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miércoles, 28 de mayo de 2025

UNA HOMILÍA PARA LA CRISIS EN LA IGLESIA

La Navicella (Antoniazzo Romano, siguiendo a Giotto di Bondone. Madera transferida a lienzo. Museo del Pequeño Palacio Papal de Aviñón).

«El trabajo de los discípulos en el gobierno de la nave, y el viento que les era contrario, designan los diferentes trabajos de la Santa Iglesia, la cual se esfuerza por llegar al reposo de la patria celestial como a puerto seguro en medio de las olas contrarias del siglo y de las embestidas de los espíritus inmundos. Y muy bien se hace notar que la nave estaba en medio del mar, y que Jesús estaba solo en la tierra, ya que no pocas veces la Iglesia no sólo se halla afligida por las persecuciones de los Gentiles, sino que parecería, si fuere posible, abandonada temporalmente por su Redentor. He ahí aquella exclamación de la Iglesia cuando, acosada por las olas y las tempestades de sus pruebas, pide auxilio y protección, gimiendo y clamando: “¿Por qué, Señor, os mantenéis lejos de mí, desdeñándome en la necesidad y la tribulación?” (Ps. IXb, 1). Aprópiase también las palabras del enemigo que la persigue, añadiendo los siguientes versículos del mismo Salmo: “Porque él dice para sí: ‘Dios todo lo olvida, y vuelve su rostro para no ver nunca nada’” (Ps. Ibid., 11). Con todo, “Él no olvida la oración de los pobres” (Ibid., 12), ni aparta su rostro de los que esperan en Él, antes por el contrario, ayuda a los que pelean a fin de que puedan vencer, y corona a los vencedores. Por lo cual aquí se dice manifiestamente que vio a sus discípulos mientras se fatigaban remando: “Les vio el Señor trabajando en el mar”, aunque Él estaba en tierra. Porque si bien parece que de momento difiere el auxiliar a los atribulados, con todo no deja de fortalecerlos con su mirada para que no desfallezcan en las tribulaciones. Y aun algunas veces les socorre manifiestamente, como si Él anduviese sobre las aguas y calmase las olas tempestuosas».

SAN BEDA EL VENERABLE, Libro 2.º, cap. XXVIII, Comentario sobre el cap. VI del Evangelio de San Marcos, tomo IV. Divino Oficio, lecciones 7.ª, 8.ª y 9.ª de las Maitines del Sábado después de Ceniza. Traducción de Dom Alfonso María de Gubianas y Santandréu OSB, Breviario Romano, vol. I, págs. 487-488. Barcelona, Editorial Litúrgica Española S. A., 1936. Nihil Obstat de la orden por Dom Remigio Aixelá OSB S. Th. D., censor de la Orden, e Imprimátur por Dom Mauro Etcheverry OSB, Abad general de la Congregación Subiacense, el 27 de Noviembre de 1935. Nihil Obstat diocesano por Agustín Mas Folch CO, censor, e Imprimátur por el Ilmo. Sr. Dr. Don Manuel Irurita Almándoz, Obispo de Barcelona y Mártir de la Fe, el 3 de Diciembre de 1935.

miércoles, 27 de septiembre de 2023

AFIRMAN APARICIÓN DE MANUSCRITO ATRIBUIDO A SAN BEDA EL VENERABLE

Traducción de la noticia publicada en THE TABLET (Reino Unido).
   
ACADÉMICA DESCUBRE EVANGELIO “PERDIDO” ANOTADO POR BEDA EL VENERABLE
    
   
Una experta en manuscritos afirma haber descubierto un Evangelio “perdido” anotado por San Beda el Venerable.
    
La profesora Michelle P. Brown dijo que el Evangelio de San Juan que Beda tradujo del latín al inglés antiguo es uno de los Evangelios de Lindisfarne.
  
Brown, ex conservadora de manuscritos iluminados de la Biblioteca Británica que alberga los Evangelios de Lindisfarne, dijo a The Tablet: «Un sacerdote llamado Cutberto estaba con Beda moribundo y dijo que pasó las últimas dos semanas en el suelo de su celda traduciendo “el pequeño Evangelio que habla del amor”. Este se dio por perdido. Creo que lo he encontrado».

La traducción al inglés antiguo de las Escrituras de Lindisfarne generalmente se fecha en el año 950 d.C., y es obra de Aldredo, un sacerdote de Chester-le-Street, en el condado de Durham, que produjo una glosa línea por línea de los Evangelios insertada en el manuscrito original del siglo VIII.
  
Sin embargo, los signos de la obra de Beda fecharían parte de la glosa en inglés antiguo en el año 735 d.C., el año de la muerte del teólogo. Brown dijo: «Éste es el primer ejemplo de un libro de la Biblia traducido a una lengua vernácula occidental».
   
Y añadió: «Cuando Aldredo glosó los Evangelios, utilizó dos colores para el Evangelio de San Juan, y sólo uno, el marrón, en los demás. En el Evangelio de San Juan hay pasajes escritos en tinta roja, que se utilizaba para indicar un estatus superior. Estos ocurren en las secciones que se sabía que Beda había traducido. El vocabulario es claramente bedano».
    
Otra pista de la participación de Beda se encuentra en las anotaciones al margen. Brown, profesora emérita de Estudios de Manuscritos Medievales en la Universidad de Londres, dijo que las anotaciones coinciden con las hechas por Beda en otros escritos, incluida su Historia eclesiástica del pueblo inglés,  escrita en el año 731 d.C. Brown observó: «Beda introduce notas a pie de página marcando citas. La gente intentaba acusarlo de herejía por innovar en cosas, por lo que escribía formas de z en los márgenes para señalar, por ejemplo, dónde estaba usando una cita del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento». Brown describió las formas de z como «pequeños destellos como relámpagos, equivalentes al uso de un rotulador amarillo en el texto actual».
    
Se pueden detectar más pruebas de la aportación de Beda en las letras griegas y hebreas que esparció en los márgenes del Evangelio. «En aquel entonces no había mucha gente familiarizada con el griego», añadió Brown.
   
En Beda y la teoría del todo, Brown afirma que Beda también anotó el Codex Amiatinus, el manuscrito más antiguo que se conserva de la Biblia Vulgata latina. Sus anotaciones aparecen en el prefacio del Libro de los Reyes en el Códice, una de las tres Biblias reunidas en el escriptorio del monasterio de San Beda en Wearmouth-Jarrow. El abad Ceolfrido había encargado los tres y murió de camino a Roma para entregar el Códice al Papa Gregorio II.

jueves, 27 de mayo de 2010

SAN BEDA EL VENERABLE, ABAD, CONFESOR Y DOCTOR

"Si alguno me ama, observará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos en él nuestra morada". (Juan 14, 23)
 
San Beda el Venerable, OSB
 
San Beda el Venerable, el mejor representante del monaquismo inglés, nació en 673. Recibió, ya en vida, grandes elogios: Luminar de la Iglesia, el Doctor de su siglo, el Venerable. León XIII lo declaró Doctor de la Iglesia.
 
Nos dejó datos precisos de su vida en su Historia de Inglaterra:
"Nací en Wearmouth, junto al monasterio de San Pedro y San Pablo, en el que entré a los siete años bajo el abad Benito. Ordenado sacerdote a los 30 años.
 
Desde entonces he vivido siempre en el claustro, entre el estudio de las Escrituras, la observancia de la disciplina y la carga diaria de cantar en la iglesia. Toda mi delicia era aprender, enseñar y escribir".
 
Hermosa reseña de una vida: estudio, disciplina y cantar las divinas alabanzas. Recibir y dar: aprender, enseñar y escribir. Contempláta áliis tradére (lema dominicano): entregar a los demás lo recibido en la oración. Ora et labóra, de su Padre San Benito: oración y trabajo, como dos ejes que completan y equilibran la vida. "Ni el rezo estorba al trabajo, ni el trabajo estorba al rezo". Es difícil comprender cómo pudo sobresalir tanto en ambas cosas:
"Si consideras sus estudios y numerosos escritos, parece que nada dedicó a la oración. Si consideras su unión con Dios, su entrega a las alabanzas divinas, parece que no le quedaba tiempo para estudiar".
 
Nada humano le era ajeno, pensaba con el clásico. Poseía un saber enciclopédico, amaba la ciencia con delirio, pero la meta de su mente y su corazón siempre era Dios. Su gran sabiduría era conjuntar conocimiento y amor. Seguía con gozo la regla de San Agustín a los monjes: "Buscad lo eterno en lo temporal, y en lo visible, lo que está sobre nosotros".
 
San Beda expresaba estos anhelos en esta sabrosa plegaria:
"¡Oh Jesús amante, que te has dignado abrevar mi alma en las ondas suaves de la ciencia, concédeme la gracia de hacerme llegar un día hasta Ti, que eres la fuente de la sabiduría, y no permitas que me vea defraudado para siempre de disfrutar de tu divino rostro en la patria celestial!".
 
El monje ejemplar y virtuoso es pronto un consumado maestro y escritor universal. Escribe con maestría sobre todas las ciencias humanas y divinas. Destacan, aparte de su Historia, su Correspondencia, sus Homilías, sus tratados exegéticos, sobre la Virgen y los Santos Padres. Es además un inspirado poeta. "Miel virgen destilaban sus labios". Y todo sazonado de elevaciones espirituales, de anhelos de santidad y de apostolado.
 
El final de su vida nos lo narra su discípulo Cutberto. Se acercaba la Ascensión del Señor y la vida de Beda se acababa. Les manda recoger algunos objetos que tenía para repartirlos. Les pide que recen por él y todos lloraban cuando les dijo que ya no volverían a ver su rostro en este mundo. "Es inminente mi partida, pues deseo partir para estar con Cristo".
 
- Padre, le dijo Wiberto: ¿Podéis hablar un poco más? Aún falta un capítulo.
- Toma la pluma y escribe rápido...
- Querido maestro, queda aún una frase.
- Pues escribe en seguida.
- Ya está acabado.
- Sí, todo está ya acabado.
 
Entonces pidió que le colocaran la cabeza mirando a la capilla, para invocar al Señor, y tendido en el suelo de la celda, comenzó a recitar: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo...
"Al nombrar al Espíritu Santo, exhaló el último suspiro, y sin duda, emigró a las delicias del cielo, como merecía, por su constancia en las alabanzas divinas".
Así murió el fiel siervo del Señor, como había vivido: orando y trabajando hasta el último aliento. Era el 25 de mayo del año del Señor de 735.
  
MEDITACIÓN SOBRE TRES CLASES DE LIBROS
I. No leas libros malos, ni siquiera inútiles; éstos hacen perder el tiempo, aquellos inspiran impiedad o impureza. Quieres aprender de ellos a hablar bien, y aprendes a vivir mal. Muchos libros hay en los que aprenderás la ciencia y el talento unidos a la virtud. ¿No los lees? Un mal libro es un tentador continuo, un demonio doméstico; échalo de tu casa; de lo contrario él echará de ella la virtud.
 
II. Lee la vida de los santos; al decirte lo que ellos han hecho, te enseñarán lo que tú debes hacer. Te desafío a leer la vida de un santo sin experimentar el deseo de llegar a ser tú mismo un santo. En fin, no dejes pasar ningún día sin hacer alguna lectura espiritual: es el alimento de tu alma. Hablas a Dios en la oración; Él te habla en la lectura espiritual: escúchalo, y pon de inmediato en práctica lo que hayas leído. Que tus lecturas o tus oraciones sean continuas; ora dirígete a Dios, ora escucha su palabra (San Cipriano).
  
III. Lee a menudo en el libro de tu conciencia. Todos los otros libros serán inútiles si no conoces éste. Estudia tus inclinaciones, tus defectos, conócete a ti mismo. Este libro será abierto el día del juicio; ¿podrás darlo a conocer sin temor? ¡Cuán pocos hay que se conozcan a sí mismos! Mira en el examen de cada día, y en el examen preparatorio a la confesión, las faltas que has cometido; trae a tu memoria los años transcurridos y borra con tus lágrimas los pecados escritos en este libro de tu conciencia, no sea que se lo condene a ser quemado. Levántate contra ti mismo en el tribunal de tu conciencia (San Agustín).
 
La lectura espiritual. Orad por vuestros enemigos.
 
ORACIÓN

Oh Dios, que ilustráis a vuestra Iglesia por la ciencia del bienaventurado Beda, vuestro confesor y doctor, conceded a vuestros servidores ser siempre ilustrados por sus méritos. Por J. C. N. S. Amén.