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jueves, 30 de enero de 2025

BREVE “Etsi longíssimo terrárum”

Los procesos de sedición en la América Hispana ocasionados (e incitados) como consecuencia del destronamiento de Fernando VII por Napoleón Bonaparte y su hermano José (el famoso Pepe Botella), al contar con apoyo financiero inglés e ideología masónica, vieron una persecución religiosa contra el clero que no apoyara la rebelión, presentándose asesinatos, destierros, exilios, sedes impedidas o saqueos de conventos e iglesias. Mención particular merecen el obispo de Salta del Tucumán Nicolás Videla del Pino (quien fue desterrado por el general Manuel Belgrano por intrigas alimentadas desde la creación de la diócesis –que fue creada con territorios que pertenecían a la diócesis de Córdoba–, y murió pobre y desterrado en una hacienda en Barracas, sin posibilidad ni de decir Misa), el de Santiago de Chile José Santiago Rodríguez-Zorrilla e Ydoate Pozo-Silva (quien por oponerse al gobierno provisorio fue relegado por José Miguel Carrera al entonces sitio de Colina, y deportado a Mendoza por O’Higgins en 1817 para ser exiliado a España ocho años después por ocasión de la embajada del Delegado Apostólico Giovanni Muzi –el cual estuvo acompañado por un joven canónigo llamado Giovanni Mastai Ferreti, futuro Pío IX–), el de Cartagena Fray Custodio Ángel Díaz Merino OP (quien al año de declararse la independencia de dicha ciudad en 1811, emprendió el exilio a La Habana, donde murió en 1815) o el arzobispo de Santa Fe de Bogotá Juan Bautista Sacristán-Galiano y Martínez-Atance (quien a un mes de llegado a Cartagena en Junio de 1810 –había sido nombrado en 1804, pero entre decretos y demoras burocráticas de Roma y Madrid no pudo partir hasta seis años después por la Guerra del Francés–, y por los conflictos con la Junta de Santa Fe, fue desterrado a Estados Unidos en 1812 pero hubo de recalar en Cuba, y solo pudo posesionarse como arzobispo Santa Fe el 5 de Diciembre de 1816, para morir cincuenta y seis días después).
   
Ya hacían dos años que Fernando VII retomó el trono de España, y pocos meses que Pío VII (quien estuvo acompañado en el exilio por el embajador de la Corte Real don Antonio Vargas Laguna) recuperó el dominio temporal de los Estados Pontificios cuando este último promulga una carta en forma de Breve llamando a los obispos y al clero a esforzarse para que el pueblo retorne a la obediencia a la autoridad legítima y enfrentase a los sediciosos que amenazaban al Trono y el Altar.
   
Por primera vez, presentamos en latín y español este documento papal, en memoria del clero leal que hubo de padecer por cuenta de unos acomodados e ingratos que, con dinero de Albión y bajo las insignias de los Libres Muradores que predicaban la Revolución, rompieron la Unidad de la Hispanidad.
   
LATÍN
LÍTTERIS APOSTÓLICIS IN FORMÆ BREVIS “Etsi longíssimo terrárum”
  

Venerabílibus Frátribus Archiepíscopis et Epíscopis, ac diléctis fílii Clero Américæ cathólicæ, Hispaniárum Regi subjécti.

PIUS PP. VII.

Venerábiles Fratres ac dilécti Filii, salútem et Apostólicam benedictiónem.
  
Etsi longíssimo terrárum ac márium intérvallo dissíti a nobis sitis, vestra tamen píetas véstrumque religiónis coléndæ prædicándæque stúdium, satis, VV. Frátres diléctique fílii, sat compértum Nobis est.
  
Cum ígitur inter luculénta et præcípua sanctíssimæ quam profitémur religiónis præcépta, illud sit quo omnis ánima potestátibus sublimióribus súbdita esse jubétur, vos in seditiósis córdique nostro acerbíssimis istárum regiónum mótibus, eórumdem firmo sapiéntique ánimo abhorrendórum assíduos gregi vestro fuísse hortatóres persuásum habémus.

Níhilo tamen minus, cum illíus vices in terris gerámus qui Deus pacis est, quíque rediméndo a dǽmonum tiránnide humáno géneri nascens, pacem per Ángelos suos homínibus nuntiári vóluit: Apostólici quo immeréntes fúngimur múneris esse dúximus, vos magis magísque per nostras hasce lítteras excitáre, ut funestíssima turbárum ac seditiónum zizánia, quæ inimícus homo istic seminávit, eradicáre penítusque délere omni ope conténdatis.

Quod fácile, VV. Fratres, conseqüémini, si tetérrima ac gravíssima defectiónum damna, si præstántes exímiasque caríssimi in Crirto Fílii nostri Ferdinándi Hispaniórum véstrumque Cathólici regis, qui nihil religióne et subditórum suórum felicitáte pótius habet, virtútes; si dénique illústria et nullo únquam ævo intéritura hispanórum Európæ exémpla, qui fortúnam vitámque suam projícere non dubitárunt, ut se religiónis fidéique erga Regem retinentíssimos osténderent, ob óculos gregis quísque sui, quo par est zelo, posúeritis.

Ágite ergo, VV. Fratres diléctique fílii, patérnis hortatiónibus, stúdiisque hisce nostris morem ex; ánimo geréntes, débitamque Regi vestro obœdiéntiam et fidelitátem enníxe commendántes, bene de pópulis vestræ custódiæ tráditis merémini; nostram Régisque vestri qua jam fruímini grátiam amplificáte, promíssam curis labóribusque vestris ab eo mercédem, qui beátos Déique fílios appéllat pacíficos, in cœlo consequúturi.

Ínterim tam præclári támque frugíferi óperis felíciter a vobis perficiéndi áuspicem apostólicam benedictiónem, Vobis, Venerábiles Fratres diléctique fílii, peramánter impertímur.

Datum Romæ, apud Sanctam Mariam Majórem sub ánnulo Piscatóris, die 30 Januárii l816, Pontificátus nostri anno décimosexto.


TRADUCCIÓN
LETRA APOSTÓLICA EN FORMA DE BREVE “Etsi longíssimo terrárum”
   
A los Venerables Hermanos Arzobispos y Obispos, y a los queridos hijos del Clero de la  América sujeta al Rey Católico de las Españas.

PIO VII, PAPA.

Venerables hermanos e hijos queridos, salud y nuestra Apostólica Bendición.
   
Aunque inmensos espacios de tierras y de mares nos separan, bien conocida Nos es vuestra piedad y vuestro celo en la práctica y predicación de la Santísima Religión que profesamos. Y como sea uno de sus hermosos y principales preceptos el que prescribe la sumisión a las Autoridades superiores, no dudamos que en las conmociones de esos países, que tan amargas han sido para Nuestro Corazón, no habréis cesado  de inspirar a vuestra grey el justo y firme odio con que debe mirarlas.
   
Sin embargo, por cuanto hacemos en este mundo las veces del que es Dios de paz, y que al nacer para redimir al género humano de la tiranía de los demonios quiso anunciarla a los hombres por medio de sus ángeles, hemos creído propio de las Apostólicas funciones que, aunque sin merecerlo, Nos competen, el excitaros más con esta carta a no perdonar esfuerzo para desarraigar y destruir completamente la funesta cizaña de alborotos y sediciones que el hombre enemigo sembró en esos países.
   
Fácilmente lograréis tan santo objeto si cada uno de vosotros demuestra a sus ovejas con todo el celo que pueda los terribles y gravísimos prejuicios de la rebelión, si presenta las ilustres y singulares virtudes de Nuestro carísimo Hijo en Jesucristo, Fernando, Vuestro Rey Católico, para quien nada hay más precioso que la Religión y la felicidad de sus súbditos; y finalmente, si se les pone a la vista los sublimes e inmortales ejemplos que han dado a la Europa los españoles que despreciaron vidas y bienes para demostrar su invencible adhesión a la fe y su lealtad hacia el Soberano.
    
Procurad, pues, Venerables Hermanos e Hijos queridos, corresponder gustosos a Nuestras paternales exhortaciones y deseos, recomendando con el mayor ahínco la fidelidad y obediencia debidas a vuestro Monarca; haced el mayor servicio a los pueblos que están a vuestro cuidado; acrecentad el afecto que vuestro Soberano y Nos os profesamos; y vuestros afanes y trabajos lograrán por último en el cielo la recompensa prometida por aquél que llama bienaventurados e hijos de Dios a los pacíficos.
   
Entre tanto, Venerables Hermanos e Hijos queridos, asegurándoos el éxito más completo en tan ilustre fructuoso empeño, os damos con el mayor amor Nuestra Apostólica Bendición.
   
Dado en Roma en Santa María la Mayor, con el sello del Pescador; el día treinta de enero de mil ochocientos diez y seis, de Nuestro Pontificado el décimo sexto.

viernes, 29 de septiembre de 2023

HERNÁN CORTÉS, MÁS GRANDE QUE ALEJANDRO MAGNO

Tomado de EL DEBATE (España).
   
La doctora en Historia del Arte y una de las conferenciantes más reclamadas en España cuenta la verdad histórica del gran conquistador español
   
La doctora en Historia del Arte María Fidalgo 
   
Mario de las Heras
Madrid 28/09/2023 Actualizada 10:47
  
María Fidalgo Casares, doctora en Historia del Arte y experta en arte de temática militar, es una de las conferenciantes estrella en España. Ha trazado la figura de Hernán Cortés en Ferrer-Dalmau: Bocetos para la Historia (con el «pintor de batallas» ha forjado una extraordinaria relación profesional), en Imperio o en La Llegada de Hernán Cortés, este último publicado en México. Apenas una hora después de esta entrevista, Fidalgo pronunció la conferencia Hernán Cortés, la imagen de un gigante de la Historia en la Academia de las Ciencias y las Artes Militares en Madrid, donde la perfecta iconografía de Ferrer-Dalmau tuvo un papel protagonista con las imágenes, plenas de rigor histórico, que Fidalgo sugiere aquí a El Debate con sus palabras.
  
Quizá a algunos les parezca una exageración decir que Hernán Cortés supera a Alejandro Magno.
–Le supera por mucho. Si se analizan objetivamente los logros de Hernán Cortés, es decir: crear un imperio de la nada, crear un nuevo Estado español de la nada y ser el impulsor de que hoy 600 millones de personas hablen español y que México sea la nación más católica del mundo, además de haber preservado la cultura prehispánica que está presente en América. Eso no lo ha hecho nadie.
  
Hay una gran devoción culta por Cortés en Medellín, en Badajoz, que no se da en otros lugares de España, como Madrid, por ejemplo, como si la lejanía alejara precisamente la verdad sobre Cortés.
–Lo que pasa es que a Hernán Cortés, el pobre, le han caído cuatro leyendas negras. Primero, la gran leyenda negra hostigada por Bartolomé de las Casas, entre otros, que le odiaba profundamente y la leyenda negra de Orange. También los mexicanos que echaron tierra sobre su figura para separarse de España, y por último la leyenda negra de los norteamericanos. Ahora hay otras leyendas negras, como el indigenismo. Por otro lado había muchos envidiosos dentro de la corte de Carlos I, y este llegó a prohibir los libros de Hernán Cortés, a pesar de que siempre le fue completamente fiel al emperador.
  
¿Hay alguna iniciativa para sacar a Cortés de su nicho en México?
–Primero hay que sacarlo desde un punto de vista biológico y político, pero creo que esto no va ser posible en esta generación. La historia de España está completamente contaminada por la política. No se puede debatir. Si haces una historia científica te acusan de fascista, y es terrible, porque tú vas a México y ves que la cultura prehispánica está completamente viva gracias a la mestización de la que Cortés es responsable, es decir, totalmente lo contrario. Hizo una amalgama entre la cultura preexistente y la nuestra y preservó la cultura indígena. De hecho, el más amigo de los indígenas fue el propio Hernán Cortés, quien practicó el mestizaje, conservó la lengua náhuatl y trajo la imprenta e imprimió en esta lengua cuando no la tenían, la imprenta, la mayoría de las capitales europeas. Lo que hizo Cortés fue un prodigio. Estamos viviendo malos tiempos para una historia verídica.
   
La preservación de la cultura de los territorios conquistados es algo que siempre se ha dicho y valorado de Alejandro Magno, pero nunca de Hernán Cortés.
–No solo preservó la cultura, sino la sociedad. Un siglo después de Cortés sólo había en México 10.000 oriundos de España. Nueva España era una mestización continua entre entre la antigua nobleza azteca y la cultura azteca.
      
Que Pedro de Moctezuma, hijo del emperador, fuese ascendiente del fundador de la Guardia Civil prueba esta mixtificación.
–No sólo eso. Cortés tuvo 11 hijos y 6 fueron mestizos. Él luchó para que el Papa los reconociera como hijos legítimos y les casó con la nobleza. El hijo que tuvo con Malinche se educó con Felipe II. Continuó la práctica de las tribus nómadas que se emparentaban con otras. Cortés adapta esa costumbre que ya era habitual en Mesoamérica, pero se integra todavía más en la cultura mesoamericana. Es un apasionado de la cultura americana. De hecho, él muere con la pena de no volver. Hernán Cortés manda a Carlos todos los presentes de Moctezuma. Las dos piezas de oro que le envía se exponen en Amberes. Le manda dos códices para que el emperador vea los que ha conquistado, que es una cultura con enjundia, con sus códices o su metalurgia. Se niega a fundir el oro para preservar su forma, y gracias a ello se convierte en el primer comisario de arte de la historia. Conjugó ambas culturas como un genio. Siempre nos dicen que somos los romanos de América. No, Cortés continuó la cultura azteca a través de la cultura española y además la libró de esa lacra terrible que eran las religiones del castigo y de los sacrificios. Él les dio una religión de humanidad y de amor que es el cristianismo. Todas las democracias del mundo, menos Japón, son cristianas y ese es su gran legado. Pizarro y el Imperio inca van recogiendo la herencia de Cortés: la mestización. Cualquier persona que vaya a México y pasee por México se da cuenta de que no ha habido una ruptura porque las culturas mesoamericanas siguen en plena vigencia.
      
No sé quién le hace más flaco favor a la verdadera historia de Cortés, si el Estado español con su olvido, o el Estado mexicano con sus ataques.
–Los dos. Aunque sea completamente absurdo e incluso contradictorio, te dicen que hablar de Hernán Cortés es franquista. El imperio español aparece tildado de rancio desde el 98 y la pérdida de Cuba. Y no tiene nada que ver. Somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos. Somos el único país que renuncia a su historia. El resto están orgullosos.
  
Napoleón reposa en un mausoleo en París…
–Hay gente que cuestiona que fuimos tontos por pelearnos contra los franceses porque nos traían la libertad. Pero no se tiene en cuenta que después nos trajeron el absolutismo. La invasión francesa trajo violaciones, destrucciones de monasterios, persecución religiosa… La mayor parte del pueblo reaccionó al ver cómo trataban los franceses a la Iglesia. Ser español y ser católico era lo mismo.
  
El desconocimiento de la realidad, la manipulación y la confusión es el principal problema. A Cortés se le pinta como a un mal hombre…
–Mire, se portó muy bien con sus hijos. Luchó porque el Papa reconociera a sus 6 hijos mestizos. Pocos saben que Jefferson, el presidente estadounidense vendió a todos los hijos que tuvo con una esclava. El hijo que tuvo Cortés con Malinche, Martín Cortés, se crio con Felipe II. Hay una doble lectura en clave indígena también. Fue el primer gran hispanista, un hombre del Renacimiento que citaba a Flavio Josefo. Trabajó en una notaría y todo lo aprendido lo aplicó después. Confió a los franciscanos la evangelización de América, y ellos aportaron humanidad. No imponían, sino que sabían adaptar la religión indígena predicando una religión de amor, de humildad y de humanismo cristiano.
   
Dicen que todo lo que hizo, cómo llegó a América, cómo era, lo contaban los indígenas en una profecía.
–La verdad es que es una historia de novela, cuánto más sabes, más te enamoras del personaje. Los aztecas tenían una serie de creencias: que iba a venir un hombre barbado por mar y en casas de madera… lo cual es asombroso. Lo cuentan ellos, no lo cuenta Cortés.
  
Llegó con 500 hombres…
–Y en el altiplano había 18 millones de personas. Él aglutina todas esas fuerzas contra el imperio opresor, una estrategia espectacular. Incluso «empodera» a las mujeres cuando convierte a Malinche en su intérprete, una función impensable en una mujer. Alguien tan poco sospechoso de ser de derechas como Ramón Tamames le llama «un gigante de la historia».
  
¿Cuál considera que es la mejor novela histórica sobre Cortés?
–Me gusta mucho la de Madariaga y también me gustó mucho El dios de la lluvia llora sobre México, de László Passuth. También hay ensayos magníficos como el de Tamames, por ejemplo. El más objetivo se considera uno de José Luis Martínez. Pero hay uno fundamental que se llama La verdadera historia de Nueva España. Ese libro lo escribe un supuesto soldado de Cortés que se llama Bernal Díaz del Castillo, que lo cuenta todo. El historiador francés Duverger lo ha investigado y ha descubierto que este tal soldado no aparece por ninguna parte en las crónicas de Cortés. Duverger lanza la teoría de que quien realmente escribió la Historia de Nueva España fue Cortés. Es una teoría fascinante. Yo no digo que sea real, pero ofrece una duda más que razonable. Tan razonable como que la Biblioteca Nacional de París le ha quitado el nombre de Bernal Díaz del Castillo al libro y le ha puesto el de Hernán Cortés. Pero no interesa que sea Hernán Cortés un gran escritor, porque sería el primer gran escritor hispanoamericano con Juan Rulfo. Y eso es algo que no interesa como no interesa a los nacionalistas gallegos que Colón sea gallego, como sugieren algunas teorías, porque es un símbolo de la Hispanidad, como Cortés.
   
Cómo cree que debería estudiarse a Hernán Cortés en los colegios?
–Como gran hispanista de la Historia, el que articula una nueva civilización basada en nuestra gran cultura occidental. Por nosotros, nuestra lengua es, digamos, nuestra religión. Ten en cuenta que México es el país católico más importante del mundo, que predicamos allí una religión de igualdad, de solidaridad, de fraternidad. Y es lo que llevamos a esos pueblos que estaban en el neolítico, además de preservar la cultura mesoamericana, su legado, cosa que en otras otras culturas no lo han hecho. ¿Qué queda de los cherokees? No queda nada. En cambio tú vas a Guatemala o a México y ves que la cultura azteca está por todos sitios. O sea que realmente fue el gran preservador de la cultura para la historia. Fue un continuador de la cultura que existía a través del tamiz cristiano.
  
La leyenda negra es una grandísima mentira…
–Sí, pero ya estamos acostumbrados a lo que llaman «la visión de los vencidos». También lo vemos en otros capítulos de la historia reciente española.

sábado, 8 de julio de 2023

MUCHOS INDÍGENAS SE INTEGRARON EN ESPAÑA, Y VIVIERON CON PRIVILEGIOS

Noticia tomada de BBC.
   
«LA GENTE PIENSA QUE ESPAÑA COLONIZÓ AMÉRICA, PERO LA CONQUISTA FUE PACTADA ENTRE INDÍGENAS Y ESPAÑOLES: EL 95% DE LOS CONQUISTADORES ERAN INDÍGENAS»
   
José Carlos Cueto - BBC News Mundo
7 julio 2023
  

“El Descubrimiento de Europa” es un libro que cambia nociones. Su autor, el historiador sevillano Esteban Mira Caballos, pasó tres décadas investigando una especie de historia a la inversa: la vida poco conocida de los primeros indígenas que arribaron a Europa desde 1493.
   
Y es que se sabe mucho de los nativos que se quedaron en América, pero bastante menos de todos aquellos que viajaron al Viejo Continente y lo cambiaron para siempre.
   
El libro cuenta cosas sorprendentes, como los beneficios que reclamaron sectores de las élites indígenas a la Corona española por haber participado en la conquista. O cómo varios de los primeros mestizos se entroncaron en lo más alto de la nobleza y oligarquía españolas.
   
BBC Mundo conversó con Mira Caballos pocas horas después del lanzamiento del libro, que ya está dando mucho que hablar porque, según el historiador, no parece contentar ni a indigenistas ni a conservadores.
  
***
     
Es un libro detallista, con muchas fuentes y revelaciones sorprendentes, como el papel que reclamaron los indígenas en la colonización.
Cuando escribes sobre esta historia que puede cambiar varias nociones tienes que poner mucho aparato crítico; ponerte minucioso con las fuentes para ser creíble.
   
El libro genera debate porque cuenta cosas que se conocían a nivel académico pero no en la calle.
   
La gente piensa que España conquistó, colonizó y administró América, pero el 95% de los conquistadores eran indígenas.
   
¿Quién se va a creer que Francisco Pizarro, con 180 hombres, conquista Tahuantinsuyo con 2.000 km²? ¿O que Hernán Cortes, con 508 efectivos, conquista la federación mexica?
   
La conquista fue pactada entre indígenas y españoles. Cuando acaba, los propios indígenas se quedan como sargentos y alguaciles mayores y otros cargos. Permanecen combatiendo rebeliones de otros nativos. España mantiene toda la estructura indígena de cacicazgos, curacazgos y jefaturas.
   
De hecho, los curacas eran de los mayores hostigadores de lo suyos, extorsionándoles para pagar a los españoles lo que correspondía y mantener sus privilegios.
   
Muchos de estos conquistadores indígenas se presentan en España reclamando su labor. Los tlaxcaltecas, por ejemplo, recriminaban que Hernán Cortés no habría conseguido nada sin ellos. Y, a su vez, los chalcas reclamaban que ellos habían contribuido más que los tlaxcaltecas.
   
En España se presenta toda una legión de caciques, curacas, pipiltins y taínos reivindicando que fueron conquistadores y administradores pidiendo privilegios: prebendas, tierras, subtierras y títulos nobiliarios.
   
Y los conseguían. Se llamaban a sí mismos tan conquistadores como Hernán Cortés.
   
Mucha de esa nobleza indígena entronca con la nobleza española. Actualmente hay grandes nobles españoles que son descendientes directos de Huayna Cápac o del tlatoani Moctezuma Xocoyotzin.
   
Esa es una visión que ha causado sensación, independientemente de la parte oscura de la historia con la esclavitud, la violencia y las matanzas.
   
No parece una versión muy acorde con las condenas actuales que recibe España y otros países colonizadores por su papel en esta etapa de la historia.
En la historia siempre está metida la ideología y en esto hay tres posiciones: negrolegendarios, rosalegendarios y los historiadores.
   
Los negrolegendarios acusan a España de genocida y de ese argumento no se mueven.
  
He trabajado muchos años en República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, México y Perú. Conozco bien el horror de lo que cometieron los españoles, auténticas matanzas como en la Antillas. Eso no se puede negar. Nadie los llamó para ir allí para civilizar ni salvar a nadie.
   
Hay una polarización muy grande. A los negrolegendarios no les puedes contar más que sobre el genocidio, pero también están los rosalegendarios, que creen que España fue la mejor, la salvadora de los salvajes.
    
El mismo discurso con que se justificaban en el siglo XVI lo repiten los rosalegendarios en el siglo XXI: eso de que fuimos salvadores, magníficos, maravillosos y que lo contrario es todo leyenda negra.
   
En el medio estamos los historiadores, que contamos las cosas en base a documentos y razonamientos históricos. He ido a congresos con historiadores cubanos, dominicanos y mexicanos y no hay grandes diferencias entre nuestras visiones más allá de matices.
    
La historia es un largo camino de cadáveres. El hombre es horrible. Se impuso el más fuerte sobre el más débil, pero es algo que hay que contar en su contexto y ya está. Los historiadores recibimos críticas de todos lados.
   
Los de Vox (partido español de extrema derecha) me ponen de vuelta y media, acusándome de masón comunista o ruso putineano. Los indigenistas también me critican.
   
Claro que existió la esclavitud y en Cuba se mantuvo hasta bien entrado el siglo XIX, pero tampoco hay que verlo como un punto oscuro para la historia de España, ni un mérito ni un demérito. Las cosas fueron como fueron y ya está.
   
Había eurocentrismo y desde el Viejo Continente se consideraba a las civilizaciones indígenas como bárbaras, pero no se les puede pedir que pensaran como un trabajador de la ONU en el siglo XXI.
  
Ni siquiera el padre Bartolomé de las Casas, fiel defensor del trato a los indígenas, se planteó la posibilidad de que estos pudieran vivir en su idolatría y fuera del evangelio.
   
De las Casas lo que plantea es que la evangelización debe ser por medios pacíficos y en eso hay que reconocerle que fue pionero.
   
Se sabe mucho de los indígenas que se quedaron en América, pero no de los que fueron a Europa, el gran propósito de su libro. Muchos fueron esclavizados.
España descubrió América el 12 de octubre de 1492, pero pocos meses después, en el viaje de regreso de Cristóbal Colón, ya estaban llegando americanos a Europa y descubriéndola.
   
Siempre tenemos la idea de un flujo unidireccional, pero fue bidireccional desde el primer momento.
   
Desde 1493 llegan los primeros indígenas y se produce un gran flujo de personas, mercancías, ideas, productos, enfermedades.
   
La cepa virulenta de la sífilis llegó a España desde América cambiando hábitos de vida. Pero también llegaron plantas medicinales para combatirla que se administraron en Sevilla desde 1520.
    
En los primeros años muchos indígenas llegaron a España como esclavos y Sevilla se convierte en un gran foco de comercio de esclavos. Muchos fueron marcados para registrar su propiedad.
   
Aquí hay que reconocer que la reina Isabel la Católica se opuso a la esclavización de sus nuevos vasallos. Muy temprano, en 1500, prohíbe la esclavitud con las excepciones de los indígenas caníbales y los capturados en guerra justa.
   
Después, en 1530, se prohíbe la esclavitud entera, pero la Corona da marcha atrás por las rebeliones indígenas. Los españoles la convencen de que no pueden hacer frente a esas rebeliones si no capturan a indígenas que luego sirvan de esclavos.
    
Abolir la esclavitud se volvió difícil por los alzamientos y porque otros, aprovechándose, hacían pasar indígenas pacíficos por rebeldes para justificar la esclavitud a través de la guerra justa. No era una política de Estado, sino acciones individuales.
   
Hubo mucha oposición y hasta represalias de los dueños contras los esclavos que pretendían liberarse, pero aún así, se liberaron prácticamente los esclavos indígenas en España desde 1542.
   
Aunque siguió el flujo, dado que Lisboa seguía siendo un polo importante de venta de esclavos y los portugueses continuaron comerciando a indígenas brasileños, cuya protección no era garantizada por la Corona de Castilla.

Una esclavitud que empezó precisamente con Cristóbal Colón, un dato con el que quizás no se le vincula tanto.
Es verdad que Colón empieza y pretende plantear un tráfico indígena de los naturales de América a España y, si le hubieran dejado, América se habría convertido en un gran reservorio de esclavos para Europa.
   
Aunque también es cierto que Colón estuvo presionado por las circunstancias. La Corona quería rédito, ver si su empresa era rentable. La factoría colombina corría el riesgo de quebrar. Colón se veía obligado continuamente a tratar de justificar la rentabilidad y viabilidad de su proyecto.
   
Se da cuenta de que no había tanto oro y se plantea, para convencer a la Corona de que aquello era rentable, de que se podían llevar miles de esclavos y venderlos en los mercados europeos.

No pienso que Colón fuese un santo o un demonio, sino también un personaje de su tiempo que efectivamente inicia el tráfico de esclavos de América a Europa.
   
¿Qué tanto aportaron los indígenas al contexto sociocultural de Europa cuando llegaron?
En Europa y en España se desconoce la influencia brutal de América desde el comienzo.
   
Primero, genéticamente, porque aunque a muchos indígenas les permitieron regresar, el 90% de los que llegaron se quedó, entre otras cosas porque muchos vinieron muy chicos a la península ibérica y no conocían otra realidad.
   
Muchos se integraron. Luego también llegaron miles de mestizos.
   
Culturalmente, ¿cuántas palabras en el castellano proceden del mundo indígena? Tiburón, piña, tomate… un porcentaje muy alto de las palabras del castellano procede de los distintos idiomas indígenas.
   
A nivel gastronómico, dos de los grandes platos españoles, el gazpacho y la tortilla española, tienen ingredientes protagonistas totalmente americanos. El gazpacho se hace a base de tomate, que es una planta americana. La tortilla de patatas se hace con un tubérculo peruano.
     
Muchas veces no somos conscientes de que gran parte de nuestra cultura tradicional, nuestra gastronomía y costumbres, proceden del mundo indígena.
     
También sorprende la cantidad de obras de arte que llegan de América desde muy temprano.
   
El Crucificado de la Hermandad del Baratillo de Sevilla, muy devocionado aquí, llegó en los años 20, fabricado con caña de maíz por los indígenas del Colegio de San José de los Naturales en México.
   
No se sabía que muchos de los crucificados devotos españoles proceden del mundo americano, fabricados allí desde los primeros años en el siglo XVI por indígenas. Son cosas que le cuentas a la gente y no se lo puede creer.
   
Hay inventarios del Gabinete de Antigüedades del Duque de Medina Sidonia con penachos de pluma, objetos de oro, muchos enseres por la fascinación por conocer lo que había allí, lo que tenían allí las culturas y las civilizaciones. El flujo fue verdaderamente impresionante.
   
Cuando le cuentas todo esto a los más conservadores, especialmente el tema genético, creen que es una aberración cuando decimos que por la sangre española corre sangre indígena.
   
Es lo que sorprende tanto en España, también por nuestro egocentrismo de que fuimos el Imperio, los que fuimos allí. Eso de que ellos vinieran y nos influyeran remueve conciencias.

¿Puede esto tener algo que ver con racismo?
No tengo claro que hubiese tanto racismo como clasismo, incluso hoy.
    
A España también llegaron cientos de mestizos enviados por sus padres desde América con una historia diferente.
   
El mejor ejemplo es Francisca Pizarro Yupanqui, que llega rica a España, se traslada la corte de Felipe II y llega a vivir en un palacete en Madrid.
   
Los mestizos ricos que llegan a España forman una auténtica oligarquía mestiza, son de los más reconocidos en los pueblos o ciudades que habitan y no existía problema racial.
   
Si eras mestizo con dinero, no había problema, eras poderoso y te casabas con una española blanca.
   
Si eras pobre, sí sufrías discriminaciones, pero no tanto por la raza sino por la pobreza. Sorprende que sean comportamientos que pasan ahora al igual que en el siglo XVI.
   
Curioso que los indígenas también consideraran a los españoles como bárbaros, como cuentas en el libro.
Es que en América había distintas civilizaciones en distintos grados evolutivos con logros que no existían en Europa.
   
Por ejemplo, la capacidad de distribución del imperio inca del Tahuantinsuyo no existía en el Viejo Continente.
   
La visión de los indígenas sobre Europa variaba en medida de donde vinieran. Si un indígena venía de Tenochtitlan, poco se impactaba, porque esta ciudad doblaba en tamaño a Sevilla.
   
Si venía un indígena de la zona selvática de Florida, Ecuador, etcétera, les parecía un mundo bárbaro. Se sorprendían que hubiese tanto infanticidio, tanta pobreza por las calles, tanto indigente, tanto truhan. Más que impresionarse por edificios modernos, les llamaba la atención la extrema pobreza.
   
Ellos venía de sociedades humildes y sencillas, pero mucho más redistributivas. En muchas comunidades aborígenes no se permitía esa miseria entre sus miembros.
   
Muchas sociedades americanas vivían de manera mucho más armónica que en Europa y su evolución fue cortada de manera abrupta por los españoles. Destruyeron grandes civilizaciones.
    
En el libro también rompes con el estereotipo de que los indígenas que llegan a Europa eran unos ingenuos.
Tenemos esa idea del indígena ingenuo y para nada. En cuanto llegan aquí, montan redes clientelares para ayudarse entre ellos.
  
Es interesante que, si bien en América ellos no se consideraban indígenas, en Europa sí asumen esta conciencia de clase y la aprovechan.
   
Como indígenas contaban con beneficios que no tenían otras minorías y se organizaron entre ellos en cada pueblo para defender sus derechos.
    
Hay un caso muy llamativo de un tal Esteban de Cabrera, un indígena muy longevo liberado por la Casa de Contratación que se dedicaba a animar a indígenas esclavos para que pidiesen su libertad.
   
Y ya avanzado el siglo XVI, estos indígenas aprenden a moverse como pez en el agua en los tribunales. Había una estructura en España con procuradores indígenas que facilitaban los trámites de los suyos conociendo todo el corpus legal español.
    
Incluso, los indígenas aprendieron a destacar que no tenían sangre judía cuando reivindicaban nobleza y linaje, sabiendo que los españoles lo valoraban mucho.
   
El libro también rompe con ese estereotipo del indígena ingenuo y permanentemente engañado. Se sueltan pronto y acaban entendiendo muy bien sus privilegios y todos los resortes judiciales y penales de España.
   
Una cosa importante: los indígenas jamás cuestionaron la esclavitud, ellos cuestionan su esclavitud como personas declaradas libres por la Corona de Castilla, pero no la esclavitud de los negros, de los africanos. Así era la mentalidad de la época.
   
¿Cómo fue la vida de los humildes que conseguían su libertad?
Difícil. Dependía de sus oficios. Algunos eran sastres, zapateros, agricultores. Esos, cuando se liberan, tienen más posibilidades.
    
Muchos otros no, y cuando los liberan, siguen trabajando en servidumbre, como criados. Y tenían suerte. Otros acabaron mendigando.
   
En 1653 había tantos indígenas vagabundos en España que se dio una real orden para que se recogiesen a todos y se devolviesen a América.
   
Hay muchas diferencias en cómo les fue. Los nobles, por ejemplo, eran pensionados por la Corona.
   
Es importante destacar que los indígenas siempre fueron recibidos por el rey. Tenían vías directas con el monarca y se podían comunicar con cartas.
   
Si un español cualquiera quería verse con el rey, lo tenía difícil.
    
Pero este consideraba a los indígenas como vasallos suyos que vivían a miles de kilómetros de distancia. El rey nunca había viajado a América ni pensaba viajar. Por tanto, quería estar informado y tener conexión directa.

miércoles, 18 de enero de 2023

¿POR QUÉ NO HAY FILOSOFÍA EN HISPANOAMÉRICA?

«Es una lástima que en Hispanoamérica la filosofía se haya usado para pelear; porque así como la religión entre nosotros es más bien política que mística, así la filosofía ha sido más bien partido y bando que escuela. En la escuela de Martín Fierro, al contrapunto sigue una pelea a cuchillo; pero en el caso de nuestra filosofa, los cuchillos han precedido siempre, por una razón que yo no sé, a la música del contrapunto.
   
¿Pasó lo mismo en toda América? No, ciertamente. En la América inglesa se observa el fenómeno contrario: hay una continuidad básica en la especulación filosófica que ha permitido esa acumulación del pensamiento en volumen, que es necesaria para la concentración del pensamiento en densidad, concentración y densidad que forman la filosofía, como advirtió también exactamente en su discurso el primer magistrado de la Nación [Juan Domingo Perón]. Así, se puede hablar de una filosofía de Estados Unidos y de un pensamiento norteamericano, en tanto que no se puede hablar de una filosofía argentina, ni brasileña, ni peruana, ni mejicana, ni hispanoamericana» (Padre LEONARDO CASTELLANI, “Reflejos y raíces de la metafísica en América”, en Seis ensayos y tres cartas, 2.ª edición aumentada. Buenos Aires, edición Dictio, año 1978, pág. 93).

sábado, 30 de julio de 2022

BULA “Sublímis Deus”

Fray Julián Garcés OP, primer obispo de Tlaxcala (actual Archidiócesis de Puebla de los Ángeles) había escrito al Papa Pablo III Farnesio contándole los avances que entre los indígenas tenía la enseñanza de la Fe Católica y cómo la piedad de ellos se parangonaba con la de los tiempos apostólicos, pero que esta labor afrontaba dificultad porque algunos españoles no sólo los tenían en esclavitud (contrariando las leyes que Isabel la Católica había promulgado), sino que creían que, por el hecho de ser de culturas diferentes, no eran dignos de la recibir la predicación. Por tal motivo, apelando a su autoridad apostólica, le pidió que se pronunciase sobre la situación.
  
Como respuesta, el Papa publicó la Bula Sublímis Deus el 2 de Junio de 1537, declarando que los indígenas y los habitantes de los distintos pueblos conocidos y por conocer no solo tienen la capacidad para recibir y comprender la predicación del Evangelio, sino que sus derechos a la libertad y la propiedad deben ser respetados, condenando como nula e inválida cualquier medida que tienda a esclavizarlos.
  
Sublímis Deus (que presentamos tanto en latín como en español) tuvo influencia en las Leyes Nuevas del Rey-Emperador Carlos I, y en los debates de la Junta de Valladolid (1550-1551), origen de nuevas leyes de protección a los indígenas y una de las bases para el jus géntium moderno, distinto a la dicotomía civilización/barbarie imperante en la época y que guió las conquistas de los franceses e ingleses. Además, fue parte del precedente para pronunciamientos papales contra la esclavitud, como Cum Sicúti (Gregorio XIV, 18 de Abril de 1591), Commíssum Nobis (Urbano VIII, 22 de Abril de 1639), Imménsa Pastórum príncipis (Benedicto XIV, 20 de Diciembre de 1741), In Suprémo apostolátu (Gregorio XVI, 3 de Diciembre de 1839), y Lacrimábili statu Indórum (San Pío X, 7 de Junio de 1912).
  
Esta bula cobra más vigencia ahora, cuando los modernistas creen que sin la jesuitica “inculturación” no se puede evangelizar (aunque no tienen idea de qué es eso), como si la gente de otras naciones y etnias, tras de ser utilizadas como esclavos por los apparátchik de las ideologías progres, estuviesen en cápitis diminútio espiritual.
  
LATÍN
  
BULLAM “Sublímis Deus”
   

Páulus Papa tértius, Univérsis Christifidélibus præséntes lítteras inspectúris, salútem et Apostólicam benedictiónem.
    
Sublímis Deus sic diléxit humánum genus, ut hóminem talem condíderit qui non solum boni sicut cœ́teræ creatúræ partíceps esset, sed ipsum Summum Bonum inaccesíbile et invisíbile attíngere et fácie ad fáciem vidére posset: et cum homo ad vitam et beatitúdinem ætérnam obeúndam, etiam sacrárum literárum testimónio, creátus sit, et hanc vitam et beatitúdinem ætérnam, nemo cónsequi váleat, nisi per fidem Dómini nostri Jesu Christi fáteri necesse est, hóminem talis conditiónis et natúræ esse, ut Fidem Christi recíere possit, et quemcúmque, qui natúram hóminis fórtitus est ad ipsam Fidem recipiéndam hábilem esse. Nec enim quísquam ádeo desípere créditur, ut se secrédat Fidem obtínere posse, et médium summe necessárium, nequáquam attíngere. Hinc véritas ipsa, quæ nec falli, nec fallére potest, cum prædicatóres fídei ad offícium prædicatiónis destináret, dixísse dignóscitur: Eúntes, docéte omnes gentes. Omnes dixit, ábsque omni delétu, cum omnes fídei disciplínæ capáces exístant.

Quod videns et invídens ipsíus humáni géneris ǽmulus qui bonis opéribus, ut péreant semper adversátur, modum excogitávit ac temis inaudítum, quo impedíret, ne verbum Dei géntibus salvæ fíerent, prædicarétur, ac quósdam suos satélites commóvit, qui suam cupiditátem ad ímplere cupiéntes occidentáles, et meridionáles Indos, et álias gentes, quæ tempóribus istis ad nostram notítiam pervenérunt, sub prætéxtu, quod Fídei Cathólicæ expértes exístant, uti muta animália ad nostra obséquia redigéndos esse passim asserére præsúmat.

Nos ígitur qui ejúsdem Dómini Nostri vices, licet immériti, gérimus in terris, et oves gregis sui nobis commíssas, quæ extra ejus ovíle sunt, ad ipsum ovíle toto nixu exquírimus. Attendéntes Indos ipsos, utpóte veros hómines, non solum Christiánæ Fídei capáces exístere, sed ut nobis innótuit, ad fidem ipsam promptíssime cúrrere. Ac voléntes super his cóngruis remédiis provídere, prædíctos Indos et omnes álias gentes ad notítiam Christianórum impósterum deventúras, licet extra Fidem Christi exístant sua libertáte ac rerurn suárum domínio privátos, seu privándos non esse. Imo libertáte et domínio hujúsmodi, uti et pótiri, et gaudére, líbere et lícite posse, nec in servitútem rédigi debére. Ac si secus fieri contígerit írritum et ináne.
    
Ípsosque Indos et álias gentes verbi Dei prædicatióne et exémplo bonæ vitæ ad dictam Fidem Christus invitándos fore, et præséntium literárum transúmptis manu alícujus Notárii públici subscríptis, ac sigíllo alícujus persónæ in dignitáte Ecclesiástica constitútæ múnitis, eámdem fidem adhibéndam esse, quæ originálibus adhiberétur auctoritáte Apostólica per præséntes decérnimus et declarámus.

Non obstántibus præmíssis, cœtérisque contráriis quibuscúmque.

Datum Romæ, Anno Dómini milléssimo quingentéssimo trigéssimo séptimo, Quárto nonas Júnii, Pontificátus nostri, Anno tértio.
  
TRADUCCIÓN
  
BULA “Sublímis Deus”

Pablo, Papa III, a todos los fieles de Cristo que leyeren las presentes Letras, Salud y Bendición Apostólica.
  
El Dios sublime amó tanto la raza humana, que creó al hombre de tal manera que pudiera participar, no solamente del bien de que gozan otras criaturas, sino que lo dotó de la capacidad de alcanzar al Dios Supremo, invisible e inaccesible, y mirarlo cara a cara; y por cuanto el hombre, de acuerdo con el testimonio de las Sagradas Escrituras, fue creado para gozar de la felicidad de la vida eterna, que nadie puede conseguir sino por medio de la fe en Nuestro Señor Jesucristo, es necesario que posea la naturaleza y las capacidades para recibir esa fe; por lo cual, quienquiera que esté así dotado, debe ser capaz de recibir la misma fe: No es creíble que exista alguien que poseyendo el suficiente entendimiento para desear la fe, esté despojado de la más necesaria facultad de obtenerla, de aquí que Jesucristo, que es la Verdad misma, que no puede engañarse ni engañar, cuando envió a los predicadores de la fe a cumplir con el oficio de la predicación, dijo: Id y enseñad a todas las gentes. A todas dijo, sin excepción, puesto que todas son capaces de ser instruidas en la fe.
  
Lo cual viéndolo y envidiándolo el enemigo del género humano, que siempre se opone a las buenas obras para que perezcan, inventó un método hasta ahora inaudito para impedir que la Palabra de Dios fuera predicada a las gentes a fin de que se salven, y excitó a algunos de sus satélites, que deseando saciar su codicia, se atreven a afirmar que los Indios occidentales y meridionales, y otras gentes que en estos tiempos han llegado a nuestro conocimiento (con el pretexto de que ignoran la fe católica) deben ser dirigidos a nuestra obediencia como si fueran animales y los reducen a servidumbre, urgiéndolos con tantas aflicciones como las que usan con las bestias.
    
Nos pues, que aunque indignos hacemos en la tierra las veces de Nuestro Señor, y que con todo el esfuerzo procuramos llevar a su redil las ovejas de su grey que nos han sido encomendadas y que están fuera de su rebaño, prestando atención a los mismos indios que como verdaderos hombres que son, no sólo son capaces de recibir la fe cristiana, sino que según se nos ha informado corren con prontitud hacia la misma; y queriendo proveer sobre esto con remedios oportunos, haciendo uso de la Autoridad apostólica, determinamos y declaramos por las presentes letras que dichos Indios, y todas las gentes que en el futuro llegasen al conocimiento de los cristianos, aunque vivan fuera de la fe cristiana, pueden usar, poseer y gozar libre y lícitamente de su libertad y del dominio de sus propiedades, que no deben ser reducidos a servidumbre y que todo lo que se hubiese hecho de otro modo es nulo y sin valor.
   
Asimismo declaramos que dichos indios y demás gentes deben ser invitados a abrazar la fe de Cristo a través de la predicación de la Palabra de Dios y con el ejemplo de una vida buena; y por la autoridad apostólica ordenamos y decretamos que a cualquier transcripción de las presentes Letras suscrita por cualquier notario público, y sellada por cualquier persona constituida en dignidad eclesiástica, se les preste la misma fe que al original.
   
No obstando nada en contrario.
   
Dado en Roma en el año 1537, a cuatro de las Nonas de Junio (2 de Junio), en el tercer año de nuestro pontificado.

martes, 12 de octubre de 2021

EL INDIGENISMO COMPARTE IDEAS CON LOS NAZIS

Por César Cervera para ABC (España).
  
El doctor en Ciencias Políticas, autor de ‘Madre patria’ (Espasa), ha sufrido insultos, amenazas y presiones al otro lado del charco por reivindicar el valor de la Hispanidad.
   
Hernán Cortés y Doña Marina (Códice de Diego Durán, siglo XVI. Madrid, Biblioteca Nacional de España).
   
Nada más avistar la costa americana, Isabel Díaz Ayuso cargó durante su visita a EE.UU. contra el indigenismo, «el nuevo comunismo», por poner en cuestión el legado español en América, una herencia cultural que, a su juicio, se cuenta «entre los mayores hitos de la historia». Unas declaraciones que, sin pretenderlo, entroncaron unos días después con una carta dirigida a México del Papa Francisco pidiendo «perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización» (en la carta no se referiere directamente a la conquista de América). De tantas palabras incendiarias sobre la Hispanidad se detecta que, en efecto, el 12 de Octubre está muy próximo y con ello las controversias de cada año.
  
Mucho sabe de estas llamas Marcelo Gullo Omodeo, doctor en Ciencias Políticas y profesor en la Universidad Nacional de Rosario (Argentina), que está de visita en España promocionando su libro ‘Madre patria’ (Espasa) y el documental ‘España, la primera globalización’, dirigido por José Luis López-Linares, donde el argentino participa. Sus ideas sobre la Hispanidad le han costado insultos, amenazas y presiones al otro lado del charco de quien ve un grave peligro en su reivindicación de una América reconciliada con ‘la madre patria’. En una entrevista con ABC, advierte de la trampa que encierran los perdones anacrónicos: «Estos perdones tienen un efecto negativo, porque ya lo decía San Pablo: “Solo la verdad nos hace libres”. La Leyenda Negra es una mentira que nos hace esclavos del rencor».
   
Portada del libro
   
–Ayuso dice que el indigenismo es el nuevo comunismo, ¿está usted de acuerdo?
–El fundamentalismo indígena no nace en la izquierda, sino en la derecha, en los sectores más oligárquicos y recalcitrantes de Hispanoamérica, los que estuvieron detrás de la independencia de todas estas repúblicas y que se quedaron con las tierras de los indios. Lo hicieron para justificar su alianza con Inglaterra y su apuesta por la independencia de España. En ese momento los autores de la izquierda, como Karl Marx, no eran defensores de la Leyenda Negra. Eso ocurrió más tarde, en el siglo XX. En 1930, cuando se reunió el congreso comunista en Montevideo y luego Buenos Aires se asumió ese discurso hostil a España, ese indigenismo fundamentalista que buscaba desestabilizar a cualquier precio el patio trasero de EE.UU. La partición de las repúblicas en cachitos indígenas fue la forma de combatir el imperialismo que ideó la internacional comunista.
  
–Usted recuerda en el libro que aún en el siglo XX muchos líderes de izquierda reivindicaban la Hispanidad.
–Sí, aún hubo muchos personajes de izquierda en América que siguieron ajenos a la postura del Partido Comunista, entre ellos Jorge Abelardo Ramos, Hernandez Arreiz, Rodolfo Puiggrós, etc. Lo que ocurre hoy está más bien relacionado con una segunda oleada negrolegendaria entre la izquierda americana, que se produjo cuando Fidel Castro, por necesidades políticas, asumió un relato antiimperial y negrolegendario tras su alianza con la URSS. Desde Cuba se fomentó este discurso en todo el continente.
  
–¿De ahí la oleada de ataques a estatuas de personajes españoles en América?
–Hoy vivimos un revival del comunismo y por eso están estas ideas en auge de nuevo. Pero sería un error pensar que la defensa de la Hispanidad pertenece a la derecha, en realidad la lucha contra la Leyenda Negra no es de izquierdas ni de derechas, lo que pasa es que los líderes de la izquierda hispanoamericana, como los presidentes de México, de Perú o de Bolivia, un poco por ignorancia y otro por esnobismo, han hecho suyo este relato sin saber que esto les convierte en la mano más barata del imperialismo, que está encantado con la fragmentación del mundo hispánico.
   
Cuando existan cien repúblicas de lenguas distintas en Hispanoamérica, ¿en qué lengua van a hablar entre ellas? ¿En inglés? El capital financiero internacional trabaja para crear estados pequeños y fragmentar poderes. La izquierda hispanoamericana está así al servicio del dinero que dice combatir.
   
–Cuando habla de indigenismo le pone el adjetivo ‘fundamentalista’, ¿siempre ha sido radical el indigenismo?
–El indigenismo fue siempre negrolegendario, pero ahora también es fundamentalista porque comparte muchas ideas con los nazis. Gente como Evo Morales tiene la misma concepción de las naciones que Hitler. Quieren separar las etnias, creen en la pureza racial y les repele el mestizaje, un proceso que es inevitable y que la Hispanidad integró desde sus orígenes. Ya lo dijo Vasconcedos: «Hispanoamérica preanuncia el futuro».
    
–¿Cuándo comprendiste que el relato de la Leyenda Negra era hegemónico en ambos lados del Atlántico?
–Lo vi al ir a estudiar a España en 1988. Ya en los preparativos del V Centenario del Descubrimiento se percibían ciertas ideas negrolegendarias. Había centenares de congresos en América donde asistían autores anglosajones para decir que la única conquista mala en la historia del mundo era la española, mientras que la de holandeses, ingleses o franceses eran muy positivas. Sin embargo, todo eso fue in crescendo hasta la hegemonía de este pensamiento. Por eso escribo mi libro desde la razón política para desmontar el mayor fake news de la historia y denunciar el riesgo de que fragmentados los hispanos seamos segmentos anónimos y pobres en el mercado mundial. Más división significa ser más pobres.
  
Un joven arrastra la cabeza de una estatua de Colón por las calles de Barranquilla (Colombia)
  
–¿Cómo se puede combatir la Leyenda Negra?
–Se vence con valentía. Nadie se atreve a decir la verdad: que el rey está desnudo. Al escribir el libro mío he desafiado al progresismo internacional, que no ha sido capaz de rebatir con argumentos, sino con insultos y presiones en todos los ámbitos. Es un tema vetado. Me han amenazado para que no escriba más del tema incluso con la posible pérdida de mi trabajo, pero nadie ha dado razones. Ni uno solo ha hecho un artículo diciendo en qué estoy equivocado, ni uno, ni siquiera el presidente de México y su mujer. Ella lo leyó, y no ha sido capaz de señalar los errores. Siguen con su batalla por defender a los mexicas y justificar las 20.000 personas, según las previsiones más conservadoras, que ejecutaban cada año en un país con cuatro millones de habitantes. Esa cantidad de muertes, en proporción, no la causaron ni Hitler, ni Stalin, ni Pol Pot. No hay forma desde un pensamiento de izquierda serio de ser negrolegendario o de defender las prácticas aztecas a las que Cortés puso fin.
   
–En España tampoco hay reacción política más allá de las controversias habituales.
–Los políticos españoles no se dan cuenta, a excepción de gente como Alfonso Guerra, que el asumir la Leyenda Negra se está contribuyendo a la fragmentación y destrucción de España. Los nacionalismos periféricos dicen «pues igual que España conquistó América lo hizo con nosotros y por eso tenemos que independizarnos». Lo enseñan en las escuelas y no quieren ser parte de un monstruo que violó y mató a tanta gente supuestamente. No hacer nada frente a estas mentiras convierte a España en el Titanic, un barco fabuloso en el apogeo de la modernidad, nada que ver con lo que yo viví hace treinta años, que ha chocado con un iceberg y se va a hundir irremediablemente sin saberlo. Los españoles están con el champagne en la zona de arriba, mientras abajo está entrando el agua.
   
–¿Los libros como el suyo tienen la capacidad de cambiar algo?
–La lucha cultural es la madre de todas las batallas. Las sociedades son como cuerpos humanos, unos tienen más anticuerpos contra el virus de la Leyenda Negra que otros. Libros como el mío y el de otros autores son la única manera de incrementar la defensa. Pero hay que llegar al sistema educativo, donde hay muchos predicadores de la Leyenda Negra o simplemente gente que tiene miedo de discrepar. En Sudamérica la libertad de Cátedra no existe, se les llena la boca de predicar este derecho, pero solo existe si sigues la línea fijada. Es un eufemismo. Asistimos a una dictadura cultural como no se ha visto nunca, todo ello amparado supuestamente por la libertad de Cátedra.
  
Fotografía de Marcelo Gullo.
    
–Pone usted mucho énfasis en la falta de formación histórica de la izquierda actual.
–La izquierda actual no estudia, no lee y no sabe razonar en términos marxistas, y a veces lo hace como los nazis. El nivel del progresismo intelectual es el más bajo que se ha visto en la historia política, solo tienen eslóganes en la cabeza. Los que leen, como Alfonso Guerra, saben lo que hay. La izquierda tradicional sabía que la Leyenda Negra fue la obra más genial del marketing político británico; no tenían que irse a la leyenda blanca para saberlo. La izquierda española de hoy no lo sabe, porque no lee, solo tuits y Whasap, son unos analfabetos culturales. No tienen bibliotecas en sus casas, solo libros de autoayuda.
   
–¿Cree que el perdón del Papa por el papel de la Iglesia en la Conquista puede generar algo positivo?
–Lo que opine el Papa en materia de Historia tiene la misma autoridad de la que tiene en materia deportiva, es decir, ninguna. Ningún católico tiene que aceptar su opinión en materia de Historia. Estos perdones tienen un efecto negativo, porque ya lo decía San Pablo: «Solo la verdad nos hace libres». La Leyenda Negra es una mentira que nos hace esclavos del rencor. No hubo conquista de México, sino la lucha de cientos de miles de indios contra un imperio sangriento. Cortés no hubiera podido conquistar nada con 300 personas, ni siquiera con armas automáticas. Los derrotan gracias a sus aliados indios, cansados de que mataran a sus hijos en las pirámides aztecas. Pedir perdón por lo hecho por Cortés es como pedir perdón por derrotar al nazismo.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

LOS PRÓCERES LADRONES

Tomado de VERDADES OFENDEN.
   
¿QUIÉN SE LLEVÓ EL ORO DE AMÉRICA?
Angello Salvattore
   
    
«Los cálculos mas aproximados arrojan la escalofriante cifra de cerca de UN BILLÓN DE EUROS para el valor de las reservas de oro y plata que había en las haciendas reales de las Españas en América, de las que se apoderó Inglaterra gracias a Simón Bolívar, San Martín y los demás partícipes con ellos. La riqueza del imperio inglés no surgió del comercio con las Indias y de sus propiedades internacionales, sino del saqueo de la América Española, de las España meridional (Nápoles y Sicilia en los 1860 al 61) y de las Españas en América y Asia (Filipinas por parte de traidores filipinos y peninsulares pro-useños –que al final se arrepentirían muy tarde después… – aprovechando que USA declaró la guerra a las Españas en los 1898, Cuba siendo la primera línea de la corredera de pólvora; coincidencia muy clara de que nos declarasen la guerra de «extremo a extremo» para asi dificultarnos en defendernos en tres continentes al mismo tiempo, obvio que esto es maña masónica).

El total de nuestras reservas que como hispanos nos robaron «ilustradamente y libremente» fue así:

– 1.806, 40 toneladas de oro de la Real Hacienda de Buenos Aires
– 1.811, 550.000 barras de plata de la Casa Imperial de la Moneda de Potosí
– 1.822, 40 toneladas de oro de la Real Hacienda de Lima
– 1.822, 10 toneladas de oro de la Real Hacienda de Bogotá

José de San Martín
   
San Martín asumió el 3 de agosto de 1821 el mando y el poder del Perú con el título de ‘Protector’. Renunció al protectorado del Perú el 20 de septiembre de 1822. Su gobierno duró, por lo tanto, un año, un mes y diecisiete días.

¿Cuáles fueron los actos más significativos de su gobierno?:

Lord Cochrane (inglés), el jefe de la flota, se apoderó de todos los fondos del gobierno peruano (Tesoro de la Real Hacienda), y de fondos particulares de Lima, que San Martín había resguardado en los buques peruanos JerezanaLa Perla y La Luisa para evitar que cayeran en poder de nuestras fuerzas patriotas reales en caso de que éstas tomasen la ciudad de Lima bajando de la sierra peruana.

Sin entrar a considerar justificaciones, explicaciones o excesos, tenemos lo siguiente: tan inmensa cantidad de caudales colocados en tres buques fueron fácil presa de Lord Cochrane, quien parte inmediatamente hacia Londres.
   
Ocurrió lo mismo que en Buenos Aires en 1806, donde Beresford embarca el Tesoro de la Real Hacienda (40 toneladas de oro amonedado) en el navío Narcissus con rumbo a Londres.
    
Es lo mismo que sucedió en Potosí, donde Pueyrredón asalta y destruye la Casa de Moneda (agosto de 1811), enviando a Buenos Aires un millón de piezas de plata que el gobierno entrega por títulos de crédito a comerciantes británicos y judíos, que lo envían a Londres.
    
En 1822 los británicos se apoderan de doce toneladas de oro amonedadas en Santa Fé de Bogotá (ahora Colombia). Coetáneamente acontece lo mismo en Guatemala (Las Españas de América Central Unida) y México.

Con lo anterior ofrecieron los préstamos, negocio redondo sin necesidad ocupación militar:
   
El 2 de febrero de 1825 la protección que Su Majestad Británica dio a los movimientos independentistas comienza a dar sus frutos. Ese día, tan sólo cuatro días después de ser designado, el representante de las Provincias Unidas del Río de la Plata firma con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda el llamado Tratado de Amistad, Comercio y Navegación. Dicho tratado, en su artículo 2º, contempla que los súbditos británicos podrán arribar con sus buques y cargas para ejercer el comercio a cualquier puerto, paraje o río argentino, con exclusión de cualquier otra bandera. Al mismo tiempo, en su art. 7º se establece que, para verse amparados en este tratado, los buques argentinos deben ser propiedad y haber sido construidos en las Provincias Unidas. Pero dado que, la Argentina no contaba con astilleros ni industria naval alguna, en la práctica significaba que no podían alquilarse ni comprarse buques franceses o estadounidenses.

Simón Bolivar
   
Un mes después, el mismo tratado es firmado por los representantes del Perú –¡Hoy como los primeros presidentes, próceres y padres de la patria!–. En abril hacen lo propio los primeros mandatarios de Colombia. Y en noviembre, los de México.

En el caso peruano, el tratado venía a confirmar la famosa Autorización de «el Libertador» José de San Martín a los comerciantes británicos para vender sus mercaderías importadas en el Perú, copiado (según ha demostrado Julio C. González) del Edicto del invasor Beresford en Buenos Aires en 1806. También el Empréstito usurario contraído por San Martín con Gran Bretaña durante su protectorado por la suma de dos millones de libras esterlinas, será el modelo de los otros empréstitos escandalosos que han sumido a Hispanoamérica en la esclavitud de la Deuda Externa al día de hoy impagable y arrastrante para la economía peruana, al igual que sus hermanas, ahora con la Reserva Federal sujetas a esta; y sabemos muy bien quiénes son los dueños de esa institución privada».

jueves, 19 de agosto de 2021

EL SACERDOTE VASCONGADO QUE CREÓ LA HISPANIDAD

Noticia tomada de ABC (España).
   
ZACARÍAS DE VIZCARRA, EL SACERDOTE EUSKALDÚN QUE INVENTÓ LA HISPANIDAD
Además de esa contribución, defendió en su obra lo vasco como lo «españolísimo», el euskera como lengua española autóctona, y al vasco como genuino indígena nacional; propuso el bilingüismo.
       
El padre Zacarías Vizcarra y Arana 1947, cuando fue nombrado obispo auxiliar de Toledo
  
En 1931, en un artículo antecedente de su ‘Defensa de la Hispanidad’, Ramiro de Maeztu, que regresaba de ser embajador en Argentina, propone la acuñación de un concepto: «El 12 de octubre, mal titulado el Día de la Raza, deberá ser en lo sucesivo el Día de la Hispanidad (...) La palabra se debe a un sacerdote español y patriota que en la Argentina reside, D. Zacarías de Vizcarra».
   
Aunque el aludido corregiría pronto a Maeztu, negando ser el creador: «¿Qué es entonces lo nuevo de la palabra ‘Hispanidad’, cuya creación me atribuyen a mí (…) Hace años lo vengo explicando en revistas de España y de fuera de España, sin lograr todavía que me dejen de llamar ‘creador del vocablo’. No he hecho más que descubrirlo, resellarlo con las nuevas acepciones que nos hacían falta y ponerlo en circulación». El término lo encuentra ya en 1531, en el bachiller Alexo Venegas, que en una obra escribe que «no les faltó un Pollio que hallase hispanidad en Quintiliano».
   
Es bien conocido que otro vasco, Unamuno, había utilizado ‘hispanidad’ en 1909, pero lo que hace Zacarías de Vizcarra, lo que le reconoce Maeztu (vasco también), es darle un sentido nuevo a la palabra por analogía con ‘humanidad’, conjunto de todos los hombres del mundo y suma de las cualidades propias del hombre, y ‘cristiandad’, conjunto de todos los pueblos cristianos y suma de las cualidades que debe poseer un cristiano.
   
Por analogía, llega a su definición. «Hispanidad significa, en primer lugar, el conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico, diseminados por Europa, América, África y Oceanía; expresa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen del resto de las naciones del mundo a los pueblos de estirpe y cultura hispánica (…) ‘Hispanoamérica’ y otros son términos parciales que no comprenden Filipinas, ni las posesiones españolas de África, ni a la misma España. En cambio, las palabras ‘Hispanidad’ e ‘hispánico’ representan a todos los miembros de la gran familia diseminada por América, Europa, África y Oceanía. De ahí la necesidad de popularizarlas».
  
En la imagen, ‘Llegada de Cristóbal Colón a las Indias Occidentales’, por John Vanderlyn (1847)
  
Las dos acepciones
En 1929 sugería con modestia la posibilidad de que la Real Academia adoptara esas dos acepciones. En un artículo escrito en ABC en diciembre de 1944, Julio Casares dará cuenta de ese reconocimiento: «Hispanidad sólo tenía en el diccionario un valor de pura terminología estilística, por no decir gramatical. Por eso pudo escribir Maeztu, con relativa propiedad, que el sacerdote español don Zacarías de Vizcarra, residente a la sazón en la Argentina, había ‘inventado’ el vocablo hispanidad, puesto que lo sacaba a luz para significar el conjunto y comunidad de todos los pueblos hispanos, concepto hasta entonces desconocido e innominado en el catálogo académico».

El sacerdote vasco, por tanto, sí puede ser considerado el creador del sentido actual de la palabra, tal como sería desarrollado después por Maeztu y García Morente.

Zacarías de Vizcarra y Arana nació en 1879 en Abadiano, Vizcaya, de padre carlista, cercano al pretendiente Carlos VII, y fue uno de los niños de la primera promoción del Seminario de Comillas. Ordenado sacerdote, enseñó griego en el seminario de Vitoria y elaboró un catecismo en euskera, su lengua materna, en la que hasta su muerte mantuvo un diario.

Gestación en Argentina
Pronto emigró a Argentina, donde permaneció más de veinte años, y fue allí, trabando amistad con Ramiro de Maeztu, donde perfiló su concepto de la Hispanidad.
    
El autor de ‘Defensa de la Hispanidad’, Ramiro de Maeztu, sostenía que este término se le debía al sacerdote Vizcarra
  
Al regresar, colaboró con Acción Española, y fue nombrado obispo auxiliar de Toledo. Murió en los años sesenta de afección pulmonar. Colaboró siempre en la formación cristiana con medios escritos e incluso una radio en Argentina. Publicó, entre otros, un catecismo, un curso de Acción Católica, artículos y obras sobre la Hispanidad y, nos interesa especialmente, ‘Vasconia Españolísima. Datos para comprobar que Vasconia es reliquia preciosa de lo más español de España’.
   
Si con la hispanidad propone un ecumenismo, en esa obra de 1939 apunta al origen. Zacarías de Vizcarra defiende allí la españolidad de lo vasco, y lo vasco como manantial y cimiento de España, como lo más español dentro de lo español. Los vascos serían los descendientes de los indígenas ibéricos, los no conquistados por otro pueblo; y el vasco, la lengua no latinizada. Además, los vascos están en la constitución de los reinos cristianos que darían lugar a la unión española.
   
Vasconia, como él la llama, aparece también en el mito fundacional de Don Pelayo, que antes de la batalla de Covadonga se refugia en la región cántabra. ¿Dónde exactamente? Siguiendo el Cronicón de Alfonso III el Magno, «Álava, Vizcaya, Alaón (Ayala) y Orduña, que siempre estuvieron en posesión de sus habitantes».
   
La Castilla vasca
«En realidad la primera Castilla -escribe el sacerdote- fue la línea de castillos organizada por Alfonso I en torno del territorio vasco-cántabro que no había sido ocupado por los árabes. Porque Castilla viene de Castélla, plural de ‘castéllum’, que significa castillo. Por consiguiente, Castilla significa Los Castillos (…) Desde que Alfonso I fundó en Vasconia la primera Castilla y comenzó la formación lenta de la segunda Castilla en el territorio vasco de la Vardulia, pasó más de un siglo en que no existió más Castilla que la que pudiéramos llamar la Castilla Vasca de Vardulia y Borovia».
  
Los vascos, germen de lo castellano, participarían en su extensión y repoblamiento. Como muestra, el nombre de García, de origen vasco y difundido por toda España.
   
Pero no fue solo Castilla. Los vascos estarían en el origen de Aragón. Cita al historiador Zurita, que sitúa el Condado de Aragón, cuna del futuro reino, en «la región de los vascos»; y a Manuel Risco, que escribe: «Los Aragones eran la misma gente que los Rucones» para luego añadir que «los Rucones pertenecían al pueblo de los Vascos». Resalta la figura de Sancho el Mayor (mitificado después por el nacionalismo vasco), en cuyo testamento estaría el comienzo de la personalidad independiente del Reino de Aragón.
   
Repasa, así mismo, la participación vasca en la historia española, en la Reconquista, en la batalla de Navas de Tolosa, y, valiéndose de los cinco tomos de Segundo de Ispizua, ‘Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de América’, la aportación de marinos, religiosos y conquistadores a las empresas de Castilla, «región capitana». Sin ignorar el papel vasco en la guerra de la Independencia.
   
A favor del bilingüismo
Otra contribución es la lengua, el euskera, «la única indígena de España que se habla en el mundo», la propiamente española, la autóctona, pues el resto son derivadas del latín.

Citando a Menéndez Pidal, recuerda que al lado del más antiguo texto castellano, las Glosas Emilianenses, escritas en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, «se deslizan unas glosas en vasco, primera manifestación de esta lengua, que tardará después siglos en ser lengua escrita». Así, el escritor más antiguo de lengua castellana es también el escritor más antiguo en lengua vasca, y ambas nacen para la historia literaria juntas, en el mismo documento, símbolo de la unión entre Vasconia y Castilla.
    
A partir de ahí, don Zacarías hace una defensa del bilingüismo: «Es la solución que se impone también en nuestros días: los vascos deben ser bilingües, como el monje de San Millán que escribió simultáneamente los primeros documentos de ambas lenguas. El castellano es necesario como lengua interhispánica de consorcio cultural, social y comercial. El vascuence es un recuerdo sentimental de la España primitiva, que suena desde hace cuarenta siglos en las montañas de Vasconia». No consideraba la lengua vasca peligro alguno para el espíritu español pues era «la más española de todas las lenguas» y, además, la clave, el secreto para descifrar los remotos orígenes ibéricos, la llave de lo aborigen español, de lo ancestral y misterioso.
   
La convivencia de las dos lenguas la expresa de una bella manera en otro punto: «Todos los vascos debieran ser bilingües, usando simultáneamente el castellano, la lengua imperial de las veinte naciones de ambos mundos que integran la Hispanidad, y el vascuence, lengua de la prosapia indígena de España, lengua de la tradición y del corazón, lengua que conserva el eco prehistórico de la raíz más honda de España, lengua que perpetúa la fisonomía paterna de los hijos de Vasconia, en la hermosa variedad de los hijos de España».
    
A los vascos les conviene el castellano por «razones económicas, cívicas, culturales y tradicionales», y les conviene «la antigua lengua española» por «razones científicas, históricas, tradicionales y sentimentales». Se observa que la tradición, vista por los dos lados, lleva al bilingüismo, que la lengua vasca es la propiamente española, razón por la que conviene a España su cuidado, y que la castellana responde a unas razones particulares: cívicas.
   
Contra el particularismo
El libro da razones contra el separatismo y lo considera cosa inducida, con origen extranjero y anticatólico: francés, masónico y comunista. Sostiene que primero fue sembrado inteligentemente por políticos y militares franceses revolucionarios para encontrar en las provincias vascas un punto de apoyo que les facilitara la conquista de España. Muestra algunas proclamas de generales franceses dirigidas a la seducción de los vizcaínos a finales del XVIII. Aunque en los montes de Vizcaya hubiera muchos guerrilleros «con sentido común», no faltaron los afrancesados, cuyas familias descendientes, «reñidas con la tradición española», se harían primero antitradicionalistas y luego separatistas.
    
En cuanto al catolicismo vasco, Zacarías de Vizcarra, con menos documentación, denuncia la exitosa tarea de las «sectas anticatólicas», que con «diabólica astucia» fomentaron el separatismo católico con las mismas intenciones que Moscú y los soviets, cuya estrategia era no solo permitir el catolicismo nacionalista, sino estimularlo, con el doble objetivo de dividir y de reducir el nivel religioso en la región.
   
Además de ponderar la influencia extranjera, don Zacarías denuncia el particularismo vasco y le opone el universalismo de la Hispanidad de Maeztu, que es la suya, a la que encuentra un antecedente en la obra del poeta de Calahorra, Prudencio, que en el siglo IV ya cantaba la extensión de Cristo en Roma. Ahí sitúa el primer anhelo lírico del imperio español y de una Hispanidad, después, de tipo «universalista, no racial, igualitaria y apostólica».
   
Además de pensar el orbe hispano, el padre Zacarías, en una auténtica teoría de lo español, y como si señalara un alfa local para un omega ecuménico, o un origen remotísimo y prehistórico para un futuro de siglos, sitúa en lo vasco, como decía Unamuno, el alcaloide de lo español. Esa proyección de lo español en el mundo, sobre varias razas, lenguas y continentes, tiene en lo vasco su comienzo misterioso e impenetrable. Una matriz, una entraña, un tronco. Con un ánimo de concordia, este autor olvidado clarifica la españolidad de lo vasco, y el vasquismo de lo español universal.

jueves, 10 de septiembre de 2020

LAS DIEZ «Invencibles» INGLESAS QUE FRACASARON AL INTENTAR INVADIR ESPAÑA Y QUE NADIE RECUERDA

Por César Cervera para ABC (España).
  
El HSM Revenge, buque insignia de Drake en 1589, en el momento de su captura por parte de la Armada Española en aguas de las islas Azores (1 de Septiembre de 1591)
   
La rivalidad entre Inglaterra y España se suele simplificar a una sucesión de fracasos por parte de las fuerzas hispanas. De la mal llamada Armada Invencible (en verdad, bautizada como Grande y Felicísima Armada) a la derrota en Trafalgar, pasando por la pérdida de Gibraltar y Menorca... El relato que brilla en el imaginario popular de los europeos, incluidos los españoles, transmite la sensación de que la potencia católica se pasó siglos dándose cabezazos contra un gigante.
 
Si bien también hubo muchos tropiezos, la verdadera historia de la rivalidad entre estos dos imperios atlánticos muestra que se mantuvieron el pulso y, hasta el siglo XIX, se alternaron las glorias y las penas en los dos bandos. La España de los Austrias evidenció tanto en la guerra anglo-española (1585-1604), donde el tratado que puso fin al conflicto se inclinaba a los intereses hispánicos, como en la guerra entre con la Inglaterra de Carlos Estuardo de 1625, que la Armada y el Ejército de esta Monarquía estaban aún muy por encima de las armas británicas. El siglo XVIII, sin embargo, demostró que Gran Bretaña había aprendido de sus errores y aspiraba, por convicción y capacidad, a dominar los mares y el comercio global. Una superioridad teórica sobre el Imperio español que, con todo, se puso en cuestión en varios choques militares donde los españoles se impusieron contra todo pronóstico.
   
¿Cuánta gente hoy sabe que Inglaterra fracasó diez veces, al menos, al intentar someter territorios de España y de sus posesiones de ultramar?
   
Veracruz (Nueva España) en 1568
Las expediciones piratas de Inglaterra, auspiciadas y promovidas por la Corona, en las posesiones españolas en América fueron frecuentes en el siglo XVI, tanto en tiempos de guerra como de supuesta paz entre ambos países. Los saqueos a Santo Domingo o Cartagena de Indias por parte de Francis Drake y de su mentor, John Hawkins, son archiconocidos, pero no así su faceta como esclavistas y asesinos de poblaciones indefensas, como tampoco lo son sus fracasos en estas mismas lindes.
      
Entre 1567 y 1568, Drake y Hawkins saquearon, al frente de seis buques, pequeños puertos y buques mercantes del Caribe, violando sistemáticamente la situación de paz entre Felipe II e Isabel I de Inglaterra. La aventura terminó tras cerca de un año de pillajes a lo largo de las costas americanas.
  
Batalla de San Juan de Ulúa
   
La flotilla pirata decidió tomar el puerto y fuerte de San Juan de Ulúa en México para acometer pequeñas reparaciones en sus embarcaciones y adquirir víveres de cara a su vuelta a Inglaterra. Haciéndose pasar por barcos de la Armada española, forzaron al virrey Martín Enríquez de Almansa a entregarles suministros. Para su desgracia, a los pocos días arribó en Veracruz la auténtica Armada. Cuatro buques piratas fueron hundidos, 500 tripulantes abatidos y las ganancias del contrabando de esclavos capturadas casi en su totalidad. Drake y su primo pudieron escapar de milagro.
   
La Contraarmada de Drake y Norris en 1589
Tras el fracasado intento de invadir Inglaterra por parte de Felipe II, la Reina Isabel consideró que, dado la pérdida de barcos en la operación debido a las tormentas y las afiladas costas irlandesas, la península española habría quedado indefensa. Por esta razón, en 1589 ordenó al pirata Drake lanzar un contraataque contra España, la conocida como «Contraarmada».
    
Sin embargo, a falta de la experiencia española para la organización de una operación de grandes dimensiones, que tampoco había servido de nada a éstos, la aventura de la escuadra inglesa acabó en un irremediable desastre. Según el historiador británico M. S. Hume, la campaña costó la muerte o la deserción del 75% de los más de 18.000 hombres que formaron originalmente la flota.
 
Monumento a María Pita, La Coruña.
    
La flota formada por más de 150 buques ingleses y holandeses fracasó tanto en su intento por conquistar La Coruña, donde se hizo célebre la irreductible María Pita, como en una invasión a Lisboa, cuya población se levantarían en masa contra la opresión española, según los cálculos fallidos de los hombre de la Reina.
   
El 16 de junio de 1589, siendo ya insostenible la situación, Drake ordenó la retirada, que fue seguida de una asfixiante persecución a cargo de las fuerzas hispano-lusas. El resto de la campaña, que trasladó la acción a las islas Azores, tan solo sirvió para alargar la agonía de la expedición y tirar al traste el prestigio de Drake.
   
Fracaso en la segunda expedición de Drake
Sir Francis Drake quedó condenado al ostracismo tras el fracaso de 1589, negándosele el mando de cualquier expedición naval durante los siguientes seis años. Su oportunidad de resarcirse llegó cuando la Reina inglesa, cansada de no haber cosechado nada más que derrotas desde 1588, volvió a depositar su confianza en él hacia 1595. El objetivo era de nuevo el Caribe.
   
La expedición no pudo empezar de peor forma. En contra de la opinión de Hawkins, comandante principal de la flota, Drake ordenó atacar las Canarias y abastecerse allí antes de dirigirse al Caribe. Calculaba el pirata inglés tomar Las Palmas –defendida por apenas 1.000 hombres, la mayoría civiles– en cuestión de cuatro horas, pero los defensores rechazaron sin dificultad el primer desembarco. Con 40 muertos y numerosos heridos, la escuadra inglesa estimó inútil gastar más soldados en algo que iba a ser supuestamente sencillo pero no lo fue.
   
Una vez frente a Puerto Rico, los defensores les recibieron con una hilera de cinco fragatas –de reciente construcción y adaptadas al escenario atlántico– apuntando sus cañones hacia los forasteros. La flota invasora tuvo que retirarse momentáneamente cuando los cañones españoles penetraron en la mismísima cámara de Drake, justo cuando éste brindaba con sus oficiales. El jefe de la flota salió ileso, pero dos oficiales fallecieron y otros tantos quedaron gravemente heridos. Además, la salud de John Hawkins se consumió por completo poco antes de estos primeros combates, dejando a Drake como único mando.
  
Relieve que muestra la muerte de Drake en el Caribe (Tavistock, Devon, Inglaterra).
    
El furioso recibimiento español no amilanó a los ingleses, que lanzaron un ataque masivo con barcazas. Drake ordenó acercarse en silencio a las fragatas, que se mantenían como pétreas guardianas del puerto, para prenderlas fuego con artefactos incendiarios. Solo uno quedó inservible... El fuego iluminó la noche facilitando que los defensores rechazaran el desembarco. La jornada acabó con 400 hombres muertos en el bando británico.
   
Tras descartar atacar la recientemente fortificada Cartagena de Indias, la flota formada por seis galeones y una veintena de embarcaciones menores se trasladó a Panamá, donde ordenó un doble ataque, por tierra y por mar, que se saldó con otras 400 bajas inglesas. Desmoralizado, agotado y enfermo de disentería sangrante, Francis Drake buscó a la desesperada posibles presas. El 27 de enero de 1596, estando fondeada la flota en la entrada de Portobelo, el pirata pidió que le pusieran su armadura «para morir como un soldado». Falleció la madrugada siguiente y su cuerpo fue lanzado al mar dentro de un ataúd de plomo, en contra de su voluntad de ser enterrado en tierra firme. Dos de sus herederos, su hermano Thomas y su sobrino Jonas Bodenham, se enfrentaron en el mismo buque por algunas de las pertenencias del pirata.
   
El intento de conquistar Cádiz en 1625
La Tacita de Plata fue una importante plaza en la rivalidad entre ambos países. Sobra la literatura y los relatos al respecto de los saqueos que sufrió Cádiz en 1587 y en 1596, donde los ingleses incluso tomaron la ciudad y se dedicaron su tiempo a destrozar todo lo que encontraron, pero no hay casi referencias a los fracasos británicos allí.
    
En 1625, Carlos Estuardo declaró la guerra a España, país del que guardaba un amargo recuerdo tras su fallido matrimonio con la infanta María Ana, hija de Felipe III. Ese mismo año, el Duque de Buckingham, primer ministro de Carlos, planeó una gran expedición naval contra las costas peninsulares, al estilo de las dirigidas por Francis Drake. Ingleses y holandeses reunieron 92 buques, 5.400 marinos y unos 10.000 soldados, cuyos objetivos eran causar el mayor daño posible a la Corona, capturar algún puerto, preferiblemente Cádiz, y asaltar la Flota de Indias, que llegaba a finales de año. Para su desgracia, no lograron cumplir con ninguna de estas instrucciones.
   
Defensa de Cádiz contra los ingleses, de Zurbarán, 1634
    
El encargado de defender Cádiz fue el Duque de Medina Sidonia, Juan Manuel Pérez de Guzmán y Silva, hijo del que mandó la Armada Invencible y que protegió con tanta torpeza el puerto andaluz en 1596. Esta vez, sin embargo, el desastre lo protagonizaron los británicos. Asistido por Fernando Girón, un veterano militar que se movía en una silla para gotosos, Medina Sidonia rechazó el desembarco inglés, mal organizado y peor ejecutado. La Flota de Indias entró sin oposición en Cádiz el 29 de noviembre, lo cual casi agradecieron los ingleses que, de haberse topado con una fuerza así, habrían multiplicado sus pérdidas.
   
En este mismo conflicto, que se alargó hasta 1620, la irrupción de un buque ligero pero bien armado inventado por los españoles, la fragata, destrozó la flota inglesa desperdigada por el Mar de Flandes. Un grupo de fragatas causaron un auténtico desastre a la flota mercante inglesa desde el puerto de Dunkerque. Al menos un 20% de barcos ingleses fueron apresadas gracias a esta innovación técnica solo en el curso de 1625.
   
La invencible de Cromwell en América
El siglo XVII no fue, definitivamente, el de Inglaterra. Bajo el protectorado de Oliver Cromwell, ambos países entraron de nuevo en conflicto bélico a causa de la rivalidad comercial y el envío de una imponente flota británica con el objetivo de liberalizar el comercio oceánico, lo que significaba sembrar el caos en El Caribe español y destruir los cimientos de aquel malvado imperio católico. Es este sentido, no deja de resultar paradójico que Inglaterra, que siempre justificó sus guerras y sus ataques piratas contra España en la necesidad de un comercio global, fuera en sus colonias enormemente restrictivo. Solo los navíos ingleses (ni escoceses ni irlandeses) podían atracar en los puertos americanos.
 
Retrato de Oliver Cromwell
   
El 26 de diciembre de 1654 zarpó de Portsmouth en dirección al Caribe la Western Design, una expedición compuesta por 18 navíos de guerra y veinte de transporte bajo el mando del almirante William Penn, con 2.500 soldados de infantería, con el objetivo de ocupar una o varias islas y apoderarse de la flota del tesoro española. En Barbados reclutaron a otros 5.000 hombres más, que lejos de sumar fuerzas las restaron dada su indisciplina y la imposibilidad de alimentar tantas bocas. Como en pasadas y futuras expediciones a América, la logística británica no supo adaptarse a las peculiaridades del terreno y del clima, de modo que se vieron expuesta a epidemias de toda clase.
    
El 23 de abril de 1655 desembarcaron a 40 kilómetros de Santo Domingo y avanzaron hacia La Española, cuya defensa encabezada por el gobernador Bernardino de Meneses, junto con los esclavos negros y mulatos, obligaron a los atacantes a retirarse. Tras este revés convenientemente borrado de los libros de historia, la expedición marchó contra la vecina isla de Jamaica, que se defendió con una estrategia de tierra quemada. Los escasos defensores prefirieron así adentrarse en el interior de la isla y dejar que los ingleses se murieran de hambre en los puestos defensivos que acertaron a levantar. Los mandos británicos, en abierta discordia, volvieron a Inglaterra cada uno por su lado, donde serían imputados por abandono de su puesto.
    
En el verano de mismo año, el almirante inglés Robert Blake mantuvo bloqueado con una armada de 28 navíos el estrecho de Gibraltar con la esperanza de pillar desprevenida a la Flota de Indias que en esas fechas debía regresar a Cádiz. Advertida de la amenaza inglesa, la flota española invernó en el Caribe, obligando a Blake a regresar a Inglaterra sin haber establecido contacto con ella. Un año después la suerte sí favorecería a Blake en una de las escasas capturas que sufrió la Flota de Indias en toda su historia.
   
Cartagena de Indias en 1740
Aunque cada vez es más conocida la defensa de Cartagena de Indias de 1740 gracias al carisma de uno de sus defensores, el marino vasco Blas de Lezo, lo cierto es que el episodio ha permanecido varios siglos pertinentemente escondido para no fastidiar el mito de la imbatibilidad de la Royal Navy en el siglo XVIII.
  
Retrato de Blas de Lezo conservado en el Museo Naval de Madrid
    
En calidad de teniente general de la Armada, Lezo encabezó en 1714, junto con el virrey Sebastián de Eslava, la defensa de Cartagena de Indias frente a la la mayor flota inglesa que había cruzado hasta entonces el Atlántico. Ocho navíos de tres puentes, 28 navíos de línea, 12 fragatas, 130 naves de transporte y 2 bombardas, gobernada por una tripulación de unos 15.000 hombres, frente a la cual Lezo y Eslava pudiero recurrir únicamente a seis navíos y a una fuerza terrestre de la que solo un millar de hombres eran soldados profesionales.
    
Con todo, el comandante británico, Edward Vernon, no fue capaz de imponer su superioridad numérica y material sobre la plaza española en los meses que duró el asedio. Cartagena de Indias fue la acción más importante de la Guerra del Asiento, un conflicto motivado por intereses comerciales que demostró que la Armada española guardaba unos cuantos trucos bajo la manga. La derrota fue una cura de humildad en la que murieron 6.000 ingleses y 7.500 quedaron heridos, además de perderse 50 barcos, innumerables morteros, tiendas y materiales de todo tipo, así como el cierre de las operaciones en el Caribe.
    
Caso aparte fue el Pacífico, donde una escuadra británica al mando de George Anson campó a sus anchas por el otrora Lago español. Todas las plazas y arsenales se encontraban indefensos, desabastecidos y desorganizados, con una preocupante cantidad de corruptos al mando de tropas desidiosas. Con más propaganda que gloria, Anson capturó el fuerte de Paita, tomó el galeón de Manila y, en 1744, regresó a Londres cruzando el Cabo de Buena Esperanza. Los trovadores británicos se encargaron de dibujar su odisea como una operación heroica.
     
La paz a una guerra tan costosa para ambos bandos se firmó mediante el Tratado de Aquisgrán en 1748.
  
Defensa de Santa Cruz de Tenerife en 1797
Durante tres días una escuadra británica, formada por nueve barcos bajo el mando del contralmirante Horacio Nelson, trató de tomar sin éxito el puerto de Santa Cruz de Tenerife en julio de 1797. El objetivo británico era usar Tenerife como lanzadera para conquistar luego el conjunto del archipiélago, sabiendo que las defensas de Santa Cruz distaban mucho de ser las adecuadas y, de hecho, eran la única barrera militar seria en la zona. La distancia a la Península resultaba un obstáculo gigante para que los escasos defensores pudieron recibir refuerzos a tiempo.
    
Nelson, con nueve navíos de guerra y 3.700 soldados a su mando, intentó en vano superar varias veces las defensas isleñas, que se componían de 1.600 hombres, incluyendo integrantes de las milicias canarias, pescadores, labradores y artesanos escasamente armados. Al mando se encontraba el comandante general de Canarias, Antonio Gutiérrez, que con inteligencia e implicando al pueblo canario frenó definitivamente en la madrugada del 25 de julio un desembarco terrestre británico que les costó 233 muertos y 110 heridos a este bando, incluyendo el propio Nelson que aquí perdió su brazo derecho. Por parte española las bajas fueron de 24 muertos y 35 heridos.
   
Nelson herido durante el ataque, óleo de Richard Westall
   
Si bien el marqués de Lozoya en su «Historia de España» la describe como «la página más gloriosa de la historia canaria desde su incorporación a España», lo cierto es que la batalla quedó enterrada y maquillada ante el peligro de manchar el mito del victorioso Nelson, que en los siguientes años iba a convertirse en una leyenda en las Islas Británicas.
   
Una humillación en Puerto Rico (1797)
En este mismo conflicto entre Inglaterra y España, se produjo otro fallido ataque inglés contra territorio del Imperio español, concretamente la isla de Puerto Rico. El 16 de febrero de 1797, una escuadra británica de nueve navíos, tres fragatas, cinco corbetas y bergantines y varios buques de transporte, al mando del almirante Henry Harvey y con 6.750 soldados a bordo, llegó a la isla de Trinidad, que capituló sin luchar. Este éxito animó a Harvey a dirigirse a otra de las posiciones españolas a zarandearla a ver si caía alguna fruta. El 17 de abril de 1797 se presentaron ante la isla, cuyas defensas eran muy superiores a las de Trinidad pero, debido a la necesidad de reforzar La Española, la guarnición de la plaza estaba en ese preciso momento en mínimos.
   
El gobernador de la isla, Ramón de Castro y Gutiérrez, contaba con unos 4.029 efectivos, de los que la mayoría eran milicianos y reclutas procedentes del campo armados con machetes y lanzas. Barcos corsarios y un pequeño contingente de tropas franceses aportaron su pequeño granito de arena a lo que se antojaba una defensa imposible. Inicialmente, los británicos desembarcaron en la playa de Cangrejos y se prepararon para asediar San Juan por tierra y mar. El fuego de los castillos y los ataques de las lanchas cañoneras, innovación introducida años antes por el mítico mallorquín Antonio Barceló, obligaron a los ingleses a retirarse, mientras que las tropas de tierra británicas también eran rechazadas al intentar tomar el puente de San Antonio.
  
 Castillo San Felipe del Morro, en San Juan de Puerto Rico
    
A falta de un contraataque español, la situación se estancó durante doce días, en los que los británicos, lejos de poder plantear otra estrategia, tuvieron que lidiar con el continuo hostigamiento de las guerrillas de las milicias y la dificultad de hincar el diente al magno sistema defensivo de la plaza fortificada de San Juan, que databa de tiempos de Felipe II. Hasta la noche del 29 de abril, los españoles no juntaron tropas suficientes para lanzar ellos su propio ataque a las posiciones británicas. Abercromby decidió retirarse, embarcando precipitadamente, dejando a su espalda artillería, municiones, víveres y algunas tropas dispersas. No hay datos certeros sobre el número de bajas británicas, pero si se puede estimar con precisión la humillación de que una guarnición tan exigua y mal preparada pudiera ofrecer una resistencia tan numantina ante la que se presumía con mejor armada del periodo.
   
La derrota en Ferrol solapada por Trafalgar
La alianza de la Francia de Napoleón y la España de Godoy surgida tras el Tratado de San Ildefonso devino en la archiconocida derrota de Trafalgar. Menos conocidos son otros episodios de la guerra que la alianza francoespañola mantuvo con Inglaterra. Uno de los más olvidados es el fallido ataque inglés a Ferrol, importante arsenal y base naval del Reino de España, registrado los días 25 y 26 de Agosto de 1800. La fuerza británica, al mando del almirante Warren y el general Pulteney, estaba formada por veinte buques de guerra y ochenta naves de transporte, con un total de 15.000 hombres entre tropas navales y terrestres. La mayor parte de estos efectivos, con sus caballos, cañones y pertrechos, logró desembarcar en la playa de Doniños y cerca del arenal de San Jorge, valiéndose de la treta de acercarse a la costa con pabellón francés.
    
Advertidas los mandos españoles de la invasión británica por el comandante de la flota estacionada, el teniente general Juan Joaquín Moreno, se reforzaron las defensas y se enviaron rápidamente fuerzas del Ejército de tierra y de Infantería de marina, que unidos a los propios vecinos de Serantes, A Graña y Doniños, se enfrentaron a los invasores a la altura de Brión, defendiendo la villa de A Graña y el castillo de San Felipe.
  
 Castillo de San Felipe visto desde el mirador de La Bailadora.
    
En cualquier caso, las tropas españolas se encontraban en clara inferioridad numérica y los primeros combates favorecieron a los ingleses. Al amanecer del día 26, el mariscal de campo Conde de Donadío, al frente del Batallón de Orense, tomó posiciones desde Serantes a Valón cortando el acceso a Ferrol por el norte. A pesar del empuje de Donadío y de repeler por dos veces a los anglosajones, los españoles perdieron finalmente La Graña y Valón, y a la postre tuvieron que replegarse hacia Ferrol. La batalla parecía decantarse hacia el lado británico, hasta que el desgaste por avanzar pisando clavos y tomando cada palmo con sangre y fuego hizo mella en la confianza británica.
   
Hacia el mediodía, la indecisión del general Pulteney precipitó la retirada inglesa tras dejarse unos 1.200 hombres en el intento de tomar esta base clave para la defensa del norte de España. El mando británico había previsto ejecutar una operación rápida que sorprendiera al enemigo y que se saldara con escasas bajas propias, pero había terminado entrando como un elefante en una cacharrería y estimando de forma errónea la capacidad de resistencia del enemigo. Incluso, al final, calculó mal el potencial del rival y pensó que se enfrentaba a una cantidad mayor de fuerzas que las que realmente se encontraban en el lugar.
   
El Reino Unido intentó otro ataque a la costa española en octubre de ese mismo año. Una escuadra se presentó frente a Cádiz, pero desistió de sus intenciones ante la inminente llegada de una tormenta.
  
La invasión de Argentina en 1804 y 1806
Buenos Aires, capital del virreinato del Río de la Plata desde 1776, fue un importante puerto comercial para el Imperio español por su vínculo con el Alto Perú y, durante las Guerras Napoleónicas, se convirtió en objeto de deseo para los británicos. Francisco Miranda, precursor de las Guerras de Independencia de América, pactó con Gran Bretaña un ataque para capturar los puertos de Buenos Aires y Montevideo y una invasión a Venezuela.
  
Santiago de Liniers (Museo Naval de Madrid).
   
Ante una Europa devastada por la guerra y con parte de la flota española herida en Trafalgar, se sucedieron hasta dos invasiones inglesas al Río de la Plata. Durante la primera, en 1806, cinco buques de guerra y varias embarcaciones de transporte desembarcaron a 1.500 soldados en la zona. Las tropas británicas llegaron a ocupar 46 días la ciudad de Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, aunque fueron vencidas después por el ejército compuesto por milicias populares Porteñas y de los pueblos cercanos, más los refuerzos provenientes de Montevideo comandados por Santiago de Liniers.
    
El 12 de agosto, el comandante británico se rindió acorralado por la multitud en el Fuerte de Buenos Aires. En las primeras horas de la tarde, entre los acordes de las gaitas escocesas, los británicos entregaron al Cabildo las armas y la bandera de aquel regimiento invasor. La defensa de Buenos Aires dejó un saldo de 49 muertos de las tropas británicas y 58 de los defensores.
    
Conscientes de las desavenencias entre el poder virreinal, representante de la Corona española, y el Cabildo (órgano castellano exportado a América para dar autonomía legal a cada territorio), los ingleses realizaron una segunda invasión a la ciudad en 1807. Tras tomar Montevideo, unos 13.500 soldados ingleses fracasaron en su marcha hacia Buenos Aires. La defensa de la ciudad volvió a recaer tanto sobre tropas regulares como en milicias urbanas, integradas por población que se había armado y organizado militarmente durante el curso de las invasiones.
    
Si bien los cabildos americanos demostraron defendiéndose de forma autónoma que el Imperio español no tenía colonias en el sentido legal de la palabra, también expusieron a ojos de las élites criollas que, sin una flota solvente, la Corona española tenía poco que decir en lo que ocurriera en América. Aquello fue germen de las guerras civiles que estaban por venir.