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martes, 24 de febrero de 2026

POLONIA: PRIMER OBISPÓN ENJUICIADO POR OMISIÓN DE DENUNCIA DE ABUSOS


El obispón Andrzej Jeż Wojtas, de la diócesis de Tarnów/Tarnau (Polonia), compareció el 18 de Febrero ante el Tribunal de Distrito de esa ciudad para la primera vista en un proceso penal, informaron medios polacos.

Según el Ministerio Público, Jeż esta acusado de omisión de denuncia toda vez que comunicó con retraso a las autoridades civiles casos de abusos cometidos por los presbíteros de su diócesis, contrario a lo previsto por el artículo 240 § 1 del Código Penal polaco enmendado en 2017. De ser hallado culpable, pagaría hasta tres años de prisión.

En la audiencia, realizada con prensa pero sin público, se declaró no culpable. «Paradójicamente, me acusan de celo. Si no hubiera denunciado el asunto a la fiscalía, este juicio no se habría celebrado», dijo Jeż, que también es abogado, a lo cual respondió el fiscal Marcin Stępień diciendo que podía haberlo denunciado simultáneamente al Vaticano y a la justicia polaca, pero que como esperó tanto tiempo, se operó la prescripción de la acción frente a 23 de las víctimas. «Si hubiera actuado de inmediato, estos cargos no se habrían presentado hoy».

Su abogado defensor Zbigniew Ćwiąkalski (exministro de Justicia del primer gobierno de Donald Tusk) calificó ante la Agencia de Información Católica de Polonia el proceso contra Jeż como “sin precedentes” y que lo están usando como “chivo expiatorio”, y declaró que la “inmediatez” requerida por la ley dependía en este caso del conocimiento detallado de los hechos posterior al proceso canónico. 
  
Cuestionado si el derecho canónico prevalece sobre el seglar, Ćwiąkalski respondió que ese debate concierne a los filósofos del derecho. «Según la legislación polaca, un delito debe denunciarse. Pero ¿la acción inmediata también implica que primero se pueden agotar los recursos de la Iglesia y confirmar que se ha cometido un delito, verificar la denuncia y solo entonces notificar a la fiscalía? En nuestra opinión, sí».

Los casos conciernen a los presbíteros Stanisław Piszczek (acusado de agredir a al menos 95 menores entre 1987 y 2018 en Radgoszcz, Przecław, Mędrzechów, Tuszyma, Podegrodzie y Wola Wola Radłowska, en las ciudades ucranias de Murowane Kuryłowce/Murovani Kurylivtsi, Śnitków/Snitkiv y Oczydajew, regresado a Polonia, en Krynica-Zdrój y aún en Łąkta Górna –a pesar que había sido enviado a un hogar de clérigos jubilados–) y Tomasz K. (investigado por hechos ocurridos entre 2008 y 2010). Del primero, la investigación penal seglar fue cerrada en 2022 por prescripción (aunque fue expulsado del clero en 2013 tras el proceso canónico), y del segundo, no se formalizaron los cargos presentados por la fiscalía por su mal estado de salud.

Aunque la fiscalía presentó los cargos contra Jeż en Abril de 2024, el proceso inició hasta ahora por un posible conflicto de interés (la fiscalía decía que dada la cercanía del prelado con los jueces podía obstaculizar el proceso, por lo que debía trasladarse a otro circuito, pero el Tribunal Supremo determinó que en esa situación se remueve al juez implicado y no a todo el tribunal) y por enfermedad del juez, por lo que hubo que buscarle remplazo.

Las siguientes audiencias tendrán lugar el 2 de Marzo (declaración de los testigos) y el 15 de Abril (audiencia de fallo).

Hasta el momento, se desconoce si contra Jeż se abrió por parte del Dicasterio para los Obispos en el Vaticano el proceso investigativo previsto por el motu próprio “Vos estis lux mundi” para los prelados que no actúan diligentemente frente a los casos de abuso.

Andrzej nació el 3 de Mayo de 1963 en Limanowa, hijo de Jan y Genowefa. Fue “instalado” presbítero el 12 de Junio de 1988 por el arzobispo ad persónam de Tarnów Jerzy Karol Ablewicz Ekiert (†  1990; consagrado obispo el 28 de Mayo de 1962), y  nombrado obispón auxiliar de la referida diócesis el 20 de Octubre de 2009, siendo “instalado” el 28 de Noviembre siguiente por su ordinario Wiktor Paweł Skworc Nandzik, a quien sucedió cuando este fue promovido a arzobispón de Katowice (en 2023, luego de conocerse los casos de Stanisław y Tomasz, renunció a sus cargos de presidente del Comité de Pastoral y miembro del Consejo Permanente de la Conferencia Episcopal Polaca, así como a la ciudadanía honoraria de la ciudad de Tarnów y dos años después le fue aceptada inmediatamente su renuncia a la archidiócesis de Katowice).

EXCANDIDATO A DOCTRINA DE LA FE, NUEVO PRESIDENTE DEL CISMA ALEMÁN


El obispón de Hildesheim (Alemania) Heinrich-Theodor “Heiner” Wilmer SCJ, de 64 años, fue elegido hoy presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Sucede así al obispón de Limburgo George Bätzing, quien renunció a la reelección el pasado Enero.
  
Wilmer se unió a la orden religiosa del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos o Reparadores) a la edad de 19 años. Fue instalado presbítero el 31 de Mayo de 1987 por el arzobispón de Friburgo de Brisgovia Oskar Saier y Saier († 2008) junto al hoy exprelado territorial de Caravelí (Perú) Reinhold/Reinaldo Nann Kunz, y se doctoró en teología con la tesis “Mystik zwischen Tun und Denken. Zum Ort der Mystik in der Philosophie Maurice Blondels” (Misticismo entre la acción y el pensamiento. El lugar del misticismo en la filosofía de Maurice Blondel) que fue ganadora del premio “Bernhard Welte”.

Wilmer sirvió de capellán en el centro para discapacitados de la Comunidad “El Arca” en Toronto (Canadá), y fue profesor de historia en la preparatoria de las Hermanas de Nuestra Señora de Cösfeld en Vetcha (Baja Sajonia, Alemania), y en la ídem de la Universidad jesuita de Fordham en Nueva York (Estados Unidos).
  
Fue superior provincial de los dehonianos de Alemania entre 2007 y 2015, cuando fue elegido superior general, reemplazando a José Ornelas Carvalho, que fue nombrado obispón de Setúbal (Portugal).
  
Francisco lo nombró obispón de Hildesheim el 6 de Abril de 2018 en remplazo de Norbert Trelle Mellenthin, siendo “instalado” el 1 de Septiembre por el arzobispón de Hamburgo, Stefan Heße.
  
En Diciembre de 2022, se rumoró que sería nombrado prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe (al final, fue nombrado “Tucho”, de la misma calaña que él).
   
“Ceremonias de bendición para travestis”
En una homilía de Octubre de 2021, pidió «una nueva perspectiva sobre la sexualidad».
  
En 2022, apoyó OutInChurch, un movimiento compuesto por empleados homosexuales de la Iglesia Conciliar alemana. «No es posible que las enseñanzas de la Iglesia lastimen o discriminen a las personas, ya que tal actitud no puede estar en consonancia con la voluntad de Jesucristo», dijo.
  
Después del rechazo del Vaticano a la bendición litúrgica de las uniones del mismo sexo, Wilmer emitió un comunicado de prensa (25 de enero de 2022): «Debemos continuar discutiendo la bendición de las parejas del mismo sexo y no debemos tratarla como un tabú. El punto es reconocer las realidades de la vida de las parejas del mismo sexo hoy en día sin cuestionar el sacramento del matrimonio entre un hombre y una mujer».
  
En Septiembre de 2022, votó a favor de un texto del Camino Sinodal Alemán que buscaba “cambiar” la moral sexual católica. El texto pedía la aceptación de los actos homosexuales y diversas identidades de género ficticias: «Me cuesta mucho el hecho de que no se haya alcanzado la mayoría de dos tercios de los obispos», dijo Wilmer. Esto fue una «verdadera decepción».
  
En Diciembre de 2023, Wilmer dio la bienvenida al folleto homosexual Fiducia Supplicans describiéndolo como “buenas noticias” y “establecimiento de la dirección”.
  
En Septiembre de 2024, nombró a tres personas para proporcionar atención pastoral a los homosexuales: «Este equipo proporcionará orientación en casos tan diversos como el bautismo de un hijo de una pareja de lesbianas, las ceremonias de bendición para las personas transgénero que celebran su transición y el apoyo a las familias con niños no binarios».

Abierto a cuestionar el celibato obligatorio, y al presbiterado femenino 
En Junio de 2019, declaró al Süddeutsche Zeitung, en relación con el tema del celibato sacerdotal, que él mismo se sentía «apasionadamente feliz de ser miembro célibe de una orden religiosa». Sin embargo, añadió que el celibato podría adquirir aún mayor relevancia si no fuera simplemente obligatorio para todo el clero, y que era necesario debatir sobre el tema.
  
En 2024, dijo a la revista Kirche und Leben que, en cuanto a la “instalación” de mujeres, también desea que se mantenga una cultura de diálogo abierto, porque según él, «ya no basta con decir simplemente: “La cuestión de si las mujeres serán admitidas a la ordenación está resuelta”».
  
Apoyador de Lutero, y de restringir el rito roncalliano
Wilmer, partidario del ecumenismo, ha afirmado que los católicos tienen “mucho que agradecer” a Martín Lutero y ha subrayado su aportación a la centralidad de la Escritura y a la conciencia personal ante Dios. En el contexto de las conmemoraciones de la “Reforma” defendió una lectura que evita el lenguaje de condena y pone el acento en los elementos comunes.

Tras la publicación de Traditionis Custodes, que impuso mayores restricciones al rito roncalliano, expresó “comprensión y apoyo”, subrayando la necesidad de unidad en torno al Novus Ordo y evitando reconocer a la liturgia anterior un estatuto estable dentro de la vida ordinaria deuterovaticana.
  
Otras polémicas
En Diciembre de 2018, Wilmer llamó al “teólogo” y exsacerdote alemán Eugen Drewermann, de 86 años, «un profeta de nuestro tiempo desconocido por la Iglesia» y dijo que «el abuso de poder está en el ADN de la Iglesia [del Vaticano II]».
  
En el contexto de la covid, calificó el concepto de un Dios castigador en Marzo de 2020 como «terriblemente no cristiano», aun cuando está omnipresente en la Biblia. Un mes después, criticó a los católicos por estar «obsesionados únicamente con la Eucaristía», alegando que su reacción a la prohibición de la liturgia por la covid mostraba que «la Eucaristía está ciertamente sobrevalorada».
  
En Marzo de 2022, él apoyó el programa de eutanasia alemán.

NEWMAN, EN EL CALENDARIO GENERAL NOVUS


   
El pasado 9 de Noviembre de 2025, mediante el Protocolo N.º 760-25, el Cardenal Arthur Roche, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos novusordianos, tras hacer un panegírico en honor al cardenal Juan Enrique Newman, decreta en nombre de su señor León XIV Riggitano-Prévost que «la celebración de san Juan Enrique Newman, presbítero y doctor de la Iglesia, sea inscrita en el Calendario Romano General y su memoria libre [= Semi doble] sea celebrada por todos el 9 de octubre», día de su conversión al catolicismo, y que sea inscrita en el Misal, la Liturgia de las Horas y el Martirologio de su secta. La noticia salió en el Boletín diario de la Oficina de Prensa de la Santa Sede el pasado 3 de Febrero de 2026.
    
Para los interesados en conocer los propios que esta “nueva fiesta” tendrá, bien pueden remitirse al Anexo «Additiónes in Libris litúrgicis Ritus Románi de memória ad líbitum sancti Joánnis Henríci Newman, presbýteri et Ecclésiæ doctóris» para consultarlos en su original latín (queda en las Conferencias episcopales la tarea de traducirlos). Aquí nos concentraremos en hacer un comentario, comenzando por la Misa –La Misa puede seguir el Común de los Pastores: Por un pastor (pro uno Pastore), formulario 1; o el Común de los Doctores de la Iglesia, formulario 1. En todo caso, con oración y lecciones propias– Es este último el formulario que seguiremos para el análisis, comenzando por el Misal, y luego por el Breviario (Los textos latinos de la Misa son de la edición típica del año 2002, y salvo la Oración colecta, la lección de la Liturgia de las Horas y la entrada del Martirologio, todas las traducciones son de la Conferencia Episcopal Española):
  • El Introito es, como queda dicho, ad líbitum, pudiendo escogerse entre «In médio Ecclésiæ apéruit os ejus, et implévit eum Dóminus spíritu sapiéntiæ et intelléctus; stolam glóriæ índuit eum» (En la asamblea le da la palabra, el Señor lo llena de espíritu de sabiduría e inteligencia, lo viste con un traje de honor), adaptado de Eclesiástico 15, 5; o «Os justi meditábitur sapiéntiam, et língua ejus loquétur judícium; lex Dei ejus in corde ipsíus» (La boca del justo expone la sabiduría, su lengua explica el derecho, porque lleva en el corazón la ley de su Dios), del Salmo 36 (37, siguiendo la numeración hebrea), 30-31.
  • La Oración colecta (que también se registra en las Laudes y Vísperas de la novusordiana Liturgia de las Horas) dice:
    «Deus, qui sanctum Joánnem Henrícum, presbýterum, lumen benígnum tuum sequéntem pacem in Ecclésia tua inveníre contulísti, concéde propítius ut, ejus intercessióne et exémplo, ex umbris et imagínibus in plenitúdinem veritátis tuæ perducámur. Per Dóminum» (Oh Dios, que a tu santo presbítero Juan Enrique, siguiendo tu luz admirable, lo ayudaste a encontrar la paz en tu Iglesia, concédenos propicio que, por su intercesión y ejemplo, seamos guiados de las sombras y figuras hacia la plenitud de tu verdad. Por Jesucristo nuestro Señor).
    Pero la realidad es que se pide, a ejemplo de Juan Enrique Newman, oscurecer de palabra y obra la doctrina dando sospechas de modernismo.
        
  • La “lectura” es de Eclesiástico 39, 8-4 (o los versos 6 a 11 de la numeración griega –dado que hay leccionarios basados en la Biblia de Jerusalén–): «Se llenará de espíritu de inteligencia».
  • El salmo responsorial (no existe el Gradual ni el Tracto en la Misa montiniana), es tomado del Salmo 39 (40 si se sigue la numeración hebrea), versos 2 y 4ab. 7-8a, 8b-9, 10, n. 721, 3. La respuesta es tomada de los versos 8a y 9a: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad».
  • El verso antes del Evangelio es del cap. 23, de los segundos hemistiquios de los versos 9 y 10 del Evangelio de San Mateo: «Unus enim est Pater vester, cœléstis, et Magíster vester unus est, Christus» (Uno solo es vuestro Padre, el del cielo, y uno solo es vuestro consejero, Cristo).
  • La perícopa evangélica es de San Mateo, capítulo 13, versos 47-52.
  • Toda vez que en el Novus Ordo no existe antífona de Ofertorio, pasemos a la Oración sobre las Ofrendas (no se le puede llamar “Secreta” porque SE DICE EN ALTA VOZ):
    «Sacrifícium tibi pláceat, Deus, in festivitáte beáti Joánnis Henríci libénter exhíbitum, quo monénte, nos étiam totos tibi réddimus collaudántes. Per Christum Dóminum nostrum» (Sea agradable a tus ojos, Señor, el sacrificio que te ofrecemos con gozo en la fiesta de san Juan Enrique, cuya vida y doctrina nos impulsan a alabarte con todo nuestro ser. Por Jesucristo nuestro Señor).
            
  • Sobre el Prefacio, hay varios para escoger, toda vez que el cardenal Juan Enrique Newman es conmemorado en el Novus Ordo fuera del Tiempo Pascual. Recordemos que el Misal montiniano tiene seis prefacios comunes, siendo el prefacio de la Misa tradicional el segundo de la lista [con la novusordiana glosa «Qui bonitáte hóminem condidísti, ac justítia damnátum misericórdia redemísti...» (Que por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, con tu misericordia lo redimiste...)]. A efectos de nuestro análisis, usaremos el prefacio de los Santos Pastores, titulado De signo vitæ Deo consecrátæ (La presencia de los Santos Pastores de la Iglesia), que va en este tenor, y según las rúbricas, se puede decir también en las memorias (ítem, es el que utilizan en el formulario propio de Inglaterra y Gales, que analizaremos más adelante):
    «Quía sic tríbuis Ecclésiam tuam sancti Joánnis Henríci festivitáte gaudére, ut eam exémplo piæ conversatiónis corróbores, verbo prædicatiónis erúdias, gratáque tibi supplicatióne tueáris. Et ídeo, cum Angelórum átque Sanctórum turba, hymnum láudis tibi cánimus, sine fine dicéntes» (Porque nos concedes la alegría de celebrar hoy la fiesta de san Juan Enrique, fortaleciendo a tu Iglesia con el ejemplo de su vida santa, instruyéndola con su palabra y protegiéndola con su intercesión. Por eso, con los ángeles y la multitud de los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar).
       
  • La antífona de comunión es ad líbitum, tomada de San Lucas 12, 42: «Fidélis servus et prudens, quem constítuit Dóminus super famíliam suam, ut det illis in témpore trítici mensúram» (Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia para que les reparta la ración a sus horas); o del Salmo 1, 2-3: «Qui meditábitur in lege Dómini die ac nocte, dabit fructum suum in témpore suo» (Quien medita en la ley del Señor día y noche, da fruto en su sazón). Cualesquiera de los dos, ninguno le cuadra, porque él no estuvo sinceramente por la Verdad.
  • La postcomunión es la siguiente:
    «Quos Christo réficis pane vivo, eósdem édoce, Dómine, Christo magístro, ut in festivitáte beáti Joánnis Henríci tuam discant veritátem, et eam in caritáte operéntur. Per Christum Dóminum nostrum» (Señor, que cuantos hemos sido fortalecidos con Cristo, verdadero pan de vida y único maestro de los hombres aprendamos en la fiesta de san Juan Enrique a conocer la verdad y a vivirla con amor. Por Jesucristo, nuestro Señor).
    Comentario ídem al anterior.
Cómo se mencionó antes, hay un formulario propio para Inglaterra y Gales, dónde es celebrado con grado de Fiesta (que para los católicos es el Doble de 2.ª clase). Y aunque sea excedernos en estas labores escriptoriales (y probablemente no nos lo quieran agradecer ni acreditar –habida cuenta de los copiones–), lo presentamos acá (por supuesto, profundizando solo lo que los diferencia), lo presentaremos en español con el fin de hacer referencia histórica. De buena manera y gratis:
  • El Introito es «Bénedic, ánima mea, Dómino. Dómine Deus meus, magnificátus es veheménter! Exit homo ad opus suum et ad operatiónem suam úsque ad vesprum» (Venid vosotros, benditos de mi Padre, dice el Señor. Tuve sed y me disteis de beber. He aquí que ahora os doy el agua de la vida eterna), procedente del salmo 103 (104 en la numeración hebrea), versos 1 y 23.
  • La Oración colecta es la misma que se señaló anteriormente, así que no vamos a reincidir.
  • La “lectura” es de la 1.ª Epístola de San Pablo a los Corintios, capítulo 2, versos 10-16.
  • El salmo responsorial (no existe el Gradual ni el Tracto en la Misa montiniana), es tomado del Salmo 144, 8-14, y su respuesta es el verso 17.
  • El verso aleluyático antes del Evangelio es tomado de Hebreos 4, 12.
  • La perícopa evangélica, remitirse al comentario anterior. Solo añadimos que el último verso se emplea como antífona para el Magníficat en la “oración vespertina” (Vísperas).
  • Toda vez que en el Novus Ordo no existe antífona de Ofertorio, pasemos a la Oración sobre las Ofrendas (no se le puede llamar “Secreta” porque SE DICE EN ALTA VOZ):
    «Súscipe, supérne Pater, sanctum sacrifícium, quod in beáti Joánnis Henríci commemoratióne tibi offérimus, ad láudem et permágnam glóriam tuam celebrándam átque ad nostram impetrándam salútem. Per Christum Dóminum nostrum» (Acepta, ¡oh Padre celestial!, este sacrificio que ofrecemos en conmemoración de San Juan Enrique Newman, para tu alabanza y mayor gloria, y para nuestra salvaciónPor Jesucristo nuestro Señor).
    Una oración típica del común de los Santos.
            
  • El Prefacio es el de los Santos Pastores, que reseñamos anteriormente.
     
  • La antífona de comunión, tomada de San Juan 6, 50: «Hic est panis de cœlo descéndens, dicit Dóminus; si quis ex ipso manducáverit, non moriétur in æternum» (En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis, dice el Señor). Remitimos al formulario anterior.
  • La postcomunión es la siguiente:
    «Dómine, lætántes de Christo, Pane vita, nuper suscépto, in hac festivitáte beáti Joánnis Henrici, súpplices deprecámur ut, númquam, córdibus intáctis, ánimos movéntes, testimónium nostrum magis magísque certum fier váleat. Per Christum» (Alegres de haber recibido, a Cristo, Pan de vida, en esta fiesta de San Juan Enrique Newman, te pedimos, Señor, que nuestros testimonios se hagan más reales, nunca moviendo las mentes sin tocar los corazones. Por Jesucristo nuestro Señor).
    A primera vista, la oración pide por la coherencia entre la fe y las obras, pero se apela más a la fe como un sentimiento que al asentimiento de la razón a la Verdad revelada.
  • A esto se sintetiza el por qué de la memoria:
    «Londínii natus anno 1801, offíciis clérici anglicáni átque Sócii collégii Oxoniénsis vulgo Óriel nuncupáti plus quam vigínti annos functus est. Ecclésiæ primǽvæ históriam eníxe perscrutátus, ad fidem cathólicam pedetémptim attráctus, anno demum 1845 in únicum Redemptóris ovíle, ut ait, recéptus est. Sacerdótio cathólico áuctus anno 1847, Oratórium Sancti Philíppi Neri in Ánglia instítuit. De váriis rebus multa magno efféctu scripsit. Ut húmilis átque ardens pastor laudátus, qui lúmine suo intellectuáli Ecclésiam valde illustráverat, anno 1879 a papa Leóne XIII in Collégium Cardinálium aggregátus est. Birminghámiæ mórtuus est die 11 Augústi anno 1890. In número sanctórum adscríptus anno 2019 átque doctor Ecclésiæ a Summo Pontífice Leóne XIV anno 2025 decláratus est» (Nacido en Londres en el año de 1801, pasó más de veinte años como clérigo anglicano y miembro del Colegio llamado Oriel en Oxford. Estudiando diligentemente la historia de la Iglesia primitiva, y poco apoco atraído a la fe católica, fue finalmente recibido, como dijo, en el año 1845 en la única grey del Redentor. Elevado al sacerdocio católico en 1847, instituyó el Oratorio de San Felipe Neri en Inglaterra. Escribió con gran efecto de muchas cosas. Elogiado como un pastor humilde y fervoroso, que con su luz intelectual ilustró mucho a la Iglesia, el papa León XIII lo agregó al Colegio Cardenalicio en 1879. Murió en Birmingham el 11 de Agosto del año 1890. Fue inscrito en el número de los santos en el año 2019, fue declarado Doctor de la Iglesia por el Sumo Pontífice León XIV en el año 2025).
      
  • En la lección segunda del Oficio de Lectura (que reemplazó los Maitines y Laudes), se recurrió a la Apología pro vita sua, cap. V “Postura de mi alma desde 1845”, edición londinense de 1864, págs. 238-239 y 250-251, bajo el título “Támquam flúctibus agitátum in portum me tandem venísse vidébatur” (Me veía como si, sacudido por las olas, finalmente hubiera llegado a puerto):
      
    LATÍN
    Ex illa die qua cathólicus factus sum et déinceps, nihil plane sententiárum de religióne narrándum plus hábeo. Mentem áutem nequáquam pigram réliqui néque a ratiocinatiónibus theológicis abstínui, sed neve variatiónes in cogitatióne neve sollicitúdines in corde reférre váleo. Omnis dúbii expers, in pace perfécta átque tranquillitáte hucúsque vivo. De intelléctu vel móribus a die conversiónis meæ mutátis nihil cónscius sum. Étenim, nec fidem in veritátes Revelatiónis principáles firmiórem, nec mei compotiórem, nec meípsum ferventiórem sentiébam. At támquam flúctibus agitátum in portum me tandem venísse videbátur; unde meípsum úsque ad hodiérnam diem beátum júgiter ǽstimo.

    Néque artículos ínsuper qui de sýmbolo anglicáno desunt diffíciles recéptu invéni. Nonnúllos enim jamdúdum accéperam; ómnibus áutem ábsque periclitatióne consénsi. Quos in die receptiónis sine ulla disceptatióne proféssus sum, eósdem étiam nunc ita confíteor. Sunt enim difficultátes intellegéndi in ómnibus sýmboli christiáni artículis sive a cathólicis sive a protestántibus proféssis quas néque negáre néque simplíciter me sólvere posse assevéro. Ac tamétsi multi sunt qui difficultátes in Religióne séntiant, quórum ego unus sum, conjunctiónem tamen numquam vidére pótui inter apprehensiónem illárum difficultátum, quámvis acúte et quotquot sint, et dubitatiónem doctrinárum cum quíbus conjúnctæ sunt. Decem mília enim difficultátum ne síngulum quídem dúbium gígnere posse mihi vidétur, eo quod difficultátes nequáquam dúbiis commetiúntur. Difficultátes enimvéro in arguméntis prorsus adésse possunt; hic áutem de difficultátibus in ipsis doctrínis intrínsecis vel quoad earúndem doctrinárum relatiónes in altérutras loquor. Scílicet ut áliquis vexátur dum quæstiónem mathemáticam sólvere non potest, étiam cum solútio illi sive prǽstita sive reténta est, sed non dúbitat quin solútio admítti possit vel solútio quǽdam vera exsístat. Ex ómnibus fídei dogmátibus, mea senténtia valde difficíllimum est quod Deus exsístat, sed méntibus nostris quam potentíssime imprímitur.

    Sunt tamen qui doctrínam Transubstantiatiónis diffícilem créditu ajunt. Ego quídem, cum illi doctrínæ non credíderam donec cathólicus essem, nihilóminus simul ac Ecclésiam Románam Cathólicam esse oráculum Dei cognóveram, átque eam docuísse istam doctrínam ab orígine esse revelátam, facíllime crédidi. Quod hanc doctrínam mente concípere sit árduum, immo impossíbile, libénter concédo; sed quómodo sit diffícile huic crédere, quǽso. Toto vero dógmati reveláto, ab Apóstolis docto et Ecclésiæ trádito et ab Ecclésia mihi declaráto, credo; átque ut nunc interpretátur et, implícite, sicut ab illa auctoritáte cui commíssum est prætérea símili modo interpretábitur usque ad consummatiónem sǽculi, idem accípio. Ínsuper illis traditiónibus semper et ubíque in Ecclésia recéptis, in quíbus res continétur definitiónum dogmaticárum intérdum declaratárum, et quæ in ómnibus sǽculis dógmati Cathólico jam declaráto textum et exémplum præbent, adhǽreo. Áliis quóque Sanctæ Sedis senténtiis, sive theológicis sive non, per instruménta a se statúta procedéntibus, quæstióne utrum infallibilitáte sint prǽditæ prætermíssa, quíbus saltem parére átque obtemperáre débeo, me submítto. Existimánda est porro, ut opínor, Cathólicæ fídei investigátio paulátim per sǽcula spécies certas et várias assumpsísse, in formam sciéntiæ se exstruxísse, ratióne et locutióne sibi própriis a doctíssimis sicut Athanásio, Augustíno átque Thoma de Aquíno evolútis, se ornásse; néque talem hereditátem intellectuálem nobis his posterióribus diébus legátam ullo modo dirúmpere vellem.
    TRADUCCIÓN
    Desde que me convertí al catolicismo, por supuesto, no tengo más historia que contar sobre mis opiniones religiosas. Con esto no quiero decir que mi mente haya estado ociosa ni que haya dejado de pensar en temas teológicos; sino que no he tenido cambios que registrar ni ninguna inquietud. He estado en perfecta paz y satisfacción. Nunca he tenido la menor duda. Al convertirme, no fui consciente de ninguna diferencia de pensamiento ni de temperamento con respecto a lo que era antes. No percibí una fe más firme en las verdades fundamentales de la revelación ni mayor dominio de mí mismo; no tenía mayor fervor; pero fue como llegar a puerto después de un mar embravecido; y mi felicidad en ese sentido permanece hasta el día de hoy ininterrumpida.

    Tampoco tuve problemas para recibir esos artículos adicionales que no se encuentran en el Credo Anglicano. Algunos ya los creía, pero ninguno me supuso una prueba. Los profesé al recibirlos con la mayor facilidad, y con la misma facilidad los creo ahora. Por supuesto, estoy lejos de negar que todo artículo del Credo Cristiano, ya sea católico o protestante, esté plagado de dificultades intelectuales; y es un hecho que, por mi parte, no puedo responder a esas dificultades. Muchas personas son muy sensibles a las dificultades de la religión; yo soy tan sensible como cualquiera; pero nunca he podido ver la conexión entre comprender esas dificultades, por muy agudas que sean, y multiplicarlas hasta cierto punto, y dudar de las doctrinas a las que se vinculan. Diez mil dificultades no hacen dudar, según mi comprensión del tema; dificultad y duda son inconmensurables. Por supuesto, puede haber dificultades en la evidencia; pero me refiero a dificultades intrínsecas a las doctrinas o a su compatibilidad entre sí. A alguien le puede molestar no poder resolver un problema matemático, cuya respuesta se le dé o no, sin dudar de que tenga respuesta o de que una respuesta en particular sea la verdadera. De todos los puntos de fe, la existencia de un Dios es, en mi opinión, el que se abarca con mayor dificultad y se graba en nuestras mentes con mayor fuerza.
       
    Se dice que la doctrina de la transubstanciación es difícil de creer; yo no creí en ella hasta que me hice católico. No tuve dificultad en creerla tan pronto como creí que la Iglesia católica romana era el oráculo de Dios y que había declarado que esta doctrina formaba parte de la revelación original. Es difícil, imposible de imaginar, lo admito, pero ¿cómo es difícil de creer? Creo en todo el dogma revelado, tal como lo enseñaron los apóstoles, tal como lo confiaron a la Iglesia y tal como la Iglesia me lo declaró. Lo recibo tal como lo interpreta infaliblemente la autoridad a quien se le confía, e implícitamente, como será, de igual manera, interpretado por esa misma autoridad hasta el fin de los tiempos. Me someto, además, a las tradiciones universalmente recibidas de la Iglesia, en las que se basan las nuevas definiciones dogmáticas que se formulan de vez en cuando y que en todo momento constituyen la ilustración del dogma católico ya definido. Y me someto a las demás decisiones de la Santa Sede, teológicas o no, a través de los órganos que ella misma ha designado, que, renunciando a la cuestión de su infalibilidad, llegan a mí con la pretensión de ser aceptadas y obedecidas. Además, considero que, gradualmente y con el paso de los siglos, la investigación católica ha tomado ciertas formas definidas y se ha convertido en una ciencia, con un método y una fraseología propios, bajo la dirección intelectual de grandes mentes, como San Atanasio, San Agustín y Santo Tomás; y no siento la menor tentación de romper en pedazos el gran legado de pensamiento que se nos ha confiado para estos últimos días.
    Valga reseñar el texto antiguo para Inglaterra y Gales, (Sermones parroquiales y sencillos vol. V, págs. 210-211, 214), titulado “Vera fides non hic in pace, sed potius in bello demonstratur; e patria peccati egredientes, necessario per eam transimus” (La fe verdadera no se encuentra aquí abajo en paz, sino más bien en conflicto: para salir del país del pecado necesariamente pasamos a través de el):
      
    LATÍN
    Continua, ut ita dicam, fidei [Christiani] fructus iusti et sancti sunt, sed processus per quem obtinentur imperfectionis est; ita ut animam eius videre possemus sicut Angeli vident, e longinquo visus, iuvenis vultu et splendido vestitu appareret; sed appropinquantes, facies eius curae lineas habet, et vestis lacerata est. Iustitia eius tum videtur, non dico superficialis, hoc esset falsam ideam de ea dare, sed quamvis intus penitus attingat, non tamen integra et integra in profundo suo; sed quasi ex peccato effecta, fructus continuae pugnae, non naturae spontaneae, sed consuetudinis sui imperii.
      
    Vera fides hic non in pace, sed potius in conflictu demonstratur; nec probat hominem non in statu gratiae esse quod continuo peccet, dummodo talia peccata non in eo maneant quasi ultima, ut ita dicam, eventa, sed semper transeant in aliquid ultra et dissimile sibi, in veritatem et iustitiam. Sicut per passionem felicitatem adipiscimur, ita per infirmitatem ad sanctitatem pervenimus, quia ipsa hominis condicio est lapsa, et e patria peccati egressus, necessario per eam transit. Et hinc fit ut sancti viri prohibeantur quominus se cum satisfactione considerent, aut in ulla re praeter mortem Domini nostri, ut fundamento fiduciae, quiescant; nam, quamquam illa mors iam quodammodo vitam in eis effecit, et finem propter quem facta est effecit, tamen sibi peccatores videntur, eorum renovatione ab eis celata circumstantiis quae eam comitantur. Quod maxime de se dicere possunt est se non in ullis talibus peccatis esse quae eos manifeste a gratia excluderent; Sed quam parva firma spes in talibus negativis testimoniis collocari possit, ex ipsius Sancti Pauli verbis de hac re patet, qui, de vituperationibus a Corinthiis in se latis loquens, dicit: "Nihil per meipsum scio," id est, nihil mihi conscius sum, "sed non in hoc iustificatus sum: qui autem iudicat me Dominus est." Quemadmodum homines in proelio non possunt videre quomodo res se habeant, ita Christiani nulla certa signa praesentiae Dei in cordibus suis habent, et tantum ad Dominum et Servatorem suum respiciunt et timide sperant.
      
    Multa nobis ignoscenda sunt; immo, eo plura ignoscenda sunt quo magis conamur. Quo altiora proposita nostra sunt, eo maiora pericula. Qui multa audent cum ingeniis suis, multa lucrantur, et tandem audiunt verba, "Euge, serve bone et fidelis;" sed tot damna in mercatura patiuntur, ut sibi nihil nisi deficere videantur. Non possunt credere se proficere; et quamvis proficiant, tamen certe multa ignoscenda sunt in omnibus officiis suis. Similes sunt David, viri sanguinis; bonum certamen fidei pugnant, sed polluti sunt certamine:
      
    TRADUCCIÓN 
    Los resultados constantes, por así llamarlos, de la fe [de los cristianos], son rectos y santos, pero el proceso a través del cual se obtienen es imperfecto; de modo que para que podamos ver su alma como la ven los ángeles, visto a distancia él aparecería joven en su rostro y luminoso en su vestir, pero si nos acercamos, su cara tiene arrugas de preocupación y su ropa es andrajosa. Su virtud parece, no digo superficial, pues sería dar una idea muy equivocada, sino que, aunque es profunda en él, no está total y entera en su profundidad, como si fuera el resultado de una lucha continua con el pecado, no de naturaleza espontánea, sino de autodominio habitual.
       
    La fe verdadera no se encuentra aquí abajo en paz, sino más bien en conflicto; y no es prueba de que un hombre no esté en estado de gracia porque peque continuamente, con tal que esos pecados no permanezcan en él como lo que podría llamarse el resultado final, sino que estén siempre pasando hacia algo, más allá y diferente de ellos mismos, verdadero y recto. Así como alcanzamos la felicidad a través del sufrimiento, así llegamos a la santidad a través de la debilidad, porque la verdadera condición del hombre es su naturaleza caída, y para salir del país del pecado necesariamente pasa a través de él. Y por eso los hombres santos se guardan de considerarse satisfechos consigo mismos, o de descansar en cualquier cosa que no sea la muerte de nuestro Señor, como fundamento de confianza; pues, aunque esa muerte en su medida ya ha producido vida en ellos, y ha realizado el propósito para el cual tuvo lugar, ellos se ven como pecadores, y su renovación les está oculta por las circunstancias que la acompañan. Todo lo que pueden decir de sí mismos es que no están al servicio de esos pecados que los excluiría claramente de la gracia; pero qué poca esperanza firme puede fundarse en semejante evidencia negativa queda claro por las propias palabras de San Pablo sobre el tema, hablando de las censuras que le hicieron los corintios: “Es verdad que mi conciencia nada me reprocha”, es decir, no soy consciente de nada, “pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor” (1.ª Cor. 4, 4). Así como los hombres en una batalla no pueden ver cómo va, así también los cristianos no tienen signos ciertos de la presencia de Dios en sus corazones, y no pueden sino mirar hacia su Señor y esperar tímidamente.
       
    Tenemos mucho para ser perdonado; más aún, tenemos mucho para ser perdonado cuanto más intentamos. Cuanto más elevados sean nuestros objetivos, mayores serán nuestros riesgos. Aquellos que arriesgan más con sus talentos, ganan más, y al final escuchan en su corazón las palabras “¡Bien, siervo bueno y fiel!” (Mt. 25, 23); pero tienen tantas pérdidas de paso, que les parece que no han hecho nada sino fracasar. No pueden creer que han hecho algún progreso; y aunque lo hacen, seguramente tienen mucho para ser perdonado en todos sus servicios. Son como David, hombres sangrientos; han combatido el buen combate de la fe, pero están contaminados con la lucha.
    Pero como Newman reprochaba en los anglicanos (personificados en el destinatario de la Apología pro vita sua) que tuviesen dificultad en aceptar los dogmas católicos como la Transubstanciación, él tampoco tiene para mostrarse inocente, porque calificó de “escándalo” la definición por Pío IX del dogma de la Infalibilidad Pontificia, que solo aceptó a regañadientes, como tampoco aceptó la condena a los errores modernos en el Sýllabus (por eso es que Pío IX le negó el capelo).
  • A modo de responsorio antes de la Oración (ver en el comentario de la Misa), se toma el texto de Efesios 3, versos 7 y 10; y San Juan 16, 13: «℟. Evangélii factus sum miníster secúndum donum grátiæ Dei, quæ data est mihi secúndum operatiónem virtútis ejus, * Ut innotéscat per ecclésiam multifórmis sapiéntia Dei. ℣. Cum áutem vénerit ille, Spíritus veritátis, dedúcet vos in omnem veritátem. * Ut innotéscat» [℟. Fui hecho ministro del Evangelio según el don de la gracia de Dios, que me fue dada según la virtud de sus operaciones, * Para que sea dada conocer por la Iglesia la multiforme sabiduría de Dios. ℣. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, Él os conducirá a toda la verdad. * Para que sea dada a conocer].
       
    El propio de Inglaterra y Gales presenta el siguiente responsorio, tomado del Sermón 17 en sus Sermones parroquiales y sencillos vol. IV, pág. 262; y el verso de Romanos 6, 8: ℟. Crux Christi in corde plantáta acúta et diffícilis est; * sed arbor alta se érigit, et ramos pulchros et fructus úberes habet, et pulchra est aspéctu. ℣. Si áutem mórtui sumus cum Christo, crédimus quía simul étiam vivemus cum eo. ℟. Sed arbor alta se érigit (℟. Plantar la Cruz de Cristo en el corazón es agudo y penoso * pero el árbol majestuoso se alza en lo alto, tiene hermosas ramas y frutos ricos, y es agradable a la vista. ℣. Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. ℟. Pero el árbol majestuoso se alza en lo alto).
  • Como particularidad, presenta el oficio propio para Inglaterra y Gales sendas antífonas para el Benedíctus en la Oración matutina (Laudes):
    • «Hic vir non lucrum personále quæsívit, sed Salvatórem nostrum et Dóminum nostrum réspicit» (Este hombre no buscó ganancia para sí, sino que puso su mirada en nuestro Salvador y Señor);
    y para el Magníficat en la ídem vespertina (Vísperas):
    • «Omnis scriba doctus in regno cœlórum símilis est hómini patri famílias, qui profert de thesáuro suo nova et vétera» (Todo escriba erudito en el reino de los cielos es como el padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas).
  • En el Martirologio, se añadió su elogio para el día 9 de Octubre (poniéndolo en primer lugar, que no es lo mismo):
    «Die 9 Octóbris: Sancti Joánnis Henríci Newman, doctóris Ecclésiæ, qui, ex Ánglia oriúndus, ǽque philósophus et theólogus dignus láude, in confessióne Anglicána natus, públice intrávit cathólicam Ecclésiam auxílio étiam beáti Domínici a Matre Dei e Congregatióne Passiónis, tum présbyter factus, óperam Oratoriórum Sancti Philíppi Neri in natióne sua cœpit átque promóvit, páulo post Cardinális Sanctæ Ecclésiæ Románæ a Leóne papa Décimo Tértio creátus, prædicatióne et scriptis super veritáte Christi náviter emínuit (Día 9 de Octubre: San Juan Enrique Newman, Doctor de la Iglesia que, oriundo de Inglaterra, filósofo y teólogo digno de elogio, nacido en la confesión anglicana, se unió públicamente a la Iglesia Católica con la ayuda del beato Domingo de la Madre de Dios de la Congregación de la Pasión. Posteriormente, ordenado sacerdote, retomó y promovió la obra de los Oratorios de San Felipe Neri en su país. Poco después, fue nombrado Cardenal de la Santa Iglesia Romana por el Papa León XIII, y se distinguió notablemente por su predicación y escritos sobre la verdad de Cristo).
    Casi verbátim el por qué de su memoria.
Desde luego, como católicos hemos de insistir en que Newman, de haber vivido algunos años más, habría sido llamado a aclarar ante el Santo Oficio alguna afirmación sospechosa de proto-modernismo, que había sido denunciado en él por el cardenal Edward Manning en Inglaterra (a quien le tuvo particular ojeriza en vida, e influyó para difamarlo póstumamente mediante su biógrafo) y por Orestes Brownson en Estados Unidos, conversos también como él. Pero a diferencia de él, que amaron la Verdad. En tal sentido, reiteramos que Newman no es digno de ser santo. Mucho menos Doctor de la Iglesia.
  
D. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R
24 de Febrero de 2026 (Año “Combate por la Cruz”).
Martes de la I Semana de Cuaresma. Fiesta de San Matías Apóstol; y de San Etelberto, Rey de Kent (Inglaterra). Vocación de San Francisco de Asís. Nacimiento de Carlos I de España y V de Alemania; del Papa Clemente VIII Aldobrandini; y de Don Juan de Austria, héroe naval de Lepanto. Asesinato de Francisco de Lorena, Duque de Guisa, a manos del calvinista Jean Poltrot. Fundación de Santa María de Belén de Veraguas (Panamá), primera población en Tierra Firme; anuncio del Calendario gregoriano por el Papa Gregorio XIII con la bula Inter Gravíssima; proclamación del Plan de Iguala por Agustín de Itúrbide. Día de la Bandera mejicana.

lunes, 23 de febrero de 2026

HACIA LA EUTANASIA NÚMERO 100.000 EN CANADÁ

Noticia tomada de INFOCATÓLICA.
    

Un artículo firmado por Kelsi Sheren sostiene que Canadá alcanzará esta primavera la cifra de 100.000 personas muertas por el sistema de «Medical Assistance in Dying (MAiD)». La autora afirma que lo que se presentó como una medida excepcional para enfermos terminales se ha convertido en un desenlace habitual para personas vulnerables.
  
Canadá se dispone a causar esta primavera la muerte de su ciudadano número 100.000 mediante el programa de «Medical Assistance in Dying (MAiD)». La denuncia que acompaña ese dato descarta cualquier equívoco sobre el origen de esas muertes: «No en una guerra. No en un campo de batalla. No en un accidente médico. Matados por una política, por un gobierno que te quiere muerto».

La situación refleja el resultado de un fracaso estructural encubierto bajo un lenguaje sentimental. Un fracaso sistémico disfrazado de compasión. En esa misma línea, MAiD fue ofrecido al público como un recurso estrecho, reservado a enfermos terminales, una supuesta excepción «misericordiosa». Pero esa narrativa se considera ya insostenible: la muerte asistida se habría convertido en un desenlace habitual para personas que arrastran discapacidad, aislamiento, pobreza y problemas de salud mental.

Al observar lo que ocurre, incluso la comunidad internacional no habría asentido, sino retrocedido. Un pronunciamiento del Comité de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, exige a Canadá la derogación del llamado Track 2, definido como la vía legal que permite la muerte asistida a quienes no tienen una muerte razonablemente previsible. El comité calificó esa vía como «extremadamente preocupante».

La condena no se reduce a un juicio procedimental. El organismo sostiene que la ley se apoya en «percepciones negativas y capacitistas sobre la calidad y el valor de la vida de las personas con discapacidad», como si asumiera que el sufrimiento fuera inherente a la discapacidad, en lugar de reconocer el peso real de la desigualdad social y de la discriminación. Se insiste en que no se trata de una observación marginal: es el órgano de la ONU encargado de vigilar el cumplimiento por parte de Canadá de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, tratado ratificado por el país en 2010.

Ese comité no solo manifestó inquietud, sino que pidió una corrección amplia y concreta. La recomendación citada es explícita: «Para garantizar el derecho a la vida de las personas con discapacidad», Canadá debe «derogar el Track 2 de MAiD… incluida la ampliación de 2027 a las personas cuya única condición médica subyacente sea una enfermedad mental». Junto a ello, se recoge que la ONU instó también a no respaldar propuestas de acceso a MAiD para «menores maduros», a no permitir «solicitudes anticipadas» y a abordar fallos sistémicos que van desde la pobreza y la inseguridad habitacional hasta la falta de atención sanitaria accesible y de apoyos comunitarios.

El núcleo de la denuncia apunta a una paradoja moral: mientras se facilita el camino hacia la muerte, no se garantizarían las condiciones mínimas para vivir con dignidad. En ese contexto se subraya que el gobierno canadiense no recurrió la decisión judicial que abrió la puerta al Track 2. Se presenta esa decisión como un cambio de premisa, porque no solo amplió la elegibilidad, sino que desplazó el criterio hacia una lógica en la que la discapacidad podría operar como justificación suficiente, en lugar de limitarse a situaciones propias del final de la vida.

La ONU describió ese giro como una falsa dicotomía: se enmarca MAiD como «elección» mientras no se aseguran apoyos que hagan la vida verdaderamente vivible. En una sesión celebrada en Ginebra, Rosemary Kayess, vicepresidenta del comité de derechos de las personas con discapacidad, lanzó una pregunta directa a los representantes canadienses: «¿Cómo es que el Track 2 de MAiD no es eutanasia patrocinada por el Estado?». En esa misma intervención se cuestionó cómo Canadá puede no ver el Track 2 como una regresión y como un posible paso atrás hacia la eugenesia.

La acusación resume el conflicto en términos contundentes: cuando el Estado ofrece la muerte más rápidamente que la ayuda real; cuando normaliza la muerte asistida mientras infradota vivienda, atención sanitaria accesible, apoyos comunitarios y recursos de salud mental; cuando el sufrimiento generado por el abandono termina convertido en un billete hacia la morgue. Por eso la frase que se subraya es tajante: «Eso no es autonomía. Eso es abandono con formularios de consentimiento».

Naciones Unidas no hizo recomendaciones suaves: pidió derogación, freno de la expansión y un giro hacia apoyos efectivos, como vivienda, sanidad accesible, recursos comunitarios de salud mental, inclusión económica e igualdad real ante la ley. Sin embargo, la expansión continúa y la enfermedad mental sola está prevista como condición elegible en 2027, precisamente una ampliación señalada por la ONU como algo que debe revertirse.

La denuncia eleva entonces el tono y concluye que seguir adelante pese a una advertencia tan grave no es liderazgo, sino una obstinación moralmente culpable: «Eso no es liderazgo. Eso es negación. Eso es asesinato». A ello se añade una crítica final: no solo se estaría fallando a los vulnerables, sino que se estaría vendiendo su muerte como progreso, mientras el recuento crece hasta niveles que podrían convertir el sistema en una de las principales causas de muerte del país.

La razón por la que el pronunciamiento de la ONU importa, se insiste, es clara: si no se corrigen barreras estructurales —pobreza, atención inaccesible, ausencia de apoyos comunitarios— ofrecer muerte asistida no actúa como salvaguarda, sino como «una tirita sobre una herida de bala». 

EL PENTAGRAMA DEL ABISMO: MÚSICA Y GUERRA OCULTA EN LA MODERNIDAD LÍQUIDA

Síntesis de la ponencia de Piergiorgio Seveso en la 263.ª Conferencia de Formación Militante (12 de diciembre de 2013). Tomado de RADIO SPADA.
   

1. La Criptopolemología: no Numismática, sino Hermenéutica Fundativa
Para comprender el presente, conviene reivindicar el status científico de la Criptopolemología. Esta no es una disciplina auxiliar como la numismática o la paleografía, que estudian el artefacto material, sino que es una ciencia hermenéutica fundativa. La historia es Pólemos, una guerra oculta (krýptos) no siempre visible a quien no sabe “unir los puntos”. Como en una charada de la revista Settimana Enigmistica, el cuadro en conjunto emerge solo cuando se tiene el coraje de reunir las relaciones diplomáticas, ideológicas y culturales que sustentan las revoluciones.

Desde las primeras fricciones entre Sacerdótium y Regnum en el Medioevo, a través de las herejías proto-protestantes y el trauma del 1517, se ha llegado a una amalgama hirviente en que las avaricias humanas se funden en fuerzas centrífugas respecto de la Verdad Católica. Esta “nave” de la República Cristiana fue golpeada por oleadas sucesivas: el 1688 inglés, el 1789 francés, hasta las mareas crecientes del marxismo y del mundialismo apolide (sin nacionalidad) financiero de nuestros días.

2. La tradición de la Denuncia: de Barruel a Maurice Pinay
No estamos solos en este análisis. Nuestro camino comienza con una noble genealogía de estudiosos que han buscado proveer a los posteriores las claves de lectura del rompecabezas revolucionario. Recordemos la obra pionera del padre Augustin Barruel SJ, el padre Félix Sardá y Salvany, los análisis de los jesuitas de La Civiltà Cattolica del Ochocientos (los padres Raffaele Ballerini y Giuseppe Oreglia), los estudios sobre el Resurgimiento de Paolo Mencacci y las preciosas crónicas de monseñor Ernest Jouin en su Revue Internationale des Sociétés Secrètes.

En tiempos más recientes, el pensamiento corre al vizconde Léon de Poncins y a la monumental (y trágicamente desatendida) obra de Maurice Pinay, Complot contra la Iglesia, distribuido a los Padres Conciliares durante el Vaticano II para advertirles los riesgos de la judaización de la fe. Estos autores no buscaron automatismos cerebrales, sino que practicaron el intus-legére: leer dentro de los hechos para encontrar el sentido profundo.

3. La Estética de la desfiguración: la pérdida del centro
Hoy la estética se ha convertido en una tiranía antropocéntrica. En el “solemne naufragio del ser”, el artista contemporáneo reivindica el derecho di exponer excrementos, físicos o morales, elevándolos a obras de arte. Hemos visto cuerpos humanos en descomposición expuestos en galerías y gestos injuriosos (como el “dedo” de Maurizio Cattelan en la Plaza de los Negocios de Milán) entronizarse en los sitios de poder.
  
Citando al historiador Hans Sedlmayr, la “pérdida del centro” produce una fuga centrífuga: el objeto de arte desaparece, y la figura humana viene afeada. También los jardines sufren está mutación: del jardín all’italiana (1.600-1.700), cuadrado y racional, espejo de un orden divino, al jardín romántico (1.800), tenebroso, panteista, hecho de ruinas fingidas y naturaleza salvaje que devora todas las cosas. Es la orientación gestáltica (configuracional) del mal: tomar el cuchillo por el lado del filo.

4. La Música como vector revolucionario
La música es el campo de batalla más insidioso. Ya Monseñor Humberto Benigni notaba cómo la poesía trovadoresca (siglo XIII) escondía temas violentos. Pero es con la modernidad que se acelera el proceso
  • El Vals y el Tango: Si el Vals era el torbellino de la Era Romántica, el Tango fue descrito en 1914 por Alessandro Cavallanti como “el tango en el fango”, signo de una corporeidad siempre más desenfrenada.
  • El mito de los Beatles y de los Rolling Stones: Los Beatles no eran “cuatro chicos bravos”, sino los mensajeros de una Inglaterra obrera post-cristiana. John Lennon declaraba abiertamente la superioridad del rock sobre Jesucristo, mientras su canción Imagine teorizaba un mundo “sin religiones”, o sea, un infierno utópico.
  • La era del black metal y del satanismo explícito: Desde los años 70 en adelante, el ímpetu de vino explícito. Grupos como Venom (fundadores del black metal), MetallicaSlayer (con sus referencias al nazismo posmoderno y a Josef Mengele), Iron Maiden y Ozzy Osbourne han normalizado el imaginario cementerial y tanatológico.
  
5. El satanismo como Caos y la Era digital
El error de muchos críticos católicos es buscar el diablo solo en los mensajes subliminales al revés. El peligro verdadero está en el mensaje “al derecho”. El satanismo no tiene necesidad de mensajes doctrinales complejos o de cultos estructurados; Satanás es anómico (sin ley), trae fuerza del caos. No necesita de milicias, sino de adicción.

Hoy, en la era cibernética, YouTube (desde 2006) y las plataformas digitales han hecho esta avalancha de fango accesible con un clic. No hay necesidad de suicidarse como Kurt Cobain (que escribía “Dios es gay” en las paredes) para ser víctimas de este sistema; solo basta el ateísmo práctico, el vaciamiento del alma y la normalización del horror.

Conclusión: La casa desguarnecida
Es desconcertante constatar cómo parte del mundo católico ha abdicado a su propio papel crítico. Desde las exaltaciones de los Beatles en Radio Vaticana a la publicación de los conciertos del grupo brasileño “Sepultura” en la revista paulina Famiglia Cristiana, hasta Franco Battiato que, si bien profesando creencias gnósticas, fue invitado a cantar en el Aula Nervi del Vaticano.

No existen espacios neutros en el Cosmos. Si la casa está limpia pero desguarnecida, siete demonios peores la tomarán en posesión. El que acepta la “neutralidad” de la música contemporánea ya pasó al bando del enemigo. Nuestra resistencia parte de la consciencia: volver a llamar al excremento por su nombre es reafirmar que él único verdadero arte es aquel que e eleva al hombre hacia su Creador.

PRÉVOST CONTINÚA LA FUSIÓN DE DIÓCESIS EN IRLANDA

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

León XIV Riggitano-Prévost continúa el proceso en curso de fusión de diócesis en el oeste de Irlanda.
  
Hoy, nombró al arzobispón Francis Duffy Dolan de Tuam como obispón de la vecina diócesis de Killala. Al hacerlo, une la Diócesis de Killala y la Archidiócesis de Tuam in persóna epíscopi (en la persona del obispo).
   
Este paso se había preparado hace dos años. En abril de 2024, Francisco Bergoglio nombró a tres obispones irlandeses para dirigir seis diócesis. El arzobispón Duffy de Tuam (“instalado” presbítero el 20 de Junio de 1982 por el obispón de Kilmore Francis Joseph MacKiernan MacTague, y obispón el 6 de Octubre de 2013 por el cardenal Seán Baptist Brady Smith/Ó Brádaigh Mac Gabhann, arzobispón de Armagh y Primado de toda Irlanda) se convirtió ya entonces en el administrador apostólico de Killala tras la renuncia del obispón John Fleming O’Grady por límite de edad.
  
La Iglesia en la antigua Irlanda católica ha estado en un estado de colapso total después del desastroso nombramiento de obispos desde los días de Juan Pablo II Wojtyła.

MENDIGANDO ATENCIÓN Y OBEDIENCIA A PUNTA DE PISTOLA (Breve refutación a los extensos artículos de los “cardenales” Müller y Sarah)…


Ante la decisión de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X de proseguir con las consagraciones episcopales programadas para el 1 de Julio y rechazar la propuesta/exigencia de suspenderlas a cambio del enésimo intento de diálogo, los cardenales neoconservadores (o vetero-liberales, lo mismo aplica) curiales Gerhard Ludwig Müller Straub y Robert Sarah Nemelo emitieron sendas críticas durante el fin de semana.

Müller fue el primero, en un artículo largo en Kath.net (Austria) el sábado 21:
El Consejo General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X publicó una carta de respuesta al cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en su reunión en Menzingen el 18 de febrero de 2026.

Se refiere al largo camino de diálogo intensivo entre la Santa Sede y la Fraternidad hasta la fecha crucial del 6 de junio de 2017. A continuación, se atribuye con dureza la responsabilidad exclusiva al final de este diálogo, en su opinión, esperanzador, afirmando: «Pero todo terminó drásticamente por una decisión unilateral del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el Cardenal Müller, quien, a su manera solemne, estableció los requisitos mínimos necesarios para la plena comunión con la Iglesia católica, incluyendo explícitamente todo el Concilio y el período posconciliar».

Puesto que se trata del gran bien de la unidad de la Iglesia católica, que todos profesamos en la fe, las sensibilidades personales deberían quedar en segundo plano. 

La historia de la Iglesia nos enseña cómo los cismas, a diferencia de las herejías, también surgieron y se consolidaron entre los católicos ortodoxos. Las razones de esto fueron las deficiencias humanas, el dogmatismo teológico y también la falta de sensibilidad por parte de la autoridad legítima. Basta recordar a los donatistas, con quienes San Agustín tuvo que lidiar; la controversia en torno al jansenismo, que condujo al Cisma de Utrech con la consagración episcopal ilegítima de Cornelius Steenoven (15 de octubre de 1724); y también a los viejos católicos tras el Concilio Vaticano I con la consagración episcopal ilegítima de Hubert Reinkens (11 de agosto de 1873), aunque este último grupo, con su negación formal del dogma de la infalibilidad del Romano Pontífice y su primacía de jurisdicción, finalmente desembocó en la herejía.

Sin embargo, existen criterios claros para la ortodoxia católica y la plena pertenencia católica, formulados desde la época del obispo martirizado Ignacio de Antioquía (a principios del siglo II) y cada vez más refinados desde entonces, especialmente en el Concilio de Trento contra los protestantes. Esencial para estos criterios es la plena comunión con la Iglesia universal y, en especial, con el Colegio Episcopal, cuyo principio y fundamento perpetuo y visible de unidad en la verdad revelada es el Romano Pontífice, como sucesor personal de San Pedro. Si bien otras comunidades eclesiales pueden afirmar ser católicas porque coinciden total o casi totalmente con la fe de la Iglesia católica, no son verdaderamente católicas a menos que también reconozcan y practiquen formalmente al Papa como autoridad suprema y la unidad sacramental y canónica con él.

No cabe duda de que la Fraternidad San Pío X concuerda con la fe católica en esencia (salvo el Concilio Vaticano II, que erróneamente interpreta como una desviación de la tradición). Y si no reconoce el Concilio Vaticano II, total o parcialmente, se contradice, pues afirma con razón que este no presentó una nueva doctrina en forma de dogma definido para la fe de todos los católicos. El Concilio mismo se basa en la clara convicción de estar en la línea de todos los concilios ecuménicos, y en especial del Concilio de Trento y del Concilio Vaticano I. Su único propósito fue presentar a los fieles, de forma dogmática y profunda, la doctrina siempre vigente de la Divina Revelación (Dei Verbum) y la Iglesia del Dios Trino (Lumen Gentium), en su totalidad. La liturgia tampoco debía reformarse como si estuviera obsoleta. Contrariamente a la narrativa progresista, la Iglesia no necesita someterse a ningún tipo de rejuvenecimiento médico, como en un proceso de envejecimiento biológico. Pues fue fundada de una vez por todas por Cristo, pues en su divina persona toda novedad llegó al mundo sin igual y permanece presente en la doctrina, la vida y la liturgia de la Iglesia hasta su regreso al final de la historia (Ireneo de Lyon, Contra las Herejías IV, 34, 1). La Iglesia, como Cuerpo de Cristo y Templo del Espíritu Santo, es joven y viva hasta el Día del Juicio Final (aunque algunos parezcan viejos en ella por la incredulidad y el pecado, es decir, se nieguen a superar al viejo Adán que llevan dentro).

La sustancia misma de los sacramentos y su forma esencial nos son dadas y más allá de cualquier intervención de la Iglesia (Concilio de Trento, Decreto sobre la Comunión bajo una sola especie, Capítulo 2: DH 1728), mientras que la autoridad eclesiástica tiene derecho a determinar su forma ritual, pero no de manera arbitraria y autoritaria, sino con gran respeto por las tradiciones eclesiásticas establecidas y la sensibilidad y el sentido de fe de los fieles. Por lo tanto, a la inversa, la afirmación de que la liturgia latina según el Misal y el Ritual Romanos (según el rito antiguo) es ilegítima porque la ley de la oración es la ley de la fe (Pseudo-Celestino, Indículo, Capítulo 8: DH 246) es teológicamente falsa. Este principio se refiere al contenido de la fe expresada en los sacramentos, no a su forma ritual externa, de la cual ha habido muchas variaciones a lo largo de la historia de la Iglesia hasta nuestros días. Por lo tanto, todo católico tiene derecho a criticar el motu proprio "Traditionis custodes" (2021) y su implementación, a menudo indigna, por obispos intelectualmente abrumados, así como su inadecuada argumentación teológica y su imprudencia pastoral. Sin embargo, la duda de que la Santa Misa según el Misal de Pablo VI (por ejemplo, debido a la posibilidad de concelebración, la orientación del altar, el uso de la lengua vernácula) contradiga la tradición de la Iglesia como criterio normativo para interpretar la Revelación (y esté impregnada de ideas masónicas) es teológicamente absurda e indigna de un católico serio. El abuso real de la liturgia (misas de carnaval, la bandera arcoíris atea en la iglesia, cambios arbitrarios según el gusto personal) no debe atribuirse al rito del Novus Ordo ni siquiera al Concilio, sino a quienes, por ignorancia o frivolidad, son gravemente culpables de estas blasfemias y abusos litúrgicos ante Dios y la Iglesia.

Tampoco se puede esperar que un verdadero católico acepte sin críticas todo documento procedente de Roma o de una autoridad episcopal. Ireneo de Lyon, Cipriano de Cartago, Agustín, Bernardo de Claraval, Catalina de Siena, el cardenal Belarmino, el obispo Ketteler de Maguncia (en sus tratos con Pío IX) y muchos otros se han quejado con razón de ciertas declaraciones y acciones (como la privación masiva y autoritaria de derechos de muchas órdenes religiosas durante el último pontificado, que fueron arbitrariamente sometidas a comisariado). 

Así, los obispos ortodoxos también se han sentido ofendidos por documentos más recientes en los que los argumentos dogmáticos y pastorales se han mezclado de forma diletante, o cuando se han hecho declaraciones irreflexivas de que, relativizando a Cristo, todas las religiones son caminos hacia Dios, mientras que, con respecto a María, Corredentora y Mediadora omnium gratiarum, se ha enfatizado de nuevo la única mediación de Cristo sin considerar la enseñanza de la Iglesia sobre la participación de María en la obra de salvación de Cristo. Esto siempre ocurre cuando los obispos prestan más atención al llamado público que a utilizar primero la teología académica y basada en la fe, y a proclamar la palabra de Dios y la verdad de la fe «a tiempo o a destiempo» (2 Timoteo 4:2). 

Pero mirando toda la historia de la Iglesia y la teología, estoy completamente seguro de que la Iglesia no puede ser vencida por nada ni por nadie, no sólo por la oposición externa sino también por los disturbios internos.

Con razón, no solo la Fraternidad San Pío X, sino gran parte de la población católica lamenta que, bajo el pretexto de la renovación de la Iglesia —con el proceso de autosecularización—, se hayan infiltrado en ella grandes incertidumbres sobre cuestiones dogmáticas e incluso herejías. Pero incluso en los dos mil años de historia de la Iglesia, las herejías, desde el arrianismo hasta el modernismo, solo fueron superadas por quienes permanecieron en la Iglesia y no se apartaron del Papa. 

Si la Fraternidad San Pío X pretende tener un impacto positivo en la historia de la Iglesia, no puede luchar por la verdadera fe desde la distancia, desde fuera, contra la Iglesia unida al Papa, sino solo dentro de la Iglesia, con el Papa y todos los obispos, teólogos y fieles ortodoxos. De lo contrario, su protesta resulta ineficaz e incluso es utilizada con burla por grupos heréticos para acusar a los católicos ortodoxos de tradicionalismo estéril y fundamentalismo estrecho de miras. Esto se puede observar particularmente en el llamado Camino Sinodal, que, de hecho, trata de introducir doctrinas heréticas, especialmente mediante la adopción de antropologías ateas, y establecer una especie de constitución de la Iglesia anglicana (con un liderazgo eclesiástico autoproclamado compuesto por obispos de la corte débiles y funcionarios laicos ávidos de poder e ideológicamente arraigados). Esto se opone diametralmente a la constitución sacramental y apostólica de la Iglesia Católica (Concilio de Trento, Decreto sobre el Sacramento del Orden Sagrado, Capítulo 4: DH 1767-1770; Vaticano II, Lumen Gentium, Artículos 18-29). Una iglesia nacional alemana establecida por decretos humanos, que solo reconoce simbólicamente al Papa como su cabeza honoraria, ya no sería católica, y pertenecer a ella no sería necesario para la salvación. Pues, como dice San Agustín: «Quien no ama la unidad de la Iglesia no posee el amor de Dios. Por esta razón, con razón se dice: Solo en la Iglesia Católica se recibe el Espíritu Santo» (De Baptismo 3, 21).

En cualquier caso, ningún grupo, como los donatistas (los Donati pars), puede oponerse a la aceptación de la doctrina de fe definida en nombre de toda la Iglesia, la Iglesia Católica, apelando a su propia conciencia subjetiva. Hacerlo requeriría la honestidad de renunciar por completo a su unidad y, en consecuencia, aceptar el odio de un cismático. El Concilio Vaticano II no proclamó un nuevo dogma, sino que presentó la doctrina dogmática, siempre vigente, de nuevo en un contexto intelectual e histórico-cultural diferente. Aquí, nada debe interpretarse con base en suposiciones subjetivas; en cambio, todo católico debe informarse sobre la enseñanza de la Iglesia y, si es necesario, dejarse corregir. Los asuntos que no se refieran a la doctrina vinculante de la fe y la moral quedan abiertos a la libre discusión teológica. Para la hermenéutica general de la fe de la Iglesia, la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica y el Magisterio (infalible) del Papa y los obispos (especialmente en el Concilio Ecuménico) se consideran las normas últimas para la comprensión de la fe revelada. Los documentos magisteriales, cada uno de los cuales reivindica distintos grados de autoridad, deben interpretarse según el sistema establecido de certeza teológica.

Ningún católico ortodoxo puede invocar razones de conciencia si se sustrae a la autoridad formal del Papa respecto a la unidad visible de la Iglesia sacramental para establecer un orden eclesiástico que no esté en plena comunión con él, en forma de una iglesia provisional, lo cual correspondería a los argumentos protestantes del siglo XVI. Semejante postura cismática no puede apelar a un estado de excepción que solo puede afectar la salvación individual de unas pocas o incluso muchas almas. Cualquiera afectado por una excomunión injusta, como lo fue en su día la santa Doctora de la Iglesia Hildegarda de Bingen, debe, por el bien de la Iglesia, aceptar esto espiritualmente sin comprometer la unidad de la Iglesia mediante la desobediencia. Todo católico estará de acuerdo con el joven Martín Lutero en su lucha contra la venta indigna de indulgencias y la secularización de la Iglesia, pero lo criticará duramente por hacer caso omiso de la excomunión amenazada, rechazar la autoridad eclesiástica para sí mismo y colocar su propio juicio por encima del juicio de la Iglesia en la interpretación de la revelación.

La conciencia bien formada de un católico, y especialmente de un obispo válidamente consagrado y de uno que ha de recibir la consagración episcopal, nunca conferirá ni recibirá las órdenes sagradas contra el sucesor de San Pedro, a quien el mismo Hijo de Dios confió la guía de la Iglesia universal, y por tanto será culpable de un grave pecado contra la unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad de la Iglesia de Cristo revelada por Dios.

La única solución posible en conciencia ante Dios es que la Fraternidad San Pío X, con sus obispos, sacerdotes y laicos, reconozca a nuestro Santo Padre el Papa León XIV como el Papa legítimo no sólo en teoría sino también en la práctica, y se someta a su autoridad docente y a su primado de jurisdicción sin condiciones previas.

Entonces se podría encontrar una solución justa para su estatus canónico, por ejemplo, otorgando a su prelado la jurisdicción ordinaria sobre la Compañía, quien está directamente subordinado al Papa (quizás sin mediación de un oficio curial). Pero estas son consecuencias canónicas y prácticas que solo serán válidas si son dogmáticamente coherentes con la eclesiología católica. La Fraternidad San Pío X, como cualquier otro católico ortodoxo, tiene el deber de adoptar las enseñanzas del Primer Concilio Vaticano y dejar que guíen sus acciones: 
«Enseñamos, por ende, y declaramos, que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A esta potestad están obligados por el deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia les pastores y fieles de cualquier rito y dignidad, ora cada uno separadamente, ora todos juntamente, no sólo en las materias que atañen a la fe y a las costumbres, sino también en lo que pertenece a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de suerte que, guardada con el Romano Pontífice esta unidad tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un solo rebaño bajo un solo pastor supremo. Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y salvación» (Vaticano I, Constitución Dogmática sobre la Iglesia “Pastor Ætérnus”, Capítulo 3: Denzinger-Hunemann 3060).

Y al día siguiente Sarah, en una columna de Le Journal du Dimanche (Francia), traducida al español por el impotable de Federico Juan Highton Suaya SE:
«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16, 16). Con estas palabras, Pedro, interrogado por el Maestro sobre la fe que tiene en Él, expresa en síntesis el patrimonio que la Iglesia, a través de la sucesión apostólica, custodia, profundiza y transmite desde hace dos mil años: Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios vivo, es decir, el único Salvador. «Estas palabras tan claras del papa León XIV sobre la fe de Pedro, al día siguiente de su elección, resuenan todavía en mi alma». El Santo Padre resume así el misterio de la fe que los obispos, sucesores de los apóstoles, no deben dejar de proclamar. Ahora bien, ¿dónde podemos encontrar a Jesucristo, el único Redentor? San Agustín nos responde con claridad: «Donde está la Iglesia, allí está Cristo». Por eso nuestra preocupación por la salvación de las almas se traduce en nuestro empeño por conducirlas a la única fuente que es Cristo, que se entrega en su Iglesia. Solo la Iglesia es el camino ordinario de la salvación; es, por tanto, el único lugar donde la fe se transmite íntegramente. Es el único lugar donde la vida de la gracia se nos da plenamente por medio de los sacramentos. En la Iglesia existe un centro, un punto de referencia obligatorio: la Iglesia de Roma, gobernada por el Sucesor de Pedro, el Papa. «Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (Mt. 16, 18).

Quiero expresar mi profunda preocupación y mi honda tristeza al conocer el anuncio de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, fundada por Mons. Lefebvre, de proceder a ordenaciones episcopales sin mandato pontificio.

Se nos dice que esta decisión, que desobedecería la ley de la Iglesia, estaría motivada por la ley suprema de la salvación de las almas: supréma lex, salus animárum. Pero la salvación es Cristo, y Él solo se da en la Iglesia. ¿Cómo se puede pretender conducir las almas a la salvación por otros caminos distintos de los que Él mismo nos ha indicado? ¿Es querer la salvación de las almas desgarrar el Cuerpo místico de Cristo de manera quizá irreversible? ¿Cuántas almas corren el riesgo de perderse a causa de esta nueva ruptura?

Se nos dice que este acto pretende defender la Tradición y la fe. Sé cuánto el depósito de la fe es hoy despreciado a veces por aquellos mismos que tienen la misión de defenderlo. Sé que algunos olvidan que solo la cadena ininterrumpida de la vida de la Iglesia, del anuncio de la fe y de la celebración de los sacramentos, que llamamos Tradición, nos da la garantía de que aquello en lo que creemos es el mensaje original de Cristo transmitido por los apóstoles. Pero también sé, y creo firmemente, que en el corazón de la fe católica está nuestra misión de seguir a Cristo, que se hizo obediente hasta la muerte. ¿Podemos realmente prescindir de seguir a Cristo en su humildad hasta la Cruz? ¿No es traicionar la Tradición refugiarse en medios humanos para mantener nuestras obras, aunque sean buenas?

Nuestra fe sobrenatural en la indefectibilidad de la Iglesia puede llevarnos a decir con Cristo: «Mi alma está triste hasta la muerte» (Mt. 26, 38), al ver las cobardías de cristianos e incluso de prelados que renuncian a enseñar el depósito de la fe y prefieren sus opiniones personales en materia de doctrina y moral. Pero la fe nunca puede llevarnos a renunciar a la obediencia a la Iglesia. Santa Catalina de Siena, que no dudaba en amonestar a los cardenales e incluso al Papa, exclamaba: «Obedeced siempre al pastor de la Iglesia, porque es el guía que Cristo ha establecido para conducir las almas hacia Él». El bien de las almas nunca puede pasar por una desobediencia deliberada, porque el bien de las almas es una realidad sobrenatural. No reduzcamos la salvación a un juego mundano de presión mediática.

¿Quién nos dará la certeza de estar realmente en contacto con la fuente de la salvación? ¿Quién nos garantizará que no hemos tomado nuestra opinión por la verdad? ¿Quién nos preservará del subjetivismo? ¿Quién nos garantizará que seguimos irrigados por la única Tradición que nos viene de Cristo? ¿Quién nos asegurará que no nos adelantamos a la Providencia y que la seguimos dejándonos guiar por sus indicaciones? A estas preguntas angustiosas solo hay una respuesta, dada por Cristo a los apóstoles: «Quien a vosotros escucha, a mí me escucha. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos» (Lc. 10, 16; Jn. 20, 23). ¿Cómo asumir la responsabilidad de apartarse de esta única certeza?

Se nos dice que se hace por fidelidad al Magisterio precedente, pero ¿quién puede garantizarlo sino el propio Sucesor de Pedro? Aquí hay una cuestión de fe. «Quien desobedezca al Papa, representante de Cristo en la tierra, no participará de la sangre del Hijo de Dios», decía también Santa Catalina de Siena. No se trata de una fidelidad mundana a un hombre y a sus ideas personales. No se trata de un culto a la personalidad del Papa. No se trata de obedecer al Papa cuando expresa sus propias ideas u opiniones personales. Se trata de obedecer al Papa cuando dice, como Jesús: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado» (Jn. 7, 16).

Se trata de una mirada sobrenatural sobre la obediencia canónica, que garantiza nuestro vínculo con Cristo mismo. Es la única garantía de que nuestra lucha por la fe, la moral católica y la Tradición litúrgica no se desvíe hacia la ideología. Cristo no nos ha dado otro signo cierto. Abandonar la barca de Pedro y organizarse de manera autónoma y en círculo cerrado equivale a entregarse a las olas de la tormenta.

Sé bien que a menudo, incluso dentro de la Iglesia, hay lobos disfrazados de corderos. ¿Acaso el propio Cristo no nos lo advirtió? Pero la mejor protección contra el error sigue siendo nuestro vínculo canónico con el Sucesor de Pedro. «Es el mismo Cristo quien quiere que permanezcamos en la unidad y que, incluso heridos por los escándalos de malos pastores, no abandonemos la Iglesia», nos dice san Agustín. ¿Cómo permanecer insensibles a la oración llena de angustia de Jesús: «Padre, que sean uno como nosotros somos uno» (Jn. 17, 22)? ¿Cómo seguir desgarrando su Cuerpo con el pretexto de salvar las almas? ¿No es Él, Jesús, quien salva? ¿Somos nosotros y nuestras estructuras quienes salvamos las almas? ¿No es a través de nuestra unidad como el mundo creerá y será salvado? Esta unidad es ante todo la de la fe católica; es también la de la caridad; y es, finalmente, la de la obediencia.

Quisiera recordar que san Padre Pío de Pietrelcina fue durante su vida injustamente condenado por hombres de Iglesia. Cuando Dios le había concedido una gracia especial para ayudar a las almas de los pecadores, se le prohibió confesar durante doce años. ¿Qué hizo? ¿Desobedeció en nombre de la salvación de las almas? ¿Se rebeló en nombre de la fidelidad a Dios? No; guardó silencio. Entró en la obediencia crucificante, seguro de que su humildad sería más fecunda que su rebelión. Escribía: «El buen Dios me ha hecho comprender que la obediencia es lo único que le agrada; es para mí el único medio de esperar la salvación y de cantar victoria».

Podemos afirmar que el mejor medio para defender la fe, la Tradición y la auténtica liturgia será siempre seguir a Cristo obediente. Cristo jamás nos mandará romper la unidad de la Iglesia. 
De ambas parrafadas indigestas, se concluye lo siguiente:
  1. Los dos son miembros de la Iglesia Deuterovaticana (o Conciliar –Montini et Benelli dixérunt–, o Sinodal –al decir de Bergoglio y Riggitano-Prévost–, o como carajos quieran autodeterminarse), y creen que esta es la verdadera Iglesia Católica, y que su jerarquía, doctrina, moral, liturgia y cánones son los mismos de aquella. Ya desde ese punto (por otra parte compartido por la FSSPX y demás integrantes de Tradilandia y Neoconistán), sintomático de una eclesiología esquizoifrénica, su discurso está invalidado.
  2. Los dos hablan falacias y sofismas. Müller desde una soberbia descarada y hortera como el modernista recalcitrante que es (no menos que de una inquina personal contra la FSSPX porque, cuando él era obispón de Ratisbona, quiso “excomulgar” al obispo Galarreta por una ordenación de subdiáconos en el seminario de Zaitskofen, pero Ratzinger y el cardenal Darío Castrillón se lo impidieron), azuza el fantasma de Lutero (ese mismo Lutero que Francisco Bergoglio llamó “testigo del Evangelio” y homenajeó con un timbre postal), el cual quiso e impuso todo cuanto en el Vaticano II se implementó en materia litúrgica (posibilidad de la concelebración, la orientación del altar, el uso de la lengua vernácula y cantos profanos…), al punto que los mismos colaboradores protestantes del masón Bugnini reconocieron que, de tan idéntica como es, podían celebrar la “Nueva Misa” en un servicio protestante sin escrúpulos de conciencia; y en cuanto al gobierno, ¿Qué tiene que decir respecto del “Camino sinodal alemán”?
  3. Sarah, revestido con el manto de piedad y siguiendo su costumbre de recurrir al sentimentalismo, no tiene inconveniente en instrumentalizar al Padre Pío de Pietrelcina y Santa Catalina de Siena, no menos que recurrir a pasajes bíblicos y patrísticos sin citar (mala costumbre de él), para llamar a una obediencia irrestricta y servil a los lobos y falsos pastores (cosa que San Bernardo dijo que era desobediencia contra Dios; y San Ignacio de Loyola fue claro en que, para esa gracia, mejor no haya pastor alguno). Ítem, ¿Con qué autoridad moral se puede exigir obediencia a hombres que han desobedecido contumazmente a Jesucristo, Cabeza y Señor de la Iglesia, y enseñan a otros a desobedecerlo también? Ojo, que está escrito: «El que violare uno de estos mandamientos por mínimos que parezcan, y enseñare a los hombres a hacer lo mismo, será tenido por el más pequeño, esto es, por nulo, en el reino de los cielos» (Mt. 5, 19).
  4. Ambos rechazan la posibilidad de juzgar (no tanto como imponer sentencia, sino de tener opinión y criterio) que la doctrina del Vaticano II es contraria al Magisterio Católico anterior a él. Un ejemplo de muestra: Pío IX en el Sílabo de errores condenó la siguiente afirmación: «Todo hombre es libre de abrazar y profesar la religión que, guiado por la luz de la razón, considere verdadera», mientras que el Vaticano II en su documento “Dignitátis Humánæ” declara: «La persona humana tiene derecho a la libertad religiosa». O la primera es verdad, o la segunda lo es, pero ambas al tiempo, se anulan entre sí: 1+(-1)=0.
  5. Finalmente, y remitiéndonos a los hechos, ¿Dónde estaban esos Müller y Sarah que tanto ponen la obediencia como la cuarta virtud teologal (incluso, poniéndola como requisito sine qua non para la fe) cuando el entonces cardenal Karol Józef Wojtyła Katzorowski y su obispo auxiliar Julian Jan Groblicki ordenaron clandestinamente sacerdotes para Checoslovaquia, Ucrania, Lituania y Bielorrusia, o cuando el cardenal José Slipyj Dychkovski consagró obispos sin mandato de Pablo VI Montini? Estaban CALLADOS y en el anonimato: Müller era un seminarista doctorándose en la Universidad de Maguncia con una tesis sobre el luterano Bonhöffer; Sarah era párroco en ignota aldea de Guinea; y los dos sin imaginarse ni en sus sueños más locos ser promovido a obispones (mucho menos a cardenales).
Así, lo mejor que pueden hacer estos dos personajes de Gerhard Ludwig Müller Straub y Robert Sarah Nemelo (y súmense a ello Marian Elegante Egli OSB, Atanasio Antonio Schneider Trautmann CRC, Alexander Joseph Ranald Shaw Rich, Raymond Leo Burke Nicks, Joseph Edward Strickland Hart –que no tardarán en entrar a danza estos dos últimos–, el vendido de Louis-Marie Olivier Le Barbier de Blignières y Chiron de La Casinière FSVF –él mismo ordenado por Lefebvre en 1977, un año después de su suspensión a divínis por Montini, por tanto, irregular– los impotables de Javier Olivera Ravasi y Federico Juan Highton Suaya SE, y los demás que han hecho declaraciones masoquistas) es llamarse a silencio para, por lo menos, no quedar en ridículo (o no más de lo que ya llevan en toda su carrera). Y en cuanto a los católicos, reconocer y proclamar la verdad: LA SEDE APOSTÓLICA ESTÁ VACANTE y debe restablecerse el Papado legítimo; y es necesario y urgente abandonar la Falsa Iglesia para no condenarse con ella. El tiempo apremia, y la salvación de las almas está en juego.
  
D. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R
23 de Febrero de 2026 (Año “Combate por la Cruz”).
Lunes de la I Semana de Cuaresma. Fiesta de San Pedro Damián OSB, Cardenal-Obispo de Ostia y Doctor de la Iglesia; de Santa Marta de Astorga, virgen y mártir; de San Sinerio de Sirmio, mártir; y de Santa Milburga de Wenlock, virgen y abadesa. Nacimiento del Papa Pablo II Barbo; y de Matías I Hunyádi Corvino, Rey de Hungría, Croacia y Bohemia. Martirio de San Policarpo, obispo de Esmirna. Tránsito de Santa Isabel de Francia OSC, virgen y religiosa; del Papa Eugenio IV Condulmer; y de Diego Colón, segundo gobernador de Veraguas. Destrucción de la catedral de Nicomedia y comienzo de la Persecución de Diocleciano; colocación de la primera piedra de la catedral de Santa Sofía de Constantinopla; publicación de la Biblia de Gutemberg; bombardeo de Pforzheim (Alemania) por la Real Fuerza Aérea británica. Vigilia de San Matías Apóstol.