, Deus noster véniet et salvábit nos.

POSTCOMMUNIO
Implorámus, Dómine, cleméntiam tuam: ut hæc divína subsídia, a vítiis expiátos, ad festa ventúra nos prǽparent. Per Dóminum.
 
2. de S. Maria.
POSTCOMMUNIO
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut, qui, Angelo nuntiánte, Christi, Fílii tui, incarnatiónem cognóvimus; per passiónem ejus et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. (Per eúndem Dóminum.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ.
POSTCOMMUNIO
Quǽsumus, Dómine, Deus noster: ut, quos divína tríbuis participatióne gaudére, humánis non sinas subjacére perículis. Per Dóminum.

domingo, 5 de diciembre de 2010

MISA DE LA DOMÍNICA SEGUNDA DE ADVIENTO

Del Misal Romano de San Pío V

Dominica Secunda Adventus
Statio ad S. Crucem in Jerusalem.

Introitus. Is. 30, 30. Pópulus Sion, ecce, Dóminus véniet ad salvándas gentes: et audítam fáciet Dóminus glóriam vocis suæ in lætítia cordis vestri. Ps. 79, 2 Qui regis Israël, inténde: qui dedúcis, velut ovem, Joseph. ℣. Glória Patri.

ORATIO
Excita, Dómine, corda nostra ad præparándas Unigéniti tui vias: ut, per ejus advéntum, purificátis tibi méntibus servíre mereámur: Qui tecum.
 
2. de S. Maria
ORATIO
Deus, qui de beátæ Maríæ Vírginis útero Verbum tuum, Angelo nuntiánte, carnem suscípere voluísti: præsta supplícibus tuis; ut, qui vere eam Genetrícem Dei credimus, ejus apud te intercessiónibus adjuvémur. (Per eúndem Dominum nostrum Jesum Christum, Filium tuum: Qui tecum vivit.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ
ORATIO
Ecclésiæ tuæ, quǽsumus, Dómine, preces placátus admítte: ut, destrúctis adversitátibus et erróribus univérsis, secúra tibi sérviat libertáte. Per Dóminum.
 
Lectio Epístolæ beáti Pauli Apostoli ad Romános.
Rom. 15, 4—13.

Fratres: Quæcúmque scripta sunt, ad nostram doctrínam scripta sunt: ut per patiéntiam et consolatiónem Scripturárum spem habeámus. Deus autem patiéntiæ et solácii det vobis idípsum sápere in altérutrum secúndum Jesum Christum: ut unánimes, uno ore honorificétis Deum et Patrem Dómini nostri Jesu Christi. Propter quod suscípite ínvicem, sicut et Christus suscépit vos in honórem Dei. Dico enim Christum Jesum minístrum fuísse circumcisiónis propter veritátem Dei, ad confirmándas promissiónes patrum: gentes autem super misericórdia honoráre Deum, sicut scriptum est: Proptérea confitébor tibi in géntibus, Dómine, et nómini tuo cantábo. Et íterum dicit: Lætámini, gentes, cum plebe ejus. Et iterum: Laudáte, omnes gentes, Dóminum: et magnificáte eum, omnes pópuli. Et rursus Isaías ait: Erit radix Jesse, et qui exsúrget régere gentes, in eum gentes sperábunt. Deus autem spei répleat vos omni gáudio et pace in credéndo: ut abundétis in spe et virtúte Spíritus Sancti.

Graduale. Ps. 49, 2—3 e.t 5. Ex Sion species decóris ejus: Deus maniféste véniet.
℣. Congregáta illi sanctos ejus, qui ordinavérunt testaméntum ejus super sacrifícia.

Allelúja, allelúja, ℣. Ps. 121, 1 Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini íbimus. Allelúja.

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
Matth, 11, 2–10

In illo tempore: Cum audísset Joánnes in vínculis ópera Christi, mittens duos de discípulis suis, ait illi: Tu es, qui ventúrus es, an alium exspectámus ? Et respóndens Jesus, ait illis: Eúntes renuntiáte Joánni, quæ audístis et vidístis. Cæci vident, claudi ámbulant, leprósi mundántur, surdi áudiunt, mórtui resúrgunt, páuperes evangelizántur: et beátus est, qui non fúerit scandalizátus in me. Illis autem abeúntibus, coepit Jesus dícere ad turbas de Joánne: Quid exístis in desértum vidére? arúndinem vento agitátam? Sed quid exístis videre ? hóminem móllibus vestitum ? Ecce, qui móllibus vestiúntur, in dómibus regum sunt. Sed quid exístis vidére? Prophétam? Etiam dico vobis, et plus quam Prophétam. Hic est enim, de quo scriptum est: Ecce, ego mitto Angelum meum ante fáciem tuam, qui præparábit viam tuam ante te.

Credo.

Offertorium. Ps. 84, 7–8 Deus, tu convérsus vivificábis nos, et plebs tua lætábitur in te: osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam, et salutáre tuum da nobis.

SECRETA
Placáre, quǽsumus, Dómine, humilitátis nostræ précibus et hóstiis: et, ubi nulla suppétunt suffrágia meritórum, tuis nobis succúrre præsídiis. Per Dóminum.
 
2. de S. Maria
SECRETA
In mentibus nostris, quǽsumus, Dómine, veræ fídei sacraménta confírma: ut, qui concéptum de Vírgine Deum verum et hóminem confitémur; per ejus salutíferæ resurrectiónis poténtiam, ad ætérnam mereámur perveníre lætítiam. (Per eúndem Dóminum nostrum.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ
SECRETA
Prótege nos, Dómine, tuis mystériis serviéntes: ut, divínis rebus inhæréntes, et córpore tibi famulémur et mente. Per Dóminum.
 
Præfatio de Ssma Trinitate.

Communio. Bar. 5, 5; 4, 36 Jerúsalem, surge et sta in excélso, ei vide jucunditátem, quæ véniet tibi a Deo tuo.

POSTCOMMUNIO
Repléti cibo spirituális alimóniæ, súpplices te, Dómine, deprecámur: ut, hujus participatióne mystérii, dóceas nos terréna despícere et amáre coeléstia. Per Dóminum nostrum.
 
2. de S. Maria.
POSTCOMMUNIO
Grátiam tuam, quǽsumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut, qui, Angelo nuntiánte, Christi, Fílii tui, incarnatiónem cognóvimus; per passiónem ejus et crucem, ad resurrectiónis glóriam perducámur. (Per eúndem Dóminum.)
 
3. contra persecutores Ecclesiæ.
POSTCOMMUNIO
Quǽsumus, Dómine, Deus noster: ut, quos divína tríbuis participatióne gaudére, humánis non sinas subjacére perículis. Per Dóminum.