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lunes, 11 de mayo de 2020

BILL GATES: «MUCHOS MORIRÁN POR LA VACUNA CONTRA EL CORONAVIRUS»

Tomado del sitio de PABLO MUÑOZ ITURRIETA.
  
   
En una entrevista reciente que Bill Gates brindó en el canal CNBC de los Estados Unidos, reconoció públicamente un dato terrorífico, y aconseja a los gobiernos que se protejan legalmente de las muertes que necesariamente van a ocurrir por culpa de la vacuna contra el COVID-19.
  
En la entrevista, Gates afirma cómo las vacunas actuales no funcionan realmente en los ancianos, por lo que la vacuna contra el COVID-19 tiene que ser verdaderamente efectiva y proteger a ese segmento de la población. Sin embargo, vacunar a la población siempre conlleva muchas muertes, por lo que hay que apuntar a la menor cantidad de muertes posibles por la vacuna. ¿El ideal? Lograr que solo 1 de cada 10 mil personas vacunadas muera, eso sería un buen resultado según Gates. Pero como la vacuna va a ser obligatoria, los gobiernos se van a tener que proteger de alguna manera y ofrecer algún tipo de indemnización debido a la cantidad de personas que van a morir por la vacuna contra el COVID-19, que en el mejor de los casos sobrepasará las 770.000 muertes.
  
Entonces veamos con números concretos qué significaría esto para algunos países en el mejor de los casos según Bill Gates:
  • China: 143.930 muertes.
  • India: 138.000 muertes
  • USA: 33.100 muertes.
  • Indonesia: 27.352 muertes.
  • Pakistán: 22.055 muertes.
  • Brasil: 21,255 muertes.
  • México: 12.893 muertes.
  • Colombia: 5.088 muertes.
  • España: 4.675 muertes.
  • Argentina: 4.519 muertes.
  • Canadá: 3.774 muertes.
  • Perú: 3.297 muertes.
  • Venezuela: 2.847 muertes.
  • Chile: 1.911 muertes.
  • Ecuador: 1.764 muertes.
  • Paraguay: 713 muertes.

   
Veamos por REGIONES:
  • En Asia: 464.105 muertes.
  • En África: 134.059 muertes.
  • En América: 102.283 muertes.
  • En Europa: 74.763 muertes.
  • En Oceanía: 4.267 muertes.

TOTAL DE MUERTES por la vacuna: 779.477 muertos.

¿Ahora entienden por qué Bill Gates habla tanto de “reducción de la población”, aborto y vacunas?

Ver la sección del video donde lo afirma aquí:
  
  
Ver la entrevista completa aquí:
   

viernes, 3 de abril de 2020

CARDENAL DE BIRMANIA ACUSA AL PCCH DE SER EL PRIMER RESPONSABLE DEL CORONAVIRUS

En un comunicado publicado por el sitio de la archidiócesis de Yangón en Birmania (y reproducido en UCA News), el cardenal Charles Maung Bo (en birmano ချားလ် မောင် ဘို) SDB acusó al Partido Comunista Chino de ser el responsable de la actual epidemia del coronavirus, por su negligencia en omitir la información del brote y por su campaña de represión intensificada por el presidente Xi Jinping. 
  
Charles Maung Bo SDB.

A continuación (quizá la primera vez en español), la declaración completa de este purpurado:
EL RÉGIMEN CHINO Y SU CULPABILIDAD MORAL POR EL COVID-19
La represión, mentiras y corrupción del Partido Comunista Chino son los responsables de esta crisis global.
    
El viernes pasado, el Papa Francisco estuvo de pie ante una vacía Plaza de San Pedro, hablando a millones alrededor del mundo que lo miraban por medio de transmisiones en vivo y por internet. La plaza estaba vacia, pero en cada lugar los corazones estaban llenos no sólo de miedo y dolor, sino también de amor.
  
En su hermosa homilía Urbi et Orbi, nos recordó que la pandemia del coronavirus ha unido nuestra común humanidad. “Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos”, dijo.

Ningún rincón del mundo está intacto por esta pandemia, ninguna vida está a salvo. Según la Organización Mundial de la Salud, casi un millón de personas han sido infectadas y más de 46.000 han muerto. Con el pasar del tiempo, la cifra global de muertes se espera que llegue a millones.
   
Se han estado levantando voces internacionales contra la actitud negligente mostrada por China, especialmente por su despótico Partido Comunista Chino (PCCh) liderado por su hombre fuerte Xi Jinping. El diario británico Telegraph informó el 29 de Marzo cómo China ha ocultado la verdadera escala del coronavirus. Con asombro, informó la reapertura del mercado mojado identificado como la causa de la propagación del virus. James Kraska, un reconocido profesor de derecho, escribes en el website War on the Rocks que China es legalmente responsable por el Covid-19 y los reclamos llegarían a trillones de dólares.
  
Un modelo epidemiológico de la Universidad de Southampton en el Reino Unido encontró que si China hubiese obrado en un modo responsable una, dos o tres semanas antes, el número de los contagiados por el virus hubiese sido menos respectivamente del 66%, del 86% y del 95%. Su fallo ha desarado un contagio global que mata a miles de personas.
   
En mi propio país, Birmania, somos extremadamente vulnerables. Bordeando a China, donde comenzó el Covid-19, somos una nación pobre sin los recursos de salud y asistencia social que tienen muchas naciones desarrolladas. Cientos de miles de personas en Birmania son desplazadas por el conflicto, viviendo en campamentos en el país o en nuestras fronteras sin la sanidad, medicamentos o atención adecuados. En tales campos sobrepoblados las medidas de aislamiento social implementadas por muchos países son imposibles de aplicar. Los sistemas de salud en los países más avanzados están desbordados, así que imaginad los peligros en un país pobre y golpeado por el conflicto como Birmania.
   
Mientras manejamos el daño hecho a las vidas alrededor del mundo, ¿debemos preguntarnos quién es el responsable? Por supuesto, en todas partes se pueden hacer críticas de las autoridades. Muchos gobiernos son acusados de no prepararse cuando vieron emerger por primera vez al coronavirus en Wuhan.
  
Pero hay un país que tiene la responsabilidad primaria por lo que ha hecho y ha dejado de hacer, y es el régimen del PCCh en Beijing. Permitidme ser claro: el que ha sido responsable es el PCCh, no el pueblo de China, y nadie debería responder a esta crisis con odio racial hacia los chinos. De hecho, el pueblo chino ha sido la primera víctima de este virus, y por largo tiempo han sido las víctimas de su régimen represivo. Ellos merecen nuestra simpatía, nuestra solidaridad y nuestro apoyo. Pero el PCCh es el responsable de la represión, las mentiras y la corrupción.
  
Cuando el virus apareció primero, las autoridades en China suprimieron las noticias. En vez de proteger al público y apoyar a los médicos, el PCCh silenció a los informantes. Peor que eso, la policía le ordenó a los médicos que trataron de levantar la alarma –como el Dr. Li Wenliang en el Hospital Central de Wuhan que publicó una advertencia a sus colegas médicos el 30 de Diciembre– a “dejar de hacer comentarios falsos”. Del Dr. Li, un oftalmólogo de 34 años, se dijo que sería investigado por “propagar rumores” y fue forzado por la policía a firmar una confesión. Luego murió después de contraer el coronavirus.
  
Jóvenes periodistas ciudadanos que intentaron informar sobre el virus desaparecieron entonces. Li Zehua, Chen Qiushi y Fang Bin están entre aquellos que se cree han sido arrestados por decir la verdad. El erudito legal Xu Zhiyong ha sido también detenido después de publicar una carta abierta criticando la respuesta del régimen chino.
  
Una vez se conoció la verdad, el PCCh rechazó las ofertas iniciales de ayuda. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidense fue ignorado por Beijing durante más de un mes, e incluso la Organización Mundial de la Salud, aunque colabora estrechamente con el régimen chino, inicialmente fue hecho a un lado.
  
Además, hay una profunda preocupación que las estadísticas oficiales del régimen chino minimizan significativamente el nivel de infección dentro de China. Al mismo tiempo, el PCCh ahora ha acusado al Ejército de los Estados Unidos de causar la pandemia. Las mentiras y la propaganda han puesto en peligro a millones de vidas alrededor del mundo.
  
La conducta del PCCh es sintomática de su naturaleza crecientemente represiva. En años recientes, hemos visto un intenso descenso de la libertad de expresión en China. Abogados, blogueros, disidentes y activistas de la sociedad civil han sido acorralados y han desaparecido.
  
En particular, el régimen ha lanzado una campaña contra la religión, resultando en la destrucción de miles de iglesias y cruces, y el encarcelamiento de al menos un millón de musulmanes uigures en campos de concentración. Un tribunal independiente en Londres, presidido por Sir Geoffrey Nice QC, que acusó a Slobodan Milošević, acusa al PCCh de cosecha forzada de órganos de prisioneros de conciencia. Y Hong Kong, una vez una de las ciudades más abiertas de Asia, ha visto dramáticamente erosionadas sus libertades, derechos humanos y el imperio de la ley.
  
Por su manejo inhumano e irresponsable del coronavirus, el PCCh ha probado lo que previamente se pensaba: que es una amenaza para el mundo entero. China como país es una gran y antigua civilización que a lo largo de la historia ha contribuido mucho al mundo, pero hoy este régimen es responsable, por su criminal negligencia y represión, por el azote de la pandemia por nuestras calles.
  
El régimen chino dirigido por el todopoderoso Xi Jinping y el PCCh –no su pueblo– nos debe a todos una disculpa y compensación por la destrucción que ha causado. Como mínimo, debería cancelar las deudas de otros países para cubrir el coste del Covid-19. En nombre de nuestra común humanidad, no debemos tener miedo de hacer responsable a este régimen. Los cristianos creemos, con las palabras de San Pablo Apóstol, que debemos “gozarnos con la verdad”, porque como dice Jesús, “la verdad os hará libres”. Verdad y libertad son los dos pilares sobre los cuales nuestras naciones deben construir fundamentos más seguros y más fuertes”.

martes, 24 de diciembre de 2019

LA NAVIDAD NEGRA, O EL GENOCIDIO COMETIDO POR SIMÓN BOLÍVAR EN PASTO

BOLÍVAR Y SUCRE: LA PERSONIFICACIÓN DE HITLER PARA LOS PASTUSOS.
Por Miguel Argote
  
Hace algunos meses, sentados en un restaurante departíamos una charla muy amena entre docentes, acerca de la actitud de Bolívar en su relación con la maldad histórica en contra de los pastusos y cuál no sería mi sorpresa cuando una compañera salió en defensa de Bolívar, momento en el cual pensé que era absurda su objeción, pues desconocía los hechos históricos y no sería la única pastusa en desconocerlos.  Me propuse que conocieran la verdadera historia de este “suceso”, por ello recopilé datos con fuentes históricas fidedignas, que llegaran al alma de mi compañera, a los pastusos y sobre todo, a mis alumnos.
  
Entonces considere redactar un relato en forma de una historia actual, para ello en determinado momento puede que plagie y no coloque comillas respectivas, pero esa no es mi intención.
  
En los últimos años han aparecido tanto en Colombia como en Argentina o Ecuador algunos historiadores dispuestos a derribar los «mitos» de las revoluciones hispanoamericanas. Les recomendaría que los sigan de cerca pues de seguro que aprenderán muchas cosas sobre la historia «menos conocida».
Publicado por Cabeleira Santoro. Madrid – España
Siguiendo con la serie de entradas sobre aquellos amerindios y mestizos leales a España durante las guerras de independencia hispanoamericanas hoy hablaré sobre la ciudad de San Juan de Pasto y sus habitantes de mayoría indomestiza. Esta localidad ubicada en el antiguo Virreinato de Nueva Granada luchó con bravura contra las tropas independentistas siendo posteriormente masacrada bajo el mando de Antonio José de Sucre en la llamada Navidad Negra de Pasto.
  
San Juan de Pasto fue fundada por españoles a mediados del siglo XVI en lo que actualmente se conoce como el departamento de Nariño (Colombia). A pesar de que existen ciertas discrepancias sobre la fecha exacta de su fundación las autoridades colombianas decidieron elegir el 24 de junio de 1537 como fecha oficial del nacimiento de la ciudad. Tras su fundación el municipio de Pasto se convirtió rápidamente en una de las principales urbes de la región, lo cual desembocó un proceso de mestizaje, en donde los indomestizos siempre conformaron la mayoría de la población pastusa, como todavía sucede en la actualidad. La prosperidad alcanzada hizo de Pasto una ciudad de fuerte carácter hispano con grandes connotaciones monárquicas y religiosas.
  
Este marcado carácter hispano sería reafirmado una vez comenzaron los primeros destellos separatistas en el Virreinato de Nueva Granada. Tanto así que en la temprana fecha del 29 de agosto de 1809 la Alcaldía de San Juan de Pasto publica un auto que cuestiona el proceso de independencia en el cual se destacan los siguientes extractos:
“¿Con qué otros –en referencia a los impuestos– podrá soportar sus erogaciones la nueva soberanía? Registradlo en todas las combinaciones de vuestra discreción y no las hallaréis”.
“Veréis echarse sobre las temporalidades de los regulares y venderles sus fundos, reduciéndolos a intolerable mendicidad; y últimamente: veréis recargar los tributos con nuevas imposiciones que constituyan sus vasallos en desdichada esclavitud…”
“Esta es la felicidad pomposa a la patria que nos proponen. Nos halagan con palabras vacías de objeto, y luego se verán en la necesidad de arrojar el rayo tempestuoso sobre los miserables que han tenido la inconsideración de someterse a su dorado veneno…”.
Este documento demuestra que los pastusos de la época tenían la suficiente perspectiva como para presagiar las grandes calamidades que traería consigo la independencia, incluso hasta nuestros días.
  
Una vez estalla la guerra de independencia, la ciudad de San Juan de Pasto permanece leal a España incluso tras la instauración en 1811 de la república bautizada como Provincias Unidas de la Nueva Granada. Tras varias rebeliones fallidas contra la delegación del gobierno republicano en Pasto se consigue reinstaurar la soberanía española el 20 de mayo de 1812 gracias a las milicias formadas por los propios pastusos con la inestimable ayuda de los negros cimarrones provenientes del Valle del Patía. Al enterarse de la pérdida de la localidad el nuevo gobierno republicano entró en cólera y a través de la Gobernación de Popayán envió una carta fechada el 4 de julio de 1812 al cabildo de Pasto donde decía:
“La ruina de Pasto ha llegado y esa ciudad infame y criminal va a ser reducida a cenizas. No hay remedio: un pueblo estúpido, perjuro e ingrato que ha roto los pactos y convenciones políticas y que con la más negra perfidia ha cometido el horrible atentado de hacer prisionero al Presidente de este Gobierno, después que enjugó sus lágrimas y le levantó de la desgracia en los días de sus amarguras, debe ser, como el Pueblo Judío, entregado al saqueo y a las llamas. Tiemble, pues, la ingrata Pasto que ha hecho causa común con los asesinos y ladrones de Patía, y tiemblen esos hombres de escoria y de oprobio que se han erigido en cabezas de la insurrección de los pueblos. Una fuerza poderosa, terrible, destructora y hábilmente dirigida va a caer sobre esa ciudad inicua. Ella será víctima del furor de un Reino entero, puesto en la actitud de vengarse y aniquilarla. Las tropas belicosas de las provincias confederadas de la Nueva Granada reducirán a pavesas a Pasto y sólo podrá evitar su irremediable destrucción poniendo inmediatamente en libertad las personas del Presidente, oficiales y soldados, pérfidamente sorprendidas, y entregando todas las armas. Decídase, pues, ese Ayuntamiento: ésta es la primera y última intimidación que le hace este Gobierno, justamente irritado, de la Provincia de Popayán.”
Queda de manifiesto que ya en 1812 el gobierno republicano estaba dispuesto a realizar una masacre contra toda la población de Pasto sin hacer distinciones entre civiles y milicianos como finalmente sucedería 10 años después. Pero esta carta no fue una manifestación aislada puesto que entre las órdenes impartidas por Simón Bolívar hay una referencia a la ciudad de Pasto que dice “haced lo posible por destruir a los pastusos”.
    
Tras casi dos años de feroz resistencia, el general Antonio Nariño envía una misiva a la localidad de San Juan de Pasto en la cual conminaba al municipio a deponer las armas y aceptar la autoridad republicana bajo amenaza de ser atacada por el ejército separatista. El 4 de abril de 1814 el ayuntamiento de Pasto responde de la siguiente manera:
“Nosotros hemos vivido satisfechos y contentos con nuestras leyes, gobiernos, usos y costumbres. De fuera nos han venido las perturbaciones y los días de tribulación…”.
   
A pesar del continuo hostigamiento de las tropas independentistas los pastusos siguieron siendo fieles a España. Su lealtad sería recompensada con la llegada de las tropas españolas provenientes de Europa  que reinstauraron el Virreinato de Nueva Granada en el año 1816.
  
Sin embargo, en 1819 el ejército independentista retoma el poder constituyendo la República de Colombia. Pese a que este hecho supuso el final definitivo del Virreinato Neogranadino, la ciudad de Pasto se mantuvo bajo control español gracias a la determinación de los pastusos que siguieron combatiendo contra el gobierno republicano. El 7 de abril de 1822 se produce la Batalla de Bomboná a unos 50 kilómetros de San Juan de Pasto donde las tropas realistas lideradas por el coronel Basilio Modesto García derrotan al ejército dirigido por Simón Bolívar pese a estar en inferioridad numérica. Debido a esta inferioridad los efectivos españoles se vieron notablemente mermados lo que supuso la capitulación de la localidad de Pasto ante las fuerzas republicanas el 8 de junio de 1822. No obstante, la derrota sufrida por Simón Bolívar a manos de los pastusos no fue olvidada puesto que el bando separatista consideró una humillación que milicianos indomestizos vencieran a su máximo líder. Tanto fue así que hasta modificaron el relato de la Batalla de Bomboná para dar como vencedor a Simón Bolívar. En definitiva, aquella batalla supuso el desencadenante último de la Navidad Negra de San Juan de Pasto que acontecería ese mismo año.
  
Pese a la reciente capitulación los pastusos emprenden en el mes de septiembre un nuevo ataque que desemboca en la Segunda Batalla de la Cuchilla de Taindala producida el 24 de noviembre de 1822 en las proximidades de Pasto. La milicia realista dirigida por Benito Boves vence al ejército independentista liderado por Antonio José de Sucre contra todo pronóstico. Esta nueva derrota de las fuerzas republicanas enfureció a Simón Bolívar, de tal forma que movilizó en masa a sus mejores tropas para lo que pretendía ser una brutal venganza contra toda la ciudad de San Juan de Pasto, sin excepción alguna. El 24 de diciembre de 1822 el ejército dirigido por Antonio José de Sucre, bajo las órdenes de Simón Bolívar, llega a la localidad de Pasto en donde se produce la aniquilación de toda resistencia miliciana debido a la enorme superioridad numérica del contingente independentista.
 
A partir de ese momento se producen una serie de brutales acontecimientos que, posteriormente, se conocerían bajo el nombre de la Navidad Negra de San Juan de Pasto. Una vez que la ciudad quedó indefensa, el ejército republicano se ensañó en una sanguinaria venganza por el apoyo del pueblo pastuso a la causa española. El mayor de los abusos cometidos por los independentistas fue el exterminio de la mayor parte de la población pastusa, sin hacer distinciones entre milicianos y civiles, hasta el extremo de asesinar a mujeres, ancianos, niños e incluso bebés.
  
Se calcula que cerca de 500 pastusos fueron asesinados a lo largo de los tres días que duró la presencia de las tropas separatistas. Tal fue la masacre que la Calle del Colorado de la ciudad de Pasto debe su nombre a la cantidad de sangre allí derramada por las víctimas pastusas durante la Navidad Negra. Además de esta matanza hubo multitud de violaciones a mujeres y niñas.
   
Sin embargo, todo esto fue sólo una parte de la brutal represalia; también hubo un expolio y destrucción absolutos tanto de las propiedades de los vecinos como de las iglesias y edificios públicos. Se robaron todo tipo de objetos de valor y destruyeron los archivos del ayuntamiento, junto con los libros parroquiales, suponiendo a la postre la pérdida de un patrimonio histórico de incalculables dimensiones, que abarcaban casi tres siglos de la historia de la ciudad.
    
La Navidad Negra de Pasto fue una matanza y expolio de tal magnitud que incluso algunos conocidos personajes independentistas criticaron con dureza a Antonio José de Sucre por permitir tales atrocidades. El general José María Obando le  dedicó las siguientes palabras:
“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad ejecutados contra un pueblo entero que de boca en boca ha transmitido sus quejas a la posteridad”
Por su parte el voluntario irlandés Daniel Florencio O’Leary dijo en referencia a la Navidad Negra:
“[…] en horrible matanza que siguió, soldados y paisanos, hombres y mujeres, fueron promiscuamente sacrificados y se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y a asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes; hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los libros públicos y los archivos parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas”.
No obstante, aunque Antonio José de Sucre estaba al mando del asalto a la localidad de Pasto, no se debe olvidar que las órdenes venían impuestas por Simón Bolívar. El general Antonio José de Sucre actuó con semejante crueldad porque sabía que no traería consecuencias para su persona,  que contaba con el beneplácito de su superior. Como mencioné, la derrota de Simón Bolívar en la Batalla de Bomboná supuso un duro golpe para su prestigio debido a que hombres con menor preparación y en menor número lograron vencerle. Desde entonces el anhelo del líder independentista era vengarse a toda costa de los pastusos, pese a la capitulación de San Juan de Pasto, apenas dos meses después de aquella batalla.
   
El nuevo alzamiento de la ciudad fue la excusa perfecta para planificar su venganza máxime tras otra derrota del ejército republicano a manos de los pastusos en la Batalla de Taindala. Entre las numerosas tropas que movilizó Simón Bolívar para la tarea se encontraban muchos de los supervivientes de su derrota en Bomboná como los hombres del Batallón Rifles.
  
Por desgracia, la masacre realizada en Pasto no debe sorprender a nadie, pues el bando independentista había acuñado el concepto de “guerra a muerte”, que consistía en el asesinato de civiles, el saqueo y la destrucción indiscriminada de propiedades y el fusilamiento de los prisioneros de guerra. Sin embargo, en este caso, fue peor puesto que estaba en vigencia el Tratado de Regulación de la Guerra firmado por el propio Simón Bolívar, el 25 de noviembre de 1820, donde se especificaba que los pueblos que fueran ocupados por las tropas militares serían bien tratados y respetados.
  
A modo de curiosidad si eres colombiano y alguna vez te has preguntado por el origen de las burlas hacia los pastusos, efectivamente, éstas son debidas a su lealtad al Imperio Español durante la guerra de independencia. Una vez consolidado el gobierno republicano se ejerció una deliberada estigmatización sobre los pastusos que, posteriormente, se tradujo en una caricaturización de los mismos y la cual continúa vigente en la sociedad colombiana.
ESPANTOSO GENOCIDIO EN PASTO (Extraído de Medina Patiño, Isidoro. Bolívar, genocida o genio bipolar, Imp. Visión Creativa, Pasto, 2009, págs. 69 y sigs.)
La Navidad negra - Diciembre de 1822
«Porque ha de saber ud. que los pastusos... son los demonios más demonios que han salido de los infiernos... Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando a aquel país una colonia militar. De otro modo Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aun cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos aunque demasiado merecidos». [Simón Bolívar, Carta a Francisco de Paula Santander. Potosí, 21 de Octubre de 1825] Academia Nariñense de Historia, Manual de Historia de Pasto, Tomo IV, Graficolor, 2003, p. 26 
El tremendo odio que el Libertador Simón Bolívar sentía contra la ciudad de Pasto y sus moradores, por el apoyo a España, se desencadenó en la navidad de 1822, cuando las tropas patriotas, al mando de Antonio José de Sucre, se tomaron la ciudad y protagonizaron uno de los más horripilantes episodios de la guerra de la Independencia. Fue una verdadera orgía de muerte y violencia desatada, en la que hombres, mujeres y niños fueron exterminados, en medio de los más incalificables abusos. Este hecho manchó sin duda alguna, la reputación de Sucre, quien de manera inexplicable permitió que la soldadesca se desbordara, sin ninguna clase de control. Fue una navidad negra, cuyos detalles presentamos en las líneas siguientes:
  
Solo una mente bipolar desequilibrada pudo ordenar unas acciones tan terribles, en contra de un pueblo entero. Con este ataque del ejército patriota a la ciudad, Simón Bolívar demostró una vez más su odio visceral en contra del pueblo pastuso y como instrumento de su sangrienta venganza, utilizó a su paisano, el General Antonio José de Sucre, el oficial de sus mayores afectos, quien, de manera inexplicable, permitió a sus soldados perpetrar toda clase de iniquidades, como jamás se habían visto.
   
Podría decirse que la saña con la que llegó el ejército republicano era producto de la corajuda guerra que les estaba dando la ciudad de Pasto y el reciente revés sufrido en Taindala. Pero nada de eso, ni siquiera el anhelo de una liberación continental para las élites “criollas”, justifica la matanza y los abusos cometidos.
  
Horas de horror
Trasladémonos al 24 de diciembre de 1822. Sí, es la celebración de la Navidad, pero el pánico reina en Pasto. Ya se tienen noticias del avance del ejército patriota, al mando de Sucre. Se trata de unas tropas en las que viene nada menos que los batallones Rifles, Bogotá y Vargas, integrados por militares de una gran veteranía, curtidos en toda clase de combates. Como si esto fuera poco, los acompañan los escuadrones de Cazadores Montados, Guías y Dragones de la Guardia, reforzados también con soldados de la vecina Quito. El día anterior, se ha sabido que ese ejército ya ha atravesado el paso del Guáitara, muy mal defendido por las milicias improvisadas que allí quedaron, por lo que el 24 se esperaba su llegada en cualquier momento.
  
La mayoría de los hombres (informados de la gran superioridad de los enemigos), el oficial español Remigio Boves, Agualongo y otros pocos, prefieren huir a las montañas. Numerosas mujeres y niños buscan refugio en las iglesias. Creen que los enemigos tendrán respeto de esos recintos sagrados, pero se darán cuenta, demasiado tarde, de su terrible equivocación.
  
A pocos minutos de las tres de la tarde, se escucha un grito de espanto:
¡Ya están aquí, ya están aquí!
Es cierto. Las tropas patriotas han llegado a la ciudad y luego de su extenso recorrido, aparecen en el atrio de la Iglesia de Santiago, frente al antiguo camino de Caracha. El día es triste y frío y el imponente volcán Galeras se encuentra nublado, como no queriendo ser testigo de las iniquidades que en cuestión de minutos van a dar comienzo.
  
Prácticamente no hay resistencia en las barricadas defensivas que se han levantado. El jefe de Pasto, Estanislao Merchancano y su segundo, el comandante, Agustín Agualongo, han huido a las montañas, al darse cuenta que se encuentran en inferioridad de condiciones y que, por lo tanto, en caso de dar batalla, seguramente serán hechos prisioneros o muertos.
  
Santiago, el primer derrotado
Entonces, en esos momentos de intenso pánico, a alguien se le ocurre decir: ¡Saquemos a Santiago para que nos defienda!
  
Al parecer no queda otra alternativa. Sólo un milagro puede salvar en esos aterradores momentos a Pasto y los aterrorizados moradores se lo piden al apóstol Santiago. Entonces, su imagen es colocada en medio de quienes tratan de rechazar el brutal ataque. Es una imagen increíble: por un lado los patriotas en violenta arremetida, por el otro, unos pocos hombres, con los rostros demudados por el miedo, cuya única arma es una imagen de yeso. Los minutos que siguen demuestran que los milagros no son cosa de todos los días. Santiago no sirve absolutamente para nada. Es más un estorbo, que cae al suelo en medio del fragor del combate, mientras, poco a poco, los atacantes van minando la poca resistencia para apoderarse definitivamente de la ciudad que tantos dolores de cabeza le ha causado al proceso de emancipación de la Nueva Granada.
  
Los episodios que siguen a continuación son infernales.
A pocos metros de la Iglesia de Santiago, uno de los soldados le arrebató su hijo de brazos a una desesperada madre. Enloquecida trata de recuperarlo y como una fiera enfurecida se lanza contra el hombre. Pero, otro de los soldados, la degüella de un certero sablazo y su cabeza rueda por la pendiente, con la boca abierta en un grito silencioso. Acto seguido, el soldado que le había quitado el niño, en medio de una carcajada de demente, lanza al infante hacia arriba y lo ensarta en su bayoneta, mientras que la soldadesca lo aplaude. Toda la ciudad de Pasto parece un solo grito de dolor. A sangre y fuego se somete a la población; templos, capillas y conventos cayeron en poder de los atacantes, a excepción del de las Conceptas, que se levantaba donde hoy es la Gobernación de Nariño.
  
Un homicidio espantoso
En la Catedral de 1822, hoy Iglesia de San Juan, las tropas al mando de Sucre y enviadas por el Libertador Simón Bolívar perpetran un asesinato espantoso, cuya víctima es el sacristán que pasaba de los 80 años de edad. En efecto, las tropas lo agarran y lo obligan a colocar su cabeza en la pila bautismal. El pobre anciano no puede hacer nada para defenderse de la brutal agresión. Es entonces, cuando uno de los oficiales patriotas Apolinar Morillo posterior asesino confeso de Sucre-, le descarga una mole de adobe. La escena no puede ser más dantesca. La sangre salta por doquier y mancha las paredes de la iglesia. Mientras se perpetra este asesinato incalificable, la soldadesca que ha entrado al templo en sus caballos, enlaza las sagradas imágenes de las vírgenes y de los santos, que acto seguido son despojadas de sus ornamentos y sus riquezas terrenales, en una orgía de muerte, destrucción y pillaje, en medio de los alaridos de las mujeres que están siendo violadas y pasadas a cuchillo y de los gritos de los hombres, que también son degollados. Pero la navidad negra, apenas está comenzando. 
  
¡Tome usted a mi hija!
 Al darse cuenta de la nula resistencia, los soldados republicanos, convertidos en verdaderos animales, empezaron a ingresar con brutal violencia a las casas, para robar, matar y violar sin pudor alguno a todas las mujeres, aunque estas fueran niñas o ancianas. Los gritos y alaridos de las infortunadas se escuchaban por doquier. Fue entonces, cuando en medio de esa orgía de sexo desenfrenado, muchas madres en su desesperación decidieron sacar a sus hijas a la calle, para entregársela a algún soldado blanco, antes de que un negro la violara.
 ¡Señor, por favor, tome usted a mi hija! Fue una exclamación que se escuchó muchas veces en ese caos en el que se convirtió la ciudad.
  
Las violaciones fueron múltiples y de acuerdo con las crónicas de la época, todas las mujeres que fueron sorprendidas en Pasto, ese 24 de diciembre de 1822, fueron víctimas de vejámenes sexuales, de los cuales no se salvaron las monjas en los conventos.
  
De los robos y abusos cometidos, es de rescatar la opinión del general José María Obando, quien no vacila en criticar los incalificables excesos y responsabiliza de los mismos al general Sucre:
“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano (?) e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad…”
    
Increíbles bacanales
Realmente, como lo dice el general José María Obando, nunca se sabrá qué pasaba por la mente de Antonio José de Sucre, al permitir tantos desmanes, que él perfectamente pudo evitar. Córdova mismo, alarmado por este gravísimo error político e histórico, le pidió que cesara la matanza y, ante su fuerte insistencia, ordenó a Sucre, al tercer día del genocidio, que este Coronel, con el cuerpo que comandaba, desarmara a los enloquecidos y borrachos soldados, en particular a los de “Rifles”, compuesto por venezolanos y mercenarios ingleses.
  
Pasto fue, pues, durante tres días el epicentro de hechos horribles y abusos inimaginables contra su población. En cercanías a la hoy Plaza de Nariño, soldados en avanzado estado de embriaguez seguían abusando sexualmente de las mujeres, sin importar que esto fuera en plena calle. Lo más horrible de todo es que, muchas veces, satisfechos de su bellaquería, los infames soldados, procedían a degollar a las indefensas mujeres.
 Respecto a los muertos, en las calles se amontonaron por lo menos quinientos cadáveres de hombres, mujeres y niños, la mayoría con el cuello cortado. Al cabo de pocos días y a pesar de la frialdad del clima, la pestilencia fue insoportable, ya que nadie se atrevía a sepultar los cadáveres por el riesgo de convertirse en uno de ellos, en una ciudad en donde la soldadesca hacía lo que le daba la gana.
 Tanto así que ni siquiera los templos de Santiago, San Juan, San Andrés, Taminanguito y San Sebastián, sirvieron de protección a quienes se refugiaron en ellos convirtiéndose en escenario de crímenes horrorosos, que parecieran ser cometidos por brutales dementes.
Destrucción cultural
 Aparte de la terrible matanza y los escabrosos hechos que rodearon el vil ataque a Pasto por parte de las tropas republicanas, la ciudad sufrió a su vez un irreparable daño cultural y económico, como lo dice José Rafael Sañudo: “Se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los archivos públicos y los libros parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas. La matanza de hombres, mujeres y niños se hizo aunque se acogían a las iglesias y las calles quedaron cubiertas con los cadáveres de los habitantes, de modo que “el tiempo de los Rifles”, es frase que ha quedado en Pasto para significar una cruenta catástrofe”.
   
Tesoros escondidos
De esa nefasta navidad de 1822, han quedado para la posteridad muchas historias, que años después, obviamente no han perdido vigencia en Pasto. Por ejemplo, es una realidad que, al darse cuenta de la llegada del ejército patriota, fueron muchos quienes, de manera desesperada, escondieron sus pertenencias de valor en patios y paredes, con la esperanza de volver algún día por ellas. Al respecto, son informaciones conocidas que numerosos entierros han sido descubiertos en viejas viviendas o en patios y, por lo que se sabe, una gran cantidad de tesoros todavía esperan ser descubiertos en la hoy capital de Nariño. Por mi parte, estoy plenamente convencido de esto puesto que en Pasto, en la época de los acontecimientos que estamos relatando, había personas que poseían grandes fortunas, especialmente en monedas de oro.
  
Finalmente, como epílogo de los trágicos acontecimientos de esa navidad de 1822, hay que decir que, por culpa de lo sucedido en esa fecha, la guerra de Independencia se prolongó por dos años más con todas sus trágicas consecuencias en lo humano y en lo económico. Ese diciembre no hubo celebración de navidad, ni villancicos, a consecuencia de la más espantosa tragedia que haya afrontado la ciudad de Pasto en su historia. Producto, de acuerdo con todos los antecedentes descritos, de una mente bipolar, como la del Libertador Simón Bolívar, quien encontró en su paisano Antonio José de Sucre un inesperado cómplice para que se perpetrara la matanza y abusos contra la población pastusa. Además, los documentos quemados fueron la causa para que se perdiera la memoria de la región, la cual ardió en las hogueras de la violencia y la barbarie.

domingo, 17 de noviembre de 2019

GENOCIDIO FRANCÉS EN LA VANDEA: JEAN BAPTISTE CARRIER, EL AHOGADOR DE NANTES

Tomado de EL RETO HISTÓRICO, en recuerdo de que el 16 de Noviembre de 1793, 83 sacerdotes católicos fueron ahogados en el río Loira por los revolucionarios franceses.
   
LOS PECADOS DE JEAN-BAPTISTE CARRIER, EL DESCONOCIDO “SÁDICO” DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA
Posiblemente el peor asesino del “Terror” revolucionario francés de finales del XVIII
  
Miguel Ángel Ferreiro
14/08/2018
  
“Noyades de Nantes”, pintura anónima de época, Musée d’histoire de Nantes
  
La Revolución Francesa trajo muchas cosas, destacan los cambios político-sociales considerados esenciales para llegar al mundo moderno. Sin embargo, tiene otro legado que no mucha gente suele citar, incluso aquellos que saben mucho sobre la Revolución procuran tocar poco: los asesinatos en masa.
    
El “Terror” en la Revolución Francesa
Muchos conocerán al indudable protagonista de lo que se llamará “el Terror”: era Maximilien Robespierre. Estaba a la cabeza del “Comité de Salvación Pública” que quería crear una nueva Francia ideal haciendo tabla rasa, luchando contra todo lo que le pareciera —a su criterio— contrarrevolucionario. Pero además de Robespierre hubo otros que consideraron necesaria esa tabla rasa y no dudaron en utilizar el asesinato para lograrlo. El hombre que quiso perfeccionar este sistema fue Jean Baptiste Carrier.
  
Jean Baptiste Carrier, grabado de época
  
¿Quién era Jean-Baptiste Carrier?
Decir que Carrier era un sádico en realidad no le hace justicia, se queda corto. Carrier era parte de los Montagnard, o “La Montaña”, la sección revolucionaria radical del Partido Jacobino. Sin embargo, era más radical que la mayoría de los Montagnard. Maximilien Robespierre, líder de este partido, intentó reconciliarse un tanto con elementos religiosos de Francia iniciando su “Culto de la Razón y Culto del Ser Supremo”, la nueva religión Revolucionaria.
   
Fiesta del Ser Supremo en el Campo de Marte, que tuvo lugar el 20 de prairial del año II – 8 de junio de 1794.
  
Carrier, sin embargo, no estaba a favor de ninguna religión, ni siquiera de la de la Razón y su sueño era la descristianización completa de Francia. Estaba decidido a lograr este objetivo, sin importar cuántos tenía que llevarse por delante.
  
Jean-Baptiste fue asignado como representante del Comité de Seguridad Pública en la ciudad de Nantes en noviembre de 1793. Nantes, al norte del recién creado departamento de Vandea, se creía que estaba controlado por rebeldes realistas ya que en aquel año se inició una rebelión armada de los vandeanos contra la Revolución, apoyados por la nobleza en el exilio. Aquella rebelión desencadenó una guerra civil extendida por buena parte del oeste de Francia que fue brutalmente reprimida tras su derrota. 
   
Escena de la Guerra de la Vendée. Henri de La Rochejaquelein en la batalla de Cholet, el 17 de octubre de 1793.

Con este panorama, había mucha paranoia de que la ciudad pudiera contener una quinta columna realista. Carrier fue enviado inicialmente para supervisar simplemente el aprovisionamiento de tropas para luchar en la guerra de la Vendée, pero pronto amplió sus responsabilidades más allá de eso.
   
Los primeros asesinatos en masa de Carrier
Uno de los primeros problemas que Carrier encontró a su llegada fue el problema de la peste. Las prisiones de Nantes ya estaban superpobladas, con numerosas muertes al día —la mayoría almacenes comerciales con malas condiciones para albergar personas— y existía el temor de que  aquellas sórdidas condiciones fueran caldo de cultivo perfecto para enfermedades que se propagarían al resto de la ciudad.
   
Su primera solución, muy al estilo Robespierre, era guillotinar a los prisioneros para descongestionar las cárceles, pero eso solo empeoraría la situación; después de todo, los cadáveres son imanes de enfermedades. También ordenaba fusilamientos a diario, pero le parecía un sistema poco efectivo y lento. Carrier, entonces, ideó una forma de eliminar a estos prisioneros rápidamente y deshacerse de los cuerpos al mismo tiempo: ahogarlos en masa.
    
Dibujo sobre los “ahogamientos de Nantes”
   
Así fue como 160 sacerdotes y monjas fueron llevados a los muelles de Nantes y obligados a subir a las barcazas que luego navegaban hacia el río Loira. Una vez que las barcazas estuvieron lo suficientemente lejos, las hundieron. Los prisioneros, incapaces de nadar debido a sus ataduras, se ahogaron.
  
    
El “comité” revolucionario de Carrier
Carrier se dio cuenta de que tenía un nuevo método de ejecución muy eficiente, mejor que la guillotina. Rápidamente reunió un “Comité” —el 4 de diciembre— para determinar sus próximas depuraciones. Así, este comité, realizó un listado con varios cientos de personas identificadas como “contrarrevolucionarias”; todas estas personas fueron hechas prisioneras y forzadas a subir a las barcazas de la muerte.
  
El Comité de Carrier realizaría este proceso hasta 9 veces más; familias enteras fueron ahogadas en el Loira, con Carrier creyendo que incluso los niños habían sido corrompidos por el pensamiento de sus padres, no se salvan ni los recién nacidos (En misivas firmadas de su puño se confirma que ahogó a bebés), todos son enviados a la muerte. A menudo, los matones de Carrier simplemente capturaban a cualquiera que tuviera algo que querían, para robarlo una vez ejecutado. También siguió fusilando, más de 3000 personas en total, hay testimonios escritos con las listas de sus fusilamientos —igualmente en masa y sin la inmensa mayoría juicio— aquí un ejemplo del libro de sesiones del Comité (datos reales extraídos de Charles Berriat-Saint-Prix, Revolutionary Justice, p. 12-30):
  • El 29 de diciembre, 100 presos condenados a muerte.
  • El 30 de diciembre, 97 presos condenados a muerte.
  • El 31 de diciembre, 120 presos condenados a muerte.
  • El 1 de enero 118 presos condenados a muerte.
  • El 2 de enero, 289 presos condenados a muerte.
  • El 3 de enero, 99 presos condenados a muerte.
  • El 4 de enero, 199 presos condenados a muerte.
    El 5 de enero, 250 presos condenados a muerte.
  • El 6 de enero, 202 presos condenados a muerte.
  • El 7 de enero, 62 niñas y mujeres condenados a muerte por seguir al ejército de Vendée.
  • El 8 de enero, 45 mujeres y niñas condenaron a muerte por seguir al ejército de Vendée. Algunas mujeres embarazadas, sin embargo, obtienen un receso.
  • El 13 de enero, un chef vendeen, Jandonnet de Langrenière, es condenado a muerte.
  • El 17 de enero, 97 presos condenados a muerte.
  • El 18 de enero, 57 presos condenados a muerte. Una primera absolución es pronunciada por la comisión, Pierre Turpin, de 16 años, es liberado.
  • El 19 de enero, 207 presos condenados a muerte. Dos acusados, Joseph Joly y Jacques Camus, son absueltos.
  • El 25 de enero, 26 presos condenados a muerte.
  • El 27 de enero, solo un juicio, Jean Barbin, absuelto.
  • El 28 de enero, 6 presos condenados a muerte.
  • El 10 de febrero, un chef vendeen, Giroud Marcilly, fue condenado a muerte.
  • El 13 de febrero, la viuda de Marcilly es condenado a muerte.
  • El 14 de febrero, tres acusados fueron absueltos.
  • El 15 de febrero, tres acusados fueron condenados al transporte.
  • El 19 de febrero, un noble, Dailly, es condenado a muerte.

Los fusilamientos de Nantes, acuarela de Béricourt.
   
El ilimitado sadismo de Carrier
Pero J.B. Carrier tenía su método favorito, al que agregó su “toque sádico” personal, después de todo era su método de ejecución; los sacerdotes y las monjas eran desnudados y atados antes de ahogarse, por lo que morirían habiendo roto sus votos de castidad. Carrier llamó a este proceso un “matrimonio republicano”; nació de su total desdén por la religión en todas sus formas y seguramente por la propia vida del prójimo. En última instancia, al menos 4.000 hombres, mujeres y niños se ahogaron en lo que Carrier llamó la “bañera nacional”, y probablemente cientos más que no estaban en sus listas.
   
Ejecución de religiosos en la “bañera nacional”
  
El reino de terror de Carrier terminó con la caída de los Montagnards. Inicialmente, Carrier fue llamado a París para testificar en el juicio de Robespierre; Sin embargo, pronto fue acusado por innumerables testigos de su crueldad en Nantes. En su juicio, Carrier alegó ignorancia total, una estrategia que resultó contraproducente contra el peso de cientos de testigos de su sadismo. Fue declarado culpable y ejecutado el 16 de diciembre de 1794.
  
Los pecados de Jean-Baptiste Carrier —responsable de más de 9.000 asesinatos— pueden parecer relativamente pequeños en comparación con los de otros encargados de las purgas de los regímenes represivos, e incluso un santo en comparación con Robespierre, cuyo Terror mató a cerca de 40.000 personas. Pero Carrier, sin embargo, era un hombre que meditaba mucho sobre matar gente y cómo hacerlo de la manera más rápida y eficiente posible. Así se convirtió en quien creó los asesinatos masivos organizados, ya que miles de personas se ahogaron sin importar si eran inocentes o culpables. Poseía la peligrosa combinación de sadismo y eficiencia, y la gente de Nantes y la Vendée pagaron el precio. 
   
Traducción: “Antigua cárcel de almacenes de café. Durante el Terror en el invierno de 1793- 1794, durante el mandato del Comité de J.-B. Carrier (que fue condenado a muerte por el Tribunal Revolucionario de París y guillotinado el 16 de diciembre de 1794), de 8 a 9,000 ciudadanos de Vendée, Anjou, la región de Nantes y Poitou (hombres, mujeres y niños) fueron encarcelados en esta cárcel. Casi todos perecieron. Víctimas de inanición y tifus, fusilados cerca de la carretera de Gigant, o ahogado en el Loira. – La gente de Nantes era presa del Terror”.

Fuentes:
  • Reynald Secher (1986) La Vendée-Vengé, Le génocide franco-français.
  • Charles Berriat-Saint-Prix, Revolutionary Justice, p. 12-30.
  • Alfred Lallié (1883) Las prisiones de Nantes durante la Revolución.
  • Roger Dupuy (2005) Nueva historia de la Francia contemporánea. Volumen 2: La República Jacobina.

domingo, 29 de septiembre de 2019

SIMÓN BOLÍVAR, EL GENOCIDA SILENCIADO

Por César Cervera para ABC (España).
  
UN LIBRO DENUNCIA EL GENOCIDIO SILENCIADO QUE SIMÓN BOLÍVAR APLICÓ A LOS ESPAÑOLES EN AMÉRICA
El libro «El terror bolivariano», de Pablo Victoria, presenta a un libertador muy alejado del mito.
  
Una cosa es matar al enemigo en combate y otra, muy distinta, ejecutar a un millar de soldados enfermos a machetazos tras mantenerlos cautivos durante un año. A principios de 1814, tropas del bando de los llamados libertadores se afanaron en ejecutar a españoles cautivos en las mazmorras de Caracas. Dado que la pólvora era escasa y cara, también se emplearon sables y picas para asesinarlos, sin importar que estuvieran heridos e inmóviles. Este tipo de matanza desplegada en las Guerras de Emancipación no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia establecida para la eliminación total de «la malvada raza de los españoles», como denuncia el catedrático y escritor Pablo Victoria en su libro «El terror bolivariano» (La Esfera de los Libros).

El hombre que ideó aquel plan se llamaba Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar, un descendiente de españoles que había combatido a Napoleón y que, hasta el estallido de la guerra, no había dado señales de albergar tanto odio contra la madre patria. Hoy se puede contemplar su estatua en plazas de muchas ciudades españolas, entre ellas en el Parque del Oeste de Madrid.
  
Portada del libro

«Que los españoles dediquen estatuas a un genocida de su pueblo, artífice de un antecedente claro del holocausto judío, me deja verdaderamente sorprendido. Creo que es el único país en el mundo que puede homenajear así a sus enemigos», defiende en una entrevista con ABC Pablo Victoria, colombiano de nacimiento y de nacionalidad española, que justifica esta anomalía por el complejo que arrastra el país: «Los españoles han asumido la Leyenda Negra como cierta y verdadera, cuando es completamente falsa. España nunca cometió atropellos desde sus instituciones en América y, de hecho, protegió a las minorías como negros e indígenas. Por algo los indios, sobre todo en el sur de Colombia, permanecieron fieles a la corona hasta el final».
   
Tras una investigación de doce años, Victoria pretende en su nueva obra, dividida en dos volúmenes, romper con el discurso -hegemónico en ambos lados del océano- que divide la Guerra de Emancipación entre patriotas y traidores, amantes de la libertad y opresores, americanos y españoles. Porque el Rey de España no era un invasor o un extranjero que se había implantado allí de la noche a la mañana, sino el señor natural, frente al que algunos españoles americanos se rebelaron y otros, en cambio, se mantuvieron leales. Lo que viene a ser una guerra civil repleta de odios, cuentas pendientes y villanos como Bolívar. «Es un personaje histórico que no ha tenido biógrafos sino aduladores que le representan como alguien magnánimo, despegado de pasiones, inteligente y culto. Ciertamente era ilustrado, y por eso hay que señalarle y juzgarle con más rigor por ser capaz, aun así, de cometer tantos asesinatos y de una crueldad tremenda», apunta.
   
La crueldad del mito
Para distanciarse del héroe que le enseñaron en la escuela y en su entorno familiar, este autor colombiano ha recopilado cartas y documentos del propio Bolívar, que le muestran como «alguien inmensamente cruel y cuya motivación era acaparar poder y ser un dictador toda su vida». «En mi investigación demuestro que aspiraba a establecer una dictadura en los territorios americanos. Es más: quería, con el apoyo de Inglaterra y de algunas provincias de América, coronarse emperador del continente», explica Victoria en «El terror bolivariano».
   
Muerte de Simón Bolívar, por Antonio Herrera Toro.
    
Nada que ver con el manojo de virtudes con las que Netflix ha plasmado al libertador en su reciente serie «Bolívar: una lucha admirable». «No la quiero ni ver. Todo lo que dicen allí es completamente falso y no es casualidad que el mundo anglosajón produzca una ideologización del héroe así. Los británicos siempre ambicionaron tener un pie en el continente y, además, quisieron vengarse de España por colaborar en la independencia de EE.UU. Bolivar sirvió a sus propósitos», sostiene este colombiano de cuna.
   
De aquellos polvos estos lodos. Como recuerda en su libro Pablo Victoria, los viajeros europeos y estadounidenses que recorrieron la América española antes de la rebelión elogiaron las ciudades de Lima y México como las de mayor esplendor del mundo por su nivel de desarrollo. Todo aquello se vino abajo con las nuevas repúblicas o -como lamentó el propio Bolívar- «tres siglos de progreso han desaparecido». «Lo que hoy sucede en Venezuela, sus expropiaciones, sus caciques y su miseria, tiene su antecedente en esa catástrofe que originó Bolívar. A la vista de la ruina, en sus últimos días el libertador se arrepintió de sus hechos y reconoció que “era mejor con los españoles”», recuerda el autor del éxito editorial «El día que España derrotó a Inglaterra», que narra a su manera la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo.
  
El hilo conductor de su nuevo libro son unas memorias inéditas que Victoria halló por casualidad en la casa de la familia de su mujer en Cali (Colombia). Un texto escrito por Joaquín de Mosquera y Figueroa, que llegó a ser en tiempos de la guerra contra Napoleón presidente de la regencia española y diputado de las Cortes de Cádiz, lo que le colocó en una posición privilegiada para comprender las verdaderas motivaciones de ambos bandos. «Su propia existencia desmiente el mito de que los criollos se levantaron contra España porque tenían cerrado el acceso a las instituciones y cargos de la Corona. Don Joaquín nació en Colombia y llegó a ser Rey virtual de España. Y no es un caso aislado. El comandante de la flota española era criollo, como también lo fueron obispos, cardenales y un virrey de México. Los españoles de un lado y de otro éramos los mismos», resume el escritor.

sábado, 28 de septiembre de 2019

DE LA NOVEL SERIE “BOLÍVAR”

Por Alexander López Díaz.

 
Qué emoción, se acaba de estrenar la novela sobre Bolívar, ya me imagino cómo retratan su infancia llena de lujos, riquezas y comodidades, como miembro de la más rancia burguesía venezolana. Ciertamente es un personaje difícil de retratar, voluntarioso desde niño, sin ninguna disciplina y acostumbrado a que se le cumpla todo capricho.
Aunque me apetece más ver el capítulo en que el libertador firma el Decreto de Guerra a Muerte en el que ordena la muerte de todas las personas nacidas en Europa o en Canarias por su solo origen aunque no tuviesen partido ni militancia política o militar.
Espero ansioso el capítulo en el que Bolívar ordena el fusilamiento de miles de presos en Caracas, Valencia y la Guaira sin juicio ni procedimiento previo, ni qué decir de los cientos de enfermos y ancianos ultimados a machete o aplastándoles la cabeza con rocas porque Juan Bautista Arismendi ordenó no gastar más pólvora. Me imagino las referencias al reclutamiento forzado que se hacía de indios y de negros, de campesinos y de esclavos que de negarse a luchar con Bolívar también les esperaba el paredón.
   
No puedo esperar a que retraten sus monumentales retiradas cuando dejaba a sus soldados abandonados a su suerte cuando el pronóstico era la derrota mereciéndole el apodo de “El Napoleón de las retiradas” por parte de Manuel Piar y Atanasio Girardot.
   
Me desvelo imaginándome el capítulo en el que muestren al Bolívar que es capturado tras la derrota de Puertocabello y que con toda mezquindad entrega a Francisco de Miranda a los realistas para salvar su pellejo, vendiendo al único ideólogo de la gesta independentista a quien le robaría el pabellón nacional y todo el supuesto honor de la emancipación.
Qué nervios ver cómo retratan el Sitio de Santafé (de Bogotá) de 1814 en el que tras la rendición de la ciudad se ordenó que se saqueara durante 48 horas, y se dio licencia para que se viole a las mujeres y se fusile a los hombres, desmanes que terminaron con la destrucción del observatorio. El sitio de Cartagena de 1815 seguro tampoco se les pasará a los productores de la novela.
   
Ya veo a Bolívar comisionando a Luis López Méndez para que enduede por toda la eternidad a esta republiqueta para lograr sus ansias de poder, comprando mercenarios de Inglaterra e Irlanda tras haber comprometido buena parte del botín con Alejandro Petión y José Antonio Páez. CÓMO SERÁN ESOS CAPÍTULOS EN QUE ORDENA EL GENOCIDIO DEL PUEBLO PASTUSO TRAS NO PODER VENCERLOS NUNCA MILITARMENTE, LA REPRESENTACIÓN DE LA “NAVIDAD NEGRA”, LAS VIOLACIONES MASIVAS EN LA CATEDRAL DE PASTO, EL FUSILAMIENTO DE CIVILES DE TODAS LAS EDADES QUE TIÑEN LAS CALLES DE ROJO. SEGURO NO ESCATIMARON EN DETALLES PARA MOSTRAR LA MEZQUINDAD DEL BOLÍVAR QUE VENDIÓ HASTA LAS BANCAS DE LAS IGLESIAS AL LLEGAR A BOGOTÁ PARA AMASAR MAYOR FORTUNA.
   
Ya quiero ver en la pantalla las epístolas de Bolívar en que manifiesta su más abyecto racismo hacia los pueblos indígenas y hacia los negros.
   
Cómo representarán al Bolívar que impone la Constitución Dictatorial en Bolivia donde se proclama presidente vitalicio con facultad de heredar la monarquía disfrazada, o el Bolívar que se inviste dictador en Colombia.
   
Me imagino la conclusión de la serie, el Bolívar moribundo por tuberculosis y sífilis tras haber organizado todo tipo de orgías y de haber sometido sexualmente a quien le apeteció en las ciudades en que entraba triunfal como libertador, dictando el diario de Bucaramanga y señalando a todo Neogranadino (léase colombiano) de pertenecer a una raza cobarde y sin virtudes políticas y militares, pereciendo en el capítulo final en Santa Marta, cuando se disponía a embarcar hacia Francia huyendo por enésima vez en su vida.

miércoles, 28 de agosto de 2019

FALLECIÓ EL “FRAILE GUERRILLERO”


A las 10:45h del martes 27 de Agosto de 2019, en la enfermería del convento capuchino de Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya (Buenos Aires, Argentina), falleció a los 91 años de edad Juan Antonio Sebastián Puigjané Fernández, conocido como “fray Antonio” o “Piru”, como consecuencia de complicaciones causadas por la hipertensión, infecciones renales y úlceras de cúbito y piernas que sufría.
  
Puigjané nació el 13 de Junio de 1928 (“un día antes del ‘Ché’ Guevara”, apuntaba él), y tras un noviciado iniciado en la Orden Franciscana Capuchina en 1940 y tras formular sus primeros votos en 1949, fue ordenado sacerdote con el Rito Romano Tradicional en 1952. Entre 1969 y 1972 realizó su servicio pastoral en barrios carenciados de la ciudad de Mar del Plata, hasta que fue removido por Monseñor Antonio José Plaza por comunista. Continuó con su tarea en Anillaco, La Rioja, junto al Monseñor Enrique Angelelli, hasta que murió el 4 de agosto de 1976. En ese momento se trasladó a la villa Nuestra Señora de Iratí, en Quilmes Oeste, provincia de Buenos Aires (diócesis descarriada por Monseñor Jorge Novak Prediger SDV), donde permaneció hasta 1989 realizando tareas pastorales en el Río de Quilmes y en el barrio Los Talas.
  
Puigjané participó en la “Operación Tapir”, el brutal copamiento del Regimiento Nº 3 de Infantería Mecanizada “General Manuel Belgrano” de La Tablada por el Movimiento Todos por la Patria (MTP), el 23 de enero de 1989, al grito espurio de “¡Viva el coronel Mohamed Alí Seinedín! ¡Viva el teniente coronel Aldo Rico! ¡Viva la Patria! ¡Mueran los generales hijos de puta!”, fingiendo ser “carapintadas” (militares de tendencia nacionalista, protagonistas de alzamientos contra Raúl Alfonsín y sus políticas neoliberales). El MTP fue fundado en Nicaragua en 1986 por Enrique Haroldo Gorriarán Merlo alias “Pelado”, Jorge Manuel Baños y Puigjané, como una escisión del Ejército Revolucionario del Pueblo. En ese ataque murieron 32 terroristas (Francisco “Pancho” Provenzano y su esposa Claudia Lareu Vieyra, Carlos “El sordo” Samojedny -psicólogo-, José Alberto Díaz alias “Maradona”, Julio Arroyo, Óscar Alberto “Cacho” Allende, Rubén Alberto “Kim” Álvarez, Roberto Sánchez Nadal alias “El gordo” o “Farfán” -francés, hijo de republiquetos españoles; según Gorriarán fue el que disparó el morterazo que mató al general Anastasio Somoza Debayle en Asunción, Paraguay el 17 de Septiembre de 1980- y su sobrino Iván Ruiz Sánchez alias “El chele” -nicaragüense-, Juan Manuel Murúa alias “El flaco caña” o “Teniente Caña” o “Federico” y su mujer Aldira Pereyra Nunes -brasileña-, José “Chepe” Mendoza Silva, Roberto Vital Gaguine alias “Martín el inglés” -autor del atentado contra el comandante antisandinista Edén Pastora en La Penca, Nicaragua el 30 de Mayo de 1984-, Pablo Francisco Javier Belli alias “El lobo” o “Joaquín”, Claudia Mabel DeLeis alias “Dora”, los hermanos Horacio Pedro y Miguel Ángel Luque, Pablo Martín Ramos Mora -argentino nacionalizado español; su hermano Sebastián Joaquín fue detenido y condenado a prisión perpetua en Caseros, y trasladado en 1998 a la cárcel de Valdemoro, Madrid. Indultado en 2003 tras ser liberado el año anterior por una reducción de pena, tiene una tienda en el barrio San Blas-, Carlos Alberto “Quito” Burgos -director, junto a su esposa Martha Francisca Fernández, el ex-salesiano Rubén Dri, Gorriarán y Puigjané, de la revista “Entre todos los que queremos la Liberación”, órgano informativo del MPT-, Luis Ángel “Lucho” Segovia, Eduardo Luis Agüero alias “Rockero”, Jorge Manuel Baños Álvarez -abogado-, Berta Emilia Calvo, Ricardo Alberto Veiga Castañares, Pedro Juan “Pety” o “Petiso” Cabañas -paraguayo-, José Luis “El gallego” Caldú Zataraín, Juan Arsenio “Juancito” González Rabuggetti -paraguayo; ex seminarista fundador del Encuentro Cristiano-, Carlos o Norberto “Beto” Maldonado, Félix Díaz, Ricardo “Pichi” Arjona, Juan José Tosi y Sergio Ricardo “Queco” Mamani), 9 militares (el mayor Horacio Fernández Cutiellos -le cortaron la lengua y los testículos antes de ser fusilado por Claudia Beatriz “La negra” Acosta Marini, esposa de Roberto Sánchez Nadal, delante de los reclutas-, el teniente Ricardo Alberto Rolón, los sargentos primeros Ramón Wladimiro Orué y Ricardo Raúl Esquivel, el cabo primero José Gustavo Albornoz, y los soldados Leonardo Martín Díaz, Julio Domingo Grillo, Roberto Tadeo Taddía -a quien Francisco “Pancho” Provenzano le pasó por arriba con el camión Ford F-7000 de Coca-Cola robado con el que entró al regimiento- y Héctor Cardozo) y dos policías (el comisario inspector Emilio García García y el sargento José Manuel Soria); y hubo 34 heridos (32 militares y policías y 2 civiles).
 
Por esos actos (planeados por la alfonsinista Junta Coordinadora Nacional -grupo interno del partido Unión Cívica Radical- y apoyados armamentísticamente por el coronel cubano Andrés Barahona López alias “Renán Montero” y el dictador nicaragüense José Daniel Ortega Saavedra; y que Puigjané indudablemente conoció y participó como comandante de tal grupo terrorista), fue condenado a 20 años de prisión hasta que en 1998 cumplió 70 años y pasó al régimen de prisión domiciliaria en la parroquia Santa María de los Angeles del barrio de Coghlan. En 2003 fue indultado por el gobierno de Eduardo Duhalde con el Decreto Nº 1230, tras rechazar el que le ofreciera Carlos Ménem el año anterior. Bergoglio le restituyó en 2006 la licencia de conferir los sacramentos novusordianos, que le fue retirada por el cardenal Juan Carlos Aramburu en marzo de 1984.

QUE SU ALMA ARDA EN EL INFIERNO POR TODA LA ETERNIDAD.

martes, 30 de julio de 2019

LOS ALIADOS BOMBARDEANDO CIVILES EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Por Manuel Pérez Villatoro para ABC.
  
LOS CRUELES BOMBARDEOS ALIADOS SOBRE CIVILES: LA VERGÜENZA OCULTA EN LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Durante la Segunda Guerra Mundial, oficiales británicos como «Bomberman» Harris abogaron por lanzar explosivos sobre mujeres y niños para provocar el pánico
 
  
La Segunda Guerra Mundial supuso el cénit de los bombardeos sobre la población civil. El ejemplo más conocido fue el de los miles de explosivos que, durante la Batalla de Inglaterra, dejaron caer los nazis sobre los londineses. Sin embargo, lo que suele olvidarse es que los aliados también los utilizaron con el único objetivo de causar el pánico entre las mujeres y niños germanos.

Bajo esta máxima, durante este conflicto Estados Unidos redujo a algunas ciudades como Hamburgo a cenizas para acabar con la resistencia de los hombres de Adolf Hitler o, en su defecto, con la industria germana que -tornillo a tornillo- construía carros de combate y aeroplanos para plantar cara a los aliados en el frente. Con todo, los máximos defensores de los bombardeos sobre la población civil fueron el teniente general británico Arthur Harris y el primer ministro Winston Churchill.

«Ataque absolutamente devastador»
La táctica inglesa de bombardear ciudades empezó a pergeñarse cuando el teniente general Arthur Harris fue puesto al frente del Mando de Bombardeo. Conocido a la postre como «Bomberman» Harris o «Carnicero» Harris, este oficial era partidario de que, si se acosaba a la población, esta se alzaría contra el nazismo. «Los civiles, así se esperaba, se volverían contra sus líderes si se les bombardeaba y se les sacaba de sus casas y no tenían medios para sobrevivir. Se buscaba golpearles con fuerza para que su moral se desmoronara», explica Ian Buruma en «La destrucción de Alemania».
  
Este «bombardeo moral» fue apoyado por Winston Churchill, quien, ya en 1940, había llegado a afirmar que la única forma de derrotar a Alemania era «un ataque absolutamente devastador, exterminador, con bombarderos muy poderosos desde este país sobre el territorio nazi». Al parecer, la idea de que la contienda se extendiera tanto en el tiempo como la Primera Guerra Mundial le parecía intolerable.
 
Sir Arthur Harris - ABC

A nivel práctico la cruel jugada fue perfecta, pues sus continuas misiones de bombardeo obligaron a Albert Speer (el ministro de armamento del Tercer Reich) a trasladar decenas de fábricas hasta una red de túneles excavados bajo los Sudetes. Unos corredores de 213.000 m3 y 58 kilómetros de carreteras para luchar contra los explosivos que caían desde el cielo.
  
Con todo, tan cierto como que Harris era conocido por su cruel uso de los bombardeos era que Hitler también los defendía. Ejemplo de ello es que barajó la posibilidad de reducir la capital inglesa a cenizas. «Göring quiere, mediante innumerables bombas incendiarias de efectos totalmente nuevos, producir incendios en las distintas partes de la ciudad, incendios por todas partes. [...] ¡Destruir Londres por completo! ¿Qué podrán hacer sus bomberos cuando todo esté ardiendo?», explicó en una ocasión el líder nazi.
  
Bombas sobre Hamburgo

Uno de los bombardeos más destacados de la Segunda Guerra Mundialfue el que llevó a cabo el mando aliado sobre Hamburgo (al norte de Alemania). La ciudad era de vital importancia por varias causas. Entre ellas, la cantidad de fábricas que atesoraba y la existencia de un astillero de submarinos.

En el verano de 1943 se estableció que el ataque se llevaría a cabo por sorpresa, y haciendo uso de un curioso sistema de intercepción de radar llamado «Window» (señuelos de aluminio). A su vez, se determinó que sería un bombardeo masivo. Un educado término que implicaba lanzar cuantas más bombas mejor sobre el objetivo con la finalidad de reducirlo a cenizas.
 
Fortaleza volante B-17
     
Tal y como afirma el historiador británico Paul Kennedy en su obra «Ingenieros de la victoria. Los hombres que cambiaron el destino de la Segunda Guerra Mundial», los bombardeos se enmarcaron dentro de la «Operación Gomorra» y comenzaron entre el 23 y el 24 de julio de 1943.

La incursión inicial corrió a cargo de la RAF británica, que atacó la ciudad con nada menos que 791 bombarderos. El 25 le tocó el turno a la fuerza aérea de los Estados Unidos (USAAF). El resultado fueron varios meses de viajes de ida y vuelta acaecidos entre julio y noviembre que se saldaron con la destrucción casi total de la ciudad. Fue uno de los ataques desde el aire más letales de la Segunda Guerra Mundial. Algo similar (en impacto psicológico) que lo sucedido el pasado jueves.

Al final, los aliados contaron 17.000 salidas de bombardeo y una ingente cantidad de bajas realizadas. «Unas 260 fábricas de Hamburgo fueron borradas del mapa, y lo mismo ocurrió con 40.000 casas y 275.000 pisos, 2.600 tiendas, 277 escuelas, 24 hospitales y 58 iglesias. Murieron alrededor de 46.000 civiles», añade el experto inglés en su obra. Este ataque conmocionó sumamente a Alemania y, aunque se quiso minimizar en principio su gravedad, el ministro de propaganda Joseph Goebbels terminó calificando el suceso de un verdadero «desastre».
  
La tristeza de Dresde
Tal y como desvela el famoso periodista e historiador Jesús Hernández en su obra «Las cien mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial», el bombardeo de la ciudad de Dresde (la capital de Sajonia) fue tan cruel como desconcertante. Y es que, a día de hoy el por qué esta urbe fue borrada del mapa por los aliados sigue siendo un tema que provoca discusiones entre los historiadores. Con todo, la teoría más aceptada es que era «un importante nudo de comunicaciones y contaba con una potente industria». De hecho, el lugar ya había sido objeto de otros ataques a lo largo de la contienda por ello.

Independientemente del objetivo, el bombardeo de Dresde comenzó a las diez de la noche del 13 de febrero de 1945. Durante los últimos estertores de la Segunda Guerra Mundial. «En esta primera oleada participaron 245 cuatrimotores Avro Lancaster que arrojaron 800 toneladas de bombas», explica Hernández en su libro. Esa misma noche, una segunda oleada barrió la urbe. En este caso, mediante una fuerza formada por 529 aparatos.

Una jornada después hicieron su aparición las temibles fortalezas volantes B17 norteamericanas. Unos aparatos equipados con una ingente cantidad de ametralladoras y que eran apodados de esta guisa debido a que su potencia de fuego y su forma de bombardear al enemigo (se apiñaban en grandes formaciones de combate) les hacían ser un verdadero muro frente a los cazas nazis.
 
Pila de cadáveres tras los bombardeos de Dresde

En este caso, la USAAF aportó casi cuatro centenares de estos aparatos, cada uno de los cuales podía portar más de 4.000 kilogramos en explosivos. El 15 los aliados dieron la última pasada, terminando de destruir Dresde. A día de hoy se desconoce el número exacto de bajas que se produjeron, pero Hernández afirma que (entre civiles y soldados) pudieron fallecer más de 300.000 personas, «casi el doble de víctimas de las bombas de Hiroshima y Nagasaki juntas», en palabras del experto.

Las cifras de explosivos lanzados son analizadas por el historiador Andrew Roberts en su libro «La tormenta de la guerra»: «Las 2.680 toneladas de bombas arrojadas arrasaron más de 33 kilómetros cuadrados de la ciudad, y muchos de los muertos fueron mujeres, niños, ancianos y algunos de los cientos de miles de refugiados que huían del Ejército Rojo, que se encontraba a menos de 100 kilómetros al este».

Estos dejaron este mundo asfixiados, calcinados o cocidos, según determina el también historiador Allan Mallinson en uno de sus múltiples estudios sobre el tema. En palabras de Roberts, «cocidos» no es un eufemismo: «Hubo que extraer pillas de cadáveres de un gigantesco depósito de agua contra incendios al que había saltado para escapar de las llamas gente que fue cocida viva».
   
Bombas (no) nucleares en Tokio
A pesar de que los más conocidos a día de hoy son los ataques aliados sobre Europa, Japón también tuvo que padecer los bombardeos aliados (casi exclusivamente los estadounidenses) antes de que los americanos arrojasen sobre Hiroshima y Nagasaki las temibles bombas atómicas.

Entre los destacados es necesario recordar las incursiones de los aeroplanos norteamericanos en 1945 sobre Tokio. Estos fueron llevados a cabo en marzo y, para desgracia de los civiles, se realizaron con explosivos incendiarios con el objetivo de quemar las viviendas de la población (entonces construidas con madera).
 
Vista de Tokio en 1945 tras el bombardeo

Tal y como afirma Néstor Rivero en su libro «Imperio tricéfalo», este bombardeo (llevado a cabo principalmente por aviones B 29) acabó con entre 80.000 y 120.000 vidas. Además, más de un millón de personas se quedaron sin vivienda por culpa de los norteamericanos.

Tal fue la atrocidad de este ataque, que los Estados Unidos decidieron quitar la ciudad de la lista de objetivos sobre los que arrojar la bomba atómica posteriormente. ¿La razón? Que, en palabras de los informes norteamericanos, lo único que provocaría golpear de nuevo a la población civil sería apilar escombros sobre más escombros. Así calificaron los mandos norteamericanos los hechos posteriormente: «Es probable que en incendio de Tokio haya perdido la vida más gente que en cualquier otro período de seis horas en cualquier otro momento de la historia del hombre». Sin duda, una auténtica barbaridad.