Vexílla Regis

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MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 24 de octubre de 2021

ORACIÓN POR LAS MISIONES CATÓLICAS

Misión de los Apóstoles o Propagación del Cristianismo (Tommaso Minardi y Luigi Fontana. Roma, Palacio del Quirinal).
   
Amabilísimo Señor nuestro Jesucristo, que habéis redimido al mundo con el precio de vuestra preciosísima Sangre, volved misericordioso la mirada sobre la pobre humanidad, que en tan grande parte yace todavía inmersa en las tinieblas del error y en la sombra de la muerte, y haced que sobre ella resplandezca toda entera la luz de la verdad. Multiplicad, oh Señor, los apóstoles de vuestro Evangelio, enfervorizad, fecundad y bendecid con vuestra gracia su celo y sus fatigas, a fin que por su medio los infieles os conozcan y se conviertan a Vos, su Creador y Redentor. Llamad a los errantes a vuestro rebaño, y a los rebeldes al seno de vuestra única y verdadera Iglesia. Apresurad, oh amabilísimo Salvador, el esperado advenimiento de vuestro reino sobre la tierra, atraed a vuestro dulcísimo Corazón a todos los hombres, a fin que todos puedan participar de los incomparables beneficios de vuestra Redención en la eterna felicidad del paraíso. Amén. (500 días de Indulgencia. Indulgencia Plenaria al mes, con las condiciones de rigor, si se reza por un mes – Sagrada Penitenciaría Apostólica, Decretos del 18 de Mayo de 1926 y 9 de Julio de 1931).

sábado, 23 de octubre de 2021

DISCURSO DE SAN ANTONIO MARÍA CLARET EN EL CONCILIO VATICANO


En el Concilio Vaticano I hizo presencia San Antonio María Claret y Clarà, fundador de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, quien dio este discurso durante la congregación general XLII, que tuvo lugar el 31 de Mayo de 1870, tres meses y tres semanas antes de la toma de Roma por las tropas del masón Giuseppe Garibaldi, y cuatro meses y tres semanas antes de morir nuestro santo el 24 de Octubre de ese año.
   
San Antonio María Claret dio este discurso sumamente enfermo, fruto de tantas correrías apostólicas en Cuba y de las persecuciones de sus enemigos en la isla, en Madrid (donde había sido confesor de la usurpadora Isabel “II”) y aún en el mismo exilio, pero con vehemencia de confesor de la Fe y defendiendo la infalibilidad pontificia ex cáthedra propuesto en el schema “De Ecclésia” frente a los ataques de los obispos liberales y galicanistas (la casi totalidad de los obispos alemanes, austrohúngaros y parte de los de Francia, 55 de los cuales abandonaron las sesiones antes de la votación el 18 de Julio, en un intento vano de conciliar la obediencia con su propia opinión, por lo que la constitución “Pastor Ætérnus” fue aprobada con 433 votos a favor y solo dos votos en contra –el hibernoestadounidense Edward Mary Fitzgerald Pratt y el italiano Luigi Riccio, que después de proclamado el dogma se sometieron a él–).
  
LATÍN
Eminentíssimi prǽsides, eminentíssimi et reverendíssimi patres.
    
Ómnia tempus habent, tempus est tacéndi et tempus loquéndi. Úsque modo, eminentíssimi ac reverendíssimi patres, tácui in hoc sacro concílio; sed cum audívi quǽdam verba mihi valde displicéntia, cogitávi in corde meo quod in consciéntia téneor lóqui, timens illud Isaíæ prophétæ: «Væ mihi quia tácui» (cap. VI, 5), et sic lóquar de summi Románi pontíficis infallibilitáte, sicut légitur in schémate. Et lectis sacris Scriptúris per expositóres cathólicos explicátis, consideráta traditióne númquam interrúpta, post profúndam meditatiónem verbórum sanctum patrum, sacrórum conciliórum ratiónumque theologórum, quas brevitátis grátia non réferam, quia per álios oratóres narrátæ sunt, dico súmmaque convictióne ductus asséro, summum pontíficem esse infallíbilem in eo sensu et modo quo tenétur in Ecclésia cathólica apostólica Romána, juxta explicatiónem datam in hac sacra áula. Hæc est fides mea, hæc veheménter desídero, ut sit fides ómnium.
   
Non timéntur hómines prudéntia hujus mundi suffúlti, prudéntia revéra inimíca Dei. Hæc est prudéntia, qua sátanas transfigurátur in ángelum lucis: hæc prudéntia nocíva est auctoritáti sanctæ Románæ ecclésiæ; hæc prudéntia tandem est auxiliátrix supérbiæ eórum, quae, ut sit prophéta, semper ascéndit.
     
Non dúbito, eminentíssimi ac reverendíssimi patres, quod hæc declarátio de infallibilitáte summi Románi pontíficis erit ventilábrum, quo Dóminus noster Jesus Christus purgábit áream suam, et congregábit tríticum in hórreum, páleas autem combúret ingi inextinguíbili. Hæc declarátio divídet lucem a tenébris. Útinam in confessióne hujus veritátis meum sánguinem effúndere possem et sustínere mortem! útinam consummáre váleam sacrifícium, anno 1856 inchoátum, descendéndo ex ambóne post praedicatiónem de fide et mori! Ego stígmata Jesu in córpore meo porto, in maxílla, et bráchio dextro. Útinam consummáre possem cursum meum confiténdo ex abundántia cordis hanc veritátem: Credo Románum pontíficem esse infallíbilem. Hæc est fides mea. Veheménter cúpio, eminentíssimi et reverendíssimi patres, ut omnes cognoscámus et confiteámur hanc veritátem.
   
In vitæ sanctæ Therésiæ légitur quod Dóminus Jesus appáruit ei, et dixit: «Omne malum hujus mundi provénit, quia hómines non intélligunt sacras Scriptúras». Re quídem vera si hómines intelligérent sacras Scriptúras. clare et apérte vidérent hanc veritátem de summi pontíficis infallibilitáte: quæ quídem véritas in Evangélio continétur. Sed quáre non intélligunt sacras Scriptúras? Tres sunt causæ: 1.ª quia hómines non habent amórem Dei, ut dixit idem Jesus sanctæ Therésiæ; 2.ª quia non habent humilitátem, ut légitur in Evangélio: «Confíteor tibi, Pater, Dómine cœli et terræ, quia abscondísti hæc a sapiéntibus et prudéntibus, et revelásti ea párvulis» (Matth. XI, 25); 3.ª tandem quia sunt nonnúli, qui nolunt intellígere, ut bene agant. Dicámus ígitur cum prophéta David: «Deus misereátur nostri, et benedícat nobis; illúminet vultum suum super nos, et misereátur nostri» (Ps. LXVI, 1). Dixi.
       
TRADUCCIÓN
Eminentísimo presidente, eminentísimos y reverendísimos padres.
   
Todo tiene su tiempo, hay tiempo para callar y tiempo para hablar. Hasta ahora, eminentísimos y reverendísimos padres, he guardado silencio en este concilio pero, en cuanto escuché unas palabras que han causado mucho disgusto en mi conciencia, pensé en conciencia que estaba obligado a hablar, temiendo ese dicho del profeta Isaías: «Ay de mí porque estuve en silencio» (cap. VI, 5), y así hablaré de la infalibilidad del Sumo Pontífice, como leemos en el esquema. De las Sagradas Escrituras interpretadas por los expositores católicos, teniendo en cuenta la tradición ininterrumpida, después de una profunda meditación sobre las palabras de los Santos Padres, los Santos Concilios y las razones de los teólogos (que por gracia de la brevedad no referiré, porque otros oradores los nombraron), digo, y guiado por la total convicción, afirmo que el Sumo Pontífice es infalible, en el sentido y en la forma en que lo sostiene la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, según las explicaciones dadas en esta sagrada aula. Esta es mi fe, y deseo vehementemente que sea la fe de todos.
    
Los hombres dominados por una prudencia enteramente humana no son de temer: esta prudencia es enemiga de Dios. Esta es la prudencia, mediante la cual satanás se transfigura en ángel de luz, esta prudencia es perjudicial para la autoridad de la Santa Sede, esta prudencia ayuda al orgullo de estos hombres, un orgullo que, como dice el profeta, siempre se eleva.
    
No dudo, eminentísimos y reverendísimos Padres, que esta declaración sobre la infalibilidad del Romano Pontífice será el ventilabro con el que Nuestro Señor Jesucristo purificará su era, poniendo el trigo en el granero, y la paja la quemará con un fuego inextinguible. Esta declaración dividirá la luz de las tinieblas. ¡Oh, si pudiera derramar mi sangre como testigo de esta verdad y sufrir la muerte por ello! ¡Si pudiera completar mi sacrificio, que comenzó en 1856, descendiendo del ambón después de predicar la fe, y morir. Llevo las señales de Jesús impresas en mi cuerpo, en la mandíbula y brazo derecho [1]. Podría terminar mi carrera proclamando esta verdad con mucho corazón: creo que el Romano Pontífice es infalible. Esta es mi fe, y deseo vehementemente, eminentísimos y reverendísimos Padres, que todos conozcamos y confesemos esta verdad.
    
En la vida de Santa Teresa de Ávila leemos que el Señor se le apareció y le dijo: «Todo mal en el mundo proviene del hecho de que los hombres no comprenden las Sagradas Escrituras». Si los hombres entendieran las Sagradas Escrituras, verían clara y abiertamente la verdad de la infalibilidad pontificia, tal como esta Verdad está contenida en el Evangelio. ¿Pero por qué no entienden las Escrituras? Hay tres causas: 1.º Porque los hombres no tienen el amor de Dios, como dijo Jesús a Santa Teresa; 2.º porque no tienen humildad, como se lee en el Evangelio: «Te alabo, Padre, Creador del Cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas a los sabios y prudentes, y las revelaste a los pequeños» (San Mateo XI, 25). 3.º Porque algunos no quieren entender, para evitar hacer el bien. Digamos con el profeta David: «Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga; haga resplandecer sobre nosotros la luz de su rostro, y nos mire compasivo» (Salmo XLVI, 1). He concluido.
   
Giovanni Domenico Mansi, Sacrórum Conciliórum Nova Amplíssima Colléctio (Louis Petit AA & Jean-Baptist Martin, eds.), tomo LII, parte 2.ª. Arnhem y Leipzig 1927, cols. 364-365. Traducción nuestra.
   
NOTA ÚNICA
[1] Se refiere al atentado que sufrió a manos del zapatero Antonio Abad Torres en Holguín (Cuba) el 1 de Febrero de 1856 saliendo de Misa durante la Misión. Abad, nacido en Santa Cruz de Tenerife, acuchilló a San Antonio María porque este se oponía al concubinato tan común en Cuba y propiciado por las autoridades seglares de la época.

DEL SUICIDIO Y MUTILACIÓN PROPIA


P. ¿De cuántas maneras puede ser el suicidio, o propia mutilación? R. Que de dos; es a saber: directa, e indirecta. Será directa, cuando se intenta directamente y de propósito, e indirecta, cuando se permite o intenta ratione alterius; a la manera que la occisión y mutilación del prójimo puede ser directa, o indirecta según ya dijimos.
   
P. ¿Es lícito en algún caso quitarse uno a sí mismo la vida? R. Que es de fe, que no es en caso alguno lícito el suicidio directo; pues sólo Dios es dueño de la vida y muerte de los hombres. Véase S. Tom. 2. 2. q. 64. a. 5. Los que deliberadamente se quitan a sí mismos la vida son privados de sepultura eclesiástica: cap. final, de sepult. En caso de duda, de si estaban o no en su juicio, pueden ser enterrados en la Iglesia, aunque con menor pompa, para que sirva a los demás de terror. El que intenta quitarse la vida, es declarado infame por el derecho civil. El suicidio no sólo es pecado contra caridad, sino también contra justicia, así respecto de Dios por privar de la vida al que es su siervo, como respecto de la república, por privarla de una de sus partes.
   
P. ¿Por autoridad o mandato de Dios puede uno quitarse a sí mismo la vida lícitamente? R. Que sí; porque Dios es dueño de la vida de los hombres, y así puede disponer de ellas como le placiere. De esta manera se quitó a sí mismo, y a otros Sansón la vida; Abraham quiso y aun dio principio al sacrificio de la persona de su hijo. Es pues lícito, interviniendo orden de Dios o cierta inspiración suya, quitarse uno a sí mismo la vida, así como lo sería quitársela a otros. Mas no puede el juez humano mandar al reo se quite la vida a sí propio; porque aunque pueda sentenciarlo a morir por sus delitos, no a que se dé a sí mismo la muerte.
   
P. ¿Es lícito dejarse uno morder de una víbora o tomar veneno para experimentar la eficacia de la triaca? R. Que no, porque sería exponerse a un evidente peligro de muerte. Y así estas experiencias sólo se pueden hacer en los brutos, no en hombres racionales. Lo mismo decimos acerca del uso de otros juegos, en los que haya peligro de muerte, como puede haberlo en el ejercicio de andar y voltear por la soga o cordel pendiente el cuerpo de la maroma con vueltas y revueltas peligrosas, para hacer alarde de la agilidad y destreza. Semejantes juegos en que peligra la vida de los que los ejecutan deben ser reprobados y prohibidos por los Magistrados.
   
P. ¿Es lícita la mutilación de los miembros? R. Que el mismo precepto que nos prohibe el homicidio, nos prohibe también la mutilación de los miembros del cuerpo humano, por ser ella un homicidio parcial; y porque así como el hombre no es dueño de su propia vida; tampoco lo es de sus miembros. Y así no es lícito cortar los miembros propiois ni ajenos directamente, y sólo será lícita su amputación como diremos después. S. Tom. 2. 2. q. 65. ar. 1. 
   
Arg. contra esto. El cap. 5 de S. Mateo nos previene, que si el ojo derecho, o la mano diestra nos sirve de escándalo, nos la cortemos ésta, y nos saquemos aquél, luego es lícita la mutilación en algún caso. R. Que este lugar de S. Mateo debe entenderse en sentido espiritual y en cuanto debemos remover de nosotros los impedimentos que nos estorben servir a Dios. Y así es reprobado el atentado de Orígenes, que entendiendo dicho texto materialmente, se castró a sí mismo para asegurar su castidad.
   
Es, pues, del todo ilícito cortar el miembro sano para conservar la castidad, ni por cualquier otro motivo de virtud. Y sólo será lícito cortar el que estuviere podrido y amenazare con su corrupción a todo el cuerpo; porque siendo cada uno de los miembros de este por el todo, primero debe atenderse a la conservación del todo que a la de la parte. De aquí se sigue que sólo podrá concurrir a su mutilación el propio sujeto, o el que tiene a su cargo su cuidado, mas no otro alguno, repugnándolo el paciente. Síguese también que nadie puede permitir la mutilación de un miembro sano por motivo alguno de emolumento temporal; y así pecan gravemente los que permiten ser castrados para conservar la suavidad de la voz; como también los padres que por este motivo castran a sus hijos.
   
P. ¿Es lícito cortarse algún miembro el que de otra manera no puede salvar la vida, aunque sea el miembro sano? R. Que si el peligro de morir nace de alguna causa natural, todos convienen en que es lícito; porque pars est propter totum. Y así, si uno atada la mano o pie a una estaca, fuese acometido de una fiera, de un incendio u otro peligro cierto de muerte, podría cortarse la mano o pie para librarse del peligro y salvar la vida. Lo mismo decimos aunque amenace el riesgo ab extrínseco absolutamente; como si un tirano amenazase quitar a uno la vida, si no se cortaba a sí mismo la lengua; pues por conservar su vida podría cortársela, por ser custodio de su cuerpo, y como tal poder hace cuanto sea necesario para su conservación. Por esta causa es lícito exponer el brazo o la mano al golpe, para impedir que éste dé en la cabeza. El que se ve en peligro cierto de ser quemado en una torre podría arrojarse de ella, aunque temiese quebrarse algún brazo o pierna, y aun para no morir con muerte tan penosa.
   
P. ¿Está uno obligado a dejarse cortar el miembro inficionado, a lo menos mandándoselo el superior? R. Que si la abscisión puede ejecutarse sin gravísimos dolores del paciente, estará éste obligado a dejársela hacer; porque cada uno está obligado a conservar su vida, pudiendo hacerlo sin notable detrimento, aunque sea con alguno. Mas no estaría obligado a dejarse hacer la operación si se hubiese de ejecutar con dolores gravísimos y atroces; porque no es tanto dolóre digna salus. Ni el súbdito estaría obligado a obedecer en esto a su superior, por ser un acto heroico, y muy heroico que no está sujeto a la obediencia. Exceptúase, cuando la vida del súbdito fuese muy útil al bien común, en cuyo caso podría el superior mandarlo y el súbdito estaría obligado a obedecer, porque por el bien común, todos tenemos obligación de exponernos, si fuere necesario, al peligro de muerte, y por consiguiente a sufrir cualquier dolor, aunque sea atroz y muy grave.
  
FRAY MARCOS DE SANTA TERESA OCD. Compendio Moral Salmaticense, tomo I, tratado vigésimo tercero, cap. único, punto 3º. Pamplona, Imprenta de José Rada, 1805, págs. 422-425.

ENCUESTA RECIENTE REVELA QUE MÁS JÓVENES CONCILIARES SE HACEN TATUAJES Y PIERCINGS QUE LOS PAGANOS

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
    

Una encuesta reciente revela que más y más jóvenes conciliares están imitando a sus contrapartes paganas desacrando sus cuerpos con tatuajes y piercings.
Tal desecración del “templo de Dios” es un pecado contra el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios, y si la imagen es de una figura religiosa, la desecración es también un pecado de blasfemia contra el Segundo Mandamiento de la Ley de Dios.
¿Nuestro Señor habría tenido un tatuaje? ¿Lo tendría la Virgen? Por supuesto que no.
   
Una reciente encuesta de Ipsos indica que más jóvenes conciliares están imitando a sus contrapartes paganas desacrando sus cuerpos con tatuajes y piercings en números siempre crecientes, un incremento de 21 por 100 entre 2012 y 2019. El 40 por 100 de las personas entre 18-34 años (“Millenials” y “Generación Z”) tienen al menos un tatuaje. Lo que hes más aborrecible es que un número creciente de estos jóvenes conciliares se identifican como conciliares “conservadores”, algunos de los cuales probablemente devotos de la seminovusordiana Misa Latina “Extraordinaria” deuterovaticana de 1962. 
  
En la Sagrada Escritura, el tatuaje es considerado una práctica pagana: «No sajaréis vuestra carne por la muerte de nadie, ni haréis figuras algunas o marcas sobre vosotros. Yo el Señor» (Levítico 19, 28/Versión de Mons. Félix Torres Amat). Esto es considerado ser una mutilación del cuerpo en contravención del Quinto Mandamiento de la Ley de Dios. ¿Nuestro Señor habría tenido un tatuaje? ¿Lo tendría la Virgen? Por supuesto que no. 
  
El Quinto Mandamiento de la Ley de Dios prohíbe también dañar innecesariamente el cuerpo, “templo del Espíritu Santo”, como lo llama San Pablo. La teología moral Católica enseña que por el Principio de Totalidad, no se permite que una persona mutile su propio cuerpo salvo que sea para beneficio de todo el cuerpo. La mutilación puede ser justificada solo en un caso donde sean necesario o útil para obtener algún beneficio físico (como la amputación de una extremidad enferma para prevenir la gangrena).
   
El Quinto Mandamiento de la Ley de Dios prohíbe también tomar riesgos médicos innecesarios, lo cual es pecaminoso. La tinta de los tatuajes contiene elementos cancerígenos como el plomo y el mercurio. Tatuarse transmite el VIH y el virus de la hepatitis C. Estos viruses pueden hacer erupción violentamente, o pueden hallarse durmientes en el cuerpo por veinte o más años después de hacerse el tatuaje. La hepatitis puede destruir el hígado y así debilitar el cuerpo hasta morir agónicamente. Tan peligrosa es esta práctica que los individuos tatuados no pueden donar sangre para no transmitir los virus a otros. Se han reportado cánceres de piel, incluidos los frecuentemente letales melanomas, en los sitios de tatuaje. Se ha encontrado tintas de tatuaje contaminadas con bacterias que pueden causar lesiones graves y un riesgo incrementado de infección porque la barrera de piel es rota durante el procedimiento. Algunas infecciones pueden incluso dejar cicatrices permanentes [Parte de la información para el Comentario proviene de National Catholic Register]. 
   
Católicos tradicionales, algunos conciliares despistados parecen pensar que tatuarse es moralmente aceptable cuando el tatuaje es de un objeto religioso, como una cruz o la Virgen. Realmente, es todo lo contrario. Tal mutilación del cuerpo es incluso un pecado más grave no solo porque se viola el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios, sino también contra el Segundo Mandamiento de la Ley de Dios, porque tal perversión de una imagen sagrada constituye el pecado mortal de la blasfemia. Los que andan con tales imágenes en sus cuerpos están declarando al mundo que persisten en pecado contra Dios.

BEATAS CLOTILDE ÁNGELA Y COMPAÑERAS, MÁRTIRES URSULINAS DE VALENCIENNES

  
Durante la Revolución Francesa, la congregación ursulina vivió situaciones particularmente dolorosas. Experimentó los problemas que eran los de todas las comunidades religiosas en ese momento: represión de las comunidades religiosas y su desaparición forzosa, confiscación de sus bienes, presencia de un clero constitucional, etc. Estas dificultades aumentaron porque estaba establecida en una zona fronteriza, sufriendo la conmovedora marea de sucesivas conquistas durante la guerra entre Francia y Austria a partir de 1792.
  
En esta atormentada situación, las ursulinas de Valenciennes eligieron vivir, hasta la muerte, la fidelidad a su vocación y a los compromisos adquiridos durante su profesión religiosa, y mantener su vida en comunidad, confiando en la gracia de Dios y la fuerza de su espiritualidad ursulina, muy influenciada por un sentimiento de martirio.
    
Once de ellas fueron guillotinadas en octubre de 1794: cinco de ellas subieron al cadalso el 17 de octubre; seis más el 23 de octubre. Posteriormente, su Causa fue introducida en la diócesis de Cambrai en 1898 y condujo a la Beatificación de “Madre Clotilde Ángela y sus Compañeros, en 1920”.
  
Esta comunidad de enseñanza fue fundada en 1654 por cinco ursulinas de Mons y dos de Namur, gracias a las iniciativas de Charlotte y Marie d'Oultreman, dos mujeres destacadas de Valenciennes. Su escuela de las Ursulinas era la escuela de niñas más importante de Valenciennes en la época de la Revolución, y continuó expandiéndose. En su gran convento de la calle Cardon, recibieron a los internos que a veces venían de lejos, debido a la buena reputación de su internado, que se extendía mucho más allá de las fronteras. Sobre todo, en su escuela diurna, brindaron una educación gratuita y de alta calidad a varios cientos de niñas de clases sociales menos acomodadas, brindándoles una educación cristiana y primaria. Las ursulinas también proporcionaron una formación cristiana a los jóvenes sirvientes y obreros de su escuela dominical.
   
En 1790, esperaban la canonización de Ángela Merici. Fue el 15 de agosto de 1790 cuando se publicó el Decreto Papal De Tuto, que autorizaba la canonización de Ángela Merici, su fundadora, beatificada en 1768. Nacida en 1474 en el norte de Italia, Angela Merici fundada en Brescia, en 1535 , bajo el patrocinio de Santa Úrsula “una Compañía de vírgenes consagradas”, viviendo en el mundo, deseosas de dedicarse a la formación religiosa y moral de las mujeres y las niñas. Su instituto experimentó una expansión extraordinaria en Francia, durante los siglos XVII y XVIII, en forma de Orden monástica, con votos solemnes que requerían una vida enclaustrada. Había 350 monasterios ursulinos en Francia, en el momento de la Revolución.
   
Como muchas otras Superioras, la Madre Clotilde Paillot, que acababa de ser elegida Superiora de la comunidad, mantuvo correspondencia regular con la Madre Schiantarelli, Postuladora de la Causa de la futura canonización de Ángela Merici. Finalmente, las ursulinas de Valenciennes, mientras preparaban esta canonización, pudieron tomar más conciencia de su identidad religiosa como hijas de Santa Ángela.
   
La identidad religiosa fue cuestionada en Francia cuando el 13 de febrero de 1790 un Decreto declaró que «La Ley Constitucional ya no reconocerá los votos solemnes. En consecuencia, las Órdenes y Congregaciones regulares en las que se hacen estos votos, son y permanecen suprimidas en Francia sin que se establezcan otros similares en el futuro. Todos los individuos podrán dejarlos declarando sus intenciones ante los funcionarios de la ciudad, quienes proveerán su destino con una pensión adecuada».
   
El Decreto agregó, sin embargo, que no se cambiaría nada para las casas dedicadas a la educación pública, mientras se espera la decisión final. Por tanto, la comunidad ursulina no fue abolida por este Decreto, por ser docentes, pero era evidente que se trataba de una medida transitoria, que permitía al Estado establecer las estructuras necesarias para la educación, tal y como prevé la Constitución Civil del Clero.
    
El 20 de septiembre, el Alcalde se dirigió a las Ursulinas para recibir sus declaraciones de intenciones. Las monjas fueron interrogadas individualmente sobre su deseo de mantener su vida en comunidad, o aprovechar las nuevas leyes y abandonarlas.
   
Gracias a este documento conocemos la composición de la comunidad: 32 hermanas, entre ellas ocho laicas y dos novicias. Todas las hermanas enseñaban, excepto la Superiora y su Asistente, las Hermanas Laicas y tres hermanas muy ancianas. Catorce de ellas se dedicaron a las clases públicas (¡Esto significó muy pocos maestros para esta gran escuela diurna!), y seis se hicieron cargo de las internas.
   
La madre Clotilde, la primera llamada para declarar sus intenciones, manifestó que «quería terminar sus días en la forma y la casa que había elegido». Las dos novicias expresaron las mismas intenciones «aunque no pudieron pronunciar sus votos debido a la prohibición», agregaron.
  
Estas declaraciones específicas nos permiten captar la base de las decisiones de las hermanas. Se fundamentaron en el compromiso adquirido durante su Profesión religiosa, cuando pronunciaron sus votos solemnes. Fue un compromiso libre e irrevocable de toda su vida en la Iglesia que se expresó en ese momento, y abandonarlo ya no dependía de la propia voluntad ni de la de los demás.
   
La Asamblea Nacional había propuesto esta declaración de intenciones en nombre del principio de libertad personal y derechos humanos. Pero las hermanas no consideraron que bastaba un decreto de la Asamblea Nacional para que renunciaran a la vida en el convento. En primer lugar, estaban sujetas a la autoridad de sus superiores eclesiásticos, a las leyes canónicas y, sobre todo, al juicio de Dios.
   
La posición de Monseñor de Rohan, arzobispo de Cambrai, fue muy firme en este punto. Escribió en marzo de 1790 que «nada puede excusar el crimen de apostasía de las hermanas que han abandonado el convento». Hemos visto que la Comunidad de Ursulinas de Valenciennes fue perfectamente unánime en su deseo de ser fiel a su vocación religiosa. La mayoría de las comunidades de hermanas hicieron la misma elección. Sin embargo, algunas comunidades registraron sus declaraciones de abandono del convento. En general eran casas muy pobres, y de sus declaraciones se desprende que la pobreza llevó a estas comunidades a abandonar su vida religiosa, para gozar al menos del beneficio de una pensión.
    
La declaración de intenciones y los inventarios de bienes que siguieron crearon graves tensiones internas en algunas comunidades. Las autoridades civiles enviaron una carta a las hermanas de su Departamento recordándoles la obediencia que debían a sus Superioras. A esta carta, las ursulinas respondieron: «Nunca hemos perdido de vista el voto de obediencia que hemos hecho, y esperamos que con la gracia de Dios seamos fieles hasta nuestro último aliento». ¡Un testimonio conmovedor, cuando sabemos lo que iban a soportar!
    
Por tanto, estaba prohibido llevar un hábito religioso. Esta decisión encontró una profunda resistencia entre las hermanas. El hábito, que habían recibido solemnemente durante la Ceremonia de la Vestición, había sido el primer acto de compromiso con la comunidad. Tenía un gran significado simbólico, recordaba su Bautismo y el significado de una vida para Cristo, de deshacerse de la vida vieja y revestirse de la nueva, que es Cristo Señor.
   
Las ursulinas de Valenciennes nunca se sometieron a este decreto que prohíbe el uso de un hábito religioso. Cuando llegaron a Mons, vestían su hábito religioso “que nunca se han ido”. En su juicio, Madre Desjardins declaró que “nunca abandonó el hábito de la Orden”. Sin embargo, las hermanas debían subir al cadalso sin su ropa religiosa prohibida. El régimen revolucionario consideró muy importante la transgresión de esta prohibición. Usar un traje religioso era una razón para ser arrestado. Esto se puede encontrar en las listas de las cárceles. Sin duda, fue un motivo para condenar a las ursulinas juzgadas en Douai.
   
Dado que los bienes eclesiásticos habían sido nacionalizados, las ursulinas debían realizar un sinfín de esfuerzos para avaluar sus propiedades y edificios confiscados, a fin de calcular el monto de la pensión que se les podría asignar como compensación.
    
La Constitución Civil estableció un Clero Constitucional. Ahora serían obispos y sacerdotes elegidos por las comunidades. El 27 de noviembre de 1790 se exigió a todos los sacerdotes un juramento de fidelidad a la nación, sin referencia a su fe cristiana. El Papa condenó este juramento en 1791. En adelante, las diócesis seguirían el modelo de los Departamentos recién creados.
    
Monseñor de Rohan, arzobispo de Cambrai, se negó a pronunciar este juramento y fue destituido. Se exilió en Mons, en una parte de su diócesis situada en los Países Bajos austriacos. Fue reemplazado por Claude François Primat. El obispo de Rohan denunció enérgicamente a este obispo como un “intruso” y recomendó a los fieles de su diócesis que se abstuvieran de cualquier relación con él. Las ursulinas de Valenciennes se mantuvieron leales al obispo de Rohan y le obedecieron.
   
También se exigió juramento a las maestras ursulinas, consideradas servidores públicos. Se hizo obligatorio en el Departamento del Norte en diciembre de 1791, pero el municipio de Valenciennes no parecía haber pedido a las ursulinas que prestaran este juramento.
 
Debido a su apego a un clero rebelde, las ursulinas estuvieron expuestas a la hostilidad de los revolucionarios, debido a su negativa a permitir que un sacerdote que había prestado juramento, celebrara en su convento. Fueron multadas con 200 libras por haber violado el decreto de cerrar su capilla al público. Fueron interrogadas sobre la presencia de un sacerdote no juramentado y refractario en el convento. Incluso fueron denunciadas por un sacerdote jurado por enseñar a sus alumnas principios contrarios a la Constitución.
   
El 1 de octubre de 1792, un nuevo decreto puso fin definitivo a su vida en común, al decidir que a partir de esa fecha, las casas ocupadas por los religiosos debían ser evacuadas y puestas a la venta lo antes posible. La comunidad de las ursulinas de Valenciennes decidió entonces pedir hospitalidad a sus hermanas de Mons, con las que estaban especialmente unidas. Anteriormente habían pertenecido a la misma diócesis de Cambrai, y publicaron juntos su Directorio, especificando las formas de aplicar las Constituciones que les eran comunes. En 1732, las hermanas de Valenciennes habían participado en la fundación de las ursulinas en Roma, por las ursulinas de Mons. Por tanto, es fácil comprender que cuando se abolió la vida en el convento en Francia, las ursulinas de Valenciennes buscaron refugio entre sus hermanas en Mons.
   
Esta elección tuvo el gran mérito de permitirles mantener su vida en común, una vida que se estaba volviendo imposible en Francia, ya que las autoridades ya no toleraban que las hermanas vivieran juntas en la misma casa. Su decisión implicaba una perfecta confianza en la Providencia y en la caridad de sus hermanas en Mons. Dejar Francia, de hecho, significó renunciar a todos los medios de subsistencia y la pensión prometida. Las hermanas demostraron así que eran dignas hijas de Ángela Merici, que había dicho: «Ten por seguro que Dios no dejará de suplir tus necesidades corporales y espirituales, siempre que no falles ante Dios».
   
Las ursulinas abandonaron su convento a mediados de septiembre. La Madre Dominique Dewallers y la Madre Cécile Perdry, que eran demasiado mayores para irse, permanecieron en Valenciennes, cada una de ellas confiada a una hermana laica, así como a la Madre Marie-Thérèse Castillon. Preguntada por los jueces cuándo se fue de la comunidad, la Madre Clotilde respondió que «se fue cuando la comunidad fue reprimida, y que ese mismo día salieron con un pasaporte de los funcionarios de la ciudad que les permitía retirarse a donde pensaran que sería. bueno, incluso a Austria, y que se fue a Mons».
   
De hecho, los archivos de Valenciennes contienen pasaportes redactados en los mismos términos y que requieren que el portador “pase, permanezca y regrese libremente”. Además, es impensable que toda una comunidad pudiera haber cruzado la frontera sin esos documentos. En esta época de guerra, la frontera estaba severamente custodiada por el ejército.
    
Toda la comunidad de Valenciennes se incorporó a la casa de Mons, como relata la Madre Honnorez, una ursulina en Mons, autora de un “Informe sobre nuestra comunidad de ursulinas religiosas en Mons, durante la Revolución Francesa, escrito por una Hermana que fue testigo presencial”: «El 17 de septiembre, a las seis de la tarde, llegó el primer carro. Dijeron que los demás, que no tenían otro refugio, llegarían en media hora. Nuestras Madres de esa época no pudieron negarse a brindarles hospitalidad. Cuando llegaron todos, fueron a la iglesia, 26 de ellos, y todos en sus hábitos religiosos que nunca habían dejado, cantaron allí el Te Deum».
   
Las ursulinas de Mons recibieron con gran amabilidad a sus hermanas de Valenciennes, que se iban a encontrar muy apretadas por falta de espacio. Fueron “alimentados gratuitamente durante catorce meses”, dice el Informe. Algunas se dedicaron a la docencia, seis como asistentes en las clases diurnas, otras dos como profesoras de escritura y aritmética para las internas.
   
El 28 de octubre, las ursulinas de Valenciennes se alistaron en la “Cofradía para obtener una vida santa y una muerte feliz bajo la protección de Santa Úrsula y las once mil vírgenes”. Se dedicaron a Santa Úrsula con esta oración: «Santa Úrsula, te tomo como mi patrona y como mi abogada en el momento de mi muerte, y te pido que me ayudes especialmente en el último momento, del que depende mi eternidad».
   
Podemos ver la importancia esencial que se da a la preparación de la muerte, al juicio de Dios que sigue, del que depende la salvación eterna, y al papel de intercesores. Morir es presentarse ante Dios con toda la vida real y es importante prepararla.
   
En el momento de su muerte, las Ursulinas estaban rodeadas por sus hermanas quienes recitaban para ellas las Oraciones de los Moribundos escritas en el Ritual de las Hermanas de Santa Úrsula “para la administración de los Sacramentos de Confesión, Comunión, Extremaunción y visitas a los enfermos”. Las ursulinas encarceladas en Valenciennes las recitaron para las demás, el día antes de su muerte.
   
Al enrolarse en la Cofradía, las ursulinas aseguraron así la presencia de intercesores y defensores en el cielo. Esta devoción ciertamente jugó un papel importante en la preparación de su muerte. Las ursulinas de Valenciennes, dos años después iban a sufrir el martirio como su santa patrona.
   
Regresó la Revolución de la que habían huido las Ursulinas de Valenciennes. El 6 de noviembre de 1792, el general francés Dumouriez ganó la batalla de Jemappes y entró en Mons al día siguiente. El “país de Henao” fue anexado y formó el 86.º Departamento Francés como “Departamento de Jemappes” por un Decreto el 2 de marzo de 1793. Las Ursulinas habían regresado entonces a la tierra de Francia.
    
La recepción de las ursulinas de Valenciennes por sus hermanas en Mons fue una medida temporal. Las Ursulinas de Valenciennes fueron abordadas por la Superiora de las Ursulinas de Lieja para que vinieran a restaurar esta casa que jugó un gran papel en la difusión de la Orden por toda Europa y que entonces era una mera sombra de lo que fue. Las ursulinas de Valenciennes propusieron restaurar un internado y clases gratuitas allí. Este proyecto no tuvo éxito, porque una vez más, el viento de la historia había tomado otra dirección.
  
Después de la batalla de Neerwinden el 18 de marzo de 1793, los austriacos recuperaron sus antiguos territorios. Regresaron a Mons el 27 de marzo, y la Madre Honnorez escribió: «Nuestras hermanas de Valenciennes concibieron entonces la esperanza de volver a su convento».
    
La mitad del Departamento del Norte también fue anexada por los austríacos. Valenciennes capituló tras un asedio de varias semanas. Los austríacos hicieron que las regiones francesas anexadas se sometieran a la autoridad de una administración provisional, conocida como la “Jointe de Valenciennes”, que tenía, entre sus muchas responsabilidades, la de decidir la reintegración de las comunidades religiosas. Muchos sacerdotes de Valenciennes que se habían retirado a Mons, luego regresaron a su parroquia, recordados por sus fieles. Las ursulinas hicieron lo mismo.
   
La madre Leroux declaró durante su juicio que la comunidad ursulina había regresado a Valenciennes para obedecer las órdenes del arzobispo y atender las insistentes demandas de los habitantes de Valenciennes.  La madre Teresa Castillion, en nombre de la comunidad, recibió a través de la “Jointe de Valenciennes” la autorización para reanudar la vida religiosa en su hogar (esto no fue concedido a las brigidinas). El Vicariato de Cambrai «sabiendo que las ursulinas de Valenciennes están a punto de regresar a su casa, nombra al padre Leroy para presidir la elección de un superior al final del mandato de tres años de la Madre Clotilde  y recibir los votos de la Madre Lepoint, tan pronto como regresen».
  
Durante el asedio de Valenciennes, el convento de las ursulinas se convirtió en cuartel. Después de hacer las reparaciones necesarias, la comunidad regresó a su convento. «Estaban en el colmo de la alegría de volver a casa, todo estaba bien; una ex novicia hizo su profesión en Semana Santa. Luego dieron la bienvenida a nuevos candidatos y hubo una vestimenta religiosa».
   
El 26 de noviembre de 1793, Madre Clotilde fue reelegida para otro mandato de tres años, que sería trágicamente abreviado. Además, la novicia que no había podido pronunciar sus votos a causa de la prohibición, Emerante Lepoint, de religión Madre Angelique, hizo su profesión el 23 de abril de 1794. Sería la futura restauradora de la comunidad. En 1816, hizo comprobar su profesión de votos solemnes mediante un documento de un notario.
    
La comunidad recibió tres nuevos miembros durante este período. Los tres estarían entre los mártires: Josephine Leroux, hermana de Madre Escolástica. “Una clarisa urbanista”, que partió para Cambrai, cuando las comunidades fueron abolidas. Regresó a Valenciennes bajo ocupación austríaca y eligió el hábito de las ursulinas, «queriendo retomar su profesión religiosa», dijo. Dos monjas brigidinas, sor Marie Erraux y sor Liévine Lacroix, ambas de Pont-sur-Sambre, partieron hacia Mons, cuando estaban prohibidas, para entrar en la comunidad de Sainte-Marie. Al enterarse de que la comunidad de las ursulinas en Valenciennes había sido restaurada, entraron en esa casa.
  
Se produjo un nuevo cambio de régimen político.
El 26 de junio de 1794, los austriacos fueron derrotados en Fleurus por las tropas francesas del general Jourdan.
 
El 1 de julio, Mons capituló. Las cuatro ciudadelas del Norte se rindieron rápidamente esta vez. Las regiones ocupadas por los austriacos regresaron definitivamente al territorio francés.
   
En Francia, durante el año 1793, el régimen revolucionario se endureció fuertemente y también mostró un deseo de no cristianizar la región. Los sacerdotes jurados celebraron a puerta cerrada; se estableció el culto a la Razón. Se diseñó un ritual republicano para borrar todo rastro del catolicismo: un calendario republicano, celebraciones de “décadas”, cambio de nombre de pueblos, calles, cementerios… En algunos lugares, hubo verdaderas persecuciones religiosas.
       
Tan pronto como los franceses llegaron a las puertas de Valenciennes, el comandante austríaco de la plaza capituló y comenzó a discutir su rendición con el enemigo. Creado en 1793, los Representantes del Pueblo en Misión recibieron poderes excepcionales: tenían autoridad sobre todas las administraciones locales, ofensivas militares y rendición de cuentas solo ante París. También encarcelaron a las personas acusadas de actividades contrarrevolucionarias y también establecieron tribunales excepcionales con comisiones militares.
   
A medida que se acercaban las tropas francesas, un gran número de habitantes de Valenciennes abandonaron la ciudad para buscar refugio en territorio austriaco por temor a represalias. Las ursulinas no recibieron instrucciones de su obispo. El obispo de Rohan se exilió en Nimega. El obispo Primat fue destituido en 1793. El padre Parisis, su capellán, también emigró más allá del Rin. Sólo el Padre Lallemand les aconsejó: «Hijas mías, ¿creéis que tenéis fuerzas suficientes para no flaquear ante la muerte? Es mejor huir de la persecución que ceder a la apostasía. Yo me quedaré aquí porque soy pastor y mis ovejas están en la boca del lobo. Pero solo tenéis vuestras almas para salvar».
   
Este no fue el consejo que pusieron en práctica. Después de una discusión con su Consejo y con la comunidad, la Madre Clotilde decidió el curso de acción de la comunidad diciendo: «Porque le prometimos a Dios que nos quedaríamos en el convento hasta la muerte, lo haremos» y agregó: «Sin resistencia a los poderes externos, pero mientras no nos veamos obligados a irnos, estamos obligados a quedarnos».

Arrestadas, encarceladas, juzgadas
Los franceses llegaron a la ciudad el 1 de septiembre. El Representante del Pueblo en Misión, Jean Baptiste Lacoste, esperaba encontrar un gran número de emigrantes en la ciudad. Escribió: «Este fue un malentendido, no hubo emigrantes, solo unos pocos sacerdotes que habían evitado su arresto al salir de Francia y asumir sus funciones en el país conquistado, y monjas ursulinas que habían pensado que podían regresar a su antiguo convento…».
   
Se creó una Comisión para realizar detenciones y encarcelar a personas. «Rara vez las familias no deploraron la detención de uno de sus miembros. Fueron detenidos todos los clérigos y monjas, así como todos los que habían desempeñado funciones civiles, judiciales y militares. En consecuencia, las cárceles estaban llenas y la iglesia de San Juan, y la de San Pedro y los recoletos se establecieron como cárceles sucursales.
    
Un comisario fue a la casa de las ursulinas y les dio la orden de abandonar el convento en 24 horas. Cuando llegaron los franceses y pidieron salir de su casa dentro de las veinticuatro horas, las que tenían familiares en la ciudad abandonaron la casa ese día, pero las que no pudieron encontrar ningún asilo para refugiarse, habiendo dormido todavía en la casa, al despertar, estaban bastante asombradas de ser arrestadas, así como varios otros dispersos en la ciudad».
   
El primer lugar de detención de las Ursulinas fue su propio convento, también convertido en prisión, debido a la cantidad de presos. «Fueron encarceladas en el área de las aulas donde todo estaba sellado». Allí permanecieron varias semanas.
   
El 9 de octubre, la Madre Clotilde todavía estaba presa en la “Casa de las Ursulinas” con las dos Madres Leroux y las Hermanas Erreaux y Barret. Las madres Vanot, Prin, Bourla, Ducret y Desjardin permanecieron encarceladas en la “Maison Saint Jean”. Estos fueron los dos grupos de religiosas que fueron guillotinadas: las de la “Maison Saint Jean” martirizadas el 17 de octubre; las de la casa de las ursulinas, martirizadas el 23 de octubre. Durante los últimos días de su encarcelamiento, las ursulinas fueron reunidas en la prisión de la ciudad por orden de la Comisión Militar.
     
La vida en estas cárceles superpobladas era espantosa. El informe del Comité nos informa de la lamentable situación de los presos: «Los presos carecen de pan, no se les da ningún reparto diario». «Falta paja en las cárceles». «Todos los presos piden pan y paja; muchos están tirados en el suelo». La comisión hizo un llamamiento urgente a la Dirección para que suministre paja, para hacer cumplir un Decreto que obliga a los presos más ricos a pagar las comidas de los más pobres y permiten que los presos sean alimentados por sus familiares y amigos. Las Ursulinas recibieron la ayuda de Elisabeth Clais, quien ayudó a escapar a la Madre Angelique Lepoint, esta última restauró la comunidad.
   
Sin embargo, las condiciones de reclusión siguieron siendo deplorables y se declararon graves epidemias de sarna, fiebre y disentería. Dos funcionarios de salud examinaron a los prisioneros y enviaron a algunos a lugares donde fueron curados. Este fue el caso de algunas hermanas de la comunidad. El Dr. Vandendriesche, médico de Valenciennes, albergaba a dos hermanas ursulinas, a las que luego ayudó a escapar.
    
Las hermanas contaron a las ursulinas de Mons "cómo estaban detenidas en iglesias, con un número infinito de sacerdotes y otros, cómo se confesaron de pie, a la vista de todos».
   
Lacoste nombró una Comisión Popular de 12 miembros para examinar los motivos de la detención de todos estos sospechosos y establecer nuevas condiciones: liberación de algunos y motivos para encarcelar a otros después de ser juzgados. El acusador público del Juzgado Penal del Norte lamentó que “su trabajo es muy incompleto e irrespetuoso”.
   
Al final del juicio, la madre Leroux escribió que querían que abandonaran su religión. “11 monjas, nuestras futuras mártires, han sido acusadas de emigración”, acusación especialmente grave. Otras fueron llevadas ante el Tribunal Penal del Norte: la Madre Marie-Therese Castillion, que nunca había salido de Valenciennes, la Madre Felícitas Messina, de Peruwe, y la Hermana Régis Lhoir de Mons, ambas de los Países Bajos austriacos.
    
Fue ante una Comisión Militar que las hermanas acusadas de emigración afrontaron su juicio. Se permitió a las comisiones militares, compuestas por cinco miembros seleccionados del ejército, juzgar a los rebeldes y los emigrantes armados, y más tarde, a los sacerdotes acusados ​​de haber abandonado Francia.
   
Las Comisiones fueron abolidas debido al abuso de poder por parte de algunas personas que representaban al pueblo, pero hubo exenciones posteriores en la zona fronteriza. El proceso se desarrolló sin testigos ni jurado. No hubo apelación después de que se dictó la sentencia. En 24 horas, se tuvo que ejecutar una sentencia de muerte.
   
Jean-Baptiste Lacoste creó una comisión militar formada por el general Drut y su estado mayor para juzgar a los emigrantes apresados ​​con las armas en la mano, como escribió a la Convención. La Comisión iba a juzgar una lista de las personas que condenaba. Sobre el “24 de vendimiario del año II” (el 24 de octubre de 1794), encontramos: «Todos los emigrantes que son designados por el artículo 74 de la Ley de 28 de marzo de 1793, agregando sacerdotes u otros deportados y personas que regresan al territorio francés y los que actuaron militarmente contra Francia», es decir, 116 personas, 34 sacerdotes o religiosos, 13 religiosas y 69 laicos.
   
Encontramos allí a diez hermanas de la comunidad de las ursulinas de Valenciennes que iban a ser guillotinadas: «Louise VANOT, Rennette PRIN, Hyacinthe BOURLA, Geneviève DUCRET, Magdeleine DESJARDINS» bajo la misma declaración, con las palabras “ex-religiosa” y más: «Clotilde PAILLOT, Marguerite LEROUX, Josephine LEROUX, Marie ERRAUX, Liévine LACROIX» también con las palabras “ex-religiosa”. La hermana Cordule BARRE no estaba incluida en esta lista, pero también fue llevada ante la comisión militar. De este grupo de 116 personas, todos laicos, no fueron guillotinados, así como cinco sacerdotes y tres religiosas.

“Acusadas de emigración”, las ursulinas del primer grupo fueron llevadas casi de inmediato ante la comisión militar. La legislación en este ámbito fue particularmente severa: «La Convención Nacional establece que todos los emigrantes franceses son desterrados para siempre del territorio de la República y que aquellos que, desafiando esta ley, regresen serán castigados con la muerte…».
    
Los 4 historiadores especialistas en la historia de la Revolución, llamados a declarar ante el Tribunal Diocesano de Información sobre la acusación de emigración realizada contra las ursulinas, declararon esto infundado, con argumentos que las sustentan.
    
Debido a la ley del “22 de pradial del año II” (10 de junio de 1794), las ursulinas tuvieron que prescindir de un abogado. Esta ley eliminó cualquier forma de autodefensa por parte de los imputados. La Corte podría condenarlos sin instrucción previa, sin defensores y sin testigos.
   
Las ursulinas, sin embargo, parecen haber recibido consejos sobre su defensa. Charles Verdavaine, fiscal de la ciudad, escribió: «Varias monjas fueron colocadas en mi despacho en espera de su comparecencia ante la comisión militar; les observé que tenían medios para defenderse, que habían acordado regresar a su comunidad, cuando durante el invasión del enemigo, su superior les había recordado que, de acuerdo con las reglas de su orden, todavía estaban sujetos a la obediencia».
    
La propia Madre Clotilde indicó a sus hermanas un curso de acción firme sobre su emigración: «Si nos preguntan al respecto, debemos responder para no traicionar la verdad, que hemos estado en Mons con pasaporte del municipio y que regresamos a Valenciennes para poder servir a los habitantes, educando a sus hijos». Y luego: «Di que si hubieras sabido que te incriminarían por haber regresado a Francia, te habrías quedado en el extranjero. Pero si te piden algo contrario a la sumisión debida a nuestro Santo Padre el Papa o a tus votos religiosos, resistir».

Las primeras hermanas de la comunidad fueron llevadas ante la comisión militar el 16 de octubre y ejecutadas al día siguiente. El 22 de octubre fue el turno de la Madre Clotilde y cinco de sus hermanas. Soportaron su juicio y ejecución al día siguiente. El interrogatorio de las hermanas se prolongó brevemente y podemos encontrar preguntas idénticas en los expedientes de sacerdotes y religiosos interrogados por este Tribunal. Las preguntas se referían al momento en que abandonaron la comunidad y a dónde fueron, el juramento del voto, las razones para regresar a Francia, un delito grave.
   
Las hermanas se defendieron con gran firmeza y siguieron con bastante atención los consejos que les dieron. Evidentemente, su elección de vida lejos del mundo, y por tanto su desconocimiento de toda la legislación vigente, y la ausencia de abogado, no les permitía utilizar todos los argumentos legales que les daban una ventaja.
     
Todas explicaron que acudieron a Mons “con pasaporte municipal”, como afirmaron varias de ellas. Dos razones se expresaron como motivos de su regreso a Valenciennes: las insistentes peticiones de los habitantes y la obediencia a sus Superiores.
   
En cuanto a la violación de las leyes al regresar a Francia, muchos enfatizaron el hecho de que en ese momento Valenciennes ya no era parte de Francia, y la Madre Josephine Leroux afirmó que nunca abandonó Valenciennes excepto para una estadía de tres meses en Cambrai.
    
Varias hermanas explicaron la base religiosa de su comportamiento. Madre Leroux decía que «quería reencontrar sus funciones de monja», Madre Erraux: «que no tenía otro motivo que volver a su estado y religión». La madre Clotilde concluyó el interrogatorio afirmando que «al comportarse como lo hizo, sólo quería salvar su religión y no ser apóstata».
  
Todas habían sido condenadas a muerte por emigrar y ponerse bajo la protección del enemigo, actividades que anteriormente estaban prohibidas.

Subiendo el andamio
Tan pronto como regresaron a la prisión después de haber sido interrogadas, las ursulinas que iban a ser ejecutadas el 17 de octubre se prepararon para su muerte. Ellas eran:
  • Marie-Louise Vanot, de 66 años, en religión Madre Marie-Nathalie, de Valenciennes
  • Hyacinthe Bourla, de 48 años, en religión, Madre Marie-Ursule, de Condé
  • Marie-Madeleine Dejardin, de 34 años, en religión, Madre Marie-Augustine, de Cambrai
  • Marie-Geneviève Ducrez, de 38 años, en religión Madre Marie-Louise, de Condé
  • Jeanne-Queen Prin, de 47 años, en religión Madre Marie-Laurentine, de Valenciennes
«La Madre Clotilde entonces no hizo más que ayudar a las que iban a morir, a presentarse ante Dios».
    
«Todas se arrodillaron, colocando un pequeño crucifijo en medio de ellas. La Madre Nathalie comenzó a recitar las Oraciones de los Moribundos; las otras monjas también comenzaron a orar a Dios por ellas».
   
Durante toda la noche, recitaron juntas las Oraciones de los Moribundos y el Oficio de Difuntos. En estas Oraciones por los Difuntos, recogidas en su Ritual, las Ursulinas leen la Pasión según San Juan, recitaban las Letanías de la Virgen y especialmente los 7 salmos penitenciales (Salmos 6, 31, 37, 50, 101, 129, 142) incluyendo el Miserére y el De Profúndis que tenían un lugar importante.
   
En el momento de la despedida, pidieron perdón a sus hermanas, agradecieron a la Superiora y solicitaron su última bendición.
  
La ejecución de las ursulinas fue un recuerdo vivo y ferviente en la memoria de quienes la presenciaron. Fueron muchas las declaraciones sobre este tema en el juicio canónico, y todos estos testimonios expresan en conjunto lo que conmovió a todos los testigos de la ejecución: la alegría y el coraje con que las ursulinas fueron a la muerte cantando, y el hecho de que fueron despojadas de su religión. hábito.
    
Sin embargo, el clima de angustia que había surgido con el montaje de la guillotina en la Plaza de Armas se hizo aún más intenso cuando se supo que estas mujeres eran religiosas, sus antiguas maestras para algunas, que iban al cadalso…
   
«Apenas nos atrevíamos a hablar y mirar, por miedo a preocuparnos»; dijo un testigo.
   
Los habitantes de Valenciennes vieron con tristeza y consternación a las hermanas salir de la prisión, «con las manos atadas a la espalda, en enaguas y camisas, con cintas en la cabeza».
   
Pero la actitud de las propias víctimas contrastaba por completo con una atmósfera general de desaliento.
   
Términos de alegría y coraje aparecen en todos los testimonios que caracterizan sus actitudes fundamentales. Y lo que afectó profundamente a la audiencia fue el hecho de que las hermanas cantaron la Letanía de la Santísima Virgen y el Misérere. Al pie del cadalso, cantaron el Te Deum.
  
La madre Nathalie Vanot fue llamada primero y subió los escalones del andamio con firmeza. La Madre Laurentine y la Madre Agustín, así como la Madre Marie-Louise y la Madre Marie Ursule fueron las otras cuatro ursulinas que fueron guillotinadas ese día.
   
Y un testigo dijo: «Mientras quedaran dos monjas, cantaron el himno del martirio. Todo lo que pudimos escuchar fueron sus voces y su canto; el resto estaba en un silencio sepulcral. Un grito, una queja: era el patíbulo…».
   
En sus cartas de despedida, Madre Clotilde escribió con orgullo maternal: "Fueron a la muerte como si fuera un triunfo muy grande. Volaron a sus tormentos con una alegría y un coraje que llenó de admiración a los verdugos».
    
Las ursulinas, aún en prisión, sabían que pronto también serían guillotinadas, aprovecharon este breve respiro para escribir cartas de despedida, cinco de las cuales nos han llegado: una carta de la Madre Erraux a su hermano, dos de la Madre Scholastique Leroux a las hermanas de Mons y dos de Madre Clotilde.
   
Expresan su deseo de martirio, para identificarse con Cristo hasta el final, en su pasión y en su muerte.
  
La Madre Escolástica escribió: «Hijas de Santa Úrsula, daremos nuestra vida como ella lo hizo, por Su amor (por el amor del Señor), y en amor, le devolveremos la muerte por la muerte».
  
Ante tanta generosidad, el Señor respondió llenándolas de su gracia. Se encontraron llenas de la fuerza y ​​la alegría del Espíritu Santo: «No puedo expresarles la paz y la alegría de mi corazón», escribió la Madre Erraux a su familia.
  
«Soy la persona más feliz del mundo», escribió Madre Clotilde.
  
El 22 de octubre se interrogó a las ursulinas en prisión. Éstas incluyen:
  • Clotilde-Joseph Paillot, de 55 años, en religión Madre Clotilde Angèle Joseph de Saint Borgia, de Bavay
  • Anne-Joseph Leroux, de 47 años, en religión Madre Anne-Joseph, de Cambrai,
  • Marie-Marguerite Leroux, de 45 años, en religión Madre Marie Scholastique, de Cambrai,
  • Jeanne-Louise Barré, de 44 años, en religión Madre Marie-Cordule, de Sailly-en-Ostrevent,
  • Marie-Augustine Erraux, de 32 años, en la religión Madre Anne-Marie, de Pont-sur-Sambre,
  • Marie-Liévine Lacroix, de 41 años, de religión Madre Françoise, de Pont-sur Sambre.
Interrogadas el 22 de octubre, fueron juzgadas y condenadas el 23 y ejecutadas el mismo día.
   
Once ursulinas subieron al cadalso y poco después de su muerte fueron comparadas con las once mil vírgenes que acompañaron a Santa Úrsula al martirio.
  
Ellas también pasaron su última noche en oración. Se reunieron para la “Última Cena”, como la que celebró el Señor el día antes de su muerte. Se alegraron de pensar que al día siguiente estarían en el cielo. Y tuvieron la felicidad de poder recibir la Sagrada Comunión por última vez, gracias a un sacerdote encarcelado con ellos.
   
Durante esta octava de la fiesta de Santa Úrsula, tuvieron una confianza particular en su patrona. Partieron hacia el cadalso con cuatro sacerdotes que también iban a ser guillotinados. La madre Scholastique dijo: «Perdonamos a nuestros jueces, a nuestros enemigos y a nuestro verdugo».
    
Sor Marie-Cordule Barré había sido olvidada en la cárcel. Después de que los demás se fueron, suplicó poder compartir el destino de sus hermanas. Le respondieron: volvieron a buscarla, le ataron las manos a la espalda y se unió a sus hermanas. «Mi vida, nadie la quita, pero yo la doy», dijo Jesús en el Evangelio según San Juan. Siguiendo sus pasos, las ursulinas martirizadas transformaron su cruel muerte en un regalo total de amor puro.
    
En el camino, cantaron los Salmos penitenciales y las Letanías de la Santísima Virgen. La Madre Clotilde agradeció a los soldados de la escolta: «Os estamos muy agradecidos, porque este es el día más hermoso de nuestra vida. Rogamos a Dios que os abra los ojos».
 
Las dos hermanas, la Madre Scholastique Leroux y la Madre Anne-Joseph Leroux, que habían hecho profesión el mismo día, ofrecían juntas el sacrificio de su vida. Las dos brigidinas de Pont-sur-Sambre, Madre Françoise Lacroix y Moher Anne-Marie Erraux que las acompañaron, también estaban juntas para su martirio. La hermana Cordule dio su vida como lo hizo su patrona. Se unió a sus hermanas en el martirio, según su deseo.
  
La madre Clotilde quiso ser ejecutada en último lugar, para animar hasta el final, a quienes le habían sido confiadas. El verdugo le arrebató la pequeña cruz que llevaba al cuello.
  
Cuando llegaron al cadalso, cantaron el Magnificat, expresando tan bien en su corazón el cántico: «Mi alma exalta al Señor, mi Espíritu se alegra en Dios mi Salvador”. El Magnificat se elevó alto en el cielo y luego se debilitó gradualmente según el ritmo de las ejecuciones.
  
El 23 de octubre fue el aniversario de la profesión solemne de Madre Clotilde. Treinta años antes, se había confiado a Dios mediante el don total de sí misma. En este aniversario ratificaba la consagración de su juventud. Su fidelidad nunca fue interrumpida, nunca negada. El sacrificio supremo de su vida ocurrió durante su martirio. ¡Lo había anhelado con un deseo tan profundo y gozo espiritual! En este bendito día, hizo suya la oración que se encuentra en el Ceremonial: 
«Dios mío, ahora ratifico con todo mi corazón el regalo que te hice de mí mismo por los votos que pronuncié durante mi Profesión. Recíbeme como sacrificio por la muerte que espero de ti, como cumplimiento de mis votos».
 
Un testigo presencial informó: «Todavía la veo de rodillas en el cadalso. Ella fue la última, creo. Todavía escucho a esta mujer intrépida animando a sus Hermanas y cantando con ellas las alabanzas de Dios, hasta el momento en que no se escuchó nada en toda la ciudad, salvo un silencio de consternación».
   
Y el Ritual decía: «Deja que la tropa de Ángeles de luz venga a recibir tu alma, cuando sale de tu cuerpo. Que Jesús te muestre su rostro de bondad y alegría, y te coloque entre los que siempre están en su compañía».
 
MARIE-CHRISTINE JOASSART-DELATTE OSU. Conferencia dada el 23 de Octubre de 2019.

ORACIÓN
Oh Dios, que te dignaste coronar con el resplandor del martirio la sobreabundante caridad en la instrucción de las jóvenes por tu bienaventurada virgen Clotilde Ángela y sus Compañeras, concédenos, te suplicamos, que por sus ruegos, siendo fortalecidos por tu amor, no nos apartemos de Ti por cualquier adversidad. Por J. C. N. S. Amén.

viernes, 22 de octubre de 2021

POBRES CONCILIARES, SIN ÚLTIMOS SACRAMENTOS

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO, con elementos ampliados.
   
Los conciliares no reciben el Sacramento de la Extremaunción y la Bendición Apostólica con Indulgencia Plenaria in artículo mortis.
La Iglesia Conciliar abolió los Últimos Ritos en 1972 después del Anticoncilio Deuterovaticano (1962-1965), así que los conciliares no son mejores que los protestantes cuando mueren, como lo experimentó recientemente Sir David Amess, miembro asesinado del Parlamento Británico.
    
El 30 de Noviembre de 1972, la Iglesia del Nuevo Orden abolió el Sacramento de la Extremaunción mediante la Constitución Apostólica Sacram Unctiónem Infirmórum y el Decreto Infírmis cum Ecclésia del 7 de Diciembre del mismo año, remplazándola con (en el mejor escenario) la mera y no sacramental “Bendición de los enfermos”, que ni siquiera es para los moribundos. Aun existiendo este rito exista en la Iglesia Conciliar, no sería sacramental porque desde el 18 de Junio de 1968 la Iglesia Conciliar no tiene sacerdotes ordenados, cuando adoptó  con la Constitución Apostólica Pontificális Románi recognítio el nuevo Ordinal protestantizado para instalar “presbíteros”, que en esencia son ministros protestantes.
    
Como si confirmara esta falsía de la Iglesia Conciliar, que por cincuenta años no ha tenido provisión para el Sacramento de la Extremaunción y los otros Últimos Ritos, que comprenden los Sacramentos de la Confesión, el Santo Viático (Última Comunión), y la Bendición Apostólica con Indulgencia Plenaria in artículo mortis, el presbítero Jeffrey Woolnough (del Ordinariato Personal de Nuestra Señora de Walsingham) se rindió sobre los inexistentes “últimos ritos” novusordianos en el caso de un conciliar, Sir David Anthony Andrew Amess Martin, miembro del Parlamento Británico, que fue asesinado a puñaladas por el británico de origen somalí y musulmán Alí Harbi Alí de 25 años el 15 de Octubre de 2021 mientras se dirigía a un grupo de electores en la iglesia metodista Belfairs de Essex, England.
    
Woolnough fue al lugar de la escena del crimen cerca a su parroquia de San Pedro, donde la policía le impidió entrar. En vez de insistir en el derecho de su feligrés, a duras penas el presbítero atentó encubrir el incidente con un rosario. Sin embargo, el rosario no es un Sacramento ni imparte gracia sacramental, ni lleva consigo la Bendición Apostólica con Indulgencia Plenaria.
    
Incluso la policía de Essex afirmó posteriormente a solicitud del periodista Timothy Stanley:
«Al igual que con cualquier incidente policial, es de suma importancia que los agentes preserven la integridad de la escena del crimen y permitan que los servicios de emergencia atiendan a las personas necesitadas.
    
Se ha establecido un acordonamiento para asegurar y prevenir la contaminación del área. El acceso a una escena del crimen es a discreción de los agentes investigadores.
   
Esta es una parte fundamental de cualquier investigación para asegurar la mejor oportunidad posible de asegurar justicia para cualquier víctima y su familia.
   
También se puede usar un cordón para restringir un área para que los servicios de emergencia administren un tratamiento médico que pueda salvar vidas con la mayor privacidad posible y para permitir que los oficiales confirmen que el área es segura para ingresar.
     
No vamos a dar más detalles».
Así, el presbítero podía ser admitido si hacía presión al respecto o llevaba su petición al superior jerárquico del agente. No lo hizo. Luego se puso hostil y a la defensiva cuando sus propios laicos conciliares lo criticaron por ello al grabar un vídeo por su cuenta de Twitter (que después borró junto con su cuenta) desde un vehículo diciendo:
«Muchos feligreses me han preguntado si tuve posibilidad de ungir a Sir David, y estuve asombrado al saber lo que los medios habían sacado sobre mi conversación con la policía. Sí, me fue negada la entrada, pero yo respeté esa decisión por la policía, tenía que hacerlo, y el hecho fue que estaba rezando el rosario, FIN DEL ASUNTO.
    
Si alguno quiere continuar criticándome por eso, entonces tiene derecho de hacerlo, pero esto es lo que realmente pasó, OK.
   
Solo para que lo sepáis, yo no fui a la prensa, y que Dios los bendiga a todos en este momento complicado».
Ellos pudieron ver claramente la verdad que él no quería admitir [Parte de la información para este Comentario proviene del National Catholic Register].
   
Católicos tradicionales, el pobre Sir David Amess fue realmente estafado por la Iglesia Conciliar. Le timaron de un sacerdote. Le timaron de un Sacramento. Varios conciliares británicos criticaron vehementemente al presbítero, mientras eran obviamente inconscientes que la Iglesia Conciliar no tiene sacerdotes o sacramentos. Arness incluso ayudó al segundo antipapa pedófilo Benedicto XVI Ratzinger para ser admitido en el Parlamento para dar un discurso el 17 de Septiembre de 2010. En este punto, donde quiera que el alma de Amess esté, ¡él querría que le devuelvan sus papeles de “iniciación” del Novus Ordo (la Iglesia Conciliar no usa el “bautismo”) marcados con “Destinatario Desconocido”!

BERGOGLIO PIDE “EN NOMBRE DE DIOS” CENSURAR LA VERDAD

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
Un furioso Francisco Bergoglio se ha ido a la cama con los Gigantes Tecnológicos en un esfuerzo para callar el imaginado “discurso de odio” y “teorías de conspiración” contra él.
Bergoglio está asociado con las organizaciones “supranacionales” globalistas seglares como las Naciones Unidas y la Unión Europea, las cuales él quiere que tengan poderes dictatoriales para contrarrestar el reconocido rechazo de muchos contra su antipapado.
    
Francisco Bergoglio, como dijo recientemente en su encuentro secreto con sus jesuitas durante su viaje a Eslovaquia en Septiembre de 2021, está cansado de las voces que en la internet están diciendo la verdad sobre él, esto es, su apostasía de la Fe Católica y su afiliación marxista/modernista, como admitió en su propio libro. Así que él quiere que los Gigantes Tecnológicos se levanten y lo salven censurando la internet. Mientras las gigantes empresas tecnológicas globales como Facebook, Twitter y Google han sido expuestas en audiencias en el Congreso estadounidenses manipulándolo todo desde los resultados electorales hasta la dictadura gubernamental sobre el virus de la China roja, el mismo Francisco Bergoglio ahora ha estado implicado en la desinformación e incluso mentiras que han sido sobornadas por estas firmas.
     
Bergoglio, un marxista/modernista que cree que las organizaciones “supranacionales” globalistas seglares como las Naciones Unidas y la Unión Europea deberían gobernar la actividad humana, está uniendo a su apóstata Pseudoiglesia del Nuevo Orden con estas corporaciones secularistas globales para censurar lo que él llama “discurso de odio” y “teorías de conspiración”, particularmente sobre él. Indudablemente, ¡Bergoglio piensa que una de esas “teorías de conspiración” es que él es un apóstata marxista/modernista de la Iglesia Católica, aun cuando él mismo lo admite en su propio libro!
   
Bergoglio llega hasta la blasfemia al invocar el “nombre de Dios” para apoyar su atentado para silenciar la verdad sobre su apostasía, cuando se dirigió con un vídeo al IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares el 16 de Octubre de 2021, diciendo:
«Quiero pedirles en nombre de Dios a los gigantes de la tecnología que dejen de explotar la fragilidad humana, las vulnerabilidades de las personas, para obtener ganancias, sin considerar cómo aumentan los discursos de odio, el grooming, las fake news, las teorías conspirativas, la manipulación política».
Bergoglio mismo había creado esta organización en 2014, que tuvo su primera reunión regional en Estados Unidos en Modesto (California) entre el 16 y el 19 de Febrero de 2017, para promover las nociones izquierdistas de “justicia social, ecónomica y racial” impuestas por el gobierno con ayuda de los líderes religiosos [Parte de la información para este Comentario proviene de Summit News].
    
Católicos tradicionales, Francisco Bergoglio está bien consciente que él, como el tercer antipapa pedófilo y un apóstata marxista/modernista de la Iglesia Católica, es detestado y rechazado por muchas personas alrededof del mundo. Ha aludido en declaraciones previas al hecho que muchos alrededor del mundo no lo consideran un Papa válido e incluso ser un secuaz del diablo. Bergoglio está sufriendo seriamente por la disonancia entre esta realidad realidad con su propio Desorden de Personalidad Narcisista (DPN). Este desorden está produciendo en él una ira que frecuentemente desahoga contra sus feligreses neoconservadores y la seminovusordiana misa “Extraordinaria” deuterovaticana de 1962.

jueves, 21 de octubre de 2021

PROHIBIDAS LAS MISAS, PERO HABRÁ MUCHOS “Fratelli Tutti” EN SAN PEDRO

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
    
    
El cardenal Mauro María Gambetti Ceroni OFM Conv., arcipreste de la basílica de San Pedro, puso en marcha la fundación Fratelli Tutti, que (¡advertencia: lenguaje partidista!) pretende realizar un «nuevo humanismo, promoviendo en una forma sinodal la contribución de cada uno según sus propias áreas de compromiso y competencia».
   
Lo anunció el 20 de octubre en el Senado italiano (¡sic!) en presencia del neocomunista ministro de Sanidad italiano Roberto Speranza. Gambetti evocó la necesidad de un “humanismo integral” y de un “diccionario de lo humano”, no importa lo que ello signifique. Su fundación se ocupará del arte, la formación y el “diálogo”.
    
«Organizaremos eventos e itinerarios, experiencias y momentos en torno a la Basílica Madre de la Iglesia Católica, para fomentar la interiorización de los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad», con lo cual Gambetti apeló al lema principal de la satánica Revolución Francesa.
    
La sección Specola del sitio web InfoVaticana, en un artículo datado el 21 de octubre, entendió que se trata de un paso más para secularizar la basílica de San Pedro: «Podemos ver a San Pedro convertido en una especie de centro cultural, donde se celebrará Misa de vez en cuando, por supuesto, pero sin exagerar».

EL “Tercer Reich” COMO VERIFICACIÓN DE LA MODERNIDAD

Síntesis de la 667.ª conferencia de formación militante por la Comunidad Antagonista Padana de la Universidad Católica del Sagrado Corazón en Milán, no realizada a la clausura del Areneo a causa de la epidemia de coronavirus, preparada en la fiesta del Rosario de Nuestra Señora (7 de Octubre de 2021) y publicada en la fiesta de Santa Teresa de Ávila (15 de Octubre de 2021). Relator: Silvio Andreucci. Tomada de RADIO SPADA.
   
EL “Tercer Reich” DE MOELLER VAN DEN BRUCK, ¿VERIFICACIÓN O RECHAZO DE LA MODERNIDAD?
   


“Tercer Reich”, probablemente la obra más conocida de Moeller van den Bruck (1875-1925), era solo el título de un libro… aunque sugerentes referencias ponen esta obra en relación con el nacionalsocialismo (el mismo Führer, aunque no habiendo tenido una intensa relación con Moeller quien falleció en 1925 y no dejó de explotar su obra). No es un proyecto de un régimen político estrictamente sensu, sino el simple título de un libro [1]. Por otro lado, la forma moelleriana del “Tercer Reich” se caracteriza mucho más fácilmente por lo que niega (liberalismo, democracia plutocrática, régimen parlamentario) que por lo que afirma positivamente. 
   
En “Tercer Reich” Arthur Moeller (que se convirtió en Moeller van den Bruch tras la adición del apellido de su madre) expresa plenamente su visión de la “revolución conservadora” [2], una categoría del político introducida por el historiador Armin Mohler para caracterizar la galaxia de la cultura política alemana que marcó la República de Weimar.
   
De alguna manera, la “revolución conservadora” ayudó a esbozar una “ideología alemana” alternativa y antagónica al capitalismo liberal y al marxismo. Cualquiera que desee trazar un vínculo de continuidad entre la “revolución conservadora” y el nacionalsocialismo estaría cometiendo un error historiográfico de importancia no despreciable. Ciertamente no faltaron responsabilidades personales, ni teóricos de la “revolución conservadora” que veían en el nacionalsocialismo una palingénesis con respecto a la baratura y decadencia en que estaba envuelto el clima de la república de Weimar, pero en todo caso los “revolucionarios conservadores” mantuvieron un margen de autonomía cultural e ideológica [3] con respecto al régimen de Hitler.
    
El paganismo empujado, el racismo biológico, la dirección marcadamente antimoderna, reaccionaria, antihistórica que impregnaba al nazismo eran aspectos ajenos y pronto rechazados por Moeller. Más allá del denominador común del rechazo del liberalismo y la democracia, las analogías entre la “revolución conservadora” y el “nazismo” no deben extenderse más.
   
Según Marcello Veneziani, la génesis histórica del término “revolución conservadora” no debería atribuirse a la ideología italiana, sino a la alemana; la nación alemana precedió a la italiana en el uso consciente del término. De hecho, esta forma de lo político se habría asentado en el clima entre 1918 y 1932, y dos obras conocidas representarían sus orillas: “La decadencia de Occidente” de Oswald Splenger (1918) y “El trabajador” de Ernst Jünger (1932).
   
Al comparar la historia nacional italiana y alemana contemporánea, percibimos una especie de contraste entre “próteron” e “hýsteron”. En cuanto a la definición del concepto de “revolución conservadora”, de hecho, esta forma de lo político se ha establecido primero en Italia, hundiendo las raíces en el Risorgimento, y, sin embargo, la nación alemana reivindica la génesis histórica del término [4].
  
Además, al pensar en las fases más destacadas de la historia nacional italiana y alemana en el cambio del siglo XIX al XX, podemos ver que en Alemania ha habido antagonismo y alternancia entre “gobiernos conservadores” y “gobiernos revolucionarios”, en cambio en Italia. En ese momento no existía una dicotomía real entre la forma de “revolución” y la de “conservación”, sino más bien una convergencia, en el mismo Risorgimento, que concilió la “Revolución”, el rechazo de la autoridad, en particular de lo divino y eclesiástico) y la “Conservación” (restauración del orden político sobre bases liberales y laicas).
   
Francia también experimentó su clima de “Revolución conservadora”. Brasillach, Bardeche, Drieu la Rochelle, Celine, De Man, Rebatet fueron solo algunos de los exponentes y también es posible rastrear afinidades con la concepción de Moeller (rechazo de la democracia parlamentaria, rechazo de la primacía del “reinado de la cantidad”, del estilo burgués de civilización, etc.).
      
“Das Dritte Reich”, traducido al italiano para la edición del Séptimo Sello con el título “Terzo Reich” es esencialmente una obra de filosofía política; cada capítulo está dedicado a una forma específica de lo político y las formas analizadas son ocho: revolucionaria, socialista, liberal, democrática, proletaria, reaccionaria, conservadora y “Tercer Reich” (“Reich” es un término cuya génesis se remonta a la teología luterana y significa “sagrado”, pero Moeller reescribe el término en el ámbito político con connotaciones evidentemente inmanentistas).
   
El “Tercer Reich” se afirma como la superación y el cumplimiento de las formas previamente analizadas. Pero Moeller no esboza una filosofía de la historia progresiva, lineal o rectilínea, sino que por el contrario es una visión en espiral en la que, en última instancia, las formas antitéticas, lo “conservador” y lo “revolucionario” convergen y se reconcilian en una sola. especie de “convérsum” [5]. La filosofía de la historia de Moeller, por tanto, no tiene el carácter de un proceso de extensión hacia un “ésjaton”, sino más bien de una conversión “ad princípium”, del “punto omega” (revolución) que se reconcilia y consolida con el “punto alfa” (conservación).
  
La dicotomía categórica derecha-izquierda es absolutamente inadecuada para la penetración de la visión política de Moeller; el tipo del “conservador” (derecha) se reconcilia con el tipo del “revolucionario” (izquierda); como los exponentes de la “revolución conservadora” italiana (Panunzio, Soffici, Costamagna, Oriani, d’Annunzio, etc.) Moeller nunca se definió a sí mismo como “derecha” o “izquierda” y más bien su visión apuntó a la reunión de los dos extremos.
   
¿Debería el “conservador” eliminar la “modernidad” en su conjunto? ¿Existe una identificación de plano entre “conservadurismo” y “antimodernismo”?
   
¿O, por el contrario, es posible rastrear en ese tortuoso proceso que definimos “modernidad” algún aspecto digno de ser continuado?
  
La modernidad, en su primer carácter definitorio, surge como una subversión contra el Trono y el Altar, contra la autoridad divina y humana (la Revolución del 89’, inspirada en los ideales de emancipación de la Ilustración es el caso más paradigmático). La directriz de “modernidad” parece identificarse de plano con el hecho revolucionario mismo, con la instancia revolucionaria; Joseph De Maistre era muy consciente de ello, hasta el punto de afirmar que la Restauración no puede consistir en una “revolución inversa” sino más bien en una contrarrevolución.
  
La modernidad dio origen a los dos monstruos, el liberalismo y el colectivismo, destructores de la visión comunitaria y orgánica que había permeado la Edad Media. El liberalismo, basado en el supuesto de que el individuo precede a la comunidad, conduce a la desintegración del atomismo social. El colectivismo bolchevique se configura como una especie de “comunitarismo” artificial, forzado y abstracto; nació sobre la base misma del liberalismo (tanto es así que algunos han comparado el liberalismo y el colectivismo con dos hermanos que se odian a muerte). El bolchevismo y, más generalmente el marxismo, disuelve al individuo en la materia social, destruye la idea de comunidad entendida como complejo de aquellos lazos culturales, sagrados y étnicos que impregnan a los pueblos, preexisten al nacimiento individual, estrictamente hablando los muertos, los vivos y los por nacer.
  
En definitiva, el colectivismo no va más allá de la visión de la sociedad como sumatoria de individuos atomizados.
  
Pero esto constituye sin duda el rasgo que diferencia la concepción de Moeller del espíritu puramente reaccionario. El autor de “Tercer Reich” cree que es posible salvar un momento positivo, nacido de la propia modernidad, quizás preexistente en el mundo moderno, pero que sobre esta base tuvo el impulso decisivo para su afirmación: la idea de “nación”.
  
El vínculo de comunidad que une a los individuos, por tanto, no debe trazarse en una tradición primordial, ni en los lazos de sangre, sino precisamente en la nación.
   
Según Moeller, por tanto, la modernidad no debe ser rechazada en su totalidad, es necesario identificar y guardar la idea de “nación” en ella y las manzanas podridas están representadas por el espíritu del liberalismo que vuelve estrecho y burgués el alma. y produce desintegración, por el democratismo y desde la visión materialista de la vida.
  
El momento nacionalista ciertamente se afirmó también con el triunfo de la Revolución del 89’, y luego continuó con la construcción del Imperio Napoleónico. Sin embargo, la ideología jacobina, impregnada de sensismo, de la Ilustración, de materialismo, contribuyó al deterioro del nacionalismo francés. En opinión de Moeller, el nacionalismo alemán es mucho más saludable que el francés, ya que el primero se basa en una visión romántica, espiritual, que aspira a ser un modelo de “cultura” para otros pueblos y no solo de “civilización”, en cambio que el segundo está viciado y deteriorado por el materialismo; el alma alemana aspira, por tanto, al universalismo, a actuar como modelo de cultura universal para todos los pueblos, mientras que el marco cultural francés se dedica al cosmopolitismo abstracto, a la igualación que nivela,
    
Tanto conviene el “esprit de finesse” al alma alemana como el “esprit de géometrie” al alma francesa [6].
   
No es posible que el autor del “Tercer Reich” pretenda profesarse tanto liberal como nacionalist; inervándose en la cultura de los pueblos, el liberalismo conduce inevitablemente a su deriva, alejándolos de raíces y tradiciones y envolviéndolos en un estrecho espíritu burgués y mercantilista. Balistrieri escribe: «Moeller ignora el significado nacional inherente al liberalismo, o más bien no lo ignora, sino que lo atribuye exclusivamente a los británicos, que son sus inventores. Para Moeller, el liberalismo y el nacionalismo solo pueden encontrar una conexión allí, donde ya están de acuerdo en el Volkgeist» [7].
  
En última instancia, es la fusión del liberalismo y el nacionalismo en el espíritu de los británicos, lo que históricamente habría originado el imperialismo inglés, la afirmación de la nación inglesa sobre todas las demás.
   
De ninguna manera, para Moeller, el liberalismo puede tener un valor universal; fusionándose con la cultura nacional inglesa generó la forma de imperialismo, en cambio en la medida en que contaminó otras culturas nacionales produciría resultados disruptivos, regresivos y destructivos.
  
El declive de Occidente, que Moeller pinta en momentos que inevitablemente evocan la conocida obra de Oswald Splenger, “La decadencia de Occidente”, la deriva misma de la idea de “Occidente” hacia el “occidentalismo”, no son, por tanto, por el advenimiento de la modernidad (en la que es posible salvar la idea de “nación”), sino por el despliegue del espíritu liberal [7].
   
Moeller no rechaza a prióri la categoría del llamado “imperialismo”, pero aquí para entender bien su perspectiva es necesario tener conocimiento de la diferencia entre dos categorías recurrentes en su obra, “cultura” y “civilización”.
   
El compositor de “Tercer Reich” espera un orden de naciones europeas soberanas, bajo la égida cultural de Alemania.
   
El imperialismo anglosajón es negativo, apunta a explotar los recursos de los países colonizados, no propone “Kultur”, sino sólo “Civilización”, es decir, la imposición de su propio modelo cultural y el desarraigo de las culturas indígenas de sus tradiciones.
  
Por el contrario, la hegemonía alemana es beneficiosa, es la propuesta de su propio modelo cultural, no la imposición, ni la mera explotación económica.
   
Como Moeller aumentaba su enojo crítico hacia el occidentalismo, hacia la pérdida de lo sagrado provocada por el avance del liberalismo que arriesgaba llevar al continente al borde de ese “Finis Európæ” del que hablaba un exponente italiano de la “Revolución Conservadora”, Adriano Tilgher, acogió con satisfacción la perspectiva de una “salus ex oriénte”.
   
De ahí una actitud progresivamente rusofílica, la pasión por Dostoyévski, de la que elogió la Revolución Espiritual contra Occidente, cada vez más desesperada por el sentido.
   
Moeller consideraba al autor de “Crimen y castigo” un verdadero “revolucionario conservador” y de hecho afirmó haber aprendido la expresión conservadora del propio Dostoyévski.
   
Por tanto, Dostoyévski llevó a cabo una Revolución del espíritu, fue revolucionario por el bien de la tradición, por una solicitud apasionada por la restauración de los valores sagrados.
   
En Dostoyévski «se configuraron las líneas de la revolución conservadora: la idea de una cultura nacional-popular, el diseño de una tercera vía más allá del progresismo de Occidente y el conservadurismo de los eslavófilos, el espiritualismo y la reflexión sobre el nihilismo» [8]
  
Como Friedrich Wilhelm Nietsche, Dostoyévski tematizó el fenómeno del “nihilismo” con una evaluación diametralmente opuesta.
   
Aunque la rusofilia de Moeller era de ascendencia literaria más que política (madura de hecho durante su estancia en París y le fue transmitida por el escritor ruso Dmitri Merezhkovski) veía con buenos ojos la perspectiva geopolítica de una “Mitteleuropa” (Centroeuropa): una égida alemana en Europa que apuntase a una expansión hacia el Este, sin opresión de los pueblos eslavos, y que culminaba en una alianza estratégica con Rusia [9].
      
A pesar de la apasionada admiración de Moeller por Dostoyévski, las analogías entre los dos escritores no deben ir más allá de lo legítimo; Dostoyévski siempre tuvo la mirada puesta en el cielo y en la Trascendencia, quiso realizar valores trascendentes en la tierra; en cambio, el compositor del Tercer Reich, aunque no irreligioso, colocó su propia revolución conservadora en una dimensión mucho más horizontalista y secular.
  
La modernidad, como señalé anteriormente en el curso de la conferencia, nació en el signo de la Revolución, pero la opción de Moeller, y de hecho de todos los teóricos de la “revolución conservadora”, no es demonizar el hecho de la Revolución. en sí mismo. De lo contrario, no habría otro camino que el de una actitud reaccionaria estéril, quedando varado en el callejón sin salida de una utopía arqueológica… de los fines.
  
La “revolución por la revolución”, concebida como un telos, y no como un método, acaba perdiendo en última instancia la sustancia misma de sus propias negaciones, el subversivismo ya no tiene una orientación teleológica… hasta el más empedernido se rebela contra la autoridad y cualquier orden debe tomar nota.
  
La revolución es paradójicamente “victoriosa” cuando se extingue para dar paso a la restauración de un nuevo orden. Para la “revolución conservadora”, el anhelo revolucionario está destinado a dar paso al restaurador de la autoridad.
    
Moeller, por tanto, como toda la galaxia de la “revolución conservadora”, valora el hecho revolucionario como método.
  
A través del intento revolucionario, la civilización se limpia de los escombros, de los aspectos cadavéricos, del conformismo burgués, para preservar la carne viva, para recuperar una nueva vitalidad… Entonces toma el relevo un orden basado en valores fuertes. Para Moeller no se trata tanto de restaurar la tradición, o de recrearla desde cero, como de reubicarse y reencontrarse, reconciliarse con ella.
  
El autor del Tercer Reich, en cambio, no acepta la “revolución” entendida como una mentalidad o disposición permanente, porque un anhelo revolucionario de un fin en sí mismo sólo puede ser aporético, sin el presupuesto de una aspiración de redescubrimiento de valores.
   
Incluso la revolución bolchevique, aunque impregnada de una contradicción intrínseca entre el materialismo y el espíritu revolucionario, después de la fase de debut internacionalista, culminó en una nueva forma de autocracia, aunque en un contexto inmanetista y ateológico.
   
Por otro lado, en el clima estalinista, la Unión Soviética siempre ha restablecido un vínculo con la tradición, incluso si se transcribe en el contexto de una utopía secular; ya nivel geopolítico, la Unión Soviética básicamente no jugó un papel muy diferente a nivel geopolítico del que tenía en la época de la autocracia zarista.
  
Es posible rastrear en esta visión revolucionaria-conservadora de Moeller los acentos constantes presentes en la obra de los principales exponentes de la “revolución conservadora” italiana; en el ideólogo nacionalista italiano más sólido, Alfredo Rocco, quien recompuso fermentos sociales y revolucionarios en una integración nacional, en Angelo Olivetti, según quien «la revolución es un maravilloso fenómeno de conservación, destruye formas y salva vidas», en Sergio Panunzio quien definió el fascismo como “revolución conservadora” stricto sensu, en el primer Cantimori que tuvo el mérito de difundir en Italia la experiencia cultural de la “revolución conservadora” alemana a la que dedicó estudios en profundidad. La escuela elitista, de la que Pareto, Michels y Mosca fueron los exponentes más distinguidos, llegó de muchas maneras a la visión de Moeller.
  
Por otra parte, nuestro Augusto del Noce, aunque no tuvo un acercamiento profundo al pensamiento de Moeller, se apropió de la categoría de “heterogénesis de fines”, referida al hecho revolucionario [10]
   
Finalmente, durante la década de 1970 la “Revolución Conservadora” de Moeller, en particular su obra principal “Tercer Reich”, en la que el nacionalismo tiene fundamentos culturales y espirituales, no étnicos ni raciales [11], será un punto de referencia constante para los círculos nacional-revolucionarios alemanes de la “Neue Rechte” y de ella también la “Nouvelle Droite” debenoísta
   
“Tercer Reich” de Moeller van den Bruck es una obra que sin duda no pretende rechazar todo el tortuoso y complejo proceso de la “modernidad”, del que la idea de “nación” guarda en clave de valoración positiva; también es una obra que contiene señales de alarma inequívocas sobre la “cultura de la crisis” que había afectado a Alemania durante la efímera República de Weimar y sobre el liberalismo, presagio de decadencia y desintegración social. Este declive, en opinión de Moeller, nació de la pseudorevolución del 9 de Noviembre de 1918, que no había marcado el triunfo de los ideales de “patria” y “comunidad”, sino la rendición incondicional de Alemania a las potencias victoriosas de la “Gran Guerra”.
   
Hoy deberían leer con atención “Tercer Reich” nuestros representantes actuales de la “derecha azul”, que han perdido por completo de vista la posibilidad de un “derecho cultural” comunitario, y con su cinismo no van más allá del perímetro de un “derecho económico” terminal.
   
Es una obra, sin embargo, no exenta de claroscuros y aporías.
   
¿Se puede identificar estrictamente el lugar de la patria y la comunidad en el estado nacional centralizado? ¿O pueden las realidades locales, las “patrias carnales” constituir también un punto de referencia fundamental para quienes pretenden salvaguardar una visión identitaria, comunitaria, solidaria y antieconomista? ¿No está el Estado nacional centralizado afectado por muchos defectos, siendo el principal un proceso de elefantiasis burocrática? Naturalmente, espero que haya espacio para el debate más libre posible sobre estos dos temas.
  
NOTAS
[1] Véase Giuseppe Balistrieri, “Moeller van den Bruck”, en “The conservatives from Edmund Burke to Russell Kirk“Tercer Reich”, editado por Gennaro Malgieri, Il Minotauro, Roma, 2006, pág. 138: «El “Tercer Reich” de Moeller van den Bruck puede considerarse todo menos la plataforma político-cultural o la Weltaschaung del nacionalsocialismo».
[2] Véase Giuseppe Balistrieri, “Moeller van den Bruck”, cit., pág. 137. Comúnmente, la galaxia de intelectuales de derecha polémica hacia la decadente república weimariana que habría alcanzado la hegemonía cultural en un sentido gramsciano es designada como la forma de la “revolución conservadora” o “conservación revolucionaria”.
[3] De hecho, durante el régimen de Hitler los intelectuales de la “konservative revolution” permanecieron en su mayoría extrañados, de hecho los casos en los que fueron perseguidos o silenciados por el régimen no fueron raros, con un destino similar al de Otto Strasser y los “nacionalbolcheviques”
[4] Cf. Marcello Veneziani, “La revoluzione conservatrice in Italia”, Sugarco, Milán, 1989, pág. 15. La “konservative revolution” no debe asimilarse ni al “Kulturpessimismus” ni a la “filosofía de la crisis” porque estas dos últimas posiciones son mucho más reaccionarias y antimodernas.
[5] Véase Giuseppe Balistrieri, “Moeller van den Bruck”, cit., pág. 141.
[6] La tipología de “duda” corresponde a la civilización francesa, la “voluntad” a la estadounidense, el “sentido común” a la inglesa, la “weltaschaung” a la alemana, y el “alma” a la rusa.
[7] Véase Giuseppe Balistrieri, “Moeller van den Bruck”, cit., pág. 146.
[8] Marcello Veneziani, “La revoluzione conservatrice in Italia”, cit., pág.16.
[9] Respecto a este tema, recordamos que la organización Nacionalbolchevique Alemana defendía la alianza estratégica entre Alemania y Rusia, mientras que el líder bolchevique Karl Radek estaba a favor de una convergencia entre Alemania y la Unión Soviética en una función antioccidental.
[10] Es bien conocida la tesis de Augusto del Noce según la cual toda revolución tiene el efecto de disociar a una nación europea de su orden y reservar una posición hegemónica. De esta manera, paradójicamente, el “suicidio de la revolución” la hace victoriosa y no tiene sentido el concepto de “revolución traicionada”.
[11] Ver Matteo Luca Andriola, “The New Right in Europe”, Paginauno, Vedano al Lambro, 2019, 2.ª edición revisada, pág. 215.