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domingo, 13 de mayo de 2018

BEATA IMELDA LAMBERTINI, PATRONA DE LOS PRIMEROS COMULGANTES

[Dijo Jesús:] «Mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida: el que come mi carne y bebe mi sangre, mora en mí, y yo en él» (Juan 6, 56-57).
 
Beata Imelda Lambertini
  
La beata Imelda, patrona de la primera comunión, pertenecía a una de las más antiguas familias de Bolonia. Era hija del conde Egano Lambertini y de Castora Galuzzi. Desde muy niña dio muestras de excepcional piedad; era muy amante de la oración y acostumbraba a retirarse en un rincón de la casa, donde se había construido un pequeño oratorio con flores e imágenes. A los nueve años, sus padres, accedieron a su deseo y la enviaron a educarse al convento dominicano de Val di Pietra. Allí se ganó Imelda el cariño de todos, y su fervor edificó mucho a las religiosas. La joven tenía especial devoción a la presencia eucarística de Cristo en la misa y en el tabernáculo. Imelda deseaba ardientemente hacer la primera comunión, pero, según la costumbre de la época, ésta no podía tener lugar antes de cumplir los doce años. Imelda exclamaba algunas veces: «¿Cómo es posible recibir a Jesús y no morir de gozo?».
  
Cuando tenía once años, Imelda asistió, con el resto de la comunidad, a la misa de la vigilia de la Ascensión (12 de Mayo de 1333). Como era la más joven, fue la única que no recibió la comunión. Las religiosas se disponían ya a salir de la capilla, cuando vieron que una hostia volaba hasta Imelda, quien se hallaba absorta en oración, cerca del tabernáculo. Inmediatamente le hicieron notar al sacerdote que había celebrado la misa, el cual, impresionado por el milagro, dio inmediatamente a Imelda la primera comunión, que fue también la última. La emoción que produjo a la beata la presencia de Cristo fue demasiado grande. Fulminada por un ataque al corazón, Imelda cayó por tierra; cuando las religiosas acudieron a levantarla la encontraron muerta.
 
Los bolandistas insertaron en Acta Sanctórum (mayo, vol. III) un artículo sobre la beata Imelda, en razón de la antigüedad de su culto, aunque éste no fue confirmado oficialmente sino hasta 1826, mediante decreto del Papa León XII. En 1910, San Pío X la proclamó patrona de los primeros comulgantes. Existen varias biografías de tipo devoto, como las de Jean-Joseph Lataste OP (1889), Domenico Corsini (1892), Hieronymus Maria Wilms OP (1925) y Tommaso Alfonsi OP (1927). Ver sobre todo Marianne Constance de Ganay, Les Bienheureuses Dominicaines (1913), págs. 145-152. También hay un corto artículo en John Procter OP, Lives of Dominican Saints, págs. 259-262.
  
REFLEXIÓN
La admirable historia de la Beata Imelda testifica, además de la pureza y disposición necesaria para recibir a Jesús Sacramentado, la necesidad y eficacia del Sacerdocio sacramental. Hubiera sido algo pequeño para Dios poner directamente la Hostia flotante directamente en la lengua de Imelda, pero el anhelo y el amor de un hombre a Dios no es suficiente para suavizar su Corazón. Es aquí que el Sacerdote concluye que la voluntad de Dios evidentemente va más allá de las reglas existentes, que el Sacerdote es aquí el profeta y hace el milagro, revistiéndose con los ornamentos de salvación y dándoles este Sacramento. Esta es su tarea.
  
ORACIÓN (del Misal Dominico)
Oh Señor Jesucristo, que recibiste en el Cielo a la bienaventurada virgen Imelda, herida de ardiente caridad, tras alimentarla admirablemente con la inmaculada Hostia: haz que por su intercesión nos acerquemos a la sagrada Mesa con la misma caridad, para que deseemos morir y merezcamos estar contigo, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 29 de marzo de 2018

BERGOGLIO INSULTANDO A LA BEATA IMELDA LAMBERTINI

“CAVE, BERGÓGLIUM LÓQUITUR EST!” (¡CUIDADO, BERGOGLIO ESTÁ HABLANDO!)
   
Durante la Reunión presinodal con los jóvenes en el Pontificio Colegio Internacional “María Mater Ecclésiæ”, el pasado 19 de Marzo, Bergoglio se dirigió al auditorio y al final respondió preguntas del auditorio. Ante la pregunta del seminarista greco-católico ucraniano Yulian Vendzilovych sobre cómo afrontar el sacerdocio en el mundo contemporáneo, le respondió diciendo:
«[...] He aquí la relación entre el sacerdote y la comunidad: también la relación debe ser testimonial. Porque hay una enfermedad muy grande, que es el clericalismo, y nosotros debemos salir de esta enfermedad. Algunos de vosotros no sois católicos, otros no sois creyentes, pero lo digo con tanta humildad: es una de las enfermedades más feas de la Iglesia. El clericalismo. Cuando una comunidad busca a un sacerdote y no encuentra a un padre y a un hermano, sino a un doctor, a un profesor o a un príncipe… Y esta es una de las enfermedades que hacen tanto mal a la Iglesia. Yo estoy preocupado por esto, porque se confunde el rol paternal del sacerdote y se reduce a un papel de dirigente: el “jefe”. El “jefe” de la empresa, el dirigente… Y me preocupan también comportamientos no paternos, no fraternales del sacerdote que en la relación con la comunidad no lo hacen ser testigo de Cristo. Por ejemplo, el espiritualismo exagerado: cuando te encuentras a estos sacerdotes que piensan estar siempre en el cielo, que son incapaces de comprender, creo que con una actitud así –como digo yo– “con la cara de la beata Imelda” [Risas de Bergoglio y el auditorio], así no, no funciona… Cuando tú has cometido una de esas caídas que se cometen en la vida, ¿cómo vas a contársela a él? ¡Pero tú tienes miedo! No encuentras en él el testimonio de la misericordia de Cristo. O cuando tú ves a un sacerdote que es rígido, que va siempre adelante con rigidez, pero ¿cómo la comunidad puede ir a él? Falta el testimonio. Y cuando ves un sacerdote mundano, es feo, es peor. Reza por ellos, para que el Señor los convierta».
  
Además de mostrarse irrespetuoso frente a la vocación sacerdotal (cosa que NI BERGOGLIO TIENE, ni en la Deuterovaticanidad existe) al tratarlos como poca cosa y hablando en contra del clericalismo que ÉL MISMO REPRESENTA, Bergoglio se burla del Santo Sacrificio de la Misa, que a tantos Católicos ha sostenido y sostiene en su camino hacia la eternidad, como el caso de la Beata Imelda Lambertini OP, quien, habiendo deseado fervientemente recibir a Jesús Sacramentado (a pesar que en el siglo XIV la Comunión no se recibía sino a los 14 años), la víspera de la Ascención del año 1333 vio en plena Misa que una Hostia salió del ciborio y se posó sobre nuestra religiosa, ante lo cual el Sacerdote le dio la Comunión, y ella murió al poco tiempo. La hermana Imelda fue beatificada en 1826, y ante su ejemplo, San Pío X la proclamó Patrona de los primeros comulgantes y dispuso mediante el decreto “Quam Singulári Christus amóre” del 8 de Agosto de 1910 que una vez los niños llegaren a la edad de razón (7 años aproximadamente) deben ser admitidos a la Sagrada Comunión.
  
Beata Imelda Lambertini OP
  
Nuevamente esta es una evidencia más de que Bergoglio, si no es el Anticristo, sí es uno de sus émulos y precursores, ya que al igual que él, abre la boca para blasfemar contra Dios, y su Tabernáculo, y los habitantes del Cielo (cf. Apoc. XIII, 6). Además, él está irremisiblemente atado al lenguaje altisonante y escandalizador, actitudes que no quedan bien a nadie, y menos a una persona de su edad. Pero bueno, ya no se puede hacer más: cuando él vea las estadísticas de su Anuario Pontificio, y cómo las cifras de fieles y de “vocaciones” van en picado, QUE NO SE QUEJE. Y menos cuando en el divino Tribunal le toque rendir cuentas de todas sus pocasvergüenzas.
    
Hoy Jueves Santo, pidamos por intercesión de la Beata Imelda Lambertini que Dios nuestro Señor encienda en nosotros el santo anhelo de acercarnos con recta conciencia para recibirle (sea sacramental o espiritualmente) y merezcamos estar eternamente con Él en el Cielo:
Dómine Jesu Christe, qui beátam Vírginem Iméldam igníto caritátis amóre sauciátam, et immaculátaHóstia mirabíliter reféctam, in cœlum suscepísti: fac nos ejus intercessióne, eódem caritátis fervóre ad sacram mensam accédere; ut appetámus dissólvi, et esse tecum mereámur: Qui vivis et regnas cum Deo Patre, in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen. (Oh Señor Jesucristo, que recibiste en el Cielo a la bienaventurada virgen Imelda, herida de ardiente caridad, tras alimentarla admirablemente con la inmaculada Hostia: haz que por su intercesión nos acerquemos a la sagrada Mesa con la misma caridad, para que deseemos morir y merezcamos estar contigo, que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén) [Misal de la Orden de Predicadores, Oración colecta en honor a la Beata Imelda Lambertini -13 de Mayo-]
  
JORGE RONDÓN SANTOS
29 de Marzo de 2018.
Jueves Santo.