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domingo, 30 de noviembre de 2025

EVITAR LA GULA Y LA PREOCUPACIÓN MUNDANA, PARA NO SER SORPRENDIDOS EN EL DÍA DEL SEÑOR


«Cuando el Salvador instruía a sus discípulos sobre el adviento del reino de Dios y el fin del mundo y de los tiempos, y enseñaba en aquellos Apóstoles a toda su Iglesia, dijo: “Velad, pues, sobre vosotros mismos, no suceda que se ofusquen vuestros corazones con la glotonería y embriaguez, y los cuidados de esta vida” (Luc. XXI, 34). Este precepto, carísimos, reconocemos que se refiere en modo especial a nosotros, a los cuales el día anunciado, si bien escondido, no hay duda que esté cercano. Es oportuno que todo hombre se prepare a su advenimiento: a fin que no encuentre a ninguno dedicado al vientre o atrapado en las preocupaciones mundanas. Porque, carísimos, la experiencia cotidiana demuestra que la agudeza de la mente es ofuscada por la saciedad de la bebida, y el vigor del corazón es debilitado por el exceso de comidas; así que el placer de comer es contrario incluso a la salud del cuerpo, a menos que la razón de la templanza se oponga a la atracción y sustraiga al placer lo que será una carga. Porque aunque la carne no desea nada sin el alma, y de ella recibe los sentidos de los cuales toma también el movimiento, es tarea del alma negar algunas cosas a esta sustancia que le está sometida, y con un juicio interior frenar los excesos exteriores; a fin que, más a menudo libre de los corpóreos deseos, pueda atender a la divina sabiduría en el aula de la mente: donde, acallando todo estrépito de las preocupaciones terrenas, se deleite en las meditaciones santas y en las delicias eternas».
   
SAN LEÓN MAGNOSermón 8.º sobre el ayuno del mes décimo. En Migne, Patrología Latína LIV, cols. 185-186. Traducción propia.

lunes, 2 de diciembre de 2024

viernes, 16 de diciembre de 2022

LAS MISAS DE AGUINALDO: UNA ANTIGUA TRADICIÓN LITÚRGICA DE ANDALUCÍA, LAS AZORES, MÉJICO Y FILIPINAS

Adaptación por Juan Carlos Valeriano Araneta Montinola del artículo publicado por el padre Fidel Villaroel OP en Philippiniana Sacra Vol. XXXIV, N.º 12 (Sept. - Dic. de 1999). Traducción propia.
 
LAS MISAS DE AGUINALDO: UNA ANTIGUA TRADICIÓN LITÚRGICA DE ANDALUCÍA, LAS AZORES, MÉJICO Y FILIPINAS


Cada año, cuando la popular novena de las “Misas de Aguinaldo” está a punto de comenzar el 16 de diciembre, los periodistas de nuestros diarios consideran oportuno y pertinente escribir una columna en la sección editorial sobre la naturaleza y el significado de esta tradición religiosa filipina. Revisando al azar varios números de mediados de diciembre de algunos periódicos en los últimos más de 40 años, uno encuentra los escritos bastante repetitivos, superficiales y estancados. Hay pocos avances en el campo de la investigación sobre los orígenes de estas misas y el motivo de su celebración. Hay confusión incluso sobre los nombres de Gallo y de Aguinaldo.

Infructuosos son también los esfuerzos de estos escritores por establecer el origen de estas misas. Porque mientras esta costumbre religiosa parece y suena típicamente filipina en los cantos, el ambiente y el entorno, algunos pensarán en posibles supervivencias paganas en estos ritos cristianos, otros sitúan sus orígenes en Méjico o tal vez en España; o tal vez no, porque hoy son desconocidos allí. Y, por último, existe una gran variedad de opiniones sobre el motivo o las intenciones por las que se celebran las misas a tan tempranas horas de la mañana.

Siendo estas misas una de las tradiciones religiosas más antiguas, si no la más venerable, que aún existe en Filipinas, ha parecido conveniente emprender un trabajo de investigación sobre estas cuestiones para aclarar, en la medida de lo posible, los diversos puntos de duda que a menudo se plantean sobre las Misas de Aguinaldo.
  
MISAS VOTIVAS
Antes de hablar de los orígenes de las Misas de Aguinaldo en Filipinas, conviene hacer un breve preámbulo sobre el carácter litúrgico de estas Misas, especialmente para los lectores laicos que no están familiarizados con los tecnicismos de los rituales y la gran variedad de Misas que se celebran a lo largo del año.

Las Misas de Aguinaldo pertenecen a un tipo especial de misas llamadas votivas en los libros litúrgicos. Las misas votivas son aquellas que no se corresponden con el Oficio del día (las oraciones rezadas por los sacerdotes en el Breviario y la misa ofrecida por ellos), sino que se dicen por elección del celebrante, con un texto especial y por intenciones particulares.

Cualquiera que maneje los pequeños libros del Misal diario para uso de los fieles se dará cuenta de que se ofrecen misas propias para todos los días del año. Se trata de misas propias diarias distribuidas a lo largo de los distintos tiempos del año litúrgico, es decir, Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y el largo tiempo postpascual llamado “Después de Pentecostés” hasta que el siguiente tiempo de Adviento abre un nuevo ciclo. Esto se aplica tanto a los domingos como a las misas semanales. Luego, hay misas propias de la celebración o conmemoración de las fiestas de los santos, que sustituyen a la misa del tiempo correspondiente.
   
Pero además de estas misas diarias asignadas a todos los días del año, existen en el Misal Romano, y se encuentran al final del mismo, una gran variedad de misas especiales llamadas votivas, que el sacerdote, no arbitrariamente sino siguiendo ciertas normas litúrgicas establecidas por la Iglesia, puede elegir celebrar en días especiales por motivos y necesidades particulares en sustitución de las misas asignadas a un día determinado: como una misa votiva de la Virgen María, del Espíritu Santo, de San José, por los difuntos, en un aniversario de muerte, etc.

La práctica de decir misas votivas es muy antigua en la Iglesia, remontándose al siglo IV. Los cristianos comenzaron entonces a pedir, y la Iglesia a celebrar, misas especiales por intenciones particulares, por ejemplo, por los muertos, por la protección contra los enemigos, por la unidad, por la paz; misas en tiempo de terremotos o tormentas, por una buena cosecha, por los refugiados, etc. Más tarde, en la Edad Media, la Iglesia introdujo las misas votivas en honor de los santos (aparte de los santos del día), santos considerados como intercesores especiales ante Dios para obtener determinados beneficios espirituales o temporales; misas, por ejemplo, en honor de San Rafael en vista de un largo viaje que se iba a emprender, a San Roque contra las plagas, etc.

Además, también se celebraban misas votivas para uno u otro día de la semana relacionadas con algún santo o misterio cristiano, bajo ciertas normas litúrgicas. Por ejemplo, en honor de la Trinidad los lunes, del Santísimo Sacramento los jueves, de la Pasión de Cristo los viernes y, la más celebrada, incluso en nuestros tiempos, la misa votiva en honor de la Santísima Virgen María los sábados. Las misas votivas se han conservado a lo largo de los siglos, pero con el paso de los mismos, algunas de ellas se mantuvieron en el Misal Romano, como las más adecuadas a los tiempos, mientras que otras se eliminaron.

Las Misas de Aguinaldo, al ser misas votivas introducidas por una iglesia particular (España, Méjico o Filipinas) no tienen un texto especial propio en el Misal Romano universal. Pero Roma las ha reconocido como misas votivas privilegiadas, celebradas “por motivo grave o de peso” (pro re gravi) y con asistencia masiva de fieles. El privilegio que se les otorga se manifiesta al permitir que se celebren en lugar de las misas diarias del tiempo de Adviento, que están catalogadas en el calendario litúrgico como días feriales de primera clase.

LAS NOVENAS DE ADVIENTO Y MARÍA EXPECTANTE
Como todo católico sabe, el Año Litúrgico de la Iglesia comienza con el primer domingo del tiempo de Adviento. El Adviento es un período de preparación para la celebración de la Natividad de Cristo. Toda la liturgia de Adviento, incluyendo el Oficio Divino recitado por los clérigos, y la Santa Misa, expresan con un hermoso espíritu místico los profundos sentimientos y los ardientes anhelos de la Iglesia por la llegada del esperado Mesías y Salvador del Mundo.

En esa atmósfera de espera, dos personajes bíblicos dominan las lecturas sagradas, las antífonas y los cantos, como símbolo de la proximidad del gran acontecimiento. De las cuatro semanas de Adviento, la liturgia de las dos primeras se centra en el Precursor San Juan Bautista predicando en el desierto con la poderosa voz de un gigantesco profeta. En la tercera y cuarta semanas, la liturgia se centra en la persona más cercana a Cristo, María, la Madre expectante.

Es de especial interés para nuestro estudio subrayar cómo al acercarse la Navidad, la liturgia utiliza varias series de oraciones en el Oficio y en la Misa en número de siete, ocho y nueve. Una de estas series es precisamente la novena de misas que se celebra en Filipinas, conocida como Misas de Aguinaldo. En concreto, a partir del 17 de diciembre y hasta el 23 de diciembre, el Oficio Divino utiliza nuevos himnos para introducir los Laudes y las Vísperas. En los mismos días, se utiliza un conjunto de siete antífonas antes y después de cada salmo de Laudes y Vísperas. Los nuevos himnos y las siete antífonas transmiten con mayor intensidad que en los días anteriores un sentido de urgencia en la preparación espiritual para el misterio de la aparición de Dios en el mundo.

Entre la serie de antífonas utilizadas en la liturgia en esos días, hay siete que se llaman “Antífonas mayores” y también “Antífonas de la O”. Estas antífonas se recitan o cantan antes y después del canto de María, el Magnificat, en las Vísperas, desde el 17 de diciembre hasta el día de Nochebuena. Todas las antífonas comienzan con la exclamación “O” (Oh Llave de David, Oh Emmanuel, Oh Flor de Jesé, etc.), y terminan con el vívido grito de “ven” dirigido al Redentor que se acerca. Estas antífonas son de contenido cristológico, pero también mariano en el sentido de que se rezan junto con el Magnificat de María.

Más significativo aún para nuestro caso es que las misas de Aguinaldo son votivas en honor a María, algo que escapa al conocimiento de los fieles de a pie. Para hacer una breve digresión en este punto, las misas votivas en honor de María, que se dicen los sábados durante todo el año, están provistas de un texto especial los sábados de Adviento (de témpore Advénti). Se llaman Misas “Roráte” por las primeras palabras del canto de entrada Roráte Cœli désuper («Que las nubes hagan llover al Justo»); el verso que precede al Evangelio es Ave María llena de gracia, el saludo angélico de la Anunciación; y la antífona de la Comunión comienza con las palabras La Virgen está con el Niño. Para mostrar la íntima conexión entre el último período del Adviento y la devoción a María la Theotokos (Madre de Dios) expectante, volvamos la atención a España, donde las Misas de Aguinaldo tuvieron su origen.

Antiguamente, la Iglesia en España y en algunas partes de Francia celebraba el 18 de diciembre una fiesta en honor de la Virgen María llamada "Expectación del parto de María", y con otros nombres "Nuestra Señora de la Esperanza" y "Nuestra Señora de la O". Nuestra Señora de la Esperanza se refería, obviamente, a la esperanza de que pronto nacería un Niño de María. Nuestra Señora de la “O” tenía referencia a lo que hemos explicado antes, es decir, a la recitación de las antífonas mayores “O” antes y después del canto de María Magnificat en las Vísperas del Oficio Divino. A este respecto es interesante que María de la O es un nombre que antiguamente se usaba en España para las mujeres, quizás no muy comúnmente, y probablemente no se ha dado a ninguna mujer en nuestros tiempos.

Para el propósito del presente estudio, lo que es más importante señalar es que las misas de Aguinaldo eran y son, de hecho, misas votivas en honor a María. El color de los ornamentos litúrgicos de estas Misas no es el morado del Adviento, sino el color de todas las Misas marianas, el blanco; y el texto de las Misas de Aguinaldo era el de las Misas votivas para María “témpore Advéntus” (en Adviento). Y para mayor y última prueba de su carácter mariano, está la intención explícita de dedicarlas a María como se hizo en los países de España, Méjico y Filipinas desde el principio.

MISAS DE AGUINALDO EN ESPAÑA
No nos es posible determinar la época exacta en que se introdujo en España la práctica de celebrar las misas de aguinaldo. Sabemos, sin embargo, que ya en el siglo VII se decía allí la Santa Misa por las intenciones particulares de algunas personas, y que antes del siglo VIII se celebraban allí misas votivas en honor de la Santísima Virgen María. Pero no es hasta las últimas décadas del siglo XVI cuando los documentos demuestran que en España se celebraban misas llamadas de Aguinaldo.
    
El primer testimonio disponible al respecto procede del famoso canonista y misionero jesuita en Filipinas, el padre Pedro Murillo Velarde. En su obra «Cursus Juris Canonici Hispanici et Indici», publicada en 1743, Murillo cita un cierto libro canónico clásico con el nombre de “Grijalbanus” para afirmar que «el Papa Sixto V concedió la indulgencia plenaria a los que asistieron a estas misas, que llamamos en español “de Aguinaldo”». Ahora bien, Sixto V fue Papa desde 1585 hasta 1590. Esta concesión [Breve “Licet is de cujus múnere”, del 5 de Agosto de 1586, que otorgaba 20 años y 40 días de indulgencia por la asistencia a estas Misas, N. del T.] presupone que tales misas estaban bien establecidas al menos en algunas partes de España antes de la última década del siglo XVI. Además, por otros testimonios, tenemos conocimiento de que en 1585 se decían las Misas de Aguinaldo en Méjico, y siendo así, debieron existir en España mucho antes.
  
Incluso el propio nombre apelativo de estas misas denota un origen español. En relación con ellas, siempre ha existido en España la Misa de Gallo, que se celebra en la medianoche del 24 de diciembre, incluso hoy en día, y que es utilizada erróneamente por muchos filipinos al referirse a la novena de misas de alba que se celebra en este país. En España, cuando existían las Misas de Aguinaldo, se celebraban en las primeras horas de la mañana. Es curioso que los documentos antiguos a este respecto utilicen dos grafías diferentes de la palabra. Por ejemplo, encontramos en una obra de Aloysius Gardellini (1856) el uso de “Aguilando” y “Aquilando”, mientras que otros autores, como el padre Vicente Salazar, O.P. (1742), los Anales Eclesiásticos de Filipinas (finales del siglo XVIII) y el padre Benito Corominas, O.P. (1875) lo escriben como lo hacemos hoy, es decir, “Aguinaldo”. Aguinaldo es una palabra española de uso muy limitado, pues significa “un regalo de Navidad”, es decir, un regalo que se hace durante la época navideña, especialmente el día de Navidad, Año Nuevo y Reyes. Y nunca se utiliza cuando se hace un “regalo” durante el resto del año.

En cuanto a por qué se utiliza este nombre para estas misas, una interpretación podría ser que los fieles cristianos ofrecen a Dios nueve misas como regalo con motivo del Nacimiento de Jesús, a él y a su madre. Otra podría ser que la Iglesia se alegra de recibir de Dios el regalo de su Hijo, el Verbo, en el momento en que nace humano. Desde sus inicios en España, un rasgo peculiar de estas misas era que se decían mucho antes que las misas diarias ordinarias.
   
En tres documentos del siglo XVII que se refieren a estas misas, se dice que se celebran «summo mane» (muy temprano), «ad auróram» (al amanecer) y «ántequam dies illúxerit» (antes del amanecer). Llegamos ahora a la constatación de los hechos históricos. Dos documentos fidedignos atestiguan la existencia de las Misas de Aguinaldo en España a finales del siglo XVII en dos diócesis de España, a saber, Sevilla y Granada.
    
Los interesados de ambas diócesis remitieron a la Sagrada Congregación de Ritos sendas consultas en las que se describían las misas y se pedía la aclaración de algunas dudas.
   
En diciembre de 1676, el padre Diego Díaz de Escobar, Maestro de Ceremonias de la Iglesia Catedral de Sevilla, presentó a la Sagrada Congregación de Ritos una lista de nueve consultas sobre diversas costumbres practicadas en esa Archidiócesis. La pregunta 7 se refiere a las misas llamadas popularmente de Aguinaldo. De los términos de la exposición, extraemos los siguientes elementos que las describen:
  • Las Misas de Aguinaldo se celebran nueve días antes de la Natividad de Cristo;
  • Se dicen al amanecer;
  • Estas misas votivas son llamadas por el pueblo “de Aguilando”;
  • Se celebran en honor de la Madre de Dios expectante;
  • Se dicen no sólo en los días ordinarios de la semana (días feriales), sino también en los días de fiesta especiales (de clase duplex) y en los domingos;
  • Al igual que en las grandes fiestas, se canta el Gloria y el Credo, y se reza una sola Oración;
  • Hay una gran devoción popular por estas misas.
La exposición y la consulta terminan informando a la Sagrada Congregación sobre ciertas anomalías y abusos que se habían deslizado en la celebración de las misas, que requerían un remedio.
   
De estas dos exposiciones se desprende que las Misas de Aguinaldo se celebraban en España mucho antes del siglo XVII con una solemnidad y un talante festivo no muy distinto al que vemos hoy en Filipinas. En vista de la segunda petición hecha desde Granada, es bueno tomar nota aquí de la intención explícita por la que se celebraban las misas: la fertilidad de los campos sembrados y la salud y el bienestar del pueblo. La intención era oportuna. Gran parte de las tierras de cultivo en España se siembran en la época otoñal a la espera de brotar en primavera.
    
No debo obviar una objeción que se suele hacer contra el origen español de las misas de Aguinaldo. La objeción proviene de lo que leemos en un informe escrito en el siglo XVII por un misionero jesuita en Filipinas, el padre Francisco Ignacio Alcina, informe que se citará con más detalle más adelante en este estudio. En sus extraordinarios estudios sobre todos los aspectos de las Filipinas de su época, especialmente de la región de las Visayas, Alcina no deja de ocuparse de las celebraciones religiosas, y en particular de las misas de Aguinaldo. Sobre ellas dice que la primera vez que las vio fue en Méjico, pero no en su España natal: «Que en España yo no la vi».
    
Esta afirmación necesita un breve comentario. El padre Ignacio Alcina nació en la ciudad de Gandía, provincia de Valencia, España, en 1610, y entró en la Compañía de Jesús en 1624. En 1631, cuando partió para Filipinas, su residencia era la ciudad de Zaragoza, en la región norte de Aragón. Que el padre Alcina nunca viera celebrar misas de Aguinaldo en España, como él afirma, es una cosa; que las misas no se dijeran en ningún lugar de España es otra muy distinta. El este de España, donde está Valencia, y aún más el norte de España, donde está Aragón, tienen temperaturas extremadamente frías en diciembre, mientras que el sur de España, la región andaluza de Sevilla y Granada, tiene un clima templado incluso en invierno.
   
Celebrar misas de Aguinaldo durante nueve días en el norte de España al amanecer en pleno invierno hubiera supuesto excesivas molestias para la gente, especialmente para los ancianos y los niños. Es poco probable que estas misas hubieran tenido una respuesta masiva favorable. Es, por tanto, muy posible que el padre Alcina no viera realmente las Misas de Aguinaldo en las zonas en las que transcurrió su vida temprana, mientras que tales Misas se celebraron ciertamente en las ciudades del sur, Granada y Sevilla, donde eran muy populares y a las que acudían grandes asambleas de fieles.
    
LAS MISAS DE AGUINALDO EN LAS AZORES Y  EN MÉJICO
Exploradores, conquistadores, colonizadores y misioneros; lengua, leyes, costumbres y tradiciones: todos ellos viajaron desde España hacia el Nuevo Mundo con las velas de los galeones. Este fue también el caso de la práctica de las misas de Aguinaldo. Fueron llevadas por los misioneros españoles a la Nueva España (Méjico) en los primeros años de la evangelización de América. En relación con estos viajes de tantas cosas del Viejo Continente al Nuevo, hemos encontrado con sorpresa que las Misas de Aguinaldo existieron, en algún momento del pasado, en las Islas Azores, un puente o peldaño colocado en medio del Océano Atlántico. Las Azores nunca han estado vinculadas a España; siempre fueron una colonia (hoy una región autónoma) de Portugal. En 1534, el pequeño archipiélago de nueve islas se convirtió en una diócesis, sufragánea de Lisboa, que recibió el nombre de “Angrénsis” por la ciudad de Angra, capital de una de las islas, la Terceira.
  
Ahora llegamos al punto de interés para nuestro estudio. En una fecha que no hemos podido establecer, un documento relacionado con esta Diócesis habla de una antigua costumbre de celebrar nueve Santas Misas en honor a la Virgen María antes de la Natividad de Cristo. El documento es una consulta elevada por esa Diócesis a la Sagrada Congregación de Ritos: «Si, en consideración a ser una costumbre muy antigua (antiquíssima), podría ser lícito celebrar las nueve Misas votivas en honor de la Santísima Virgen María antes de la Natividad del Señor, aunque algunas de ellas coincidan con la fiesta de Santo Tomás Apóstol [21 de diciembre] y en los domingos 3.º y 4.º de Adviento». La Sagrada Congregación respondió que, teniendo en cuenta la multitud de fieles que asisten a esas misas, pueden ser cantadas. No se da nombre a esta novena de misas, pero está claro que no tenían un carácter diferente al de las misas de Aguinaldo del sur de España.
  
El viaje a través del Atlántico terminó en Méjico, en la Nueva España. En Méjico, las Misas de Aguinaldo debieron ser introducidas en el siglo XVI por los primeros misioneros. Pues son objeto de un decreto promulgado por el III Concilio Provincial de Méjico celebrado en 1585. Dicho Concilio, presidido por el arzobispo Pedro Moya de Contreras, fue convocado con el fin de aplicar los decretos doctrinales y disciplinarios del Concilio de Trento. Fue el más importante y completo de todos los Concilios mejicanos y su influencia fue trascendental durante dos siglos.
   
El mencionado decreto forma parte del capítulo sobre «la celebración de las misas y del oficio divino», y dice lo siguiente «Nullus Missam ante auróram nec post merídiem (nisi privilégio sibi ad it concésso) celébret. Missæ vero quas hispánice de Aguinaldo vócant ántequam dies illúxerit ne celebréntur». (Nadie puede celebrar la misa antes de la salida del sol, ni por la tarde, a menos que se le haya concedido un privilegio para hacerlo. Además, las misas llamadas en español de Aguinaldo no deben celebrarse antes del amanecer).
   
De esta disposición conciliar se desprende que las Misas de Aguinaldo estaban bien establecidas en Méjico para el año 1585, pues el Concilio introduce un cambio en su celebración, es decir, en cuanto a la hora de su celebración que no debe ser antes del amanecer.
   
Cuarenta años después de este Concilio, las Misas de Aguinaldo siguieron siendo muy populares en Méjico, a juzgar por un informe que nos llega de la experiencia personal del misionero jesuita padre Ignacio Francisco Alcina, ya citado en este estudio. El Padre Alcina llegó a Méjico el 1 de agosto de 1631 en su camino a las Filipinas, dejando Méjico en febrero del año siguiente. Fue, pues, en el tiempo de Adviento de 1631 cuando presenció allí la celebración de las misas de Aguinaldo. Hemos aquí su informe:
«La primera vez que oí y vi estas manifestaciones festivas de las nueve misas (de Aguilando), fue en Méjico, donde su celebración está muy difundida. Fue en el Seminario para indígenas que nuestra Compañía [de Jesús] tiene en esa ciudad, llamado Seminario de San Gregorio, donde comencé a apreciarla por primera vez, [y esto no sólo] por las circunstancias conocidas y reveladoras de su celebración, sino también por su aire reverencial, religioso y solemne. Digo que llegó aquí [a Filipinas] desde Méjico sin ninguna duda (en España no la vi). Debió ser traída a estas Islas donde se celebra con no menos ostentación».
Y esta es la última vez que oímos hablar de la tradición mejicana antes de que se prohibieran las misas en 1677, como se verá a continuación.

Las misas de Aguinaldo en Filipinas que yo sepa, no se ha encontrado todavía ningún documento histórico que nos dé una pista sobre el primer momento y lugar de la celebración de las misas de Aguinaldo en Filipinas. Dos misioneros jesuitas nos llevarán a establecer fechas aproximadas de su celebración en los siglos XVII y XVIII. Son el P. Francisco Ignacio Alcina y el padre Pedro Murillo Velarde. Más adelante se añadirá un dominico como testigo: Fray Vicente Salazar, en el siglo XVIII.
  
El padre Ignacio Alcina, «uno de los más destacados e infatigables misioneros de toda la región de las Visayas», ya ha sido citado en este estudio. Nacido en España, y tras ingresar en la Compañía de Jesús en 1624, llegó a Filipinas en 1631. Tras permanecer dos años y medio en Manila, fue destinado a las misiones de Visayas en 1634, donde trabajó como misionero durante el resto de su vida, salvo otro breve periodo de residencia en Manila, de 1658 a 1660. A lo largo de estos años, Alcina se trasladó de una isla a otra en las provincias de Samar, Leyte, Panay y Cebú. Murió en 1674.
  
Las referencias de Alcina a las misas de Aguinaldo no especifican lugares concretos, sino que se aplican a las Visayas en general y presumiblemente también a Manila, pero podrían aplicarse también a toda Filipinas. Estas referencias se encuentran en su monumental obra Historia de las Islas e Indios de Bisayas de 1668, que dejó inédita. La voluminosa obra ha sido elogiada como «verdadera, meticulosa y muy exhaustiva»«el logro de un hombre muy erudito»«una obra maestra de la historia». En el capítulo 12 de la segunda parte, que trata de las celebraciones de Adviento en este país en su época, es decir, entre 1634 y 1674, Alcina describe, entre las devociones de Adviento, las de San Francisco Javier (4 de diciembre), el gran evangelizador de la India y del Extremo Oriente, y las de la Inmaculada Concepción de María (8 de diciembre). Al explicar esta última fiesta, Alcina reflexiona sobre cómo los “nuevos cristianos” de Visayas se alegran de todo lo relacionado con la devoción a María. Y continúa:
«A raíz de esta devoción, se han establecido en nuestras comunidades las misas que llaman de Aguilando. Esta devoción consta de nueve misas y comienza el 16 de diciembre (y continúa) hasta el 24, que es la Vigilia de la Natividad».
Luego Alcina se refiere a la práctica de estas misas en Méjico, como hemos descrito anteriormente. Y añade:
«Debe haber sido traída [de Méjico] a estas Islas, donde se celebra con no menos ostentación [que en Méjico]. Y en este nuevo ministerio [Visayas], en lo posible y hasta donde se pueda, se dicen las nueve misas, todas cantadas [con el acompañamiento] de excelente música, villancicos, instrumentos musicales y todo lo que propicia la expresión devota de tan santa Expectativa [es decir, del nacimiento de Cristo]. Aunque las misas aquí no son tan tempranas como en otros lugares…».
Es una lástima que, en este punto, falte un folio en el texto original de Alcina, privándonos de más detalles sobre las celebraciones que describía. Pero de lo poco que quedó, se nos informa no sólo de la existencia temprana de esta celebración religiosa, sino también de su conexión con la veneración de la Virgen María, la madre expectante de Dios, y con la Natividad en la tierra del Verbo de Dios.
   
El segundo misionero jesuita que informa sobre las Misas de Aguinaldo en este país es el padre Pedro Murillo Velarde, cuyo testimonio demuestra la continuidad de esta tradición un siglo después del padre Alcina. Para situarnos brevemente, digamos que Murillo nació en 1696 en Laujar (Granada, España). Ingresó en la Compañía de Jesús en 1718 y llegó a Filipinas en 1723. Después de trabajar en estas islas durante veintiséis años, regresó a su España natal, donde murió en 1753.
  
Además de una historia muy valiosa de los jesuitas en Filipinas, el padre Murillo escribió un tratado canónico titulado Cursus Juris Canonici Hispanici et Indici, impreso en 1763 y reeditado en 1779. 25 Esta obra fue muy apreciada por los canonistas de aquí, y de hecho se utilizó en el siglo XIX como libro de texto en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de Santo Tomás. Es en este libro donde el padre Murillo, al hablar de las normas eclesiásticas sobre las misas votivas, entra en ciertos detalles sobre las misas de Aguinaldo. Aunque no hemos podido encontrar un ejemplar de la obra de Murillo, conocemos su información a través de las citas que hizo de él un profesor de Derecho Canónico del siglo XIX de la Universidad de Santo Tomás, el padre Benito Corominas.

En Filipinas, escribió el padre Murillo Velarde en 1763, se celebra todos los sábados una misa solemne en honor de la Virgen María, con textos propios del tiempo de Adviento. Esta misa se dice con especial solemnidad, con Gloria et Credo; y la intención de los celebrantes y asistentes es:
«por la perseverancia de los nativos en la fe y por la conservación de la Religión en esta parte del mundo; ciertamente un motivo de mucho peso para el avance de la Religión».
En este punto Velarde pasa de las misas votivas de los sábados a las misas de Aguinaldo:
«Luego, en los nueve días que preceden a la Natividad del Señor, se celebran algunas misas del mismo modo y con la misma intención, pero con un texto propio del tiempo de Adviento. Los fieles que asisten a estas misas, llamadas por nosotros en español de Aguinaldo, ganan una indulgencia plenaria concedida por Sixto V en 1585».
A modo de resumen, estos testimonios de Alcina y Velarde son suficientes para demostrar que las Misas de Aguinaldo existieron en Filipinas desde los primeros años de la evangelización, a lo largo de los siglos XVII y XVIII. En breve veremos que tan venerable tradición continuaría hasta nuestros días, salvo un breve período en que las misas fueron prohibidas por la Sagrada Congregación de Ritos de la Santa Sede. Prohibición de las misas. Es un hecho que hoy en día la celebración de las Misas de Aguinaldo ha desaparecido de España, de las Islas Azores y de Méjico, mientras que aún se mantiene en Filipinas.
   
Aquí las misas se celebran con el mismo entusiasmo, a pesar de los cambios desafiantes de la vida y la mentalidad modernas. Hay que explicar este sorprendente fenómeno. En primer lugar, la desaparición de las misas de Aguinaldo en esos países no se debió a la pérdida del fervor popular, sino al exceso del mismo y a la intervención de las altas autoridades eclesiásticas. Hacia el año 1677 se denunciaron varios abusos durante o en torno a la celebración de las misas de Aguinaldo. Dichos abusos escandalizaron a muchas personas que eran celosas de la observancia de los buenos ritos litúrgicos, causando también «escrúpulos a los hombres cultos y espirituales» a causa de la forma desordenada de expresar la alegre anticipación de la Navidad. Los abusos no tenían que ver con el aspecto sacramental de la misa en sí, ni con actitudes del sacerdote celebrante, sino con el comportamiento de la asamblea y especialmente del coro.
   
Las quejas de estos celosos movieron al Maestro de Ceremonias de la Iglesia Catedral de Sevilla (España) a presentar, a finales de 1676, una consulta a la Sagrada Congregación de Ritos, solicitando a este dicasterio romano una declaración formal sobre el asunto. En su exposición, el peticionario describe en la Duda 3 el carácter y la celebración tradicional de estas misas, tal y como hemos descrito anteriormente, y luego pasa a explicar los abusos:
«Bajo la pretensión de la devoción popular y para dar más sabor a la celebración, se hacen cosas indebidas que deben ser corregidas. Pues muchos seglares se reúnen en el coro de la iglesia con el propósito de cantar ciertas canciones ligeras (cantinelas) que provocan la risa y son impropias del tiempo y del lugar. Hay que poner oportuno remedio a este abuso, para que se elimine totalmente el escándalo público».
El 16 de Enero de 1677, la Sagrada Congregación respondió con la siguiente declaracióm:
«Como esta costumbre, o por decir mejor, estos abusos, expuestos en la Duda 3, son contrarios a las Rúbricas y a la opinión de los exponentes, estos deben ser suprimidos totalmente, porque no solo no son laudables, sino que son escandalosos, más para los que son celosos de la observancia de los buenos ritos litúrgicos. Esto es así declarado y decretado [por esta Sagrada Congregación], que por ende ordena que todo lo anterior sea suprimido completamente».
El decreto tuvo efecto inmediatamente al ser recibido en España, Méjico y Filipinas. Por ende, las Misas de Aguinaldo fueron o totalmente descontinuadas o fueron reducidas a un rango más bajo de Misas votivas ordinarias en honor a la Virgen María, sin solemnidad, sin cantar el Gloria y el Credo, sin sermón y otras manifestaciones festivas usadas hasta entonces.
   
En España, se hizo un intento para tener restablecidas las Misas de Aguinaldo en algunos lugares. En 1682, el Superior Provincial de la provincia franciscana de Granada, Fray Juan de Arjona Valle, presentó a la Sagrada Congregación de Ritos una solicitud de dispensa de la prohibición, alegando varios grandes inconvenientes (incluyendo la pérdida de limosnas para mantener la comunidad) que el decreto romano les había causado. Pero al Sagrada Congregación, con una Declaración de fecha 24 de Enero de 1682, respondió con un lacónico «negatíve».
 
SUPRESIÓN Y SUPERVIVENCIA EN FILIPINAS
El decreto romano de 1677 tardó unos tres años en llegar a Filipinas, vía España y Méjico, un retraso nada sorprendente teniendo en cuenta los trámites burocráticos del Real Patronato de Indias y el lento sistema de comunicaciones a través de dos océanos y de la Iglesia. Se toleraban bajo la apariencia de la devoción, y aunque a algunos les parecían mal, éstos no se atrevían a denunciarlos públicamente por miedo a atraer la ira de la piedad del pueblo llano. El manejo de estos asuntos pertenece al celo y cuidado de los Prelados.
   
Nos informan los Anales Eclesiásticos de Filipinas que «se recibió una copia [de ese Decreto] del Arzobispado de Méjico, donde ya se habían prohibido las misas y ya no se cantan». Eso fue en 1682.
   
En este año la Archidiócesis de Manila era gobernada por el Arzobispo Electo Felipe Pardo OP, que había sido promovido a ese cargo en 1676. A todos los efectos canónicos, tenía todas las facultades para gobernar la Archidiócesis aunque no había recibido la Bula Pontificia de nombramiento y no había recibido la Ordenación Episcopal. Recibió ambas cosas en 1681. Ahora bien, en 1680, habiendo recibido la declaración romana que prohibía las misas de Aguinaldo, el arzobispo electo Pardo «comunicó el asunto y pidió consejo a personas doctas de las órdenes religiosas» y, en consecuencia, emitió un "auto" o decreto que «mandó fijar en las puertas de las iglesias» de Manila. Siendo este un documento de trascendental importancia para nuestro tema, bien podemos transcribirlo íntegramente, pero en el decreto, se dice que:
«Nos, el Dr. Don Fray Felipe Pardo, Arzobispo Electo de esta Iglesia Metropolitana de Manila, del Consejo de su Majestad, y Gobernador de este Arzobispado, etc.
  
Por cuanto [hemos] tenido noticia que ha venido prohibida la celebración de las misas que se canten los nueve días antes de la Natividad de Cristo Señor Nuestro (que comúnmente llaman “de aguinaldo”) para que en ninguna manera se puedan cantar, prohibiendo también todo género de músicas e instrumentos y chanzonetas: porque conviene que en este Arzobispado se observe y guarde dicha prohibición.
 
Por tanto, por el presente, mandamos que en ninguna manera se canten ni recen dichas misas de aguinaldo, ni se hagan en las iglesias regocijos de músicas, ni toquen instrumentos algunos, ni canten chanzonetas ni otros cantares, aunque sean a lo divino. Pena de que se procederá al castigo al que lo contrario hiciere por inobediente a los mandados de nuestra Santa Madre Iglesia, y Nuestros.

Y mandamos se fije en las puertas de las iglesias de esta ciudad este auto, y remita a los beneficiados para que les conste.

Dada en San Gabriel, extramuros de Manila, en doce de octubre de mil seiscientos y ochenta años.

✠ FR. FELIPE PARDO, O. P.
Arzobispo electo de Manila

Por orden del Arzobispo, mi Señor,
Andrés Escoto,
Secretario»

El autor de los Anales Eclesiásticos comenta: «Y así en este año 1680 [las misas] comenzaron a omitirse y a no cantarse». ¿Durante cuánto tiempo? No lo sabemos con exactitud. Pero el historiador dominico padre Vicente Salazar, escribiendo la historia de su Orden en Filipinas, publicada en Manila en 1742, nos da una respuesta segura y una fecha aproximada: «Mientras vivió [el arzobispo Pardo] no se celebraron las misas, pero después [de su muerte] se empezaron a celebrar de nuevo, aunque con alguna moderación (no sé si universal) respecto a los abusos con que se habían celebrado, o en otras fiestas religiosas».

Sobre la tradición, el historiador Salazar asegura que la celebración de las misas de Aguinaldo se reanudó tras la muerte del arzobispo Pardo, pero no nos informa sobre la fecha exacta ni sobre la autoridad en la que se permitieron de nuevo las misas. Tampoco encontramos ningún documento al respecto. Lo que no es difícil de valorar es que la celebración una vez reanudada ha continuado a lo largo de los siglos sin interrupción.

He aquí algunos testimonios:

En el siglo XVIII, Pedro Murillo Velarde, escribiendo su manual de Derecho Canónico antes de 1763, describe la celebración con los detalles que ya hemos mencionado. En el siglo XIX, el P. Benito Corominas, O.P., escribiendo en 1873 sus comentarios a las obras canónicas de Giovanni Devoti, da fe de las celebraciones de estas misas en su época («et hoc anno celebrántur», se celebran este año).
  
A principios del siglo XX, Fray Serapio Tamayo, otro canonista dominico, en su discurso inaugural del curso 1906-1907, en la Universidad de Santo Tomás, afirma que esta «costumbre religiosa se ha continuado en esta capital [Manila], donde las misas de Aguinaldo siguen celebrándose en algunas iglesias [de Intramuros]».
   
En 1953, el Primer Consejo Plenario de Filipinas, al que asistió toda la Jerarquía filipina, redactó un decreto especial sobre las Misas de Aguinaldo, que puede considerarse como la más solemne ratificación y consagración de una de las más antiguas tradiciones de la religiosidad católica filipina. Vale la pena transcribir aquí el decreto:
«Existe en estas Islas una legítima tradición que viene de antiguo de celebrar las Misas llamadas popularmente de Aguinaldo por la perseverancia de los filipinos en la fe [cristiana] y por la conservación de la religión en esta zona del mundo. Durante los nueve días que preceden a la Natividad de Cristo el Señor, se canta con gran solemnidad y con asistencia masiva del pueblo la solemne misa votiva “Roráte Cœli désuper”, una misa cada día en las iglesias, especialmente las parroquiales y conventuales.
   
Estas misas se celebran con Gloria, Oración propia con otra oración conmemorativa de la misa ferial de Adviento concurrente, con prefacio de la Santísima Virgen María y con el Evangelio de San Juan al final, excepto los domingos y las fiestas de primera clase que pueden coincidir [con la misa de Aguinaldo]».
  
Pero seis años después de esta declaración de la Jerarquía en un Concilio Plenario, un nuevo Código de Rúbricas o Código de Normas Litúrgicas válido para la Iglesia universal fue publicado en 1961 por la Sagrada Congregación de Ritos, con la aprobación del “Papa” Juan XXIII. El Código revocaba «todos los estatutos, privilegios y costumbres de cualquier tipo, incluso los multiseculares y más antiguos, que no estén de acuerdo con este Código».
  
Sin embargo, las nuevas disposiciones del Vaticano dejaban cierto margen para las misas especiales celebradas «por motivos graves y públicos». A pesar de esta cláusula de excepción, ya que algunos pensaban que las Misas de Aguinaldo podrían entrar en la categoría de las costumbres suprimidas, la Jerarquía filipina, a través de su Presidente, el Arzobispo Julio Rosales de Cebú, decidió elevar a Juan XXIII en ese mismo año 1961 una carta de súplica «pidiendo humildemente que, a pesar de la promulgación del nuevo Código de Rúbricas, y mientras continuara la misma grave razón, a saber, la conservación de la Fe [en Filipinas], se permitiera cantar las Misas de Aguinaldo durante los nueve días anteriores a la Natividad». Y la petición fue concedida el 24 de marzo de 1961, por un período de cinco años.
   
El estudio histórico sobre los orígenes de las Misas de Aguinaldo debe terminar aquí, dejando los aspectos canónicos y litúrgicos a los canonistas y liturgistas. Está la cuestión de la caducidad de la mencionada autorización de la Santa Sede válida por un periodo de «cinco años». No hemos encontrado ningún documento sobre si se solicitó y concedió una renovación de la autorización, o si no había necesidad de renovarla.

Dudamos de esa necesidad porque antes de que la concesión expirara en 1966, el Concilio Robado del Vaticano II llegó a la Iglesia marcando una revolución modernista en muchos aspectos de la Iglesia en nuestro mundo moderno. Uno de los cambios más visibles introducidos fueron las reformas litúrgicas. Será difícil para los canonistas y liturgistas explicar cómo afectaron los documentos conciliares y postconciliares a las misas de Aguinaldo. Para ese estudio existen varios documentos básicos publicados después del Concilio Robado, además del Novus Ordo Missæ.
   
Durante este milenio, las Filipinas vestigialmente católicas siguen aferrándose con fuerza a las semblanzas de la tradición centenaria de celebrar las “misas” de Aguinaldo, con una asistencia popular y una alegría festiva que no han disminuido, por las mismas razones aducidas en la antigüedad, pero con algunos cambios y tendencias provocados por el Vaticano II y el «estilo de vida cambiante de los filipinos» en nuestra sociedad des-hispanizada. En cuanto a los motivos o la intención principal de la celebración, es significativo observar algo que la mayoría de la gente no percibe. Es decir, que las «graves razones» que nuestros antepasados en España, Méjico y Filipinas aducían para celebrar estas misas, eran las razones que se repiten en el Concilio Plenario de 1953.

Las nuevas tendencias introducidas en los últimos años han banalizado y mundanizado estas “misas” del Novus Ordo. Nos referimos al modo y a los lugares de su celebración. Algunas “misas” se dicen ahora incluso con menos solemnidad, y no sólo en las iglesias y capillas, sino también en los megacentros comerciales, «obviamente orientadas a la clientela del centro comercial, especialmente a los que se apresuran a terminar sus compras navideñas», o «para acomodar a los empleados de los distritos comerciales que sólo encuentran tiempo libre después de las horas de oficina».

Independientemente de que los filipinos modernos des-hispanizados sigan considerándolas como “misas” de Aguinaldo preparatorias de la Navidad, la mística de las tradicionales “misas del amanecer” está definitivamente ausente cuando se celebran las “misas Simbang Gabi” del Novus Ordo en esos lugares. Uno se pregunta cuáles serán las nuevas tendencias del Novus Ordo dentro de un siglo si Filipinas no vuelve a la Santa Tradición.
   
REFERENCIAS
  • “Acta et Decréta Primi Concílii Plenárii Philippinárum”, Manila 1956, n. 356, p. 126.
  • “Alcina’s Report on the celebration of the feasts in the XVII Century Samar and Leyte”, Philippiniana Sacra, XVI, 46, (Enero-Abril de 1981).
  • Gardellini, Aloisius. “Decréta auténtica Congregatiónis Sacrórum Rítuum”, Roma 1856, I p. 491; II, pp. 35-36.
  • Kobak, Kantius, OFM. “The Great Samar Leyte Bisayan Missionary of the 17th Century”, en Philippiniana Sacra, XIII, 39 (Sept.-Dic. 1978), p. 402.
  • Lang, Jovian, OFM.“Dictionary of Liturgy”, Nueva York 1989, p. 461.
  • Ricchetti, Mario, “Historia de la Liturgia, Biblioteca de Autores Cristianos”, Madrid, 1956, II, pp. 114-119.
  • Salazar, Vicente, OP. “Historia de la Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas”, Manila 1742, pp. 493-494.
  • Tamayo, Serapio, OP. “Idea General de la Disciplina Ecclesiástica en Filipinas durante la Dominación Española (Discurso Inaugural)”, Universidad de Santo Tomás, Manila 1906, p. 78.
  • Velarde, Pedro Murillo, SJ. “Cursus Juris Canónici Hispánici et Índici”, Madrid 1743.
  • Velarde, Pedro Murillo, SJ. “Historia de la Provincia de Filipinas de la Compañía de Jesús, desde el año 1616 hasta 1716”, Manila 1749.
  • Ylla, Juan, OP. “Sobre las Misas de Aguinaldo”, en Boletin Eclesiastico de Filipinas, Noviembre de 1935, p. 724.

jueves, 1 de diciembre de 2022

CORONA DE SANTA COLETA

Como monja, el método de Santa Coleta para proclamar el Evangelio no era la predicación sino la oración. Toda su vida transcurrió en oración. Incluso cuando se le pedía que ayudara a sus hermanos los Frailes Menores, en su reforma, y fue invitada a la sala capitular, ella no les decía lo que debían acer, sino que simplemente se arrodillaba y oraba, y los que la veían, uno por uno, también caían de rodillas. Esta corona combina tres oraciones de Santa Coleta


  
LATÍN

Mysteria Gaudiosa
Benedícta sit hora quo témpore Dóminus noster Jesus Christus, Deus et homo, natus est. Benedíctus sit Sanctus Spíritus, de quo ille concéptus est. Benedícta sit Virgo María gloriósa, ex ea Verbum incarnátum est. Áudiat Dóminus preces nostras, intercessióne Beátæ Maríæ Vírginis gloriósa, et in memóriam horæ beátæ quo témpore Verbum Incarnátum factum est, ut ómnia quæ desiderémus éxitum bonum hábeantm, ad glóriam tuam et ad salútem nostram.

O pie Jesu, O Jesu Redémptor, noli relínquere nos propter peccáta nostra, sed audi preces nostrórum húmiles, et concéde ea quæ pétimus per intercessiónem beatíssimæ Vírginis Maríæ, et ad glóriam nóminis sancti tui. Amen.

Idem Deo placet! Idem Deus vult! (10 veces)

Patrem misericórdiæ, et Fílium a passióne, et Spíritum Sanctum fontem pacis, et dulcédinis, et caritátis laudémus. Amen, Amen, sine senténtia mutánda!

Mysteria Dolorossa
Benedícta sit hora quo témpore Dóminus noster Jesus Christus, Pascha nostra est. Benedíctus sit Sanctus Spíritus, de Crucem datum pro nobis est. Benedícta sit Virgo María gloriósa, ex ea Verbum incarnátum est. Áudiat Dóminus preces nostras, intercessióne Beátæ Maríæ Vírginis gloriósa, et in memóriam horæ beátæ quo témpore Verbum Incarnátum factum est, ut ómnia quæ desiderémus éxitum bonum hábeantm, ad glóriam tuam et ad salútem nostram.

O pie Jesu, O Jesu Redémptor, noli relínquere nos propter peccáta nostra, sed audi preces nostrórum húmiles, et concéde ea quæ pétimus per intercessiónem beatíssimæ Vírginis Maríæ, et ad glóriam nóminis sancti tui. Amen.

Idem Deo placet! Idem Deus vult! (10 veces)

Patrem misericórdiæ, et Fílium a passióne, et Spíritum Sanctum fontem pacis, et dulcédinis, et caritátis laudémus. Amen, Amen, sine senténtia mutánda!

Mysteria Gloriossa
Benedícta sit hora quo témpore Dóminus noster Jesus Christus, Rex et Judex, advéntum erit. Benedíctus sit Sanctus Spíritus, qui corda nostra ad Regnum suum. Benedícta sit Virgo María gloriósa, ex ea Verbum incarnátum est. Áudiat Dóminus preces nostras, intercessióne Beátæ Maríæ Vírginis gloriósa, et in memóriam horæ beátæ quo témpore Verbum Incarnátum factum est, ut ómnia quæ desiderémus éxitum bonum hábeantm, ad glóriam tuam et ad salútem nostram.

O pie Jesu, O Jesu Redémptor, noli relínquere nos propter peccáta nostra, sed audi preces nostrórum húmiles, et concéde ea quæ pétimus per intercessiónem beatíssimæ Vírginis Maríæ, et ad glóriam nóminis sancti tui. Amen.

Idem Deo placet! Idem Deus vult! (10 veces)

Patrem misericórdiæ, et Fílium a passióne, et Spíritum Sanctum fontem pacis, et dulcédinis, et caritátis laudémus. Amen, Amen, sine senténtia mutánda!
TRADUCCIÓN

The Joyful Mysteries - The first coming of the Lord
Bendita sea la hora en la que Nuestro Señor Jesucristo, Dios y Hombre, nació. Bendito sea el Espíritu Santo por el cual fue concebido. Bendita sa la gloriosa Virgen María, de la cual nació el Verbo Encarnado. Que el Señor escuche nuestras oraciones por la intercesión de la gloriosa Virgen María, y en memoria de aquella sacratísima hora en la cual nació el Verbo Encarnado, that all our desires may be accomplished for your glory and our salvation.

O good Jesus! O Jesus our Redeemer, do not abandon us as our sins deserve, but hear our humble prayer and grant what we ask through the intercession of the most blessed Virgin Mary and for the glory of your Holy Name. Amen.

As God pleases, As God wills. (repeat ten times)

Let us praise the Father in his mercy, and the Son by His passion, and the Holy Spirit the fountain of peace and sweetness and love. Amen, amen without recall!

The Sorrowful Mysteries - The second coming of the Lord
Bendita sea la hora en la que Nuestro Señor Jesucristo es nuestra Pascua. Bendito sea el Espíritu Santo que nos es dado desde la Cruz. Bendita sea la gloriosa Virgen María, a la cual el Verbo Encarnado dedicó la Iglesia. Que el Señor escuche nuestras oraciones por la intercesión de la gloriosa Virgen María, y en memoria de aquella sacratísima hora en la cual recibimos la Pascua de Cristo, that all our desires may be accomplished for Your glory and our salvation.

O good Jesus! O Jesus our Redeemer, do not abandon us as our sins deserve, but hear our humble prayer and grant what we ask through the intercession of the most blessed Virgin Mary and for the glory of Your Holy Name. Amen.

As God pleases, As God wills. (repeat ten times)

Let us praise the Father in His mercy and the Son by His passion and the Holy Spirit the fountain of peace and sweetness and love. Amen, amen without recall!

The Glorious Mysteries - The last coming of the Lord
Bendita sea la hora en la que Nuestro Señor Jesucristo, Rey y Juez, volverá. Bendito sea el Espíritu Santo, que prepara nuestros corazones para su Reino. Bendita sea la gloriosa Virgen María, con la cual el Verbo Encarnado volverá. Que el Señor escuche nuestras oraciones por la intercesión de la gloriosa Virgen María en memoria de aquella sacratísima hora en la que el Cielo se abrirá a nuestros ojos, y que todos nuestros deseos puedan ser cumplidos para vuestra gloria y nuestra salvación.

O good Jesus! O Jesus our Redeemer, do not abandon us as our sins deserve, but hear our humble prayer and grant what we ask through the intercession of the most blessed Virgin Mary and for the glory of Your Holy Name. Amen.

As God pleases, As God wills. (repeat ten times)

Let us praise the Father in His mercy and the Son by His passion and the Holy Spirit the fountain of peace and sweetness and love. Amen, amen, without recall!

domingo, 29 de noviembre de 2020

LA MISA “RORATE” DE ADVIENTO

    
Originalmente, la “Misa Roráte” es el nombre para una Misa votiva de la Santísima Virgen en el Adviento, llamada así por la Antífona de Introito Roráte cœli. Como tal, su color litúrgico es el blanco. Es una tradición celebrar las Misas Roráte en la madrugada (antes del amanecer), acompañado por la luz de las velas en una iglesia que de otra forma esté oscura.
   
La Misa Roráte se originó en la Edad Media como una de las distintas devociones populares a la Santísima Virgen María durante el Adviento que se habían desarrollado en ese entonces [Policarpo Radó, Enchíridion Litúrgicum: Compléctens Theologíæ Sacramentális Et Dógmata Et Leges (Roma: Herder, 1961), págs. 1109-1110]. Como uno de los temas del Adviento es la Encarnación de Jesucristo, era natural que emergieran estas devociones a la Santísima Virgen. Particularmente, la Misa Roráte era la favorita del pueblo. La antífona de Introito, la Epístola, el Gradual, el Evangelio y la antífona de Comunión de la Misa Roráte eran tomadas de la Misa del miércoles de las Témporas de Adviento, el Ofertorio de la Domínica IV de Adviento, y las oraciones (Colecta, Secreta y Postcomunión) de la Fiesta de la Anunciación.
   
En la Edad Media, la Misa Roráte era conocida también como Missa aurea, por las distintas promesas agregadas a ella (várias enim promissiónes adjungébant his Missis), y como Missa Angélica porque la perícopa del Evangelio que relata la Anunciación, comienza con las palabras “Missus est Ángelus Gábriel” (Fue enviado el Ángel Gabriel; Luc. I, 26-38).
   
La Misa Roráte era celebrada de las siguientes maneras:
  • Según el Ordo Romanus XV (siglo VIII), la Misa Roráte se decía en los siete días antes de la Navidad.
  • Otra  tradición es celebrar esta Misa en los nueve días previos a la Navidad (Celebrátio novendiális Missárum ((aureárum)) / Una Novena de Misas Doradas). Esta práctica estaba permitida por la Sagrada Congregación de Ritos, especialmente para las diócesis de Italia (1658, 1713 y 1718). Es una práctica común entre los Católicos prepararse para grandes eventos por medio de una novena. Esta novena tiene el simbolismo agregado que cada día representa uno de los nueve meses que duró el embarazo de la Virgen María.
  • En algunos lugares, la Misa Roráte es dicha el miércoles de la tercera semana de Adviento en lugar de la Misa del miércoles de las Témporas de Adviento [Joseph Wuest, Materias Litúrgicas, –Thomas W. Mullaney, trad.– (Nueva York: Frederick Pustet Company Inc., 1956), §272 b.]
  • En Alemania, Austria, Polonia, Bohemia y Hungría, la Misa Roráte era celebrada diariamente a lo largo del Adviento. Por supuesto, estaba prohibido en las fiestas más solemnes si el decir esta Misa causaba que se omitiera una Misa conventual o una Misa de precepto. Antiguamente, debido a la prohibición de celebrar cualquier fiesta en Cuaresma, la Anunciación era conmemorada en tiempo de Adviento (práctica que se mantiene en el Rito Ambrosiano y en el Rito Hispánico), y contaba con un Prefacio propio, presente en varios sacramentarios antiguos como el Sacramentario del Abad Grimaldo de San Galo, el Sacramentario Boldvense (escrito en Hungría entre 1192 y 1195, descubierto por el jesuita György Pray –de ahí que se le conozca como Codex Prayanus– y actualmente en la Biblioteca Nacional de Hungría, OSzK, MNy 1), el Misal Leofric; y el mencionado Misal Ambrosiano:
    Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere, Dómine, Sancte Pater, omnípotens ætérne Deus. Qui Beátæ Maríæ Vírginis partum Ecclésiæ tuæ tribuísti celebráre mirábile mystérium, et inenarrábile sacraméntum. In qua manet intácta cástitas, pudor ínteger, firma constántia. Quæ lætátur, quod Virgo concépit, quod Cœli Dóminum castis portávit viscéribus; quod édidit partum, admirándam Divínæ dispensatiónis operatiónem. Quæ virum non cognóvit, et mater est, et post Fílium est virgo. Duóbus enim gavísa munéribus, mirátur quod virgo péperit, lætátur quod Redemptórem mundi édidit Jesum Christum Dóminum nostrum. Per quem Majestátem tuam laudant Ángeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cœli cœlorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes: Sanctus,... (Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor Santo, Padre omnipotente y eterno Dios: que por el parto de la Bienaventurada Virgen María concediste a tu Iglesia celebrar un admirable misterio y un sacramento inenarrable, en el cual permanece intacta la castidad, íntegro el pudor y firme la constancia; que se alegra porque Ella, por admirable dispensación divina, como Virgen concibió, en su seno casto llevó al Señor de los Cielos, y como Virgen dio a luz. La que no conoció varón es también madre, y por su Hijo, virgen. Porque en dos dones ella se regocija, admirada que como Virgen dio a luz, y se regocija porque dio al mundo al Redentor, Jesucristo Nuestro Señor. Por cuya majestad te alaban los Ángeles, te adoran las Dominaciones, se estremecen las Potestades; y las Virtudes celestiales, con los bienaventurados Serafines te celebran. Te suplicamos nos permitas asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza, diciendo: Santo,...).
    Entre 1774 y 1960, la Sagrada Congregación de Ritos concedió varios permisos respecto a esta práctica. 
  • También se acostumbra en “Austria, Suiza y Alemania” que “las familias caminaran en la oscuridad de la madrugada (cargando lámparas, velas, o más tarde, linternas) a la igledia, mientras se celebraba la Misa, y se cantaban mos himnos favoritos del Adviento” [Ann Ball, Encyclopedia of Catholic Devotions and Practices, (Huntington: Our Sunday Visitor, 2003), voz “Misa Roráte”]. Aún en la Polonia moderna se conserva esta tradición, aunque dependiendo de la costumbre local, es celebrada o en la madrugada o al ocaso de las ferias del Adviento.
     
“Por regla general, el Santísimo Sacramento era expuesto al mismo tiempo” [Gerhard Podhradsky, New Dictionary of the Liturgy, traducción por Geoffrey Chapman Ltd., (Nueva York: Alba House, 1966), voz “Roráte”] mientras se decía la Misa Roráte. Tan tarde como en la década de 1960, esta era la costumbre “en muchos lugares”.
   
Hay también la costumbre de cantar tres veces la antífona “Ecce, Dóminus véniet” al concluir la Misa Roráte. Después del Último Evangelio, el Sacerdote (y los ministros, si es una Misa Mayor) va al centro del altar. Entonces él entona la antífona tres veces, siendo continuada por los presentes. Cada entonación comienza con un tono más alto  que la anterior. Esto refleja la práctica del triple “Ecce Lignum Crucis” del Viernes Santo y el triple Allelúja en la Vigilia Pascual. La Antífona dice: “Ecce  Dóminus véniet, et omnes sancti ejus cum eo: et erit in die illa lux magna, allelúja. (He aquí, el Señor vendrá, y todos sus Santos con Él; y en ese día habrá una gran luz, aleluya)” [Texto y traducción: dom Prosper Guéranger OSB, El Año litúrgico, vol. 1 (Adviento), Laurence Shepherd, trad. (Loreto Publications, 2000), pág. 55]. El “Ecce, Dóminus véniet” es la tercera antífona para el Oficio de la Domínica I de Adviento. La referencia  a la gran luz es apropiada para una Misa que se oficiaba justamente a la luz de las velas y durante la cual salía el sol.

sábado, 21 de diciembre de 2019

RORATE COELI, LA ANTÍFONA QUE INSPIRÓ UN HIMNO

La Anunciación (Miniatura de Fra Angélico)
  
En la Domínica IV del Adviento romano tradicional se reza (o se canta, según el caso), el siguiente introito, tomado de Isaías 45, 8 [y aparece también como responso y verso en el Breviario]:
℣. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum: ℟. Aperiátur terra, et gérminet Salvatórem (Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al justo; que se abra la tierra y brote el Salvador).
Esta antífona (que también pertenece a la Misa del Miércoles de las Témporas de Adviento, la fiesta de la Expectación del Parto de Nuestra Señora -18 de Diciembre-, y la Misa votiva de Santa María en Sábado para el Adviento, y de la cual deriva la Misa Roráte -antes del amanecer, sin más iluminación que los candeleros del altar y el presbiterio, y las velas que los fieles portan en sus manos-) hace referencia al cumplimiento de la promesa profética de la venida de Cristo como Salvador (cuya celebración es esperada tras las cuatro domínicas de Adviento), señal y tipo de su Segunda Venida como Juez (recordemos el carácter esjatológico del Adviento).

Como siempre, los conciliares saltan a adulterar la Escritura, y con esta antífona no hubo excepción. En la Nova Vulgáta (año 1979), la versión bíblica latina oficial de la deuterovaticanidad, en lugar de justum (“justo”) dice justítiam (“justicia”), y en lugar de Salvatórem (“Salvador”) dice salvatiónem (“salvación”). Es evidente que quieren oscurecer lo que es claro por el curso profético.

Ahora, el canto “Rorate cœli” no es estrictamente litúrgico, en cuanto no tiene un lugar propio y específico en el culto. Es costumbre tradicional cantarlo durante el Adviento al comienzo de la Exposición del Santísimo Sacramento, y también en el Ofertorio, después del canto propio, allí donde hay cantores capaces de entonar el ofertorio propio de cada domingo.
 
  
Técnicamente no es una melodía gregoriana, sino un canto de origen posterior al repertorio gregoriano original (que data aproximadamente del siglo VIII). Su estilo es por ello algo diferente respecto al gregoriano primitivo y más próximo a nuestras costumbres musicales, aunque no deja de representar una evolución orgánica y coherente del idioma musical propio de la Iglesia de rito latino. Posiblemente este canto fue compuesto hacia 1615 por el Padre Francois Bourgoing, maestro de canto del Oratorio de Jesús y María Inmaculada (el Oratorio de Francia) fundado en 1611 por el cardenal Pierre de Bérulle.

Son bellísimas las estrofas, a través de las cuales se presenta una impresionante expresión del Adviento a base de citas de la Escritura y de la Liturgia. Aquí está el texto latino junto con la traducción, los pasajes de la Escritura a que se refieren y la sección del Breviario Romano a la que pertenecen.

LATÍN
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
  
1. Ne irascáris Dómine, ne ultra memíneris iniquitiátis:
Ecce cívitas Sáncti est deserta:
Sion desérta facta est: Jerúsalem desolata est:
Domus sanctificatiónis tuae et glóriæ tuæ,
Ubi laudavérunt te patres nostri.
  
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
2. Peccávimus, et facti sumus tamquam immúndus nos,
Et cecídimus quasi fólium univérsi:
Et iniquitátes nostræ quasi ventus abstulérunt nos:
Abscondísti fáciem tuam a nobis,
Et allisísti nos in manu iniquitátis nostrae.
     
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
3. Vide, Dómine afflictiónem pópuli tui,
Et mitte quem missúrus es:
Emítte Agnum dominatórem terræ,
De petra desérti ad montem fíliæ Sion:
Ut áuferat ípse júgum captivitátis nostræ.

℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
4. Consolámini, consolámini, pópule meus:
Cito véniet salus tua:
Quare mœróre consúmeris, quia innovávit te dolor?
Salvábo te, noli tímere,
Ego enim sum Dóminus Deus tuus, Sanctus Ísraël, Redémptor tuus.
  
℟. Roráte, cœli, désuper, et nubes pluant Justum.
   
TRADUCCIÓN
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo. [Isaías 45, 8ab –  verso del primer responsorio del Martes previo a la Navidad; segunda Antífona y quinto responsorio de las Maitines de la Expectación de la Santísima Virgen; y segundo responsorio del Viernes de la III semana]

1. No te irrites, Señor, no te acuerdes más de nuestra injusticia;
mira que la ciudad del Santo está desierta;
Sión ha quedado desierta; Jerusalén está abandonada;
la casa de tu santificación y de tu gloria,
donde te alabaron nuestros padres. [Cf. Isaías 64, 9ab, 10, 11ab – Abreviación de la Lección III del IV Jueves de Adviento, excepto tuæ por nostræ en ambos lugares]
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

2. Pecamos, nos volvimos impuros,
y caímos como hojas todos;
y nuestras culpas nos arrebataron como el viento;
escondiste tu rostro de nosotros
y nos entregaste a manos de nuestra iniquidad. [Cf. Isaías 64, 4, 5c; 6a,cd,7cd – Abreviación de la Lección III del IV Jueves de Adviento, excepto tamquam por ut]
   
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

3. Mira, Señor, la aflicción de tu pueblo [cf. Éxodo 3, 7a; 4, 13b – Abreviación del responso III del I Viernes de Adviento];
envía al Cordero soberano de la tierra,
desde la Peña del desierto al Monte Sión [cf. Isaías 16, 1 – Antífona II de las Laudes del Martes antes de la Vigilia de Natividad);
para que aparte él mismo el yugo de nuestro cautiverio [cf. Isaías 14, 25d; cf. var.]
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

4. Consoláos, consoláos, pueblo mío [cf. Isaías 40, 1a – Abreviación de la Antífona del Benedíctus del IV Jueves de Adviento]:
pronto llega tu salvación;
¿Por qué te consumes de tristeza? ¿Por qué se renueva tu dolor? [cf. Miqueas 4, 9ad; – Abreviación del responso I del II Domingo de Adviento]
Te salvaré, no temas,
Yo soy el Señor tu Dios, el Santo de Israel, tu Redentor [cf. Isaías 43, 3ab; – Abreviación del responso I del II Domingo de Adviento].
  
℟. Destilad, cielos, desde lo alto, y que las nubes lluevan al Justo.

Los ordinariatos personales anglicanos remplazan la tercera estrofa con el verso
Vos testes mei, dicit Dóminus, et servus meus quem elégi: ut sciátis, et credátis mihi, Ego sum, ego sum Dóminus, et non est absque me salvátor: et non est qui de manu mea éruat (Vosotros sois mis testigos, dice el Señor, y mi siervo el que escogí, para que conozcais y me creáis. Yo soy, yo soy el Señor, y no hay otro salvador que yo; y no hay nadie que pueda sustraerse de mi mano) [Isaías 43, 10a, 11, 12b].

domingo, 1 de diciembre de 2019

LA “CORONA DE ADVIENTO”, SÍMBOLO PAGANO

Junto con el “Árbol de Navidad” y el “Papá Noel” (“Santi Cló”, “Viejo Pascuero” o como se llame y/o quien haga sus veces), otro símbolo de origen alemán ha irrumpido en muchos hogares para el tiempo de Adviento y Navidad. Nos referimos, pues, a la Corona de Adviento. Frente a la difusión que éste ha tenido en estos tiempos, principalmente en el ámbito conciliar, cabe preguntarse si es una costumbre que puede adoptarse por un Católico, y es el tema de nuestro artículo presente.

Corona de Adviento
Antes de abordar el tema central, es oportuno dar un repaso histórico del tiempo de Adviento. La celebración de este tiempo litúrgico tiene su origen en la tradición bizantina como un período de ayuno de cuarenta días que comienza el 15 de Noviembre, el día posterior a San Felipe Apóstol -en el calendario bizantino, ya que en el Romano es el 1 de Mayo con San Santiago el Menor- (de ahí que se le llame también Ayuno de Felipe) y acaba el 24 de Diciembre. Se cree que esta celebración fue importada por San Gregorio Magno -que antes de ser Papa fue legado apostólico en Constantinopla- a la Iglesia occidental. Inicialmente se observaban seis semanas de preparación, comenzando el Domingo posterior a la fiesta de San Martín de Tours -práctica aún conservada en el Rito Ambrosiano donde, si el 24 de Diciembre cae en Domingo, se le considera como domínica aparte-; y en el Rito Hispano-Mozárabe de Toledo, el domingo más cercano a San Acisclo Mártir (fiesta litúrgica: 17 de Noviembre), entre el 13 y el 19 de Noviembre. Un siglo después, se recortó en dos semanas, quedando así su inicio en el Domingo más cercano a San Andrés Apóstol, como es la práctica en el Rito Romano.
   
Según el criterio de muchos historiadores y eruditos, el concepto de la Corona de Adviento tuvo su origen entre los luteranos alemanes del siglo XVI, aunque sus raíces remotas están en el paganismo nórdico, que siguiendo el esquema cíclico de las estaciones y la creencia de la muerte y renacimiento del sol durante el invierno, cortaban ramas de árboles perennifolios que eran dispuestas en forma circular y encendían fuego con la esperanza de que su dios solar Balder, asesinado por su hermano ciego Höðr con un dardo de muérdago fabricado por su tío malvado Loki, retornara con la fertilidad de los campos en la primavera. Y en ese sentido, la fiesta del Yule, en el solsticio de invierno boreal, simboliza el renacimiento del Dios solar después de su muerte en Samhain (31 de Octubre) las hojas han caído y la vida espera bajo la tierra esperando a renacer.
   
En la religión wicca existe el llamado tronco de Yule, sobre el cual se ponen cinco velas que se encienden en el siguiente orden:
  • La primera vela (que representa a la conciencia), es de color negro, ya que contiene a todos los demás colores, simboliza un comienzo nuevo y de un principio de vida tanto física, espiritual así como mental. Representa todo lo básico para  ser, es la substancia y de ahí parte todo, tiene que ver el amor a la vida y al encender su luz, simbólicamente disipa cualquier oscuridad existente. En algunos lugares, en vez de velas, se prendían las hogueras y al encenderlas y estando en circulo todos, oran por el bienestar pidiendo lo básico para subsistir y más adelante poder a la vez darlo en ofrenda de vuelta.
  • La segunda vela (que representa el principio masculino, y el número dos), es de color amarillo, simboliza el pan y fruto de la cosecha. Representa la voluntad, la substancia materializada en energía, dándole capacidades como el de la voluntad e imaginación. Con ella se piden estas cualidades y la fuerza necesaria para la vida... y en su llama se quema la falta de voluntad, la cobardía, la falta de acción así como las omisiones que no han hecho bien a nadie.
  • La tercera vela (que representa lo femenino y el mar como principio de la vida, y el número tres), es de color rojo. Al encender esta tercera vela, se pide por la protección, salud, la comida y la economía del hogar, el consuelo, el descanso, la restauración, y la fuerza constructiva y destructora de aquello que no nos conviene. Simbólicamente se puede quemar en un papel todo lo que no hemos asimilado y no hemos desechado de nosotros, todo lo que hemos guardado y almacenado y no conviene más a nuestro ser.
  • La cuarta vela (que representa la gracia, la armonía y el equilibrio, y el número cuatro), es de color verde. Se le atribuyen poderes sanadores, y se considera el que se transforma, el que instruye, es maestro y discípulo a la vez, pues usa los elementos, el que llama, el que consagra, el que porta el cetro y ejerce la autoridad, el que dinamiza, el que festeja, el que maneja la energía, el que programa, así que al encender esta vela,  se quema todo lo que impide recibir estos poderes y se pide la restitución de los mismos
  • La quinta vela (que representa la unificación y la conexión, y el número cinco) es de color blanco, representa la unión espiritual y la conexión con la divinidad, al encender esta vela reiteramos nuestro compromiso con la tradición y nuestro sendero, así damos la bienvenida de nuevo a la luz. Esta vela se enciende la noche de Yule (21 de Diciembre).

Representacióon artística de un tronco de Yule
   
Ahora bien, la forma más contemporánea de este paramento se adoptó tres siglos después de la rebelión de Lutero (que por alguna razón conservó el temporal del calendario litúrgico de esa “Römisch-kirche” que tanto satanizaba -otra prueba de la hipocresía de los “reformadores”-), por parte del pastor y misionero urbano Johann Hinrich Wichern, fundador de la Misión Interna de Alemania, un movimiento de apostolado social dedicado a la atención de los niños pobres y abandonados. Winchern, ante la continua pregunta de los niños de su escuela misional Rauhes Haus en la ciudad de Hamburgo de si ya había llegado la Navidad, en  el año 1839 hizo construir un gran anillo de madera a partir de una vieja rueda de carreta, sobre la cual dispuso 24 velas pequeñas de color rojo y 4 grandes de color blanco, encendiendo cada día una (las rojas de lunes a sábado, y las blancas el Domingo). A esto se le dio el nombre de Adventskranz.

Ejemplo de Adventskranz (Bundestag, año 2017)
  
Hacia 1860, se adaptó una reforma: en los hogares, escuelas, orfanatorios e iglesias luteranas que acogieron esa práctica, remplazaron la rueda de carreta por una corona con ramas de abeto (es de saber que ya el Árbol de navidad era popular en ese entonces, a partir de la difusión entre la realeza europea), y con el fin de economizar consumibles, se decidió emplear cuatro velas que se encendían cada domingo de Adviento, como se estila en la actualidad: Los colores pasaron a significar los de los ornamentos empleados en este tiempo litúrgico: tres velas moradas (entre los anglicanos y los ordinariatos creados a raíz de Anglicanórum Cœ́tibus, algunos usan velas azul índigo -un color popularizado como Azul Sarum para el Adviento, aunque el Uso de Sarum no tenía colores litúrgicos definidos hasta el siglo XV, cuando se estableció para la Cuaresma y el Adviento el color blanco apagado- y otros moradas) y una rosada que se enciende el tercer Domingo de Adviento (algunos incluso disponen una última vela blanca para el centro de la corona, que se enciende el 25 de Diciembre). Por otro lado, los miembros de la Hermandad Morava (la segunda denominación pre-protestante más antigua) usan velas del color natural de la cera de abejas, en tanto que algunos protestantes en el Reino Unido emplean el color rojo en todas las cuatro velas (en ese país es un color tradicional en la decoración festiva).
Ejemplo de Corona de Adviento con velas Azul Sarum -un color popularizado en medios anglicanos, pero no acorde al antiguo Uso de Sarum del que dicen descender-.
Como dato curioso, fue uno de los símbolos adoptados también para el Festival Yule en la Alemania nazi, con el cual pretendían remplazar la Navidad, que consideraban superpuesta a la tradición pagana germánica. La Adventskranz devino en el Sonnwendkranz (corona del solsticio) o Lichterkranz (corona de luz), que en su centro tenía el Sol Negro (símbolo nórdico del fin del mundo, y adoptado por las SS en su culto esotérico). Otra variante era el Julbogen (Arco de Yule), adornado con runas, y que se conserva aún en el neopaganismo nórdico para las fiestas del solsticio.

Arco de Yule (fuente: Partido Nacionaldemócrata de Baden-Wurtemberg, Alemania)
    
Supuesto lo anterior, ¿Cuándo se introdujo la práctica en la iglesia conciliar? Si bien se debate cuando sucedió, lo cierto es que en ella es una práctica muy arraigada junto con el Árbol en la Plaza de San Pedro Vaticano, y en el año 2006, Ratzinger Tauber/Antipapa Benedicto XVI fue noticia porque utilizó una corona con cuatro velas rojas (quizá comenzó a adoptarse en tiempo de Wojtyła, pero Ratzinger quiso plasmarle su gusto personal). Incluso existe un ceremonial específico para la bendición y posterior encendido de la corona en el templo, que llega al punto de ser insertado por algunos presbíteros entre el Acto penitencial y el Gloria en el servicio Novus Ordo [Anécdota personal: cuando estaba en la iglesia conciliar -sobre todo cuando fui monaguillo-, ése era uno de los momentos más sufridos: tener que estar de pie con la tortura que representaba escuchar la entonación de un himno (“La corona de Adviento” de Bernardo Velado Graña, o “Ven, ven, Señor, no tardes” de Cesáreo Gabaráin Azurmendi) por parte de una señora con una voz horrorosamente destemplada y sus dos hijas, que más parecían ser forzadas a interpretar música religiosa]. Y aun entre los conciliares tampoco hay acuerdo entre los colores, porque hay quienes usan una vela morada (penitencia), una verde (esperanza), una rosada (alegría por la pronta llegada del Señor), una roja (caridad) y la infaltable vela blanca para el 25 (el nacimiento de Jesús) -incluso hubo quien sustituyera el morado por el amarillo y el verde por el azul celeste, significando la fe y la aceptación de la justicia de Dios respectivamente.

Ejemplo de una Corona con cinco colores
  
Dado que es una práctica nueva, ciertos autores modernos han hecho circular que esta costumbre de la Corona de Adviento fue cristianizada en la Edad Media, o que fue compartida por los católicos alemanes del siglo XVII (lo que hace que la disposición según los colores litúrgicos expuesta arriba tenga algún sentido). Históricamente no puede ser cierto tal argumento, sobre todo si se tiene en cuenta que la Corona de Adviento sólo se comenzó a adoptar en las regiones católicas de Alemania a partir de 1920 (Colonia: 1925; Múnich: 1930), en la región de Alsacia durante el período de entreguerra, y que en Austria la primera Adventkranz apareciera en 1945 (en todos estos casos, por proselitismo protestante). Por otra parte, en los Estados Unidos esta práctica llegó con la inmigración alemana, que alcanzó su máximo entre 1840 y 1880. Y como es de esperarse, en un país tan pluralista en cuanto al origen de sus habitantes, los católicos estadounidenses lo adoptaron.
  
Otros aseguran que procede de la Cristiandad oriental, basándose en una miniatura medieval representando a San Gregorio Magno con una corona pendiendo en alto sobre su cabeza. Primeramente, el objeto pendiente sobre la cabeza de San Gregorio puede ser una lámpara o una corona votiva que se hacía colgar del baldaquino sobre el altar. En ese último caso, la donación de coronas votivas fue una práctica habitual especialmente entre los reyes y nobles desde Constantinopla hasta Toledo, siendo ejemplo de ello la famosa Corona del rey visigodo Recesvinto (conservada actualmente en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid), y posiblemente también la Corona de Hierro de Lombardía.

San Gregorio Magno dictando una carta a su secretario (Miniatura del Regístrum Gregórii, Biblioteca de Trier, Alemania)
  
Y por otra parte, la costumbre de la Corona de Adviento es muy rara entre los ortodoxos y católicos de rito oriental que viven en Europa y Estados Unidos (para no hablar de los países con importante presencia ortodoxa), y en todo caso es de muy reciente adopción. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchos católicos de rito oriental no ven con buenos ojos la latinización litúrgica, no es de extrañar que éstos no acogen pacíficamente la Corona de Adviento.
 
En síntesis, es posible afirmar que la costumbre de la Corona de Adviento no es conveniente que sea acogida por ningún Católico verdadero, no sólo por su origen pagano-protestante, sino también porque no le favorece el hecho de haber sido precisamente adoptada por la iglesia deuterovaticana.

Que la Paz de Dios Uno y Trino, que supera todo entendimiento, nos acompañe siempre, y la Virgen Santa María interceda por nosotros para perseverar en la Sana Doctrina y la Espiritualidad Auténtica del Catolicismo Tradicional.

JORGE RONDÓN SANTOS
1 de Diciembre de 2019
Domingo I de Adviento Romano, fiesta de San Eligio Obispo y Confesor.