Vexílla Regis

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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 13 de junio de 2021

PRESBÍTERO CONCILIAR AUSTRALIANO: «NO SABÍA QUE ERA MALO ROBAR»

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
El presbítero Joseph Walsh (conocido como el “Padre Joe Armani”) está ciego a su desvío de medio millón de dólares de su parroquia de San José: por más de tres años él robaba el dinero para costear su estilo de vida decadente.
Walsh afirmaba no saber que estaba robando, pero el octavo mandamiento de Dios lo alcanzó, y la Corte Suprema de Australia está exprimiéndole el dinero robado por él hasta el último cuarto.
  
Para probar que el Gran Holocausto Sexual y Desvío de dinero de la Iglesia Conciliar es verdaderamente una oleada delictiva mundial que continúa inatajable, el caso mñas reciente viene de “allá abajo”, de Australia. El 10 de Junio de 2021, el presbítero Joseph Walsh dijo en un tribunal de Perth que había mentido previamente cuando afirmó ser inocente. De hecho, dijo a la corte, es culpable de robar medio millón de dólares australianos (385.375 dólares estadounidenses, unos 318181,44 euros) de su parroquia conciliar de San Pedro Apóstol en Subiaco entre 2014 y 2017 (fue trasladado a la parroquia de Todos los Santos en Allendale Square, donde fue removido al comenzar la investigación). Él admitió usar las tarjetas de crédito y cheques parroquiales para costear su estilo de vida decadente (consistente en zapatos marca Armani –por lo que se hizo conocido como el “Padre Joe Armani”–, cruceros a Montecarlo, viajes a Mauricio, Kenia y Bali, vacaciones en Irlanda, vuelos  en primera clase a la Costa Este, quedándose en el complejo hotelero Crown de Melbourne). ¡Walsh afirmó que no sabía que no estaba robando! (Parece que los seminarios modernistas, a los pocos que van a ellos, no les enseñan Teología Moral).
  
No es nada nueva la corrupción de largo aliento entre el clero conciliar, apoyado y condonado por Francisco Bergoglio, que raramente castiga a sus criminales conciliars. En Diciembre de 2020 se informó que 1.700,000.000 de dólares estadounidenses que el Vaticano afirmó haber enviado a la iglesia conciliar australiana simplemente “desaparecieron”. La Iglesia Conciliar en Australia nunca los recibió. A Bergoglio parece no importarle; no anunció investigación. Con todo, la Corte Suprema Australiana. luego de un proceso invocado por el arzobispón de Perth Timothy John Costelloe Roadknight SDB, ha exprimido el dinero robado por él hasta el último cuarto. [Parte de la Información para este Comentario proviene de la Australia Broadcasting Corporation News].
  
Católicos Tradicionales, dado el hecho que la Iglesia Conciliar está casi en bancarrota bajo Francisco Bergoglio, y dado el hecho que Bergoglio y sus funcionarios corruptos desviaron 1,400.000 dólares estadounidenses en una estafa de bienes raíces en Londres -incluso un tribunal italiano declaró que Bergoglio lo sabía y aprobó-, no es difícil imaginar que el millardo fue a las avariciosas arcas de Francisco Bergoglio para mantener a flote su decadente régimen marxista-modernista en vez de a los pobres, a quienes los conciliares creían dar su dinero. Ahora la ley le está respirando por la nuca a Bergoglio. No solo los tribunales italianos, sino también los tribunales de losEstados Unidos están persiguiéndolo por fraude, en cuanto él recolectaba dinero bajo auspicios de “caridad”, pero desviaba las donaciones cartiativas de los fieles conciliares para apoyar las expensas de su voraz burocacia. El octavo mandamiento de la ley de Dios puede alcanzarlo.

DÍA TRECE EN HONOR A SAN ANTONIO DE PADUA

Publicado en Guatemala de la Asunción en 1912, con licencia eclesiástica otorgada por Juan Luis Montenegro y Flores, Secretario del Arzobispado, el 19 de Diciembre de 1911.
  
A LAS ALMAS DEVOTAS
No quiero de vosotras, almas que solicitáis medios para lograr la salvación eterna, no quiero de vosotras otra disposición para hacer este devoto ejercicio que un corazón contrito y humillado, porque es cierto que a este no solo no lo desprecia Dios, sino que ocupa las atenciones del Padre de las misericordias y Señor de toda consolación. Será pues la preparación una confesión verdadera de las culpas cometidas que, tocando así las puertas de la Divina Clemencia, recibiréis favores y el despacho de vuestras súplicas.
  
El abogado que aquí se ofrece es poderoso y alcanzará de Dios, si os conviene, cuanto le pidiéreis. Queda la dirección de otras cosas a la advertencia prudencia del Confesor.
  
El tiempo destinado para esta breve devoción es el día trece de Junio, que fue el feliz Tránsito de San Antonio a la Patria celestial, como lo solemniza nuestra Santa Madre Iglesia; y se continuará por todo el año el día trece de cada mes. No se impide por esto el que se practique también todas las veces que dictare la devoción. VALE.
  
DÍA TRECE CONSAGRADO A HONRA Y GLORIA DE SAN ANTONIO DE PADUA
  
  
Puesto devotamente en la presencia de Dios y ante alguna Imagen de San Antonio (habiéndola), comenzará diciéndose el acto de contrición:
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
  
ORACIÓN A LA BEATÍSIMA TRINIDAD
Altísimo Señor y Dios Eterno, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Uno en substancia individua de naturaleza y Trino en la inseparable distinción de personas. Y la más ingrata y vil de las criaturas, llego humillado y arrepentido de sus desaciertos, a los pies de vuestra suprema Majestad, interponiendo los ruegos de vuestro amado siervo San Antonio de Padua, a quien con particular dignación adornasteis de una memoria vivísima, de un entendimiento clarísimo y de una abrasadísimo voluntad, porque formabais en él, un alarde maravillo de vuestra Omnipotencia, Sabiduría y Amor. Por sus méritos os suplico que, usando vuestras antiguas misericordias, rectifiquéis en mí, el empleo de estas tres potencias, vestigio de tan sublime misterio, estampó vuestra diestra en el lienzo de nuestras almas. Fecundad, Padre Omnipotente mi memoria, para que, al vivo recuerdo de vuestros beneficios, los agradezca. Ilustrad, Hijo sabio mi entendimiento, para que, a la clara vista de vuestros preceptos, los observe. Inflama, Espíritu de amor, mi voluntad, para que, con el incendio de caridad, que anima las virtudes, las practique. Esta gracia espero ¡Oh Trinidad Beatísima! Fiado en el patrocinio de San Antonio, para correr sin tropiezo el camino recto de vuestros mandatos, que conduce a alabar vuestro poder, saber y amor, por toda una eternidad. Amén.
    
DEPRECACIÓN A SAN ANTONIO
¡Oh Antonio, prodigio de Santidad! ¡Epílogo de Maravillas! ¡Compendio de los milagros! Desde el oriente dichoso de tu nacimiento, hasta el ocaso de tu tránsito, resplandecieron en ti los primores de la gracia. Te dotó el cielo de una índole amable, de un genio suave, de un talento sublime, y de una inclinación prontísima a todas las virtudes. Tu festivo teatro era la Iglesia, tu diversión los altares, tu mayor delicia estar a solas con Dios. Miraste siempre con enfado los entretenimientos mundanos, con odio a los placeres del siglo, con disgusto a las vanidades, con desprecio las riquezas, y con desprecio santo lo abominable de los sensuales deleites. Tus palabras eran sabias, tus discursos vivos, tus dichos graves, tus miradas vergonzosas y tu semblante tan compuesto, como devoto, ocultando así en tu pecho la unión de aquellas gracias que reparte entre muchos la Omnipotencia, pues en ti solo se halló la curación de enfermos, la discreción de espíritus, la ciencia de las escrituras, la previsión de lo futuro, el don de varias lenguas, el celo de los apóstoles, el deseo ardiente de los mártires, la penitencia austera de los confesores, el retiro dulce de los anacoretas y el candor purísimo de las vírgenes. Tu fé viva, tu esperanza firme y tu caridad ardiente, siendo estas virtudes teologales, las que arrebatan tu espíritu al ejercicio perfectísimo de todas las morales, en cuyo empleo te encontró, velando como siervo fiel la hora dichosísima de tu tránsito, término de tus méritos y principio de tus glorias. Por aquella humildad profunda, con que ocultabas dones celestiales, te suplico rendido, que alabando yo el poder del Padre que te enriqueció, el saber del Hijo que te adornó y el querer del Espíritu Santo que te abrasó, merezca por tu intercesión la gracia que, en la hora de mi muerte, me traslade al paraíso de la gloria. Amén.
   
ORACIÓN AL PADRE
Dios Padre, Señor Omnipotente, gracias os doy porque a tu siervo San Antonio comunicasteis tal poder, que al imperio de su voz obedecían todos los elementos y criaturas. Manda Antonio y el mar aplaca sus tempestades, el viento detiene sus furias, el fuego sus incendios y la tierra sus movimientos. La muerte deja sus presas, las enfermedades se ahuyentan, aparecen las cosas perdidas, las prisiones sueltan a sus cautivos y los demonios se apartan de sus posesiones, encontrando en Antonio alivio todos los afligidos y remedio universal todos los necesitados. Por este privilegio te pido Señor, el aumento de las virtudes, fé, esperanza, caridad, que son vida del alma y seguras prendas de la Gloria. Amén. Padre nuestro, Gloria.
   
ORACIÓN AL HIJO
Dios Hijo, increada Sabiduría, gracias os doy porque adornaste a vuestro siervo Antonio de sabiduría tan sublime, que a los rayos de su luz no pudieron resistir a las más densas oscuridades. Predica Antonio, y a la dulce violencia de sus palabras se rinden los herejes, se convencen los sectarios, se reducen los obstinados y se convierten los pecadores. Restituyen las haciendas mal habidas, cortan los comercios inmundos, deponen los odios y malas voluntades, y todos hacen pública y sangrienta penitencia de sus delitos. Por este don te pido, Señor, alumbréis mis sentidos para que, aguardando sus puertas, no hallen entrada los monstruos de los pecados que privan al alma de la vestidura nupcial de la gracia. Amén. Padre nuestro, Gloria.
   
ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Dios Espíritu Santo, fuego vivo de amor, gracias os doy, porque encendisteis en el corazón de tu siervo Antonio, un inextinguible Vesubio de Caridad. Arde Antonio, y al calor amoroso de estos incendios, solicita en toda la gloria de Dios y provecho de las almas. Reparte con los Sacramentos la prudencia en los consejos, el celo en los hábitos, la discreción en los consuelos, la ciencia en las dudas, la luz en la erudición y la claridad en la ilustración de las conciencias, inflamado al mismo tiempo en la devoción a María, en la reverencia al Sacramento y en la meditación de las penas de su amado. Por este favor pido, Señor, me encendáis mi voluntad, para copiar en ella estas virtudes, que son el cumplimiento de vuestra santísima Ley, en cuya observancia está vinculado el galardón de la Gloria. Amén. Padre nuestro, Gloria.
    
OFRECIMIENTOS
Privilegiadísimo San Antonio, luz resplandeciente, que disipaste la tenebrosa noche de las culpas, convirtiéndola en el claro día de la gracia, luz que infundiste tus claridades sobre los más oscuros entendimientos, luz que en encendida en lámpara inextinguible de caridad, liquidaste los hielos empedernidos de la mayor tibieza, y luz que alumbraste a los que moraban de asiento ciego, en las sombras de la muerte, sal pródiga, que sazonaste para Dios los más desabridos corazones, que preservaste de la corrupción de la culpa a muchas almas, que hiciste de tus palabras y acciones un manjar sabrosísimos para los hombres, ofrece Santo y abogado mío, todo el caudal de sus merecimientos ante el trono de la Santísima Trinidad, interponiendo tus súplicas, para que participando yo tal sazón y tales luces, emplee los días de mi vida en el servicio de tan alta majestad y mis obras todas aparezcan agradables en la presencia de Dios, cuya vista eterna es la Gloria de Dios. Amén.
   
Pídase el socorro de la particular necesidad que ocurriese.
    
ORACIÓN ÚLTIMA
Antonio, Abogado mío, honor perpetuo de Portugal, gloria Inmortal de España, luz nueva de Italia, tesoro riquísimo de la ciudad de Padua, querubín de la sabiduría, serafín en el amor, ángel en la pureza, Moisés en la ley de gracia, Elías en los incendios, profeta en los sucesos, apóstol en el celo, mártir en el deseo, doctor en la enseñanza, confesor en la penitencia, anacoreta en el retiro. Arca del testamento, archivo de los misterios, azote de la herejía, domador de monstruos, terror de los tiranos, espanto de los infieles, extirpador de los abusos, promovedor de la religión, antagonista invencible contra el infierno, refugio universal de afligidos, delicia de la cristiandad, hechizo dulce de la devoción y alarde maravilloso de la Omnipotencia, sabiduría y amor de Dios. Por todos estos dones, gracias y privilegios con que te enriqueció el Padre, te adornó el Hijo y te ensalzó el Espíritu Santo, te suplico rendidamente, me alcances de su Divina Majestad, que animado de la gracia, aborrezca las pompas y vanidades con que lisonjea el mundo, desprecie las riquezas con que el demonio aprisiona los corazones, y abomines los placeres con que la carne venda los ojos a sus secuaces, que viviendo libre por tu intercesión de la villana esclavitud de estos tiranos, espero con firmeza alcanzar en la hora de mi muerte tu asistencia y compañía, para ir a venerar eternamente a nuestro Dios y Señor en el paraíso de la Gloria. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

LOS SIETE BENDITOS DE SAN ANTONIO DE PADUA

A LOS SIETE BENDITOS: DEVOCIÓN EFICAZ PARA ALCANZAR GRANDES MERCEDES
   
No se sabe con certeza cuándo y dónde tuvo su origen la popular devoción conocida con el nombre de: “Los siete benditos”, ofrecidos al Santísimo Sacramento y a la Inmaculada Virgen María, en unión de San Antonio de Padua, devoción que se propaga cada vez más a medida que los fieles sorprendidos por los admirables y constantes favores que por ella alcanzan, la recomiendan por su eficacia entre las personas de su familia y de sus amistades.
   
Todos saben cuanta veneración tuvo San Antonio de Padua, durante su vida, a los Santos Sacramentos y cuán edificante  y tierno amor profeso a la Sagrada Eucaristía, a la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo y a los dolores de la Inmaculada Virgen María.
   
Recordar al Insigne Taumaturgo estas devociones predilectas de su corazón angelical, al practicarse devotamente, es uno de los motivos por el cual San Antonio atiende de un modo particular e inmediato a los fieles, que con todo fervor, confianza y perseverancia, desde este valle de lágrimas hacen intención de unirse a él; cuando rezan la piadosa antigüedad, conocida con el nombre de “El Bendito” para bendecir y alabar las siete principales efusiones de sangre de Nuestro Señor Jesucristo, los siete dolores de María Santísima y la institución de los siete sacramentos.
    
“El Bendito” debe rezarse como está ya aprobado por la Suprema Congregación del Santo Oficio y enriquecido con indulgencias por S.S. Pío IX de feliz recordación. Se dirá siete veces, agregando cada vez, el Gloria al Padre, etc.
    
Debemos de rezar esta devoción en nuestras necesidades, para encontrar alguna cosa perdida, para conseguir el remedio de nuestras aflicciones, la salud de algún enfermo, el éxito de algún negocio, la solución favorable de algún asunto difícil: particularmente para obtener el perdón de nuestros pecados, la gracias de Dios y la paz del alma, que por ellos hemos perdido.
    
Pero antes de implorar la protección del célebre Taumaturgo Universal, procuremos rezar devotamente el Acto de Contrición, pidiendo al Señor el perdón de nuestras culpas, doliéndonos de corazón haberle ofendido y procurando, no solo con los labios, sino con el alma, ofrecerle no volver a pecar.
    
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero. Creador, Padre, y redentor mío, por ser quien eres, te amo sobre todas las cosas, me pesa en el alma haberte ofendido. Propongo con el auxilio de tu gracia, no volver a pecar, apartarme de todas las ocasiones en que pueda ofenderte, confesarme y cumplir devotamente  la penitencia que me fuere impuesta por mis culpas. Te ofrezco, Señor mío mi vida, obras y trabajos en satisfacción de mis pecados.
    
Te suplico que por los méritos inefables de tu Encarnación, vida, pasión, muerte, resurrección y ascensión gloriosa. Y por la institución de los santos sacramentos, perdones mis pecados; espero y confío en tu bondad y misericordia infinitas, me des tu gracia para enmendarme y perseverar amándote con ternura y sirviéndote con fervor hasta el último instante de mi vida. Amén.
    
Se reza siete veces la alabanza siguiente:
¡Bendito y alabado sea el santísimo Sacramento del altar, y la Inmaculada Concepción de la siempre Virgen María, Madre de Dios y Abogada nuestra! Gloria al Padre, etc…
    
Se termina con la siguiente oración:
Glorioso San Antonio de Padua, te ruego humildemente presentes a Nuestro Señor Jesucristo y a María Santísima los “Siete Benditos” que acabo de rezar, haciendo intención de unirnos a las fervientes alabanzas y acciones de gracias que tributas en el cielo a Dios trino y uno. Para glorificarle por la admirable institución de los siete sacramentos, para bendecir y alabar al Santísimo Sacramento del Altar, la Preciosísima Sangre del Divino Jesús y los Acerbos Dolores de la Inmaculada Virgen María.
     
Te suplico ruegues al Señor se digne  concederme el perdón de mis culpas; a fin de que por tu celestial protección, encuentre la gracia y la paz del alma que he perdido por mis pecados. Acuérdate que por el amor de Dios que abrazaba tu corazón durante tu apostólica vida, en este valle de lágrimas, y por tu inagotable caridad con todos los afligidos; hiciste milagros estupendos. Por tanto, ahora que estás en el cielo ruega por mí y ampárame en la siguiente necesidad…  (Se pide en silencio el favor).
     
Sé el protector de mi hogar, alcánzame la gracia de vivir cristianamente y la inefable merced de recibir con gran devoción, antes de morir, los Santos Sacramentos. Asísteme en mi agonía y aboga por mi ante mí ante el Divino Juez; a quien hoy y siempre clamaré diciéndole: “Dulcísimo Jesús,  no seas mi juez sino mi Salvador”. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Pío IX, mediante Decreto de la Sagrada Congregación de Indulgencias del 11 de Agosto de 1851 otorgó por el rezo de la jaculatoria 50 días de Indulgencia. Y mediante Decreto del 20 de Noviembre de 1853, concedió Indulgencia Plenaria, con las condiciones acostumbradas, si se reza por lo menos una vez al día durante un año, Indulgencia que se gana desde las primeras Vísperas de San Jerónimo Emiliani (20 de Julio) o durante toda la Octava. La Indulgencia es aplicable a las Benditas Ánimas del Purgatorio.

sábado, 12 de junio de 2021

BERGOGLIO NO APRENDIÓ LA LECCIÓN DE URBANO VIII

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO. Imagen cortesía del departamento artístico.
 
Aunque el Papa Urbano VIII Barberini tenía razón sobre Galileo Galilei, la manera en que él ahondó en un tema científico acabó volviéndose un vergonzoso fiasco que aún resuena siglos después.
Al contrario de Urbano VIII, Francisco Bergoglio ni siquiera terminó la universidad, y ha presumido profetizar ante las Naciones Unidas que el mundo se acabará en diez años.
La última vez que un líder religioso dijo algo así, murió de un derrame cerebral, y el mundo siguió sin él.
  
La última vez que un Papa (y este era Urbano VIII Barberini Barbadoro, un Papa de verdad, no un apóstata antipapa como Francisco Bergoglio) ahondó en materia científica, las desafortunadas repercusiones resonaron por siglos, hasta el presente. Contrario sensu, Francisco Bergoglio, ni siquiera se graduó de la universidad después de tomar unos pocos cursos de química. Pero el 4 de Junio de 2021, presumió ponerse el manto de profecía y dijo al mundo, en un “Mensaje para el lanzamiento del Decenio de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas”, que se acabaría en diez años (la misma perorata de unos 2000 científicos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ¡en 2007!).
   
El marxista-modernista Bergoglio presumió apoyar la pseudociencia y pregonó la teoría del “Calentamiento global” que está siendo ridiculizado crecientemente en muchos lugares no como ciencia, sino como una trama política marxista. Sin embargo, ni siquiera un Papa legítmo (lo que no es Bergoglio, porque nunca fue ordenado sacerdote o consagrado obispo, sino que fue meramente “instalado” como presbítero-ministro y obispón bajo el inválido (falso) Nuevo Ordinal protestantizado de 1968) puede levantarse como profeta. No está en la descripción del trabajo papal, como infaliblemente proclamó el Concilio Vaticano I.
  
En 2011, un prominente predicador protestante, Harold Egbert Camping Hettema, trató de impulsar el mismo sinsentido. Sus seguidores vendieron sus casas, pusieron sus perros en perreras, cerraron sus cuentas bancarias y se prepararon para el “Arrebatamiento” inventado por los protestantes en el fin del mundo. Nunca llegó. Luego admitió que había dado una fecha equivocada (no fue la primera vez, ya lo había hecho en 1992, diciendo que iba a ser el 6 de Septiembre de 1994) y revisó su previsión para el 2012. Esa fecha también pasó, y poco después Camping sufrió un derrame cerebral (a consecuencia del cual murió meses más tarde), mientras su ministerio se evaporó. Él, que afirmaba ser un estudiante devoto de la Biblia, aparentemente pasó por alto la advertencia de Nuestro Señor a sus Apóstoles: «No os corresponde a vosotros el saber los tiempos y momentos que tiene el Padre reservados a su poder soberano» (Hechos de los Apóstoles 1, 7/Versión de Mons. Félix Torres Amat).
  
Católicos tradicionales, el apóstata Francisco Bergoglio se ha hecho el hazmerreír en muchos lugares por pretender ser un antipapa, pero él toma la mayoría de sus puntos de vista no de la Biblia, sino de Kissel Ysidor Mordechai Levi Pressburg (Karl Heinrich Marx). Pero ciertamente Nuestro Señor fue más astuto que él con 2000 años de ventaja cuando advirtió al mundo, quizá previendo falsos papas como Bergoglio:
«Porque aparecerán falsos cristos y falsos profetas, y harán alarde de grandes maravillas y prodigios; por manera que aun los escogidos (si posible fuera) caerian en error. Ya veis que yo os lo he predicho» (San Mateo 24, 24-25/Versión de Mons. Félix Torres Amat).

FALLECIÓ UN SACERDOTE INDEPENDIENTE QUE FUE CAPELLÁN DE MEL GIBSON

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO, con elementos tomados de ANGELUS PRESS.
   
El Padre Clement Procopio, OFM falleció a los 101 años.
Él se convenció que no podía participar en la secta Novus Ordo, e hizo voto que solo celebraría la Misa Latina Tradicional.
En 2003 rompió permanentemente con la Iglesia Conciliar y se hizo independiente, sirviendo como capellán de la iglesia católica tradicional de la Sagrada Familia, del productor, actor y director católico tradicional Mel Gibson en Agoura Hills, California
  
El padre Clement Procopio, OFM, murió el 4 de Junio de 2021, a diez días de su 102 cumpleaños. Nacido en Rumford, Maine de Paul Procopio y Antoinete Papatola, se educó en Massachusetts y Nueva York durante el pico de la II Guerra Mundial (fue recibido en el noviciado franciscano de la Provincia de la Inmaculada Concepción el 15 de Agosto de 1937, hizo sus primeros votos el 16 de Agosto del año siguiente y los votos solemnes el 17 de Agosto de 1941). Por no completar el curso de teología, fue ordenado como sacerdote “simplex” en la orden franciscana el 8 de Junio de 1944, a fin que pudiera ayudar en las Misas cerca a su seminario, pero no para oír confesiones o predicar. Poco después se ofreció para misiones extranjeras, para lo que tuvo que completar sus estudios de teología. Pasó la mayor parte de su vida sacerdotal como misionero en Honduras y Guatemala, combatiendo contra el comunismo ateo (que era –y es– apoyado por los jesuitas y los maryknoleros).
  
Mientras más pasaban los años, el padre Procopio se convencía más que no podía participar en buena conciencia en la secta del Novus Ordo (tras estar un tiempo en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz en Brooklyn, dejó la orden en 1965 y se incardinó como sacerdote diocesano en Los Ángeles, California –donde fue capellán del Centro Médico de Orange– y Phoenix, Arizona –fue director del Servicio Católico diocesano y capellán de la Sociedad de San Vicente de Paúl–. Fue readmitido en la orden franciscana en 1985, y volvió a Guatemala). Así, en 1999 hizo el voto que solo celebraría la Misa Latina Tradicional, haciéndose amigo de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. En Octubre de 2003, rompió permanentemente con la Iglesia Conciliar del Nuevo Orden y el controvertido obispón Thomas Joseph O’Brien O’Donnell de Phoenix, Arizona (tristemente célebre por ser el primero en ser condenado por huir de la escena de un siniestro vial a 4 años de libertad condicional, 1000 horas de servicio comunitario y suspensión de la licencia de conducir por 5 años), y se hizo independiente.
  
Desde Julio de 2010 hasta Septiembre de 2015, el padre Procopio fue capellán en la iglesia católica tradicional de la Sagrada Familia en Agoura Hills, California, que fue construida por el actor, productor y director Mel Gibson con las ganancias de su película La Pasión de Cristo, la cual describe con detalles los últimos tres días de la vida terrena de Nuestro Señor Jesucristo.
    
El padre Procopio murió en Walnut Creek, California, donde vivió varios años en el hogar de ancianos Oak Grove Manor.

WALTER KASPER, ATERRADO POR EL SÍNODO ALEMÁN

  
En una entrevista al diario alemán Passauer Bistumsblatt (Diario Episcopal Pataviense), el cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos entre 2001 y 2010, dijo estar “muy preocupado” por la deriva ultraliberal del “Camino Sinodal” que desde Diciembre de 2019 (aunque la primera asamblea fue del 30 de Enero al 1 de Febrero de 2020) y hasta Febrero de 2020 lleva la Iglesia Conciliar Alemana, pero que “no pierde la esperanza” que las oraciones lo reencaucen.
   
Kasper recordó la carta de Francisco Bergoglio a los obispos de Alemania del 29 de Junio de 2019 (MILES CHRISTI dixit: carta que los obispos le hicieron corte de manga, visto el desarrollo de los acontecimientos), donde les advierte sobre la “tentación” de adaptar la organización de la Iglesia al “zeitgeist” (espíritu de la edad), y cuestiona por qué sus hermanos no analizan las problemáticas según el Evangelio (MILES CHRISTI dixit: ¿Qué fue entonces el Vaticano II, herren Kasper y Bergoglio?)
  
Criticó además que el “Synodale Weg” cuente con demasiada cobertura mediática y el peso de “voces individuales” que pueden direccionar las decisiones (MILES CHRISTI dixit: Aunque como todo funcionario curial, no dijo quiénes son esas “voces individuales”), aparte de señalar que por su forma, debía ser, en cuanto “diálogo” entre obispos y fieles, la primera etapa del proceso (para él, las etapas de un sínodo son 1. Diálogo. 2. Deliberación en la Conferencia episcopal. 3. Ratificación por el Papa y demandas de carácter universal). Señaló que será un sínodo de difícil implementación dada la división entre los obispos (MILES CHRISTI dixit: Cabe aclarar que en condiciones normales, el obispo es libre de implementar las decisiones sinodales según las necesidades de su diócesis. Pero como hablamos de la Iglesia Conciliar y del Sínodo Alemán, “de esa libertad no habemos aquí”).
   
Respecto de la catequesis parroquial en Alemania, Kasper declaró a CNA Deutsch (la filial alemana de ACI Prensa) que comparada con Roma, Estados Unidos y África (de los cuales ÉL NO GUSTA) Alemania es una “zona de desastre”, presentando como prueba la poca asistencia de fieles a los servicios dominicales (MILES CHRISTI dixit: Kasper debió también recordar que la mala instrucción religiosa en las escuelas, los escándalos y corrupción moral del clero conciliar del que hace parte, adicional a las desafiliaciones para exonerarse del “impuesto eclesiástico” –que es una especie de simonía– también han causado dicha situación).
   
Sobre la communicátio in sacris (que los acatólicos puedan asistir a los servicios Novus Ordo y recibir la “Comunión” ), dijo que esa era una “práctica pastoral generalizada y tolerada” en Alemania, pero expresó sus reservas frente a la propuesta de “Hermandad eucarística” planteada por el Grupo de Trabajo Ecuménico de de Teólogos Protestantes y Católicos (Ökumenische Arbeitskreis evangelischer und katholischer Theologen) en el documento de 2019 “Juntos a la Mesa del Señor” (Gemeinsam am Tisch des Herrn), editado por el luterano Volker Leppin y la católica Dorothea Sattler. Kasper calificó tal documento como “académico”, y lamentó su aplicación durante el III Encuentro Ecuménico Eclesial (Ökumenischer Kirchentag) realizado en Fráncfort del 13 al 17 de Mayo, donde, entre otros, la presidenta protestante del encuentro Bettina Limperg (presidenta del Tribunal Federal de Justicia) “comulgó” en la “Misa” de la catedral, mientras que su homólogo católico Thomas Sternberg (presidente del Comité Central de Católicos Alemanes) lo hizo en el servicio protestante.
   
Walter Kasper (que fue válidamente ordenado sacerdote para la diócesis de Rotemburgo-Stuttgart el 6 de abril de 1957 por Carl Joseph Leiprecht Angele, pero que es obispo inválido al ser “instalado” con el rito montini-bugniniano el 17 de junio de 1989 por el arzobispo de Friburgo Oskar Saier –que también era obispo inválido–) es un hereje que niega la Resurrección, la Ascensión y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, rechaza los milagros, pone en duda la Inmaculada Concepción de María y ataca los dogmas y la infalibilidad de la Iglesia, como hiciera en vida Johann Joseph “Hans” Küng Gut (del cual fue asistente en la Universidad de Tubinga, que fue cuna de la gnostización teológica). Cercano ideológicamente a Bergoglio (con el cual fue creado cardenal en 2001 junto al fallecido “cardenal bufón” Karl Lehmann –que además era judío, al ser Lehmann equivalente al yidís Loew/לֹעװ– y miembro de la Mafia de San Galo), fue la influencia principal para el Sínodo Extraordinario y Ordinario sobre la Familia, y la posterior exhortación bergogliana “Amóris Lætítia”, que abrió las puertas para que los divorciados vueltos a casar (en términos canónicos y teológicos, “bígamos”) reciban la “Comunión” en los servicios novusordianos. Durante su presidencia del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, rechazó a la Comunión Anglicana Tradicionalista so pretexto de proteger la unidad en torno al “Arzobispo” de Canterbury, y declaró válida la Anáfora (canon) nestoriana de Addai y Mari, a pesar que esta no tiene las Palabras de la Consagración.

viernes, 11 de junio de 2021

COREANO ES NOMBRADO PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA EL CLERO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
  
 
Contrario a los rumores que sería nombrado el cardenal pachamamístico de Madrid Carlos Osoro Sierra, Francisco Bergoglio ha nombrado el 11 de junio a Lazarus You Heung-sik, de 69 años, obispo de Daejeon (Corea del Sur), como prefecto de la Congregación para el Clero. Sustituye al cardenal Beniamino Stella, de 79 años.
  
You Heung-sik (유흥식 / 兪興植), que perdió a su padre durante la guerra de Corea, fue bautizado a los 16 años e instalado presbítero en 1979 a los 28 años. Estudió en la Universidad Lateranense de Roma y es miembro del Movimiento modernista de los Focolares. Nombrado obispo en 2003, lleva más de 17 años en Daejeon como obispo. Bergoglio conoce a You desde 2014, cuando viajó a Corea del Sur en el marco de la Jornada Asiática de la Juventud celebrada en Daejeon. Defendió el celibato sacerdotal durante el Sínodo de los Jóvenes de los Obispos en 2018.
 
La Iglesia surcoreana ha experimentado un importante crecimiento en las últimas décadas. Los católicos representan aproximadamente el 11% de la población. Sin embargo, la asistencia a Misa ha sufrido un dramático declive.
  
La Congregación para el Clero es responsable de los sacerdotes, de su capacitación y formación continua, pero no está claro qué hacen allí todo el día. Sobre todo ahora que están recibiendo visita apostólica del obispo de Mondovì (cosa que parece será la norma: cada que haya cambio de mando, se hará juicio de residencia)
  
El nombramiento de You confirma la tendencia de Francisco a nombrar a figuras institucionales viejas y débiles, quienes no le hacen sombra.

CONSAGRACIÓN DE SANTA MARGARITA MARÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

  
Corazón sagrado de mi amado Jesús: yo, aunque vilísima criatura, os doy y consagro mi persona, vida y acciones, penas y padecimientos, deseando que ninguna parte de mi ser me sirva si no es para amaros, honraros y glorificaros. Esta es mi voluntad irrevocable: ser todo vuestro y hacerlo todo por vuestro amor, renunciando de todo mi corazón a cuanto pueda desagradaros.
   
Os tomo, pues, oh Corazón divino, por el único objeto de mi amor, protector de mi vida, prenda de mi salvación, remedio de mi inconstancia, reparador de todas las culpas de mi vida; y asilo seguro en la hora de mi muerte. Sed, pues, oh Corazón bondadoso, mi justificación para con Dios Padre, y alejad de mi los rayos de su justa cólera. Oh Corazón amoroso, pongo toda mi confianza en vos, pues aunque lo temo todo de mi flaqueza, sin embargo, todo lo espero de vuestra misericordia; consumid en mi todo lo que os desagrada y resiste, y haced que vuestro puro amor se imprima tan íntimamente en mi corazón, que jamás llegue a olvidaros ni a estar separado de vos. Os suplico, por vuestra misma bondad, escribáis mi nombre en vos mismo, pues quiero tener cifrada toda mi dicha en vivir y morir como vuestro esclavo. Amén.
   
300 días de Indulgencia una vez al día, aplicable a las Ánimas del Purgatorio (Papa León XIII, Decreto del 13 de Enero de 1898). Plenaria al mes, con las condiciones de rigor, aplicable a las Ánimas del Purgatorio, si se reza diariamente durante un mes (San Pío X, Decreto del 30 de Mayo de 1908).

ENCÍCLICA “Veheménter nos”, CONTRA LA SEPARACIÓN IGLESIA-ESTADO EN FRANCIA

Inspirado por Voltaire, Émile Combes corta el nudo gordiano entre el Papado y Francia mientras un monje yace borracho (Caricatura anticlerical, c. 1905).
   
La relación entre la Iglesia y el Estado francés estaban regidas por el Concordato de 1801 (que mantuvo su vigencia a pesar de los cambios de formas de gobierno), pero con la III República, se manifestó la inconformidad de los gobiernos izquierdistas, que habían asumido una postura anticlerical desde las Leyes de 1875. Si bien León XIII había impulsado un ralliement durante su pontificado, el gobierno del primer ministro Émile Justin Louis Combes Bannes aplicó la Ley de Asociaciones del 1 de Julio de 1901 promulgada por su antecesor Pierre Marie René Ernest Waldeck-Rousseau, con la cual se exigía a las congregaciones religiosas una petición de autorización (en venganza por el apoyo, en particular por los Agustinos de la Asunción, de la degradación del capitán judío Alfred Dreyfus Libmann-Weill, que fue acusado de traición). En ese contexto, se rechazaron las solicitudes de todas las congregaciones religiosas menos cinco (la Sociedad de Misioneros de África “Padres Blancos”, la Sociedad de Misiones Africanas de Lyon, los Hermanos de San Juan de Dios, los Trapenses del Císter y los Cistercienses de Lérins, ninguna de ellos dedicados a la enseñanza; a las órdenes contemplativas se les toleró), causando el cierre de 10.000 colegios religiosos.
   
Para agravar el panorama, las relaciones estaban en su peor momento: el Papa San Pío X había promulgado una bula sobre nombramientos episcopales (que tuvo que cambiar su redacción por la protesta del gobierno francés, toda vez que le recortaban el derecho de postulación que tenía por el Concordato), y el presidente Émile Loubet Nicolet viajó a Roma y visitó al rey de Italia Víctor Manuel III de Saboya mas no al Papa (por lo cual la Santa Sede emitió varias notas de protesta). El 17 de Mayo de 1904, los obispos Albert-Léon-Marie Le Nordez y Pierre-Joseph Geay fueron destituidos de sus sedes de Dijón y Laval y se les requirió comparecer en Roma por graves irregularidades (Le Nordez y Geay eran republicanos y gobernaban despóticamente sobre el clero; además, Geay fue señalado de tener un amorío con la excéntrica priora carmelita Suzanne Koch-Foccart Masson, y Le Nordez fue acusado de organizar un cisma, desviar el dinero de una colecta para erigir la estatua del obispo Bossuet y ser masón), pero estos se acogieron a la protección de Combes, que les prohibió salir de sus diócesis y exigió la revocatoria de la medida. Las relaciones fueron declaradas rotas en Mayo de ese año, cuando el gobierno francés suspendió el Concordato, el Papa retiró al nuncio y el gobierno incautó el archivo de la Nunciatura. Este incidente fue el florero de Llorente para la aprobación de la Ley de Separación el 6 de Diciembre de 1905 (con 341 votos de 589 en la Cámara de Diputados, y 181 votos de 300 en el Senado), que será promulgada tres días después y entraría en vigor el 1 de Enero del año siguiente.
   
La Ley de Separación (que entre los miembros de su comisión preparatoria tuvo a Ferdinand Buisson de Ribeaucourt, que era protestante liberal y francmasón) suprimió toda financiación y reconocimiento públicos de la Iglesia; consideraba a la religión apenas en su dimensión privada y no en la social; y declaraba la incautación de los bienes eclesiásticos por parte del Estado, mientras los edificios de culto eran transferidos gratuitamente a “asociaciones de culto” elegidas por los fieles sin aprobación de la Iglesia. Dicha norma fue aplaudida por los judíos y los protestantes, como también por los católicos modernistas (entre ellos el canónigo Louis Marie Olivier Duchesne Gourlay, que fue puesto en el Índice de Libros Prohibidos en 1912; Montini lo rehabilitó en 1973), pero rechazada vehementemente, entre otros por el partido rallié Acción Liberal Popular y el movimiento monárquico orleanista Acción Francesa. Curiosamente, la ley no se aplicó (y actualmente no se aplica) ni en los territorios de Ultramar (donde se aplican los decretos del 16 de Enero y el 6 de Diciembre de 1939 promulgados por el presidente Albert Lebrun y el Ministro de Colonias Louis Georges Rothschild Mandel) ni en la Alsacia-Mosela (donde sigue vigente el Concordato).
   
A consecuencia de la Ley de Separación, el gobierno comenzó a hacer inventarios de la propiedad eclesiástica so pretexto de “impedir el robo de antigüedades”, lo que causó revueltas en París, Lille y algunos distritos rurales, donde los católicos enfurecidos levantaron barricadas y salieron a defender las iglesias con garrotes y horcas (en los Pirineos, los vascos sacaron sus osos).
   
Por tal razón, San Pío X condenó la nueva ley con la encíclica “Veheménter nos” el 11 de Febrero de 1906 [ASS 39 (1906), 3­-16; Acta Pii X 3, 24-39] donde, tras analizar la ley, concluye que la tesis de la separación es falsa y dañosa en cuanto injuria a Dios, niega el orden sobrenatural y el orden de la vida humana establecidos por Él; la ley viola el derecho que Dios otorgó a la Iglesia, y exhorta a los obispos y fieles a resistir el ataque. Además, anuncia más medidas, que se expresarán en las encíclicas “Gravíssimo offícii múnere” del 10 de Agosto y “Une fois encore” (en latín “Íterum”) del 6 de Enero del año siguiente; y en 1908, la Penitenciaría Apostólica declaró que los políticos que aprobaron la Ley de Separación incurrieron en excomunión.
   
CARTA ENCÍCLICA “Veheménter nos” DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR PÍO, POR LA DIVINA PROVIDENCIA PAPA X, SOBRE LA LEY DE SEPARACIÓN DE LA IGLESIA Y EL ESTADO
   
   
A Nuestros Dilectos Hijos François Marie Richard, Cardenal Arzobispo de París; Victor Lucien Lecot, Cardenal Arzobispo de Burdeos; Pierre Hector Couillie, Cardenal Arzobispo de Lyón; Joseph Guillaume Laboure, Cardenal Arzobispo de Rennes; y a todos Nuestros Venerables Hermanos, los Arzobispos y Obispos, y todo el Clero y el pueblo de Francia.

Venerables Hermanos, Dilectos Hijos, Salud y Bendición Apostólica.
  
I. LA LEY FRANCESA DE SEPARACIÓN [1]
 
Apenas es necesario decir la honda preocupación y la dolorosa angustia que vuestra situación nos causa con la promulgación de una ley que, al mismo tiempo que rompe violentamente las seculares relaciones del Estado francés con la Sede Apostólica, coloca a la Iglesia de Francia en una situación indigna y lamentable. Hecho gravísimo y que todos los buenos deben lamentar, por los daños que ha de traer tanto a la vida civil como a la vida religiosa. Sin embargo, no puede parecer inesperado a todo observador que haya seguido atentamente en estos últimos tiempos la conducta tan contraria a la Iglesia de los gobernantes de la República francesa. Para vosotro veneables hermanos, no constituye ciertamente ni una novedad ni una sorpresa, pues habéis sido testigos de los numerosos ataques dirigidos a las instituciones cristianas por las autoridades públicas. Habéis presenciado la violación legislativa de la santidad y de la indisolubilidad del matrimonio cristiano; la secularización de los hospitales y de las escuelas; la separación de los clérigos de sus estudios y de la disciplina eclesiástica para someterlos al servicio militar; la dispersión y el despojo de las órdenes y Congregaciones religiosas y la reducción consiguiente de sus individuos a los extremos de una total indigencia. Conocéis también otras disposiciones legales: la abolición de aquella antigua costumbre de orar públicamente en la apertura de los Tribunales y en el comienzo de las sesiones parlamentarias; la supresión de las tradicionales señales de duelo en el día de Viernes Santo a bordo de los buques de guerra; la eliminación de todo cuanto prestaba al juramento judicial un carácter religioso, y la prohibición de todo lo que tuviese un significado religioso en los Tribunales, en las escuelas, en el ejército; en una palabra, en todas las instituciones públicas dependientes de la autoridad política. Estas medidas y otras parecidas, que poco a poco iban separando de hecho a la Iglesia del Estado, no eran sino jalones colocados intencionadamente en un camino que había de conducir a la más completa separación legal. Así lo han reconocido y confesado sus autores en diversas ocasiones. La Sede Apostólica ha hecho cuanto ha estado de su parte para evitar una calamidad tan grande. Porque, por una parte, no ha cesado de advertir y de exponer a los Gobiernos de Francia la seria y repetida consideración del cúmulo de males que habría de producir su política de separación; por otra parte, ha multiplicado las pruebas ilustres de su singular amor e indulgencia por la nación francesa. La Santa Sede confiaba justificadamente que, en virtud del vínculo jurídico contraído y de la gratitud debida, los gobernantes de Francia detuvieran la iniciada pendiente de su política y renunciaran, finalmente, a sus proyectos. Sin embargo, todas las atenciones, buenos oficios y esfuerzos realizados tanto por nuestro predecesor como por Nos han resultado completa­mente inútiles. Porque la violencia de los enemigos de la religión ha terminado por la fuerza la ejecución de los propósitos que de antiguo pretendían realizar contra los derechos de vuestra católica nación y contra los derechos de todos los hombres sensatos. En esta hora tan grave para la Iglesia, de acuerdo con la conciencia de nuestro deber, levantamos nuestra voz apostólica y abrimos nuestra alma a vosotros, venerables hermanos y queridos hijos; a todos os hemos amado siempre con particular afecto, pero ahora os amamos con mayor ternura que antes.
  
II. LA TEORÍA DE LA SEPARACIÓN ENTRE LA IGLESIA Y EL ESTADO
  
Es falsa y engañosa
Que sea necesario separar al Estado de la Iglesia es una tesis absolutamente falsa y sumamente nociva. Porque, en primer lugar, al apoyarse en el princípio fundamental de que el Estado no debe cuidar para nada de la religión, infiere una gran injuria a Dios, que es el único fundador y conservador tanto del hombre como de las sociedades humanas, ya que en materia de culto a Dios es necesario no solamente el culto privado, sino también el culto público. En segundo lugar, la tesis de que hablamos constituye una verdadera negación del orden sobrenatural, porque limita la acción del Estado a la prosperidad pública de esta vida mortal, que es, en efecto, la causa próxima de toda sociedad política, y se despreocupa completamente de la razón última del ciudadano, que es la eterna bienaventuranza propuesta al hombre para cuando haya terminado la brevedad de esta vida, como si fuera cosa ajena por completo al Estado. Tesis completamente falsa, porque, así como el orden de la vida presente está todo él ordenado a la consecución de aquel sumo y absoluto bien, así también es verdad evidente que el Estado no sólo no debe ser obstáculo para esta consecución, sino que, además, debe necesariamente favorecerla todo lo posible. En tercer lugar, esta tesis niega el orden de la vida humana sabiamente establecido por Dios, orden que exige una verdadera concordia entre las dos sociedades, la religiosa y la civil. Porque ambas sociedades, aunque cada una dentro de su esfera, ejercen su autoridad sobre las mismas personas, y de aquí proviene necesariamente la frecuente existencia de cuestiones entre ellas, cuyo conocimiento y resolución pertenece a la competencia de la Iglesia y del Estado. Ahora bien, si el Estado no vive de acuerdo con la Iglesia, fácilmente surgirán de las materias referidas motivos de discusiones muy dañosas para entre ambas potestades, y que perturbarán el juicio objetivo de la verdad, con grave daño y ansiedad de las almas. Finalmente, esta tesis inflige un daño gravísimo al propio Estado, porque éste no puede prosperar ni lograr estabilidad prolongada si desprecia la religión, que es la regla y la maestra suprema del hombre para conservar sagradamente los derechos y las obligaciones.
  
Ha sido condenada por los Romanos Pontífices
 Por esto los Romanos Pontífices no han dejado jamás, según lo exigían las circunstancias y los tiempos, de rechazar y condenar las doctrinas que defendían la separación de la Iglesia y el Estado. Particularmente nuestro ilustre predecesor León XIII expuso repetida y brillantemente cuan grande debe ser, según los principios de la doctrina católica, la armónica relación entre las dos sociedades; entre éstas, dice, «es necesario que exista una ordenada relación unitiva, comparable, no sin razón, a la que se da en el hombre entre el alma y el cuerpo» [2]. Y añade además después: «Los Estados no pueden obrar, sin incurrir en pecado, como si Dios no existiese, ni rechazar la religión como cosa extraña o inútil. Error grande y de muy graves consecuencias es excluir a la Iglesia, obra del mismo Dios, de la vida social, de la legislación, de la educación de la juventud y de la familia» [3].
  
III. EL CASO PARTICULAR DE FRANCIA
   
Ahora bien, si obra contra todo derecho divino y humano cualquier Estado cristiano que separa y aparta de sí a la Iglesia, ¡cuánto más lamentable es que haya procedido de esta manera Francia, que es la que menos debía obrar así! ¡Francia, que en el transcurso de muchos siglos ha sido siempre objeto de una grande y señalada predilección por parte de esta Sede Apostólica! ¡Francia, cuya prosperidad, cuya gloria y cuyo nombre han estado siempre unidos a la religión y a la civilización cristianas! Con harta razón pudo decir el mismo pontífice León XIII: «Recuerde Francia que su unión providencial con la Sede Apostólica es demasiado estrecha y demasiado antigua para que pueda en alguna ocasión romperla. De esta unión, en efecto, procede su verdadera grandeza y su gloria más pura... Destruir esta unión tradicional seria lo mismo que arrebatar a la nación francesa una parte de su fuerza moral y de la alta influencia que ejerce en el mundo» [4].
 
Resolución unilateral del Concordato
A lo cual se añade que estos vínculos de estrecha unión debían ser más sagrados aún por la fidelidad jurada en un solemne Concordato. El Concordato firmado por la Sede Apostólica y por la República francesa era, como todos los pactos del mismo género que los Estados suelen concertar entre sí, un contrato bilateral que obligaba a ambas partes. Por lo cual, tanto el Romano Pontífice como el jefe de Estado de la nación francesa se obligaron solemnemente, en su nombre y en el de sus propios sucesores, a observar inviolablemente las cláusulas del pacto que firmaron. La consecuencia, por tanto, era que este Concordato había de regirse por el mismo derecho que rige todos los tratados internacionales, es decir, por el derecho de gentes, y que no podía anularse de ninguna manera unilateralmente por la voluntad exclusiva de una de las partes contratantes. La Santa Sede ha cumplido siempre con fidelidad escrupulosa los compromisos que suscribió, y ha pedido siempre que el Estado mostrase en este punto la misma fidelidad. Es éste un hecho cierto que no puede negar ningún hombre prudente y de recto juicio. Pues bien, he aquí que la República francesa deroga por su sola voluntad el solemne y legitimo pacto que había suscrito; y no tiene en consideración alguna, con tal de separarse de la Iglesia y librarse de su amistad, ni la injuria lanzada contra la Sede Apostólica, ni la violación del derecho de gentes, ni la grave perturbación para el mismo orden social y político que implica la violación de la fe jurada; porque, para el desenvolvimiento pacífico y seguro de las mutuas relaciones entre los pueblos, nada es tan importante a la sociedad humana como la observancia fiel e inviolable de las obligaciones contraídas en los tratados internacionales.
  
Violación del derecho internacional
Crece de un modo muy particular la magnitud de la ofensa inferida a la Sede Apostólica si se considera la forma con que el Estado ha llevado a cabo la resolución unilateral del Concordato. Porque es un principio admitido sin discusión en el derecho de gentes y universalmente observado en la moral y en el derecho positivo internacional que no es lícita la resolución de un tratado sin la notificación previa, clara y regular por parte del Estado que quiere denunciarlo a la otra parte contratante. Pues bien: no sólo no se ha hecho a la Santa Sede en este asunto notificación alguna de este género, sino que ni siquiera le ha sido hecha la menor indicación. De esta manera, el Gobierno francés no ha vacilado en faltar contra la Sede Apostólica a las más elementales normas de cortesía que se suelen observar incluso con los Estados más pequeños y menos importantes ; ni ha tenido reparo, siendo como era representante de una nación católica, en menospreciar la dignidad y la autoridad del Romano Pontífice, jefe supremo de la Iglesia católica; autoridad que debían haber respetado los gobernantes de Francia con una reverencia superior a la que exige cualquier otra potencia política, por el simple hecho de estar aquella autoridad ordenada al bien eterno de las almas sin quedar circunscrita por límites geográficos algunos.
  
La ley es intrínsecamente injusta
Pero, si examinamos ahora en sí misma la ley que acaba de ser promulgada, encontramos un nuevo y mucho más grave motivo de queja. Porque, puesta la premisa de la separación entre la Iglesia y el Estado con la abrogación del Concordato, la consecuencia natural seria que el Estado la dejara en su entera independencia y le permitiera el disfrute pacífico de la, libertad concedida por el derecho común. Sin embargo, nada de esto se ha hecho, pues, encontramos en esta ley multitud de disposiciones excepcionales que, odiosamente restrictivas, obligan a la Iglesia a quedar bajo la dominación del poder civil. Amarguísimo dolor nos ha causado ver al Estado invadir de este modo un terreno que pertenece exclusivamente a la esfera del poder eclesiástico; pero nuestro dolor ha sido mayor todavía, porque, menospreciando la equidad y la justicia, el Estado coloca a la Iglesia de Francia en una situación dura, agobiante y totalmente contraria a los más sagrados derechos de la Iglesia.
  
Porque es contraria a la constitución de la Iglesia
Porque, en primer lugar, las disposiciones de la nueva ley son contrarias a la constitución que Jesucristo dio a su Iglesia. La Escritura enseña, y la tradición de los Padres lo confirma, que la Iglesia es el Cuerpo místico de Jesucristo, regido por pastores y doctores [5], es decir, una sociedad humana, en la cual existen autoridades con pleno y perfecto poder para gobernar, enseñar y juzgar [6]. Esta sociedad es, por tanto, en virtud de su misma naturaleza, una sociedad jerárquica; es decir, una sociedad compuesta de distintas categorías de personas: los pastores y el rebaño, esto es, los que ocupan un puesto en los diferentes grados de la jerarquía y la multitud de los fieles. Y estas categorías son de tal modo distintas unas detrás, que sólo en la categoría pastoral residen la autoridad y el derecho de mover y dirigir a los miembros hacia el fin propio de la sociedad; la obligación, en cambio, de la multitud no es otra que dejarse gobernar y obedecer dócilmente las directrices de sus pastores. San Cipriano, mártir, ha expuesto de modo admirable esta verdad: «Nuestro Señor, cuyos preceptos debemos reverenciar y cumplir, al establecer la dignidad episcopal y la manera de ser de su Iglesia, dijo a Pedro: "Ego dico tibi, quia tu es Petrus," etc. Por lo cual, a través de las vicisitudes del tiempo y de las sucesiones, la economía del episcopado y la constitución de la Iglesia se desarrollan de manera que la Iglesia descansa sobre los obispos, y toda la actividad de la Iglesia está por ellos gobernada». Y San Cipriano afirma que esto «se halla fundado en la ley divina» [7]. En contradicción con estos principios, la ley de la separación atribuye la administración y la tutela del culto público no a la jerarquía divinamente establecida, sino a una determinada asociación civil, a la cual da forma y personalidad jurídica, y que es considerada en todo lo relacionado con el culto religioso como la única entidad dotada de los derechos civiles y de las correspondientes obligaciones. Por consiguiente, a esta asociación pertenecerá el uso de los templos y de los edificios sagrados y la propiedad de los bienes eclesiásticos, tanto muebles como inmuebles; esta asociación dispondrá, aunque temporalmente, de los palacios episcopales, de las casas rectorales y de los seminarios; finalmente, administrará los bienes, señalará las colectas y recibirá las limosnas y legados que se destinen al culto. De la jerarquía no se dice una sola palabra. Es cierto que la ley prescribe que estas asociaciones de culto han de constituirse conforme a las reglas propias de la organización general del culto, a cuyo ejercicio se ordenan; pero se advierte que todas las cuestiones que puedan plantearse acerca de estas asociaciones son de la competencia exclusiva del Consejo de Estado. Es evidente, por tanto, que dichas asociaciones de culto estarán sometidas a la autoridad civil, de tal manera que la autoridad eclesiástica no tendrá sobre ellas competencia alguna. Cuan contrarias sean todas estas disposiciones a la dignidad de la Iglesia y cuan opuestas a sus derechos y a su divina constitución, es cosa evidente para todos, sobre todo si se tiene en cuenta que, en esta materia, la ley promulgada no emplea fórmulas determinadas y concretas, sino cláusulas tan vagas y tan indeterminadas, que con razón se pueden temer peores males de la interpretación de esta ley.
  
Desconoce la libertad de la Iglesia
En segundo lugar, nada hay más contrario a la libertad de la Iglesia que esta ley. Porque, si se prohíbe a los pastores de almas el ejercicio del pleno poder de su cargo con la creación de las referidas asociaciones de culto; si se atribuye al Consejo de Estado la jurisdicción suprema sobre las asociaciones y quedan éstas sometidas a una serie de disposiciones ajenas al derecho común, con las que se hace difícil su fundación y más difícil aún su conservación; si, después de proclamar una amplia libertad de culto, se restringe el ejercicio del mismo con multitud de excepciones; si se despoja a la Iglesia de la inspección y de la vigilancia de los templos para encomendarlas al Estado; si se señalan penas severas y excepcionales para el clero; si se sancionan estas y otras muchas disposiciones parecidas, en las que fácilmente cabe una interpretación arbitraria, ¿qué es todo esto sino colocar a la Iglesia en una humillante sujeción y, so pretexto de proteger el orden público, despojar a los ciudadanos pacíficos, que forman todavía la inmensa mayoría de Francia, de su derecho sagrado a practicar libremente su propia religión? El Estado ofende a la Iglesia, no sólo restringiendo el ejercicio del culto, en el que falsamente pone la ley de separación toda la fuerza esencial de la religión, sino también poniendo obstáculos a su influencia siempre bienhechora sobre los pueblos y debilitando su acción de mil maneras. Por esto, entre otras medidas, no ha sido suficiente la supresión de las Ordenes religiosas, en las que la Iglesia encuentra un precioso auxiliar en el sagrado ministerio, en la enseñanza, en la educación, en las obras de caridad cristiana, sino que se ha llegado a privarlas hasta de los recursos humanos, es decir, de los medios necesarios para su existencia y para el cumplimiento de su misión.
  
Y niega el derecho de la propiedad de la Iglesia
A los perjuicios y ofensas que hemos lamentado hay que añadir un tercer capítulo: la ley de la separación viola y niega el derecho de propiedad de la Iglesia. Contra toda justicia, despoja a la Iglesia de gran parte del patrimonio que le pertenece por tantos títulos jurídicamente eficaces; suprime y anula todas las fundaciones piadosas, legalmente establecidas, para fomentar el culto divino o para rogar por los fieles difuntos; los recursos que la generosidad de los católicos ha ido acumulando para sostenimiento de las escuelas cristianas y de las diferentes obras de beneficencia religiosa, son transferidos a establecimientos laicos, en los que normalmente es inútil buscar el menor vestigio de religión; con lo cual no sólo se desconocen los derechos de la Iglesia, sino también la voluntad formal y expresa de los donantes y testadores. Pero lo que nos causa preocupación especial es una disposición que, piso­teando todo derecho declara propiedad del Estado, de las provincias o de los ayuntamientos todos los edificios que la Iglesia utilizaba con anterioridad al Concordato. Porque, si la ley concede el uso indefinido y gratuito de estos edificios a las asociaciones de culto, pone a esta concesión tantas y tales condiciones, que, en realidad, deja al poder público la libertad de disponer totalmente de dichos edificios. Tememos, además, muy seriamente por la santidad de los templos, pues existe el peligro de que estas augustas moradas de la divina majestad, centros tan queridos para la piedad del pueblo francés, en quienes tantos recuerdos suscitan, caigan en manos profanas y queden mancilladas con ceremonias también profanas. La ley, por otra parte, al liberar al Estado de su obligación de atender al culto con cargo al presupuesto, falta a los compromisos contraídos en un tratado solemne y, al mismo tiem­po, ofende gravemente a la justicia. En efecto, no es posible dudar en este punto, porque los mismos documentos históricos lo prueban del modo más terminante: cuando el Gobierno francés contrajo, en virtud del Concordato, el compromiso de asignar a los eclesiásticos una subvención que les permitiese atender decorosamente a su propia subsistencia y al sostenimiento del culto público, no lo hizo a título gratuito o por pura cortesía, sino que se obligó a título de indemnización, siquiera parcial, a la Iglesia por los bienes que el Estado arrebató a ésta durante la primera revolución. Por otra parte, cuando en este mismo Concordato, y por bien de la paz, el Romano Pontífice se comprometió, en su nombre y en el de sus sucesores, a no inquietar a los detentadores de los bienes que fueron arrebatados a la Iglesia, puso a esta promesa una condición: la de que el Gobierno francés se obligase a cubrir perpetuamente y de un modo decoroso los gastos del culto divino y del clero.
   
Es además dañosa para el propio Estado francés
Finalmente, no hemos de callar un cuarto punto: esta ley será gravemente dañosa no sólo para la Iglesia, sino también para vuestra nación. Porque es indudable que debilitará poderosamente la unión y la concordia de los espíritus, sin la cual es imposible que pueda prosperar o vivir una nación; unión cuya incólume conservación, sobre todo en la actual situación de Europa, deben buscar todos los buenos franceses que aman a su patria. Nos, siguiendo el ejemplo de nuestro predecesor, de cuyo particularísimo afecto a vuestra nación somos herederos, al esforzarnos por conservar en vuestra nación la integridad de los derechos de la religión recibida de vuestros mayores, hemos procurado siempre, y seguiremos procurando, la confirmación de la paz y de la concordia fraterna, cuyo lazo más fuerte es precisamente el vínculo religioso. Por esta razón, vemos con suma angustia la ejecución por parte del Gobierno francés de una determinación que, avivando las pasiones populares, harto excitadas en materia religiosa, parece muy propia para perturbar profundamente vuestra nación.
  
Condenación de la ley
Por todas estas razones, teniendo presente nuestro deber apostólico, que nos obliga a defender contra todo ataque y conservar en su integridad los sagrados derechos de la Iglesia, Nos, en virtud de la suprema autoridad que Dios nos ha conferido, condenamos y reprobamos la ley promulgada que separa al Estado francés de la Iglesia; y esto en virtud de las causas que hemos expuesto anteriormente, por ser altamente injuriosa para Dios, de quien reniega oficialmente, sentando el principio de que la República no reconoce culto alguno religioso; por violar el derecho natural, y el derecho de gentes, y la fidelidad debida a los tratados; por ser contraria a la constitución divina de la Iglesia, a sus derechos esenciales y a su libertad; por conculcar la justicia, violando el derecho de propiedad, que la Iglesia tiene adquirido por multitud de títulos y, además, en virtud del Concordato; por ser gravemente ofensiva para la dignidad de la Sede Apostólica, para nuestra persona, para el episcopado, para el clero y para todos los católicos franceses. En consecuencia, protestamos solemnemente y con toda energía contra la presentación, votación y promulgación de esta ley, y declaramos que jamás podrá ser alegada cláusula alguna de esta ley para invalidar los derechos imprescriptibles e inmutables de la Iglesia.
   
IV. LA IGLESIA ANTE LA NUEVA SITUACIÓN
  
Postura de la Santa Sede
Era obligación nuestra hacer oír estas graves palabras y dirigirlas, venerables hermanos, a vosotros, al pueblo francés y a todo el orbe cristiano, para condenar esta ley de separación. Profunda es, ciertamente, nuestra tristeza, como ya hemos dicho, porque preveemos los males que esta ley va a traer sobre una para Nos querida nación; y nos produce una tristeza más honda todavía la perspectiva de los trabajos, padecimientos y tribulaciones de toda suerte que van a caer sobre vosotros, venerables hermanos y sobre vuestro clero. Sin embargo, el pensamiento de la divina bondad y de la divina providencia y la certísima esperanza de que Jesucristo nunca abandonará a su Iglesia ni la privará de su indefectible apoyo nos impiden incurrir en una depresión o tristeza excesivas. Por esta razón, Nos estamos muy lejos de temer por la Iglesia. La estabilidad y la firmeza de la Iglesia son cosa de Dios, y la experiencia de tantos siglos lo ha demostrado suficientemente. Nadie ignora, en efecto, las innumerables y cada vez más terribles persecuciones que ha padecido en tan largo espacio de tiempo, y, sin embargo, de esas situaciones, en las que toda institución puramente humana habría perecido necesariamente, la Iglesia sacó una energía más vigorosa y una más opulenta fecundidad. Y las leyes persecutorias que contra la Iglesia promulga el odio -la historia es testigo de ello- acaban casi siempre derogándose prudentemente, cuando quedan evidenciados los daños que causan al propio Estado. La misma historia moderna de Francia prueba este hecho histórico. ¡Ojalá que los que en este momento ejercen el poder en Francia imiten en esta materia el ejemplo de sus antecesores! ¡Ojalá que, con el aplauso de todas las personas honradas, devuelvan pronto a la religión, creadora de la civilización y fuente de prosperidad pública para los pueblos, el honor y la libertad que le son debidos!
  
Acción del episcopado y del clero de Francia
Entretanto, y mientras dure la persecución opresora, los hijos de la Iglesia, revestidos de las armas de la luz [8], deben trabajar con todas sus fuerzas por la justicia y la verdad: si éste es siempre su deber, hoy día es más que nunca necesario [9]. En esta lucha santa, vosotros, venerables hermanos, que debéis ser maestros y guías de todos los demás, pondréis todo el ardor de aquel vigilante e infatigable celo que en todo tiempo ha sido gloria universal del episcopado francés. Sin embargo, Nos queremos que vuestra mayor preocupación consista -es cosa de capital importancia- en que en todos los pro­yectos que tracéis para la defensa de la Iglesia os esforcéis por realizar la unión más perfecta de corazones y voluntades. Nos tenemos el firme propósito de dirigiros, a su tiempo, la norma directiva de vuestra labor en medio de las dificultades de la hora actual; y tenemos la seguridad de que conformaréis con toda diligencia vuestra conducta a nuestras normas. Entretanto, proseguid la obra saludable a que estáis consagrados, de vigorizar todo lo posible la piedad de los fieles; promoved y vulgarizad más y más las enseñanzas de la doctrina cristiana; preservad a la grey que os está confiada de los errores engañosos y de las seducciones corruptoras tan extensamente difundidas hoy día; instruid, prevenid, estimulad y consolad a vuestro rebaño; cumplid, en suma, todas las obligaciones propias de vuestro oficio pastoral. En esta empresa tendréis siempre la colaboración infatigable de vuestro clero, rico en hombres de valer por su virtud, su ciencia y su adhesión a la Sede Apostólica, del cual sabemos que se halla siempre dispuesto, bajo vuestra dirección, a sacrificarse sin reservas por el triunfo de la Iglesia y la salvación, de las almas. Ciertamente, los miembros del clero comprenderán que en esta tormentosa situación es menester que se apropien los afectos que en otro tiempo tuvieron los apóstoles, y sentirse contentos porque habían sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jesús. Por consiguiente, reivindicarán enérgicamente los derechos y la libertad de la Iglesia, pero sin ofender a nadie en esta defensa; antes bien, guardando cuidadosamente la caridad, como conviene sobre todo a los ministros de Jesucristo, responderán a la injuria con la justicia, a la contumacia con la dulzura, a los malos tratos con positivos beneficios.
  
Conducta del laicado católico francés
A vosotros nos dirigimos ahora, católicos de Francia. Llegue a vosotros nuestra palabra como testimonio de la tierna benevolencia con que no cesa­mos de amar a vuestra patria y como consuelo en las terribles calamidades que vais a experimentar. Conocéis muy bien el fin que se han propuesto las sectas impías que os hacen doblar la cerviz bajo su yugo, porque ellas mis­mas lo han declarado con cínica audacia: borrar el catolicismo en Francia. Quieren arrancar radicalmente de vuestros corazones la fe que colmó de gloria a vuestros padres; la fe que ha hecho a vuestra patria próspera y grande entre las naciones; la fe que os sostiene en las pruebas, conserva la tranquilidad y la paz en vuestros hogares y os franquea el camino para la eterna felicidad. Bien comprenderéis que tenéis el deber de consagraros a la defensa de vuestra fe con todas las energías de vuestra alma; pero tened muy presente esta advertencia: todos los esfuerzos y todos los trabajos resultarán inútiles si pretendéis rechazar los asaltos del enemigo manteniendo desunidas vuestras filas. Rechazad, por tanto, todos los gérmenes de desunión, si existen entre vosotros, y procurad que la unidad de pensamiento y la unidad en la acción sean tan grandes como se requiere en hombres que pelean por una misma causa, máxime cuando esta causa es de aquellas cuyo triunfo exige de todos el generoso sacrificio, si es necesario, de cualquier parecer personal. Es totalmente necesario que deis grandes ejemplos de abnegada virtud, si queréis, en la medida de vuestras posibilidades, como es vuestra obligación, librar la religión de vuestros mayores de los peligros en que actualmente se encuentra. Mostrándoos de esta manera benévolos con los ministros de Dios, moveréis al Señor a mostrarse cada vez más benigno con vosotros.
  
Dos condiciones necesarias
Pero, para iniciar dignamente y mantener útil y acertadamente la defensa de la religión, os son necesarias principalmente dos condiciones: primera, que ajustéis vuestra vida a los preceptos de la ley cristiana con tanta fidelidad, que vuestra conducta y vuestra moralidad sean una patente manifestación de la fe católica; segunda, que permanezcáis estrechamente unidos con aquellos a quienes pertenece por derecho propio velar por los intereses religiosos, es decir, con vuestros sacerdotes, con vuestros obispos y, principalmente, con esta Sede Apostólica, que es el centro sobre el que se apoya la fe católica y la actividad adecuada a esta fe. Armados de este modo para la lucha, salid sin miedo a la defensa de la Iglesia; pero procurad que vuestra confianza descanse enteramente en Dios, cuya causa sostenéis, y, por tanto, no ceséis de implorar su eficaz auxilio. Nos, por nuestra parte, mientras dure este peligroso combate, estaremos con vosotros con el pensamiento y con el corazón; participaremos de vuestros trabajos, de vuestras tristezas, de vuestros padecimientos, y elevaremos nuestras humildes y fervorosas oraciones al Dios que fundó y que conserva a su Iglesia, para que se digne mirar a Francia con ojos de misericordia, disipar la tormenta que se cierne sobre ella y devolverle pronto, por la intercesión de María Inmaculada, el sosiego y lapaz.
  
Como prenda de estos celestiales bienes y testimonio de nuestra especial predilección, Nos impartimos a vosotros, venerables hermanos, a vuestro clero y al pueblo francés la bendición apostólica.
  
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de febrero de 1906, año tercero de nuestro pontificado. PÍO X.
   
NOTAS
[1] Los jalones principales de esta política sectaria anticatólica fueron los siguientes: Ley declarando obligatoria la instrucción laica en la enseñanza primaria pública (28 marzo de 1882); Ley restableciendo el divorcio (27 julio de 1884); Ley suprimiendo las oraciones públicas al comenzar los periodos parlamentarios (14 agosto de 1884); Ley contra el patrimonio de las Órdenes y Congregaciones religiosas (29 diciembre de 1884); Ley excluyendo de la enseñanza pública a los institutos religiosos (30 octubre de 1886); Ley declarando obligatorio el servicio militar de los clérigos (15 julio de 1889); Ley excluyendo del derecho común a las Órdenes y Congregaciones religiosas (1 julio de 1901); Ley de supresión de los Institutos religiosos dedicados a la enseñanza (17 julio de 1904).
  
En la alocución consistorial de 14 de noviembre de 1904, San Pío X rechazó la acusación de que la Iglesia hubiese violado el concordato con el Estado francés (ASS 37 [1904­-1905], 1301-309). La Secretaría de Estado publicó con este motivo una exposición do­cumentada acerca de la ruptura unilateral de relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Gobierno francés (ASS 37 [1904-1905], 136-43).
  
En un importante discurso, de 19 de abril de 1909, a una peregrinación francesa, San Pío X, después de subrayar la inalterable fidelidad de la Francia católica a la Cátedra de Pedro y señalar que la Iglesia domina al mundo por ser esposa de Jesucristo, se expresaba con los siguientes términos:
«El que se revuelve contra la autoridad de la Iglesia con el injusto pretexto de que la Iglesia invade los dominios del Estado, pone limites a la verdad; el que la declara extranjera en una nación, declara al mismo tiempo que la verdad debe ser extranjera en esa nación; el que teme que la Iglesia debilite la libertad y la grandeza de un pueblo, está obligado a defender que un pueblo puede ser grande y libre sin la verdad. No, no puede pretender el amor un Estado, un Gobierno, sea el que sea el nombre que se le dé, que, haciendo la guerra a la verdad, ultraja lo que hay en el hombre de más sagrado. Podrá sostenerse por la fuerza material, se le temerá bajo la amenaza del látigo, se le aplaudirá por hipocresía, interés o servilismo, se le obedecerá, porque la religión predica y ennoblece la sumisión a los poderes humanos, supuesto que no exijan cosas contrarias a la santa a ley de Dios. Pero, sí el cumplimiento de este deber respecto de los poderes humanos, en lo que es compatible con el deber respecto de Dios, hace la obediencia más meritoria, ésta no será por ello ni más tierna, ni más alegre, ni más espontánea, y desde luego nunca podrá merecer el nombre de veneración y de amor» (AAS 1 [1909], 407-410).
Puede establecerse un cierto paralelismo, por las analogías intrínsecas de los supuestos nacionales respectivos, entre la carta Veheménter Nos, de San Pío X, al episcopado francés, y la carta Dilectíssima Nobis, de Pío XI, al episcopado español con motivo de la legislación republicana persecutoria de la Iglesia.
[2] León XIII, Immortále Dei [6]: ASS 18 (1885) 166; AL 2, 152ss.
[3] Ibid.
[4] Alocución de 13 de abril de 1888 a una peregrinación francesa. A lo largo del año 1904, San Pío X reiteró sus avisos a los católicos de Francia; véanse particularmente las alocuciones a una peregrinación de obreros franceses católicos, 8 de septiembre de 1904 (ASS 37 [1904-1905], 150-154), y a una peregrinación de la archidiócesis de París, 23 del mismo mes (ASS 37 [1904-1905], 231-235) y el Discurso de 15 de octubre de 1904 a la Asociación de Juristas Católicos de Francia (ASS 37 [1904-1905], 359-361).
[5] Ef 4, 11 ss.
[6] Cf. Mt 28,18-20; 16,18-19; 18,17; Tt 2,15; 2 Cor 10,6; 13,10.
[7] San Cipriano, Epist. 33 (al. 18 Ad lapsos) 1: PL 4,298.
[8] Rom 13,12.
[9] En la carta dirigida al director de la Revue Catholique des Institutions et du Droit por la Secretaría de Estado con fecha 17 de enero de 1910 se exhortaba a los juristas franceses a defender el derecho frente a la legislación sectaria:
«En las graves circunstancias en que se encuentra la católica Francia, cuando el poder legislativo no es, por desgracia con demasiada frecuencia, en manos de los que dominan, más que un instrumento de persecución, es necesario que hombres que unan los principios religiosos inflexibles con un conocimiento profundo de las cuestiones jurídicas puedan defender el derecho con excesiva frecuencia desconocido, y por lo menos iluminar a los que hacen las leyes, a los que las aplican y a los que las padecen» (AAS 2 [1910], 191).

DOS MONJAS CORRUPTAS

Noticias tomadas de diversas fuentes.
   
1.º ESTADOS UNIDOS: MONJA SE DECLARA CULPABLE DE PAGARSE VIAJES DE JUEGO CON DONACIONES DE IGLESIA (Fuente: GLORIA NEWS).
   
    
La hermana Mary Margaret Kreuper, de 79 años, de Los Ángeles (California, Estados Unidos), se declaró culpable el martes como parte de un acuerdo con los fiscales por haber robado junto con la hermana Lana Chang 835.339 dólares para pagar sus viajes de juego a Las Vegas, informa Associated Press.
    
Kreuper se incorporó a la vida religiosa a los 18 años en la comunidad de las Hermanas de San José de Carondelet, y fue directora de una escuela primaria durante 28 años en la escuela católica St. James, situada en Torrance (California). Chang fue profesora de octavo grado en dicha institución hasta 2018.
    
Su malversación de fondos duró más de una década y terminó en 2018. El dinero provenía de donaciones, matrículas y cuotas escolares.
    
La hermana podría enfrentar hasta 40 años en una prisión federal. Sus abogados dicen que está “muy arrepentida por lo ocurrido”. En el caso de Chang, la investigación fue archivada por la Oficina del Fiscal de Distrito del Centro de California.
   
2.º ARGENTINA: MONJA DETENIDA POR PRESUNTO ABUSO DE UNA MENOR (Elementos tomados de INFOBAE y SAN DIEGO TRIBUNE).
   
   
En medio de un cateo efectuado por la Dirección Departamental de Investigaciones de San Isidro (provincia de Buenos Aires), María Téllez Fajardo, de 64 años, fue detenida bajo cargos de abuso sexual agravado contra una menor de 14 años que asegura haber sido víctima de tocamientos deshonestos por parte de esta en un hogar para chicas en el año 2020.
   
Los presuntos hechos ocurrieron en la cocina y un depósito del hogar para chicas dirigido por la Asociación Obra de la Santísima Trinidad (Hermanas Trinitarias) del municipio de Boulogne. Dicho hogar servía para proteger a menores que estaban bajo medidas de amparo por órdenes de los juzgados de familia.
   
María Téllez Fajardo, de nacionalidad colombiana y que profesó en las Hermanas Trinitarias con el nombre de Sor Marina, fue detenida por las autoridades argentinas luego de la denuncia interpuesta por la menor el 22 de abril. Se investiga además por parte de la Fiscalía que hayan otros casos y un posible encubrimiento por parte de las religiosas.
  
El Obispado de San Isidro informó que en octubre del año pasado una menor de 16 años denunció haber sido abusada por una religiosa de las Hermanas Trinitarias en el hogar de Boulogne, y ante la demora de la investigación canónica en la comunidad, este procedió de oficio.
   
Por su parte, las Hermanas Trinitarias expresaron mediante un comunicado su “apoyo incondicional” a Sor Marina, la cual se desempeñaba como cocinera, y subrayaron  el “perjuicio irreparable” que supone esta noticia para la congregación. Al tiempo, afirmaron que, aunque extrañadas, colaborarán con la justicia en “todo lo necesario” para que se esclarezca el caso.
   
La religiosa está siendo representada en la causa por Manuel Beccar Varela, que el 9 de junio pagó 10 millones de pesos argentinos a los familiares de Tamara Suetta, que murió en un accidente de lanchas en el Delta del Tigre el 23 de marzo de 2018. El arreglo cerró así la causa criminal que se le seguía en su contra al jurista por homicidio culposo agravado y lesiones graves a los padres de esta (Ángel Suetta y Elena Fontini) toda vez que él conducía el acuamotor en estado de embriaguez.
  
Téllez Fajardo se suma así a la monja japonesa Kumiko Kosaka (46) y la paraguaya nacionalizada argentina Asunción Martínez (53), que están siendo juzgadas por abuso sexual de menores en el hogar clausurado del Instituto para sordos Antonio Próvolo de Luján de Cuyo (provincia de Mendoza) entre 2004 y 2016. Por esa causa, el presbítero italiano Nicola Bruno Corradi Soliman (84, que ha sido acusado de conductas similares en Verona, Italia) y el argentino Horacio Hugo Corbacho Blanck (60) fueron condenados en 2019 a 42 y 45 años de prisión respectivamente, y las víctimas han solicitado a Francisco Bergoglio –que no precisamente se destaca por su interés en las víctimas– que los expulse del estado clerical.

jueves, 10 de junio de 2021

CUANDO CONSTANTINOPLA ESTABA DETRÁS DE ALEJANDRÍA Y ANTIOQUÍA

Iglesia de San Pedro (Antioquía, Turquía).
    
Aunque el Patriarcado de Constantinopla de los Griegos (porque hay Patriarca de Constantinopla de los Armenios y entre 1204 y 1964 hubo Patriarca de Constantinopla de los Latinos) reclama el primus inter pares entre los “ortodoxos” y el segundo lugar después de Roma (siguiendo el canon 3.º del I Concilio de Constantinopla del 381, el canon 28.º del Concilio de Calcedonia y el canon 36.º del Concilio Quinisexto), no siempre fue así: el Concilio de Nicea había declarado en su canon 6.º que la primacía (el término “patriarcado” aparecerá en el año 531 con la Novela 113, durante el emperador Justiniano) le correspondía a las sedes de Roma, Antioquía y Alejandría (Jerusalén recibió cierto honor en el canon siguiente; y en un decreto del Concilio de Calcedonia se le otorgó la jerarquía de metrópoli), en razón de ser sedes petrinas (San Pedro estuvo en Antioquía desde el 44 hasta el 53, cuando se estableció en Roma; y su discípulo San Marcos erigió sede en Alejandría en el año 43). Y de hecho, ni siquiera debe ser, toda vez que el canon tercero constantinopolitano solo habla de una “prerrogativa de honor”, no de jurisdicción; y el Papa San León Magno, al ratificar los cánones del Concilio de Calcedonia, rechazó el canon 28.º declarándolo nulo e inválido, en razón que dicho canon era meramente político y lesionaba los derechos de Antioquía y Alejandría (que al final rechazó el concilio y asumió el primado entre los miafisistas, siendo seguido por Antioquía de los Siríacos y Armenia).
   
El tema volvió a surgir a raíz del fallido Concilio de Creta del 2016 y actual conflicto entre los patriarcas Bartolomé de Constantinopla y Cirilo de Moscú respecto a Ucrania, por el cual Moscú removió de sus dípticos a los patriarcas de Constantinopla y Alejandría de los Griegos, y a los metropólitas de Atenas y Chipre. Por ello, es necesario que este tema sea conocido de los Católicos, sobre todo para que permanezca claro que Constantinopla se arrogó autoridad que no tiene (como se dijo en anterior oportunidad), y siempre ha sido levantisca contra el Papado solo por ser la nueva capital del Imperio Romano (Tomado de RADIO SPADA. Traducción propia):
«[…] Los tres grandes Metropólitas –llamados después Patriarcas– que en tiempo del Concilio Niceno tenían el primer grado en la jerarquía, eran las de Roma, de Alejandría y de Antioquía, y no tenían su autoridad por la importancia de las ciudades, sino del Apóstol Pedro.
    
[…] San Jerónimo comenzó, durante esta su estadía en Roma sus grandes trabajos de reconstitución del verdadero texto de la Sagrada Escritura. Bajo Dámaso, en el Concilio romano del 374, se estableció el Canon oficial de los libros santos del Antiguo y Nuevo Testamento. En el decreto que se hizo en esta ocasión, el Papa declara que Iglesia romana es superior a todas las otras, la cátedra primera de San Pedro; la segunda es la de Alejandría, la tercera de Antioquía. Los Papas mantuvieron con toda firmeza este orden de grado, contraponiéndose a los esfuerzos de los obispos de Constantinopla.
    
[…] Esta tendencia muchas veces se hizo abierta en los obispos de la ciudad imperial de Constantinopla. Originariamente ellos eran sufragáneos de la sede de Heraclea, pero durante la lucha arriana cortaron este vínculo, ingeniándose para tomar la ventaja sobre su metrópoli. Favorecidos por la corte imperial, hallaron pronto poder para elevarse más que antes. Y así en en el Concilio reunido en Constantinopla en el 381 se estatuyó el canon tercero, el cual en verdad no reconoce al obispo de la Capital una jurisdicción más amplia, y deja en sus derechos las diócesis del Ponto, de Éfeso y de Tracia, pero les asegura un primado de honor, inmediatamente después del obispo de la antigua Roma, porque Constantinopla era la nueva Roma. Con eso se suprimió tácitamente toda dependencia de la metrópolis de Heraclea, el gobierno de la diócesis de Tracia es transferido a la capital, abierta la vía para aumentar su poder, por la supuesta analogía con el Pontífice romano, y es aniquilada la antiquísima preeminencia de honor de Alejandría y de Antioquía.
  
Antioquía no se encontró capaz de contrastar a tales usurpaciones; Alejandría las rechazó como novedad; Roma se mantuvo en la antigua regla; confirmó solo los decretos dogmáticos del Concilio y rechazó el primado de honor atribuido contra el derecho de la Iglesia a los obispos bizantinos.
   
A los obispos, sacerdotes y diáconos era convenientísima la vida célibe y casta, tanto por la sublimidad de su ministerio, como para gozar de mayor libertad en el servicio de Dios y de los prójimos, y así también para dar, como era su deber, ejemplo de continencia a todos. Por tanto el celibato vino a ser practicado siempre más, y finalmente fue prescrito también como ley en la Iglesia. Desde el principio, por falta de célibes dignos del sacerdocio, aún se ordenaban hombres ligados en matrimonio: los cuales por regla se abstenían de sus mujeres. Después de recibir una de las órdenes mayores, ningún eclesiástico podía tomar mujer, so pena de deposición; lo que, a solicitud del obispo egipcio Pafnucio, debió ser confirmado por el Concilio Niceno. Este también prohíbe a los clérigos tener en casa mujeres sospechosas (Sineisactas, Agapetas): no tengan consigo sino la madre, hermana, tía o persona semejante lejana de toda sospecha; y también evitasen lo más posible toda práctica pecaminosa.
      
En Occidente la disciplina se mantenía más severa. Los sínodos africanos establecieron pena de deposición para los eclesiásticos de las órdenes menores que aún usasen de sus mujeres. Y posteriormente, no se ordenaron más a estos grados sino aquellos que fuesen o célibes o viudos. Los Papas, y nominadamente Siricio e Inocencio I, sostuvieron con resolución la ley del celibato; y León Magno la extendió también a los subdiáconos, que en ese entonces aún se contaban entre las órdenes menores; y esto después fue confirmado por distintos sínodos. Por el contrario, en Oriente se relajó la disciplina poco a poco, particularmente en la diócesis de Bizancio». (Card. JOSÉ HERGENRÖTHER HORSCH, Historia universal de la Iglesia, vol. 2, parte I: La victoria sobre el paganismo, la lucha a las herejías, el movimiento monástico).
REFERENCIAS:
  • Mons. ANDREAS THIEL, De decretáli Gelásii Papæ de recipiéndis libris (De la decretal del Papa Gelasio sobre los libros que se reciben), Braunsberg/Braniewo, 1866. JOHANNES FRIEDRICH, Drei unedierte Concilien, mit einem Anhang über das Decrétum Gelásii (Los Concilios inéditos, con un apéndice sobre el Decreto de Gelasio), Norlinga, 1867; Sitzungsberichte der Bayerische Akademie der Wissenschaften, Philosophisch-Historische Klasse (Informes de reuniones de la Academia Bávara de Ciencias, clase de Filosofía e Historia) I, (1888), 54 ss.
  • Testifican el celibato eclesiástico en el clero superior: Eusebio de Cesarea, Demostración del Evangelio I, 8, 9 (Migne, Patrología græca XXII, 76 s., 81). San Jerónimo, Contra Joviniano, I, 34: «Sacerdóti, cui semper pro pópulo offerénda sunt sacríficia, semper orándum est; si semper orándum est, ergo semper caréndum est matrimónio» (El sacerdote, que siempre está ofreciendo sacrificios por el pueblo; si siempre está orando, entonces siempre carece de matrimonio). Cf. Epístola 48 a Pamaquio; Contra Vigilancio. c. 2. San Epifanio, Contra los herejes, herejía LIX, 4; Exposición de la Fe c. 21., San Juan Crisóstomo, Homilía 10.ª sobre I Timoteo, n. 1, 2 (Migne, l. c. LXII, 549 s.). San Gregorio Nacianceno, Oración 43, n. 62 (ibid. XXXVI, 576 sg.); Oración 37, n. 10 (ibid. p. 493 s.). San Cirilo de Jerusalén, Catequesis XII, n. 15 (ibid. XXXIII, 757). La narración de Sócrates Escolástico (Historia eclesiástica I, 11) y de Sozomeno (Historia eclesiástica I, 23; cf. Gelasio de Cízico, Historia del Concilio de Nicea, II, 32; Historia triple, II, 14) que, tratándose en Nicea de prohibir formalmente a los eclesiásticos el casarse antes de la ordenación sagrada y el uso del matrimonio, sease decretado, a propuesta del obispo egipcio Pafnucio, bastar la antigua regla que ningún eclesiástico contrajese matrimonio después de la ordenación, es puesta en duda por algunos; y por otros es admitida y defendida. Cf. Karl Joseph von Hefele, Conciliengeschichte (Historia de los Concilios), I, 431 ss.
  • San Siricio (386), Epístola 1.ª a Himerio. c, 7. 9. San Inocencio I, Epístola a San Victricio de Ruan (404) c. 9. Sínodo Romano (402), can. 3. Concilio de Cartago (390), can. 2; id. 401, can. 4. I Concilio de Tours (461), can. 1. I Concilio de Orange (441), can. 22, 23. Concilio de Adge (506), can. 9. V Concilio de Orléans (549) can. 4. San León Magno, Epístola 14, c. 4. Cf. Concilio de Adge (506), can. 39. II Concilio de Toledo (527), can. 3. III Concilio de Orléans (538), can. 2.