Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco I. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco I. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de mayo de 2020

EXPULSAN A ENZO BIANCHI DE SU COMUNIDAD ECUMENISTA

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   
Francisco Bergoglio removió a Enzo Bianchi, de 77 años de edad y considerado por muchos como “el cardenal laico”, de su comunidad ecuménica en Bose, un semillero del modernismo en Italia.
  
Francisco Bergoglio recibiendo a Enzo Bianchi el 12 de enero de 2019.
   
La decisión se tomó después de las tensiones que surgieron entre Bianchi, quien se había retirado como superior en enero de 2017, y el nuevo superior Luciano Manicardi, por las cuales se ordenó una inspección realizada entre el 6 de diciembre de 2019 y el 6 de enero de 2020 por el abad benedictino Guillermo León Arboleda Tamayo, el padre Amedeo Cencini, consultor de la Congregación para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y la abadesa trapense Anne-Emmanuelle Devêche de Blauvac.
   
Un decreto del 13 de mayo firmado por el secretario de Estado, Pietro Parolin, y explícitamente confirmado por Francisco, también expulsa del grupo a Goffredo Boselli (responssble de la liturgia), Lino Breda (secretario general) y Antonella Casiraghi (responsable general de las hermanas de Bose).
   
Hoy la comunidad está compuesta por alrededor de noventa hermanos y hermanas, de seis nacionalidades, casi todas ellas personas laicas. Bianchi fue hasta ahora un seguidor incondicional de Francisco Bergoglio.
  
COMENTARIO: Leyendo el comunicado de prensa de la Comunidad “monástica” de Bose, titulado “Esperanza en la prueba”, cuyo tenor literal dice:
«Como lo anunciamos en su momento, a raíz de las graves preocupaciones que han llegado de diferentes partes de la Santa Sede, que indicaban una situación tensa y problemática en nuestra Comunidad en relación con el ejercicio de la autoridad del fundador, la gestión del gobierno y el clima fraterno, el Santo Padre Francisco ha dispuesto una Visita Apostólica, confiada al Rev. P. Abad Guillermo León Arboleda Tamayo, OSB, al Rev. P. Amedeo Cencini, FDCC y a la Rev. M. Anne-Emmanuelle Devéche, OCSO, Abadesa de Blauvac.
   
Teniendo en cuenta la importancia eclesial y ecuménica de la Comunidad de Bose, tanto a nivel nacional como internacional, y la importancia de que esta siga desempeñando el papel que se le reconoce, superando graves dificultades y malentendidos que podrían debilitarla o incluso anularla, con la Visita Apostólica el Santo Padre se propuso ofrecer a la misma Comunidad una ayuda en forma de un tiempo de escucha por parte de algunas personas de probada confianza y sabiduría.
  
La Visita Apostólica tuvo lugar del 6 de diciembre de 2019 al 6 de enero de 2020 y, los Visitadores presentaron a la Santa Sede su informe, elaborado sobre la base de la contribución de los testimonios libremente dados por cada miembro de la Comunidad. Después de un prolongado y cuidadoso discernimiento y oración la Santa Sede ha llegado a conclusiones en forma de un decreto singular del 13 de mayo de 2020, firmado por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Su Santidad y aprobado en forma específica por el Papa que fueron comunicadas a los interesados hace algunos días por el Rev. P. Amedeo Cencini, nombrado Delegado Pontificio ad nutum Sanctæ Sedis, con plenos poderes, acompañado por S. E. Mons. José Rodriguez Carballo, OFM, Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y por S. E. Mons. Marco Arnolfo, Arzobispo Metropolitano de Vercelli.
   
Tal comunicación tuvo lugar con el mayor respeto posible al derecho a la confidencialidad de los interesados. Sin embargo, a partir de la notificación del decreto, el rechazo anunciado de las medidas por parte de algunos de los destinatarios ha provocado una situación de mayor confusión e incomodidad, por lo que se considera necesario precisar que las providencias anteriores conciernen al Hno. Enzo Bianchi, al Hno. Goffredo Boselli, al Hno. Lino Breda y a la Hna. Antonella Casiraghi, los cuales deberán separarse de la Comunidad Monástica de Bose y trasladarse a otro lugar, renunciando a todos los cargos que ocupan actualmente.
   
Además, con carta del Secretario de Estado al Prior y a la Comunidad, la Santa Sede ha trazado un camino de futuro y esperanza, indicando las líneas principales de un proceso de renovación, que confiamos dará un nuevo impulso a nuestra vida monástica y ecuménica.
   
En este tiempo que nos prepara para Pentecostés invocamos una renovada efusión del Espíritu sobre cada corazón, para que doble lo que es rígido, caliente lo está helado, levante lo que está desviado y ayude a todos a hacer prevalecer la caridad que nunca viene a menos».
Cabe preguntarse:
  • ¿Cómo las presuntas escaramuzas causadas por Bianchi, Bozelli, Breda y Casiraghi contra Manicardi «podrían debilitar e incluso anular» la «importancia eclesial y ecuménica» de Bose?
  • Enzo Bianchi renunció al “Priorato” el 26 de diciembre de 2016, haciendo efecto en enero de 2017, ¿entonces cómo se llegó en dos años a la Visita Apostólica, y en tres años y medio a extrañarlo de su comunidad?
  • Vista la autoproclamada «importancia eclesial y ecuménica de la Comunidad de Bose», ¿en qué consisten las «graves dificultades y malentendidos» de los que hablan?
  • ¿De qué depende el «el rechazo anunciado de las medidas por parte de algunos de los destinatarios», al punto para determinar «una situación de mayor confusión e incomodidad»?
Preguntas legítimas porque emergen no de cotilleos, sino del comunicado oficial, que fue contestado por Enzo Bianchi con una nota de prensa:
«Yo, fray Enzo Bianchi, el fundador, sor Antonella Casiraghi, responsable general de las hermanas, fray Lino Breda, secretario de la comunidad, y fray Goffredo Boselli, responsable de la liturgia, hemos sido invitados a dejar temporaneamente la comunidad y a ir a vivir a otra parte.
   
La visita apostólica conducida por tres visitadores ha llegado en los días pasados a su fin y a sus conclusiones. En vano hemos pedido a quien nos ha dado el decreto que se nos permita conocer las pruebas de nuestras faltas y podernos defender de las falsas acusaciones.
   
En estos dos últimos años, durante los cuales voluntariamente estuve más ausente que presente en la comunidad, sobre todo viviendo en mi eremitorio, he sufrido el no poder dar mi legítima contribución como fundador. En cuanto fundador, hace más de dos años que presenté libremente mi dimisión como prior, pero comprendo que mi presencia pueda ser un problema. Pero nunca he contestado con palabras y hechos la autoridad del legítimo prior Luciano Manicardi, mi estrecho colaborador por más de veinte años, como maestro de novicios y viceprior de la comunidad, que ha compartido conmigo en plena comunión decisiones y responsabilidades.
  
En esta situación, muy dolorosa para mí y para todos, pido que la Santa Sede nos ayude y, si hemos hecho algo que contrasta la comunión, que nos venga dicho. Por parte nuestra, en el arrepentimiento estamos dispuestos a pedir y a dar misericordia. En el sufrimiento y en la prueba habíamos además pedido y pedíamos que la comunidad sea ayudada en un camino de reconciliación.
   
En la tristeza más profunda, siempre obediente, en la justicia y en la verdad, en la voluntad del Papa Francisco, por el cual nutro amor y devoción filial, agradezco de todo corazón a los tantos hermanos y hermanas de Bose que en estas horas de grande dolor me sostienen y las tantas personas que nos han expresado su cercanía humana y su afecto sincero».
  
Finalmente, todo se reduce a bagatelas y peleas intestinas nacidas precisamente del modernismo y el ecumenismo condenados por la Iglesia Católica de siempre, pero acogidos por el Conciliábulo Deuterovaticano y que Bergoglio está llevando a niveles inauditos. Pero bueno, esto significa un “fresquito” para la corriente tradicionalista y/o neoconservadora del Novus Ordo, que ha recibido la “misericordina” particularmente en los Franciscanos de la Inmaculada, el Instituto del Verbo Encarnado, Família Christi, Soberana Orden de Malta, Heraldos del Evangelio (“Caballeros de la Virgen”) y tantos otros.

PASÓ LA SEMANA, VENDRÁ EL “AÑO Laudato sii”

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
CON SU FORJADO “AÑO Laudato sii” Y LAS  “LITURGIAS ECOLÓGICAS”, FRANCISCO BERGOGLIO PROMUEVE ABIERTAMENTE EL PAGANISMO, NO LA RELIGIÓN
  
La tochada de Francisco Bergoglio Laudato si’, presentada como una Carta Encíclica Novus Ordo, no tiene nada que ver con la Religión, menos con la Religión Católica.
Ahora él ha lanzado un plan septenal para forzar a sus decadentes diócesis, órdenes y escuelas conciliares a ajustarse, como se juzga con sus “parámetros” dictados, completamente con una “Liturgia ecológica”.
   
Claramente Francisco Bergoglio ya no dirige una organización religiosa, sino una organización política secular con una apariencia pseudocatólica para engañar a sus feligreses. Francisco Bergoglio está muy orgulloso de Laudato si’: De Commúni Domo Colénda, una tochada política izquierdista que él presentara como Carta Encíclica novusordiana el 24 de Mayo de 2015. Esta no tiene nada que ver con cualquier religión, menos con la Religión Católica. En cambio, Bergoglio el político secular izquierdista ataca en 246 párrafos en latín con 172 notas al pie contra los consumidores y desarrolladores de tierra, abrazando al mismo tiempo al Dios del Ambientalismo y del Calentamiento Global. Bergoglio incluso concluye su ladrillo con dos mediocres poemas latinos de su propia composición.
  
El 17 de Mayo de 2020, Bergoglio anunció una semana Laudato si’ como campaña contra los combustibles orgánicos (basados en carbono) y por la “sostenibilidad”, esa palabra tan mezclada que tanto aman los radicales. Él está forzando a sus decadentes diócesis, órdenes y escuelas deuterovaticanas a convertirse, no a Nuestro Señor Jesucristo, sino a «un viaje de siete años hacia la conversión ecológica y la sostenibilidad total». Inclusive, Bergoglio ha dictado, junto con burócratas de las Naciones Unidas, parámetros contra los cuales serán juzgados sus secuaces. Él dedicaría tal frenesí para lavar a su clero pedófilo que aún domina su iglesia, y limpiar a los mafiosos y lavadores de dinero de sus instituciones financieras. [Parte de la información para este Comentario proviene de National Catholic Register]
   
Verdaderos Católicos, si no pensábais que la Nueva Misa era lo suficientemente loca, ahora Bergoglio está comisionando “Liturgias ecológicas”, tal vez incluyendo la estatua de la diosa Pachamama que instaló en la Basílica de San Pedro. Él también planea construir una Capilla viviente Laudato si’ en la cual simular estas “Liturgias ecológicas” construida con metal descartado de los vehículos y barriles de petróleo. Verdaderamente Bergoglio se volvió loco. Ahora su megalomanía narcisista no tiene conexión con la religión. Él está promoviendo abiertamente el paganismo, y sus adoradores están despistados ante el hecho que está desviando sus donaciones a la caridad para construir su fantasmagoría.

martes, 5 de mayo de 2020

ABOMINABLE: AYUNO Y ORACIÓN PARA LA LLEGADA DEL NUEVO ORDEN MUNDIAL

El pasado 2 de Mayo, el Boletín de Prensa de la Non Sancta Sede publicó un «Llamamiento a la oración del Alto Comité para la Fraternidad Humana», comité creado tras la firma del Documento de Abu Dhabi el 4 Febrero del año anterior por Francisco Bergoglio y Ahmed Muhammad Ahmed el-Tayeb, jefe de la oenegé deuterovaticana y gran imam de la mezquita al-ʾAzhar en El Cairo respectivamente.
  
Tal documento hace la convocatoria, inspirada en los encuentros ecuménicos de Asís, para el día 14 de Mayo. La convocatoria reza así:
«¡Hermanos que creen en Dios, el Creador! ¡Hermanos en la humanidad en todas partes!
   
Hoy en día, el mundo enfrenta un peligro inminente que amenaza las vidas de millones de personas en todo el mundo, debido a la rápida propagación del coronavirus “Covid-19” [sic]. Junto a la afirmación de nuestra creencia en la importancia del papel de la medicina y la investigación científica en el tratamiento de esta pandemia, no nos olvidamos de dirigirnos a Dios, el Creador, en esta gran crisis. Invitamos a todas las personas, en todo el mundo, a recurrir a Él a través de la oración, la súplica y las obras del bien, cada individuo en su lugar y de acuerdo con su religión, creencia o doctrina, para que Dios elimine esta pandemia, nos ayude a salir de esta aflicción, inspire a los científicos a descubrir un medicamento que acabe con ella, salve al mundo de las consecuencias sanitarias, económicas y humanas debido a la propagación de esta pandemia peligrosa.
   
Para alcanzar los objetivos del Documento de Fraternidad Humana, el Comité Supremo propone el próximo jueves 14 de mayo, como un día de oración y súplica por la humanidad. El Comité llama a todos los líderes religiosos y personas de todo el mundo a responder a este llamamiento humanitario y acudir al Todopoderoso con una sola voz para preservar a la humanidad, ayudarla a superar la pandemia y restablecer la seguridad, la estabilidad, la salud y el desarrollo, para hacer nuestro mundo, después de la finalización de esta pandemia, más humano y fraterno que nunca».
Cabe recordar que este tipo de iniciativas han sido condenadas por la Iglesia:

  • «Nadie puede orar en común con los herejes y cismáticos […] No está permitido a los herejes entrar en la casa de Dios, mientras ellos continúan en la herejía». (Concilio de Laodicea, can. 6, año 367).
  • «No hay que rezar ni cantar salmos con los herejes, y todo el que se comunica con aquellos que están separados de la comunión de la Iglesia, ya sea clérigo o laico, que sea excomulgado». (Concilio de Cartago, años 397 y 419).
  • «El que ora con herejes es un hereje». (PAPA SAN AGATÓN).
  • «Si algún eclesiástico o laico, va a la sinagoga de los judíos, o la casa de reunión de los herejes para unirse en oración con ellos, que sean depuestos y privados de la comunión. Si algún obispo o un sacerdote o diácono se unen en oración con herejes, que sea suspendido de la comunión» (Concilio III de Constantinopla, año 680).
  • «Se preguntó si un sacerdote del Líbano podía durante la Misa mencionar al Patriarca de los Armenios (que es cismático), con la intención de orar por él. La petición para esta concesión se formuló con carácter urgente en orden de atraer a las gentes a una gran amistad con los Latinos. La Sagrada Congregación respondió que eso NO SE DEBE HACER, y que debería ser firmemente prohibido» (Suprema Congregación del Santo Oficio, Acta del 7 de Junio de 1673).
  • «Lejos, sin embargo, de los hijos de la Iglesia Católica ser jamás en modo alguno enemigos de los que no nos están unidos por los vínculos de la misma fe y caridad; al contrario, si aquellos son pobres o están enfermos o afligidos por cualesquiera otras miserias, esfuércense más bien en cumplir con ellos todos los deberes de la caridad cristiana y en ayudarlos siempre y, ante todo, pongan empeño por sacarlos de las tinieblas del error en que míseramente yacen y reducirlos a la verdad católica y a la madre amantísima, la Iglesia, que no cesa nunca de tenderles sus manos maternas y llamarlos nuevamente a su seno, a fin de que, fundados y firmes en la fe, esperanza y caridad y fructificando en toda obra buena (Col. 1, 10), consigan la eterna salvación» (PAPA PÍO IX, Encíclica “Quanto Conficiámur”, 17 de Agosto de 1863).
  • «Jesucristo no concibió ni instituyó una Iglesia formada de muchas comunidades que se asemejan por ciertos caracteres generales, pero distintas unas de otras y no unidas entre sí por aquellos vínculos que únicamente pueden dar a la Iglesia la individualidad y la unidad de que hacemos profesión en el símbolo de la fe: “Creo en la Iglesia una”…» (PAPA LEÓN XIII, Encíclica “Satis Cógnitum”, 29 de Junio de 1896).
  • «Ahora bien, la doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las opiniones erróneas, por muy sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica o práctica ante el error o el vicio en que vemos caídos a nuestros hermanos, sino en el celo por su mejoramiento intelectual y moral no menos que en el celo por su bienestar material. Esta misma doctrina católica nos enseña también que la fuente del amor al prójimo se halla en el amor de Dios, Padre común y fin común de toda la familia humana, y en el amor de Jesucristo. […] Nos preguntamos, venerables hermanos, en qué ha quedado convertido el catolicismo de “Le Sillon”. Desgraciadamente, el que daba en otro tiempo tan bellas esperanzas, este río límpido e impetuoso, ha sido captado en su marcha por los enemigos modernos de la Iglesia y no forma ya en adelante más que un miserable afluente del gran movimiento de apostasía, organizado en todos los países, para el establecimiento de una Iglesia universal que no tendrá ni dogmas, ni jerarquía, ni regla para el espíritu ni freno para las pasiones y que, so pretexto de libertad y de dignidad humana consagraría en el mundo, si pudiera triunfar. el reino legal de la astucia y de la fuerza y la opresión de los débiles, de los que sufren y trabajan» (PAPA SAN PÍO X, Encíclica “Notre Charge Apostolique”, 23 de Octubre de 1908).
  • «Es ilegal para los fieles ayudar de cualquier manera activa, o participar en los servicios sagrados de los no católicos» (Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico, can. 1258 § 1).
  • «Eviten los católicos tener disputas o reuniones, principalmente públicas, con los no católicos, sin la autorización de la Santa Sede o, si el caso es urgente, del Ordinario local» (Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico, can. 1325 § 3).
  • «Una persona que por su propia voluntad y a sabiendas ayuda de cualquier forma a propagar la herejía, o que se comunica en los ritos sagrados con los herejes en violación de la prohibición del Canon 1258, es sospechoso de herejía» (Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico, can. 2316)
  • «Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio» (PAPA PÍO XI, Encíclica “Mortálium Ánimos, 6 de Enero de 1928).
  • «De acuerdo a la norma del Canon 1325 § 3, está prohibido tanto a los laicos como a los clérigos, ya sean seculares o regulares, asistir a esos encuentros sin la referida autorización. Mucho menos es lícito para los Católicos convocar e instituir esa clase de reuniones» (PAPA PÍO XII, Advertencia “Cum copértum” de la Suprema y Sagrada Congregación del Santo Oficio, 5 de Junio de 1948).

domingo, 3 de mayo de 2020

LETANÍA BERGOGLIANA A LA PACHAMAMA

Tomado de GLORIA NEWS.
   
   
«Dios perdona siempre, nosotros los hombres perdonamos algunas veces, pero la creación no perdona nunca, y si tú no la cuidas ella te destruirá» (Audiencia General, 21 de Mayo de 2014).
   
«Dios perdona siempre, nosotros –los hombres– perdonamos algunas veces, la naturaleza no perdona nunca. Si la maltratas, ella te maltrata. Creo que hemos explotado demasiado la naturaleza» (Al periodista irlandés Gerard ‘Jerry’ O’Connell, corresponsal en el Vaticano para la revista jesuita “America Magazine”, Rueda de prensa en el vuelo de Sri Lanka a las Filipinas, 15 de Enero de 2015).
   
«A nosotros, a todos, nos gusta la madre Tierra, porque es la que nos ha dado la vida y nos custodia» (Discurso a los representantes del “Instituto de Jainología” de Londres, 1 de Junio de 2016).
   
«Nuestro planeta tierra es nuestra casa común» (Al entonces Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-Moon, 6 de Octubre de 2016).
   
Francisco pidió a los teólogos morales trabajar más sobre la responsabilidad ambiental, diciendo que él raramente oía a alguien confesarse de contaminar o dañar la tierra: «Aún no somos conscientes de este pecado» (9 de Febrero 2019, CatholicNews.com).
   
«Hay un dicho, que vos lo conocés. Dios perdona siempre. Nosotros perdonamos de vez en cuando. La naturaleza no perdona nunca. Los incendios, los terremotos… la naturaleza está pataleando para que nos hagamos cargo del cuidado de la naturaleza» (Al comediante español Jordi Évole en su programa ‘Lo de Évole’, 23 de Marzo de 2020).
   
«Hay un dicho en Español: “Dios perdona siempre, nosotros perdonamos de vez en cuando, la naturaleza no perdona nunca”», explicando que los incendios, los glaciares derretidos y las riadas quizá no son una venganza sino “ciertamente” una respuesta de la naturaleza (A su biógrafo inglés Austen Ivereigh, 8 de Abril de 2020).
   
«Dios perdona siempre; nosotros, los hombres, perdonamos algunas veces sí, algunas veces no; la Tierra no perdona nunca» y «Hemos pecado contra la Tierra» (Audiencia General, 22 de Abril de 2020).
   

sábado, 18 de abril de 2020

LA RETÓRICA DEL NEGATIVO, O JUDAS COMO EJEMPLO

Traducción del artículo publicado por Cesare Baronio en OPPORTUNE IMPORTUNE.
   
  
Veníte, mittámus lignum in panem ejus, et eradámus eum de terra vivéntium, et nomen ejus non memorétur ámplius. (Jer. 11, 19).
   
Republico el artículo que había escrito el 9 de Diciembre de 2016, porque parece que Bergoglio insiste en su narración heterodoxa que mira a una presunta rehabilitación de Judas. En su homilía de Santa Marta de hoy (aquí) encontramos formuladas y repropuestas las tesis heréticas ya anticipadas entonces, siempre con las mismas referencias al pésimo don Mazzolari y al capitel de Vézelay:
«Una cosa que me llama la atención es que Jesús nunca le dice “traidor”; dice que será traicionado, pero no le dice a él “traidor”. Nunca dice: “Vete, traidor”. ¡Nunca! Es más, le dice: “Amigo”, y lo besa. El misterio de Judas… ¿Cómo es el misterio de Judas? No sé… Don Primo Mazzolari lo explicó mejor que yo… Sí, me consuela contemplar aquel capitel de Vézelay: ¿cómo terminó Judas? No lo sé. Jesús amenaza fuertemente, aquí; amenaza fuertemente: “¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es traicionado: sería mejor para ese hombre si nunca hubiera nacido!”. ¿Pero eso significa que Judas está en el infierno? No lo sé. Yo miro el capitel. Y escucho la palabra de Jesús: “Amigo”».
Os pido leer con atención mis reflexiones, que se revelan –con todo, osaría decir– todavía dramáticamente actuales, también a la luz de los eventos recientes.
    
Premisa
El pasado 6 de Diciembre de 2016, en una de sus extemporáneas homilías matutinas en Santa Marta (aquí), Bergoglio ha propuesto como modelo de oveja perdida nada menos que a Judas Iscariote:
«La oveja perdida más perfecta en el Evangelio es Judas: un hombre que siempre, siempre tenía algo de amargura en el corazón, algo que criticar a los demás, siempre distante. No conocía la dulzura de la gratuidad de vivir con todos los demás. Y dado que esta oveja no estaba satisfecha –¡Judas no era un hombre satisfecho!– siempre escapaba. Escapaba porque era ladrón, iba por aquel lado, él. Otros son lujuriosos, otros… Pero siempre escapan porque existe aquella oscuridad en el corazón que los separa del rebaño. Es esa doble vida, esa doble vida de tantos cristianos, incluso con dolor podemos decir, sacerdotes, obispos… Y Judas era obispo, era uno de los primeros obispos, ¡eh! La oveja perdida. ¡Pobrecito! Pobrecito este hermano Judas como lo llamaba don Mazzolari, en aquel sermón tan bello: ‘Hermano Judas, ¿Qué cosa sucede en tu corazón?’. Nosotros debemos comprender a las ovejas perdidas. También nosotros tenemos siempre alguna cosita, pequeñita o no tan pequeñita, de la oveja perdida».
Dejemos perder la prosa bergogliana, que da los despropósitos doctrinales todavía más indigestos; buscamos más que todo traer claridad, también retomando ua precedente intervención suya sobre el mismo tema.
   
La Sagrada Escritura
El mismo Salvador dice de Judas Iscariote: «Fílius quidem hóminis vadit, sicut scriptum est de illo; vae autem hómini illi, per quem Fílius hóminis tráditur: bonum erat ei si natus non fúisset homo ille». (Matth. XXVI, 24) En cuanto al Hijo del hombre, él se marcha, conforme está escrito de él; pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado; mejor le fuera si no hubiese jamás nacido!
  
El Evangelio nos indica a Judas también como ladrón: «Dixit autem hoc non quia de egénis pertinébat ad eum, sed quia fur erat et, lóculos habens, ea quæ mittebántur portábat». (Joann., XII, 6) Esto dijo, no porque él pasase algún cuidado por los pobres, sino porque era ladrón y teniendo la bolsa, llevaba o defraudaba el dinero que se echaba en ella.
   
Y Nuestro Señor dice dice: «Cum essem cum eis, ego servábam eos in nómine tuo: quos dedísti mihi custodívi et nemo ex his perívit, nisi fílius perditiónis, ut scriptúra impleátur». (Joann. XVII, 12) Mientras estaba yo con ellos, yo los defendía en tu Nombre. He guardado los que tú me diste y ninguno de ellos se ha perdido sino el hijo de la perdición, cumpliéndose así la Escritura.
 
Los Apóstoles no se distancian de cuanto afirma el Señor: «Tu Dómine, qui corda nosti ómnium, osténde quem elegíris ex his duóbus unum accípere locum ministérii hujus et apostolátus, de quo prævaricátus est Judas, ut abíret in locum suum». (Actuum I, 24-25) ¡Oh Señor!, tú que ves los corazones de todos, muéstranos cuál de estos dos has destinado a ocupar el puesto de este ministerio y apostolado, del cual cayó Judas por su prevaricación, para irse a su lugar.
  
Los Santos Padres
La voz de los Santos Padres es sustancialmente concorde al considerar el suicidio de Judas como una prueba de la desesperación de la salvación: con el equilibrio que contradistingue a la doctrina católica, la causa de la condenaicón de Judas no fue sin embargo la gravísima traición al Señor, sino el haber rechazado confiar en Su perdón y en el infinito valor redentor de Su sacrificio, del cual fue al mismo tiempo cooperador voluntario, habiéndolo entregado a los Sumos Sacerdotes a cambio de treinta dineros.
 
San León Magno llama a Judas maestro del crimen, y cuando San Atanasio o más tarde Rufino hablan de la muerte del herético Arrio, se refieren directamente a Judas, al punto de hacer un topos de la iconografía y de la teología. Sobre la misma línea están San Ambrosio, Epifanio, San Gregorio Nacianzieno y el Venerable Beda.

En la Ciudad de Dios (Libro I, 3, cap. XVII), San Agustín confirma: «Quien se mata a sí mismo es homicida. Y tanto más culpable se hace al suicidarse cuanto más inocente era en la causa que le llevó a la muerte. Concedamos con razón el hecho de Judas: la Verdad manifiesta que, al suspenderse de un lazo, más bien aumentó que expió la felonía de su traición. En efecto, desesperando de la divina misericordia con mortales remordimientos, cerró para sí todo camino de una penitencia salvadora (Matth. XXVII, 3-5). Pues bien, ¡cuánto más debe abstenerse del suicidio quien no tiene culpa alguna que castigar en tal suplicio! Porque Judas, al matarse, mató a un delincuente, y a pesar de todo acabó su propia vida no solamente reo de la muerte de Cristo, sino de la suya propia. Se suicidó por su propio crimen, pero, además, añadió un segundo crimen».
 
Para San Agustín, Judas es instrumento, en sí radicalmente malvado, de la obra buena de Dios, porque el Señor tenía el poder de disponer, a favor de los suyos, de las obras de quien le es hostil. En la misteriosa obra divina Judas se levanta en el papel de «ígnaro y dañado medio de salvación», cuyas acciones malvadas son sin él saberlo convertidas en bien (Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 55, 5).
   
El discurso de Bergoglio
El 16 de Junio de 2016, en ocasión del discurso pronunciado para la apertura del Encuentro Eclesial de la Diócesis de Roma (aquí), Bergoglio ha buscado arrujar un manto de duda sobre la condenación de Judas, incluyendo también al Iscariote en el número de los que se salvaron.
 
Fue en aquella misma circunstancia que él osó decir que Nuestro Señor «hace pasar por bobo», frase blasfema después modificada en la transcripción con «finge haciéndose pasar por tonto»Pero leamos qué dice Bergoglio: «Llegó a mis manos —vosotros seguramente la conocéis— la imagen de ese capitel de la basílica de Santa María Magdalena de Vézelay, al sur de Francia, donde comienza el Camino de Santiago: por una parte está Judas, ahorcado, con la lengua afuera, y por otra parte del capitel está Jesús Buen Pastor que lo carga sobre los hombros, lo lleva consigo. Esto es un misterio. Pero estos medievales, que enseñaban la catequesis con las figuras, habían entendido el misterio de Judas. Y don Primo Mazzolari tiene un hermoso discurso, un Jueves santo, sobre esto, un hermoso discurso. Es un sacerdote no de esta diócesis, pero de Italia. Un sacerdote de Italia que entendió bien esta complejidad de la lógica del Evangelio. Y quien más se ensució las manos es Jesús. Jesús es quien más se ensució. No era alguien que buscaba estar “limpio”, sino que iba a la gente, entre la gente y trataba a la gente como era, no como debía ser».
 
Leer que Vézelay se encuentra «en el Sur de Francia» debería bastar para descalificar cualquier comentario posterior, sobre todo si este error viene del Papa, de quien se esperaría que haga verificar el contenido de sus propias intervenciones antes de pronunciarlas (Cabe preguntarse si este hablaimprovisadamente no hace parte de la función escénica…). Pero hablamos de Bergoglio, que probablemente considera los cuatro puntos cardenales como las formas del prohibido dogmatismo preconciliar y la geografía una odiosa imposición de quien cree tener la verdad en sus manos. Téngase por tanto definido que la Borgoña está al sur de Francia, y no se ose contestar al sátrapa de Santa Marta.
 
Tratemos pues de analizar punto por punto las afirmaciones de Bergoglio.
«Llegó a mis manos —vosotros seguramente la conocéis— la imagen de ese capitel de la basílica de Santa María Magdalena de Vézelay».
Hablamos de un capitel de la nave (comúnemente identificado con el número 79 por los estudiosos, adscrito a la segunda mitad del s. XII), que se encuentra encima de la primera columna, sobre el segundo nivel, entrando después del portal lateral derecho, más allá del nártex (donde se han representado la Anunciación, la Visitación, la Natividad y la Epifanía). Digamos que no es exactamente una de las imágenes más visibles y conocidas entre todas las de Vézelay.
«Por una parte está Judas, ahorcado, con la lengua afuera, y por otra parte del capitel está Jesús Buen Pastor que lo carga sobre los hombros, lo lleva consigo».
Esta interpretación deja cuando menos asombro. Sobre todo porque no está apoyada por ninguna prueba científica, y en segundo lugar porque representa una osada innovación de la cual es autor un personaje controvertido para decir poco.
  
La iconografía
Partamos por las evaluaciones histórico-iconográficas: en el siglo XII no se tienen representaciones del Buen Pastor ni en Vézelay ni en Autun, y parece pues extraño que un elemento oriental, ciertamente nuevo, sea empleado en una escena marginal. A diferencia pues de la representación usual de Cristo con la barba propia del Nazareno, aquí el personaje aparece imberbe. Él viste además la túnica corta de los siervos y está descalzo: otro elemento que no concuerda con la iconografía canónica. Finalmente, el rostro está deformado por una mueca. Todavía: la dirección en la que se mueve es de espaldas respecto al altar: es claro que esta persona está llevando a Judas fuera de la iglesia, caminando hacia occidente, hacia las tinieblas. Inútil decir que, por la importancia que reviste la simbología en las representaciones medievales, es sencillamente absurdo pensar que el ideador de este capitel haya querido de cualquier forma representar a Nuestro Señor cargando sobre las espaldas a Judas en un supremo acto de misericordia y de perdón.
   
El capitel del Becerro de Oro
  
Entre otros –aunque admitiendo que la imagen oriental del Buen Pastor pueda haber sido adoptada en una iglesia de la segunda mitad del s. XII– no se comprende por cuál razón el capitel de Moisés ante el Becerro de oro muestra un personaje análogo –claramente un pastor que lleva un cordero para sacrificar ante el ídolo erigido por Aarón– con barba, calzado y rostro incluso más noble y elegante que el otro. Y aquí me pregunto, de pasada: ¿cómo esta atención casi morbosa a un oscuro capitel que pone en discusión siglos de Tradición católica, y luego significativamente ningún signo por ejemplo a aquel demonio que campea terrorífico sobre el ídolo de Aarón, recordando los pollos degollados en el panteón de Asís? Que se trata de destruir la sana doctrina insinuando dudas temerarias, todo bien; pero apenas la tan decantada «catequesis de las figuras» delata el ecumenismo conciliar, se pasa de agache, fingiendo no ver, y demostrando así la mala fe y la presuntuosidad de las argumentaciones propias.
De todos modos, la mirada disgustada del personaje que carga a Judas reclama el desprecio de la Sinagoga por su traición, resaltada también por la narración evangélica, como quiera que los Sumos Sacerdotes se niegan a poner en el arca de las ofrendas el prǽtium sánguinis y lo destinan a la compra del campo del alfarero, llamado Hacéldama (Matth. XXVII, 7-8).

Sin decir que, en la mentalidad de la época, la idea de que Judas pudiese en cualquier forma ser salvado no encuentra ningún riscontro, y es por ende arbitrario aplicar la desenvoltura doctrinal de un sedicente teólogo de nuestros días a la devota espiritualidad de un religioso del Medioevo, que se abbeverava por ejemplo en la Pasión de Cristo de San Gregorio Nazianzieno (329-390): «Escucha, Judas, todo el bien que Él [Cristo] te ha hecho. Te ha hecho salir de las tinieblas de la ignorancia, te ha mostrado la luz de la divina salvación; te ha hecho la gracia de numerosos milagros. […] Confiándote todo el dinero, te ha quitado la excusa de la indigencia. […] Aunque te conocía a la perfección antes de tu crimen, no dudó en lavar tus pies criminales y en ofrecerte el Pan eucarístico. Y después de haber recibido de Él estos dones, tú, el más odioso de los hombres, tú le has traicionado, has aceptado el precio de la sangre, tal vez fuiste arrastrado por la codicia pero no tienes excusas. […] Tú no tienes ningún motivo para dar pretextos, […] ni si todo el infierno corriese en tu ayuda y difundiese sobre toda la tierra sus perversas razones».
 
El comitente del capitel de Vézelay debía también haber leído el Carmen Paschále de Sedulio (del s. V, también autor de los himnos de Navidad y la Epifanía), que definie a Judas como «ser sanguinario, feroz, temerario, insensato, rebelde, pérfido, cruel, ladrón, venal, inicuo, felón despiadado, bárbaro traidor, impío malhechor», o el Liber Evangeliórum (compuesto entre el 863 y el 868 por el monje Otfrid) y el manuscrito de los Offícia de New Minster (s. IX). No olvidemos las Vidas de Judas y los misterios medevales alemanes, ingleses, franceses e italianos. Muchos elementos de estas narraciones se encontran años después en la  Legenda Aurea del beato Santiago de Varazze y continúan en las leyendas en latín y en vernáculo desde Cataluña a Bohemia, de Gales a Finlandia o a Rusia, pasando por Bulgaria.
 
Capitel de la Catedral de Autun
  
Solo para citar algunos ejemplos, los relieves de las columnas del ciborio de San Marcos en Venecia (procedentes del expolio a Constantinopla del 1204 y que se remontan al siglo. VI) presentan las escenas de la restitución de los treinta siclos al templo y el ahorcamiento, pero también en el capitel de la Sala Capitular de la Catedral de Autun (de Gisleberto, s. XII), el suicidio de Judas sigue la iconografía que lo rodea de demonios.

El arbor infélix del cual se cuelga Judas es contraltar del arbor decóra et fúlgida, ornáta Regis púrpura, sobre el cual Cristo fue crucificado.
 
Tímpano de Santa Fe de Conques
  
El tímpano de la iglesia de Santa Fe de Conques (s. XI) es todavía más explícito, ya que muestra a satanás entronizado como en majestad al centro de los condenados, y el Iscariote colgado a su izquierda. Judas tiene una bolsa en torno al cuello, mientras que una serpiente se le enrolla a las piernas, y un diablo continúa ahorcándolo. En el infierno, Judas estará colgado para toda la eternidad.
   
Judas en la literatura judía anticristiana
Conviene también recordar los Toledoth Yeshu (תּוֹלְדֹוֹת יֵשׁוּ), relatos de matriz judía antiquísimos (siglo II), que profiriendo irrepetibles blasfemias contra Nuestro Salvador, hacían una parodia de los Evangelios y mostraban en Judas una suerte de astuto y heroico Anticristo (lo señala también Tertuliano, en De spectaculis, 36).
 
Inicialmente transmitidos en forma oral, los toledoth fueron transcritos entre el siglo IV y VI. Permanecieron –comprensiblemente– confinados en el ámbito hebraico por siglos y se difundieron, aunque en versiones diferenciadas, en toda la Europa y en el Medio Oriente y sobreviven un centenar de redacciones. Tal vez la lengua original era el  arameo, pero la mayoría de los manuscritos están en hebreo, con versiones más tarde en árabe, judeopersa, judeoalemán (yidís) y judeoespañol (ladino).
 
El primer relato explícito y detallado de una versión judía sacrílega de los sucesos de Jesús se remonta al siglo IX y es debido al celo del arzobispo Agobardo de Lyon (778-840). De los toledoth hablan también su sucesor Amolón (841-852), en su Liber Contra Judǽos, y Rabano Mauro, arzobispo de Maguncia (Contra Judǽos, 847), testificando que la noticia de los toledoth y de su contenido ofensivo se estaba difundiendo ampliamente, suscitando indignación entre los Cristianos.
 
En la versión que Johann Christoph Wagenseil presenta de los Toledoth (cfr. la Tela Ígnea Satánæ), aparece –entre las repugnantes blasfemias contra Nuestro Señor y la Virgen Santísima– un pasaje en el cual, en el curso de un combate aéreo, Judas y Jesús se ensucian recíprocamente (no diremos con cuáles fluídos, pero sépase que aparecen en los rituales mágicos de Marina Abramović, et de hoc satis). En el discurso de Bergoglio, inmediatamente después de la mención de Judas y como pasaje casi lógico, leemos: «Y quien más se ensució las manos es Jesús. Jesús es quien más se ensució. No era alguien que buscaba estar “limpio”, sino que iba a la gente, entre la gente y trataba a la gente como era, no como debía ser».
 
Verdaderamente no se logra comprender el pasaje entre la referencia al hermano Judas de don Mazzolari (traído a Bergoglio por medio del padre Cantalamessa) y aquel «Jesús es quien más se ensució. No era alguien que buscaba estar “limpio”», que se hace eco de los relatos de los toledoth. Debo admitir que el solo pensarlo da escalofríos.
 
Difícil imaginar que un piadoso monje de Vézelay, teniendo noticia de estas inmundas parodias de los Evangelios, osase también solo mínimamente hacer propia una rehabilitación de Judas, por el aprecio del cual el traidor gozaba entre los judíos.
   
Las fuentes de Bergoglio
Veamos ahora cómo Bergoglio podría haber tenido al alcance una imagen del capitel de Judas. La hipótesis más simple es que ella hiciese parte del equipo fotográfico de la obra El evangelio de Marcos. Imágenes de redención, de Eugen Drewermann, publicada en 1994. ¿Y quién podrá ser este Drewermann?
 
Una vez más, el inagotable repertorio bergogliano supera a la literatura heretical contemporánea, haciendo propios los delirios de un degradado, condenado en 1992 por sus tesis heterodoxas en favor del suicidio y del suicidio asistido, aparte de otros delirios de matriz psicoanalítica contra el celibato eclesiástico, la negación de la Resurrección y la no historicidad de los Santos Evangelios. Un individuo, entendamos, que en el 2005 ha apostatado públicamente de la Fe católica y que fue llamado como «profeta» por el obispo de Hildesheim, mons. Heiner Wilmer, que ha definido recientemente como «terriblemente no cristiano» afirmar que el Coronavirus sea un castigo de Dios (aquí), y que el Señor «no es alguien a quien podamos aplacar con sacrificios» (acá).
 
Quien tenga la paciencia de profundizar el currículum de Drewermann, encontrará inquietantes analogías con las creencias de Bergoglio en materia de formación sacerdotal. En el 2008 publicó una obra de título emblemático: Giordano Bruno. El filósofo que murió por la libertad del espíritu.  En el 2014, o sea nueve años después de la apostasía anunciada en televisión, este pseudo-teólogo ha predicado los ejercicios espirituales a dos comunidades de monjes benedictinos (la local y la de Melk) en la Abadía de San Lamberto, en Austria (ver aquí y acá).
 
Nótese que el tema del rol salvífico de Judas es un elemento de matriz gnóstica recurrente también en la secta neocatecumenal de Kiko Argüello (ver aquí) de la cual es adepto el padre Raniero.
  
El gnosticismo de «nuestro hermano Judas»
Publicada hace pocos años la traducción del denominado Evangelio de Judas, texto herético y apócrifo escrito entre el 130 y el 170 (y encontrado en Egipto en 1978), en el cual el Apóstol traidor lo hace con la plena conciencia de realizar la obra de la Redención en conformidad al querer divino (cfr. San Ireneo de Lyon, Advérsus hæréses, I, 31, 1).
 
Según este texto, el Iscariote no es el traidor, pero asumiendo la función de símbolo de la comunidad gnóstica perseguida por la gran Iglesia, resulta ser el único héroe justo de la historia. Judas traiciona para liberar el espíritu de Jesús, emancipándolo de su carne; el motivo por el cual el Jesús representado en el Evangelio de Judas es radicalmente diferente del neotestamentario está precisamente en la dinámica de la Encarnación. El Cristo gnóstico presentado en el Evangelio de Judas es un espíritu puro aprisionado en la materia, mientras que el católico representa realmente la Encarnación del Verbo «que por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen María y se hizo hombre».
 
Según el gnosticismo, la forma humana es una prisión para el alma; en tal óptica, la traición de Judas (en el sentido etimológico del término, el de tradítio) permite a Jesús liberarse de sus cadenas físicas. Según el Evangelio de Judas las enseñanzas gnósticas no fueron impartidas a todos los Apóstoles, sino reveladas privadamente por Jesús solo a Judas, considerado más digno que los otros Apóstoles.
 
Se considera que fuese el texto sagrado fundamental de los Setianos, en cuanto es citada la “estirpe de Set” como estirpe de los elegidos, o también de los Cainitas, los cuales tenían en gran cuenta todos los personajes considerados réprobos en el Antiguo Testamento, como Esaú, Cam, los habitantes de Sodoma y Gomorra, el mismo Judas Iscariote y Caín, epónimo de la secta, puesto que ellos habían sufrido y habían sido malditos por Hysteraa, el Demiurgo, el Dios cruel veterotestamentario. En un pasaje de tal pseudovangelio, Jesús se ríe de los discípulos que rezan a la entidad que ellos creen ser el verdadero Dios, pero que en realidad es el malvado Demiurgo.
 
No se olvide eso, a tal propósito, cuando cierta teología postconciliar –y el pensamiento de Bergoglio en particular– insista sobre la presunta oposición del Dios tremendo del Antiguo Testamento al Dios misericordioso del Nuevo, como si se tratase de dos entidades distintas, en clave claramente gnóstica, o si se quiere, maniquea o marcionita.
 
No me sorprendería –para retomar un tema que he tocado en un artículo mío reciente (aquí)– si Francisco estuviese sinceramente convencido que el Dios de los Católicos “rígidos sea el Demiurgo, mientras que la neoiglesia adora al dios serpiente, que ha permitido el nutrirse del fruto del conocimiento.
 
Conviene también recordar a Orígenes, que en Contra Celsum, aunque condenando a Judas, ve en su traiciòn un mal contingente que será superado en u a perspectiva de redención progresiva, en vista de una final apocatastasis que reasumirá todas las criaturas en la plenitud divina del Logos. Según esta visión, todos los malvados, incluido el diablo, serán redimidos en una eterna vivificación que trasciende el mal histórico. El Concilio de Constantinopla del 543 condenó la apokatastasis de Orígenes: «Si quis dicit aut sentit, ad tempus esse dǽmonum et impiórum hóminum supplícium, ejúsque finem aliquándo futúrum, sive restitutiónem et redintegratiónem esse (fore) dǽmonum aut impiórum hóminum, anathéma sit». Si alguno dice o siente que el castigo de los demonios o de los hombres impíos es temporal y que en algún momento tendrá fin, o que se dará la reintegración de los demonios o de los hombres impíos, sea anatema.
 
Pero precisamente es eso lo que sostiene en el siglo XVII también Leibniz, que reflexiona sobre cómo Dios había considerado positiva la existencia de Judas en el cuadro del mejor de los mundos posibles, en el cual su acción, aunque pecaminosa, es en ventaja de un bien más grande, esto es, la admirable economía redentiva. Asistimos pues a la inversión de la felix culpa de Adán.
 
Encontramos el pensamiento de Orígenes también en Friedrich Schleiermacher, Karl Barth, Hans Urs von Balthasar, Adrienne von Speyr, Adriana Zarri, Paolo De Benedetti, Luigi Lombardi Vallauri y Vito Mancuso.
  
Padre Cantalamessa y don Mazzolari
El Viernes Santo del 2014 el padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, ha retomado el tema de la presunta conversión in extrémis de Judas, citando otro personaje del bestiario modernista (aquí): don Primo Mazzolari (1890-1959), llamado anticipador del Vaticano II y partidario de la Iglesia de los pobres, de la no violencia, de la libertad religiosa, del pluralismo y del «diálogo con los alejados». Al año siguiente, siguiendo el autorizado panegírico coram Pontífice, se abrió el proceso diocesano para la beatificación del párroco de Bozzolo. Y en el 2016 el mismo Papa lo retoma en el discurso en San Juan Lateranense y en el de Santa Marta, siempre para hablar de Judas. Reafirma también hoy el mismo concepto: «Don Primo Mazzolari lo explicó mejor que yo» (aquí).
 
En su homilía del Viernes de Parásceve, el padre Cantalamessa afirmó: «Ha permanecido famosa la homilía que tuvo en un Jueves santo don Primo Mazzolari sobre Nuestro hermano Judas“Dejad —decía a los pocos feligreses que tenía delante— que yo piense por un momento al Judas que tengo dentro de mí, al Judas que quizás también vosotros tenéis dentro. […] Judas tenía un atenuante que yo no tengo. Él no sabía quién era Jesús, lo consideraba sólo “un hombre justo”; no sabía que era el hijo de Dios, como lo sabemos nosotros».
 
¿Y dónde estaba Judas cuando el Señor devolvía la vista a los ciegos, sanaba a los leprosos, curaba a los paralíticos, hacía resucitar a Lázaro, y multiplicaba los panes y los peces? Ah sí, para robar los dineros del tesoro apostólico destinado a los pobres o para criticar a la pecadorapor haber derramado el bálsamo perfumado para ungir los pies de Cristo, como hoy hay quien defrauda a los fieles el tesoro de la Iglesia poniéndose a predicar doctrinas heréticas y deja siempre más escuálido y profano aquello que queda de la liturgia, contra el presunto triunfalismo tridentino.
 
Entre otros, el pauperismo de segunda tan en boga bajo Bergoglio recuerda la falaz argumentación de Judas: «Dixit ergo unus ex discípulis ejus, Judas Iscariótes, qui erat eum traditúrus: quare hoc unguéntum non vǽniit trecéntis denáriis, et datum est egénis?» (Joann. XII, 4-5) Por lo cual Judas Iscariote, uno de sus discípulos, aquel que le había de entregar, dijo: “¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios, para limosna de los pobres?”. Observación que surge espontáneamente, luego que se tuvo noticia por la prensa (aquí) de las desconsideradas inversiones de la Administración Patrimonial de la Sede Apostólica en operaciones temerarias con Goldman Sachs y en apoyo de Hillary Clinton como candidata a las elecciones presidenciales estadounidenses…
 
Pero volvamos a don Mazzolari: en Noviembre de 1957 el Arzobispo de Milán, Giovanni Battista Montini, lo llama a predicar las Misiones en la propia Diócesis; en Febrero de 1959 el Papa Juan XXIII lo recibe en audiencia privada y lo saluda públicamente como «trompeta del Espíritu Santo en tierra mantuana». Pablo VI llegó a decir: «Han dicho que no hemos querido a don Primo. No es verdad: ¡también Nos le hemos querido! Pero vosotros sabéis cómo iban las cosas. Él tenía el paso demasiado largo y a Nos nos costaba trabajo seguirle. Cuánto tuvo que sufrir, y sufrimos también nosotros. Este es el destino de los profetas». Una vez más, el acostumbrado procédé: se usa una palabra aparentemente inocua –profeta, en este caso– guiñando a quien sabe entender. No por casualidad mons. Heiner Wilmerm ha usado precisamente la misma palabra para definir a un herético apóstata.
 
«Pero vosotros sabéis cómo iban las cosas», ¡lo sabemos! En 1935 el Santo Oficio condenó su libro La più bella avventura; en 1943 condenó Impegno con Cristo; en 1945 condenó Impegni cristiani, istanze comuniste; en 1949 don Primo fue reclamado por el compromiso filosocialista sobre su quincenal Adesso; en 1951 le fue impuesta la clausura del mismo periódico; en 1954 el Prefecto Alfredo Card. Ottaviani ordenó una severa admonición del sacerdote, impuso la atenta y severa revisión eclesiástica de sus escritos y le prohibió predicar fuera de la parroquia. En 1958 fue condenado su libro Tu non uccidere. El último decreto del Santo Oficio es de 1960, post mortem, que reafirma la prohibición de publicar los libros de don Mazzolari ya condenados.
 
Pero si miramos bien, casi todos los denominados profetas postconciliares ponen en el propio cursus honórum excomuniones, condenas, reducciones al estado laical, privación de la enseñanza, prohibición de predicar, etc. A propósito de hermenéutica de la continuidad… Y en esto poco difieren de los más conocidos herejes de ayer, de los cuales celebra los centenarios correspondientes.
 
Me permito hacer notar que la disociación entre la persóna Papæ y la persona fìsica que está claramente en Bergoglio ya era significativamente intuíble tanto en Roncalli como en Montini, puesto que entrambos demuestran comprender el propio papel de ruptura respecto a lo que se debería esperar de ellos en cuanto [pretendidos, N. del T.] Vicarios de Cristo y custodios del Depósitum fídei.
 
Otro elogio sobre Judas de don Mazzolari lo encontramos en Famiglia Cristiana (aquí), que el Jueves Santo de 2018 republica la inmunda homilía [pronunciada la vez primera el Jueves Santo 3 de Abril de 1958, N. del T.]: «Pobre Judas. Qué le había pasado en el alma, no lo sé Es uno de los personajes más misteriosos que encontramos en la Pasión del Señor. No buscaré tampoco explicarlo, me contento con pediros un poco de piedad para nuestro pobre hermano Judas. No os avergoncéis de asumir esta fraternidad. Yo no me avergüenzo, porque sé cuántas veces he traicionado al Señor; y creo que ninguno de vosotros debería avergonzarse de él».
   
La retórica del negativo
He aquí por tanto el hilo rojo que une a Primo Mazzolari, Eugen Drewermann, Raniero Cantalamessa y Bergoglio: el triador, Judas. Pero también Lutero, como hemos visto recientemente.
 
Esta apología de Judas entra evidentemente en la casuística del barrer para casa. Parece que, rehabilitando a los peores personajes de la historia, Bergoglio quiera asegurarse a sí mismo y a sus caudatarios, a los que una sobra de remordimiento debe sin embargo reprobar los peores excesos. Así, en la furia de alargar las mallas de la divina justicia disolviéndolas en un buenismo que ofende a la divina Justicia, este confía en encontrar salvación no obstante las culpas de las que se ha manchado ante la Majestad de Dios y ante la Iglesia. «Cada uno de nosotros tiene la capacidad de traicionar, de vender, de elegir por el propio interés. Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de dejarse atraer por el amor al dinero o a los bienes o el bienestar futuro. “Judas, ¿dónde estás?”. Pero la pregunta la hago a cada uno de nosotros: “Tú, Judas, el pequeño Judas que tengo dentro: ¿dónde estás?”». Abominable.
 
Este revisionismo sistemático, que no conoce límite algunoo y llega a negar la misma divinidad de Cristo o la Corredención de la Virgen Santísima, contradice la Verdad revelada, las mismas palabras del Salvador, el consenso unánime de los Padres y la voz de la Tradición. El problema es que Bergoglio está indicando a los fieles, como modelos de vida cristiana, lo peor de lo peor: con tales ejemplos con los cuales confrontarse, espera tal vez sacar dinero, remojando en las pequeñas legiones de los novadores un circo de tizones de infierno y otros personajes impresentables.
 
Pero del Papa no se pueden oir despropósitos así. Discursos que se podrían imaginar ambientados en una sórdida taberna, donde impíos y viciosos, taco de billar en mano, presumen entre una imprecación y otra el no haber matado a nadie, y de ser por tanto hombres de bien. Los mismos que se ríen –encontrando en Bergoglio un inesperado cómplice– de los intolerantes y los integralistas, aquellos que comen poco el viernes pero tienen a la amante y quizá esconden otra. Los mismos de los cuales oímos decir «Mejor un buen laico que un mal cura», o cualesquiera otras banalidades.
 
En el 2016, cuando publiqué este artículo (aquí), escribí: «No nos sorprendamos si antes o después Bergoglio llegare a plantear sus dudas sobre satanás mismo: al final –vendrá a decir– era un buen diablo y Dios le habrá perdonado, como esperaba Orígenes o como despotricaban los Cainitas». Es inquietante notar que aquella rehabilitación de los demonios ya fue teorizada, junto con la liberación de las almas condenadas del Infierno, para el fin de los tiempos.
 
Según Bergoglio, Nuestro Señor «trataba a la gente como era, no como debía ser». Diciendo así él blasfema de la Pasión de Cristo, que se ha inmolado para redimirnos con su propia Sangre, dándonos un ejemplo, para que no viviendo más para el pecado, vivamos para la justicia (I Pet. 2, 24). Si no somos llamados a cambiar, a elegir el deber ser de Su santa ley, ¿para qué habrá servido el Sacrificio de Cristo? ¿Para qué los dolores de la Virgen al pie de la Cruz, la sangre de los Mártires? ¿Con qué osadía, me pregunto, se pueden decir palabras tan sacrílegas?
 
Tranquilizar a los simples ante el pecado, lejos de conducirlos a la bienaventuranza eterna, sirve solo para anestesiar la conciencia y hacerle tolerables también las peores culpas, abriéndoles las fauces del infierno. Pero esto es una traición, que hace de quien se mancha un nuevo Iscariote.
 
Si esta es la traición que el Cuerpo Místico de Cristo debe afrontar por seguir las huellas del Maestro, exclamemos con Nuestro Señor: «Lo que vayas a hacer, hazlo pronto» (Joann. XIII, 27).

domingo, 12 de abril de 2020

LA HOMILÍA MUNDIALISTA “In Passióne Dómini” DE CANTALAMESSA

Traducción del artículo publicado por Cesare Baronio en OPPORTUNE IMPORTUNE.
   
OBŒ́DIENS USQUE AD MORTEM: LA APOSTASÍA MUNDIALISTA EN LA HOMILÍA “In Passióne et Morte Dómini” DEL PADRE RANIERO CANTALAMESSA
  
 
Leer los escritos de Raniero Cantalamessa es como meter la mano en una teca de serpientes y escorpiones. Cada palabra, cada cita –aun la más aparentemente inocua– esconde una mordedura venenosa. No podía ser de otra manera: está en la naturaleza del escorpión usar el aguijón y en la de la sierpe morder con sus dientes envenenados. Son decenios que el Predicador de la Casa Pontificia siembra herejías, más o menos disimuladas detrás de una prosa meliflua y seductora; sus errores se propagan en los libros y en las conferencias, en las homilías y en las lecciones universitarias y a su vez derivan de la elaboración de las doctrinas de herejes notorios, de ultraprogresistas hoy llevados en óptima consideración por los cortesanos de Santa Marta, por sectarios de toda especie. Todos aunados por un diseño bien preciso, que ahora involucra la esfera civil y la religiosa en la apostasía y en el servilismo más descarado al pensamiento único.
   
El incauto que en la función papal in Passióne et Morte Dómini (aquí) escucha a Cantalamessa por primera vez es distraido desde el íncipit de la homilía (aquí). Una cita de San Gregorio Magno –por otra parte deliberadamente imprecisa– parece garantizar la ortodoxia del contenido: «Scriptúra áliquo modo cum legéntibus crescit», dice San Gregorio, en un contexto que no da espacio a malentendido alguno; no se puede decir otro tanto de la misma cita, si se comprende que ella constituye uno de los miles de guiños no al Padre de la Iglesia, sino a la obra de Antonio Marangon y de Michele Marcato, conocidos biblistas contemporáneos de otros tantos famosos Institutos de Ciencias Religiosas italianos (cfr. Michele Marcato, Scriptúra sacra cum legéntibus crescit, Scritti in onore di Antonio Marangon, Ed. Messaggero Padua, 2012). No quiero aburrir al Lector, mucho más que hacer comprender la sutil y perversa habilidad del Predicador en lanzar mensajes crípticos a los suyos, oyendo con malicia temas y conceptos ideológicamente connotados.
  
Las palabras de San Gregorio deberían en manera alguna legitimar la interpretación de la perícopa evangélica de la Pasión de Nuestro Señor, permitiendo intepretarla a la luz de las calamidades que golpean a la humanidad durante la pandemia. «Y nosotros este año leemos el relato de la Pasión con una pregunta –más aún, con un grito– en el corazón que se eleva por toda la tierra. Debemos tratar de captar la respuesta que la palabra de Dios le da».
  
Detengámonos un momento a analizar la grosera tergiversación de las causas y de los efectos de la Pasión, con la cual Cantalamessa niega el sentido mismo del Sacrificio de Cristo. «La cruz se comprende mejor por sus efectos que por sus causas», afirma. Pero los efectos no pueden ser comprendidos sino sobre la base de las causas primeras, o sea el Pecado Original, que en cambio el padre Raniero calla, desviando la atención sobre las causas segundas: la condena a muerte pronunciada por el Sanedrín y ratificada por Pilato. Sabemos que el motivo por el cual Nuestro Señor ha aceptado encarnarSe y morir en la Cruz recide en la reparación que solo Él podía ofrecer al Padre: la gravedad de la caída de Adán –infinita respecto a la ofensa a Dios– viene expiada por el nuevo Adán gracias a una reparación infinita dada por Su ser Dios, en nombre de la humanidad pecadora que Él representa en cuanto hombre. Esta es la causa de la Redención, que es realizada secundariamente por medio de la infidelidad de la Sinagoga, enceguecida no obstante las clarísimas profecías de las cuales era custodia.
   
Este pilar de nuestra Fe es negado por Cantalamessa: «¿Acaso Dios Padre ha querido la muerte de su Hijo, para sacar un bien de ella? No, simplemente ha permitido que la libertad humana siguiera su curso, haciendo, sin embargo, que sirviera a su plan, no al de los hombres».
  
La reprobación de esto blasfemo despropósito nos viene del responsorio que la liturgia nos hace entonar durante el Triduo Sacro: «Christus factus est pro nobis obœ́diens usque ad mortem, mortem autem crucis: Propter quod et Deus exaltávit illum, et dedit illi nomen quod est super omne nomen» (Fil 2, 8-9). Obediente hasta la muerte, dice la Escritura, y aquella obediencia fue el motivo –«propter quod»– de la exaltación de Cristo en la Resurrección. La libertad humana –o mejor: el libre arbitrio– ha permitido a Adán y permite hoy a cada uno de nosotros el conformarnos a la voluntad de Dios o violarla, mereciendo el premio por nuestra fidelidad o la pena por el querernos sustituir a Él en decidir qué es justo y qué no lo es. No hay ninguna libertad en esto, en el sentido que hoy se quiere dar a esta palabra: el hombre no es moralmente libre para pecar, porque las consecuencias de su elección fueron establecidas por el sumo Legislador (cfr. León XIII, Enc. Libértas præstantíssimum). La caída de Adán ha hecho necesaria la Redención casi desde la eternidad, y en este acto de amor supremo Nuestro Señor a respondido al Padre: «Ecce, vénio», heme aquí. Inútil recordar que los errores de Cantalamessa revelan también otra herejía, o sea, la negación de la divinidad de Jesucristo, porque la oblación del Hijo al Padre en el Espíritu Santo es íntima en la Santísima Trinidad, y solo quien no acepta con fe este misterio puede considerar a Nuestro Señor como la víctima de una divinidad sanguinaria, y por ende considerar imposible la sola idea del Sacrificio.
  
En la base del pensamiento del padre Raniero está el negarse a reconocer la culpa del Progenitor, y con ella la ofensa a la Majestad divina. El non sérviam de Lucifer, sobre la boca del Predicador de la Casa Pontificia, proclamado con orgullo durante la celebración de la Pasión del Señor. Y si no hay culpa, no hay castigo, ni para Adán y su descendencia, ni para el hombre que peca aún hoy: «Si estos flagelos fueran castigos de Dios, no se explicaría por qué se abaten igual sobre buenos y malos, y por qué los pobres son los que más sufren sus consecuencias. ¿Son ellos más pecadores que otros? ¡No! El que lloró un día por la muerte de Lázaro llora hoy por el flagelo que ha caído sobre la humanidad».
  
La perfidia de Cantalamessa llega a insinuar como legítima la objeción del impío: las guerras, las pestilencias, la carestía y todos los males que afligen al mundo golpean también a los inocentes, por tanto o Dios es injusto, o estos flagelos no son un castigo, porque no hay nada que castigar. Ninguna culpa para Adán y todos los hombres; ninguna expiación del nuevo Adán y muchos menos para los pecadores, en unión con el Salvador, en el único Bautismo para remisión de los pecados.
   
Según el padre Raniero, «el sufrimiento se ha convertido también, a su manera, en una especie de “sacramento universal de salvación” para el género humano», sin que sea necesario, de parte del hombre, el acto de Fe y la observancia de la Ley de Dios en el vínculo de la Caridad. «Esto vale también para los males naturales como los terremotos y las pestes. Él no los suscita [sic]. Él ha dado también a la naturaleza una especie de libertad, cualitativamente diferente, sin duda, de la libertad moral del hombre, pero siempre una forma de libertad. Libertad de evolucionar según sus leyes de desarrollo. No ha creado el mundo como un reloj programado con antelación en cualquier mínimo movimiento suyo. Es lo que algunos llaman la casualidad, y que la Biblia, en cambio, llama “sabiduría de Dios”». La intervención de la Providencia es barrida en nombre de aquella peligrosísima personalización de la Naturaleza que alude cómplice a la Madre Tierra, siempre acechando en los discursos de este: «Él ha dado también a la naturaleza una especie de libertad». Y por esto comprendemos las palabras de Bergoglio de algunos días ha: «Incendios, terremotos… la naturaleza está mostrando su cólera de manera que nosotros tenemos cuidado de ella».
  
La conclusión de la homilía de Cantalamessa es la apoteosis del humanismo más abyecto, del pacifismo sin Cristo y sin Iglesia, promulgado del Nuevo Orden Mundial y bendecido por la neo-iglesia: «El otro fruto positivo de la presente crisis sanitaria es el sentimiento de solidaridad. ¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, tan poco litigiosos, como en este momento de dolor? […] Nos hemos olvidado de los muros a construir. El virus no conoce fronteras. En un instante ha derribado todas las barreras y las distinciones: de raza, de religión, de riqueza, de poder. No debemos volver atrás cuando este momento haya pasado». E incluso, en un delirio paroxístico: «Es el momento de realizar algo de esta profecía de Isaías cuyo cumplimiento espera desde siempre la humanidad. Digamos basta a la trágica carrera de armamentos. Gritadlo con todas vuestras fuerzas, jóvenes, porque es sobre todo vuestro destino lo que está en juego. Destinemos los ilimitados recursos empleados para las armas para los fines cuya necesidad y urgencia vemos en estas situaciones: la salud, la higiene, la alimentación, la lucha contra la pobreza, el cuidado de lo creado. Dejemos a la generación que venga un mundo más pobre de cosas y de dinero, si es necesario, pero más rico en humanidad».
   
Un mundo que el diario de la Conferencia Episcopal Italiana, Avvenire, precisamente ayer (aquí) pregonaba: «Es el momento de poner las bases para un nuevo orden mundial», bajo la égida de la más criminal organización masónica internacional, la ONU, y de su profeta Bergoglio.
  
Que Dios nos salve de esta conjura infernal.

sábado, 11 de abril de 2020

BERGOGLIO RESCATANDO AL COMPAÑERO JUDAS (Nihil novi sub sole)

Casi como es habitual en torno a los días santos, Bergoglio sigue entreteniendo a su (por las circunstancias de público conocimiento) reducida audiencia en la capilla Espíritu Santo de la Domus Sanctæ Marthæ y sus adoradores alrededor del orbe con su plática sobre Judas Iscariote:
«Una cosa que me llama la atención es que Jesús nunca le dice “traidor”; dice que será traicionado, pero no le dice a él “traidor”. Nunca dice: “Vete, traidor”. ¡Nunca! Es más, le dice: “Amigo”, y lo besa. El misterio de Judas… ¿Cómo es el misterio de Judas? No sé… Don Primo Mazzolari lo explicó mejor que yo… Sí, me consuela contemplar aquel capitel de Vézelay: ¿cómo terminó Judas? No lo sé. Jesús amenaza fuertemente, aquí; amenaza fuertemente: “¡Ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es traicionado: sería mejor para ese hombre si nunca hubiera nacido!”. ¿Pero eso significa que Judas está en el infierno? No lo sé. Yo miro el capitel. Y escucho la palabra de Jesús: “Amigo”». (ANTIPAPA FRANCISCO, Homilía para el 8 de Abril de 2020; traducida y provista por Zenit).
Más allá del hecho de la relación significante-significado entre “traidor” y “aquel que traiciona” (evidente en cualquier diccionario de cualesquiera de las lenguas conocidas)… señalamos:
  1. Que Bergoglio no hace sino sostener posiciones ya expresadas por sus predecesores inmediatos Wojtyła y Ratzinger;
  2. Que no existe ningún misterio sobre el destino eterno de Judas Iscariote: Jesús mismo lo revela condenado.
Al primero.
De Juan Pablo II podemos citar este pasaje: «cuando Jesús dice de Judas, el traidor, que “sería mejor para ese hombre no haber nacido” (Mateo 26, 24), la afirmación no puede ser entendida con seguridad en el sentido de una eterna condenación» (Cruzando el umbral de la esperanza, 1994, pág. 187 de la edición española). También Benedicto XVI expresa duda sobre la condenación del traidor, que desesperando de la misericordia de Dios se ahorcó, al decir: «Aunque luego se alejó para ahorcarse (cf. Mt 27, 5), a nosotros no nos corresponde juzgar su gesto, poniéndonos en el lugar de Dios, infinitamente misericordioso y justo» (Audiencia general, 18 octubre de 2006). Luego esta duda es “doctrina común” post-conciliar: no puede ser vista sino como agnosticismo, una de las bases del modernismo; y Francisco, como elogiador de la duda (que le convenga, porque de resto, la callada por respuesta) y modernista, la hace suya y la “enseña”, casi tan “dogmáticamente” que el infame Mons. Paglia no tuvo empacho alguno en afirmar que «para la Iglesia Católica, si uno afirma que Judas está en el infierno, es un hereje». Dan ganas de responderles: Médice cura teípsum!

Al segundo.
La condenación de Judas no es un misterio desconocido para nosotros: ella es mostrada claramente por las Escrituras.
  
Cristo llama a Judas “hijo de perdición” (Joann. XVII, 12) [fílius perditiónis / υιος της απωλειας / ܒ݁ܪܶܗ ܕ݁ܰܐܒ݂ܕ݁ܳܢܳܐ / בֶּן-הָאֲבַדּוֹן]. Esta expresión «es un hebraísmo que significa “el que se ha perdido”. Con este nombre se alude a Judas traidor. No es por incuria de Jesús que Judas se perdió, sino por su voluntad perversa. Dios, que lo había perdido, lo hizo preanunciar en la Escritura (Salm. XL, 10; CVIII, 8)» (Padre MARCO M. SALES OP, La Sacra Bibbia – Il Nuovo Testamento, Turín, 1925, Vol. I, pág. 429, n. 12. Traducción propia).
    
San Pedro, en su discurso a los hermanos para escoger al remplazo de Judas entre los Apóstoles, dice que él se fue «a ocupar su lugar» (Act. I, 25), «un eufemismo para indicar el infierno. Judas abandonó el lugar que ocupaba entre los Apóstoles para adquirir un lugar en el infierno, como convenía a la enormidad de su delito» (Ibid. pág. 463, n. 25. Traducción propia). He aquí por qué el Señor usó aquella frase tremenda: «Mejor le sería no haber nacido», refiriéndose al traidor.
  
Lapidario es el Catecismo del Concilio de Trento, eco del unánime (y por ende, infalible) consenso de los Padres: 
«Frecuentemente sucede precisamente que los hombres no se arrepienten de los pecados como deberían; que también hay unos, al decir de Salomón, que se alegran del mal cometido (Prov. 2,14); mientras que hay otros que se afligen tan amargamente, que desesperan de salvarse. Tal parece ser el caso de Caín que exclamó: “Mi pecado es más grande que el perdón de Dios” (Gén. 4, 13); y tal fue ciertamente el de Judas, el cual arrepentido, colgándose en el lazo, perdió al mismo tiempo la vida y el alma (Matth. 27, 3; Act. 1, 18)» (Catecismo del Concilio de Trento, n. 241 – La penitencia en cuanto virtud).
Como la oración sigue a la creencia, la liturgia romana tradicional, en la Misa del Jueves Santo y en la Misa de Presantificados del Viernes Santo, presenta la siguiente Oración:
«Deus, a quo et Judas reátus sui pœnam, et confessiónis suæ latro prǽmium sumpsit, concéde nobis tuæ propitiatiónis efféctum: ut, sicut in passióne sua Jesus Christus, Dóminus noster, divérsa utrísque íntulit stipéndia meritórum; ita nobis, abláto vetustátis erróre, resurrectiónis suæ grátiam largiátur: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum» [Oh Dios, de quien Judas recibió el debido castigo de su pecado y el buen ladrón el premio de su confesión; haznos sentir el efecto de tu misericordia, para que, así como Jesucristo Nuestro Señor dio en su Pasión a entrambos su merecido, así también, destruido en nosostros el error del hombre viejo, nos conceda la gracia de resucitar gloriosamente con él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos]. Amén.
De ella se concluye a partir de la confrontación entre San Dimas, el Buen Ladrón (a quien Jesús “canonizó” justo antes de morir), y Judas Iscariote, el Apóstol traidor, que mientras el primero recibió “el premio de su confesión” (evidentemente la salvación), el segundo obtuvo “el debido castigo de su pecado” (evidentemente el castigo en el Infierno) por toda la eternidad.

Por tanto, si hay algo de oscuro en Judas Iscariote, no lo es precisamente su suerte eterna con los demonios y los réprobos en las llamas del Infierno, que debemos evitar. Para evitar tal destino, invitar a ciertos pastores calaveras que en cambio se ocupan de exonerar al Traidor, casi rehabilitarlo (tal vez queriendo absolverse a sí mismos y su traición contra Cristo y su Esposa, la Iglesia Católica).

Sobre la traición de Judas recomendamos leer los textos del padre Giuseppe Ricciotti:
«Llegó por tanto el penúltimo día antes de la Pascua, o sea el miércoles. El tiempo, para los sumos sacerdotes y los fariseos, apremiaba y era necesario actuar. No obstante las repetidas deliberaciones tomadas en los días previos, aún no habían hecho nada, porque Jesús estaba protegido por el favor popular y por tanto se permitía rodar impunemente por Jerusalén e incluso predicar en el Templo. ¿Pero no había método para hacerlo desaparecer ocultamemte, si  que el pueblo se agitase? Por eso no convenía perder más tiempo, y la cuestión debía resolverse en forma definitiva antes de la Pascua, para evitar consecuencias que podían ser gravísimas. Las fiestas en general, y sobre todo la Pascua, a causa de las enormes afluencias de multitudes excitadas, eran consideradas por el procurador romano como períodos de convulsión sísmica, y entonces más que nunca mantenía los ojos abiertos y redoblaba la vigilancia por temor que un don nadie hiciese saltar todo por los aires: por eso en tales ocasiones –como refería ocasionalmente Flavio Josefo (Guerra de los judíos, II, 224)– la cohorte romana acantonada en Jerusalén se desplegaba a lo largo del pórtico del Templo, ya que en las fiestas siempre hacían la guardia armados a fin de que la multitud reunida no hiciera sediciones. ¿Qué cosa por tanto no podía suceder con aquel Rabino galileo en torno por la ciudad y en el Templo, rodeado de grupos de entusiastas que lo creían Mesías?
 
A la primera agitación que hubiese sucedido, el caballero Poncio Pilato habría soltado sus soldados sobre las multitudes de peregrinos, comenzando ciertamente a destruir el lugar santo y la nación, como se temía.  No, no, absolutamente necesitaba desconjurar este peligro y hacerse que para la Pascua todo estuviese en su lugar. ¿Pero cómo? En aquel miércules se tiene un nuevo consejo para discutir tal cuestión. Entonces se reunieron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo en el palacio del sumo sacerdote llamado Caifás, y deliberaron capturar a Jesús con engaño y matar(lo). Todavía decían: “No en la fiesta, a fin que no haya tumulto en el pueblo” (Mateo, 26, 3-5). Era pues pacífico para todos los partícipes de la reunión que Jesús debía ser suprimido; todavía algunos más cautos acían notar el peligro que el arresto fuese ejecutado durante la fiesta pascual cuando muchos peregrinos, o galileos favorables a Jesús, podían levantarse para protegerlo; por otra parte tampoco sería oportuno realizar el arresto después de la fiesta, porque en el entretanto Jesús podía alejarse con los peregrinos que volvían a sus casas y así escapar de la capturan como había ya hecho después después de la resurrección de Lázaro: por eso necesitaban actuar enseguida, antes de la Pascua. Y en secreto. A esta solicitud y secreto miraba la observación de los cautos consejeros. Pero precisamente aquí estaba la dificultad. Para la Pascua faltaban sólo dos días, y Jesús pasaba toda su jornada en medio del pueblo; ¿cómo era posibleactuar en tan poco tiempo y en manera que el arresto se supiese solo por las cosas hechas? La ayuda viene de donde menos se esperaba. Entonces uno de los doce, aquel llamado Judas Iscariote, fue por los sumos sacerdotes y les dijo: “¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?”. Y aquellos establecieron treinta (monedas) argénteas. Y desde entonces (Judas) buscaba una oportunidad para prenderlo. Esta es la información de Mateo (26, l4-l6), con la cual concuerdan los otros dos Sinópticos, los cuales no precisan la suma pactada pero agregan la muy comprensible noticia que los sumos sacerdotes se alegraron por la propuesta de Judas. Y ahora, con tal cooperador, arrestar solícita y secretamente a Jesús se tornaba empresa fácil.
 
¿Pero qué razón empujó a Judas a la traición? La primitiva catequesis no nos ha transmitido otra razón que el amo­r al lucro. Cando los evangelistas presentan a Judas como ladrón y administrador fraudulento de la caja común, preparaban en realidad la escena de Judas en que se acerca a los sumos sacerdotes para preguntar: ¿Qué me queréis dar…? Pero, también fuera de los evangelios, cuando Pedro habla del ladrón ahora suicida, no señala otro provecho de la traición sino la adquisición de un campo con la merced de la iniquidad (Hechos, 1, 16-19). La razón del lucro es por tanto segura; aunque junto a ella no se excluye que hayan otras de la cual la primitiva catequesis no se ocupó, y aquí el campo está abierto a razonables conjeturas. También abstrayendo por los vuelos fantásticos sobre este campo sumamente trágico por dramaturgos o por historiadores de inspiración novelista, queda siempre el inesperado comportamiento tenido por Judas solamente dos días después: visto que Jesús fue condenado, el traidor improvisamente se arrepiente de haber vendido la sangre de aquel justo, y devolviendo el precio a los sumos sacerdotes va a colgarse. Bueno, este no es el comportamiento de un simple avaro: un avaro típico, un hombre que no hubiese tenido otro amor que al dinero, habría quedado satisfecho por el lucro obtenido, cualquiera fuese la suerte sucesiva de Jesús, y nunca hubiese pensado ni en restituir el dinero ni en ahorcarse. Judas ciertamente era avaro y codicioso, pero más allá de eso hay otra cosa. Existen en él al menos dos amores: uno es el del oro, que lo empuja a traicionar a Jesús; pero al lado de este existe otro amor que tal vez también pudo también ser más fuerte, porque a la traición realizada prevalece sobre el mismo amor del oro y empuja al traidor a restituir el lucro, a renegar toda su traición, a llorar la víctima y finalmente a matarse por desesperación. ¿Cuál era el objeto de este amor contrastante con el del oro? Por cuanto podemos pensar, no se encuentra otro objeto posible si no Jesús. Si Judas no hubiese sentido por Jesús un amor tan grande que tal vez prevalecía sobre el del oro, no hubiera ni restituido el dinero ni renegado de su traición. Pero si él amaba a Jesús, ¿por qué lo traicionó?
 
Ciertamente porque su amor era grande pero no incontrastado, no era el amor generoso, confiado, luminoso de un Pedro y de un Juan, y contenía en su llama algo fumoso y tenebroso: en qué consistiese sin embargo este elemento oscuro no sabemos, y para nosotros permaneserá el misterio de la iniquidad suma. ¿Tal vez pensaba Judas haber sido denunciado por Jesús como defraudador de la bolsa común, y no toleró haber decaído de la estima de él? Pero también Pedro como negador de Jesús juzgó haber decaído de la estima de él, pero no desesperó. ¿Tal vez, más prudentemente que los otros Apóstoles, Judas comprende por las rectificaciones mesiánicas de Jesús que su reino no habría traído ni potencia mundanas a los futuros cortesanos, y en aquel previsto fracaso provisto de avaro como era a los propios intereses? Hipótesis posibilísima; la cual sin embargo no explica por sí sola por qué nunca Judas, después de haberse separado de Jesús mediante la traición, se sienta todavía ligado a él para arrepentirse y matarse. ¿Tal vez, aparejando el amor del lucro con el ansia de ver pronto a Jesús a la cabeza del reino mesiánico político, Judas lo traicionó con la seguridad de verlo realizar portentos sobre portentos frente a sus adversarios, y así obligarlo a inaugurar enseguida aquel reino que se hacía esperar demasiado? En tal caso, sin embargo, el traidor no hubiese debido matarse antes de la muerte de Jesús, sino mucho más tarde, porque él no sabía cuándo el Mesías habría recurrido a sus máximos portentos, tanto más que precisamente al inicio de su industria de traidor Judas había asistido en Getsemaní al portento de los guardias aterrados. Y las hipótesis se podrían fácilmente multiplicar, sin que por ello se hubiese aclarado con seguridad el misterio de la iniquidad suma. Además, tal iniquidad no consistió solamente en vender a Jesús, sino más y sobre todo en desesperar de su perdón. Judas había visto a Jesús perdonar a usureros y prostitutas, había oído de su boca las parábolas de la misericordia incluida la del hijo pródigo, lo había oído mandar a Pedro el perdonar setenta veces siete: pero después de todo esto él desespera de su perdón y se cuelga, mientras que Pedro después de su negación no desesperará sino que estallará en llanto.
   
También esta desesperación del perdón demuestra que Judas tenía por el justo traicionado por él una altísima estima, la cual le hacía medir la abisal nefandez del delito cometido: pero era también una estima incompleta y por tanto injuriosa, porque ante la responsabilidad de la traición se detenía a mitad de camino e injuriosamente consideraba a Jesús incapaz de perdonar al traidor. Mucho más que por la traición de Judas, Jesús fue injuriado por su desesperación del perdón: aquí fue el ultraje sumo recibido por Jesús y la iniquidad suma cometida por Judas. La merced establecida por los sumos sacerdotes para la traición fue de treinta (monedas) argénteas. Solo Mateo comunica esta cifra porque, solícito como es de señalar que en Jesús se han cumplido las antiguas profecías mesiánicas, divisa que se cumple una profecía de Zacarías; todavía Mateo, ni en este punto ni en el siguiente (27, 3-10), dirá el nombre individual de las monedas y hablará siempre de treinta argénteos. No hay dudas que la innominada moneda fuese el siclo o sea el estátero, el cual valía cuatro dracmas o sea cuatro denarios; no era pues el denario romano (§ 514); sino una moneda de valor cuatro veces mayor: por eso, hablando técnicamente, la expresión usual de “treinta denarios de Judas” es falsa porque la suma entera de 30 siclos era constituida de 120 “denarios”. En el valor hodierno esta correspondería a casi 128 liras en oro. Era norma de la ley hebrea (Éxodo, 21, 32) que cuando un buey hubiese matado a cornadas a un esclavo, el dueño del buey debía pagar al dueño del esclavo en resacimiento del daño sufrido 30 siclos de plata: por tanto en la práctica el valor medio de un esclavo debía computarse en cerca de 30 siclos. Puede darse que los sumos sacerdotes se inspirasen en esta norma de la Ley para establecer la paga a Judas, porque así obtenían el doble fin objetivo de mostrarse observadores de la ley también en aquel caso y además el de tratar a Jesús como un esclavo cualquiera.
 
Lucas, el cual ha terminado el relato de las tentaciones de Jesús diciendo que el diablo se alejó de Él hasta un tiempo (oportuno) (IV, 13), inicia aquí el relato de la traición diciendo que entró satanás en Judas, el llamado Iscariote, el cual fue a acordarse para su delito con los sumos sacerdotes (Lucas, 22, 3 ss.). Así que para el evangelista discípulo de Pablo la pasión de Jesús es el tiempo (oportuno) antedicho, y representa en alguna forma una continuación de las tentaciones a las cuales Jesús fue sometido por satanás al inicio de su vida pública: terminando ahora Jesús su vida entera, satanás le mueve el último y más potente asalto y lo sumete a la suprema prueba, después de la cual él entrará en su gloria. ¡Oh necios y lentos de corazón…! ¿No debía padecer estas cosas el Cristo (Mesías) y (así) entrar en su gloria? (Lucas, 24, 25-26).
 
[…] Cuando la sesión matinal del Sanedrín fue terminada, se sabe pronto y fácilmente afuera que Jesús fue condenado: quizá antes que cualquier otro extraño lo supo un hombre que tenía sumo interés en esta sentencia, Judas Iscariote. El último resultado de su traición produjo en su espíritu el efecto trastornador que ya habíamos señalado. El maestro, al que él amaba a su manera, fue condenado a muerte. Y ahora, ¿habría podido él liberarse? ¿Habría él recurrido a su potencia taumatúrgica para rom­per aquella red dentro de la cual lo habían metido sus enemigos? El traidor dudó. Tal vez entonces por primera vez se dio cuenta que las últimas consecuencias de su traición diferían de las previstas por él: ciertamente entonces por primera vez entrevé la abismal injusticia por él cometida. En aquel hombre entonces el amor por Jesús habría prevalecido sobre cualquier otro amor suyo, incluso sobre aquel potentísimo sobre el oro: pero de aquel amor turbio e impuro como era no puede subir a la esperanza de perdón. Los 30 siclos, que él entre tanto había recibido y en los cuales su codicia había esperado una plena alegría de espíritu, le devineron en cambio en fuente de insorportable amargura. Parecía que fuesen candentes: él no podía más tenerlas consigo, pareciéndole confirmar y ratificar todavía su traición. Corrió pues a los sumos sacerdotes y ante ellos gritó: ¡He pecado, entregando sangre inocente! Y además arrojó ante ellos la bolsa de los siclos en acto de entrega. Los miembros del Sanedrín, fríos, seguros de sí, ligeramente irónico, respondieron a su grito: ¿A nosotros qué (importa)? ¡Tú (te la) verás! La respuesta de los pagadores resonó en el alma del pagado como befa sarcástica, la cual mostraba que él más que otra cosa era considerado engañado en la traición y él solo era la verdadera víctima. Para los sanedritas la traición debía permanecer y subsistir para siempre, no podía en manera alguna negarse; todo el peso de la traición recayó sobre el traidor, y pensó él en librarse del apuro: en cuanto a ellos, habiendo pagado regularmente los 30 siclos pactados, estaban fuera del asunto y no querían saber más de él. Un furor rabioso se apoderó enseguida del traidor. Viendo precluidas todas las salidas, sintiéndose presionado bajo el peso de los siclos, él corre al Templo cercano, se dirigió cuanto era posible hasta el edificio del “santuario”, y allá comenzó frenéticamente comenzó a arrojar manotadas de siclos hacia el lugar santo como para liberarse de una maraña de víboras que le mordía el corazón.
 
Las monedas sonaron sobre el piso con un tintinar que parecía una risotada, se esparcieron un poco por todas partes ante el “santuario” yacieron allá como en espera. Pero también cuando aquella risotada se calló, el traidor no se sintió aliviado; si su codicia era disipada y desaparecida, en trágica compensación su amor a Jesús creía vislumbrar ante sí una roca infranqueable para llegar a la persona siempre amada. Por todas partes el traidor veía en torno a sí el vacío. Una negrísima tiniebl envolvía entonces su mente, y él huyendo del Templo fue sin más a ahorcarse.
  
Del fin de Judas tenemos una doble relación con interesantes divergencias, las cuales son de particular valor al confirmar la identidad sustancial del hecho. Mateo habla solamente del ahorcamiento. Lucas en cambio, reportando un discurso de Pedro en los Hechos (1, 16-19), ha conservado la tradición según la cual Judas cabeza abajo cayó en medio derramando sus vísceras. Las dos relaciones parecen referirse a dos momentos diferentes del mismo hecho: primero Judas se ahorcó, luego la rama del árbol o la cuerda a la cual se había colgado se reventó, quizá por los movimientos convulsivos, y entonces el suicida se precipitó abajo; es legítimo imaginar que el árbol estuviese sobre el borde de algún barranco, así que la caída produjo en el cuerpo del suicida las consecuencias de las que habla la relación de Lucas. Una tradición identificaría el lugar del colgamiento de Judas con el campo Acéldama comprado con los siclos de él y situado en la Gehena, el valle al mediodía de Jerusalén designada casi desde tiempos antiguos como lugar maldito. La leyenda a su vez casi de tiempos más antiguos se apoderó del hecho, recamándolo alrededor o transformándolo en mil maneras: ya en el siglo IV se afirmaba que el árbol en el cual Judas se ahorcó era un higo (el árbol de cuyas hojas se revistieron los protoparentes pecadores; Génesis, 3, 7), y este higo, después de haber migrado en varios puntos a lo largo de los siglos, se mostraba todavía supérstite pocos años atrás en Jerusalén.
  
Quedaban entre tanto los siclos tirados por el traidor en el Templo. Los puntualísimos sanedritas se consultaron sobre la suerte destinada al dinero en forma que la Ley no fuese violada. De hecho la Ley (Deuteronomio, 23, 19 ebr.) no permitía que fuese aceptado como ofrenda sagrada dinero proveniente de ganancias indecorosas, como el meretricio, homicidio y similares; por eso los sanedritas, recogidos los siclos, observaron: No es lícito ponerlas en el “qorban” (tesoro sagrado), ya que es precio de sangre. Por otra parte 30 siclos eran una suma considerable, a la cual no sería sabio renunciar; y entonces aquellos apropiados casuistas una vía media para conciliar los dos opuestos. En ocasión de grandes fiestas judías afluían a Jerusalén muchísimos peregrinos de las distintas regiones de la Diáspora, y sucediendo que algunos de ellos muriesen durante su permanencia en la ciudad santa las autoridades locales debían proveer a su sepultura. Pero hasta aquel tiempo no había un cementerio reservado a tal fin: los sanedritas pues deliberaron que con los 30 siclos se comprase un lugar llamado comúnmente “Campo del alfarer”, tal vez porque era arcilloso y sede de un taller de alfarería, y se destinase a cementerio de los peregrinos». (GIUSEPPE RICCIOTTI, Vida de Jesucristo, nros. 532-534, 574-575).