Sermón predicado por el Rvdo. P. Pío Vázquez SSM el Domingo 31 de Marzo de 2024 (Domingo de Pascua).
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lunes, 1 de abril de 2024
domingo, 31 de marzo de 2024
MENSAJE DE PASCUA
«Resurréxi, et adhuc tecum sum» (Ps. 138, v. 18b; introito de la Misa del Domingo de Pascua).
Estas palabras, que en la Liturgia Romana se presentan como las palabras que Nuestro Señor dirigió a su Padre inmediatamente en la Resurrección, y que San Agustín comenta diciendo que hacen referencia a que, una vez resucitado, no se manifestó a todos sino a unos cuantos, y aun así no Lo reconocieron en un primer momento; y por otra parte, que Él visiblemente, está junto al Padre hasta el día en que venga con gloria al fin de los tiempos. Ítem, como escribiera el Apóstol en su Carta a los Colosenses, nuestra vida «está escondida con Cristo en Dios, y cuando Él, que es nuestra vida, aparezca, apareceremos con Él en la Gloria» (Cf. Col. III, 3-4; Epístola de la Misa del Sábado Santo).
Que esta Pascua sea para nosotros, dilectos hermanos, un resurgir a una vida devota y espiritual, dando frutos dignos de penitencia, y a este propósito debemos desterrar de nosotros la levadura de nuestras malas inclinaciones y pecados, y convertidos por su Gracia y el auxilio de los Sacramentos en «panes ácimos de sinceridad y verdad» (Cf. 1. Cor. V, 7-8; Epístola de la Misa del Domingo de Pascua), para poder aparecer con Cristo en la Gloria.
¡SANTAS PASCUAS PARA TODOS NUESTROS LEALES HERMANOS EN LA VERDADERA RESISTENCIA!
VIVAT JESU, AMOR NOSTER, ET MARÍA, SPES NOSTRA!
JORGE RONDÓN SANTOS
31 de Marzo de 2024 (Año Santo del Sagrado Corazón de Jesús).
Domingo de Pascua. Fiesta de San Benjamín de Persia, Diácono y Mártir de la Fe; de Santa Balbina de Roma, Mártir; y del Beato Buenaventura Tornielli OSM, Sacerdote y Confesor. Tránsito del general Léon Degrelle. Sermón de San Bernardo de Claraval en Vézelay; firma del Edigto de Granada; Primera Misa Católica en las Islas Filipinas; fundación de San Cristóbal (Venezuela); liberación de Almería, Murcia y Cartagena (España) por el Bando Nacional.
domingo, 9 de abril de 2023
MENSAJE DE PASCUA
Nos ha sido dado una vez más haber conmemorado los Sagrados Misterios de nuestra Redención. Cristo nuestro Señor murió para redimirnos del pecado, y resucitó vencedor confirmando así que Él es Dios. Al haber sido bautizados, hemos muerto al pecado y vivimos para Cristo, quien resucitado por su propia virtud para gloria de Dios Padre, no muere más (cf. Romanos VI, 4-9), por lo que es menester que en lo sucesivo, llevemos una vida acorde a la Fe que profesamos, en santidad y rectitud, guardando y transmitiendo la Sana Doctrina Católica.
Encomendemos a la Santísima Virgen nuestras resoluciones y afectos, para que nos alcance perseverar fielmente en ellos ante los embates del mundo y del error aunque parezca que estos prevalecen.
Exclamemos unánimes de uno a otro lado del orbe, en unión con los Bienaventurados: «Al que en la Cruz nos adquirió como reino, y resucitado abrió el camino para la Gloria, alabanza y honor por todos los siglos». Amén.
¡SANTAS PASCUAS PARA TODOS NUESTROS LEALES HERMANOS EN LA VERDADERA RESISTENCIA!
VIVAT JESU, AMOR NOSTER, ET MARÍA, SPES NOSTRA!
JORGE RONDÓN SANTOS
9 de Abril de 2023.
Domingo de Pascua. Fiesta de Santa Casilda de Toledo, Virgen; de Santa María de Cleofás, hermana de la Bienaventurada Virgen Santa María; de San Prócoro, Diácono Apostólico, Obispo de Nicomedia y Mártir de la Fe. Traslación de las reliquias de Santa Mónica, madre de San Agustín. Nacimiento de la Beata Camila Bautista de Varano OSC, Virgen; y del Bienaventurado Ezequiel Moreno y Díaz OAR, Obispo de San Juan de Pasto. Tránsito de Mons. Francisco de Marroquín Hurtado, I Obispo de Santiago de Guatemala; y de Mons. Felipe Scío de San Miguel Sch. P., Obispo electo de Segovia y traductor de la Biblia al español. Descubrimiento de Luisiana por Robert Cavelier de La Salle.
domingo, 16 de abril de 2017
MENSAJE DE PASCUA
Christus surréxit! Surréxit vere!
Χριστὸς ἀνέστη! Ἀληθῶς ἀνέστη!
Χριστὸς ἀνέστη! Ἀληθῶς ἀνέστη!
Хрїсто́съ воскрéсе! Вои́стинꙋ воскре́се!
!ܡܫܺܝܚܳܐ ܩܳܡ! ܫܰܪܺܝܪܳܐܝܺܬ݂ ܩܳܡ (Mshiḥa qām! Sharīrāīth qām!)
!הַמָּשִׁיחַ קָם! בֶּאֱמֶת קָם (Hamashiach qam! Be’emet qam!)
ⲠⲓⲬⲣⲓⲥⲧⲟⲥ ⲁϥⲧⲱⲛϥ! Ϧⲉⲛ ⲟⲩⲙⲉⲑⲙⲏⲓ ⲁϥⲧⲱⲛϥ! (Pi’Christos aftonf! Khen oumethmi aftonf!)
ክርስቶስ፡ ተነስቷል። በውነት፡ ተነስቷል። (Kristos tänästwal! Bäwngit tänästwal!)
!الْمَسِيح قَامَ! حَقًّا قَامَ (al-Masīḥ qām! Ḥaqqan qām!)
耶穌復活了,真的他復活了!(Yēsū fùhuó-le, Zhēnde tā fùhuó-le!)
!ܡܫܺܝܚܳܐ ܩܳܡ! ܫܰܪܺܝܪܳܐܝܺܬ݂ ܩܳܡ (Mshiḥa qām! Sharīrāīth qām!)
!הַמָּשִׁיחַ קָם! בֶּאֱמֶת קָם (Hamashiach qam! Be’emet qam!)
ⲠⲓⲬⲣⲓⲥⲧⲟⲥ ⲁϥⲧⲱⲛϥ! Ϧⲉⲛ ⲟⲩⲙⲉⲑⲙⲏⲓ ⲁϥⲧⲱⲛϥ! (Pi’Christos aftonf! Khen oumethmi aftonf!)
ክርስቶስ፡ ተነስቷል። በውነት፡ ተነስቷል። (Kristos tänästwal! Bäwngit tänästwal!)
!الْمَسِيح قَامَ! حَقًّا قَامَ (al-Masīḥ qām! Ḥaqqan qām!)
耶穌復活了,真的他復活了!(Yēsū fùhuó-le, Zhēnde tā fùhuó-le!)
Como es habitual, carísimos hermanos, os expresamos el gozo que cada año
Dios nos permite renovar al llegar a la Pascua. Nuevamente resuena el
Aleluya celebrando la gloriosa resurrección de Nuestro Señor, pero al
mismo tiempo debemos tener presente que la Pasión del Cuerpo Místico de
Cristo continúa: persecuciones de fuera, disensiones por dentro,
apostasía generalizada, el ludibrio en el cual nos sumerge cada día el
antipapa de turno (aunque a la final, es él solo quien se pone a la
burla pública)... Pero en fin, la Pascua nos recuerda que sin Cruz no
hay victoria, y nuestra victoria final está más próxima que al comienzo
de esta guerra santa contra el error y la impiedad.
Perseveremos en la vigilia con la oración y buenas obras, rogándole a la
Bienaventurada Virgen María que nos conceda la gracia de resistir con
valor hasta el martirio, si fuere el caso.
¡SANTAS PASCUAS PARA TODOS NUESTROS LEALES CONMILITONES!
Frater Jorge Rondón Santos.
16 de Abril de 2017 (Año Mariano)
Domingo de Pascua.
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domingo, 27 de marzo de 2016
MISA DEL DOMINGO DE PASCUA
Del Misal Romano de San Pío V
DOMINICA RESURRECTIONIS
Statio ad Sanctam Mariam majorem — duplex I classis cum Octava privilegiata I classis
Introitus. Ps. 1 38, 18 et 5-6. Resurréxi, et adhuc tecum sum, allelúja: posuísti super me manum tuam, allelúja: mirábilis facta est sciéntia tua, allelúja, allelúja. Ps. ibid., 1-2. Dómine, probásti me et cognovísti me: tu cognovísti sessiónem meam et resurrectiónem meam. ℣. Glória Patri.
ORATIO
Deus, qui hodiérna die per Unigénitum tuum æternitátis nobis áditum, devícta morte, reserásti: vota nostra, quæ præveniéndo aspíras, étiam adjuvándo proséquere. Per eúndem Dóminum.
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corinthios.
1. Cor. 5, 7-8.
Fratres: Expurgáte vetus ferméntum, ut sitis nova conspérsio, sicut estis ázymi. Étenim Pascha nostrum immolátus est Christus. Ítaque epulémur: non in ferménto véteri, neque in ferménto malítiæ et nequítiæ: sed in ázymis sinceritátis et veritátis.
Graduale. Ps. 117, 24 et 1. Hæc dies, quam fecit Dóminus: exsultémus et lætémur in ea.
℣. Confitémini Dómino, quóniam bonus: quóniam in sǽculum misericórdia ejus.
Allelúja, allelúja. ℣. 1. Cor. 5, 7. Pascha nostrum immolátus est Christus.
SEQUENTIA “Víctimæ pascháli laudes”
Víctimæ pascháli laudes ímmolent Christiáni.
Agnus rédemit oves: Christus ínnocens Patri reconciliávit peccatóres.
Mors et vita duéllo conflixére mirándo: dux vitæ mórtuus regnat vivus.
Mors et vita duéllo conflixére mirándo: dux vitæ mórtuus regnat vivus.
Dic nobis, María, quid vidísti in via?
Sepúlcrum Christi vivéntis et glóriam vidi resurgéntis.
Angélicos testes, sudárium et vestes.
Surréxit Christus, spes mea: præcédet suos in Galilǽam.
Credéndum est magis soli Maríæ veráci, quam Judæórum turbæ falláci.
Credéndum est magis soli Maríæ veráci, quam Judæórum turbæ falláci.
Scimus Christum surrexísse a mórtuis vere: tu nobis, victor Rex, miserére.
Amen. Allelúja.
¶ Sequentia dicitur usque ad Sabbatum in Albis inclusive.
✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum.
Marc. 16, 1-7.
In illo témpore: María Magdaléne et María Jacóbi et Salóme emérunt arómata, ut venientes úngerent Jesum. Et valde mane una sabbatórum, veniunt ad monuméntum, orto jam sole. Et dicébant ad ínvicem: Quis revólvet nobis lápidem ab óstio monuménti? Et respiciéntes vidérunt revolútum lápidem. Erat quippe magnus valde. Et introëúntes in monuméntum vidérunt júvenem sedéntem in dextris, coopértum stola cándida, et obstupuérunt. Qui dicit illis: Nolíte expavéscere: Jesum quǽritis Nazarénum, crucifíxum: surréxit, non est hic, ecce locus, ubi posuérunt eum. Sed ite, dícite discípulis ejus et Petro, quia præcédit vos in Galilǽam: ibi eum vidébitis, sicut dixit vobis.
Credo.
Offertorium. Ps. 75, 9-10. Terra trémuit, et quiévit, dum resúrgeret in judício Deus, allelúja.
SECRETA
Súscipe, quǽsumus, Dómine, preces pópuli tui cum oblatiónibus hostiárum: ut, paschálibus initiáta mystériis, ad æternitátis nobis medélam, te operánte, profíciant. Per Dóminum.
Præfatio Paschalis.
Vere dignum et justum est, æquum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni témpore, sed in hac potíssimum die, gloriósius prædicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus. Ipse enim verus est Agnus, qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit et vitam resurgéndo reparávit. Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes:
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cœli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
INFRA ACTIONEM
Communicántes, et diem sacratíssimum celebrántes Resurrectiónis Dómini nostri Jesu Christi secúndum carnem: sed et memóriam venerántes, in primis gloriósæ semper Vírginis Maríæ, Genetrícis ejusdem Dei et Dómini nostri Jesu Christi: sed et beatórum Apostolórum ac Mártyrum tuorum, Petri et Pauli, Andréæ, Jacóbi, Joánnis, Thomæ, Jacóbi, Philippi, Bartholomǽi, Matthǽi, Simónis et Thaddǽi: Lini, Cleti, Cleméntis, Xysti, Cornélii, Cypriáni, Lauréntii, Chrysógoni, Joánnis et Pauli, Cosmæ et Damiáni: et ómnium Sanctórum tuórum; quorum méritis precibúsque concédas, ut in ómnibus protectiónis tuæ muniámur auxílio. Jungit manus. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Tenens manus expansas super Oblata, dicit:
Hanc ígitur oblatiónem servitútis nostræ, sed et cunctæ famíliæ tuæ, quam tibi offérimus pro his quoque, quos regeneráre dignátus es ex aqua et Spíritu Sancto, tríbuens eis remissiónem ómnium peccatórum, quǽsumus, Dómine, ut placátus accípias: diésque nostros in tua pace dispónas, atque ab ætérna damnatióne nos éripi, et in electórum tuórum júbeas grege numerári. Jungit manus. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Quam oblatiónem, ut in Canone. Et sic dicitur usque ad Sábbatum in Albis inclusive.
Communio. 1. Cor. 5, 7-8. Pascha nostrum immolátus est Christus, allelúja: itaque epulémur in ázymis sinceritátis et veritátis, allelúja, allelúja, allelúja.
POSTCOMMUNIO
Spíritum nobis, Dómine, tuæ caritátis infúnde: ut, quos sacraméntis paschálibus satiásti, tua fácias pietáte concórdes. Per Dóminum . . . in unitáte ejúsdem.
¶ Post Dóminus vobíscum dicitur: Ite, Missa est, allelúja, allelúja. ℞. Deo grátias, allelúja, allelúja. Et sic dicitur usque ad Sabbatum in Albis inclusive, juxta Rubricas.
MENSAJE DE PASCUA
Amados hermanos en Jesús y María, "Hæc
dies, quam fecit Dóminus: exsultémus et lætémur in ea, allelúja". (Este
es el día que hizo el Señor: regocijémonos y alegrémonos en él,
aleluya).
Con
estas palabras, procedentes de las Laudes del día de hoy, Domingo de
Resurrección, confirmadas aún más porque hoy es el día exacto en que
Jesús, Nuestro Salvador, el primogénito de los muertos, se levantó
glorioso del sepulcro, eliminando
totalmente el dominio del pecado y la muerte (y de su autor, satanás el
maldito) sobre la humanidad, de manera que hoy se salva el que quiere
acoger el Sacrificio y la Doctrina; y presentando a Yahveh Dios Padre
Todopoderoso las primicias (las almas de los Patriarcas, Profetas y
demás justos del Antiguo Testamento), confirmando así que Él
es Dios y que la fe Católica Tradicional, por la que tanto luchamos
exponiéndonos a mil peligros y denuestos, es la verdadera.
Partiendo
de ello, reiteramos el llamado del Apóstol San Pablo: "Ya que habéis
resucitado con Cristo, buscad los bienes del cielo, donde Cristo está
sentado a la diestra de Dios: Poned vuestros afectos en las cosas
celestiales, y no en las de la tierra" (Colosenses 3, 1-2). Despojémonos
de todo aquello que pueda obstaculizar nuestra perfección, emprendamos
una conversión sincera y radical, revistámonos de la armadura espiritual
y continuemos nuestra lucha contra el error y la apostasía, para que
finalizada nuestra vida terrena, o el día en que Nuestro Señor regrese
como Rey y Juez inexorable y seamos transformados (no sabemos el día ni la hora), merezcamos reinar
con Él en el Cielo por toda la eternidad.
Pidámosle
a la Santísima Virgen María, que fue la primera en contemplar a su Hijo
resucitado y al santo séquito que Le acompañaba, que siga intercediendo por nosotros para que nos haga
dignos de su Divina Majestad, y perseveremos siempre en la Fe, sin
componendas con los enemigos visibles e invisibles que buscan destruir
el Remanente.
¡SANTAS PASCUAS PARA TODOS VOSOTROS! ¡ALELUYA!
Frater Jorge Rondón Santos
Año del Señor 2016, a 27 de Marzo, XXXVIII de la Santa Cruzada.
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Domingo de Pascua,
Reflexiones
viernes, 19 de junio de 2015
UNAS CONSIDERACIONES ACERCA DEL PROYECTO BERGOGLIANO DE CAMBIAR LA FECHA DE LA PASCUA
Ante la noticia de que Antipapa Francisco I cambiará la fecha de la Pascua para unificarla con la de los cismáticos "ortodoxos", muchos se preguntarán: "Eso es de poca importancia. ¿A qué fin escandalizarse y rasgarse las vestiduras?" Pues ES DE CAPITAL IMPORTANCIA, TANTO ASÍ QUE EL SENTIR DIVERSO A LA ORACIÓN Y CREENCIA DE LA IGLESIA CATÓLICA EN ESTE PUNTO ES CAUSAL DE EXCOMUNIÓN.
En los primeros tiempos de la Iglesia, había gran confusión en cuanto a la fecha en que se debía celebrar la Pascua: En Asia Menor (actual Turquía) decían que debía celebrarse el 14 de Nisán (el mismo día que el sacrificio de los corderos en la Pascua judía -en adelante, Pésaj-), sin importar el día de la semana, ya que la Crucifixión fue el mismo día 14 de Nisán (de ahí el nombre de "cuartodecimanos"); mientras Roma (y todo el Occidente) sostenía que debía ser el Domingo siguiente al Pésaj, ya que los Evangelios escriben que la Resurrección de Jesús fue "el primer día de la semana, después del sábado", esto es, el Domingo.
San Policarpo de Esmirna y San Melitón de Sardes observaban la Pascua el 14 de Nisán, según San Ireneo, siguiendo la tradición legada por el Apóstol San Juan Evangelista. Mientras que en Roma, la práctica de celebrar la Pascua en Domingo, seguida por San Pedro y San Pablo era ley, y perpetuada por los Papas. Fue precisamente uno de ellos, San Víctor I, quien definió ex cáthedra que la Pascua debía celebrarse UNA SOLA VEZ al año en toda la Iglesia, el Domingo siguiente al Pésaj judío; y quien no siguiese tal, incurrirá en excomunión. Esto, en respuesta a la declaración cismática del obispo Polícrates de Éfeso, en la cual insinuó que San Víctor I era un hereje, diciendo:
"Somos nosotros los que celebramos el verdadero y auténtico día, sin añadir ni quitar nada... de acuerdo con el Evangelio, sin cambiar nada, cumplidores de la regla de la fe... He vivido 65 años en el Señor; he mantenido contacto con los hermanos de todo el mundo, he leído toda la Biblia y no me dejaré atemorizar por espantapájaros, porque hombres más grandes que yo han dicho: «es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres»". (Eusebio de Cesarea, História Ecclesiástica 5, 24)
Pasando el tiempo, los cuartodecimanos fueron disminuyendo, hasta llegar a ser un pequeño número en tiempos de Orígenes. Años más tarde, el Concilio de Nicea (año 325 AD) decretó al respecto:
- La Pascua se debe celebrar a través de todo el mundo en el mismo Domingo (siguiendo la Tradición Apostólica y el decreto de San Víctor I).
- Dicho Domingo debe ser después del décimo cuarto día de la luna pascual (esto es, que JAMÁS debe coincidir con la Pascua judía).
- Dicha luna debía ser considerada la luna pascual cuyo décimo cuarto día seguía al equinoccio de primavera (téngase en cuenta que entonces, el año solar comenzaba en el equinoccio de primavera -21 de Marzo del calendario juliano-).
Según el cánon
niceno, el cálculo de la fecha apropiada de la Pascua (Cómputus) se
realizaría en Alejandría, quien comunicaría el resulado a la Iglesia de
Roma y ésta lo difundirá al resto del mundo. Esta decisión se tomó a
raíz de que en Cilicia, Mesopotamia y Siria dependían del cómputus de
los judíos para fijar la fecha de Pascua (los cuales, por seguir el
calendario lunar, llegaban a celebrar Pésaj dos veces el mismo año
solar), por lo que a veces celebraban la Pascua antes que los demás, de
donde surgió el apelativo de "protopaschitas". Es por ello que los
Cristianos debían tomar un cómputus propio.
Pese a este acuerdo formal, las discrepancias continuaron por razones astronómicas. La Iglesia romana consideraba que el equinoccio de primavera era el 18 de Marzo y para calcular la edad de la Luna (epacta) utilizaban un ciclo de 84 años (en un primer momento, usaron el ciclo de 112 años atribuído al famoso Antipapa San Hipolito). Los alejandrinos para el cálculo de la edad de la Luna usaban el famoso ciclo metónico de 19 años. Estas diferencias, y otras menores, hacían que en la Iglesia romana nunca cayera con posterioridad al 21 de Abril, mientras que la alejandrina podía llegar a ser el 25 del mismo mes. En últimas, la epacta servía como una ayuda para fijar la fecha de la Pascua, y los conflictos en la materia eran dirimidos por la autoridad eclesiástica hasta el año 525, cuando Dionisio el Exiguo (el que introdujo la numeración de los años bajo el Anno Dómini o Era cristiana) convenció a Roma de que el cálculo seguido en Alejandría era más conveniente para la unidad en la celebración pascual.
También hubo cierta situación con los celtas (especiamente con la tradición hiberno-escocesa de San Columbano, que seguía el cómputus sirio y para el cual, el equinoccio era el 25 de Marzo), pero fue definitivamente solucionada al adoptar éstos el cálculo romano en el año 664 durante el Sínodo de Whitby, a instancias de San Wilfrido de York y el rey Oswiu de Northumbria.
Pese a este acuerdo formal, las discrepancias continuaron por razones astronómicas. La Iglesia romana consideraba que el equinoccio de primavera era el 18 de Marzo y para calcular la edad de la Luna (epacta) utilizaban un ciclo de 84 años (en un primer momento, usaron el ciclo de 112 años atribuído al famoso Antipapa San Hipolito). Los alejandrinos para el cálculo de la edad de la Luna usaban el famoso ciclo metónico de 19 años. Estas diferencias, y otras menores, hacían que en la Iglesia romana nunca cayera con posterioridad al 21 de Abril, mientras que la alejandrina podía llegar a ser el 25 del mismo mes. En últimas, la epacta servía como una ayuda para fijar la fecha de la Pascua, y los conflictos en la materia eran dirimidos por la autoridad eclesiástica hasta el año 525, cuando Dionisio el Exiguo (el que introdujo la numeración de los años bajo el Anno Dómini o Era cristiana) convenció a Roma de que el cálculo seguido en Alejandría era más conveniente para la unidad en la celebración pascual.
También hubo cierta situación con los celtas (especiamente con la tradición hiberno-escocesa de San Columbano, que seguía el cómputus sirio y para el cual, el equinoccio era el 25 de Marzo), pero fue definitivamente solucionada al adoptar éstos el cálculo romano en el año 664 durante el Sínodo de Whitby, a instancias de San Wilfrido de York y el rey Oswiu de Northumbria.
En últimas, es
preciso dejar claro que en términos astronómicos, el equinoccio puede
tener lugar el 20 o el 19 de Marzo, si bien en el calendario gregoriano
se establecen unas fechas astronómicas que, aún difiriendo ligeramente
de las fechas astronómicas para la ciencia secular, son las que se
emplean para el cálculo. Así las cosas, queda
claro que la Pascua de Resurrección no puede ser antes del 22 de Marzo
(en caso de que el 21 y plenilunio fuese sábado), y tampoco puede ser
más tarde del 25 de Abril (suponiendo que el 21 de Marzo
fuese el día siguiente al plenilunio, habría que esperar una lunación
completa -29 días- para llegar al siguiente plenilunio, que sería el 18
de Abril, el cual, si cayese en Domingo, desplazaría la Pascua una
semana para evitar la coincidencia con la pascua judía, quedando: 18 + 7
el 25 de Abril). Y así se hace constar en el Missale Romanum Tradicional.
Dejando claro lo anterior, pasemos a analizar la propuesta de Bergoglio: Primero dice que quiere asignar una "fecha común" para la Pascua (aunque sea sólo para los orientales), pero como modernista que se respete, ahora clama que la idea sea "extendida" así, según el mendaz Bergoglio: "Todos los fieles nos piden establecer una fecha común para la Pascua". ¡FALSO A MÁS NO PODER! Jamás en la historia de la Iglesia se ha propuesto cambiar la bi-milenaria fecha de la Pascua. Sólo se le ha ocurrido a los herético/cismáticos Ortodoxos del Este, que, irónicamente ¡NO ACEPTAN A BERGOGLIO COMO PAPA!, sino que lo ven como un líder herético de una braña cismática.
Ahora, eso no surgió de la nada. El unificar la fecha de la Pascua se halla planteado en la "Declaración del sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II sobre la revisión del calendario", que fue anexada al documento conciliar Sacrosánctum Concílium, el mismo que destruyó la Misa Católica tradicional en la iglesia deuterovaticana; y que pretende ¡incluso renunciar al Calendario Gregoriano en favor de un "Calendario perpetuo civil! Dicho anexo contiene en su parte resolutiva:
Dejando claro lo anterior, pasemos a analizar la propuesta de Bergoglio: Primero dice que quiere asignar una "fecha común" para la Pascua (aunque sea sólo para los orientales), pero como modernista que se respete, ahora clama que la idea sea "extendida" así, según el mendaz Bergoglio: "Todos los fieles nos piden establecer una fecha común para la Pascua". ¡FALSO A MÁS NO PODER! Jamás en la historia de la Iglesia se ha propuesto cambiar la bi-milenaria fecha de la Pascua. Sólo se le ha ocurrido a los herético/cismáticos Ortodoxos del Este, que, irónicamente ¡NO ACEPTAN A BERGOGLIO COMO PAPA!, sino que lo ven como un líder herético de una braña cismática.
Ahora, eso no surgió de la nada. El unificar la fecha de la Pascua se halla planteado en la "Declaración del sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II sobre la revisión del calendario", que fue anexada al documento conciliar Sacrosánctum Concílium, el mismo que destruyó la Misa Católica tradicional en la iglesia deuterovaticana; y que pretende ¡incluso renunciar al Calendario Gregoriano en favor de un "Calendario perpetuo civil! Dicho anexo contiene en su parte resolutiva:
- El sacrosanto Concilio no se opone a que la fiesta de Pascua se fije en un domingo determinado dentro del Calendario Gregoriano, con tal que den su asentimiento todos los que estén interesados, especialmente los hermanos separados de la comunión con la Sede Apostólica.
- Además, el sacrosanto Concilio declara que no se opone a las gestiones ordenadas a introducir un calendario perpetuo de la sociedad civil.
Ya San Víctor I había excomulgado a todos los que no aceptaran la fecha seguida por la Sede Romana (que por la autoridad de San Pedro y San Pablo determinó que la Pascua será el Domingo, día en que Jesús resucita de entre los muertos). Ello testifica contra los cismáticos "Ortodoxos", quienes están divididos entre sí, pues unos usan el calendario gregoriano (el Patrarcado Ecuménico de Constantinopla, los Patriarcados griegos de Alejandría y Antioquía, los Patriarcados de Rumanía y Bulgaria, y las metrópolis de Grecia, Chipre y Polonia), y otros perseveran con el calendario juliano (los Patriarcados de Jesusalén, Rusia, Serbia y Georgia; los monasterios de Monte Athos y Monte Sinaí, y los cismas veterocalendaristas de Grecia, Rumanía y Bulgaria), de modo que entre cada facción, llegan a darse diferencias hasta de más de un mes en sus fechas pascuales.
Cabe resaltar que entre los cismáticos, el calendario gregoriano es causal de anatema, según lo dispuso el Patriarca Jeremías II de Constantinopla en los Concilios Pan-ortodoxos de 1583, 1587 y 1593. Con todo, en 1922, el Patriarca Melecio IV de Constantinopla (modernista y masón de la logia "Armonía") aceptó la adopción del calendario gregoriano (o "juliano reformado", como lo llamaron) por parte de la Junta Militar griega, y al ser nombrado Patriarca griego de Alejandría, presionó al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla a convocar Concilio y adoptarlo también. Ante ello surgio en Grecia el cisma veterocalendarista, que traspasaría también en sectores de Rumanía y Bulgaria. Unos y otros son análogos a los "vetero-católicos" surgidos tras el Concilio Vaticano.
Naturalmente, los clérigos cismáticos han celebrado la decisión de Bergoglio de abandonar la fecha Romana de la Pascua en favor de la Bizantina, puesto que odian todo lo Romano, como llegaron a hacerlo Polícrates, Focio, Miguel Cerulario y tantos otros. Inclusive, llegarían a escupirle el rostro a los presbíteros conciliares, mientras Bergoglio continúa sus juegos ecumenistas anticatólicos. Bergoglio piensa que de esta manera destruirá la Iglesia Católica, pero sólo logrará destruir su propia secta herética, pues de tantas concesiones que hace (renunciar a ser Patriarca de Occidente y a nombrar Patriarcas de Rito Latino en Constantinopla, Antioquía y Alejandría; renunciar a la Tiara, pedir perdón a judíos, cismáticos y herejes, rehabilitar a los heresiarcas...) llegará a ser nada para el día de la Parusía.
En conclusión, la Iglesia Conciliar está entregándose al dominio de los herético-cismáticos mal llamados "Ortodoxos" en pos de la "unidad de los Cristianos", lo que demuestra que NO ES LA IGLESIA UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA, ROMANA Y TRADICIONAL (a la cual deben convertirse todos los hombres y todas las naciones); y que Francisco Bergoglio (igual que sus antecesores Ratzinger, Wojtyla Katz, Luciani, Montini y Roncalli; y todos cuantos le llegaren a suceder), SON ANTIPAPAS.
sábado, 19 de abril de 2014
MEDITACIONES PARA LA CUARESMA - DOMINGO SANTO DE PASCUA
MEDITACIONES PARA LA CUARESMA
Tomado de "Meditaciones para todos los días del año - Para uso del clero
y de los fieles", P. André Hamon, cura de San Sulpicio (Autor de las
vidas de San Francisco de Sales y del Cardenal Cheverus). Segundo tomo:
desde el Domingo de Septuagésima hasta el Segundo Domingo después de
Pascua. Segunda Edición argentina, Editorial Guadalupe, Buenos Aires,
1962.
SANTO DÍA DE PASCUA
+ EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (16, 1-7)
Y, pasada la fiesta del Sábado, María Magdalena y María, Madre de Santiago, y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y, partiendo muy de madrugada el Domingo o primer día de la semana, llegaron al sepulcro, salido ya el sol. Y se decían una a otra: “¿Quién nos quitará la piedra de la entrada del sepulcro?” La cual, realmente, era muy grande. Mas, echando la vista, vieron que la piedra estaba apartada. Y, entrando en el sepulcro, se hallaron con un joven sentado al lado derecho, vestido de un blanco ropaje, y se quedaron pasmadas. Pero él les dijo: “No tenéis que asustaros: Vosotras venís a buscar a Jesús Nazareno, que fue crucificado; ya resucitó; no está aquí; mirad el lugar donde le pusieron. Pero id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea, donde le veréis, según os tiene dicho”.
RESUMEN PARA LA VÍSPERA EN LA NOCHE
Consagraremos nuestra meditación del gran día de mañana a considerar la resurrección de Jesucristo como el triunfo: 1° De nuestra fe; 2° De nuestra esperanza.
—Tomaremos en seguida la resolución: 1º De alabar, glorificar y bendecir con frecuentes aspiraciones a Jesucristo resucitado; 2° De hacer a menudo actos de fe en la divinidad de Jesucristo, de su Religión y de su Iglesia, e igualmente actos de esperanza en la vida futura. Nuestro ramillete espiritual será esta expresión de la Iglesia: “Alabanza, adoración y amor a Jesucristo resucitado”.
MEDITACIÓN DE LA MAÑANA
Dediquémonos en esta mañana a sentimientos de alabanza, adoración y amor hacia Jesucristo resucitado. Regocijémonos y transportémonos de alegría. He aquí el día que el Señor ha hecho, día de victoria y de triunfo. ¡Unámonos a los ángeles para cantar gloria a Dios, Aleluya!
PUNTO PRIMERO - LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO ES EL TRIUNFO DE NUESTRA FE
JESUCRISTO RESUCITÓ VERDADERAMENTE. Los Apóstoles, que lo atestiguaron y sellaron con su sangre su testimonio, no pudieron engañarse, puesto que conversaron con Él durante cuarenta días; ni quisieron tampoco engañar, pues a ello se oponían sus más caros intereses en este mundo y en el otro; y, por otra parte, si Jesucristo no hubiera resucitado, no habría sido a los ojos de ellos más que un impostor que les habría engañado, predicando su Resurrección. Tampoco los Apóstoles hubieran podido engañarnos, aunque hubieran permitido sacar el sagrado Cuerpo. ES PUES CIERTO Y CERTÍSIMO, ¡OH JESÚS! QUE VERDADERAMENTE RESUCITASTEIS. Y CIERTO, POR CONSIGUIENTE, QUE SOIS DIOS TODOPODEROSO, puesto que un hombre muerto no puede por sí mismo resucitar: sólo Dios, dueño de la vida y de la muerte, es capaz de tal prodigio. ¡Oh santa fiesta de Pascua, cuan querida me eres! La Resurrección de mi Salvador es para mí la garantía de su divinidad, y, por lo mismo, la garantía de todas mis creencias; porque, si Jesucristo es Dios, su Religión es divina; el Evangelio, que es su Palabra, es divino; los Sacramentos que ha establecido, son divinos; la Iglesia que ha fundado, es divina; y creyéndole, estoy seguro de no engañarme. Siguiendo mi fe, marcho tras un guía infalible, y haciendo los sacrificios que me pide, sé que no pierdo mi trabajo y que Dios me recompensará. En vano el incrédulo impugna mi creencia; en vano las naciones braman de furor, y ‘los judíos le llaman escándalo, y los gentiles locura’. “Jesucristo ha resucitado”, respondo a todos, y no hay objeción que no venga a pulverizarse contra la roca de su sepulcro glorioso. ¡Qué consuelo, qué triunfo para la Fe, que no tiene necesidad sino de este solo hecho para ser altamente justificada! ¡Cuán justo es pues reanimar la fe en este hermoso día, creyendo las cosas de la Religión como si con los ojos corporales las viéramos, y mostrándonos hombres de fe en nuestra conducta, en nuestro lenguaje, en la oración, en el lugar santo, en todo y por todo!
PUNTO SEGUNDO - LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO ES EL TRIUNFO DE NUESTRA ESPERANZA
El hombre, que no vive sino muy poco tiempo aquí en la tierra, lleno de muchas miserias, tiene necesidad de esperar; por lo que se regocija hoy día, cantando con la Iglesia: “Jesucristo, mi esperanza, ha resucitado”. La Resurrección del Salvador es para nosotros la prenda y la seguridad de una resurrección semejante, que nos librará de todas las penas de la vida. “Jesucristo es el primogénito de entre los muertos”, dice el Apóstol; “por lo cual, después de Él, resucitarán también de sus cenizas los otros muertos”. “Nosotros formaremos con Él un todo perfecto, un cuerpo cuya cabeza es Él”, dice el mismo Apóstol; “pues los miembros deben seguir la condición de su cabeza”. ¿Qué sería de un cuerpo cuya cabeza anduviera por un lado y los miembros por otro? ¿Sería conveniente que el Espíritu Santo designara, bajo la figura de la cabeza y de los miembros, a Jesucristo y a los fieles, si debían vivir así separados? Si no formamos más que un sólo cuerpo con Jesucristo, su resurrección contiene la nuestra, como la nuestra supone la suya; la una contiene esencialmente a la otra. “Si os anunciamos, dice San Pablo, que Jesucristo ha resucitado, ¿Cómo podríamos decir que no había resurrección para nosotros?” Dogma consolador, que hace triunfar nuestra esperanza entre los trabajos y padecimientos de la vida; porque, si debemos resucitar como Jesucristo, nuestras lágrimas entonces se convertirán en gozo, nuestras penas en delicias, nuestra pobreza en abundancia, nuestra confusión en gloria, nuestra muerte en vida eterna. “YO SÉ, dice Job, QUE MI REDENTOR VIVE QUE YO RESUCITARÉ DE LA TIERRA EL ÚLTIMO DÍA Y DE NUEVO SERÉ REVESTIDO DE MI PIEL, Y QUE EN MI CARNE VERÉ A MI DIOS: EL QUE LE HA DE VER SERÉ YO MISMO, Y CON MIS PROPIOS OJOS VERÉ A ÉL, Y TAL ESPERANZA ESTÁ PUESTA EN MI PECHO”. “El Rey del universo, decía el segundo de los mártires Macabeos, nos resucitará para la vida eterna”. “Poco me importa, decía el tercero, perder aquí mis miembros, porque Dios me los devolverá algún día”. “Mejor es para nosotros, agregaba el cuarto, morir a manos de los hombres porque esperamos en Dios que nos ha de resucitar”. “¿Qué me importa, decía Santa Mónica, morir lejos de la patria? Dios, al fin de los tiempos, sabrá encontrarme para resucitarme”. En fin, todos los mártires y todos los justos han muerto con esta esperanza de una nueva tierra y de un nuevo cielo, donde el cuerpo de los santos será glorioso, impasible, inmortal, resplandeciente como el sol, ágil como los espíritus; donde no habrá ni dolores ni lágrimas; donde todo será gloria y felicidad. ¡Oh magnífica esperanza! ¡Cómo nos complacerá entonces haber padecido con conciencia, habernos mortificado y privado de los vanos goces del mundo!
domingo, 31 de marzo de 2013
SERMÓN DEL DOMINGO DE PASCUA, POR EL PADRE BASILIO MÉRAMO
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Este Domingo de Resurrección, Domingo de Pascua, es el día más solemne, la fiesta más importante de todo el año litúrgico; aunque quizás no sea la más popular como lo es la Navidad, pero en sí misma es la principal y por eso está rodeada de la octava, de las pocas octavas que han quedado, dado el recorte litúrgico que hacía de éstas el esplendor de la fiesta, pero con la modernización se fueron recortando.
Por eso este día queda aún, a pesar de todo, con su octava, es decir, el festejo reiterado durante ocho días consecutivos. Es una lástima, dicho sea de paso, ver que aquí en Colombia y sobre todo en Santander la Pascua no tiene ninguna impronta familiar, no hay una reunión, un agasajo, una comida, nada que de modo un poco más ordinario y explícitamente así lo demuestre, como sí lo hay en Europa y me duele decirlo, a mí, que me ha tocado pasar muchos años la Pascua en el viejo continente. Allí, en Francia, en Italia, en España, existe la costumbre, muy arraigada, de festejar la Pascua. Claro está que aquí la gente vive la Semana Santa, pero ésta queda trunca sin el Domingo de Resurrección. Toda nuestra religión quedaría en el vacío sin la Resurrección de nuestro Señor. Toda su divinidad queda consignada, afirmada, proclamada, evidenciada y demostrada con la Resurrección.
Nadie es capaz de resucitar de la muerte; por eso el Único que podía decir que iba a morir y a resucitar por sus propios y exclusivos medios es Cristo nuestro Señor, porque es el Dios Encarnado, hecho carne, hecho hombre; por eso es verdadero Dios y verdadero hombre.
Toda su persona es divina, es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad la que se ha encarnado y, por eso, no obstante el estar muerto como hombre, separándose su alma de su cuerpo, Él es y sigue siendo el Dios vivo; porque ese cuerpo humanamente muerto, sin alma, era sustentado por la persona divina, por eso no era un cadáver como acontece con nosotros; no era un cuerpo en estado de putrefacción sino que en ese cuerpo estaba presente la divinidad aun en la tumba durante los tres días, y por eso su alma también estaba sustentada en su existir por el Verbo. Si bajó a los infiernos, es decir, al seno de Abraham, allí donde iban los justos del Antiguo Testamento para abrirle las puertas del cielo que estaban cerradas, su alma tenía la presencia de la divinidad de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad; misterio que no entendemos pero que conocemos por la revelación, por la fe.
Por eso en el Domingo de Resurrección de nuestro Señor, es el día más importante de la semana, justamente, y por eso se le llama al domingo día del Señor, porque fue el día en que se reúne su alma nuevamente con su cuerpo, con la manifestación y el esplendor del cuerpo glorioso. Sin embargo, nuestro Señor resucita y se queda durante un tiempo, cuarenta días, instruyendo a sus discípulos, adoctrinando a sus apóstoles, instituyendo las bases de su Iglesia católica, consolidándola, dándole toda su estructura sobrenatural hasta que venga a coronarla, a completarla, a perfeccionarla la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el día de Pentecostés a los cincuenta días de la Resurrección de nuestro Señor. Díez días después de su Ascensión a los cielos, porque para que bajara el Espíritu Santo, tenía que enviarlo nuestro Señor junto con el Padre Eterno y por eso tenía que elevarse a la gloria.
Es muy importante que lo tengamos, porque la Iglesia católica no está en el aire; está fundada sobre la piedra angular que es nuestro Señor y por eso no todo está en las Escrituras sino que la Revelación está también en esa transmisión oral y por tanto ésta no puede ser desechada, pues es la mitad de la verdad revelada, si así se puede decir. Esto lo hacen los protestantes, que tienen una revelación amputada por la mitad porque desprecian la Tradición, y sin ésta, la revelación escrita queda mal interpretada, distorsionada, por lo que ellos predican un Cristo mutilado, cercenado.
Debemos, pues, hoy más que nuca, meditar siempre en estos principios, en estas verdades, porque están siendo sacudidas al igual que la Iglesia, como no lo ha sido nunca ni lo será jamás. Por tanto, para mantenernos firmes en la fe y en los fundamentos de la doctrina católica, apostólica y romana, tenemos que instruirnos y meditar en la oración, para que vivamos de estas verdades sobrenaturales como católicos y cristianos que somos.
Aunque también los protestantes han usurpado el nombre de cristianos, no lo son; protestan contra la enseñanza de la Iglesia; ese es su nombre, no lo olvidemos. La meditación de estos principios fundamentales, de estas verdades, nutre nuestras almas para que vivamos de la fe y la esperanza sobrenatural, bajo la coronación de la caridad sobrehumana; que no que sea filantrópica, masónica, terrena, como una cruz roja, un Gandhi, unas Naciones Unidas o Unesco, que no sirve para nada, porque esa es una parodia de altruismo, ya que la única caridad entre los hombres está fundamentada en el amor a Dios. No hay amor entre los hombres si no lo hay a Dios; ese es un principio categórico.
Por lo tanto, fuera de la religión católica no hay amor entre los hombres como no lo hay entre los judíos, entre los musulmanes, entre los protestantes, entre los budistas, ni entre ningún miembro de esas falsas creencias y religiones que ni lo son, porque religión es lo que religa, lo que une a Dios; el error de esas falsas creencias no puede jamás unir al hombre con Dios.
Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen, que tengamos presente el significado de la Resurrección para que nosotros, con la mirada puesta en lo de arriba, en lo de Dios, podamos transitar a lo largo de esta corta o larga vida que nos toque a cada uno, sin perder la finalidad y el motivo de ella, que no está aquí en la tierra sino en Dios, que es Cristo nuestro Señor resucitado.
+ PADRE BASILIO MÉRAMO
20 de Abril de 2003
martes, 26 de abril de 2011
SERMÓN DEL DOMINGO DE PASCUA
Lamentamos de corazón habernos saltado el Sermón que habíamos prometido, pero resulta que por preparar los artículos de los próximos días (tanto aquí como en Miles Christi), no pudimos publicar nada desde el Viernes Santo hasta ayer. Por eso (aunque con 48 horas después), publicamos el Sermón del Domingo de Pascua que pronunciara el Padre Basilio Méramo en el año 2003.
Esperamos comprendáis nuestra dilación; y orad por este indigno soldado de Cristo y María,
Frater Jorge
SERMÓN DEL DOMINGO DE PASCUA (PADRE BASILIO MÉRAMO)
Amados hermanos en nuestro Señor Jesucristo:
Este Domingo de Resurrección, Domingo de Pascua, es el día más solemne, la fiesta más importante de todo el año litúrgico; aunque quizás no sea la más popular como lo es la Navidad, pero en sí misma es la principal y por eso está rodeada de la octava, de las pocas octavas que han quedado, dado el recorte litúrgico que hacía de las éstas el esplendor de la fiesta, pero con la modernización se fueron recortando.
Por eso este día queda aún, a pesar de todo, con su octava, es decir, el festejo reiterado durante ocho días consecutivos. Es una lástima, dicho sea de paso, ver que aquí en Colombia y sobre todo en Santander la Pascua no tiene ninguna impronta familiar, no hay una reunión, un agasajo, una comida, nada que de modo un poco más ordinario y explícitamente así lo demuestre, como sí lo hay en Europa y me duele decirlo, a mí, que me ha tocado pasar muchos años la Pascua en el viejo continente. Allí, en Francia, en Italia, en España, existe la costumbre, muy arraigada, de festejar la Pascua. Claro está que aquí la gente vive la Semana Santa, pero ésta queda trunca sin el Domingo de Resurrección. Toda nuestra religión quedaría en el vacío sin la Resurrección de nuestro Señor. Toda su divinidad queda consignada, afirmada, proclamada, evidenciada y demostrada con la Resurrección.
Nadie es capaz de resucitar de la muerte; por eso el Único que podía decir que iba a morir y a resucitar por sus propios y exclusivos medios es Cristo nuestro Señor, porque es el Dios Encarnado, hecho carne, hecho hombre; por eso es verdadero Dios y verdadero hombre.
Toda su persona es divina, es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad la que se ha encarnado y, por eso, no obstante el estar muerto como hombre, separándose su alma de su cuerpo, Él es y sigue siendo el Dios vivo; porque ese cuerpo humanamente muerto, sin alma, era sustentado por la persona divina, por eso no era un cadáver como acontece con nosotros; no era un cuerpo en estado de putrefacción sino que en ese cuerpo estaba presente la divinidad aun en la tumba durante los tres días, y por eso su alma también estaba sustentada en su existir por el Verbo. Si bajó a los infiernos, es decir, al seno de Abraham, allí donde iban los justos del Antiguo Testamento para abrirle las puertas del cielo que estaban cerradas, su alma tenía la presencia de la divinidad de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad; misterio que no entendemos pero que conocemos por la revelación, por la fe.
Por eso en el Domingo de Resurrección de nuestro Señor, es el día más importante de la semana, justamente, y por eso se le llama al domingo día del Señor, porque fue el día en que se reúne su alma nuevamente con su cuerpo, con la manifestación y el esplendor del cuerpo glorioso. Sin embargo, nuestro Señor resucita y se queda durante un tiempo, cuarenta días, instruyendo a sus discípulos, adoctrinando a sus apóstoles, instituyendo las bases de su Iglesia católica, consolidándola, dándole toda su estructura sobrenatural hasta que venga a coronarla, a completarla, a perfeccionarla la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, el día de Pentecostés a los cincuenta días de la Resurrección de nuestro Señor. Díez días después de su Ascensión a los cielos, porque para que bajara el Espíritu Santo, tenía que enviarlo nuestro Señor junto con el Padre Eterno y por eso tenía que elevarse a la gloria.
Es muy importante que lo tengamos, porque la Iglesia católica no está en el aire; está fundada sobre la piedra angular que es nuestro Señor y por eso no todo está en las Escrituras sino que la Revelación está también en esa transmisión oral y por tanto ésta no puede ser desechada, pues es la mitad de la verdad revelada, si así se puede decir. Esto lo hacen los protestantes, que tienen una revelación amputada por la mitad porque desprecian la Tradición, y sin ésta, la revelación escrita queda mal interpretada, distorsionada, por lo que ellos predican un Cristo mutilado, cercenado.
Debemos, pues, hoy más que nuca, meditar siempre en estos principios, en estas verdades, porque están siendo sacudidas al igual que Iglesia, como no lo ha sido nunca ni lo será jamás. Por tanto, para mantenernos firmes en la fe y en los fundamentos de la doctrina católica, apostólica y romana, tenemos que instruirnos y meditar en la oración, para que vivamos de estas verdades sobrenaturales como católicos y cristianos que somos.
Aunque también los protestantes han usurpado el nombre de cristianos, no lo son; protestan contra la enseñanza de la Iglesia; ese es su nombre, no lo olvidemos. La meditación de estos principios fundamentales, de estas verdades, nutre nuestras almas para que vivamos de la fe y la esperanza sobrenatural, bajo la coronación de la caridad sobrehumana; que no que sea filantrópica, masónica, terrena, como una cruz roja, un Gandhi, unas Naciones Unidas o Unesco, que no sirve para nada, porque esa es una parodia de altruismo, ya que la única caridad entre los hombres está fundamentada en el amor a Dios. No hay amor entre los hombres si no lo hay a Dios; ese es un principio categórico.
Por lo tanto, fuera de la religión católica no hay amor entre los hombres como no lo hay entre los judíos, entre los musulmanes, entre los protestantes, entre los budistas, ni entre ningún miembro de esas falsas creencias y religiones que ni lo son, porque religión es lo que religa, lo que une a Dios; el error de esas falsas creencias no puede jamás unir al hombre con Dios.
Pidamos a nuestra Señora, a la Santísima Virgen, que tengamos presente el significado de la Resurrección para que nosotros, con la mirada puesta en lo de arriba, en lo de Dios, podamos transitar a lo largo de esta corta o larga vida que nos toque a cada uno, sin perder la finalidad y el motivo de ella, que no está aquí en la tierra sino en Dios, que es Cristo Nuestro Señor resucitado. +
PADRE BASILIO MERAMO
20 de abril de 2003
domingo, 4 de abril de 2010
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