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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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martes, 4 de agosto de 2026

EXTREMISTAS JUDÍOS ATACAN CATEDRAL ARMENIA DE SANTIAGO EN JERUSALÉN


Seis judíos (cinco menores de edad y un adulto) fueron detenidos por vandalizar mediante escupitajos y piedras la catedral armenia ortodoxa de Santiago en el Barrio Armenio de Jerusalén a la una de la mañana del sábado 1 de Agosto, informó The Jerusalem Post.
   
Según el reportero, ceramista y coordinador de medios del movimiento “Salvemos el Barrio Armenio” Kegham Balian, los perpetradores arrojaron piedras también a la casa de una mujer que filmaba el evento, gritándola «¡Regresa adentro, hija de puta!».
  
Tras denuncias ciudadanas, la policía detuvo a los seis atacantes. Tres de ellos fueron liberados bajo restricciones, como la prohibición de entrar a la Ciudad Vieja durante quince días. A los otros, se les extendió la prisión preventiva por orden del tribunal de distrito de Jerusalén.

El Patriarcado Armenio de Jerusalén presentó una queja formal de los hechos, y dijo que estos ataques forman parte de un patrón de violencia anticristiana creciente en los últimos años, y exigió que el gobierno y la administración de justicia los trate como crímenes de odio que son, más allá de las manidas promesas de circunstancia por parte de la policía.
  
El Centro de Datos sobre la Libertad Religiosa informó el pasado Julio que en el segundo trimestre del 2026 se registraron 83 ataques contra los cristianos en Israel por parte de judíos ortodoxos, casi el doble que en el mismo período del año anterior. La mayoría de los ataques consistieron en escupitajos, agresión física y vandalismo a propiedad y símbolos cristianos por menores de edad instigados por sus padres, y ocurren en Jerusalén, entre la noche del viernes y la mañana del sábado o en festividades y actos públicos judíos.
 
La actual catedral armenia de Santiago fue construida en el siglo XII en el lugar donde fue decapitado Santiago el Mayor, y fue la primera sepultura de Santiago el Menor antes de su traslación a la basílica de los Santos Doce Apóstoles en Roma.

EN NADA SE DISTINGUE LA CÁRITAS FRANCESA DE LA SOLIDARIDAD COMUNISTA


El diario francés Tribune Chrétienne señaló en un artículo que el Secours Catholique (Socorro Católico), la rama francesa de la Cáritas, es poco y nada distinguible de la caridad comunista Socorro Popular francés (no confundir con la organización afín a la guerrilla maoísta peruana Sendero Luminoso).
  
Fundado en 1946 por el capellán general del ejército francés Jean Charles François Rodhain Bour († 1977; ordenado sacerdote en 1924), el Secours Catholique nació como una obra de la Iglesia inspirada explícitamente en el Evangelio y en la caridad cristiana. Sin embargo, el artículo señala que con los años, la organización ha puesto el acento casi exclusivamente en la acción social y en la influencia política sobre cuestiones como la inmigración, la pobreza o la exclusión, relegando a un segundo plano la dimensión evangelizadora y espiritual que justificó su creación, por lo que en la práctica es indistinguible de la organización comunista heredera de la sección francesa del Socorro Rojo Internacional.

Ejemplo fehaciente de esto es que cada año, el Secours Catholique (cuyo lema por sus 80 años de existencia es “80 años de Revolución fraternal”) organiza campamentos de verano para familias de todas las religiones, siguiendo lo que ellos llaman «vivir la espiritualidad del encuentro», siendo el tema del campamento de este año es “La odisea de la ecología y la pobreza”.
  
Y no solo por lo que hacen y dicen es que estas dos organizaciones son prácticamente intercambiables, sino por lo que esta calla: el Secours Catholique no se pronunció cuando el rais (dictador) francés Emmanuel Macron Noguès “consagró” el aborto como derecho constitucional, y tampoco intervino cuando en el país se debatía sobre la legalización de la “muerte asistida” [= eutanasia].
  
Esta deriva política y doctrinal ha causado que, por primera vez desde su fundación, la Cáritas francesa anunció el pasado Noviembre un plan de reestructuración para eliminar 130 puestos de trabajo en la organización debido a la disminución de las aportaciones, al aumento de los gastos y a dificultades financieras. 
  
«Hay que hacerse una pregunta ineludible: si una organización católica deja poco a poco de anunciar a Cristo para adoptar el discurso de una ONG humanitaria y militante de izquierdas, ¿no termina por perder lo que justifica precisamente la colaboración de muchos donantes?», señala el artículo.

El proceso de secularización de la Cáritas no se circunscribe a Francia solamente. Ya de por sí es sintomático en España y otros países. Todo por consecuencia del Vaticano II y la “Teología de la Liberación”, que dejaron de lado a Dios y el establecimiento de Su reino para poner el centro en el hombre y su existencia terrenal. Y en ese sentido, el filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila dijo con toda verdad: «Si se trata meramente de organizar un paraíso terrenal, los curas sobran. El diablo basta» (Escolios a un texto implícito II, 197 d).

LETANÍA DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN EN LATÍN Y ESPAÑOL


Tomado del Office de la Très-Sainte Vierge selon le Rit Dominicain, 6.ª edición, París, Librería de los hermanos Poussielgue, 1874. Traducción propia.
   
LATÍN
℣. Kýrie, eléison.
℞. Kýrie, eléison.
℣. Christe, eléison.
℞. Christe, eléison.
℣. Kýrie, eléison.
℞. Kýrie, eléison.
      
℣. Christe, áudi nos.
℞. Christe, áudi nos.
℣. Christe, exáudi nos.
℞. Christe, exáudi nos.
   
℣. Pater de cœlis Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Fílii Redemptor mundi Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Spíritus Sancte Deus,
℞. Miserére nobis.
℣. Sancta Trinitas, unus Deus,
℞. Miserére nobis.

℣. Sancta María,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sancta Dei Genétrix,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sancta Virgo vírginum,
℞. Ora pro nobis.

℣. Magne Pater Domínice,
℞. Ora pro nobis.
℣. Lumen Ecclésiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Lux mundi,
℞. Ora pro nobis.
℣. Jubar sǽculi,
℞. Ora pro nobis.
℣. Prædicátor grátiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Rosa patiéntiæ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Salútis animárum sitientíssime,
℞. Ora pro nobis.
℣. Martýrii cupidíssime,
℞. Ora pro nobis.
℣. Magne animárum œcónome,
℞. Ora pro nobis.
℣. Vir evangélice,
℞. Ora pro nobis.
℣. Doctor veritátis,
℞. Ora pro nobis.
℣. Ebur castitátis,
℞. Ora pro nobis.
℣. Vir plane apostólici péctoris,
℞. Ora pro nobis.
℣. Páuper in pecúlio,
℞. Ora pro nobis.
℣. Dives vita pura,
℞. Ora pro nobis.
℣. Pro zelo pereúntium ardens quási fácula,
℞. Ora pro nobis.
℣. Evangélii tuba,
℞. Ora pro nobis.
℣. Præco cœléstium Abstinéntiæ régula,
℞. Ora pro nobis.
℣. Sal terræ,
℞. Ora pro nobis.
℣. Quási sol refúlgens in templo Dei,
℞. Ora pro nobis.
℣. Christi suffúlte grátia,
℞. Ora pro nobis.
℣. Stola dotáte régia,
℞. Ora pro nobis.
℣. Flos in florum virens aréola,
℞. Ora pro nobis.
℣. Terram rigans cruóre pio,
℞. Ora pro nobis.
℣. Cœli locáte in hórreo,
℞. Ora pro nobis.
℣. Fulgens in choro Vírginum,
℞. Ora pro nobis.
℣. Prædicatórum Órdinis Dux et Pater,
℞. Ora pro nobis.
℣. Ut mortis hora tecum suscipiámur in cœlo,
℞. Ora pro nobis.
  
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Parce nobis, Jesu.
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Exáudi nos, Jesu.
℣. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi,
℞. Miserére nobis, Jesu.
    
℣. Christe, áudi nos.
℞. Christe, áudi nos.
℣. Christe, exáudi nos.
℞. Christe, exáudi nos.
   
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad Te véniat.
   
ORATIO
Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui peccatórum nostrórum póndere prémimur, beáti Domínici Confessóris tui, Patris nostri, patrocínio sublevémur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
  
TRADUCCIÓN
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℟. Señor, ten piedad de nosotros.
℣. Cristo, ten piedad de nosotros.
℟. Cristo, ten piedad de nosotros.
℣. Señor, ten piedad de nosotros.
℟. Señor, ten piedad de nosotros.
  
℣. Cristo, óyenos.
℟. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℟. Cristo, escúchanos.
   
℣. Dios Padre celestial,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Hijo, Redentor del mundo,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Dios Espíritu Santo,
℟. Ten piedad de nosotros.
℣. Santísima Trinidad, un solo Dios,
℟. Ten piedad de nosotros.
   
℣. Santa María,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Santa Madre de Dios,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Santa Virgen de las Vírgenes,
℟. Ruega por nosotros.
  
℣. Magno Padre Santo Domingo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Lumen de la Iglesia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Luz del mundo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Antorcha del siglo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Predicador de la gracia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Rosa de paciencia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Sedientísimo por la salvación de las almas,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Deseosísimo del martirio,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Gran director de las almas,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Varón evangélico,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Doctor de la verdad,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Marfil de castidad,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Varón de corazón verdaderamente apostólico,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Pobre en bienes temporales,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Rico en la pureza de vida,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que cual antorcha ardías de celo por los pecadores,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Trompeta del Evangelio,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Heraldo del Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Modelo de abstinencia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Sal de la tierra,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Resplandeciente como el sol en el templo de Dios,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que te apoyaste en la gracia de Cristo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Revestido de estola real,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Flor de flores elevada en el jardín de la Iglesia,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Tú que regaste la tierra con tu piadosa sangre,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Trigo recogido en los silos del Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Resplandeciente en el coro de los Vírgenes,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Jefe y padre de la Orden de Predicadores,
℟. Ruega por nosotros.
℣. Para que en la hora de la muerte seamos recogidos contigo en el Cielo,
℟. Ruega por nosotros.
   
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Perdónanos, Jesús.
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Escúchanos, Jesús.
℣. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo,
℞. Ten piedad de nosotros, Jesús.
    
℣. Cristo, óyenos.
℟. Cristo, óyenos.
℣. Cristo, escúchanos.
℟. Cristo, escúchanos.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue mi clamor hacia Ti.
   
ORACIÓN
Te suplicamos, Dios Omnipotente, nos concedas a cuantos padecemos bajo el peso de nuestros pecados, alcanzar el patrocinio de tu confesor nuestro bienaventurado Padre Santo Domingo. Por Nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

EL QUE SE APARTA DE SU DEBER, ES ABANDONADO A SU SUERTE


«Para el mundano, la vida no es más que un espacio, que hay que atravesar lo más lentamente que se pueda por el camino más llano; pero no la considera así el cristiano, porque sabe que todo hombre es vicario de Jesucristo para trabajar en la redención de la humanidad por el sacrificio de sí mismo, y que, en el plan de esta grande obra, cada cual tiene un puesto señalado de toda eternidad, que puede, a su arbitrio, aceptar o rehusar. Sabe que si voluntariamente deserta del puesto que le ofrecía la Providencia en la milicia de las criaturas útiles, otro será favorecido con ese puesto, y él, extra fuga, será abandonado a su propia dirección en la ancha y corta vía del egoísmo».
  
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.

lunes, 3 de agosto de 2026

INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y LA REINTERPRETACIÓN MODERNISTA DE LA HISTORIA CATÓLICA

Traducción del artículo del padre Thomas John Ojeka.
   
Tras haber entrenado las mentes para aceptar la ambigüedad, los modernistas advierten ahora, a través de su comandante en jefe, que la ambigüedad es peligrosa. Lo que la IA hace o pretende hacer, los modernistas ya lo han hecho espiritualmente durante décadas, reivindicando el nombre católico y fingiendo enseñar con autoridad católica.

Prólogo: Un párrafo de especial interés
Muchos entusiastas del aggiornamento modernista han publicado artículos promocionales en alabanza de la primera supuesta encíclica del Imitador de León, Magnífica Humanitas.
  
En conjunto, demuestran cómo los puntos clave giran abrumadoramente en torno a la antropología, la ética natural y la civilización cotidiana, y menos en torno a lo sobrenatural del hombre y su fin último.
   
Cuando se habla de Cristo, se le presenta principalmente como el modelo de la auténtica humanidad y la comunión relacional. Si bien hay algo de verdad en esto, el énfasis es meramente existencial y personalista, más que profundamente redentor, sacrificial o dogmático. La Cruz se presenta más como una lección de autenticidad humana que como la satisfacción ofrecida por el pecado y el medio de redención sobrenatural.
   
Mientras tanto, los temas centrales del documento revelan una serie de profundas ironías:
  • Tras haber entrenado las mentes para aceptar la ambigüedad, los modernistas advierten ahora que la ambigüedad es peligrosa.
  • El documento también advierte que la IA podría convertirse en una herramienta para nuevas formas de esclavitud: dominación sutil mediante datos, control del pensamiento y manipulación del comportamiento humano. Esta preocupación está justificada.
  • Pero guarda un extraño silencio sobre una esclavitud más profunda que ya está en marcha: la esclavitud del indiferentismo modernista.
De hecho, lo que la IA hace o pretende hacer tecnológicamente [verdad fluida, realidad a medida, consenso fabricado], los modernistas ya lo han hecho espiritualmente durante décadas, mientras se aferraban al nombre católico y fingían enseñar con autoridad católica.
   
Ahora, en medio de sus prioridades mundanas características del aggiornamento modernista, un párrafo en particular del documento ha recibido una atención excepcional debido a su apelación a las sensibilidades panafricanas: el párrafo 176. A la luz de este infame párrafo, leemos frases como:
  • «El Papa León pide disculpas por el papel histórico de la Iglesia en la esclavitud».
  • «El Papa León XIV ofrece una disculpa histórica por el papel del Vaticano en la legitimación de la esclavitud».
  • «Tuvieron que transcurrir dieciocho siglos para que se reconociera explícitamente su total incompatibilidad con la esclavitud».
  • «El Papa León ha reforzado la credibilidad moral de la Iglesia con esta admisión y disculpa».
  • «Tras décadas de activismo, los negros recibieron una disculpa largamente esperada del Papa León XIV por el papel de la Iglesia Católica en el comercio transatlántico de esclavos».
Los titulares revelan la premisa subyacente al discurso: La verdad moral avanza históricamente.
  
De este modo:
  • La Iglesia medieval es moralmente inferior,
  • La era moderna es moralmente superior,
  • La conciencia ética actual juzga el pasado.
Esto es fundamentalmente incompatible con la comprensión católica tradicional de que:
  • La revelación está completa,
  • La verdad es perenne,
  • La doctrina se desarrolla orgánicamente pero no muta,
  • La Iglesia es maestra de las naciones, no alumna de la modernidad secular.
La precisión y la distinción son esenciales. La cuestión no radica en si existieron abusos en la historia, pues sin duda existieron; sino en si se puede presentar a la propia Iglesia como moralmente “tardía” en el descubrimiento de la verdad, como si la revelación divina requiriera siglos de evolución ética antes de volverse inteligible.

Esta implicación atenta directamente contra la doctrina católica relativa a la indefectibilidad y la asistencia divina concedida a la Iglesia. Por ello, es necesario analizar este párrafo en particular para brindar la claridad necesaria a las personas de buena voluntad.

EL PÁRRAFO QUE SUSCITA ESPECIAL PREOCUPACIÓN

El texto dice lo siguiente:
«La Iglesia, a medida que su doctrina fue madurando, fue tomando conciencia, progresivamente, de la gravedad de estas realidades. Es cierto que los acontecimientos del pasado no pueden juzgarse de forma ahistórica, como si todos los criterios que se han ido madurando con el tiempo hubieran estado siempre disponibles. Sin embargo, no podemos negar ni minimizar el retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud. Si en la Antigüedad y en la Edad Media muchas personas e instituciones eclesiásticas tuvieron esclavos, ya en la Edad Moderna la Sede Apostólica romana, instada por las peticiones de los soberanos, intervino en varias ocasiones para regular y legitimar las modalidades de sometimiento y, en algunos casos, de reducción a la esclavitud de los “infieles”. Hubo que esperar hasta el siglo XIX para encontrar una condena formal, absoluta y universal de la esclavitud, en particular con León XIII. Esto constituye un claro ejemplo de los progresos de la Iglesia en la comprensión de las verdades perennes de la Revelación que ella custodia. Aunque no encontramos homogeneidad en la cuestión en sí —habiendo tolerado durante mucho tiempo la esclavitud y llegando sólo posteriormente a condenarla de manera absoluta—, existe una continuidad a lo largo de toda la historia en cuanto a la convicción acerca de la dignidad de todo ser humano, creado a imagen de Dios, aunque sin haber logrado, en dieciocho siglos, explicitar de manera oficial la total incompatibilidad de la esclavitud con dicha dignidad. Se trata de una herida en la memoria cristiana a la que no podemos considerarnos ajenos. Es inevitable sentir un profundo dolor al considerar el enorme sufrimiento y humillación que la esclavitud ha significado para tantas personas, en contraste con la dignidad sin límites de cada una de ellas, amadas infinitamente por el Señor. Por eso, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón» (Magnífica Humánitas, párrafo 176).

La tesis central del párrafo
El párrafo plantea esencialmente cinco afirmaciones principales:
  1. La Iglesia fue evolucionando gradualmente en su postura moral respecto a la esclavitud.
  2. Las épocas anteriores carecían de los criterios morales que adquirieron las generaciones posteriores.
  3. La Iglesia toleró o legitimó la esclavitud durante siglos.
  4. La condena universal surgió recién en el siglo XIX.
  5. Por lo tanto, la Iglesia debe pedir perdón por su fracaso histórico.
Cada uno de estos puntos debe distinguirse cuidadosamente.

Primera distinción: La esclavitud no es una única realidad.
El mundo moderno comete una falacia histórica constante: Considera que todas las formas de servidumbre históricas son moralmente idénticas a la esclavitud racial propia del comercio moderno de esclavos en el Atlántico.

Esto es falso.

Históricamente, la palabra “esclavitud” abarcaba condiciones radicalmente diferentes.

A. Servidumbre doméstica antigua
En la antigüedad muchos “esclavos”:
  • Poseían propiedades,
  • Recibían educación,
  • Ocupaban cargos administrativos,
  • Podían comprar su libertad,
  • A menudo vivían mejor que los campesinos libres.
Esto no convierte la esclavitud en algo ideal. Pero significa que la servidumbre antigua no puede equipararse simplemente con la deshumanización industrializada moderna.

B. Servidumbre penal o por deudas
Surgieron algunas formas de servidumbre:
  • de la guerra,
  • castigo penal,
  • deuda,
  • o dependencia contractual voluntaria.
Históricamente, la Iglesia toleró ciertas formas de estos acuerdos bajo estrictas limitaciones morales.

C. Esclavitud racial de bienes muebles
Lo que surgió posteriormente en algunas partes del mundo colonial, especialmente la esclavitud perpetua basada en la raza que reducía a los hombres a ganado comercial, fue algo mucho más brutal y moralmente desordenado.

Los católicos tradicionalistas deben distinguir estas realidades en lugar de reducir toda la historia a una sola categoría cargada de emotividad.

El modernismo se nutre de la desaparición de las distinciones.

La teología católica depende de hacerlas.

¿Descubrió la Iglesia la dignidad humana de forma gradual?
Aquí reside el problema teológico más grave.

En este párrafo, el imitador modernista de León sugiere con fuerza que la Iglesia solo despertó lentamente a la dignidad del hombre a través de la evolución histórica. Pero la doctrina católica tradicional enseña lo contrario.

La Iglesia no descubrió la dignidad humana en el siglo XIX. La enseñó desde sus inicios porque la recibió de la Revelación divina.

Desde la antigüedad la Iglesia proclamó que:
  • El hombre es creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:27),
  • Cada alma posee un destino inmortal,
  • Cristo murió por todos los hombres,
  • El bautismo trasciende la raza y la condición social,
  • Los amos están obligados por la justicia hacia los sirvientes,
  • La crueldad es pecado,
  • Ningún ser humano puede ser tratado como una simple cosa.
Así enseña el Apóstol San Pablo: «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre… porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.» (Gálatas 3:28).

Y de nuevo: «Amos, traten a sus siervos con justicia e igualdad.» (Colosenses 4:1).

Estos principios fueron revolucionarios en el mundo pagano, donde a menudo se consideraba a los esclavos jurídicamente como instrumentos en lugar de personas con un destino sobrenatural igualitario.

El cristianismo no comenzó predicando la revolución social, sino transformando los fundamentos morales de la civilización misma.

Esa distinción es crucial.
  
Santo Tomás de Aquino sobre la esclavitud
Santo Tomás de Aquino trató la esclavitud con meticulosa precisión metafísica y jurídica.

En la Suma Teológica (parte I, cuestión 96, art. 4.º), Tomás de Aquino enseña que, según el orden original de la creación anterior al pecado, el hombre no fue creado para la servidumbre. El hombre, como criatura racional, está naturalmente orientado hacia la libertad, no hacia la dominación como un instrumento brutal.

Sin embargo, tras la Caída, podrían surgir formas de servidumbre dentro de la sociedad humana caída con fines de orden, castigo o utilidad social.

Asimismo, en la Suma Teológica (parte II-IIæ, cuestión 57, art. 3.º), explica que la esclavitud no pertenece al derecho natural primario, sino al jus géntium, el derecho de gentes; es decir, una institución jurídica humana tolerada dentro de las condiciones caídas de la historia.

Esta es una distinción crucial.

Santo Tomás de Aquino no enseña que algunos hombres son intrínsecamente infrahumanos. Al contrario, todos los hombres poseen por igual una naturaleza racional y llevan la imagen de Dios.
  
Siguiendo a San Agustín, el Aquinate entiende la esclavitud principalmente como una consecuencia del pecado y del desorden social, y no como parte del designio primordial de Dios para la humanidad.

Así, la teología católica tradicional siempre se distinguió entre:
  • la dignidad ontológica de la persona,
y
  • la condición civil o jurídica en la que pueda existir esa persona.
Al igual que en los debates modernos seculares, los modernistas eclesiásticos también suelen difuminar estas distinciones.

El verdadero significado del desarrollo doctrinal
Una comprensión genuinamente católica del desarrollo doctrinal significa:
  • Articulación más clara,
  • Aplicación más completa de los principios perennes, y
  • Una condena más precisa de los abusos.
No significa:
  • Que la Revelación esté en evolución,
  • La Iglesia despierta moralmente de siglos de oscuridad, o
  • Que el cristianismo aprenda la dignidad humana del liberalismo moderno.
Esa idea es evolucionismo modernista.

Cuando papas posteriores condenaron con mayor claridad las formas cada vez más brutales y racializadas de esclavitud, esto representó desarrollo en la aplicación, no el descubrimiento de una verdad moral previamente desconocida.

Los principios ya estaban incorporados en:
  • El Génesis,
  • El Evangelio,
  • La teología patrística,
  • La filosofía escolástica, y
  • La doctrina sacramental.
De hecho, la civilización moderna heredó su concepto de dignidad humana universal en gran medida de la metafísica cristiana.

La ironía es profunda: El liberalismo moderno condena con frecuencia al cristianismo utilizando categorías morales que el propio cristianismo legó al mundo.

El error de juzgar la Cristiandad con los criterios de la modernidad liberal.
El párrafo afirma, y ​​con razón, que «Los acontecimientos del pasado no pueden juzgarse de forma anacrónica».
  
Sin embargo, casi de inmediato procede a comparar la cristiandad con el vocabulario moral de la modernidad liberal.
   
Esta contradicción no es casual. Refleja un método de distracción claramente modernista: rechazar verbalmente el anacronismo mientras se somete, en la práctica, la historia católica a los estándares ideológicos modernos.

El hombre moderno juzga habitualmente la cristiandad medieval a través de lentes ajenas a la época misma:
  • El igualitarismo ilustrado,
  • El individualismo liberal,
  • Las nociones seculares de derechos autónomos, y
  • Un sentimiento humanitario poscristiano desvinculado del Evangelio.
En este marco, la Cristiandad no se considera una civilización orientada hacia el reinado de Cristo y la salvación de las almas, sino un intento fallido de democracia moderna. De este modo, se falsea todo el orden histórico.

El resultado es un tribunal moral profundamente selectivo:
  • Los imperios paganos son “productos de su tiempo”,
  • Las atrocidades revolucionarias se excusan como “necesidad histórica”,
  • El colonialismo secular se contextualiza,
  • Las masacres comunistas se relativizan,
  • Sin embargo, solo la cristiandad es convocada sin cesar ante el tribunal del sentimiento liberal moderno.
Así, se recuerdan las Cruzadas mientras se minimiza la expansión islámica. Se denuncia la Inquisición mientras se romantiza el terror revolucionario. Los castigos medievales se presentan como bárbaros, mientras que la matanza mecanizada moderna, el aborto y la tiranía ideológica se tratan como desafortunados excesos del progreso.

Esta indignación selectiva revela algo más profundo: la modernidad no se limita a criticar a la cristiandad por fallos particulares; le molesta el principio mismo de una sociedad públicamente sujeta a Jesucristo y a su Iglesia.

Por lo tanto, un católico debe rechazar este marco histórico distorsionado. Ciertamente, existieron pecados y abusos individuales dentro de las sociedades cristianas, pues la Iglesia siempre ha tenido pecadores. Pero la cristiandad debe ser juzgada según sus propios principios sobrenaturales, objetivos y circunstancias históricas; no según los dogmas de la modernidad liberal, que surgieron de una civilización que ya había abandonado a Cristo.

En efecto, una de las grandes ironías de la modernidad es esta: El mundo moderno toma prestados muchos de sus instintos morales del cristianismo, al tiempo que condena la misma civilización cristiana que los engendró.

¡Qué comedia tan triste!

La Sede Apostólica y la “legitimación” de la esclavitud
Otra distinción necesaria: Las intervenciones papales en materia de esclavitud fueron a menudo respuestas jurídicas o políticas a realidades geopolíticas complejas.

Esto no significa que la Iglesia enseñó la esclavitud como un ideal, o que aprobaba dogmáticamente la explotación racial.

Numerosos documentos papales condenaban los abusos contra los pueblos indígenas. De hecho, León XIII, en «In Plúrimis», ofrece un testimonio en el que invoca explícitamente a sus predecesores para demostrar que la Iglesia llevaba mucho tiempo conteniendo, condenando y combatiendo la esclavitud, tanto en principio como en la práctica.
  • Papa Eugenio IV (Sicut Dudum, 1435): Condena la esclavitud de los cristianos recién convertidos y ordena su liberación inmediata bajo pena de excomunión. No se trata de una mera desaprobación, sino de un juicio moral coercitivo.
  • Papa Pablo III (Sublimis Deus, 1537): Declara que los pueblos indígenas son plenamente humanos, capaces de tener fe e injustamente esclavizados. Una afirmación doctrinal de la dignidad humana frente a la esclavitud racializada.
  • Papa Urbano VIII (Commissum Nobis, 1639): Prohíbe la esclavitud de los pueblos indígenas y refuerza las censuras previas. Se trata de continuidad y aplicación, no de novedad.
  • Papa Benedicto XIV (Immensa Pastorum, 1741): Reprende la opresión y la esclavitud vinculadas a la explotación colonial. Su aplicación moral se está ampliando al abuso sistémico.
  • Papa Pío VII (Congreso de Viena, 1815): Insta a la abolición del comercio de esclavos mediante la diplomacia. El papado actúa en el ámbito internacional contra la esclavitud.
  • Papa Gregorio XVI (In Supremo Apostolatus, 1839): Condena explícitamente la trata de esclavos y prohíbe la participación católica. Una denuncia clara y universal de este comercio.
  • El Papa Pío IX mantiene y refuerza estas condenas.
La enseñanza se conserva, no se redescubre.

La realidad histórica en torno a las condenas papales de la esclavitud injusta, el secuestro y la crueldad es compleja y presenta aspectos diversos.

Las narrativas modernistas lo simplifican en: «La Iglesia apoyó la esclavitud hasta que la moral moderna la corrigió».

Es fácil ver que se trata de una propaganda secular deplorable y no de historia católica seria.

Mientras tanto, uno de los hechos más ignorados en las condenas modernas de la cristiandad es la inmensa labor realizada por las órdenes religiosas católicas para el rescate y la liberación de esclavos. Órdenes como los Mercedarios y los Trinitarios fueron fundadas con la aprobación papal precisamente para redimir a los cautivos, a menudo ofreciendo sus propias vidas a cambio de cristianos encarcelados y esclavizados.

Durante siglos de conflicto en el Mediterráneo y más allá, innumerables sacerdotes, monjes y frailes agotaron los recursos de la Iglesia para liberar a esclavos del cautiverio musulmán y otras formas de servidumbre. Sin embargo, los relatos modernos rara vez mencionan estas heroicas obras de misericordia. Los pecados de la Iglesia, aunque falsamente imputados, se repiten sin cesar; sus sacrificios, en cambio, se entierran silenciosamente. Esta memoria selectiva no ilumina la historia: la distorsiona.

El papa León XIII y el siglo XIX
El párrafo invoca al Papa León XIII como si el siglo XIX hubiera marcado el momento en que la Iglesia finalmente “alcanzó” la verdad moral respecto a la esclavitud. Pero este planteamiento es profundamente engañoso.

Como ya se ha demostrado, sin duda las condenas papales se volvieron más explícitas y universales en su tono durante ese período. Sin embargo, la explicitud no es lo mismo que la invención doctrinal.

El siglo XIX fue testigo de la expansión de formas de esclavitud caracterizadas por:
  • La explotación industrial a una escala sin precedentes,
  • Teorías racistas disfrazadas de ciencia,
  • El tráfico comercial colonial de poblaciones enteras, y
  • La deshumanización sistemática impulsada por la maquinaria económica moderna.
Lo que antes existía en formas jurídicas más localizadas se transformó en vastos sistemas ideológicos y comerciales de degradación humana. El mundo moderno mecanizó la crueldad.
   
Ante estos acontecimientos, la Iglesia habló con creciente precisión y urgencia. Pero esto no se debía a que la revelación divina hubiera madurado repentinamente tras dieciocho siglos de vacilación moral. Más bien, los principios perennes ya contenidos en el Apocalipsis se estaban aplicando de forma más explícita a las nuevas circunstancias históricas.

La distinción es crucial.

La Iglesia no «descubrió» la dignidad humana en el siglo XIX. Siempre había enseñado que el hombre fue creado a imagen de Dios, redimido por Cristo y destinado a la unión sobrenatural con Él. De estas verdades emanan los principios morales que condenan la degradación de la persona humana.

Así pues, cuando papas posteriores condenaron la esclavitud moderna con mayor claridad, no estaban corrigiendo el Evangelio ni superando la sabiduría moral de siglos anteriores. Simplemente estaban desarrollando las implicaciones de verdades que ya habían sido confiadas a la Iglesia desde sus inicios.

Esto es un auténtico desarrollo doctrinal: una aclaración orgánica sin mutación de principios.

Sin embargo, la narrativa modernista defendida por el Imitador de León propone sutilmente algo mucho más radical: que la propia Iglesia era moralmente deficiente hasta que fue iluminada por la conciencia humanitaria moderna.

Esa sugerencia trastoca por completo la comprensión católica de la Revelación y la Tradición. Transforma a la Iglesia, de maestra con ayuda divina, en una institución histórica gradualmente educada por la civilización secular.

Ante esta distorsión modernista, los católicos deben insistir en la distinción necesaria: El crecimiento en la aplicación explícita no es una evolución de la verdad misma. La bellota se convierte en roble; no se convierte en otra especie.

La peligrosa fórmula modernista: «La Iglesia aprendió de la historia». Este es el verdadero peligro teológico.

La teología modernista reemplaza sutilmente la Revelación divina con la conciencia histórica.

Trata la doctrina casi como si fuera una conciencia social en constante evolución.

Así pues, la Iglesia se presenta como:
  • Moralmente inmadura en la antigüedad,
  • Progresivamente iluminada a través de la experiencia histórica, y
  • Finalmente, se llegó a la ética humanitaria moderna.
Esto socava la confianza en:
  • La perfección de la Revelación,
  • La constancia de la doctrina católica, y
  • La dirección divina de la Iglesia.
La teología católica tradicional enseña, en cambio, que:
  • La Revelación concluyó con los Apóstoles,
  • La doctrina puede profundizarse en su expresión, pero la Verdad misma no evoluciona.
La Iglesia puede explicarlo. Ella no se reinventa moralmente.

«Una herida en la memoria cristiana»
Esta expresión proviene de un lenguaje penitencial característico del modernismo.

Ciertamente, los cristianos han pecado. Ciertamente, se han cometido injusticias.

Pero los modernistas hablan como si la propia Iglesia fuera moralmente culpable como institución defectuosa, en lugar de distinguir entre la doctrina divina y los miembros pecadores.
   
La teología católica hace esta distinción con mucho cuidado.

La Iglesia es santa porque:
  • Su Fundador es santo,
  • Su doctrina es santa,
  • Sus sacramentos son sagrados.
Sus miembros pueden ser pecadores.

La retórica modernista y secular desdibuja esta distinción y habla de “la Iglesia” casi como una criminal histórica colectiva que necesita una disculpa perpetua ante el mundo moderno.

Esto se hace para dañar el prestigio católico y debilitar la confianza en la constitución divina de la Iglesia.

La obsesión modernista con la culpa católica
Otra característica llamativa de la mentalidad modernista es su persistente fijación en la culpa católica. Ciertos temas históricos son continuamente puestos bajo un foco acusatorio:
  • las Cruzadas,
  • la Inquisición,
  • esclavitud,
  • expansión colonial,
  • actividad misionera,
  • estados confesionales.
Estos temas se repiten sin cesar como acusaciones morales contra la propia civilización católica.

Sin embargo, la selectividad resulta reveladora.

Las mismas voces que hablan incesantemente sobre los pecados de la cristiandad a menudo mantienen una curiosa moderación respecto a: 
  • La barbarie y crueldad ritual del paganismo,
  • Los sistemas masivos de esclavitud islámica que se extienden a lo largo de los siglos,
  • La violencia exterminadora del comunismo ateo,
  • Las masacres revolucionarias nacidas de la ideología secular,
  • El imperialismo y explotación económica liberal,
  • La matanza industrializada del aborto,
  • La industria mundial de la pornografía,
  • La destrucción del matrimonio y la vida familiar, y
  • Los regímenes modernos construidos explícitamente sobre la base del ateísmo.
El desequilibrio es demasiado sistemático como para ser accidental.

La cuestión no radica en si los católicos reconocen los abusos históricos. Los católicos comprometidos no niegan la pecaminosidad humana a lo largo de la historia. La Iglesia siempre ha reconocido que sus hijos pueden traicionar las verdades que enseña. Sin embargo, el modernismo aborda la historia con un enfoque completamente distinto: no la purificación a través de la verdad, sino la reconciliación con el espíritu de la época mediante la autoacusación perpetua.

Por lo tanto, la civilización católica histórica queda permanentemente en el banquillo de los acusados, mientras que la civilización secular moderna asume el papel de juez moral.

Esta inversión conlleva enormes consecuencias psicológicas.

Un pueblo al que se le enseña a considerar su propia civilización principalmente a través del prisma de la culpa perderá gradualmente el instinto de preservación. Así, los católicos se convierten en:
  • Avergonzados de la Cristiandad,
  • Avergonzados de la autoridad católica,
  • Avergonzados del celo misionero,
  • Avergonzados de la jerarquía,
  • Avergonzado de la certeza moral,
  • Avergonzados incluso de la sola idea de una civilización públicamente orientada hacia Cristo.
El resultado es una parálisis civilizatoria.

Una sociedad privada de confianza histórica no puede defender sus instituciones, transmitir su cultura ni resistir ideologías hostiles. Una vez que una civilización aprende a despreciar sus propios fundamentos, la rendición es solo cuestión de tiempo.

Por eso, el tratamiento modernista de la historia nunca es meramente académico. Tiene una función pedagógica. Adiestra a los católicos para que vean el orden secular moderno como moralmente ilustrado, y la época de la civilización católica como fundamentalmente opresiva e inferior.

En ese contexto, el arrepentimiento deja de significar la conversión a Cristo y se convierte, en cambio, en una sumisión ideológica a la modernidad.

Conclusión católica tradicional apropiada
Una postura católica tradicional equilibrada afirmaría:

Puntos verdaderos
  • En la historia se han producido graves abusos.
  • Los cristianos a veces fallaban moralmente.
  • Ciertas formas de esclavitud eran profundamente contrarias a la caridad y la justicia cristianas.
  • Las condenas explícitas se fueron desarrollando con el tiempo.
Pero también:
  • La Iglesia siempre enseñó la dignidad humana.
  • La doctrina no evolucionó del error a la verdad.
  • Las formas históricas de servidumbre no eran todas idénticas.
  • Las narrativas modernistas exageran la culpa eclesiástica.
  • La Iglesia jamás debe ser retratada como moralmente ilustrada por la modernidad secular.
  • La Iglesia civilizó a las naciones mucho antes de que existiera el liberalismo moderno.
  • De hecho, muchos de los instintos morales que ahora se utilizan como arma contra la historia católica nacieron precisamente de la civilización cristiana.
Ahí reside la gran ironía: la modernidad se apropia de la moral cristiana mientras repudia la cristiandad misma. Del mismo modo, los modernistas se apropian del nombre católico mientras socavan el catolicismo en cada detalle: doctrina, historia, disciplina, autoridad, culto, ¡en todo!

No al imitador modernista de la reinterpretación de la historia católica que hizo León XIII.

No al modernismo, la síntesis de todas las herejías.

No a los modernistas, los más perniciosos adversarios de la Iglesia.

Sin duda, la IA debe seguir siendo una herramienta subordinada al destino eterno del hombre, no una fuerza que remodele la verdad, la moral y la naturaleza humana según el poder tecnocrático.

Pero aquellos que pasaron décadas normalizando la ambigüedad teológica, el indiferentismo religioso y el relativismo doctrinal tienen poca credibilidad moral a la hora de advertir al mundo sobre los peligros de las realidades sintéticas y la verdad manipulada.

Una civilización no puede defender por mucho tiempo la realidad objetiva después de haber debilitado sistemáticamente el concepto mismo de verdad religiosa objetiva.

Por lo tanto, los católicos no deben dejarse llevar por la puesta en escena modernista: la crisis más profunda de nuestra época no comenzó con la inteligencia artificial, sino con el abandono de la claridad respecto a Dios, la verdad, la Iglesia y la salvación de las almas; un abandono del cual los modernistas son los principales propagadores.
  
¡Piénsalo!

FISCAL DE FLORIDA A LOS OBISPOS DEL ESTADO: «SI OBLIGAIS A LAS VACUNAS EN VUESTROS COLEGIOS, ESTOS PERDERÁN LA SUBVENCIÓN ESTATAL».


El fiscal general del estado de Florida, James William Uthmeier, advirtió a los obispones del estado que la negativa de las escuelas “católicas” a conceder exenciones religiosas a los mandatos de vacunación es «preocupante y puede descalificarlas para recibir becas y vales estatales».

«Como católico, confío en que las enseñanzas de la Iglesia Católica no exigen que las escuelas católicas obliguen a los estudiantes a recibir vacunas derivadas del tejido de niños abortados en contra de las objeciones religiosas sinceras de sus padres», escribió el fiscal general en su carta al director ejecutivo de la Conferencia, Michael B. Sheedy, el 31 de Julio. Carta que publicó en sus redes sociales.
  
  
TRADUCCIÓN
ESTADO DE FLORIDA

JAMES UTHMEIER
FISCAL GENERAL

31 de julio de 2026

Michael B. Sheedy
Director Ejecutivo
Conferencia de Obispos Católicos de Florida
201 West Park Avenue, Tallahassee, Florida 32301-7715

Estimado Sr. Sheedy:

Me ha llegado información de que las escuelas católicas en Florida podrían negarse a otorgar exenciones religiosas a los requisitos de vacunación para el próximo año escolar. Al menos una diócesis parece haber adoptado la postura ofrecida por el Centro Nacional Católico de Bioética: «Las escuelas católicas o una diócesis católica no pueden otorgar una exención de vacunación por motivos religiosos, ya que la Iglesia Católica no enseña que el uso de vacunas producidas en líneas celulares derivadas de tejido de un feto abortado sea intrínsecamente malo» [1]. Tal política, de ser cierta, es preocupante porque la ley de Florida exige que las escuelas públicas y privadas eximan a los estudiantes de los requisitos de vacunación contenidos en la sección 1003.22(3) de los Estatutos de Florida, si un padre tiene una objeción religiosa. Específicamente, la sección 1003.22(5)(a) establece que los requisitos de vacunación escolar «no se aplicarán» si el «padre del niño objeta por escrito que la administración de agentes inmunizantes entra en conflicto con sus principios o prácticas religiosas».

Por supuesto, una escuela religiosa puede reclamar una exención del requisito de otorgar exenciones religiosas si otorgar dicha exención violara los principios religiosos de la escuela [2]. Pero como católico, confío en que las enseñanzas de la Iglesia Católica no exigen que las escuelas católicas obliguen a los estudiantes a tomar vacunas derivadas del tejido de niños abortados en contra de las objeciones religiosas sinceras de sus padres. De hecho, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha declarado que «la razón práctica hace evidente que la vacunación no es, como regla, una obligación moral» [3]. Al no tener ninguna razón religiosa legítima para negarse a conceder exenciones religiosas para la administración de vacunas derivadas del aborto, las escuelas católicas de Florida deberían cumplir con la ley de Florida.

Como la Iglesia Católica ha reconocido, muchas vacunas se fabrican utilizando tejido fetal humano derivado de abortos electivos [4]. La Iglesia Católica ha enseñado consistentemente durante milenios que «[e]n el momento de la concepción, la vida de todo ser humano debe ser respetada de manera absoluta» y que «nadie puede, bajo ninguna circunstancia, reclamar para sí el derecho de destruir a un ser humano inocente» [5]. Por esta razón, la Iglesia Católica ha alentado históricamente a los fieles a abstenerse del uso de vacunas producidas a partir de tejido fetal abortado [6], al tiempo que reconoce la permisibilidad moral de usar dichas vacunas en ciertas circunstancias [7]. Pero incluso si las vacunas derivadas del aborto pueden ser permisibles, la enseñanza de la Iglesia también reconoce que nadie debe ser obligado a tomar una vacuna «si viola la santidad de su conciencia» [8]. Según una arquidiócesis, «la negación de adaptaciones religiosas, o las acciones punitivas o adversas contra el personal tomadas contra quienes plantean objeciones serias basadas en la conciencia, serían moralmente reprobables» [9].

Recientemente, el Papa León XIV habló sobre cómo los derechos humanos son «inviolables», «universales» e «inalienables» [10]. Afirmó que «[s]on las personas las que importan, cada una de ellas, junto con sus familias. Los movimientos sociales, las ideologías comunitarias y las grandes proclamaciones políticas a favor de una población son inútiles a menos que conduzcan al florecimiento de las personas, hombres y mujeres, con sus derechos inalienables», y añadió que «todo hombre y toda mujer posee una dignidad inalienable, junto con derechos que ningún poder humano puede traicionar o anular» [11]. También habló el año pasado sobre la importancia de la familia, afirmando que «el papel insustituible de la familia en la Iglesia y la sociedad merece el apoyo de ambas» [12]. La Iglesia Católica ha sostenido durante mucho tiempo que «el papel de los padres en la educación es de tal importancia que es casi imposible proporcionar un sustituto adecuado» [13]. La Iglesia también ha enseñado en relación con el Cuarto Mandamiento que «[e]l respeto y afecto de los padres se expresan en el cuidado y la atención que dedican a la crianza de sus hijos pequeños y a la atención de sus necesidades físicas y espirituales» [14].

Son estos derechos y la obligación de los padres como principales educadores de sus hijos los que el Estado de Florida protege cuando respeta la capacidad de los padres para eximir a sus hijos de los calendarios de vacunación obligatorios, independientemente de cuán remota sea la cooperación material con el aborto [15]. Las leyes justas, dice Aquino, son vinculantes para todos los hombres en conciencia, y destaca la directiva de Proverbios 8:15: «Por mí reinan los reyes, y los legisladores decretan cosas justas» [16]. Por el contrario, las instituciones dirigidas por la Iglesia Católica ahora amenazan con imponer una carga indebida a los padres que, en la práctica, les negaría el derecho fundamental a elegir una escuela que corresponda a sus propias convicciones [17].

Debido a que la enseñanza de la Iglesia obliga a la Iglesia a respetar el derecho de conciencia de las personas que, por razones morales o religiosas, se oponen al uso de vacunas derivadas del aborto, no existe una base religiosa para rechazar la objeción de conciencia religiosa de una persona por negarse a recibir dichas vacunas. El respeto por los derechos de los padres y sus objeciones de conciencia y morales puede incluir objeciones distintas de las preocupaciones provida detalladas en este documento [18]. Por lo tanto, insto a las escuelas católicas a cumplir con la ley de Florida que permite exenciones religiosas a las políticas de vacunación escolar. El incumplimiento podría poner en peligro la elegibilidad para los programas estatales de becas educativas [19]. Si la Conferencia, a pesar de ello, se niega a cumplir con la ley de Florida, por favor, indique claramente los fundamentos religiosos por los cuales las escuelas católicas pueden obligar a las personas a tomar vacunas derivadas de abortos en contra de sus profundas objeciones morales y religiosas.

Por favor, proporcione una respuesta por escrito a más tardar el 7 de agosto de 2026.

Atentamente,

[Fdo.] JAMES UTHMEIER
Fiscal General

Copias: 
  • Arzobispo Thomas Wenski, Arquidiócesis de Miami;
  • Obispo Erik Pohlmeier, Diócesis de San Agustín;
  • Obispo Gregory Parkes, Diócesis de San Petersburgo;
  • Obispo John Noonan, Diócesis de Orlando; 
  • Obispo William Wack, Diócesis de Pensacola-Tallahassee;
  • Obispo Manuel de Jesús Rodríguez, Diócesis de Palm Beach;
  • Obispo Frank Dewane, Diócesis de Venecia; 
  • Dr. Henry Mack, Comisionado de Educación.
   
_______________
[1] School Politics, Immunizations (Políticas escolares e Inmunizaciones), DIÓCESIS CATÓLICA DE PENSACOLA-TALLAHASSEE, files.ecatholic.com/14111/documents/2018/11/Immunization%20-%20Pol-icy%20310.pdf?t=1542643445000 (última visita: 30 de julio de 2026) (énfasis añadido).
[2] Véase Flynn vs. Estevez, Southern Reportero, vol. 221, Serie 3.ª, 1241 (Tribunal de Apelaciones de Distrito de Florida, Distrito 1, 2017).
[3] Nota sobre la moralidad del uso de algunas vacunas contra la COVID-19, CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE (21 de diciembre de 2020), 5, vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_20201221_nota-vaccini-anticovid_en.html#. 
[4] Reflexiones morales sobre las vacunas preparadas a partir de células derivadas de fetos humanos abortados, PONTIFICIA ACADEMIA PARA LA VIDA (5 de junio de 2005), mycatholicdoctor.com/wp-content/uploads/2018/12/vaticanresponse1.pdf
[5] Cardenal Joseph Ratzinger, Instrucción sobre el respeto a la vida humana en su origen y sobre la dignidad de la procreación: Respuestas a ciertas preguntas de actualidad, CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE (22 de febrero de 1987), vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19870222_respect-for-human-life_en.html. (énfasis añadido).
[6] Véase PONTIFICIA ACADEMIA PARA LA VIDA, supra nota 3, pág. 7 (en relación con las enfermedades para las que «no hay vacunas alternativas disponibles y éticamente aceptables, es correcto abstenerse de usar estas vacunas si se puede hacer sin causar a los niños, e indirectamente a la población en su conjunto, riesgos significativos para su salud»).
[7] Mons. Timothy P. Broglio, Arquidiócesis para los Servicios Militares, EE. UU., Declaración sobre las vacunas contra el coronavirus y la santidad de la conciencia (12 de octubre de 2021), files.milarch.org/archbishop/abp-statement-on-covid19-vaccines-and-conscience-12oct2021.pdf, indicando que la «Congregación para la Doctrina de la Fe examinó estas preocupaciones morales y juzgó que recibir estas vacunas “no constituye cooperación formal con el aborto y, por lo tanto, no es pecaminoso”»).
[8] Ibíd.
[9] Ibíd.
[10] Papa León XIV, Magnífica Humánitas, 55, vatican.va/content/leo-xiv/en/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html.
[11] Ibíd., págs. 58, 59.
[12] Vatican News, 19 de noviembre de 2025, Audiencia General - Papa León XIV, youtube.com/watch?v=vesgag-eiSg.
[13] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2221.
[14] Ibíd., n. 2228
[15] Ibíd., n. 2223
[16] Suma Teológica, parte I-II, cuestión 96, art. 4
[17] Catecismo, n. 2229.
[18] Ibíd., n. 1782 («El hombre tiene derecho a actuar en conciencia y en libertad para tomar personalmente decisiones morales. No debe ser obligado a actuar en contra de su conciencia. Tampoco debe ser impedido de actuar según su conciencia, especialmente en asuntos religiosos»).
[19] § 1002.421, Estatutos de Florida.
  
Uthmeier citó varios documentos eclesiásticos, incluida la nota de 2020 de la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la moralidad de las vacunas contra la COVID- 19, y la encíclica “Magnífica Humánitas” de León XIV Riggitano-Prévost sobre la dignidad humana y los derechos inalienables, y subrayó las enseñanzas de la Iglesia respecto al papel de los padres como principales educadores de sus hijos.
  
Asimismo, destacó que el estado de la Florida busca proteger la facultad de los padres de eximir a sus hijos de los requisitos obligatorios de vacunación y sostuvo que la Iglesia Conciliar está imponiendo «una carga indebida a los padres» al negarles su «derecho fundamental a elegir una escuela acorde con sus propias convicciones».

«La ley de Florida permite exenciones por razones religiosas a las políticas de vacunación escolar. El incumplimiento de esta disposición podría poner en peligro la elegibilidad para participar en los programas estatales de becas educativas», establece la carta publicada por el fiscal.

Si los obispos «se niegan a cumplir con la ley de Florida» deben indicar «claramente los fundamentos religiosos por los que las escuelas católicas pueden obligar a las personas a recibir vacunas derivadas de abortos en contra de sus profundas objeciones morales y religiosas», añadió.
  
«Por favor, enviar una respuesta por escrito a más tardar el 7 de agosto de 2026», concluyó el fiscal general.
  
La Conferencia de Obispos Católicos de Florida anunció que está preparando una respuesta al fiscal general, pero aclaró que las escuelas están cumpliendo con la legislación estadual: «Tengan la seguridad de que las escuelas católicas de Florida operan de conformidad con la ley y las enseñanzas de la Iglesia».

Según cifras de la Archidiócesis de Miami, el 95% de los alumnos de las escuelas católicas reciben alguna beca estatal, de los cuales la gran mayoría reciben 6.500 dólares en vales educativos que cubren el monto de la matrícula.

La carta del fiscal se publicó al día siguiente de anunciar una investigación penal contra el exdirector del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas y zar anti-covid Anthony Stephen Fauci Abys luego que este se escudase cien veces tras la Quinta Enmienda para no declarar ante el Comité de Seguridad Nacional y Asuntos Gubernamentales del Senado estadounidense, arriesgándose a un eventual desacato ante el Congreso. «La falta de sinceridad de Fauci ante el Congreso es increíble. Mi oficina ha iniciado una investigación sobre el Dr. Fauci. Ya es hora de que sepamos la verdad sobre lo que ocurrió durante la pandemia de COVID-19», escribió en su cuenta de Twitter/X.

El pasado 3 de Septiembre, el cirujano general estatal, Joseph Abiodun Ladapo, anunció el pasado Septiembre que el gobernador Ron DeSantis «trabajará para poner fin a todos los mandatos de vacunación establecidos por la ley» de Florida, y los comparó con la esclavitud. «Todos y cada uno de ellos son erróneos y rezuman desdén y esclavitud. Si queremos avanzar hacia un mundo perfecto, un mundo mejor, no podemos hacerlo esclavizando a la gente con filosofías terribles y arrebatándoles sus libertades», dijo.

TRASLACIÓN Y PRESERVACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Altar mayor de la antigua basílica de Nuestra Señora de Guadalupe después del atentado del 14 de Noviembre de 1921 (fotografía de la época).

Habiendo sobrevivido a los embates del tiempo y al atentado dinamitero del 14 de Noviembre de 1921, al milagroso ayate donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe le esperaban tiempos difíciles.

Era el año 1926: Aun sin asentar la polvareda levantada por la Revolución que derrocó al general Porfirio Díaz, las guerras de caudillos que le sucedieron y la Expedición Punitiva estadounidense contra Pancho Villa, el presidente de turno, Francisco Plutarco Elías-Calles Campuzano, en su odio contra la Iglesia Católica y ante el fracaso de la chapucera “Iglesia Católica Apostólica Mexicana”, no menos que por los boicots y protestas organizadas por la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, promulga el 14 de Junio la Ley sobre delitos y faltas en materia de culto religioso y disciplina externa, la famosa e infame “Ley Calles”, que reforzó las ya duras restricciones que la Constitución del 5 de Febrero de 1917 imponía a la práctica de la religión católica: Se prohibió el uso de la sotana y los hábitos religiosos fuera de los edificios eclesiales y toda expresión de religiosidad colectiva fuera de los templos, a los religiosos organizarse en congregaciones, prohibió la educación católica en las escuelas.
 
Asimismo, se autorizó a cada estado adoptar las medidas que estimase pertinentes: En estados como Veracruz y Tabasco (cuyo gobernador Tomás Garrido Canabal era tan especialmente fanático contra la religión que en sus tarjetas de presentación ponía «Enemigo personal de Dios»), se establecieron requisitos particulares a los sacerdotes, entre ellos la obligación de estar casados y tener más de cuarenta años de edad para ejercer. En Chihuahua, se hizo uso de la facultad constitucional del artículo 130 para determinar el número máximo de ministros de culto permitidos en el estado, y en Tamaulipas se expulsó a los sacerdotes extranjeros.
  
La ley debía entrar en vigor el 1 de Agosto, y en respuesta, los obispos mexicanos emitieron una carta pastoral conjunta el 25 de Julio diciendo que el culto público quedaba suspendido por falta de garantías a partir del día 31. 
  
El recuerdo del atentado instigado por el gobierno de Álvaro Obregón hacía sospechar que el santuario de Guadalupe volvería a ser blanco de ataques en cualquier momento, y se temía por la seguridad e integridad del ayate. Luego del rechazo inicial a la propuesta, el abad de la basílica antigua, Feliciano “Chano” Cortés y Mora, y el arzobispo José Mora y del Río autorizaron la creación de una réplica, para lo cual se contrató al pintor poblano Rafael Aguirre Moctezuma, experto en representaciones guadalupanas (fue el autor de la réplica venerada en la basílica de Monterrey a devoción del padre Raimundo Jardón), quien trabajó a marchas forzadas y en aproximadamente catorce días entregó la pintura que fue conocida como la “Gemela”.

En la medianoche del 29 de Julio de 1926, bajo la dirección del propio abad Cortés y con la presencia de testigos, un grupo de obreros desprendió el cuadro de oro por la parte posterior del altar mayor de la basílica. Alfonso Marcué González, secretario privado del abad Cortés, describió el evento:
«Era la media noche, me encontraba entre un grupo de obreros que afanosamente trabajaban bajo la dirección del Señor Abad Cortés, en el presbiterio de la Basílica, a fin de desprender de su cuadro de oro la Imagen de la Virgen de Guadalupe.

En los rostros de los allí presentes se advertía la congoja y el natural nerviosismo a causa de lo difícil del trabajo de tan delicada misión. El Señor Abad, superándose a su estado de ánimo, no perdía, en cambio, ningún movimiento y dictaba órdenes a fin de terminar cuanto antes esas maniobras.
  
Logrado al fin retirar de su sitio el cuadro por la parte posterior del altar mayor, se procedió de inmediato en bajar el precioso tesoro con infinitas precauciones, entre rezos, discretas lágrimas de emoción y profundos suspiros de cuantos presenciamos esas labores.
  
Pasamos unos instantes de verdadera expectación donde el silencio era absoluto; sólo se apreciaba el fatigoso esfuerzo desarrollado por los trabajadores al deslizar el cuadro de la Virgen a través de dos escaleras y depositarlo en la mesa del altar posterior. [...]
  
Pues bien, el Sagrado Ayate de Juan Diego fue conducido a la Sala Abacial, procediéndose inmediatamente en colocar la Imagen, que estaba protegida por la gruesa lámina de plata, envuelta en telas de seda, sellada y lacrada, y para darle mayor protección, se envolvió con tela de jerga gruesa, se colocó en el doble fondo de un antiguo ropero chino que había en la Basílica. Al ropero se le desclavó la tabla de arriba y por allí se introdujo la Imagen de la Virgen. Las medidas del ropero son: de alto, 1.96 m, de ancho 1.27 m y de fondo 0.42 m a la vista y el doble fondo de 0,12 m, espacio suficiente para proteger el cuadro de la Virgen.
  
Mientras tanto, otro grupo de personas procedía en la tarea de colocar en el sitio la otra imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada por Aguirre. El Ingeniero Luis Felipe Murguía sugirió ahumar el cristal para quitar el brillo del óleo recién pintado. Así se hizo, quemaron periódicos y quedó opacado el cristal y colocaron la nueva pintura de la Virgen. Cuando el Señor Abad la vio en el cuadro de oro, no daba crédito a lo que sus ojos le mostraban; no se notaba aparentemente el cambio, y de hecho nadie lo notó el que duró tres años; éste es un gran milagro» [GUADALUPE MURGUÍA DE GONZÁLEZ-BARRIOS. Conferencia “Viaje Secreto de la Guadalupana (1926-1929)”].
  
Semanas después de la traslación, el 15 de Agosto, el ejército callista ejecutó por fusilamiento al párroco Luis Batis Sáinz y los laicos Manuel Morales, Salvador Lara Puente y David Roldán Lara en Chalchihuites (Zacatecas), y el día 29, con la batalla de Huejuquilla el Alto (Jalisco), comenzará oficialmente la Guerra Cristera.

Como el frente de la Basílica fue sellado por el Delegado de Bienes Nacionales Ángel Vivanco Esteve, el ropero fue sacado a través de un boquete en el contiguo convento de las Capuchinas y trasladado en un camión de mudanzas cargado de camas y colchones viejos hasta la casa del ingeniero Luis Felipe Murguía Terroba, en el número 4 de la calle Meave, donde permaneció del 30 de Julio de 1926 al 15 de Julio de 1927. Más tarde, ante la designación de la zona como “roja” (y porque la casa tenía acceso posterior por el 17 de la calle El Salvador), se acordó trasladarla a un edificio de la antigua Librería Murguía, en el 54 del Portal del Águila de Oro (actual calle 16 de Septiembre).
   
Allí permaneció la imagen, custodiada con discreción absoluta. Una lámpara ardía permanentemente ante el ropero; cada sábado el abad Cortés oficiaba la Misa en la casa. La familia Murguía asumió la responsabilidad de proteger el tesoro más preciado de la devoción mexicana en el momento de mayor riesgo. Durante esos años, el arzobispo de México acudía a celebrar la misa todos los sábados en ese templo que se convirtió la casa de los Murguía.
  
A honor de la verdad, esta no había sido la primera traslación: el 26 de Septiembre de 1629, la Sagrada Imagen fue trasladada en canoa a una Ciudad de México afectada en su casi totalidad por la Gran Inundación de San Mateo, y permaneció en la sacristía de la catedral metropolitana hasta el 14 de Mayo de 1634, cuando regresó a la entonces Ermita (entre tanto, fue sacada en procesión ante las epidemias de cocoliztli –¿fiebre tifoidea?– y tos ferina en 1633).
  
Al finalizar los conflictos, el retorno se produjo también en secreto. A las 22:00h del 28 de junio de 1929, dos días antes de la reanudación del culto público tras los llamados “arreglos” entre el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores (delegado apostólico del Papa Pío XI) y el presidente Emilio Portes Gil a instancias del embajador estadounidense Dwight Whitney Morrow Johnson, el abad Cortés, los canónigos Nicolás Mercado y Sebastián Gómez Pérez, el ingeniero Murguía y otros testigos (el padre Agustín de la Cueva, el arquitecto Luis García Olvera, el doctor José María Soriano, y los señores Emilio Alvarado Aragón, Federico Escobar Arce y Ubaldo Moreno) abrieron el ropero ante el notario Julio Ruiz Godoy, quien recogió en acta los hechos:
«[...] fue desclavado, por la parte superior el ropero antiguo, de doble fondo, en el que había sido colocada la Bendita Imagen y que se encontraba en una pieza contigua a la Sacristía y extrayéndose ésta y encontrándose intacta, envuelta en el lienzo de seda con el que había sido cubierta al ser guardada en el expresado ropero y a continuación se le trasladó por algunos de los presentes, acompañándola los demás con velas encendidas al Coro, en donde permaneció recibiendo los homenajes de veneración que le fueron tributados por las personas presentes, entre tanto fue limpiado el cristal del marco; una vez terminada esta operación fue nuevamente colocada la Sagrada Imagen en su marco, terminando el acto a las veintitrés horas y treinta minutos [...]».
La Gemela, que había ocupado el altar mayor entre 1926 y 1929, fue obsequiada a la familia Murguía como agradecimiento, y estos la hicieron instalar en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en predios de la Universidad del Fútbol del club Pachuca en la ciudad homónima recién en el año 2018 (pero este último, desconocido para el grueso de los historiadores, ha dado pie a la versión de que fue relegada al olvido en ignota capilla de la Catedral Metropolitana, cuando en realidad esta es una réplica de un tamaño mayor hecha para conmemorar el cuarto centenario de las apariciones).
  

Desde entonces han transcurrido 100 años: entre ellos ha pasado el cuarto centenario de las apariciones guadalupanas, la construcción del adefesio de la basílica nueva y la sustitución de la Sagrada Imagen en la basílica antigua (convertida en Templo expiatorio) por un cuadro de Cristo Rey de factura muy inferior, el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos Mexicanos y la Santa Sede, las restricciones al ejercicio público de la religión se han morigerado un poco, y el corona que cerró la basílica y por el cual no hicieron procesión rogativa como la de 1633 mencionada arriba. Pero la historia de la persecución es silenciada por la Secretaría de Educación Pública de México que reconoce como verdad histórica la masacre de Tlatelolco de 1968, los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa o las víctimas de las guerras de los cárteles de la droga actuantes en connivencia y amasiato con los gobiernos regionales y federales. Como dijo el escritor Raúl Tortolero Crespo, autor del libro “Pensamiento Cristero. Dios al Centro de la Vida: la Recristianización de Occidente”:
«Los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana y sus versiones actuales son herederos de una misma tradición anticristiana, liberal y de izquierda. Expulsaron a Dios de la cultura y de la educación, para sustituirlo por una religión civil: el nacionalismo revolucionario.
  
Esa narrativa sigue ocultando deliberadamente a los cristeros y exaltando a quienes persiguieron la fe».

Y súmese a lo anterior el comunicado claudicante de una Conferencia del Episcopado Mexicano que, igual que Ruiz y Florez y su segundo Pascual Díaz Barreto hace cien años, busca atenuar la culpa del régimen casi que pidiendo perdón por la lucha a cambio de mantener el “modus vivéndi”.
  
Como católicos, no debemos olvidar el pasado, ni avergonzarnos de las luchas. Debemos recordarlas y mantenernos firmes, puestos los ojos en Jesús, el Autor de nuestra Fe, y su Madre Santísima, y prepararnos no solo para resistir en la Fe, sino con ganas de pelear otra guerra. Nuestros enemigos no cejan sus ataques buscando exterminarnos (si les fuese posible), no podemos ser menos para derrotarlos, con el divino auxilio, para que se establezca por siempre el reinado de Cristo Rey.

Para la redacción de este artículo se tomó material del artículo “Las salidas del Sagrado Original de la Virgen de Guadalupe de las inmediaciones del Tepeyac” de Daniel González Martín del Campo. Revista Metafísica y Persona. Filosofía, conocimiento y vida, año XVII, n.º 33, Enero-Junio de 2025, Universidad de Málaga (España) — Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (México), ISSN: 2007-9699, págs. 57-69.

Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
3 de Agosto de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Hallazgo de San Esteban Protomártir. Comienzo del sitio de Algeciras (España); partida de Cristóbal Colón en su primer viaje; fundación de la Ciudad del Rosario de Sinaloa (México), de San Felipe de Aconcagua y de la Villa de San Carlos de Chonchi (Chile), y de San José de las Culatas (actual Confines, Colombia); veto imperial de Francisco José I de Austria-Hungría contra el cardenal Mariano Rampolla. Aniversario de la preservación de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. Sermón del Obispo Clemente Augusto von Gallen en la catedral de Münster (Alemania).