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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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jueves, 26 de enero de 2023

LA CORRUPCIÓN LITÚRGICA MARONITA POR EL MODERNISMO

Traducción del artículo publicado en NEW LITURGICAL MOVEMENT.
  
Un altar maronita ad oriéntem, algo que se ve raramente (Iglesia de San Marón, Roma)
   
Frecuentemente se asume por los Católicos Romanos que los ritos Católicos Orientales han sido “preservados intactos” y que los aspectos destructivos de la reforma litúrgica tuvieron lugar solamente en la Iglesia de rito latino. A veces se sugiere incluso que los Católicos Romanos pueden hallar un “refugio” en el Este si las cosas en el Occidente continúan en la cuesta abajo que el Papa Francisco y sus nuevos funcionarios se proponen implementar. Como Joseph Shaw y yo hemos argumentado (ver aquí, aquí, y aquí), no hay ninguna buena razón para pensar que Traditiónis Custódes conducirá a mejoras sustantivas en el Novus Ordo; por el contrario, es más probable que conduzcan a la supresión de los elementos que parezcan en alguna forma al rito Tridentino, en aras a implementar una visión litúrgica progresista.
    
Si bien es verdad que la destrucción más sin sentido tuvo lugar en realidad en el Rito Romano (con estragos similares en el Rito Ambrosiano), los liturgistas con instrucción occidental dentro del Catolicismo Oriental también se han mostrado prestos a seguir el camino del falso anticuarianismo y la modernización, usualmente en la forma de abreviaciones y simplificaciones dramáticas, como también en la abolición de características tradicionales.
   
Los  Maronitas son tal vez el ejemplo más conocido de esta autodestrucción de influencia occidental: su liturgia ha evolucionado al Novus Ordo del Este. Por ejemplo, en “La Transferencia de los Dones” (que corresponde a la “Gran Entrada” en la Liturgia Bizantina), tradicionalmente un diácono o subdiácono transfería los dones (ofrendas) de un altar lateral al altar mayor. En las parroquias ahora, se emplea a los laicos para hacer la transferencia, imitando la procesión del ofertorio del Novus Ordo: algo que fue introducido con sustento de anticuario como una resurrección de una práctica antigua, aunque mejores estudios han mostrado que no es tal: el ofertorio moderno tiene poco que ver con el antiguo (ver aquí y aquí).
   
Un corresponsal conocedor me dio una vez una muestra del cuadro mayor, para que pudiera entender cómo un tipo de latinización, que había tenido sus aspectos positivos, había simplemente dado a otro tipo, que ocasionó daños graves:
«La Iglesia Maronita ha pasado por varios períodos de latinización desde el siglo XVI, más especialmente en el Sínodo de Monte Líbano en 1736 donde un legado papal recibió instrucción de “corregir” nuestras prácticas. La adopción de estas latinizaciones no fue uniforme o universal, y frecuentemente se manifestaba en externalidades (v.g., ornamentos); aunque retuvimos nuestro idioma sagrado y el vasto corpus de nuestra liturgia y oraciones distintivas. En la década de 1940s, el Patriarca Antonio II Pedro Arida deseó restaurar nuestra tradición y un liturgista de nombre corobispo Michel Raji empezó por investigar para restaurar nuestra tradición. Su sacramentario fue el mayor fruto de su trabajo; preservó antiguas liturgias como una liturgia bautismal de alrededor del siglo V.
   
La íntima y de vieja data conexión entre Francia y Líbano/Siria significó, sin embargo, que los liturgistas que estudió en Francia comenzó a internalizar e imitar el Movimiento Litúrgico occidental; los maronitas comenzaron a albergar ideas reformistas, que culminaron en un libro de 1965 llamado Avant-messe maronite por Pierre-Edmond Gemayel, que se convertiría en arzobispo y presidente de la comisión litúrgica. El enfoque de Gemayel fue esencialmente que todo lo que no le gustaba era o debía haber sido una acreción del siglo XV, “Jacobita” o auténtico pero no pastoral. Es difícil responder caritativamente a tan infundadas y subjetivas afirmaciones; ejemplo de esto es la afirmación gemayeliana que la prótesis (que todas las liturgias orientales y algunas liturgias occidentales tenían en común, equivalente al ofertorio) es una acreción de los siglos XV-XVI; a esto, todo lo que Baby Varghese (un erudito litúrgico siríaco occidental) puede decir que “el análisis por Gemayel de los contenidos de los distintos manuscritos no fue siempre acertado” (dale a ese hombre un premio por entender).
  
Portada del libro “La Avant-messe maronite”
   
Respecto a los elementos “jacobitas”, Gemayel atacó todo lo que nos hacía siríacos Occidentales, como la doxología antifonal que anteriormente iniciaba todas las liturgias: “P: Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, al principio y final de todos nuestros actos; R: y que su misericordia y su piedad se derramen sobre nosotros, humildes pecadores, en esta y la otra vida, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén”. Mientras para los elementos supuestamente “no pastorales”, un ejemplo es la recitación del salmo 50 al comienzo de la liturgia, que fue innegablemente la práctica de la liturgia maronita por milenio y medio; pero ellos dicen que es redundante pedir perdón tantas veces. Las oraciones que son “autodeprecativas” fueron también removidas, v.g., para la imposición del incienso, el sacerdote ahora dice: “En alabanza y honra de la Santísima Trinidad”, donde anteriormente era “En alabanza y honra de la Santísima y gloriosísima Trinidad, mis manos pecadoras ponen el incienso. Roguemos todos e imploremos del Señor misericordia y piedad”; las oraciones de las distintas anáforas fueron redactadas en forma semejante.
    
Por la Guerra Civil Libanesa que duró desde los años setenta hasta comienzos de los 90, nunca se promulgó un nuevo misal para remplazar el de 1596. En 1992, sin embargi, Gemayel finalmente puso por obra su visión bugniniana, removiendo toda la prótesis excepto tres líneas y cualquier idea de sacrificio, cortando toda la anteliturgia a la mitad, truncando grandemente o removiendo por completo las rúbricas, infantilizando el lenguaje, removiendo todo lo que se refiere a la liturgia como sacrificio, e introduciendo varias ideas del Novus Ordo (v.g., donde anteriormente las lecciones eran leídas desde el centro, ahora son obligatorios dos ambones, el del sur para la epístola y el del norte para el Evangelio). Los laicos sirven a menudo como diáconos. El oficio sacerdotal no tiene una significación particular; las oraciones de la fracción en que el sacerdote ofrece la Eucaristía vuelto a Dios fueron hechas para ser recitadas por todos. Un tropo anterior en la oración siríaca es que el sacerdote ora en nombre de todos “Señor Dios nuestro, haznos dignos de hacer X…”; antes de la comunión y, con el nuevo libro de rúbricas, antes de la lectura de la Escritura, todos recitan estas oraciones en común. La anámnesis debe ser recitada por todos los concelebrantes. Personalmente he pedido fuentes o evidencia de estas prácticas, pero mis peticiones nunca encontraron respuestas; las rúbricas en este punto son arbitrarias. ¡Individuos que nunca estudiaron teología ni han ganado familiaridad con la historia de la fe continúan contribuyendo a la reforma litúrgica! Un ejemplo de esto es Guilnard Moufarrej, que escribió sobre la reforma de nuestros ritos funerarios. Ella afirma que los versos removidos que son citas exactas de Efesios 2:2 porque “coinciden con los dogmas romanos” (convenientemente no citando los “dogmas romanos” con los que no coinciden).
   
Portada del Misal maronita (1596)
   
La reforma continúa arbitrariamente, y para la denigración de nuestra tradición. Hay actualmente un flujo constante de ritos propuestos, el cual remplaza completamente la primera mitad de la Liturgia eucarística y tiene una Anáfora clavada al final porque la Misa ha venido a ser vista como la única forma verdadera de oración (mientras un jesuita del siglo XVI comentaba sobre cuán sorprendido estaba ante la ubicua asistencia laica a los divinos oficios en la Iglesia Maronita). El refrán de la reforma litúrgica continúa siendo “progreso”, aunque sin definición alguno. En últimas, el término atrápalotodo “pastoral” es dado como justificación para todos los cambios.
    
Al menos el Novus Ordo está basado en la tradición latina, aunque denigrada. El actual Misal Maronita de 2005 hace cosas increíbles e incomprensibles al ordo para cualquier oriental. Como se menciona, la Prótesis/Rito Preparatorio (equivalente al ofertorio) ha sido completamente cortado. Una de las dos horas canónicas ha sido removida. El salmo 50 [51], cuya inclusión en la liturgia siríaca está atestiguada desde al menos el siglo VI, ha sido removida. La primera hora canónica de la liturgia eucarística ha sido remplazada con propios “inspirados” por los oficios. Los propios para el Tiempo de Pentecostés están hechos casi al por mayor.
    
Ha habido una extrema simplificación rubrical; no quedan oraciones secretas. El Versus pópulum es escencialmente obligatorio (en este punto, ¡he visto más Novus Ordos ad oriéntem que los maronitas!). Fue introducido a la Iglesia Maronita en los Estados Unidos en los años 1960s, alrededor del mismo tiempo como entró en la corriente mayoritaria de la Iglesia Latina. Es puramente innovador. Muchas de nuestras oraciones tradicionales refieren a estar cara al sol naciente, aludiendo tanto al Este físico como a la expectación del ésjaton, y estas han sido mutiladas para acomodarse a la nueva (des)orientación. Se sometió un dúbium sobre este tema a la Congregación para las Iglesias Orientales. El arzobispo Cyril Vasiľ SJ, su secretario, respondió que los obispos orientales no tienen ni siquiera la competencia para permitir, mucho menos hacer obligatorio, el versus pópulum. Esto, aun así, no marca diferencia, porque la literatura oficial interna deja claro que la “reforma” será seguida a todo coste.
    
Como en el Rito Romano, en la liturgia maronita habían muchas más señales de la cruz (se podría escribri un tratado sobre las señales de la cruz en la teología siríaca, y es de tal importancia que los siríacos orientales la incluyen en la lista de los sacramentos!) y no solo durante el relato de la Consagración. La tradición siríaca occidental tien muchas doxologías especiales acompañadas por señales de la cruz: al comienzo de la Anáfora, la patena, el caliz, luego ambos eran signadas, cada una diciendo una doxología que profesaba la indivisibilidad de la Santísima Trinidad. Habían señales de la cruz durante el post-Sanctus. Habían más señales de la cruz durante la fracción. Son de tal antigüedad que San Santiago de Sarug (siglo V) da el número de señales de la cruz que deben hacerse a lo largo de la liturgia. Todas fueron eliminadas en virtud de la obsesión bugniniana de eliminar “duplicados y “acreciones”; esta se ha convertido en una fuerza motriz para eliminar muchas cosas diferentes únicas a nuestra tradición siríaca.
    
En mi opinión, lo que subyace en esta idea de la redundancia de la señal de la cruz es simple: los liturgistas no creen en las palabras antiguas “Por Tu cruz, Tus misterios se han cumplido”, que adorna todas nuestras oraciones. Todo es simplemente reducido a un signo pedagógico o un encuentro comunal (muy calvinista). Sin embargo, en el Líbano estas cosas no son vistas como protestantes simplemente porque son hechas por los maronitas, tan absurdo como suena. Yo personalmente les he expresado mis frustraciones con su protestantismo, pero es completamente incomprensible para ellos porque ser “maronita” es una identidad sociopolítica/étnica tanto como (si no más que) religiosa. Tal vez has visto cómo a veces el cedro sustituye la cruz.
    
Los ornamentos de poliéster son efectivamente requeridos. Por mucho tiempo el velo del santuario y las ripídia (abanicos litúrgicos) han sido prohibidos. La Anáfora ha sido inútilmente cambiada (v.g., debes sentarte para el rito de la paz); dos oraciones de paz han sido movidas para después del signo de paz; hay un truncamiento de las oraciones, se removieron las letanías diaconales, se removió una porción del siglo V del rito de fracción, se removieron rúbricas, se removió la “elevación mayor” tradicional con himno acompañante, se removió la comunión por grados (esto es, comunión del clero, los fieles y los difuntos). Incluso nos hemos convertido en los fenómenos de las Iglesias Apostólicas: removimos todas las abluciones de manos de nuestra liturgia, así que somos la única liturgia de una Iglesia Apostólica sin una ablución ritual.
   
En todo esto, la liturgia maronita fue cambiada para asemejarse a la liturgia latina. Se creó un nuevo ofertorio. La liturgia fue dividida en la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía (algo no coherente con el paradigma siríaco tradicional). Se han introducido dos ambones, para imitar la forma en que el Novus Ordo manejó las lecturas en los años 70s, etc.
   
Un profesor en el Líbano me insistió (recitando casi verbátim la Avant-messe maronite del P. Gemayel) que no había prueba manuscrita antes del siglo XVI de un rito preparatorio más allá de solo poner una pieza de pan y verter vino en una copa, lo cual es patentemente falso. Pocos días después tuve la oportunidad de mencionar esta afrimación a Sebastian Brock, el más renombrado estudioso siríaco en el mundo. Él me respondi´p que no es solo erróneo, sino que está fuera de tiempo por alrededor de un milenio (es decir, ¡tenemos evidencia de un rito de preparación más largo en el siglo VI!). Pero los liturgistas continuarán mintiendo y haciendo cosas porque a duras penas alguno de ellos puede realmente leer el siríaco, así ellos pueden hacer cualquier afirmación que les guste: en realidad, ellos frecuentemente afirman que nuestro idioma litúrgico ya no es el siríaco, así que es un punto discutible.
  
La Comisión Litúrgica no está comprendida por hombres educados. Ninguna de las personas que contribuyeron al misal inglés tiene una formación formal o siquiera entendimiento de la liturgia. Esto se muestra mayormente en los himnos que producen, los cuales son frecuentemente incoherentes. Incluso cosas muy básicas como por qué usamos las mismas expresiones del credo de la iglesia Latina (cuando el árabe sigue el siríaco, como que Cristo vendrá en gran gloria, y el Espíritu Santo ha hablado por los profetas y apóstoles), la respuesta que recibí fue que la uniformidad es unidad. Cuando pregunté por qué reteníamos “creemos” en el Credo, el individuo solo se burló de mí, y me dijo que yo no sabía de lo que estaba hablando. Así mismo, le pregunté por qué, en la Oración Dominical, nos movemos del inglés hierático al contemporáneo mientras vamos de la oración principal a la doxología, y el individuo no entendía por qué esto debía ser un problema. Hay un montón de agujeros que uno puede encontrar simplemente en su lenguaje, como el uso de fragmentos de oraciones como oraciones completas en los himnos. Nuestra liturgia ha estado en ruinas desde que decidimos que el Novus Ordo era la protoliturgia de todas las tradiciones, y se está poniendo exponencialmente peor. El problema es agravado por el hecho que la universidad patriarcal en el Líbano no permite deliberadamente el acceso abierto a los manuscritos, y por eso el siríaco no es tan ampliamente estudiado o traducido como el latín. En resultas, los profesores, estudiosos, liturgistas y obispos pueden decir lo que quieran, y hay muy pocas personas que puedan desafiar su ignorancia y errores. Un ejemplo podrían ser los argumentos acríticos, superficiales y revisionistas que uno encuentra en un blog como “livingmaronite.com”, que hoy parece estar al filo de los años 1960. Ellos son candorosamente inconscientes de cualquier estudio del último medio siglo que desafíe su narrativa».
A todo eso yo, como Católico Romano, solo podía responder: «Suena horriblemente familiar». Quedé impactado al oír sobre toda esta corrupción. Me hizo concluir que la auténtica liturgia Cristiana está amenazada en toda la Cristiandad en la medida que se permita caer bajo la influencia del progresismo liturgico de las instituciones educativas occidentales y, crucialmente, ser tratada como el juguete de cualquier individuo poderoso, sea un papa o un patriarca.
  
Lo que sigue es una carta comparativa entre el Misal maronita de 1908 (que es una reimpresión del de 1596) y el actual misal de 2005. Hay mucho que puede decirse sobre los detalles, pero para nuestros propósitos baste simplemente mirar la enorme diferencia, que es posiblemente más grande que entre el Rito Romano Tridentino y el rito moderno de Pablo VI.
  
Clic en la imagen para agrandar
   
Se puede acceder a un PDF descargable (en inglés) de cuatro páginas en este vínculo de Google drive.
  
Así que, antes que alguien piense que “ir al Este” será una solución, necesitará hacer una tarea a fin de encontrar qué ritos orientales han sido corrompidos por la influencia del Novus Ordo, y cuáles han retenido su tradición íntegra a pesar de la presión y la tentación de Occidente.

miércoles, 25 de enero de 2023

EL HOMOSEXUALISTA BERGOGLIO DEFIENDE EL RÉGIMEN HOMOSEXUAL

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
  

Francisco Bergoglio cree que las leyes que protegen a la sociedad de los actos homosexuales son “injustas” y que la Iglesia debería trabajar para ponerles fin, dijo a APnews.com el 25 de Enero.
   
«Ella tiene que hacerlo. Tiene que hacer esto», arremetió. «Ser homosexual no es un delito. No es un crimen. “Sí, pero es un pecado”. Bien, pero primero distingamos entre un pecado y un crimen».
   
Tales leyes son comunes en muchas partes del mundo, como África o Medio Oriente, pero Bergoglio cree que los obispos que las apoyan tienen que pasar por un proceso de “conversión” a la perversión.
    
Bergoglio quiere obispos que promuevan la homosexualidad en la Iglesia, también. Él cita selectivamente el Catecismo de 1992, pero ese Catecismo reconoce que los actos homosexuales son de grave depravación, un mal inherente y una abominación que clama venganza al Cielo.
   
La experiencia enseña que la descriminalización de los actos homosexuales es solo un primer paso, al que le sigue la legislación del pseudomatrimonio homosexual, la adopción homosexual, la corrupción homosexual de menores y la ideología homosexual reforzada por un régimen totalitario homosexual con su propia Gaystapo.
  

RECIBEN EN SUS “MISAS”

Noticia tomada de GLORIA NEWS. Comentario propio.
   

En la eucaristía Novus Ordo del pasado domingo 22 de Enero, Francisco Bergoglio confirió los ministerios novusorditas de “lector” y “catequista” a cuatro hombres y seis mujeres de Italia, Reino Unido, Filipinas, República Democrática del Congo y Méjico.
    
Era la segunda vez que él trataba de promover estas funciones inventadas que nunca despegaron del suelo. Bergoglio no presidió la eucaristía, sino que solo predicó y habló.
    
Hacia el final, la transmisión en vivo desde el Vaticano mostró a los denominados fieles tomando la “comunión” como un souvenir. Entre los minutos 1:25:10 a 1:25:15, un joven la tomó e iba a llevársela hasta que alguien de la seguridad le indicó que estaba hecha para ser consumida.
    
   
El Novus Ordo es conocido por arrojar los “sacramentos” a gente que no sabe lo que está haciendo.
  
COMENTARIO: Los presbíteros argentinos Javier Olivera Ravasi y Federico Juan Highton Suaya SE, en un vídeo publicado por ellos en Febrero de 2022 decían lo siguiente (minutos 10:24 a 11:55):
Javier Olivera Ravasi SE: «Padre, Vd. ¿qué liturgia celebra? Porque muchos se han acercado diciendo: “Padre, ustedes fueron con el tema de la Misa Tridentina, y ahora con el tema de Traditiónis Custódes, ¿qué misa celebran ustedes?”».
    
Federico Juan Highton Suaya SE: «Bueno, nosotros practicamos y promovemos un birritualismo mitigado (sic). Tenemos una preferencia muy fuerte por el Rito Romano tradicional, pero, justamente, en muchas ocasiones el obispo del lugar no da permiso para ello, o el obispo da el permiso, pero los laicos no están preparados para eso todavía, porque toda su vida rezó con la misa Novus Ordo, y entonces requiere una catequesis para tener otro tipo de rito. Así celebramos entonces. Tenemos esa opción».
   
J. O. R. SE: «En resumidas cuentas, si el obispo (como sucede todavía en muchos lugares del mundo aún después de Traditiónis Custódes), si el obispo o la diócesis permite la Misa tradicional, pues adelante [F. J. H. S. SE: Si la gente está preparada], si la gente está preparada, obviamente. Si no lo permite, bueno, celebremos con la mayor dignidad posible, porque nosotros no creemos en absoluto (nunca dijimos eso) que la misa Novus Ordo sea un pecado per se, o que sea sencillamente perversa. Nada de esas cosas, no, no. No pasa nada, somos católicos, apostólicos, romanos».
¿Qué decís ahora, viendo que ni siquiera para el Novus Ordo «la gente está preparada» (y en el momento en que este se impuso a la fuerza –aun con el trabajo previo que fue la reforma bugniniana de 1951-1955 y el rito roncalliano de 1962–, menos todavía)?
  
Lo que sí se puede decir es que afortunadamente, el Novus Ordo no tiene sacerdocio ni episcopado válido, como tampoco una Misa válida, y lo que reparten es un pan vacío, COMO LOS HEREJES PROTESTANTES QUE SON y a quienes se han asemejado por el Novus Ordo.

martes, 24 de enero de 2023

EL CONVERSO VIENE A APRENDER ANTES QUE A ENSEÑAR DE LA FE

Traducción del artículo publicado en WM REVIEW.
   
¿LOS CONVERSOS DEBEN ERIGIRSE EN MAESTROS? LA RESPUESTA DE NEWMAN: «UN CONVERSO VIENE A APRENDER».
  
Nota del editor: El origen sobrenatural de la religión católica se prueba con milagros. Y uno de los grandes milagros que testifica de la verdad de nuestra fe es el rápido establecimiento de la Iglesia en partes remotas del mundo, poco tiempo después de su establecimiento el día de Pentecostés. Esto se conoce como un «milagro moral».

La rápida difusión de la fe está atestiguada por los Hechos de los Apóstoles y por las Epístolas Paulinas y Católicas. Hacia el año 107 dC San Ignacio de Antioquía pudo afirmar que los obispos de la Iglesia se encontraban «a través de la vasta y ancha tierra» (Epístola a los Efesios, III) [1].  En sus escritos San Ireneo (125-202 dC) menciona iglesias en Alemania, España, Galia, Medio Oriente y África. Su contemporáneo San Justino Mártir (100-164 dC) escribió:
«No hay una sola raza de hombres [conocidos entonces], ya sean griegos o bárbaros, o como quiera que se les llame, nómadas que viven en carros, vagabundos sin hogar o pastores que viven en tiendas, entre quienes no se ofrecen oraciones y acciones de gracias a el Padre y Creador de todo por el nombre de Jesús crucificado» (Diálogo con Trifón judío, CXIV).
Y Tertuliano se jactó:
«Nosotros somos de ayer, y hemos llenado todos los lugares entre vosotros: ciudades, islas, fortalezas, pueblos, plazas de mercado, el campamento mismo, tribus, compañías, el palacio, el senado, el foro; no os hemos dejado nada, sino los templos de vuestros dioses» (Apología contra los gentiles, XXXVII).
Esta rápida difusión de la fe católica tuvo lugar por  conversión. La fe católica es una religión de conversión, y el objetivo de la Iglesia es traer a cada hombre, mujer y niño a su redil. La Iglesia tiene la misión divinamente encomendada de hacer conversos, y ella se constituye por medio de la conversión. Esto se ve muy claramente en la presencia de formas adultas en el rito del bautismo, incluso después de la fecha en que la mayoría de los bautismos eran de niños. El rito del bautismo de los infantes no evita aquellos textos que son propios de los adultos, sino que hace que el padrino responda en nombre del niño. Y todo católico, incluso aquellos bautizados en los momentos de su nacimiento, es un convertido de la muerte del pecado a la vida en Cristo.
    
La Iglesia Católica es por tanto un cuerpo de conversos, que desea más y más conversos, hasta que el mundo entero se haya convertido.
    
Sin embargo, esto no significa que sea prudente que todos los católicos se pronuncien sobre todos los temas inmediatamente después de su conversión. Hay un proceso de desarrollo y maduración en la fe. En su primera carta a los Corintios, San Pablo habla de aquellos a quienes les dio «leche para beber» porque «todavía no podían» consumir «alimento sólido» (1.ª Corintios III, 2). Y en la carta a los Hebreos enuncia una idea similar:
«Debiendo ser maestros si atendemos al tiempo que ha pasado ya, de nuevo necesitáis que os enseñen a vosotros cuáles son los primeros rudimentos de la palabra de Dios, o doctrina cristiana, y habéis llegado a tal estado, que no se os puede dar sino leche, mas no alimento sólido» (Hebreos V, 12).
Por supuesto, estas no son referencias a “conversos”  per se  –la gran mayoría de su audiencia eran “conversos”– pero indican la necesidad de que todos nosotros ejerzamos la humildad y no intentemos enseñar a otros, cuando nosotros mismos todavía estamos en necesidad de aprender los primeros principios de la fe. 
   
En otro pasaje el Apóstol es más específico y habla directamente de los recién convertidos. Un obispo, enseña, «no [debe ser] neófito, o recién bautizado; porque hinchado de soberbia, no caiga en la misma condenación del diablo cuando cayó del cielo». (1.ª Timoteo III, 6). 
    
¿Por qué llamamos la atención sobre estos pasajes ahora?
    
En los últimos meses, nos hemos dado cuenta cada vez más de los usuarios de YouTube que se hacen oír y que utilizan sus plataformas para promover sus propias opiniones de una manera que suele ser agresiva y poco caritativa. La falta de caridad es, irónicamente, una acusación que lanzan con frecuencia a sus nuevos oponentes.

Muchos de los compañeros católicos a quienes critican, o simplemente descartan como “tradicionalistas radicales”, son hombres y mujeres que han sufrido durante décadas por la integridad de la doctrina y el culto católico. Por otro lado, muchos de estos críticos son conversos recientes, o incluso reversos que han entrado, abandonado y regresado a la Iglesia en la edad adulta, y algunos han buscado regresar recientemente a su abrazo.
    
Si bien no dudamos de la sinceridad de su búsqueda de la verdad, debemos cuestionarnos si están en condiciones de condenar o criticar a los demás. 

A la luz de esto, nos gustaría compartir un pasaje del converso más famoso del siglo XIX: John Henry Newman. En esta sección de su Carta a Pusey, escrita veinte años después de su propia recepción en la Iglesia, explica cómo debe actuar un converso en y después de su recepción en la Iglesia, y cómo su contribución a la Iglesia puede cambiar y desarrollarse a medida que pasa el tiempo.
   
Sobre todo, Newman enfatiza que venimos a la Iglesia para que nos enseñen, y no para enseñar; y que debemos conformarnos a la tradición de la Iglesia tal como la recibimos. 

Consideramos que hay lecciones valiosas que todos nosotros podemos aprender de este texto, ya sea que seamos conversos o hayamos sido bautizados de niños.

NÓTESE BIEN. Se agregaron saltos de párrafo y se eliminaron algunas referencias a controversias contemporáneas para facilitar la lectura.
CONSEJOS PARA LOS CONVERSOS
(Un extracto de la Carta a Pusey, de John Henry Newman)
   
«[Un] converso viene a aprender, y no a seleccionar y elegir. Viene con sencillez y confianza, y no se le ocurre pesar y medir cada proceder, cada práctica que encuentra entre aquellos a quienes se ha unido. 
   
Él llega al catolicismo como a un sistema vivo, con una enseñanza viva, y no a una mera colección de decretos y cánones, que por sí mismos son, por supuesto, el marco, no el cuerpo y la sustancia de la Iglesia. Y esta es una verdad que concierne, que une, también a aquellos que nunca conocieron otra religión, no sólo a los conversos. Por el sistema católico entiendo esa regla de vida y esas prácticas de devoción que buscaremos en vano en el Credo del Papa Pío [IV]. 
    
El converso viene, no sólo a creer en la Iglesia, sino también a confiar y obedecer a sus sacerdotes, y a conformarse en la caridad con su pueblo. Nunca le vendría bien decidir que nunca rezaría un Avemaría, que nunca se serviría de una indulgencia, que nunca besaría un crucifijo, que nunca aceptaría las dispensas de Cuaresma, que nunca mencionaría un pecado venial en la confesión. Todo esto no sólo sería irreal, sino también peligroso, como argumento de un estado de ánimo equivocado, que no podría buscar recibir la bendición divina. 
   
Además, llega al ceremonial, a la teología moral y a las normas eclesiásticas, que encuentra en el lugar donde se le ha echado la suerte. 
   
Y además, en materia de política, de educación, de conveniencia general, de gusto, no critica ni controvierte. Y así, rindiéndose a las influencias de su nueva religión, y no arriesgándose a la pérdida total de la verdad revelada al intentar por una regla privada discriminar en cada momento su sustancia de sus accidentes, gradualmente es tan adoctrinado en el catolicismo, que finalmente tiene derecho a hablar y también a oír. 
    
También con el transcurso del tiempo surge a su alrededor una nueva generación; y no hay razón para que no sepa tanto, y decida las cuestiones con un instinto tan verdadero, como aquellos que tal vez cuentan menos años de vida que él cuenta las comuniones de Pascua. Ha dominado el hecho y la naturaleza de las diferencias de teólogo a teólogo, escuela a escuela, nación a nación, era a era. 
    
Él sabe que hay mucho de lo que puede llamarse moda en opiniones y prácticas, según las circunstancias de tiempo y lugar, según la política actual, el carácter del Papa del día, o los principales prelados de un país en particular; y que las modas cambian. Su experiencia le dice que a veces lo que se denuncia en un lugar como una gran ofensa, o se predica como un primer principio, en otra nación ha sido considerado inmemorialmente en un sentido contrario, o no ha causado ninguna sensación, de una forma u otra, ante la opinión pública; y que los que hablan ruidosamente tienden a llevar todo delante de ellos en la Iglesia, como en cualquier otro lugar, mientras que las personas tranquilas y concienzudas comúnmente tienen que ceder. 
    
Percibe que, en asuntos que están en debate, la autoridad eclesiástica observa el estado de opinión y la dirección y curso de la controversia, y decide en consecuencia; de modo que en ciertos casos reprimir su propio juicio sobre un punto, es ser desleal a sus superiores.
    
Hasta ahora en general; ahora en particular en cuanto a mí mismo. Después de veinte años de vida católica, no siento ninguna delicadeza en dar mi opinión sobre cualquier punto cuando hay una llamada para mí, y la única razón por la que no lo he hecho más temprano o más a menudo es que ha habido ninguna llamada... Ciertamente, en muchos casos en los que un teólogo difiere de un teólogo y un país de otro país, tengo un juicio definido propio; Puedo decirlo sin ofender a nadie, por la misma razón que por la naturaleza del caso es imposible estar de acuerdo con todos ellos. […]
   
Y en esta línea de conducta no estoy más que sirviéndome de la enseñanza con la que caí al convertirme en católico; y es un placer para mí pensar que lo que tengo ahora, y que transmitiría después de mí si pudiera, es sólo lo que recibí entonces. […]
    
Aunque soy un converso, creo que tengo derecho a hablar; y tanto más porque otros conversos han hablado por mucho tiempo, mientras que yo no he hablado; y con más razón aún puedo hablar sin ofender en el caso de vuestras críticas actuales hacia nosotros. 
      
[Newman continúa con la discusión de dos conversos cuyos escritos Pusey ha usado para criticar a los católicos en general (William George Ward y Frederick William Faber). Newman afirma que sus escritos no son representativos de los católicos ingleses. Luego continúa como se muestra a continuación].
    
El hecho claro es este: vinieron a la Iglesia, y así han salvado sus almas; pero en ningún sentido son portavoces de los católicos ingleses, y no deben ocupar el lugar de aquellos que tienen un título real para tal cargo. Los principales autores de la generación que pasa, algunos de ellos todavía vivos, otros que han ido a su recompensa, son el cardenal Wiseman, el Dr. Ullathorne, el Dr. Lingard, el Sr. Tierney, el Dr. Oliver, el Dr. Rock, el Dr. Waterworth, el Dr. Husenbeth y el Sr. Flanagan...
    
[En otras palabras, los obispos ordinarios y el clero de la Iglesia Católica son los testigos más confiables de la doctrina y la práctica católicas, no los conversos laicos recientes. NÓTESE BIEN. en este tiempo los sacerdotes seglares no eran llamados “Padre”, de ahí el uso de Dr. y Sr.].
    
No puedo, entonces, sin protestar, permitirte identificar la doctrina de [los conversos en discusión] con el espíritu actual o el futuro credo de los católicos; o suponer, como lo haces, que, debido a que son minuciosos e implacables en sus declaraciones, por lo tanto son los heraldos de una nueva era, cuando mostrar una deferencia a la Antigüedad se considerará poco más que un error. Por mí mismo, sin esperanza como lo consideráis, no me avergüenzo aún de tomar mi posición sobre los Padres, y no pretendo ceder».
  
NOTA
[1]  Las citas de los Padres en esta sección están tomadas de Monseñor Gerardus Cornelis van Noort, Dogmatic Theology vol. 1 (edición de 1961), págs. 203-205.

LA CARIDAD SIN FE ES MERA FILANTROPÍA

«¡Ay de los desgraciados que no reciben el socorro en sus necesidades sino por medio de la administración civil, sin intervención de la caridad cristiana! En las relaciones que se darán al público, la filantropía exagerará los cuidados que prodiga al infortunio, pero en realidad las cosas pasarán de otra manera. El amor de nuestros hermanos, si no está fundado en principios religiosos, es tan abundante de palabras como escaso de obras. La visita del pobre, del enfermo, del anciano desvalido, es demasiado desagradable para que podamos soportarla por mucho tiempo cuando no nos obligan a ello muy poderosos motivos. Donde falta la caridad cristiana podrá haber puntualidad, exactitud, todo lo que se quiera por parte de los asalariados para servir, si el establecimiento está sujeto a una buena administración; pero faltará una cosa, que con nada se suple, que no se paga: el amor. Mas se nos dirá: ¿y no tenéis fe en la filantropía? No; porque, como ha dicho Chateaubriand, “la filantropía es la moneda falsa de la caridad”».

Padre JAIME BALMES Y URPIÁ. El protestantismo comparado con el catolicismo en sus relaciones con la civilización europea, tomo III, cap. XXXI. Barcelona, imprenta de José Tauló, 1842.

lunes, 23 de enero de 2023

UNA CARTA SOBRE EL MONTINIANO “HUMO DE SATANÁS”

«El catolicismo con su credo, mandamientos, etc., es una entidad tan orgánica, tan viva, tan coherente, tan unificada, que no tolera que se niegue una sola de sus partículas sin que incoativamente se esté negando el todo. Pongamos por caso: quien se oponga a la existencia del infierno, siendo que Cristo lo afirmó multitud de veces, ha imputado de error o mentira al mismísimo Jesucristo; luego, ya no es posible creer que sea el Verbo Infalible, y por ende, cuanto Él reveló, ya no es creedero. Se viene abajo íntegro el cristianismo. ¿Qué será, pues, cuando no una cuestión, sino un sistema entero lo contradice? Requiere la índole orgánica del catolicismo que completo se tome, o completo se deje… ¡a lo valiente!
   
¿Será por tanto mucho pedir que siquiera se llamen de otro modo los progresistas? Para ideas nuevas, nombre nuevo. Un mismo nombre es piedra de confusión.
   
Confusión es el demonio, porque Dios es claridad.
   
Y aquí arribamos al meollo, causa y fuente de la tragedia que hoy abate a la Iglesia: El humo de Satanás”.
   
El humo ciega, hace que con su tiniebla confundamos lo que se suyo es diferente. Por eso ya no acertamos a distinguir entre la verdad y el error, entre el bien y el mal, entre la prudencia y la cobardía, entre lo sagrado y lo profano, entre el Hombre y Dios, entre la Iglesia y el progresismo, entre el Altísimo y el Adversario. Ya no captamos la antítesis. Caminamos a ciegas, a tientas, entre la calígine que se filtró por alguna grieta”…
   
Sin dificultad se colige de los acontecimientos actuales, que nos hablamos históricamente ante un cambio de dioses: terminó el reinado de Yahvé Dios y comienza el de Luzbel. ¿Qué será del puñadito de leales al Señor? ¿Dónde se refugiarán? ¿Les aguarda el martirio?
   
Dice el profeta: Cesará el sacrificio (¿la Misa?) y se instalará en el lugar santo la abominación desoladora (Daniel).
   
Por un lado asistimos al ataque furibundo contra Dios y su Esposa, la Iglesia; mas, por otro lado, también asistimos al culto práctico de Satán.
   
El ocultismo cunde con una celeridad que no hubiéramos imaginado hace quince años. Pululan las instituciones esotéricas equívocas: desde la semiinocente academia de yoga y control mental, hasta las sociedades teosóficas, masónicas, espiritistas, del Zen, de la vida impersonal, etc.; junto a las drogas místicas, los horóscopos, la quiromancia; y por encima de todo, el movimiento hippie, que entonó en Avándaro —en cientos de miles de bocas— el escalofriante himno a Lucifer. ¡Ni qué decir de los macabros ritos de hechicería!
    
Liturgia que se está haciendo habitual en el sur de Estados Unidos y en muchas ciudades europeas o sudamericanas, y que incluye con frecuencia hasta sacrificios humanos. Satanás ya tiene dos catedrales: una en Hollywood y otra en Nueva York.
    
Desde que se inició la Era de Acuario, anunciaron dichas personas que nos hallábamos en el umbral de una maravillosa era mística. Resultó verdad. Pero es mística demoníaca.
   
El mundo no cree en Dios, pero hoy está segurísimo de la existencia de Satanás.
   
Si el clero progresista se hubiera propuesto de verdad el aggiornamento, estarían los sacerdotes hablando con el lenguaje de hoy: el místico. Esto es lo actual. Es el tema de nuestro tiempo. En los círculos mundanos ya se refieren con naturalidad hasta al exorcismo. Así que los sacerdotes que de veras se hubieran puesto al día, se hallarían ahora muy ocupados enderezando lo torcido de esta fascinación que hoy todos sienten por los fenómenos parapsicológicos y lo sobrenatural. Enseñarían al mundo los caminos —¡tan conocidos y caros al catolicismo!— que trazaron los eremitas, los monjes de vida contemplativa; o más puntualmente, no se les caerían de la boca las Moradas de Santa Teresa y el Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz.
  
¡Pero no! No se escucha nada de eso. Por lo contrario, el clero progresista, que tanta alharaca hace del aggiornamento, se coloca en una posición de ayernamiento, pues su lenguaje es freudiano, marxista, evolucionista, como si aún viviéramos en el siglo XIX o principios del XX, y nuestro mundo de hoy fuera el positivista y materialista de ayer. No; hoy es esotérico, orientalista y satánico. Andan los progresistas muy regresistas, muy anticuados, enteramente fuera de onda”.
    
Se vino derrumbando el teocentrismo desde las vísperas del Renacimiento. Hoy yace abatido. Y, por lo pronto, es el Hombre el que usurpa el trono de Su Divina Majestad Yahvé Dios. Mas el régimen humano representa mero gobierno de transición, nada más que interino: el destinado a imperar es el demonio. Rápidamente él hace campaña electoral en todos los niveles sociales y por todos los rincones del planeta…
    
¡Hasta en el lugar Santo!”… El humano de Satanás se ha infiltrado por alguna grieta de la Iglesia misma” (sic).
   
Yo puedo estar equivocada, mas, ¿también lo estará S.S. Paulo VI? Las palabras son suyas».

EMMA GODOY LOBATOCarta al Ilmo. Señor Octaviano Márquez, Arzobispo de Puebla (1974), Méjico D.F.

REPENSANDO EL ANTIPAPALISMO DE PETER KWASNIEWSKI

Traducción del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH.
   
REPENSANDO A PETER KWASNIEWSKI: UNA CRÍTICA SEDEVACANTISTA DE SU TRADICIONALISMO ANTIPAPAL
¡Basta de tonterías!
  
Para nada tradicionalista cuando se trata del Papado: el filósofo Peter A. Kwasniewski, Ph.D.

El Dr. Peter Kwasniewski ha estado ocupado “repensando el Papado”, y los resultados no son sorprendentes.
    
Desde que identificó por primera vez, en 2019, lo que él llama el “espíritu del Vaticano I” (ese es el Vaticano primero, refiriéndose al Concilio Vaticano de 1870) como el problema fundamental en la Iglesia de hoy «que requerirá un poderoso exorcismo para expulsarlo», no ha dejado de atacar de un modo u otro la enseñanza católica tradicional sobre el papado.
    
Lo que a menudo se descarta sin miramientos como “ultramontanismo”, cuando ese es en realidad el término históricamente utilizado para describir la doctrina ortodoxa opuesta al galicanismo, en realidad no es otra cosa que la enseñanza católica tradicional anterior al Vaticano II: la enseñanza de los Papas sobre la fe y la moral, aunque no siempre infalible, sin embargo siempre requiere nuestro asentimiento y siempre es segura de seguir. Mira por ti mismo
Se ha llevado a los semitradicionalistas a pensar que la doctrina real anterior al Vaticano II es una exageración indebida del papado: se han utilizado etiquetas como “papolatría”, “hiperpapalismo”, “maximalismo papal”, etc. para desacreditar la doctrina ortodoxa.
  
Kwasniewski contra la enseñanza anterior al Vaticano II
Al principio, Kwasniewski simplemente demostró lo ignorante que está sobre el papado católico; pero en algún momento del camino, tuvo que enfrentar el hecho de que lo que estaba denunciando como un “falso espíritu” de “hiperpapalismo”, supuestamente el fruto de una interpretación o aplicación demasiado entusiasta del Vaticano I, era de hecho la enseñanza real de los Romanos Pontífices, tanto antes como después del celebrado Concilio Vaticano.

Por desgracia, frente a la abrumadora evidencia magisterial en su contra, Kwasniewski no ajustó su posición para estar de acuerdo con la enseñanza tradicional real de la Iglesia. En cambio, lo descartó como irrelevante: «…si estamos en un colapso sin precedentes, ¿por qué deberíamos pensar que desenterrar citas de hace 100 ó 150 años de maximalistas papales, incluso aquellos que ocupan el asiento, va a aclarar, mucho menos resolver nuestra crisis actual?» (Publicación de Facebook del 26 de Marzo de 2021 a las 10:14 AM).

Esta respuesta frívola, que no exudaba exactamente destreza teológica, pretendía principalmente ser una “solución rápida” para evitar que los tradicionalistas de la resistencia concluyeran que Francisco no podía ser el Papa, después de que Steve Skojec, entonces editor de One Peter Five, para el que Kwasniewski estaba escribiendo, había publicado un enlace a la enseñanza del Papa León XIII y reconoció que destruye la posición de reconocer y resistir.

Como sea, las palabras del Prof. K. revelan su enfoque descuidado de la Sagrada Teología. Desestimó la enseñanza del Sumo Pontífice como «citas de hace 100 ó 150 años de maximalistas papales». Le ofrecimos una respuesta sustancial en ese entonces:
Por desgracia, las cosas no mejoraron a partir de ahí. Por el contrario, Kwasniewski se ha estado duplicando desde entonces. En este punto él afirma, en un estilo algo modernista, que la enseñanza sobre el Papado enunciada por los Papas, especialmente del siglo XIX y principios del XX, fue en realidad un accidente de la época, no derivada del Depósito de la Fe, sino más bien de una tontería. exageración de la verdadera enseñanza, que gozó de cierta plausibilidad en ese momento pero que desde entonces se ha revelado como una “vergüenza histórica” para la Iglesia Católica.

¿Qué evidencia aduce Kwasniewski para esto? Teológicamente, no mucho. En cambio, su “evidencia” es mayormente empírico-histórica: Mira al “Papa” Francisco, y ahí está su evidencia. O mira los “lapsos papales” históricos, como el Papa Honorio o el Papa Liberio, y ahí lo tiene. Pero las cosas no son como piensa Kwasniewski:
Observamos, pues, que para Kwasniewski y quienes le siguen, la doctrina católica que los mismos Papas enseñan y han deducido de las fuentes de la revelación está sujeta a corrección por parte de los fieles a causa de acontecimientos históricos posteriores, o puede ser desechada por ellos si la historia anterior de la Iglesia parece presentarle un problema. Eso recuerda las ideas modernistas de hoy sobre la “experiencia vivida” como fuente de datos para la teología.
   
Ratzinger al rescate
Al menos durante los últimos tres años, Kwasniewski ha estado en una misión autoproclamada para “recuperar”, supuestamente, la enseñanza “verdadera” sobre el papado. Y en esta búsqueda profana de la “tradición real” no le importa reclutar —¡ve a saber!— incluso uno de los protagonistas más influyentes de la revolución del Vaticano II en la medida en que está de acuerdo con él. Estamos hablando del p. Joseph Ratzinger, más conocido como el “Papa” Benedicto XVI, a quien Kwasniewski cita de la siguiente manera:
«El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de enseñar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo. […] El Papa es consciente de que, en sus grandes decisiones, está unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino de peregrinación de la Iglesia. Así, su poder no está por encima, sino al servicio de la palabra de Dios, y tiene  la  responsabilidad de hacer que esta Palabra siga estando presente en su grandeza y resonando en su pureza, de modo que no la alteren los continuos cambios de las modas» (Antipapa Benedicto XVI, Homilía en la Basílica de San Juan de Letrán, 7 de Mayo de 2005; citado en Peter A. Kwasniewski, “Los católicos felices no hacen al Papa más de lo que es”, One Peter Five, 13 de Febrero de 2019; negrillas de Kwasniewski).
Irónicamente, este pasaje no ayuda a Kwasniewski tanto como él cree, porque, si lo leemos con atención, Ratzinger no dice simplemente que el Papa debe conformarse con el Depósito de la Fe, sino que está garantizado que lo hará así: «…el ministerio del Papa es garantía de obediencia a Cristo y a su Palabra» (cursivas añadidas). El Dr. K. parece haber pasado por alto eso.
   
Curiosamente, también hay una parte del texto que Kwasniewski omitió, que se indica con tres puntos suspensivos (“…”) justo antes de que comience la negrita. Lo que Kwasniewski omitió es lo siguiente:
«Así lo hizo el Papa Juan Pablo II, cuando, ante todos los intentos, aparentemente benévolos con respecto al hombre, frente a las interpretaciones erróneas de la libertad, destacó de modo inequívoco la inviolabilidad del ser humano, la inviolabilidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. La libertad de matar no es una verdadera libertad, sino una tiranía que reduce al ser humano a la esclavitud».
Estas palabras de Benedicto XVI fueron omitidas por Kwasniewski porque no son útiles para su caso; en todo caso, lo debilitan considerablemente. Pues justo después de que Ratzinger dice que el ministerio del Papa garantiza la obediencia a la Fe, trae como ejemplo concreto de la enseñanza de ese “Papa” Juan Pablo II sobre la vida humana. Esto presenta un problema para “los Kwas”, como les gusta llamarse a algunos de sus antiguos alumnos, porque la enseñanza de Juan Pablo II sobre la inviolabilidad de la vida humana también se oponía a la pena de muerte en casi todos los casos, lo que está en clara contradicción con 1.900 años de enseñanza católica.
    
Así vemos que el apelo de Kwasniewski a Benedicto XVI es problemático e intelectualmente inconsistente. Es evidente que se supone que estamos de acuerdo con Benedicto XVI sólo en la medida en que él está de acuerdo con Peter Kwasniewski. Pero, ¿qué clase de apelación a la autoridad es esa? Obviamente, la “autoridad” real que se reconoce aquí es el mismo Kwasniewski. La apelación a Benedicto es solo para fines de visualización.
   
¿Qué hace que la Doctrine tenga autoridad?
De hecho, esto demuestra la tontería total de la posición de reconocer y resistir: «sigue al Papa cuando tiene razón; no lo sigas cuando se equivoque». ¿Hay una sola persona en la tierra de la que no se pueda decir lo mismo? ¿No es este un buen consejo también con respecto a la suegra del empleado de la tienda de comestibles local: «Síguela cuando tenga razón; no la sigas cuando se equivoca»? ¿Es la autoridad del Papa realmente nada más, en esencia, que la de cualquier otra persona que a veces tiene razón y a veces no?
    
Entonces, ¿la autoridad reside finalmente en la verdad y no en la persona en absoluto? Eso sería una herejía, porque está claro que Cristo dio Su autoridad a los hombres reales, no simplemente a lo que enseñarían, como si no importara de quién viniera la enseñanza siempre que fuera verdadera: «El que os escucha a vosotros, me escucha a mí; y el que os desprecia a vosotros, a mí me desprecia. Y quien a mí me desprecia, desprecia a aquel que me ha enviado» (Luc. 10, 16); «Y si no los escuchare, díselo a la comunidad; pero si ni a la misma comunidad oyere, tenlo por gentil y publicano. Os empeño mi palabra, que todo lo que atareis sobre la tierra, será eso mismo atado en el cielo; y todo lo que desatareis sobre la tierra, será eso mismo desatado en el cielo» (Mat. 18, 17-18).
   
El mismo San Pedro fue la roca sobre la cual se construiría la Iglesia (ver Mat. 16, 13-19), no simplemente la confesión de fe en Jesucristo de San Pedro, como la querrían los protestantes. Fue el mismo San Pedro quien recibió la Fe indefectible para fortalecer a sus hermanos (cf. Luc. 22, 31-32).
   
Debemos entender que la doctrina católica tiene autoridad en la medida en que proviene de la autoridad católica legítima, no en la medida en que es verdadera. Que sea verdadera, o al menos segura de seguir, es la consecuencia de que lo enseñen los maestros divinamente designados o sus legítimos sucesores. Es el resultado de la asistencia divina para la Iglesia Católica:
  • «“Por una disposición de la Providencia, [la Iglesia] recibió a Pedro en la silla de Pedro, y oye, y reconoce, y honra a Pedro en la persona del Pontifice Romano sucesor de Pedro en quien reside siempre la solicitud de todos los pastores, y la vigilancia sobre las ovejas que se le han confiado, y cuya dignidad jamás caduca en un heredero indigno” (San León Magno, Sermón II de su Natividad). En Pedro, pues (como dice con mucha oportunidad el mismo Santo Doctor) tiene su apoyo la fortaleza de todos, y está de tal modo ordenado el auxilio de la divina gracia, que la firmeza concedida a Pedro por Jesucristo se transmite por Pedro a los apóstoles” (Sermón III). Es pues evidente que este desprecio de la autoridad de la Iglesia se opone a los preceptos de Jesucristo que dirigiéndose a los apóstoles, y en su persona a los ministros de la Iglesia sus sucesores les decía: Quien os escucha me escucha, quien os desprecia me desprecia” (San Lucas, cap. X, 16); y a este aviso del apóstol San Pablo: La Iglesia es la columna y el fundamento de la verdad” (Epístola I a Timoteo, cap. III, 15). San Agustín contemplando estas palabras dice: Si se encuentra alguno fuera de la Iglesia, será extrañado del número de sus hijos, ni tendrá por su padre a Dios el que no quiera tener por madre a la Iglesia” (Del Símbolo de la Fe a los catecúmenos, libro IV, cap. XIII).
       
    A vosotros pues, Venerables Hermanos, ruego encarecidamente que no perdáis de vista ni ceséis de meditar con San Agustín estas palabras de Cristo y del apóstol, a fin de instruir a los pueblos que se os han encargado de cuán respetable es la autoridad de la Iglesia, fundada inmediatamente por el mismo Dios. No os desaniméis. Por todas partes (debemos confesar con el mismo padre) rugen a nuestro alrededor las aguas del diluvio (a que puede compararse la multiplicidad de tan varias doctrinas). No es que estemos en el mismo diluvio, nos hallamos sí, rodeados de sus olas que nos baten, pero no nos cubren; nos mecen, pero no nos sumergen” (Comentario 2.º sobre el Salmo XXXI)» (Papa León XII, Encíclica “Ubi Primun”, nn. 22-23).
  • «Es muy impropio de todo verdadero cristiano confiar con tanta osadía en el poder de su inteligencia, que únicamente preste asentimiento a lo que conoce por razones internas; creer que la Iglesia, destinada por Dios para enseñar y regir a todos los pueblos, no está bien enterada de las condiciones y cosas actuales; o limitar su consentimiento y obediencia únicamente a cuanto ella propone por medio de las definiciones más solemnes, como si las restantes decisiones de aquélla pudieran ser falsas o no ofrecer motivos suficientes de verdad y honestidad. Por lo contrario, es propio de todo verdadero discípulo de Jesucristo, sea sabio o ignorante, dejarse gobernar y conducir, en todo lo que se refiere a la fe y a las costumbres, por la santa madre Iglesia, por su supremo Pastor el Romano Pontífice, a quien rige el mismo Jesucristo Señor nuestro» (Papa Pío XI, Encíclica “Casti Connúbii”, n. 104).
Podemos ver esto también en el Evangelio, donde se nos dice que cuando nuestro Bendito Señor enseñaba a la gente, ellos «no acababan de admirar su doctrina; porque su modo de instruirlos era con autoridad y no a la manera de sus escribas y fariseos» (Mat. 7, 28-29).
    
Cuando los judíos cuestionaron la enseñanza de Jesús, Él respondió: «Mi palabra no es mía sino de aquel que me ha enviado» (Juan 7, 16). Es decir, señaló a Dios Padre como la Fuente de esta doctrina y a Sí mismo (Dios Hijo) como el Maestro legítimamente designado, para establecer la autoridad de la enseñanza y así garantizar su verdad y seguridad. En otras palabras, la doctrina de Cristo tiene autoridad porque proviene de Dios y es propuesta por el Maestro legítimo. Su verdad y seguridad es una consecuencia de eso.
    
Así es también en la Iglesia. Aquel a quien el Padre envió, Jesucristo, delegó Su autoridad docente en los Apóstoles y sus legítimos sucesores; en primer lugar y ante todo a San Pedro y sus sucesores, quienes son los únicos que tienen la garantía de tener una Fe inquebrantable. La comunión con el sucesor de Pedro será para siempre la máxima garantía de ortodoxia para todos los obispos y fieles católicos:
«Este carisma de una verdadera y nunca deficiente fe fue por lo tanto divinamente conferido a Pedro y sus sucesores en esta cátedra, de manera que puedan desplegar su elevado oficio para la salvación de todos, y de manera que todo el rebaño de Cristo pueda ser alejado por ellos del venenoso alimento del error y pueda ser alimentado con el sustento de la doctrina celestial. Así, quitada la tendencia al cisma, toda la Iglesia es preservada en unidad y, descansando en su fundamento, se mantiene firme contra las puertas del infierno» (Concilio Vaticano, Constitución Dogmática “Pastor Ætérnus” Cap. 4; Denz. 1837).
Recordemos, entonces: la enseñanza papal requiere nuestro asentimiento porque es la enseñanza del Papa, que enseña con la autoridad de Cristo.
    
Kwasniewski acusa a San Pío X de, espera, ¡modernismo!
Mientras que en el pasado los tradicionalistas dominantes limitaron su reconocimiento y resistencia a los Papas” desde el Vaticano II (es decir, después de Pío XII), y uno podría simpatizar con eso en gran medida en el contexto de la pesadilla posterior al Vaticano II. todos hemos estado viviendo, Kwasniewski ha llevado las cosas a un nivel superior y ahora se resiste explícita y descaradamente también a los Papas antes del Vaticano II.
    
Como académico con un doctorado en filosofía pero sin título en teología, y sin mandato para enseñar teología de lo que él reconoce como la autoridad eclesiástica legítima, extrañamente se ha encontrado a sí mismo mucho más competente y confiable con respecto a la tradición teológica católica que incluso los mismos Papas. Ni siquiera  SAN Pío X, quien reinó como Papa de 1903 a 1914, está a salvo de la arrogancia de Kwasniewski. Escucha esto:
«Sin embargo, hay una mancha en su manto papal: la violencia que le hizo al Breviario Romano con sus reformas radicales de 1911. Muchos papas han agregado esta o aquella pequeña característica a la liturgia: una nueva fiesta, un nuevo prefacio, una nueva octava, las oraciones al pie del altar y el Último Evangelio; muchos han modificado las rúbricas; muy ocasionalmente han podado elementos considerados crecimientos excesivos, como la eliminación por parte de Pío V de ciertos santos obviamente legendarios del calendario del Missále Románum de 1570. Pero nunca un Papa se había atrevido a alterar de una manera tan radical y profunda ninguno de los antiguos oficios litúrgicos de la Iglesia latina. Cuando Pío X tuvo el Breviárium Románum desmantelado y reconfigurado a principios del siglo XX, no estaba simplemente dejando de lado algo que había sido construido en el siglo XVI, como se puede encontrar que los liturgistas afirman; estaba alterando una regla de oración tan antigua que sus orígenes no se pueden discernir. De hecho, hay una fuerte razón para pensar que la recitación diaria de los salmos Laudáte (148-150), de los cuales la misma hora de Laudes deriva su nombre, se remonta a los judíos de la época de Cristo y, por lo tanto, con gran probabilidad, fue practicada por Nuestro Señor mismo en Sus oraciones en la tierra.
   
Hubo problemas con el breviario a principios del siglo XX; nadie discute este punto. Pero la solución de Pío X fue no mantener el oficio tal como estaba mientras modificaba sus rúbricas para que (por ejemplo) el cursus semanal de 150 salmos tuviera prioridad sobre los salmos festivos, o tal vez algunas horas, como maitines, se convirtieran en opcionales para los clérigos seglares, a fin de conservar la integridad y armonía del breviario en su conjunto. En cambio, Pío X se convirtió en el primer Papa en la historia de la Iglesia latina que, gastando libremente el abundante capital del ultramontanismo, arrojó el peso de su cargo detrás de la construcción de un nuevo Oficio Divino. De esta manera proporcionó la premisa misma del constructivismo papal [sic] que ofreció a Pío XII el precedente para renovar la Semana Santa de manera similar desde 1948 hasta 1955, y a Pablo VI para transfigurar todo desde 1963 hasta mediados de la década de 1970. Paradójicamente, el Papa que luchó valientemente contra el modernismo doctrinal ejemplificó el modernismo litúrgico al romper el principio de la inviolabilidad de la larga tradición en nombre de aliviar las cargas pastorales. Si esto suena inquietantemente familiar, debería ser así.
   
Así, el mismo santo al que está dedicada la FSSPX nos muestra dos caras en tensión: el celoso promotor del dogma católico, y el pontífice más grande que la vida que trató parte de la liturgia como si fuera un mecanismo a reconstruir en lugar de un organismo vivo para ser nutrido o una herencia de los santos para ser atesorada» (Peter A. Kwasniewski, “La necesidad de la humildad y apoyo mutuo entre la FSSPX y la FSSP”, New Liturgical Movement, 4 de Febrero de 2019; cursivas propias del original; subrayado agregado).
Damas y caballeros, ¿será que el Dr. K ha llegado a sobreestimarse un poco? Parece haber sido víctima de su propia popularidad y éxito mundano. ¿Es ahora el árbitro supremo sobre todo lo católico? Parece que nadie puede escapar de ser convocado ante su tribunal, ¡ni el mismo Papa, ni siquiera uno canonizado!
  
En lugar de aceptar humildemente lo que un Papa canonizado incorrupto (!) decretó para la Iglesia Universal, y permitir que eso moldee su comprensión de la Sagrada Liturgia, los Kwas tienen el descaro de criticar al gran defensor de la Fe de la Iglesia contra el Modernismo: ¡por el Modernismo!
    
Si hay un desacuerdo entre un Papa canonizado y un académico sin título en teología, ¡entonces obviamente es el académico quien debe tener razón! Cualquier otra cosa sería un “hiperpapalismo” intolerable que otorga demasiada competencia al Papa, al punto de necesitar ser exorcizado. ¡Menos mal que Kwasniewski no se está excediendo en su competencia! Qué irónico que los Kwas escribieran esto en un artículo sobre la necesidad de la humildad…
   
La soberbia y la herejía corren lanzas parejas
Aparentemente, el Prof. K. se considera a sí mismo más informado, más tradicional y más sólido teológica y litúrgicamente que no solo cualquier Vicario de Cristo, ¡sino uno que fue tan santo que fue incorrupto y canonizado menos de 40 años después de su muerte! ¿No debería ser terriblemente obvio para el profesor a estas alturas que está excediéndose en esto?
   
Kwasniewski ha olvidado que el Papa es su maestro y legislador, mientras que él no es más que el alumno y el súbdito del Papa. El Papa León XIII advirtió contra la misma actitud mostrada por los Kwas allá por 1885:
«Ciertos indicios nos demuestran con claridad que no faltan entre los católicos, tal vez por influjo de la época, quienes, descontentos de la obediencia, que es su función, juzgan que pueden tener cierta intervención en el gobierno de la vida cristiana o, al menos, piensan que pueden juzgar a su antojo las decisiones de los que gobiernan la Iglesia.
   
Criterio totalmente equivocado que, si prevaleciera, causaría un gravísimo daño a la Iglesia de Dios, pues ésta fue establecida por su divino Fundador sobre la base de la distinción de personas y la orden expresa de que unos deben enseñar y otros obedecer; que hay rebaño y hay pastores; y entre los mismos pastores existe uno que es el supremo y el principal de todos ellos. Sólo a los pastores les ha sido dado todo el poder de enseñar, juzgar y regir; al pueblo se le ha mandado que obedezca los preceptos de los pastores, someta su juicio al de éstos, y se deje gobernar, corregir y conducir hacia la salvación.
   
Es, por consiguiente, absolutamente necesario que todos y cada uno de los cristianos se sometan voluntariamente a sus pastores; y que éstos se sometan a su vez y con ellos al supremo y principal Pastor. En esta obediencia y reverencia voluntarias consiste el orden y la vida de la Iglesia, y son estas virtudes, al mismo tiempo, el presupuesto necesario para obrar rectamente y de acuerdo con el fin a que tendemos. Por el contrario, si se atribuyen autoridad los que carecen de ella, si pretenden ser maestros y jueces al mismo tiempo, si los inferiores en el gobierno de la vida cristiana pretenden seguir un camino distinto del señalado por la legítima autoridad, entonces el orden se rompe, el juicio de la mayoría se perturba y quedan todos desviados del camino» (Papa León XIII, Carta Apostólica “Epístola Tua”; subrayado añadido).
Sabemos, por supuesto, cómo el Dr. Kwasniewski querrá responder al Papa León, ¡simplemente acusándolo de ese “hiperpapalismo” y “ultramontanismo” que «hará falta un poderoso exorcismo para ahuyentarlo»! En otras palabras: el Papa no enseña a los Kwas; ¡los Kwas enseñan al Papa! Después de todo, alguien tiene que “defender la Tradición”, ¿no?
   
Señoras y señores, en Peter Kwasniewski vemos a alguien que evidentemente no cree en el Papado. Con el pretexto de redescubrir la Tradición católica “auténtica” sobre el papado, se está metiendo cada vez más en peligrosos problemas teológicos y, en última instancia, se encuentra en el camino hacia la ortodoxia oriental.
   
Los llamados ortodoxos orientales aceptan al Papa solo como un “primero entre iguales” (primus inter pares), una herejía también proclamada una vez por el notorio “P.” Thomas Rosica CSB, y por lo tanto no sin cierto primado; pero no admiten un primado de jurisdicción, que es el dogma católico inequívocamente definido en el Vaticano I:
«Si alguno dijere que el Romano Pontífice tiene tan sólo un oficio de supervisión o dirección, y no la plena y suprema potestad de jurisdicción sobre toda la Iglesia, y esto no sólo en materia de fe y costumbres, sino también en lo concerniente a la disciplina y gobierno de la Iglesia dispersa por todo el mundo; o que tiene sólo las principales partes, pero no toda la plenitud de esta suprema potestad; o que esta potestad suya no es ordinaria e inmediata tanto sobre todas y cada una de las Iglesias como sobre todos y cada uno de los pastores y fieles: sea anatema» (Concilio Vaticano, Constitución Dogmática “Pastor Ætérnus” Cap. 3; Denz. 1831).
Por supuesto, Kwasniewski protestará diciendo que no tiene intención de convertirse en ortodoxo, y eso se entiende. Sin embargo, es allí donde finalmente se verá conducido, considerando sus premisas y su argumentación.
   
Steve Skojec tampoco se propuso originalmente convertirse en apóstata, pero estaba claro que su razonamiento teológico eventualmente lo llevaría allí. Trágicamente, lo hizo. Él también tropezó con el Papado porque no abandonaría su creencia de que Jorge Bergoglio era el Papa. En lugar de abandonar a Francisco, abandonó el catolicismo. Kwasniewski esencialmente va por el mismo camino, no hacia el agnosticismo como Skojec, sino hacia la ortodoxia o alguna otra secta no católica que rechaza la verdad sobre el papado.
   
Por desgracia, 2023 ha comenzado de la misma manera que terminó 2022: con Peter Kwasniewski publicando artículos y entrevistas en los que niega la verdadera enseñanza sobre el papado.
   
En una publicación de seguimiento a esta, que se publicará pronto, examinaremos algunos de los últimos argumentos del Prof. K. contra el papado y a favor de Bergoglio.

RUPNIK DECORÓ LA CUEVA DE MANRESA AUN CUANDO ESTABA EXCOMULGADO

   
Informó The Pillar Catholic el 11 de Enero que el presbítero jesuita esloveno Marko Iván Rupnik había trabajado en una serie de ocho mosaicos en la cueva de Manresa (España), después de haber sido excomulgado en el año 2020 por el delito de absolución del cómplice, cometido en el año 2015.
  
Rupnik había sido comisionado por el Superior General de la Compañía, Arturo Sosa Abascal, once meses después de la excomunión (que fue levantada porque Rupnik había mostrado contrición), y con él lo dedicó en una ceremonia el 31 de Julio de 2021, con presencia de jesuitas de todo el mundo. Antes de esa fecha, ya se habían hecho conocidas a la Compañía las denuncias de abuso espiritual y sexual de Rupnik contra las consagradas de la Comunidad Loyola, que él ayudó a fundar.
  
La cueva de Manresa, cerca al monasterio benedictino de Nuestra Señora de Montserrat, fue el lugar donde San Ignacio de Loyola se retiró después de su conversión. Allí redactó los Ejercicios Espirituales, y tuvo sus visiones sobre el estado de la Compañía de Jesús que iba a fundar.

domingo, 22 de enero de 2023

ENCÍCLICA “Ubi primum”, CONDENANDO EL INDIFERENTISMO RELIGIOSO

Es costumbre de los Romanos Pontífices publicar una encíclica en su primer año, exponiendo las situaciones y problemáticas de la Iglesia en su momento, y detallando el programa de todo su Pontificado.
  
León XII della Genga, que había sido elegido en 1823 con tan mala salud que decía a los cardenales el día de su elección «Habéis elegido a un hombre muerto» y había recibido la extremaunción el día de su coronación, no había podido publicar su encíclica inaugural hasta meses después, en 1824, bajo el título “Ubi primum” donde, imitando la humildad de San León Magno (de quien tomó su nombre pontificio y ante cuyo altar fue sepultado en 1829), reconoce que se halla frente a una tarea inmensa para sus fuerzas exhorta en esta encíclica a los obispos a ser buenos pastores velando personalmente por los fieles de sus diócesis, y a condenar el indiferentismo religioso. Además, llamó a combatir las Sociedades Bíblicas protestantes, que estaban difundiendo malas traducciones de la Sagrada Escritura particularmente en las naciones recién “independizadas” de Hispanoamérica, y en la Polonia dividida por la III Partición.
  
“Ubi primum” (cuya traducción española fue publicada en Barcelona por la imprenta de José Torner en 1824) puede considerarse precursora de las encíclicas contra el liberalismo (Mirári vos y Quánta Cura –y su adjunto Sýllabus errórum–), el modernismo (Pascéndi Domínici gregis) y la Nueva Teología (Humáni géneris in rebus).
  
CARTA ENCÍCLICA “Ubi primum” DE NUESTRO SANTÍSIMO PADRE EL PAPA LEÓN XII A TODOS LOS PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS Y OBISPOS.
   
   
A nuestros venerables hermanos los patriarcas, primados, arzobispos y obispos, León XII, papa, Venerables hermanos salud y bendición apostólica.

Desde que nos vimos elevados al honor de la suprema dignidad pontificia, comenzamos desde luego a clamar con San León el Grande: «“Oí tu voz, Señor, y temí, consideré tus obras y me estremecí”. ¡Qué cosa hay pues más extraordinaria y más temible que el trabajo para el débil, la elevación para el abatido y la dignidad para quien no la merece! No desesperamos, sin embargo, ni nos desanimamos pues no hemos contado sobre nosotros mismos sino en aquel que en nosotros obra» (Sermón III de su Natividad, en el día de su asunción al Solio petrino). Así hablaba por humildad aquel pontífice, nunca bastante alabado; nosotros sí que podemos con verdad, aplicarnos tales palabras y hacer esta confesión.
  
Deseábamos por cierto ardientemente, venerables hermanos, dirigiros la palabra, tan pronto como hubiera sido posible, y abriros los sentimientos de nuestro corazón, a vosotros que sois nuestra corona y nuestra alegría y que según creemos halláis también vuestra alegría y vuestra corona en los rebaños que se os han confiado. Mas por una parte las importantes tareas de nuestro apostólico ministerio y sobre todo los dolores de una larga enfermedad nos han impedido, y ¡con cuánto pesar nuestro! cumplir hasta ahora nuestros deseos. Pero aquel Dios rico en misericordias, que concede con largueza sus dones a aquellos que con confianza los imploran, aquel Dios que nos dio tales deseos, nos da ahora el poder de realizarlos. Ni fue tampoco ajeno de algún consuelo el silencio que habemos tenido que guardar hasta aquí; pues el que consuela a los humildes nos ha consolado con el afecto que nos profesáis y el celo que en nuestro favor habéis manifestado, sentimientos en que reconocemos muy bien las ventajas de la caridad cristiana; en tal manera que nuestra alegría ha crecido sin cesar y hemos ofrecido al Señor acciones de gracias. Os dirigimos por lo tanto esta carta en muestra de nuestro afecto a fin de excitaros más y más recorrer los caminos de los divinos mandatos, y a combatir con mayor denuedo por la gloria del Señor. De aquí resultará que en los progresos de la grey brillará la solicitud del pastor.
  
No ignoráis, VV. HH., que el apóstol San Pedro instruyó a los obispos con estas palabras: «Apacentad el rebaño del Señor de que estais encargados, velando por su conducta no por necesidad sino espontáneamente como nuestro maestro; no por un vergonzoso deseo de grangería, sino por una caridad desinteresada; no como dominando sobre los ministros del Señor, sino haciéndoos por vuestras virtudes el modelo de vuestras ovejas» (Epístola I, cap. V).
 
Podeis de esto colegir naturalmente cuál es el género de conducta que se os propone, cuáles las virtudes de que debéis enriquecer más y más vuestra alma, cuál la ciencia que debe adornar vuestro espíritu y cuáles los frutos de piedad y de amor que debéis, no solamente producir, sino aun comunicar a vuestras ovejas. De este modo alcanzaréis el fin de vuestra misión haciéndoos sus espejos y dando a las unas leche y a las otras más sólidos manjares, no solo los nutriréis en la buena doctrina sino que por vuestras obras y vuestros ejemplos, haréis que gocen en la tierra una tranquila vida en Jesucristo y adquieran con vosotros la bienaventuranza eterna; según expresa el mismo Príncipe de los Apóstoles «y cuando aparecerá el príncipe de los pastores, alcanzaréis la corona inmarcesible de la gloria».
   
Muchas otras cosas desearíamos acordaros: os apuntaremos solamente algunas para extendernos después más largamente sobre objetos de mayor importancia, según lo exige la necesidad de las deplorables circunstancias en que nos hallamos.
   
Cuando el Apóstol escribió a Timoteo: «no te precipites en imponer las manos en persona alguna» (Epístola I, cap. V), nos enseñó la cautela y el maduro examen con que debemos promover a las órdenes menores, sobre todo a las sagradas: Por lo que toca a la elección de los pastores que deben establecerse en vuestras diócesis para el cuidado de las almas y a los seminarios en que debe instruirse la juventud destinada al estado eclesiástico, el concilio de Trento dio reglas que fuéron en seguida ilustradas por nuestros predecesores (Sesión 23, cap. XVIII); pero os son ya tan familiares estos preceptos que no debemos detenernos más sobre el particular.

Sabéis también, VV. HH., cuán importante y debido sea que residáis exacta y personalmente en vuestra diócesis, obligación que habéis contraído en virtud de vuestro ministerio, según lo previenen principalmente repetidos decretos de los concilios y varias constituciones apostólicas, y lo confirmó el sacrosanto celebrado en Trento en estos términos: «Hallándose por divina ordenación prevenido a todos los encargados de la salud de las almas, que conozcan a sus ovejas, que ofrezcan por ellas el santo sacrificio, que las alimenten con la predicación de la palabra divina, con la administración de los sacramentos, y con el ejemplo de todas las buenas obras, que ejerzan una paternal tutela sobre los pobres y desvalidos y que cumplan con todos los demás deberes de un pastor, todo lo que de ningun modo pueden cumplir los que no velan por sus rebaños ni les asisten, sino los abandonan como mercenarios; el que santo concilio les advierte, y amonesta a que recuerden los preceptos divinos y sean los modelos de sus rebaños apacentando y guiando a sus ovejas por las sendas de la justicia y la verdad» (Sesión 23 de Reforma, cap. I). Persuadidos tambien nosotros de las obligaciones de tan grave encargo, y llenos de un celo ardiente por la gloria de Dios, alabamos con toda la efusión de nuestra alma a los que cumplen exactamente este precepto; y a aquellos, si los hubiere, que desobedecen estas leyes eclesiásticas (pues si no es extraño este descuido en un número tan considerable de pastores, no por eso menos deplorable) les advertimos, exhortamos y suplicamos por las entrañas de la misericordia de Jesucristo que mediten seriamente la cuenta que el supremo juez les pedirá de la sangre de sus ovejas y del juicio que tendrán que sufrir tanto más severo cuanto más elevado es su carácter.

Esta sentencia formidable, como ya sabeis, está fulminada no solamente contra los que descuidan la residencia personal, a que procuran excusarse de ella bajo frívolos pretextos, sino también sobre aquellos que rehúsan sin motivo encargarse de la visita pastoral y hacerla según las reglas canónicas, pues jamás cumplirán con lo prescrito por el concilio de Trento si no visitan de cerca y personalmente sus ovejas, si como a buenos pastores, no cuidan a los fieles, no buscan a los descarriados, y no los restituyen finalmente al redil por medio de exhortaciones y de una conducta, dulces y firmes a su tiempo.
   
Aquellos obispos empero, que con la debida solicitud no se esmeran en obedecer los preceptos de la residencia y de la visita no se librarán del juicio tremendo del pastor supremo, so pretesto de haber cumplido con estos deberes por medio de ministros idóneos.
   
A ellos efectivamente y no a sus ministros se confió la guardia de sus rebaños; a ellos se prometió la gracia particular del Espíritu Santo, y los dones de la caridad. Síguese de ahí que las ovejas escuchan más gustosas la voz de su propio pastor que la de su vicario: piden con mas confianza, y reciben con más alegría los alimentos saludables de la mano del primero, como si les viniesen de las del Señor, cuya persona veneran en sus obispos; verdades que, a más de nuestras palabras, la experiencia confirma completamente.
   
Suficiente sería para vosotros lo que hemos manifestado hasta aquí, VV. HH., para vosotros que «no conocéis ni la ingratitud de ocultar los dones que habeis recibido, ni el orgullo de presumir de vuestros méritos» (San León el Grande, Sermón V de su Natividad). Tales deben ser a la verdad los que desean caminar y progresar de virtud en virtud, y que imitando los ejemplos de los santos obispos antiguos y modernos, se glorían en el Señor de haber destrozado a los enemigos de la Iglesia, y de haber purificado las corrompidas costumbres. Pero nunca borréis de vuestro espíritu esta excelente máxima de San León el Grande: «En esta lucha jamás se consigue una victoria tan completa, si después de los triunfos no se nos renuevan los combates» (Sermón V de su Natividad).
   
En efecto, ¡cuántos y cuán terribles combates han nacido en nuestros tiempos, y nacen aún cada día contra la Iglesia Católica! ¿Quién al recorrerlos y meditarlos podrá contener las lágrimas?
   
Redoblad aquí vuestra atención, VV. HH.: «No es la débil chispa de que habla San Jerónimo; no es, repito, una débil chispa que puede apenas percibir quien la contempla: no es una módica porción de levadura que parece de ninguna consecuencia; sino una llama que amenaza devorar todo el universo, consumir los muros, las ciudades, las más dilatadas selvas, y todas las regiones; es una levadura que mezclada con la harina quisiera corromper toda la masa» (Sobre la Epístola a los Gálatas, libro III, cap. V). En medio de tanta zozobra no bastarían los trabajos de nuestro apostolado, si no velase incesantemente el que guarda a Israel y que dijo a sus apóstoles: «Quedad persuadidos de que todos los dias estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos» (San Mateo, cap. XXVIII); y si no se hubiese dignado ser no solo el guardian de sus ovejas, sino el pastor de sus pastores (San León el grande, Sermón V de su Natividad).
   
Y ¿qué queremos con esto significar? Existe una secta, que ciertamente no os es desconocida, la cual mal disfrazada bajo el título de filosofía ha resucitado de sus cenizas las dispersas falanges de casi todos los errores. Esta secta adornada en su exterior con las engañosas apariencias de piedad y liberalidad, hace profesión del tolerantismo (que así lo llaman), o sea el indiferentismo y extendiendo este sistema no solo a los negocios civiles, que no son de nuestro intento, sino aun a los de la religión, enseñan que Dios ha concedido a todo hombre una entera libertad, de modo que puede cada uno sin perjuicio de su salvación abrazar la secta o dictamen que más halaga a sus privadas opiniones. Contra la impiedad de estos ilusos he aquí como nos amonesta el apóstol San Pablo: «Pero os encargo, hermanos míos, que no perdáis de vista y evitéis con cuidado a los que excitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido: pues esta especie de hombres no sirven a Jesucristo nuestro Señor, sino que son esclavos de sus apetitos, y seducen las almas con sencillas blandas y halagüeñas palabras» (Epístola a los Romanos, cap. XVI).
   
No es nuevo por cierto semejante error; pero nuevamente se ha desencadenado con más audacia que nunca contra la estabilidad y pureza de la Fe Católica. Ya nos indica Eusebio con referencia a Rodón (Historia Eclesiástica, libro V), que esta loca idea se había propagado en su tiempo por un cierto Apeles hereje del segundo siglo, quien sostenía no ser preciso profundizar enteramente la fe; sino que cada uno debia mantenerse firme en las opiniones que una vez hubiese adoptado. Afirmaba igualmente que se salvarían los que hubiesen puesto su confianza en Jesucristo siempre que la muerte les sorprendiese en el ejercicio de las buenas obras. Tambien Retorio, según San Agustín, pretendía inconsideradamente que todos los herejes caminaban por buena senda y defendían verdades: «Aserción tan absurda (añade el Santo Padre), que me parece increíble» (De los herejes, n. 72). Y este sistema de indiferentismo ha tomado tanto cuerpo y se ha difundido en tal manera, que ya sostiene impudentemente que no solo caminan por la recta senda todas las sectas separadas de la Iglesia Católica, que únicamente de boca, por base y fundamento admiten la Revelación; sino aun todas las sociedades que desechando la Revelación divina profesan el puro deísmo, cuando no el puro naturalismo. No hay cosa más absurda en verdad; y con razón juzgó San Agustín que el sistema de Retorio era el del indiferentismo. Aquel heresiarca se contenía sin embargo dentro de ciertos límites. Mas una tolerancia que se extiende hasta el deísmo y el naturalismo, y que hasta por herejes antiguos fue desechada; ¿podría jamás ser admitida por un hombre razonable? Con todo (¡oh tiempos!, ¡oh falaz filosofía!), nuestros pretendidos filósofos la aprueban, la defienden, la vociferan.
   
No faltaron ciertamente muchos escritores distinguidos que penetrados de la verdadera filosofía reunieron sus esfuerzos para aterrar este monstruoso sistema con argumentos incontestables. Pero es tan evidente la imposibilidad de que Dios sumamente veraz, o por mejor decir la misma verdad suprema, como que a todo atiende con bondad y sabiduría infinita, apruebe todas las sectas que enseñan principios falsos, implicantes y muchas veces opuestos entre sí, y que conceda premios eternos a aquellos que las profesan; que es inútil extendernos más sobre la materia. Tenemos en efecto profecías infalibles, y al escribiros hablamos de la sabiduría con los perfectos, y no de la sabiduría del siglo sino de la oculta sabiduría de Dios; de aquella que nos enseña como sabemos ya por la fe, que no hay más que un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo y que no se ha dado otro nombre debajo del Cielo a los hombres en el cual podamos salvarnos que el de Jesucristo de Nazaret; y por lo mismo tambien profesamos que fuera de la Iglesia no hay salvación.
      
Pero, «¡oh inmensidad de la sabiduría y ciencia de Dios! ¡Oh juicios inapeables del Señor!». El que confunde la sabiduría de los sabios (Epístola I a los Corintios, cap. I) parece haber entregado a los enemigos de la Iglesia y a los detractores de la Revelación sobrenatural a un sentido réprobo (Epístola a los Romanos, cap. I) y a aquel misterio de iniquidad escrito en la frente de la mujer impúdica de que habla el apóstol San Juan (Apocalipsis, cap. XVIII, 5). Pues ¿qué más grande iniquidad que la de estos orgullosos, que no contentos con abandonar la verdadera religión, quieren aun sorprender a los incautos por sofismas de toda especie, por palabra y escritos llenos de artificio? Levántese el Señor, reprima, confunda, anonade esta licencia desenfrenada de hablar, de escribir y de publicar escritos!

¿Qué resta que decir? Hasta tal punto ha crecido la perversidad de nuestros enemigos, que además de la plaga de libros perniciosos con que infesta la religión, convierte en detrimento de la misma las Sagradas Escrituras que el Cielo nos ha dado para la edificacion de la misma Religión.

No se nos oculta, VV. HH., que una sociedad llamada vulgarmente Bíblica, se extiende audazmente por todo el orbe, que despreciando las tradicciones de los Santos Padres, y contra lo dispuesto en el célebre decreto del concilio de Trento (Sesión IV, De la edición y el uso de los libros sagrados), procura con todas sus fuerzas y medios que se traduzca o por mejor, se corrompa la Biblia en las lenguas vulgares de todas las naciones. Es muy temible que no suceda con las demas traducciones lo que con algunas ya conocidas, es decir, que «por una perversa interpretación del Evangelio de Cristo se haga el evangelio del hombre, o lo que es peor, del diablo» (San Jerónimo, sobre el cap. I de la Epístola a los Gálatas).
   
Muchos predecesores nuestros establecieron constituciones para corregir este azote y en estos últimos tiempos Pío VII de santa memoria espidió dos breves, uno a Ignacio arzobispo de Gniezno (“Postrémis Lítteris Nostris”, 4 de Junio de 1816), y el otro a Estanislao arzobispo de Maguilov (“Magno et acérbo”, 3 de Septiembre de 1816), en los cuales se encuentran muchos testimonios de la Sagrada Escritura y de Tradición con madurez y prudencia alegados, para manifestar cuán perniciosa sea a la fe y a la moral esta sutil invención.
  
Y nosotros también en cumplimiento de nuestro apostólico encargo, os exhortamos, VV. HH., a que alejéis pronta y cuidadosamente vuestra grey de tan mortales pastos. Argüid, rogad, insistid oportuna e importunamente con toda paciencia y doctrina a fin de que nuestros fieles, sujetándose a las reglas de nuestra Congregación del Índice, se persuadan de que «si permiten verter sin miramiento la Sacra Biblia a la lengua vulgar, resultará mayor perjuicio que utilidad por la temeridad de los hombres».
    
Demuestra esta verdad la experiencia, y entre otros Santos Padres la declaró San Agustín con estas palabras: «Las herejías y algunos dogmas perversos que arrastran a las almas y las precipitan en el abismo se han originado solamente de no entenderse bien las divinas Escrituras y de haberse querido sostener con temeridad y audacia lo que no se podia interpretar con claridad» (Tratado XVIII sobre el Evangelio de San Juan, cap. V).
   
He aquí, VV. HH., a dónde se dirige esta sociedad, que nada omite para ganar prosélitos. Ella se aplaude no solo de imprimir sus traducciones, sino de esparcirlas corriendo los pueblos, y aun para seducir a los incautos, procura ya venderlas, ya distribuirlas gratuitamente con pérfida liberalidad.
   
Si alguno quiere indagar el verdadero origen de todos estos males de que nos hemos lamentado hasta aquí, y de otros que hemos omitido en obsequio de la brevedad, se convencerá de que esto fue siempre, y es aún, el mismo desprecio obstinado con que se mira la autoridad de la Iglesia, de aquella Iglesia, que como nos enseña San Leon el Grande, «por una disposición de la providencia, recibió a Pedro en la silla de Pedro, y oye, y reconoce, y honra a Pedro en la persona del Pontifice Romano sucesor de Pedro en quien reside siempre la solicitud de todos los pastores, y la vigilancia sobre las ovejas que se le han confiado, y cuya dignidad jamás caduca en un heredero indigno» (Sermón II de su Natividad). «En Pedro, pues (como dice con mucha oportunidad el mismo Santo Doctor) tiene su apoyo la fortaleza de todos, y está de tal modo ordenado el auxilio de la divina gracia, que la firmeza concedida a Pedro por Jesucristo se transmite por Pedro a los apóstoles» (Sermón III). Es pues evidente que este desprecio de la autoridad de la Iglesia se opone a los preceptos de Jesucristo que dirigiéndose a los apóstoles, y en su persona a los ministros de la Iglesia sus sucesores les decía: «Quien os escucha me escucha, quien os desprecia me desprecia» (San Lucas, cap. X); y á este aviso del apóstol San Pablo: «La Iglesia es la columna y el fundamento de la verdad» (Epístola I a Timoteo, cap. III). San Agustín contemplando estas palabras dice: «Si se encuentra alguno fuera de la Iglesia, será extrañado del número de sus hijos, ni tendrá por su padre a Dios el que no quiera tener por madre a la Iglesia» (Del Símbolo de la Fe a los catequistas, libro IV, cap. XIII).
   
A vosotros pues, VV. HH., ruego encarecidamente que no perdáis de vista ni ceséis de meditar con San Agustín estas palabras de Cristo y del apóstol, a fin de instruir a los pueblos que se os han encargado de cuán respetable es la autoridad de la Iglesia, fundada inmediatamente por el mismo Dios. No os desaniméis. «Por todas partes, debemos confesar con el mismo padre, mugen a nuestro alrededor las aguas del diluvio (a que puede compararse la multiplicidad de tan varias doctrinas). No es que estemos en el mismo diluvio, nos hallamos sí, rodeados de sus olas que nos baten, pero no nos cubren; nos mecen, pero no nos sumergen» (Comentario 2.º sobre el Salmo XXXI).
  
Os repetimos por lo mismo que no os desanimeis. Confiamos en el Señor que tendréis de vuestra parte el poder de los príncipes seculares cuya causa según atestigua la razón y la experiencia, está vinculada con la de la autoridad eclesiástica; pues no es posible dar al César lo que es del César, sin que primero se dé a Dios lo que es de Dios. Tendréis tambien de vuestra parte para usar de las expresiones de San León, y los buenos oficios de nuestro ministerio. En vuestros apuros, en vuestras incertidumbres y en todas vuestras necesidades acudid a esta Silla Apostólica: «pues en la cátedra de la unidad» (como dice San Agustín) puso Dios la doctrina de la verdad (Epístola 105 –o 166– a los donatistas).
  
Os rogamos por fin, por la misericordia del Señor, que nos auxiliéis con vuestros votos y oraciones, a fin de que permanezca en vosotros el espíritu de la gracia y no fluctúen vuestros juicios. Permita aquel Señor que os ha inspirado la unión de sentimientos, que para el bien universal de la paz en todos los días de nuestra vida, consagrados al servicio del Señor y dispuestos a prestaros el apoyo que depende de nuestras facultades, podamos dirigir con confianza esta deprecación: «Padre Santo, conservad en vuestro nombre los que me confiásteis» (San León el Grande, Sermón I de su Natividad; Evangelio de San Juan, cap. XVII). En prenda de esta esperanza y de nuestro amor os damos cordialmente la bendición apostólica así como a vuestra grey.

Dado en Roma, en Santa María la Mayor, a los tres días del mes de Mayo de 1824, primero de nuestro pontificado. LEÓN PAPA XII.