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A PESAR DE ESCRIBIR EN LATÍN...

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jueves, 5 de noviembre de 2015

EL CULTO A LAS SAGRADAS RELIQUIAS SE REMONTA AL ANTIGUO TESTAMENTO

La Beata Ana Catalina Emmerick fue muy esclarecida por Dios en el conocimiento místico de muchos detalles del Antiguo y el Nuevo Testamento (no para remplazar ni continuar la Revelación pública, sino para ilustrar a los fieles sobre el significado y razón de muchas cosas en la fe y las costumbres de la Iglesia). Sobre el culto de las Reliquias, tuvo varias visiones en Agosto de 1820, que el escritor Clemente Brentano transcribió posteriormente:
He visto la correlación de los misterios de la Encarnación, de la Redención y del Santo Sacrificio de la Misa y cómo María comprende lo que ni el mismo cielo puede comprender. Estas visiones se extendían a todo el Antiguo Testamento. Vi los sacrificios desde la primera oblación y entendí la admirable significación de los santos huesos (reliquias). Vi la significación de las reliquias de los altares donde se dice la Misa.
 
Vi los huesos de Adán descansar en el monte Calvario, y por cierto, algo sobre el nivel del mar, exactamente bajo el lugar en que Cristo fue crucificado. Miré dentro de una cueva y vi el esqueleto de Adán. Vi que las aguas del diluvio habían dejado intacto este sepulcro; que Noé tenía en el arca parte de esos huesos; que los puso en el altar cuando ofreció el primer sacrificio, como después hizo Abrahán, y que los huesos que éste colocaba en el altar eran los mismos de Adán, que había recibido de Sem. Así la muerte de Jesucristo en el Calvario, sobre los huesos de Adán, es una significación de la santa Misa, que se celebra sobre las reliquias que están en el arca del altar. Los sacrificios de los patriarcas eran una preparación a este sacrificio de la Misa. Así, mediante los huesos que los patriarcas ponían sobre el altar, recordaban a Dios sus promesas.
  
Vi a Noé ofrecer en el arca sacrificios de incienso; el altar estaba cubierto de blanco y rojo. Siempre que sacrificaba u oraba ponía en él los huesos de Adán. Estos huesos los poseyó luego Abrahán, a quien los vi poner en el altar de Melquisedec. La parte posterior del altar miraba al norte. Los patriarcas edificaban siempre el altar en esta posición, porque el mal venía del Norte.
  
También vi a Moisés orando ante un altar donde estaban los huesos de Jacob. Cuando derramaba sobre el altar alguna cosa, levantábase una llama y en ella echaba el incienso y los perfumes. En la oración conjuró a Dios por la promesa que el mismo Dios había hecho a aquellos huesos. Oró muy largo tiempo hasta que le rindió el cansancio; pero a la mañana siguiente se levantó para orar de nuevo. Moisés oró con los brazos en cruz. Dios no puede resistir a esta oración, pues su propio Hijo ha perseverado orando así en la cruz hasta la muerte. Como había visto orar a Moisés, así vi también orando a Josué cuando el sol se detuvo por su mandato. [N. del E. La oración con los brazos en cruz es práctica habitual tras la Consagración en los ritos Dominico, Cartujo, Carmelita y Sarum de la Santa Misa].