Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES
Mostrando entradas con la etiqueta Ecuador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ecuador. Mostrar todas las entradas

viernes, 24 de mayo de 2019

NOVENA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA

etc.
Diez veces:
Je~tús
?nío,
~ise1icordia.
Novena compuesta a fines del siglo XIX por Fray Raimundo (en el siglo Crescente) Errázuriz Valdivieso OP, Prior de la Recoleta Dominica de Santiago de Chile (y posteriormente Arzobispo de dicha ciudad), e impresa en Lima por don Carlos Prince Letcher en 1896; y reimpresa en Medellín (Colombia) en 1942 (ambas con aprobación eclesiástica). Puede rezarse en cualquier momento del año o ante cualquier necesidad y asunto importante; y especialmente en preparación a su fiesta en el convento quiteño de San Agustín el 2 de Junio.
     
HISTORIA DE LA DEVOCIÓN
La imagen del Señor de la Buena Esperanza es copia de una antiquísima y muy milagrosa estatua que la ciudad de Quito se gloría de poseer.
 
La historia del Señor de la Buena Esperanza se remonta al año 1652 cuando cierto día en Quito sin guía alguno atravesaba las calles una mula cargada con enorme bulto. Llegó a las gradas de la portería del convento de San Agustín y se echó en el suelo, y ya no pudieron levantarla a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron.
  
Abierto el cajón, cuyo peso parecía abrumarla, se encontró dentro la estatua de Jesús de la Buena Esperanza. Quisieron conducirla al templo, pero inútilmente; pues aumentaba el peso de la estatua en proporción al número de los que intentaban cargarla. Alguien propuso entonces llevarla no al templo sino a la portería, y el acto se ejecutó con suma facilidad.
   
La reunión de tan prodigiosas circunstancias no podía dejar de conmover hondamente al católico pueblo de Quito, e innumerables personas acudieron a arrodillarse ante la sagrada imagen. Los milagros y los favores del cielo, obtenidos por intermedio del Señor de la Buena Esperanza, respondieron desde el primer día, a la devota fe del pueblo y se multiplicaron hasta el punto de convertir la portería del convento San Agustín en el más célebre, frecuentado y rico santuario del Ecuador.
 
Entre los ornamentos con que la piedad de la gente adornó la venerada estatua, mencionamos solo las sandalias de oro macizo y piedras preciosas, por haber dado lugar a un notabilísimo milagro que aumentó sobremanera el renombre del Señor de la Buena Esperanza. Y tan notable fue este milagro, que desde entonces su recuerdo está unido a la propia imagen, con la cual se representa.  
Un sencillo y piadoso padre de familia (Gabriel Cayancela), vivía en Quito en total miseria, y ya sin auxilio humano, recurrió una tarde al señor de la Buena Esperanza para suplicarle por su situación, haciendo su oración estaba cuando el sacristán le advierte que salga porque va a cerrar la iglesia. Sale pronunciando palabras que muestran al sacristán lo horrible de su situación, y prometiendo en su interior volver muy temprano a continuar sus plegarias.
  
Todavía no amanecía, y la ronda encontró a la puerta de la casa de Gabriel el cadáver de una señora asesinada la noche antes, y poco después el pobre sale de su casa, sin ver el charco de sangre lo pisa y todo ensangrentado llega al templo, y continúa solitario y fervoroso su oración. En lo profundo de su oración se encontraba cuando, de repente, un milagro viene a llenar de gozo su corazón atribulado. El Señor de la Buena Esperanza deja caer en las manos del suplicante e infeliz padre de familia una de las ricas sandalias.
  
Sin pensar más que en su necesidad, va a venderla a una joyería. Era demasiado conocida la rica alhaja, y el joyero hizo aprehender como ladrón sacrílego al vendedor. Imposible es describir la indignación pública contra el que aparecía como infame profanador de tan venerada imagen, indignación que no conoció límites cuando, según todas las apariencias, se vio que el ladrón era al mismo tiempo vil asesino.
  
Rápidamente se sustentaron las acusaciones y fue condenado a muerte. Como último favor pidió y obtuvo el ser conducido ante la milagrosa imagen. Allí en sentidísimo lenguaje, dijo al Señor que su prodigioso don se había convertido en regalo de muerte; que iba al patíbulo, por haber recibido de Él, los medios para salir de su miseria: “Tú sabes que soy inocente; que vine a implorar a tus pies el pan para mi mujer y mis hijos que están con hambre, pedí trabajo y no lo encontré, pedí limosna y me la negaron; vine a tu altar y tú me diste esa sandalia que llevé a vender para dar de comer a mi familia…”.
 
Entre conmovido e indignado el pueblo escuchaba tales palabras cuando Jesús de la Buena Esperanza tiende hacia el reo el pie que conservaba con sandalia y deja caer ésta en sus manos. La entusiasta admiración de la multitud, al grito unísono de milagro, dio libertad al condenado. La autoridad le compró al peso de oro, aquella sandalia y fue enorme la cantidad de monedas (cuarenta mil pesos de plata) que resistió el platillo de la balanza antes de inclinar el otro en que la sandalia se encontraba. Salió el pobre de su necesidad y el milagro quedó para siempre representado en el Señor de la Buena Esperanza, que desde entonces fue el recurso de particulares y corporaciones en el Ecuador.
  
Devoción que se ha extendido a Guatemala; en San Francisco de Salta, y la iglesia de Villa Pueyredón (Bs. As., Argentina) le está dedicada; Zulia (Venezuela); Medellín y Caldas (Colombia); Costa Rica; Nicaragua; en Cuba existió hace años una capilla; y las provincias de Pichincha y el Carchi (Ecuador).
  
NOVENA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA
  
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Al considerar, oh Dios y Señor mío, vuestra grandeza infinita y vuestras infinitas perfecciones y la inexplicable ceguedad con que os he ofendido, me duele y arrepiento hasta lo más infinito del alma y humildemente os pido perdón.
 
Si de una parte mirase solo los inmensos beneficios de que me habéis colmado y me colmas a cada instante y de otro, mi loca y grande ingratitud, no podría sino temblar ante vuestra augusta Majestad; pero mi Dios, al arrodillarme en vuestra presencia, os ofrezco en satisfacción de mis pecados los méritos infinitos de Jesús vuestro Hijo. Por mi padeció, por mí fue crucificado y derramó hasta la última gota de su preciosísima sangre; es mi Redentor y mi Padre y Vos habéis aceptado su mediación y mi rescate.
   
Él me llama, me dice que confíe y bajo la Dulcísima advocación del Señor de la Buena Esperanza, se presenta ante Vos como divino fiador. Perdonadme, pues, oh Dios mío y fortaleced mi alma, para no volver a ofenderos. Amén.
  
ORACIÓN INICIAL
Oh Señor Jesús, que con la advocación de la Buena Esperanza, hacéis repetidos y tiernísimos llamamientos al corazón de los pecadores, vedme postrado ante vuestra imagen. Oh Señor, os complacéis en prodigar beneficios, favores y gracias a los que a Vos acuden. Yo os amo, creo en Vos, y en Vos confío. En esta Novena vengo a pediros protección, a mostraros mis necesidades y a recordaros Vuestra Promesa; en mérito de vuestro Valiosísimo Nombre. ¿Por qué desconfiar cuando sois la Buena Esperanza? ¿Qué desgracia, qué padecimiento, qué peligro será capaz de amilanarme si Vos, Infinito en Poder, Os dignáis alentar mi confianza? ¡Oh, Señor Jesús, en Vos confío, Sed mi Protector y mi Guía! ¡Oh Divino Rey del Cielo y la tierra, Perdón y Misericordia! Oh Señor, mi alma en Vos confía, con Vos no tengo asechanza. Sois, Buen Señor Jesús, mi Esperanza, Sed mi Sostén y mi Guía.
  
DÍA PRIMERO
Amabilísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, que por mi amor os dignasteis vivir en la tierra 33 años, a fin de dejarme en toda circunstancia divinos ejemplos; concluid vuestra obra y fortalecedme para que sepa aprovechar esas preciosísimas lecciones. Que tenga siempre a la vista vuestras obras como altísimos ejemplos que debo empeñarme en imitar en todas mis actuaciones; que la meditación constante en vuestra vida y en vuestra sagrada Pasión sea la reforma y la satisfacción de la mía. Así tendré la dicha de haberos servido en la tierra y de ir a daros gracias en la eternidad. Amén.
   
Al terminar la oración de cada día se hace la petición.
  
HIMNO
 
Siempre mi alma en Vos confía,
Con Vos no temo asechanza:
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Es vuestra vida modelo
Desde el pesebre a la muerte:
¡Dichosa el alma que acierte,
Fija la mirada al Cielo,
En riesgo, tristeza y alegría,
A no olvidar su enseñanza!
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Nacido en pobre portal,
Os miro hollando riquezas
Y engañadoras grandezas
Caras al hombre carnal,
Para mostrarme la vía
De la bienaventuranza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
En Nazaret vida oscura
Os apartó por treinta años
De los demás. Los engaños
Manifestáis, y la locura
Del que infeliz sólo ansía
La mundanal alabanza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
     
Lejos de todo lo humano,
En el desierto ayunando
Señor, estáis; mas yo ando
Cual si no fuera cristiano,
¡Con ceguedad casi impía,
En pos de goces y holganza!
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Por doquier favor,
Gracia, perdón, beneficio,
Derramáis siempre propicio.
Estos tres años de amor
Son mi formal garantía
Y de ventura mi fianza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Sudor de sangre, Dios Santo,
De mi alma os cuesta el rescate;
Mi corazón no dilate
Lavar sus culpas con llanto,
Y encuentre en vuestra agonía
Con el dolor la confianza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
El cetro, soga y corona
En vuestra Imagen venero,
Mi pecho fuese de acero
Si dejase de aprisionar
Vuestra Cruz, que presta energía
Y enseñanza de amor sin mudanza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Ya del sepulcro glorioso
Os levantáis Vencedor:
Vence a la muerte el Amor,
Nadie cual Vos poderoso,
Todo es fulgor, la lozanía
De la Nueva Alianza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Es vuestra gloria mi gloria,
Oh Dios, mi Padre y mi Hermano.
Sois de grandeza el arcano,
Mi grande prez de victoria,
Honra, fiador, gallardía,
Luz y contento y pujanza.
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
Siempre mi alma en Vos confía,
Con Vos no temo asechanza:
Sois buen Jesús, mi esperanza;
Sed mi sostén y mi guía.
  
SUPLICA AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA
Oh Jesús de la Buena Esperanza, amabilísimo Redentor de nuestras almas, Señor de los cielos y tierra, vengo a Vos atraído por vuestro paternal amor. ¿Quién, sino Vos, podrás curar mis dolencias? Me acerco pues a vuestro santo templo como a la piscina de vuestras bondades; favorecedme con vuestros auxilios; purificadme con una mirada, como lo hiciste con Pedro, cabeza de la Iglesia; sanadme de las mortales heridas que el pecado ha causado en mi pobre alma. Yo bien sé, oh Jesús de la Buena Esperanza, mi Señor y mi bien, que todos los que os han solicitado favores ante vuestra imagen, han sido socorridas; no hay, ¡oh Jesús de la Buena Esperanza!, mi Señor y mi bien, una sola que no haya experimentado vuestras misericordias. ¿Y por qué he de salir desconsolado de las súplicas que hago? Lleno de la mayor confianza os pido, Señor, dirijáis una mirada compasiva sobre vuestra Iglesia: miradla, Señor, tan perseguida por tantas impiedades que se han levantado contra ella. Oíd la súplica que en particular os hacen estos vuestros hijos: dad descanso a las Almas del Purgatorio, especialmente a las que han sido más devotas del precio de nuestra redención y de los dolores de vuestra Santísima Madre María. Amén.
 
Jesús de la Buena Esperanza: Ten misericordia de nosotros.
  
ORACIÓN FINAL
Dios mío, no dudo que escucharéis mi plegaria, pues deseo serviros fielmente lo que me resta de vida. Mientras mayor ha sido mi tardanza para darme del todo a Vuestra Merced; tanto así más mezquino he sido en corresponder a Vuestro Infinito Amor. Mayor es mi voluntad de seros generoso en adelante, de no amar sino a Vos y de santificar otro cualquier afecto, posponiéndolo al Vuestro y dirigiéndolo a Vuestra Majestad. Sí Jesús, Señor y Dios mío, mediante el auxilio de la Gracia ése va a ser todo mi empeño y anhelo. Corran los mundanos en su desdicha tras la riqueza y los honores, que yo no quiero seguir sino Vuestras Huellas, recorrer el camino que me habéis trazado, ir siempre en pos de Vos, que sois mi Contento, mi Riqueza y mi Gloria. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Humildísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, que al venir al mundo, despreciando cuanto los hombres ambicionan, quisisteis nacer pobre y en un abandonado Pesebre, dad luz a mi alma para que descubra las sublimes enseñanzas de la Gruta de Belén. Que aprenda a buscar Vuestra Grandeza y Gozo; despreciando los deleites y los placeres mundanos, y amando lo que el mundo desprecia. Movedme, ¡oh Señor!, a ser humilde según vuestra Inefable Humildad; a pisotear las riquezas, abrazando la absoluta pobreza en la que nacisteis, y a buscar lejos del aplauso de los hombres las únicas alabanzas verdaderas, las que al anunciar Vuestro Nacimiento entonaron los Santos Ángeles, cantando: “Gloria a Dios en las alturas”. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA TERCERO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Oh Señor Jesús de la Buena Esperanza, divino modelo, dadme gracia para consideraros en el retiro de Nazaret. Venías a convertir al mundo y pasasteis treinta años oculto, lejos de él. La sabiduría de los hombres había llamando locura lo que hacías con divina sabiduría. Me mostrábais con vuestro camino que para nada debo guardarme por el respeto humano, que debo pisotearlo rechazando por Vos, ¡oh Jesús mío!, los placeres del mundo con sus pompas, vanidades y perniciosas doctrinas; y que para mis acciones, debo inspirarme solo en vuestras divinas enseñanzas, consiguiendo formar en el fondo de mi corazón un escondido retiro, dulce soledad en vuestro Sagrado Corazón; en donde solamente Vuestra Majestad sea escuchado, obedecido y tiernamente amado. Amén.
   
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA CUARTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Señor Jesús de la Buena Esperanza, permitidme consideraros hoy en el desierto, donde Os preparasteis para la Vida Pública con cuarenta días de soledad y de ayuno. Me enseñáis con vuestro ejemplo que la mortificación de los sentidos y la penitencia comunican al alma fuerzas para vencer, ayudada de la gracia, las tentaciones de sus enemigos, que allí debe ir el cristiano a prepararse para la lucha y la victoria. Haced, Señor, que no lo olvide. Dominaré así al peor de mis enemigos, mi propia carne, y siguiendo las huellas que me habéis trazado, tendré al fin la dicha de ir a haceros compañía en la Eterna Bienaventuranza. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA QUINTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
¡Ay, cuánto tengo que mirar y agradecer, Jesús, Dios mío, en los tres años de vuestra vida pública! Haced que durante mis aflicciones, dudas y angustias, Os encuentre al dar una mirada en ella: divina Luz, inefable Consuelo y seguro Guía. Así como entonces pasasteis por doquiera haciendo el bien y nunca quedó desconsolado quien a Vos acudió, así ahora prodigáis vuestros beneficios a cuantos Se empeñan en seguiros y no seros ingratos. ¡Oh Señor, contadme en ese número! Desde lo íntimo de mi alma Os agradezco vuestro infinito Amor, suplicándoos me concedáis la Gracia para corresponderos con generosidad. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA SEXTO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
   
Cuando Os considero, oh dulcísimo Señor Jesús de la Buena Esperanza, en vuestra angustiosa Oración del Huerto, que Os llevó al punto de que un copioso sudor de vuestra Preciosísima Sangre bañase la tierra, estando desde ese instante sacrificado. No puedo menos de estremecerme al recuerdo de mis culpas, porque ellas fueron, Señor, las que amargaron el Cáliz que por mí bebisteis. Pero, mi Dios, infinitamente mayor que la gravedad de mis pecados es el mérito de Vuestra Preciosísima Sangre. Por Ella os pido perdón y misericordia, por ella os pido la gracia para cumplir hasta la muerte el propósito que hago de amaros con todo mi corazón. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
En esta venerada Imagen os veo, mi Buen Señor Jesús de la Buena Esperanza, revestido de las insignias de la Pasión Sacrosanta: Al cuello lleváis la soga con que los crueles sayones Os ataron y arrastraron, y ella recuerda también la afrentosa e inhumana flagelación; adornan vuestras sienes la Corona de espinas, que las taladró en atroz suplicio; en una de vuestras Manos sosteníais la caña que como rey de burlas Os pusieron, ¡oh Señor de mi alma, Rey del cielo y de la tierra!; en la otra, en fin, muestra la Cruz: instrumento de Vuestro Suplicio y de mi Redención. Haced que al contemplarlas en Vuestra Sagrada Imagen, nunca olvide hasta qué extremo Os ha llevado Vuestro Infinito Amor, empeñándome en seros agradecido. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Oh Señor Jesús de la Buena Esperanza, Vencedor del infierno, cuyo poder destruiste con Vuestra Preciosísima Sangre; Vencedor del mundo, cuyas falsas máximas y engañosas doctrinas confundisteis mostrándoos en la tierra, ¡oh Eterna Verdad!; Vencedor de la muerte, que resucitasteis por vuestra propia virtud. Estas tres victorias son el fundamento de mi dicha y mi esperanza; pues las obtuvisteis para librarme del infierno, darme fuerzas contra el mundo, y para dominar mis pasiones. ¡Bendito seáis, Misericordioso Señor Jesús de la Buena Esperanza! Los Ángeles que celebran Vuestro Triunfo y los Santos que en él se gozan, alaben por mí Vuestra Munificencia y Bondad. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
DÍA NOVENO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial.
  
Colocado en la Diestra del Altísimo, Señor Jesús de la Buena Esperanza, no dejéis nunca de favorecer a los que en esta vida de prueba y lucha, corren el peligro de ser vencidos. ¡Oh Señor, Medianero entre Dios Padre y los hombres; que Le presentáis Vuestras Sagradas Llagas, la Preciosísima Sangre, y Vuestros Padecimientos, para alcanzarnos el perdón de los pecados! Oh Señor, jurado Mercedario, Salvador y Redentor mío; en verdad Vos sois mi Esperanza, pues a más de ser mi Mediador, en el Cielo me preparáis como a hijo un trono inmortal. Siendo así, dadme gracia para vivir en la tierra de tal modo que logre ir a ocupar ese trono y cantar in ætérnum Vuestras Alabanzas en el Cielo. Amén.
  
Se pide la gracia que se desea recibir. Los Gozos y las oraciones se dirán todos los días.
  
VISITAS AL SEÑOR DE LA BUENA ESPERANZA, PARA QUE NOS PROTEJA EN NUESTRAS NECESIDADES
  
Dios mío: creo que estáis aquí presente, os adoro con todo mi corazón.
  1. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
  2. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
  3. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
  4. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
  5. Jesús de la Buena Esperanza, en Vos confío, salvadnos y tened misericordia de nosotros. Diez veces: Jesús mío, misericordia.
Jesús mío: creo en Vos, espero en Vos, Os amo con todo mi corazón, tened misericordia de nosotros.
  
Se recomienda lo siguiente: Tres credos con la jaculatoria “Jesús de la Buena Esperanza, tened misericordia de nosotros”. Como también se recomienda la devoción salvadora a la Santísima Trinidad, y a lo menos tres veces al día decir: “Santo, santo, santo, Señor Dios de les ejércitos, llenos están los cielos y la tierra le la majestad de vuestra gloria. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo”. Tres credos con la invocación a la Santísima Trinidad.

jueves, 17 de mayo de 2018

NOVENA EN HONOR DE SANTA MARIANA DE JESÚS PAREDES, LA AZUCENA DE QUITO

Adaptación de la Novena publicada por el Padre José María Anglés en 1895. Las oraciones de cada día fueron tomadas del Compendio della vita della Beata Marianna di Gesù detta Il Giglio del Quito, de Giuseppe Boero SJ, Verona 1863.
 
NOVENA EN HONOR DE SANTA MARIANA DE JESÚS PAREDES, LA AZUCENA DE QUITO
  
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, crucificado por mi amor, que no quieres la muerte del pecador sino que se convierta a Ti y viva la verdadera vida de gracia; ten misericordia y perdóname por tu Sagrado Corazón, manantial de bondad y mansedumbre, las innumerables culpas que he cometido hasta el presente; que yo las detesto de corazón, todas en general, cada una de ellas en particular, y proponga, auxiliado por tu divina gracia, antes morir que pecar. Amén.
   
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísimo Jesús mío, que, como nos apacientas entre las azucenas, pusiste los ojos desde la eternidad en la fragantísima azucena de Quito, Santa Mariana, y luego de que le diste el ser, la previniste con todas las bendiciones de dulzura que sueles derramar sobre las almas en las que has de poner tu trono. Heme aquí­ postrado entre las sagradas aras, implorando tu divina misericordia por los méritos de tu fiel sierva y amantísima esposa Mariana. Dame, Señor, que por la perfecta imitación de sus heroicas virtudes, sea yo buen olor tuyo en todo lugar, para que en todas partes sea glorificado por mí tu santo Nombre. Amén.
  
DÍA PRIMERO - 17 DE MAYO
Oh Lirio de pureza, Santa Mariana, que consagraste tus más tiernos años a Jesús y María, y poniendo todas tus delicias en la oración y la piedad fuiste creciendo siempre en santidad; impétrame la gracia de que también done a Jesús y María mis años juveniles, y mediante la piedad y la oración crezca siempre más en el divino servicio. Amén. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
 
GOZOS EN HONOR DE SANTA MARIANA DE JESÚS, LA AZUCENA DE QUITO
  
A la feliz mansión,
Do moras noche y día,
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
Como la blanca azucena
Los jardines donde crece
Con sus galas embellece
Y de su fragancia llena,
Tal de Quito la región
Inundaste de alegría.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
De tu celestial Esposo
El Corazón fue tu estrella;
De allí una viva centella
Prendió en tu pecho dichoso,
Sí, del nuevo Salomón
El amor te consumía.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
¡Con qué gozo tu alma pura
Desde tus años más tiernos
Unióse en lazos eternos
Al Dios de toda hermosura!
Tu Esposo para esta unión
De virtudes te atavía.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
A mil y mil quiere tu alma
Las puertas abrir del Cielo;
Anhela tu noble celo
De mártir sangrienta palma:
Ir por esto al Marañón
Pretendes con bizarría.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
Al ver sufrir a tu Amado
En la Cruz tantos dolores,
Ejerces tiernos rigores
En tu cuerpo delicado;
Tu sustento es la oración,
Tu cama la tierra fría.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
Como el ave aprisionada
Suspira por la pradera
Donde celebrar espera
Su libertad recobrada,
Tu alma así de su prisión
Verse suelta ya quería.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
Para recrear tu mente,
Si el puro labio entonaba
Himnos que el cielo dictaba
A tu corazón ardiente,
Responden a la canción
Las aves con su armonía.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
 
Subes a la alta Jerusalén
Cual de incienso vaga nube,
A Dios te lleva un querube,
Y Dios corona tu sien,
Y a Sí mismo en galardón
Te se da desde aquel día.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
De su virtud celestial
En pos alegres volemos;
Igual gloria gozaremos,
Ceñiremos lauro igual.
Ten, Mariana, compasión
Del pueblo que en ti confía.
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
  
A la feliz mansión,
Do moras noche y día,
Al divino Corazón,
Sé, Mariana, nuestra guía
.
 
Antífona: Ven, esposa de Cristo, recibe la corona que el Señor te preparó para toda la eternidad.
. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Mariana.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
  
ORACIÓN
¡Oh Dios!, que hasta en medio de los lazos del mundo quisiste que la bienaventurada Mariana floreciese como lirio entre las espinas, por su virginal castidad y asidua penitencia; concédenos por sus méritos e intercesión, que nos apartemos de los vicios y sigamos la senda de las virtudes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO - 18 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
   
Oh Lirio de pureza, Santa Mariana, que con sumo horror aborreciste el pecado, y conservaste la candidez de la bautismal estola, alcánzame un odio santo contra el pecado, para que nunca contamine mi alma, sino que la conserve pura y limpia de toda culpa Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO - 19 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
 
Oh Lirio de pureza, Santa Mariana, que tanto amaste la más bellíssima de las virtudes, cual es la castidad, que hiciste voto perpetuo de ella a los siete años, y angélicamente viviste como esposa purísima de Jesús, obtenme tal amor a la castidad, que me haga pronto a hacer y padecer cualquier cosa antes que menoscabar en lo más mínimo tan bella virtud. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA CUARTO - 20 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
 
Oh Lirio de pureza, Santa Mariana, que por afecto a la santa castidad amaste el retiro y la soledad, huyendo de toda vanidad y pompa mundana, y de todo divertimento y compañía peligrosa, alcánzame un veraz desprecio de las vanas apariciones, una fuga constante de todo peligro, para que en el retiro y el recogimiento viva para Jesús en pureza y castidad. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
       
DÍA QUINTO - 21 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
 
Oh Lirio de pureza, Santa Mariana, que custodiaste el tesoro de la castidad con tal modestia en tu persona, y con tal guardia sobre los sentidos que mereciste el título de Ángel, obtenme la gracia de imitar tu ejemplo de tal manera que la santa modestia resplandezca en cada una de mis miradas, palabras y actos, para edificación de los demás. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
  
DÍA SEXTO - 22 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
 
Oh Lirio de pureza, Santa Mariana, que para conservar tu inocencia y virginidad te guardaste bajo el manto de María, y la honraste y amaste con encendidísimo afecto más que filial, impétrame una verdadera devoción y filial confianza hacia María Santísima, para que en medio de tantos peligros pueda merecer su protección y su amor. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
    
DÍA SÉPTIMO - 23 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
 
Oh Lirio de pureza y tambièn prodigio de penitencia, Santa Mariana, que con admirables invenciones crucificaste tu cuerpo inocente, y le ofreciste como víctima a Dios, alcánzame el espíritu de la cristiana mortificación, para poner en fuga las delicadezas, los caminos y los placeres de los sentidos, y en cambio castigue este mi cuerpo rebelde, y haga a Dios un sacrificio agradable. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA OCTAVO - 24 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
 
Oh Lirio de pureza, Santa Mariana, que en todas las cosas te dejaste dirigir por la obediencia a tus superiores y confesores hasta exponer generosa la propia vida, concédeme el domar la soberbia y obstinación, y de dejarme guiar en todo y por todo por la santa obediencia a aquellos que Dios ha puesto en su lugar para gobernarme. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.
   
DÍA NOVENO - 25 DE MAYO
Por la señal...
Acto de Contrición y Oración Inicial
 
Oh Lirio de pureza, y Esposa purísima de Jesús, Santa Mariana, que toda inflamada de amor por tu divino Esposo, viviste para Él solo, y a Él consagraste los pensamientos, afectos, obras y todo tu ser, mereciendo por ello extraordinarias señales de predilección, obténme el poder apartar de la mente y el corazón todo pensamiento y afecto mundano, y comenzar a ser también totalmente de Jesús, y amarle a Él solo en vida y por toda la eternidad. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
Los Gozos y la Oración se dirán todos los días.

sábado, 10 de junio de 2017

SE EXTINGUE LA “TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN”

  
El pasado 8 de Junio de 2017, en la ciudad de Santiago de Managua, capital de Nicaragua, falleció a la edad de 84 años Miguel d’Escoto Brockmann a consecuencia de un accidente cerebro-vascular que le diera meses atrás, quien fungiera entre otros cargos como Ministro de Exteriores bajo el primer mandato de José Daniel Ortega Saavedra, Presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, representante ante Consejo Mundial de Iglesias y Asesor presidencial en materias limítrofes y relaciones internacionales.
  
D’Escoto fue sacerdote de la Sociedad Misionera de Maryknoll, comunidad fundada inicialmente para la evangelización pero que luego se convirtió en el bastión del modernismo y la corrección política que es hoy en día. Él mismo, en particular, adhirió a la Teología de la Liberación y a su brazo político en Nicaragua, el sandinismo, que combatió contra la dictadura filoestadounidense de la dinastía Somoza incurriendo en suspensión a divínis en 1984 (suspensión que le sería levantada por Francisco Bergoglio en Agosto 2014).
  
La Teología de la Liberación no es más que la versión “bautizada” del tantas veces condenado comunismo, que durante la Guerra Fría por directrices de la Unión Soviética se infiltró en la Iglesia Católica para tratar de acabarla desde su interior, visto que nada adelantaba con las persecuciones que movía en los países de la Cortina de Hierro. Dicho claramente, Miguel D’Escoto Brockmann era un marxista, y como tal murió excomulgado a los ojos del Catolicismo Tradicional, y su alma ESTÁ ARDIENDO EN EL INFIERNO POR TODA LA ETERNIDAD, y como fue sacerdote válidamente ordenado con el Rito Tradicional, EL CARÁCTER IMPRESO EN SU ORDENACIÓN LE AGRAVA LOS TORMENTOS.
    
  
Dos días antes, el 6 de Junio de 2017, a los 92 años de edad, falleció en San Francisco de Quito el jesuita belga François Houtart Carton de Wiart, conocido como “el canónigo rojo” o “el Papa del altermundialismo”. Houtart, ordenado sacerdote en 1949, fue profesor de sociología en la Universidad de Lovaina (donde tuvo entre sus alumnos al “cura guerrillero” Camilo Torres Restrepo y al expresidente Rafael Correa), perito de Helder Câmara en el Vaticano II (fue clave en la elaboración de la introducción de Gaudium et Spes), y fundador de la oenegé Centro Tricontinental.
 
Houtart adhirió a la marxista “Teología de la Liberación”, al sandinismo, y al indigenismo del obispo ecuatoriano Leonidas Proaño Villalba, y apoyó la entrega de Colombia a la guerrilla narcoterrorista y comunista de las FARC por parte del actual régimen de Juan Manuel Santos Calderón. Además, confesó haber cometido actos sexuales abusivos en la persona de su propio sobrino de 8 años en 1970. Por corruptor y comunista, y por contribuir a la suplantación conciliar, QUE SU ALMA TAMBIÉN ARDA EN EL INFIERNO POR TODA LA ETERNIDAD.

viernes, 26 de mayo de 2017

SANTA MARIANA DE JESUS PAREDES, LA AZUCENA DE QUITO

Santa Mariana de Jesús Paredes
 
La inocentísima y penitente virgen, santa Mariana de Jesús, nació de esclarecido linaje en la ciudad de Quito de la América meridional. Casi desde la cuna tomó el camino de la perfección, y se dio tanta prisa a correr por él, que al empezar, pudo parecer que acababa. Apenas tenía diez años, hizo ya los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, que suelen hacerse en la profesión religiosa. Como oyese un día las alabanzas de aquellos tres santos mártires de la Compañía de Jesús, que en el Japón habían sido crucificados y alanceados por la fe que predicaban, encendiéndose la santa niña en vivos deseos de ganar almas a Cristo y derramar su sangre en esta demanda, dejó secretamente, como santa Teresa de Jesús, la casa de sus padres y se puso en camino para ir a la conversión de los pueblos bárbaros e idólatras: mas no pudiendo llevar a cabo su intento, se hizo en una pieza muy retirada de su casa su yermo y soledad, donde apartada de todas las cosas del mundo, pudiese vivir para solo Dios. Allí imitó la vida asperísima y penitente que leemos de los admirables anacoretas de la Tebaida. Llevaba hincada en la cabeza una corona de punzantes espinas, ceñía su delicado cuerpo con áspero cilicio, poníase piedrecillas en los zapatos, tomaba su breve descanso sobre una cruz sembrada de espinas, y afligía varias veces así de día como de noche todos los miembros de su cuerpo con inauditas invenciones de tormentos. Eran tan extraordinarios y maravillosos sus ayunos que pasaba a veces ocho y diez días sin comer más de una onza de pan duro. A pesar de este extremado rigor que usaba consigo, era tan blanda y afable con los demás, que fácilmente rendía los corazones de cuantos trataba, y los sanaba para Jesucristo; y así redujo a vida honesta y virtuosa a muchos pecadores de toda condición y estado que se hallaban encenagados en los vicios, o muy apartados del camino de su salvación. Las consolaciones y soberanos favores que recibía en su íntimo trato con Dios, no son para declararse con palabras humanas. Viéronla levantada de la tierra y brillando su rostro con una luz del cielo: tuvo excelente don de profecía y discreción de espíritu, curó a muchos enfermos, y resucitó a una mujer difunta. Finalmente habiéndose ofrecido al Señor para satisfacer con su muerte por los pecados del pueblo afligido a la sazón por la pestilencia que hacía en Quito grandes estragos, a la edad de veintiseis años entregó su alma al celestial Esposo. Una maravilla del cielo se vio momentos después de expirar la purísima doncella y fue que de su sangre cuajada brotó una blanquísima y hermosísima azucena: por cuyo soberano acontecimiento comenzaron a apellidar a la santa con el nombre de Azucena de Quito. Fue canonizada por Pío XII en 1950.
 
Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, P. Francisco de Paula Morell SJ. Ed. Difusión, S. A., Buenos Aires, 1943.
  
REFLEXIÓN
¡Qué contraste forma la vida de esta santísima doncella con la que llevan las doncellas mundanas de nuestros días, ataviadas con todas las invenciones de la moda y escandalizando con su inmodestia y profanidad! Pero aquélla con su retiro, su modestia, su honestidad y mortificación admirable fue una gran santa, y está gozando de inefable gloria en el cielo; y ¿qué será de esas jóvenes tan vanas, distraídas, orgullosas y sensuales, tan enemigas de la verdadera piedad, y tan amigas de los placeres del mundo?
  
ORACIÓN
¡Oh Dios!, que hasta en medio de los lazos del mundo quisiste que la bienaventurada Mariana floreciese como lirio entre las espinas, por su virginal castidad y asidua penitencia; concédenos por sus méritos e intercesión, que nos apartemos de los vicios y sigamos la senda de las virtudes. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

miércoles, 11 de mayo de 2016

GRITOS DE ADÚLTEROS DESDE EL INFIERNO

Para los que viven en concubinato, y para Bergoglio y Kasper.
  
GRITOS DE UN ADÚLTERO DESDE EL INFIERNO
  
Ponat te Dóminus sicut Sedecíam et sicut Achab, quos frixit rex Babylónis in igne: Pro eo quod fecérint stultítiam in Israël, et mœcháti sunt in uxóres amicórum suórum. (Jeremías Cap. 29 Vers. 22-23)
 
¡Ay de mí una, y mil veces! Y ay de mí, ahora más que nunca, tanto por cuanto aquí padezco, como por lo que padezco en emplearme a desviarte del adulterio, porque deseo inflexiblemente tu condenación; y como sé cuán cierta será si estás encartado en ese vicio, no quisiera que, amedrentado de oír lo que padezco yo por adúltero, dejases tú de serlo y te salvaras: pero fijo te sucederá lo que a mí, que este miedo solo me movía a proponer dejar la mala amistad, pero no a dejarla; y como tú te portes asi, yo no he menester más para salir con mi pretensión que es tu eterna ruina: porque, como con ese propósito nos condenamos todos los adúlteros, también tú te condenarás con él.
 
La razón porque este vicio nunca se piensa proseguir, y nunca se llega a dejar, es, porque cuando falta el deleite del apetito, se sigue por la estimación de la persona; y cuando uno y otro falta se continúa, porque en castigo de los pecados antecedentes, permite Dios los siguientes; y en pena de estos y aquellos, el morir (¡oh qué horror!) sin penitencia, o por falta de tiempo, o por sobrada confianza del perdón, o por no ver la puerta para entrar en él, muriendo tan ciegos como vivimos; motivo por qué en Grecia antiguamente castigaban al adúltero, arrancándole los ojos.
  
Con que ahora solo es mi temor, no sea cosa, que escarmentando en mí, no te contentes con el propósito, sino que rompas luego por todo, y ahora mismo cortes esa amistad, te arrepientas y confieses. Esto es lo que me da pena, porque esto es lo que a tí te ha de dar la Gloria; y no es solo por el odio que a tí tengo, sino por el que tengo a Dios; del cual, como no puedo vengarme en su Persona, quisiera verlo aquí arder en su estatua, que eres tú. Quisiera, porque veo en tí, como en espejo su Imagen, hacer pedazos el espejo, ya que no puedo la Imagen, y que ardieras como yo en estas atroces llamas, pero me obligan a que con ellas te desvíe de ellas, forzándome a que para esto te intime lo que Jeremías en el tema: Póngate Dios como a Sedequias, y Acab, que fueron freídos en el fuego por necios, porque adulteraron con las mujeres de sus amigos.
  
Repara, no en el fuego que ahí los quema, sino en el que aquí los abrasa, y pondera lo que va de fuego a fuego. Lo primero porque ese fuego es natural, y éste sobrenatural, y si a ese da tal vigor la naturaleza, ¿cuál y cuánto será el que a este dará el mismo Autor de la naturaleza montando en ira? Lo segundo por el fin; porque si ese fuego que crió, para sazonarte la comida, y para defenderte del frio es tan atroz, ¿qué será este, que lo crió Dios, no para defender, sino para ofender? ¿No para dar recreo, sino para tomar venganza? Lo tercero, porque si ese fuego hiere tanto sin entrañarse en el cuerpo, sino con tostar solo la superficie de él, ¿Qué impresión hará este, que abrasa desde afuera, y nace desde dentro, engendrándose en el vientre del mismo que padece?
  
Por esto no dice el Tema: que los adúlteros se asan en el fuego, sino que se fríen: porque a lo que se asa no le toca inmediatamente el fuego, sino su calor; pero a lo que se fríe, no solo toca el aceite ardiendo, sino que lo envuelve, y zabulle en sí, hasta que penetra, y enciende, las entrañas, y si un licor tan blando como el aceite recibe fuerza tan dura de este fuego mira, la fuerza que recibirá de éste un material tan acre como el azufre. En este, pues, oh adultero, has de arder, y has de rebullir, no solo asado en él, sino freído en él, cercado de él, y tan atravesado de él, que entrará quemando en tus entrañas, y saldrá quemando de ellas sofocándote el aliento la negra respiración de su espeso encarcelado humo, y contristándote el corazón su macilenta amarilla espantosa luz.
  
¿Quién creerá que aún es nada lo dicho, respecto de lo que es en la verdad; y qué lo dicho, y que lo que es en la verdad es menos, respecto de su extensión? Ya sé, no ignoras que es infinita, pero también sé, que no sabes qué cosa sea esta infinidad. Excede lo infinito a todo humano alcance, mayormente mientras la carne tápala vista del entendimiento; y asi nunca podrás comprender lo eterno hasta que lo padezcas; porque habiéndose de discurrir lo que pasa por lo que ahí ves, necesariamente has de errar la idea, pues ahí ves que el fuego acaba al paciente, y que cuanto el fuego es más grave, es más breve su pena; porque como lo priva antes de la vida, lo desocupa antes del sentimiento.
  
Para desacertar menos la idea, “figúrate a un hombre dentro de un horno encendido, en que está ardiendo siempre, y siempre viviendo, porque por milagro de Dios, ni el hombre muere, ni el fuego mengua”: figúrate lo qué está allí poseído todo de volcanes brotando por cada poro un surtidor de llamas, y que por no tener salida vuelven de reflexión a ingerírsele por todos sus sentidos; que Dios hace, que ni el humo, ni el fuego le entorpezcan, ni emboten el juicio, ni el sentimiento, sino que lo tenga tan vivo como tú ahora. Considera cuanto padecería si estuviera toda una noche de está lastimosa suerte, pues idéatelo asi, no una noche y sino todo un año; todo un siglo, en fin, gasta la vida en añadirle más años, y más siglos, padeciendo en ese estado eso que te parece insoportable por una noche, que tampoco harás imagen adecuada de lo que aquí has de pasar, tanto por lo que va de fuego a fuego, como porqué cuanta duración le des, toda será de tiempo que tenga fin, y esta no lo ha de tener: punto a que no puede llegar por limitado tu pensamiento.
 
Conoce ahora, oh adúltero, tu error, pues por un gozo tan limitado te arrojas a sufrir lo que no se puede pensar, pues por apagar una llamarada del cuerpo, despeñas cuerpo y alma al fuego de una duración tan infinita y de una tan exorbitante actividad: Poco es tratarte el Tema de necio; poco el tratarte la Escritura de ciego, de fatuo, de irracional y de insensible, pues todo esto aspira innatamente a su conservación, y huye de su ruina: ninguno y en fin, como dicen, es necio para su negocio y conveniencia. Solo tú, oh malaventurado, abandonas el negocio de tu mayor conveniencia por tu eterna perdición.
 
No haré tal, dices a esto, porque no espero sino ocasión para salir de semejante empeño, recogerme, y tratar de mi salvación, y esto lo haré antes de mucho, si Dios me da vida: luego si Dios no te la da, y te la quita antes, y quieres morir en tu pecado, y condenarte: luego quieres, mientras no suceda esto que dices, proseguir en negar a tu Dios la obediencia, y que después Dios te dé el Reino de los Cielos. ¿Esto puede hacerlo creer, ni aun el demonio? ¿Él puede persuadirte lo contrario que él experimentó? No lo creo, sino es apagándote antes la lumbre de la razón, y cegándote el entendimiento. Asi lo hace, para que asi te pierdas. Pues oye el pregón, que voz en grito promulga
 
Dice por San Pablo (I Cor. 6.): No os hagáis ilusiones, hombres, no queráis errar; sea manifiesto a todos, que los adúlteros no poseerán el Reino de los Cielos: los adúlteros no poseerán el reino de los cielos. Dios es quien lo dice, y no por mi boca, sino por la del Apóstol; y asi, no tienes sino tres salidas, o el no creer a Dios, o el apartarte de esa mala amistad, o el perder el Reino de los Cielos. Nota, que no dice no erréis, sino que no queráis errar; y es, porque aquí, muchos de nosotros gritamos, que lo erramos, porque nos faltó la luz de la noticia clara (Sapient. 5); y como San Pablo os la da, con esto dice, no que no erréis, sino que no queráis errar: Nóllite erráre; porque después de este aviso, si proseguís en el adulterio, ya será errar, no porque lo ignoráis, sino porque queréis errar: ya será condenaros, porque os queréis condenar; pues Nóllite erráre.

GRITOS DE UNA ADÚLTERA DESDE EL INFIERNO
  
Et judicábo te judíciis adulterárum, et effundéntium sánguinem: et dabo te in sánguinem furóris et zeli. (Ezequiel Cap. 16, Vers. 38)
 
¡Oh! Mujeres, no necesitáis más que oír las Escrituras, para confundiros, porque en él para aterrar Dios al Pueblo que mató a Cristo, dice, que lo ha de juzgar con el rigor que a las adulteras, ¡Oh, qué asombro! Ved, cual será, oh adúlteras, el rigor con que se ha de juzgar esta culpa, cuando amenaza Dios con él para espantar a otros, ¿Cuál será, cuando aún en el divino idioma, se alza con la antonomasia de los rigores? ¿Cuál será, cuando guarda este rigor, para encarecer su ira? En fin, es el pendón negro, que enarbola su justicia, cuando se desafuera: “judicábo te judidíciis adulterárum”.
 
Repara, que no dice a juzgarlos con el castigo de los adúlteros, sino de las adulteras; y es, porque como es más grave esta culpa en la mujer que en el hombre, es también más grave su pena. Es más grave su culpa, ya porque rompe más frenos para caer, pues además de los espirituales quebranta los de su natural modestia; ya porque regularmente da ocasión al pecado, pues no surtiera efecto, si ella no hubiera dado, o permitido la causa. Por esto amenaza Dios con el castigo en las Escrituras, no de los adúlteros, sino de las adulteras: Adulterárum.
 
Prosigue diciendo, se portará como el marido celoso, que encuentra a su mujer adulterando. Notad, que en este delito, a diferencia de otros, se embravece el marido con una ira, que ni da, ni toma tiempo para la venganza, que ni la compasión lo mitiga, ni ruegos lo templan; antes, echando por tierra a cuantos se interponen, se arroja con una daga desesperado a ella; y después de haberla degollado, reproduce en su pecho tanta herida, que a no quedar sobradamente muerta del acero, muriera anegada de su sangre: Et dabo te in sánguinem. Usa Dios de este símil, porque entre los humanos es el más inexorable, no porque esta ira sea ni aun sombra de la suya. ¿Qué tiene que ver un castigó con otro? Pues allí, la adultera, ya (puede aunque no suceda) entre los agonizantes vuelcos de la muerte salvar con una contrición su alma; pero Dios quita la vida temporal, y el tiempo para la eterna. Esta sí que es venganza digna de temerse (Luc. 12, 5). “Voy a deciros a quién debéis temer: Temed aquel a aquel que, después de haber dado la muerte, tiene poder de arrojar en la Gehenna. Sí, os lo digo, a Aquel temedle”
 
En fin, para que conozcas el exceso, dice en las Escrituras, que no solo te ha de castigar cómo poseído de celos, sino de furor: Et dabo te in sánguinem furóris, celi. La ira de los celos compara la escritura al Infierno: Dura sicut inférnus emulátio. Luego, si a la ira del Infierno se añade la del furor, ya no hay con quien compararla por no haber extremo que aventaje a la ira del abismo. Considera, pues, a un Dios sumamente Omnipotente, sumamente sobre airado, celoso; sumamente celoso, enfurecido: ¿hasta dónde llegará con su venganza? Por esto le rogaba David no lo castigara tomado del furor: Ne in furóre tuo arguas me. ¿Y tú, oh delicada y pobre mujer, no temes lo que hacía temblar a un David, que no temía Osos, ni Leones?
 
No temes nublado tan sangriento, porque te lo finges muy distante: ¡pero oh desventurada, cuán presto caerá sobre tí este aguadero de tempestades! ¿Tiénete consolada la seguridad de que no hay riesgo de que tu marido, vea, sepa, ni castigue tu traición, y no te aflige el que la Ve, la sabe, y la ha de castigar todo un Dios, armado de ira, furor, y celos?
 
Un remedio tienes para tu enmienda, que es temer a Dios más que a tu esposo; asi no ofenderás a tu esposo, ni a Dios; porque a diferencia del marido, Dios siempre te verá, y tu esposo por no ser a su vista desleal, (por no verte) siempre le parecerás fiel. Y no harás mucho con esto; pues si temes más a una araña, que te corre por el hombro, que a un mosquito, porque la araña te puede hacer más daño; más debes temer a Dios, que al marido, pues cuantas muertes podía darte éste, son un mosquito, respecto del mal que puede hacerte Dios; pues todo el mal de aquel no puede pasar del cuerpo: razón por que no merece ser el más temido; pero el de Dios se extiende a la perdición eterna, y temporal de tu alma y cuerpo; que como es todo lo que hay que perder, es solamente lo que es digno de todo tu temor: No te digo más, que lo que Cristo por San Mateo 16, 26: Porque ¿De qué sirve al hombre si gana el mundo entero, más pierde su alma?... Verdad es, que no ha de ser un temor de Dios, como el asido con alfileres, que en llegado la tentación te lo desprendas, sino un temor clavado en el pecho, como lo pedía David. Y si el motivo era el temor de los juicios, adúltera, ¿cuál ha de ser el tuyo? No hay otro medio para evadirlo, que desde ahora clavar este temor de Dios en tu corazón, y tu corazón en él, como Susana, que se resolvió a perder la vida, mas no la honra suya, y de los suyos, por no cometer un adulterio, un adulterio que no lo había de saber la tierra entera; y nada temió, según el Crisóstomo, por temer solo a quien nada se le esconde, que es Dios. Y esta honrada y generosa determinación le valió no perder la honra, ni la vida con que le amenazaban, y ganar para con los hombres; honra, mientras el mundo fuere mundo; y para con Dios honra, y alabanza, mientras Dios fuere Dios.
 
Ya, pues, oh casada, te mostré el agua, y el fuego y extiende a tu elección la mano, hacia el agua de la pureza que te salve, o hacia al fuego de la lascivia, para que te abrase, y te condene. Dios, que es verdadero por naturaleza, te desengaña para que no te dejes engañar del hombre, que por su naturaleza es mentiroso. Ese amor que te muestra el hombre, sabe que no es a tí sino a sí mismo: no ama tus méritos, sino a su pasión.
 
No caigas en el error que yo, (condenada por adultera) y no trates de apegarte de esas ficciones. Mira con qué ansia, con qué sed, y a costa de qué inclemencias solícitas sigue un cazador a la perdiz o liebre, las cuales, aun sin discurso no estiman, antes huyen de quien las busca, por saber no las siguen, ni desean por afecto a ellas, sino por satisfacer su gusto al Cazador que es el de quitarles la vida.
  
Considera, oh simple mujer, que por lo mismo, y para lo mismo te obsequia, sigue y busca ese mal hombre, no por admiración a tu persona, sino para satisfacer a su apetito; no para darte obsequio sino, para quitarte la mejor vida.
 
¿Cómo puedes creer que te quiera bien, aunque lo exprese el que te solicita, y desea tanto mal? ¿Pues qué, si supieras lo que en su concepto desciendes, si condesciendes, no es ponderable lo que bajas, aun en su estimación misma, qué será en la de los que, o lo saben, o lo presumen? Con que para con ninguno ganas, y pierdes para contigo, para con Dios, para con los hombres, y aun para con el mismo cómplice: Y después de perdición tan universal en esa vida, te espera en esta un juicio, y rigor, que no tiene ejemplar, y que sirve de ejemplar para explicar Dios con él sus rigores más graves, y juicios más horrendos.