Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES
Mostrando entradas con la etiqueta De la Abogacía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta De la Abogacía. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de abril de 2020

DE LA INOCENCIA DEL CARDENAL GEORGE PELL

Noticia tomada de diversas fuentes.
  
1º CARDENAL GEORGE PELL ES DECLARADO INOCENTE ENTRE ACLAMACIONES, PERO EL ACTUAL ARZOBISPO DE MELBOURNE SE CUBRE DE VERGÜENZA DEFENDIENDO A SUS CALUMNIADORES (Fuente: GLORIA NEWS).
  
Cardenal George Pell
     
El cardenal George Pell ganó su apelación en la Suprema Corte de Australia. Su condena por acusaciones de “abuso” fue revocada por unanimidad el 7 de abril.
  
Estuvo 404 días, es decir, más de 13 meses, en la prisión Barwon, después de haber sido condenado erróneamente por la Corte del Condado de Melbourne. Ahora, está afuera y en un lugar seguro (en el monasterio carmelita de Kew).
  
La Corte determinó que el jurado “debería haber tenido dudas sobre la culpabilidad del solicitante con respecto a cada uno de los delitos por los cuales fue condenado”, y ordenó “que se anulen las condenas y que se dicten veredictos de absolución en su lugar”.
  
Los jueces determinaron “una significativa posibilidad que una persona inocente ha sido condenada, porque la evidencia no estableció la culpa con el estándar requerido de una prueba”.
  
El cardenal Pell dijo en una primera declaración que no tiene mala voluntad contra su acusador [mentiroso]. Él agradece todas las oraciones y las “miles de cartas de apoyo” (a continuación la carta completa):
  
TRADUCCIÓN:
DECLARACIÓN DEL CARDENAL GEORGE PELL
  
He mantenido consistentemente mi inocencia mientras sufrí por una seria injusticia.
 
Esto ha sido remediado hoy con la decisión unánime de la Suprema Corte.
  
Miro hacia adelante para leer con detalle el juicio y las razones de la decisión.
  
No tengo mala voluntad contra mi acusador, no quiero que mi inocencia aumente el dolor y la amargura que muchos sienten; ciertamente hay bastante dolor y amargura.
  
Sin embargo mi juicio no fue un referendo sobre la Iglesia Católica; ni un referendo sobre cómo las autoridades eclesiásticas de Australia trataron el crimen de pedofilia dentro de la Iglesia.
   
El punto era si yo había cometido esos horribles crímenes, y no lo hice.
  
La única base para una sanación duradera es la verdad y la única base para la justicia es a verdad, porque la justicia significa verdad para todos.
  
Un agradecimiento especial por todas las oraciones y miles de cartas de apoyo.
  
Quiero agradecer en particular a mi familia por su amor y apoyo y lo que tuvieron que pasar; mi pequeño equipo de consejeros; aquellos que hablaron por mí y sufrieron como resultado; y a todos mis amigos y simpatizantes aquí y en el extranjero.
  
También mi más profundo agradecimiento y gratitud a todo mi equipo legal por su inagotable resolución para ver prevalecer la justicia, para arrojar luz sobre la manufacturada oscuridad y revelar la verdad.
  
Finalmente, soy consciente de la actual crisis de salud. Estoy orando por todos los afligidos y por nuestro personal médico en la línea de fuego.
  
Cardenal George Pell
 
Después de la absolución del cardenal Pell, el arzobispo de Melbourne, monseñor Peter Andrew Comensoli, publicó una carta increíblemente miserable, donde se queja que los últimos años del juicio han sido dolorosos para los “personalmente involucrados” en el caso, pero “más particularmente” menciona a aquéllos a quienes se les han reabierto las “heridas del abuso”, sin mencionar los sufrimientos del inocente cardenal.
  
Peter Andrew Comensoli

Sigue reconociendo al “primer” acusador criminal de Pell (identificado como “Testigo J”) por seguir adelante con su historia [fabricada]. Sólo después menciona la condena de Pell y su encarcelamiento.

Al final de uno de los errores de justicia más vergonzosos de Australia, un miserable Comensoli resume: “Algunos estarán consolados; otros permanecerán angustiados”.
  
Pell, por su parte, contó a Catholic News Agency que se enteró de la noticia viendo televisión en su celda: “Escuché un gran aplauso de algún lugar dentro de la cárcel y después los otros tres presos cerca de mi celda pusieron en claro que ellos estaban contentos por mí”.
  
Después de su liberación, Pell disfrutó un bistec como su primera comida “en libertad” después de 400 días en prisión, en medio de Semana Santa. Dijo que “lo que estoy esperando realmente es celebrar una Misa privada”.
  
Llamó a su tiempo en prisión un “largo retiro” y un tiempo para reflexionar, escribir y, sobre todo, rezar.
  
Australia acusó a un hombre inocente en medio de la cultura envenenada del delirio anticatólico. El cardenal Pell es el Dreyfus de Australia (una condena equivocada en Francia, en el siglo XIX). 
   
2º LA LIBERACIÓN DE PELL EXPONE LA HIPOCRESÍA VATICANA (Por Bradley Eli M. Div. y Ma. Th. para CHURCH MILITANT).
  
El Papa Francisco está orando por los que son perseguidos por una sentencia injusta. Lo hizo poco después que saliera la noticia que la Suprema Corte de Australia absolviera al card. George Pell de abuso sexual.
  
Foto de archivo
 
Sin mencionar el nombre de Pell en su homilía de la Casa Santa Marta el martes, Francisco dijo: “Me gustaría rezar hoy por todas las personas que sufren un juicio injusto a causa de la persecución [contra ellos]”.
  
Un comunicado de prensa del Vaticano fue más específico: “La Santa Sede, que siempre ha confiado en la autoridad judicial australiana, acoge con satisfacción la sentencia unánime dictada por el Tribunal Supremo en favor del Cardenal George Pell, que lo absuelve de las acusaciones de abuso a menores, revocando su condena”.
  
Añade la nota de prensa: “El Cardenal Pell -al someter su caso a la magistratura- defendió siempre su inocencia, atendiendo que la verdad fuera acertada”.
  
El resto de la homilía papal, sin embargo, fue sobre cómo todos son pecadores y necesitados de arrepentimiento.
  
“En la vida hay caídas: cada uno de nosotros es un pecador y puede caer, y ha caído”, dijo Francisco.
  
El enfoque tomado por el Vaticano concerniente a Pell teniendo que afrontar un juicio en Australia no iba con el enfoque que tomó en el caso de otros prelados acusados de corrupción, que fueron blindados por la inmunidad diplomática.
 
Tal fue el caso del cardenal Luis Ladaria Ferrer, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Él fue citado a una corte penal el 19 de Septiembre para responder sobre su papel en aconsejarle al cardenal Philippe Barbarin sobre cómo disciplinar a un sacerdote predador.
  
Barbarin, jefe de la archidiócesis de Lyon, Francia, estaba enfrentando un juicio por no sancionar al  p. Bernard Preynat, que fue acusado de asalto homosexual de múltiples miembros de los scouts entre 1980–1990.
  
En el caso de Ladaria, el Vaticano invocó la inmunidad soberana incluso cuando el cardenal fue implicado en encubrir abuso sexual en Francia.
  
Muchos católicos apoyarno a Pell a lo largo de sus batallas legales desde 2017 porque él dejó a un lado la inmunidad diplomática mienytras seguía en el Vaticano y anunció que viajaba a Australia a fin de limpiar su nombre. En ese tiempo habló de la persecución que enfrentaba.
“Han habido filtraciones a los medios, Ha sido un implacable difamación, un implacable asesinato de la reputación”, señaló Pell.
  
“Estoy mirando hacia tener finalmente mi día en la corte”, agregó.
  
Pero ese “día en la corte” resultó muy decepcionante para Pell.
  
Previo a la decisión de ayer por la Suprema Corte, el magistrado Mark Weinberg era el único juez que sostenía la inocencia de Pell. Durante una vista de apelación en Agosto de 2019, Weinberg en su salvamento escribió: “Una característica inusual de este caso era que dependía enteramente sobre la aceptación del quejoso, más allá de una duda razonable, como testigo creíble y confiable. Todavía el jurado fue invitado a aceptar su evidencia sin que hubiera algún soporte independiente para ello”.
  
Mark Samuel Weinberg AO QC
  
Weinberg se refería a los 20 testigos que declararon que Pell nunca tuvo la oportunidad para cometer el crimen del que era acusado.
  
Agregó Weinberg: “Todos estos testigos eran importantes, pero habían algunos cuya evidencia era crítica. Podía justamente decirse que su evidencia, de ser aceptada, llevaría inevitablemente a la absolución”.
   
Ayer, la Suprema Corte coincidió con Weinberg y absolvió por unanimidad a Pell.
  
Un objetivo por delatar
Muchos católicos creen que las batallas legales de Pell son una parodia de justicia y se preguntan si su involucramiento en descubrir la corrupción financiera en el Vaticano estuvo detrás de los implacables ataques.
  
Como prefecto del Secretariado para la Economía, Pell descubrió la masiva corrupción financiera en el Banco Vaticano. En un artículo suyo para el Catholic Herald en Diciembre de 2014, Pell reveló que había descubierto cientos de millones de dólares de fondos clandestinos en el Vaticano. Luego descubrió casi un millardo de euros en varios otros dicasterios.
  
Poniendo un giro positivo sobre el hallazgo, Pell escribió: “De hecho, hemos descubierto que la situación es mucho más sana de lo que parecía, porque algunos cientos de millones de euros fueron escondidos en cuentas seccionales particulares y no aparecían en los balances de situación”.
  
Pell también delató el cambio radical en la enseñanza y la praxis de la Iglesia que estaba en el horizonte. Luego que acabara el Sínodo sobre la Familia en el 2014, Pell declaró que los obispos liberales querían mucho más que solo ofrecer la Sagrada Comunión a los católicos divorciados y vueltos a casar por lo civil.
  
“La comunión para los divorciados y los vueltos a casar es para algunos —muy pocos, ciertamente no la mayoría de los padres sinodales— solamente la punta del iceberg, es un pretexto. Ellos quieren cambios más amplios, reconocimiento de las uniones civiles, reconocimiento de las uniones homosexuales. La Iglesia no puede ir en esa dirección. Sería una capitulación de las bellezas y fuerzas de la Tradición Católica, donde la gente se sacrificó por cientos, por miles de años para hacer esto”, dijo Pell.
  
3º EL VEREDICTO INICIAL CONTRA PELL, UNA VERGÜENZA INTERNACIONAL PARA LA JUSTICIA AUSTRALIANA (Fuente: SKY NEWS AUSTRALIA)
   
La conducta de algunas partes del sistema legal del Estado de Victoria en relación con el caso de George Pell es una “vergüenza internacional según el editor de asuntos legales del diario Australian Chris Merritt.
 
El martes, George Pell fue liberado de la prisión luego de que la Suprema Corte casara el veredicto de 2018 que lo encontró culpable de ofensas históricas de abuso sexual de menores.
   
El cardenal Pell fue culpado de violar a un corista de 13 años y acosar a su amigo luego de una Misa dominical en la catedral de San Patricio de Melbourne en 1996.
  
En 2019, la Corte de Apelaciones de Victoria sostuvo la condena antes que el cardenal apelara la decisión ante la suprema corte del país. El sr. Merrett dijo que el sistema legal victoriano cometió “serios errores durante el caso del cardenal Pell.
  
“Este caso arroja una gran sombra sobre la justicia australiana”, dijo.
  
“Es al fiscal que le corresponde probar más allá de la duda razonable que un crimen tuvo lugar, no de la defensa”.
  
Él dijo que la decisión unánime ha “removido toda duda sobre este asunto”.
   
“Ha sido una decisión dividida que ha tenido un debate continuo, pero un juicio unánime y una clara decisión de la ley es lo que (el sistema legal de) Victoria necesitaba”.

viernes, 27 de octubre de 2017

BEATO CONTARDO FERRINI, ABOGADO Y TERCIARIO FRANCISCANO

 
Nos lo ha descrito el Papa Pío XI: “Era de estatura media, llena de solidez, de armonía, de elegancia de líneas; el paso rápido, pero firme; paso de un caminante que tiene costumbre y sabe adónde va; la pluma, siempre presta y llena de sabiduría; la palabra, cuidada y persuasiva; en su rostro, un aire de simpatía siempre igual, y que jamás le abandonó hasta la misma víspera de su muerte; pero ante todo, sobre ese rostro brillaba un resplandor de pureza y de amable juventud. Su mirada tenía toda la dulzura de la bondad, excelente corazón; sus ojos, su amplia frente, llevaban consigo el reflejo de una inteligencia verdaderamente soberana”. Los retratos que de él conservamos añaden a esta descripción hecha por el Papa una barba densa, un bigote bien poblado y un pelo corto y fuerte.
  
Como Federico Ozanam, iba a morir muy joven. Si Federico muere a los cuarenta años, Ferrini muere a los cuarenta y tres. Sin embargo, su corta vida resulta maravillosamente densa.
  
Para explicarnos todo su valor es necesario hacernos cargo primero del ambiente de tensión religiosa y de fermentación intelectual que atravesaba Italia en la segunda mitad del siglo XIX. Planteada la unidad italiana, puesto en difícil conflicto el católico, que de una parte debía desear la unificación de su patria, y de otra, el triunfo de la Santa Sede; abiertas las inteligencias y los corazones a las corrientes ideológicas más avanzadas, una vida católica normal, no digamos revestida de heroica santidad como la de Contardo, resultaba extraordinariamente difícil. Y mucho más cuando tenía que desarrollarse en el cargadísimo ambiente de las universidades.
  
Y, sin embargo, Contardo, de naturaleza tímida, de carácter retraído, va a pasar largos años de profesorado universitario viviendo con tal intensidad su catolicismo que llegamos a verle en los altares. Es verdad que había nacido en una familia cristianísima el 4 de abril de 1859, un año exactamente después del casamiento de sus padres Rinaldo Perrini y Luigia Buccellati. Pero la educación allí recibida pudo muy bien malograrse. Al menos ocasiones no faltaron. Contardo resultó desde el primer momento un superdotado, alumno de memoria prodigiosa, hábil versificador, inteligencia agudisima para captar las cosas más abstractas. Cuando aún estaba haciendo la enseñanza media se presentó un buen día a monseñor Ceriani, prefecto de la célebre biblioteca Ambrosiana, para pedirle lecciones de hebreo. Aprendido el hebreo, comenzó con el siríaco. Y después continuó con el sánscrito y el copto. Esta preparación llevaba cuando a los diecisiete años acudía a la Universidad de Pavía, en 1876, para emprender la carrera de Derecho.
    
Le esperaban duras pruebas. El ambiente del colegio Borromeo, en el que se iba a hospedar, era un ambiente difícil. Sus compañeros vivían continuamente, entre conversaciones impuras, a las que él tenía horror. Contardo prefería quedarse solo, en su celda helada, antes que bajar a las salas de estudio a compartir la conversación con sus compañeros. El invierno es frío y húmedo en Pavía, y parece que lo fue de una manera especial en aquella ocasión. Pero la delicadísima virtud de Contardo, que en muchas ocasiones llegó hasta el escrúpulo, prefería pasar por todo antes que poner en peligro su pureza o su fe. En el verano de 1881, previo el consejo de su director espiritual, hizo voto de castidad. Muchísimas veces durante su vida se le ofrecerían partidos brillantes y espléndidas ocasiones de casarse. Pero él murió soltero y fiel al voto hecho entonces.
   
Su carrera científica fue impresionante. Desde el primer momento prefirió no los estudios fáciles y brillantes, sino los difíciles y pesados. Por influencia de su tío, el abate Buccellati, que enseñaba Derecho penal, tuvo esta ciencia sus preferencias. Su tesis doctoral, defendida brillantemente en junio de 1870, versó sobre la importancia de Homero y Hesiodo en la historia del Derecho penal. Le concedieron una beca, con la que pudo proseguir sus estudios en Berlin. El papa Pío XII destacó, en el discurso pronunciado con motivo de su beatificación, lo que para Contardo supuso el contacto con los grandes pandectistas alemanes. La ciencia germana del Derecho romano alcanzaba entonces su más alta cúspide: Mommsen, Voigt, Pernice... se dieron cuenta de la extraordinaria capacidad de aquel joven italiano y le ayudaron. Es curioso que fuese un luterano, von Lingenthal, el que más íntimamente influyera sobre él en el aspecto científico.
   
Al morir este sabio, Contardó publicó una breve biografia, en la que se deshace en elogios de la ciencia y religiosidad de su antiguo maestro. Alaba en él un sentimiento vivísimo de la naturaleza y un sentimiento religioso muy acendrado.
  
Sin embargo, el juicio de Contardo sobre el protestantismo es severísimo:
“Ciertamente hay virtud entre los protestantes, hay sinceros admiradores del Hombre-Dios, hay flores que se embellecen con el rocio celestial y que Dios no rechazará; pero cuanto de bueno hay queda imperfecto, privado de aquella eficacia que tendría del Dios vivo a la sombra de los altares católicos. El protestantismo nos da personas honradas, que en nuestra religión inmaculada serían santos”.

Disfrutó, en cambio, inmensamente en su contacto con los católicos alemanes. Era un catolicismo serio, lleno de coraje y de entusiasmo, depurado por las pruebas del Kulturkampf. Características todas ellas que iban muy bien con su manera de ser.

En 1881 emprende una edición crítica de la paráfrasis griega de las Instituciones de Justiniano atribuida a Teófilo, para la que hubo de buscar manuscritos en Copenhague, Paris, Roma, Florencia y Turín. Y en octubre de 1883, a los veinticuatro años, se encarga en la Universidad de Pavía de la cátedra de exégesis de las fuentes del Derecho y de un curso de historia del Derecho penal romano. Iniciaba así sus tareas docentes. Poco después concursa a una cátedra de Bolonia, que no se le dió por motivos políticos. En 1887 pasa a enseñar a Mesina, y en 1890 a Módena. Por fin, en 1894, volvía a su amada Facultad de Pavía, en la que había de perseverar hasta la muerte.

Hizo de su consagración al estudio y a la enseñanza un verdadero sacerdocio. Al principio sus clases eran pesadas, llenas de referencias y citas. Con el tiempo fueron aclarándose y simplificándose, hasta llegar a ser verdaderos modelos de pedagogía. Los alumnos sabían que podían contar con él a todas las horas, seguros de encontrar siempre un consejero leal y un profesor amigo de ayudarles. Independientemente del cumplimiento escrupuloso de sus deberes de catedrático, llevó toda su vida en lo más íntimo de su corazón un apasionado amor a la investigación científica. En veinte años publicó cerca de doscientos trabajos. Pero no se trataba de fáciles improvisaciones, ni de escritos ligeros de vulgarización. Una vez más escuchemos a Pío XI describir su obra de investigador:
“¡El trabajo! Un trabajo científico en sumo grado; un trabajo de investigación, de reflexión, de enseñanza. Un trabajo que Ferrini realizaba con celo apasionado, pero que puede muy bien clasificarse entre los más áridos, por desarrollarse casi por entero sobre textos antiguos, sobre escrituras difíciles de descifrar y más difíciles aún de comprender. Nos mismo le hemos visto más de una vez puesto al trabajo con su inteligencia soberana. Leía a primera vista los textos embrollados, ocultos bajos las escrituras indescifrables de los siglos antiguos: en latín, en griego, en siríaco, porque él pasaba con la mayor facilidad de una lengua a otra. Leía los textos, y al primer golpe de vista captaba su sentido y a vuela pluma, daba la traducción latina o italiana. Labor fatigosísima, esencialmente difícil y ardua, y que sólo puede apreciar el que tiene la experiencia de ella; una labor que asemeja a un verdadero y largo cilicio llevado durante toda la vida”.
  
Aún hoy tropezamos con su nombre, después de tantos descubrimientos y de tantos avances en el Derecho romano, en las monografías y estudios que actualmente se publican. Algunas de sus obras pueden considerarse verdaderamente definitivas. Son el fruto de larguísimas horas de trabajo, de una vida de recogimiento y de laboriosidad.
  
Ocasiones hubo, sin embargo, en que debió salir de su aislamiento. Así, por ejemplo, en 1895, fue elegido concejal del Ayuntamiento de Milán. Y en verdad que sus contemporáneos hubieron de reconocer que su actuación resultaba ejemplar. Supo luchar como bueno en los difíciles problemas planteados en aquel tiempo contra el divorcio, por la salvación de la infancia abandonada. Pero en este mismo terreno de la política se mostró fiel hijo de la Iglesia. Eran tiempos verdaderamente difíciles, en que católicos de buenísima voluntad resbalaron a veces. Contardo se mantuvo siempre fiel a las directivas pontificias.
  
Es lástima que no podamos recoger rasgos encantadores de su vida que se han conservado. Su modestia excesiva, sin consentir nunca que alabaran en su presencia algunas de sus obras científicas: su vivo sentido de la liturgia y su amor apasionado por la santa misa; su encantadora sumisión a sus padres, a los que obedecía como un niño, siendo ya catedrático respetable; su figura de excepcional alpinista; su devoción a San Francisco de Asís, de quien era terciario; su espíritu de pobreza, verdaderamente extraordinario; su irradiación apostólica, dentro de la que muy bien puede englobarse otra figura, posterior, pero también muy importante del catolicismo italiano y que pronto esperamos ver en los altares: Ludovico Necchi.
   
Resulta encantador verle regresar por la noche a casa de su hermana, a tres kilómetros de Pavía, cenar allí con el matrimonio, jugar, por complacerles, una partida de cartas, rezar el rosario en familia, y acostarse para emprender al día siguiente, a las cinco y media de la madrugada, su nueva jornada universitaria.
  
Así hasta el 17 de octubre de 1902. Una fiebre tifoidea le llevó rápidamente al sepulcro en Suma (Novara). La fama de santidad le rodeó muy pronto. Su causa fue introducida en 1924, y en 1947 Pío XII realizaba uno de los deseos más queridos de su antecesor en el solio pontificio: su solemne beatificación.
  
Su tumba se encuentra hay en la Universidad Católica del Sagrado Corazón, de Milán, que no llegó a conocer, pero que sí podemos decir que presintió y amó anticipadamente. En aquélla recogidísima capilla, profesores y alumnos aprenden, frecuentándola, a vivir el auténtico ideal del universitario católico.

LAMBERTO DE ECHEVERRÍA. Año Cristiano, tomo III. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que cada año nos regocijas con la festividad de tu confesor el bienaventurado Contardo, concédenos propicio que, honrando su nacimiento en el Cielo, imitemos también sus acciones. Por J. C. N. S. Amén.

lunes, 21 de agosto de 2017

REFLEXIÓN: “SE ME OCURRIÓ BUSCAR...”

Tomado de CATÓLICOS ALERTA
  
“Prevaricar: Faltar conscientemente [un funcionario] a los deberes de su cargo al tomar una decisión o dictar una resolución injusta, con plena conciencia de su injusticia. «La peor falta en un juez es prevaricar en la sentencia de un juicio»”. (Diccionario de la Real Academia Española)
  

Se me ocurrió buscar en el Diccionario una palabra que me ayudara a entender cuál es la idea que rige la conducta de aquellos que hoy juzgan como criminales a nuestros Soldados, que como a criminales los detienen en sus hogares, los mantienen presos y los condenan. Sin duda, me dije, debe haber allí alguna idea que dé motivo a lo que hacen, algún criterio para actuar así. Busqué la palabra criterio y encontré dos acepciones, la primera “norma o regla para conocer la verdad”; la segunda, “juicio o discernimiento”.
 
Buscando en mi memoria cual era el primer elemento de un juicio, de una afirmación o negación de la inteligencia recordé, lo que era evidente, que era la “definición”. Dicho muy simplemente, la definición pone los límites de una idea o de un concepto, sabiendo entonces de qué hablo y a qué me refiero puedo afirmar con criterio y entonces llegar a la verdad.
  
Así, con pocos rodeos llegamos a lo mismo, juzgar bien es llegar a la verdad ya que si juzgo mal o miento o me equivoco, me equivoco si no me doy cuenta, miento si dándome cuenta sigo y sigo afirmando lo que no se puede afirmar.
  
Juzgar bien es llegar a la verdad y, para eso, seguir un criterio de discernimiento o lo que es lo mismo definir bien lo que digo, más simple, que lo que digo sea lo que digo sin cambiar la realidad.
  
Me pregunté entonces si lo que pasó allá en los setenta fue justo o fue injusto; si tuvieron los hombres de armas razón para actuar obedeciendo contra aquellos que ensangrentaban a la Nación. Me pregunté, y me respondí que fue justísimo, pero hoy los jueces de turno de la Justicia (que hoy tiene turnos pero que no puede tenerlos) dicen que, al contrario, fue injustísimo y fue criminal.
  
Me digo, entonces, que los criterios son distintos en una y otra manera de juzgar, en ese caso uno de los dos yerra sin saber o miente sabiendo ya que los dos no podemos tener razón diciendo de aquello cada uno lo contrario. Veamos algunos elementos.
  
¿Fue justa o fue injusta aquella guerra?
 
¿Que no fue Guerra? ¿Entonces qué fue? Los del bando contrario se auto llamaban “ejército revolucionario” o “ejército del pueblo” tenían armas, mataban, raptaban, ponían bombas, tenían cárceles del pueblo en donde privaban ilícitamente de la libertad y allí torturaban y ejecutaban a sus víctimas; atacaban Regimientos, mataban policías para robarles las armas, atacaban arsenales oficiales para robar también las armas; asesinaban oficiales del Ejército esperando el colectivo para ir a sus Escuelas Superiores; atacaban militares en sus autos con sus familias; ametrallaban a otros delante de sus hijos… La lista sería interminable.
  
No fueron hechos aislados o individuales. Tenían comandos y jefaturas, cuadros, reglas, disciplina a su manera, ejecuciones sumarias de sus traidores o desobedientes y, lo que parece importante, la voluntad manifiesta de tomar el poder para instaurar una dictadura marxista contra la voluntad del grueso de la población, contra los gobiernos legales en ejercicio, contra el orden constituido.
  
Están dadas todas las condiciones de una guerra:
  • Armada, violenta, para colmo artera y traidora.
  • Contra los principios de la Nación que nunca fue comunista.
  • Con derramamiento injustísimo de sangre (de militares, civiles, sindicalistas, empresarios, fuerzas de seguridad, a mansalva, indefensos como aquellos jóvenes soldados del Chaco asesinados mientras se bañaban sólo por ser soldados aquel año en cumplimiento de su Servicio Militar Obligatorio).
  • Con todos los elementos de un ejército, oficiales y soldados, jefes y subordinados, armas de guerra, ataques, cárceles, juicios sumarios, identificación como miembros de un ejército distinto del Ejército Nacional, no respondiendo a la Nación y contra ella.
Entonces sí fue guerra y los mismos subversivos lo admitieron y afirmaron espontáneamente.
  
Fue artera, solapada, traidora, a escondidas, cobarde porque mató de espaldas. Fue guerra y de guerrillas con todos los agravantes del caso.
 
Dicen que tenían razones. Las razones aludidas fueron sobre todo las injusticias sociales, la pobreza, el marginamiento. De más está decir que ningún guerrillero fue un marginal y que ninguno de sus jefes fue menos que clase media o clase media acomodada. Digamos mejor que fueron mentalidades resentidas, capaces de odio no porque sufrían sino porque las cosas no eran como ellos querían.
  
Preguntémonos si esas razones no son hoy mayores, si no hay hoy más pobreza y más injusticia que en los setenta. Deberían recordar los gobiernos de turno que sin pobreza no hay comunismo, el comunismo necesita realidades opuestas, ricos y pobres, lo que ellos llaman dialéctica y de la lucha de esos opuestos surge para ellos una realidad mejor. Nuestro pueblo no mata cuando es pobre para ser rico, pero le dicen que puede matar porque hay ricos. No son los pobres los que razonan así sino los ideólogos de facultad ocupada, resentidos por principios no por necesidad.
  
Volvamos al criterio que es corazón del juicio, al criterio y al juicio que normalmente buscan la verdad.
  
Los juicios de hoy, y por lo mismo los jueces actuales, llaman crimen a la defensa y víctima al muerto en un enfrentamiento con las fuerzas del orden o al defender una cárcel del pueblo ilegal en la que asesinaron oficiales secuestrados y torturados. Es de lesa humanidad que alguien muera en el rescate de una víctima inocente y es víctima el que acaba de asesinarla.
  
Pongamos un ejemplo. Cuando el presidente de Perú Fujimori, en ejercicio de sus funciones, mandó al Ejército a rescatar a los secuestrados en la Embajada del Japón en Lima y allí murieron algunos secuestrados y raptores, nadie dijo que aquello fue algo de lesa humanidad.
  
Volvamos a juicios y jueces. Las cartas están en la mesa. Es tan evidente que sólo quien no quiere verlo no lo ve. Es al menos la concepción liberal que sólo tiene ternura en el ojo izquierdo o es alguien que juzga justos a los guerrilleros, entonces es tan subversivo como ellos o es alguien ambicioso que busca promociones envileciendo sus juicios o llenando alguna cuenta que un día la historia dará a conocer.
  • Los testigos dicen imprecisiones o falsedades, ninguna es válida para juzgar.
  • Los testigos nunca fueron testigos porque simplemente no estuvieron allí.
  • Las sentencias no se dan y se mantiene el cautiverio.
  • Los juicios orales en presencia de frenéticos enemigos de cualquier uniformado.
  • Los juicios son “política de estado”, entonces no son juicios sino política.
  • Los juicios son en base a leyes posteriores a los hechos acontecidos, lo que destruye el principio esencial de la no retroactividad de las leyes. Un Romano hubiera dicho “Justítia non habet óculos retro”: “La Justicia no tiene ojos para atrás”.
  
No digo más, sólo algo.
 
O el criterio para juzgar es erróneo o es mentiroso. Para ser erróneo haría falta torpeza o ignorancia que no son aceptables en jueces federales, para ser mentirosos basta saber y querer lo contrario de lo que clama justicia. Eso es prevaricar.
  
Evaristo

jueves, 4 de agosto de 2016

DE LOS DEBERES DE LOS ABOGADOS, SEGÚN SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA
  
Como muchos sabrán, San Alfonso María de Ligorio, antes de dedicarse a la vida religiosa fue un insigne abogado del Foro de Nápoles, brillante y preparadísimo: graduado en 1713, con solo 17 años, y debió esperar la mayoría de edad para ejercer la profesión. Profesión que abandonó diez años más tarde, por causa de una sentencia claramente injusta en una causa muy importante en la que él se comprometió muchísimo, teniendo como objeto un feudo en Rieti disputado entre el Gran Duque de Toscana y la familia patricia de los Orsini (¡por el Abogado, cuánto lo entiendo!). Poco antes de dejar la toga, San Alfonso escribió un precioso dodecálogo que aún hoy es validísimo y se dirige no solo a los Abogados, sino también a los Jueces, a los acusadores –públicos, como el Ministerio Público, o privados– y a los mismos imputados. Claro e incisivo, es la prueba de que la única verdadera deontología es la que ahonda las raíces en la ética de la Verdad y del Bien, en últimas, en la Palabra de Nuestro Señor. “Porque Dios es el primer Protector de la justicia”. [Massimo Micaletti]

   
De las obligaciones de los jueces, abogados, acusadores y reos.
  • No se debe aceptar nunca causas injustas, porque son perniciosas para la conciencia y para el decoro.
  • No se debe defender una causa con medios ilícitos e injustos.
  • No se debe gravar al cliente con gastos innecesarios, de otra manera, queda en el Abogado el deber de la restitución.
  • Las causas de los clientes se deben tratar con el compromiso con que se tratan las causas propias.
  • Es necesario el estudio de los procesos para deducir los argumentos válidos para la defensa de la causa.
  • La dilación y la negligencia en los Abogados a menudo perjudica a los clientes, y se deben reparar los daños, de lo contrario se peca contra la justicia.
  • El Abogado debe implorar de Dios la ayuda en la defensa, porque Dios es el primer Protector de la justicia.
  • No es laudable un Abogado que acepta muchas causas superiores a sus talentos, a sus fuerzas, y al tiempo, que a menudo le harán falta para prepararse en la defensa.
  • La justicia y la honestidad no deben separarse de los Abogados católicos, de hecho se deben siempre custodiar como las niñas de los ojos.
  • Un Abogado que pierde una causa por su negligencia debe asumir la obligación de reparar todos los daños a su cliente.
  • En la defensa de las causas se necesita ser verídico, sincero, respetuoso y razonado.
  • Finalmente, los requisitos de un Abogado son el Conocimiento, la Diligencia, la Verdad, la Fidelidad y la Justicia.