Artículo publicado por Mons. Donald J. Sanborn en la revista Catholic Restoration, Mayo-Junio de 2004, y en
TraditionalMass.org en el año 2006. Traducción tomada de CATÓLICOS ALERTA.
La vacancia de la Sede Apostólica, el no-papado de Francisco I, y por lo
mismo también el de Benedicto XVI, Juan Pablo II, Juan Pablo I, Pablo
VI y aún el de Juan XXIII, es una cuestión que siempre ha dividido a los
tradicionalistas en los últimos cincuenta años, quizás más que
cualquier otra.
Entre los que han tomado el camino de la
resistencia a las reformas del Concilio Vaticano II, una mayoría se
declara SEDEPLENISTA, es decir, sostiene que Francisco I es el verdadero
Romano Pontífice. Ellos siguen normalmente esta posición bajo la
dirección de la Fraternidad San Pío X [o al menos están influidos por su
mentalidad]. Otros, una minoría, aunque no insignificante, son
SEDEVACANTISTAS, es decir, sostienen que Francisco I no es el verdadero
Romano Pontífice, ni tampoco sus predecesores del Vaticano II.
Esta
diferencia de posición teológica ha causado un gran dolor en todo el
mundo entre quienes resisten a las Reformas Conciliares. Cada una de las
partes afirma que su propia posición es la correcta, y ciertamente
necesaria para mantener la posición Católica. Ambas posiciones se acusan
mutuamente de ser cismáticas.
En el otoño de 1979, Mons.
Lefebvre hizo pública una declaración en la que afirmaba que no
toleraría en la Fraternidad San Pío X a quienes se rehusaran a nombrar a
Juan Pablo II en el canon de la Misa. Expulsó a algunos sacerdotes en
Europa porque se negaron a observar esta disciplina. En la primavera de
1980 llegó a Estados Unidos con la misma intención: expulsar de la
Fraternidad a todos los que no querían nombrar a Juan Pablo II en el
canon.
Sin embargo, en el curso de las negociaciones con los
sacerdotes norteamericanos, Mons. Lefebvre llegó a una especie de
compromiso. El no iba a echar de la Fraternidad a los sacerdotes, si
ellos estaban de acuerdo en conservar su sedevacantismo para sí mismos.
Ellos podían omitir el nombre de Juan Pablo II en el canon, a condición
de no hacer de ello algo público. El OPINIONISMO había nacido. El
Arzobispo mismo había formulado el principio fundamental del
opinionismo: “YO NO DIGO QUE EL PAPA NO ES PAPA, PERO TAMPOCO DIGO QUE
UNO NO PUEDA DECIR QUE EL PAPA NO ES PAPA”.
El propósito del
presente artículo es examinar el opinionismo y dar un juicio sobre si es
o no una posición legítima para ser sostenida. ¿Es posible que la
identidad del Romano Pontífice sea una cuestión meramente de opinión?
I. ¿QUÉ ES UNA OPINIÓN?
Una
opinión es una idea o doctrina que uno sostiene como PROBABLEMENTE
verdadera. Sin embargo, uno tiene al mismo tiempo un temor fundado de
que la idea contraria sea verdadera. Indudablemente la inteligencia se
inclina hacia una idea y rechaza la contraria, pero no completamente. No
acepta totalmente la propia como verdadera ni rechaza totalmente su
contraria como falsa.
A menudo también, entre grandes médicos
existe sólo una opinión de los diagnósticos que hacen. Ellos no tienen
una absoluta certeza, a causa de la falta de suficientes pruebas para
obtener tal certeza. Así pues, PIENSAN u OPINAN que sus pacientes pueden
tener tal enfermedad, pero no se sorprenderían mucho si con el pasar
del tiempo encontraran algo diferente.
II. ¿QUÉ ES UNA OPINIÓN TEOLÓGICA?
Una
opinión teológica es una doctrina que alguien sostiene, concerniente a
una cuestión teológica, con el temor de que su contraria pueda ser
verdadera. No se trata de algo que ya fue definido por la Iglesia. Se
trata de una cuestión “libre”, es decir, que no hay una obligación, por
declaraciones de la Iglesia, de sostener una parte o la otra.
Muchos, sin embargo, confunden OPINIÓN teológica con CONCLUSIÓN teológica.
Una
conclusión teológica, que en latín es SENTÉNTIA THEOLóGICA, es una
doctrina teológica firme y cierta, deducida de los principios tomados de
la revelación y de la recta razón.
El problema es que
SENTÉNTIA en latín, es comúnmente traducido [en inglés] como OPINIÓN.
Sin embargo, hay muchas, muchísimas conclusiones teológicas
absolutamente ciertas que en latín se llamarían SENTÉNTIA, pero que de
ningún modo son opiniones en el sentido [inglés] de la palabra. Así por
ejemplo, es una conclusión teológica que Dios da a todos los hombres la
gracia suficiente para salvarse. Este hecho no está directamente
revelado ni fue declarado por la Iglesia, pero es sostenido por todos
los teólogos como absolutamente cierto. No podría ser calificado como
una “opinión teológica”.
No obstante, la Teología Moral está
llena de opiniones teológicas, en el verdadero sentido de la palabra.
Los principios morales son en sí mismos ciertos, y en muchos casos DE
FIDE, pero algunas veces, sin embargo, son difíciles de aplicar. Por lo
mismo surgen fácilmente diferentes escuelas de pensamiento acerca de
muchas cuestiones. Estas se llaman típicamente OPINIONES PROBABLES, es
decir, posiciones probablemente verdaderas, pero no cierta y
absolutamente verdaderas.
A veces la teología moral no nos
permite ir más allá de lo probable. Los actos humanos son tan
complicados con sus circunstancias, que a menudo no se puede llegar a
una certeza completa; uno llega entonces a una opinión teológica con un
cierto temor de que la contraria sea verdadera. Es por esta razón que
una opinión puede diferir de un sacerdote a otro, en cuanto a la
aplicación de un principio moral en particular. No se pone en discusión
el principio, pero puede haber un desacuerdo en cuanto a su aplicación.
Por
el contrario, es una falacia decir que por el hecho de que la Iglesia
no definió o no enseñó tal doctrina, deba ser considerada en la
categoría de opinión teológica.
La Teología es una ciencia, y
como todas las ciencias, saca sus conclusiones a partir de sus
principios generales. La Teología toma sus grandes principios de la
revelación misma, verdades enseñadas por Dios a los hombres tal como se
encuentran contenidas en las Sagradas Escrituras y en la Tradición, y
son propuestas para ser creídas por la Iglesia Católica. De estas
verdades que nosotros sostenemos de Fe, los teólogos sacan sus
conclusiones que, aunque no han sido reveladas por Dios, derivan sin
embargo cierta y razonablemente de las verdades reveladas por Dios.
Hay
algunas conclusiones teológicas tan ciertas y con tanta autoridad, que
si uno las niega, estaría lógicamente obligado a negar la Fe misma. Aún
si la Iglesia nunca las ha definido ni enseñado en su Magisterio
Ordinario. Ellas son sólo conclusiones teológicas, pero ligadas
íntimamente a la revelación.
Ahora bien, muchos aplican la falacia de la “opinión teológica” al problema del papado de Bergoglio. Ellos alegan que “porque
la Iglesia no lo ha declarado papa inválido, entonces es una legítima
opinión teológica sostener que él sea o no papa, es decir, sostener lo
que uno prefiera. Ninguna de las dos posiciones es ofensiva a la Fe”.
Esta afirmación está LLENA de errores.
El
primer error está en poner la identidad del Romano Pontífice, si
Bergoglio es o no el Vicario de Cristo, en la categoría de las
“opiniones teológicas”. El segundo error consiste en relegar la cuestión
de la identidad del Romano Pontífice a una mera opinión teológica, como
si fuera una discusión entre los teólogos acerca del número de ángeles
que pueden entrar en la cabeza de un alfiler. El tercer error es
confundir una conclusión teológica con una opinión teológica. El cuarto
error es que uno pueda ser libre de sostener que Bergoglio es o no es
papa por el SÓLO hecho de que la Iglesia no ha dicho nada al respecto.
El quinto error es pensar que ninguna de las dos posiciones sea ofensiva
a la Fe.
Examinaré detalladamente cada uno de estos errores.
III. CINCO ERRORES DEL OPINIONISMO
ERROR
1°: EL OPINIONISMO PONE LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE, SI BERGOGLIO
ES O NO EL VICARIO DE CRISTO, EN LA CATEGORÍA DE “OPINIÓN TEOLÓGICA”
El mismo término OPINIÓN indica que no es un hecho cierto que él sea o no papa. Sin embargo, es imposible sostener que exista una falta de certeza acerca de esta cuestión.
Los
que sostienen que ES papa, señalan absolutamente algunos signos
ciertos: 1) la elección legal de Bergoglio universalmente aceptada; 2)
su propia aceptación de dicha elección; 3) Bergoglio actúa como papa; 4)
la aceptación universal de Bergoglio como papa.
Ninguna de
estas cosas es incierta. Si alguien usa estos argumentos como pruebas de
su papado, ¿dónde cabe algún lugar a dudas al respecto?
Los
que argumentan EN CONTRA de este papado usan argumentos ciertos e
incontestables en sí mismos: 1) que ha promulgado falsas doctrinas,
enseñado una falsa moral, y disciplinas pecaminosas para la Iglesia
universal; 2) que ha dicho cosas heréticas y obrado como hereje, y más
aún como apóstata, en muchísimas ocasiones; 3) que ha designado a
herejes y/o apóstatas en la Curia Romana y sedes episcopales, los
mantiene en sus cargos y está en comunión con ellos.
Ninguno
de estos hechos es discutible o dudoso. Ellos son suficientes en sí
mismos, particularmente el nº 1, para impedirle que sea papa.
Así
pues, si uno sostiene que él ES papa por las razones alegadas, ¿cómo
podría admitir que decir que no es papa sea una opinión legítima? Si por
el contrario, uno sostiene que NO es papa por las razones alegadas,
¿cómo podría admitir que decir que es papa sea una opinión legítima?
¿Dónde está la duda? ¿Dónde existe en estos argumentos algún temor a que
la parte contraria pueda ser verdadera?
El apuntalamiento
teológico y la justificación moral del movimiento tradicionalista es que
el Concilio Vaticano II y sus reformas son falsas y malas. Ellas son
una tergiversación substancial del Catolicismo. ¿Por qué entonces
establecemos un apostolado contra Bergoglio y el obispo local
modernista, sino porque las doctrinas, los ritos y las disciplinas del
Vaticano II y sus reformas son contrarias a la Fe y a la moral? Si ellas
no son contrarias a la Fe y a la moral, ¿por qué entonces tenemos un
movimiento tradicionalista? ¿Por qué pues estamos haciendo todo esto?
¿Qué justificación tendríamos para hacerlo ante los ojos de Dios?
Si
por el contrario, es cierto que el Concilio Vaticano II y sus reformas
son contrarias a la Fe y a la moral, entonces es también cierto que
ellas no fueron promulgadas por la Iglesia. Pero si es cierto que ellas
no fueron promulgadas por la Iglesia, entonces es también cierto que
quienes las promulgaron no representan a la Iglesia Católica. Por
consiguiente, es cierto que Bergoglio no es papa.
La conclusión
que Bergoglio es papa comporta NECESARIAMENTE algunas conclusiones: que
las doctrinas, las disciplinas y los ritos que él ha universalmente
promulgado son Católicos y no pecaminosos. Si Bergoglio es papa,
entonces, por la indefectibilidad e infalibilidad de la Iglesia, la
religión que él aprueba y promulga es la verdadera Fe Católica. Uno
podría practicarla con toda tranquilidad de conciencia; más aún, uno
DEBE hacerlo.
La conclusión que las doctrinas, las disciplinas y
los ritos del Concilio Vaticano II son falsos y pecaminosos, contrarios
a la Fe, a la religión y a las buenas costumbres, comporta
NECESARIAMENTE una conclusión: que la persona o personas que los han
promulgado no poseen la autoridad de Cristo. La infalibilidad e
indefectibilidad de la Iglesia, que derivan de la asistencia de Cristo
prometida solemnemente, no pueden permitir que tales cosas sucedan. Uno DEBE concluir en el no-papado de Bergoglio, si se concluye que el Concilio Vaticano II es una defección de la Fe.
Así pues, es lógica y teológicamente imposible decir: “yo acepto a Bergoglio como papa, pero rechazo el Concilio Vaticano II y sus reformas”. Del mismo modo, es lógica y teológicamente imposible decir en el sentido opuesto: “yo rechazo el Concilio Vaticano II y sus reformas, pero acepto a Bergoglio como papa”.
La
Fraternidad San Pío X [y otros] es culpable de la primera falacia,
aceptando a Bergoglio como papa pero rechazando al mismo tiempo su
religión. Ellos montan en todo el mundo un desafío a Bergoglio,
estableciendo un apostolado paralelo, en el que intentan apartar a las
almas de él y de su jerarquía.
El opinionista es culpable de la
segunda falacia. Rechaza el Concilio Vaticano II y sus reformas, pero
admite la aceptación de Bergoglio como teológicamente viable. Esto no
tiene sentido.
Si uno ha
emprendido la resistencia al Concilio Vaticano II y sus reformas, no
puede decir que es una opinión legítima sostener que Bergoglio es papa.
Decir esto significa admitir implícitamente que uno no está seguro que
el Concilio Vaticano II y sus reformas sean verdaderamente contrarias a
la Fe y a la moral. Ser opinionista acerca de Bergoglio significa ser
opinionista (y por lo mismo incierto) acerca de la base misma de la
resistencia al Vaticano II.
Si es posible que Bergoglio sea
papa, entonces también es posible que el Vaticano II, la Misa Nueva, los
nuevos sacramentos, el nuevo derecho canónico y el ecumenismo sean
católicos. Si es posible que Bergoglio sea papa, entonces también es
posible que estemos todos equivocados con respecto al Vaticano II.
ERROR 2°: EL OPINIONISMO RELEGA LA CUESTIÓN DE LA IDENTIDAD DEL
ROMANO PONTÍFICE A UNA MERA OPINIÓN TEOLÓGICA, COMO SI FUERA UNA
DISCUSIÓN ENTRE LOS TEÓLOGOS ACERCA DEL NÚMERO DE ÁNGELES QUE PUEDEN
ENTRAR EN LA CABEZA DE UN ALFILER
Es como si la cuestión del Romano Pontífice no tuviera efectos dogmáticos y morales.
La identidad del Romano Pontífice tiene enormes efectos dogmáticos y morales. En primer lugar, nuestra fe depende de su enseñanza. Estamos obligados a dar asentimiento a las enseñanzas de la Iglesia.
Ahora bien, la autoridad de esta enseñanza proviene de una sola fuente,
la autoridad de San Pedro. Sin esta autoridad, no hay ninguna doctrina
que obligue; no habría lugar para ningún magisterio, ya sea solemne u
ordinario.
Por consiguiente, nuestra salvación depende de
nuestra sumisión al Romano Pontífice. Si le desobedecemos en materia
grave vamos al infierno, o lo que es peor aún, si no estamos sometidos a
él.
Ahora bien, ¿cómo podría alguien estar hastiado de la
identidad del Romano Pontífice, a tal punto de decir que en el orden
práctico no hay realmente ningún problema en pensar lo que uno quiera
acerca de él? Es como si el Romano Pontífice fuera meramente un
decorativo en la Iglesia Católica, algo de lo cual la Iglesia podría aún
prescindir, un accesorio puramente accidental, una bagatela. Los
opinionistas son muy buenos para decirnos que la cuestión del papa no
debería dividirnos. Piensan que todos los tradicionalistas deberían
estar unidos, sin preocuparse de lo que cada uno piense acerca del papa.
Tal actitud, sin embargo, no es católica.
La misma identidad y unidad de la Iglesia Católica Romana está íntima y
esencialmente ligada al Romano Pontífice, y ser opinionista acerca de
su identidad equivaldría a ser indiferente acerca de cual iglesia sea la
verdadera.
ERROR 3°: EL OPINIONISMO CONFUNDE UNA CONCLUSIÓN TEOLÓGICA CON UNA OPINIÓN TEOLÓGICA
Una
CONCLUSIÓN teológica es, como dije antes, absolutamente cierta, y a
veces también conectada con las verdades de Fe, de tal modo que si
aquella es negada, se tendría que negar también la Fe. Una OPINIÓN
teológica es una posición que tiene pruebas defectuosas e insuficientes
en su favor, de modo que alguien no se sorprendería si encontrara que la
posición opuesta es verdadera.
Como expliqué antes, los
argumentos a favor o en contra del papado de Bergoglio quedan en el
plano de las CERTEZAS. Ninguna de las partes niega los hechos. Se
discute sobre las conclusiones sacadas de los hechos, pero no hay
ninguna controversia acerca de los principios constitutivos de los
argumentos.
Por lo tanto, cada una de las partes debe
producir, lógicamente, no una “opinión”, sino UNA CONCLUSIÓN TEOLÓGICA
CIERTA. Esto es verdadero porque la conclusión debe ser tan fuerte como
sus premisas (principios). Si no hay ninguna duda en las premisas
(principios), tampoco tendría que haber ninguna duda en las
conclusiones, a condición que, naturalmente, el proceso lógico no tenga
ningún defecto.
ERROR 4°: UNO PUEDE SER LIBRE DE SOSTENER
QUE BERGOGLIO ES O NO ES PAPA POR EL SOLO HECHO QUE LA IGLESIA NO HA
DICHO NADA AL RESPECTO
Las causas del papado o no-papado de Bergoglio son principalmente teológicas y no meramente legales. En otras palabras, si Bergoglio no es papa, esto no es debido A CAUSA DE que la Iglesia lo haya declarado no-papa.
Más bien lo opuesto es verdadero: la Iglesia lo declara no-papa A CAUSA DE que REAL Y VERDADERAMENTE él no es papa. La declaración de la Iglesia en este caso, daría solamente una certeza LEGAL a un hecho ya existente. Pero la Iglesia no podría declarar nunca algo LEGALMENTE cierto, si antes no fuera REAL y VERDADERAMENTE cierto.
La
Iglesia, por ejemplo, declara que un matrimonio es nulo. No es la
declaración que causa la nulidad; es la nulidad la que causa la
declaración.
La declaración hace un hecho meramente legal de
un hecho de nulidad realmente existente. La nulidad no puede tener
efecto LEGAL hasta que no sea declarada, pero la nulidad ya existe realmente antes de su declaración.
Mucho antes de la declaración de nulidad, el hombre y la mujer NO son
marido y mujer. Ellos estarían obligados a los efectos MORALES de su
no-matrimonio, desde el momento en que son concientes de su nulidad; la
declaración legal podría llegar años más tarde.
Así pues,
nosotros estamos obligados a la conclusión teológica cierta del
no-papado de Bergoglio, basada en pruebas ciertas existentes, y esto
mucho antes de una futura declaración de su no-papado. Una pareja que
está segura de la invalidez de su matrimonio, no podría comportarse como
marido y mujer con la excusa de que “porque todavía no hay una declaración de nulidad, entonces ¡podemos hacer lo que queramos!”
Así también, en nuestro caso, nosotros que obramos sobre la premisa que
el Vaticano II y sus reformas son contrarias a la fe y la moral, no
podemos reconocer el papado de Bergoglio con la excusa de que “porque todavía no hay una declaración, entonces ¡podemos pensar lo que queramos!”
Por
consiguiente, yo agregaría que quienes argumentan que él es papa, no
podrían sostener justamente que la Iglesia no ha hecho una declaración
al respecto, o que es una cuestión de opinión teológica, como si hubiera
alguna duda sobre eso.
Si los motivos para reconocerlo como
papa son algunos de los que he enumerado antes, por ejemplo, su elección
y aceptación general por parte de la gente, ¿entonces cómo podría haber
alguna duda? ¿Cómo podría uno admitir que sea legítimo decir que él no
es papa, a no ser que se de crédito a los principios del sedevacantismo?
Pero
los principios del sedevacantismo argumentan con certeza que él no es
papa, y no meramente con probabilidad. En otras palabras, o se deben
negar los principios del sedevacantismo, o bien se debe decir que sus
conclusiones son verdaderas.
ERROR 5°: PENSAR QUE NINGUNA DE LAS DOS POSICIONES SEA OFENSIVA A LA FE
No es verdad. Es
ofensivo a la Fe sostener que una persona es Papa, el Vicario de Cristo
en la tierra, y al mismo tiempo llevar a cabo en todo el mundo un
apostolado en desafío contra él. Es ofensivo a la Fe decir que las
doctrinas, las disciplinas y los ritos litúrgicos promulgados por el
Romano Pontífice son erróneos, heréticos, falsos, malos y/o pecaminosos.
Ahora
bien, ésta es justamente la posición de los sedeplenistas
tradicionalistas de la Fraternidad San Pío X [y otros]. Peor aún, es la
posición de los sedevacantistas opinionistas que sostienen que Bergoglio
no es papa, pero al mismo tiempo dicen que la posición que he apenas
descrito no es ofensiva a la Fe.
Es
igualmente ofensivo a la Fe el hecho de identificar con la autoridad de
Cristo la promulgación de una doctrina falsa y una disciplina mala. Es
ofensivo a la Fe el hecho de identificar con la Iglesia Católica Romana
las creencias y observancias en todo el mundo del Vaticano II y sus
reformas.
Al contrario, si Bergoglio es
verdaderamente papa, entonces es ofensivo a la Fe el hecho de sostener
que él no sea papa, y/o sostener que sus doctrinas y disciplinas sean
contrarias a la Fe y la moral.
Por lo tanto, el sedeplenista
convencido no puede, en buena conciencia, considerar la posición
sedevacantista como una posición teológica sostenible sin ofender a la
Fe. De igual modo, el sedevacantista convencido no puede, en buena
conciencia, considerar la posición sedeplenista como una posición
teológica sostenible sin ofender a la Fe.
Identificar
la defección del Vaticano II y sus reformas con la autoridad de la
Iglesia, como lo hacen los sedeplenistas, es destruir completamente la
naturaleza misma de la Iglesia, institución divina que goza de la
perpetua asistencia de Cristo mediante el Espíritu Santo. Si
la Iglesia pudiera hacer un tal desastre como el Vaticano II y sus
efectos, desastre en contra del cual debemos reaccionar con una tenaz
resistencia para salvar nuestras almas, entonces ¿dónde está la
asistencia de Cristo? El sedevacantista resuelve el problema diciendo que “estas reformas no vienen de la autoridad de la Iglesia”.
Pero el sedeplenista no tiene ninguna respuesta sin recurrir a una
interpretación y rechazo privado del Vaticano II y sus reformas. Ésta es
una actitud protestante.
El sedevacantista no puede
sostener la posición sedeplenista como una posición teológica viable,
como si ella tuviera algún mérito probable. Si alguien es verdaderamente
sedevacantista y convencido de ello, debería considerar al sedeplenista
como alguien que defiende una posición absolutamente insostenible.
IV. UNA OBJECIÓN: ¿QUÉ SE DEBE HACER SI UNO DUDA ACERCA DEL PAPADO DE BERGOGLIO?
En
primer lugar, respondo diciendo que la duda existe sólo en la mente y
nunca en el mundo real. En la realidad, en efecto, Bergoglio es papa o
no lo es.
¿Podemos permanecer moralmente en la duda? No. Como he explicado antes, LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE CONSTITUYE ESENCIALMENTE LA IDENTIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA,
y es el fundamento de su unidad. Estando obligados a profesar la
verdadera Fe y a pertenecer a la verdadera Iglesia, sin permanecer
indiferentes, así pues ESTAMOS TAMBIÉN OBLIGADOS A RESOLVER NUESTRA DUDA CON RESPECTO A LA IDENTIDAD DEL ROMANO PONTÍFICE.
Permanecer en la duda acerca de él, es permanecer en la duda acerca de
la identidad misma de la Iglesia. Estamos, por consiguiente, OBLIGADOS A
OBEDECERLE BAJO PENA DE PECADO. No podemos quedarnos satisfechos en la
duda acerca de su identidad.
La teología moral nos exige que
resolvamos nuestra duda con una INDAGACIÓN DILIGENTE. En muchos casos,
tal indagación remediará la duda acerca de Bergoglio en favor del
SEDEVACANTISMO. En efecto, si uno duda acerca de él, es porque ya ha
sido movido por los horrores del Vaticano II a cuestionarse sobre la
ortodoxia de quienes lo promulgaron. Una investigación meramente
exhaustiva revelará que nuestras sospechas son más que confirmadas, y la
duda claudicará rápidamente ante la certeza.
Si por alguna
razón legítima, no podemos hacer una indagación hasta obtener las
pruebas en contra de Bergoglio, entonces DEBEREMOS RESOLVER LA DUDA A
TRAVÉS DE LOS PRINCIPIOS REFLEJOS, es decir, por medio de ciertos
principios generales de moralidad y de la ley que nos dan una certeza,
cuando no podemos resolver la duda por nuestra cuenta. Los principios
reflejos harían que la duda se vuelva EN FAVOR DEL PAPADO DE BERGOGLIO,
por el hecho de gozar, al menos aparentemente, de una elección válida y
de la aceptación general de lo que comúnmente es considerado como la
Iglesia Católica.
Entonces, EL SEDEVACANTISTA PUEDE SER
SEDEVACANTISTA SOLAMENTE SI ESTÁ SEGURO DEL NO-PAPADO DE BERGOGLIO,
porque la duda irresoluble lo pondría inevitablemente en el campo del
sedeplenismo. Además, EL SEDEVACANTISTA NO PUEDE CONSIDERAR LA POSICIÓN
DEL SEDEPLENISTA COMO TEOLÓGICAMENTE SOSTENIBLE, como si se tratara de
una cuestión dudosa.
V. LA HIPOCRESÍA DE LA FRATERNIDAD SAN PÍO X
Por
lo que he escuchado de personas fidedignas, tanto dentro como fuera de
la Fraternidad San Pío X, ellos ofrecen a los sacerdotes que se rehúsan a
mencionar el nombre de Bergoglio en el canon, la posibilidad de ser
sedevacantistas en secreto pero sedeplenistas en público. Así pues, en
el altar omiten el nombre del Modernista en el silencio del canon. Pero
al mismo tiempo, dan pública adhesión a su pontificado con signos
exteriores. En sus escritos consideran a los sedevacantistas como
cismáticos, pero permiten a los sacerdotes sedevacantistas circular en
sus filas y actuar como sacerdotes bien considerados.
Esta
solución permitió a la Fraternidad evitar otra escisión más grande
dentro de sus filas. Ellos no admiten públicamente que tienen
sedevacantistas entre las filas de sus sacerdotes. Su posición pública
es que el sedevacantismo es cismático. Esto es para mí una completa
falta de honradez.
“DIRÉIS SOLAMENTE: SÍ, SÍ; NO, NO. TODO LO QUE EXCEDE A ESTO, VIENE DEL MALIGNO” (Mat. V, 37).
VI. RESUMEN Y CONCLUSIÓN
El opinionismo está basado, a mi parecer, en un indiferentismo hacia el Romano Pontífice.
Los
opinionistas quieren vivir en un mundo de Misa y sacramentos
tradicionales sin ninguna alusión al Romano Pontífice. Para ellos no hay
ningún problema en el orden práctico si Bergoglio es o no es el papa.
Ellos asisten a la Misa de cualquier sacerdote, a condición que diga la
Misa tradicional, sin ninguna preocupación en lo concerniente al Romano
Pontífice.
Tal actitud es extremadamente peligrosa. EN
EFECTO, ESO QUITA AL ROMANO PONTÍFICE DEL CATOLICISMO, y reduce nuestra
adhesión a la Fe tradicional a una forma de “elige y toma” protestante.
Hubo
momentos en la historia de la Iglesia en los cuales, para ser católico,
uno tenía que ser sedevacantista. Me refiero al interregno de la muerte
de un Papa, que en un momento llegó a durar hasta tres años. Si un
católico reconociera a un papa durante la vacancia de la Sede
Apostólica, sería cismático. Del mismo modo, un católico sería cismático
si no reconociera a un Papa verdaderamente reinante.
Así pues, en la situación presente, o es cismático el sedeplenismo o lo es el sedevacantismo. Ambos se excluyen mutuamente.
Sin embargo, estos dos sistemas opuestos no pueden ser considerados ambos como “legítimas opiniones teológicas”.