Vexílla Regis

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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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jueves, 17 de octubre de 2019

DOS CARTAS SOBRE EL COMISARIAMIENTO A LOS HERALDOS

Traducción de artículos publicados en STILUM CURIÆ.

1º CANONISTA: «UN COMISARIAMIENTO INEXPLICABLE»
Queridos Stilumcuriales, hemos recibido una larga y documentada carta de parte de un laico, laureado en Derecho Canónico, que hace parte de los Heraldos del Evangelio, recientemente “comisariados” por la Santa Sede, en base a presupuestos cuanto más mas vagos y genéricos. Al término de una visita apostólica que en cuanto nos consta –y en cuanto consta también en la Secretaría de Estado, según nuestras fuentes– no habían encontrado nada de grave o de anormal. Pero evidentemente en esta estación dictatorial basta la largamente covata aversión de un cardenal jefe de Congregación y la sospecha de “tradicionalismo” para entrar en el repleto girón de los comisariados.

La carta de este laico, que estáis por leer, hace referencia también a diversos artículos de estos días: de Vatican news, y de Vatican Insider. ¿Qué confiabilidad pueden tener? Vatican News es el órgano oficial de las comunicaciones, cuyo director es Andrea Tornielli. Que, justamente, proviene de Vatican Insider. Destacables en Vatican Insider de la institución Vaticana puedo solo recordar dos elementos: que nunca fue desmentida, en mi conocimiento, la noticia presentada por el colega Magister según la cual Vatican Insider es financiado por los Caballeros de Colón. El segundo elemento es un coloquio que quien escribe tuvo en el otoño del 2014 con el entonces responsable de Vatican Insider, en el cual este decía que estaba buscando, por medio de la Secretaría de Estado, financiamiento para la testada, pero que los artículos (escritos por mí) en el blog San Pietro e Dintorni, sobre el Sínodo del 2014, en el cual se relataba cómo lo estaban manipulando, y de la resistencia opuesta por los obispos y cardenales le hacían difícil la misión. Y luego fui constreñido a “desvincular” San Pietro e Dintorni de la página principal de Vatican Insider. Sacad vosotros las consecuencias… Y buena lectura.

§§§

Querido Dr. Tosatti,
Soy un laico célibe, de 67 años, laureado en derecho canónico. De miembro de la TFP fui por años auxiliar de su fundador, el Prof. Plinio. Hoy prosigo mi camino en los Heraldos del Evangelio. No tengo en la institución ningún cargo de gobierno, pero he podido acompañar de cerca todo el proceso relativo a la Visita Apostólica realizada por la Santa Sede, participando además en la comisión de especialistas responsables para preparar el dossier de “Respuesta a las Preguntas Finales” planteadas por los visitadores, motivadas por las acusaciones –carentes de fundamento– de un grupito de ex-miembros poco aficionados al carisma. Tengo, en consecuencia, conocimiento de causa.
 
Escribo el testimonio presente sponte propria, contradiciendo, es necesario decirlo, las indicaciones en vigor de conservar el silencio entre nosotros, Así, después de profunda reflexión ante Dios, me siento en el deber de conciencia de defender mi honra personal y la de tantas almas que buscan colaborar con el proficuo apostolado de la Asociación para el bien de la Iglesia.
 
Sigo de hace tiempo su obra, querido Dr. Tosatti, y admiro su coraje. Por este motivo, pienso que Vd. es la persona más indicada para llevar a la luz mi testimonio abajo informado, que fue motivado, sobre todo, por la noticia de Vatican Insider, firmada por Salvatore Cernuzio (28/9/2019): “El Vaticano comisaría los Heraldos del Evangelio, la asociación brasileña de los extraños exorcismos bajo indagación desde 2017”.
 
De hecho, diversos órganos de prensa mundiales prontamente han dado la noticia del Comisariamiento de los Heraldos. Oíamos de informaciones sensacionalistas o falsas. La desagradable sorpresa es que la reacción más agresiva sea de parte de lo que es considerado por muchos como el vehículo oficioso de cierto sector curial ferviente difusor de los vientos de misericordia.
 
¿Cuál será su motivación? Cui bono? No lo sabemos, pero he aquí alguna pista.
  1. Cuánta carencia…  
    Comencemos por la palabra inicial del artículo de Cernuzio: “carencias”, haciendo referencia a las que, se supone, sufren los Heraldos. Cualquier cristiano sabe que solo Dios está excento de todo tipo de “carencia” (S. Theol., I, q. 4, a. 2, co.). En todo caso, es difícil ver dónde y cómo la Asociación tenía “carencias” de vocaciones, de gobierno o administrativas. Sobre todo si miramos el panorama católico hodierno, tan lleno de “carencias”. Soy honesto al reconocer que ninguno es juez en causa propia, pero, por otra parte no podemos tampoco negar la verdad pública conocida en cuanto tal: el declive de las vocaciones, los problemas de gobierno y administrativos graves que existen en muchos institutos. La Hermana Auxiliar del Comisario nombrado para los Heraldos, por ejemplo, es Superiora General de las Hermanas de la Divina Providencia [de Maguncia, N. del T.], instituto que hoy cuenta con 928 hermanas, contra las 1.411 que habían en el 2005. Confiamos precisamente en la Divina Providencia para que la reverenda madre nos oriente en forma tal para evitar que suceda en nosotros lo que está sucediendo en ellas…
      
    Por otra parte, podemos constatar con tristeza una “carencia” en el artículo de Cernuzio y es aquella de un principio básico de la justicia bien acogido por el código deontológico del periodismo: “Audiátur et áltera pars”. Y no solamente. El CIC declara (c. 1526) “onus probándi incúmbit ei qui assérit” – “la carga de la prueba incumbe sobre quien acusa”. De hecho, el juez tiene la obligación de interrogar a las partes antes de dar sentencia (c. 1530) “partes interrogáre semper potest, immo debet”. Cernuzio se ha autonombrado juez, pero “carente” de toda competencia jurídica, no ha aplicado al caso los principios de la justicia precisamente porque, en cuanto sé, no ha contactado a ninguno de  mis cofrades.
     
    Luego de haber repetido el tema de las supuestas “carencias”, Cernuzio busca re-exhumar una vieja controversia sobre supuestos exorcismos, ya ampliamente aclarada –y la aclaración apareció en diversos órganos de prensa– a diversos obispos locales y al mismo Vaticano en el referido dossier de 572 páginas –acompañado de 42 volúmenes que contienen 75 alegatos, totalizando más de 18.000 páginas de documentos y publicaciones– con las explicaciones particularizadas sobre este y otros sucesos. Por lo que concierne a los supuentos exorcismos, el caso fue considerado cerrado por la autoridad judicial de la Diócesis interezada sin que sea señalada alguna infracción de las reglas canónicas o litúrgicas. Entonces, ¿por qué recalentar la menestra de controversias ya archivadas? “Res judicáta pro veritáte habétur”, la sentencia jurídica firme debe ser considerada como una verdad lograda.

  2. ¿“Exorcismos extraños” o prácticas de la Iglesia de tiempo inmemorial?  
    El suceso de los exorcismos incriminados es sencillo: básicamente, se trataba de “oraciones de liberación”, ampliamente difundidas en el orbe católico, como está previsto en el mismo Ritual Romano: De exorcísmis et supplicatiónibus quibúsdam, recomendadas precisamente a laicos y laicas. En los casos en análisis no se trataba de “exorcismos solemnes”, acto de culto público de la Iglesia, sino apenas de invocaciones ad líbitum contra los espíritus de las tinieblas, eficaces en tantos casos ex virtúte charísmatis; como han hecho, por demás, tantos católicos a lo largo de la historia, algunos de ellos canonizados, como Santa Francisca Romana y San Pío de Pietrelcina.
     
    En una situación de vejaciones es deber de caridad de todo cristiano –a fortióri de un sacerdote– buscar la curación espiritual del alma “carente” de auxilio sobrenatural. Esto no es otra cosa que la misericordia, ¿o me equivoco? La prueba de la naturalidad de estos hechos emerge de los testimonios de agradecimiento –quiero creer que están conservados con cuidado en un archivo– enviados a los miembros de la institución por parte de tantísimas personas beneficiadas. Si los frutos son buenos, ¿no lo será también el árbol?

  3. ¿Culto a una suerte de “trinidad” o virtud anexa a la Justicia?  
    En las páginas de cierta prensa anticatólica brasileña, a la cual viene a agregarse ahora Vatican Insider, está volviéndose recurrente la manía de confundir la veneración o el respecto al Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, Doña Lucilia, su madre, y Mons. João, con la “adoración”.
     
    Como es sabido, la objeción contra cualquier suerte de culto a hombres o mujeres es de perfil protestante, ya que en el seno de las denominaciones separadas de la Iglesia Católica fue eliminado todo género de veneración o respeto a personas meritorias, considerándolo una suerte de idolatría, a favor de lo que han denominado Cristocentrismo bíblico.
      
    No es necesario ser teólogo para percibir la diferencia entre el respeto y el honor debido a los superiores (ver S. Theol., II-IIæ, q. 102-103) y el culto de latría reservado a Dios solo. Incluso los paganos honraban las personas consideradas excelentes. Por otra parte, no es necesario tener una laurea en Derecho Canónico para percibir la diferencia entre culto público y culto privado. La cuestión fue claramente dilucidada por los Heraldos en diversas publicaciones y en la misma “Respuesta a las Cuestiones Finales” de la Visita Apostólica arriba referida.
      
    En síntesis, cada fiel puede y debe en virtud de la justicia y del cuarto mandamiento del Decálogo, considerar dignos de respeto las personas revestidas de autoridad o virtuosas, como dice el Apóstol: “Réddite ómnibus debíta: cui timórem timórem, cui honórem honórem” (Rom. 13, 7).
     
    Después es necesario considerar que no es la coanonización la que hace santa una persona, sino que alguien es canonizado por ser santo; y, precisamente, es la “fama de santidad” entre el pueblo de Dios la que lleva a encaminar los procesos canónicos. En este sentido, la fama de santidad del Prof.  Plinio y, sobre todo, de su madre, Lucilia, se es entendida mucho más allá del círculo de los Heraldos del Evangelio. En efecto, es enorme la cantidad de testimonios concernientes a gracias obtenidas, tanto materiales como espirituales, de parte de personas de toda condición, país y edad.

  4. ¿Milenarismo o profetismo?  
    Es también curioso etiquetar a los Heraldos como súcubos de una suerte de “culto secreto y extravagante hecho de teorías milenaristas que llamaban a causa a la Virgen de Fátima”. Ahora, no es necesario confundir milenarismo con profetismo. En efecto, en el 2007, Benedicto XVI afirmó respecto al mensaje de Fátima: “es la más profética de todas las apariciones modernas”.
     
    En cambio, en aquel mismo año, durante apostólica en Brasil, el Pontífice hizo uso, una de las pocas veces en el magisterio reciente, de la palabra “milenarismo”. ¿Y con qué finalidad? Para hacer referencia a la Teología de la Liberación como si fuese un milenarismo fácil, “una mescolanza equivocada entre Iglesia y Política”. Pero, como es sabido, los Heraldos nunca se han interesado en discusiones políticas. Otras veces el milenarismo fue atribuido, como lo hizo Juan Pablo II, a movimientos ligados a la New Age, filosofía vaga de matriz gnóstica que goza de simpatía en el seno de otras congregaciones, pero no entre los Heraldos, como es evidente.
     
    Finalmente, atribuir a los Heraldos el apelativo “milenarista” es una contradíctio in términis. In primis, porque ellos se encontrarían en la estela del movimiento contra-revolucionario, según cuanto afirmaban en Vatican News. O bien, como se sabe, tal movimiento es diametralmente opuesto a la “revolución de las masas” entendida como medio para lograr el supuesto reino mundano, característica típica de los movimientos milenaristas.
     
    Los Heraldos, además, fueron considerados por Benedicto XVI como una Asociación capaz de frenar la expansión de las sectas, muchas de ellas de matriz milenarista, como ha sido señalado por el mismo Ratzinger en su Informe sobre la Fe. Y esto precisamente porque según él: “La valorización correcta de los mensajes como el de Fátima puede ser  nuestro tipo de respuesta [al crecimiento de las sectas, en particular aquellas signadas por el milenarismo]”. En conclusión, pienso que Cernuzio se ha precisamente equivocado: según el magisterio de la Iglesia, los Heraldos y su devoción al mensaje profético de Fátima son una realidad opuesta al milenarismo.

  5. Algunas curiosidades para finalizar…  
    Es curioso que Cernuzio afirme que ya estaba en curso una “profunda investigación que  involucraba al Instituto” en ocasión de la renuncia del Fundador, cuando en realidad no fue anunciada en ningún momento.
      
    Es curioso que el comisariamiento sea decretado (con un error que lo podría invalidad al menos parcialmente) a pesar que la evidencia demuestra que no había ningún hecho consistente que justificase tal medida.
     
    Es curioso que un diario que se supone tan actualizado haya omitido una información bien conocida por las autoridades vaticanas,  esto es, la parcialidad evidente de uno de los visitadores contra los Heraldos. Hecho confirmado, estando en los documentos que he tenido a la vista.
En fin, la noticia de Vatican News describe al fundador de los Heraldos como “ya miembro de la asociación católico tradicionalista y contra-revolucionaria brasileña TFP”. Como todos saben, el Fundador de la TFP es el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, gran líder católico de reputación mundial. Él mismo, en el lejano 1979, desenmascaró las intenciones de cierta ala más “avanzada” de la Iglesia, en un libro que ya por el título revela su tenor profético:  “Tribalismo indígena, ideal comuno-progresista para la Iglesia del Siglo XXI”.

En suma, me parece altamente simbólico que algunos de esta facción, herederos de la camaleónica teología de la liberación –hoy, luego de extrañas metamorfosis, convertida en una suerte de eco-teología– habían decretado en la inminencia del Sínodo de la Amazonía de sacrificar sobre el altar de la “madre tierra” una institución que tanto por el origen como por su espiritualidad tenía un vínculo tan estrecho con el Prof. Plinio.
 
Más allá de sus intenciones, una cosa sé y creo: ¡las obras de Dios son inmortales!
 
2º «LOS HERALDOS DEL EVANGELIO HEMOS SIDO PREJUZGADOS».
Queridos Stilumcuriales, hemos recibido, y publicado de agrado, la carta de un laico brasileño, de los Heraldos del Evangelio, que recientemente, al término de una visita que se concluyó sin hallar elementos específicos negativos, fueron comisariados con motivaciones de extrema genericidad. Ahora, que esto suceda mientras en otras órdenes religiosas miembros también excelentes se abandonan en declaraciones y comportamientos continuados en contraste con el Magisterio de la Iglesia y también con el Catecismo, no puede no suscitar estupor. Cuando después vemos lo que ha sucedido en los jardines vaticanos, ante los ojos del Pontífice, y en una iglesia de la Vía de la Conciliación, a pocos pasos de San Pedro, donde se realizaron ritos que en la mejor de las hipótesis pueden calificarse como sincretismo, el estupor y la perplejidad aumentan. Cómo crece la sospecha de que el real motivo de la providencia encuentra raíces tanto en la personal antipatía hacia los Heraldos del prefecto de la Congregación para los religiosos, Braz De Aviz, exponente de la más que politizada (en la extrema izquierda…) Conferencia episcopal brasileña, como en el amor por la tradición de la Iglesia mostrado por los Heraldos. Buena lectura.
  
§§§
   
Querido Dr. Tosatti,
Ante todo quiero agradecer la gentil acogida y reciente publicación del testimonio de mi cofrade, lo que me alienta a enviarle el mío propio. Soy un laico, célibe, abogado, brasileño, de 53 años, y pertenezco a los Heraldos desde su fundación. Fui, además, por un mandato, secretario general de la Asociación.
  
Escribo porque, sin embargo, noticias llenas de fantasía continúan difamando a los “Heraldos del Evangelio”, puestos contra el paredón de las calumnias. Por este motivo, propongo algunas reflexiones que me permito compartir con Vd. y, si es de su agrado, con sus queridos lectores.
   
A fin de sintetizar, me concentro solamente en una noticia sobre nosotros: Heraldos comisariados: preguntas a los críticos, del reverendo Padre Lorenzo Prezzi, SCJ, publicada en el sitio “Settimana News”, conocido por frecuentadores de Stilum Curiæ. El religioso periodista, en el dulce estilo misericordioso, no ha tenido la gentileza de oír la parte acusada, según cuanto he podido recabar por los cofrades italianos. El P. Prezzi, como es sabido, respeta con religioso obsequio a ciertos vértices vaticanos, pero no es amante de institutos del tipo Franciscanos de la Inmaculada y otros…
  
***
  
1) La primera cantinela del padre dehoniano es sobre nuesto hábito, considerado por él como una “curiosa divisa”. En su “imaginario”, según su expresión, el hábito de los Heraldos sería cercano al tenido por los “mosqueteros”. De hecho, es comprensible que uno no tan afecto a llevar las vestidas religiosas (CIC c. 284) hace burlas sobre un hábito reconocido por la Iglesia y por el derecho propio (CIC c. 669, §1), que, visto el caso, atrae tanto a la juventud. Tal vez incluso más que las plumas amazónicas, tan a la moda…
  
En este punto me viene la pregunta: Si los Heraldos son la reedición de los “mosqueteros”, ¿quién será hoy el maquiavélico Cardenal Richelieu? ¿Y cuáles sus malvados guardias? En fin, buscaré lograr una respuesta.
  
2) En seguida, el P. Tozzi revela el presunto secreto, esto es, la institución de la Sempre Viva, que sería una especie de sociedad secreta, con el objetivo de realizar una suerte de culto a los inspiradores de la Obra. En lo que concierne a este tema, no hay nada contrario a la doctrina de la Iglesia. Luego es necesario recordar que sobre tal institución se ha tratado ampliamente en el pasado, y recientemente, en el libro en cinco volúmenes: “El don de la sabiduría en la mente, en la vida y en la obra de Plinio Corrêa de Oliveira”, publicado sin secretos por la Libreria Editrice Vaticana con más de cien mil ejemplares impresos por cada volumen. Invito, por tanto, al reverendo padre a informarse mejor sobre nosotros antes de lanzar sus piedras. De resto, ¿qué sentido tiene censurar el culto a personas muertas en olor de santidad, cuando hoy asistimos a rituales ancestales, no típicamente litúrgicos y católicos, en el mismo Vaticano?
   
3) El artículo del P. Prezzi vuelve a la trivialidad de los exorcismos. Como ya pensaba Santo Tomás, las acusaciones sirven para aclarar la verdad. Hela aquí, y, espero, en forma definitiva. Es necesario recordar que la mayor parte de las frases pronunciadas en los vídeos fueron sacadas de contexto. Ahora, en aquel caso, se trataría de supuestas declaraciones del demonio por medio de una persona poseída. Bueno, en aquellos encuentros estaban presentes la mayor parte de los clérigos, bien concientes de que el príncipe de las tinieblas es el padre de la mentira. Como se sabe, el crédito a las presuntas declaraciones debe ser concedido con extrema prudencia, porque muchas veces satanás se transfigura en “ángel de luz” (2Cor 11, 14). Él busca engañar incluso a los santos, intentó hacerlo  precisamente con Santa Catalina de Bolonia, apareciéndosele bajo la apariencia de Cristo.
  
Para analizar aquellas vejaciones y otras, en la época fue constituida una comisión de teólogos y canonistas, que siguió de cerca la cuestión, antes, debo decir, que el vídeo apareciera ilícitamente. Las conclusiones del estudio (todas documentadas y consignadas a las autoridades eclesiásticas competentes) aplicando las reglas clásicas del discernimiento de los espíritus, fue de considerar inverosímiles todas aquellas narraciones; las cuales, por tanto, nunca hicieron parte de nuestras convicciones. Si antes de la explosión mediática hubiésemos sido consultados, se habría evitado la innecesaria confusión en las mentes del público católico.
  
Ya sobre el milenarismo, invito al reverendo sacerdote a leer la precedente carta de mi cofrade. Si Benedicto XVI afirmaba que los teo-libertarios eran los milenaristas de un pasado reciente, ¿qué decir de sus sucesores, los ecoteólogos?
  
Facta non verba. El hecho evidente al público católico es que aquellos episodios –que hablaban entre otras cosas de cambios climáticos y de un presunto futuro pontífice– no influenciaron en nada el comportamiento de los Heraldos, que continuó siendo el de hacer el bien con la conciencia recta y tranquila. Si fuese lo contrario, los Heraldos no habrían aceptado la visita apostólica o el comisariamiento, ambas decisiones por lo menos precipitadas e inexplicables. En consecuencia, también en circunstancias adversas, el amor por la Iglesia ha prevalecido entre nosotros.
  
4) Es sorprendente que incluso se quiera re-exhumar lo sucedido con los Heraldos en Sucumbíos, en Ecuador, un vicariato apostólico de la zona amazónica, después de casi diez años y justo durante el Sínodo. Todo providencial. Recuerdo brevemente los hechos: el Nuncio en el Ecuador pide a Roma la urgente sustitución de Mons. Gonzalo López Marañón OCD porque él y su clero se situaban “más allá de la Teología de la Liberación”. De Propaganda Fide pidieron a los Heraldos asumir el vicariato. Menos de seis meses después de la instalación, hubo un retorno sustancial a la vida sacramental, luego de 40 años de abandono pastoral. El problema allá no era la falta de sacerdotes, sino más que todo el hecho de que muchos de los que estaban preferían a Marx que a Cristo. Bueno, los sectores que hoy gritan por la abolición del celibato y en favor de la ordenación de los viri probáti hicieron presión también políticamente para que cesase aquel fructuoso apostolado en aquella región tan carente y con mayoría indígena. Nuestra práctica allá, como en todas partes, es menester decirlo, nunca se centró en temas políticos; pero permaneciendo en el campo pastoral, se buscó llegar a todos con el pan de la palabra y el Santo Sacrificio. La gente del puesto ha apreciado tanto nuestro trabajo, como es constatable hasta ahora.
  
Los Heraldos, por tanto, dieron su disponibilidad a la Santa Sede, y cuando fueron solicitados por Ella para retirarse lo hicieron con rapidez y en la santa obediencia. Testigos son la carta enviada por el Prefecto de Propaganda al Superior General de la época, que fue comunicada en nuestra plenaria.
  
Discúlpeme el desahogo: El Brasil, tan famoso hoy gracias al Sínodo y también a ciertos comisariamientos, es la nación con más católicos en el mundo, también si en los últimos cincuenta años éstos descienden del 95 al 50 por ciento…. Escuchamos soluciones para contener la hemorragia. Benedicto XVI ponía su confianza en los movimientos misioneros, como los Heraldos, ayudados por la gracia de Dios: “ómnia possum in Eo qui me confórtat” (Fil. 4, 13). Otros ponen su confianza en los “chamanes” y en la “madre tierra”. En este punto, me viene a la mente la pregunta profética de Elías dirigida al pueblo de Israel: “¿hasta cuando cojearéis con los dos pies? ¡Si el Señor es Dios, seguidlo! Si en cambio lo es Baal, seguidlo a él” (1Re 18, 21)
  
***
  
Tomo la ocasión para decir que rondan las preguntas de los amigos a propósito de las medidas extraordinarias tomadas por la Santa Sede en nuestra confrontación. La principal gira en torno al motivo efectivo del  comisariamiento. Algunos dirán que en el fondo es la cuestión de los exorcismos, como muchos órganos de prensa han afirmado precipitadamente. Si fuese así, ¿por qué fueron comisariadas también las monjas? ¿Y los laicos?
  
De parte mia, en cuanto concierne a la pregunta planteada, confieso no entender la motivación de un comisariamiento.
  
Por demás, en referencia a las respuestas a las ocho preguntas finales planteadas por los visitadores, que los Heraldos mencionan en el comunicado de prensa publicado en ocasión del comisariamiento, muchos quieren saber si son los visitadores que la Congregación habían hecho las observaciones. La respuesta es negativa. De hecho, allá todo es exhaustivamente explicado en 572 páginas, con más de 18.000 páginas de alegatos documentales y de testimonios. De parte de los canales oficiales, en cambio, ni una palabra… ¿Por qué? ¿Y el diálogo?
  
Pues, en los buenos tiempos curiales, antes de comisariar un Instituto, los superiores eran informados sobre las conclusiones de la visita. En este caso, ninguna. ¿Cuál es el motivo?
  
Como católico y como abogado, espero que mis hermanos no se dejen martirizar como mansos corderitos… ¡ha llegad la hora en cambio de ser como leones! De hecho, sé que muchos piensan así.
  
En fin, pocos días ha, un cofrade adepto a nuestro archivo, me ha hecho una confidencia muy reveladora… Él me ha asegurado haber tenido a su vista diversas relaciones reservadas del 2010 en adelante sobre dichos poco prudentes, para decir poco, de cierta autoridad dicasterial –con déficit de continencia oral?– que publicitaba aquí y allá, desde su arribo a la Urbe, la próxima “clausura” de los Heraldos; y esto incluso antes de que fuese presentada si quiera una denuncia. Si es, de hecho, así, deseo que la verdad salga a la luz, y se manifiesten las intenciones de los corazones. Quedaría claro entonces que hemos sido prejuzgados, y que tanto el vídeo como las otras acusaciones difamatorias solamente sirvieron de pretexto. La suerte fue ya echada: deléndi sunt
  
Como sea, permanecemos confiados: ¡al final el Imaculado Corazón de María triunfará!
  
Humberto Goedert

EL “ROSARIO ELECTRÓNICO”

Noticia tomada de ENGADGET. Traducción tomada de FORBES.
   
VATICANO LANZA ROSARIO ELECTRÓNICO QUE SE ACTIVA HACIENDO LA SEÑAL DE LA CRUZ
El dispositivo muestra el progreso a lo largo de cada oración y realiza un seguimiento de cada rosario completado.
  
   
En la era de los millenials, el Vaticano ha puesto su esfuerzo en llegar con la Fe a las nuevas generaciones y en este intento, acaba de lanzar el rosario electrónico “Click to Pray” (Haga click para rezar), un dispositivo portátil conectado a una aplicación móvil que se activa, nada más ni nada menos, que al hacer la señal de la cruz.
   
El dispositivo, que se puede usar como brazalete, está compuesto por 10 cuentas de rosario de hematita y ágata negra consecutivas, además de una “cruz inteligente” que almacena datos.
  
Una vez activado, el usuario puede optar por rezar el rosario estándar, un rosario contemplativo o un rosario temático, que se actualizará durante todo el año.
   
El dispositivo muestra el progreso a lo largo de cada oración y realiza un seguimiento de cada rosario completado.
   
El Vaticano dice que el dispositivo, parte de la Red Mundial de Oración del Papa, está diseñado como una herramienta de enseñanza basada en tecnología para aprender “cómo rezar el rosario por la paz en el mundo”.
   
La aplicación correspondiente presenta contenido religioso personalizado, así como información de seguimiento de salud obtenida del brazalete.
  
Está a la venta ahora por 99 euros o unos 110 dólares.

MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA DECIMOSÉPTIMO

Tomado de El Rosario: Meditaciones para los 31 días del mes de Octubre, de la autoría del licenciado Juan Luis Tercero. Publicada en Ciudad Victoria, México, en el año 1894 por la Imprenta Oficial de Víctor Pérez Ortíz. Imprimátur concedido el 12 de Marzo de 1894 por Mons. José Ignacio Eduardo Sánchez y Camacho, Obispo de Ciudad Victoria-Tamaulipas (actual Tampico).
         
CAPÍTULO XXI. MISTERIO CUARTO: JESUCRISTO CONDUCIDO CON LA CRUZ EN SUS HOMBROS POR LAS CALLES DE JERUSALÉN AL SUPLICIO DEL CALVARIO
Henos aquí ya, no con el Rey de burlas de cetro de caña; pero ni con cetro de oro. Este Nazareno ha de ser no obstante Rey y verdadero Rey de dolor y su cetro la gran insignia de los suplicios, sin que por esto deje de ser hoy en lo invisible y al fin sea reconocido como Rey de toda gloria. Por eso Isaías le predice de extraña grandeza: «su imperio, dice, le portará sobre su hombro» y ese imperio, es decir, su símbolo, no será otro que el de la cruz. Y ahora es cuando se entiende eso que decía y quería el divino Maestro: «el que me ame tome su cruz y sígame», y se entiende también eso otro tan sublime, «cuando fuere levantado en alto lo atraeré todo a mí».
  
El gran espectáculo, pues, abre la marcha; del Pretorio procede, trasciende ya a las calles, espectáculo es ya para todos lugares y siglos. Aparece ya el Redentor cargando su cruz, y la Madre, no digamos ya más que la Madre, la dolorida Madre, le sigue y en torno de Ella las santas mujeres, con el Discípulo fiel.
  
El estandarte del Rey descúbrese ya («Vexílla Regis pródeunt»), revélase, todo es que aparece, que se desplega, y ya se observa como que triunfa. David tiene dicho: «grandes cosas preveo, al Rey se refiere mi anuncio, palabra buena, palabra de buena nueva. Mi lengua quiere desatarse en referirlo sin tardanza. Cíñete al lado tu espada, oh Rey potentísimo, avanza, adelántate, que todo te sea próspero y álzate ya con tu reino y con tu triunfo».
   
Todo este extraño aparecer, avanzar, reinar y triunfar, es algo más grande que lo de combates de Josué, de David, de Salomón, de hombres de espada y de conquista con gente de armas; todo no es más que el estandarte, el combate, el reinado y el triunfo de la pasión de Jesucristo, principalmente por la cruz de su suplicio. Por eso la Iglesia Santa tiene palabras de celeste unción cuando santamente poetiza todo esto; y en la procesión conmemorativa del Viernes Santo, sorpréndenos con este himno que ha siglos entona y cada siglo entonará con mayor número de voces de pueblos y naciones: «Las banderas del Rey se descubren, ved ya fulgurando el misterio de la cruz; de esa cruz en que la Vida misma, el Autor de la vida, sufrió la muerte y con esta muerte produjo nuestra vida». David lo predijo, David lo cantó mil veces en fiel profecía: «que el Señor había de reinar desde un madero».
  
Esto, pues, qu e tanto se ha debatido con intención contraria en cada bando, y que se ha querido a fuerza de cruentísimos azotes, de tumulto de combate entre el Cielo y el Infierno, ¡con razón! es el cetro del Rey, es la exaltación de su estandarte.
 
«¡Venga acá la cruz! ¡A nosotros la cruz, para clavar en ella a nuestro Enemigo!», dicen los demonios, dicen los fariseos ecos suyos. «¡Pues esa cruz es la que ansiamos!», dicen Jesús y sus ángeles. «¡Acá la cruz; ya, lo tengo dicho, clama el Nazareno, con ella y en ella determino reinar , mi bautismo es ese, eso es lo que ansío!».
  
«¡La cruz, dice también la Madre, la excelsaa Madre, acá la cruz; dolorosa y mucho y de muchos tormentos es ella para mí; pero después de mi Hijo, nadie ansía por ella tanto como yo!».
  
Qué misterio tan grande y amoroso es, pues, este, y por eso muy en breve ardiendo en fe y amor se dirá por uno de los apóstoles, a convertidos suyos que de esa fe y ese amor participaban como primicias del universal incendio: «¡lejos de mí el gloriarme sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo»… «Él se ha anonadado voluntariamente constituyéndose en obediencia hasta la muerte y muerte de cruz… y en el nombre de este Jesús, ¡dóblese toda rodilla en los cielos, en la tierra y en los infiernos!».
  
«Grande espectáculo es este, dice San Agustín; si lo mira la impiedad, grande ludibrio; si la piedad, grande misterio; si la impiedad lo atiende, gran documento de ignominia; si la piedad, gran monumento de fe; si la impiedad lo considera, se ríe de un Rey que por cetro de su reino porta el madero de su suplicio; si la piedad, ve que ese cetro que lleva el Rey para ser él mismo clavado en él, habrá de fijarse más tarde en la frente de los reyes, y en eso que los impíos despreciarían con su desdeñosa mirada, habían luego de gloriarse los corazones de los santos»; y aquí aduce el insigne Doctor la gran palabra de San Pablo que antes citamos.
   
Pero no apartemos nuestra vista del avance de esa multitud inmensa que con el divino Reo a la cabeza y su santa familia no lejos de Él, procede del Pretorio y tomando por la vía dolorosa y la calle de la Amargura, nombres destinados ya luego a la inmortalidad, ha de instalarse finalmente en la cumbre del Calvario. Aquí cedemos nuestra humilde palabra a la hermosísima de la inspirada de la Reina del cielo, a la inspirada María de Ágreda:
«Por esta diligencia de los judíos corrió luego por toda Jerusalén la voz de la sentencia de muerte que se había pronunciado contra Jesús Nazareno, y de tropel concurrió todo el pueblo a la casa de Pílalos para verle sacar a justiciar. Estaba la ciudad llena de gente, porque a más de sus innumerables moradores habían concurrido de todas partes otros muchos a celebrar la Pascua, y todos acudieron a la novedad, y llenaron las calles hasta el palacio de Pilatos. Era viernes, día de Parasceve (San Juan XIX, 14), que en griego significa lo mismo que preparación o disposición; porque aquel día se prevenían y disponían los hebreos para el siguiente del sábado, que era su gran solemnidad, y en ella no hacían obras serviles, ni para prevenir la comida, y todo se hacía el viernes. A vista de todo este pueblo sacaron a nuestro Salvador con sus propias vestiduras, tan desfigurado y encubierto su divino rostro en las llagas, sangres y salivas, que nadie le reputara por el mismo que antes había visto y conocido. Apareció, como dijo Isaías, como leproso y herido del Señor (Isaías LIII, 4); porque la sangre seca y los cardenales le habían transfigurado en una llaga. De las inmundas salivas le habían limpiado algunas veces los santos ángeles, por mandárselo la afligida Madre, pero luego las volvían a repetir y renovar con tanto exceso, que esta ocasión apareció todo cubierto de aquellas asquerosas inmundicias. A la vista de tan doloroso espectáculo se levantó en el pueblo una tan confusa gritería y alboroto, que nada se entendía ni oía, más del bullicio y eco de las voces. Mas entre todas resonaban las de los Pontífices y fariseos, que con descompuesta alegría y escarnio hablaban con la gente para que se quitasen, y despejasen la calle por donde debían sacar al divino sentenciado, y para que oyeran su capital sentencia. Todo lo demás del pueblo estaba dividido en juicios y lleno de confusión, según los dictámenes de cada uno. Y las naciones diferentes que a el espectáculo asistían, los que habían sido beneficiados y socorridos de la piedad y milagros del Salvador, y los que habían oído y recibido su doctrina, y eran sus aliados y conocidos; unos lloraban con lastimosa amargura, otros preguntaban qué delitos había cometido aquel hombre para tales castigos, otros estaban turbados y enmudecidos, y todo era confusión y tumulto» (Mística Ciudad de Dios, núm. 1355).
  
La compasión que el Varón de dolores era digno de inspirar a cuantos le miraban, y con ella el amor todo entero, las santas mujeres se la ganan como primicias de los triunfos del amor del Verbo humanado, primicias que siempre supo ganarse la mujer, participe en esto de la dicha de aquella Mujer excelente, bendita entre todas y entre todos. Cuando en otros días los fariseos disputaban malignamente con el divino Maestro y le despreciaban a pesar de un elocuente milagro y con motivo de él, la curación de un poseído del demonio, es una mujer animosa quien alza la voz para desagraviar al hermoso despreciado Nazareno: «bienaventurado el vientre que te crió y los pechos que te alimentaron»; mujeres son las que le desagravian cuando la crueldad farisaica y la cobardía del Juez le han proclamado digno de ser conducido en afrentoso espectáculo a morir en cruz; palabras de alabanza habían sido las de aquella Mujer, llanto y plañidos son ahora, elocuente expresión con que, sin ofender, se reprueba la crueldad triunfante de los tiranos y se protesta en favor de la inocencia perseguida.
   
Mas así como el divino Maestro pagó dignamente con hermosísima enseñanza a aquella mujer, paga ahora a éstas: «No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque si esto hacen en el leño verde, qué será en el seco?».
   
«Con estas razones misteriosas, dice María de Agreda, acreditó el Señor las lágrimas derramadas por su pasión santísima, y en algún modo las aprobó, dándose por obligado de su compasión; para enseñarnos en aquellas mujeres el fin que deben tener nuestras lágrimas, para que vayan bien encaminadas. Esto ignoraban entonces aquellas compasivas discípulas de nuestro Maestro, que lloraban sus afrentas y dolores, y no la causa porque los padecía; de que merecieron ser enseñadas y advertidas. Fue como si les dijera el Señor: “Llorad sobre vuestros pecados, y de vuestros hijos, lo que yo padezco, y no por los míos, que no los tengo, ni es posible. Y si el compadeceros de mí es bueno y justo, más quiero que lloréis vuestras culpas que mis penas padecidas por ellas, y con este modo de llorar pasará sobre vosotras y sobre vuestros hijos el precio de mi Sangre y redención que este pueblo ciego ignora. Porque vendrán días (que serán los del juicio universal y del castigo) en que se juzgarán por dichosas las que no hubieren tenido generación de hijos, y los prescitos pedirán a los montes y a los collados que los cubran, para no ver mi indignación. Porque si en mí, que soy inocente, han hecho estos efectos sus culpas, de que yo me encargué, ¿qué harán en ellos, que estarán tan secos, sin fruto de gracia ni merecimientos?”. Para entender esta doctrina fueron ilustradas aquellas dichosas mujeres, en premio de sus lágrimas y compasión».
  
La dichosa participación de las hijas de Dios en su gran sacrificio de la vía dolorosa y calle de la Amargura, se dispensa también por nuestro Redentor divino a los varones de su pueblo. Dichoso mil veces el Cireneo, a quien tocó ser ocupado, obligado por mandato arbitrario de los Príncipes de los sacerdotes, a ponerse en contacto, a portar el dichoso madero del sacrificio del Mesías. Desde luego los nombres de sus hijos Alejandro y Rufo son consignados en el Evangelio de San Marcos. ¡Santa envidia nos causan esas predilecciones a todos cuantos en la Pasión de Jesús podemos tomar participio, al menos, entre los últimos y casi mecánicos adherentes de la grande escena! Mas, participios como el que ahora envidiamos son de importancia desmedida, pues es aproximarse demasiado a un sol tan esplendoroso como Jesucristo, para dejar de convertirse en importante luminar.
  
¡Qué mucho que los Santos Padres se vuelvan todos elocuencia cuando contemplan la fortuna de esos humildes predestinados; tanta razón así tenía David, cuando exclamaba: «determinado he ser el más abyecto en la familia de mi Señor, más bien que ser de los primeros en los tabernáculos de los pecadores!»
   
¡Qué mucho que de ese mismo par de forajidos que Jesús lleva uno a diestra y otro a siniestra en la afrentosa procesión, los Santos Padres demuestren y magnifiquen las grandezas de uno de ellos que se convertirá a última hora, que se convertirá en gran mártir, confesor y bienaventurado. Por su parte, el Cireneo fue santificado con sus dos hijos; la historia consagra la memoria de su dicha. Del Cireneo, se lee: «En la religión sigue Simón a sus hijos, para no ser defraudado de la merced debida de haber conducido la cruz de Cristo; porque después de muchas buenas obras, murió en gran paz en Jerusalén» (Lucio Dextro, en Cornelio Alápide).
  
Aparte de esta especial merced en bien del que presta un servicio al Redentor, que en manera alguna puede ser defraudado de su paga, de la paga magnífica, infinita de un rey que es Dios, que es agradecido y que recibió el servicio cuando todos se avergonzaban de Él, la gran enseñanza de la persona del Cireneo, es de profunda sabiduría, es la reproducción de la compasión, es decir, de la participación con nuestro Redentor en el padecer, y por eso en su amor y por eso en su gloria. Esta es palabra de San Pablo: «si compátimur et glorificábimur»; fórmula de esta otra más sencilla, de boca misma de nuestro amabilísimo Redentor: «si alguno quiere ser mi discípulo, tome su cruz y sígame». Enseñanzas son estas esencialmente católicas, profundamente evangélicas, diametralmente opuestas a la falsísima doctrina protestante sobre inutilidad de las buenas obras.
  
Son admirables en gran manera, oh Jesús nuestro, las industrias con que nos busca ese amor que nos tiene el Padre, e igual nos tenéis Vos; dispuesto lo habéis todo tan suave y fácilmente y con tanta fuerza a la vez, para que se consiga vuestro objeto a maravilla: ser azotado, despedazado, llagado, befado, escupido, escarnecido, hecho objeto de gran lástima; representar en todo esto los efectos y calidades del pecado en su malicia, y no menos los efectos y calidades de ese pecado en su tremendo castigo. Después de esa representación hacéis otra: os adaptáis un suplicio en que desde luego podíamos tomar alguna parte a más de la compasión: ayudaros con el peso de la cruz, que es ese suplicio, y para mayor habilidad vuestra, hacéis que os salgamos al paso; más todavía: hacéis que nos compelan a tomar esa cruz, no quedándonos ya entonces más trabajo que convertir en voluntario lo que de alguna manera es ya necesario: todos podemos hacer lo que ese dichoso compelido Simón.
  
Esto mismo consignan los Santos Padres. San Atanasio: «Llevó el Señor su cruz por sí propio y a su vez se la llevó un hombre, Simón. Ante todo la lleva Jesús como trofeo reportado sobre el Diablo; mas, por su voluntad libre llevaba su cruz para suplicio de su propia Majestad; pues no fue obligado por la necesidad a sufrir la muerte. A su vez también llevó esa cruz un hombre, Simón, para que fuese a todos manifiesto que el Señor moría, no con su propia muerte sino con la de los hombres».
  
San Ambrosio: «Esto sucedió para que primeramente Él erigiese el trofeo de su cruz, y en seguida lo entregase a sus mártires para que ellos también lo erigiesen. Pues conviene que su trofeo lo enarbole primero el caudillo vencedor».
  
Por su parte Orígenes: «Convenía que no sólo Jesús llevase su cruz, sino que nosotros se la llevásemos, cediendo a una necesidad de compulsión que nos era saludable. Él mismo nos lo dijo: “El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí”» (En Cornelio Alápide).
  
Llega el Señor, por fin a ese Calvario, como en otro tiempo Isaac, con la leña de su propio sacrificio, sobre la cual instalado como en ara de altar santísimo, sería ofrecido a modo de ejemplar y prototipo eterno de todas las oblaciones y holocaustos, "rescatando —prosigue nuestra inspirada María de Ágreda— a todo el linaje humano de la potencia tiránica que ganó el demonio sobre los hijos de Adán (Colosenses II, 15). Llamó el mismo Isaías, yugo y cetro del cobrador y ejecutor, que con imperio y exacción cobraba el tributo de la primera culpa (Isaías IX, 4). Y para vencer a este tirano y destruir el cetro de su dominio y el yugo de nuestra servidumbre, puso Cristo Nuestro Señor la cruz en el mismo lugar que se lleva el yugo de la servidumbre y el cetro de la potencia real, como quien despoja de ella al demonio y le trasladaba a sus hombros, para que los cautivos hijos de Adán, desde aquella hora que tomó su cruz, le reconociesen por su legítimo Señor y verdadero Rey, a quien sigan por el camino de la cruz (San Mateo XVI, 24) por la cual redujo a todos los mortales a su imperio (San Juan XII, 32) y los hizo vasallos y esclavos suyos comprados con el precio de su misma Sangre y vida (I Corintios VI, 20)» (Mística Ciudad de Dios, 1365).
 
Habéis llegado, Jesús nuestro, al lance final de vuestro gran combate; habéis concluido vuestra carrera triunfal de Conquistador. Como salís de esa proeza inaudita, saldréis de esa otra en que todo lo atraeréis a Vos. Enseñadnos a andar triunfalmente contra satanas, la vía dolorosa de nuestra prueba en la tierra, para salir triunfantes en la hora final en que ofrezcamos sacrificio semejante en crucifixión que imite a la vuestra. Vos y vuestra Madre dignísima, asistidnos en el camino y en el término. ¡No se pierda lo que Vos y Ella hicieron por nosotros; no desprecíeis la obra devues tras manos!

miércoles, 16 de octubre de 2019

DOCTRINA MORAL DE LA IGLESIA SOBRE FUMAR

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
    
Cardenales fumando cigarillos antes de un cónclave.
La enseñanza de la Iglesia es que los sacerdotes, e incluso los papas, son tan sujetos a pecado como cualesquiera otros seres humanos.
Aún, hasta apenas recientemente, los peligros de fumar no eran conocidos. Así, en el pasado, la ignorancia pudo ser un factor exonerante, pero ahora el quinto mandamiento de Dios y el dicho de San Pablo aplican: es inmoral tratar “el templo del Espíritu Santo” en una manera groseramente negligente y autodestructiva.
  
Queridos Padres de TRADITIO: ¿Cuál es la enseñanza moral de la Iglesia sobre fumar? ¿Cómo el ejemplo de los sacerdotes e incluso los papas que han fumado ilustrar sobre la materia? (Michael)
 
Respuesta de los Padres de TRADITIO: La posición moral general sería tambien la enunciada por San Pablo, de que el cuerpo es el “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6, 19-20). Luego, en conformidad también con el Quinto Mandamiento de Dios, es inmoral tratar la creación de Dios en una manera groseramente negligente y autodestructiva. No puede haber duda de que fumar tabaco (y eso incluye “vapear”) es lesiva para uno mismo y por tanto inmoral, como lo es embriagarse con el alcohol, tomar ciertas drogas, y así.
 
Es la enseñanza de la Iglesia es que los sacerdotes, e incluso los papas, no son impecables; esto es, ellos son tan sujetos a pecado como cualesquiera otros seres humanos. Sin embargo, hasta la segunda mitad del siglo XX, no se conocía cuán letal es fumar. Como puedes recordar de tu catecismo católico tradicional, la ignorancia es un factor que exonera parcial o totalmente en la calidad moral de un pecado.

MANUEL PIAR, FUSILADO POR SIMÓN BOLÍVAR

Por José Álvarez para LAS 2 ORILLAS.
  
EL INFAME FUSILAMIENTO ORDENADO POR BOLÍVAR
Por empuñar las armas a favor de la libertad de los esclavos, la igualdad de los pardos y el reconocimiento de los indígenas, Manuel Piar fue asesinado.
  
El 16 de octubre de 1817, en la plaza principal de Angostura, un pelotón de fusilamiento asesinaba al militar de más alto rango en las tropas insurgentes que luchaban por la independencia de la América Española. El nombre de la víctima, Manuel Piar, general en jefe del ejército insurgente. El jefe de los verdugos, Simón Bolívar, hasta ese momento combatiente del mismo bando del ahora fusilado. El motivo la condena, la decisión de Piar de empuñar las armas no por puestos burocráticos para los criollos ricos de la América Española, sino a favor de la libertad de esclavos, de la igualdad de los pardos (mestizos y mulatos) y del reconocimiento de los indígenas.
   
Manuel Piar había sido hasta ese momento el militar más destacado en la guerra de independencia. Invicto en 24 batallas, con su triunfo en San Félix a la orilla del Orinoco, había logrado por primera vez desde la reconquista de Murillo que las maltrechas tropas patriotas venezolanas pasaran de la guerra de guerrillas a una guerra de posiciones, con un territorio bajo control en la provincia de Guyana, lugar que se convirtió en la retaguardia del ejército que luego liberó de presencia realista a lo que hoy es Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Si en Ayacucho y Tumusla bajo el mando de Sucre y Santa Cruz culminaron la campaña de independencia, en San Félix empezó esa larga marcha, bajo las órdenes de Piar. A pesar de esa hazaña heroica, Piar tuvo el infortunio de tropezar en el camino con Bolívar y de amenazar directamente los intereses de clase de este último. Bolívar, Terrateniente caraqueño propietario de las haciendas más grandes del país, tanto en los valles de Aragua como en el Orinoco, lo tenía claro, su lucha era por la secesión, no por la transformación radical de las estructuras sociales impuestas por la colonia.
    
Aunque Piar y Bolívar luchaban en el mismo bando, eran muy diferentes. Bolívar había nacido en una de las familias terratenientes y mineras más ricas de Venezuela y de América, Piar en una familia modesta, inmigrante de Curazao. Bolívar era blanco, descendiente directo de españoles, quien antes de iniciar la guerra de independencia tenía más de mil esclavos bajo su servicio; Piar era mulato, descendiente de negros y de canarios y, por lo tanto, enemigo jurado de la esclavitud. Mientras Bolívar de forma cobarde con su derrota en Puerto Cabello en julio de 1812 había sido el causante del fin de la Primera República, Piar había logrado mantener a toda costa a su ejército en Margarita. Mientras Bolívar había salido huyendo antes de que cayera la Segunda República y había abandonado a sus tropas en la expedición de Los Cayos, Piar, por el contrario, se había mantenido combatiendo en el oriente. Mientras Bolívar para consolidar su liderazgo había traicionado a Miranda, Piar solo había ascendido por sus triunfos.
    
En lo ideológico también eran caras opuestas de esa moneda llamada independencia. Bolívar abogaba por gobiernos centralistas cuasi monárquicos y detestaba a cualquier intento de democratización. Su miedo a “la pardocracia” (posibilidad de que los mulatos, mestizos o negros pudieran gobernar), lo llevaba a estar rodeado de oficiales que como él eran ricos, blancos y mantuanos. Piar, por el contrario, entendía que la mayoría del pueblo americano se componía de descendientes de esclavos, de indígenas, de canarios y de españoles pobres. Por eso, Piar prometió la abolición de la esclavitud de forma inmediata, sin ningún tipo de condición. Piar quería una revolución social, Bolívar solo reforma que les permitieran a los blancos americanos el poder absoluto, con él a la cabeza, en un régimen profundamente conservador, vitalicio y proinglés, como se vería años más tarde con su famosa constitución boliviana y con su Decreto Orgánico de la Dictadura.
   
El fusilamiento de Piar y del proyecto emancipador que este encarnaba tuvo profundas repercusiones históricas. Aunque las tropas de Bolívar alcanzaron la independencia, la esclavitud pervivió hasta la segunda mitad del Siglo XIX. Bolívar se rodeó de oficiales ricos, terratenientes y hambrientos de poder. El mismo Bolívar les alimentó se apetito por la tierra. Justo una semana antes del fusilamiento de Piar, el 10 de octubre de 1817 Bolívar expidió un Decreto que formalizaba la desigualdad al respecto: Los Oficiales recibirían propiedades confiscadas de hasta 25.000 pesos, mientras los soldados tendrían que conformarse con un máximo de 500 pesos. Posteriormente creó una comisión de tierras que no terminó beneficiando a las tropas de a pie, sino a oficiales que ya eran ricos. Las haciendas fueron repartidas a Soublette, Mariño, Cedeño, Bermúdez, Urdaneta y otros tantos bolivarianos que años más tarde fundarían los partidos conservadores de Venezuela, Colombia y Ecuador.
   
La traición a Piar no fue la primera cometida por Bolívar ni la última que cometería. Ya en julio de 1812 había ordenado arrestar a Francisco Miranda, su Jefe en la lucha independentista, quien lo había hospedado dos años antes en Londres. Lo entregó al enemigo y así consolidó su poder. Igualmente, en 1814 en vez de enfrentar a la Santa Marta realista, incumplió la orden del Congreso de la Confederación Granadina y prefirió atacar al gobernador patriota de Cartagena Manuel Castillo y Rada. Luego, mientras él huía a Jamaica, le impidió abordar el barco, por lo que fue apresado por las tropas de Murillo y luego fusilado. Tampoco sería su último asesinato infame. En 1828 mandó a fusilar al Almirante Padilla, único mulato con ese rango militar. El delito de Padilla también fue ser de color y oponerse de forma radical a la esclavitud. Bolívar era antiesclavista de palabra, Padilla de acción. Padilla fue acusado de “participar en la Conspiración Septembrina” a pesar de estar preso en esos momentos, mientras que el líder confeso Pedro Carujo fue perdonado. Solo había una diferencia, Padilla era mulato antiesclavista, mientras Carujo era blanco y mantuano.
   
Acciones como estas fueron las que llevaron a que todos los partidos reaccionarios y conservadores idolatraran a Bolívar durante el Siglo XIX y hasta mediados del siglo XX. Las mentes progresistas y liberales trataron de hacer lo mismo con Santander, quien, a pesar de sus errores, siempre fue fiel al pensamiento liberal, la ideología más revolucionaria que existía para esa época. Esto cambia en los años 50 del Siglo XX cuando Indalecio Liévano Aguirre publica su biografía de Bolívar donde intenta presentarlo como lo que nunca fue: Un revolucionario, defensor de los oprimidos y explotados. Hoy, incluso sectores progresistas que nunca han leído a Bolívar o han leído solo las biografías rosas post- Liévano (o ahora la serie de Netflix) lo idolatran. Si Bolívar prohibió en 1828 leer a Jeremías Bentham por considerarlo una ideología subversiva, ¿que no hubiera dicho al enterarse de la aparición de teorías verdaderamente científicas al servicio de los oprimidos, como aquellas que aparecen tras las barricadas de los levantamientos obreros de 1848 en Europa? Los héroes del Siglo XIX en la lucha por la emancipación no fueron personajes como Bolívar, sino aquellos que como Piar, Padilla y más tarde Melo, lucharon por abolir los cimientos del sistema de castas que tanto daño le han hecho a nuestro progreso.

EL SÍNODO COMENZÓ CON LA ENTRONIZACIÓN DEL DEMONIO “PACHAMAMA”

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
  
   
Al ídolo andino de la fertilidad llamado Pachamama se le brindó una gran entrada en el Sínodo sobre la Amazonia:

4 de octubre
El fetiche estuvo en el centro de la ceremonia abracadabra en los jardines vaticanos, a la que el Papa asistió.

7 de octubre
Francisco presidió una Eucaristía en la basílica de San Pedro para dar comienzo al Sínodo. Al terminar, un infernal grupo informal se reunió con Francisco en torno al demonio ahora ubicado en un bote en el piso de la basílica. Los miembros de ese grupo cantaron sus cánticos al fetiche.

7 de octubre
Después, Francisco y los delegados al Sínodo formaron una procesión pagana llevando a la Pachamama desde San Pedro al Aula Sinodal. La falsa diosa fue llevada en el bote sobre los hombros, al final por los obispos.

Hasta ahora
En el interior el aula, la diosa fue ubicada frente al banco de Francisco y desde entonces ha sido dejada allí.

CARLO MARIA VIGANÒ, PAPA DEL PATRIARCADO CATÓLICO BIZANTINO

Noticia tomada del PATRIARCADO CATÓLICO BIZANTINO. Como católicos sedevacantistas disentimos de ver esta iniciativa (o cualquier otra) como el remedio de los males presentes, sólo presentamos el hecho con fines puramente informativos.
  
¡HABÉMUS PAPAM!
 
  
¡Queridos cardenales y obispos!
  
El 14 de octubre de 2019, en un Sínodo del Patriarcado Católico Bizantino celebrado en el monasterio cerca de Olomouc, República Checa, en una elección extraordinaria el Arzobispo Carlo Maria Viganò fue elegido y proclamado papa legítimo.
  
Francisco Bergoglio es un hereje manifiesto y apóstata, es decir, un papa inválido. Esto ha tenido como consecuencia un estado de sede vacante. Antes de la elección extraordinaria del nuevo papa, el Patriarca Elías declaró un anatema (una anunciación repetida), la excomunión de la Iglesia, contra un hereje manifiesto, Francisco Bergoglio (http://vkpatriarhat.org/es/?p=8995).
ANATEMA CONTRA 26 CARDENALES, 134 OBISPOS Y 99 SACERDOTES POR EL SÍNODO DE LA AMAZONÍA

29 de septiembre de 2019
  
Un sinónimo del término “anatema” es excomunión, maldición, exclusión del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Este castigo más severo es establecido por Dios mismo. Expresa la realidad espiritual que se aplica a los herejes que han abandonado el Evangelio de Cristo y el Espíritu de Cristo (Rm 8). En cambio, han recibido el espíritu de herejía y predican un antievangelio. Así se han excluido del Cuerpo Místico de Cristo y están en el camino a la perdición, a pesar de que ocupan los más altos cargos en la Iglesia. Promoviendo un antievangelio, arrebatan almas del rebaño de Cristo y las llevan a la destrucción.
  
Lo hacen con mucha astucia. Utilizan terminología teológica, por lo que influyen en muchos sacerdotes y obispos. Si el hereje mismo es un obispo, cardenal o papa, entonces el alcance de la herejía es enorme. El Apóstol advierte contra ellos: “Éstos son los obreros fraudulentos, que se disfrazan de apóstoles”, y continúa: “Y no es de extrañar, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz…” (2 Co 11, 13) Nuestro Señor Jesús advierte contra ellos: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 16).
 
Los cristianos indefensos preguntan: ¿Qué protección hay contra estos lobos con piel de cordero?
   
Dios ha establecido protección contra los herejes, que es anatema. El Apóstol lo expresa de la siguiente manera: “Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncia un evangelio diferente del que os hemos anunciado ¡sea anatema! Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguien os predica un evangelio diferente del que habéis recibido, ¡sea anatema!” (Ga 1, 8-9)
  
La esencia del ministerio papal es proteger la pureza de la fe y la moral contra las herejías. En la actualidad, el papado está ocupado ilegalmente por un hombre que abusa de la silla de San Pedro para destruir la fe y la moral. ¿Quién debería publicar un anatema contra este Judas ampliamente conocido? Dios ha establecido el ministerio profético para este propósito. Hoy, en esta situación extraordinaria, este ministerio está desempeñado por el Patriarcado Católico Bizantino.
  
El Vaticano II explotó la reforma litúrgica para provocar el caos y, entretanto, implantó en silencio las herejías del neomodernismo y sincretismo. Su fruto también es el pseudopapa con su Sínodo Amazónico. Bergoglio y su colegio herético copian el método del Vaticano II. Hoy, el Sínodo está diseñado para provocar el caos al abolir el celibato con el fin de abrir camino silenciosamente hacia la satanización de la Iglesia y su transición a una anti-Iglesia de la Nueva Era.
   
Muchos católicos, desafortunadamente incluyendo sacerdotes y obispos, olvidan la esencia del cristianismo. La esencia no es trabajo social o diálogos cuestionables. Es una lucha por la salvación de las almas inmortales. Nuestra salvación está en la metanoia y en la fe en nuestro Señor Jesucristo, que murió en la cruz por nosotros. Después de Su resurrección, envió a los apóstoles a predicar el arrepentimiento para el perdón de los pecados. “En su nombre se predicará el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones”. (Lc 24, 47) Todos los apóstoles y misioneros obedecieron este mandato y morían como mártires por la salvación de las almas.
  
Después del Concilio, sin embargo, se ha preferido la antimisión del llamado diálogo. Ella une el cristianismo apóstata con el paganismo y conduce a la condenación eterna.
  
¡El antievangelio del neomodernismo no sólo no predica el camino de salvación a los paganos, sino que también arrastra a los cristianos en el camino de la destrucción! ¡Este es un gran crimen! Este antievangelio es diametralmente opuesto al Evangelio de Cristo. El Señor Jesús no envió al Apóstol de las naciones a los paganos para que se enriqueciera en su así llamada espiritualidad, pero le dijo a él: Te envío a los gentiles “para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban perdón de los pecados por la fe en mí” (Hch 26, 18). Bergoglio y el Sínodo de la Amazonía no quieren que los paganos se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad de Satanás a Dios. El Sínodo quiere que los católicos se conviertan de Dios a Satanás y de la luz a las tinieblas.
   
¡Esta es la mayor traición de Cristo en la historia de la Iglesia! Por esta traición por predicar el otro evangelio, Bergoglio y todos los participantes del Sínodo de los ladrones se han excluido del Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia. El Patriarcado Católico Bizantino por la presente declara un anatema —la exclusión de la Iglesia y la maldición— que los participantes del Sínodo de la Amazonía han traído sobre sí mismos:
  
Por autoridad del ministerio profético y apostólico, en el nombre del Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo, declaro un anatema —exclusión del Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia— contra 26 cardenales, 134 obispos y 99 sacerdotes, participantes en el Sínodo apóstata de la Amazonía.
  • Cardenales:
    1. Card. Lorenzo Baldisseri
    2. Card. Baltazar Enrique Porras Cardozo
    3. Card. Pedro Ricardo Barreto Jimeno
    4. Card. João Braz de Aviz
    5. Card. Cláudio Hummes
    6. Card. Giuseppe Versaldi
    7. Card. Pietro Parolin
    8. Card. Luis Francisco Ladaria Ferrer
    9. Card. Robert Sarah
    10. Card. Marc Ouellet
    11. Card. Fernando Filoni
    12. Card. Beniamino Stella
    13. Card. Kevin Joseph Farrell
    14. Card. Peter Kodwo Appiah Turkson
    15. Card. Mauro Piacenza
    16. Card. Kurt Koch
    17. Card. Christoph Schönborn
    18. Card. Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga
    19. Card. Seán Patrick O’Malley
    20. Card. Angelo Bagnasco
    21. Card. Oswald Gracias
    22. Card. Reinhard Marx
    23. Card. John Ribat
    24. Card. Giuseppe Bertello
    25. Card. Carlos Aguiar Retes
    26. Card. Michael Czerny
  • Obispos
    1. Mons. David Martínez de Aguirre Guinea
    2. Mons. Wellington Tadeu de Queiroz Vieira
    3. Mons. Jorge Herbas Balderrama,
    4. Mons. Gabriel Malzaire
    5. Mons. Francis Alleyne
    6. Mons. Karel Martinus Choennie
    7. Mons. Emmanuel Lafont
    8. Mons. Ricardo Ernesto Centellas Guzmán
    9. Mons. Oscar Omar Aparicio Céspedes
    10. Mons. Waldo Rubén Barrionuevo Ramírez
    11. Mons. Eugenio Coter
    12. Mons. Stanisław Dowlaszewicz Bilman
    13. Mons. Julio María Elías Montoya
    14. Mons. Robert Herman Flock Bever
    15. Mons. Juan Gómez,
    16. Mons. Sergio Alfredo Gualberti Calandrina
    17. Mons. René Leigue Cesari
    18. Mons. Juan Vargas Aruquipa
    19. Mons. Walmor Oliveira de Azevedo
    20. Mons. José Albuquerque de Araújo
    21. Mons. Benedito Araújo
    22. Mons. Bernardo Johannes Bahlmann
    23. Mons. Sebastião Bandeira Coêlho
    24. Mons. Fernando Barbosa dos Santos
    25. Mons. Vilsom Basso,
    26. Mons. Pedro Brito Guimarães
    27. Mons. Derek John Christopher Byrne
    28. Mons. Rubival Cabral Britto
    29. Mons. Edmilson Tadeu Canavarros dos Santos
    30. Mons. Evaldo Carvalho dos Santos
    31. Mons. José María Chaves dos Reis
    32. Mons. Vital Chitolina
    33. Mons. Adriano Ciocca Vasino
    34. Mons. Jesús María Cizaurre Berdonces
    35. Mons. Pedro José Conti
    36. Mons. Vital Corbellini
    37. Mons. José Belisário da Silva
    38. Mons. Mário Antônio da Silva
    39. Mons. José Altevir da Silva
    40. Mons. Antônio de Assis Ribeiro
    41. Mons. Philip Dickmans
    42. Mons. Jacy Diniz Rocha
    43. Mons. Giuliano Frigeni
    44. Mons. Flavio Giovenale
    45. Mons. Juventino Kestering
    46. Mons. Canísio Klaus
    47. Mons. Jan Kot
    48. Mons. Romualdo Matias Kujawski
    49. Mons. Sebastião Lima Duarte
    50. Mons. Francisco Lima Soares
    51. Mons. José Ionilton Lisboa de Oliveira
    52. Mons. Protógenes José Luft
    53. Mons. Armando Martín Gutiérrez
    54. Mons. Teodoro Mendes Tavares
    55. Mons. Meinrad Franz Josef Merkel
    56. Mons. João Muniz Alves
    57. Mons. Roque Paloschi
    58. Mons. Zenildo Luiz Pereira da Silva
    59. Mons. Giovane Pereira de Melo
    60. Mons. Joaquín Pertíñez Fernández
    61. Mons. Marian Marek Piątek
    62. Mons. Elio Rama
    63. Mons. Irineu Roman
    64. Mons. Santiago Sánchez Sebastián
    65. Mons. Wilmar Santin
    66. Mons. José Valdeci Santos Mendes
    67. Mons. Evaristo Pascoal Spengler
    68. Mons. Edson Tasquetto Damian
    69. Mons. Alberto Taveira Corrêa
    70. Mons. Neri José Tondello
    71. Mons. Carlo Verzeletti
    72. Mons. Dominique Marie Jean Denis You
    73. Mons. Adolfo Zon Pereira
    74. Mons. Óscar Urbina Ortega
    75. Mons. Edgar Aristizábal Quintero
    76. Mons. Nelson Jair Cardona Ramírez
    77. Mons. Joselito Carreño Quiñónez
    78. Mons. Raúl Alfonso Carrillo Martínez
    79. Mons. Francisco Antonio Ceballos Escobar
    80. Mons. José Figueroa Gómez
    81. Mons. Medardo de Jesús Henao del Río
    82. Mons. Luis Albeiro Maldonado Monsalve
    83. Mons. Omar de Jesús Mejía Giraldo
    84. Mons. Francisco Javier Múnera Correa
    85. Mons. Joaquín Humberto Pinzón Güiza
    86. Mons. Héctor Javier Pizarro Acevedo
    87. Mons. José de Jesús Quintero Díaz
    88. Mons. Eugenio Arellano Fernández
    89. Mons. Rafael Cob García
    90. Mons. Walter Jeová Heras Segarra
    91. Mons. José Adalberto Jiménez Mendoza
    92. Mons. Celmo Lazzari
    93. Mons. Néstor Vidal Montesdeoca Becerra
    94. Mons. Adelio Pasqualotto
    95. Mons. Héctor Miguel Cabrejos Vidarte
    96. Mons. Emiliano Antonio Cisneros Martínez
    97. Mons. Rafael Alfonso Escudero López-Brea
    98. Mons. Neri Menor Vargas
    99. Mons. Miguel Olaortúa Laspra
    100. Mons. Juan Bautista Tomás Oliver Climent
    101. Mons. Augusto Martín Quijano Rodríguez
    102. Mons. José Javier Travieso Martín
    103. Mons. Gilberto Alfredo Vizcarra Mori
    104. Mons. Anton Žerdín
    105. Mons. José Luis Azuaje Ayala
    106. Mons. Felipe González González
    107. Mons. Pablo Modesto González Pérez
    108. Mons. Ulises Antonio Gutiérrez Reyes
    109. Mons. Jonny Eduardo Reyes Sequera
    110. Mons. Ernesto José Romero Rivas
    111. Mons. Helizandro Emiro Terán Bermúdez
    112. Mons. Salvatore Fisichella
    113. Mons. Fridolin Ambongo Besungu
    114. Mons. Jean-Claude Hollerich
    115. Mons. Marcel Madila Basanguka
    116. Mons. Filippo Santoro
    117. Mons. Vincenzo Paglia
    118. Mons. Marcello Semeraro
    119. Mons. Lionel Gendron
    120. Mons. Ambrogio Spreafico
    121. Mons. Robert Walter McElroy
    122. Mons. Ángel José Macín
    123. Mons. Domenico Pompili
    124. Mons. Jesús Esteban Sádaba Pérez
    125. Mons. Carlos Bürgler
    126. Mons. Gaetano Galbusera
    127. Mons. Marcelo Sánchez Sorondo
    128. Mons. Marco Mellino
    129. Mons. José Ángel Divassón Cilveti
    130. Mons. Edmundo Ponciano Valenzuela Mellid
    131. Mons. Óscar Vicente Ojea Quintana
    132. Mons. Paul Richard Gallagher
    133. Mons. Erwin Kräutler
    134. Mons. Fabio Fabene
  • Sacerdotes
    1. P. Sebastián Robledo
    2. P. Giacomo Costa
    3. Mons. José Celestino dos Santos
    4. P. Odirley Maia
    5. P. José María Bolívar Monroy
    6. P. Antonino Spadaro
    7. P. Mauricio García Durán
    8. P. Martín Lasarte Topolanski
    9. P. Rossano Sala
    10. P. Claudio Siquihua Pérez
    11. P. Saul Ruiz Alvarez
    12. P. Dario Bossi
    13. P. Valmir Ramos
    14. P. Roberto Carrasco
    15. P. Celestino Ceretta
    16. P. José Amarildo Luciano da Silva
    17. P. Alfredo Ferro Medina
    18. P. Sidney Dornelas
    19. P. Rosario Cimino
    20. P. Raimundo Aristides da Silva
    21. P. Jesús María Aristín Seco
    22. P. Miguel Angel González Antolín
    23. P. Roberto Jaramillo
    24. P. Gilberto Orsolin
    25. P. José Boeing
    26. P. Adelson Araújo dos Santos
    27. P. Giovanni Bottasso
    28. P. Agenor Brighenti
    29. P. Giuseppe Buffon
    30. P. Víctor Codina
    31. P. Bernardo Estrada
    32. P. Carlos María Galli
    33. P. Paolo Garuti
    34. P. José María Hernández Martinez
    35. P. Peter Hughes
    36. P. Mauricio Jardim
    37. P. Eleazar López Hernández
    38. P. Roberto Malvezzi
    39. P. Fernando Héctor Roca Alcázar
    40. P. Manuel Jesús Romero Blanco
    41. P. Justino Sarmento Rezende
    42. P. Paulo Suess
    43. P. Humberto Miguel Yáñez
    44. P. Augusto Zampini
    45. P. Carlos Azcona
    46. P. Guilhermo Antonio Cardona Grisales
    47. P. Corrado Dalmonego
    48. P. Zenildo Lima da Silva
    49. P. Luis Ferney López Jiménez
    50. P. Joao Gutemberg Mariano Coelho Sampaio
    51. P. Rigobert Minani
    52. P. Giovanni Mometti
    53. P. Raimundo Vanthuy Neto
    54. Mons. P. Etienne Brocard
    55. Mons. P. Daniel Emilio Estivill
    56. P. Ambrogio Ivan Samus
    57. P. Raffaele Lanzilli
    58. P. Pasquale Bua
    59. P. Justo Ariel Beramendi Orellana
    60. P. Pablo Mora
    61. P. Manuel Jesús Arroba Conde
    62. P. Giuseppe Bonfrate
    63. P. Maurizio Gronchi
    64. Mons. Michele Giulio Masciarelli
    65. P. Matthew Baldwin
    66. Mons. Zvonimir Seršić
    67. P. Leandro dos Santos Pereira
    68. P. Micael Carlos Andrejzwski
    69. P. Robert Lundy Antonio
    70. P. Samuel Alexis Arias Meza
    71. P. Emmanuel Enrico Ayo
    72. P. Alexandre Boratti Favretto
    73. P. Erik Burckel
    74. P. Antonio Cavero Sanchís
    75. P. Alfredo José Colfer Cornejo
    76. P. Elizeu Conceição
    77. P. Horacio Day
    78. P. Antonio Donadio
    79. P. Jose Raymundo dos Santos
    80. P. Márcio Fernando França
    81. P. Sebastião Junior Ferreira Braga
    82. P. Jorge Orlando Gauna
    83. P. Juan Diego Giraldo
    84. P. Antonio González
    85. P. Pedro Ezequiel González Caraballo
    86. P. Carlos Fernando Hernández-Sanchez (Brasil)
    87. P. José Luis Iñiguez
    88. P. Luis Emilio Jiménez Chanci
    89. P. Miroslaw Juchno
    90. P. Thomas Kallikat
    91. P. Sérgio Pinho Leal
    92. P. Dario Ruà
    93. P. Bernardo Siller Adame
    94. P. Ernesto Simroth Cuevas
    95. P. Carlos Marcelo Singh Mesconi
    96. P. Luiz Albertus Sleutjes
    97. P. Carlos Enrique Zárate Real
    98. P. Miguel Heinz
    99. Mons. Raimundo Possidonio Carrera da Mata
El principal iniciador del Sínodo apóstata, Francisco Bergoglio, un hereje, apóstata y pseudopapa, está bajo un anatema múltiple. Nadie le debe obediencia a él.
   
Todos los mencionados anteriormente están excluidos del Cuerpo Místico de Cristo: la Iglesia. A menos que se arrepientan, serán condenados eternamente como traidores de Cristo y como judases.
   
+ Elías
Patriarca del Patriarcado Católico Bizantino
  
+ Metodio OSBMr         + Timoteo OSBMr
Obispos Secretarios
 
Los Obispos del Sínodo del Patriarcado Católico Bizantino hicieron y anunciaron su elección:
En esta situación extraordinaria, como un obispo católico ortodoxo soy consciente de mi deber ante Dios y ante la Iglesia y, por lo tanto, elijo al arzobispo Carlo Maria Viganò como el legítimo papa.
  
¡El Sínodo extraordinario del Patriarcado Católico Bizantino por la presente llama a ustedes, todos los cardenales y obispos católicos ortodoxos, a apoyar o aceptar la elección del nuevo Papa! ¡La elección se realizó sobre la base del ministerio profético! ¡El Sínodo para la Amazonía es la culminación del abuso de la autoridad papal por parte del apóstata Bergoglio! Para evitar la conversión de la Iglesia de Cristo en una anti-Iglesia pagana de la Nueva Era, se tuvo que dar un paso extraordinario: la elección del legítimo Papa.
 
UNA CARTA ABIERTA AL ARZOBISPO CARLO MARÍA VIGANÒ, ELEGIDO COMO EL SUCESOR LEGÍTIMO DEL APÓSTOL PEDRO
   
Su Santidad:
 
El hereje manifiesto Francisco Bergoglio ocupa el cargo papal y procura destruir no sólo el papado, sino toda la Iglesia de Cristo. ¿Cuál es la voluntad de Dios en esta situación extraordinaria? Dios quiere que usted asuma el cargo papal.
 
Le suplicamos en nombre de Dios y en nombre del Cuerpo Místico sangrante de Cristo, la Iglesia, que acepte la elección a pesar de la feroz oposición de los enemigos. Incluso si usted permanece en el cargo durante varios días o semanas enfrentando la lucha, es un paso importante hacia la preservación de la doctrina ortodoxa y la Iglesia de Cristo.
 
Su advenimiento no causará ningún cisma papal porque Bergoglio, siendo un hereje, nunca ha sido un papa válido. Así la Iglesia ha estado de facto en un estado de sede vacante. Este estado termina con su aceptación de las llaves de Pedro.
  
En Cristo,
  
Patriarca Elías
 
Y los obispos del Patriarcado Católico Bizantino
+ Marciano
+ Metodio
+ Samuel
+ Basilio
+ Timoteo
+ Demetrio
+ Matías

MES DE OCTUBRE AL SANTÍSIMO ROSARIO - DÍA DECIMOSEXTO

Tomado de El Rosario: Meditaciones para los 31 días del mes de Octubre, de la autoría del licenciado Juan Luis Tercero. Publicada en Ciudad Victoria, México, en el año 1894 por la Imprenta Oficial de Víctor Pérez Ortíz. Imprimátur concedido el 12 de Marzo de 1894 por Mons. José Ignacio Eduardo Sánchez y Camacho, Obispo de Ciudad Victoria-Tamaulipas (actual Tampico).
         
CAPÍTULO XX. LA SANTÍSIMA VIRGEN ANTE JESUCRISTO NUESTRO REDENTOR, BEFADO COMO REY DE BURLAS, CORONADO DE ESPINAS 
Tan dulce ministerio es el que en favor nuestro recibió la Santísima Virgen para ponernos en relación de atender, de sentir y de aprovechar los grandes misterios de la Pasión del Señor así como todos los otros de su bondad, que, a semejanza de la luna llena en el firmamento, después de un día caluroso, nada hay más apacible que María entre todo lo criado. Los rigores que abruman el pensamiento al contemplar la iniquidad judáica contra Jesucristo, y la nuestra que la secunda, se tiemplan y se dulcifican en tal bonanza, que no parece hecha esa admirable Reina luz de la noche de nuestra alma, sino para convertir toda pena en alivio, y no podemos menos de acordarnos de aquellas palabras del Génesis: «Y crió el Señor la luna para que alumbrase de noche».
 
Las atrocidades de los demonios descargadas sobre Jesucristo por medio de los tres aptísimos instrumentos de maldad que todo lo abarcan, es a saber: el encono inextinguible e inexorable de los fariseos, la barbarie de la soldadesca romana y la cobardía gentílica del Presidente romano también, que descargan, decimos, sobre Jesucristo cuanto hay de tormentos, oprobios y blasfemias, reunidas en ese Santo Ecce Homo, nos hacen buscar luego a la Madre de ese Hombre; Ella sabrá enseñarnos con su dolor, con su ejemplo, con su perfectisima conducta a la altura de esa divina situación, lo que debemos hacer, sentir, querer, admirar, alabar, prometer, ante favores tan desmedidos como los de ese Verdadero Dios y Verdadero hombre, tan humillado y anonadado por amor nuestro, por salvarnos de perecer.
  
¿Qué hacéis, pues, qué sentis, qué queréis, Señora, a vista de vuestro Hijo en trance semejante? Lo que Judit y más que Judit: ¡tiernísima y fortísima! Milagros sobre milagros son los que os sostienen para soportar todo eso; pero, ¿a qué extrañarlo? ¿no sois vos toda milagro?
  
Todo lo habéis visto, a todo habéis asistido, en nada habéis dejado de tomar parte principal; no podía ser de otro modo, para valer tanto como valéis ¡oh Madre de Dios!, con ser Madre suya, Madre verdadera del Redentor divino. Nos da gozo, Señora, tanto como nos enternece, contemplaros en el atrio del Pretorio, quizá sin ser vista de humanos, sufriendo en vuestra alma cuanto vuestro Hijo en su cuerpo y en su alma, Él como Hijo de Dios, Redentor, Vos como Madre suya y Corredentrra. «Estaba junto a la Cruz de Jesús, su Madre», dice el Evangelio; nosotros diremos: estaba junto al escaño de los oprobios del Rey coronado de espinas, y estaba junto al balcón del Ecce Homo dignísimo de compasión (Jesu Mater ejus), la Madre de Él, diremos con la luz de muy buena razón y más aún con la luz de la revelación vuestra a vuestras siervas Brígida y María de Agreda.
  
Cuánto nos admira y nos consuela vuestra revelación a esta favorecida española, hija predilecta de Vos: «Parecióle a Pilatos, dice, que un espectáculo tan lastimoso como estaba Jesús Nazareno, movería y confundiría los corazones de aquel ingrato pueblo; y mandóle sacar del Pretorio a una ventana donde todos le veían así como estaba azotado, desfigurado y coronado de espinas, con las vestiduras ignominiosas de fingido rey. Y hablando el mismo Pilatos al pueblo les dijo: “Ecce Homo (San Juan XIX, 5). Véis aquí el hombre que tenéis por vuestro enemigo. ¿Qué más puedo hacer con él que haberle castigado con tanto rigor y severidad? No tendréis ya que temerle. Yo no hallo en él causa de muerte”. Verdad cierta y segura era lo que decía el Juez; pero con ella misma condenaba su injustísima impiedad, pues a un hombre que conocía y confesaba per justo, y sabía que no era digno de muerte, le había hecho atormentar, y consentídolo de manera, que le pudieran quitar los tormentos una y muchas vidas» (Mística Ciudad de Dios, Nro. 1346).
  
«La bendita entre las mujeres María Santísima, vio a su benditísimo Hijo, cuando Pilatos le manifestó y dijo: Ecce Homo; y puesta de rodillas le adoró y confesó por verdadero Dios hombre. Lo mismo hicieron San Juan y las Marías y todos los ángeles que asistían a su gran Reina y Señora; porque ella como Madre de nuestro Salvador y como Reina de todos, les ordenó que lo hiciesen así, a más de la volundad que los santos ángeles conocían en el mismo Dios. Habló la prudentísima Señora con el eterno Padre, con ios santos ángeles y mucho más con su amantísimo Hijo palabras llenas de gran peso, de dolor, compasión y profunda reverencia, que en su inflamado y castísimo pecho se pudieron concebir. Consideró también con su altísima sabiduría que en aquella ocasión en que su Hijo santísimo estaba tan afrentado, burlado, despreciado y escarnecido de los judíos, convenía en el modo más oportuno conservar el crédito de su inocencia. Con este prudentísimo acuerdo renovó la divina Madre las peticiones que arriba dije (nro. 1306) hizo por Pilatos, para que continuase en declarar que Jesús nuestro Redentor no era digno de muerte, ni malhechor como los judíos pretendían, y que el mundo lo entendiese» (Mística Ciudad de Dios, Nro. 1347).
  
¡Qué exquisita delicadeza de verdad en los rasgos de ese relato! La inconcebible inexorable dureza de los Pontífices y fariseos, la evidente intervención diabólica en sustentar semejante malicia nunca vista, y la cobarde contradicción de sentimientos del Presidente: por salvar de la muerte a Jesús, lo entrega a tormentos de que si no muere tres y cuatro veces, a sólo milagros visto es que debía atribuirlo. Ejemplo de semijustos cobardes. Pero la delicadísima verdad que más nos complace, es la conducta de la Reina, ¡verdad de gran magnificencia luego que se adapta la mirada del alma a tal perspectiva, para la que no sirven los ojos del sentido carnal! ¡Ante semejantes humillaciones de Jesús, ante esa gritería de infierno, ante esa turba que afila sus lenguas para despedazar y punzar todavía al que han azotado tanto y escarnecido y clavádole tantas espinas, ¿qué queda sino torrentes de voraces llamas para convertir luego en pavesas a tanto prevaricador?
  
¡Qué queda! Queda una compensación de soberana gloria: que la Madre bendita mil veces, de ese mil veces bendito y amable Ecce Homo, caiga de rodillas y acompañada de las santas mujeres, de las santas mujeres, del afortunado fiel Discípulo, y de invisible cortejo del celestial ejército, diga con acento de caridad inmensa: «¡Hijo… perdón! ¡perdón! ¡A Vos toda gloria, todo honor, todo amor, todo agradecimiento; a Vos todo triunfo y el mayor de todos, el de sobre los corazones de las criaturas, el de sobre la admiración de los ángeles y arcángeles, por vuestra gran proeza! ¡He aquí la Esclava del Señor! ¡Si la ira de vuestro Padre no ha estallado, Hijo querido y santísimo, en mares de instantáneo fuego, porque esta Esclava del Señor haga cun sus ángeles y con estas santas mujeres, que la fuerza del ruego humillado, de estos corazones contritos y anegados en mar de amargura, compense a la provocación de tanta maldad… aquí está vuestra Esclava, aquí estamos estos fieles todos presentes!».
  
La grandísima cooperación de la Virgen Santísima en todos y cada uno de los lances de todo género de la Pasión de su Hijo, por más inédita que tal cooperación esté en la letra del Evangelio, es evidente a todo buen sentido y a todo buen querer.
  
Hay tal escándalo en ese desmedido sufrir del Dios hombre, es tan grande la ofensa, tan a ojos vistas, grande, con que al Justo así se agravia, que la sabiduría, la justicia y el decoro divino, pedían no pasase un instante sin la condigna reparación; ¿qué más? Acompáñase en concordancia de lugar y de tiempo, a tal escándalo una reparación condigna, un «¡bien haya!», permítasenos la frase, un hossana, un ¡viva! como diríamos, a tan excelsa Majestad, que sólo por el bien de todos hasta de los que así le ultrajaban, y sólo y nada más que por su libre y bondadosa voluntad, se dejaba ultrajar así.
   
Pues bien, para todo erais aptísima, oh Reina Madre de Dios; porque si de imitar tan hermosa proeza se trataba, vos la imitábais tanto como ninguno la imitará. «Ecce Homo» ha dicho Pilatos… «Ecce Mater», dirá el mismo Jesucristo: mirad qué mortales dolores, qué amargura, qué maternidad, qué parto tan digno de la que en otro tiempo alumbró a Dios sin dolor, tan digno de la que parió al Redentor.
  
Y si de aplicar ya los efectos de esa proeza, si de repartir ya el botin riquísimo de esa victoria, se trata, lo que ya sois y tanto como valéis, se debe, Señora, a1 precio previsto y muy bien aprovechado en Vos de todas esas riquezas. Si de desagravio a tanto escándalo se trata, ya el Cielo, ya los ángeles que os acompañan y no pocos de los humanos, están viendo que Vos os condoléis con ternura eminente, que Vos amáis ese favor con caridad ordenadísima, que Vos levantáis estandarte sola con unos cuantos, contra esa turba de feroces leones, de venenosas serpientes; que Vos sois nada menos que como un ejército terrible en orden de batalla contra cobardes enemigos; que en ese combate que supera en la verdad de la lucha, en la calidad de la fuerza, en los intereses que se disputan, a cuanto combate hubieran librado jamás criaturas angélicas o terrestres, sois consumada en fortaleza, en ánimo, en denuedo, en decoro, en magnamimdad, en generosidad y en modestia tanta, como no se viera antes ni se verá después de Vos.
      
Y en esas reproducciones admirables en que es tan fecundo el poder divino con todas sus obras, las de la Redención contienen tantas y aun mejores que las de la Creación misma, para belleza, para provecho, para mérito, para glorificación de todos los que en ellas participan. Y así en nuestra gran Reina se reproduce, se imita, se aprovecha, se agradece en su esfera de Primogénita de las criaturas, la Pasión santa de su Hijo divino y con eso el Hijo y el Padre quedan complacidos y glorificados. Y a su vez la Reina es imitada, es reproducida, es objeto de agradecimiento, de alabanza y gloria, en María Magdalena, en Juan, en las otras santas mujeres, en grados subalternos, si bien inferiores a la gran Reina, altísimos respecto de nosotros tan pecadores; y así a partir de aquel paraíso de celestes aromas y riquezas, de caudalosas aguas, todo es fertilizar, reproducir y multiplicar bellísimos frutos de salvación, de santidad, de amor y de gloria.
  
¡Oh Pasión Santa de Jesucristo! ¡Oh alteza de hazañas del León de Judá, del Cordero Dominador! ¡Oh Madre de ese León y de ese Cordero! ¡Oh Esposa del magnífico Salomón, azucena entre espinas, tórtola que tras de invierno riguroso de cuyos rigores gemís, entonáis ya consoladoras voces de entrante primavera. La compasión de los que miran vuestra dolorida belleza, y oyen vuestros tiernísimos gemidos, ha comenzado por las santas mujeres, el fiel Discípulo, los ángeles del cielo y las almas ocultas que quizá no faltaron en medio de aquella tumultuosa asonada del Pretorio; mas ¡cuán hermosa, fecunda y productora de bienes de hijos fieles, de hossanas de amor y virtud, ha cundido, desde tal día sin cesar, esa compasión, ha ocupado la tierra y sigue ocupándola, ha poblado el cielo y sigue poblándolo.
   
No permita nuestra misericordiosa Reina, que olvidemos ni un día sus dolores del Pretorio del divino «Ecce Homo», con ese contraste del «Ecce Mater» que debemos a los divinos labios del dolorido Hijo.
 
¡Señora: una vez más, rogad hoy por nosotros y no nos olvidéis en la hora de nuestra muerte!