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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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martes, 12 de octubre de 2021

EL INDIGENISMO COMPARTE IDEAS CON LOS NAZIS

Por César Cervera para ABC (España).
  
El doctor en Ciencias Políticas, autor de ‘Madre patria’ (Espasa), ha sufrido insultos, amenazas y presiones al otro lado del charco por reivindicar el valor de la Hispanidad.
   
Hernán Cortés y Doña Marina (Códice de Diego Durán, siglo XVI. Madrid, Biblioteca Nacional de España).
   
Nada más avistar la costa americana, Isabel Díaz Ayuso cargó durante su visita a EE.UU. contra el indigenismo, «el nuevo comunismo», por poner en cuestión el legado español en América, una herencia cultural que, a su juicio, se cuenta «entre los mayores hitos de la historia». Unas declaraciones que, sin pretenderlo, entroncaron unos días después con una carta dirigida a México del Papa Francisco pidiendo «perdón por los pecados personales y sociales, por todas las acciones u omisiones que no contribuyeron a la evangelización» (en la carta no se referiere directamente a la conquista de América). De tantas palabras incendiarias sobre la Hispanidad se detecta que, en efecto, el 12 de Octubre está muy próximo y con ello las controversias de cada año.
  
Mucho sabe de estas llamas Marcelo Gullo Omodeo, doctor en Ciencias Políticas y profesor en la Universidad Nacional de Rosario (Argentina), que está de visita en España promocionando su libro ‘Madre patria’ (Espasa) y el documental ‘España, la primera globalización’, dirigido por José Luis López-Linares, donde el argentino participa. Sus ideas sobre la Hispanidad le han costado insultos, amenazas y presiones al otro lado del charco de quien ve un grave peligro en su reivindicación de una América reconciliada con ‘la madre patria’. En una entrevista con ABC, advierte de la trampa que encierran los perdones anacrónicos: «Estos perdones tienen un efecto negativo, porque ya lo decía San Pablo: “Solo la verdad nos hace libres”. La Leyenda Negra es una mentira que nos hace esclavos del rencor».
   
Portada del libro
   
–Ayuso dice que el indigenismo es el nuevo comunismo, ¿está usted de acuerdo?
–El fundamentalismo indígena no nace en la izquierda, sino en la derecha, en los sectores más oligárquicos y recalcitrantes de Hispanoamérica, los que estuvieron detrás de la independencia de todas estas repúblicas y que se quedaron con las tierras de los indios. Lo hicieron para justificar su alianza con Inglaterra y su apuesta por la independencia de España. En ese momento los autores de la izquierda, como Karl Marx, no eran defensores de la Leyenda Negra. Eso ocurrió más tarde, en el siglo XX. En 1930, cuando se reunió el congreso comunista en Montevideo y luego Buenos Aires se asumió ese discurso hostil a España, ese indigenismo fundamentalista que buscaba desestabilizar a cualquier precio el patio trasero de EE.UU. La partición de las repúblicas en cachitos indígenas fue la forma de combatir el imperialismo que ideó la internacional comunista.
  
–Usted recuerda en el libro que aún en el siglo XX muchos líderes de izquierda reivindicaban la Hispanidad.
–Sí, aún hubo muchos personajes de izquierda en América que siguieron ajenos a la postura del Partido Comunista, entre ellos Jorge Abelardo Ramos, Hernandez Arreiz, Rodolfo Puiggrós, etc. Lo que ocurre hoy está más bien relacionado con una segunda oleada negrolegendaria entre la izquierda americana, que se produjo cuando Fidel Castro, por necesidades políticas, asumió un relato antiimperial y negrolegendario tras su alianza con la URSS. Desde Cuba se fomentó este discurso en todo el continente.
  
–¿De ahí la oleada de ataques a estatuas de personajes españoles en América?
–Hoy vivimos un revival del comunismo y por eso están estas ideas en auge de nuevo. Pero sería un error pensar que la defensa de la Hispanidad pertenece a la derecha, en realidad la lucha contra la Leyenda Negra no es de izquierdas ni de derechas, lo que pasa es que los líderes de la izquierda hispanoamericana, como los presidentes de México, de Perú o de Bolivia, un poco por ignorancia y otro por esnobismo, han hecho suyo este relato sin saber que esto les convierte en la mano más barata del imperialismo, que está encantado con la fragmentación del mundo hispánico.
   
Cuando existan cien repúblicas de lenguas distintas en Hispanoamérica, ¿en qué lengua van a hablar entre ellas? ¿En inglés? El capital financiero internacional trabaja para crear estados pequeños y fragmentar poderes. La izquierda hispanoamericana está así al servicio del dinero que dice combatir.
   
–Cuando habla de indigenismo le pone el adjetivo ‘fundamentalista’, ¿siempre ha sido radical el indigenismo?
–El indigenismo fue siempre negrolegendario, pero ahora también es fundamentalista porque comparte muchas ideas con los nazis. Gente como Evo Morales tiene la misma concepción de las naciones que Hitler. Quieren separar las etnias, creen en la pureza racial y les repele el mestizaje, un proceso que es inevitable y que la Hispanidad integró desde sus orígenes. Ya lo dijo Vasconcedos: «Hispanoamérica preanuncia el futuro».
    
–¿Cuándo comprendiste que el relato de la Leyenda Negra era hegemónico en ambos lados del Atlántico?
–Lo vi al ir a estudiar a España en 1988. Ya en los preparativos del V Centenario del Descubrimiento se percibían ciertas ideas negrolegendarias. Había centenares de congresos en América donde asistían autores anglosajones para decir que la única conquista mala en la historia del mundo era la española, mientras que la de holandeses, ingleses o franceses eran muy positivas. Sin embargo, todo eso fue in crescendo hasta la hegemonía de este pensamiento. Por eso escribo mi libro desde la razón política para desmontar el mayor fake news de la historia y denunciar el riesgo de que fragmentados los hispanos seamos segmentos anónimos y pobres en el mercado mundial. Más división significa ser más pobres.
  
Un joven arrastra la cabeza de una estatua de Colón por las calles de Barranquilla (Colombia)
  
–¿Cómo se puede combatir la Leyenda Negra?
–Se vence con valentía. Nadie se atreve a decir la verdad: que el rey está desnudo. Al escribir el libro mío he desafiado al progresismo internacional, que no ha sido capaz de rebatir con argumentos, sino con insultos y presiones en todos los ámbitos. Es un tema vetado. Me han amenazado para que no escriba más del tema incluso con la posible pérdida de mi trabajo, pero nadie ha dado razones. Ni uno solo ha hecho un artículo diciendo en qué estoy equivocado, ni uno, ni siquiera el presidente de México y su mujer. Ella lo leyó, y no ha sido capaz de señalar los errores. Siguen con su batalla por defender a los mexicas y justificar las 20.000 personas, según las previsiones más conservadoras, que ejecutaban cada año en un país con cuatro millones de habitantes. Esa cantidad de muertes, en proporción, no la causaron ni Hitler, ni Stalin, ni Pol Pot. No hay forma desde un pensamiento de izquierda serio de ser negrolegendario o de defender las prácticas aztecas a las que Cortés puso fin.
   
–En España tampoco hay reacción política más allá de las controversias habituales.
–Los políticos españoles no se dan cuenta, a excepción de gente como Alfonso Guerra, que el asumir la Leyenda Negra se está contribuyendo a la fragmentación y destrucción de España. Los nacionalismos periféricos dicen «pues igual que España conquistó América lo hizo con nosotros y por eso tenemos que independizarnos». Lo enseñan en las escuelas y no quieren ser parte de un monstruo que violó y mató a tanta gente supuestamente. No hacer nada frente a estas mentiras convierte a España en el Titanic, un barco fabuloso en el apogeo de la modernidad, nada que ver con lo que yo viví hace treinta años, que ha chocado con un iceberg y se va a hundir irremediablemente sin saberlo. Los españoles están con el champagne en la zona de arriba, mientras abajo está entrando el agua.
   
–¿Los libros como el suyo tienen la capacidad de cambiar algo?
–La lucha cultural es la madre de todas las batallas. Las sociedades son como cuerpos humanos, unos tienen más anticuerpos contra el virus de la Leyenda Negra que otros. Libros como el mío y el de otros autores son la única manera de incrementar la defensa. Pero hay que llegar al sistema educativo, donde hay muchos predicadores de la Leyenda Negra o simplemente gente que tiene miedo de discrepar. En Sudamérica la libertad de Cátedra no existe, se les llena la boca de predicar este derecho, pero solo existe si sigues la línea fijada. Es un eufemismo. Asistimos a una dictadura cultural como no se ha visto nunca, todo ello amparado supuestamente por la libertad de Cátedra.
  
Fotografía de Marcelo Gullo.
    
–Pone usted mucho énfasis en la falta de formación histórica de la izquierda actual.
–La izquierda actual no estudia, no lee y no sabe razonar en términos marxistas, y a veces lo hace como los nazis. El nivel del progresismo intelectual es el más bajo que se ha visto en la historia política, solo tienen eslóganes en la cabeza. Los que leen, como Alfonso Guerra, saben lo que hay. La izquierda tradicional sabía que la Leyenda Negra fue la obra más genial del marketing político británico; no tenían que irse a la leyenda blanca para saberlo. La izquierda española de hoy no lo sabe, porque no lee, solo tuits y Whasap, son unos analfabetos culturales. No tienen bibliotecas en sus casas, solo libros de autoayuda.
   
–¿Cree que el perdón del Papa por el papel de la Iglesia en la Conquista puede generar algo positivo?
–Lo que opine el Papa en materia de Historia tiene la misma autoridad de la que tiene en materia deportiva, es decir, ninguna. Ningún católico tiene que aceptar su opinión en materia de Historia. Estos perdones tienen un efecto negativo, porque ya lo decía San Pablo: «Solo la verdad nos hace libres». La Leyenda Negra es una mentira que nos hace esclavos del rencor. No hubo conquista de México, sino la lucha de cientos de miles de indios contra un imperio sangriento. Cortés no hubiera podido conquistar nada con 300 personas, ni siquiera con armas automáticas. Los derrotan gracias a sus aliados indios, cansados de que mataran a sus hijos en las pirámides aztecas. Pedir perdón por lo hecho por Cortés es como pedir perdón por derrotar al nazismo.

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Jorge Rondón Santos (Editor colaborador)