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domingo, 12 de enero de 2020

ORACIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN CONTRA LOS ATAQUES DE SATANÁS

 
Al bienaventurado Luis Eduardo Cestac, fundador de la Congregación de los Siervos de María (no relacionados con los Frailes Servitas), le fue mostrado en espíritu el día 13 de Enero de 1864 la vasta desolación causada por el demonio en todo el mundo. Al mismo tiempo, él escuchó a la Santísima Virgen diciéndole que ciertamente, el Infierno había sido desatado sobre la tierra, y que era tiempo de comenzar a orar a Ella como Reina de los Ángeles y pedirle a asistencia de la Celestial Milicia para luchar contra los enemigos mortales de Dios  y de los hombres.

El padre Cestac: “Pero, mi bondadosa Madre, Vos que sois tan amantísima, ¿no podéis enviarlos sin nuestra petición?” Y Nuestra Señora le contestó: “No, porque la oración es una de las condiciones requeridas por Dios mismo para obtener su favor”.

Entonces la Santísma Virgen le comunicó la siguiente oración, ordenándole que la imprimiera y la distribuyese gratuitamente. Cuando se estaba imprimiendo, la prensa fue rota en dos oportunidades por el diablo, en odio a la Virgen y temor a la eficacia que dicha oración tendría (Nihil Obstat por Arthur J. Scanlon, Censor; e Imprimátur de Patrick Hayes, Cardenal Arzobispo de Nueva York, 5 de Septiembre de 1936):
  
¡Oh Augusta Reina del Cielo, Soberana Señora de los Ángeles! Vos que desde el principio del mundo habéis recibido de Dios el poder y la misión de aplastar la cabeza de la serpiente, esto es, la cabeza de Satanás, humildemente os suplicamos para que enviéis vuestras santas legiones para que bajo vuestras órdenes y por vuestro poder, ellos puedan perseguir a los demonios, combatirlos en todas partes, reprimir su audacia, y arrojarlos al abismo de lamentación eterna.

¿Quién puede parangonarse con Dios? Oh bondadosa y tierna Madre, Vos siempre seréis nuestro amor y nuestra esperanza. Oh Madre de Dios, enviad los Santos Ángeles y Arcángeles para defenderme y mantener al cruel enemigo lejos de mí. Santos Ángeles y Arcángeles, defendednos y protegednos. Amén.
  
TRADUCCIÓN AL LATÍN
O Augústa Regína Cœlórum, cœléste Dómina Angelórum! qui ab inítio sǽculi recepísti ex Deo potéstas et míssio ut caput serpens, id est, caput sátanæ conteréndum, súpplices deprecámur mittat legiónibus sanctas, ut te imperánte et poténtia tua, ubíque persequántur dǽmones et conflígant eam, audáciam comprímant et expéllant eos in ætérni lamentatiónibus abýsso.
   
Quis ut símilis Deus? O bona et ténera Mater, tu caritáte et spes nostra semper erit. O Mater Dei, mitte Sanctos Ángelos tuos ad me defendéndam et longe hostem expéllam. Sanctis Ángelis et Archángeles, defendite nos, custódite nos. Amen.

martes, 24 de diciembre de 2019

LA NAVIDAD NEGRA, O EL GENOCIDIO COMETIDO POR SIMÓN BOLÍVAR EN PASTO

BOLÍVAR Y SUCRE: LA PERSONIFICACIÓN DE HITLER PARA LOS PASTUSOS.
Por Miguel Argote
  
Hace algunos meses, sentados en un restaurante departíamos una charla muy amena entre docentes, acerca de la actitud de Bolívar en su relación con la maldad histórica en contra de los pastusos y cuál no sería mi sorpresa cuando una compañera salió en defensa de Bolívar, momento en el cual pensé que era absurda su objeción, pues desconocía los hechos históricos y no sería la única pastusa en desconocerlos.  Me propuse que conocieran la verdadera historia de este “suceso”, por ello recopilé datos con fuentes históricas fidedignas, que llegaran al alma de mi compañera, a los pastusos y sobre todo, a mis alumnos.
  
Entonces considere redactar un relato en forma de una historia actual, para ello en determinado momento puede que plagie y no coloque comillas respectivas, pero esa no es mi intención.
  
En los últimos años han aparecido tanto en Colombia como en Argentina o Ecuador algunos historiadores dispuestos a derribar los «mitos» de las revoluciones hispanoamericanas. Les recomendaría que los sigan de cerca pues de seguro que aprenderán muchas cosas sobre la historia «menos conocida».
Publicado por Cabeleira Santoro. Madrid – España
Siguiendo con la serie de entradas sobre aquellos amerindios y mestizos leales a España durante las guerras de independencia hispanoamericanas hoy hablaré sobre la ciudad de San Juan de Pasto y sus habitantes de mayoría indomestiza. Esta localidad ubicada en el antiguo Virreinato de Nueva Granada luchó con bravura contra las tropas independentistas siendo posteriormente masacrada bajo el mando de Antonio José de Sucre en la llamada Navidad Negra de Pasto.
  
San Juan de Pasto fue fundada por españoles a mediados del siglo XVI en lo que actualmente se conoce como el departamento de Nariño (Colombia). A pesar de que existen ciertas discrepancias sobre la fecha exacta de su fundación las autoridades colombianas decidieron elegir el 24 de junio de 1537 como fecha oficial del nacimiento de la ciudad. Tras su fundación el municipio de Pasto se convirtió rápidamente en una de las principales urbes de la región, lo cual desembocó un proceso de mestizaje, en donde los indomestizos siempre conformaron la mayoría de la población pastusa, como todavía sucede en la actualidad. La prosperidad alcanzada hizo de Pasto una ciudad de fuerte carácter hispano con grandes connotaciones monárquicas y religiosas.
  
Este marcado carácter hispano sería reafirmado una vez comenzaron los primeros destellos separatistas en el Virreinato de Nueva Granada. Tanto así que en la temprana fecha del 29 de agosto de 1809 la Alcaldía de San Juan de Pasto publica un auto que cuestiona el proceso de independencia en el cual se destacan los siguientes extractos:
“¿Con qué otros –en referencia a los impuestos– podrá soportar sus erogaciones la nueva soberanía? Registradlo en todas las combinaciones de vuestra discreción y no las hallaréis”.
“Veréis echarse sobre las temporalidades de los regulares y venderles sus fundos, reduciéndolos a intolerable mendicidad; y últimamente: veréis recargar los tributos con nuevas imposiciones que constituyan sus vasallos en desdichada esclavitud…”
“Esta es la felicidad pomposa a la patria que nos proponen. Nos halagan con palabras vacías de objeto, y luego se verán en la necesidad de arrojar el rayo tempestuoso sobre los miserables que han tenido la inconsideración de someterse a su dorado veneno…”.
Este documento demuestra que los pastusos de la época tenían la suficiente perspectiva como para presagiar las grandes calamidades que traería consigo la independencia, incluso hasta nuestros días.
  
Una vez estalla la guerra de independencia, la ciudad de San Juan de Pasto permanece leal a España incluso tras la instauración en 1811 de la república bautizada como Provincias Unidas de la Nueva Granada. Tras varias rebeliones fallidas contra la delegación del gobierno republicano en Pasto se consigue reinstaurar la soberanía española el 20 de mayo de 1812 gracias a las milicias formadas por los propios pastusos con la inestimable ayuda de los negros cimarrones provenientes del Valle del Patía. Al enterarse de la pérdida de la localidad el nuevo gobierno republicano entró en cólera y a través de la Gobernación de Popayán envió una carta fechada el 4 de julio de 1812 al cabildo de Pasto donde decía:
“La ruina de Pasto ha llegado y esa ciudad infame y criminal va a ser reducida a cenizas. No hay remedio: un pueblo estúpido, perjuro e ingrato que ha roto los pactos y convenciones políticas y que con la más negra perfidia ha cometido el horrible atentado de hacer prisionero al Presidente de este Gobierno, después que enjugó sus lágrimas y le levantó de la desgracia en los días de sus amarguras, debe ser, como el Pueblo Judío, entregado al saqueo y a las llamas. Tiemble, pues, la ingrata Pasto que ha hecho causa común con los asesinos y ladrones de Patía, y tiemblen esos hombres de escoria y de oprobio que se han erigido en cabezas de la insurrección de los pueblos. Una fuerza poderosa, terrible, destructora y hábilmente dirigida va a caer sobre esa ciudad inicua. Ella será víctima del furor de un Reino entero, puesto en la actitud de vengarse y aniquilarla. Las tropas belicosas de las provincias confederadas de la Nueva Granada reducirán a pavesas a Pasto y sólo podrá evitar su irremediable destrucción poniendo inmediatamente en libertad las personas del Presidente, oficiales y soldados, pérfidamente sorprendidas, y entregando todas las armas. Decídase, pues, ese Ayuntamiento: ésta es la primera y última intimidación que le hace este Gobierno, justamente irritado, de la Provincia de Popayán.”
Queda de manifiesto que ya en 1812 el gobierno republicano estaba dispuesto a realizar una masacre contra toda la población de Pasto sin hacer distinciones entre civiles y milicianos como finalmente sucedería 10 años después. Pero esta carta no fue una manifestación aislada puesto que entre las órdenes impartidas por Simón Bolívar hay una referencia a la ciudad de Pasto que dice “haced lo posible por destruir a los pastusos”.
    
Tras casi dos años de feroz resistencia, el general Antonio Nariño envía una misiva a la localidad de San Juan de Pasto en la cual conminaba al municipio a deponer las armas y aceptar la autoridad republicana bajo amenaza de ser atacada por el ejército separatista. El 4 de abril de 1814 el ayuntamiento de Pasto responde de la siguiente manera:
“Nosotros hemos vivido satisfechos y contentos con nuestras leyes, gobiernos, usos y costumbres. De fuera nos han venido las perturbaciones y los días de tribulación…”.
   
A pesar del continuo hostigamiento de las tropas independentistas los pastusos siguieron siendo fieles a España. Su lealtad sería recompensada con la llegada de las tropas españolas provenientes de Europa  que reinstauraron el Virreinato de Nueva Granada en el año 1816.
  
Sin embargo, en 1819 el ejército independentista retoma el poder constituyendo la República de Colombia. Pese a que este hecho supuso el final definitivo del Virreinato Neogranadino, la ciudad de Pasto se mantuvo bajo control español gracias a la determinación de los pastusos que siguieron combatiendo contra el gobierno republicano. El 7 de abril de 1822 se produce la Batalla de Bomboná a unos 50 kilómetros de San Juan de Pasto donde las tropas realistas lideradas por el coronel Basilio Modesto García derrotan al ejército dirigido por Simón Bolívar pese a estar en inferioridad numérica. Debido a esta inferioridad los efectivos españoles se vieron notablemente mermados lo que supuso la capitulación de la localidad de Pasto ante las fuerzas republicanas el 8 de junio de 1822. No obstante, la derrota sufrida por Simón Bolívar a manos de los pastusos no fue olvidada puesto que el bando separatista consideró una humillación que milicianos indomestizos vencieran a su máximo líder. Tanto fue así que hasta modificaron el relato de la Batalla de Bomboná para dar como vencedor a Simón Bolívar. En definitiva, aquella batalla supuso el desencadenante último de la Navidad Negra de San Juan de Pasto que acontecería ese mismo año.
  
Pese a la reciente capitulación los pastusos emprenden en el mes de septiembre un nuevo ataque que desemboca en la Segunda Batalla de la Cuchilla de Taindala producida el 24 de noviembre de 1822 en las proximidades de Pasto. La milicia realista dirigida por Benito Boves vence al ejército independentista liderado por Antonio José de Sucre contra todo pronóstico. Esta nueva derrota de las fuerzas republicanas enfureció a Simón Bolívar, de tal forma que movilizó en masa a sus mejores tropas para lo que pretendía ser una brutal venganza contra toda la ciudad de San Juan de Pasto, sin excepción alguna. El 24 de diciembre de 1822 el ejército dirigido por Antonio José de Sucre, bajo las órdenes de Simón Bolívar, llega a la localidad de Pasto en donde se produce la aniquilación de toda resistencia miliciana debido a la enorme superioridad numérica del contingente independentista.
 
A partir de ese momento se producen una serie de brutales acontecimientos que, posteriormente, se conocerían bajo el nombre de la Navidad Negra de San Juan de Pasto. Una vez que la ciudad quedó indefensa, el ejército republicano se ensañó en una sanguinaria venganza por el apoyo del pueblo pastuso a la causa española. El mayor de los abusos cometidos por los independentistas fue el exterminio de la mayor parte de la población pastusa, sin hacer distinciones entre milicianos y civiles, hasta el extremo de asesinar a mujeres, ancianos, niños e incluso bebés.
  
Se calcula que cerca de 500 pastusos fueron asesinados a lo largo de los tres días que duró la presencia de las tropas separatistas. Tal fue la masacre que la Calle del Colorado de la ciudad de Pasto debe su nombre a la cantidad de sangre allí derramada por las víctimas pastusas durante la Navidad Negra. Además de esta matanza hubo multitud de violaciones a mujeres y niñas.
   
Sin embargo, todo esto fue sólo una parte de la brutal represalia; también hubo un expolio y destrucción absolutos tanto de las propiedades de los vecinos como de las iglesias y edificios públicos. Se robaron todo tipo de objetos de valor y destruyeron los archivos del ayuntamiento, junto con los libros parroquiales, suponiendo a la postre la pérdida de un patrimonio histórico de incalculables dimensiones, que abarcaban casi tres siglos de la historia de la ciudad.
    
La Navidad Negra de Pasto fue una matanza y expolio de tal magnitud que incluso algunos conocidos personajes independentistas criticaron con dureza a Antonio José de Sucre por permitir tales atrocidades. El general José María Obando le  dedicó las siguientes palabras:
“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad ejecutados contra un pueblo entero que de boca en boca ha transmitido sus quejas a la posteridad”
Por su parte el voluntario irlandés Daniel Florencio O’Leary dijo en referencia a la Navidad Negra:
“[…] en horrible matanza que siguió, soldados y paisanos, hombres y mujeres, fueron promiscuamente sacrificados y se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y a asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes; hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los libros públicos y los archivos parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas”.
No obstante, aunque Antonio José de Sucre estaba al mando del asalto a la localidad de Pasto, no se debe olvidar que las órdenes venían impuestas por Simón Bolívar. El general Antonio José de Sucre actuó con semejante crueldad porque sabía que no traería consecuencias para su persona,  que contaba con el beneplácito de su superior. Como mencioné, la derrota de Simón Bolívar en la Batalla de Bomboná supuso un duro golpe para su prestigio debido a que hombres con menor preparación y en menor número lograron vencerle. Desde entonces el anhelo del líder independentista era vengarse a toda costa de los pastusos, pese a la capitulación de San Juan de Pasto, apenas dos meses después de aquella batalla.
   
El nuevo alzamiento de la ciudad fue la excusa perfecta para planificar su venganza máxime tras otra derrota del ejército republicano a manos de los pastusos en la Batalla de Taindala. Entre las numerosas tropas que movilizó Simón Bolívar para la tarea se encontraban muchos de los supervivientes de su derrota en Bomboná como los hombres del Batallón Rifles.
  
Por desgracia, la masacre realizada en Pasto no debe sorprender a nadie, pues el bando independentista había acuñado el concepto de “guerra a muerte”, que consistía en el asesinato de civiles, el saqueo y la destrucción indiscriminada de propiedades y el fusilamiento de los prisioneros de guerra. Sin embargo, en este caso, fue peor puesto que estaba en vigencia el Tratado de Regulación de la Guerra firmado por el propio Simón Bolívar, el 25 de noviembre de 1820, donde se especificaba que los pueblos que fueran ocupados por las tropas militares serían bien tratados y respetados.
  
A modo de curiosidad si eres colombiano y alguna vez te has preguntado por el origen de las burlas hacia los pastusos, efectivamente, éstas son debidas a su lealtad al Imperio Español durante la guerra de independencia. Una vez consolidado el gobierno republicano se ejerció una deliberada estigmatización sobre los pastusos que, posteriormente, se tradujo en una caricaturización de los mismos y la cual continúa vigente en la sociedad colombiana.
ESPANTOSO GENOCIDIO EN PASTO (Extraído de Medina Patiño, Isidoro. Bolívar, genocida o genio bipolar, Imp. Visión Creativa, Pasto, 2009, págs. 69 y sigs.)
La Navidad negra - Diciembre de 1822
«Porque ha de saber ud. que los pastusos... son los demonios más demonios que han salido de los infiernos... Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando a aquel país una colonia militar. De otro modo Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aun cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos aunque demasiado merecidos». [Simón Bolívar, Carta a Francisco de Paula Santander. Potosí, 21 de Octubre de 1825] Academia Nariñense de Historia, Manual de Historia de Pasto, Tomo IV, Graficolor, 2003, p. 26 
El tremendo odio que el Libertador Simón Bolívar sentía contra la ciudad de Pasto y sus moradores, por el apoyo a España, se desencadenó en la navidad de 1822, cuando las tropas patriotas, al mando de Antonio José de Sucre, se tomaron la ciudad y protagonizaron uno de los más horripilantes episodios de la guerra de la Independencia. Fue una verdadera orgía de muerte y violencia desatada, en la que hombres, mujeres y niños fueron exterminados, en medio de los más incalificables abusos. Este hecho manchó sin duda alguna, la reputación de Sucre, quien de manera inexplicable permitió que la soldadesca se desbordara, sin ninguna clase de control. Fue una navidad negra, cuyos detalles presentamos en las líneas siguientes:
  
Solo una mente bipolar desequilibrada pudo ordenar unas acciones tan terribles, en contra de un pueblo entero. Con este ataque del ejército patriota a la ciudad, Simón Bolívar demostró una vez más su odio visceral en contra del pueblo pastuso y como instrumento de su sangrienta venganza, utilizó a su paisano, el General Antonio José de Sucre, el oficial de sus mayores afectos, quien, de manera inexplicable, permitió a sus soldados perpetrar toda clase de iniquidades, como jamás se habían visto.
   
Podría decirse que la saña con la que llegó el ejército republicano era producto de la corajuda guerra que les estaba dando la ciudad de Pasto y el reciente revés sufrido en Taindala. Pero nada de eso, ni siquiera el anhelo de una liberación continental para las élites “criollas”, justifica la matanza y los abusos cometidos.
  
Horas de horror
Trasladémonos al 24 de diciembre de 1822. Sí, es la celebración de la Navidad, pero el pánico reina en Pasto. Ya se tienen noticias del avance del ejército patriota, al mando de Sucre. Se trata de unas tropas en las que viene nada menos que los batallones Rifles, Bogotá y Vargas, integrados por militares de una gran veteranía, curtidos en toda clase de combates. Como si esto fuera poco, los acompañan los escuadrones de Cazadores Montados, Guías y Dragones de la Guardia, reforzados también con soldados de la vecina Quito. El día anterior, se ha sabido que ese ejército ya ha atravesado el paso del Guáitara, muy mal defendido por las milicias improvisadas que allí quedaron, por lo que el 24 se esperaba su llegada en cualquier momento.
  
La mayoría de los hombres (informados de la gran superioridad de los enemigos), el oficial español Remigio Boves, Agualongo y otros pocos, prefieren huir a las montañas. Numerosas mujeres y niños buscan refugio en las iglesias. Creen que los enemigos tendrán respeto de esos recintos sagrados, pero se darán cuenta, demasiado tarde, de su terrible equivocación.
  
A pocos minutos de las tres de la tarde, se escucha un grito de espanto:
¡Ya están aquí, ya están aquí!
Es cierto. Las tropas patriotas han llegado a la ciudad y luego de su extenso recorrido, aparecen en el atrio de la Iglesia de Santiago, frente al antiguo camino de Caracha. El día es triste y frío y el imponente volcán Galeras se encuentra nublado, como no queriendo ser testigo de las iniquidades que en cuestión de minutos van a dar comienzo.
  
Prácticamente no hay resistencia en las barricadas defensivas que se han levantado. El jefe de Pasto, Estanislao Merchancano y su segundo, el comandante, Agustín Agualongo, han huido a las montañas, al darse cuenta que se encuentran en inferioridad de condiciones y que, por lo tanto, en caso de dar batalla, seguramente serán hechos prisioneros o muertos.
  
Santiago, el primer derrotado
Entonces, en esos momentos de intenso pánico, a alguien se le ocurre decir: ¡Saquemos a Santiago para que nos defienda!
  
Al parecer no queda otra alternativa. Sólo un milagro puede salvar en esos aterradores momentos a Pasto y los aterrorizados moradores se lo piden al apóstol Santiago. Entonces, su imagen es colocada en medio de quienes tratan de rechazar el brutal ataque. Es una imagen increíble: por un lado los patriotas en violenta arremetida, por el otro, unos pocos hombres, con los rostros demudados por el miedo, cuya única arma es una imagen de yeso. Los minutos que siguen demuestran que los milagros no son cosa de todos los días. Santiago no sirve absolutamente para nada. Es más un estorbo, que cae al suelo en medio del fragor del combate, mientras, poco a poco, los atacantes van minando la poca resistencia para apoderarse definitivamente de la ciudad que tantos dolores de cabeza le ha causado al proceso de emancipación de la Nueva Granada.
  
Los episodios que siguen a continuación son infernales.
A pocos metros de la Iglesia de Santiago, uno de los soldados le arrebató su hijo de brazos a una desesperada madre. Enloquecida trata de recuperarlo y como una fiera enfurecida se lanza contra el hombre. Pero, otro de los soldados, la degüella de un certero sablazo y su cabeza rueda por la pendiente, con la boca abierta en un grito silencioso. Acto seguido, el soldado que le había quitado el niño, en medio de una carcajada de demente, lanza al infante hacia arriba y lo ensarta en su bayoneta, mientras que la soldadesca lo aplaude. Toda la ciudad de Pasto parece un solo grito de dolor. A sangre y fuego se somete a la población; templos, capillas y conventos cayeron en poder de los atacantes, a excepción del de las Conceptas, que se levantaba donde hoy es la Gobernación de Nariño.
  
Un homicidio espantoso
En la Catedral de 1822, hoy Iglesia de San Juan, las tropas al mando de Sucre y enviadas por el Libertador Simón Bolívar perpetran un asesinato espantoso, cuya víctima es el sacristán que pasaba de los 80 años de edad. En efecto, las tropas lo agarran y lo obligan a colocar su cabeza en la pila bautismal. El pobre anciano no puede hacer nada para defenderse de la brutal agresión. Es entonces, cuando uno de los oficiales patriotas Apolinar Morillo posterior asesino confeso de Sucre-, le descarga una mole de adobe. La escena no puede ser más dantesca. La sangre salta por doquier y mancha las paredes de la iglesia. Mientras se perpetra este asesinato incalificable, la soldadesca que ha entrado al templo en sus caballos, enlaza las sagradas imágenes de las vírgenes y de los santos, que acto seguido son despojadas de sus ornamentos y sus riquezas terrenales, en una orgía de muerte, destrucción y pillaje, en medio de los alaridos de las mujeres que están siendo violadas y pasadas a cuchillo y de los gritos de los hombres, que también son degollados. Pero la navidad negra, apenas está comenzando. 
  
¡Tome usted a mi hija!
 Al darse cuenta de la nula resistencia, los soldados republicanos, convertidos en verdaderos animales, empezaron a ingresar con brutal violencia a las casas, para robar, matar y violar sin pudor alguno a todas las mujeres, aunque estas fueran niñas o ancianas. Los gritos y alaridos de las infortunadas se escuchaban por doquier. Fue entonces, cuando en medio de esa orgía de sexo desenfrenado, muchas madres en su desesperación decidieron sacar a sus hijas a la calle, para entregársela a algún soldado blanco, antes de que un negro la violara.
 ¡Señor, por favor, tome usted a mi hija! Fue una exclamación que se escuchó muchas veces en ese caos en el que se convirtió la ciudad.
  
Las violaciones fueron múltiples y de acuerdo con las crónicas de la época, todas las mujeres que fueron sorprendidas en Pasto, ese 24 de diciembre de 1822, fueron víctimas de vejámenes sexuales, de los cuales no se salvaron las monjas en los conventos.
  
De los robos y abusos cometidos, es de rescatar la opinión del general José María Obando, quien no vacila en criticar los incalificables excesos y responsabiliza de los mismos al general Sucre:
“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano (?) e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad…”
    
Increíbles bacanales
Realmente, como lo dice el general José María Obando, nunca se sabrá qué pasaba por la mente de Antonio José de Sucre, al permitir tantos desmanes, que él perfectamente pudo evitar. Córdova mismo, alarmado por este gravísimo error político e histórico, le pidió que cesara la matanza y, ante su fuerte insistencia, ordenó a Sucre, al tercer día del genocidio, que este Coronel, con el cuerpo que comandaba, desarmara a los enloquecidos y borrachos soldados, en particular a los de “Rifles”, compuesto por venezolanos y mercenarios ingleses.
  
Pasto fue, pues, durante tres días el epicentro de hechos horribles y abusos inimaginables contra su población. En cercanías a la hoy Plaza de Nariño, soldados en avanzado estado de embriaguez seguían abusando sexualmente de las mujeres, sin importar que esto fuera en plena calle. Lo más horrible de todo es que, muchas veces, satisfechos de su bellaquería, los infames soldados, procedían a degollar a las indefensas mujeres.
 Respecto a los muertos, en las calles se amontonaron por lo menos quinientos cadáveres de hombres, mujeres y niños, la mayoría con el cuello cortado. Al cabo de pocos días y a pesar de la frialdad del clima, la pestilencia fue insoportable, ya que nadie se atrevía a sepultar los cadáveres por el riesgo de convertirse en uno de ellos, en una ciudad en donde la soldadesca hacía lo que le daba la gana.
 Tanto así que ni siquiera los templos de Santiago, San Juan, San Andrés, Taminanguito y San Sebastián, sirvieron de protección a quienes se refugiaron en ellos convirtiéndose en escenario de crímenes horrorosos, que parecieran ser cometidos por brutales dementes.
Destrucción cultural
 Aparte de la terrible matanza y los escabrosos hechos que rodearon el vil ataque a Pasto por parte de las tropas republicanas, la ciudad sufrió a su vez un irreparable daño cultural y económico, como lo dice José Rafael Sañudo: “Se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los archivos públicos y los libros parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas. La matanza de hombres, mujeres y niños se hizo aunque se acogían a las iglesias y las calles quedaron cubiertas con los cadáveres de los habitantes, de modo que “el tiempo de los Rifles”, es frase que ha quedado en Pasto para significar una cruenta catástrofe”.
   
Tesoros escondidos
De esa nefasta navidad de 1822, han quedado para la posteridad muchas historias, que años después, obviamente no han perdido vigencia en Pasto. Por ejemplo, es una realidad que, al darse cuenta de la llegada del ejército patriota, fueron muchos quienes, de manera desesperada, escondieron sus pertenencias de valor en patios y paredes, con la esperanza de volver algún día por ellas. Al respecto, son informaciones conocidas que numerosos entierros han sido descubiertos en viejas viviendas o en patios y, por lo que se sabe, una gran cantidad de tesoros todavía esperan ser descubiertos en la hoy capital de Nariño. Por mi parte, estoy plenamente convencido de esto puesto que en Pasto, en la época de los acontecimientos que estamos relatando, había personas que poseían grandes fortunas, especialmente en monedas de oro.
  
Finalmente, como epílogo de los trágicos acontecimientos de esa navidad de 1822, hay que decir que, por culpa de lo sucedido en esa fecha, la guerra de Independencia se prolongó por dos años más con todas sus trágicas consecuencias en lo humano y en lo económico. Ese diciembre no hubo celebración de navidad, ni villancicos, a consecuencia de la más espantosa tragedia que haya afrontado la ciudad de Pasto en su historia. Producto, de acuerdo con todos los antecedentes descritos, de una mente bipolar, como la del Libertador Simón Bolívar, quien encontró en su paisano Antonio José de Sucre un inesperado cómplice para que se perpetrara la matanza y abusos contra la población pastusa. Además, los documentos quemados fueron la causa para que se perdiera la memoria de la región, la cual ardió en las hogueras de la violencia y la barbarie.

domingo, 18 de noviembre de 2018

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA

Novena aprobada el 4 de Julio de 1929 por Mons. Manuel José Caicedo Martínez, Arzobispo de Medellín (Colombia). Puede rezarse en cualquier momento del año, especialmente en preparación a su fiesta litúrgica (27 de Noviembre).
  
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA MEDALLA MILAGROSA

    
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y de restituir y satisfacer si algo debiere: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
 
ORACIÓN INICIAL
Soberana Reina de los Cielos y de la tierra, que por amor a los hombres pecadores os dignásteis apareceros a vuestra humilde sierva, Sor Catalina Labouret, con las manos cargadas de gracias celestiales en favor de los que os invocan con fe y devoción; vednos postrados ante vuestra imagen suplicándote humildemente un rayo de luz que ilumine nuestra mente y abrase nuestro corazón en vuestro santo servicio, a fin de que conociendo vuestras misercordias encerradas en vuestra Santa Medalla, logremos participar de vuestros merecimientos y conseguir por ello la salvación de nuestra alma.
  
DÍA PRIMERO - 18 DE NOVIEMBRE
Reina de los Ángeles, celestial María, que os dignásteis enviar a uno de esos espíritus celestiales para que anunciase a Sor Catalina que Vos le esperábais en la capilla, llegando vuestra dignación a permitir que pusiese sus brazos en vuestras rodillas como una madre recibe a su pequeñuelo. Concededme, ¡oh Virgen Milagrosa!, una viva confianza en virtud de vuestra Medalla, que ella sea el escudo santo que nos defienda de nuestro inmortal enemigo, y en la hora de nuestra muerte merezcamos descansar en vuestros maternales brazos, a fin de que conducidos por nuestro Ángel Custodio, merezcamos ser introducidos en vuestro celestial palacio y gozar de vuestra compañía por toda la eternidad. Amén.
 
Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Para más obligarla, rezaremos tres Avemarías.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Yo os saludo, dulcísima Virgen María, Madre de Dios, y os elijo por mi amantísima Madre. Suplícoos que me admitáis por hijo y siervo vuestro, pues yo no quiero tener otra Madre y Señora que a Vos. Ruégoos también, ¡oh piadosa y tierna Madre mía!, que me gobernéis y defendáis en todas las acciones de mi vida porque soy un pobre infeliz mendigo, que en todos los instantes necesito de vuestra ayuda y protección. Ea, Virgen Santísima, hacedme participante de todos vuestros bienes y de vuestras virtudes, principalmente de vuestra santa humildad, de vuestra excelsa pureza, de vuestra ardiente caridad; pero sobre todo alcanzadme la gracia (Aquí se expresa de nuevo la gracia que se desea obtener de la Virgen). No me digáis, ¡oh Madre benignísima!, que no podéis concedérmela, porque vuestro amantísimo Hijo os ha dado todo poder tanto en el Cielo como en la tierra. También estoy seguro que no me desecharéis, porque Vos sois la Madre común de todos los hijos de Adán, y singularmente lo sois mía. Ya pues, que sois mi Madre y al mismo tiempo sois poderosísima, ¿qué es lo que podrá moveros a negarme vuestra excelencia? Atended, Madre mía, mandad, que en calidad de tal estáis en cierta manera obligada a concederme lo que os pido y acceder a mis ruegos. Sed, pues, bendita y ensalzada en el Cielo y en la tierra; alcanzadme de Dios que haga participante de todos los bienes y de todas las gracias que sean del agrado de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, objeto de todo mi amor ahora y por todos los siglos. Amén.
   
GOZOS EN HONOR A LA SANTÍSIMA VIRGEN VENERADA EN LA MEDALLA MILAGROSA
  
Digamos con melodía
Esta devota canción:
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
   
La medalla prodigiosa
A vos, purísima Virgen,
Debe el principio y origen
En una visión dichosa.
Todos por eso a porfía
Desean su adquisición.
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
  
Este emblema celestial
Infunde pena, furor,
Desesperación y horror
A la serpiente infernal.
¿Qué extraño, si su malicia
Ve en ella su confusión?
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
   
Los brillantes resplandores
Que vuestras manos despiden,
Son las gracias que reciben
De Vos los hombres viadores.
¿Quién es el que no confía
Vista tal demostración?
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
   
¿Quién podrá contar, Señora,
Los prodigios que habéis hecho
Con el que llevara al pecho
La medalla y os implora?
Llevémosla noche y dia
Con tierna veneración.
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
  
El rayo, la tempestad,
El contagio inevitable,
De esta medalla admirable
Huyen con velocidad:
La virtud que los desvía
La da vuestra intercesión.
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
   
La tentación más violenta
Resiste, calma y abate,
El fiel que en todo combate
Este escudo fuerte ostenta,
Su constancia no varía,
Si os ruega de corazón.
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
   
Las olas del mar furioso
Que espantan al que navega,
Pierden la fuerza si ruega
Ante este signo glorioso,
Porque Vos sois norte, guía
Y puerto de salvación.
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
    
Los enfermos desahuciados
Buscan con solicitud
En la medalla salud,
Y no quedan defraudados:
Sanos, llenos de alegría
Dicen con dulce emoción.
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
   
Los hombres más obstinados
En la impiedad y en el vicio,
Del eterno precipicio
Con ella han sido librados:
Pues por Vos, dulce María,
Lograron su conversión.
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
   
Madre en gracia concebida,
Rogad, Señora, por nos
Que recurrimos a Vos
En tan miserable vida:
Muéstrate clemente y pía
Ahora y en toda ocasión.
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
   
Digamos con melodía
Esta devota canción:
Vuestra medalla, ¡oh María!,
Es prenda de protección.
℣. Ruega por nosotros, ¡oh Santa María!, Reina concebida sin pecado original.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
 
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, que quisiste esclarecer a la Santísima Virgen María, tu Madre, Inmaculada desde su origen, con innumerables milagros: concédenos que cuantos imploramos siempre su patrocinio, consigamos los gozos eternos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO - 19 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Amantísima Madre mía, ¡qué placer siente mi alma al meditar los deseos que tenéis de otorgarnos vuestros favores! Así os dignásteis solicitarle a Sor Catalina cuando extrañada de ver algunos de los anillos que no despedían rayos de luz sobre la tierra mientras otros llegaban tan fuertes y tan brillantes se preguntó la causa del fenómeno: «Estos anillos y piedras preciosas que no despedían luz, significaban las gracias que no concedo a los hombres, porque no acuden a mí». ¡Oh, Madre mía amantísima! Que todos acudamos a Vos como remedio de nuestros males y que no queden defraudados vuestros deseos. Que las densas tinieblas de los impíos sean iluminadas por esos rayos de amor y ternura. Que todos nos dejemos guiar por las luces de la Fe Católica, faro divino que trajo del Cielo vuestro Divino Hijo y sin el cual nadie puede salvarse. Apartad de nosotros las falsas doctrinas del mundo, interponed vuestro poderoso valimiento ante Jesucristo para que nos perdone nuestros pecados y nos conduzca a la vida eterna. Amén.
 
Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Las tres Avemarías, la Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA TERCERO - 20 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Dignísima Madre de Dios y Madre nuestra: en Vos ponemos toda nuestra esperanza, sabiendo que vuestro Santísimo Hijo ha puesto en vuestras manos todos los tesoros del Cielo, para enriquecer con ellos a los que acuden a Vos en demanda de protección. Vos habéis querido aparecer en estos últimos tiempos con las manos cargadas de gracias, quejándoos amargamente a vuestra humilde sierva Sor Catalina Labouret del lamentable abandono de los hombres que se ven privados de muchas gracias porque no acuden a vuestro valimiento. Hénos aquí, cariñosa Madre, alegrándoos de vuestras excelencias y ofreciendo por ellas alabanzas y gracias a la Santísima Trinidad. En memoria de vuestros privilegios, os suplicamos que nos amparéis todos los días hasta poder vivir con Vos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.
 
Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Las tres Avemarías, la Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA CUARTO - 21 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Virgen Santísima, que agradásteis al Señor y fuiste su Madre inmaculada en el cuerpo, en el alma y en el amor; enriquecida por Dios con todo género de bendiciones, haced que sigamos vuestros humildes ejemplos imitando sobre todo vuestra profunda humildad, vuestro amor al Señor y compasión hacia el prójimo. Tantas prerrogativas y grandezas sólo sirvieron para humillaros más y más y para favorecer a los míseros hijos de Adán, no cesando de aplicar vuestra intercesión en favor de los pecadores. Nos habéis entregado vuestra Medalla y empeñado solemnemente vuestra palabra de concedernos todo cuanto os pidamos con tal que elevemos con devoción y confesemos vuestra purísima Concepción y os invoquemos confiados. Haced, Señora nuestra, que oigamos vuestros avisos, y que en las luchas e infortunios de esta miserable vida exclamemos con la jaculatoria que Vos habéis enseñado y a la que habéis comunicado tanta eficacia: «Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos». Amén.
 
Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Las tres Avemarías, la Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA QUINTO - 22 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Madre purísima, delicia del Cielo y consuelo de los hijos de Adán. ¡Cuál será la alegría que experimentó la hija de San Vicente cuando tuvo la dicha de veros tan resplandeciente y hermosa, y cuál su sorpresa al oir decir que era tu voluntad se acuñase una medalla según el modelo que tenía a su vista, prometiendo muchas cosas a cuantos la llevasen con devoción! Os suplico, Madre amantísima, que sepamos aprovecharnos de los medios que ponéis en nuestras manos para nuestra santificación y la de nuestros prójimos. Que no nos contentemos con llevar sobre nuestro pecho vuestra Santa Medalla, sino que procuremos dar a conocer esta devoción, para que todos podamos conseguir las gracias que a manos llenas derramáis sobre vuestros devotos. Haced que experimente la dulzura de vuestro amor, y lo ventajoso que nos resulta llevar vuestra librea para participar de vuestros favores en vida, y en muerte merezcamos habitar con Vos en el Cielo por toda la eternidad. Así sea.

Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Las tres Avemarías, la Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA SEXTO - 23 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
No es posible dudar, cariñosa Madre, de la ciencia sobrenatural que habéis concedido a vuestra Medalla. Decías a Sor Catalina: «Cuantos llevaren puesta esta Medalla y rezaren devotamente su oración, experimentarán mi protección». Así lo vemos confirmado con tantos estupendos prodigios y conversiones de obstinados pecadores, que al contacto de vuestra Medalla se vuelven a Dios en demanda de perdón, llorando su enmienda. ¡Ah! La Medalla Milagrosa es obra de María, que nos la ha traído del Cielo para enriquecer a los mortales con los tesoros celestiales. Felices aquellos que la portan con devoción porque después de ampararles en la vida, será en la hora de su muerte llave dorada que les abrirá las puertas de la gloria. Así sea.
 
Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Las tres Avemarías, la Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA SÉPTIMO - 24 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Virgen Inmaculada, que como tal os presentáis en vuestra Medalla, para que todos fijemos nuestros ojos en ese acabado modelo de pureza y santidad. Atraednos dulcemente hacia Vos con aroma de tan excelsas virtudes. Sed la estrella que guíen nuestros pasos con esos rayos divinos durante esta larga peregrinación. Oid nuestros ruegos sobre todo en el momento de la tentación, y no permitais que el vicio impuro, tan aborrecido de Vos, tenga jamás entrada en nuestro corazón, a fin de que imitándoos en esta virtud tan hermosa y agradable a los ojos de Dios, logremos ser admitidos en los eternos tabernáculos del Cordero celestial. Amén.
 
Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Las tres Avemarías, la Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO - 25 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
Soberana Señora y Madre nuestra, no contenta con rogar constantemente a Jesús por nosotros en el Cielo, bajáis a la tierra para manifestarnos los deseos que tenéis de nuestro bien, y cuánto sentís nuestras desgracias. Concedednos la gracia de escuchar vuestros amorosos avisos y de volvernos a Dios, como lo decíais a Sor Catalina, a fin de evitar los castigos que nos amenazan. Que los padres de familia eduquen a sus hijos en el santo temor del Señor, que estos oigan los consejos de sus mayores, y todos fijemos nuestras miradas en la cruz redentora que Vos levantáis muy alto en la Santa Medalla, porque en ella está nuestra dicha y felicidad. De este modo, nuestra pena se convertirá en santa alegría y será principio de aquella otra perdurable, que Dios reserva a los que han hecho penitencia de sus pecados. Amén.
  
Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Las tres Avemarías, la Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA NOVENO - 26 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
 
¡Qué dichosos seríamos, Madre dulcísima, si todos pusiésemos en Vos nuestra confianza! Sois Reina del Cielo y de la tierra, y como tal tenéis a vuestra disposición todos sus tesoros para favorecernos con ellos. Con cuánta razón os lamentáis de la indiferencia y descuido de los hombres que pierden tantas gracias porque no acuden a Vos, dispuesta a derramar a manos llenas vuestras bendiciones. A Vos hemos acudido durante nueve días en demanda de vuestra protección. Cumplid lo que nos habéis prometido por medio de Sor Catalina. Llevamos vuestra Medalla, os invocamos con amor..., escuchad pues benigna los ruegos de vuestros hijos, concedednos, sobre todo, que no caigamos en el pecado mortal, y que en la hora de nuestra muerte estrechemos sobre nuestro pecho vuestra Medalla, y muramos en los brazos de vuestra mirsericordia para vivir eternamente con Vos en el Cielo. Amén.
 
Pídase a la Virgen la gracia que se desea alcanzar por su intercesión poderosa. Las tres Avemarías, la Oración final y los Gozos se rezarán todos los días.

jueves, 25 de octubre de 2018

LOS CINCO PRIMEROS SÁBADOS DE MES

Aparición de Nuestra Señora y el Niño Jesús a Sor Lucía de Fátima (Capilla de las apariciones. Tuy-Pontevedra)
  
Lucía de Fátima entra en religión muy joven. El 25 de Octubre de 1925 llega al convento de las hermanas Doroteas en Pontevedra, donde nuevamente será testigo de las apariciones de la Santísima Virgen.
 
En la tarde del 10 de Diciembre de 1925, la joven postulante está retirada en su celda, y recibe la visita de la Virgen y a su lado, rodeado por una nube luminosa, el Niño Jesús. La Santísima Virgen le muestra un Corazón rodeado de espinas que Ella tiene en su mano. El Niño Jesús dice:
«Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Está cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas».
Luego, nuestra Madre del Cielo le dice:
«Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación».
Lucía consultó a Nuestro Señor acerca de la confesión para los Primeros Sábados y preguntó si valía hacerla en los ocho días. Jesús contestó: «Sí; todavía con más tiempo, con tal que Me reciban en estado de gracia y tengan intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María».
 
Resaltemos aquí que esta demanda de la Comunión en los primeros sábados es paralela a la del Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María para los primeros viernes. También, es conveniente comprender que la intención primera de la devoción reparadora de los cinco primeros sábados no es la de obtener la gracia de la perseverancia final, esto es, ser asistido en la hora de la muerte para llegar al Cielo (como es la de los nueve primeros viernes); sino la de consolar el Corazón de Nuestra Madre del Cielo retirándole las espinas que nosotros mismos le hemos puesto por nuestra tibieza, como también las que los herejes, impíos y apóstatas traspasan en Su Corazón; mediano que, la Santísima Virgen promete asistencia en el momento donde nuestra alma comparecerá ante Dios.
  
Una carta del padre José Aparício da Silva SJ, fechada a 10 de Enero de 1938 y dirigida a Mons. José Alves Correia da Silva, nos muestra que la joven religiosa le participó en 1927 de la devoción de los cinco primeros sábados. El sacerdote le preguntó si ella le había comentado a otro sobre la revelación. Ella le respondió que sí, que lo puso todo por escrito por órdenes de su confesor de entonces, el padre Lino García; pero también le había hablado a la Madre María de los Dolores Magalhães, Superiora del convento de Nuestra Señora de los Dolores, y, sin precisar qué contenía el escrito, le pidió el permiso de quemarlo, permiso que le fue concedido y que ella ejecutó inmediatamente (en 1927).
 
Entonces el padre Aparício le ordena escribirlo nuevamente y entregárselo. Por humildad, ella le manifiesta su repugnancia a rescribirlo en primera persona, porque entonces no había sido liberada todavía del voto de silencio sobre su identidad, que le había impuesto Mons. da Silva, hacía 14 años, antes de abandonar su país natal. El padre Aparício le dice que puede redactarlo en tercera persona, y así lo hizo. Por esta razón, el documento está escrito en tercera persona.
  
LA DEVOCIÓN DE LOS CINCO PRIMEROS SÁBADOS
En el curso de la aparición del 13 de Julio de 1917, la Santísima Virgen dijo:
«Para impedir la guerra vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los Primeros Sábados».
Esta última devoción vino a pedirla, apareciéndose a la Hermana Lucía el 10 de Diciembre de 1925, en Pontevedra, España. Dijo entonces:
«Mira, hija Mía, Mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tú, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer Sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante quince minutos, meditando en los Misterios del Rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación».
 
La presencia de Nuestro Señor al lado de su santísima Madre significa que Jacinta tenía razón en lo que dijo, siete años antes, a Lucía: «Tú dirás que Jesús quiere que el Corazon de su Madre sea honrado al mismo tiempo que el Suyo» y nos recuerda, por otra parte, la enseñanza del Ángel de la Paz, que nos dice que el Corazón de María conduce infaliblemente al Corazón de Jesús.
 
15 misterios = 15 minutos; son 1 minuto solamente para cada misterio.
  
Nuestra Señora mostró su Corazón rodeado de espinas, que signifi can nuestros pecados. Para sacar estas espinas, Ella pidió que hiciésemos actos de desagravio, con la devoción reparadora de los cinco Primeros Sábados. Como recompensa Ella nos promete «todas las gracias necesarias para nuestra salvación».
  
Jesús, en los dos años siguientes (15 de Febrero de 1926 y 17 de Diciembre de 1927) insiste para que se propague esta devoción. Lucía escribió el 19 de Marzo de 1939:
«De la práctica de la devoción de los Primeros Sábados, unida a la consagración al Inmaculado Corazón de María, depende la guerra o la paz del mundo. Es por eso que deseo tanto su difusión, y sobre todo porque es la voluntad del Buen Dios y de nuestra Madre del Cielo».
  
CINCO: ¿POR QUÉ?
Esto se realiza en Cinco Sábados porque, según le revelara Jesús el 29 de Mayo de 1930 en Tuy, hay cinco especies de ofensas y blasfemias contra ei Inmaculado Corazón de María:
  1. las blasfemias contra la Inmaculada Concepción;
  2. las blasfemias contra la Virginidad de María;
  3. las blasfemias contra su Maternidad divina, y el rechazo de reconocerla igualmente como Madre de los hombres;
  4. los que procuran meter en el corazón de los niños la indiferencia, el desprecio, e incluso el odio, contra esta Madre inmaculada;
  5. los que la ultrajan directamente en sus santas imágenes.
 
CONDICIONES
Hay cuatro condiciones para ganar el privilegio de los Cinco Primeros Sábados de mes.
  1. La Confesión:
    • Para cada Primer Sábado es necesaria una confesión con intención reparadora. Se puede hacer cualquier día, antes o después del Primer Sábado, siempre y cuando se reciba la Comunión en estado de gracia.
    • La vidente le preguntó a Nuestro Señor: «Mi Jesús, ¿y las (personas) que se olviden de formular esta intención (reparadora)», a lo que Jesús respondió: «Pueden formularla en la confesión siguiente, aprovechando la primera ocasión que tengan para confesarse».
    Las otras tres condiciones deben cumplirse en el propio Primer Sábado, a no ser que algún sacerdote, por motivos justos, conceda que se pueda hacer en el domingo siguiente.
  2. La Comunión Reparadora.
  3. El Rosario.
    Este fue el mensaje frecuentemente reiterado de la Madre de Dios a los pastorcitos. Además del rezo del Rosario los cinco primeros sábados, rezadlo cada día de vuestra vida. Ítem, imitad el ejemplo de la pequeña Jacinta Marto y esforzaros en hacerlo rezar cada tarde en familia. Nuestra Señora tenía siempre un rosario en sus manos durante las apariciones.
    Ella pidió también a los tres niños rezar una oración especial luego de cada decena: «Después de cada Gloria Patri de cada decena, diréis la oración siguiente:
    Oh mi Jesús perdónanos, líbranos del fuego del Infierno, alivia a las almas del Purgatorio, principalmente a las mas abandonadas» (1).
    Después de cada decena de nuestro rosario, recitemos esta bella oración, la cual está en perfecta armonía con el espíritu de las apariciones de Fátima. Es de la mayor importancia que la meditación sobre los Misterios al recitar las oraciones del rosario es una condición esencial para rezarlo bien; de otra manera, se convertirá fácilmente en una simple repetición mecánica de palabras.
  4. La meditación, durante 15 minutos, de un solo misterio, de varios o de todos. También vale una meditación o explicación de tres minutos antes de cada uno de los 5 misterios del Rosario que se está rezando.
En todas estas cuatro prácticas se debe tener la intención de desagraviar al Inmaculado Corazón de María.
  
ESTA DEVOCIÓN FUE APROBADA POR EL OBISPO DE LEIRÍA-FÁTIMA EL 13 DE SEPTIEMBRE DE 1939.
  
He aquí las condiciones de la devoción de los primeros Sábados, como lo explica la Gran Promesa. Esto es lo que se puede llamar la mínima exigencia. Por tanto, el espíritu de la devoción al Inmaculado Corazón de María implica otra cosa. Sus exigencias van más allá. Encontrarás reiteradas veces la expresión en el curso de las conversaciones entre la Santísima Virgen y los niños de Fátima.
  
Para las almas generosas (y sabemos que existen muchas) que deseen llegar “hasta el fondo” de esta sublime devoción, creemos útil agregar estas:
  1. La Consagración al Inmaculado Corazón de María: Cualquier fórmula conocida de consagración es suficiente. Debes, por tanto, confiar sin reservas en Santa María. Si deseas una fórmula más solemne, puedes emplear esta:
    «Oh Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, yo me consagro a vuestro Inmaculado Corazón para ser plenamente ofrecido y consagrado al Señor.
    Dignaos tomarme bajo vuestra protección maternal; defendedme contra los peligros, ayudadme a vencer las tentaciones, a huir del pecados, y quisiera pediros sobre la pureza de mi cuerpo y de mi alma. Que vuestro Corazón Inmaculado sea mi refugio y el camino que me conduzca hacia Dios.
    Dadme la gracia de orar y sacrificarme por amor a Jesús, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra vuestro Inmaculado Corazón.
    Confiándome a Vos y en unión con el Corazón de vuestro divino Hijo, yo quiero vivir para la Santísima Trinidad en la cual creo, adoro, espero y amo. Amén».
     
  2. Sacrificaros por los pecadores: El sacrificio y la reparación requeridos por la Santísima Virgen fue definido muy especialmente por la misma Lucía. Nuestra Santísima Madre demanda que sus hijos estén dispuestos a hacer el sacrificio requerido por la práctica de sus devociones cristianas. La Santísima Virgen le dijo en una revelación privada que «El buen Señor permitirá ser aplacado, pero Él se queja amarga y tristemente por el muy limitado número de almas en estado de gracia, dispuestas a negarse a sí mismas, de acuerdo a lo que la observancia de Su Ley requiere de ellas» Mucha gente, explica Lucía, piensa que la palabra ‘penitencia’ se refiere a grandes austeridades, y como no sienten ni la fortaleza ni la generosidad para aquella, se desalientan y se dejan caer en una vida de tibieza y pecado. Ella informa que Nuestro Señor le dijo: «La penitencia que Yo quiero y exijo ahora es el sacrificio reclamado a todos para el cumplimiento de su propio deber y la observancia de Mi Ley» (Carta de Sor Lucía a los obispos de España y Portugal, 28 de Febrero de 1943).
    La penitencia es, en efecto, el retorno del alma a Dios, una suerte de marcha atrás para recuperar la inocencia bautismal. Se vincula a la virtud y al deber de la penitencia todo lo que contribuya a purificarnos del pecado, a liberarnos de los obstáculos que retarden nuestro ascenso hacia Dios. Ella pertenece pues, a la vía purgativa, y pasa lógicamente antes de la oración, que es el acto principal de la vía unitiva. ¿Cómo podría ser aceptada por Dios nuestra oración si vivimos en el pecado que Le ofende? ¿Cómo osar dirigirse a Él si uno no está en amistad con Él, a menos que sea para implorar su perdón? Dios nos demanda igualmente de nosotros satisfacer nuestros deberes de estado, es decir, cumplir los deberes generales que incumben al hombre y al cristiano en cuanto tales, y los deberes particulares que son propios a ciertas categorías.
    El sacrificio que Dios demanda no se opone en manera alguna a la práctica loable y piadosa de la mortificación voluntaria para los que quieran hacer más que el mínimo requerido. Pero, de nuestros días, Dios demanda al menos este mínimo de cada persona y, en este siglo paganizado, el hacer una virtud prácticamente heroica para ser fiel a los deberes de cristiano (por ejemplo, los deberes de esposo).
  
Finalmente, señalemos una coincidencia curiosa y afortunada: Ya desde antes, la Santa Sede había llamado la atención de las almas piadosas sobre este día al conceder una Indulgencia plenaria con las condiciones de rigor a los fieles que hayan cumplido, el primer sábado de mes, los ejercicios espirituales de devoción en honor a la Inmaculada Virgen Santa María (Raccolta de Oraciones y Prácticas pías, edición de 1957, nros. 365 y 367 A y B respectivamente):
  • «Se concede Indulgencia Plenaria a todos los que pasen algún tiempo en devotas oraciones o meditaciones en honor de la Inmaculada Virgen Santa María, el primer Sábado de cada mes con la intención de perseverar en la misma práctica por el espacio de doce meses, con la condición de Confesión, Santa Comunión y oraciones por el Papado». (San Pío X, Decreto del Santo Oficio, 1 de Julio de 1905. Indulgencia confirmada por el Papa Pío XI mediante Decreto de la Sagrada Penitenciaría Apostólica fechado a 15 de Noviembre de 1927).
  • «Los fieles que el primer Sábado de cada mes realicen algún ejercicio de devoción en honor a la Inmaculada Virgen Santa María, a fin de hacer reparación por las blasfemias con las que su Nombre y sus prerrogativas son envilecidas, pueden ganar Indulgencia Plenaria, con la condición de Confesión, Santa Comunión y oraciones por el Papado» (San Pío X, Decreto del Santo Oficio, 13 de Junio de 1912)
  • «Sin perjuicio de la Indulgencia anterior, aquellos que hayan realizado una vez en su vida este ejercicio devoto en los primeros Sábados durante ocho meses sucesivos, pueden ganar Indulgencia plenaria in artículo mortis, si después de la Confiesión y Comunión, o al menos estando debidamente contritos, invocan con sus labios si es posible, o en sus corazones, el Santísimo Nombre de Jesús, y aceptan de la mano de Dios la muerte con resignación como debido castigo por sus pecados» (Papa Benedicto XV, Rescripto del 9 de Noviembre de 1920).
La demanda de la Santísima Virgen María a Sor Lucía no hace sino aprobar y sancionar una devoción ya existente y alentada por la Iglesia (de hecho, la práctica de consagrar el Sábado a la Santísima Virgen, con formularios de misa específicos, se remonta al menos al Misal Leofric de la Inglaterra anglosajona). También los que observen las prácticas de los Primeros Sábados propuestos por Nuestra Señora de Fátima cumplen por el mismo hecho las condiciones requeidas para ganar la indulgencia plenaria promulgada en 1912.
  
Para merecer la gran promesa de las gracias necesarias para la salvación, la Virgen demanda incluso rezar al menos un tercio este día del Primer Sábado. A los fieles y religiosos que tienen la piadosa costumbre del Rosario cotidiano, tan recomendado por Nuestra Señora de Fátima, bastará con ofrecerlo ese día a las intenciones del Inmaculado Corazón de María.
 
NOTA
[1] Ha habido mucha confusión sobre la oración que se dice luego de las decenas del tercio, ya que en los medios conciliares han hecho circular una versión que dice: “¡Oh! Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu misericordia”, basándose en la afirmación “muchas almas se van al Infierno porque no hay quien ore ni se sacrifique por ellas”, y valiéndose de las Memorias de la Hermana Lucía editadas por el conciliar Centro de Estudios del Santuario de Fátima. No quiere decir esto que no se ore por la conversión de los pecadores, pero lo que se ha de recordar es que la versión original, la que escucharon los pastorcitos y rezaban en Portugal es: “Oh mi Jesús, perdónanos, líbranos del fuego del Infierno y alivia a las almas del Purgatorio, especialmente a las mas abandonadas”, ya que las Benditas Ánimas del Purgatorio necesitan nuestras oraciones y sufragios para que puedan salir de allí y llegar a la Gloria celestial.

sábado, 15 de septiembre de 2018

MILAGROSA IMAGEN DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN EN SORIANO

Entrega por María Santísima de la milagrosa imagen de Santo Domingo en Soriano
    
En el 1510 Fray Vicente de Catanzaro (ciudad de la Calabria Ulterior), un dominico de vida piadosa y austera, bajo inspiración de Santo Domingo llegó a Soriano (Calabria Citerior) para fundar un convento que, aunque se construyó con escasez de medios materiales, contó con la ayuda especial de la Divina Providencia. La pequeña comunidad de frailes establecida en Soriano vivió casi ignorada hasta 1530.
   
Por ese tiempo, cuando los herejes sectarios de Lutero y Calvino en Alemania y Francia negaban el divino culto a las sagradas Imagenes, quemando y ultrajando cuantas veían, bajó del Cielo esta prodigiosa imagen del Angélico Patriarca Santo Domingo de Guzmán, el día 15 de septiembre al convento que la Religión de los Predicadores tiene en Soriano. Sucedió así: Levantándose los religiosos a maitines a media noche, y bajando el religioso lego Fray Lorenzo de la Grotterìa a la iglesia para encender las velas en el altar y comenzar maitines, vio tres mujeres de rara belleza y hermosura, y quedó turbado por ser media noche y estar cerradas las puertas de la iglesia; y una de las tres le llamó y dijo: «¿En qué veneracion está dedicada a Dios esta iglesia?». «Señora, respondió, a Santo Domingo». «¿Qué imagen tenéis de este Santo?». «Somos (dijo) muy pobres, y no tenemos sino un retrato de muy basto pincel». «Pues entregaréis este que traigo rollado en el lienzo al Prelado». Tomólo el sacristan, y subiendo en busca del superior, refirió a este y demas religiosos lo que le había sucedido; y viendo la pintura tan perfecta, con tan vivos colores, juzgaron que no era obra de la tierra, sino del Cielo. La noche siguiente, estando en oracion uno de los religiosos, se le apareció Santa Catalina virgen y mártir, y le dijo: «Sabed que quien ha traido esa imagen es nuestra Señora y Reina María Santísima, acompañábala Santa María Magdalena, y tambien yo le hacia lado, porque somos Patronas de vuestra Orden». Dicho esto, desapareció la santa, y el religioso les refirió lo sucedido.
   
Su efigie tiene una expresión mezclada de majestad y de humildad... en su semblante se retrata madurez de hombre y alegría infantil, y tiene suave palidez, indicio de mortificación corporal, y tranquilidad de alma. Pero sobre todo parece respirar bondad. Causa esta santa Imagen en los que atentos la miran un gozo interior muy grande, y al mismo tiempo un temor, que mueve a dolor y penitencia. No han podido los pintores más diestros hacer un retrato que le fuese en algo parecido, porque los resplandores con que brilla no les permite retratar, sino con notable desemejanza del original. Hace Dios muchos milagros con los que veneran su sagrada Imagen, y no menos favorece a los que en presencia de las copias, imploran la asistencia del Santo, y por ser aun las copias tan maravillosas, se han extendido por todo el mundo, hallando en ellas, el pobre remedio, el afligido consuelo, el cautivo libertad, el enfermo salud. Arrodíllanse en presencia de la de Soriano los corderos, y aun los toros mas feroces, obrando Dios por ella tan estupendos milagros, que se conoce bien haberla traído María Santísima para confundir a los herejes que negaban el culto y veneracion a las Sagradas Imagenes.
  
El 15 de septiembre de 1870, justo cinco días antes que las tropas de Víctor Manuel II de Saboya invadieran Roma, un nuevo milagro acaeció en Soriano. Una estatua de Santo Domingo fue vista súbitamente moverse como un predicador en el púlpito; avanzaba y retrocedía; el brazo derecho subía y bajaba; y su semblante se veía animado, asumiendo un aspecto severo unas veces, otras veces aparecía triste ante los feligreses, o lleno de ternura y reverencia ante la imagen de Nuestra Señora del Rosario. Este fenómeno extraordinario duró una hora y media, y fue presenciado por más de dos mil personas. El obispo de Mileto (de quien depende la villa de Soriano) Felipe Mincione ordenó una investigación de los hechos, y llegó a la conclusión de ser esto un milagro. El evento fue anunciado a la Orden por Fray Alejandro Vicente Jandel, que en una circular advertía a sus hermanos que fueran conscientes de su vocación y los exhortaba a recuperar la observancia religiosa.

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

Novena reimpresa por don Nicomedes Lora en 1831 a costa de la cofradía de Nuestra Señora de la Merced en Santa Fe de Bogotá, con las debidas licencias eclesiásticas.
  
Esta novena puede rezarse en cualquier momento del año, especialmente en preparación a su fiesta litúrgica (24 de Septiembre), o la de la aparición a San Pedro Nolasco y San Raimundo de Peñafort y al rey Jaime I de Aragón (1 de Agosto); o el día de la fundación de la Orden de la Merced (10 de Agosto).
  
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Siguiendo el decreto Sanctíssimus Dóminus Noster del Papa Urbano VIII (13 de Marzo de 1625), los milagros, apariciones, revelaciones y favores especiales que se lleguen a detallar en esta Novena, se han de asumir como con fe humana, lo mismo que la atribución del título de Santos o Beatos a Siervos de Dios aún no canonizados, excepto en los casos confirmados hasta el día 9 de Octubre de 1958 por la Santa Iglesia Católica Romana y la Sede Apostólica, a la cual nos sometemos siempre como hijos fieles; y en este sentido sometemos esta obra devota a su sabio juicio.
   
NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED
  
   
Puesto de rodillas delante de la imagen de Nuestra Señora de la Merced, hecha la señal de la Cruz y se dirá la siguiente oración:
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
PROTESTACIÓN DE FE
Benignísimo y Santísimo Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas de un solo Dios verdadero, en quien creo y espero, a quien amo y deseo amar sobre todas las cosas, yo el pecador más indigno de cuantos habitan en la tierra, creo como verdadero Católico cristiano todo cuanto me manda creer y confesar la Santa Iglesia Católica Romana, y aunque como miserable cuantas veces os he ofendido, nunca vuestra santa fe he negado, pero por mis gravísimas culpas la veo combatida de tantos herejes, siendo mis pecados los que la han puesto en peligro que se pierda; y así me pesa de todo corazón de haberos ofendido, me pesa y propongo la enmienda con vuestra gracia, confesarme y apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y espero que por los ruegos e intercesión de la Santísima Virgen María, Madre especial de Mercedes y misericordia, me daréis gracia para que así lo haga. Amén.
   
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísima siempre Virgen María de la Merced, benignísima Madre de Dios, Estrella resplandeciente del mar, Luna hermosa sin las menguantes de la culpa, escogida como el Sol; oíd, Señora, nuestros ruegos; Vos que benigna atendísteis desde los cielos a los tristes lamentos de los miserables cautivos, que gemían sin consuelo de la dura opresión de los moros, rompiendo los grillos y cadenas que los aprisionaban por medio de vuestra religión de redentores mercedarios, por este profundo ardor de vuestra caridad, por esas vuestras sacratísimas entrañas en que se encarnó el Hijo de Dios para nuestro remedio, os pedimos, dulcísima María, rompáis las cadenas de nuestras culpas, para que libres de ellas merezcamos conseguir lo que pedimos en esta novena.
  
Ahora se rezan tres Padrenuestros y tres Avemarías, en reverencia de lo que padeció la Santísima Virgen cuando vio expirar a su Hijo en la Santa Cruz.
  
DÍA PRIMERO - 15 DE SEPTIEMBRE
Clementísima Virgen María de la Merced, Madre amorosísima, en cuyos soberanos pechos se alimentan los atribulados de divinas consolaciones. Sol hermoso en cuyo calor no hay miseria que se esconda, vuelve esos ojos misericordiosísimos a tus fieles afligidos que te invocan en el naufragio de tantas calamidades; tú que miras benigna a los católicos navegantes librándolos a cada paso de los naufragios, como lo experimentan cada día tus devotos en estos mares y se vio en los del Norte, que naufragando un mísero bajel y estándo tú, Divina Reina, presente en medio del mar a su desgracia, con una sierva tuya mercedaria descalza e invocándote los afligidos navegantes con los varios títulos que su devoción les dictaba, no cesó la tormenta hasta que te invocaron con el dulcísimo nombre de la Merced, y entonces sosegaste los vientos y serenaste los mares, diciendo a tu querida hija (que fuese testigo de la maravilla) los socorrías entonces, para que entendiéramos que este nombre de la Merced es el que más te movía a favorecerlos. Favorécenos, pues, Señora, que ya te invocamos todos con este suavísimo nombre diciendo: «Santísima Virgen María de la Merced, apaga el fuego de las guerras, líbranos del incendio de las herejías, fecunda nuestros campos, purifica los infectados aires; Santísima Virgen María de la Merced, redime los pecadores de las duras prisiones del pecado, concédenos lo que te pedimos en esta novena, si es para gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén».
  
Aquí se medita un poco pidiendo con confianza a la Santísima Virgen lo que se desee, y después se dirá la siguiente letanía:
  
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
  
Dios Padre celestial, ten piedad de no­sotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten pie­dad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad que eres un sólo Dios, ten piedad de nosotros.
  
Santa María, ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
Santa Virgen de vírgenes, ruega por nosotros.
Madre de Cristo, ruega por nosotros.
Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.
Madre de la Divina gracia, ruega por nosotros.
Madre purísima, ruega por nosotros.
Madre castísima, ruega por nosotros.
Madre inviolada, ruega por nosotros.
Madre incorrupta, ruega por nosotros.
Madre amable, ruega por nosotros.
Madre admirable, ruega por nosotros.
Madre del Buen Consejo, ruega por nosotros.
Madre del Creador, ruega por nosotros.
Madre del Salvador, ruega por nosotros.
Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
Virgen venerable, ruega por nosotros.
Virgen laudable, ruega por nosotros.
Virgen humildísima, ruega por nosotros.
Virgen poderosa, ruega por nosotros.
Virgen clemente, ruega por nosotros.
Virgen fiel, ruega por nosotros.
Espejo de justicia, ruega por nosotros.
Trono de la Sabiduría, ruega por nosotros.
Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
Vaso espiritual, ruega por nosotros.
Vaso honorable, ruega por nosotros.
Vaso de insigne devoción, ruega por nosotros.
Rosa mística, ruega por nosotros.
Torre de David, ruega por nosotros.
Torre de marfil, ruega por nosotros.
Casa de oro, ruega por nosotros.
Arca de la Alianza, ruega por nosotros.
Puerta del Cielo, ruega por nosotros.
Estrella de la mañana, ruega por nosotros.
Arca de salvación, ruega por nosotros.
Mística ciudad de Dios, ruega por nosotros.
Adoratriz perpetua de Jesús Sacramentado, ruega por nosotros.
Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.
Redentora de los cautivos, ruega por nosotros.
Auxilio de los Cristianos, ruega por nosotros.
Corredentora del género humano, ruega por nosotros.
Medianera de todas las gracias, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Exterminadora de todas las herejías, ruega por nosotros.
Reina Inmaculada, ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.
Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Reina de los Profetas, ruega por nosotros.
Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.
Reina de los Mártires, ruega por nosotros.
Reina de los Confesores, ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.
Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.
Reina concebida sin mancha de pecado, ruega por nosotros.
Reina asunta a los Cielos, ruega por nosotros.
Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.
Reina del clero, ruega por nosotros.
Reina de la Iglesia, ruega por nosotros.
Reina de la familia, ruega por nosotros.
Reina de la paz, ruega por nosotros.
  
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros.
 
Antífona: Todas las criaturas del cielo y de la tierra se postren saludando a la Santísima Virgen María, diciendo: Dios te salve, Madre de la clemencia, consuelo de los afligidos, redentora de los cautivos. Tú eres la gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú la honra de nuestro pueblo.
  
℣. Ruega por nosotros, Santísima Virgen María de la Merced.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
  
ORACIÓN
Clementísimo Dios y Señor nuestro, que para librar a los fieles del tirano poder de los paganos dilataste tu Iglesia fundando en ella por medio de la gloriosísima Madre de tu Hijo la nueva religión de redentores mercedarios, suplicamos humildes y rendidos, que a todos los que veneramos a la Santísima fundadora de tan santa obra, nos libres del cautiverio del demonio y del pecado, por tu santísimo Hijo Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
  
GOZOS A NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED
  
Virgen Madre de Mercedes,
Reina de los cielos y tierra,
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Templo de la Trinidad
Y puerta del cielo abierta,
Que para que todos entren
Descendiste hasta la tierra
A fundar tu religión
Cual finca de tus finezas.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Paloma pura amorosa,
Que en el diluvio de penas
Que a España anegaba, fuiste
La risa en frente serena,
Con verde oliva en el pico
Y mejor ley de clemencia.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Escala blanca del cielo
Toda engastada de estrellas;
¡Oh vía láctea que Dios puso
En esta celeste esfera,
Para endulzar la amargura
Del cautivo en su cadena!
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
   
Región del fuego que bajas
A reducir a cenizas
Esposas, grillos y cepos
De la esclavitud funesta,
Y cual Mongibelo airoso
Nieve ostentas siendo Etna.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Madre piadosa que siempre
El ser Madre desempeñas,
En los conflictos prestando
Mercedes a manos llenas;
Y en su santo Escapulario,
Armas, escudo y defensa.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Madre que al pie de la Cruz,
Puesta la mano derecha
De predestinado sitio,
Nos concebiste en la idea
Benjamines de tu amor,
Prendas de tu fortaleza.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Madre mejor que Raquel,
Mejor que Sara y Rebeca,
Que Judit, Débora, Ester,
Que Jael, Betsabé y Resfa,
Y que todas cuantas madres
Se han visto y verse esperan.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Eres el sol que me alumbra,
Eres luna siempre llena,
Eres estrella del mar,
Eres del campo cosecha,
Eres arca de la alianza,
Eres victoria en mis guerras.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
   
Tú me levantas caído,
Si triste, tú me consuelas;
Si estoy enfermo, me sanas;
Y si débil, me das fuerzas,
Porque eres maná del alma,
Que todo sabor encierras.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Ea, pues, Madre admirable,
Mi amor, mi Señora y Reina,
Recíbeme por tu hijo,
Y dame esa prenda cierta
Que tus amantes consiguen
De la salvación eterna.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
   
Pues consiste en imitarte
Nuestra filiación perfecta,
Hazme siempre adelantar
De la virtud en la senda,
Siguiéndote con fervor
Como a Madre y guía nuestra.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
   
Acuérdate que no se ha oído,
Ni en ningún siglo se cuenta,
Llorando desamparado
El que recurre a tus puertas;
Pues al toque de los ruegos
Son tus mercedes respuestas.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Dispénsanos tu bendición,
Como madre verdadera,
De tus pechos da a gustar
Ese suavísimo néctar,
Favor que si lo practicas
No será la vez primera.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
   
Pues nadie se ha de salvar
Sin que tu amor intervenga,
A tu corazón lo cito
Para mi hora postrera:
En tus manos desde ahora
Mi espíritu se encomienda.
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
Porque entonces sea mi dicha
De tu merced consecuencia,
En la vida y en la muerte
Ampáranos, Madre nuestra.
  
ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Santísima Virgen María, dignísima Madre de Dios, ya que misericordiosa te has constituído Madre y Patrona protectora de los cautivos cristianos, descendiendo gloriosa de los cielos a la ciudad de Barcelona, a fundar bajo tu dulcísimo nombre de la Merced una congregación religiosa para el rescate de aquellos afligidos esclavos, vuelve amorosa tus compasivos ojos a tantas lágrimas como vierten en sus cadenas aquellos pobres desamparados, escucha tierna aquellos lastimosos y dolorosos suspiros con que te invocan Madre; muéstrate, pues, Señora, como Madre de esos pobres desnudos, hambrientos, sedientos y encarcelados; fortalécelos en la fe para que no desfallezcan con el peso de tantas calamidades; enciende en caridad los corazones católicos para que con sus limosnas sean redimidos; suple la falta de sacerdotes en los cautivos agonizantes, y aquí que es mayor el peligro, sea, ¡oh Señora!, mayor el empeño de tu cuidado; conozcan que eres su Madre en agonía tan tremenda, alcanzándoles de tu dulcísimo Hijo, a ellos y a todos tus hijos y devotos en la hora de nuestra muerte, una centella del ardiente fuego del amor divino, que nos excite a una verdadera contrición y dolor de nuestras culpas, con lo cual, bien dispuestos, salgamos de esta vida al descanso de la vida eterna. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO - 16 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y los tres Padrenuestros y Avemarías.
  
Oh amantísima Virgen María de la Merced, poderosísimo amparo de todo el género humano, y con especialísimo amor de la ciudad de Lima, como lo experimentó cuando cercada de una infernal armada de herejes enemigos al mando del holandés Joris van Spilbergen, viéndolos tu divina clemencia en tan grande congoja el presidio y la ciudad en peligro de verse poseída de herejes, te apareciste a la terciaria franciscana Isabel Porras de Marmolejo en una hermosísima nube vestida de cándido hábito con la insignia sagrada de tu religión al pecho, cercada de infinidad de hermosísimos ángeles, y mirando con alegre semblanza la ciudad atribulada, llenándola de celestiales beneficios, la amparaste extendiendo sobre ella tu glorioso manto, y arrojando sobre los herejes enemigos unas densas tinieblas que de tal suerte los atemorizaron, que picando los cables dejaron en el puerto las anclas huyendo de tan divino poder. Por esta dulcísima caridad con que entonces defendiste la ciudad de Lima, te suplicamos, dulcísima Señora, nos ampares siempre, bajo tu protección poderosa, y nos defiendas de tantos peligros como nos cercan, conservando en nuestras almas, con perseverancia final, la hermosa luz de la divina gracia; y a cada uno en particular lo que pedimos en esta novena, si es para gloria de Dios, y bien de nuestras almas. Amén.
   
Meditar pidiendo la gracia que se desea. Las letanías, los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 17 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y los tres Padrenuestros y Avemarías.
  
Oh amantísima Madre de Dios de la Merced, consuelo de las almas afligidas, que nunca faltas a quien tu divino favor invoca, como lo experimentó en Roma un reo, que sentenciado a quemarlo vivo y que fuesen las llamas verdugos crueles de su vida, siendo arrojado a ellas cuando el incendio más voraz ardía invocándote este pobre con el dulcísimo título de Madre de Dios de la Merced, al oírse entre las llamas este piadoso nombre le arrojaron con gran violencia del fuego, sin lesión alguna, sucediendo este portento por tres veces que lo volvieron a arrojar a las llamas para certificarse de la maravilla, hasta que convencidos en el milagro, dieron por libre al venturoso reo. Por este dulcísimo amor con que atendiste a la aflicción de ese pobre, te pedimos, piadosísima María, ampares y defiendas a todos los que afligidos te invocamos con este gran título de María Santísima de la Merced, refrenando el voraz fuego de las pasiones y apetitos que tanta guerra nos hacen. Apaga en todos el incendio de los vicios, para que constituidos en gracia consigamos lo que pedimos en esta novena, si es para gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
  
Meditar pidiendo la gracia que se desea. Las letanías, los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA CUARTO - 18 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y los tres Padrenuestros y Avemarías.
  
Oh María Santísima de la Merced, cándida azucena en quien Dios descansa y se apacienta, ciudad de refugio para los pecadores y su abogada en los mayores aprietos, como lo manifestaste en nuestras Indias, en la ciudad de Portobelo, con un hombre llamado José de Espinosa, natural de Alanís en Sevilla, tiernamente enamorado de tu santo escapulario que, dirigiéndose de Lima a Sevilla, debió permanecer en la ciudad de Portobelo por no ser temporada de galeones, y habiendo pasado de esta vida a la eternidad sin el bautismo, inconscientemente primero, mas culpablemente al fin, hallándose por ese delito en el tribunal de Dios justamente condenado, Tú, poderosísima Madre, revocaste con tus ruegos el formidable decreto, reduciéndole otra vez a la vida para que consiguiese la gracia en la sagrada fuente del bautismo, el cual recibió de manos del Padre comendador del convento de la Merced, fray Jerónimo de Alfaro, y dentro de hora y media de recibir la extremaunción, le condujiste a la vida eterna*. Te rogamos, dulcísima María de la Merced, enciendas en todos los corazones católicos el cordial afecto de tu santo Escapulario, para que como especiales hijos tuyos, consigamos con eficacia, por tus ruegos, todo lo que pedimos en esta novena, si es para gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
  
Meditar pidiendo la gracia que se desea. Las letanías, los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
 
DÍA QUINTO - 19 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y los tres Padrenuestros y Avemarías.
  
Oh dulcísima Virgen María de la Merced, fuente dulce de gracia para el alma, que a fuerza de prodigios comunicas la vida a tus devotos y los libras de los riesgos de la muerte, como lo hiciste en la villa de Utiel con Isidoro, hombre afectuosísimo de tu santo Escapulario, que disparándole una boca de fuego con tres balas, habíendole pasado con la violencia del ardiente y voraz plomo todas las ropas, al llegar al pecho cedieron su fuerza y vigor las balas en tu santo Escapulario que a raíz de las carnes traía, cayendo a sus pies hechas pasta y dejándole libre, sin más lesión que tres señales en el Escapulario, para evidencia del milagro. Suplicámoste, divina María de la Merced, vuelvas a nosotros esos ojos misericordiosos con que miraste a tu devoto en tanto riesgo, y nos libres de las armas crueles de tantos enemigos, visibles o invisibles, como nos amenazan. Atiende benigna al infeliz estado de la Iglesia, al Sumo Pontífice, a los Pastores de la Iglesia (se nombra el país), a los que está confiada la administración de la República, y a todos los príncipes cristianos, por la exatación de la Fe Católica y extirpación de las herejías, y oye piadosa lo que pedimos en esta novena, si es para gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
  
Meditar pidiendo la gracia que se desea. Las letanías, los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA SEXTO - 20 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y los tres Padrenuestros y Avemarías.
   
Piadosísima Virgen María, suavísima Madre de Dios de la Merced, esperanza divina del mundo en sus trabajos y su abogada en todas ocasiones, como lo fuiste en Barcelona, apagando las mortales saetas de la peste y fecundando sus estériles campos; tesoro que enriqueces de beneficios a tus devotos, sanando a los paralíticos, ciegos y tullidos. Madre de Dios y de los hombres, Madre, pues mira por la honra de tus hijos, como se vio en Sevilla, en una pobre doncella que, burlada de un mal hombre con palabras que le dio de casamiento delante de tu sagrada imagen de la Merced, hallándose la pobre ante un juez, sin testigos con que abonar su justa demanda, apeló a tu sagrada imagen, y siendo tú, divina Reina, preguntada delante del juez, por la desamparada doncella de la verdad del juramento, te dignaste testificar tu justicia inclinando a la pregunta por tres veces tu sagrada cabeza. Te rogamos, piadosísima Madre, seas medicina de nuestras dolencias, apagando las ardientes saetas de la peste; tierna Virgen, que das el ciento por uno, fecunda nuestros campos; honra de nuestro pueblo, mira piadosa por la de tus hijos y devotos, para que acabando en paz la mísera carrera de esta vida, logremos el fruto de tu intercesión en la gloria, y a cada uno concede piadosa lo que pedimos en esta novena, si es para gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
  
Meditar pidiendo la gracia que se desea. Las letanías, los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO - 21 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y los tres Padrenuestros y Avemarías.
   
Suavísima Virgen María de la Merced, misteriosa piscina, que al mover con los ruegos de tus devotos las copiosas corrientes de tus piedades, no sólo hallan la milagrosa medicina de sus cuerpos, sino también la eterna salud de sus almas, dándoles como amorosa Madre la mano para que no mueran sin los Sacramentos, como se vio en Valencia con Lorenzo de Rivera, que vestía dichoso tu santo Escapulario, y habiendo sido degollado y atravesado con ocho morales heridas por un fingido amigo y su cómplice, llamándote acongojado con las agonías de la muerte pidiéndote no le dejases morir sin confesión, confiando en tu misericordia el remedio de su alma, te apareciste misericordiosa, levantándole benigna de la tierra donde yacía moribundo, con alegre semblante le animaste, y llevándole con tu preciosa mano, le pusiste a los pies de un sacerdote, donde lleno de dolor y arrepentimiento confesó ante el fraile mercedario Basilio López, no sólo sus culpas, sino también el milagro de tu clemencia, y después de recibir los demás sacramentos, anegado en tiernas lágrimas de contrición, acabó la vida exhortando a la devoción de tu santo Escapulario. Suplicámoste, dulcísima María, Madre amorosísima en quien como hijos esperamos, no permitas que mueran tus devotos sin el especial socorro de los Sacramentos, para que recibiéndolos en esta vida, merezcamos recibir la gracia de ir a alabarte en la gloria; y a cada uno en particular, concede lo que te pidiere en esta novena, si fuere para gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
  
Meditar pidiendo la gracia que se desea. Las letanías, los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA OCTAVO - 22 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y los tres Padrenuestros y Avemarías.
  
Benignísima Madre de Dios de la Merced, Madre de Misericordia, archivo de la divina caridad, abismo de celestiales dulzuras, escala de los pecadores, esperanza de los reos, consuelo de los tristes y especial alegría de los santos, te rogamos, clementísima Señora, que así como consolaste a tus hijos en Barcelona en tiempos de San Pedro Nolasco asistiendo una noche en el coro con una gloriosa comunidad de Ángeles a celebrar los maitines por verse los frailes como frágiles, dormidos a la hora de la oración, supliendo como amorosa madre esta falta de tus hijos que luego contemplaron la maravilla, que suplas las que hemos tenido en esta novena, y si nuestros deméritos impiden el feliz logro de nuestas peticiones, ofrece, divina María, tus excelentísimas virtudes y sacratísimos merecimientos, para que así logremos con eficacia lo que en esta novena te pedimos, si es para gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
    
Meditar pidiendo la gracia que se desea. Las letanías, los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 23 DE SEPTIEMBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración preparatoria y los tres Padrenuestros y Avemarías.
   
Clementísima Virgen de la Merced, Hija del Padre y Madre del Hijo y Esposa del Espíritu Santo, templo y sagrario de la Santísima Trinidad, dulcísima Redentora de cautivos, que en el infeliz tiempo en que la España oprimida del tirano yugo de los sarracenos, suspirando innumerables fieles de Cristo entre cadenas y mazmorras, y naufragando en las almas la hermosa luz de la santa Fe Católica, entonces acudiendo piadosa a tantos peligros, te apareciste a San Pedro Nolasco, a su confesor el dominico San Raimundo de Peñafort y al rey Jaime I de Aragón para fundar en la tierra tu religión de redentores para alivio de tantos males. Suplicámoste, dulcísima Señora, atiendas benigna a las calamidades que en estos tiempos padecemos con tan pestilentes enfermedades, tantos temblores y muertes repentinas. Si son nuestros delitos la causa de tantas congojas, rompe, redentora divina, con tu intercesión poderosa las cadenas de nuestras culpas, para que así arrepentidos de nuestros errores merezcamos conseguir las divinas piedades; y a cada uno en particular concede lo que te pedimos, si es para honra y gloria de Dios y bien de nuestras almas. Amén.
  
Meditar pidiendo la gracia que se desea. Las letanías, los Gozos y la Oración se dirán todos los días.

  
* De este milagro se debe entender cuán grave es la necesidad de recibir el Sacramento del Bautismo, como quiera que por él se imprime el carácter que distingue al cristiano de quien no lo es.