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lunes, 4 de mayo de 2026

ANÁLISIS DEMUESTRAN QUE LA SÁBANA SANTA ESTUVO EN EL ORIENTE PRÓXIMO

Tomado de ACTUALITÉS FSSPX.
  

Investigadores de la Universidad de Padua han identificado en la Sábana Santa de Turín un genoma predominantemente del Oriente Próximo y microorganismos característicos de ambientes de alta salinidad, como los que se encuentran cerca del Mar Muerto. Los resultados, presentados en un artículo preliminar, refuerzan las pruebas que respaldan su autenticidad.

El estudio está dirigido por Gianni Barcaccia, catedrático de genética y genómica de la Universidad de Padua, en colaboración con investigadores de otras universidades. Entre los firmantes se encuentra el profesor Pierluigi Baima Bollone, especialista en medicina forense que, en la década de 1980, identificó la presencia de sangre humana del grupo AB en la Sábana Santa de Turín y que falleció antes de la publicación del artículo [Falleció el 5 de Noviembre de 2025, N. del E.].
  
ADN con huella genética predominantemente oriental
La nueva investigación se realizó con muestras de la Sábana Santa proporcionadas por el propio Baima Bollone. El equipo de Barcaccia ya había publicado un importante artículo en Nature Scientific Reports en 2015, que documentaba la presencia de ADN contaminante de personas que habían estado en contacto con la Sábana Santa: más del 55,6% correspondía a Oriente Próximo y alrededor del 38,7% a la India, mientras que los europeos representaban menos del 5,6%.
  
El nuevo estudio confirma la presencia del haplogrupo H33, «prevalente en el Cercano Oriente y común entre los drusos». Los autores especifican que «la población drusa comparte un origen genético común con los judíos y los chipriotas y, a lo largo de la historia, se ha mezclado con otras poblaciones levantinas, especialmente palestinas y sirias».

El origen del lino y su conexión con la India.
La elevada proporción de linajes indios llevó a los investigadores a explorar antiguas rutas comerciales. Los autores del artículo señalan que la presencia de aproximadamente un 38,7 % de linajes étnicos indios «podría ser resultado de interacciones históricas o de la importación de lino por parte de los romanos desde regiones cercanas al valle del Indo».

En este sentido, destacan la posible relación entre el término Sindôn/Σινδόνη (lino fino en griego) y la región de Sind [actual Pakistán, N. del E.], famosa por sus textiles de alta calidad. La presencia de ADN indio también puede explicarse, según la paleógrafa Ada Grossi, por la existencia de valiosos tejidos de lino indio en el Templo de Jerusalén, utilizados para las vestiduras del Sumo Sacerdote durante los rituales vespertinos de Yom Kipur.
   
Los autores argumentan que «una reevaluación de estos resultados basada en el análisis de rastros de ADN encontrados en la Sábana Santa de Turín sugiere una posible amplia distribución del tejido en la región mediterránea y la posibilidad de que el hilo se produjera en la India».

Microorganismos de alta salinidad
Otro descubrimiento significativo se refiere al microbioma reconstruido de la Sábana Santa de Turín, que «revela una rica variedad de microorganismos que se encuentran comúnmente en la epidermis humana, así como comunidades de arqueas adaptadas a la alta salinidad y hongos, incluidos mohos».

Las arqueas halófilas, microorganismos que proliferan en ambientes con una salinidad muy alta, «indican la conservación en un ambiente salino o en condiciones de almacenamiento salinas».

Por lo tanto, estos resultados sugieren que la Sábana Santa residió en Oriente Medio, en un entorno salino similar a las condiciones que se encuentran cerca del Mar Muerto, lo que añade un nuevo elemento al conjunto de pruebas científicas relativas a la autenticidad de la Sábana Santa de Turín.

jueves, 29 de agosto de 2024

ABREN SEPULCRO DE SANTA TERESA

Elementos tomados de distintas fuentes.
   

Por primera vez desde el 16 de Agosto de 1914, la tumba de Santa Teresa de Jesús de Ávila (1515-1582) fue abierta el 28 de Agosto. La Diócesis de Ávila anunció que el cuerpo permanece “incorrupto”.
   
Un tribunal se conformó para esta ocasión por el obispón de Salamanca y Ciudad Rodrigo José Luis Retana Gozalointegrado por Francisco del Buen Pastor Sánchez Oreja OCD (provincial descalzo de la Provincia Española “Santa Teresa de Jesús”) como delegado episcopal, Miguel Ángel de Santa Teresa Díez González OCD (prior de Alba de Tormes y Salamanca) como promotor de justicia, y sor Remigia Blázquez Martín (superiora de las Hijas de la Caridad de Alba de Tormes) quien funge de notaria.
   
«La fe y la ciencia se ayudan mutuamente y son reconciliables. Por medio de esta última se descubren muchas cosas y con los medios actuales pretendemos tener un mayor conocimiento de Santa Teresa de Jesús, así como una mayor profundización en distintos aspectos de su vida»comentó el prior a Televisión Española.
   
La tumba se encuentra en el convento de la Anunciación de Alba de Tormes, la localidad donde murió Santa Teresa. Para abrir el ataúd (trasladado del monasterio de San Pablo de los Montes y donado por el rey Fernando VI “El Justo”) que contiene las reliquias se necesitan 10 llaves diferentes: tres del convento de Alba de Tormes, otras tantas del Duque de Alba, tres más del Padre general de los carmelitas en Roma, y una (la del arca interior, de plata) del Rey de España (aunque esta solo es ceremonial, sin uso especial en el proceso).
   
El prior describió la apertura y traslación de las reliquias en los siguientes términos:
«A primera hora de la mañana la comunidad de Madres Carmelitas Descalzas junto con el Postulador General de la Orden, los miembros del tribunal eclesiástico y un reducido grupo de religiosos hemos trasladado con austeridad y solemnidad los relicarios al lugar habilitado para el estudio. Lo hemos hecho cantando el Te Deum con el corazón lleno de emoción».
Al estudio de las reliquias en Alba de Tormes (el cuerpo y el corazón) se suman el del brazo (conservado en Ávila) y el de la mano izquierda de Santa Teresa (conservada en el convento del Corazón Eucarístico de Jesús de Ronda, y que fue particularmente venerada y custodiada por el Generalísimo Franco después de recuperarla del espolio republicano en 1937). Esta última reliquia llegó al convento el día 27, fiesta de la Transverberación de Santa Teresa.
   
   
El equipo de investigación pasará los próximos cuatro días estudiando las reliquias, esperando saber más sobre la vida de la santa, incluidos los tipos de enfermedades que padeció.
   
«Sabemos que los últimos años fueron difíciles para ella en caminar, en los dolores que ella misma describe. A veces, mirando un cuerpo, se descubre más de lo que la persona tenía. Analizando el pie en Roma, vimos la presencia de espinas calcáreas que hacen casi imposible caminar. Pero ella caminaba. Llegó a Alba de Tormes y, luego, la muerte, pero su deseo era seguir y seguir adelante, a pesar de los defectos físicos», dijo el postulador general Marco del Sagrado Corazón de Jesús Chiesa OCD.
   
Posterior a la apertura, se realizarán los trabajos de reconocimiento visual, toma de fotografías y radiografías por parte de un equipo especializado y de última generación de Madrid, que estará dirigido por el doctor José Antonio Ruiz de Alegría y Felones, de la empresa Subcontratación y Servicios Madrid, S.L. Al mismo tiempo, se realizará la limpieza de los relicarios con apoyo de los orfebres salmantinos Ignacio Manzano Martín y Constantino Martín Jaén. Concluida esta fase inicial, se cerrarán los relicarios y se llevará nuevamente al Carmelo de Ronda la reliquia de la mano de la Santa, por el año jubilar que se celebra allá por el centenario de su fundación bajo el bienaventurado Manuel González García († 1940), “El obispo de los Sagrarios abandonados”.
   
El equipo médico y científico encargado de estudiar las reliquias, dirigido por el profesor Luigi Capasso (que analizó la reliquia del pie de Santa Teresa en el convento romano de Santa María de la Escala) encontró el cuerpo en el mismo estado en que se encontraba hace 110 años, según las fotografías tomadas entonces por fray Eliseo de San José.
  
   
Según la crónica del padre Daniel de Pablo Maroto OCD, la ostensión de 1914 se dio bajo autorización de San Pío X porque el padre general de los Carmelitas Descalzos, Clemente de los Santos Faustino y Jovita (en el siglo Faustino Mazzola) quiso aprovechar su visita a España para ver el cuerpo de los santos fundadores: San Juan de la Cruz, en Segovia, y de Santa Teresa, en Alba. Se halló que el cuerpo estaba seguía “con entera incorrupción”, la misma condición que tenía en un reconocimiento habido en 1750.
   
En la segunda fase, se estudiarán todos los elementos tomados en los laboratorios de Italia por parte del equipo de médicos y científicos participantes, lo cual tomará varios meses y, a su finalización, se publicarán los resultados del estudio y las conclusiones científicas.
   
Por último, en Alba de Tormes se presentarán algunas intervenciones para la mejor conservación del cuerpo y de las reliquias, trasladándose de nuevo la reliquia de la mano de Santa Teresa a Alba de Tormes  (es de advertir que el convento de Ronda, donde se conserva esta reliquia desde 1976 tras su restitución por la viuda del Generalísimo doña Carmen Polo y su hija la doña María del Carmen Franco Polo, I Duquesa de Franco, estaría próximo a cerrarse por la endémica falta de vocaciones en la Secta del Vaticano II y hay pleito sobre el lugar donde se conservará la reliquia). Se cerrarán y se sellarán el sepulcro y los relicarios con la ayuda de los orfebres, asegurando la conservación de las reliquias.
  
Un estudio similar se hizo en Segovia a las reliquias de San Juan de la Cruz en 1991, con ocasión del IV centenario de su muerte.

jueves, 22 de agosto de 2024

NUEVO ESTUDIO CONFIRMA LA ANTIGÜEDAD DE LA SÁBANA SANTA EN EL SIGLO I

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

Investigadores italianos han utilizado una nueva técnica de rayos X para estudiar el Sudario de Turín. Los resultados han sido publicados en la revista Heritage en 2022.
     
Científicos del Instituto de Cristalografía del Consejo Nacional de Investigaciones (en italiano Consiglio Nazionale delle Ricerche, CNR) estudiaron ocho muestras de tejido de la Sábana Santa.
  
Utilizando una técnica llamada dispersión de rayos X de gran angular (WAXS, por sus siglas en inglés), analizaron la celulosa de lino (largas cadenas de moléculas de azúcar que se deterioran lentamente con el tiempo) para demostrar que el sudario tiene 2.000 años, basándose en las condiciones en las que se mantuvo.
   
El estudio se basó en las condiciones en que se mantuvo el sudario: se suponía que se había mantenido a una temperatura de aproximadamente 22,5 grados centígrados y una humedad relativa de aproximadamente el 55 por ciento durante 13 siglos antes de ser llevado a Chambery (Francia) en la década de 1350.
   
Los perfiles de datos fueron totalmente compatibles con mediciones análogas realizadas en una muestra de lino de 55-74 d.C. de Masada (región del Mar Muerto), recoge Heritage.
   
Las muestras también se compararon con sábanas similares de los siglos XIII y XIV, pero ninguna coincidía.
   
El Dr. Liberato De Caro, uno de los científicos involucrados en el estudio, rechazó una prueba de 1988 que concluyó que el sudario era «probablemente una falsificación medieval». Sostiene que estas pruebas pueden haber sido afectadas por la contaminación y que la datación por carbono-14 utilizada en 1988 «no era confiable».
   
El estudio, el segundo publicado en 2024, concluyó que el sudario data de la época de Cristo. Este es el cuarto estudio que llega a esta conclusión en poco más de una década.
   
Otro estudio en 2024 fue una prueba de isótopos que mostró que el lino utilizado para hacer el lino se cultivaba en el Medio Oriente.

martes, 6 de agosto de 2024

EL MISTERIO DEL PAPADO EN LA TRANSFIGURACIÓN

Traducción del artículo publicado en el Semanario Il Divino Salvatore, año I n. 46, Roma, 5 de Agosto de 1865, págs. 721-525; vía RADIO SPADA.
   
LA TRANSFIGURACIÓN Y LA BASÍLICA DEL SANTÍSIMO SALVADOR LATERANENSE
   

En la economía de la Sabiduría Divina se decretó que el Verbo de Dios, tomando carne humana y habitando entre los hombres durante treinta y tres años, debería aparecer en todas las cosas como un hombre, y debería ser objeto de fe incluso para aquellos que conversaban con Él. Es cierto que las obras fueron extraordinarias y divinas las palabras de Aquel a quien las multitudes seguían asombradas, por cuyo poder arcano los demonios huían de los poseídos, las enfermedades desaparecían de los enfermos, y quitaba su presa a la muerte, incluso después de haberla tomado. Pero, por otra parte, sin una fe sobrenatural, ¿quién habría reconocido al Creador del cielo y de la tierra en el hombre pasivo y mortal, sujeto a todos los dolores y miserias de la fragilidad humana? De hecho, cuando el Redentor invitó a sus Apóstoles, que eran muy cercanos a Él, a declarar: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? (Matth. 16, 13), los Apóstoles, que bajo el apelativo de hijo del hombre entendían bien que se refería a Él mismo, respondieron como lo juzgó el pueblo, algunos como Juan Bautista, otros como Elías y algunos como Jeremías o alguno de los Profetas. Mientras que a la siguiente pregunta: ¿Y qué decís que soy yo mismo?, respondió solo San Pedro a quien se lo había revelado no el afrcto, ni la razón, ni la penetración del intelecto, ni la fuerza del razonamiento, sino el Eterno Divino Padre que está en el Cielo. Por lo tanto pudo hacer inmediatamente aquella excelente confesión: Tú eres Cristo, hijo del Dios vivo, que a cambio le valió la promesa de la infalibilidad, del primado del honor y de la jurisdicción, y del fundamento de aquella Iglesia, contra la cual el Infierno ha amenazado en vano. Tanto es así que el Señor, aunque muy manifiesto a los ojos de la fe, estaba escondido y envuelto en la sombra del misterio para los ojos de carne y sangre.
   
Por lo tanto era necesario que en la vida del Señor hubiera algún hecho en el que su Divinidad brillara tan claramente, que los textos pudieran incluso con ojos carnales ver las dos naturalezas, divina y humana, unidas en la única Persona de Jesucristo. Y hubo un buen número de ellos, pero ninguno quizás tan claro como su gloriosa Transfiguración.
   
Hay una montaña casi en el centro de Palestina, que parece estar compuesta de cantos rodados aglomerados, casi tantos escalones hacia un trono real, preparado por la Providencia y elegido para la gloria de Dios hecho hombre. Se levanta sola en el fondo del inmenso y agradable valle de Esdrelón, y desde lo alto hay una magnífica vista del Líbano y de las montañas de Tierra Santa, así como de las majestuosas olas del Mediterráneo. Se llama Tabor, que quiere decir cosa elegida, Pureza. Y cosa bien elegida, porque ¿qué otro lugar en la tierra estaba destinado a un designio más noble que el de ser Manifestación del Dios-Hombre? Mejor aún la pureza, porque ningún otro terreno era estrado para una criatura más pura y santa que Jesucristo glorificado. Aquí la tradición nos enseña que el gran acontecimiento ocurrió, aunque el Nuevo Testamento guarda silencio al respecto, llamándolo simplemente montaña alta.
   
Después que San Pedro había hecho esa admirable confesión de la Divinidad del Salvador, Este había ordenado a todos sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era Jesucristo (Matth. 16, 20). Y he aquí, seis días después, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva consigo aparte a un monte alto. Los tres bien escogidos fueron llamados (creo que) como testigos de la manifestación futura: Pedro como recompensa por su confesión; y los hijos de Zebedeo como recompensa por la fe viva de su madre, que había pedido a Cristo que sus dos hijos se sentaran a derecha e izquierda de Él, en Su Reino. Aunque San Ambrosio (Exposición sobre San Lucas, lib. 7, 9) informó que Pedro fue llamado allí porque iba a recibir las llaves del Reino de los Cielos; Juan porque a él había que confiarle la Madre de Dios; y Santiago porque tenía que ser el primero en coger la palma del martirio. Supremo era el honor y la gracia de esta elección que el Redentor había anunciado seis días antes, diciendo: He aquí algunos que no morirán antes de haber visto al Hijo del Hombre que viene a su Reino (Matth. 16, 28), como diciendo: Entre vosotros hay algunos que serán elegidos antes de morir para ver los esplendores de mi divinidad.
   
De hecho, apenas subieron al Tabor y Jesús comenzó a orar (Luc. 9, 29), y he aquí, se transfiguró en su presencia. Su rostro brilla como el sol y su ropa también, como el texto griego de San Mateo y San Marcos dicen (Marc. 9, 2), son claras como la luz, de un blanco puro, como sería imposible que cualquier purgador de cortinas blanqueara la tierra. Y ¡oh, qué delicioso debió ser aquel espectáculo a los ojos de los afortunados Apóstoles, quienes se puede creer que ayudaron en la representación de las tres virtudes teologales: Pedro de la Fe, Santiago de la Esperanza, Juan de la Caridad! Porque ¿qué otra fe es más viva que la de Pedro, que fue confirmado para confirmar a los demás? ¿Qué esperanza más brillante que la de Santiago, quien, el primero de los Apóstoles, dio su vida como testimonio de la verdad del cristianismo? ¿Qué caridad más inflamada que la del Discípulo Amado que se puso sobre el pecho del Señor y bebió en aquel Corazón amoroso el vino exquisito del verdadero Amor? Sólo estos, la fe, la esperanza y la caridad pudieron saborear sustancialmente el torrente de luz que entonces irradió de la carne del Redentor. Ya que sólo con estos ojos se puede ver el verdadero Sol de las almas regeneradas, es decir, el Verbo de Dios Humanado.
  
¿Qué dije de las almas regeneradas? Él es también el sol para los pobres extraviados entre tinieblas y sombras de muerte, sólo si quieren comprenderlo y obedecerlo con fe, esperanza y caridad. En verdad, después del pecado de Adán, una noche oscura y tormentosa se extendió sobre la humanidad miserable, agitada por fantasmas y fantasmas terribles: Facta est nox (1). En el que los hombres, transfigurados en otras tantas bestias, andaban errantes y feroces, en guerra consigo mismos y con los demás, ávidos de los más viles e inmundos de la tierra. Y aquí los leones por el orgullo abrumador, y allí los tigres por la ira desenfrenada, y las panteras por diversas avaricias, y los lobos por la lujuria de los cadáveres, y las serpientes por la vil envidia de la felicidad ajena, y los animales inmundos por el deseo. revolcarse en la naturaleza. ¡Pero viva la misericordia de Dios! Esta horrible noche habría de terminar con la aparición del hermosísimo día, que sería precedido por la celeste Aurora, María Santísima, entre los rayos rosados ​​de la pureza inmaculada. Y de ella habría salido el Sol, que ilumina a todo hombre, no en el orden sensible, sino en el intelectual y amoroso; no para los ojos, sino para el corazón (San Agustín, Sermón 23, De la divinidad). Ese Sol, del cual cantó el santo Zacarías, diciendo: Per víscera misericórdiæ Dei nostri, in quíbus visitávit nos Óriens ex alto (Luc. 1, 78). Así la escena del Tabor nos hace exclamar con el Salmo (Ps. 103, 2) Ha salido el Sol, ortus est Sol. Y comparando el pasaje adjunto del Canto de Zacarías, debemos concluir que el Sol de las almas es nuestro Dios, que surge de lo alto, y viene a visitarnos en las entrañas de su misericordia, es decir, con un Corazón Divino, muy dulce, incomparable. Entonces observando por último las palabras del Evangelio, donde se dice que el Rostro de Cristo resplandeció como el sol, evidentemente conocemos en la transfiguración la manifestación de la Divinidad del Salvador. Y en las vestiduras que transmiten luz, reconocemos a hombres, según la expresión del Apóstol, vestidos de Jesucristo, que también dan testimonio de esa Divinidad con la fe y las obras. Así como el Sol, reflejándose en un espejo, lo hace no sólo brillante, sino casi deslumbrante como fuente de luz y calor.
    
Pero para completar la prueba, los evangelistas narran que Moisés y Elías aparecieron para cortejar a Jesús, para adorarlo, para conferenciar con Él, Moisés, el Legislador del Pueblo Elegido; Elías el más privilegiado entre los profetas; el que ya había pagado el tributo a la muerte; el otro, que fue secuestrado en un carro de fuego, sigue vivo; el uno, testigo de toda la ley; la otra de todas las profecías, vienen a reconocer en el Salvador el propósito de la ley y el cumplimiento de las profecías: Finis legis Christus. Mientras tanto, ya que la recta razón nos enseña que las pruebas de toda revelación divina son milagros y profecías; así la escena del Tabor nos muestra que los milagros de Moisés y en él todos los prodigios de la historia sagrada, y las profecías de Elías y en él de todos los profetas, han de dar testimonio de la Divinidad del Salvador. Cuál fue el tema de la conferencia, lo dice San Lucas (cap. 9, 31); es decir, hablaban de ese exceso de misericordia y bondad, que pronto se cumpliría en Jerusalén, sobre la Cruz [1]. ¡Singular contraste! Cristo, glorificado en los deslumbrantes esplendores de su Divinidad, llama a la ley y a los profetas por testigos, para declarar que es Dios quien da la vida por el hombre, y se hace maldito por nosotros, humillándose hasta la muerte en la Cruz. Sin embargo, el argumento a favor de esta misma razón crece y pasa a primer plano. porque es lo mismo proclamar como el sol salió sobre el mundo, ni por la acumulación de nubes, ni por el estallido de las tormentas, ni por la extinción misma de sus luces, Él desaparece; pero más lúcidamente brilla la claridad perenne para la salud de las almas. El elemento de la gran maravilla de la Resurrección reside, pues, en la transfiguración. Y estos dos hechos contradictorios constituyen tal prueba de la Divinidad del Redentor que nada puede oponerse excepto la ignorancia o la malicia.
   
Después viene el deseo de sonreír devotamente ante la querida sencillez de uno mismo. Pedro, que exclama: ¡Señor, qué bueno es estar aquí! Si lo quieres, hagamos aquí tres tabernáculos, uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías. Nos parece que el Príncipe de los Apóstoles, completamente encantado con aquella visión, no busca más que su propio bienestar y felicidad. Bien es cierto que el evangelista afirma que no sabía lo que decía (Marc. 9, 5). Pero precisamente por eso está claro que Pedro, como recompensa por su confesión, recibió en ese momento una comunicación como la propia de alguien que no sólo debía ser la roca de la fe, sino que debía transmitir el privilegio de la infalibilidad a sus sucesores en el Pontificado Romano. Si, dice San León (Sermón sobre la Transfiguración), Pedro, fuera de sí por la revelación de tanto misterio, despreciando el mundo y despreciando la tierra, quedó arrebatado por el deseo de los bienes eternos; tan satisfecho con el gozo de esa visión, anhelaba vivir allí con Jesús, cuya gloria se regocijaba al ver manifiesta. Y así, ¡oh cuántas veces los Sumos Romanos Pontífices repitieron –Bonum est nos hic esse– a las Naciones y a los Pueblos, para despertarlos y excitarlos a estimar la fe y la Unidad Católica! Invocando la ley y los profetas para confirmar todos los Dogmas y haciendo sentir su armonía intrínseca, lectificando el intelecto en la sumisión, hicieron repetir a las Naciones y a los Pueblos: Oh Señor, qué dicha la nuestra de estar en esta Iglesia, donde todo es verdad, todo es santo, todo es uno, todo es católico y apostólico, más bien todo es de Pedro, en definitiva todo es romano: Dómine, bonum est nos hic esse. De hecho, para expresar esta unidad católica de la Iglesia, apareció sobre el Tabor una nube brillante que envolvió a Jesús, Moisés, Elías y los tres Apóstoles. San Pedro quiso hacer tres tabernáculos porque aún no conocía la unidad de la ley de los profetas y el Evangelio; y la Manifestación Divina hace una sola tienda con la nube brillante, en medio de la cual está la Fuente de toda verdad, el fin de toda ley, el cumplimiento de las profecías, el Sol de la Divinidad de Cristo. Al sello de esta verdad eterna, resuena desde el Monte sagrado una voz inefable, que resonará por todos los siglos futuros diciendo: Este es mi Hijo, en quien tengo complacencia: Escuchadlo (Matth. 17, 5).
   
De hecho, todo lo que había sucedido hasta ahora en el Tabor como revelación de la gran Verdad no fue suficiente para la inagotable Sabiduría Divina; pero el mismo Padre Eterno quiso declarar al mundo con palabras formadas, la consustancialidad de su Hijo humanizado, la realidad de la Encarnación en una sola Hipóstasis o Persona, en la que señalaba la naturaleza divina y humana conjunta. La voz de la nube dijo: Éste es mi Hijo amado; es decir, como comenta San Cipriano (Del Bautismo de Cristo): Éste es mi Hijo por la maravillosa unión del Verbo encarnado; no en este hombre está mi Hijo, sino este hombre es mi Hijo, él es Hombre y Dios, el Hijo de María es mi Hijo, y por tanto María es Madre de Dios. ¿Quién bien pudo escuchar la elocuencia y la sublimidad de estas divinas palabras? Sólo Pedro lo probó un poco, y lo dejó escrito (1.ª Pe. I, 16, 17, 18): Que predicaba la Omnipotencia y Presencia divina de Nuestro Señor Jesucristo, no porque hubiera oído historias ni por doctas elucubraciones, sino porque había sido testigo ocular de Su Majestad; cuando Dios Padre le dio honor y gloria, con la voz que descendió sobre él desde la magnificencia de la gloria: Qué voz (concluye) enviada desde el cielo oímos, cuando estábamos con Él en el monte santo.
   
Sí, oh firme Columna de la Verdad, senyisteis la Divinidad de Cristo en el Tabor de una manera completamente inexplicable; probasteis su confirmación en el Sepulcro descubierto y vacío: os animasteis a predicarla el día de Pentecostés. ¿Y quién podrá oponer sentimientos y razones al testimonio, muy válido como hombre y divino como Cabeza de la Iglesia? La Iglesia romana, por vos Madre y Maestra de todos, ciertamente aprendió de vos a dedicar su primera basílica al misterio de la Transfiguración del Salvador. Vuestra fe inquebrantable obtuvo aquel ilustre milagro, que la Imagen acherópita del Salvador se apareció al pueblo romano en la misma Basílica. Para vos, primer testigo de la Transfiguración, el Señor obró el nuevo milagro en Letrán, como hizo el primero en el Tabor en vuestra presencia. Por el don de vuestra infalibilidad la Imagen Acherópita ha transformado Letrán en el Tabor afortunado, como testimonio perenne de la Divinidad de Jesucristo. Es, pues, oportuno que en la Basílica Caput Urbis et Orbis resuenen aleluyas festivas el día que la Tradición asigna a este solemne acontecimiento. Así como el Cielo y la tierra se unen para celebrar la Resurrección de Cristo en el Templo del Santo Sepulcro de Jerusalén, así es conveniente que ángeles y hombres canten el Hosanna de la fe en Roma, en su Archibasílica, el día de la Transfiguración. El mundo católico viene todos los años, y vendrá hasta el fin de los siglos, a escuchar en Letrán el Precepto que el Padre Eterno ordenó en el Tabor, y los Apóstoles, con Pedro a la cabeza, anunciaron en todo el mundo: Ipsum audíte. Oh pueblos, oh pueblos, oh naciones, escuchad la Sabiduría de Dios encarnada. Por eso se levanta en Letrán la Imagen Acherópita del Salvador, a la que PÍO NONO, el Pedro viviente, mira y exclama: Bonum est nos hic esse... Ipsum audíte.

Oh pueblo, oh pueblos, oh naciones, que en este siglo verdaderamente oscuro os perdéis en la huella de una libertad que es licencia, de una independencia que es esclavitud, de una hermandad que es hermandad de iniquidad, escuchad al Hijo de Dios. que habló por sí mismo al mundo, y continúa hablando por la Boca inmaculada de la Iglesia. Aquí en el Salvador está la verdadera libertad, que os libera de todas las pasiones y vicios del presente siglo. He aquí la verdadera independencia en Él, fruto de la extraordinaria victoria que os obtuvo sobre el mundo, sobre el diablo y sobre el pecado. Aquí estás finalmente en el Salvador, el amoroso Cabeza de una familia católica. unidos con los sagrados lazos de la fe, la esperanza y el amor. Ipsum audíte. Si queréis salvaros de las horribles tinieblas del paganismo, hacia las cuales corréis constantemente, dirigid vuestra mirada al sol de la humanidad redimida y gozad de los brillantes rayos y del reconfortante calor de los Dogmas y de las buenas obras.

Además, esto se os dice más particularmente a vosotros, romanos; ya que aquí la Voz de la Verdad siempre ha sido impecable durante diecinueve siglos, aquí innumerables milagros la han confirmado, aquí los Santos Apóstoles Pedro y Pablo la han grabado con caracteres indelebles en sus tumbas, aquí ha residido el sol del cristianismo, el Papa, ya que esta cátedra siempre se predica y defiende la verdad. Porque PIUS NONUS, Sucesor de San Pedro y Vicario de Jesucristo, es la Boca de la Iglesia, el Representante del Salvador, de quien el Padre Eterno dijo: Ipsum audíte.
      
FRANCESCO LEOPOLDO ZELLI OSB.

NOTA
[1] Se cree que la Transfiguración ocurrió aproximadamente ocho meses antes de la Crucifixión.

domingo, 26 de mayo de 2024

RESTAURAN RELIQUIAS RELACIONADAS CON SAN PEDRO Y SAN JUAN


Después de cinco años de restauración, la tunicela de San Pedro y la dalmática de San Juan, han sido expuestas excepcionalmente por los Museos Vaticanos como parte de la iniciativa Jueves de museos.
   
Las túnicas, de origen copto y Tejidas a mano con lino y lana, en forma de “T” y adornadas con líneas decorativas en los costados, las mangas y los cuellos, habían estado en la capilla papal de San Lorenzo al final de la Escalera Santa en el Palacio de Letrán (más conocida como el Sancta Sanctórum) junto con varias reliquias como la imagen aqueirópita (no hecha por mano de hombre) del Santísimo Salvador, la cruz enjoyada del papa San Sergio I, la cruz esmaltada de San Pascual I y la cabeza de Santa Práxedes.
   
Según cuenta el diácono Juan Himónides de Monte Casino OSB en la vida de San Gregorio Magno, este Papa hizo traer estas reliquias de tercer grado (objetos que estuvieron en contacto con los restos de los santos o sus sepulcros) desde el convento de Santa Lucía de Siracusa, las cuales hizo colocar en la basílica de San Juan de Letrán. Posteriormente, durante el pontificado de Nicolás III (reinó entre 1277 y 1280) fueron trasladadas a la capilla papal de San Lorenzo. En 1903, el papa León XIII ordenó abrir la capilla para permitir el estudio de las reliquias existentes allí, y tres años después, San Pío X las trasladó al Museo Cristiano de la Biblioteca Vaticana donde permanecieron hasta que en 1988, Juan Pablo II Wojtyła las puso bajo competencia de los Museos Vaticanos.

Las reliquias estarán expuestas por poco tiempo en la la Sala de los Discursos de Pío IX situada a la salida de la Capilla Sixtina.

jueves, 28 de marzo de 2024

MÁS PRUEBAS DESMIENTEN QUE LA SÁBANA SANTA SEA UN “FRAUDE MEDIEVAL EUROPEO”

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

El lino utilizado para hacer el lienzo del Sudario de Turín se cultivaba en el Levante Occidental, que cubre los territorios modernos de Tierra Santa, el Líbano, y las partes occidentales de Jordania y Siria.
   
Este es el resultado de las nuevas pruebas isotópicas encargadas por el arqueólogo estadounidense William Meacham (秦維廉) y llevadas a cabo en el Laboratorio de Isótopos Estables de la Universidad de Hong Kong.
    
Meacham es miembro de la junta de la Asociación de Educación e Investigación del Sudario de Turín (STERA). Obtuvo permiso para probar cinco de los siete hilos en posesión del grupo, procedentes de la “pieza Raes”, una muestra tomada por el profesor Gilbert Raes (1914 - 2001) de la Universidad de Gante (Bélgica) en 1973 para estudios de tejido.
    
Las pruebas confirmaron que el polen en el lino indicaba una presencia en el Mediterráneo Oriental.
    
Además, la corona de espinas que se ve en el sudario tiene la forma de un casco y no de un círculo romano, característico de Asia Menor y el Levante. El uso de monedas en los ojos en la imagen del sudario coincide con un ejemplo documentado de un entierro en Judea del siglo II.
  

sábado, 29 de julio de 2023

INCENDIO DESTRUYE RELIQUIAS EN PALERMO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

El cuerpo incorrupto de San Benito de Palermo y las reliquias del Beato Mateo Guimerà de Agrigento fueron pasto de las llamas en un incendio que se presentó el martes en la iglesia conventual de Santa María de Jesús en Palermo (VaticanNews.va, 26 de Julio). La causa del incendio está bajo investigación.
   


sábado, 8 de julio de 2023

LA SEGUNDA MUERTE DE SANTO TOMÁS MORO

Noticia tomada de ACTUALITÉS FSSPX.
      
Losa bajo la cual está la cabeza de Santo Tomás Moro, en la capilla de San Nicolás de la iglesia de San Dunstano (Canterbury, Inglaterra).
  
Las reliquias de Santo Tomás Moro están en peligro. Aunque descansan desde hace casi cinco siglos bajo una lápida situada en la iglesia de San Dunstano (Reino Unido) su estado de deterioro va en aumento. Del lado anglicano, no se hace nada para preservar una herencia que recuerda los aspectos oscuros de una reforma que separó a Inglaterra de la unidad católica.
    
Santo Tomás Moro es una de las glorias del catolicismo inglés: lord canciller del rey Enrique VIII, de quien fue durante mucho tiempo uno de sus protegidos, Sir Thomas fue decapitado el 6 de julio de 1535, por su negativa a firmar el Acta de Supremacía que reconocía la soberanía del monarca sobre la Iglesia de Inglaterra, al mismo tiempo que aprobaba el divorcio del rey de Catalina de Aragón conduciendo al reino al cisma.
    
Tras casi un año de exposición en el puente principal de la capital inglesa, con el objetivo de desanimar a quienes se atrevieran a desafiar su autoridad, Enrique VIII permitió a Margaret Roper, la hija de su excanciller, recuperar los restos de su padre que fue enterrado años más tarde junto con ella en la iglesia parroquial de Chelsea, y luego trasladado a la iglesia de San Dunstano de Canterbury en 1578.
    
Beatificado por el Papa León XIII en 1886, Tomás Moro fue canonizado por el Papa Pío XI en 1935, 400 años después de su martirio, al mismo tiempo que San Juan Fisher, arzobispo de Canterbury, quien también se opuso al cisma fomentado por el rey Enrique.
    
Un detalle importante: la iglesia de San Dunstano está en manos de los anglicanos, y lo menos que se puede decir sobre el tema es que nunca han cuidado realmente de una reliquia que probablemente les recuerda los tambaleantes cimientos sobre los que se fundamenta su religión.
    
En efecto, en dos ocasiones, en 1978 y 1997, la cabeza del santo fue exhumada por científicos que constataron el preocupante deterioro de la reliquia. Desde hace varios años, el jurista católico Steven Brizek ha abogado por su preservación: el 22 de junio de 2023, hizo sonar públicamente la alarma, porque si no se hace nada, la reliquia se corromperá irremediablemente, firmando un formulario titulado la «segunda muerte» de Tomás Moro.
    
«En los últimos años, quienes tienen el poder de actuar para la preservación de la reliquia han optado por el camino de la inacción: ya sea producto de la negligencia voluntaria o de la indiferencia, esto solo ha acelerado su deterioro y ha disminuido la esperanza de poder preservarla», advirtió el jurista que lanzó un llamamiento a «todos aquellos que tengan el ánimo y la inteligencia de intervenir para salvar a Santo Tomás Moro».
     
El clero anglicano, por su parte, prevarica y se defiende alegando que ya se ha realizado «un trabajo importante» para «resaltar la figura de Tomás Moro».
    
Una actitud que a nadie sorprende porque, como recordó el Papa Pío XI en la homilía pronunciada con motivo de la canonización del santo: «Tomás Moro supo, al ver expuesta a graves peligros la pureza de la doctrina cristiana, despreciar con energía la adulación del respeto humano, resistir al jefe supremo del Estado, como su deber le prescribía cuando era necesario obedecer a Dios y a la Iglesia, y finalmente renunciar con dignidad al alto cargo que desempeñaba».
    
Pío XI termina su discurso con un llamamiento lleno de fe y caridad a los anglicanos, que no ha perdido nada de su actualidad: «Que aquellos que todavía están separados de Nosotros consideren cuidadosamente las antiguas glorias de su Iglesia que reproducen y aumentan las glorias mismas de la Iglesia Romana; ¡que también consideren y recuerden que esta Sede Apostólica los espera desde hace tanto tiempo, no como los que entran en una casa ajena, sino como los que finalmente regresan a su propia casa paterna!».
    
La inscripción en la lápida dice: «Bajo este suelo se encuentra la bóveda de la familia Roper, en la que está enterrada la cabeza de Sir Thomas More, de ilustre memoria, ex lord canciller de Inglaterra, quien fue decapitado en la Torre de Londres el 6 de julio de 1535. Que la Iglesia de Inglaterra sea libre».

jueves, 8 de junio de 2023

PEREGRINACIÓN DE LAS RELIQUIAS DE SAN PÍO X

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   

Del 6 al 15 de Octubre, con ocasión del 120.º aniversario de su elección al trono papal, el cuerpo incorrupto de San Pío X († 1914) viajará desde la Basílica de San Pedro a Riese (donde nació y creció), y a Treviso donde fe ordenado sacerdote. Nacido José Melchor Sarto, San Pío X es el último Papa que había sido cura párroco. El presente régimen nostálgico del Vaticano II lo ha relegado al ostracismo por haber combatido contra las perniciosas herejías que ahora están rampantes en la Iglesia.

viernes, 10 de febrero de 2023

INOCENCIO VIII Y LA LANZA SAGRADA

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
    
   
El 3 de Mayo de 1481 dejaba de vivir Mehmet II, y al día siguiente se abría la lucha por la sucesión entre Bayaceto y Cem. En ella destacó el primero, pero sin librarse del hermano rival. Este, en realidad, en 1482, derrotado mas no precisamente intencionado a rendirse a Bayaceto ni a abandonar su pretensión al trono, había llegado a reparar en Rodas, donde fue acogido por Pedro de Aubusson, Gran Maestro de la Orden de San Juan. Tal hospitalidad no fue para la orden realmente sin fruto: a fin de tener a su hermano rival lejos y por ende quedar bien firme en el trono, el sultán acordó con los caballeros el pago de un canon anual de 45.000 ducados. Cem pasó a Francia donde permaneció hasta 1489 cuando, el 6 de Marzo, desembarcó en Civitavecchia. Inocencio VIII de hecho desde 1485 puso en acción su diplomacia para acaparar el rico botín turco –ciertamente habían los ducados que el sultán soltaba, pero aún más estaba la posibilidad de usar al príncipe contra su hermano en el contexto de la defensa de la Cristiandad y de la Cruzada que el Pontífice andaba organizando (si bien el proyecto falló miserablemente por el no apoyo dado por los príncipes)– y al final, concediendo algún capelo cardenalicio y algunas franquicias a los Caballeros de Rodas y al Rey de Francia Carlos VIII, lo logró. Con gran desprecio de Ferrante de Nápoles….
  
El regio prisionero hizo su ingreso en una Roma emocionadísima por la llegada del Turco (del cual en cambio resaltó la impasibilidad) la tarde del 13 de Marzo, acogido por voluntad pontificia, con todos los honores de un soberano. Inocencio VIII lo recibió el 14 den consistorio público. Según el relato que ofrecen algunos testigos presenciales, Burcardo el primero de todos (Diarium I, 341), Cem saludó al Papa con una ligera inclinación teniendo la mano derecha bajo el mentón a la manera oriental, luego acercándose le besó el hombro derecho y por medio de un intérprete le expresó todo el placer que hallaba en “ver a Su Beatitud“. Finalmente saludó a los cardenales uno a uno, según su orden.
   
El príncipe vivió en el Vaticano por seis años, hasta cuando Alejandro VI, en el 1495, lo cedió (solo él sin embargo, ¡no la pensión a él ligada!) a Carlos VIII durante la invasión de estos en Italia.
  
Por su residencia elegantísima, representó por años un peligro para el hermano que reinaba en Constantinopla y no por casualidad Inocencio VIII agitó tal espantapájaros ante el sultán para detener el hambre de tierras cristianas. Nada menos, esperaba el pontífice Cybo, sacar provecho de su huésped/rehén también en el contexto de la anhelada Cruzada para vencer al Turco, del cual se acechaba la unidad del imperio, más allá de Constantinopla.
   
Así en el 1490 estuvo a punto de atacar a Bayaceto con tres ejércitos y con Cem, el cual que había prometido la cesión de Constantinopla y el retiro de las armadas del suelo europeo, si la muerte no hubiese cortado a Matías Corvino el 6 de Abril de aquel año, encendiendo la lucha dinástica por el trono de Hungría. Maximiliano de Habsburgo entró en Hungría reivindicando sus tierras hereditarias y mientras Inocencio VIII buscaba acomodar las disputas, Carlos VIII entró en fricción con Maximiliano. Si agregamos a estos contrastes nórdicos el agente doble de la Serenísima República Veneciana y la disputa entre las cortes romana y la de Nápoles, bien podemos decir que la situación de la Cristiandad no estaba bien puesta.
  
Además del miedo del trono acechado por el hermano por el sultán, tanto que no habiendo llegado a poner remedio con el veneno (el sicario, arrestado en Venecia en el 1489, fue ajusticiado en Roma al año siguiente), mandó, en Noviembre de 1490, una legación al Papa para que, a cambio de 45.000 ducados, mantuviese a su hermano en Roma. El Pontífice aceptó.
   
A algunos pareció estulticia la condescendencia del Papa, otros ponían en evidencia la avidez de dinero, pero en falta de celo cruzado en los príncipes cristianos, celosos más de las luchas intestinas, el acuerdo fue más sabio. Los ejércitos cristianos no lo bajaban del usurpado trono, pero entre tanto era temeroso tributario del Vicario de Cristo.
   
La liberación de Granada de los moros, obtenida por las armas de Fernando V de Aragón y por la firme resolución de la piadosa reina Isabel el 2 de Enero del 1492, cambió la política eclesiástica frente al Turco: de la tregua a la guerra. Mientras en Roma se festejaba con ceremonias religiosas, con espectáculos teatrales (los albores del teatro moderno propiciados por el cardenal Rafael Riario) y corridas de toros organizadas por el cardenal Rodrigo Borja (que en pocos meses devendría Alejandro VI), Ferrante de Nápoles mandaba a sus embajadores a Roma para negociar la paz y una eventual acción antiturca.
   
Consciente del peligro, Bayaceto envió a Roma otra embajada, con un preciosísimo obsequio: la Lanza con la cual San Longino traspasó el Costado de Cristo. La sacratísima Reliquia fue recibida en Ancona por Nicolás Cibo, arzobispo de Arlés y por Lucas Borsiano, obispo de Foliño. Custodiada dentro de un vaso de cristal adornado de oro fue llevada a Narni, y desde allí los cardenales Julián de la Rovere (futuro Julio II) y Jorge Costa la llevaron a Roma. Inocencio VIII, aunque enfermo, quiso recibirla personalmente a su llegada, en la Puerta del Pueblo, el 31 de Mayo luego la llevó solemnemente él mismo a San Pedro.
  
La Ciudad Santa se halló así posteriormente enriquecida por una de las reliquias más importantes de la Cristiandad, después que bajo Pío II, treinta años exactos antes, había recibido la cabeza de San Andrés.
  
La Lanza –más propiamente la parte metálica, que a diferencia de las otras “sagradas lanzas”, es ciertamente una punta de lanza del siglo I– fue inicialmente conservada en la capilla del apartamiento papal; con la dedicación después de la nueva Basílica Vaticana fue trasladada a una de las capillas que se hallan en las cuatro columnas de la cúpula, precisamente la señalada por la estatua berniniana de San Longino.
  
Aún hoy la Reliquia, junto al Velo de Veronica y al Lignum Crucis, es periódicamente presentada. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de la cabeza de San Andrés, la cual fue restituida al “Metropólita” cismático Constantino III Platis de Patrás el 26 de Septiembre de 1964, como consagración del iniciado camino ecuménico.
 
Referencias bibliográficas: Ludwing von Pastor, Historia de los Papas, Roma, 1932, Vol. III, págs. 249-271.

domingo, 15 de enero de 2023

DEL HALLAZGO DE LAS RELIQUIAS DE LOS SANTOS APÓSTOLES FELIPE Y SANTIAGO EL MENOR

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
  

Algunos documentos sobre el descubrimiento de las reliquias de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago ocurrido en Roma en la Basílica de los Santos Apóstoles en 1873.

DESCUBRIMIENTO DE LOS CUERPOS DE LOS
 SANTOS APÓSTOLES FELIPE Y SANTIAGO

1.º Carta del Rvmo. P. Fray Juan Antonio Bonelli de los Frailes Menores Conventuales, Párroco de la Basílica de los Santos XII Apóstoles, dirigida a varios periódicos católicos.
Sr. Director,
  
He aquí una noticia felicísima, la cual ciertamente alegrará grandemente al mundo cristiano. La Basílica de los Santos XII Apóstoles de Roma está dedicada en modo especial a los dos Apóstoles Felipe y Santiago el Menor, porque en ella reposan, tal vez desde el siglo V, sus sagrados Cuerpos, como se recita en el Breviario Romano. Pero no se sabía dónde estaban estos precisamente: incluso era tradición que fueron escondidos en forma que nadie los pudiese encontrar. Pero un manuscrito antiguo encontrado hace pocos meses en el Archivo de nuestro Convento indicaba que bajo el altar mayor existía el sepulcro de estos dos Santos Apóstoles. Ahora en la restauración general de la Basílica, debiendo ser puesto más elevado el altar mayor, se le ha debido remover pieza por pieza; y así sin tanto rumor, hacer la búsqueda de los sagrados Cuerpos. De hecho, removido enteramente el altar con sus largas gradas y predela, ayer en la mañana (15 del corriente) se demolió el fuerte y largo muro interior cuando hacia las 10 horas antemeridianas se descubrió precisamente en línea recta bajo la mesa y la predela, en la profundidad de la superficie del pavimento del presbiterio, dos grandes lápidas juntas conexas de bellísimo mármol frigio, con una cruz equilátera sobre ellas que las abraza hasta sus cuatro extremos, bellamente esculpida en relieve. Removida de ellas la que estaba bajo la predela, se encontró un vano rodeado de gruesos muros grises pero vacío. Removida después la piedra divisoria precisamente bajo la mesa del altar, apareció otro vano rodeado rodeado por todas partes de bellas piedras de mármol frigio y allí una caja de madera (haya) en gran parte fragmentada dentro de la cual se encerraban los huesos junto con las cenizas de los dos Santos Apóstoles Felipe y Santiago el menor. Pero al remover aquellos santos huesos, hacia las 4 horas posmeridianas, para reponerlos en una nueva caja, la Comisión de Arqueología Sacra se da cuenta que precisamente en medio del plano del nicho existe un foro circular el cual conduce a un segundo nicho circunstante revestido del mismo mármol frigio dentro del cual hay fragmentos de huesos, cenizas y esponjas impregnadas de sangre. Y esta segunda operación fue hecha esta mañana (16 corr.) por la misma Comisión de Arqueología Sacra. Hecho legalmente el registro de todas las cosas y suscrito por muchos presentes, las nuevas cápsulas fueron cerradas y selladas, algunas ayer por la tarde después del Ave María, otras hoy con grande piedad y conmoción de los presentes, fueron repuestas en la custodia de las sagradas reliquias de la Basílica. Entre la tarde y noche de ayer, inmediatamente el Rvmo. P. General y yo fuimos a dar la fausta noticia al Santo Padre, el cual al oír la detallada narrración, no hay palabras para decir cómo se alegró y bendijo al Señor. Y en su inagotable caridad y munificencia nos puso en mano (no solicitado) un tercer ofrecimiento de cien napoleones de oro [dos mil liras italianas, 15.000 reales de vellón españoles, N. del T.], diciendo graciosamente que era algo de encalado para reconstruir la sagrada urna a los Santos Apóstoles. Para colocar más dignamente las sagradas cenizas de estos dos glorioros Apóstoles ya se ha edificado un Sacro Hipogeo en cuya construcción se descubrieron los vestigios del pavimento, de las bases y de las construcciones de la antiquísima basílica primitiva, cuyos restos permanecerán siempre visibles. Pero la crudeza de los tiempos corrientes han obligado a los Padres Conventuales de los Santos XII Apóstoles, a quienes confiando solo en el Señor han emprendido tan gigantesca restauración, a aplazar más que seis meses a tal labor como si convendría a dar cumplimiento a este insigne monumento sagrado de la Roma cristiana, por deficiencia absoluta de medios pecuniaros. Sería por eso una obra no solo cristiana y piadosa, sino también provechosa para el arte, si algún alma gentil se moviese a concurrir con su liberalidad para proseguir la actual restauración en curso.
   
Roma, en el Convento de los Ss. XII Apóstoles, el 16 de Enero de 1873.
  
2.º Decreto del Emmo. Cardenal Constantino Patrizi-Naro, Vicario del Sumo Pontífice.
CONSTANTINO, por la divina misericordia Obsipo de Ostia y Velletri, de la S. R. I. Cardenal Patrizi, Decano del Sagrado Colegio, etc.

La Sacrosanta Basílica de los Santos XII Apóstoles, fundada en el medio de Roma, como se considera, desde el tiempo de Constantino el Grande; comenzada desde sus cimientos por Pelagio I en más amplia forma, y terminada por el Papa Juan III, y por él consagrada a Dios y en honor de sus doce Apóstoles, principalmente sin embargo, a Felipe y Santiago el Menor, el primer día de Mayo hacia el año del Señor 560; además de muchísimas insignes Reliquias de Santos, se gloriaba de poseer asimismo los sagrados cuerpos de los mencionados Apóstoles Felipe y Santiago el Menor puestos bajo el altar mayor. Y en verdad, cuantas veces esta basílica viniese restaurdada por muchos Sumos Pontífices después de los incendios, daños y ruinas acaecidos, y finalmente, bajo el Papa Clemente XI, y Benedicto XIII, el cual la consagró, reconstruida desde sus cimientos con arte y majestad del todo admirable por los Hermanos Menores Conventuales de San Francisco; permanecía aun así perenne y constante la tradición, confirmada por el consenso de los escritores, como también por una antigua inscripción en mármol existente hasta ahora en el pórtico de la misma Basílica, que los sagrados despojos de los Apóstoles Felipe y Santiago el Menor reposan bajo el altar mayor de la laudada Basílica.
  
En estos días pues, no sin consejo de la Divina Providencia, sucedió que en la restauración, la cual por obra y piedad de los mencionados Frailes Menores Conventuales se están haciendo en la Basílica, decorándola con nuevas pinturas y dorados tanto en las paredes como en la amplia bóveda, y de mármol por todo el pavimento, como también por un nuevo sagrado Hipogeo, a fin de conservar con mayor decoro las Reliquias de los Santos; salió a la luz aquel sagrado tesoro de los Cuerpos de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago el Menor.
  
Sucedió que el día 15 de Enero del año corriente, removido el altar mayor para reponerlo más alto y con mayor esplendor, roto el solidísimo muro, este fue descubierto directamente bajo la Mesa del Altar en el interior de los nichos, todo revestido de losas bellísimas de mármol frigio, obra de construcción datada del siglo VI, en el cual, según la tradición antigua y recibida, reposaban los sagrados restos de los dos Apóstoles.
  
Vino después ejecutada una larga y precisa inspección, como requería tal acontecimiento, por peritos en medicina, y al mismo tiempo examinadas por ellos las sagradas Reliquias, las cuales se consideraba perteneciesen a San Santiago el Menor, con la sagrada Cabeza del mismo Apóstol, que escustodiada y venerada en la iglesia Catedral de Ancona: como ahora, hecho muchas veces en nuestra presencia serio y maduro examen por aquellos que son miembros de la Comisión de Arqueología Sacra, presentes los señores Cardinales de la S. R. I. Antonio Maria Panebianco, sacerdote del título de la Basílica, y Antonino Deluca Protector de la Orden de los Menores Conventuales;  y oído nuestro Promotor fiscal; nada de más dichoso podía sucedernos como pronunciar y declarar, tanto para gloria de Dios Omnipotente, y para veneración de sus Santos, con nuestra autoridad ordinaria pronunciamos y declaramos:
  
Consta en verdad que los Cuerpos descubiertos bajo el Altar Mayor de la Basílica de los Santos Doce Apóstoles de Roma; y estos, bajo la constante tradición, deben considerarse como los Cuerpos de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago el Menor, Primo hermano del Señor: y como tal deben venerarse por todos los fieles, como es justo.

Queremos por otra parte que estas preciosas prendas de la Iglesia Católica sean guardadas dentro de una urna de mármol y dispuestos en el Hipogeo recientemente construido directamente bajo el dicho Altar Mayor, en presencia de nuestro Promotor fiscal y Notario actuario, para el culto y veneración siempre mayor de los fieles.
 
Queremos asimismo que hecho un ejemplar en pergamino de este decreto, con la firma del Notario, en cuyas actas es conservado el proceso de reconocimiento de los sagrados cuerpos de Felipe y Santiago el Menor, sea colocado en la mencionada urna marmórea.
  
Así pronuniciamos y mandamos no solo en esto, sino también en cualquie otro modo mejor. En fe de esto, etc.
  
Dado en nuestra Residencia el día 19 de Abril del año del Señor 1873. Indicción Romana I, y año XXVII del Pontificado del Santísimo Padre y Señor Nuestro en Cristo PÍO, por la Divina Providencia Papa IX.
  
3.º Listado de las reliquias y de los objetos hallados en el nicho bajo el Altar mayor de la basílica de los Santos XII Apóstoles, en la cual se guardaban los cuerpos de los dos Apóstoles.

I. En dos grandes vasos de cristal están las cenizas y huesos en fragmentos de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago el Menor.
II. En un vaso de cristal está una escápula, un fémur, diversas piezas de cráneo, costillas, y otros huesos más insignes y enteros del mismo San Felipe Apóstol.
III. En otro vaso de cristal hay un velo con muchos fragmentos de hueso, hallado separadamente de los sagrados cuerpos bajo la losa que cubría el nicho inferior.
IV. En otro vaso están los fragmentos de la urna de madera, al cual están adheridas muchas sagradas cenizas, pertenecientes a los sagrados cuerpos.
V. Bajo una campana oval de cristal hay cuatro dientes molares de San Felipe, y uno de San Santiago el menor.
VI. Bajo otra campana circular de cristal hay una fibia, o hebilla de hierro, hallada entre las santas Reliquias, ahderida a un jirón de vestido, reconocido por los arqueólogos ser obra de los tiempos apostólicos. Todos estos objetos están encerrados dentro de una urna toda hecha de finísimos cristales.
VII. En un Tabernáculo de cristal está el Colobio (camisa sin mangas) color púrpura, con la sangre y fragmentos de hueso de los Santos Apóstoles, hallados en una bolsa de plata, obra del siglo VI.
VIII. In un Tabernacolo di cristallo vi sono delle vestimenta , ritrovate frammezzo le sacre ceneri.
IX. Bajo una campana rotonda de cristal hay un vasito de plata (Balsamario) obra del siglo VI, con bálsamo de nardo molido de fuerte fragancia, la cual se siente exhalar también por las santas Reliquias. Hay asimismo diez monedas de aleación metálica, pertenecientes a los siglos XIII y XIV. Todo hallado entre las sagradas reliquias.
X. Dentro de una urneta cuadrangular de metal dorado y finos cristales, está la bolsa de plata en que fue hallado el referido Colobio.
XI. Bajo una campana oval de cristal está el pie derecho de San Felipe Apóstol, conservado intacto con todos los tendones, los nervios y los cartílagos, y la piel, del cual habla Nicolás Signorili, diciendo que fue lavado y besado en la Última Cena por Jesucristo el Redentor.
XII. Bajo otra campana circular de cristal está el fémur de San Santiago el Menor, Apóstol.
XIII. En una urna de madera con cristal están las dos tablas de la tapa de la urna en que fueron encontrados los sagrados restos de los dos Santos Apóstoles.

viernes, 11 de noviembre de 2022

RELIQUIA TRASLADADA A CATEDRAL ANGLICANA


La catedral anglicana de Santa María y San Chad en Lichfield (Inglaterra) recibió después de 500 años las reliquias del obispo San Chad, instalándolas en un santuario construido en el lugar original el pasado 8 de Noviembre. Ahora bien, la reliquia es propiedad de la Archidiócesis católica de Birmingham (cuyo titular de la catedral es), que la prestó para el fin anterior especificado.
  
La ceremonia de traslación comenzó desde el pozo de la parroquia de San Chad con una procesión hacia la catedral anglicana de Lichfield, donde la reliquia fue puesta en un santuario reconstruido para el efecto frente a la capilla de Nuestra Señora en la catedral anglicana. El santuario fue obsequiado por los fieles de su contraparte católica en Birmingham.
  
   
El arzobispo católico de Birmingham Bernard Longley, y el obispo anglicano de Lichfield Michael Ipgrave presidieron las Vísperas con ceremonia de instalación de las reliquias en el nuevo santuario, y dieron un discurso elogiando a San Chad por su rol de unificación durante las guerras en la Inglaterra anglosajona, y destacando que esta traslación era un paso en el ecumenismo. Por su parte, el presidente de la Sociedad de la Misa Latina de Inglaterra y Gales, Joseph Shaw, criticó que la archidiócesis decidiese colocar la reliquia (que sobrevivió a la Disolución de los Monasterios ordenada por Enrique VIII) en una iglesia protestante:
«La archidiócesis de Birmingham tiene una rigurosa obligación para con los objetos santos confiados a su cuidado.
   
Las reliquias de San Chad fueron salvadas de la destrucción en el tiempo de la Refoma por los fieles católicos a costa de sus vidas.
  
Parece extraño que una porción de estas deba ser prestada a una institución que oficialmente rechaza su veneración, y muchos de cuyos miembros las rechazan como prendas de la superstición papista».
  
San Chad (fiesta litúrgica: 2 de Marzo) había sido obispo de Northumbria (actual archidiócesis de York) y abad de Lastingham en la Inglaterra anglosajona, y cuando fue nombrado obispo del reino de Mercia (hoy diócesis de Lichfield) en el año 669, estableció la sede en Lichfield, donde murió tres años después víctima de la plaga. Sus reliquias ubicadas en la catedral de Lichfield atraían peregrinaciones en la Edad Media, hasta que al erigirse el anglicanismo por Enrique VIII y ser saqueada la catedral, una parte de ellas fue rescatada por el canónigo Arthur Dudley, quien la confió a dos fieles para salvarlas de la destrucción total. El 21 de Junio 1841, fueron puestas en la recién dedicada catedral católica de Birmingham, en un relicario neogótico hecho por el arquitecto Augustus Pugin, después de ser redescubiertas por el padre Benjamin Hulme dos años antes y ratificado el hallazgo por el Papa Gregorio XVI.
  
San Chad de Mercia

sábado, 7 de mayo de 2022

TRASLACIÓN DE SAN JUAN DE MATA

Urna de San Juan de Mata
   
San Juan de Mata, fundador de la Orden de la Santísima Trinidad para la redención de los cautivos cristianos, murió en el convento de Santo Tomás in Formis (en el Acueducto), Roma, el 17 de diciembre de 1213. Fue enterrado en un sepulcro de mármol en la iglesia conventual, en el que grabaron este texto (Fuente: Vida de San Juan de Mata, por el Padre fray Calixto de la Providencia O.Ss.T., París, 1867; Imprimátur por Mons. Félix Dupanloup, Obispo de Orléans):
«Anno Domínicæ incarnatiónis MCXCVIII, Pontificátus vero Dómini Innocéntii Papæ tértio anno primo, XVI kaléndas Januárii, institútus est, nutu Dei, ordo Sanctæ Trinitátis et Captivórum a Fratre Joánne, sub própria Régula, sibi ab apostólica sede concéssa. Sepúltus est idem Frater Joánnes, in hoc loco, anno Domínicæ Incarnatiónis MCCXIII, decémbris XXI» [En el año de la Encarnación del Señor, 1198, en el pontificado del señor Papa Inocencio III, en el primer año, a 16 de las calendas de Enero (17 de Diciembre), por señal de Dios fue instituida la Orden de la Santa Trinidad y de los Cautivos por el hermano Juan, bajo propia Regla, concedida a él por la Sede Apostólica. Fue sepultado el mismo hermano Juan en este lugar, el año del Señor 1213, el mes de diciembre, el día 21].
Más de 150 años veneraron los religiosos las reliquias de su amado fundador. En 1378 comenzó el cisma de Occidente, y la Iglesia quedó escindida en dos facciones u obediencias; una a Urbano VI, reclamante italiano y otra a Clemente VII, reclamante francés. El General de los Trinitarios y los religiosos franceses (conocidos como mathurins por la iglesia de San Maturino en París, donde tuvieron su sede) se pusieron de parte de su compatriota, lo que provocó que en 1379 Urbano VI echara a los religiosos trinitarios de Roma, y les expropiara su querida casa de Santo Tomás in Formis. El convento pasó a manos del Capítulo Canonical de la basílica de San Pedro del Vaticano, y allí quedaron las santas reliquias. En 1417, llegado el fin del cisma con la elección de Martín V, el convento no regresó a sus dueños, sino que siguió siendo propiedad de San Pedro. En el siglo XVI el convento e iglesia amenazaban ruina, por lo que el General de la Orden pidió a San Pio V les devolviese el convento, para restaurarlo y dar debido culto a su Fundador. Pío V mandó al Capítulo de San Pedro que devolviera el convento a sus dueños so pena de excomunión, y así se habría hecho si el santo papa no hubiera fallecido el 1 de mayo de 1572. Los capitulares anularon dicho mandato, impidiendo que los trinitarios volvieran a Santo Tomás in Formis (apenas en 1925 devolvieron la iglesia y parte del convento).

El malestar por el abandono del sepulcro del santo (abandono en parte culpa de sus mismos discípulos, por el adagio «Hic est Ordo approbátus non a sanctis fabricátus sed a summo solo Deo», Esta Orden aprobada no fue hecha por Santos sino solo por Dios Altísimo, que se rastrea a un anónimo poeta francés del siglo XIII) fue colmando la paciencia de los religiosos trinitarios. En 1598 el beato Juan Bautista de la Concepción escribirá: «sienten sus religiosos tan gran amor hacia el Fundador que, si pudieran ir millares de leguas por buscar sus santas reliquias fueran». En el siglo XVII se comenzó a promover la canonización equivalente de Juan de Mata. Para estas fechas tres comunidades trinitarias están establecidas en Roma: San Carlino “alle Quattro Fontane”, con trinitarios descalzos, en Santa Francisca Romana los calzados y los trinitarios reformados franceses, establecidos en San Dionisio “alle Quattro Fontane”. Vamos, que por convento no era. Su interés estaba ceñido al cuerpo del santo, abandonado en el casi derruido convento. Hartos de aquello, el 18 de marzo de 1655 los trinitarios calzados Gonzalo de Medina (de la provincia de Castilla) y José Vidal (de la provincia de Aragón) van a Santo Tomás in Formis, rompen una ventana de la iglesia, abren la sepultura y toman los huesos de San Juan de Mata. En su lugar dejaron un papel que decía que robaban las reliquias movidos por el celo por la Orden, y el dolor que les provocaba el ver los huesos del santo en una iglesia que no era la apropiada, estando medio derruida. Guardaron las reliquias en un arca forrada de brocado y la sellaron.
   
En el convento de los calzados recibió el santo la primera y furtiva veneración de sus hijos. Luego las llevaron secretamente al hospital de Santiago de los Españoles, en Roma, y desde allí llevadas en secreto a Madrid. En España y con la protección real estarían a salvo de las iras de los capitulares de San Pedro. En Madrid el Nuncio Camilo de Maximis, las reconoció oficialmente, selló el arca y depositó piadosamente las reliquias en la capilla de la Nunciatura. En 1686 los frailes descalzos reclamaron las reliquias para sí, para darles la debida veneración pública, aunque antes pidieron y obtuvieron la certificación de autenticidad de las mismas por Inocencio XIII, el 16 de septiembre de 1721. Entonces las reliquias se dividieron entre los calzados y los descalzos, y algunas porciones se llevaron a Roma (a San Pedro y a Santo Tomás in Formis), a Tolosa y Portugal.
   
En 1722 los trinitarios descalzos depositaron las reliquias en una bella urna barroca de plata y pedrería y el 7 de mayo del mismo año la trasladaron solemnemente a la iglesia madrileña de la Santísima Trinidad. Fue una traslación rodeada de fastos, novena y predicación. Dicha iglesia es la actual “Jesús Cautivo Rescatado de Medinaceli”. Los calzados hicieron lo propio el cuarto Domingo de Pascua del mismo año (10 de mayo), trasladando con solemnidad sus propias reliquias a su iglesia de La Trinidad en la calle de Atocha. En 1835, con la exclaustración de los religiosos por órdenes del ministro de hacienda y masón Juan de Dios Álvarez Méndez/Mendizábal, ambos relicarios pasaron a las Madres Trinitarias de la calle Lope de Vega, no sin antes ser resguardadas en el palacio de la Nunciatura. Y allí quedaron. En el período de la república española, ante el clima persecutorio, las monjas escondieron las reliquias en la casa de D. José Navarro y Reverter Gomis (subsecretario del Ministerio de Hacienda y subgobernador del Banco Hipotecario, luego presidente de la Compañía Telefónica) en la calle Fuencarral 50, de donde fueron robados durante la batalla de Madrid. Y se creían perdidas cuando luego de la contienda, aparecieron en el sótano de la antigua catedral de Madrid, San Isidro. Las monjas reclamaron las reliquias del santo, y con ellas estuvieron hasta el 8 de octubre de 1966, cuando los frailes trinitarios de Salamanca las reclamaron y las obtuvieron, dejando antes algunas porciones a las trinitarias y enviando un omóplato a los trinitarios de Roma. Actualmente se pueden venerar en dicha parroquia de San Juan de Mata de Salamanca, en la misma urna construida en el siglo XVIII para la traslación del 7 de mayo de 1722, acontecimiento que aún celebra la Orden a día de hoy.
   
El sarcófago, por su parte, fue regalado por el Papa Benedicto XIV el 3 de febrero de 1749 a los trinitarios descalzos a petición de su ministro general Fray Miguel de San José (en el siglo Miguel Jerónimo Vallejo de Berlanga), y trasladado a su iglesia central, donde permaneció hasta su demolición en la Guerra del Francés. A fines del siglo XIX, reapareció en las obras de demolición del horno del palacio ducal de Medinaceli, con otra inscripción que decía
«Nuestro Santísimo Papa Benedicto XIV dio este sepulcro de San Juan de Mata para esta Iglesia a Nuestro Reverendo Padre General Fray Miguel de San José, hoy Obispo de Guadix el año de 1749, y la Excelentísima Señora Doña Teresa Moncada y Benavides, Duquesa de Medina Cœli y Marquesa de Aytona y nuestra patrona, le colocó con este adorno en 7 de Febrero de 175[0?]».
En enero de 1891, la duquesa viuda Casilda Remigia de Salabert y Arteaga, regente de la Casa de Medinaceli por la minoría de edad de su hijo Luis Jesús Fernández de Córdoba y Salabert, a petición del presidente del Consejo de Ministros Antonio Cánovas del Castillo, cedió el sepulcro a la Real Academia de la Historia (que dos años después lo cederá a la exposición Histórico-Europea organizada por el Museo Arqueológico Nacional y promovida por Juan Navarro Reverter –abuelo de José–). Actualmente, el sarcófago está en los fondos del Museo Arqueológico Nacional.