Traducción de la sección ¿Cómo explicar estas creencias Católicas Tradicionales? de TRADITIO.
Tabla de orden del Oficio Divino en un breviario según las rúbricas simplificadas de 1956 (Fuente: divinumofficium.com).
Es la creencia común entre muchos católicos tradicionalistas que Juan XXIII bis Roncalli no hizo cambios reales en el Misal tal como lo promulgó en 1962, pero de hecho, quienes aceptan los cambios de 1962 se ven obligados lógicamente a aceptar la razón por la cual fueron promulgados, es decir, una reforma litúrgica provisional que dependía de los cambios que se producirían en el Concilio Vaticano II.
Quienes aceptan los cambios de 1962 (como los indultaristas) se ven obligados también a aceptar las demás disciplinas que vinieron con ellos. Se ven obligados a retroceder en el tiempo a los turbulentos años de la década de 1960 con toda la angustia de esos cambios que llevaron a tal devastación de la Iglesia. ¿Por qué los católicos tradicionalistas deberían volver atrás y aceptar aquello que introdujo cambios revolucionarios en la Iglesia y, en última instancia, dio origen a una religión completamente nueva?
La destrucción de la Misa católica y su sustitución por un servicio de comunión neoprotestante fue el resultado de un esfuerzo concertado (o conspiración) de un grupo de modernistas. Es un hecho indiscutible que el servicio de culto del Novus Ordo fue compuesto bajo la supervisión de Annibale Bugnini Ranieri CM con la ayuda de seis ministros protestantes, con quienes Pablo VI Montini no dudó en posar en una histórica fotografía de 1970. Los seis eran el Dr. Alfred Raymond George (1912–1998, metodista), el canónigo Ronald Claud Dudley Jasper (1917–1990, anglicano), el Dr. Massey Hamilton Shepherd Jr. (1913–1990, episcopaliano), el Dr. Friedrich-Wilhelm Künneth Ammon (1933–2014, luterano), el doctor Eugene L. Brand (1931, luterano) y el Hermano Max Thurian (1921–1996), quienes representaban respectivamente al Consejo Mundial de Iglesias, las comuniones anglicana y luterana, y la comunidad protestante francesa de Taizé.
Después de que el Consílium se reunió y concluyó su trabajo, el Dr. George Smith, un representante luterano, se jactó públicamente diciendo: «Hemos terminado la obra que comenzó Martín Lutero». Thurian (que se convirtió al catolicismo conciliar y fue “instalado” presbítero en 1987) posteriormente se retractó, publicando en L’Osservatore Romano un artículo muy crítico del Novus Ordo, en el que afirmaba que «el gran problema de la vida litúrgica contemporánea (apatía hacia el culto, aburrimiento, falta de vitalidad y participación) proviene del hecho de que la celebración a veces ha perdido su carácter de misterio, que fomenta el espíritu de adoración».
La conspiración para destruir la Misa Latina Tradicional ya estaba en marcha en las altas esferas del Vaticano durante la década de 1950 (quizás cobrando mayor influencia durante la grave enfermedad del Papa Pío XII en los últimos años de su pontificado) y principios de la década de 1960. En esos años, Bugnini y Ferdinando Giuseppe Antonelli Angiolini OFM (quien más tarde firmó el decreto que promulgaba el culto del Novus Ordo) dirigieron una “Comisión para la Reforma Litúrgica”, autora de las diversas innovaciones litúrgicas introducidas en la década de 1950 y durante el pontificado de Roncalli.
Estos innovadores admitieron abiertamente que los cambios graduales que introdujeron formaban parte de un programa general para crear una nueva forma de culto.
Bugnini citó los comentarios de un colega “liturgista” sobre los cambios radicales introducidos en 1956 a la forma antigua de los ritos de la Semana Santa de la siguiente manera:
«II est sans doute encore trop tôt pour dégager la pleine portée de ce document, qui marque un tournant important dans l’histoire des rites de la liturgie romaine. La première raison en est que cette réforme n’est qu’un premier pas vers des mesures de plus vaste envergure, or l’on ne juge bien d’une partie que remise dans l’ensemble [Sin duda, aún es demasiado pronto para evaluar el alcance pleno de este documento, que marca un punto de inflexión importante en la historia de los ritos de la liturgia romana. La primera razón es que esta reforma no es más que el primer paso hacia medidas de mayor envergadura, y no se juzga con precisión una parte sino cuando se coloca en el conjunto]» (LÉON RENWART SJ, “Le Décret général de la Sacrée Congrégation des Rites sur la simplification des rubriques”, conclusión. En revista Nouvelle Revue Théologique, vol. 77 (1955), n.º 5, págs. 523-524. Citado en ANNIBALE BUGNINI CM, La semplificazione delle rubriche: spirito e conseguenze pratiche del decreto della S. C. dei riti del 23 marzo 1955/La simplificación de las rúbricas: Espíritu y consecuencias prácticas del decreto de la Sagrada Congregación de Ritos del 23 de marzo de 1955. Roma, Edizioni liturgiche 1955. Traducción inglesa de la 2.ª edición italiana por Leonard Joseph Doyle, The Simplification of the Rubrics. Collegeville, Minesota, Doyle & Finegan 1955, págs. 119–120. La nota al pie en el original no es menos interesante en este aspecto, pues dice: «II nous semble évident, par exemple, que la volonté de ne pas toucher au texte actuel de nos livres liturgiques suffit à expliquer certaines décisions, sans permettre toujours d’apprécier dès maintenant ce que sera la réforme définitive [Nos parece evidente, por ejemplo, que la voluntad de no tocar el texto actual de nuestros libros litúrgicos basta para explicar ciertas decisiones, sin permitir jamás apreciar desde ahora lo que será la reforma definitiva]»).
Los innovadores de estos cambios insidiosos introducidos en las décadas de 1950 y principios de 1960 los consideraron pasos en su plan para crear una nueva forma de culto. Parece coherente que los católicos tradicionalistas que rechazan el servicio de culto del Novus Ordo también rechacen los pasos que lo antecedieron (Revista “The Roman Catholic”, Septiembre de 1984).




















