«Para el mundano, la vida no es más que un espacio, que hay que atravesar lo más lentamente que se pueda por el camino más llano; pero no la considera así el cristiano, porque sabe que todo hombre es vicario de Jesucristo para trabajar en la redención de la humanidad por el sacrificio de sí mismo, y que, en el plan de esta grande obra, cada cual tiene un puesto señalado de toda eternidad, que puede, a su arbitrio, aceptar o rehusar. Sabe que si voluntariamente deserta del puesto que le ofrecía la Providencia en la milicia de las criaturas útiles, otro será favorecido con ese puesto, y él, extra fuga, será abandonado a su propia dirección en la ancha y corta vía del egoísmo».
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.

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