Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

Mostrando entradas con la etiqueta La Fe Católica Tradicional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Fe Católica Tradicional. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de agosto de 2026

EL CÓDICE DE LOS CRISTIANOS PERSEGUIDOS

Traducción del artículo publicado por la UNIÓN DE PERIODISTAS ORTODOXOS.
  
Mientras que los romanos escribían textos en rollos de varios metros, los cristianos inventaron el libro con páginas y un sistema especial de signos en el que el nombre de Dios se abreviaba a dos letras.

A finales del siglo II, el rollo era un medio casi inigualable para preservar textos en el mundo pagano. Los papirólogos han calculado que, entre los textos literarios no cristianos de los siglos I y II, solo el 1,43 % estaban escritos en forma de códice, es decir, libros con páginas cosidas. El resto se encontraba en rollos.
  
Los textos cristianos de la misma época arrojan estadísticas opuestas. Según la base de datos de manuscritos antiguos de Lovaina, nada menos que el 91,6 % de las copias conservadas del Nuevo Testamento se realizaron en forma de códice, y solo el 1,1 % en forma de rollo. 

Una hoja escrita por ambos lados.
La evidencia más antigua se conserva en la Biblioteca John Rylands de Mánchester. El papiro P52 parece un trozo del tamaño de la palma de la mano. En una cara está escrito un versículo del capítulo 18 del Evangelio de Juan (versos 31-33) sobre el interrogatorio de Cristo ante Pilato; en la otra cara se narra la continuación del mismo episodio (versos 37-38).
  
Papiro 52 recto (Juan 18, 31-33).
 
La mayoría de los estudiosos datan este fragmento a mediados del siglo II, aunque algunos papirólogos contemporáneos insisten en una datación más cautelosa, que se extiende hasta finales de ese mismo siglo.
   
Papiro 52 verso (Juan 18, 37-38).
  
Pero el valor del documento reside precisamente en que el texto está escrito en ambas caras de la hoja. En aquella época, los rollos se escribían solo por una cara. El reverso se extendía a lo largo de la superficie exterior del rollo y se desgastaba gradualmente. Una hoja escrita por ambas caras significa una sola cosa: estamos ante una página de un libro.
  
Entre medio siglo y un siglo después, el Libro de los Libros se hizo cada vez más voluminoso. Los Papiros de Chester Beatty, conservados en Dublín, incluyen un códice de principios del siglo III en el que un escriba logró incluir los cuatro Evangelios y los Hechos de los Apóstoles (Papiro 45). De las 220 hojas originales, solo han sobrevivido 30, pero incluso eso representó un gran avance. Ningún rollo de papiro podría haber combinado cinco libros en un solo volumen.
  
Papiro 967

Tecnología eficiente en el uso de recursos
La aparición del códice resolvió un grave problema de la producción de libros en la antigüedad. Un rollo comercial estándar (un “scapus”) medía aproximadamente cinco metros de largo. El texto del Evangelio de Lucas, por sí solo, habría ocupado unos 9,5 metros en un rollo. El lector habría tenido que desenrollar una longitud equivalente a un edificio de dos plantas, sujetándolo con ambas manos y enrollando constantemente lo que ya había leído. Los Hechos de los Apóstoles habrían requerido aproximadamente la misma longitud.
  
Incluir todos los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles en un solo rollo era técnicamente impensable. Pero gracias al códice, se convirtió en una tarea totalmente factible.
  
No se trataba solo de una cuestión de comodidad para la lectura. El papirologo inglés Theodore Skeat calculó que escribir en ambas caras de una hoja ahorraba aproximadamente un 26 % de papiro. Para una comunidad cristiana que a menudo incluía artesanos y personas de recursos modestos, en lugar de solo mecenas adinerados como los que Lucas menciona entre los discípulos de Cristo, una diferencia de una cuarta parte en el costo de los materiales era significativa.

Un siglo y medio después, el Estado adoptó la iniciativa que habían emprendido las comunidades cristianas perseguidas. Alrededor del año 331 d. C., el emperador Constantino el Grande encargó a Eusebio de Cesarea la elaboración de códices bíblicos en pergamino para las nuevas iglesias de Constantinopla. El encargo consistía en: «escribir en pergamino preparado cincuenta copias de las Sagradas Escrituras, legibles y fáciles de transportar». Lo que se había recopilado clandestinamente tres siglos antes se convirtió en el estándar estatal para la producción de libros eclesiásticos.

Dos letras en lugar del nombre de Dios
Además de la forma del libro, los escribas cristianos desarrollaron su propio sistema de notación textual, menos llamativo pero no por ello menos original. Desde los manuscritos más antiguos que han llegado hasta nosotros, que datan de la primera mitad del siglo II, los nombres y títulos sagrados —Dios, Señor, Jesús, Cristo y una docena de palabras más— se abreviaban a dos o tres letras debajo de una línea horizontal. La palabra «Θεός» (Dios) se convirtió en «ΘΣ».

Los estudiosos denominan a esta práctica nomina sacra —«nombres sagrados»—. No se trataba de una tendencia general a la abreviación: los escribas abreviaban palabras comunes de forma esporádica y poco sistemática, y no aparece nada parecido en los textos paganos de la misma época. Al mismo tiempo, el sistema de abreviaturas seguía un orden estricto: si el nombre «Jesús» no se refería a Cristo, sino a su homónimo, por ejemplo, a Josué del Antiguo Testamento, no se utilizaba ninguna abreviatura. Esto es similar a la práctica de usar el titulo en los manuscritos eslavos eclesiásticos.
  
La uniformidad de esta práctica es notable. Comunidades de distintas partes del Mediterráneo, sin conexión entre sí, aplicaban el mismo dispositivo técnico de la misma manera. Se convirtió en una norma común, asimilada de alguna forma por toda la Iglesia primitiva de inmediato.

El eterno debate sobre las primeras causas.
Existe la tentación de explicar todas estas innovaciones únicamente por pragmatismo: era más barato, más práctico, más compacto. Pero el propio Larry Hurtado, uno de los principales especialistas en manuscritos paleocristianos, rechazó la mera practicidad como factor decisivo en la elección del formato del códice. Sugirió que el códice pudo haber servido como una especie de distintivo, una forma de diferenciar el libro sagrado de los cristianos de los rollos judíos y la literatura pagana. 

La economía del papiro puede explicar por qué el códice era más ventajoso de usar. Pero no explica por qué se usaba específicamente para registrar el texto sagrado. 

La cuestión sigue abierta. Pero lo que sí se sabe con certeza es esto: una comunidad perseguida logró modificar tanto la forma del libro como la manera de designar en él el nombre de Dios, el nombre más importante para los cristianos. Además, ninguna de estas innovaciones fue tomada prestada de los paganos. Ambas invenciones fueron creadas por la comunidad de forma independiente y perduraron más allá de la antigüedad, llegando hasta nuestros días.

martes, 4 de agosto de 2026

EL QUE SE APARTA DE SU DEBER, ES ABANDONADO A SU SUERTE


«Para el mundano, la vida no es más que un espacio, que hay que atravesar lo más lentamente que se pueda por el camino más llano; pero no la considera así el cristiano, porque sabe que todo hombre es vicario de Jesucristo para trabajar en la redención de la humanidad por el sacrificio de sí mismo, y que, en el plan de esta grande obra, cada cual tiene un puesto señalado de toda eternidad, que puede, a su arbitrio, aceptar o rehusar. Sabe que si voluntariamente deserta del puesto que le ofrecía la Providencia en la milicia de las criaturas útiles, otro será favorecido con ese puesto, y él, extra fuga, será abandonado a su propia dirección en la ancha y corta vía del egoísmo».
  
SANTO DOMINGO DE GUZMÁN.

lunes, 3 de agosto de 2026

TRASLACIÓN Y PRESERVACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

Altar mayor de la antigua basílica de Nuestra Señora de Guadalupe después del atentado del 14 de Noviembre de 1921 (fotografía de la época).

Habiendo sobrevivido a los embates del tiempo y al atentado dinamitero del 14 de Noviembre de 1921, al milagroso ayate donde se encuentra la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe le esperaban tiempos difíciles.

Era el año 1926: Aun sin asentar la polvareda levantada por la Revolución que derrocó al general Porfirio Díaz, las guerras de caudillos que le sucedieron y la Expedición Punitiva estadounidense contra Pancho Villa, el presidente de turno, Francisco Plutarco Elías-Calles Campuzano, en su odio contra la Iglesia Católica y ante el fracaso de la chapucera “Iglesia Católica Apostólica Mexicana”, no menos que por los boicots y protestas organizadas por la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, promulga el 14 de Junio la Ley sobre delitos y faltas en materia de culto religioso y disciplina externa, la famosa e infame “Ley Calles”, que reforzó las ya duras restricciones que la Constitución del 5 de Febrero de 1917 imponía a la práctica de la religión católica: Se prohibió el uso de la sotana y los hábitos religiosos fuera de los edificios eclesiales y toda expresión de religiosidad colectiva fuera de los templos, a los religiosos organizarse en congregaciones, prohibió la educación católica en las escuelas.
 
Asimismo, se autorizó a cada estado adoptar las medidas que estimase pertinentes: En estados como Veracruz y Tabasco (cuyo gobernador Tomás Garrido Canabal era tan especialmente fanático contra la religión que en sus tarjetas de presentación ponía «Enemigo personal de Dios»), se establecieron requisitos particulares a los sacerdotes, entre ellos la obligación de estar casados y tener más de cuarenta años de edad para ejercer. En Chihuahua, se hizo uso de la facultad constitucional del artículo 130 para determinar el número máximo de ministros de culto permitidos en el estado, y en Tamaulipas se expulsó a los sacerdotes extranjeros.
  
La ley debía entrar en vigor el 1 de Agosto, y en respuesta, los obispos mexicanos emitieron una carta pastoral conjunta el 25 de Julio diciendo que el culto público quedaba suspendido por falta de garantías a partir del día 31. 
  
El recuerdo del atentado instigado por el gobierno de Álvaro Obregón hacía sospechar que el santuario de Guadalupe volvería a ser blanco de ataques en cualquier momento, y se temía por la seguridad e integridad del ayate. Luego del rechazo inicial a la propuesta, el abad de la basílica antigua, Feliciano “Chano” Cortés y Mora, y el arzobispo José Mora y del Río autorizaron la creación de una réplica, para lo cual se contrató al pintor poblano Rafael Aguirre Moctezuma, experto en representaciones guadalupanas (fue el autor de la réplica venerada en la basílica de Monterrey a devoción del padre Raimundo Jardón), quien trabajó a marchas forzadas y en aproximadamente catorce días entregó la pintura que fue conocida como la “Gemela”.

En la medianoche del 29 de Julio de 1926, bajo la dirección del propio abad Cortés y con la presencia de testigos, un grupo de obreros desprendió el cuadro de oro por la parte posterior del altar mayor de la basílica. Alfonso Marcué González, secretario privado del abad Cortés, describió el evento:
«Era la media noche, me encontraba entre un grupo de obreros que afanosamente trabajaban bajo la dirección del Señor Abad Cortés, en el presbiterio de la Basílica, a fin de desprender de su cuadro de oro la Imagen de la Virgen de Guadalupe.

En los rostros de los allí presentes se advertía la congoja y el natural nerviosismo a causa de lo difícil del trabajo de tan delicada misión. El Señor Abad, superándose a su estado de ánimo, no perdía, en cambio, ningún movimiento y dictaba órdenes a fin de terminar cuanto antes esas maniobras.
  
Logrado al fin retirar de su sitio el cuadro por la parte posterior del altar mayor, se procedió de inmediato en bajar el precioso tesoro con infinitas precauciones, entre rezos, discretas lágrimas de emoción y profundos suspiros de cuantos presenciamos esas labores.
  
Pasamos unos instantes de verdadera expectación donde el silencio era absoluto; sólo se apreciaba el fatigoso esfuerzo desarrollado por los trabajadores al deslizar el cuadro de la Virgen a través de dos escaleras y depositarlo en la mesa del altar posterior. [...]
  
Pues bien, el Sagrado Ayate de Juan Diego fue conducido a la Sala Abacial, procediéndose inmediatamente en colocar la Imagen, que estaba protegida por la gruesa lámina de plata, envuelta en telas de seda, sellada y lacrada, y para darle mayor protección, se envolvió con tela de jerga gruesa, se colocó en el doble fondo de un antiguo ropero chino que había en la Basílica. Al ropero se le desclavó la tabla de arriba y por allí se introdujo la Imagen de la Virgen. Las medidas del ropero son: de alto, 1.96 m, de ancho 1.27 m y de fondo 0.42 m a la vista y el doble fondo de 0,12 m, espacio suficiente para proteger el cuadro de la Virgen.
  
Mientras tanto, otro grupo de personas procedía en la tarea de colocar en el sitio la otra imagen de la Virgen de Guadalupe, pintada por Aguirre. El Ingeniero Luis Felipe Murguía sugirió ahumar el cristal para quitar el brillo del óleo recién pintado. Así se hizo, quemaron periódicos y quedó opacado el cristal y colocaron la nueva pintura de la Virgen. Cuando el Señor Abad la vio en el cuadro de oro, no daba crédito a lo que sus ojos le mostraban; no se notaba aparentemente el cambio, y de hecho nadie lo notó el que duró tres años; éste es un gran milagro» [GUADALUPE MURGUÍA DE GONZÁLEZ-BARRIOS. Conferencia “Viaje Secreto de la Guadalupana (1926-1929)”].
  
Semanas después de la traslación, el 15 de Agosto, el ejército callista ejecutó por fusilamiento al párroco Luis Batis Sáinz y los laicos Manuel Morales, Salvador Lara Puente y David Roldán Lara en Chalchihuites (Zacatecas), y el día 29, con la batalla de Huejuquilla el Alto (Jalisco), comenzará oficialmente la Guerra Cristera.

Como el frente de la Basílica fue sellado por el Delegado de Bienes Nacionales Ángel Vivanco Esteve, el ropero fue sacado a través de un boquete en el contiguo convento de las Capuchinas y trasladado en un camión de mudanzas cargado de camas y colchones viejos hasta la casa del ingeniero Luis Felipe Murguía Terroba, en el número 4 de la calle Meave, donde permaneció del 30 de Julio de 1926 al 15 de Julio de 1927. Más tarde, ante la designación de la zona como “roja” (y porque la casa tenía acceso posterior por el 17 de la calle El Salvador), se acordó trasladarla a un edificio de la antigua Librería Murguía, en el 54 del Portal del Águila de Oro (actual calle 16 de Septiembre).
   
Allí permaneció la imagen, custodiada con discreción absoluta. Una lámpara ardía permanentemente ante el ropero; cada sábado el abad Cortés oficiaba la Misa en la casa. La familia Murguía asumió la responsabilidad de proteger el tesoro más preciado de la devoción mexicana en el momento de mayor riesgo. Durante esos años, el arzobispo de México acudía a celebrar la misa todos los sábados en ese templo que se convirtió la casa de los Murguía.
  
A honor de la verdad, esta no había sido la primera traslación: el 26 de Septiembre de 1629, la Sagrada Imagen fue trasladada en canoa a una Ciudad de México afectada en su casi totalidad por la Gran Inundación de San Mateo, y permaneció en la sacristía de la catedral metropolitana hasta el 14 de Mayo de 1634, cuando regresó a la entonces Ermita (entre tanto, fue sacada en procesión ante las epidemias de cocoliztli –¿fiebre tifoidea?– y tos ferina en 1633).
  
Al finalizar los conflictos, el retorno se produjo también en secreto. A las 22:00h del 28 de junio de 1929, dos días antes de la reanudación del culto público tras los llamados “arreglos” entre el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores (delegado apostólico del Papa Pío XI) y el presidente Emilio Portes Gil a instancias del embajador estadounidense Dwight Whitney Morrow Johnson, el abad Cortés, los canónigos Nicolás Mercado y Sebastián Gómez Pérez, el ingeniero Murguía y otros testigos (el padre Agustín de la Cueva, el arquitecto Luis García Olvera, el doctor José María Soriano, y los señores Emilio Alvarado Aragón, Federico Escobar Arce y Ubaldo Moreno) abrieron el ropero ante el notario Julio Ruiz Godoy, quien recogió en acta los hechos:
«[...] fue desclavado, por la parte superior el ropero antiguo, de doble fondo, en el que había sido colocada la Bendita Imagen y que se encontraba en una pieza contigua a la Sacristía y extrayéndose ésta y encontrándose intacta, envuelta en el lienzo de seda con el que había sido cubierta al ser guardada en el expresado ropero y a continuación se le trasladó por algunos de los presentes, acompañándola los demás con velas encendidas al Coro, en donde permaneció recibiendo los homenajes de veneración que le fueron tributados por las personas presentes, entre tanto fue limpiado el cristal del marco; una vez terminada esta operación fue nuevamente colocada la Sagrada Imagen en su marco, terminando el acto a las veintitrés horas y treinta minutos [...]».
La Gemela, que había ocupado el altar mayor entre 1926 y 1929, fue obsequiada a la familia Murguía como agradecimiento, y estos la hicieron instalar en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en predios de la Universidad del Fútbol del club Pachuca en la ciudad homónima recién en el año 2018 (pero este último, desconocido para el grueso de los historiadores, ha dado pie a la versión de que fue relegada al olvido en ignota capilla de la Catedral Metropolitana, cuando en realidad esta es una réplica de un tamaño mayor hecha para conmemorar el cuarto centenario de las apariciones).
  

Desde entonces han transcurrido 100 años: entre ellos ha pasado el cuarto centenario de las apariciones guadalupanas, la construcción del adefesio de la basílica nueva y la sustitución de la Sagrada Imagen en la basílica antigua (convertida en Templo expiatorio) por un cuadro de Cristo Rey de factura muy inferior, el establecimiento de las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos Mexicanos y la Santa Sede, las restricciones al ejercicio público de la religión se han morigerado un poco, y el corona que cerró la basílica y por el cual no hicieron procesión rogativa como la de 1633 mencionada arriba. Pero la historia de la persecución es silenciada por la Secretaría de Educación Pública de México que reconoce como verdad histórica la masacre de Tlatelolco de 1968, los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa o las víctimas de las guerras de los cárteles de la droga actuantes en connivencia y amasiato con los gobiernos regionales y federales. Como dijo el escritor Raúl Tortolero Crespo, autor del libro “Pensamiento Cristero. Dios al Centro de la Vida: la Recristianización de Occidente”:
«Los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana y sus versiones actuales son herederos de una misma tradición anticristiana, liberal y de izquierda. Expulsaron a Dios de la cultura y de la educación, para sustituirlo por una religión civil: el nacionalismo revolucionario.
  
Esa narrativa sigue ocultando deliberadamente a los cristeros y exaltando a quienes persiguieron la fe».

Y súmese a lo anterior el comunicado claudicante de una Conferencia del Episcopado Mexicano que, igual que Ruiz y Florez y su segundo Pascual Díaz Barreto hace cien años, busca atenuar la culpa del régimen casi que pidiendo perdón por la lucha a cambio de mantener el “modus vivéndi”.
  
Como católicos, no debemos olvidar el pasado, ni avergonzarnos de las luchas. Debemos recordarlas y mantenernos firmes, puestos los ojos en Jesús, el Autor de nuestra Fe, y su Madre Santísima, y prepararnos no solo para resistir en la Fe, sino con ganas de pelear otra guerra. Nuestros enemigos no cejan sus ataques buscando exterminarnos (si les fuese posible), no podemos ser menos para derrotarlos, con el divino auxilio, para que se establezca por siempre el reinado de Cristo Rey.

Para la redacción de este artículo se tomó material del artículo “Las salidas del Sagrado Original de la Virgen de Guadalupe de las inmediaciones del Tepeyac” de Daniel González Martín del Campo. Revista Metafísica y Persona. Filosofía, conocimiento y vida, año XVII, n.º 33, Enero-Junio de 2025, Universidad de Málaga (España) — Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (México), ISSN: 2007-9699, págs. 57-69.

Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
3 de Agosto de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Hallazgo de San Esteban Protomártir. Comienzo del sitio de Algeciras (España); partida de Cristóbal Colón en su primer viaje; fundación de la Ciudad del Rosario de Sinaloa (México), de San Felipe de Aconcagua y de la Villa de San Carlos de Chonchi (Chile), y de San José de las Culatas (actual Confines, Colombia); veto imperial de Francisco José I de Austria-Hungría contra el cardenal Mariano Rampolla. Aniversario de la preservación de la Basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza. Sermón del Obispo Clemente Augusto von Gallen en la catedral de Münster (Alemania).

sábado, 1 de agosto de 2026

OTRAS PLUMAS: UNA RECONSTRUCCIÓN DE UN RITO ARCAICO DE LA SAGRADA COMUNIÓN

Traducción a partir del texto inglés por el Dr. Peter A. Kwasniewski (Parte 1, parte 2 y parte 3) del artículo publicado en húngaro por Zsolt Orbán en su blog Invocábo nomen Dómini.

UNA RECONSTRUCCIÓN DE UN RITO ARCAICO DE LA SAGRADA COMUNIÓN

Según la tradición popular, la misa en la antigüedad adoptaba la forma de un “banquete de amor”, un ágape, como se cree que se representa en las pinturas murales de las catacumbas, con todos sentados alrededor de una sola mesa. Por lo tanto, la misa no se celebraba con la congregación de cara al Señor y, lo más importante, todos recibían la comunión en la mano.
   
El problema de esta narración es que carece de fundamento en la realidad: ningún texto la corrobora, ni tampoco se encuentra ninguna evidencia que la respalde en los registros pictóricos que se conservan.
   
De hecho, ninguna de las pinturas murales que se conservan en las catacumbas representa una liturgia propiamente dicha. Estas imágenes solo pueden considerarse referencias simbólicas a la Santa Misa, a Cristo y a la Eucaristía, y únicamente en el caso de las representaciones de escenas evangélicas pueden considerarse representaciones artísticas de acontecimientos históricos. Entre los temas más comunes se encuentran las bodas de Caná, la multiplicación milagrosa de los panes y la Última Cena; como símbolos, los más frecuentes son el pez como símbolo de Cristo (el pez —ichthys— es un acrónimo cristiano: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador), el pan y las uvas, todos ellos aluden a las verdades de la fe asociadas a la Santa Misa. En ninguna de estas referencias simbólicas encontramos ninguna indicación sobre la Santa Misa ni sobre la manera de recibir la Comunión.

Las primeras representaciones del rito de la Eucaristía
  
Una importante innovación en la representación apareció en algún momento de los siglos IV ó V, quizás primero en los murales o mosaicos que rodeaban el altar de una basílica cristiana en Jerusalén. Según las hipótesis de los investigadores, el arquetipo de tales representaciones pudo haber sido un mural o mosaico en una iglesia de Jerusalén o Constantinopla; la mayoría sospecha que las antiguas pinturas de la destruida Iglesia de la Última Cena sirvieron de modelo. Siguiendo este ejemplo, el motivo de la Comunión de los Apóstoles aparece en objetos litúrgicos de metal y en libros, al menos según las obras que se conservan, generalmente datadas en el siglo VI, que sobrevivieron a la iconoclasia. Durante este período, el motivo de la Comunión de los Apóstoles aparece en varios de estos objetos litúrgicos y en los Evangelios.

Una característica distintiva de esta forma de representación es que muestra una recepción explícita y específica de la Sagrada Comunión. En las dos mitades de la imagen, Cristo mismo administra la comunión a los apóstoles, dándoles su parte por separado en las dos especies; esto es la la metádosis (μετάδοσης), la entrega del Santo Cuerpo, y la metalepsis (μετάληψις), que significa su participación en la Santa Sangre.

De las representaciones más antiguas, examinaré ahora las tres más tempranas y, por lo tanto, las más significativas desde nuestra perspectiva, ya que, a diferencia de las especulaciones sobre las primeras representaciones cristianas mencionadas anteriormente —que carecen de fundamento—, estas sí representan una práctica sacrificial interpretable, respaldada además por textos escritos. A partir de estos, es posible reconstruir una práctica de comunión muy probable que, según la evidencia de estos artefactos, pudo haber estado muy extendida en los siglos V y VI.

I. Códice Purpúreo de Rossano
Se trata de un manuscrito iluminado de los Evangelios que data de la segunda mitad del siglo VI. Fue descubierto en el tesoro de la catedral de Rossano (sur de Italia) y se hizo ampliamente conocido en el siglo XIX.

En este hermoso volumen de los Evangelios, con sus páginas color carmesí y delicadas miniaturas, dos ilustraciones representan claramente un rito sacramental: los apóstoles recibiendo la Eucaristía en la lengua. Esto, por supuesto, ha generado controversia entre los investigadores con sesgos ideológicos. Por ejemplo, Franz Xaver von Funk, tras afirmar que la ilustración muestra a Cristo administrando la Eucaristía a los apóstoles en la lengua, declaró —como ejemplo clásico de argumento circular— que, a pesar de las numerosas pruebas que lo corroboraban, la obra no podía datar del siglo VI, ya que la práctica de administrar la Eucaristía en la lengua no existía antes del siglo VIII.

La recepción del Santo Cuerpo
  

La escena se explica por la inscripción en la parte superior: «Tomó el pan, dio gracias, se lo dio y dijo: Este es mi cuerpo».

Cristo se sitúa en el lado izquierdo del cuadro; los apóstoles se acercan a él en fila, mientras que en el segmento inferior, los profetas del Antiguo Testamento señalan la escena, con sus mensajes representados en sus púlpitos con citas bíblicas (de izquierda a derecha):

«¡Gustad, y ved que Yahveh es dulce!» (Salmo 33, 9); «Este es el pan que Yahveh os ha dado para comer» (Éxodo 16, 15); «Y había hecho llover maná sobre ellos para que comieran, y les había dado el pan del cielo. Y el hombre comió el pan de los ángeles.» (Salmo 77, 24-25); «Y uno de los serafines voló hacia mí… y dijo: “Mira, esto ha tocado tus labios, y tus iniquidades serán quitadas, y tu pecado será limpiado.”» (Isaías 6, 6-7)

Lo que vemos en la escena de la “comunión”:
  1. Tres apóstoles se acercan para comulgar desde la derecha, de pie y con las manos abiertas a los lados del torso, inclinándose ligeramente.
  2. Inmediatamente antes de la comunión, un apóstol se coloca de pie con las manos extendidas, ocultas dentro de su vestidura, formando un “manto de altar” horizontal con su himatión (vestidura exterior griega).
  3. Un apóstol, inclinándose, coloca ambas manos bajo la mano derecha de Cristo y acerca su boca a la mano de Cristo. Cristo sostiene su mano izquierda horizontalmente, con los dedos doblados y la palma hacia arriba, como si sostuviera algo en ella (o, mejor dicho, como el celebrante sostiene su palma izquierda en el video que se muestra al final del texto).
  4. Un apóstol a su lado (en segundo plano debido a la composición de la imagen) levanta las manos al cielo en señal de agradecimiento.
Primer plano de la recepción del Cuerpo de Cristo.
  
La recepción de la Santa Sangre
  

Cristo aparece aquí a la derecha, sosteniendo un cáliz con ambas manos. La inscripción sobre él dice: «Entonces tomó el cáliz en sus manos, dio gracias y se lo dio, diciendo: “Esta es mi sangre”».

Debajo de la Eucaristía, aparecen cuatro profetas del Antiguo Testamento; de izquierda a derecha, los textos dicen: «Esta es la sangre del pacto que el Señor ha hecho contigo» (Éxodo 24, 8); «Tomo el cáliz de la salvación e invoco el nombre del Señor» (Salmo 115, 4); «Tu cáliz me embriaga como el mejor vino» (Salmo 22, 5); «Los que me beben volverán a tener sed» (Eclesiástico 24, 21).

Lo que vemos en la escena de la Eucaristía:
  1. Desde la izquierda, tres apóstoles se acercan para comulgar, con las manos juntas a la altura de la cintura, junto al torso, con las palmas abiertas e inclinándose ligeramente.
  2. Frente a ellos, un apóstol, justo antes de recibir la Comunión, mantiene las manos a la altura de la cintura, ocultas dentro de su vestimenta, formando un “manto de altar” horizontal con su himatión.
  3. Un apóstol se inclina, colocando sus manos debajo de las de Cristo que sostienen el cáliz, pero sin tocarlo.
  4. Un apóstol se encuentra a su lado (detrás de él en la imagen debido a la composición), con la mano izquierda visible.

Primer plano de la recepción del cáliz.
  
II. La patena de Riha
  
   
Se trata de un plato de comunión perteneciente a un tesoro de vasos litúrgicos desenterrado en Siria a principios del siglo XX. Basándonos en el sello imperial hallado en el fondo del recipiente, es posible que se haya fabricado en Constantinopla durante el reinado del emperador Justiniano II (565-578).
  
Cristo mismo ofrece la Eucaristía a los apóstoles; las dos escenas de la recepción de las dos especies se representan en una sola composición. Los investigadores creen que este tipo de representación se inspiró originalmente en una escena de las paredes que flanqueaban el altar de una iglesia en Jerusalén, de donde se copió y se integró en una sola composición en vasos sagrados e iconos.

La recepción de la Santa Sangre está representada en el lado izquierdo de la patena:
  1. Cuatro apóstoles al fondo; debido a la composición, sus manos no son visibles.
  2. Un apóstol ante la Eucaristía, con la mano extendida a la altura de la cintura y la palma abierta.
  3. Un apóstol, con las manos cubiertas por su himatión, las extiende a la altura de la cintura, ligeramente elevadas, mientras bebe del cáliz que sostiene Cristo. Sus manos no tocan el cáliz, ya que están cubiertas por el himatión.
Primer plano de la escena de la Comunión.
  
El cáliz utilizado para la comunión se puede ver a la derecha del altar. Debajo se muestra una fotografía de un cáliz similar del siglo VI.
  

La recepción del Santo Cuerpo en el lado derecho de la patena:
  1. Cuatro apóstoles al fondo; sus manos no son visibles debido a la composición.
  2. Un apóstol, justo antes de recibir la Comunión, extendió la mano hacia adelante a la altura de la cintura con la palma abierta.
  3. Un apóstol se inclina hacia la mano derecha de Cristo, sosteniendo sus propias manos (la derecha en la palma izquierda, con el pulgar apoyado en el dorso de la mano derecha) directamente debajo de la mano de Cristo; su himatión ya no cubre sus manos, sino que cuelga de su brazo izquierdo.

La escena de la “comunión” ampliada
  
III. La patena de Stuma
  

Esta patena data del mismo período que la patena de Riha y pertenece al mismo tesoro hallado en Caper Koraon (actualmente Kurin, Siria). A juzgar por el sello imperial visible, es probable que la patena se haya elaborado entre 577 y 578.
  

La recepción del Santo Cuerpo en el lado derecho de la patena :
  1. Tres apóstoles al fondo; debido a la composición, sus manos no son visibles.
  2. Un apóstol ante la Eucaristía, con la mano derecha levantada con la palma abierta y la izquierda oculta bajo el himatión.
  3. Un apóstol inclinado hacia la mano derecha de Cristo, con la boca en el dorso de la mano de Cristo, los codos a la altura de la cintura, las manos ligeramente levantadas y cubiertas por el himatión.
  4. Otro apóstol, inclinándose después de la Comunión, con las manos extendidas hacia adelante en acción de gracias, los dedos ligeramente separados, las palmas hacia arriba y abiertas, y su himatión colgando de su mano izquierda.
La recepción de la Santa Sangre en el lado izquierdo de la patena:
  1. Cuatro apóstoles al fondo; sus manos no son visibles debido a la composición.
  2. Un apóstol permanece de pie con las manos alzadas, veladas por un himatión, con la mirada fija en el cielo.
  3. Otro apóstol bebe del cáliz que Cristo le ofrece con ambas manos. Las manos del apóstol no son visibles, ya que están cubiertas por el himatión (el borde inferior del himatión se distingue claramente al colgar delante del mantel del altar).
Respecto a la representación en las patenas, los investigadores señalan que, contrariamente al orden litúrgico, el vino aparece a la izquierda y el pan a la derecha, aunque en el ochenta por ciento de los casos suele ser al revés. Cristo siempre da el pan con la mano derecha y sostiene el cáliz con ambas.

Características comunes de las escenas de comunión representadas.
  
Basándome en las imágenes presentadas, en mi opinión, a pesar de las diferencias en los detalles individuales visibles en ellas, se pueden identificar características comunes, a partir de las cuales se puede reconstruir un rito de comunión utilizando los siguientes principios interpretativos. Los principios son:

a. El mismo rito
Una característica común de los objetos presentados es que los investigadores generalmente los asocian con las regiones orientales de Siria: esto se aplica no solo a las dos patenas, sino también al Códice Rossano, que, según varios investigadores, pudo haber sido llevado a Italia para escapar de la ira de los iconoclastas. Y dado que sus fechas de origen también se sitúan en el mismo período, podemos suponer con razón que los elementos sacrificiales representados en ellos podrían ser representaciones del mismo rito sacrificial.

b. La representación simultánea de una secuencia de acciones que ocurren una tras otra
Otro punto importante concierne a la relación entre la realidad representada y el medio de representación: en estas imágenes, se narra una secuencia dinámica de eventos mediante elementos visuales estáticos. En consecuencia, estas composiciones son series de imágenes caricaturescas, tejidas a partir de varios fragmentos de escena determinados por las limitaciones de espacio y composición. Esto se puede observar en la procesión de los apóstoles que se acercan a la Eucaristía, en la que los preparativos previos a la Eucaristía, el momento de la Eucaristía en sí y las acciones que la preceden o la siguen en orden cronológico aparecen simultáneamente.

c. Carácter didáctico
El tercer aspecto se refiere a la función de las representaciones. Estas no eran originalmente meras decoraciones, narraciones o ilustraciones, sino representaciones de carácter didáctico. Esto es particularmente cierto si la teoría de los investigadores sobre el arquetipo de la representación es correcta y la Comunión de los Apóstoles apareció por primera vez en las pinturas murales de una iglesia. Por esta razón, estas representaciones no solo retratan un acontecimiento antiguo —para lo cual habría bastado con capturar el momento de la comunión—, sino que los fragmentos de la escena representada también transmiten una enseñanza. Al mismo tiempo, presentan una disposición cronológica de las partes del acontecimiento de acuerdo con la esencia de la enseñanza impartida, precisamente en el espíritu de la intención didáctica.

Reconstrucción de la práctica de la Comunión

Teniendo en cuenta las consideraciones anteriores, el rito específico de la comunión puede reconstruirse a partir de estas representaciones, a pesar de las variaciones visibles en los objetos individuales.

Para empezar, vale la pena prestar atención a los himationes.

En este sentido, podemos observar que en el Códice Rossano, en la parte de la escena más cercana al momento de la comunión, las manos del apóstol que comulga no están ocultas en el himatión; esto solo es visible cuando el apóstol se encuentra detrás del comulgante. En la patena de Riha, el himatión aparece en las manos únicamente al recibir la Santa Sangre, mientras que en la patena de Stuma, está presente al recibir ambas especies. Basándonos en el primer punto expuesto, estas diferencias no pueden atribuirse a un rito distinto; por lo tanto, debe existir otra razón para la variación en las representaciones.

Respecto al uso del himatión, más que un significado espiritual abstracto e inasible al sostenerlo horizontalmente como un paño, podemos suponer una razón más concreta, práctico-espiritual, derivada de la reverencia a la Sagrada Eucaristía: el esfuerzo por evitar que el Cuerpo y la Sangre caigan. Sin embargo, si esto es así, resulta incomprensible que, en el Códice Rossano, veamos las manos ocultas dentro del himatión solo cuando el apóstol se prepara para comulgar. ¿Por qué el Códice Rossano no muestra las manos cubiertas por el himatión cuando el apóstol está más cerca de Cristo? ¿Y por qué el himatión está ausente de la patena Riha durante la recepción del Cuerpo?

La razón de ello es que, debido al alcance limitado de la composición, solo se pudo incluir la escena que representa la enseñanza que se pretendía transmitir: el fotograma de la “caricatura” que contiene una enseñanza muy esencial.

Es probable que el uso del himatión en el momento de la comunión tuviera lugar en todos los casos tal como se representa en la patena de Stuma.

La secuencia reconstruida de la Eucaristía:
  1. Antes de que la persona que se prepara para la comunión llegue al celebrante, extiende su himatión sobre ambas manos. Dado que esto pudo haberse hecho por la razón mencionada anteriormente, no tendría sentido que lo hiciera si el himatión no estuviera ya en sus manos al momento de la comunión; por lo tanto, se puede suponer que siempre estuvo allí.
  2. En el momento de la comunión, el comulgante permanece inclinado, con las manos cubiertas por el himatión y extendidas bajo las manos del ministro, tanto al recibir el Cuerpo como la Sangre. Además, en el momento de la comunión, sus manos no tocan ni el cáliz ni el pan.
  3. El ministro coloca la Hostia en la boca del comulgante. Al hacerlo, no sostiene la patena en la mano, sino que toma la Hostia de la patena sobre el altar con la mano derecha, mientras sujeta la palma de la mano izquierda por debajo para que no caiga ni una sola miga. El himatión del comulgante, sostenido horizontalmente, actúa como un «manto protector» para evitar que las especies sagradas se caigan… (como se puede ver en el vídeo que aparece al final del texto).
  4. Inmediatamente después de la Comunión, las imágenes sugieren que el comulgante se inclina hacia la mano del ministro y besa el dorso de su mano derecha, pero solo al recibir el Cuerpo.
  5. Tras el beso de la mano, el comulgante se pone de pie (Códice Rossano, patena de Riha) o se inclina (patena de Stuma), alzando las palmas vacías hacia el cielo o extendiéndolas hacia adelante en señal de agradecimiento.
En lugar de la recepción del Santo Cuerpo, las tres representaciones muestran un beso en el dorso de la mano derecha de Cristo; pues si representaran la entrada del Cuerpo en la boca, el celebrante no se inclinaría hacia el dorso de la mano. Si, en efecto, se produjera un beso en la mano del ministro inmediatamente después de la Comunión, esto no habría sido posible durante la recepción de la Preciosa Sangre, ya que el ministro sostenía el cáliz con ambas manos y su contenido podría haberse derramado fácilmente si el comulgante se hubiera inclinado hacia la mano del ministro. Y dado que, debido a los marcos estrechos, solo se podía representar lo esencial en dicha composición pictórica, el momento de recibir el Cuerpo no es visible en ninguna de ellas.

La razón de esto bien podría encontrarse en el carácter didáctico de la escena de la iglesia, que puede considerarse el arquetipo para la representación de la Comunión de los Apóstoles: dado que existe una diferencia respecto a si se besa la mano durante la recepción de ambos elementos, era necesario enfatizar a la congregación, al representar la Comunión, que la enseñanza debía estar presente ante sus ojos: solo se puede besar la mano del ministro después de recibir el Cuerpo, pero no después de recibir la Preciosa Sangre. 

El testimonio de los registros escritos

Uno podría preguntarse, naturalmente: si la Comunión realmente se realizaba de la manera que describimos al final de nuestra primera parte, basándonos en el Códice Rossano, la patena de Riha y la patena de Stuma, ¿por qué no existe ninguna confirmación escrita de dicha práctica?
  
De hecho, es muy posible que exista tal confirmación. Ciertamente, carecemos de una fuente primaria directa e inequívoca que afirme explícitamente —junto con otros elementos del rito reconstruido— que «el sacerdote coloca el Santo Cuerpo sobre la lengua del creyente». En ningún lugar se describe este ritual con todo detalle; de ​​hecho, este mismo silencio justifica la reconstrucción que aquí se intenta.

A primera vista, los registros escritos disponibles parecen confirmar este rito solo indirectamente, ya que no excluyen, sino que permiten, la interpretación que he presentado. Sin embargo, tras un análisis más detenido, más allá de las traducciones populares que a menudo incorporan sus propias interpretaciones, encontramos confirmación de este rito en los lugares más inesperados.

En la siguiente sección, al enumerar los elementos del rito que perduran hasta nuestros días, demostraré que la mayoría de los componentes de este ritual reconstruido se han conservado en la liturgia copta. Dado que las tradiciones litúrgicas cristianas anteriores al Novus Ordo no surgieron de la nada, es probable que la tradición copta tampoco lo hiciera, sino que se caracterizara por una continuidad fiel a sus orígenes. Por consiguiente, es muy posible que algunos elementos de la práctica actual tengan raíces antiguas.

De ser así, los pocos testimonios textuales que quedan podrían validar la reconstrucción. Por lo tanto, como testimonios del rito reconstruido, cito un ejemplo alejandrino frecuentemente invocado de Eusebio y otro de San Cirilo de Jerusalén, junto con un texto siríaco mencionado a menudo como otro precedente antiguo de esta práctica.

En su Historia eclesiástica, Eusebio cita una carta del obispo Dionisio de Alejandría al papa (libro VII, capítulo 9) sobre un creyente que provenía de una secta herética. Al presenciar un verdadero bautismo por primera vez, el hombre se dio cuenta de que su propio bautismo no se parecía en nada al auténtico y comenzó a dudar de su validez. De esta carta, se cita a menudo el siguiente pasaje: «...y extendiendo sus manos para recibir el santo sustento, y recibiéndolo, y participando del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor» (“καὶ χεῖρας εἰς ὑποδοχὴν τῆς ἁγίας τροφῆς καὶ ταύτην καταδεξάμενον καὶ τοῦ σώματος καὶ τοῦ αἵματος τοῦ κυρίου ἡμῶν μετασχόντα”).
  

La interpretación popular sostiene que «manos extendidas para recibir» indica claramente la comunión en la mano. Sin embargo, en realidad, en casi todos los textos griegos citados como evidencia de esta práctica, la palabra utilizada para recibir la Comunión es la misma que se encuentra aquí, pero su significado no es el que muchos suponen. Entre los cristianos antiguos, el término griego hipodojé (ὑποδοχή) no significaba tomar algo en la palma de la mano. Originalmente, era un término bíblico para dar la bienvenida a un huésped (cf. Lucas 10, 38 ó 19, 6), y de ahí, se convirtió en un término técnico para la Comunión. Esta evolución es fácilmente comprensible para cualquiera que reconozca que en la Comunión, damos la bienvenida al Huésped más Precioso. Además, el texto describe estas manos como proteinanta (προτείναντα), que significa «extendidas hacia adelante». Así pues, el verdadero significado de la expresión completa utilizada para la Comunión es: manos extendidas hacia adelante para dar la bienvenida a la hostia. Esto se comprende correctamente solo si se observa a través del prisma del ritual práctico que muestran los objetos físicos analizados anteriormente.
   
El segundo texto procede de la homilía n.º 17 de Narsai de Edesa. Este texto también se presenta a menudo como prueba de comunión en la mano; de hecho, no se puede descartar que Alfonso Mingana, quien descubrió el texto y no era ajeno a las falsificaciones ocasionales, intentara asegurarse de que se leyera de esa manera. En la traducción de Dom Richard Hugh Connolly OSB, dice:
«Quien se acerca a recibir el Cuerpo extiende las manos, levantando la derecha y colocándola sobre la otra. El que lo recibe junta las manos en forma de cruz; y así recibe el Cuerpo de nuestro Señor sobre una cruz… Y el sacerdote que lo entrega le dice: “El Cuerpo de nuestro Señor”… Recibe en sus manos el adorable Cuerpo del Señor de todos; y lo abraza y lo besa con amor y afecto» (Homilías litúrgicas de Narsai en línea; véase pág. 108; en el original, pág. 28).
  

Pero en el texto siríaco “original” de Mingana, la expresión utilizada para recibir el sacrificio, como en Eusebio, tampoco significa recibirlo con las manos. Aquí también se puede detectar la expresión bíblica de hospitalidad/recepción, como en el griego. Esta expresión proviene de la raíz Qabel (ܩܳܒ݂ܶܠ), que en este texto significa la recepción interna/espiritual/fiel del sacrificio, como en la Biblia Peshitta, donde, por ejemplo, aparece en Jn. 1, 12: «los que lo recibieron» (ܕ݁ܩܰܒ݁ܠܽܘܗ݈ܝ/d-qabbelūhy). Y dado que a las manos se les da una preposición instrumental en el texto de Narsai, quizás lo que se quiere decir con esto no es el Cuerpo colocado en las manos, sino más bien esto: acercarse con las manos extendidas para recibir el Cuerpo.
  
Más allá de la interpretación espiritual, la parte de la expresión que se refiere a las manos permite dos lecturas gramaticales. La preposición b- (-ܒ݁, como en b-īdayhī/ܒ݁ܺܐܝܕ݂ܰܗ݈ܝ) puede ser locativa (“en”) o instrumental (“con/por medio de”). En este último caso, el texto de Narsai podría no implicar que el Cuerpo se coloque en las manos, sino más bien acercarse a la recepción del Cuerpo con las manos extendidas en un gesto de bienvenida. La expresión siríaca apoya claramente esta posibilidad precisamente por el significado primario mencionado del término para la comunión. Sin embargo, si se desea interpretar la preposición como locativa, se puede considerar como un “lugar” espiritual, similar a las manos del Padre en Lucas 23, 46, que presentan la misma preposición (ܒ݁ܺܐܝܕ݂ܰܝܟ݁/bīḏayk).

Si bien la lectura gramatical idealmente se determinaría por las partes subsiguientes del texto, la interpretación del pasaje completo depende en última instancia de lo que se considere una práctica concebible o plausible; por lo tanto, incluso la lectura gramatical se decide principalmente en función de presupuestos extratextuales. Por ejemplo, depende de si uno puede imaginar que el abrazo y el beso de la Eucaristía no fueran en sentido espiritual, sino una práctica física real. Dado que me resulta difícil imaginarlo, prefiero asumir que la preposición tiene un significado instrumental gramaticalmente, que implica una especie de instrumentalidad espiritual. Las manos extendidas son símbolos que representan y señalan la disposición para la recepción, que en la práctica solo servían para evitar que cayeran migas; por lo tanto, son principalmente instrumentos espirituales de una recepción claramente espiritual. Por consiguiente, en este texto, quizás el Cuerpo no se coloca en las manos, sino que el comulgante se acerca para recibirlo con las manos extendidas, inclinándose.
   
El último ejemplo es la Quinta Catequesis Mistagógica de San Cirilo de Jerusalén, considerada a menudo el “arma definitiva” para los defensores de la comunión en la mano. El pasaje en inglés dice:
«Por tanto, cuando os acerquéis, no extendáis las muñecas ni abráis los dedos; sino que, poniendo la mano izquierda como trono para la derecha, como para recibir al Rey, y ahuecando la palma, recibid el Cuerpo de Cristo, diciendo: “Amén”» [edición griega de Migne: “Προσιὼν οὖν, μὴ τεταμένoις ταῖς τῶν χειρῶν καρποῖς προσέρχου, μηδὲ διῃρημένοις τοῖς δακτύλοις· ἀλλὰ τὴν ἀριστερὰν θρόνον ποιήσας τῇ δεξιᾷ, ὡς μελλούσῃ Βασιλέα ὑποδέχεσθαι· καὶ κοίλανας τὴν παλάμην, δέχου τὸ σῶμα τοῦ Χριστοῦ, ἐπιλέγων τὸ, Ἀμήν”] (Patrología Græca vol. 33, cols. 1124-25, pdf págs. 562-3).
   

Aquí vemos de nuevo al autor usando el término técnico hypodechomai (ὑποδέχομαι) para el acto de recibir. Aún más interesante: si dejamos de lado momentáneamente la narración de la «comunión en la mano», descubrimos que la escena descrita es totalmente compatible con el rito reconstruido, sin que el Santo Cuerpo toque jamás la palma. Porque el texto no prohíbe acercarse con las manos extendidas; más bien, prohíbe acercarse con las muñecas separadas, con la palma derecha sin apoyarse en la izquierda, con la palma derecha sin mirar hacia arriba, o con los dedos extendidos y los brazos extendidos. El propósito de cerrar los dedos y ahuecar ligeramente las palmas es obvio: evitar que caigan fragmentos del Santo Cuerpo, una cuestión que el texto aborda explícitamente con su analogía del polvo de oro.

En esencia, el texto prohíbe el gesto de la mano previo a la comunión que las imágenes anteriores representan como la postura de acción de gracias. Si recordamos la intención didáctica mencionada anteriormente, el Apóstol en la patena de la estupa —de pie con los brazos extendidos y los dedos extendidos— muestra que la postura que San Cirilo prohibió antes de la comunión era, en realidad, la postura correcta después de la comunión, durante el momento de acción de gracias. Este punto era de tal importancia que requería la instrucción de los fieles; por lo tanto, su representación se buscó deliberadamente, incluso teniendo en cuenta las limitaciones inherentes a la composición pictórica.

También merece la pena examinar con más detenimiento el siguiente fragmento:
«Así pues, después de haber santificado cuidadosamente tus ojos con el toque del Santo Cuerpo, participa de él, teniendo cuidado de no perder ninguna porción; pues lo que pierdas, es evidentemente una pérdida para ti, como si fuera uno de tus propios miembros. Dime, pues, si alguien te diera granos de oro, ¿no los guardarías con sumo cuidado, estando alerta para no perder ninguno y sufrir ninguna pérdida? ¿No velarás entonces con mucho más cuidado para que ni una sola migaja caiga de ti de lo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas?» (Μετ’ ἀσφαλείας οὖν ἁγιάσας τοὺς ὀφθαλμοὺς τῇ ἐπαφῇ τοῦ ἁγίου σώματος μεταλάμβανε, προσέχων μὴ παραπολέσῃς τι ἐκ τούτου: ὅπερ γὰρ ἐὰν ἀπολέσῃς, τοῦτο ὡς ἀπὸ οἰκείου ἐζημιώθης μέλους. Εἰπὲ γάρ μοι, εἴ τίς σοι ἔδωκε ψήγματα χρυσίου, οὐκ ἂν μετὰ πάσης ἀσφαλείας ἐκράτεις, φυλαττόμενος μή τι αὐτῶν παραπολέσῃς καὶ ζημίαν ὑποστῇς; Οὐ πολλῷ οὖν μᾶλλον ἀσφαλέστερον τοῦ χρυσίου καὶ λίθων τιμίων τιμιωτέρον διασκοπήσεις ὑπὲρ τοῦ μὴ ψῖχα ἐκπεσεῖν).
Quienes consideran la cita anterior como prueba irrefutable de la comunión en la mano generalmente no abordan qué se debía hacer exactamente después de recibir el Santísimo Cuerpo. Si este texto se interpretara literalmente, la Eucaristía habría tenido que tocarse con los ojos, del mismo modo que las gotas restantes de la Santa Sangre en los labios se habrían untado en los órganos sensoriales. Sin embargo, resulta sumamente contradictorio que el autor argumente en contra de dejar caer fragmentos eucarísticos usando la metáfora del polvo de oro, mientras que simultáneamente prescribe que se bese y se toque con los ojos, actos que obviamente aumentarían el riesgo de que cayeran migas.

Además, untar gotas de la Santa Sangre casi inevitablemente resultaría en goteo. Tal práctica es sumamente improbable porque —como suelen pasar por alto quienes defienden la comunión en la mano— quienes tienen un «miedo excesivo» a perder una sola partícula, comparándolo con la pérdida de sus propias extremidades, no suelen manipular el Santísimo Sacramento con las manos, y mucho menos tocarlo o untarlo en diversas partes de su cuerpo. Por lo tanto, una interpretación sobria sugiere que la cita se refiere a acciones en un sentido espiritual; así, los ojos se santifican al contemplar la Eucaristía, más que mediante el contacto físico.

Esto se ve respaldado además por el análisis gramatical, específicamente la presencia del dativo instrumental (datívus instruménti) en la frase τῇ ἐπαφῇ. Este término, que denota contacto o tacto, puede interpretarse aquí correctamente como una especie de datívus instruménti spirituális.

Así, este texto constituye un complemento esencial para el ritual reconstruido de la Comunión de los fieles. Con este detalle, se puede visualizar la acción inmediatamente anterior a la recepción del Santo Cuerpo: el comulgante, acercándose con las manos extendidas y cubiertas por el himation, elevaba la mirada hacia el Santo Cuerpo antes de recibirlo, diciendo «Amén», y luego lo recibía de la mano del sacerdote directamente en su boca.

Más allá de su significado espiritual, el acto de alzar la mirada pudo haber tenido una función práctica. La expresión «con cuidado» (Μετ’ ἀσφαλείας) enfatiza la atención con la que se elevan los ojos para contemplar el Santo Cuerpo. Esto sugiere una función práctica para el gesto: al alzar la mirada hacia la Hostia, el rostro y la boca del comulgante, que se acerca inclinándose con las manos extendidas y cubiertas, se colocan en la posición óptima para recibir la Comunión, asegurando así la seguridad de la metádosis (la entrega del Santo Cuerpo por parte del sacerdote). Este aspecto de seguridad es primordial, subrayado por la palabra griega para «gran cuidado», «ἀσφάλεια», un término técnico litúrgico constante en la tradición bizantina. Este mismo cuidado se prescribe tradicionalmente en las rúbricas bizantinas para los sacerdotes que administran la Eucaristía. Un ejemplo de esta coherencia se encuentra en el Gran Horologio (Horologion to Mega, p. 70), publicado en Venecia en 1856, donde la rúbrica para la comunión de los sacerdotes prescribe: «Y así toma lo que tiene en la mano con temor y gran cuidado» (Καὶ οὕτω μεταλαμβάνει τοῦ ἐν χερσὶ μετὰ φόβου, καὶ πάσης ἀσφαλείας).

En resumen, se puede afirmar con seguridad que los textos aquí presentados no excluyen la posibilidad de la reconstrucción del rito de la Comunión. Al contrario, si comprendemos el estado espiritual de los fieles —que se acercan inclinados, con las manos cubiertas y extendidas como humilde señal de disposición para recibir— descubrimos una postura idéntica al gesto tradicional de pedir una bendición, conservado en las tradiciones orientales hasta nuestros días, como veremos en la parte final de este ensayo.
  
Elementos que respaldan lo anterior y que perduran hasta nuestros días en diversas tradiciones litúrgicas.

1. La palma derecha sostenida en la mano izquierda
Naturalmente, en este punto no doy por sentado que la posición de la mano utilizada en la práctica eclesiástica actual de la comunión en la mano sea idéntica a la de la antigüedad, ya que la posición sacramental moderna de la mano —más precisamente, la recepción de la Eucaristía en la mano— difiere sustancialmente del sacrificio antiguo, a pesar de la similitud física de las posiciones de las manos.
  
La palma derecha, sostenida en la mano izquierda y orientada hacia arriba, es la postura tradicional de la mano que aún se encuentra en la tradición ortodoxa actual; sin embargo, naturalmente, esta postura no se utiliza durante la distribución de la comunión, sino durante las bendiciones: pues esta es la postura de la mano para solicitar una bendición, el gesto de la persona que la pide.

2. La patena sobre la mesa.
Entre las fuentes textuales, mencioné anteriormente la carta del obispo Dionisio de Alejandría, en la que se alude al rito sacrificial; creo que este rito puede reconstruirse en este trabajo a partir de la evidencia que proporcionan las imágenes. Para respaldar esto, cito como ejemplo la liturgia de los coptos, herederos modernos de la tradición litúrgica alejandrina, en la que se pueden identificar varios elementos que remiten a lo representado en los objetos materiales y que se remontan a la práctica descrita.
  
  
En el Códice de Rossano, en el momento posterior a la entrega del Santo Cuerpo, Cristo no sostiene la patena en su mano, sino que toma la partícula de la patena que reposa sobre el altar. Tal como lo hacen los coptos en el video anterior.
  
3. La palma de la mano izquierda del celebrante.
Cristo coloca el trozo que tomó con su mano derecha en la boca del apóstol, mientras que, como se ve en la escena del Códice Rossanensis, sostiene la palma de su mano izquierda protectoramente debajo. Después de la comunión, continúa sosteniendo la palma de su mano izquierda hacia arriba, con los dedos ligeramente flexionados, para que no se pierda ninguna miga. Tal como lo hacen los sacerdotes coptos: el video muestra la forma en que el sacerdote sostiene la palma de su mano izquierda. Esto recuerda mucho a Cristo, como se aprecia en la imagen ampliada del Códice Rossanensis que se muestra arriba.
  
4. El paño de comunión que alude al uso antiguo del himatión.
El pequeño paño que lleva el comulgante en el vídeo copto también parece evocar el himatión que se ve en las imágenes anteriores. Creo que los cambios en la vestimenta a lo largo de los últimos mil quinientos años podrían explicar la sustitución del himatión —es decir, la antigua prenda exterior— durante la Eucaristía: la necesidad de usar un paño, derivada de la reverencia a la Eucaristía, pudo haber sido más fuerte que la ausencia resultante de la desaparición del himatión debido a los cambios en la vestimenta. Sin embargo, el proceso natural de clasificar como sagrados los objetos asociados a la liturgia también pudo haber dado lugar a la aparición de un paño específicamente destinado a este propósito en el uso litúrgico.
  
En la liturgia bizantina también se utiliza un manto de comunión con una función similar, como se puede apreciar claramente en el último vídeo.
  
Entre los cristianos etíopes (Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo), el himatión —que se ha convertido en un elemento puramente litúrgico— también se ha conservado bajo el nombre de netela (ነጠላ) tanto hombres como mujeres lo usan en la iglesia. Este breve video explica cómo se usa este chal y su significado espiritual:
  
  
5. El beso sagrado.
No he encontrado rastro alguno del beso de la mano del sacerdote después de la comunión en las diversas tradiciones litúrgicas, pero en la tradición ortodoxa existe otra forma de beso sagrado que sigue inmediatamente a la Comunión: después de recibir las especies sagradas, los fieles besan la base del cáliz. El beso sagrado que se da a la base del cáliz, que recuerda al himatión, junto con el uso de un paño idéntico a este en cuanto a su función litúrgica:
 
  
Aunque este beso difiere de la práctica descrita en este texto, en la que se besaba la mano derecha del sacerdote, esto puede explicarse por el cambio en la forma de comulgar bajo las dos especies en comparación con la práctica antigua. La distribución del Cuerpo, colocado en la Preciosa Sangre, mediante una cuchara —directamente en la boca del comulgante— eliminaba la posibilidad de besar la mano del sacerdote, ya que esto podría haber puesto en peligro el contenido del cáliz.
 
Pero la necesidad de expresar el significado espiritual que encierra el beso buscó y encontró su lugar.
  
Observaciones finales
  
La célebre cita de San Basilio (Carta 93) demuestra que la comunión en la lengua fue la forma normativa de recibir la Eucaristía en la Iglesia desde sus inicios. La práctica eclesiástica solo se apartó de esta norma en circunstancias extraordinarias, como durante épocas de persecución o escasez de sacerdotes, e incluso entonces, solo temporalmente (en la época en que se escribió la carta, alrededor del año 372 d. C., la práctica de que los fieles laicos llevaran la Eucaristía a casa solo era habitual en Alejandría). A pesar de ello, la narrativa de la “comunión en la mano” se impuso en la segunda mitad del siglo XX, inextricablemente ligada a la reforma litúrgica. Los artífices de esta última fueron fervientes defensores de esta narrativa (véase, por ejemplo, este artículo de Annibale Bugnini), lo que explica por qué hoy en día casi todos los manuales académicos y publicaciones de divulgación dan por sentado que la comunión en la lengua era desconocida hasta los siglos VIII ó IX. En consecuencia, toda fuente escrita se interpreta a través del prisma de esta narrativa. Sin embargo, esto distorsiona la comprensión precisa de la realidad histórica y, por extensión, dificulta el retorno a la práctica eclesiástica correcta.
   
Por lo tanto, es crucial que los investigadores reexaminen las fuentes antiguas que supuestamente prueban la exclusividad o primacía de la comunión en la mano. Deben emprender a fondo el trabajo que se ha descuidado durante sesenta años, investigando la práctica eclesiástica real y apoyándose en el análisis de otros restos históricos disponibles. Cualquiera que haya examinado en detalle las interpretaciones textuales y citas «justificantes» de Bugnini o del frecuentemente citado Dom Ambrois Verheul OSB (“La communion dans la main”, en: Les questions liturgiques et paroissiales 50 (1969), págs. 115-122) puede apreciar su carácter tendencioso; por lo tanto, se puede tener la certeza de que esta narrativa puede refutarse con éxito si se le dedica el tiempo necesario.
   
En las secciones anteriores, solo he abordado parcialmente los testimonios textuales; en cambio, he intentado reconstruir un probable rito antiguo de comunión basándome en las representaciones más antiguas que se conservan de escenas litúrgicas auténticas. Lejos de ser contradicha, esta reconstrucción se ve reforzada por las fuentes textuales más citadas del relato de la «comunión en la mano», mientras que elementos preservados en diversas tradiciones litúrgicas la respaldan en detalle. He realizado este trabajo con la esperanza de inspirar y aportar ideas a los investigadores, cuyos esfuerzos son esenciales para compilar una historia de las formas litúrgicas concretas de recibir la Sagrada Comunión de acuerdo con la realidad histórica.
  
***
  
De este artículo se concluye que la “comunión en la mano” no solo era una práctica desconocida en el Oriente cristiano (y ni para qué decirlo en la Iglesia Latina) sino una reconstrucción fantasiosa de los proponentes de la “reforma litúrgica” que acabaron produciendo el Novus Ordo Missæ tanto en el Rito Romano como en los demás ritos occidentales y orientales.

Rvdo. P. JORGE RONDÓN SANTOS S. Ch. R.
1 de Agosto de 2026 (Año Santo de Cristo Rey).
Dedicación de la basílica de San Pedro ad víncula (“en cadenas”) en el Esquilino. Fiesta de los Santos Macabeos, Mártires; de San Exuperio, obispo de Bayeux; de San Veselsboldo, Obispo de Winchester; y de los beatos Domingo Nguyễn Văn Hạnh OP y Bernardo Võ Văn Duệ; Sacerdotes y Mártires de la Fe en Vietnam. Nacimiento del bienaventurado Carlos José Eugenio de Mazenod, obispo de Marsella y fundador de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Tránsito de San Eugenio de Vercelli, Obispo; de Juan de Plano Carpini OFM, misionero en el Imperio mongol y arzobispo de Var (Montenegro); de Olavo Magno, último arzobispo católico de Upsala (Suecia); del beato Pedro Fabro SJ, Sacerdote y Confesor; de San Alfonso María de Ligorio, Obispo, Confesor, fundador de la Congregación del Santísimo Redentor y Doctor de la Iglesia; y del beato Pedro Julián Eymard, Sacerdote, Confesor y fundador de la Congregación del Santísimo Sacramento. Convocación del Concilio de Arlés (Francia) por Constantino el Grande; victoria de Ramiro II “El Grande” de León sobre Abderramán III en la batalla de Simancas; fundación de la Confederación Helvética; fundación de la Orden de caballería de San Miguel Arcángel por el rey Luis XI de Francia; promulgación del edicto de Granada expulsando a los judíos de España; visita de Cristóbal Colón a Venezuela; rendición de Famagusta y caída de Chipre bajo el dominio turco; victoria del Sacro Imperio Romano-germánico en la batalla de San Gotardo (Hungría); primera partición de Polonia entre Austria, Prusia y Rusia; creación del Virreinato del Río de la Plata; entrada en vigencia de la “Ley Calles” de proscripción del culto católico en México. Fundación de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced y Redención de Cautivos en Barcelona (España).

viernes, 31 de julio de 2026

DÍA DE RETIRO ESPIRITUAL

Tomado del Misal de fieles del Padre Luis Ribera CMF.

Las personas verdaderamente pladosas hacen todos los meses un día de Retiro Espiritual, que consiste en prepararse a fin de tenor una buena y santa muerte. No te olvides de hacerlo. Quizá durante el mes no has pensado más que en tus negocios materiales; pero vale la pena de que emplees por lo menos media horita cada mes en el gran negocio, en el negocio de la salvación de tu alma. No es esto pedirte mucho. ¿No encontrarás treinta minutos en los 43.200 que tiene el mes?

Si el día de Retiro se practica en tu parroquia, no dejes de asistir al mismo. Sí no se hace públicamente, puedes hacerlo en particular tú mismo, o en la iglesia o en tu misma casa. Y te aconsejo que todo aquel día procures guardar un poco más de silencio, practicar alguna pequeña mortificación, hacer alguna obra de caridad y, sobre todo, retirarte por espacio de media hora para practicar el ejercicio que aquí encontrarás,

Puesto en tu habitación, con las ventanas un poco entornadas, te pondrás de rodillas y con todo el afecto de tu corazón harás la siguiente

MEDITACIÓN DE LA MUERTE

COMPOSICIÓN DE LUGAR. — Represéntate a ti mismo en el trance de la muerte con el semblante pálido y cadavérico, y la respiración difícil y casi apagada.
PETICIÓN. — Pide a Dios luz para conocer y sentir lo que te sucederá en aquel lance triste, y gracia para prepararte debidamente.

PUNTO 1.º — El morir es un decreto divino, irrevocable y universal, confirmado por la historia de todos los siglos. Considera que el morir es una ley sin excepción ni dispensa; es un decreto irrevocable de Dios, que irremisiblemente nos comprende; es una necesidad de la cual no puede prescindirse. No depende de nuestro querer o no querer, ni dejamos de correr a ella por el olvido. La historia de todos los tiempos, pueblos y familias es una prueba auténtica de esta verdad que nadie podrá impugnar. Mira, para tu desengaño, en qué han parado tantas y tan bellas figuras de hombres y mujeres como han existido desde Adán hay hoy. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué ha sido de ellos? ¿dónde están? ¡Ay! Abre sin miedo aquellos nichos, aquellos sepulcros, y no verás en ellos otra cosa que podre, ceniza, gusanos. He aquí en qué paran todos, ricos y pobres, sabios e ignorantes, superiores y súbditos, y en eso pararás tú, quizá dentro de poco. Oye, si no, las palabras que en boca de ellos pone el Espíritu Santo: Acuérdate de nuestra suerte; pues así será también la tuya: ayer para mi, hoy para ti. (Eccli. 38, 23.) — REFLEXIONA SERIAMENTE ESTO UNOS INSTANTES.

No hay remedio; llegará el día en que deberás despedirte del mundo, para presentarte a juicio y pasar a la eternidad; llegará el día en que cerrarás los ojos a la luz, en que dejarás el mundo y cuanto hay en él; en que tu alma, entre desmayos y agonías, se separará violentamente del cuerpo, dejándole objeto de horror y espanto, y pasando ella al Cielo, Purgatorio o Infierno, según la sentencia irrevocable del terrible Juez. En esto infaliblemente te has de ver; a eso corres como el agua, como el sentenciado que va al suplicio; y de esto no te. puedes evadir. ¿Crees tú esa verdad? Pues si de ella no puedes dudar, di: ¿Por qué amas tanto el mundo? ¿Por qué regalas tanto este cuerpo, enemigo de tu alma, que tantas faltas te hace cometer? ¿Por qué buscas con tanto afán las comodidades, los gustos, las honras? En una palabra: ¿por qué no te preparas y dispones mejor para morir? ¿De qué te servirán en aquel momento los gustos, los pasatiempos, las vanidades, las diversiones mundanas? ¿Cómo cometes pecados que en aquel momento tanta tortura te han de dar? ¿Por qué no multiplicas y no haces mejor las obras buenas, que es lo único que en aquella hora te podrá valer? Oh alma, abre los ojos con tiempo; medita con atención esta verdad y no quieras exponerte a que te sorprenda la muerte sin haberte preparado como debías. Si ahora mismo hubieses de morir, ¿estás preparado? — MEDITA Y REFLEXIONA.

PUNTO 2.º — La ignorancia de la hora y modo con que hemos de morir, exige de nosotros atenta y constante preparación. Considera la necesidad de prepararte por razón de la ignorancia de la hora y modo con que has de morir. Aunque pudieses vivir un número considerable de años, siempre pasarían pronto como los que has vivido. ¿Qué te queda de tus años pasados? Por eso Dios te dice: Acuérdate que la muerte no tarda. El mismo Jesucristo te exhorta a que vigiles, porque no sabes el día ni la hora en que te llamará. No hay día, ni hora, ni lugar en el mundo que pueda ofrecer seguridad; antes de todas partes y en cualquier momento te pueden asaltar. ¡Oh incertidumbre terrible! ¡Oh peligro espantoso, que no respeta edad, complexión ni robustez! ¡Hoy formarás planes y quizá mañana te lleven al sepulcro! Comiendo o bebiendo, descansando o trabajando, y hasta pecando puedes morir. ¡Cuántos lo han experimentado! Escucha, por tanto, la voz de Jesucristo que a todos nos dice: «Estad preparados, porque a la hora en que estéis más descuidados, el Hijo del Hombre ha de venir», o sea, te ha de asaltar la muerte. No te dice precisamente que te prepares, sino que estés preparado. Dos cosas muy serias te dice Dios: Que la muerte vendrá a la hora menos pensada, y que el pecado la acelera. Mas, que sea un poco más tarde o más temprano, siempre será presto, como se verifica con el sentenciado, el cual, aunque pase por una calle o camino más o menos largo, siempre llega pronto al lugar del suplicio. — PIÉNSALO CON ATENCIÓN.

Mas, ¿de qué manera morirás? ¡Ah!, lo ignoras igualmente: puede ser repentinamente, o con muerte violenta, a manos de un ladrón o asesino, o de un accidente o caso fortuito, de un ataque cerebral, de un colapso del corazón, de manera que no tengas lugar ni tiempo para prepararte. Quizás, como tantos otros, morirás de una enfermedad que te perturbe las potencias o te quite el sentido; quizá sean tan agudos los dolores de la enfermedad, o tan grande la flaqueza o turbación de cabeza, que no estés apto para nada, ni aciertes a tener un buen pensamiento. ¿Y quién sabe si te faltará la asistencia o copia de confesor? Y si algo de esto te sucede, cosa fácil y frecuente, y te encuentras desprevenido, ¿qué será de ti? ¡Oh, cuán necesario es prepararse de antemano! Esta preparación es tanto mas urgente, cuanto la muerte es una sola y de ella depende la eternidad. ¡Ay, pues, de ti, si no aciertas un paso de tanta importancia! Jamás lo podrás remediar. ¿Que horror! Mira, por tanto, si estás bien prevenido y piensa que quizá tienes la muerte mucho más cerca de lo que puedes imaginarte. — MEDITA, RESUELVE, ORA…
  
PUNTO 3.º — Sin el testimonio de la buena conciencia y adorno de las virtudes, será funesto el trance de la muerte. Considera ahora las angustias, congojas y agonías que en la muerte te cercarán, si no tienes el testimonio de la buena conciencia y el adorno de las virtudes y buenas obras. En este caso, ¡ay de ti!, te verás reducido a exclamar: «Los dolores de la muerte me han alcanzado y circuyen por todas partes, y los torrentes de la iniquidad de mis maldades me conturban sobremanera». Represéntate aquí mismo aquel paso tan doloroso. ¡Qué penas tan multiplicadas! El cuerpo con vivos dolores, desmayos y agonías; el alma con la viva aprehensión de tener que dejarlo todo; con los remordimientos por el mal que hizo por el bien que dejó de hacer y por lo mal que se portó en el poco bien que hizo. ¡Qué sentimiento! ¡Tantos pecados sin saber si están perdonados! ¡Tan mal empleo de potencias y sentidos! ¡Tan grande amor al cuerpo y tanto descuido para las cosas de la salvación, que era lo verdaderamente importantes! ¡Qué congoja para el alma al representársele que está próximo el momento en que se ha de separar del cuerpo y comparecer en aquellas regior.es tan nuevas de la eternidad! ¡Qué agonía al considerar que dentro de pocos instantes se ha de presentar delante del Divino Juez, a quien tantas veces ha ofendido Y disgustado, para darle cuenta de toda su vida! ¡Qué aflicción al pensar que dentro de poco se decidirá si ha de salvarse o condenarse! ¡Oh momento aterrador, al cual han temido hasta los mayores Santos! Efectivamente, San Hilarión temblaba en aquella hora, a pesar de haber hecho rigurosa penitencia por espacio de setenta años. Santa Juana Chantal, no obstante su santidad y fervor, puesta en aquel trance, exclamaba: «Son espantosos los juicios de Dios». Si, pues, ellos temían, ¿cómo no temes que te hallas tan vacío de virtudes y buenas obras? — MEDITA SERIAMENTE Y ORA CON FERVOR.
  
Piénsalo detenidamente en este día de retiro. Morirás, sí, irremisiblemente morirás, y con la muerte lo perderás todo. De nada te servirán en aquella hora decisiva las riquezas, los honores, los placeres. No te llevarás sino las obras, buenas o malas, que hayas hecho en este mundo. ¿Qué haces, pues? ¿Cómo vives? ¿Puede Dios estar contento de ti? Y tú mismo, ¿tienes la conciencia tranquila? Desearías morir tal como te encuentras ahora? Si ahora murieses, ¿irías al Cielo o al infierno? Alma cristiana, no te desanimes, confía en Jesús; arrójate a sus pies y pídele que por su santa muerte en cruz, te conceda una muerte buena y santa. Confía en la bondad del Corazón de María, a la cual tantas veces pedimos que ruegue por nosotros pecadores, ahora, durante el tiempo de nuestra vida, y después en la hora de nuestra muerte. — PIÉNSALO BIEN.
  
DEPRECACIONES
Oh Jesús, Señor Dios de bondad y Padre de las misericordias; me presento delante de Vos con el corazón contrito, humillado y confuso, y os encomiendo mi última hora y lo que después de ella me espera.
  1. Cuando mis pies empiecen a perler el movimiento, y me adviertan así que mi carrera en este mundo está próxima a su fin… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  2. Cuando mis manos empiecen a perder el tacto y, temblorosas, no puedan sostener ya el Crucifijo, dejándole caer a pesar mío en el lecho de mi dolor… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  3. Cuando, velados ya mis ojos y haciendo contorsiones por el horror de la muerte cercana, fijen en Vos sus miradas lánguidas y moribundas… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  4. Cuando mis labios fríos y convulsos pronuncien por última vez vuestro nombre adorable… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  5. Cuando mi cara pálida y lívida cause lástima y terror a los circunstantes, y bañados mis cabellos con el sudor de la muerte se pongan rígidos en mi cabeza, y anuncien que mi fin está cercano… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  6. Cuando mis oídos, próximos a cerrarse para siemPre a las conversaciones de los hombres, se abran para oír la sentencia irrevocable que fijará mi suerte para toda la eternidad… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  7. Cuando mi imaginación, agitada de horrendos y espantosos fantasmas, quede sumergida en mortales congojas y cuando, turbado mi espíritu con el temor de vuestra justicia al recuerdo de mis iniquidades, esté pugnando contra el enemigo infernal, que tendrá empeño en quitarme la esperanza en vuestras misericordias y en precipitarme en los horrores de la desesperación… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  8. Cuando mi corazón, débil y oprimido con los dolores de la enfermedad, esté sobrecogido por el temor de la muerte, fatigado y rendido por los esfuerzos que haya hecho contra los enemigos de mi salvación… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  9. Cuando derrame las últimas lágrimas, síntomas de mi próxima destrucción, recibidlas, ¡oh Señor!, en sacrificio expiatorio, para que yo muera como una víctima de penitencia; y en aquel momento terrible… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  10. Cuando mis parientes y amigos, reunidos en torno de mi cama, se horroricen al ver mi situación y os invoquen por mí… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  11. Cuando, perdido ya el uso de mis sentidos, desaparezca de mi vista el mundo, y yo gima entre las angustias de la última agonía y las congojas de la muerte… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  12. Cuando los últimos suspiros de mi corazón den impulso a mi alma para que salga del cuerpo, aceptadlos, Señor, como hijos de una santa impaciencia de unirme a Vos; y entonces… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  13. Cuando mi alma, al extremo de mis labios, salga para siempre de este mundo, y deje a mi cuerpo pálido, frío y sin vida, aceptad la destrucción de éste como un homenaje que rindo a vuestra divina Majestad; y en aquella hora… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  14. Finalmente, cuando mi alma se presente delante de Vos, y vea por vez primera el resplandor de vuestra Majestad, no la arrojéis de vuestra presencia; dignaos más bien recibirla en el seno de vuestra misericordia, para que eternamente cante vuestras alabanzas, y entonces, ahora y siempre… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.
  15. Por los méritos e intercesión de María Santísima, Madre y abogada de los pecadores, que espero rogará por mí en la hora de la muerte… Jesús misericordioso, tened piedad de mí.

Jesús, José y María, os entrego mi corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, amparad mi alma en la última agonía.
Jesús, José y María, haced que descanse en paz el alma mía.

En este día te abstendrás de diversiones y de salir en público, en cuanto te sea posible, y procurarás confesar y comulgar.