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lunes, 26 de febrero de 2024

DAVID, MODELO DEL PENITENTE

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  
Reproche del profeta Natán al rey David, que hace después penitencia (Miniatura del Salterio de París –Constantinopla, mediados del siglo X–, Biblioteca Nacional de Francia, Manuscrito griego 136, folio 136 verso).
  
Nació David como pobre pastor de ganado, pero su piedad hacia Dios y su valor entre los hombres lo llevaron a la Real corona de Palestina. Con las pruebas que hizo de sí mismo en los bosques despedazando osos y quebrándoles las mandíbulas a los leones, preludió a la gran victoria que reportó del gigante Goliat, en premio de la cual tuvo como esposa a la hija del rey Saúl. Mas la envidia cambióle bien pronto al suegro en émulo y enemigo y le fue preciso usar mucho del ingenio para sustraerse de sus insidias. Después de muchos golpes dados y recibidos de los filisteos, muerto finalmente Saúl en un hecho de armas, traspasándose por su propia mano con espada para no caer en manos de sus enemigos, David, aclamado del pueblo por rey, fue elevado al Trono de Israel que Dios le había prometido. El principio de su gobierno fue fastidioso, debiendo liberarse de los enemigos extranjeros que infestaban el Reino y de los domésticos que seguían el partido del rey difunto. Pero con la fuerza debilitó a los primeros y con la mansedumbre se ganó a los segundos. Mansuetúdo tua multiplicávit me: él mismo lo dice (I Reg. XXII, 36). Así dilatado el imperio y establecido en el solio, estaba en estado de gozar una larga paz, dentro del Reino con los súbditos y fuera con los príncipes vecinos. Mas un gravísimo ultraje a sus embajadores por los amonitas lo obligó a blandir las armas. Para vengarse pues de la afrenta envió a sus tropas bajo la dirección del general Joab e hizo asediar Rabat, ciudad capital del reino. Pero mientras por sus soldados combatía gloriosamente contta los amonitas, él cae vergonzosamente postrado y vencido al ser abatido por una tentación.
     
Corría el año decimosexto de su reinado y el cuadragésimonoveno de su edad (año 1035 antes de Cristo), año verdaderamente climatérico para él, y siendo ya entrada la estación en la que solían los reyes ir a la guerra, él estaba en Jerusalén gozando del ocio de una paz fingida. Cuando un día, después del reposo tomado en un terrado de su palacio le resultó de casualidad vista de lejos una mujer que estaba lavándose en una fuente de su jardín. Era esta Betsabé, mujer de Urías heteo, caballero no menos probo de mano que de corazón, el cual entonces hallábase con el ejército en el asedio de Rabat. El mísero rey postrado en cama de fuera por el objeto lujurioso, arrastrado dentro por el apetito concupiscente y empujado por aquel demonio que él mimso llamó meridiano, pronto se arrastró a la tentación; luego que al ver a la mujer en el baño, fue en seguida el desearla, el buscarla, y el quererla sin considerar ni a Dios que lo había elevado de los rebaños a la regia dignidad, ni a la fidelidad de un vasallo que estaba actualmente guerreando por él, ni a todo el reino al cual daba escándalo tan grave. Gran documento del cuán poco podemos confiarnos en nosotros mismos frente a la ocasión. Y porque las caídas de los justos suelen ser precipicios, añadiendo David pecado a pecado, después de haber quitado al inocente Urías la honra le quitó también la vida, escribiendo al general Joab que lo pusiese en las primeras filas de sus escuadrones, a fin que entre los asaltos fuese de los primeros en morir, como se siguió. Ni aquí se detuvo porque a su pecado agregó la obstinación, perseverando en aquel fin hasta un año; y más hubiese sido si Dios, teniendo piedad, no mandaba al profeta Natán a rescatarlo de aquel profundo letargo donde yacía.
    
A las palabras del hombre de Dios y a la intimación de los males que le vendrían en castigo de su pecado, al final se despertó, abrió los ojos, entró en sí mismo, conoció su gran fallo y lo confesó ante el profeta y lo lloró ante Dios y mientras vivió hizo asperísima penitencia. Afligió con cilicio su carne: Ego áutem indúebar cilício (Ps. XXXIV, 13). Se maceró con ayunos: Humiliábam in jejúnio ánimam meam (Ibid.). Esparcía de ceniza las viandas de la mesa real: Cínerem támquam panem manducábam (Ps. CI, 10). Y porque al sus ojos detenerse a mirar una beldad peligrosa le fueron las primeras guías a la transgresión de la Divina Ley, los condenó a volverse fuentes de lágrimas penitentes: Éxitus, o como otros leen, Fontes aquárum deduxérunt óculi mei, quia non custodíerunt legem tuam (Ps. CXVIII, 136). Y si una noche pecó manchando la fe del tálamo conyugal, para cancelar esta mancha lavó su lecho con llanto amargo todas las noches de su vida: Lavábo per síngulas noctes lectum meum, lácrymis meis stratum meum rigábo (Ps. VI, 6). Gran ejemplo de penitencia en un rey de tan alto dominio y también gran confusión de aquellos cristianos, los cuales después de haber bebido la iniquidad como agua, cuando se reducen a penitencia no saben exprimir un suspiro de su corazón, ni de sus ojos una lágrima. Y como han relatado en secreto al Sacerdote sus culpas y recitado aquellas pocas preces que les son impuestas por penitencia, creen haber satisfecho enteramente a Dios tan gravemente ofendido, al prójimo de ellos escandalizado y a sí mismos deudores de tan grande suma. No hizo así ciertamente el rey David.
   
Él, más allá de la penitencia secreta de su pecado (si se puede decir secreto lo que hace un rey, a los ojos de su corte), quiso más hacer público al mundo su arrepentimiento. A este fin compuso y dejó a la posteridad el Salmo quincuagésimo, que nosotros llamamos el Miserére, a fin que si todo el reino cayó en escándalo por su vergonzosa caída, todos, presentes y futuros, supiesen cuán altamente estaba arrepentido y por él aprendiesen cómo arrepentirse de sus pecados y pedir a Dios misericordia; o si lo habían imitado como pecador, lo imitasen aún como penitente, que fue precisamente la respuesta que diera San Ambrosio a Teodosio emperador luego que este con el ejemplo de la caída de David excusábase de la matanza que hizo en Tesalónica: Qui secútus es errátem, seqúere pœniténtem. La Iglesia llama feliz la caída de Adán porque mereció tener a Cristo como su reparador. Yo no diré feliz la caída de David, sino que diré felices nosotros los cuales tenemos en él pœniténtiæ typum como lo dice San Cirilo Jerosolimitano y que por este gran ejemplar de penitencia podamos aprender el modo de llorar y de arrepentirnos de nuestros fallos. Llora el Santo Rey y hasta ahora sigue a llorar su pecado en este su Salmo y cuantos en el mundo Cristiano lloran sus culpas, de él toman su voz, los sentimientos y los afectos. Su dolor lo hace propio de cada uno. Todos lloran con él y él llora con todos. No se oye otra cosa en boca de los penitentes fieles que el Miserére. Esto lo cantan hasta las mujeres y los niños. De esto resuenan nuestros templos y en los días más santos aún las plazas y las calles. Y parece que en la Iglesia no se sepa hacerse un acto público de penitencia que no se entone este dolentísimo Salmo, el cual con razón entre los siete penitenciales tiene el lugar del medio como el Sol entre los siete planetas […] como decía San Agustín: no debería ningún Cristiano dirigirse al fin de la vida si antes no ha hecho penitencia y no ha llorado sus culpas. Y como el Santo enseñó a los otros, así lo practicó para sí mismo. Porque después de haber llorado en vida todos los fallos de su lúbrica juventud y haber con más lágrimas que con tinta escrito y publicado al mundo los libros de sus Confesiones, relata Posidonio en su vida que cuando le sobrellegó su última enfermedad, se hizo poner en torno a su lecho escritos a grandes caracteres los Salmos Penitenciales de David y los iba leyendo y al leerlos, de sus ojos salían ríos de llanto. No quiso acabar de llorar sino con el fin de su vida. Avecinándose pues el fin de mi mortal peregrinación, no he creído gastar mejor este último que en la meditación de este Salmo, ocupándome todo en pensamientos y afectos de penitencia. Y he querido con la imprenta hacerlos comunes a todos a fin que cada uno antes de morir bramase de llorar sus culpas y antes de comparecer ante el severo Tribunal del Divino Juez, deseando aplacarlo con actos verdaderos de contrición, tenga aquí dispuesto el modo de hacerlo a modo de este Real Penitente, el cual por su penitencia mereció ser el Padre del futuro Mesías y que de su estirpe naciese el Salvador del Mundo. No sin razón el Papa San Gregorio nos lo propone para imitar en el comentario que hizo de este Salmo: Quísquis désperans de vénia, ágere pœniténtiam dúbitat, Davídem pœniténtem ad ánimum redúcat. Audiámus David clamántem, et nos cum eo clamémus. Audiámus geméntem, et congemiscámus. Audiámus flentem, et lacrymémur (Quien, desesperando del perdón, duda de hacer penitencia, llame a su alma a David penitente. Oigamos a David que clama, y con él clamemos. Oigámoslo gimiente, y con él gimamos. Oigámoslo llorar, y lloremos). Hasta aquí el Pontífice.

PADRE ALESSANDRO DIOTALLEVI SJL’idea di un vero penitente ravvisata nel penitente re Davide da lui espressa nel salmo cinquantesimo e proposta ad ogni penitente cristiani, Introducción. Viena, imprenta de Matías Andrés Schmidt, 1804.

domingo, 29 de diciembre de 2019

MISA EN HONOR A SAN DAVID, REY DE ISRAEL Y PROFETA

Del Misal Propio de Jerusalén.

Die 29 Decembis
Sancti David Regis, Prophétæ et Confessoris
Duplex majus
 
Introitus. Ps. 97, 1. Cantáte Dómino cánticum novum, quia mirabília fecit Dóminus: ante géntium revelávit justítiam suam. Ps. Ibid. Salvávit sibi déxtera ejus: et bráchium sanctum ejus. ℣. Glória Patri.
  
ORATIO
Deus, Pater omnípotens, qui per os David in Spíritu Sancto tuo hymnos cantáre fecísti: tríbue, quǽsumus: ut ejus intercessióne digne sacrifícium láudis perfícere valeámus. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte ejúsdem Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
  
Commemoratio S. Thomæ Becket, Martyr.
ORATIO
Deus, pro cujus Ecclésia gloriósus Póntifex Thomas gládiis impiórum occúbuit: præsta, quǽsumus, ut omnes, qui ejus implórant auxílium, petitiónis suæ salutárem consequántur efféctum.
  
Pro Octava Nativitatis.
ORATIO
Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut nos Unigéniti tui nova per carnem Natívitas líberet; quos sub peccáti jugo vetústa sérvitus tenet. Per eúndem Dóminum.
    
Léctio libri Regum.
1. Reg. 16, 4-13.
  
Venit Sámuel in Bethléhem, et admiráti sunt senióres civitátis occurréntes ei: dixéruntque: Pacíficus ne est ingréssus tuus? Et ait: Pacíficus: ad immolándum Dómino veni: sanctificámini, et veníte mecum ut ímmolem. Sanctificávit ergo Ísai et fílios ejus, et vocávit eos ad sacrifícium. Cumque ingréssi essent, vidit Éliab, et ait: Num coram Dómino est christus ejus? Et dixit Dóminus ad Samuélem: Ne respícias vultum ejus, neque altitúdinem statúræ ejus: quóniam abjéci eum, nec juxta intuítum hóminis ego júdico: homo enim videt ea quæ parent, Dóminus autem intuétur cor. Et vocávit Ísai Abínadab, et addúxit eum coram Samuéle. Qui dixit: Nec hunc elégit Dóminus. Addúxit autem Ísai Samma, de quo ait: Étiam hunc non elégit Dóminus. Addúxit ítaque Ísai septem fílios suos coram Samuéle: et ait Sámuel ad Ísai: Non elégit Dóminus ex istis. Díxitque Sámuel ad Ísai: Numquid jam compléti sunt fílii? Qui respóndit: Adhuc réliquus est párvulus, et pascit oves. Et ait Sámuel ad Ísai: Mitte, et adduc eum: nec enim discumbémus priúsquam huc ille véniat. Misit ergo, et addúxit eum. Erat autem rufus, et pulcher aspéctu, decoráque fácie: et ait Dóminus: Surge, unge eum: ipse est enim. Tulit ergo Sámuel cornu ólei, et unxit eum in médio fratrum ejus: et diréctus est spíritus Dómini a die illa in David, et deínceps. Surgénsque Sámuel ábiit in Ramátha.
    
Graduale. Ps. 88, 1. Invéni David servum meum, óleo sancto meo unxi eum; manus enim mea auxiliábitur ei, et bráchium meum confortávit eum.
℣. Nihil profíciet inimícus in eo, et fílius iniquitátis non nocébit ei.
 
Allelúja, allelúja. ℣. Judici 5, 3. Audíte, reges, áuribus percípite, príncipes, ego sum, qui Dómino canam, psallam Dómino Deo Ísraël. Allelúja.
  
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
Matth. 22, 41-44.
  
In illo tempore: Congregátis autem pharisǽis, interrogávit eos Jesus, dicens: Quid vobis vidétur de Christo? cujus fílius est? Dicunt ei: David. Ait illis: Quomódo ergo David in spíritu vocat eum Dóminum, dicens: Dixit Dóminus Dómino meo: Sede a dextris meis, donec ponam inimícos tuos scabéllum pedum tuórum?
 
Dicitur Credo ratione Octavæ.
 
Ofertorium. Ps. 24, 1. Ad te levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam: neque irrídeant me inimíci mei: étenim univérsi qui te exspéctant, non confundéntur.
  
SECRETA
Deus, qui in humilitáte flectéris et in sanctificatióne placáris, réspice benígne super cor contrítum et humiliátum Sancti David: ut, ejus exémplo, nos spíritu compunctiónis repléti sacrifícium tuum digne ófferre valeámus. Per Dóminum.
  
Commemoratio S. Thomæ Becket, Martyr.
SECRETA
Múnera tibi, Dómine, dicáta sanctífica: et, intercedénte beáto Thoma Mártyre tuo atque Pontífice, per éadem nos placátus inténde.
  
Pro Octava Nativitatis.
SECRETA
Obláta, Dómine, múnera, nova Unigéniti tui Nativitáte sanctífica: nosque a peccatórum nostrórum máculis emúnda. Per eúndem Dóminum.
  
Præfatio et Communicántes de Nativitáte, ratione Octavæ.
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: Quia per incarnáti Verbi mystérium nova mentis nostræ óculis lux tuæ claritátis infúlsit: ut, dum visibíliter Deum cognóscimus, per hunc in invisibílium amorem rapiámur. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes:
 
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cœli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
 
Communicántes, et diem sacratíssimum celebrántes, quo beátæ Maríæ intemeráta virgínitas huic mundo édidit Salvatórem: sed et memóriam venerántes, in primis ejúsdem gloriósæ semper Vírginis Maríæ, Genetrícis ejúsdem Dei et Dómini nostri Jesu Christi: sed et beatórum Apostolórum ac Mártyrum tuórum, Petri et Pauli, Andréæ, Jacóbi, Joánnis, Thomæ, Jacóbi, Philíppi, Bartholomǽi, Matthǽi, Simónis et Thaddǽi: Lini, Cleti, Cleméntis, Xysti, Cornélii, Cypriáni, Lauréntii, Chrysógoni, Joánnis et Pauli, Cosmæ et Damiáni: et ómnium Sanctórum tuórum; quorum méritis precibúsque concédas, ut in ómnibus protectiónis tuæ muniámur auxílio. Jungit manus. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
  
Communio. Ps. 88, 36. Semel jurávi in sancto meo: semen ejus in ætérnum manébit, et sedes ejus sicut sol in conspéctu meo, et sicut luna perfécta in ætérnum, et testis in cœlo fidélis.
 
POSTCOMMUNIO
Dómine Deus, cujus Unigénitus dignátus est fílius esse David; præsta, quǽsumus, ut nos participatióne hujus mystérii fliis Regis regum adoptióne aggregémur. Per eúndem Dóminum.
  
Commemoratio S. Thomæ Becket, Martyr.
POSTCOMMUNIO
Hæc nos commúnio, Dómine, purget a crímine: et, intercedénte beáto Thoma Mártyre tuo atque Pontífice, cœléstis remédii fáciat esse consórtes.

Pro Octava Nativitatis.
POSTCOMMUNIO
Præsta, quǽsumus, omnípotens Deus: ut natus hódie Salvátor mundi, sicut divínæ nobis generatiónis est auctor, ita et immortalitátis sit ipse largítor: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.

lunes, 17 de junio de 2019

EL SALMO 151, Y SU PRESENCIA EN LA LITURGIA

No, no hemos escrito mal. Existe un salmo con ese número, el cual fue compuesto en hebreo (aunque no está incluido en el Texto Masorético del Tanáj, se sabe que existieron dos versiones a juzgar por el rollo del Mar Muerto 11QPs(a), hallado en Qumram en 1956), traducido en una versión corta al griego e incorporado a la Septuaginta, con el encabezado ‘Οὗτος ὁ ψαλμὸς ἰδιόγραφος εἰς Δαυιδ καὶ ἔξωθεν τοῦἀριθμοῦ ὅτε ἐμονομάχησεν τῷ Γολιαδ’ (‘Este salmo es escrito por David, y fuera del número cuando peleó con Goliat en combate singular’), y andando el tiempo pasó, por los códices Sinaítico y Alejandrino, a las traducciones siríaca, árabe, y de la Vetus Latina.

  
San Atanasio, en una de sus cartas, recomienda este Salmo a un discípulo suyo llamado Marcelino con estas palabras: “Si, débil como eres, sin embargo eres escogido para algún puesto de autoridad entre los hermanos, no debes hincharte como pensando que eras superior a ellos, sino en cambio glorifica al Señor, quien te eligió, y canta el Salmo 151, que es especialmente el Salmo de David”. Por su parte, San Jerónimo no lo incluye en la Vulgata; y San Agustín, al comentar el salmo 150, dice;
“Hunc quinquagenárium triplum habet centésimus et quinquagésimus númerus, tamquam eum multiplicáverit Trínitas. Unde et hac causa non inconveniénter intellégimus istum númerum esse Psalmórum” [El número 150 contiene al 50 tres veces, como si lo hubiera multiplicado la Trinidad. De aquí que por este motivo no entendemos incongruentemente que éste debe ser el número de los salmos],
de donde se deduce que tampoco lo recibía dentro del canon de los Salmos.
  
Litúrgicamente, el salmo 151 es recitado diariamente en las Maitines de la Iglesia Armenia (tanto la Católica como la Ortodoxa) en una secuencia de material bíblico poético que incluye cánticos del Antiguo y Nuevo Testamento, y los Salmos 51, 148-150 y 113 (según la numeración de la Septuaginta); como también en la divina liturgia de la víspera del Ayuno de Elías. La versión armenia del Salmo 151 es cercana, con algunas variaciones, a la de la Septuaginta. Donde el verso 2 en Griego lee αἱ χεῖρές μου ἐποίησαν ὄργανον οἱ δάκτυλοί μου ἤροσαν ψαλτήριον “Mis manos hicieron un instrumento, mis dedos diseñaron la lira”, el Armenio tiene Ձերք իմ արարին զսաղմոսարանս եւ մատունք իմ կազմեցին զգործի աւրհնութեան “Mis manos hicieron las liras (La palabra armenia զսաղմոսարանս puede significar también salterios) y mis dedos diseñaron el instrumento de bendición”. Una segunda diferencia notable del Armenio es el verso 6. El texto Griego tiene καὶ ἐπικατηράσατό με ἐν τοῖς εἰδόλοις αὑτοῦ “y me maldijo por sus ídolos”; el Armenio lee եւ նզովեցի զկուռս նորա “y yo maldije sus ídolos”.
  
En la Liturgia Hispánica o Mozárabe, el Breviario Gótico sigue las reglas de San Isidoro, Obispo de Sevilla y codificador de esta liturgia, y emplea para su salterio la Vetus Latina (no la Vulgata, como su similar Romano), por lo que el Salmo 151 está presente allí, como lo explica en su edición de 1775 el cardenal Francisco Antonio de Lorenzana, Arzobispo de Toledo y Primado de todas las Españas (páginas V y VI de la introducción):
LATÍN
Juxta Vulgátam centum quinquagínta Psalmi Davídis, seu ejus Discipulórum enumerántur; tamen in nostro Psaltério Isidoriáno, et in Versióne véteri Itálica superádditur Psalmus 151, cujus inítium: Púsillus eram inter fratres meos, et adolescéntior in domo patris mei, etc., cum hac epígraphe: Hic psalmus própie scriptus in David extra númerum, cum pugnátor esset advérsus Góliam solus: et si cónferas non epígraphem sed Psalmi verba, absdúbio in Versióne véteri Itálica (nusquam in editióne Vulgáta, et áliis) éadem repéries.
   
TRADUCCIÓN (Canónigo Pedro Sobrino Vázquez, Revista Crónica Mozárabe Nº 5 -año 1981-, pág. 1):
Según la Vulgata se enumeran ciento cincuenta Salmos de David, o de sus Discípulos; sin embargo en nuestro Salterio Isidoriano, y en la Versión Antigua Itálica se añade el Salmo 151, que principia: Púsillus eram inter fratres meos, et adolescéntior in domo patris mei, etc., con este título: Hic psalmus própie scriptus in David extra númerum, cum pugnátor esset advérsus Góliam solus; y si cotejas no el título sino las palabras del Salmo, no cabe duda de que encontrarás las mismas en la Versión Antigua Itálica (jamás en la edición Vulgata, tampoco en las demás). 
    
Por su parte, en el Breviario Romano, aparece en el responsorio a la segunda lección del primer libro de los Reyes (cap. 1, 4-8), junto con 1 Reyes 17, 37 (con un texto ligeramente distinto al de la Vulgata) en las Maitines del lunes de la 1ª semana después de Pentecostés (en el Breviario de Sarum y en el de la Orden Dominica, aparecen en el primer domingo después de la Trinidad):
℟. (Ps. 151, 3-4): Deus ómnium exáuditor est: ipse misit Ángelum suum, et tulit me de óvibus patris mei; * Et unxit me unctióne misericórdiæ suæ. ℣. (1. Reg. 17, 37): Dóminus, qui erípuit me de ore leónis, et de manu béstiæ liberavit me. ℟. Et unxit me unctióne misericórdiæ suæ. [℟. Dios escucha a todos: Él envió su Ángel, y me sacó de las ovejas de mi padre; * Y me ungió con la unción de su misericordia. ℣. El Señor, que me libró de la boca del león, y de la mano de la bestia, me liberó. ℟. Y me ungió con la unción de su misericordia].
En las lenguas vernáculas, se sabe que fue traducido (junto con la Oración de Manasés, el III libro de Esdras y el Apocalipsis de Esdras -nuestro Réquiem es tomado del cap. 2, v. 34 y 35-) en la versión inglesa Douay-Rheims anterior a la revisión de Mons. Richard Challoner; pero hoy sólo se conoce en círculos intelectuales. A continuación, el salmo completo en latín y español:
LATÍN (Francisco Antonio Card. de Lorenzana, Breviárium Góthicum secúndum régulam beatíssimi Isidóri, pág. LXV)
Psalmus CLI.
HIC PSALMUS, PRÓPRIE SCRIPTUS IN DAVID, EXTRA NUMERUM, CUM PUGNÁTOR ESSET ADVÉRSUS GÓLIAM SOLUS.
Púsillus eram inter fratres meos, * et adolescéntior in domo patris mei.
Pascébam oves patris mei, * manus meæ fecérunt órganum, et dígiti mei aptavérunt psaltérium.
Et quis adnuntiábit Dómino meo? * ipse Dóminus exaudívit me.
Ipse exáuditor ómnium, * ipse misit Ángelum suum, et tulit me de óvibus patris mei, et unxit me in misericórdia unctiónis suæ.
Fratres autem mei boni, et magni: * et non fuit in eis beneplácitum Dómino.
Exívi óbviam alienígenæ, * et denutrábit me in simulácris suis.
Ego autem evagináto ab eo habens ipsíus gládio, amputávi caput ejus, * et ábstulii oppróbrium a fíliis Israël.
  
ESPAÑOL (Canónigo Pedro Sobrino Vázquez; loc. cit., pág. 2).
ESTE SALMO, FUERA DE NÚMERO, ESCRITO CON TODA PROPIEDAD PARA DAVID, CUANDO ÉL SOLO LUCHÓ CONTRA GOLIAT.
Pequeño era entre mis hermanos, y el de menor edad en casa de mi padre.
Apacentaba las ovejas de mi padre, mis manos fabricaron un instrumento musical y mis dedos se adaptaron al salterio.
Y ¿quén dará a conocer a mi Señor? El mismo Señor me escuchó.
Él, que escucha a todos, Él mismo envió a su mensajero, y me sacó de entre las ovejas, y me ungió en la misericordia de su unción.
Mis hermanos, sin embargo, eran esbeltos y fornidos, y no cayó sobre ellos el agrado del Señor.
Salí al encuentro del extranjero, y me denostó confiado en sus dioses.
Pero yo con la espada que él había desenvainado, le corté la cabeza, y quité el oprobio de los hijos de Israel.

sábado, 29 de diciembre de 2018

SAN DAVID, REY DE ISRAEL Y PROFETA

  
David era el más joven de los siete hijos de Isaí (también llamado Jesé), de la tribu de Judá. Era muy joven cuando Samuel fue enviado por Dios a la casa de su padre para consagrarlo rey en lugar de Saúl. Llamado de la montaña donde apacentaba el rebaño de su padre, vino a la presencia de Samuel que, con óleo bendito, le consagró rey en medio de sus hermanos.
  
Desde aquel día el espíritu del Señor se posó de manera particular sobre David. Al contrario, Saúl fue asaltado por un espíritu de tristeza y melancolía que frecuentemente lo hacía enfurecerse. David tañía el arpa con gran maestría y cantaba bien: fue por tanto llamado a la corte, hecho escudero y con la armonía del sonido y con la melodía del canto disipaba la tristeza de Saúl.
  
Mientras David se encontraba en la corte, hubo guerra entre los Israelitas y los Filisteos. Para evitar derramamiento de sangre, un hombre filisteo, de más de tres metros de altura, llamado Goliat, avanzaba hacia los Israelitas diciendo: “Si alguno hay entre vosotros que quiera venir a batirse conmigo, avance”. Luego decía: “Yo hoy desprecio a las huestes del Dios de Israel”. Y así estuvo 40 días.
  
Oyólo David, y exclamó: “¿Quién es este incircunciso que osa insultar al pueblo del Señor? Yo iré a combatir contra él”. Tomó la honda y el bastón, salió al encuentro del gigante, y con la honda lanzó una piedra que golpeó a Goliat en la frente y lo hizo caer a tierra. David fue sobre él, le quitó la espada y le cortó la cabeza. Saúl no se alegró por la victoria, sino que, preso de envidia, buscaba la muerte de David, que para evitarla iba por los desiertos exclamando: “Quien confía en el Altísimo vive seguro y nada teme”.
  
Muerto Saúl, David condujo con gran celo al pueblo en la virtud y el temor de Dios. Dio esplendor al culto divino; y, edificando un magnífico pabellón sobre el monte Sion, hizo transportar allí el Arca de la Alianza.
  
Pecó también, pero lloró sus pecados, hizo penitencia, reprendido por el profeta Natán, detestó sus errores y aceptó la punición de Dios.
  
Cercano a la muerte, llamó a su hijo Salomón y le dijo: “Mi querido, camina en las vías del Señor, observa sus mandamientos y Él te concederá un feliz suceso en tus empresas”. Poco después acabó en paz sus días.
  
Altísimo poeta, cantó del dolor, el arrepentimiento, la esperanza y la fe, en los ciento cincuenta Salmos. Como profeta, vio en la alta mente iluminada por Dios al Justo condenado, muerto y triunfante, y mil años antes narró al mundo la Pasión y la Resurrección de Cristo.
  
ANTONIO GALUZZI
  
ORACIÓN (Del Misal de Tierra Santa)
Oh Dios Padre omnipotente, que hiciste que la boca de David cantase himbos inspirados por tu Espíritu Santo: haz que por su intercesión podamos cumplir dignamente este sacrificio de alabanza. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

LOS QUINCE SALMOS GRADUALES

Presentamos una práctica litúrgica y devocional poco conocida de la mayoría de los fieles (y como novedad, la tradujimos al Español, empleando para los salmos la versión de Mons. Félix Torres Amat) y que puede rezarse con mucho fruto espiritual y provecho de los difuntos. Se trata de los 15 Salmos Graduales (o “de la Subida” llamados así por la inscripción hebrea שִׁיר הַמַּעֲלוֹת -Shir hamma'alot-, y en la Septuaginta griega ᾿Οιδὴ τῶν ἀναβαθμῶν. San Jerónimo lo traduce en la Vulgata como “Cánticum Gráduum” y a su vez, Mons. Torres Amat, el Colegio Inglés de Douay y otros lo llaman como “Cánticos Graduales”; aunque Schökel lo vierte como “Cánticos de Peregrinación”), que desde el siglo XIII se recitan en sufragio de los fieles difuntos, para que los viatores, mediante el ejercicio de las virtudes -especialmente la Caridad-, puedan pronto pasar de este valle de lágrimas hacia la Jerusalén celestial (de la cual la peregrinación a Sión temporal es figura), como señala el Cœléste Palmétum:
“figúras fuísse ascensiónis Electórum, qui per gradus virtútum, ac præcípue charitátis, de valle lacrymárum ad cæléstem Jerúsalem ascéndunt”.
   
Casi nadie se atreve a negar la davídica paternidad sobre estos salmos, mas su simbología es discutida: Teodoreto de Ciro, San Beda y San Eutimio consideran que representan y anuncian el retorno de los judíos desde Babilonia a Jerusalén, representando el camino del alma desde la cautividad del mundo hacia la visión beatífica en la Gloria; mientras que Guillermo Durando plantea que fueron compuestos para la entrada del Arca de la Alianza al Templo construido por el rey Salomón, de modo que cada descanso en las gradas se recitaba un salmo (el Templo de Salomón tenía quince gradas para su acceso, según San Agustín). El padre Antonio Lobera y Abio, en su libro “El por qué de todas las ceremonias de la Iglesia y sus misterios”, plantea que al ser el Arca un tipo o imagen de Santa María, los Quince Salmos prefiguran los quince misterios del Santo Rosario, y cómo darle gracias a Dios Uno y Trino porque nos aparta de todo lo malo y nos conserva en su amistad.
  
Estos salmos son rezados habitualmente antes de Maitines en el coro conventual o capítulo catedralicio (así lo prescribía el Oficio Divino, aunque San Pío X eliminó su obligatoriedad), pero fuera de los precitados lugares, puede ser en cualquier momento del día (desde San Pío V existe esta facultad). Algunos lo rezan al toque de ánimas, o después de las oraciones nocturnas. En este mes de Noviembre, dedicado a la Iglesia purgante, acordémonos especialmente de las Benditas Ánimas del Purgatorio y acostumbrémonos a rezar por ellas frecuentemente. Las ánimas benditas son muy agradecidas y así ejercemos la comunión de los santos en su favor.
 
QUINDÉCIM PSALMI GRADUÁLES
(Ps. 119 usque 133 inclusive)
  
Sicubi recitentur in Choro, congrue dicuntur ante Matutinum diei; extra Chorum vero pro temporis opportunitate. Primi quinque Psalmi dicuntur sine Glória Patri, sed in fine ultimi dicitur Réquiem ætérnam.
 
Psalmus 119
Ad Dóminum cum tribulárer clamávi: et exaudívit me.
Dómine, líbera ánimam meam a lábiis iníquis, et a lingua dolósa.
Quid detur tibi, aut quid apponátur tibi ad linguam dolósam?
Sagíttæ poténtis acútæ, cum carbónibus desolatóriis.
Heu mihi, quia incolátus meus prolongátus est: habitávi cum habitántibus Cedar: multum íncola fuit ánima mea.
Cum his, qui odérunt pacem, eram pacíficus: cum loquébar illis, impugnábant me gratis.
  
Psalmus 120
Levávi óculos meos in montes, unde véniet auxílium mihi.
Auxílium meum a Dómino, qui fecit cælum et terram.
Non det in commotiónem pedem tuum: neque dormítet qui custódit te.
Ecce, non dormitábit neque dórmiet, qui custódit Israël.
Dóminus custódit te, Dóminus protéctio tua, super manum déxteram tuam.
Per diem sol non uret te: neque luna per noctem.
Dóminus custódit te ab omni malo: custódiat ánimam tuam Dóminus.
Dóminus custódiat intróitum tuum, et éxitum tuum: ex hoc nunc, et usque in sǽculum.
  
Psalmus 121
Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: In domum Dómini íbimus.
Stantes erant pedes nostri, in átriis tuis, Jerúsalem.
Jerúsalem, quæ ædificátur ut cívitas: cujus participátio ejus in idípsum.
Illuc enim ascendérunt tribus, tribus Dómini: testimónium Israël ad confiténdum nómini Dómini.
Quia illic sedérunt sedes in judício, sedes super domum David.
Rogáte quæ ad pacem sunt Jerúsalem: et abundántia diligéntibus te:
Fiat pax in virtúte tua: et abundántia in túrribus tuis.
Propter fratres meos, et próximos meos, loquébar pacem de te:
Propter domum Dómini, Dei nostri, quæsívi bona tibi.
 
Psalmus 122
Ad te levávi óculos meos, qui hábitas in cælis.
Ecce, sicut óculi servórum in mánibus dominórum suórum,
Sicut óculi ancíllæ in mánibus dóminæ suæ: ita óculi nostri ad Dóminum, Deum nostrum, donec misereátur nostri.
Miserére nostri, Dómine, miserére nostri: quia multum repléti sumus despectióne:
Quia multum repléta est ánima nostra: oppróbrium abundántibus, et despéctio supérbis.
 
Psalmus 123
Nisi quia Dóminus erat in nobis, dicat nunc Israël: nisi quia Dóminus erat in nobis,
Cum exsúrgerent hómines in nos, forte vivos deglutíssent nos:
Cum irascerétur furor eórum in nos, fórsitan aqua absorbuísset nos.
Torréntem pertransívit ánima nostra: fórsitan pertransísset ánima nostra aquam intolerábilem.
Benedíctus Dóminus qui non dedit nos in captiónem déntibus eórum.
Ánima nostra sicut passer erépta est de láqueo venántium:
Láqueus contrítus est, et nos liberáti sumus.
Adjutórium nostrum in nómine Dómini, qui fecit cælum et terram.
 
℣. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine.
℟. Et lux perpétua lúceat eis.
   
Postea dicitur flexis genibus:
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie, eléison.
  
Secreto:  Pater noster, qui es in Cœlis, sanctificétur Nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat Volúntas tua, sicut in Cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie, et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris.
℣. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo.
  
℣. A porta Ínferi.
℟. Érue, Dómine, ánimas eórum.
 
℣. Requiéscant in pace.
℟. Amen.
 
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
  
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
 
Orémus.
ORATIO
Absólve, quǽsumus, Dómine, ánimas famulórum famularúmque tuárum et ómnium fidélium defunctórum, ab omni vínculo delictórum: ut, in resurrectiónis glória, ínter Sanctos et eléctos tuos resuscitáti respírent. Per Chrístum Dóminum nostrum. ℟. Amen.
   
Post Orationem statim dicuntur alii Psalmi Graduales qui sequuntur; et in fine cujuslibet Psalmi dicitur Glória Patri.
  
Psalmus 124
Qui confídunt in Dómino, sicut mons Sion: non commovébitur in ætérnum, qui hábitat in Jerúsalem.
Montes in circúitu ejus: et Dóminus in circúitu pópuli sui, ex hoc nunc et usque in sǽculum.
Quia non relínquet Dóminus virgam peccatórum super sortem justórum: ut non exténdant justi ad iniquitátem manus suas.
Bénefac, Dómine, bonis, et rectis corde.
Declinántes autem in obligatiónes addúcet Dóminus cum operántibus iniquitátem: pax super Israël.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
Psalmus 125
In converténdo Dóminus captivitátem Sion: facti sumus sicut consoláti:
Tunc replétum est gáudio os nostrum: et lingua nostra exsultatióne.
Tunc dicent inter gentes: Magnificávit Dóminus fácere cum eis.
Magnificávit Dóminus fácere nobíscum: facti sumus lætántes.
Convérte, Dómine, captivitátem nostram, sicut torrens in Austro.
Qui séminant in lácrimis, in exsultatióne metent.
Eúntes ibant et flebant, mitténtes sémina sua.
Veniéntes autem vénient cum exsultatióne, portántes manípulos suos.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
Psalmus 126
Nisi Dóminus ædificáverit domum, in vanum laboravérunt qui ædíficant eam.
Nisi Dóminus custodíerit civitátem, frustra vígilat qui custódit eam.
Vanum est vobis ante lucem súrgere: súrgite postquam sedéritis, qui manducátis panem dolóris.
Cum déderit diléctis suis somnum: ecce heréditas Dómini fílii: merces, fructus ventris.
Sicut sagíttæ in manu poténtis: ita fílii excussórum.
Beátus vir, qui implévit desidérium suum ex ipsis: non confundétur cum loquétur inimícis suis in porta.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
   
Psalmus 127
Beáti, omnes, qui timent Dóminum, qui ámbulant in viis ejus.
Labóres mánuum tuárum quia manducábis: beátus es, et bene tibi erit.
Uxor tua sicut vitis abúndans, in latéribus domus tuæ.
Fílii tui sicut novéllæ olivárum, in circúitu mensæ tuæ.
Ecce, sic benedicétur homo, qui timet Dóminum.
Benedícat tibi Dóminus ex Sion: et vídeas bona Jerúsalem ómnibus diébus vitæ tuæ.
Et vídeas fílios filiórum tuórum, pacem super Israël.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
 
Psalmus 128
Sæpe expugnavérunt me a juventúte mea, dicat nunc Israël.
Sæpe expugnavérunt me a juventúte mea: étenim non potuérunt mihi.
Supra dorsum meum fabricavérunt peccatóres: prolongavérunt iniquitátem suam.
Dóminus justus concídit cervíces peccatórum: confundántur et convertántur retrórsum omnes, qui odérunt Sion.
Fiant sicut fœnum tectórum: quod priúsquam evellátur, exáruit:
De quo non implévit manum suam qui metit, et sinum suum qui manípulos cólligit.
Et non dixérunt qui præteríbant: Benedíctio Dómini super vos: benedíximus vobis in nómine Dómini.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
Postea dicitur flexis genibus:
Kýrie, eléison. Christe, eléison. Kýrie, eléison.
  
Secreto:  Pater noster, qui es in Cœlis, sanctificétur Nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat Volúntas tua, sicut in Cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie, et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris.
℣. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo.
 
℣. Meménto Congregatiónis tuæ.
℟. Quam possedísti ab inítio.
 
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
  
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
 
Orémus.
ORATIO
Deus, cui próprium est miseréri semper et párcere: súscipe deprecatiónem nostram; ut nos, et omnes fámulos tuos, quos delictórum caténa constríngit, miserátio tuæ pietátis cleménter absólvat. Per Christum Dominum nostrum. ℟. Amen.
 
Post Orationem statim, dicuntur alii Psalmi Graduales qui sequuntur; et in fine cujuslibet Psalmi dicitur Glória Patri.
 
Psalmus 129
De profundis clamávi ad te, Dómine: Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: sperávit ánima mea in Dómino.
A custódia matutína usque ad noctem: speret Israël in Dómino.
Quia apud Dóminum misericórdia: et copiósa apud eum redémptio.
Et ipse rédimet Israël, ex ómnibus iniquitátibus ejus.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
Psalmus 130
Dómine, non est exaltátum cor meum: neque eláti sunt óculi mei.
Neque ambulávi in magnis: neque in mirabílibus super me.
Si non humíliter sentiébam: sed exaltávi ánimam meam:
Sicut ablactátus est super matre sua, ita retribútio in ánima mea.
Speret Israël in Dómino, ex hoc nunc et usque in sǽculum.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
 
Psalmus 131
Meménto, Dómine, David, et omnis mansuetúdinis ejus:
Sicut jurávit Dómino, votum vovit Deo Jacob:
Si introíero in tabernáculum domus meæ, si ascéndero in lectum strati mei:
Si dédero somnum óculis meis, et pálpebris meis dormitatiónem:
Et réquiem tempóribus meis: donec invéniam locum Dómino, tabernáculum Deo Jacob.
Ecce, audívimus eam in Éphrata: invénimus eam in campis silvæ.
Introíbimus in tabernáculum ejus: adorábimus in loco, ubi stetérunt pedes ejus.
Surge, Dómine, in réquiem tuam, tu et arca sanctificatiónis tuæ.
Sacerdótes tui induántur justítiam: et sancti tui exsúltent.
Propter David, servum tuum, non avértas fáciem Christi tui.
Jurávit Dóminus David veritátem, et non frustrábitur eam: De fructu ventris tui ponam super sedem tuam.
Si custodíerint fílii tui testaméntum meum, et testimónia mea hæc, quæ docébo eos:
Et fílii eórum usque in sǽculum, sedébunt super sedem tuam.
Quóniam elégit Dóminus Sion: elégit eam in habitatiónem sibi.
Hæc réquies mea in sǽculum sǽculi: hic habitábo quóniam elégi eam.
Víduam ejus benedícens benedícam: páuperes ejus saturábo pánibus.
Sacerdótes ejus índuam salutári: et sancti ejus exsultatióne exsultábunt.
Illuc prodúcam cornu David, parávi lucérnam Christo meo.
Inimícos ejus índuam confusióne: super ipsum autem efflorébit sanctificátio mea.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
 
Psalmus 132
Ecce quam bonum et quam jucúndum, habitáre fratres in unum:
Sicut unguéntum in cápite, quod descéndit in barbam, barbam Aaron,
Quod descéndit in oram vestiménti ejus: sicut ros Hermon, qui descéndit in montem Sion.
Quóniam illic mandávit Dóminus benedictiónem, et vitam usque in sǽculum.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
Psalmus 133
Ecce nunc benedícite Dóminum, omnes servi Dómini:
Qui statis in domo Dómini, in átriis domus Dei nostri.
In nóctibus extóllite manus vestras in sancta, et benedícite Dóminum.
Benedícat te Dóminus ex Sion, qui fecit cælum et terram.
℣. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto.
℟. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
 
Postea dicitur flexis genibus:
Kýrie, eléison. Christe, eléison. Kýrie, eléison.
  
Secreto:  Pater noster, qui es in Cœlis, sanctificétur Nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat Volúntas tua, sicut in Cœlo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie, et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris.
℣. Et ne nos indúcas in tentatiónem.
℟. Sed líbera nos a malo.
 
℣. Salvos fac servos tuos.
℟. Deus meus, sperántes in te.
  
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
  
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.
 
Orémus
ORATIO
Præténde, Dómine, fámulis et famulábus tuis déxteram cæléstis auxílii: ut te toto corde perquírant, et quæ digne postúlant, conséqui mereántur. Per Christum Dóminum nostrum. ℟. Amen.
  
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LOS QUINCE SALMOS GRADUALES
   
Si son recitados en el Coro, se dicen antes de las Maitines; pero fuera del Coro, en el momento que mejor se considere. Los primeros cinco Salmos se recitan sin Glória Patri, pero al final del último de éstos, decir el Réquiem.
  
Salmo 119
Clamé al Señor en mi tribulación, y me atendió.
Libra, oh Señor, mi alma de los labios inicuos, y de la lengua dolosa.
¿Qué se te dará, o qué fruto sacarás de tus calumnias, oh lengua fraudulenta?
El ser traspasada con agudas saetas, vibradas por una mano robusta, y ser arrojada en un fuego devorador.
¡Ay de mí, que mi destierro se ha prolongado! Habitado he entre los moradores de Cedar: largo tiempo ha estado mi alma peregrinando.
Yo era pacífico con los que aborrecían la paz; pero ellos, así que les hablaba, se levantaban contra mí sin motivo alguno.
 
Salmo 120
Alcé mis ojos hacia los montes de Jerusalén, de donde me ha de venir el socorro.
Mi socorro viene del Señor que creó el cielo y la tierra.
No permitirá que resbalen tus pies, oh alma mía; ni se adormecerá aquel que te está guardando.
No por cierto, no se adormecerá, ni dormirá el que guarda a Israel.
El Señor es el que te custodia: el Señor está a tu lado para defenderte.
Ni de día el sol te quemará, ni de noche te dañará la luna.
El Señor te preservará de todo mal: guardará el Señor tu alma.
El Señor te guardará en todos los pasos de tu vida, desde ahora y para siempre.
  
Salmo 121
Gran contento tuve cuando se me dijo: Iremos a la Casa del Señor.
En tus atrios descansarán nuestros pies, oh Jerusalén.
Jerusalén, la cual se va edificando como una ciudad, cuyas partes o habitantes están en perfecta y mutua unión.
Allá subirán las tribus, todas las tribus del Señor, según la ordenanza dada a Israel, para tributar alabanzas al nombre del Señor.
Allí se establecerán los tribunales para ejercerse la justicia, el trono para la casa de David.
Pedid a Dios los bienes de la paz para Jerusalén, y decid: Vivan en la abundancia los que te aman, oh ciudad santa.
Reine la paz dentro de tus muros, y la abundancia en tus torres o palacios.
Por amor de mis hermanos y de mis prójimos, he pedido yo la paz y prosperidad para ti.
Por respeto a la Casa del Señor Dios nuestro te procuré tantos bienes.
 
Salmo 122
A ti, Señor, que habitas en los cielos, levanté mis ojos.
Como los ojos de los siervos están mirando siempre las manos o insinuaciones de sus amos:
Como la esclava tiene fijos sus ojos en la manos de su señora; así nuestros ojos están clavados en el Señor Dios nuestro, para moverle a que se apiade de nosotros.
Apiádate, Señor, ten misericordia de nosotros, porque estamos muy hartos de oprobios:
Llena de ellos está nuestra alma, hecha la mofa de los ricos, y el escarnio de los soberbios.
 
Salmo 123
A no haber estado el Señor con nosotros, confiéselo ahora Israel, a no haber estado el Señor a favor nuestro,
Cuando arremetieron las gentes contra nosotros, nos hubieran sin duda tragado vivos:
Hubiérannos infaliblemente sumergido las aguas, entonces que se inflamó su furor contra nosotros.
Pero ha vadeado nuestra alma el torrente. Seguramente sin el socorro del Señor no hubiera podido vadear unas aguas tan profundas.
Bendito sea el Señor, que no permitió que fuésemos presa de sus rabiosos dientes.
Nuestra alma, o vida, escapó cual pájaro del lazo de los cazadores:
Fue roto el lazo, y nosotros quedamos libres.
Nuestro socorro viene del nombre del Señor, creador del cielo y de la tierra.
  
℣. Dales, Señor, el descanso eterno.
℟. Y brille para ellos la luz perpetua.
   
De rodillas:
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
  
En voz baja:  Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea el tu Nombre. Venga a nos el tu Reino. Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
℣. Y no nos dejes caer en la tentación.
℟. Mas líbranos del mal.
  
℣. De las puertas del Infierno.
℟. Libra, Señor, sus almas.
 
℣. Descansen en paz.
℟. Amén.
 
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.
  
℣. El Señor esté con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
 
Oremos.
  
ORACIÓN
Absolved, os suplicamos, Señor, las almas de vuestros servidores y servidoras, y las de todos los fieles difuntos, de todo vínculo de sus pecados: para que, en la gloria de la resurrección, respiren entre vuestros Santos y elegidos resucitados. Por J. C. N. S. ℟. Amén.
   
Finalizada la Oración, recitar los Salmos Graduales que siguen; y finalizado cada Salmo decir el Glória Patri.
  
Salmo 124
Los que ponen en el Señor su confianza, estarán firmes como el monte de Sion: nunca jamás será derrocado el morador de Jerusalén.
Circuida está Jerusalén de montes, y el Señor es el antemural de su pueblo desde ahora y para siempre.
Porque no dejará el Señor sujeto ya por largo tiempo al dominio de los pecadores el linaje de los justos; para que agobiados no se echen al partido de la iniquidad.
Bendice, oh Señor, a los buenos, y a los rectos de corazón.
Pero a los que se desvían por caminos torcidos, envolverlos ha el Señor con los malhechores. La paz de Dios estará sobre Israel.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Salmo 125
Cuando el Señor hará volver a Sion los cautivos, será indecible nuestro consuelo.
Entonces rebosará de gozo nuestra boca, y de júbilo nuestra lengua.
Diráse entonces entre las naciones: Grandiosas cosas ha hecho por ellos el Señor.
, cosas grandes ha obrado el Señor a favor nuestro: inundados estamos de gozo.
Pero, Señor, libra de la esclavitud a los demás de nuestros hermanos cautivos: vuelvan como torrentes al soplo del Mediodía.
Aquellos que sembraban con lágrimas, segarán llenos de júbilo.
Cuando iban, esparcían llorando sus semillas:
Mas cuando vuelvan, vendrán con gran regocijo, trayendo las gavillas de sus mieses.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Salmo 126
Si el Señor no es el que edifica la casa, en vano se fatigan los que la fabrican.
Si el Señor no guarda la ciudad, inútilmente se desvela el que la guarda.
En vano será el levantaros antes de amanecer: levantaos después de haber descansado, y acudid al Señor los que coméis pan de lágrimas.
Mientras concede Dios el sueño y reposo a sus amados, he aquí que les viene del Señor la herencia, los hijos, las ganancias, y las crías de los ganados.
Como las flechas en mano de un hombre robusto; así los hijos de los justos atribulados.
Dichoso aquel varón que ve cumplidos sus deseos con respecto a tales hijos: no quedará confundido, cuando hubiere de tratar con sus enemigos en las puertas o tribunales.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Salmo 127
Bienaventurados todos aquellos que temen al Señor, que andan por sus santos caminos.
Dichoso tú, oh justo; porque comerás en paz el fruto del trabajo de tus manos: dichoso serás, y todo te irá bien.
Tu esposa será como una parra fecunda en el recinto de tu casa:
Alrededor de tu mesa estarán tus hijos como pimpollos de olivos.
Tales serán las bendiciones del hombre que teme al Señor.
El Señor te bendiga desde Sion, para que contemples los bienes de Jerusalén, y disfrutes de ellos todos los días de tu vida,
Y veas a los hijos de tus hijos, y la paz en Israel.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Salmo 128
Muchas veces me han asaltado los enemigos desde mi tierna edad; dígalo ahora Israel:
Muchas veces me han asaltado desde mi tierna edad; pero no han podido conmigo.
Sobre mis espaldas descargaron crudos golpes los pecadores: por largo tiempo me hicieron sentir su injusticia o tiranía,
El Señor empero que es justo, ha cortado o aplastado la cabeza a los pecadores: confundidos sean, y puestos en fuga todos los que aborrecen a Sion.
Sean como yerba de tejados, la cual antes de ser arrancada, se seca:
De la que nunca llenó su puño el segador, ni sus brazos el que recoge los manojos;
Ni dijeron los pasajeros: La bendición del Señor continúe sobre vosotros, os la deseamos en el nombre del Señor.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
De rodillas:
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
  
En voz baja:  Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea el tu Nombre. Venga a nos el tu Reino. Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
℣. Y no nos dejes caer en la tentación.
℟. Mas líbranos del mal.
  
℣. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia.
℟. Que es desde el principio tu herencia.
 
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.
  
℣. El Señor esté con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
 
Oremos.
  
ORACIÓN
Oh Dios, de quien es propio usar siempre de misericordia y de perdón; recibid nuestra súplica, para que a nosotros, y a todos vuestros siervos que se hallan aprisionados con la cadena de sus delitos, los liberte vuestra misericordia, usando con ellos y con nosotros de piedad. Por J. C. N. S. ℟. Amén.
   
Finalizada la Oración, recitar los Salmos Graduales que siguen; y finalizado cada Salmo decir el Glória Patri.
  
Salmo 129
Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos a la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor.

En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma: En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer hasta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟.
Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Salmo 130
Oh Señor, no se ha engreído mi corazón, ni mis ojos se han mostrado altivos.
No he aspirado a cosas grandes, ni a cosas elevadas sobre mi capacidad.
Si yo no he sentido bajamente de mí, sino que al contrario se ha ensoberbecido mi ánimo,
Como el niño recién destetado está penando en los brazos de su madre; tal sea la pena dentro de mi corazón.
Espere Israel en el Señor, desde ahora y por siempre jamás.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟.
Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 
   
Salmo 131
Acuérdate de David, oh Señor, y de toda su gran mansedumbre:
De cómo juró al Señor, e hizo voto al Dios de Jacob, diciendo:
No me meteré yo al abrigo de mi casa: no subiré a reposar en mi lecho:
No pegaré mis ojos, ni cerraré mis párpados,
Ni reclinaré mis sienes, hasta que tenga una habitación para el Señor, un tabernáculo para el Dios de Jacob.
Nosotros hemos oído que su morada estaba antes en Silo, tierra de Efrata: la hallamos después en Cariatiarim o Campos de la selva.
Entraremos, pues, en su pabellón: adoraremos la peana de sus pies, y le diremos:
Oh Señor, levántate, y ven al lugar de tu morada, tú y el Arca en que brilla tu santidad.
Revístanse de justicia o santidad tus sacerdotes, y regocíjense tus santos.
Por amor de David, siervo tuyo, no apartes tu rostro de tu Ungido.
Juró el Señor a David esta promesa, que no retractará: Colocaré sobre tu trono a tu descendencia.
Con tal que tus hijos sean fieles a mi alianza y a los preceptos que yo les enseñaré,
Aun los hijos de estos ocuparán tu trono para siempre.
Porque el Señor ha escogido para sí a Sion; la ha elegido para habitación suya, diciendo:
Este es para siempre el lugar de mi reposo: aquí habitaré, porque este es el sitio que me he escogido.
Colmaré de bendiciones a sus viudas; hartaré de pan a sus pobres.
Revestiré a sus sacerdotes de santidad; y sus santos o fieles siervos saltarán de júbilo.
Aquí haré florecer el cetro de David: preparada tengo una antorcha a mi Ungido, esto es, el Mesías que nacerá de su linaje para iluminar al mundo.
A sus enemigos los cubriré de oprobio; mas en él brillará la gloria de mi propia santidad.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟.
Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 
      
Salmo 132
¡Oh cuán buena y cuán dulce cosa es el vivir los hermanos en mutua unión!
Es como el oloroso perfume, que derramado en la cabeza, va destilando por la respetable barba de Aarón,
Y desciende hasta la orla de su vestidura: como el rocío que cae sobre el monte Hermón, como el que desciende sobre el monte Sion.
Pues allí donde reina la concordia, derrama el Señor sus bendiciones y vida sempiterna.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟.
Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 
       
Salmo 133
Ea pues, bendecid al Señor ahora mismo, vosotros todos, oh siervos del Señor.
Vosotros los que asistís en la Casa del Señor, en los atrios del Templo de nuestro Dios,
levantad por las noches vuestras manos hacia el Santuario, y alabad al Señor.
Bendígate desde Sion el Señor que creó el cielo y la tierra.
℣. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
℟. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
De rodillas:
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
  
En voz baja:  Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea el tu Nombre. Venga a nos el tu Reino. Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.
℣. Y no nos dejes caer en la tentación.
℟. Mas líbranos del mal.
 
℣. Salva a tus siervos.
℟. Que esperan en ti, Dios mío.
 
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.
  
℣. El Señor esté con vosotros.
℟. Y con tu espíritu.
 
Oremos.
  
ORACIÓN
Cubrid, Señor, con la diestra de vuestro celestial auxilio a vuestros siervos y siervas; para que con todo su corazón busquen y merezcan conseguir lo que dignamente piden. Por J. C. N. S. ℟. Amén.

viernes, 1 de enero de 2016

ACTOS DE REPARACIÓN PARA EL AÑO NUEVO

Nochevieja y Año nuevo: Dos palabras que implican dos situaciones distintas para el mundo y para los creyentes: 
  • Para el mundo, estas fechas representan toda clase de licencias y de desórdenes so pretexto de celebrar el cambio del calendario seglar (realmente nunca falta un pretexto para la disipación en cualquier época del año. Si no, mirad la Semana Santa, que muchos la toman como "Parranda Santa"). 
  • Para nosotros, los Cristianos, debe ser un espacio de acción de gracias a Dios por permitirnos vivir un año más y los favores que nos concede, expiación por las ofensas cometidas en el año anterior, y encomienda del año adveniente.
 
A raíz de esta reflexión, y teniendo presente el deber de hacer penitencia, rechazando los errores de los infieles y de los apóstatas, y con ánimo de recuperar el tiempo perdido, presentamos los Siete Salmos Penitenciales en Español (empleando la traducción de la Biblia realizada por Mons. Félix Torres Amat), que como se expusiera en su momento, son
"los salmos 6, 31, 37, 50, 101, 129 y 142. Todos estos salmos fueron escritos por el Rey David expresando la contrición que sentía por los pecados cometidos y suplicando a Dios el perdón de sus culpas".
  
A esos salmos se les puede añadir laudablemente las Letanías de los Santos, con lo cual, al mismo tiempo que expiamos, hacemos impetración a Dios por intercesión de la Santísima Virgen, los Ángeles y los Santos del Cielo, para que nos ayuden en la nueva andadura anual con su ejemplo y su mediación.
  
SEPTEM PSALMI PŒNITENTIÁLES
(Ps. 6, 31, 37, 50, 101, 129 et 142) 
   
Antiphona. Ne reminiscáris, Dómine, delícta nostra, vel paréntum nostrórum: neque vindíctam sumas de peccátis nostris. 
  
Psalmus 6. "Dómine, ne in furóre tuo árguas me" (Contra la Soberbia) 
Dómine, ne in furóre tuo árguas me, neque in ira tua corrípias me.  
Miserére mei, Dómine, quóniam infírmus sum: sana me, Dómine, quóniam conturbáta sunt ossa mea. 
Et ánima mea turbáta est valde: sed tu, Dómine, úsquequo?  
Convértere, Dómine, et éripe ánimam meam: salvum me fac propter misericórdiam tuam.  
Quóniam non est in morte qui memor sit tui: in inférno autem quis confitébitur tibi?  
Laborávi in gémitu meo, lavábo per síngulas noctes lectum meum: lácrimis meis stratum meum rigábo.  
Turbátus est a furóre óculus meus: inveterávi inter omnes inimícos meos.  
Discédite a me, omnes, qui operámini iniquitátem: quóniam exaudívit Dóminus vocem fletus mei.  
Exaudívit Dóminus deprecatiónem meam, Dóminus oratiónem meam suscépit.
Erubéscant, et conturbéntur veheménter omnes inimíci mei: convertántur et erubéscant valde velóciter.
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. 
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. 
   
Psalmus 31. "Beáti quorum remíssæ sunt iniquitátes" (Contra la Avaricia)
Beáti quorum remíssæ sunt iniquitátes: et quorum tecta sunt peccáta.
Beátus vir, cui non imputávit Dóminus peccátum, nec est in spíritu ejus dolus.  
Quóniam tácui, inveteravérunt ossa mea, dum clamárem tota die.  
Quóniam die ac nocte graváta est super me manus tua: convérsus sum in ærúmna mea, dum confígitur spina.  
Delíctum meum cógnitum tibi feci: et injustítiam meam non abscóndi.  
Dixi: Confitébor advérsum me injustítiam meam Dómino: et tu remisísti impietátem peccáti mei.  
Pro hac orábit ad te omnis sanctus, in témpore opportúno.  
Verúmtamen in dilúvio aquárum multárum, ad eum non approximábunt.  
Tu es refúgium meum a tribulatióne, quæ circúmdedit me: exsultátio mea, érue me a circumdántibus me.
Intelléctum tibi dabo, et ínstruam te in via hac, qua gradiéris: firmábo super te óculos meos.  
Nolíte fíeri sicut equus et mulus, quibus non est intelléctus.
In camo et freno maxíllas eórum constrínge, qui non appróximant ad te.
Multa flagélla peccatóris, sperántem autem in Dómino misericórdia circúmdabit.
Lætámini in Dómino et exsultáte, justi, et gloriámini, omnes recti corde. 
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. 
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
Psalmus 37. "Dómine, ne in furóre tuo árguas me" (Contra la Ira) 
Dómine, ne in furóre tuo árguas me, neque in ira tua corrípias me.  
Quóniam sagíttæ tuæ infíxæ sunt mihi: et confirmásti super me manum tuam.  
Non est sánitas in carne mea a fácie iræ tuæ: non est pax óssibus meis a fácie peccatórum meórum.  Quóniam iniquitátes meæ supergréssæ sunt caput meum: et sicut onus grave gravátæ sunt super me. Putruérunt et corrúptæ sunt cicatríces meæ, a fácie insipiéntiæ meæ.
Miser factus sum, et curvátus sum usque in finem: tota die contristátus ingrediébar.  
Quóniam lumbi mei impléti sunt illusiónibus: et non est sánitas in carne mea.
Afflíctus sum, et humiliátus sum nimis: rugiébam a gémitu cordis mei.  
Dómine, ante te omne desidérium meum: et gémitus meus a te non est abscónditus.  
Cor meum conturbátum est, derelíquit me virtus mea: et lumen oculórum meórum, et ipsum non est mecum.
Amíci mei, et próximi mei advérsum me appropinquavérunt, et stetérunt.  
Et qui juxta me erant, de longe stetérunt: et vim faciébant qui quærébant ánimam meam.
Et qui inquirébant mala mihi, locúti sunt vanitátes: et dolos tota die meditabántur.  
Ego autem tamquam surdus non audiébam: et sicut mutus non apériens os suum.
Et factus sum sicut homo non áudiens: et non habens in ore suo redargutiónes.
Quóniam in te, Dómine, sperávi: tu exáudies me, Dómine, Deus meus.  
Quia dixi: Nequándo supergáudeant mihi inimíci mei: et dum commovéntur pedes mei, super me magna locúti sunt.
Quóniam ego in flagélla parátus sum: et dolor meus in conspéctu meo semper.
Quóniam iniquitátem meam annuntiábo: et cogitábo pro peccáto meo.  
Inimíci autem mei vivunt, et confirmáti sunt super me: et multiplicáti sunt qui odérunt me iníque.  
Qui retríbuunt mala pro bonis, detrahébant mihi: quóniam sequébar bonitátem.
Ne derelínquas me, Dómine, Deus meus: ne discésseris a me.
Inténde in adjutórium meum, Dómine, Deus, salútis meæ. 
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. 
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
 
Psalmus 50. "Miserére" (Contra la Lujuria)

Miserére mei, Deus, secúndum magnam misericórdiam tuam.
Et secúndum multitúdinem miseratiónum tuárum, dele iniquitátem meam.
Amplius lava me ab iniquitáte mea: et a peccáto meo munda me.
Quóniam iniquitátem meam ego cognósco: et peccátum meum contra me est semper.  
Tibi soli peccávi, et malum coram te feci: ut justificéris in sermónibus tuis, et vincas cum judicáris.  Ecce enim, in iniquitátibus concéptus sum: et in peccátis concépit me mater mea.
Ecce enim, veritátem dilexísti: incérta et occúlta sapiéntiæ tuæ manifestásti mihi.  
Aspérges me hyssópo, et mundábor: lavábis me, et super nivem dealbábor.
Audítui meo dabis gáudium et lætítiam: et exsultábunt ossa humiliáta.  
Avérte fáciem tuam a peccátis meis: et omnes iniquitátes meas dele.  
Cor mundum crea in me, Deus: et spíritum rectum ínnova in viscéribus meis.  
Ne projícias me a fácie tua: et spíritum sanctum tuum ne áuferas a me.
Redde mihi lætítiam salutáris tui: et spíritu principáli confírma me.
Docébo iníquos vias tuas: et ímpii ad te converténtur.
Líbera me de sanguínibus, Deus, Deus salútis meæ: et exsultábit lingua mea justítiam tuam.  
Dómine, lábia mea apéries: et os meum annuntiábit laudem tuam.  
Quóniam si voluísses sacrifícium, dedíssem útique: holocáustis non delectáberis.  
Sacrifícium Deo spíritus contribulátus: cor contrítum, et humiliátum, Deus, non despícies.  
Benígne fac, Dómine, in bona voluntáte tua Sion: ut ædificéntur muri Jerúsalem.  
Tunc acceptábis sacrifícium justítiæ, oblatiónes, et holocáusta: tunc impónent super altáre tuum vítulos. 
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.  
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. 
  
Psalmus 101. "Dómine, exáudi oratiónem meam" (Contra la Gula) 
Dómine, exáudi oratiónem meam: et clamor meus ad te véniat.
Non avértas fáciem tuam a me: in quacúmque die tríbulor, inclína ad me aurem tuam.  
In quacúmque die invocávero te, velóciter exáudi me.
Quia defecérunt sicut fumus dies mei: et ossa mea sicut crémium aruérunt.
Percússus sum ut fœnum, et áruit cor meum: quia oblítus sum comédere panem meum.
A voce gémitus mei adhæsit os meum carni meæ.
Símilis factus sum pellicáno solitúdinis: factus sum sicut nyctícorax in domicílio.  
Vigilávi, et factus sum sicut passer solitárius in tecto.  
Tota die exprobrábant mihi inimíci mei: et qui laudábant me, advérsum me jurábant.  
Quia cínerem tamquam panem manducábam, et potum meum cum fletu miscébam.  
A fácie iræ et indignatiónis tuæ: quia élevans allisísti me.  
Dies mei sicut umbra declinavérunt: et ego sicut fœnum árui.
Tu autem, Dómine, in ætérnum pérmanes: et memoriále tuum in generatiónem et generatiónem. 
Tu exsúrgens miseréberis Sion: quia tempus miseréndi ejus, quia venit tempus.
Quóniam placuérunt servis tuis lápides ejus: et terræ ejus miserebúntur.  
Et timébunt gentes nomen tuum, Dómine, et omnes reges terræ glóriam tuam.
Quia ædificávit Dóminus Sion: et vidébitur in glória sua.
Respéxit in oratiónem humílium: et non sprevit precem eórum.
Scribántur hæc in generatióne áltera: et pópulus, qui creábitur, laudábit Dóminum:
Quia prospéxit de excélso sancto suo: Dóminus de cælo in terram aspéxit:
Ut audíret gémitus compeditórum: ut sólveret fílios interemptórum:  
Ut annúntient in Sion nomen Dómini: et laudem ejus in Jerúsalem.  
In conveniéndo pópulos in unum, et reges ut sérviant Dómino.
Respóndit ei in via virtútis suæ: Paucitátem diérum meórum núntia mihi.
Ne révoces me in dimídio diérum meórum: in generatiónem et generatiónem anni tui.
Inítio tu, Dómine, terram fundásti: et ópera mánuum tuárum sunt cæli.
Ipsi períbunt, tu autem pérmanes: et omnes sicut vestiméntum veteráscent.
Et sicut opertórium mutábis eos, et mutabúntur: tu autem idem ipse es, et anni tui non defícient.  
Fílii servórum tuórum habitábunt: et semen eórum in sæculum dirigétur.  
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. 
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
 
Psalmus 129. "De profúndis clamávi ad te, Dómine" (Contra la Envidia) 
De profundis clamávi ad te, Dómine: Dómine, exáudi vocem meam:
Fiant aures tuæ intendéntes, in vocem deprecatiónis meæ.
Si iniquitátes observáveris, Dómine: Dómine, quis sustinébit?
Quia apud te propitiátio est: et propter legem tuam sustínui te, Dómine.
Sustínuit ánima mea in verbo ejus: sperávit ánima mea in Dómino.  
A custódia matutína usque ad noctem: speret Israël in Dómino.  
Quia apud Dóminum misericórdia: et copiósa apud eum redémptio.  
Et ipse rédimet Israël, ex ómnibus iniquitátibus ejus. 
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. 
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. 
  
Psalmus 142 "Dómine, exáudi oratiónem meam" (Contra la Acedia) 
Dómine, exáudi oratiónem meam: áuribus pércipe obsecratiónem meam in veritáte tua: exáudi me in tua justítia.  
Et non intres in judícium cum servo tuo: quia non justificábitur in conspéctu tuo omnis vivens.  
Quia persecútus est inimícus ánimam meam: humiliávit in terra vitam meam.
Collocávit me in obscúris sicut mórtuos sǽculi: et anxiátus est super me spíritus meus, in me turbátum est cor meum.  
Memor fui diérum antiquórum, meditátus sum in ómnibus opéribus tuis: in factis mánuum tuárum meditábar.
Expándi manus meas ad te: ánima mea sicut terra sine aqua tibi.
Velóciter exáudi me, Domine: defécit spíritus meus.
Non avértas fáciem tuam a me: et símilis ero descendéntibus in lacum.  
Audítam mihi fac mane misericórdiam tuam: quia in te sperávi.  
Notam fac mihi viam, in qua ámbulem: quia ad te levávi ánimam meam.  
Eripe me de inimícis meis, Dómine, ad te confúgi: doce me fácere voluntátem tuam, quia Deus meus es tu.  
Spíritus tuus bonus dedúcet me in terra rectam: propter nomen tuum, Dómine, vivificábis me, in æquitáte tua.  
Edúces de tribulatióne ánimam meam: et in misericórdia tua dispérdes inimícos meos.  
Et perdes omnes, qui tríbulant ánimam meam: quóniam ego servus tuus sum. 
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. 
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
  
Antiphona. Ne reminiscáris, Dómine, delícta nostra, vel paréntum nostrórum: neque vindíctam sumas de peccátis nostris.
  
LITANÍÆ SANCTÓRUM
      
V. Kýrie, éleison.
R. Kýrie, éleison.
V. Christe, éleison.
R. Christe, éleison.
V. Kýrie, éleison.
R. Kyrie, eleison.
   
V. Christe, audi nos.
R. Christe, audi nos.
V. Christe, exáudi nos.
R. Christe, exáudi nos.
    
V. Pater de cælis, Deus.
R. Miserére nobis.
V. Fíli, Redemptor mundi, Deus.
R. Miserére nobis.
V. Spíritus Sancte, Deus.
R. Miserére nobis.
V. Sancta Trínitas, unus Deus.
R. Miserére nobis.
   
V. Sancta María.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Dei Génetrix.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Virgo vírginum.
R. Ora pro nobis.
   
V. Sancte Michaël.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Gábriel.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Ráphael.
R. Ora pro nobis.
V. Omnes sancti Angeli et Archángeli.
R. Oráte pro nobis.
V. Omnes sancti beatórum Spírituum órdines.
R. Oráte pro nobis.
    
V. Sancte Joánnes Baptísta.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Joseph.
R. Ora pro nobis.
V. Omnes sancti Patriárchæ et Prophétæ.
R. Oráte pro nobis.
    
V. Sancte Petre.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Paule.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Andréa.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Jacóbe.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Joánnes.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Thoma.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Jacóbe.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Philíppe.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Bartolomǽe.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Matthǽe.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Simon.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Thaddǽe.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Matthía.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Bárnaba.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Luca.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Marce.
R. Ora pro nobis.
V. Omnes sancti Apóstoli et Evangelístæ.
R. Oráte pro nobis.
V. Omnes sancti Discípuli Dómini.
R. Oráte pro nobis.
   
V. Omnes sancti Innocéntes.
R. Oráte pro nobis.
V. Sancte Stéphane.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Laurénti.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Vincénti.
R. Ora pro nobis.
V. Sancti Fabiáne et Sebastiáne.
R. Oráte pro nobis.
V. Sancti Joánnes et Paule.
R. Oráte pro nobis.
V. Sancti Cosma et Damiáne.
R. Oráte pro nobis.
V. Sancti Gervási et Protási.
R. Oráte pro nobis.
V. Omnes sancti Mártyres.
R. Oráte pro nobis.
    
V. Sancte Sylvéster.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Gregóri.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Ambrósi.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Augustíne.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Hierónyme.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Martíne.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Nicolǽ.
R. Ora pro nobis.
V. Omnes sancti Pontífices et Confessóres.
R. Oráte pro nobis.
V. Omnes sancti Doctóres.
R. Oráte pro nobis.
   
V. Sancte Antóni.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Benedícte.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Bernárde.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Domínice.
R. Ora pro nobis.
V. Sancte Francísce.
R. Ora pro nobis.
V. Omnes sancti Sacerdótes et Levítæ.
R. Orate pro nobis.
V. Omnes sancti Mónachi et Eremítæ.
R. Oráte pro nobis.
    
V. Sancta María Magdaléna.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Agatha.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Lúcia.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Agnes.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Cæcília.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Catharína.
R. Ora pro nobis.
V. Sancta Anastásia.
R. Ora pro nobis.
V. Omnes sanctae Vírgines et Víduæ.
R. Oráte pro nobis.
  
V. Omnes Sancti et Sanctæ Dei.
R. Intercédite pro nobis.
   
V. Propítius esto.
R. Parce nobis, Dómine.
V. Propítius esto.
R. Exáudi nos, Dómine.
   
V. Ab omni malo.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Ab omni peccáto.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Ab ira tua.
R. Líbera nos, Dómine.
V. A subitánea et improvísa morte.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Ab insídiis diáboli.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Ab ira et ódio et omni mala voluntáte.
R. Líbera nos, Dómine.
V. A spíritu fornicatiónis.
R. Líbera nos, Dómine.
V. A fúlgure et tempestáte.
R. Líbera nos, Dómine.
V. A flagéllo terræmótus.
R. Líbera nos, Dómine.
V. A peste, fame et bello.
R. Líbera nos, Dómine.
V. A morte perpétua.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per mystérium sanctæ Incarnatiónis tuæ.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per Advéntum tuum.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per Nativitátem tuam.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per Baptísmum et sanctum Jejúnium tuum.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per Crucem et Passiónem tuam.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per Mortem et Sepultúram tuam.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per sanctam Resurrectiónem tuam.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per admirábilem Ascensiónem tuam.
R. Líbera nos, Dómine.
V. Per advéntum Spíritus Sancti Parácliti.
R. Líbera nos, Dómine.
V. In die Judícii.
R. Líbera nos, Dómine.
    
V. Peccatóres.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut nobis parcas.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut nobis indúlgeas.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut ad veram pœniténtiam nos perdúcere dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut Ecclésiam tuam sanctam régere et conserváre dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut omnes ecclesiásticos órdines in sancta religióne conserváre dignéris. (1)
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut inimícos sanctæ Ecclésiæ humiliáre dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut régibus et princípibus christiánis pacem et veram concórdiam donáre dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut cuncto pópulo christiáno pacem et unitátem largíri dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut omnes errántes ad unitátem Ecclésiæ revocáre, et infidéles univérses ad Evangélii lumen perdúcere dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut nosmetípsos in tuo sancto servítio confortáre et conserváre dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut mentes nostras ad cæléstia desidéria érigas.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut ómnibus benefactóribus nostris sempitérna bona retríbuas.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut ánimas nostras, fratrum, propinquórum et benefactórum nostrorum ab ætérna damnatióne erípias.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut fructus terræ dare et conserváre dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut ómnibus fidélibus defúnctis réquiem ætérnam donáre dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Ut nos exáudire dignéris.
R. Te rogámus, audi nos.
V. Fili Dei.
R. Te rogámus, audi nos.
   
V. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.
R. Parce nobis, Dómine.
V. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.
R. Exáudi nos, Dómine.
V. Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi.
R. Miserére nobis.
   
V. Christe, audi nos.
R. Christe, audi nos.
V. Christe, exáudi nos.
R. Christe, exáudi nos.
   
V. Kýrie, éleison.
R. Kýrie, éleison.
V. Christe, éleison.
R. Christe, éleison.
V. Kýrie, éleison.
R. Kyrie, eleison.
      
Pater noster, qui es in Cælis, sanctificétur Nomen tuum. Advéniat Regnum tuum. Fiat Volúntas tua, sicut in Cælo et in terra. Panem nostrum quotidiánum da nobis hódie, et dimítte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris. Et ne nos indúcas in tentatiónem, sed líbera nos a malo. Amen.

Psalmus 69
Deus in adjutórium meum inténde, Dóminum ad adjuvándum me festína.
Confundántur, et revereántur, qui quærunt ánimam meam.
Avertántur retrórsum et erubéscant, qui volunt mihi mala.
Exsúltent et læténtur in te omnes quærunt te, et dicant semper:
Magnificétur Dóminus, qui díligunt salutáre tuum.
Ego vero egénus, et pauper sum: Deus ádjuva me.
V. Glória Patri, et Fílio, et Spíritui Sancto. 
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen.
 
V. Salvos fac servos tuos.
R. Deus meus, sperántes in te.
V. Esto nobis, Dómine, turris fortitúdinis.
R. A fácie inimíci.
V. Nihil profíciat inimícus in nobis.
R. Et fílius iniquitátis non appónat nocére nobis.
V. Dómine, non secúndum peccáta nostra fácias nobis.
R. Neque secúndum iniquitátes nostras retríbuas nobis.
V. Orémus pro benefactóribus nostris.
R. Retribúere dignáre, Dómine, ómnibus, nobis bona faciéntibus propter nomen tuum, vitam ætérnam. Amen.
V. Orémus pro fidélibus defúnctis.
R. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine, et lux perpétua lúceat eis.
V. Requiéscant in pace.
R. Amen.
V. Pro frátribus nostris abséntibus.
R. Salvos fac servos tuos, Deus meus, sperántes in te.
V. Mitte eis, Dómine, auxílium de sancto.
R. Et de Sion tuére eos.
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
 
Orémus. 
  
ORATIO
Deus, cui próprium est miseréri semper et párcere; súscipe deprecatiónem nostram; ut nos, et omnes fámulos tuos, quos delictórum caténa constríngit, miserátio tuæ pietátis cleménter absólvat.
 
Exáudi, quǽsumus, Dómine, súpplicum preces, et confiténtium tibi parce peccátis: ut páriter nobis indulgéntiam tríbuas benígnus, et pacem.
 
Ineffábilem nobis, Dómine, misericórdiam tuam cleménter osténde: ut simul nos et a peccátis ómnibus éxuas, et a pœnis, quas pro his merémur, erípias.
  
Deus, qui culpa offendéris, pœniténtia placáris, preces pópuli tui supplicántis propítius réspice; et flagélla tuæ iracúndiæ, quæ pro peccátis nostris merémur, avérte.
  
Deus, a quo sancta desidéria, recta consília, et justa sunt ópera, da servis tuis illam, quam mundus dare non potest, pacem: ut et corda nostra mandátis tuis dédita, et hóstium subláta formídine, témpora sint tua protectióne tranquílla.
  
Ure igne Sancti Spíritus renes nostros, et cor nostrum, Dómine: ut tibi casto córpore serviámus, et mundo corde placeámus.
 
Fidélium, Deus, ómnium cónditor et redémptor, ánimabus famulórum, famularúmque tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum: ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur.
  
Actiónes nostras, quǽsumus, Dómine aspirándo prǽveni, et adjuvándo proséquere: ut cuncta nostra orátio, et operátio a te semper incípiat, et per te cœpta finiátur.
  
Omnípotens sempitérne Deus, qui vivórum domináris simul et mortuórum, omniúmque miseréris, quos tuos fide et ópere futúros esse prænóscis: te súpplices exorámus; ut, pro quibus effúndere preces decrévimus, quosque vel præsens sǽculum adhuc in carne rétinet, vel futúrum Jam exútos córpore suscépit, intercedéntibus ómnibus Sanctis tuis, pietátis tuæ cleméntia, ómnium delictórum suórum véniam consequántur. Per Dóminum nostrum Jesum Christum Fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
R. Amen.
 
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
R. Exáudiat nos omnípotens et miséricors Dóminus.
R. Amen.
V. Et fidélium ánimæ per misericórdiam Dei requiéscant in pace.
R. Amen.
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LOS SIETE SALMOS PENITENCIALES
   
Antífona: No refresques, oh Señor, la memoria de nuestros delitos, ni los de nuestros padres; ni tomes venganza de nuestros pecados.
  
Salmo 6
Señor, no me reprendas en medio de tu saña, ni me castigues en la fuerza de tu enojo.
Ten, Señor, misericordia de mí, que estoy sin fuerzas; sáname, oh Señor, porque hasta mis huesos se han estremecido.
Y está mi alma sumamente perturbada: pero tú, Señor, ¿hasta cuándo harás durar mi tribulación?
Vuélvete a mí, Señor, y libra mi alma: sálvame por tu misericordia.
Porque muriendo, ya no hay quien se acuerde de ti; y en el infierno ¿quién te tributará alabanzas?
Me he consumido a fuerza de tanto gemir: todas las noches baño mi lecho con mis lágrimas: inundo con ellas el lugar de mi descanso acordándome de mis pecados.
Por causa de la indignación se han oscurecido mis ojos: he envejecido y quedado endeble en medio de todos mis enemigos.
Apartaos lejos de mí todos los que obráis la iniquidad: porque ha oído el Señor benignamente la voz de mi llanto.
Ha otorgado el Señor mi súplica: ha aceptado mi oración.
Avergüéncense, y queden llenos de la mayor turbación todos mis enemigos: retírense, y váyanse al momento cubiertos de ignominia. 
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
R. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Salmo 31
Felices aquellos a quienes se han perdonado sus iniquidades, y se han borrado sus pecados.
Dichoso el hombre a quien el Señor no arguye de pecado; y cuya alma se halla exenta de dolo.
Por haber yo callado, y dejado de confesar mi pecado, se consumieron mis huesos, dando alaridos todo el día.
Porque de día y de noche me hiciste sentir tu pesada mano. Revolcábame en mi miseria, mientras tenía clavada la espina.
Te manifesté mi delito, y dejé de ocultar mi injusticia. Confesaré, dije yo, contra mí mismo al Señor la injusticia mía; y tú perdonaste la malicia de mi pecado.
En vista de esto, orará a ti todo hombre santo, en el tiempo oportuno. Y ciertamente que en la inundación de copiosas aguas no llegarán estas a su persona.
Tú eres mi asilo en la tribulación que me tiene cercado: tú, oh alegría mía, líbrame de los que me tienen rodeado.
Yo te daré, dijiste, inteligencia, y te enseñaré el camino que debes seguir; tendré fijos sobre ti mis ojos.
Guardaos de ser semejantes al caballo y al mulo, los cuales no tienen entendimiento. Sujeta, oh Señor, con cabestro y freno las quijadas de los que se retiran de ti o rehúsan obedecerte.
Muchos dolores le esperan al pecador: mas al que tiene puesta en el Señor su esperanza, la misericordia le servirá de muralla.
Alegraos, oh justos, y regocijaos en el Señor, y gloriaos en él vosotros todos los de recto corazón.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
R. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Salmo 38
Oh Señor, no me reprendas en medio de tu saña; ni en medio de tu cólera me castigues:
Porque se me han enclavado tus saetas, y has cargado sobre mí tu mano.
No hay parte sana en todo mi cuerpo, a causa de tu indignación: se me estremecen los huesos cuando considero mis pecados.
Porque mis maldades sobrepujan por encima de mi cabeza; y como una carga pesada me tienen agobiado.
Se enconaron, y corrompiéronse mis llagas, a causa de mi necedad.
Estoy hecho una miseria, y encorvado hasta el suelo: ando todo el día cubierto de tristeza.
Porque mis entrañas están llenas de ilusiones, o ardores vehementes, y no hay en mi cuerpo parte sana.
Afligido estoy y abatido en extremo: la fuerza de los gemidos de mi corazón me hace prorrumpir en alaridos.
Oh Señor, bien ves todos mis deseos, y no se te ocultan mis gemidos.
Mi corazón está conturbado: he perdido mis fuerzas; y hasta la misma luz de mis ojos me ha faltado ya, casi he cegado a fuerza de tanto llorar.
Mis amigos y mis deudos arrimáronse y apostáronse contra mí; y mis allegados se pararon a lo lejos.
Entretanto aquellos que procuraban mi muerte, hacían todos sus esfuerzos; y los que anhelaban el dañarme, hablaban mil sandeces; y estaban todo el día maquinando engaños.
Pero yo, como si fuera sordo, no los escuchaba: y estaba como mudo, sin abrir la boca.
Y me hice como quien nada oye, ni tiene palabras con que replicar.
Porque en ti tengo puesta, Señor, mi esperanza: tú me oirás, oh Señor Dios mío.
Pues yo dije: No triunfen de mí mis enemigos; los cuales cuando ven vacilantes mis pies, se vanaglorian contra mí.
Verdad es que yo estoy resignado para el castigo; y siempre tengo presente mi dolor.
Yo mismo confesaré mi iniquidad, y andaré siempre pensativo por causa de mi pecado.
Entretanto mis enemigos viven, y se han hecho más fuertes que yo; y se han multiplicado los que me aborrecen injustamente.
Los que vuelven mal por bien, murmuraban de mí, porque seguía la virtud.
¡Ah! No me desampares, Señor Dios mío; no te apartes de mí:
Acude prontamente a socorrerme, oh Señor Dios, salvador mío.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
R. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Salmo 50
Ten piedad de mí, oh Dios, según la grandeza de tu misericordia: y según la muchedumbre de tus piedades, borra mi iniquidad.
Lávame todavía más de mi iniquidad, y límpiame de mi pecado;
Porque yo reconozco mi maldad, y delante de mí tengo siempre mi pecado:
Contra ti solo he pecado; y he cometido la maldad delante de tus ojos, a fin de que perdonándome, aparezcas justo en cuanto hables, y quedes victorioso en los juicios que de ti se formen.
Mira pues que fui concebido en iniquidad, y que mi madre me concibió en pecado.
Y mira que tú amas la verdad: tú me revelaste los secretos y recónditos misterios de tu sabiduría.
Me rociarás, Señor, con el hisopo, y seré purificado: me lavarás, y quedaré más blanco que la nieve.
Infundirás en mi oído palabras de gozo, y de alegría; con lo que, viéndome perdonado, se recrearán mis huesos quebrantados o mis ya abatidas fuerzas.
Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades.
Crea en mí, oh Dios, un corazón puro, y renueva en mis entrañas el espíritu de rectitud.
No me arrojes de tu presencia, y no retires de mí tu santo espíritu.
Restitúyeme la alegría de tu Salvador; y fortaléceme con un espíritu de príncipe.
Yo enseñaré tus caminos a los malos, y se convertirán a ti los impíos.
Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios salvador mío, y ensalzará mi lengua tu justicia.
¡Oh Señor!, tú abrirás mis labios; y publicará mi boca tus alabanzas.
Que si tú quisieras sacrificios, ciertamente te los ofreciera: mas tú no te complaces con solos holocaustos o actos de religión meramente exteriores.
El espíritu compungido es el sacrificio más grato para Dios: no despreciarás, oh Dios mío, el corazón contrito y humillado.
Señor, por tu buena voluntad seas benigno para con Sion, a fin de que estén firmes los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás el sacrificio de justicia, las ofrendas, y los holocaustos: entonces serán colocados sobre tu altar becerros para el sacrificio.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
R. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Salmo 101
Escucha, oh Señor, benignamente mis ruegos; y lleguen hasta ti mis clamores.
No apartes de mí tu rostro: en cualquier ocasión en que me halle atribulado, dígnate de oírme. Acude luego a mí, siempre que te invocare;
Porque como humo han desaparecido mis días, y áridos están mis huesos como leña seca.
Estoy marchito como el heno, árido está mi corazón; pues hasta de comer mi pan me he olvidado.
De puro gritar y gemir me he quedado con sola la piel pegada a los huesos.
Me he vuelto semejante al pelícano, que habita en la soledad: parézcome al búho en su triste albergue.
Paso insomnes las noches, y vivo cual pájaro que se está solitario sobre los tejados.
Me zahieren todo el día mis enemigos, y aquellos que me alababan, se han conjurado contra mí.
Porque el alimento que tomo, va mezclado con la ceniza; y mis lágrimas se mezclan con mi bebida,
A vista de tu ira e indignación; pues me levantaste en alto para estrellarme.
Como sombra han pasado mis días, y heme secado como el heno.
Pero tú, Señor, permaneces para siempre, y tu memoria pasará de generación en generación.
Tú te levantarás, y tendrás lástima de Sion; porque tiempo es de apiadarte de ella, llegó ya el plazo.
Y porque hasta sus mismas ruinas son amadas de tus siervos, y miran estos con afición aun al polvo de aquella tierra.
Entonces, oh Señor, las naciones temerán tu santo Nombre, y todos los reyes de la tierra respetarán tu gloria.
Porque el Señor reedificará a Sion, en donde se dejará ver con toda majestad.
Él atendió a la oración de los humildes, y no despreció sus plegarias.
Escríbanse estas cosas para la generación venidera; y el pueblo que será creado, glorificará al Señor;
Porque desde su excelso Santuario inclinó los ojos hacia nosotros. Se puso el Señor desde el cielo a mirar la tierra,
Para escuchar los gemidos de los que estaban entre cadenas, para libertar a los sentenciados o destinados a muerte,
A fin de que prediquen en Sion el nombre del Señor, y sus alabanzas en Jerusalén:
Entonces que los pueblos y reyes se reunirán para servir juntos al Señor.
Dijo el justo en medio de su florida edad: Manifiéstame, oh Señor, el corto número de mis días.
No me llames a la mitad de mi vida: eternos son tus años.
Oh Señor, tú eres el que al principio creaste la tierra: los cielos obra son de tus manos.
Estos perecerán; pero tú eres inmutable. Vendrán a gastarse como un vestido. Y los mudarás como quien muda una capa, y mudados quedarán.
Mas tú eres siempre el mismo; y tus años no tendrán fin.
Los hijos de tus siervos habitarán tranquilos en Jerusalén, y su descendencia quedará arraigada por los siglos de los siglos.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
R. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Salmo 129
Desde lo más profundo clamé a ti, oh Señor.
Oye, Señor, benignamente mi voz. Estén atentos tus oídos á la voz de mis plegarias.
Si te pones a examinar, Señor, nuestras maldades, y ¿quién podrá subsistir, oh Señor, en tu presencia?
Mas en ti se halla como de asiento la clemencia: y en vista de tu Ley he confiado en ti, oh Señor. En la promesa del Señor se ha apoyado mi alma:
En el Señor ha puesto su esperanza.
Desde el amanecer basta la noche espere Israel en el Señor.
Porque en el Señor está la misericordia, y en su mano tiene una redención abundantísima.
Y él es el que redimirá a Israel de todas sus iniquidades.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
R. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
Salmo 142
Oh Señor, escucha benigno mi oración; presta oídos a mi súplica, según la verdad de tus promesas: óyeme por tu misericordia.
Mas no quieras entrar en juicio con tu siervo; porque ningún viviente puede aparecer justo en tu Presencia, no quedará justificado ante tus ojos ninguno de los mortales.
Ya ves cómo el enemigo ha perseguido mi alma: abatida tiene hasta el suelo la vida mía.
Me ha confinado en lugares tenebrosos, como á los que murieron hace ya un siglo:
Mi espíritu padece terribles angustias; está mi corazón en continua zozobra.
Mas me acordé luego de los días antiguos: púseme a meditar todas tus obras; ponderaba los efectos maravillosos de tu poder.
Levanté mis manos hacia ti: como tierra falta de agua, así está por ti suspirando el alma mía.
Óyeme luego, oh Señor: mi espíritu ha desfallecido. No retires de mí tu rostro; para que no haya de contarme ya entre los muertos.
Hazme sentir cuanto antes tu misericordia, pues en ti he puesto mi esperanza. Muéstrame el camino que debo seguir, ya que hacia ti he levantado mi corazón.
Líbrame, oh Señor, de mis enemigos, a ti me acojo.
Enséñame a cumplir tu voluntad, pues tú eres mi Dios. Entonces tu espíritu, que es infinitamente bueno, me conducirá a la tierra de la rectitud y santidad.
Por amor de tu nombre, oh Señor, me darás la vida, según la justicia de tus promesas. A mi alma la sacarás de la tribulación;
Y por tu misericordia disiparás a mis enemigos. Y perderás a todos los que afligen el alma mía, puesto que siervo tuyo soy.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
R. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
        
Antífona: No refresques, oh Señor, la memoria de nuestros delitos, ni los de nuestros padres; ni tomes venganza de nuestros pecados. 
  
LETANÍA DE LOS SANTOS
  
V. Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.

V. Cristo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, ten piedad de nosotros. 
V. Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.
   
V. Cristo, óyenos.
R. Cristo, óyenos.
V. Cristo, escúchanos.
R. Cristo, escúchanos.
    
V. Dios, Padre Celestial.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Dios Hijo, Redentor del mundo.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Dios Espíritu Santo.
R. Ten piedad de nosotros.
V. Santa Trinidad, que sois un sólo Dios.
R. Ten piedad de nosotros.
   
V. Santa María.
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Madre de Dios.
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Virgen de vírgenes.
R. Ruega por nosotros.
   
V. San Miguel.
R. Ruega por nosotros.
V. San Gabriel.
R. Ruega por nosotros.
V. San Rafael.
R. Ruega por nosotros.
V. Todos los santos Ángeles y Arcángeles.
R. Rogad por nosotros.
V. Todos los santos coros de los espíritus bienaventurados.
R. Rogad por nosotros.
    
V. San Juan Bautista.
R. Ruega por nosotros.
V. San José.
R. Ruega por nosotros.
V. Todos los santos Patriarcas y Profetas.
R. Rogad por nosotros.
    
V. San Pedro.
R. Ruega por nosotros.
V. San Pablo.
R. Ruega por nosotros.
V. San Andrés.
R. Ruega por nosotros.
V. San Santiago [el Mayor].
R. Ruega por nosotros.
V. San Juan.
R. Ruega por nosotros.
V. Santo Tomás.
R. Ruega por nosotros.
V. San Santiago [el Menor].
R. Ruega por nosotros.
V. San Felipe.
R. Ruega por nosotros.
V. San Bartolomé.
R. Ruega por nosotros.
V. San Mateo.
R. Ruega por nosotros.
V. San Simón.
R. Ruega por nosotros.
V. San Judas Tadeo.
R. Ruega por nosotros.
V. San Matías.
R. Ruega por nosotros.
V. San Bernabé.
R. Ruega por nosotros.
V. San Lucas.
R. Ruega por nosotros.
V. San Marcos.
R. Ruega por nosotros.
V. Todos los santos Apóstoles y Evangelistas.
R. Rogad por nosotros.
V. Todos los santos Discípulos del Señor.
R. Rogad por nosotros.
   
V. Todos los santos Inocentes.
R. Rogad por nosotros.
V. San Esteban.
R. Ruega por nosotros.
V. San Lorenzo.
R. Ruega por nosotros.
V. San Vicente.
R. Ruega por nosotros.
V. Santos Fabián y Sebastián.
R. Rogad por nosotros.
V. Santos Juan y Pablo.
R. Rogad por nosotros.
V. Santos Cosme y Damián.
R. Rogad por nosotros.
V. Santos Gervasio y Protasio.
R. Rogad por nosotros.
V. Todos los santos Mártires.
R. Rogad por nosotros.
    
V. San Silvestre.
R. Ruega por nosotros.
V. San Gregorio.
R. Ruega por nosotros.
V. San Ambrosio.
R. Ruega por nosotros.
V. San Agustín.
R. Ruega por nosotros.
V. San Jerónimo.
R. Ruega por nosotros.
V. San Martín.
R. Ruega por nosotros.
V. San Nicolás.
R. Ruega por nosotros.
V. Todos los santos Pontífices y Confesores.
R. Rogad por nosotros.
V. Todos los santos Doctores.
R. Rogad por nosotros.
   
V. San Antonio [Abad].
R. Ruega por nosotros.
V. San Benito.
R. Ruega por nosotros.
V. San Bernardo.
R. Ruega por nosotros.
V. Santo Domingo [de Guzmán].
R. Ruega por nosotros.
V. San Francisco [de Asís].
R. Ruega por nosotros.
V. Todos los santos Sacerdotes y Levitas.
R. Rogad por nosotros.
V. Todos los santos Monjes y Eremitas.
R. Rogad por nosotros.
    
V. Santa María Magdaléna.
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Ágata.
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Lucía.
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Inés.
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Cecilia.
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Catalina [de Alejandría].
R. Ruega por nosotros.
V. Santa Anastasia.
R. Ruega por nosotros.
V. Todas las santas Vírgenes y Viudas.
R. Rogad por nosotros.
  
V. Todos los Santos y Santas de Dios.
R. Interceded por nosotros.
   
V. Sénos propicio.
R. Perdónanos, Señor.
V. Sénos propicio.
R. Escúchanos, Señor.
      
V. De todo mal.
R. Líbranos, Señor.
V. De todo pecado.
R. Líbranos, Señor.
V. De tu ira.
R. Líbranos, Señor.
V. De súbita e imprevista murte.
R. Líbranos, Señor.
V. De las acechanzas del diablo.
R. Líbranos, Señor.
V. De toda ira, odio y mala voluntad.
R. Líbranos, Señor.
V. Del espíritu de fornicación.
R. Líbranos, Señor.
V. De relámpagos y tempestades.
R. Líbranos, Señor.
V. Del flagelo de los terremotos.
R. Líbranos, Señor.
V. De la peste, el hambre y de la guerra.
R. Líbranos, Señor.
V. De la muerte eterna.
R. Líbranos, Señor.
V. Por el misterio de tu santa Encarnación.
R. Líbranos, Señor.
V. Por tu Advenimiento.
R. Líbranos, Señor.
V. Por tu Natividad.
R. Líbranos, Señor.
V. Por tu Bautismo y tu santo Ayuno.
R. Líbranos, Señor.
V. Por tu Cruz y Pasión.
R. Líbranos, Señor.
V. Por tu Muerte y Sepultura.
R. Líbranos, Señor.
V. Por tu santa Resurrección.
R. Líbranos, Señor.
V. Por tu admirable Ascensión.
R. Líbranos, Señor.
V. Por el descendimiento del Espíritu Santo Paráclito.
R. Líbranos, Señor.
V. En el día del Juicio.
R. Líbranos, Señor.
    
V. Nosotros, pecadores.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que nos perdones.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que concedas tu indulgencia.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes conducirnos a la verdadera penitencia.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes regir y conservar a tu Santa Iglesia.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes conservar en la santa Religión a todos los órdenes eclesiásticos. (1)
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes humillar a los enemigos de la Santa Iglesia.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes conceder la paz y la verdadera concordia entre los reyes y los príncipes cristianos.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes conceder la paz y la unidad a todo el pueblo cristiano.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes llamar a la unidad de la Iglesia a los que están en el error, y conducir a todos los infieles hacia la luz del Evangelio.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes confortarnos y conservarnos en tu santo servicio.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes elevar nuestro espíritu hacia los deseos celestiales.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes conceder a nuestros bienhechores la recompensa de los bienes eternos.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes librar de la muerte eterna nuestras almas, y las de nuestros hermanos, parientes y bienhechores.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes darnos y conservar las cosechas de la tierra.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes conceder el descanso eterno a todos los Fieles difuntos.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Para que te dignes escucharnos.
R. Te rogamos, óyenos.
V. Hijo de Dios.
R. Te rogamos, óyenos.
   
V. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R. Perdónanos, Señor.
V. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R. Escúchanos, Señor.
V. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo.
R. Ten piedad de nosotros, Señor.
   
V. Cristo, óyenos.
R. Cristo, óyenos.
V. Cristo, escúchanos.
R. Cristo, escúchanos.
   
V. Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.
V. Cristo, ten piedad de nosotros.
R. Cristo, ten piedad de nosotros. 
V. Señor, ten piedad de nosotros.
R. Señor, ten piedad de nosotros.
      
Padre nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea el tu Nombre. Venga a nos el tu Reino. Hágase tu Voluntad, así en la tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, mas líbranos del mal. Amén.
   
Salmo 69
Oh Dios, atiende a mi socorro: acude, Señor, luego a ayudarme.
Corridos y avergonzados queden los que me persiguen de muerte.
Arrédrense, y confúndanse los que se complacen en mis males. Sean puestos en vergonzosa fuga aquellos que me dicen insultándome: Bueno, bueno.
Regocíjense, y alégrense en tí todos los que te buscan, y digan sin cesar los que aman á su Salvador: Engrandecido sea el Señor.
Yo por mí soy un menesteroso y pobre: ayúdame, oh Dios. Amparo mío y mi libertador eres tú: oh Señor, no te tardes.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espirítu Santo.
R. Como era en el princípio, y ahora, y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 
    
V. Salva a tus siervos.
R. Que esperan en ti, Dios mío. 
  
V. Sé para nosotros, oh Señor, una torre de fortaleza.
R. Ante los enemigos.
  
V. Que nuestros enemigos no prevalezcan sobre nosotros.
R. Y que el hijo de la iniquidad no tenga poder para dañarnos.
  
V. No nos trates, Señor, como lo merecemos por los pecados que hemos cometido.
R. Ni nos castigues con arreglo a nuestras iniquidades.
      
V. Oremos por nuestros bienhechores.
R. Dígnate Señor, por el honor de tu Nombre, remunerar con la vida eterna a todos nuestros bienhechores. Amén.
  
V. Oremos por los Fieles difuntos.
R. Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua.
  
V. Descansen en paz.
R. Amen.
  
V. Por nuestros hermanos ausentes.
R. Salva a tus siervos, Dios mío, que esperan en ti. 
  
V. Envíales tu auxilio, Señor, desde tu Santuario.
R. Y protégelos desde Sión.
  
V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a ti mi clamor. 
   
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
  
Oremos. 
 
ORACIÓN
Oración penitencial.
Oh Dios, de quien es propio usar siempre de misericordia y de perdón; recibid nuestra súplica, para que a nosotros, y a todos vuestros siervos que se hallan aprisionados con la cadena de sus delitos, los liberte vuestra misericordia, usando con ellos y con nosotros de piedad.
  
Absolución de penitentes.
Os suplicamos, Señor, deis oídos a nuestras humildes súplicas, y que perdonéis los pecados de los que confiesan vuestro Nombre, para que igualmente nos concedáis con benignidad el perdón y la paz.
  
Por remisión de pecados.
Manifestadnos, Señor, con clemencia vuestra inefable misericordia: para que borréis todos nuestros pecados, y nos libertéis de las penas que por ellos merecemos. 
   
De San Gregorio Magno para el Jueves después de Ceniza.
Oh Dios, a quien ofende la culpa, y aplaca la penitencia; atended favorablemente a las súplicas de vuestro pueblo, y apartad de nosotros el azote de vuestra ira, que tan merecido tenemos por nuestros pecados.
    
Por la Paz.
Oh Dios, que inspiráis los deseos santos, los consejos rectos y las obras justas; conceded a vuestros siervos aquella paz que no puede darles el mundo; para que, ocupados nuestros corazones en el cumplimiento de vuestros Mandamientos, y ahuyentado el temor de los enemigos, sean nuestros tiempos tranquilos por vuestra protección.
   
Para pedir continencia y castidad.
Arrasad, Señor, con el fuego del Espíritu Santo, nuestras entrañas y nuestro corazón; para que con un cuerpo casto os sirvamos, y con un corazón puro os agrademos.
    
Por los fieles difuntos.
Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado.
   
Ofrecimiento de oraciones y obras durante el día.
Os suplicamos, Señor, que con santas inspiraciones prevengáis nuestras acciones, y con vuestros auxilios las continuéis; para que todas nuestras oraciones y operaciones reciban siempre de Vos su principio, y se encaminen a Vos como su fin.
  
Por los vivos y difuntos.
Omnipotente y sempiterno Dios, que sois el Señor supremo de vivos y muertos, y que usáis de misericordia con todos los que por su fe y por sus obras conocéis que han de ser vuestros escogidos: humildemente os suplicamos, que por la intercesión de todos los Santos concedáis con piedad el perdon de todos sus pecados a todos aquellos por quienes hemos determinado pediros; ya vivan en este mundo vestidos todavía de nuestra carne, o ya desnudos de ella, hayan pasado al siglo futuro. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que con Vos vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén. 
  
V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
 
V. Óiganos benignamente el omnipotente y misericordioso Señor.
R. Amén.   
   
V. Y que las almas de los Fieles difuntos descansen en paz, por la misericordia de Dios.
R. Amén.
  
(1) La invocación Ut Domnum Apostólicum et omnes ecclesiásticos órdines in sancta religióne conserváre dignéris (Para que te dignes conservar en la santa Religión a la Casa Apostólica y a todos los órdenes eclesiásticos) es remplazada por Ut omnes ecclesiásticos órdines in sancta religióne conserváre dignéris. (Para que te dignes conservar en la santa Religión a todos los órdenes eclesiásticos), por razón de hallarse vacante la Sede Apostólica. Por esa misma razón, hemos omitido también la invocación por el Papa y la oración correspondiente.