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miércoles, 23 de septiembre de 2026

AL CHARAA A TRUMP: «¿POR QUÉ NO LE ENTREGAS NUEVA JERSEY A LOS ISRAELÍES? DESPUÉS DE TODO, NO VOTAN POR TI»

Noticia tomada de RUSSIA TODAY.
  

El presidente de Siria, Ahmed Huseín al-Charaa, reveló este martes una anécdota que tuvo lugar durante un encuentro con el presidente estadounidense Donald Trump, a quien habría sugerido en broma que entregara el estado de Nueva Jersey a Israel, cuestionando de esa forma la soberanía israelí de los Altos del Golán, territorio sirio ocupado y controlado por el país hebreo.

Al-Charaa reconoció que Trump «se puso del lado de Siria, apoyó a Siria, y emitió una resolución o decisión histórica para levantar las sanciones contra Siria y tener una relación muy única con ella». Sin embargo, en su declaración pública el mandatario recordó un episodio durante una visita a la Casa Blanca: «Hice una broma, y cuando [Trump] dijo de los Altos del Golán que tienen la soberanía de Israel, le dije: ¿Por qué no le das Nueva Jersey a los israelíes?”».

En este contexto, Al-Charaa argumentó que Trump no posee los Altos del Golán para entregarlos, pero sí es dueño de Nueva Jersey. «Y creo que Nueva Jersey está lleno de demócratas, y no están votando por Trump, así que sería bueno dárselo a los israelíes. Así que al menos esto es algo que posees, pero el presidente Trump no posee los Altos del Golán», recalcó.

Más allá de la broma, el mandatario sirio dejó clara su posición sobre el territorio disputado: «Los Altos del Golán son propiedad de su propia gente, así que ni el presidente sirio ni el presidente estadounidense ni ninguna otra persona puede abandonarlos o entregarlos a otros».

El territorio en disputa entre Tel Aviv y Damasco es una región montañosa de 1.800 kilómetros cuadrados situada en el sur de Siria y norte de Israel. Su mayor parte se encuentra a la altura de más de 1.000 metros sobre el nivel del mar y es una zona estratégica que cuenta con un yacimiento de petróleo con un potencial volumen de más de un billón de barriles y, sobre todo, representa una importante fuente de agua para Israel.

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha expresado en retiradas ocasiones sus reivindicaciones sobre los Altos de Golán. «Los Altos del Golán serán para siempre una parte inseparable de Israel», afirmó en 2024.

Una creciente tensión enfrenta a Israel con Siria tras la caída del Gobierno de Bashar al-Ásad en diciembre de 2024. Desde entonces, Israel ha ampliado su presencia militar en el sur de Siria y ha llevado a cabo ataques contra objetivos sirios, justificando sus acciones por razones de seguridad y por la necesidad de proteger a la población drusa. Damasco, por su parte, exige la retirada de las fuerzas israelíes y el respeto a la soberanía siria.

Sin embargo, la ONU y la mayoría de la comunidad internacional siguen considerando a los Altos del Golán como un territorio en disputa entre Tel Aviv y Damasco desde 1967, como territorio sirio ocupado, sin reconocer la soberanía israelí. Rusia, la Unión Europea y Siria mantienen esta posición. Estados Unidos reconoció la soberanía israelí en 2019, y en agosto de 2026, Colombia se convirtió en el segundo país en hacerlo.

ENCÍCLICA “Pacem, Dei munus pulchérrimum”, SOBRE LA RESTAURACIÓN CRISTIANA DE LA PAZ

Cuando el cardenal Giacomo della Chiesa fue elegido el 3 de septiembre de 1914 como el papa Benedicto XV, la Gran Guerra tenía poco más de dos meses de iniciada. Y desde entonces, realizó muchos intentos para conseguir el cese de las hostilidades como enunció en su primera encíclica, Ad beatissimi apostolorum, fechada en la fiesta de Todos los Santos de 1914, y a ellas siguieron continuas gestiones realizadas a través de diplomáticos vaticanos, apoyándose en los políticos más favorables hacia la paz.

Desde el primer momento el papa declaró la neutralidad que seguiría la Iglesia, sin que eso le impidiera la defensa de los oprimidos y su condena de las deportaciones de civiles. Intentó siempre eludir la extensión del conflicto, y por ello trató de evitar la entrada de Italia en la guerra; pero a estos deseos del papa, el gobierno italiano respondió haciendo incluir a Italia en el tratado de Londres (26 de abril de 1915), por el que se unían a Francia y Gran Bretaña, con la obligación de rechazar cualquier intervención pacificadora del papa.[1]

Con la entrada de Estados Unidos en la guerra (5 de abril de 1917) y la deposición de los zares por la revolución rusa el conflicto bélico parecía haber entrado en un impasse, y el papa aprovechó ese momento para formular una propuesta de paz, expuesta en una Nota fechada el 1 de agosto de 1917, en ella se contemplaba:
  1. Desarme y arbitraje obligatorio para resolver las disputas entre las naciones; sanciones para quienes no lo aceptase.
  2. Libertad garantizada de los mares.
  3. Condonación recíproca de los daños y gastos de la guerra.
  4. Restitución de los territorios ocupados
  5. Regulación de las cuestiones territoriales en armonía con las aspiraciones de los pueblos..
  6. Examen particular de las cuestiones territoriales de Polonia, los Balcanes y Armenia.
Gonzalo Redondo 1979, p. 158.
El plan fue rechazado por los aliados, que incluso acusaron al papa de tratar de salvar a los Imperios Centrales; en enero de 1918, el presidente de los Estados Unidos, W. Wilson, hacía público su plan de paz, que con sus 14 puntos, era en realidad una imposición de los vencedores, como se verificó mediante el tratado de Versalles firmado el 28 de junio de 1919 e impuesto en la Alemania de Weimar; y al cual siguieron otros acuerdos con las restantes naciones derrotadas: Austria (19 de septiembre de 1919), Bulgaria (27 de noviembre de 1919), Hungría (2 de junio de 1920) y Turquía (10 de agosto de 1920).

Es en este contexto en el que Benedicto XV publica la encíclica Pacem, Dei munus pulchérrimum, donde instó a que la paz no se basara únicamente en pactos políticos o la fuerza, sino en los principios cristianos del amor al prójimo, el perdón mutuo y la caridad evangélica, y abogó por la reintegración de todas las naciones a una familia humana unida, pidiendo el fin de las enemistades de la guerra.

Los acontecimientos posteriores, y la situación actual han hecho recordar cuánta razón tenía el Papa Della Chiesa al señalar que una paz basada solamente en intereses económicos o de geopolítica estará condenada a fracasar, en castigo justo por hacer planes sin contar con el consejo de Dios y los preceptos de la Iglesia.

CARTA ENCÍCLICA Pacem, Dei munus pulchérrimum, DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XV, SOBRE LA RESTAURACIÓN CRISTIANA DE LA PAZ Y LA RECONCILIACIÓN

A los Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos y Ordinarios en paz y comunión con la Santa Sede.

Venerables Hermanos, Salud y Bendición Apostólica.

1. La paz, este hermoso don de Dios, que, como dice San Agustín, «es el más consolador, el más deseable y el más excelente de todos» [1], esa paz que ha sido durante más de cuatro años el deseo de los buenos y el objeto de la oración de los fieles y de las lágrimas de las madres, ha empezado a brillar al fin sobre los pueblos. Nos somos los primeros en alegrarnos de ello. Pero esta paterna alegría se ve turbada por muchos motivos muy dolorosos. Porque, si bien la guerra ha cesado de alguna manera en casi todos los pueblos y se han firmado algunos tratados de paz, subsisten, sin embargo, todavía las semillas del antiguo odio. Y, como sabéis muy bien, venerables hermanos, no hay paz estable, no hay tratados firmes, por muy laboriosas y prolongadas que hayan sido las negociaciones y por muy solemne que haya sido la promulgación de esa paz y de esos tratados, si al mismo tiempo no cesan el odio y la enemistad mediante una reconciliación basada en la mutua caridad. De este asunto, que es de extraordinaria importancia para el bien común, queremos hablaros, venerables hermanos, advirtiendo al mismo tiempo a los pueblos que están confiados a vuestros cuidados.

2. Desde que por secreto designio de Dios fuimos elevados a la dignidad de esta Cátedra, nunca hemos dejado, durante la conflagración bélica, de procurar, en la medida de nuestras posibilidades, que todos los pueblos de la tierra recuperasen los fraternos lazos de unas cordiales relaciones. Hemos rogado insistentemente, hemos repetido nuestras exhortaciones, hemos propuesto los medios para lograr una amistosa reconciliación, hemos hecho, finalmente, con el favor de Dios, todo lo posible para facilitar a la humanidad el acceso a una paz justa, honrosa y duradera. Al mismo tiempo hemos procurado, con afecto de padre, llevar a todos los pueblos un poco de alivio en medio de los dolores y de las desgracias de toda clase que se han seguido como consecuencia de esta descomunal lucha. Pues bien: el mismo amor de Jesucristo, que desde el comienzo de nuestro difícil pontificado nos impulsó a trabajar por el retorno de la paz o a mitigar los horrores de la guerra, es el que hoy, conseguida ya en cierto modo una paz precaria, nos mueve a exhortar a todos los hijos de la Iglesia, y también a todos los hombres del mundo, para que abandonen el odio inveterado y recobren el amor mutuo y la concordia.

EVANGELIO DE PAZ - CARIDAD
3. No hacen falta muchos argumentos para demostrar los gravísimos daños que sobrevendrían a la humanidad si, firmada la paz, persistiesen latentes el odio y la enemistad en las relaciones internacionales. Prescindimos de los daños que se seguirían en todos los campos del progreso y de la civilización, como, por ejemplo, el comercio, la industria, el arte y las letras, cuyo florecimiento exige como condición previa la libre y tranquila convivencia de todas las naciones. Lo peor de todo sería la gravísima herida que recibiría la esencia y la vida del cristianismo, cuya fuerza reside por completo en la caridad, como lo indica hecho de que la predicación de la ley cristiana recibe el nombre de «Evangelio de la paz» (Ef 6 15).

EL MANDAMIENTO NUEVO
4. Porque, como bien sabéis y Nos os hemos recordado muchas veces, la enseñanza más repetida y más insistente de Jesucristo a sus discípulos fue la del precepto de la caridad fraterna, porque esta caridad es el resumen de todos los demás preceptos; el mismo Jesucristo lo llamaba nuevo y suyo, y quiso que fuese como el carácter distintivo de los cristianos, que los distinguiese fácilmente de todos los demás hombres. Fue este precepto el que, al morir, otorgó a sus discípulos como testamento, y les pidió que se amaran mutuamente y con este amor procuraran imitar aquella inefable unidad que existe entre las divinas personas en el seno de la Trinidad: «Que todos sean uno, como nosotros somos uno..., para que también ellos sean consumados en la unidad» (Jn 17 21-23).

5. Por esta razón, los apóstoles, siguiendo las huellas de su divino Maestro y formados personalmente en su escuela, fueron extraordinariamente fieles en urgir la exhortación de este precepto a los fieles: «Ante todo, tened los unos para !os otros ferviente caridad» (1.ª Pe 4,8). «Por encima de todas estas cosas, vestíos de la caridad, que es vínculo de perfección (Col 3,14). Carísimos, amémonos unos a otros, porque la caridad procede de Dios» (1.ª Jn 4,7). Nuestros hermanos de los primeros tiempos fueron exactos seguidores este mandato de Cristo y de los apóstoles, pues, a pesar de las diversas y aun contrarias nacionalidades a que pertenecían, vivían en una perfecta concordia, borrando con un olvido voluntario todo motivo de discusión. Esta unanimidad de inteligencias y de corazones ofrecía un admirable contraste con los odios mortales que ardían en el seno de sociedad humana de aquella época.

6. Ahora bien: todo lo que hemos dicho para urgir el precepto del amor mutuo vale también para urgir el perdón de las injurias, perdón que ha urgido personalmente el Señor. «Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian, y orad por los que os persiguen y os calumnian, para que seáis hijos de vuestro Padre, que está en los cielos, que hace salir el sol sobre malos y buenos» (Mt 5,44-45). De aquí procede el grave aviso del apóstol San Juan: «Todo el que aborrece a su hermano es homicida, y ya sabéis que todo homicida no tiene en sí la vida eterna» (1.ª Jn 3,15). Finalmente, ha sido el mismo Jesucristo quien nos ha enseñado a orar, de tal manera que la medida del perdón de nuestros pecados quede dada por el perdón que concedamos al prójimo. «Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores» (Mt 6,12). Y si a veces resulta muy trabajoso y muy difícil el cumplimiento de esta ley, tenemos como remedio para vencer esta dificultad no sólo el eficaz auxilio de la gracia ganada por el Señor, sino también el ejemplo del mismo Salvador, quien, estando pendiente en la cruz, excusaba a los mismos que injusta e indignamente le atormentaban, diciendo así a su Padre: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,24). Nos, por tanto, que debemos ser los primeros en imitar la misericordia y la benignidad de Jesucristo, cuya representación, sin mérito alguno, tenemos, perdonamos de todo corazón, siguiendo el ejemplo del Redentor, a todos y a cada uno de nuestros enemigos que, de una manera consciente o inconsciente, han ofendido u ofenden nuestra persona o nuestra acción con toda clase de injurias: a todos ellos los abrazamos con suma benevolencia y amor, sin dejar ocasión alguna para hacerles el bien que esté a nuestro alcance. Es necesario que los cristianos dignos de este nombre observen la misma norma de conducta con todos aquellos que durante la guerra les ofendieron de cualquier manera.

7. Porque la caridad cristiana no se limita a apagar el odio hacia los enemigos y tratarlos como hermanos; quiere, además, hacerles positivamente el bien, siguiendo las huellas de nuestro Redentor, el cual «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el demonio» (Hech. 10, 38) y coronó el curso de su vida mortal, gastada toda ella en proporcionar los mayores beneficios a los hombres, derramando por ellos su sangre. Por lo cual dice San Juan: «En esto hemos conocido la caridad de Dios, en que El dio su vida por nosotros, y nosotros debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos. El que tuviere bienes de este mundo y viendo a su hermano pasar necesidad le cierra sus entrañas, ¿cómo mora en él la caridad de Dios? Hijitos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y de verdad» (1.ª Jn 3, 16-18). No ha habido época de la historia en que sea más necesario «dilatar los senos de la caridad» como en estos días de universal angustia y dolor; ni tal vez ha sido nunca tan necesaria como hoy día al género humano una beneficencia abierta a todos, nacida de un sincero amor al prójimo y llena toda ella de un espíritu de sacrificio y abnegación. Porque, si contemplamos los lugares recorridos por el azote furioso de la guerra, vemos por todas partes inmensos territorios cubiertos de ruinas, desolación y abandono; pueblos enteros que carecen de comida, de vestido y de casa; viudas y huérfanos innumerables, necesitados de todo auxilio, y una increíble muchedumbre de débiles, especialmente pequeñuelos y niños, que con sus cuerpos maltrechos dan testimonio de la atrocidad de esta guerra.

8. El que contempla las ingentes miserias que pesan hoy día sobre la humanidad, recuerda espontáneamente a aquel viajero evangélico (Cf. Lc 10, 30ss) que, bajando de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de los ladrones y, robado y malherido por éstos, quedó tendido medio muerto en el camino. La semejanza entre ambos cuadros es muy notable, y así como el samaritano, movido a compasión, se acercó al herido, curó y vendó sus heridas, lo llevó a la posada y pagó los gastos de su curación, así también es necesario ahora que Jesucristo, de quien era figura e imagen el piadoso samaritano, sane las heridas de la humanidad.

LA CARIDAD DE LA IGLESIA
9. La Iglesia reivindica para sí, como misión propia, esta labor de curar las heridas de la humanidad, porque es la heredera del espíritu de Jesucristo; la Iglesia, decimos, cuya vida toda está entretejida con una admirable variedad de obras de beneficencia, porque «como verdadera madre de los cristianos, alberga una ternura tan amorosa por el prójimo, que para las más diversas enfermedades espirituales de las almas tiene presta en todo momento la eficaz medicina»; y así «educa y enseña a la infancia con dulzura, a la juventud con fortaleza, a la ancianidad con placentera calma, ajustando el remedio a las necesidades corporales y espirituales de cada uno» [2]. Estas obras de la beneficencia cristiana suavizan los espíritus y poseen por esto mismo una extraordinaria eficacia para devolver a los pueblos la tranquilidad pública.

10. Por lo cual, venerables hermanos, os suplicamos y os conjuramos en las entrañas de caridad de Jesucristo a que consagréis vuestros más solícitos cuidados a la labor de exhortar a los fieles que os están confiados, para que no sólo olviden los odios y perdonen las injurias, sino además para que practiquen con la mayor eficacia posible todas las obras de la beneficencia cristiana que sirvan de ayuda a los necesitados, de consuelo a los afligidos, de protección a los débiles, y que lleven, finalmente, a todos los que han sufrido las gravísimas consecuencias de la guerra, un socorro adecuado y lo más variado que sea posible. Es deseo nuestro muy principal que exhortéis a vuestros sacerdotes, como ministros que son de la paz cristiana, para que prediquen con insistencia el precepto que contiene la esencia de la vida cristiana, es decir, la predicación del amor al prójimo y a los mismos enemigos, y para que, «haciéndose todo a todos» (1.ª Cor 9,22), precedan a los demás con su ejemplo y declaren por todas partes una guerra implacable a la enemistad y al odio. Al obrar así, los sacerdotes agradarán al corazón amantísimo de Jesús y a aquel que, aunque indigno, hace las veces de Cristo en la tierra. En esta materia debéis también advertir y exhortar con insistencia a los escritores, publicistas y periodistas católicos, «para que, como escogidos de Dios, santos y amados, procuren revestirse de entrañas de misericordia y benignidad» (Col 3,12) y procuren reflejar esta benignidad en sus escritos. Por lo cual deben abstenerse no sólo de toda falsa acusación, sino también de toda intemperancia e injuria en las palabras, porque esta intemperancia no sólo es contraria a la ley de Cristo, sino que además puede abrir cicatrices mal cerradas, sobre todo cuando los espíritus, exacerbados por heridas aún recientes, tienen una gran sensibilidad para las más leves injurias.

LA CARIDAD ENTRE LAS NACIONES
11. Las advertencias que en esta carta hemos hecho a los particulares sobre el deber de practicar la caridad, queremos dirigirlas también a los pueblos que han sufrido la prueba de esta guerra prolongada, para que, suprimidas, dentro de lo posible, las causas de la discordia —y salvos, por supuesto, los principios de la justicia—, reanuden entre sí los lazos de unas amistosas relaciones. Porque el Evangelio no presenta una ley de la caridad para las personas particulares y otra ley distinta para los Estados y las naciones, que en definitiva están compuestas por hombres particulares. Terminada ya la guerra, no sólo la caridad, sino también una cierta necesidad parece inclinar a los pueblos hacia el establecimiento de una determinada conciliación universal entre todos ellos. Porque hoy más que nunca están los pueblos unidos por el doble vínculo natural de una común indigencia y una común benevolencia, dados el gran progreso de la civilización y el maravilloso incremento de las comunicaciones.

12. Este olvido de las ofensas y esta fraterna reconciliación de los pueblos, prescritos por la ley de Jesucristo y exigidos por la misma convivencia social, han sido recordados sin descanso, como hemos dicho, por esta Santa Sede Apostólica durante todo el curso de la guerra. Esta Santa Sede no ha permitido que este precepto quede olvidado por los odios o las enemistades, y ahora, después de firmados los tratados de paz, promueve y predica con mayor insistencia este doble deber, como lo prueban las cartas dirigidas hace poco tiempo al episcopado de Alemania [3] y al cardenal arzobispo de París [4]. Y como hoy día la unión entre las naciones civilizadas se ve garantizada y acrecentada por la frecuente costumbre de celebrar reuniones y conferencias entre los jefes de los gobiernos para tratar de los asuntos de mayor importancia, Nos, después de considerar atentamente y en su conjunto el cambio de las circunstancias y las grandes tendencias de los tiempos actuales, para contribuir a esta unión de los pueblos y no mostrarnos ajenos a esta tendencia, hemos decidido suavizar hasta cierto punto las rigurosas condiciones que, por la usurpación del poder temporal de la Sede Apostólica, fueron justamente establecidas por nuestros predecesores, prohibiendo las visitas solemnes de los jefes de Estado católicos a Roma. Pero declaramos abiertamente que esta indulgencia nuestra, aconsejada y casi exigida por las gravísimas circunstancias que atraviesa la humanidad, no debe ser interpretada en modo alguno como una tácita abdicación de los sagrados derechos de la Sede Apostólica, como si en el anormal estado actual de cosas la Sede Apostólica renunciase definitivamente a ellos. Por el contrario, aprovechando esta ocasión, «Nos renovamos las protestas que nuestros predecesores formularon repetidas veces, movidos no por humanos intereses, sino por la santidad del deber; y las renovamos por las mismas causas, para defender los derechos y la dignidad de la Sede Apostólica», y de nuevo pedimos con la mayor insistencia que, pues ha sido firmada la paz entre las naciones, «cese para la cabeza de la Iglesia esta situación anormal, que daña gravemente, por más de una razón, a la misma tranquilidad de los pueblos» [5].

13. Restablecida así la situación, reconocido de nuevo el orden de la justicia y de la caridad y reconciliados los pueblos entre sí, es de desear, venerables hermanos, que todos los Estados olviden sus mutuos recelos y constituyan una sola sociedad o, mejor, una familia de pueblos, para garantizar la independencia de cada uno y conservar el orden en la sociedad humana. Son motivos para crear esta sociedad de pueblos, entre otros muchos que omitimos, la misma necesidad, universalmente reconocida, de suprimir o reducir al menos los enormes presupuestos militares, que resultan ya insoportables para los Estados, y acabar de esta manera para siempre con las desastrosas guerras modernas, o por lo menos alejar lo más remotamente posible el peligro de la guerra, y asegurar a todos los pueblos, dentro de sus justos límites, la independencia y la integridad de sus propios territorios.

14. Unidas de este modo las naciones según los principios de la ley cristiana, todas las empresas que acometan en pro de la justicia y de la caridad tendrán la adhesión y la colaboración activa de la Iglesia, la cual es ejemplar perfectísimo de sociedad universal y posee, por su misma naturaleza y sus instituciones, una eficacia extraordinaria para unir a los hombres, no sólo en lo concerniente a la eterna salvación de éstos, sino también en todo lo relativo a su felicidad temporal, pues la Iglesia sabe llevar a los hombres a través de los bienes temporales de tal manera que no pierdan los bienes eternos. La historia demuestra que los pueblos bárbaros de la antigua Europa, desde que empezaron a recibir el penetrante influjo del espíritu de la Iglesia, fueron apagando poco a poco las múltiples y profundas diferencias y discordias que los dividían, y, constituyendo, finalmente, una única sociedad; dieron origen a la Europa cristiana, la cual, bajo la guía segura de la Iglesia, respetó y conservó las características propias de cada nación y logró establecer, sin embargo, una unidad creadora de una gloriosa prosperidad. Con toda razón dice San Agustín: «Esta ciudad celestial, mientras camina por este mundo, llama a su seno a ciudadanos de todos los pueblos, y con todas las lenguas reúne una sociedad peregrinante, sin preocuparse por las diversidades de las leyes, costumbres e instituciones que sirven para lograr y conservar la paz terrena, y sin anular o destruir, antes bien, respetando y conservando todas las diferencias nacionales que están ordenadas al mismo fin de la paz terrena, con tal que no constituyan un impedimento para el ejercicio de la religión que ordena adorar a Dios como a supremo y verdadero Señor» [6]. El mismo santo Doctor apostrofa a la Iglesia con estas palabra: «Tú unes a los ciudadanos, a los pueblos y a los hombres con el recuerdo de unos primeros padres comunes, no sólo con el vínculo de la unión social, sino también con el lazo del parentesco fraterno» [7].

EXHORTACIÓN FINAL Y BENDICIÓN APOSTÓLICA
15. Por lo cual, volviendo al punto de partida de esta nuestra carta, exhortamos en primer lugar, con afecto de Padre, a todos nuestros hijos y les conjuramos, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, para que se decidan a olvidar voluntariamente toda rivalidad y toda injuria recíproca y a unirse con el estrecho vínculo de la caridad cristiana, para la cual no hay nadie extranjero. En segundo lugar exhortamos encarecidamente a todas las naciones para que, bajo el influjo de la benevolencia cristiana, establezcan entre sí una paz verdadera, constituyendo una alianza que, bajo los auspicios de la justicia, sea duradera. Por último, hacemos un llamamiento a todos los hombres y a todas las naciones para que de alma y corazón se unan a la Iglesia católica, y por medio de ésta a Cristo, Redentor del género humano; de esta manera, con toda verdad podremos dirigirles las palabras de San Pablo a los Efesios: «Ahora, por Cristo Jesús, los que en un tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre de Cristo; pues El es nuestra paz, que hizo de los dos pueblos uno, derribando el muro de la separación... dando muerte en sí mismo a la enemistad. Y viniendo nos anunció la paz a los de lejos y la paz a los de cerca» (Ef 2,13ss). Igualmente oportunas son las palabras que el mismo Apóstol dirige a los Colosenses: «No os engañéis unos a otros; despojaos del hombre viejo con todas sus obras y vestíos del nuevo, que sin cesar se renueva para lograr el perfecto conocimiento según la imagen de su Creador, en quien no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, porque Cristo lo es todo en todos» (Col 3,9-11).

16. Entre tanto, confiados en el patrocinio de la Inmaculada Virgen María, que hace poco hemos ordenado fuese invocada universalmente como Reina de la Paz, y en el de los tres nuevos santos [8] que hemos canonizado recientemente, suplicamos con humildad al Espíritu consolador que «conceda propicio a la Iglesia el don de la unidad y de la paz» [9] y renueve la faz de la tierra con una nueva efusión de su amor para la común salvación de todos.

Como auspicio de este don celestial, y como prenda de nuestra paterna benevolencia, con todo el corazón damos a vosotros, venerables hermanos, al clero y a vuestro pueblo la bendición apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 23 de mayo, fiesta de Pentecostés de 1920, año sexto de nuestro pontificado. BENEDICTO  PP. XV.
  
NOTAS
[1] San Agustín, La ciudad de Dios, libro XIX, cap. 11.
[2] San Agustín, De las costumbres de la Iglesia Católica I, cap. 30.
[3] Carta apostólica Diúturni Luctuosíssimique, 15 de julio de 1919 (AAS 11 [1919], págs. 305-306).
[4] Epístola Amor ille singuláris, 7 de octubre de 1919 (AAS 11 [1919], págs. 412-414).
[5] Encíclica Ad beatíssimi Apostolórum Príncipis cáthedram, 1 de noviembre de 1914 (AAS 6 [1914], pág. 580).
[6] San Agustín, La ciudad de Dios, libro XIX, cap. 17.
[7] San Agusín, De las costumbres de la Iglesia Católica I, cap. 30.
[8] San Gabriel de la Dolorosa, Santa Margarita María Alacoque y Santa Juana de Arco. 
[9] Secreta de la misa de la fiesta del Corpus Christi.

MISA PARA PEDIR LA LLUVIA

En el Rito Romano no existe un formulario de Misa para pedir lluvia, sino que bajo el título Oratiónes divérsas en la sección de Misas Votivas están registradas la Colecta, Secreta y Poscomunión Ad peténdam plúviam (procedentes del Sacramentario Gelasiano), que se dicen al final de las correspondientes al día siempre que lo permitan las rúbricas, o si se ordena Misa solemne por alguna necesidad, se adicionan bajo única conclusión a las correspondientes en la Misa pro quacúmque necessitáte, como determinó la Sagrada Congregación de Ritos en el Decreto del 25 de Febrero de 1884, respónsa ad dúbia IV. En el Misal Bracarense, hay una Misa ad poscéndam plúviam con lecciones propias, que traemos a continuación.

Missa ad poscéndam plúviam
  
Introitus. Ps. 73, 20, 19, 22 et 23. Réspice, Dómine, in testaméntum tuum, et ánimas páuperum tuórum ne derelínquas in finem: exsúrge, Dómine, et júdica causam tuam: et ne obliviscáris voces quæréntium te. Ps. ibid., 1. Ut quid, Deus. repulísti nos in finem: irátus est furor tuus super oves páscuæ tuæ? ℣. Glória Patri.

ORATIO
Deus, in quo vívimus, movémur et sumus: plúviam nobis tríbue congruéntem; ut, præséntibus subsídiis sufficiénter adjúti, sempitérna fiduciálius appetámus. Per Dóminum.

Léctio libri Levítici. 
Lev. 26, 3-12.
  
In diébus illis: Dixit Dóminus ad Móysen: Lóquere fíliis Ísraël: Si in præcéptis meis ambulavéritis, et mandáta mea custodiéritis, et fecéritis ea, dabo vobis plúvias tempóribus suis, et terra gignet germen suum, et pomis árbores replebúntur. Apprehéndet méssium tritúra vindémiam, et vindémia occupábit seméntem: et comedétis panem vestrum in saturitáte, et ábsque pavóre habitábitis in terra vestra. Dabo pacem in fínibus vestris: dormiétis, et non erit qui extérreat. Áuferam malas béstias: et gládius non transíbit términos vestros. Persequémini inimícos vestros, et córruent coram vobis: persequéntur quínque de vestris centum aliénos, et centum ex vobis decem míllia: cadent inimíci vestri gládio in conspéctu vestro. Respíciam vos, et créscere fáciam: multiplicabímini, et firmábo pactum meum vobíscum. Comedétis vetustíssima véterum, et vétera novis superveniéntibus projiciétis. Ponam tabernáculum meum in médio vestri: et non abjíciet vos ánima mea. Ambulábo inter vos, et ero Deus vester, vosque éritis pópulus meus, dicit Dóminus omnípotens.
  
Graduale. Ps. 89, 13 et 1. Convértere, Dómine, aliquántulum, et deprecáre super servos tuos.
℣. Dómine, refúgium factus es nobis a generatióne et progénie.
  
Allelúja, allelúja. ℣. Ps. 129, 1. De profúndis clamávi ad te, Dómine: Dómine, exáudi vocem meam. Allelúja.

Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Jac. 5, 17-18. Elías homo erat similis nobis passibilis: et oratióne orávit ut plúeret super terram.
℣. Et cœlum dedit plúviam, et terra dedit fructum suum.

Tempore Paschali omittitur Graduale, et, ejus loco, dicitur:
Allelúja, allelúja.
℣. Matth. 28, 2. Ángelus Dómini descéndit de cœlo: et accédens revólvit lápidem, et sedébat super eum. Allelúja.
℣. Ps. 129, 1. De profúndis clamávi ad te, Dómine: Dómine, exáudi vocem meam. Allelúja.

✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum.
Marc. 8, 1-9.
  
In illo témpore: Cum turba multa esset cum Jesu, nec habérent quod manducárent, convocátis discípulis, ait illis: Miséreor super turbam: quía ecce jam triduo sustinent me, nec habent quod mandúcent: et, si dimísero eos jejúnos in domum suam, defícient in via: quídam enim ex eis de longe venérunt. Et respondérunt ei discípuli sui: Unde illos quis póterit hic saturáre pánibus in solitúdine? Et interrogávit eos: Quot panes habétis? Qui dixérunt: Septem. Et præcépit turbæ discúmbere super terram. Et accípiens septem panes, grátias agens fregit, et dabat discípulis suis, ut appónerent, et apposuérunt turbæ. Et habébant piscículos páucos: et ipsos benedíxit, et jussit appóni. Et manducavérunt, et saturáti sunt, et sustulérunt quod superáverat de fragméntis, septem sportas. Erant áutem qui manducáverant, quási quátuor míllia: et dimísit eos.
 
Offertorium. Sicut in holocáustum aríetum et taurórum et sicut in míllibus agnórum pínguium, sic fiat sacrifícium nostrum in conspéctu tuo hódie, ut pláceat tibi: quia non est confúsio confidéntibus in te, Dómine.

SECRETA
Oblátis, quǽsumus, Dómine, placáre munéribus: et opportúnum nobis tríbue plúviæ sufficiéntis auxílium. Per Dóminum.
  
Communio. Luc. 11, 9-10. Pétite, et accipiétis: quǽrite, et inveniétis: pulsáte, et aperiétur vobis: omnis enim qui petit, áccipit: et quǽrit, ínvenit: et pulsánti aperiétur.

POSTCOMMUNIO
Da nobis, quǽsumus, Dómine, plúviam salutárem: et áridam terræ fáciem fluéntis cœléstibus dignánter infúnde. Per Dóminum.

martes, 22 de septiembre de 2026

CUARESMA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL – DÍA ÚLTIMO

Compuesta por el Rev. P. Dr. D. Pedro Ramírez del Castillo, Cura propio del Sagrario Metropolitano y de la Iglesia Parroquial del San Miguel Arcángel en Pachuca, publicada por los Herederos de la Viuda de Francisco Rodríguez Lupercio, en 1717; reimpresa en Puebla de los Ángeles por la Imprenta de la Viuda de Miguel de Ortega y Bonilla en 1754.
   
ADVERTENCIAS
Esta Cuaresma del Santo Arcángel empieza el 14 de agosto, que es la víspera de la Asunción de Nuestra Señora, y se termina en la víspera de la Fiesta de San Miguel, inclusivamente hay cuarenta y seis días, para esto, se evitará hacer la penitencia o ayuno seis domingos, para que den 40 días de ayuno y oración.
   
CUARESMA EN HONRA DEL PRÍNCIPE SANTÍSIMO Y PODEROSÍSIMO SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PATRONO DE LA UNIVERSAL IGLESIA, DEFENSOR AMATÍSIMO DE LAS ALMAS Y ABOGADO ESPECIALÍSIMO PARA ALCANZAR LA SALVACIÓN
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA
Gloriosísimo Miguel, príncipe de los ejércitos celestiales, refugio de las almas, destructor de los espíritus malignos, ciudadano de Dios, capitán admirable después de Cristo, de gran excelencia y virtud; líbranos a todos los que a ti clamamos de toda adversidad y haz con tu precioso oficio y dignísima intercesión, que aprovechemos en el servicio del Señor. Amén.
   
DÍA CUADRAGÉSIMO
ALABANZAS
Príncipe gloriosísimo San Miguel Arcángel,
Tú humildemente suplicas al Trono de la Santísima Trinidad por la conversión de los pecadores,
Tú dulcemente ruegas a la Santísima Virgen en las aflicciones de los cristianos,
Tú eres ante quien, después de la última hora de esta vida, hemos de comparecer primeramente para que no se nos haga notorio el decreto y sentencia divina.
   
Ahora se dice lo siguiente, que es para todos los días:
℣. Ruega por nosotros a la Divina Majestad, ¡oh Santísimo Miguel!, Príncipe de la Iglesia.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que por tu suma clemencia destinaste para la salud de los hombres al gloriosísimo príncipe de tu Iglesia San Miguel Arcángel, concédenos, que, por su intercesión y eficaz auxilio, merezcamos ahora ser defendidos de todos nuestros enemigos, y en la hora de nuestra muerte, seamos libres y presentados benignamente ante el trono de su majestad excelsa. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Soberano Arcángel! ¡Oh Excelentísimo Príncipe de la Corte Celestial! ¿Quién no os será muy devoto? ¿Quién no os servirá con gran cuidado, si de esta manera pagáis los servicios que se os hacen? Mas, para que yo os ame, basta saber el amor que nos tenéis, a que no puedo corresponder con igual amor; para que os sirva no es necesario prometerme nuevos favores, con los pasados me tenéis más obligado de lo que jamás podré pagar ni reconocer, pero ya que no puedo con obras responder a tantas mercedes, recibid palabra y afectos. Gracias os doy, ¡oh excelso y sublime espíritu!, porque defendisteis la honra y gloria de mi Señor Jesucristo y por todos los servicios, que en toda la vida le hicisteis a Él y a su Santísima Madre. Gracias os doy por el Ángel que habéis destinado para mi guarda y por los otros beneficios generales y particulares que Vos mismo, o por medio de vuestros Ángeles me habéis hecho, los cuales no conozco bastante en esta vida, ni los puedo debidamente agradecer, y por eso pido y suplico al Ángel de mi guarda, que en mi nombre os los agradezca, y juntamente los que habéis hecho a toda la naturaleza humana y principalmente a la Santa Iglesia de que soy miembro. Gózome de todos los privilegios, gracias y prerrogativas, dignidades y dones naturales y sobrenaturales con que el Señor os ha honrado y enriquecido, y doy al Señor eternas gracias por ellos, porque así quiso exaltaros y haceros su privado y favorecido entre todos los Ángeles; defendedme, ¡oh valerosísimo capitán de los celestiales ejércitos!, enviad en mi socorro a vuestros soldados, para que me defiendan de Satanás y sus Ángeles y no me rinda a sus embates y tentaciones. Mandad a vuestros Ángeles que me guíen para que no ande errado, que me alumbre para que no camine ciego y que pongan sus manos para que no tropiecen mis pies en el camino peligroso de esta vida; asistid con vuestros Ángeles a mi muerte y alcanzadme del Señor, contrición verdadera de mis culpas, para que, presentada mi alma en vuestro tribunal, merezca ser llevada en vuestras manos ante el trono de la Santísima Trinidad y entrar en la posesión de la gloria donde alabe al Señor para siempre y os dé perpetuas gracias, por haber conseguido, con vuestra intervención, la eterna bienaventuranza. Amén.

GOZOS EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
  
Pues lleváis la voz de Dios
Como el ministro más fiel,
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
  
Sois el Príncipe Miguel,
Que cual valiente adalid
Venciste en gloriosa lid
Al arrogante Luzbel:
Y pues triunfaste de él
Con sólo el nombre de Dios:
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el ministro más fiel,
Protector del Cristianismo,
Que os encargó el Altísimo
Que cuidáseis siempre de él:
Y del mundo y de Luzbel
Le defendéis con tu voz:
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois celoso defensor,
De la Iglesia fiel custodio,
Defendiéndola del odio
Del demonio engañador,
Y pues todo ese valor
Debéis al nombre de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
  
Sois especial enemigo
De todo error y herejía,
Pues ni de noche ni de día
Jamás podrá hallar abrigo,
Y pues Dios le vence contigo
Y vos con la voz de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois de la fe el oráculo,
La que nunca podrá caer,
Por más que haga Lucifer
Desde su último habitáculo;
Y pues es débil obstáculo
Para no seguir tu voz.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois abogado piadoso
De todas las almas fieles,
Proveyéndolas de bienes
Ante el Juez justo y celoso,
Y pues que sois tan poderoso
Como lo es también tu voz.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el Ángel enviado
A Juan Evangelista, siervo de Dios,
Para darle vos, la Voz
De profeta que ha anunciado:
«Y pues bienaventurado
El que oye la voz de Dios».
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el Príncipe armado
Con las armas de la Cruz,
Armas de Cristo Jesús,
Con las que nos han signado,
Y con ellas siempre has triunfado
A honor y gloria de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Al fin que sois compañero
De las otras seis lumbreras
Que arden en sus esferas,
Y sois de ellas el primero,
Que del Dios verdadero
Es el trono que nos dais vos.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Pues lleváis la voz de Dios
Como el ministro más fiel,
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
    
Antífona: Príncipe gloriosísimo San Miguel Arcángel, acuérdate de nosotros, y aquí y en cualquier parte ruega por nosotros al Hijo de Dios.
℣. En presencia de los Ángeles te alabaré, Dios mío.
℟. Te adoraré en tu santo Templo, y confesaré tu santo Nombre.
    
ORACIÓN
Oh Dios, que con admirable orden dispones los ministerios de los Ángeles y de los hombres, concédenos benigno que nos amparen en la tierra mientras vivimos aquellos que nunca cesan de servirte oficiosos en el Cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

lunes, 21 de septiembre de 2026

¿EL OTOÑO DEL PATRIARCA SIROCATÓLICO?


Moran Mar Ignacio José III Jonás de Antioquía de los Sirocatólicos podría ser el primer patriarca uniato en ser depuesto en aplicación del motu próprio “Mútua Concórdia” del 29 de Agosto, público 

Según escribió el vaticanista italiano Nico Spuntoni en i, el proceso de remoción fue invocado el 4 de Septiembre por el obispo elector de más antigüedad de esta iglesia (aunque no reveló nombres, se sabe que el obispo sirocatólico más antiguo con voz y voto en aplicación del motu próprio “Jam pridem” –el “Ingravescéntem Ætátem” oriental–es el archieparca de Alepo Mar Dionisio Antonio Chahda, consagrado el 16 de Diciembre de 2001 en remplazo de Mar Dionisio Rabula Antonio Beylouni), acusándolo de no convocar al sínodo en los últimos tres años.

Chahda hizo convocar a los obispos para finales de Septiembre o comienzos de Octubre.

En un comunicado (traducido a continuación), Jonás respondió a las acusaciones diciendo que inicialmente convocó al Sínodo para Noviembre de 2024, pero que con acuerdo de los obispos fue pospuesto a Julio de 2025 debido a la guerra en el Líbano (y se celebró en Roma); y el 23 de Julio de 2026 (36 días antes de promulgarse “Mútua Concórdia, el Sínodo Permanente acordó convocar un Sínodo General Ordinario en la segunda quincena de Noviembre), extendiéndose por su parte una invitación a los Padres Sinodales el 2 de septiembre para convocar un Sínodo del 17 al 20 de Noviembre:
   

TRADUCCIÓN
PATRIARCADO SIROCATÓLICO DE ANTIOQUÍA

Aclaración que refuta las acusaciones, mentiras y calumnias dirigidas contra el Patriarcado.
    
El Patriarcado Sirocatólico de Antioquía desea aclarar que los datos y la información precisos y correctos sobre Su Beatitud el Patriarca y la Sede Patriarcal se obtienen exclusivamente de este sitio web y de esta página oficial del Patriarcado, y de ningún otro.
    
Por lo tanto, el Patriarcado refuta lo que se ha publicado y lo que pueda publicarse en términos de escritos, declaraciones, afirmaciones, invenciones y mentiras que confunden a la opinión pública y distorsionan los hechos que son tan claros como el sol al mediodía.
    
El Patriarcado, si bien por el momento se abstiene de responder a estas acusaciones, calumnias, mentiras y abusos verbales obscenos, se reserva el derecho de responder y tomar medidas en el momento oportuno contra quienes los promuevan y difundan.
    
Respecto a la afirmación de que Su Beatitud el Patriarca no convocó un Sínodo en los últimos tres años, esto carece totalmente de fundamento. Su Beatitud sí convocó un Sínodo para Noviembre de 2024, pero posteriormente se acordó con los Padres posponerlo hasta Julio de 2025 debido a la guerra en el Líbano, fecha en la que se celebró un Sínodo en Roma. En la reunión del Sínodo Permanente celebrada el 23 de Julio de 2026 (antes de la publicación de la Carta Apostólica de Su Santidad el Papa León XIV el 29 de Agosto), los Padres acordaron convocar un Sínodo General Ordinario en la segunda quincena de noviembre. En consecuencia, Su Beatitud extendió una invitación a los Padres el 2 de Septiembre para convocar un Sínodo del 17 al 20 de Noviembre de 2026. Por lo tanto, esta aclaración era necesaria.
  
Beirut, 17 de Septiembre de 2026.

[Fdo.]
[Sell.] Secretaría del Patriarcado Sirocatólico de Antioquía
   
_______________________________________
Sede permanente: Calle de Damasco - Museo, Código postal 116-5087, 1106-2010 Beirut, Líbano • Tel.: +961 1 615 892 - 615 894 • Fax: +961 1 616 573
Residencia de verano: Monasterio de Charfé, Darun-Harissa, Líbano • Tel. +961 9 263 040 • Fax: +961 9 263 966
Correo electrónico: info@syr-cath.org • Sitio web: www.syr-cath.org

Como sea, el panorama está abierto: Si Jonás logra persuadir a los demás obispos para que se reúnan en Noviembre, quedará por ver cómo organizar el gobierno eclesiástico. Pero de prosperar la convocatoria de Chahda, deberá reunir ⅔ de la votación para remover a Jonás, pero la decisión final está en manos del Vaticano.
  
La Iglesia Sirocatólica de Antioquía cuenta actualmente con 160.000 fieles, la mayoría en Siria, Irak y Líbano. En Estados Unidos viven alrededor de 16.000 siro-católicos, atendidos por 11 parroquias de la Eparquía de Nuestra Señora de la Liberación, dependiente directamente del Patriarcado de Antioquía de los Sirocatólicos.

CUARESMA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL – DÍA TRIGESIMONOVENO

Compuesta por el Rev. P. Dr. D. Pedro Ramírez del Castillo, Cura propio del Sagrario Metropolitano y de la Iglesia Parroquial del San Miguel Arcángel en Pachuca, publicada por los Herederos de la Viuda de Francisco Rodríguez Lupercio, en 1717; reimpresa en Puebla de los Ángeles por la Imprenta de la Viuda de Miguel de Ortega y Bonilla en 1754.
   
ADVERTENCIAS
Esta Cuaresma del Santo Arcángel empieza el 14 de agosto, que es la víspera de la Asunción de Nuestra Señora, y se termina en la víspera de la Fiesta de San Miguel, inclusivamente hay cuarenta y seis días, para esto, se evitará hacer la penitencia o ayuno seis domingos, para que den 40 días de ayuno y oración.
   
CUARESMA EN HONRA DEL PRÍNCIPE SANTÍSIMO Y PODEROSÍSIMO SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PATRONO DE LA UNIVERSAL IGLESIA, DEFENSOR AMATÍSIMO DE LAS ALMAS Y ABOGADO ESPECIALÍSIMO PARA ALCANZAR LA SALVACIÓN
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA
Gloriosísimo Miguel, príncipe de los ejércitos celestiales, refugio de las almas, destructor de los espíritus malignos, ciudadano de Dios, capitán admirable después de Cristo, de gran excelencia y virtud; líbranos a todos los que a ti clamamos de toda adversidad y haz con tu precioso oficio y dignísima intercesión, que aprovechemos en el servicio del Señor. Amén.
   
DÍA TRIGÉSIMONOVENO
ALABANZAS
Príncipe gloriosísimo San Miguel Arcángel,
Tú eres por quien el Seráfico San Francisco fue señalado con las cinco Llagas,
Tú eres quien con gran libertad y confianza pide sinceramente por sus devotos a la Majestad suprema del cielo y tierra,
Tú eres quien intercede con Cristo nuestro Señor en los peligros de los pecadores.
   
Ahora se dice lo siguiente, que es para todos los días:
℣. Ruega por nosotros a la Divina Majestad, ¡oh Santísimo Miguel!, Príncipe de la Iglesia.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que por tu suma clemencia destinaste para la salud de los hombres al gloriosísimo príncipe de tu Iglesia San Miguel Arcángel, concédenos, que, por su intercesión y eficaz auxilio, merezcamos ahora ser defendidos de todos nuestros enemigos, y en la hora de nuestra muerte, seamos libres y presentados benignamente ante el trono de su majestad excelsa. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Soberano Arcángel! ¡Oh Excelentísimo Príncipe de la Corte Celestial! ¿Quién no os será muy devoto? ¿Quién no os servirá con gran cuidado, si de esta manera pagáis los servicios que se os hacen? Mas, para que yo os ame, basta saber el amor que nos tenéis, a que no puedo corresponder con igual amor; para que os sirva no es necesario prometerme nuevos favores, con los pasados me tenéis más obligado de lo que jamás podré pagar ni reconocer, pero ya que no puedo con obras responder a tantas mercedes, recibid palabra y afectos. Gracias os doy, ¡oh excelso y sublime espíritu!, porque defendisteis la honra y gloria de mi Señor Jesucristo y por todos los servicios, que en toda la vida le hicisteis a Él y a su Santísima Madre. Gracias os doy por el Ángel que habéis destinado para mi guarda y por los otros beneficios generales y particulares que Vos mismo, o por medio de vuestros Ángeles me habéis hecho, los cuales no conozco bastante en esta vida, ni los puedo debidamente agradecer, y por eso pido y suplico al Ángel de mi guarda, que en mi nombre os los agradezca, y juntamente los que habéis hecho a toda la naturaleza humana y principalmente a la Santa Iglesia de que soy miembro. Gózome de todos los privilegios, gracias y prerrogativas, dignidades y dones naturales y sobrenaturales con que el Señor os ha honrado y enriquecido, y doy al Señor eternas gracias por ellos, porque así quiso exaltaros y haceros su privado y favorecido entre todos los Ángeles; defendedme, ¡oh valerosísimo capitán de los celestiales ejércitos!, enviad en mi socorro a vuestros soldados, para que me defiendan de Satanás y sus Ángeles y no me rinda a sus embates y tentaciones. Mandad a vuestros Ángeles que me guíen para que no ande errado, que me alumbre para que no camine ciego y que pongan sus manos para que no tropiecen mis pies en el camino peligroso de esta vida; asistid con vuestros Ángeles a mi muerte y alcanzadme del Señor, contrición verdadera de mis culpas, para que, presentada mi alma en vuestro tribunal, merezca ser llevada en vuestras manos ante el trono de la Santísima Trinidad y entrar en la posesión de la gloria donde alabe al Señor para siempre y os dé perpetuas gracias, por haber conseguido, con vuestra intervención, la eterna bienaventuranza. Amén.

GOZOS EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
  
Pues lleváis la voz de Dios
Como el ministro más fiel,
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
  
Sois el Príncipe Miguel,
Que cual valiente adalid
Venciste en gloriosa lid
Al arrogante Luzbel:
Y pues triunfaste de él
Con sólo el nombre de Dios:
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el ministro más fiel,
Protector del Cristianismo,
Que os encargó el Altísimo
Que cuidáseis siempre de él:
Y del mundo y de Luzbel
Le defendéis con tu voz:
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois celoso defensor,
De la Iglesia fiel custodio,
Defendiéndola del odio
Del demonio engañador,
Y pues todo ese valor
Debéis al nombre de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
  
Sois especial enemigo
De todo error y herejía,
Pues ni de noche ni de día
Jamás podrá hallar abrigo,
Y pues Dios le vence contigo
Y vos con la voz de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois de la fe el oráculo,
La que nunca podrá caer,
Por más que haga Lucifer
Desde su último habitáculo;
Y pues es débil obstáculo
Para no seguir tu voz.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois abogado piadoso
De todas las almas fieles,
Proveyéndolas de bienes
Ante el Juez justo y celoso,
Y pues que sois tan poderoso
Como lo es también tu voz.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el Ángel enviado
A Juan Evangelista, siervo de Dios,
Para darle vos, la Voz
De profeta que ha anunciado:
«Y pues bienaventurado
El que oye la voz de Dios».
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el Príncipe armado
Con las armas de la Cruz,
Armas de Cristo Jesús,
Con las que nos han signado,
Y con ellas siempre has triunfado
A honor y gloria de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Al fin que sois compañero
De las otras seis lumbreras
Que arden en sus esferas,
Y sois de ellas el primero,
Que del Dios verdadero
Es el trono que nos dais vos.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Pues lleváis la voz de Dios
Como el ministro más fiel,
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
    
Antífona: Príncipe gloriosísimo San Miguel Arcángel, acuérdate de nosotros, y aquí y en cualquier parte ruega por nosotros al Hijo de Dios.
℣. En presencia de los Ángeles te alabaré, Dios mío.
℟. Te adoraré en tu santo Templo, y confesaré tu santo Nombre.
    
ORACIÓN
Oh Dios, que con admirable orden dispones los ministerios de los Ángeles y de los hombres, concédenos benigno que nos amparen en la tierra mientras vivimos aquellos que nunca cesan de servirte oficiosos en el Cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

domingo, 20 de septiembre de 2026

CUARESMA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL – DÍA TRIGESIMOCTAVO

Compuesta por el Rev. P. Dr. D. Pedro Ramírez del Castillo, Cura propio del Sagrario Metropolitano y de la Iglesia Parroquial del San Miguel Arcángel en Pachuca, publicada por los Herederos de la Viuda de Francisco Rodríguez Lupercio, en 1717; reimpresa en Puebla de los Ángeles por la Imprenta de la Viuda de Miguel de Ortega y Bonilla en 1754.
   
ADVERTENCIAS
Esta Cuaresma del Santo Arcángel empieza el 14 de agosto, que es la víspera de la Asunción de Nuestra Señora, y se termina en la víspera de la Fiesta de San Miguel, inclusivamente hay cuarenta y seis días, para esto, se evitará hacer la penitencia o ayuno seis domingos, para que den 40 días de ayuno y oración.
   
CUARESMA EN HONRA DEL PRÍNCIPE SANTÍSIMO Y PODEROSÍSIMO SAN MIGUEL ARCÁNGEL, PATRONO DE LA UNIVERSAL IGLESIA, DEFENSOR AMATÍSIMO DE LAS ALMAS Y ABOGADO ESPECIALÍSIMO PARA ALCANZAR LA SALVACIÓN
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN PREPARATORIA
Gloriosísimo Miguel, príncipe de los ejércitos celestiales, refugio de las almas, destructor de los espíritus malignos, ciudadano de Dios, capitán admirable después de Cristo, de gran excelencia y virtud; líbranos a todos los que a ti clamamos de toda adversidad y haz con tu precioso oficio y dignísima intercesión, que aprovechemos en el servicio del Señor. Amén.
   
DÍA TRIGÉSIMOCTAVO
ALABANZAS
Príncipe gloriosísimo San Miguel Arcángel,
Tú revelaste a San Juan Evangelista los divinos misterios en la Isla de Patmos,
Tú amonestaste a San Felipe Apóstol de la conversión del etíope,
Tú le llevaste a la ciudad de Azoto.
   
Ahora se dice lo siguiente, que es para todos los días:
℣. Ruega por nosotros a la Divina Majestad, ¡oh Santísimo Miguel!, Príncipe de la Iglesia.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, que por tu suma clemencia destinaste para la salud de los hombres al gloriosísimo príncipe de tu Iglesia San Miguel Arcángel, concédenos, que, por su intercesión y eficaz auxilio, merezcamos ahora ser defendidos de todos nuestros enemigos, y en la hora de nuestra muerte, seamos libres y presentados benignamente ante el trono de su majestad excelsa. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh Soberano Arcángel! ¡Oh Excelentísimo Príncipe de la Corte Celestial! ¿Quién no os será muy devoto? ¿Quién no os servirá con gran cuidado, si de esta manera pagáis los servicios que se os hacen? Mas, para que yo os ame, basta saber el amor que nos tenéis, a que no puedo corresponder con igual amor; para que os sirva no es necesario prometerme nuevos favores, con los pasados me tenéis más obligado de lo que jamás podré pagar ni reconocer, pero ya que no puedo con obras responder a tantas mercedes, recibid palabra y afectos. Gracias os doy, ¡oh excelso y sublime espíritu!, porque defendisteis la honra y gloria de mi Señor Jesucristo y por todos los servicios, que en toda la vida le hicisteis a Él y a su Santísima Madre. Gracias os doy por el Ángel que habéis destinado para mi guarda y por los otros beneficios generales y particulares que Vos mismo, o por medio de vuestros Ángeles me habéis hecho, los cuales no conozco bastante en esta vida, ni los puedo debidamente agradecer, y por eso pido y suplico al Ángel de mi guarda, que en mi nombre os los agradezca, y juntamente los que habéis hecho a toda la naturaleza humana y principalmente a la Santa Iglesia de que soy miembro. Gózome de todos los privilegios, gracias y prerrogativas, dignidades y dones naturales y sobrenaturales con que el Señor os ha honrado y enriquecido, y doy al Señor eternas gracias por ellos, porque así quiso exaltaros y haceros su privado y favorecido entre todos los Ángeles; defendedme, ¡oh valerosísimo capitán de los celestiales ejércitos!, enviad en mi socorro a vuestros soldados, para que me defiendan de Satanás y sus Ángeles y no me rinda a sus embates y tentaciones. Mandad a vuestros Ángeles que me guíen para que no ande errado, que me alumbre para que no camine ciego y que pongan sus manos para que no tropiecen mis pies en el camino peligroso de esta vida; asistid con vuestros Ángeles a mi muerte y alcanzadme del Señor, contrición verdadera de mis culpas, para que, presentada mi alma en vuestro tribunal, merezca ser llevada en vuestras manos ante el trono de la Santísima Trinidad y entrar en la posesión de la gloria donde alabe al Señor para siempre y os dé perpetuas gracias, por haber conseguido, con vuestra intervención, la eterna bienaventuranza. Amén.

GOZOS EN HONOR A SAN MIGUEL ARCÁNGEL
  
Pues lleváis la voz de Dios
Como el ministro más fiel,
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
  
Sois el Príncipe Miguel,
Que cual valiente adalid
Venciste en gloriosa lid
Al arrogante Luzbel:
Y pues triunfaste de él
Con sólo el nombre de Dios:
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el ministro más fiel,
Protector del Cristianismo,
Que os encargó el Altísimo
Que cuidáseis siempre de él:
Y del mundo y de Luzbel
Le defendéis con tu voz:
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois celoso defensor,
De la Iglesia fiel custodio,
Defendiéndola del odio
Del demonio engañador,
Y pues todo ese valor
Debéis al nombre de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
  
Sois especial enemigo
De todo error y herejía,
Pues ni de noche ni de día
Jamás podrá hallar abrigo,
Y pues Dios le vence contigo
Y vos con la voz de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois de la fe el oráculo,
La que nunca podrá caer,
Por más que haga Lucifer
Desde su último habitáculo;
Y pues es débil obstáculo
Para no seguir tu voz.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois abogado piadoso
De todas las almas fieles,
Proveyéndolas de bienes
Ante el Juez justo y celoso,
Y pues que sois tan poderoso
Como lo es también tu voz.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el Ángel enviado
A Juan Evangelista, siervo de Dios,
Para darle vos, la Voz
De profeta que ha anunciado:
«Y pues bienaventurado
El que oye la voz de Dios».
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Sois el Príncipe armado
Con las armas de la Cruz,
Armas de Cristo Jesús,
Con las que nos han signado,
Y con ellas siempre has triunfado
A honor y gloria de Dios.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Al fin que sois compañero
De las otras seis lumbreras
Que arden en sus esferas,
Y sois de ellas el primero,
Que del Dios verdadero
Es el trono que nos dais vos.
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
 
Pues lleváis la voz de Dios
Como el ministro más fiel,
Tu voz seguimos, Miguel,
Diciendo «¿Quién como Dios?».
    
Antífona: Príncipe gloriosísimo San Miguel Arcángel, acuérdate de nosotros, y aquí y en cualquier parte ruega por nosotros al Hijo de Dios.
℣. En presencia de los Ángeles te alabaré, Dios mío.
℟. Te adoraré en tu santo Templo, y confesaré tu santo Nombre.
    
ORACIÓN
Oh Dios, que con admirable orden dispones los ministerios de los Ángeles y de los hombres, concédenos benigno que nos amparen en la tierra mientras vivimos aquellos que nunca cesan de servirte oficiosos en el Cielo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

sábado, 19 de septiembre de 2026

PATRIARCA DE VENECIA DEFENDIENDO CONSTRUCCIÓN DE MEZQUITA


Una asociación musulmana vinculada a la comunidad local de Bangladés compró un antiguo aserradero en la Via Giustizia de la localidad veneciana de Mestre por 1,5 millones de euros para construir un centro islámico. Sin embargo, el sitio requeriría un cambio municipal de uso.
 
El alcalde de Venecia, Simone Venturini, dice que las condiciones para la aprobación no se cumplen actualmente, citando preocupaciones de planificación e integración.
  
El presidente de la asociación “Giovani per l’umanità”, Prince Howlader, amenazó con una huelga a finales de agosto. Afirmó que los trabajadores bangladesíes podrían perturbar el turismo, los hoteles y los restaurantes.
  
Sin embargo, los trabajadores y los sindicatos mostraron un apoyo limitado, y la protesta se puso en espera para las conversaciones.

Ya en 2017, habían amenazado con otra huelga, esta vez por el cierre de la mezquita en la vía Fogazzaro por la administración de Luigi Brugnaro (en la cual Venturini era asesor). Esta vez, consiguieron un lugar temporal en el antiguo centro de eventos PalaPlip en Carpenedo.

En una entrevista al canal Antena 3 el 15 de septiembre, el patriarca de Venecia Francesco Moraglia Cazzaniga expresó su apoyo a que los musulmanes tengan un lugar de culto: «Si una religión respeta la dignidad humana y a los más vulnerables, entonces tiene derecho a tener un lugar de culto».

  
De seguir esa lógica, entonces NO TIENEN ESE DERECHO. Basta mirar Arabia Saudita como ejemplo.

DEL ABUSO DE EXHIBIR BANDERAS NO RELIGIOSAS EN EL PRESBITERIO

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
La bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano NO es propiamente una bandera religiosa, ya que representa no una religión sino una entidad gubernamental.
El derecho canónico general prohíbe las banderas no religiosas en el presbiterio.
Este principio se violó con frecuencia en lugares como Estados Unidos y Francia.
  
«Estimados padres de TRADITIO: ¿Acaso las iglesias, capillas y oratorios católicos tradicionales izan la bandera del Vaticano en sus presbiterios? ¿No sería eso una hipocresía mayúscula? ¿Está siquiera permitida la presencia de banderas en el presbiterio?».

RESPUESTA DE LOS PADRES DE TRADITIO: Como norma general desde hace siglos, solo se permiten banderas religiosas en las iglesias católicas. La bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano no es propiamente una bandera religiosa, ya que no representa una religión, sino una entidad gubernamental: el Estado de la Ciudad del Vaticano, constituido más recientemente en 1929 mediante el Pacto de Letrán entre Pío XI y el dictador italiano Benito Mussolini.
   
En ciertas zonas, como en el territorio misionero de los Estados Unidos de América, se toleraba localmente la violación de la ley general, que a menudo incluía la exhibición de la bandera nacional en el presbiterio. Estas prácticas siempre causaban escándalo, pues no hay razón para exhibir banderas no religiosas en el santuario de Dios. Incluso en la Iglesia Novusordita, esta costumbre, en los pocos lugares donde existía en contravención de la norma general, parece haber caído en desuso.
  
No tenemos conocimiento de la presencia de tales banderas en el presbiterio en el caso de iglesias, capillas y oratorios católicos verdaderamente tradicionales, es decir, aquellos no asociados con la falsa Iglesia del Nuevo Orden, llamada oficialmente desde 2024 Iglesia Sinodal, que ciertamente NO es la Iglesia Católica.
  
Si has visto un ejemplo así, tendrías todo el derecho a cuestionar la hipocresía que implica. Resulta irónico que la bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano contenga entre sus insignias la tiara papal, que Pablo VI Montini regaló en 1965 al final del Anticoncilio Vaticano II, justo cuando la apóstata Iglesia del Nuevo Orden se instauró para reemplazar a la Iglesia Católica como Iglesia institucional.

Y POR ESPAÑA, ¿QUÉ TAL LES VA, Y POR QUÉ MAL?

Noticias tomadas de distintas fuentes.

1.º EL NUEVO MAPA RELIGIOSO DE ESPAÑA: LOS ATEOS SUPERAN A LOS “CATÓLICOS PRACTICANTES”, QUE YA SON MUY ANCIANOS (Fuente: INFOVATICANA).
  

España registra un nuevo indicador del avance de la secularización. El 17,1% de los españoles se declara ateo, frente al 15,9% que se define como católico practicante, según el Barómetro de septiembre de 2026 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). La encuesta, realizada sobre una muestra de 4.042 personas, sitúa así a los ateos 1,2 puntos por encima de los católicos practicantes.

El dato, sin embargo, no significa que los ateos sean más numerosos que los católicos en España. Otro 38,5% se define como católico no practicante, por lo que practicantes y no practicantes suman el 54,4% de los encuestados. A ellos se añaden un 3,2% de creyentes de otras religiones, mientras los agnósticos representan el 12,2% y los indiferentes o no creyentes, el 11,3%.

El 17,1% se declara ateo y el 15,9% católico practicante
La clasificación procede de una pregunta de autodefinición. El CIS pregunta directamente al entrevistado si se considera «católico/a practicante, católico/a no practicante, creyente de otra religión, agnóstico/a, indiferente o no creyente, o ateo/a». No establece, por tanto, un criterio previo de asistencia a Misa para decidir quién pertenece a la categoría de católico practicante.

La distribución completa deja ver la magnitud de la distancia entre identidad católica y práctica religiosa. De los 4.042 entrevistados, 642 se declararon católicos practicantes y 1.556 católicos no practicantes, frente a 692 ateos, 495 agnósticos, 458 indiferentes o no creyentes y 129 creyentes de otras religiones.

El barómetro ofrece también una marcada diferencia según la autoubicación ideológica. Entre quienes se sitúan en el extremo izquierdo de la escala, el 28,6% se declara ateo y el 8% católico practicante. En el extremo derecho, los porcentajes son del 9,9% y del 47,6%, respectivamente.

Más de la mitad de los creyentes no va nunca o casi nunca a Misa
El CIS pregunta posteriormente a quienes se han definido como católicos o creyentes de otra religión por su asistencia a Misa u otros oficios religiosos, excluyendo bodas, comuniones, funerales y otras ceremonias de carácter social. Sobre ese grupo de 2.327 personas, el 26,2% responde que nunca acude y otro 26,4% que lo hace casi nunca. El 23,6% asiste varias veces al año y el 8,8%, dos o tres veces al mes. Solo un 10,4% dice acudir todos los domingos y festivos y un 3,8%, varias veces por semana.

El desglose por identificación religiosa resulta especialmente significativo. Entre quienes se autodefinen como católicos practicantes, el 33,4% afirma acudir todos los domingos y festivos y el 10,3% varias veces por semana. Otro 22,9% lo hace dos o tres veces al mes y un 23,7%, varias veces al año. Incluso dentro de este grupo, un 3,6% reconoce no acudir nunca y un 5% casi nunca.

Entre los católicos no practicantes, por el contrario, el 34,8% no asiste nunca y el 35,8% casi nunca. Apenas el 1% afirma acudir todos los domingos y festivos.

Los católicos practicantes tienen un perfil más envejecido
La edad muestra otra diferencia considerable entre los distintos grupos. Los mayores de 75 años constituyen el 27% de todos los encuestados que se declaran católicos practicantes, pese a representar el 13,5% de la muestra total. Entre los ateos, ese grupo de edad supone únicamente el 5,6%.

La relación se invierte entre los más jóvenes. Las personas de 18 a 24 años representan el 7% del conjunto de católicos practicantes y el 12,5% del conjunto de ateos. Entre los 25 y 34 años, los porcentajes son del 7,4% y del 16,4%, respectivamente.

El nuevo barómetro dibuja, por tanto, una España en la que la identidad católica continúa siendo mayoritaria, pero con una brecha considerable entre pertenencia y práctica.
  
2.º ARZOBISPADO DE BARCELONA CEDE PARROQUIA PARA CONCIERTO CHAMÁNICO (Fuente: EL DEBATE).
  

«Que nos hayan concedido este espacio es realmente extraordinario y poco común». Kuyay Santosha es, al menos, honesta en una de sus últimas publicaciones en Instagram donde anuncia que la iglesia de San Pablo del Campo, en el barcelonés –y castigado– barrio del Raval, le ha abierto sus puertas para que esta noche dé un concierto con el que, asegura, puede sanar enfermedades. «Son cantos que funcionan como rezos u ofrendas para propiciar la sanación y la introspección», asegura.
  
La voz de alarma la ha dado el portal Germinans Germinabit, que sigue más puntualmente el ritmo de la Iglesia en Cataluña. Y es que, para conseguir el permiso que ha sorprendido a la propia Kuyay Santosha, la artista ha tenido que acudir al párroco responsable de esa iglesia, «el sacerdote Joan Cabot, el que tiene un montón de cargos diocesanos, a pesar de sus posicionamientos públicos contra el Magisterio de la Iglesia y su compromiso con los postulados de los movimientos de defensa de los llamados derechos de los colectivos homosexuales», afirma el digital catalán.

Se trata, por tanto, de un templo que depende del arzobispado de Barcelona, pastoreado por el cardenal Juan José Omella, y que acogerá esta noche el «concierto ritual» de esta «compositora, cantora y terapeuta musical especializada en la música medicina y los sonidos curativos orientados a la conexión espiritual». Todo esto, por supuesto, con su consabido rebozo orientalista, Nueva Era, chamánico, tántrico y de «alineamiento de energías». «Estoy aquí para compartir esta Medicina contigo», asegura en su web.
  
«Una bruja chamánica»
«Una bruja chamánica en la parroquia de Cabot», titula Germinans Germinabit, que aclara que no emplea ese término «como un insulto, sino solo como definición de una persona que dice tener unos poderes extraordinarios de curar y sanar a través de su música, que cataloga de medicina». «Para ello utiliza, entre otros instrumentos, ancestrales el tambor chamánico», prosigue.

Según el portal, «en esa parroquia no hay misa durante la semana, y solo una misa el domingo». «Así funcionan las parroquias de Cabot, como ya demostró en su etapa al frente de las parroquias de Poble Sec, donde las celebraciones eucarísticas se fueron reduciendo hasta casi la mínima expresión», denuncia el conocido portal catalán.

«Las Misas se van suprimiendo, las parroquias quedan para actividades culturales y políticas, pero es que este espectáculo del próximo viernes está en total contradicción con nuestra fe, por mucho que Cabot, gran defensor de una Iglesia multicultural, multirreligiosa, lgtbiera (sic), y nada católica, diga que esa espiritualidad, New Age y de dudosa credibilidad como curandera, es compatible con nuestra religión», subraya.

El portal hace otra observación interesante: «A estos sacerdotes, que reniegan de las apariciones de la Virgen y de los milagros de los santos, les parece la mar de normal que una señora con su música de instrumento chamánico cure a las personas». «En el fondo es aquello de que todo lo que no es católico es bien acogido en las iglesias de Cabot», sentencia.

A pesar de lo sofisticado de su nombre artístico, Kuyay Santosha nació en Barcelona hace 52 años. En su web se ofrece para «transformarte a través de la medicina de las artes del corazón». Todo expresado en un lenguaje farragoso, mesiánico, oscuro y pseudomístico. «Ella crea un espacio seguro donde, a través del movimiento consciente, la danza libre y la activación de la voz, te invita a escuchar profundamente a tu cuerpo, a habitarte más plenamente, a alinear tu energía y a reconectarte con tu verdad interior, creando las condiciones para expresar, celebrar y manifestar tu potencial», concluye. Un potencial nada cristiano que, esta noche, desplegará en un templo católico de Barcelona.