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miércoles, 9 de septiembre de 2026

EL REGRESO DEL CRUCIFICADO DE SERVAES (Sobre el crucifijo ante el cual Prévost rezó de camino a Rímini)

El pasado 22 de Agosto, León XIV Riggitano-Prévost visitó la República de San Marino y la ciudad italiana de Rímini en ocasión del “Encuentro de la Amistad entre los Pueblos” organizado por el movimiento “Comunión y Liberación”.
  
Entre los dos destinos del viaje, la prensa vaticana señaló que Riggitano-Prévost haría «una visita estrictamente privada a la comunidad del Monasterio de San Antonio de Padua de las monjas agustinas de Pennabilli», en la localidad de Valmarecchia. Bueno, “privada” es un decir, porque hubo fotos y vídeo del «momento de música y oración» que tuvo allí en la sala “San Pedro”.
  
Una escena de ese «momento de música y oración» fue el verlo arrodillado ante un crucifijo cuando menos, extraño.
  

El crucifijo fue hecho por la religiosa Elena María Manganelli, una “artista” sienesa residente en el monasterio para quien lo retorcido y extraño es familiar a juzgar por su catálogo de obras (ADVERTENCIA: Muchas de sus obras son perturbadoras y ofensivas, y algunas hasta lascivas).

Manganelli no es desconocida en el ambiente conciliar: recordar (y/o saber) que ella hizo la iconografía empleada en el Viacrucis por Benedicto XVI Ratzinger en 2011, cuyas meditaciones fueron compuestas por su co-hermana Maria Rita Piccione, in illo témpore presidenta de la Federación de Monasterios Agustinos de Italia “Nuestra Señora del Buen Consejo”.
  
Por supuesto, que Riggitano-Prévost se arrodillase ante un crucifijo no tiene nada de malo en sí mismo (máxime recordando que su antecesor inmediato no lo hacía). El problema es ante CUÁL lo hace.
  
Resulta que el crucifijo de Manganelli tenía una lanza fija en el Costado, la cual fue removida o rota antes de la visita prevostiana.
  

Si fuera solamente eso… porque es muy similar a la crucifixión que hizo del artista expresionista belga Albertus Paulus Leo Servaes De Sutter, más conocido como Albert Servaes. Servaes en 1919 produjo dos juegos de obras: una serie de seis dibujos a carboncillo para la edición francesa del libro “La Pasión de Cristo” del padre Cyriel Charles Marie Joseph Verschaeve Delforche, y un viacrucis a encargo de su director espiritual fray Jerónimo (en el siglo Polydoor Emile) Meersschaut Van de Rostyne para una capilla del monasterio carmelita en el distrito de Luithagen (Amberes, Bélgica), para el cual fray Tito Brandsma O. Carm. redactó unas meditaciones.
  
Cristo de Albert Servaes
  
Dos años después, el Santo Oficio condenó la escuela expresionista en la que se inscribe la obra de Servaes y ordenó su remoción de las iglesias y otros lugares de culto donde se exhibía:
   
Decreto que CONDENA las imágenes sagradas de una ESCUELA PICTÓRICA
Los eminentísimos y reverendísimos señores cardenales reunidos con los inquisidores generales en materia de fe y moral, en sesión ordinaria celebrada el miércoles 23 de febrero de 1921 públicamente declararon censuradas las imágenes sagradas de la nueva escuela pictórica que se exhibe en el folleto con el título La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo de Cyriel Vershaeve (imágenes compuestas por Albert Servaes. Bruselas y París. Librairie National d’art et d’histoire et G. van Oest & Cie. Editeurs, 1920), por la prescripción del canon 1399, n. 12, que las prohibe por la ley y por lo tanto deben ser retiradas inmediatamente de iglesias, oratorios, etc, y en todo lugar que fueren expuestas. El jueves siguiente, 24 del mismo mes y año, Su Santidad el Papa Benedicto XV, en la Audiencia privada con los Reverendísimos Padres señores asesores del Santo Oficio, el Santo Padre aprobó la resolución que se le había mostrado, y les ordenó que a partir de ésta, quedara establecido y confirmado.

Dado en Roma, en la sede del Santo Oficio, 30 de marzo de 1921.

Luis Castellano, Notario del Santo Oficio.
El decreto NO CONDENA a la persona de Servaes (quien probablemente era un buen católico), sino al expresionismo de su obra, que lo hizo representar de una forma repulsiva a Nuestro Señor (de hecho, el canónigo Raymond Albert Ghislain Lemaire, profesor de Historia del arte en la Universidad Católica de Lovaina, lo calificó como «Un chimpancé en una cruz»): el moralista Arthur Marie Théodore Vermeersch Landyit SJ (quien dicho sea de paso, redactó la encíclica Casti Connúbii a partir de una carta pastoral que elaboró el cardenal Mercier en ocasión de la baja natalidad en Bélgica) escribe comentando el decreto:
«El mismo pintor Servaes tiene y merece la reputación de ser un hombre sinceramente católico. Con todo, el estilo de la pintura es objeto de esta crítica, ya que provoca cierto horror por sus formas poco habituales y, en lugar de una devoción apacible, agita violentamente los sentidos» (Periodica de Re Canonica et Morali, vol. 10, n.º 153, 10 de noviembre de 1921. Brujas, Oficina de Karel Beyaert, pág. 288. Traducción propia).
Y su cofrade y compatriota Joseph Maréchal SJ, comentando el decreto, agrega: 
«…no olvidemos que la devoción católica tradicional asocia íntimamente la serena grandeza de la Víctima divina —con una respetuosa modestia— con los tormentos de la Pasión; y que el ejercicio de la compasión cristiana no exige en absoluto que agredamos con ferocidad nuestras sensibilidades más profundas. La Iglesia, si bien tolera las formas sinceras de devoción personal —especialmente la de los humildes—, es, no obstante, amiga de la sensata moderación y desconfía de lo inusual.
   
   
Para evitar la Caribdis de la “forma”, Servaes se desvía temerariamente hacia la Escila de la “deformación” deliberada y la desfiguración artificial. No solo no logra convertir sus figuras más majestuosas en arquetipos de belleza humana —lo cual, después de todo, es permisible—, sino que las transforma en arquetipos infrahumanos, una especie de degenerados, o incluso seres prehistóricos no evolucionados, cuyos esqueletos, a ojos de un anatomista, a veces exhiben más de un rasgo de animalidad inferior» [JOSEPH MARÉCHAL SJ, “Un décret récent du Saint-Office en matière d'iconographie religieuse” (Un decreto reciente del Santo Oficio en materia de iconografía religiosa), en Nouvelle Revue Théologique, vol. 48 (1921), págs. 341, 342; traducción propia].
Y hasta el mismo Jacques Maritain (cuando era católico, no lo que se volvió después), en una conferencia sobre Arte sacro, aborda también la condena al estilo expresionista del viacrucis de Servaes:
«El arte sacro depende absolutamente de la sabiduría teológica. En los signos que presenta a nuestros ojos se manifiesta algo infinitamente superior a todo nuestro arte humano: la Verdad divina misma, el tesoro de luz que nos fue adquirido con la sangre de Cristo. Es sobre todo por esta razón, porque en ello están en juego los intereses soberanos de la Fe, que la Iglesia ejerce su autoridad y magisterio sobre el arte sacro. Recordé hace un momento el decreto del Papa Urbano VIII del 15 de marzo de 1642 y la prescripción de la XXV sesión del Concilio de Trento. Existen otros ejemplos. El 11 de junio de 1623, la Congregación de Ritos prohibió los crucifijos que representaban a Cristo con los brazos extendidos. El 11 de septiembre de 1670, un decreto del Santo Oficio prohibió la fabricación de crucifijos “de una forma tan tosca y sin arte, en una actitud tan indecente, con rasgos tan distorsionados por el dolor que provocan repugnancia en lugar de piadosa atención”. Y sabéis que en marzo de 1921, el Santo Oficio prohibió la exhibición en iglesias de ciertas obras del pintor flamenco Servaes.
   
He aquí un punto que merece toda nuestra atención. Servaes es un pintor de gran talento, un cristiano de profunda fe, y solo se puede hablar de él con respeto y afecto; me complace dar testimonio de él aquí. El Vía Crucis, que causó tal revuelo en Bélgica, despertó profundas emociones religiosas en algunas personas, e incluso propició conversiones. Sin embargo, la Iglesia lo condenó, y nunca es difícil, aun cuando las apariencias y los procedimientos humanos nos desconciertan, comprender la sabiduría y la justicia de sus decisiones. Sin duda, a pesar de sí mismo, y no en su alma sino en su obra, el pintor, fascinado por el Ego sum vermis et non homo de Isaías y concibiendo sus Estaciones como un puro vértigo de dolor, resultó ser falso respecto a ciertas verdades teológicas de capital importancia, sobre todo la verdad de que los sufrimientos, así como la muerte de Nuestro Señor, fueron esencialmente voluntarios, y que fue una Persona divina quien sufrió el sufrimiento humano más espantoso: el dolor y la agonía de Su Humanidad fueron manejados por el Verbo como el instrumento con el que realizó Su gran obra. Al mismo tiempo, para aquellos que no pueden armonizar las pobres figuraciones que el arte pone ante sus ojos y la imagen pura que vive en nuestros corazones del más hermoso de los hijos de los hombres (en Él, como en su Madre, como nos recuerda Cayetano en su tratado De Spasmo beátæ Vírginis, los supremos tormentos del Calvario, aunque traspasaron la mente aún más cruelmente que el cuerpo, dejaron la razón intacta bajo la Cruz, en pleno ejercicio de su dominio sobre la parte sensible) —para estas, digo, ciertas deformaciones plásticas, cierto aspecto degenerado del contorno, adquieren el valor de una ofensa contra la Humanidad del Salvador y, por así decirlo, de una mala comprensión doctrinal de la soberana dignidad de su Alma y Cuerpo.
   
En un momento en que la verdad de la fe se ve amenazada por todos lados, ¿por qué sorprendernos de que la Iglesia esté más preocupada que nunca por las distorsiones doctrinales que pueden estar implícitas en ciertas obras de arte destinadas a los fieles, independientemente de su valor estético y de las emociones saludables que puedan suscitar en algunos casos, y de la piedad, la fe, la profundidad de la vida espiritual y la rectitud de intención del artista que las creó?» [JACQUES MARITAIN, Conferencia “Algunas reflexiones sobre el arte religioso” en las Jornadas de Arte Religioso, 23 de Febrero de 1924. En Art et Scolastique (Arte y escolástica), 3.ª edición revisada y corregida, Apéndice II. París, Louis Rouart & Fils 1935, pag. 176. Trad. inglesa de Joseph Williams Evans. Notre Dame, Indiana: Universidad de Notre Dame, 1974, págs. 74-75; cursiva del original; subrayado añadido).

El mismo Concilio de Trento, en su Decreto sobre la veneración a los Santos, las imágenes y reliquias, señala que uno de los fines de la veneración de las imágenes es «que se exciten los fieles a adorar, y amar a Dios, y practicar la piedad», por lo que manda «pongan los Obispos tanto cuidado y diligencia en este punto, que nada se vea desordenado, o puesto fuera de su lugar, y tumultuariamente, nada profano y nada deshonesto; pues es tan propia de la casa de Dios la santidad» (Sesión XXV, 4 de Diciembre de 1563).

Años después de Servaes, veremos que ese estilo retorcido como lagartija reaparece con la “férula Scorzelli” que usaron Montini, Luciani, Wojtyła, Ratzinger y Bergoglio, o el “Ascensifijo” que actualmente usa el gato Bob.

PD. ¿Y qué pasó después con el “Viacrucis de Luithagen”? Tito Brandsma lo retiró de la capilla el día Viernes Santo (25 de Marzo) de 1921, y fue comprado en Septiembre de 1923 por Herman August Leo van den Eerenbeemt de Hosson. Poco después de su muerte en 1951, la serie acabó en la abadía trapense de Nuestra Señora de Koningshoeven, en Berkel-Enschot, cerca de Tilburg, donde aún se conserva. Servaes tuvo que cambiar de estilo artístico y debido a la Guerra Mundial (en medio de la cual Brandsma murió en un campo de concentración) y a que sus obras fueron calificadas como “arte degenerado” por las autoridades nazis (aunque el concepto fue acuñado en 1797 por Friedrich Schegel para referirse a la antigüedad clásica tardía, pero su aplicación al arte moderno se debe –irónicamente– al judío Max Simon Nordau/Simcha Maximilian Südfeld, cofundador de la Organización Sionista Mundial), se exilió en Suiza, donde murió en 1965. Y su comitente, Fray Jerónimo, a causa de la férrea defensa que hizo del viacrucis, se le conminó a abandonar el monasterio.

martes, 1 de septiembre de 2026

LA COMMEDIA È FINITA, ENZO

 
Enzo Bianchi, fundador de la Comunidad Monástica de Bose, murió en el Hospital Molinette de Turín a los 83 años después de una insuficiencia renal que lo llevó a un coma metabólico.
  
Bianchi fue monje pero nunca llegó a ser sacerdote (ni podía serlo, porque la Iglesia Conciliar no los tiene desde el 18 de Junio de 1968). Autor prolífico, escribió extensamente sobre la Escritura, la espiritualidad y el cristianismo contemporáneo. Se dirigió a audiencias católicas, protestantes y ortodoxas y se convirtió en un interlocutor habitual de intelectuales seculares y no creyentes.
  
Bose: De granja a centro de ecumenismo
Bianchi nació el 3 de Marzo de 1943 en Castel Boglione, un pueblo de la provincia de Asti en el Piamonte. Su madre Ángela murió cuando él tenía ocho años, y creció con su padre Giuseppe, calderero y barbero de ocasión, ateo y comunista. Después de estudiar contabilidad y comenzar estudios de economía en la Universidad de Turín, eligió un camino diferente.
  
En 1965 se instaló en una granja en Bose, cerca de Magnano en la provincia de Biella, llegando el 8 de Diciembre, el último día del Concilio Vaticano II.
  
Tres años más tarde, otros se unieron a él. La comunidad incluía hombres y mujeres, católicos y protestantes. Inicialmente vista con reservas por las autoridades eclesiásticas, recibió el apoyo del cardenal Michele Pellegrino Ristorti. 
  
Bose se convirtió en un lugar de encuentro para obispos, teólogos e intelectuales, con un enfoque particular en el ecumenismo.
  
Bianchi se reunió con figuras como el calvinista Roger Schutz y el patriarca fanariota Atenágoras Spirou, visitó el Monte Athos y colaboró durante décadas con el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. En 2003, Juan Pablo II lo incluyó en la delegación que llevó el icono de Nuestra Señora de Kazán al patriarca ortodoxo ruso Alejo II en Moscú.
  
Conflicto y salida de Bose
En 2016, Bianchi anunció su renuncia como prior de Bose y se retiró formalmente en 2017, mientras permanecía en la comunidad.
   
Después de tensiones internas y quejas sobre su ejercicio de autoridad, el gobierno de la comunidad y su clima fraterno, se ordenó una visita apostólica en 2019, justo un año después de una carta elogiando la contribución de la comunidad de Bose a la renovación de la vida religiosa y a la unidad de los cristianos.
   
En Mayo de 2020, Francisco Bergoglio requirió a Bianchi y a Goffredo Boselli, Lino Breda y Antonella Casiraghi que abandonaran Bose debido a las serias tensiones que afectaban la vida de la comunidad.
  
Bianchi consideró la medida injusta y describió su partida como un “exilio”. Sus partidarios dijeron que no había recibido explicaciones satisfactorias para las decisiones del Vaticano. Bianchi más tarde se reunió con Bergoglio de nuevo.
  
Después de un período en Turín, Bianchi se trasladó a Albiano de Ivrea, cerca de Bose, donde estableció la Casa della Madia (Casa del Pan), más tarde la Fraternidad de la Madia. Varios hermanos y hermanas se unieron a él.
  
Permaneció activo hasta los ochenta, recibiendo visitas, escribiendo, predicando y organizando reuniones. A pesar de someterse a diálisis y sufrir un deterioro de la salud, continuó haciendo planes. Poco antes de su muerte, tenía reuniones programadas para el otoño y tenía la intención de dirigir personalmente un curso de cocina.
  
Controversia sobre la homosexualidad
Bianchi fue una figura carismática y polarizadora que con frecuencia estuvo involucrada en disputas dentro del catolicismo italiano. Sus posiciones sobre la homosexualidad estuvieron entre las que provocaron oposición.
   
En 2015, argumentó que dado que Cristo no abordó explícitamente la homosexualidad en los Evangelios, la Iglesia debería reconocer la cuestión como no resuelta en lugar de emitir condenas. «Donde la Iglesia no podía pronunciarse con certeza», dijo, «preferiría que permaneciera en silencio».
  
Bianchi apoyó las uniones civiles homosexuales y dijo que las concubinas homosexuales podían «amarse (!) y apoyarse mutuamente».
  
Bianchi y la Misa Latina Tradicional
Aunque estrechamente asociado con la Iglesia post-conciliar, Bianchi también mantuvo una relación con la misa latina tradicional.
  
Después de que Benedicto XVI Ratzinger ampliara su uso en 2007, Bianchi argumentó que diferentes formas litúrgicas podrían coexistir dentro de la Iglesia.
  
Tras las restricciones introducidas por Bergoglio en 2021, siguió abogando por el respeto a la antigua liturgia, diciendo que el rito antiguo no debe ser «despreciado o devaluado», y pidiendo una mayor paz litúrgica.
  
El 19 de Julio de 2026, solo semanas antes de su muerte, Bianchi asistió a una misa latina tradicional en la Iglesia de la Misericordia en Turín.

lunes, 22 de junio de 2026

DISONANCIA COGNITIVA Y DOBLE DISCURSO VATICANOS


Refiriéndose a cuando su superior León XIV Riggitano-Prévost visitó la Gran Mezquita de Argel el 13 de Abril de 2026 y dijo que esta era «un espacio divino, sagrado, donde tantas personas vienen a orar para encontrar la presencia del Altísimo, de Dios, en sus vidas», el cardenal curial indio siromalabar Mar George Jacob Koovakad, prefecto del Dicasterio para el Diálogo Interreligioso, explicó hoy al periodista Daniel Beurthe de Ad Vaticanun que «los católicos deben entender los gestos papales en espacios no cristianos, como actos simbólicos de encuentro y diálogo, no como una negación de la unicidad de Cristo o como aprobación de todas las creencias religiosas por igual».

Para más contexto, el fragmento de marras:
DANIEL BEURTHE: Usted acompañó al Papa León XIV en su visita a África en abril, incluyendo su encuentro con una mezquita. ¿Qué momentos le parecieron más relevantes para comprender el verdadero potencial, o los límites, del diálogo interreligioso? ¿Y cuál es el significado teológico de que un Papa entre y ore en un lugar religioso no católico?
“Card.” Mar GEORGE JACOB KOOVAKAD: Teológicamente, que un Papa entre a orar en espacios no cristianos no se entiende como un acto de relativismo religioso o sincretismo, sino como un gesto de respeto, diálogo, paz y solidaridad humana compartida. El documento Diálogo en la Verdad y la Caridad distingue cuidadosamente entre «orar juntos» y «estar juntos para orar» (§83). Los católicos creen que la auténtica oración cristiana siempre se realiza a través de Cristo y en el Espíritu Santo (§81); por lo tanto, generalmente se evita la oración interreligiosa común que implica una comprensión compartida de Dios.
   
Cuando un Papa visita una mezquita, sinagoga, templo u otro espacio sagrado no cristiano, estos gestos deben interpretarse principalmente como expresiones de apertura, respeto mutuo y el compromiso de la Iglesia con el diálogo interreligioso. Dan testimonio de la dignidad de la búsqueda religiosa presente en la humanidad y fomentan la paz y la fraternidad entre los pueblos. Tras el encuentro en Asís, el Papa Juan Pablo II explicó que, si bien los creyentes de diferentes religiones no pueden orar juntos en el sentido estricto, sí pueden estar presentes mientras otros oran, mostrando reverencia por la sincera búsqueda de Dios por parte de los demás.
   
Así pues, los católicos deben entender los gestos papales en espacios no cristianos como actos simbólicos de encuentro y diálogo, no como una negación de la singularidad de Cristo ni como una aprobación por igual de todas las creencias religiosas. El documento insiste en que tales ocasiones requieren prudencia y deben evitar cualquier apariencia de relativismo o sincretismo (§83). La presencia del Papa en estos lugares tiene, por lo tanto, un significado pastoral y diplomático: refleja la misión de la Iglesia de fomentar la paz, el entendimiento mutuo y la convivencia respetuosa, manteniéndose fiel a la doctrina cristiana.

Allá el que le crea… San Pedro no visitó nunca el Oráculo de Delfos ni los misterios isíacos, ni San Pío X la Gran Sinagoga de Roma o la iglesia episcopaliana de San Pablo Intramuros. Ni siquiera Pío XII visitó la Gran Mezquita 

lunes, 25 de mayo de 2026

LAS PRIMICIAS DEL VATICANO II EN UN DOCUMENTAL DE 1968

Traducción del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH.
  
DOCUMENTAL: HE AQUÍ AL “NUEVO CATÓLICO ESTADOUNIDENSE” DE 1968.
Los primeros frutos del Vaticano II…
   
El entonces sacerdote-presbítero William Francis “Bill” Nerin (1926–2020) presidiendo una farsa litúrgica para su Comunidad Juan XXIII.

En la última publicación, vimos que el propio Pablo VI acuñó la expresión “Iglesia conciliar” en marzo de 1966 para describir la monstruosidad eclesial que había creado su Concilio Vaticano II.

En esta publicación, analizaremos algunos de los primeros frutos, por así decirlo, de esa Nueva Iglesia en los Estados Unidos.

En junio de 1968, el canal de televisión estadounidense NBC emitió un documental de 50 minutos titulado “The New American Catholic” (El nuevo católico estadounidense), que muestra lo irreconocible que era esta nueva “Iglesia católica” menos de 10 años después de la muerte del Papa Pío XII.

El documental, que se incluye a continuación, contiene algunos temas familiares: la fraternidad del hombre, la emancipación de la autoridad de la Iglesia, el papel del sacerdote, la hermenéutica de la reforma en continuidad, ese molesto asunto del celibato, Cumbayá, monjas rebeldes y monjas sin hábito, la Misa como cena comunitaria, globos, mayor preocupación por lo natural que por lo sobrenatural, ese sonido de la banda estadounidense-canadiense Mamas & Papas, etc., hasta el hartazgo.

Resulta algo difícil de ver, pero sin duda ilustra bien cómo eran las cosas cuando la Revolución Modernista empezó a tomar forma:
   
   
Una de las cosas que llaman la atención en el video es que, a pesar del desorden teológico, litúrgico y cultural que se muestra, la mayoría de las personas que aparecen en el clip están muy bien vestidas, especialmente en comparación con años posteriores.

Entre los personajes que aparecen en el documental se encuentran el obispo James Patrick “Jim” Shannon McAuliff (1921-2003), el obispo Victor Joseph Reed Collins (1905-1971), el padre William Francis “Bill” Nerin (1926-2020), el padre James Edmund Groppi Magri (1930-1985) y el Sr. Donald Joseph Thorman Leverman (1925-1977) . Curiosamente, casi todos estos personajes se desviaron por completo del buen camino, incluso para los estándares del Novus Ordo. Veamos.

El obispo Shannon renunció a su cargo de obispo auxiliar de San Pablo-Mineápolis en 1968, debido a la prohibición del control de la natalidad impuesta por Pablo VI, pocos meses después de la emisión del documental de la NBC. Pero ahí no terminó todo. El 2 de agosto de 1969, Shannon contrajo “matrimonio civil” con Ruth Church Wilkinson (una mujer divorciada protestante), lo que provocó su excomunión. Posteriormente fue secularizado. Shannon falleció en 2003.
  
“Bishop James Shannon attempts to marry Protestant woman” (Obispo James Shannon atenta casarse con mujer protestante). Diario Lancaster New Era (Lancaster, Pensilvania), lunes 11 de Agosto de 1969. Fuente Newspapers.com

El obispo Victor Reed falleció en 1971 con fama de progresista radical: «He sentido que esta época en la historia de la Iglesia requiere un mayor grado de permisividad del que se exige habitualmente. Porque estamos en un período de crítica del pasado, y esta crítica pretende ser constructiva», se cita al falso pastor en un artículo del National Catholic Reporter del 24 de agosto de 1966  (pág. 2).

Reed había asistido a todas las sesiones del Concilio Vaticano II, y para 1966 la situación en su diócesis de Oklahoma City era tan grave que los tradicionalistas se manifestaron frente a su residencia y pidieron su destitución.
  
“Oklahoma protest against Bishop Reed” (Oklahoma protesta contra el obispo Reed). Diario Lansing State Journal (Lansing, Míchigan), domingo 21 de Agosto de 1966. Fuente: Newspapers.com
  
A continuación, nos centramos en el padre William Nerin, el sacerdote que aparece celebrando la sacrílega “Misa” para la Comunidad de Juan XXIII en el documental. Es importante recordar que el Novus Ordo Missæ de Pablo VI aún no se había introducido; esto no ocurriría hasta 1969. El padre Nerin utilizó el misal transitorio de 1964, que no era obligatorio, pero sí estaba permitido. El canon vernáculo de la Misa se había introducido en Estados Unidos el 22 de octubre de 1967, un día tristemente célebre como el “Domingo Negro”.

En 1975, la Comunidad de Juan XXIII se separó de la diócesis de Oklahoma y siguió su propio camino, junto con el padre Nerin, quien abandonó el sacerdocio ese mismo año.
     
“Community of John XXIII splits from diocese” (Comunidad de Juan XXIII se separa de la diócesis). Diario The Catholic Advance (Wichita, Kansas), jueves 13 de Marzo de 1975. Fuente: Newspapers.com
  
Ahora bien, su ordinario diocesano, el arzobispo John Raphael Quinn Carroll (1929–2017), no era precisamente un conservador, por lo que el hecho de que la Comunidad de Juan XXIII no pudiera funcionar bajo su jurisdicción dice mucho sobre esa “parroquia experimental” tan promocionada en el documental de la NBC.
  
Por cierto, el padre Nerin terminó “casándose” con Anne deShazo  Sharrett vda. de Robertson (luterana). Falleció hace muy poco, el 2 de noviembre de 2020. Su obituario dice:
«En sus últimos años, Bill se dedicó a la reforma del financiamiento de campañas políticas, la justicia social y la inclusión. Trabajó incansablemente para apoyar a los menos afortunados. Fue un ferviente defensor de la Unión Estadounidense de Derechos Civiles (ACLU), convencido del poder y la importancia de los derechos civiles en el siglo XXI, y luchó por unos Estados Unidos mejores, más equitativos e inclusivos. Como miembro activo de su comunidad, Bill defendió con vehemencia los derechos de todos. Dedicó gran parte de su tiempo libre a causas de justicia social y legó la mayor parte de su patrimonio a las organizaciones benéficas que tanto apreciaba» (Fuente: News Tribune, Tacoma. Vía Legacy.com)
Lo dejaremos así.
  
El padre James Groppi, el sacerdote defensor de la justicia social que aparece en el documental, al preguntársele qué opina de la Iglesia Católica, responde: «A decir verdad, ni siquiera lo pienso». Por supuesto, es noble que un sacerdote trabaje por la justicia y realice obras de misericordia para aliviar los sufrimientos temporales de los necesitados. Sin embargo, esto lo ha hecho la Iglesia Católica desde sus inicios y no es algo que el clero liberal haya descubierto en la década de 1960. Que la preocupación de Groppi se centraba únicamente en lo temporal y lo mundano, en lugar de en lo eterno y lo celestial, queda claro no solo por sus comentarios despectivos sobre la Iglesia y el Reino de Dios en la tierra, sino también por su comportamiento posterior.
  
En abril de 1976, Groppi contrajo matrimonio civil con la profesora universitaria Margaret “Peggy” Rozga, lo que le valió la excomunión automática. Se está convirtiendo en un tema recurrente.
  
“Fr. Groppi excommunicated” (Excomulgado el padre Groppi). Diario The Berkshire Eagle (Pittsfield, Massachusetts), viernes 30 de Abril de 1976. Fuente: Newspapers.com
  
El padre Groppi falleció de cáncer cerebral el 4 de noviembre de 1985, a la edad de 54 años.

Por último, el elocuente orador laico modernista que aparece en The New American Catholic es Donald Joseph Thorman. Fue editor del National Catholic Reporter, ese panfleto ultraliberal fundado en 1964, tan anticatólico que incluso la Secta del Concilio Vaticano II lo ha condenado.
  
“Bishop Helmsing condemns National Catholic Reporter” (Obispo Helmsing condena a National Catholic Reporter). Diario The Kansas City Times (Kansas City, Misuri), viernes 11 de Octubre de 1968. Fuente: Newspapers.com
  
Así pues, el National Catholic Reporter fue denunciado a los cinco años de su fundación, bajo la dirección de Thorman, quien asumió el cargo de editor tras la dimisión del cofundador Michael Joseph Greene Fahey (1928-2013) a finales de 1965. Huelga decir que a Thorman le importó un bledo la condena episcopal, y hasta el día de hoy la publicación ultraizquierdista sigue llamándose erróneamente National Catholic Reporter.

El modernista Thorman fue llamado a rendir cuentas ante Dios Todopoderoso el 30 de noviembre de 1977, tras un repentino ataque al corazón. Tenía 52 años.

Tras todos los informes infernales anteriores sobre la toma de control modernista, será reconfortante y alentador centrarse en algunas buenas noticias, por lo que aquí les recordamos a los lectores dos vídeos muy instructivos  que hemos publicado anteriormente:
  
Al mismo tiempo, un excelente complemento para el vídeo de New American Catholic sería el documental “Space and Light” (Espacio y Luz), realizado en el Seminario de San Pedro en Cardross (Escocia), que abrió sus puertas en 1966 para dar cabida a la “Nueva Primavera” del Concilio Vaticano II y tuvo que cerrar apenas 12 años después precisamente a causa del cambio de estación:
No os desaniméis, queridos lectores. Esta apostasía que aún estamos viviendo fue profetizada en las Sagradas Escrituras como el preludio necesario de la Segunda Venida de nuestro Bendito Señor.
«No abandonéis ligeramente vuestros primeros sentimientos, ni os alarméis con supuestas revelaciones, con ciertos discursos, o con cartas que se supongan enviadas por nosotros, como si el día del Señor estuviera ya muy cercano. No os dejéis seducir de nadie en ninguna manera; porque no vendrá este día sin que primero haya acontecido la apostasía, casi general de los fieles, y aparecido el hombre del pecado, el hijo de la perdición, el cual se opondrá a Dios, y se alzará contra todo lo que se dice Dios, o se adora, hasta llegar a poner su asiento en el templo de Dios, dando a entender que es Dioss» (2.ª Tesalonicenses 2, 2-4; traducción de Knox; subrayado añadido).
Ya no debería faltar mucho.

domingo, 19 de abril de 2026

PRÉVOST RELATIVIZA OTRA VEZ EL MILAGRO DE LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES


En su homilía durante la cena campal en el estadio Japoma de Duala (Camerún), en el marco de su gira por África, León XIV Riggitano-Prévost repitió la naturalización del relato joánico de la multiplicación de los panes.

Después de preguntar retóricamente: «No somos Dios; pero, precisamente, ¿dónde está Dios ante el hambre de la gente?», Riggitano-Prévost lanza la bomba:
«Mientras espera nuestras respuestas, Jesús da la suya: “Tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron” (Jn. 6. 11). Un grave problema se resuelve bendiciendo la poca comida que hay y repartiéndola entre todos los que tienen hambre. La multiplicación de los panes y los peces ocurre en el compartir; ¡he aquí el milagro! Hay pan para todos si se da a todos. Hay pan para todos si se lo toma no con una mano que acapara, sino con una mano que da. Observemos bien el gesto de Jesús: cuando el Hijo de Dios toma el pan y los peces, ante todo da gracias. Agradece al Padre por un bien que se convierte en don y bendición para todo el pueblo.
   
Al hacerlo así, la comida abunda; no se raciona por emergencia, no se roba por disputa ni se desperdicia por quienes se atiborran ante quienes no tienen nada que comer. Al pasar de las manos de Cristo a las de sus discípulos, la comida aumenta para todos, es más, sobreabunda (cf. vv. 12-13). La gente, admirada por lo que había hecho Jesús, exclamó: “Este es, verdaderamente, el Profeta” (v. 14), es decir, aquel que habla en nombre de Dios, el Verbo del Omnipotente. Y es verdad, pero Jesús no utiliza estas palabras con vistas a un éxito personal; no quiere convertirse en rey (cf. v. 15), porque ha venido a servir con amor, no a dominar».
   
En estos párrafos, Riggitano-Prévost vuelve, como hizo nueve meses atrás, sobre los pasos de su predecesor Francisco Bergoglio, quien afirmó en varias ocasiones que la multiplicación de los panes no se trata de un aumento sobrenatural de los alimentos, sino de una transformación de los corazones humanos que lleva a compartir.
  • «Los panes y los peces no se acaban, ¡no se acaban! He aquí el milagro: más que una multiplicación es un compartir, animado por la fe y la oración. Comieron todos y sobró: es el signo de Jesús, pan de Dios para la humanidad» (Ángelus, 2 de Junio de 2013).
  • «La multitud quedó impresionada por el prodigio de la multiplicación de los panes; pero el don que Jesús ofrece es plenitud de vida para el hombre hambriento… Dios es capaz de multiplicar nuestros pequeños gestos de solidaridad y hacernos partícipes de su don» (Ángelus, 26 de Julio de 2015).
  • «Hoy, de hecho, Juan nos muestra nuevamente a Jesús atento a las necesidades primarias de las personas. El episodio surge de un hecho concreto: las personas están hambrientas y Jesús involucra a sus discípulos para que este hambre se sacie. Este es el hecho concreto. A la multitud, Jesús no se limitó a donar esto —ofreció su Palabra, su consuelo, su salvación, su vida—, pero ciertamente hizo también esto: se encargó del alimento para el cuerpo. Y nosotros, sus discípulos, no podemos hacer como si nada. Solamente escuchando las más sencillas peticiones de la gente o poniéndose cerca de sus situaciones existenciales concretas se podrá ser escuchado cuando se habla de valores superiores» (Ángelus, 29 de Julio de 2018).
  • «Es curioso que en los relatos de la multiplicación de los panes presentes en los Evangelios no aparezca nunca el verbo “multiplicar”. Es más, los verbos utilizados son de signo opuesto: “partir”, “dar”, “distribuir” (cf. Jn. 6, 11; Mt. 14, 19; Mc. 6, 41; Lc. 9, 16). Pero no se usa el verbo “multiplicar”. El verdadero milagro, dice Jesús, no es la multiplicación que produce orgullo y poder, sino la división, el compartir, que aumenta el amor y permite que Dios haga prodigios» (Ángelus, 25 de Julio de 2021).
Los católicos modernistas, igual que los protestantes liberales, acostumbran naturalizar lo sobrenatural (cf. San Pío X, Pascéndi) y tratar los milagros como mitología, y relativizan aquellos que no pueden negar sin quitarse la máscara de cristianos. Y el de la Multiplicación de los panes es uno de los milagros que más detestan, luego del Nacimiento virginal de Nuestro Señor y su Resurrección.
  
Alguien dijo una vez: «León es Francisco II, pero con mejor sastre». No le faltó verdad, y Riggitano-Prévost lo lleva a nuevas cotas.

martes, 23 de diciembre de 2025

PREDICAN EL “EVANGELIO DEL HOMBRE” ANTE PRÉVOST

Traducción del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH. Textos bíblicos tomados de la versión de Mons. Félix Torres Amat.
   
PREDICADOR “PAPAL” PASOLINI: «CRISTO REVELA AL HOMBRE SU PROPIA VERDAD»
La 3.ª predicación de Adviento para León XIV y su Curia…
  
Un falso profeta en hábito capuchino: Roberto Pasolini OFM Cap.
  
El capuchino modernista Roberto Pasolini (* 1971) es el actual “Predicador de la Casa Pontificia”. Jorge Bergoglio, alias “Papa Francisco”, lo eligió el año pasado para remplazar al insufrible Raniero Cantalamessa, quien había cumplido 90 ese año, y que tenía ese cargo desde 1980.
   
La designación de Pasolini ha sido controvertida desde el comienzo. ¿La razón? No sorprenderá a la mayoría, pero ha sido atrapando algunas ideas no ortodoxas respecto a la homosexualidad.
  
El sitio web italiano Informazione Cattolica hizo alguna investigación sobre el nuevo predicador de la casa “papal” y descubrió una plática que él había dado en Varese (Italia) el 2 de Febrero de 2024, titulada Omosessualità e Vita Cristiana (“Homosexualidad y vida cristiana”). Un vídeo de esta estaba disponible en YouTube hasta que fue removido posteriormente por el usuario que lo subió (lo que resulta ser una copia del mismo puede hallarse aquí):
«La parte más problemática de las declaraciones del presbítero Pasolini, como se oye en el vídeo, concierne a la presencia de parejas gais en el Antiguo Testamento. Específicamente, Pasolini se refiere a la relación entre Jonatás y David. Con relación al Nuevo Testamento, aborda la relación entre el centurión y su siervo enfermo, por el cual el centurión romano le pide a Jesús su curación. Durante la presentación, el presbítero Pasolini presentó diapositivas presentando pasajes bíblicos que él afirma tratan de la homosexualidad, pero no hizo mención del pasaje de la Carta de San Judas (cap. 1, verso 7), que es la última referencia neotestamentaria a los pecados contra natura. Este pasaje es particularmente severo, porque explícitamente condena a Sodoma y Gomorra a las llamas eternas por su inmoralidad y sus vicios antinaturales» [Salvatore Carloni, “Ma cosa insegna sull’omosessualità il nuovo predicatore della Casa Pontificia Roberto Pasolini?” (¿Pero qué enseña sobre la homosexualidad el nuevo predicador de la Casa Pontificia Roberto Pasolini?), Informazione Cattolica, 12 de Noviembre de 2024; traducción por ChatGPT].
Por ahora, eso debería decirnos todo lo que necesitamos saber sobre este “erudito bíblico” capuchino, quien, gracias a Francisco, es actualmente el único hombre en el mundo autorizado para predicarle a la cabeza de la Iglesia del Vaticano II, actualmente el “Papa” León XIV. Podemos presumir que él ocupará ese cargo durante décadas.
   
De todas formas, de algún tiempo acá ha sido costumbre para el predicador “papal” dar pláticas espirituales (sermones, meditaciones) al “Papa” y la Curia Romana durante la Cuaresma y el Adviento, usualmente los viernes, y León XIV ha mantenido esta costumbre.
  
El pasado viernes 19 de Diciembre, Vatican News publicó el texto completo de la meditación de Pasolini para la 3.ª Semana de Adviento. Se puede acceder a esta a continuación, junto con un reporte anexo, y también está disponible el vídeo completo:
Como puede verse en el vídeo, un buen número de prelados atendió la plática espiritual, y León XIV estaba sentado al frente y al centro de la audiencia.
  
En lo que sigue, haremos algunas observaciones críticas respecto a la meditación del predicador “papal”, que está saturada de ideas y la verborrea típica de la Nouvelle Theologie (“Nueva Teología”).
  
Primero, notar que la 3.ª meditación de Adviento pasoliniana se titulaba “La universalidad de la salvación: Una esperanza incondicional”. Solo con esto, es suficiente para suspicacias, porque la salvación no es universal y la esperanza no es incondicional (al menos, no si se entiende en el sentido en que muchos suelen entenderla).
  
La Redención es universal en tanto que Cristo murió por todos, y por ende todos son capaces de beneficiarse de esta Redención. En ese sentido, sí, la salvación se ofrece a todos. Pero aunque todos han sido redimidos y Dios desea que todos los hombres se salven (ver 1.ª  Tim. 2, 4), trágicamente, muchos eligen no ser salvados: «Tan cierto es que muchos son los llamados y pocos los escogidos» (Mat. 22, 14); y «Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os aseguro que muchos buscarán cómo entrar, y no podrán» (Luc. 13, 24).
  
De forma semejante, la esperanza es incondicional solamente en el sentido que sin importar cuán pecaminosa ha sido nuestra vida hasta este momento, podemos ser perdonados y aspirar a la verdadera santidad, si solamente usamos los medios que Dios ha establecido para tal fin. La esperanza no es incondicional en el sentido que todos pueden u obtendrán la salvación sin importar lo que hagan o lo que crean.
   
Nuevamente estamos bregando con una ambigüedad inútil. El orador pudo expresarse claramente, pero elige no hacerlo. Él usa deliberadamente una jerigonza que se presta para malos entendidos.
   
Hablando del viaje de los Reyes Magos a Belén, dice Pasolini:
«Su movimiento afirma una verdad decisiva: para encontrar el rostro del Dios hecho hombre es necesario ponerse en camino. Esto vale para todo creyente, pero adquiere un peso particular allí donde la fe se entrelaza con la responsabilidad de custodiar, guiar y discernir. Sin un deseo que permanezca vivo, incluso las formas más altas de servicio corren el riesgo de volverse repetitivas, autorreferenciales, incapaces de sorpresa».
Entonces vemos aquí algunas de las palabrejas favoritas de Bergoglio: encuentro, camino, auto-referencialidad, sorpresa.
   
A lo largo de esta meditación, encontramos (¡ja!) algunos conceptos y verborrea típicos tan amados de los neomodernistas (cf. Papa San Pío X, Pascéndi, n. 3). Él propala cuestionamientos, duda e inquietud; y rechaza respuestas, certezas y seguridades. Podemos ver qué objetivo tiene mirando qué ejemplos usa para contrastar con el punto que está haciendo:
«Para la Iglesia este riesgo adquiere rasgos particularmente delicados. Es posible conocer bien la doctrina, custodiar la tradición, celebrar con esmero la liturgia y, aun así, permanecer quietos. Como sucede con los escribas de Jerusalén, también nosotros podemos saber dónde el Señor continúa haciéndose presente —en las periferias, entre los pobres, en las heridas de la historia— sin encontrar la fuerza o el valor para movernos en esa dirección».
Periferias, los pobres, e incluso las “heridas” de la historia, ¡Francisco estaría orgulloso! Excepto que el predicador se olvidó del medio ambiente: tú sabes, el grito de la tierra y esas cosas.
   
Ahora, es perfectamente legítimo decir que en el progreso espiritual puede estancarse a pesar de conocer sobre la Fe, a pesar de defender la tradición (y si es sacerdote, a pesar de ofrecer reverentemente la Santa Misa). Después de todo, uno puede conocer bien la sagrada doctrina, defender la Fe, e incluso celebrar la Santa Misa con gran decoro y reverencia mientras al mismo tiempo se esté involucrado en los pecados más atroces. Eso es claro. Así que el punto donde él va no es ilegítimo en sí mismo.
   
Con todo, la decisión pasoliniana de individualizar a estos tres reyes (en lugar de los otros) revela su perjuicio, porque es claro que está haciendo diana en los tradicionalistas y conservadores en las estructuras novusorditas, sin importar cuán pocos y lejanos puedan ser. No nos dejemos engañar: Si hay tes cosas en la Iglesia del Vaticano II, en general, de las cuales no se ve mucho, sería (1) personas que conocen bien la doctrina; (2) personas preservando la tradición; y (3) presbíteros celebrando el servicio de la cena Novus Ordo con reverencia. Y aun así, estas son las cosas que Pasolini pensó mencionar como opuestas a ese “viaje” que está predicando.

Advertir que no dijo: «Es posible enfocarse constantemente en los problemas temporales, en construir puentes a los marginados, en no juzgar a nadie y, aun así, permanecer quietos». No, su mente estaba centrada en cosas que son usualmente asociadas al tradicionalismo, y que los neomodernistas piensan haber superado: la fidelidad doctrinal y la pureza litúrgica (Se acuerda uno de la frecuente denunciación del proselitismo que hacía el “Papa” Francisco, o su rabieta por los presbíteros vistiendo sotanas, ¡como si el problema en la Iglesia Novusordita fueran los proselitistas ensotanados!)

Otro pasaje digno de pena ajena de la reflexión pasoliniana es el siguiente:
«Al arrodillarse ante el signo humilde y pobre del niño, los Magos descubren que el acceso al otro —distinto, frágil, inesperado— ocurre siempre desde abajo, nunca desde arriba. Es en el abajamiento donde se colma la distancia y la diversidad se vuelve habitable. No se trata de renunciar a la propia identidad, sino de entregarla, abriéndola al misterio que el otro porta consigo».
¿Puede haber algo más deuterovaticano que esto? Pasolini toma el viaje de los Reyes Magos hacia el Niño Jesús y hace su encuentro con el Hijo de Dios no simplemente sobre ellos y Él, o sobre los gentiles (a quienes ellos representan) encontrando la salvación, sino sobre las personas en general encontrándose con “el otro” y su “misterio”.
  
Si esto se oye tan mal que pudo haber salido precisamente del mismo Jorge Bergoglio, es porque lo es:
«La Iglesia valora la acción de Dios en las demás religiones, y “no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que […] no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres” [Vaticano II, Nostra Ætáte, n. 2]. Pero los cristianos no podemos esconder que “si la música del Evangelio deja de vibrar en nuestras entrañas, habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la ternura que nace de la confianza, la capacidad de reconciliación que encuentra su fuente en sabernos siempre perdonados‒enviados. Si la música del Evangelio deja de sonar en nuestras casas, en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía, habremos apagado la melodía que nos desafiaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer” [Francisco, Servicio ecuménico de oración, Riga (Letonia), 24 de Septiembre 2018]. Otros beben de otras fuentes. Para nosotros, ese manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo. De él surge “para el pensamiento cristiano y para la acción de la Iglesia el primado que se da a la relación, al encuentro con el misterio sagrado del otro, a la comunión universal con la humanidad entera como vocación de todos” [Francisco, Lectio Divina en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, 26 de Marzo de 2019]» (Antipapa Francisco, Encíclica Fratelli Tutti, n. 277; negrilla y subrayado añadidos).
Cuando Francisco cita la mención del “misterio sagrado del otro”, él se cita a sí mismo, como lo muestra la nota al pie (puesta entre corchetes arriba).
  
Entonces Pasolini, en su reflexión de Adviento, está usando esta palabrería bergogliana sobre el “misterio sagrado del otro”. Esto muestra una vez más cómo en la Iglesia del Vaticano II, Cristo está lentamente siendo disuelto en el hombre genérico, el hombre en general.

Un ejemplo explícito puede encontrarse en el la referencia del “Papa San” Juan Pablo II a la Natividad de Nuestro Señor como la “fiesta del hombre” en su primer mensaje de Navidad: «Navidad es la fiesta del hombre. […] Es efectivamente la humanidad la que queda elevada con el nacimiento de Dios en la tierra. La humanidad, la “naturaleza” humana, queda asumida en la unidad de la Divina Persona del Hijo; en la unidad del Verbo Eterno, en el que Dios se expresa eternamente a Sí mismo» (Bendición Urbi et Orbi, 25 de Diciembre de 1978).
  
No hay duda que la naturaleza humana fue ennoblecida por la Encarnación. Esa es la doctrina católica tradicional:
«…Dios quiso tomar la humildad y flaqueza de nuestra carne, para que el linaje humano fuese colocado en un grado muy alto de dignidad y honor. Porque para declarar la excelente dignidad y alteza que recibió el hombre por este divino beneficio, es suficiente que sea ya hombre aquel mismo que es verdadero y perfecto Dios, de suerte que podemos ya gloriarnos de que el Hijo de Dios es nuestro hueso y nuestra carne, lo cual no pueden aquellos dichosísimos espíritus; porque nunca, como dice el Apóstol, “tomó la naturaleza de los Ángeles, sino la posteridad de Abraham” [“Núsquam enim Ángeles apprehéndit, sed semen Ábrahæ apprehéndit”, Hebr. 2, 16]» (Catecismo del Concilio de Trento, Credo, Artículo 3.º).
Con todo, la religión del Vaticano II ha ido más lejos de esta verdad, hasta el punto de prácticamente adorar al hombre mismo, nunca más obviamente que bajo el “Papa” Francisco (reinó entre 2013 y 2025), quien predicó la teología de la liberación y un falso “Evangelio del hombre”, por así decirlo:
Aquí recordaríamos también el discurso de clausura de la IV Sesión del Concilio Vaticano II por  el “Papa San” Pablo VI (7 de Diciembre de 1965), en el cual suplicó a los hombres soberbios e incrédulos el favor de «reconocer nuestro nuevo tipo de humanismo: nosotros, también, en realidad, honramos a la humanidad mucho más que cualquier otro» (fuente; negrilla y subrayado añadido). Aparentemente, el pseudopapa estaba pensando que el rechazo del concilio en condenar al mundo no creyente ganaría para la Iglesia algunos puntos extra:
«El humanismo secular, revelándose en su horrible realidad anticlerical, ha, en cierto sentido, desafiado al concilio. La religión del Dios que se hizo hombre se ha encontrado con la religión (porque tal es) del hombre que se hace Dios a sí mismo. ¿Y qué pasó? ¿Hubo un choque, una batalla, una condenación? Pudo haberlo, pero no lo hubo. La vieja historia del Samaritano ha sido el modelo de la espiritualidad del Concilio. Una sensación de simpatía ilimitada lo ha permeado del todo» (Antipapa Pablo VI, Discurso para la última sesión general del Vaticano II, 7 de Diciembre de 1965).
¡Solo un tonto pensaría que esto puede “acariciar” a los enemigos declarados de Cristo para arrepentimiento!
   
Sabiamente había advertido el Papa San Pío X en su encíclica inaugural que «esta es la señal propia del Anticristo según el mismo Apóstol: el hombre mismo con temeridad extrema ha invadido el campo de Dios» (E Suprémi Apostolátus, n. 5), en referencia a 2.ª  Tesalonicenses 2, 4: «…hasta llegar a poner su asiento en el templo de Dios, dando a entender que es Dios».
  
Con todo, debemos regresar a Pasolini. Todavía reflexionando sobre la visita de los Reyes Magos a Belén, afirma:
«Para la Iglesia este doble movimiento —levantarse y postrarse— es esencial. Está llamada a moverse, salir, ir al encuentro de las personas y de las situaciones que le son lejanas. Pero también a saber detenerse, bajar la mirada, reconocer que no todo le pertenece ni puede ser controlado. Solo así el don de la salvación puede volverse verdaderamente universal: en la medida en que la Iglesia acepta dejar sus seguridades y mirar con respeto la vida de los demás, reconociendo que también allí, a menudo de maneras inesperadas, puede emerger algo de la luz de Cristo».
Es increíble cómo el predicador “papal” toma la búsqueda de los Reyes Magos y la adoración a Jesucristo, y la convierte en el alcance y cuasi-adoración de los pecadores por la Iglesia. ¡Pasolini afirma que la Iglesia debe «abandonar sus propias seguridades” —por las cuales, estas personas usualmente quieren decir todo lo que salvaguarda su patrimonio sobrenatural, especialmente la Fe y los sacramentos (cf. el proyecto de Hans Urs von Balthasar “demoler los bastiones”, secundado por Joseph Ratzinger)— y respetar las vidas pecaminosas de los pecadores! Después de todo, ¡así los neomodernistas parecen insinuar que los pecadores pueden simplemente tener algo de la luz de Cristo para darla a la Iglesia! ¡¿Qué debe estar detrás del mascarón capuchino para venir con semejante disparate blasfemo?!
  
Pasolini le dice a su audiencia que, cuando llegaron a Belén y encontraron al Niño Jesús, los Reyes Magos encontraron no solamente al Dios Encarnado, sino también… a sí mismos:
«En el rostro de Jesús, el Dios hecho hombre, los Magos vislumbran que esa misma dignidad está prometida también a su propia vida. Si en ese niño Dios se revela como Rey, entonces también la vida humana está llamada a una grandeza que no pasa por el poder, sino por el cuidado y el servicio. Si Dios ha elegido habitar nuestra carne, entonces toda vida humana lleva en sí una luz, una vocación, un valor que no puede ser borrado. Los dones que ofrecen los Magos se convierten así en un espejo: hablan de Dios, pero revelan también aquello a lo que el ser humano está llamado a llegar a ser.
   
Con la visita de los Magos, el misterio de la Encarnación manifiesta toda su fuerza universal. No hemos venido al mundo solo para sobrevivir o para atravesar el tiempo de la mejor manera posible. Hemos nacido para acceder a una vida más grande: la de los hijos de Dios. Los Magos partieron buscando una estrella y encontraron a Cristo; pero buscando a Cristo se encontraron también a sí mismos. Descubrieron que, aun viniendo de lejos y sin conocer las Escrituras, también en su humanidad brillaba una luz que solo esperaba ser reconocida y sacada a la luz.
   
Quizá la Iglesia esté llamada hoy, más que nunca, a hacer precisamente esto: ofrecer al mundo la luz de Cristo. No como algo que imponer o defender, sino como una presencia que se ofrece, dejando que cada persona pueda acercarse a ella a través de un camino semejante al de los Magos. Ellos partieron del deseo, se pusieron en camino, atravesaron preguntas e incertidumbres y, solo al final, reconocieron a Cristo y, ante él, se descubrieron también a sí mismos.
   
Desde esta perspectiva, la misión no consiste en forzar el encuentro, sino en hacerlo posible. Ofrecer la luz significa custodiar el espacio de la búsqueda, permitir que el deseo se ponga en movimiento, acompañar sin anticipar las respuestas. Así, el encuentro con Cristo no anula la humanidad de quien lo busca, sino que la hace salir a la luz y la lleva a su plenitud.
   
[…]
   
Una Iglesia que ofrece a todos la presencia de Cristo no se apropia de su luz, sino que la refleja. No se coloca en el centro para dominar, sino para atraer. Y precisamente por eso se convierte en espacio de encuentro, donde cada uno puede reconocer a Cristo y, ante él, reencontrar el sentido de su propia vida.
   
Esta perspectiva nos obliga a revisar muchas de nuestras prácticas misioneras. Con frecuencia imaginamos que evangelizar significa llevar algo que falta, llenar un vacío, corregir un error. La Epifanía indica otro camino: ayudar al otro a reconocer la luz que ya lo habita, la dignidad que ya posee, los dones que ya custodia. No somos nosotros quienes “damos” a Cristo al mundo, como si tuviéramos su exclusividad. Estamos llamados a hacer visible su presencia con tal claridad y verdad que cada persona pueda reconocer en él el sentido de su propia existencia.
   
Esto no relativiza la verdad de Cristo ni reduce el Evangelio a una genérica valorización de lo humano. Al contrario, toma en serio la catolicidad de la Iglesia en su sentido más profundo: custodiar a Cristo para ofrecerlo a todos, con la confianza de que en cada persona ya están presentes la belleza, la bondad y la verdad, llamadas a realizarse y a encontrar en él su sentido más pleno. La luz verdadera de la Navidad “ilumina a todo hombre” precisamente porque es capaz de revelar a cada uno su propia verdad, su propia llamada, su semejanza con Dios.
   
[…]
   
Este sería el signo más elocuente de una Iglesia fiel a su vocación: no retener la luz para sí, sino dejarla resplandecer para que la vida nueva, ya sembrada en el corazón de cada hombre y de cada mujer, pueda finalmente germinar y dar fruto» (Negrilla y subrayado añadidos).
Pudiera escribirse toda una bitácora separada sobre esta sola conclusión de la meditación, pero queremos acabar ahora. Basta decir que Pasolini es un típico modernista del Novus Ordo. Él no predica el Evangelio, sino la Nueva Teología.
  
En esta meditación particular para la 3.ª Semana de Adviento, el teólogo de la casa “papal” está presentando una doctrina estrechamente alineada con la de Karl Rahner (1904-1984), cuyo concepto del “existencial sobrenatural” parece ser reflejado aquí: la idea de que hay (aunque poca) gracia sobrenatural incondicional e indeleblemente presente en cada individuo, hecho que Cristo reveló al hombre por Su Encarnación, y ahora es tarea de la Iglesia encenderla, hacerla crecer y ayudarla a alcanzar su pleno potencial. ¡Menuda locura!
   
De todos modos, esto está lejos de la doctrina católica del pecado original, según la cual todos somos, desde la caída, «éramos por naturaleza u origen hijos de ira» (Ef. 2, 3) en necesidad de un Redentor, no para revelarnos cuán semejantes a Dios somos ya, sino para que «para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios» (Hech. 26, 18):
«El “pecado original” es la culpa hereditaria, propia, aunque no personal, de cada uno de los hijos de Adán, que en él pecaron (cf. Rom. 5, 12); es pérdida de la gracia —y, consiguientemente, de la vida eterna— con la propensión al mal, que cada cual ha de sofocar por medio de la gracia, de la penitencia, de la lucha y del esfuerzo moral. La pasión y muerte del Hijo de Dios redimió al mundo de la maldita herencia del pecado y de la muerte. La fe en estas verdades […] pertenece al inalienable depósito de la religión cristiana» (Papa Pío XI, Encíclica Mit Brennender Sorge, n. 25)

Que lo que predica Pasolini sea una nueva doctrina lo confirma el hecho que incluso él admita que su «perspectiva nos obliga a revisar muchas de nuestras prácticas misioneras». ¿Realmente este hombre piensa que en 1900 de actividad misionera todo se ha hecho mal? ¿Que Cristo no debería ser proclamado, sino que en cambio se “haga posible” el “encuentro” con Él ayudándolos a “viajar”? ¿Cómo piensa que los Apóstoles hayan hecho tantos conversos tan rápidamente si hubieran ofrecido palabrerías sobre viajes, encuentros y acogidas? «Mas nosotros predicamos sencillamente a Cristo crucificado, lo cual para los judíos es motivo de escándalo, y parece una locura a los gentiles» (1.ª Cor. 1, 23).
   
El mensaje del Evangelio realmente no es toda esa complicación, como vemos en Hechos 2, donde San Pedro predicó su primer sermón, con resultados inmediatos: «…se añadieron aquel día a la Iglesia cerca de tres mil personas» (Hech. 2, 41). Quizá fue esto precisamente por la predicación de la verdad divina por San Pedro con tal credibilidad y convicción —podría decirse que predicó certezas con seguridad— que hizo su mensaje más atractivo.
  
Pero ya basta. El callo modernista es intolerable.
   
En un discurso a los jesuitas el 17 de Septiembre de 1946, el Papa Pío XII resaltó:
«Mucho se ha dicho, pero no lo suficiente después de la debida consideración, sobre la “Nouvelle Théologie” [“Nueva Teología”], que, por su característica de moverse junto con todo en un estado de movimiento perpetuo, siempre estará en el camino hacia alguna parte pero nunca llegará a ninguna. Si se pensara que hay que estar de acuerdo con una idea así, ¿qué sería de los dogmas católicos que no deben cambiar nunca? ¿Qué pasaría con la unidad y la estabilidad de la fe?» (Papa Pío XII, Discurso Quámvis Inquiéti).
En realidad, ¿qué vino de ellos?
   
Desde el Vaticano II, hemos visto justo lo que viene de ellos. Y Roberto Pasolini no ayuda en nada.

miércoles, 13 de agosto de 2025

PELEA DE CONVERSOS: NEWMAN Vs BROWNSON


Durante su conversión al catolicismo desde la iglesia anglicana, Juan Enrique Newman escribió en 1845 su Ensayo sobre el Desarrollo de la doctrina cristiana, su obra más notable.

En la sección 2.ª, numeral 3.º del capítulo II de la primera parte (págs. 77-78 de la 14.ª impresión inglesa por Longmans, Green & Co, Londres, Nueva York, Bombay y Calcuta, 1909; no se conoce traducción al español), Newman dice lo siguiente, intentando aplicar a la Iglesia su postulado que la doctrina cristiana madura orgánicamente, como una idea viviente, y no como institución estática:
«Esta necesidad de una sanción de autoridad se acentúa al considerar, tras la sugerencia de Monsieur Guizot, que el cristianismo, aunque representado en la profecía como un reino, surgió como una idea más que como una institución, y ha tenido que revestirse y equiparse con la armadura que él mismo se ha provisto, y formar los instrumentos y métodos de su prosperidad y guerra. Si los desarrollos, antes llamados morales, han de alcanzar un grado considerable, y sin ellos es difícil concebir la existencia misma del cristianismo, si solo se trata de determinar sus relaciones con el gobierno civil (78), o definir las cualificaciones para su profesión, sin duda se necesita una autoridad que dé certeza a lo vago y confianza a lo empírico, que ratifique los pasos sucesivos de un proceso tan elaborado y que garantice la validez de las inferencias que se convertirán en las premisas de investigaciones más remotas» (Negrillas fuera del texto).
¿Quién era este “monsieur Guizot” del que habla Newman y que lo cita como autoridad? Es François Pierre Guillaume Guizot Bonicel (1787-1874), un hugonote (calvinista francés) liberal. Regresando a París en 1806 de una estadía en Ginebra, se unió a la logia masónica “El Fénix”, de rito escocés, en la que soplaba el nuevo espíritu del “Réveil” (la versión francófona del “Gran Despertar” angloestadounidense), y fue miembro y presidente de la Sociedad para el Fomento de la Educación Primaria entre los Protestantes de Francia (1817), la Sociedad Bíblica Protestante de París (1818), la Sociedad Protestante de Asistencia y Ayuda Mutua (1825) y la Sociedad Moral Cristiana (1821), donde solían reunirse los cristianos liberales de la alta sociedad. Políticamente, durante el reinado de Luis Felipe de Orléans fue diputado por el distrito de Lisieux (1830-1848), ministro del Interior (1 de Agosto a 2 de Noviembre de 1830), de Instrucción pública (1823-1837), de Asuntos Exteriores (1840-1848) y presidente del Consejo de ministros (18 de Septiembre de 1847 a 25 de Febrero de 1848).
   
François Guizot
   
Pero tan temprano como 1846, un Orestes Augustus Brownson Metcalf (1803-1876) también recién convertido al catolicismo, desafió en su artículo El desarrollo de la doctrina cristiana de Newman la idea newmaniana de “idea en lugar de institución” recordando que Cristo fundó una institución: la Iglesia. Una institución desarrollada en todos sus aspectos y esencial a su doctrina:
«El Sr. Newman evidentemente parte de la premisa de que el cristianismo puede abstraerse de la Iglesia y considerarse al margen de la institución que lo concreta, como si la Iglesia fuera accidental y no esencial en nuestra santa religión. “El cristianismo”, dice, “aunque se le menciona en la profecía como un reino, surgió como una idea más que como una institución, y ha tenido que revestirse y equiparse con la armadura que él mismo se ha provisto, y crear los instrumentos y métodos de su propia prosperidad y lucha”. […] Es evidente para el lector católico que el Sr. Newman yerra debido a su negligencia al no distinguir, en su propia mente —o, si no en su propia mente, en su libro—, por un lado, entre la doctrina cristiana, es decir, la revelación divina, y la teología y disciplina cristianas; y, por otro, entre lo que la Iglesia enseña como revelación divina y las especulaciones de padres y doctores individuales. Consideremos toda la historia del llamado mundo cristiano, desde la época de Nuestro Santísimo Señor hasta la actualidad, incluyendo tanto las sectas como la Iglesia, y considerando todo lo que ha estado sucediendo con quienes han llevado el nombre cristiano, y en todos los ámbitos de la vida, no cabe duda de que los desarrollos y procesos que describe el Sr. Newman han tenido lugar en cierta medida. Pero parece haber estudiado su teoría principalmente en la historia de las sectas, donde es incuestionablemente aplicable, y haber concluido que la Iglesia, en su vida en el mundo, debe regirse por una ley análoga a la que las gobierna, y que su teoría puede aplicarse tanto a ésta como a ellas. Olvida que ella surgió a la existencia completamente desarrollada y armada en todos sus aspectos, como Minerva del cerebro de Júpiter; y que está apartada de la ley ordinaria de los sistemas e instituciones humanos por su origen, naturaleza, carácter y protección sobrenaturales» (Negrillas fuera del texto).
  
Si bien Newman se declara deudor del sacerdote alemán Johann Adam Möhler​ Meßner (1796-1838) y del marqués José De Maistre en este ensayo, su frase (o de Guizot, da igual) «El cristianismo surgió como una idea más que como una institución» es idéntica al «Jésus annonçait le Royaume, et c’est l’Église qui est venue» (Jesús anunció el Reino, y lo que vino fue la Iglesia) de Alfred Loisy en su obra de 1902 L’Église et l’Évangile, obra que finalmente le costó la excomunión como vitando, el grado más severo después del anatema.

¡NEOCONES, ECCE DOCTOR VESTRUM!

martes, 12 de agosto de 2025

DINOSAURIOS AL VATICANO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
  

Ocho representantes del movimiento anti-católico “Wir sind Kirche” (“Somos Iglesia”) están listos para participar en una reunión sinodal en el Vaticano. El 12 de Agosto, el grupo anunció que esta sería su primera visita a Roma, habiendo sido invitado por el Vaticano. La invitación fue del cardenal Mario Grech Attard, secretario del Sínodo.
  
Nacido de la “Iniciativa popular de la Iglesia” promovida por el profesor Thomas Plankensteiner y la teóloga Martha Heizer en Austria, Alemania y el Tirol italiano el año 1995 luego de revelarse los abusos sexuales del arzobispón de Viena Hans Hermann Wilhelm Franz Maria Groër OSB y reivindicando como “padre espiritual” a Johann Josef “Hans” Küng Gut, el grupo recibió una atención mediática significativa en la década de 1990, antes de la era de Internet. En ese momento, se centraron especialmente en las cuestiones sexuales y la “instalación femenina. Aunque apoyaban el aborto legal, más recientemente han rechazado la eutanasia para los enfermos y los ancianos.

Su reunión en el Vaticano del 24 al 26 de Octubre lleva por título Equipos sinodales y órganos participantes del Sínodo mundial.

Una audiencia con León XIV Riggitano-Prévost está prevista para el viernes.

El sábado, se planean rondas de discusión, reuniones de trabajo en red y una peregrinación a través de la Puerta Santa.
  
El evento concluirá el domingo con una eucaristía en la Basílica de San Pedro.
  
Hace diez años, Wir sind Kirche participó en una conferencia de grupos sociales en el Vaticano, pero no se reunió con Francisco Bergoglio en ese momento.