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jueves, 26 de marzo de 2026

DE LA BIOLOGÍA AL MODERNISMO, POR QUÉ MUCHOS (AUN LOS MÁS PREPARADOS) CIERRAN LOS OJOS

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.

Un artículo reciente titulado “Motivated Irrationality: Why Even Smart People Swallow Crackpot Ideas” (Irracionalidad motivada: Por qué incluso las personas inteligentes aceptan ideas descabelladas), escrito por la periodista y ensayista Terrell Clemmons y publicado en la revista Science and Culture, ofrece varias reflexiones útiles sobre por qué muchas personas hacen la vista gorda ante situaciones que tienen la capacidad de abordar. Obviamente, no debemos generalizar, pero muchos aspectos de la evaluación son difíciles de negar.

Análisis en profundidad: Irrazonamiento motivado
Terrell Clemmons, basándose en algunos principios clásicos, explora una paradoja moderna: ¿por qué personas instruidas, racionales y de alta inteligencia terminan apoyando tesis que desafían la lógica o la evidencia empírica? La tesis central es que la irracionalidad no es un defecto del “motor” (la inteligencia), sino una elección deliberada del “conductor” (la voluntad).
   
1.º Algunas reflexiones de Jay Budziszewski
La autora se basa en el pensamiento de Jay D. Budziszewski, profesor de filosofía y gobierno en la Universidad de Texas. Budziszewski sostiene que no solo somos seres racionales, sino también seres dotados de principios morales y evidentes que «no podemos dejar de conocer».
  • Negación de la verdad: Cuando la verdad se vuelve incómoda (porque condena nuestro estilo de vida o nuestras ambiciones), la mente entra en “huida”.
  • La “escisión” mental: El individuo debe invertir una enorme energía intelectual para suprimir lo que sabe que es verdad, creando teorías complejas (las “ideas descabelladas”) para justificar su postura.
2.º El mecanismo de “racionalización”
Clemmons describe una reacción en cadena psicológica:
  • Acto: Cometemos una acción que nuestra conciencia condena.
  • Malestar: Sentimos una sensación de culpa o inconsistencia.
  • Justificación: En lugar de admitir el error, inventamos una narrativa que justifique que nuestra acción fue correcta.
  • Endurecimiento: Para mantener viva esa mentira, debemos adoptar toda una cosmovisión que la respalde, volviéndonos hostiles hacia cualquiera que proponga la verdad original.
3.º El caso emblemático de Richard Lewontin
Uno de los pasajes más críticos citados por el autor se refiere al mundo académico. Clemmons cita al biólogo evolutivo de Harvard, Richard Lewontin, quien en un famoso ensayo admitió una especie de “dogmatismo científico”. Lewontin explicó que muchos científicos aceptan explicaciones materialistas incluso cuando son contraintuitivas o no están demostradas, no por rigor científico, sino por un compromiso a priori. El temor, escribió Lewontin, es el de “dejar entrar un pie divino”. Esto demuestra que la irracionalidad puede ser una protección ideológica contra conclusiones indeseadas.

4.º Estrategias para mantener la irracionalidad
Según el material citado por Clemmons, para seguir creyendo en ideas absurdas sin volverse locos, las personas inteligentes utilizan tres tácticas:
  • El ruido: Llenando tu vida de distracciones, entretenimiento y activismo para que nunca estés solo con tus pensamientos.
  • El grupo: Rodearte exclusivamente de personas que comparten la misma “locura”, creando una cámara de eco que normaliza lo absurdo.
  • El ataque: Atacar o ridiculizar a cualquiera que les recuerde la verdad que intentan ignorar.
Conclusión de la autora
Terrell Clemmons concluye que no existe una “cura” intelectual para la irracionalidad motivada, porque no se trata de un problema de falta de información, sino de voluntad. Solo cuando un individuo está dispuesto a seguir la verdad “adondequiera que conduzca”, incluso a costa de su orgullo o sus hábitos, la razón vuelve a funcionar correctamente.

viernes, 12 de diciembre de 2025

FREUD Y LA CÁBALA, O EL HECHIZO DE LA CIENCIA MODERNA

Reflexión por João Christian Franco. Traducción propia.
   
«No puedes ser negacionista. Tienes que creer en la ciencia (moderna) y en la academia».
  
La ciencia moderna y la academia: Hechizo gnóstico-cabalista para que los goyim crean.
   
El problema no es la ciencia, sino la ciencia MODERNA, que no tiene nada de lógica, racional, científica, objetiva o inocente, sino que revela uma esencia pervertida, engajada, tendenciosa, oscura y oscurantista y radicalmente comprometida con la agenda talmúdica.
  
Giordano Bruno, Copérnico, Galilei, Newton, Marx, Freud, Einstein. Gente que, como científicos o filósofos, fueron buenos brujos.
   
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«Freud participó regularmente de las actividades de la logia masónica de B’nai B’rith [1] en Viena. Primero fue atraído por la Naturphilosophie (Filosofía natural), especie de misticismo panteísta, tomado sobre todo de los escritos masónicos de Goethe [exponente del romantismo gnóstico-cabalista alemán], el cual también frecuentara la logia de B’nai B’rith.
   
Freud siguió las ideas de Jacob Frank [2], el cual enseñaba que “todas las cosas eran santas”, que había una raíz del mal en Dios, pero que este mal resultaba solo de la dispersión de las “Santas chispas”, y que los hombres deberían entregarse al mal para congregarse de nuevo [retornar a la divinidad pre-caída]. El pecado, decía él, es santo, y en él debemos bucearél es el nuevo mesías [3]. 
  
La idea fundamental de Freud es la de que debemos liberarnos de todas las leyes religiosas [4], en especial de la Torá [entiéndase: 10 mandamientos y la moral sobrenatural]. Él tomó sus conclusiones de la Cábala, que es la forma esencialmente judía de la gnosis» Étienne Marie Joseph Paule Couvert, en “De la gnose à l’œcuménisme” (De la gnosis al ecumenismo).
   
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NOTAS AL PIE
[1] B’nai B’rith (בְּנֵי בְּרִית) es una masonería formada exclusivamente por judíos. Su significado “Hijos de la Alianza” (abrahámica) bien resume la idea talmúdico-noeísta (o noájida), según la cual los judíos son especiales, escogidos, elegidos, extraordinarios y una élite, al paso que los goyim son comunes, preteridos, réprobos, ordinarios y vulgares. Los judíos son hijos de Noé y de Abrahán, mientras que los goyim son simples hijos de Noé (noeísmo/noaquidismo), sin los mismos derechos, sin la naturaleza, la ontología y las prerrogativas exclusivamente judaicas en el futuro reino mesiánico del Anticristo.
[2] Jacob Frank (1726-1791; nacido Jacob Josef ben Yehuda Leyb/יַעֲקֹב יוֹסֵף בֵּן יְהוּדָה לייב), creador del frankismo, fue un comerciante judío que afirmó ser el Mesías. Jacob Frank se inició en el sabataísmo cuando visitó los Bálcanes. Al retornar a su país, fundó una secta clandestina cuyos adeptos observaban públicamente la ley judía, pero secretamente se dedicaban a prácticas sexuales prohibidas. Todo esto explica las teorías y la terapia de Freud, que consistían en corromper la moral, pervertir el género humano y entender el alma humana y las razones de la conducta humana y de los estados emocionales por las vías de la represión castradora y del determinismo de la líbido y los impulsos sexuales. Lo que se presenta como ciencia y teoría académica, no pasa de burbuja gnóstica y judía. Lo que parece ser psicoterapia, se resume en un expediente de manipulación y corrupción moral.
[3] «El pecado, decía él, es santo, y en él debemos bucearél es el nuevo mesías»: Tal explica la insistencia del freudismo de ver santificar el pecado, la perversión, la líbido desenfrenada, el ello y los impulsos sexuales ciegos como sinónimos para el Dios inmanente de los seres aprisionados en la materia, mientras demoniza la moral, la religión, la represión, la civilización, el ego, el súperego y la razón como extensiones, prisiones, estructuras e ilusiones del dios malo y aprisionador. Sus teorías y su falsa psicoterapia adquieren así un rostro cosmológico, moral e soteriológico de tenor gnóstico. Si el Mesías judaico es un personaje (el Anticristo) y una nación pavimentadora (los judíos), es también una fórmula, esto es, la fórmula de la rebelión contra la razón (superego) y contra la moral (sobrenatural). Por la vía de la rebelión se obtiene la redención (de ahí la correlación con el Mesías, que es un redentor). Esta es la liberación de la represión sexual que, en el fondo y en verdad, el freudismo alude y decanta.
[4] «La idea fundamental de Freud es la de que debemos liberarnos de todas las leyes religiosas»: Sustituyendo, de esta arte, la moral represora, con sus 10 Mandamientos, por las 7 leyes de Noé que encerrarán a los goyim en la red de poder judía.

martes, 2 de diciembre de 2025

¿LA FÓRMULA DEL EVOLUCIONISMO?

Traducción del artículo publicado por Ferdinando Catalano en el Centro Italiano de Diseño Inteligente.
   
Kim Hunter maquillada como Zira para “El planeta de los simios” (1968).

En su ensayo “En el principio era Darwin” (Longanesi, 2009), el conocido matemático Piergiorgio Odifreddi, figura destacada del ateísmo radical made in Italy, dedica un breve capítulo (cap. X, págs. 78 – 83) a lo que él mismo define como la fórmula del evolucionismo.

Al introducir el tema, el autor ataca a su archienemigo Antonino Zichichi, físico italiano de clara fe católica, cuya ignorancia (al menos en materia de biología) enfatiza al definir la teoría de la evolución como acientífica por carecer de poder predictivo (A. Zichichi,  Perché io credo in Colui che ha fatto il mondo, Il Saggiatore, 1999). En esencia, para resumir el pensamiento del científico siciliano, una de las propiedades de una teoría científica debe ser que no solo explica un fenómeno que evoluciona ante nuestros ojos, sino que también predice cómo y en qué dirección evolucionará dicho fenómeno con el tiempo. Así, cuando la teoría de la evolución establece que los plazos naturales de la evolución son largos porque no se han observado variaciones en la especie humana en diez mil años, lo hace no porque se trate de una verificación directa de una ley formal, de una ecuación matemática, sino simplemente de una tautología inteligente y sutil que corre el riesgo de eludir a la mayoría de la gente: los plazos de la evolución son largos porque son largos.

Odifreddi responde así al ignorante Zichichi informándole que en biología existe una fórmula para la evolución desde hace más de cien años, la cual implica la ley de Hardy-Weinberg. Para comprender de qué se trata y evitar que me acusen de ignorante, intentaré ilustrar algunos conceptos básicos. El lector no se ofenderá si no puedo pasar por alto algunas cuestiones algebraicas elementales.

El padre de la genética moderna, Gregor Mendel, había comprendido mediante el cruce de guisantes (Ensayo sobre híbridos de plantas, 1866) que las características originales de una población parental se transmiten sin cambios a las generaciones posteriores y siempre se distribuyen en la proporción 3:1. El monje bohemio definió las características que aparecían con mayor frecuencia como dominantes y las demás como recesivas. ¿Por qué, se preguntaban algunos en aquel momento, las características hereditarias dominantes no terminan eliminando a las recesivas a largo plazo dada la proporción 3:1? La explicación fue proporcionada independientemente por Godfrey Hardy y Wilhelm Weinberg en 1908 y se conoce como la Ley de Equilibrio de Hardy y Weinberg.
   
Leíste bien, así es, sobre el equilibrio. Con los conocimientos actuales de genética, se puede explicar simplemente mediante un breve cálculo matemático: cada rasgo hereditario está presente en los genes en dos variantes (alelos): dominante A y recesivo a. En la reproducción sexual, cada progenitor es portador de las variantes A y a, y en la meiosis (el proceso de división de las células sexuales que conduce a la formación de gametos, es decir, células cuyo conjunto cromosómico es haploide, o la mitad del conjunto cromosómico característico de la especie), la mitad de los gametos tendrá el alelo A y la otra mitad, el alelo a.

Ahora supongamos que en una población biológica, d es el porcentaje de individuos que exhiben un cierto rasgo dominante (por ejemplo, ojos marrones) y r es el porcentaje de aquellos que exhiben el rasgo recesivo (por ejemplo, ojos verdes).
   
Si la reproducción sexual ocurre libremente dentro de esta población y de acuerdo con las leyes del azar, pueden ocurrir las siguientes combinaciones: Aa, AA, aa, aA. Esto es equivalente a decir que el portador del rasgo dominante puede cruzarse ya sea con otro dominante (AA) o con un recesivo (Aa). Por lo tanto, la presencia del alelo dominante en la descendencia será d. A su vez, el portador del rasgo recesivo puede cruzarse con otro recesivo (aa) o con un dominante (aA), y el porcentaje total de recesivos será r. De hecho, la suma de los porcentajes (d + r) debe ser igual al total general de la población, es decir, 100/100 = 1.

La conclusión es clara: durante la reproducción sexual, de generación en generación, los porcentajes de las variantes dominantes y recesivas para un mismo rasgo permanecen invariables. Por eso esta ley se denomina ley del equilibrio.
   
¿Se supone que esta es la fórmula de la evolución? ¿Y dónde está la evolución? A mí, si acaso, me parece muy similar a un principio de conservación. Pero no me lo parece solo a mí, y el propio Odifreddi se encarga de aclarar cualquier duda que pudiera tener sobre no haber entendido nada, añadiendo, inmediatamente después de este sensacional descubrimiento: «Dado que la evolución ocurre cuando las cosas cambian, solo es posible cuando no se cumplen al menos algunas de las condiciones que conducen al equilibrio de Hardy-Weinberg...» (pág. 82).

Pero ¿cuál es la ley matemática que formaliza y regula el cambio? El silencio. Así que, si las cosas cambian, se produce un salto evolutivo. Esta me parece la fórmula de la esperanza de la evolución, más que la fórmula matemática del evolucionismo. Eso es todo. Si no fuera por la buena fe que el ilustre Odifreddi pone en sus escritos, diría que es un fraude colosal.

Animado por un precedente tan ilustre, yo también habría decidido revelar un descubrimiento sensacional: el movimiento no rectilíneo de un cuerpo en caída libre. Un cuerpo en caída libre sigue una trayectoria recta a lo largo de la línea que lo conecta con el centro de la Tierra, pero si otro cuerpo lo golpea lateralmente, su trayectoria se convierte en una línea discontinua. ¿Crees que puedo aspirar al Premio Nobel de Física?

domingo, 17 de agosto de 2025

EL HOMBRE NO ES UN MONO

Traducción del artículo en italiano por Umberto Fasol para el Centro Italiano de Diseño Inteligente. Vía RADIO SPADA.
   
EL HOMBRE NO ES UN MONO
La naturaleza humana cuenta con innumerables tentativas de imitación, pero una sola es la verdadera.
  
Un simio mirando desde un tanque elevado en la India.

Desde la aparición del hombre (y de la mujer) en el Planeta Tierra, hace solo miles de años, se inició también el progreso, o la Historia. Antes de él, solo existía la historia geológica, que nadie podía relatar, pero con el hombre todo es narrable.

Antes de la pareja humana, por cientos de millones de años, el planeta estuvo habitado, en sucesión, por una infinidad de especies, animales, vegetales, hongos y protistas, que han padecido múltiples extinciones masivas, para después reaparecer cada vez con nuevas formas, pero nunca se ha podido hablar de “progreso”. Las medusas de hoy han quedado, desde el punto de vista de la organización social, de la civilización y del arte, como aparecieron por primera vez hace millones de años, y lo mismo se puede decir de los peces, o de las ranas, o de las águilas, o incluso de cualquier especie de mamíferos.

La familia humana, ni bien aparició, ha iniciado casi de inmediato a mejorar sus condiciones de vida respondiendo a un instinto natural, o mejor, a una inteligencia, derivante de la consciencia de sí y de la realidad, que la ha llevado a producir un mundo de manufacturas –desde el vestido al fuego, de la rueda al carro, del cuchillo a la lanza– y a crear una infinidad de experiencias culturales y espirituales que continúan también a nuestros días, a un ritmo siempre más frenético. Desde el fuego encendido con pedernal, hemos llegado a lo largo de miles de años a la central nuclear; del grafiti de Lascaux a la Capilla Sixtina; del conteo de ovejas al ordenador; de las señales de humo al teléfono inteligente; del primer consejo de padres a hijos a las universidades y los doctorados; de la primera asistencia a un herido a los hospitales y los quirófanos robóticos; de la primera risa en compañía a las películas de comedia: cada aspecto de nuestra vida cotidiana ha tomado forma a partir de un viaje ininterrumpido que comenzó en los albores de la humanidad.

Esta historia infinita de la Humanidad, que se estudia y se investiga continuamente, ha hecho de nosotros una especie única sobre el planeta, consciente y orgullosa del camino recorrido, superior en calidad y cantidad a toda organización animal o vegetal, por muy preciado e indispensable que sea para la vida. Solo los humanos crearon libros de historia. Los chimpancés, los caballos, las abejas y las hormigas no. Crecimos con esta visión de la realidad durante miles de años, hasta que, en 1871, el naturalista inglés Charles Robert Darwin publicó un libro en el que proponía nuestra descendencia de una «forma menos evolucionada», afirmando nuestro vínculo estrecho e intrínseco con el mundo animal por medio de la evolución: «Así aprendimos que el hombre desciende de un cuadrúpedo peludo y con cola, probablemente arborícola y habitante del Viejo Mundo» (El origen del hombre y la selección sexual). Se rompió el hechizo, como dijo cien años después el Premio Nobel de Medicina Jacques Monod: «La antigua alianza se ha roto; el hombre finalmente sabe que está solo en la inmensidad indiferente del universo del que emergió por casualidad. Su deber, como su destino, no está escrito en ninguna parte» (Azar y necesidad, 1970).
   
Así pues, si el hombre y la mujer habían sido previamente amasados por el Creador en el paraíso terrenal (Gén 2, 24), desde finales del siglo XIX hasta nuestros días, el hombre parece haber derivado (y no creado) a través de sucesivas transformaciones de un ser más simple o en todo caso menos evolucionado, como un fenómeno cuyos protagonistas son las mutaciones e influencias del ambiente en continuo cambio.
   
Huelga decir que el precursor se identificó fácilmente como un simio similar al chimpancé moderno. Los esfuerzos por encontrar los eslabones de conexión han sido incesantes y están ampliamente documentados tanto en revistas científicas como en periódicos, estos últimos siempre ansiosos por publicar en primera plana el descubrimiento definitivo de la cadena ininterrumpida que conecta al precursor con el Homo sápiens. Las falsificaciones documentadas utilizadas para representar esta cadena son sensacionales; la más famosa es el cráneo de Piltdown.
   
Hoy tenemos pruebas documentadas de la falsedad de esta afirmación y su distorsión ideológica: desde hace algunos años, esta secuencia ya no se enseña en las universidades, sino que se explica como que los géneros Homo y Pan tienen un ancestro común, del cual divergieron siguiendo dos líneas evolutivas diferentes. Este ancestro común, identificado tempranamente para disipar cualquier duda, obtuvo un artículo en Nature en 2012 y las portadas de los principales periódicos del mundo: se trata de una ardilla fosilizada y extinta de 15 cm de largo que vivió hace 65 millones de años y fue encontrada en Montana, EE. UU.; su nombre es Purgatórius, por el nombre de la colina.

Ahora está claro que si la similitud entre Homo y Pan pudiera tener una base remota y atrevida, el parentesco entre nosotros y una ardilla de unos pocos centímetros de diámetro es realmente una apuesta arriesgada, por no decir una broma. Es como decir que un vestido de Versace está relacionado con un centímetro cuadrado de tela preciosa: desde cierto punto de vista, es cierto, pero son dos cosas infinitamente diferentes.

El deseo de reducir al hombre a un animal, en cualquier caso, ha llegado al punto de declarar que, si bien el parentesco anatómico es un camino difícil, hasta el punto de que hoy lo comparamos con una ardilla llamada Purgatórius y ya no con un mono, la conexión con el ADN, el famoso ácido de la vida, es sumamente explícita. El género Homo y el género Pan comparten el mismo ADN, por lo tanto, son parientes cercanos; de hecho, muy cercanos, según la corriente dominante actual. Se podría decir que son variedades de la misma especie, que comparten una bioquímica nuclear completa. Pero, por supuesto, ¡no es así! El exceso humano está a la vista de todos, todos los días y en todas las latitudes.

Analicemos la cuestión, intentando responder al menos a tres preguntas: primero, ¿es cierto que la composición genética es la misma? La respuesta es no: el género Pan (troglodýtes y paníscus, chimpancés y bonobos) tiene 48 cromosomas, dos más que el género Homo. No es poca cosa.

No solo eso, y aquí está el punto más relevante: nuevos datos publicados en Nature por DongAhn Yoo et al. tras un trabajo comparativo [1] inédito, revelan que la diferencia entre ambos genomas ronda el 14% —y oscila entre el 12,5% y el 27,3% en total—, mucho mayor que el famoso «1%» anunciado en todos los textos. Existen secciones del genoma que no son «alineables», es decir, comparables en paralelo, mientras que existen numerosas mutaciones entre las secciones alineables: esta evidencia fue posible gracias a que, por primera vez, los investigadores secuenciaron genomas de monos desde cero, mientras que anteriormente utilizaban el humano como referencia.

La segunda pregunta es: ¿es comparar genomas un buen criterio para revelar el grado de similitud entre dos tipos de seres vivos? Una vez más, la respuesta es no. La naturaleza parece burlarse de nuestro análisis genómico: la patata tiene 48 cromosomas, pero es completamente diferente de Pan o Pongo (orangután). El perro y la gallina tienen 78, ¡pero qué diferentes son! La fresa tiene 56, la vaca 60 y la paloma 80. Las plantas generalmente tienen más cromosomas que los animales, pero parecen más simples anatómica y fisiológicamente. En resumen, el análisis genómico es una historia de la que no podemos extraer nada útil para nuestra investigación.
  
Un golpe mortal adicional se asesta al analizar otro aspecto de la comparación, que no es la cantidad de ADN, sino la calidad de la información. Tomemos como ejemplo un gen bien conocido, el FOXP2, uno de los genes más activos en la función del lenguaje y presente tanto en bonobos como en humanos: se trata de un factor de transcripción activo en el desarrollo cerebral en áreas que controlan los movimientos finos del lenguaje. El gen tiene 2600 bases de longitud, y las dos especies difieren solo en dos mutaciones puntuales (una cada 1300 bases) que producen dos aminoácidos diferentes. Claramente, las dos mutaciones ocurrieron en dos loci altamente funcionales, lo que significa que solo los humanos son capaces de articular palabras moviendo la laringe, la lengua y la boca según una secuencia de comandos originados en la corteza motora. En otras palabras, es como si dos llaves con un número infinito de puntos perpendiculares al eje principal difirieran solo en dos pequeños pasadores, de modo que una encaja en la cerradura y la otra no.

Y aquí llegamos a una cuarta pregunta, que considero crucial y aún más crucial para nuestra búsqueda de la verdad sobre los genomas: ¿se ejecutan las instrucciones contenidas en el ADN sin modificaciones ni adiciones adicionales? ¿Estamos seguros de que el conjunto de instrucciones para la vida se limita a la secuencia lineal de letras (3200 millones) que componen los dos metros de ADN presentes en el núcleo de una célula humana? La respuesta, certificada por la biología molecular moderna, es asombrosa: entre las instrucciones y el producto final, no existe un camino lineal y automático, sino una serie de caminos que, con las señales adecuadas, conducen a resultados completamente diferentes y, a veces, impredecibles. Es decir, con el mismo segmento de ADN, la naturaleza crea diferentes anatomías o metabolismos, al igual que un sastre, a partir de la misma tela, crea ropa completamente distinta según su encargo. Los ejemplos de genes que realizan distintas funciones en distintos contextos celulares se multiplican cada día gracias a la investigación. Uno de los ejemplos más conocidos y llamativos es el gen Bcl-x, implicado en la apoptosis (muerte celular programada). Gracias al fenómeno del splicing alternativo, su forma derivada de xL es antiapoptótica o inhibitoria, mientras que su forma derivada de xS es promotora; en otras palabras, el mismo gen, o el mismo segmento de instrucciones, puede producir, dependiendo de la señalización que encuentre, dos proteínas que tienen efectos opuestos sobre el metabolismo.

Esto es increíble, porque hace que la ejecución de una orden presente en el ADN sea impredecible a prióri. Por lo tanto, desde nuestro punto de vista, anula la búsqueda de parentesco entre especies basada en la simple afinidad de la tira de ADN. ¿Qué es el empalme alternativo? Es una técnica muy compleja que requiere una dirección superior: el gen se divide en múltiples segmentos de longitud variable, que se unen, eliminando algunos de ellos. Los fragmentos eliminados se llaman intrones, mientras que los que se unen para transportar nueva información en comparación con la tira original se llaman exones. Solo la célula sabe, momento a momento, qué fragmentos se convertirán en exones y cuáles no, para producir el transcrito xL o el transcrito xS. Dependiendo de las necesidades del momento. ¿Cómo lo sabe? Esa es otra pregunta y no la abordaremos por ahora, aunque siga siendo una plaga en nuestras mentes. Enzimas especiales, llamadas enzimas de restricción, cortan el gen en segmentos, y otras, llamadas ligasas, unen los que son relevantes para los propósitos de la célula, es decir, los propósitos del órgano, del sistema, del organismo y su red. Uno puede perderse en esta búsqueda interminable de la cadena causal de un proyecto global que, en última instancia, está extendido y presente en cada parte.

Lo que he descrito se denomina técnicamente regulación de la transcripción descendente, pero también existe regulación de la transcripción ascendente: existen enzimas represoras que actúan en oposición a los factores de transcripción. Estos represores desactivan el gen, es decir, no lo activan y, por lo tanto, impiden que se ejecute su información. Actúan en sentido contrario y son cruciales para el proceso de diferenciación celular, el fenómeno que permite a un embrión crear hasta 254 tejidos diferentes a partir de una sola célula en humanos adultos. Por ejemplo, los genes silenciados en el tejido nervioso están activos en el tejido miocárdico, y viceversa. Así pues, volviendo a nuestro punto, la presencia de un segmento de ADN idéntico en dos especies diferentes no constituye una prueba inequívoca de parentesco, ya que puede estar activo en una y desactivado en la otra.

También existe un proceso de señalización posterior que permite nuevas bifurcaciones en la vía de la proteína: estas se denominan modificaciones postraduccionales, las cuales dan forma y función a la proteína que emerge de la cadena ribosómica, o cadena de ensamblaje. De hecho, el producto crudo que emerge de la cadena de ensamblaje debe etiquetarse, lo que significa que debe sufrir una modificación que determine su uso previsto: podría convertirse en una enzima para la mitocondria, una enzima para el citoplasma, una proteína de membrana o incluso una hormona secretada a la sangre. Sin estos retoques finales, la proteína cruda es inutilizable.

En conclusión, debemos reconocer que el conocimiento moderno ha revolucionado nuestra visión de la biología en su conjunto. El ADN ya no es un manual de instrucciones, sino simplemente un ingrediente de la Vida. Así como antes de Copérnico se imaginaba que la Tierra era el centro, antes de la biología molecular, se imaginaba que el ADN era el inicio de todo proceso vital. La revolución es profunda y cambia por completo nuestra visión de las cosas. Las instrucciones ya no se limitan a una franja lineal de ácido nucleico, sino que se difunden por toda la célula. De hecho, precisamente porque la célula no está aislada, debemos reconocer que estas instrucciones se difunden por todo el cuerpo, en sus órganos y sistemas, en sus glándulas y cerebro, incluyendo el bioma intestinal y los microorganismos simbióticos de nuestra piel. Ahora comprendemos que «la instrucción para la Vida» no tiene principio ni fin, sino que es una red que comienza en conjunto, interactuando con todos sus nodos. Es el «conectoma» moderno, el motor de todo y de la Vida misma. Al igual que en un partido de fútbol, el balón va hacia donde los jugadores ya se han movido para interceptarlo, ocurre lo mismo con la vida biológica: los actores, que son múltiples, se mueven juntos, pero en direcciones diferentes, mientras que cada uno influye en los movimientos del otro. Hoy en día, ya no decimos que el cuerpo humano está compuesto de sistemas, sino que puede representarse como un conjunto de relaciones entre sus partes; partes que se identifican con las células individuales de cada órgano. Nuestra realidad, es decir, nuestro ser, no es un objeto, ni información ni un algoritmo; es más bien una «interacción». Técnicamente, un «conectoma». Asistimos a un cambio de paradigma: la interacción entre las partes es más importante que las partes mismas y es una fuente continua de creación y, al mismo tiempo, de modificación de las mismas. Esto es, en cierto modo, lo que ya viene ocurriendo en el campo de la física desde hace varias décadas: los cuerpos y los objetos forman parte de los campos que generan y que, a su vez, influyen. El campo gravitacional o el campo eléctrico son equivalentes, en función, al campo morfogenético que genera, mantiene y reproduce la vida. Pero ¿cómo puede surgir y mantenerse este campo morfogenético, que abarca toda la biosfera e interactúa con la atmósfera, la hidrosfera y la geosfera? Esto fue un misterio para nuestros antepasados, sigue siéndolo para nosotros y, muy probablemente, seguirá siéndolo también para nuestros descendientes.

En conclusión, lo que podemos extraer de este análisis detallado es que las prerrogativas de cada especie, en este caso la especie humana, no pueden deducirse de sus ingredientes materiales. En otras palabras, la sustancia humana —es decir, lo que hace a los humanos lo que son— no es su esqueleto, sus células ni su ADN. ¿Qué, entonces, hace humanos a los humanos? Es su misterio. Compuesto de anatomía, fisiología, bioquímica, pero también de bioma, información, conexión, una orquestación inmaterial que no podemos identificar pero que está perpetuamente en funcionamiento, al menos desde la concepción hasta la muerte. Y esto es cierto para todo ser vivo. Los ingredientes últimos, de hecho, son los mismos para todas las especies: átomos, hechos de protones, neutrones y electrones. El secreto de la Vida reside en la misteriosa orquestación que los hace danzar dentro de la forma de un cuerpo.
  
NOTA

miércoles, 9 de julio de 2025

JUGANDO A SER DIOS…

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
ARRANCA EL PROYECTO HACIA UN GENOMA HUMANO SINTÉTICO

“Macromoléculas de la célula viva” (Asher Kalderon, parte de la serie de timbres postales israelíes de 1964, por valor de 0,35 liras israelíes).
  
Entre otros, scienzenotizie.it transmitió la noticia en Italia:
«Un grupo de científicos británicos trabaja activamente en la creación de ADN humano sintético, una iniciativa que representa un avance sin precedentes en el campo de la biotecnología. El 26 de junio, Wellcome Trust, la mayor organización benéfica de salud del mundo, anunció una financiación inicial de 10 millones de libras para el Proyecto Genoma Humano Sintético (SynHG). Sintetizar un genoma humano, o “escribir” la vida desde cero, ha generado un intenso debate, ya que se considera un tema controvertido y delicado. Las principales preocupaciones son:
  • Posibilidad de generar “niños diseñados”.
  • Cambios impredecibles y potencialmente dañinos para las generaciones futuras.
  • Implicaciones éticas y sociales de la manipulación genética».
Y se añade más adelante:
«El ADN, la molécula que contiene toda nuestra información genética, es fundamental para la identidad de un organismo. Desde la finalización del Proyecto Genoma Humano en 2003, que cartografió el ADN humano, los científicos han soñado no solo con descifrar nuestro código genético, sino con “escribirlo”. El proyecto SynHG busca alcanzar este ambicioso objetivo mediante el desarrollo de herramientas y tecnologías para la síntesis de genomas. “Al crear herramientas y metodologías para sintetizar un genoma humano, podremos responder a preguntas sobre la salud y la enfermedad que actualmente ni siquiera podemos imaginar”, afirmó Michael Dunn, director de Investigación de Descubrimiento de Wellcome. Esta iniciativa podría transformar nuestra comprensión de la vida y el bienestar.
   
La síntesis genómica es un proceso complejo en comparación con la edición genética, que se limita a cambios menores. Implica construir desde cero estructuras genéticas extensas y completas, como un cromosoma humano completo. Por esta razón, la creación de un genoma humano sintético podría llevar décadas. El objetivo inmediato del proyecto es crear un “cromosoma humano sintético completo” en un plazo de cinco a diez años. El equipo del profesor Jason Chin, director del proyecto en el Instituto de Biología Generativa del Instituto de Tecnología Ellison logró recientemente sintetizar el genoma completo de la bacteria E. coli, que consta de aproximadamente 4,5 millones de pares de bases. Sin embargo, el genoma humano es mucho más complejo, ya que contiene más de 3000 millones de pares de bases. Las preocupaciones expresadas por los críticos son significativas, ya que existe el temor de que esta poderosa tecnología pueda utilizarse para crear armas biológicas o humanos mejorados. El principal problema es que actualmente no existen medidas de seguridad adecuadas para prevenir este tipo de aplicaciones maliciosas».
Si la operación en su conjunto parece inalcanzable, es la idea subyacente la que resulta preocupante. El riesgo de que la humanidad sea reelaborada según los patrones de cierta “ciencia” no puede dejarnos indiferentes. La frontera entre el investigador y el aprendiz de brujo a veces se difumina, y las consecuencias de ciertos enfoques no solo conciernen a la aceptabilidad ética del resultado, sino también al peligro de la propia mentalidad que traen consigo. El hombre, después de todo, es incomparablemente más de lo que los meros datos materiales pueden decirnos (véase: El hombre y su naturaleza y El origen y los destinos del hombre del padre Angelo Zacchi OP). Todo padre de gemelos idénticos sabe que, aunque tienen la misma herencia genética, cada uno de ellos es un ser humano único.
   
No sorprende que ya el 25 de septiembre de 2007, el Corriere della Sera presentara el último número de Newton [revista mensual de divulgación científica emitida en una primera época entre 1997 y enero de 2008 (cuando se emitió un número con diez artículos seleccionados de ediciones anteriores), y posteriormente entre diciembre de 2009 y julio de 2012, N. del T.], en el que se empezó a hablar de quimeras humano-animales. Un tema solo aparentemente diferente:
«Un embrión, 99,9 % humano y 0,1 % animal, nacerá en unos meses. Y no en un remoto laboratorio del Lejano Oriente, sino a tiro de piedra de casa, en los centros universitarios de Londres, Newcastle y Edimburgo, en Gran Bretaña. Es lo que se llama una quimera o, más correctamente, un híbrido. Deberá ser sacrificado en 14 días, pero mientras tanto permitirá a los investigadores obtener cultivos de células madre embrionarias útiles para estudiar los mecanismos de enfermedades como el párkinson o el alzhéimer y, posteriormente, encontrar una terapia. Se ha dado el primer paso hacia una nueva frontera de la ciencia: hace mes y medio, algunos ministros ingleses se declararon a favor de la creación de híbridos y quimeras, respaldados por una investigación del Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes que, tras constatar la insuficiencia de embriones humanos disponibles para la investigación, concluyó que es necesario explorar otras vías. En nombre de la libertad científica».
Un dato es seguro: cuando el hombre juega a superar los límites que le fueron impuestos por el Creador o a acariciar la idea de ser como Él («Éritis sicut Dii» Génesis 3, 5), las cosas acaban mal.

«Dijo entonces la serpiente a la mujer: “¡Oh! ciertamente que no moriréis. Sabe Dios que en cualquier tiempo que comiereis de él [del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal], se abrirán vuestros ojos y seréis como dioses, conocedores de todo, del bien y del mal”» (Génesis 3, 4-5).

domingo, 3 de noviembre de 2024

DEL NOMINALISMO ANTITOMISTA DE OCKHAM AL MODERNISMO

Dibujo representativo de Guillermo de Ockham (Summa lógicæ. Manuscrito del Colegio Gonville y Cayo, Cambridge, 464/571, fol. 69 recto).

El nominalismo metafísico y lógico
El nominalismo inicia, sistemáticamente, con Juan Roscelino de Compiègne († 1125), continúa con Pedro Abelardo († 1160) [1], y es retomado y desarrollado por Guillermo de Ockham († 1349), que lleva hasta las últimas consecuencias el antitomismo escotista [2]. 

Él considera que los conceptos universales [3] y la naturaleza o esencia real (genérica [4] y específica [5]) no tienen ninguna realidad objetiva fuera de la mente pensante; la única realidad extra-mental es la cosa singular, el individuo (por ejemplo, Antonio): “Nihil est præter indivíduum” es el axioma que resume y define el nominalismo.
   
En síntesis, los universales lógicos (nombres) y ontológicos (esencias o naturalezas) son solamente “puras voces”, sin consistencia ontológica ni lógica, de las cuales nos servimos para indicar a los individuos reales, que se asemejan entre sí (Antonio, Marcos, Juan…) [6].
   
Si Abelardo consideraba que el universal era al menos un concepto o una idea, Ockham precisamente niega hasta la objetividad y la realidad del concepto, que según él existe solo subjetivamente o lógicamente en el pensamiento del individuo y no tien ningún fundamento en la realidad, abriendo, así, las puertas al subjetivismo del cógito de Descartes y a la crítica de las categorías subjetivas de Kant. 
   
El Padre Carlo Giacon escribió: «Leyendo el Leviatán de Tomás Hobbes y el Ensayo sobre el conocimiento humano de Locke, se hallan fácilmente las inspiraciones en el nominalismo de Ockham. […]. Hume no hizo más que llevar hasta las últimas consecuencias los principios nominalistas elaborados por Hobbes y Locke […] así que la filosofía moderna se apoya en las mismas bases en la cual se apoyó el nominalismo occamista» (Occam, Brescia, La Scuola, II ed., 1945, pág. 137) [7]. 
    
El nominalismo radical de Ockham reduce la metafísica a la lógica y el ser al pensamiento, deprime la capacidad de la razón humana de conocer la realidad y tuerce el camino al escepticismo y al agnosticismo posteriores. 
   
Con todo, hay muchos errores en el poccamismo (por ejemplo, la negación de la distinción real entre sustancia y accidentes prepara la negación luterana de la transubstanciación sustituida por la empanación [8]), pero aquí trato solo aquellos metafísicos y lógicos sobre los universales, que anteceden al empirismo y al subjetivismo, los cuales, junto al kantismo y al hegelianismo, son las bases del modernismo, como ha explicado San Pío X. 
   
El nominalismo, explica el eminente estudioso de Ockham, el padre Carlo Giacon, es heredero de la sofística griega antigua, combatida por Sócrates, Platón y Aristóteles. Acto seguido, esta es retomada por el empirismo o sensualismo inglés, según el cual el conocimiento humano no es racional, sino solamente sensible. El nominalismo está en el origen del individualismo sensualista filosófico [9], del liberalismo político y del liberalismo económico [10] y por ende del libertarismo moral [11]. De hecho, según el nominalismo se puede conocer solo el hecho y el singular en su singularidad sensible. Luego, esta es la apoteosis del individualismo y la negación de la metafísica, de la especulación intelectual, de la sana razón y del sentido común [12].
   
Guillermo de Ockham (1300-1349) es el rey del nominalismo. Él ha vuelto las espaldas a la escolástica medieval y ha abierto el camino a la filosofía moderna y subjetivista. Rechaza la metafísica en nombre de la lógica y concede, con 300 años de anticipación sobre Descartes, un primado al pensamiento sobre la realidad. Se opone al realismo del conocimiento en nombre de una suerte de criticismo pre-kantiano. No edifica aún la filosofía moderna, pero demuele aquella perenne y de aquesta disolución de la escolástica medieval nace la modernidad filosófica en su pars cónstruens.
   
El padre Carlo Giacon escribe: «Ockham con su nominalismo lógico, que niega el valor objetivo del conocimiento racional, y con su pre-agnosticismo metafísico, que suprime las bases racionales de la fe y conduce al subjetivismo y al escepticismo, […] influyó en la formación de la filosofía moderna» (Occam, Brescia, La Scuola, II ed., 1945, pág. 120).

En la metafísica, Ockham niega la distinción real entre esencia y ser (Summa lógicæ, III, 2, 27), entre acto y potencia, entre sustancia y accidentes, afirma que el conocimiento racional no puede llegar a demostrar la existencia de Dios (Quodlibéta, I, cuestión 1), y la existencia de cualquier relación entre la razón y la fe [13].  

En síntesis, para Ockham la razón no puede conocer las esencias de las cosas y tampoco al Trascendente, la lógica no es un conocimiento objetivo y real del mundo extramental (Sentencia 1.ª, distinción 3, cuestión 8). El hombre tiene solo un conocimiento sensible del singular, del fenómeno que cae bajo los sentidos, de lo que es experimentable (Quodlibéta, I, cuestión 13.ª; Sentencia 3.ª, distinción 9.ª, cuestión única). En esto él es un precursor del sensualismo empirista del la Ilustración inglesa del siglo XVIII, en cuanto el mismo Ockham «reduce la realidad solo a lo que es empíricamente verificable» [14]. Por tanto, «de la posición occamista al subjetivismo moderno no hay sino un paso cortísimo» [15]. 

Las consecuencias morales del nominalismo
El error principal, que está en la base de la moral subjetivista y relativista llamada “de la situación”, reside en la filosofía nominalista [16], moderna y contemporánea, y en la teología protestante y modernista, que sustituyen el yo pensante en la realidad objetiva y anulan la libertad humana y el valor de las obras objetivas y reales para remplazarlas con el sentimiento moral subjetivista del hombre, que se encuentra viviendo y actuando en una situación determinada. 
  
En síntesis, es el mismo error del modernismo clásico (que quería casar la filosofía moderna subjetivista y relativista con el dogma católico, relativizándolo y vaciándolo desde el interior), pero traspuesto del campo teórico y dogmático al práctico y moral. El modernismo, después de haber hecho tabla rasa en el campo teórico, se lanzó contra el práctico y ético con la nueva moral de la situación de la nueva teología. Se puede decir, pues, que la moral de la situación representa el estadio terminal del neomodernismo, que quiere destruir también el comportamiento humano moral según la naturaleza y la ley divina.
   
La conclusión práctica y moral del nominalismo, negando filosóficamente que todo hombre mantiene la misma esencia o naturaleza de ser humano (animal racional y libre) en las situaciones particulares y concretas en que se encuentra viviendo, es que la situación subjetiva tiene la primacía sobre la ley moral y deviene, así, la regla del comportamiento ético del hombre.
    
Es la situación subjetiva que remplaza la ley y la moral objetiva.
     
Es por esto que Ockham niega la moralidad intrínseca de las acciones humanas, puesto que nominalistamente el criterio de la moralidad es extrínseco al objeto de la acción humana (G. Ockham, Sentencia 4.ª , cuestión 9.ª; Centilóqium theológicum, conclusión 7.ª, B, F).

Las consecuencias eclesiológicas del nominalismo
El individualismo del nominalismo de Ockham, aplicado a la teología sobre la Iglesia, produce una doctrina eclesiológica protestante y modernista.
   
De hecho, anticipando un método que será practicado sistemáticamente por Lutero, Calvino, Zuinglio y también por los más recientes críticos de las estructuras eclesiásticas (v. Hans Küng), Ockham elimina todas las adquisiciones doctrinales acumuladas por la Tradición, para dirigirse exclusivamente a las enseñanzas de las Epístolas de San Pablos y a los otros escritos neotestamentarios (Diálogo, I, 1, cc. 1-6). 
    
Los pasajes del Nuevo Testamento y la vida de la Iglesia primitiva representan para Ockham el único término de comparación para juzgar de la fe y la verdad (Diálogus inter magístrum et discípulum de Imperatórum et Pontíficum potestáte, I, 1, c. 5)” (B. Mondin, Storia della Teologia, Bolonia, ESD, 1996, vol. II, págs. 493).
    
El vértice de la teología occamista es que los fieles son el primer sujeto de la verdad salvífica y no la Iglesia jerárquica (Diálogus, I, 5, 29; ivi, I, 1, 4; Octo quæstiónum decisiónes super potestátem Summi Pontíficis, VII, 117; Opus nonagínta diérum, c. 6).
   
Este principio es la consecuencia lógica del subjetivismo individualista de Ockham. 
   
Como no hay naturalezas y esencias, sino solo individuos; así no hay una Iglesia jerárquica y jurídicamente estructurada, sino los fieles individuales. «La Iglesia de Ockham tiene su realidad en los individuos creyentes que la componen. Esta teoría eclesiológica está perfectamente en línea con los principios fundamentales de la filosofía occamista toda centrada en el singular, en el individuo y fuertemente alérgica hacia todo lo que es común: el universal, el necesario. […]. La exigencia de las divinas estructuras, incluida la de su Cabeza visible, el Papa, es fuertemente redimensionada» (B. Mondin, cit., pág. 494). 
   
Además, Ockham reputa que el Papa puede ser herético y luego deviene inferior al simple cristiano fiel y puede ser juzgado por él (Diálogus, I, 5, 3). Finalmente, Ockham niega la infalibilidad del Papa y admite la de los fieles individuales, sobre todo las chácharas de Andrea Cionci (Diálogus, I, 5, 3, cc. 25-28). 

PADRE CURZIO NITOGLIABuona filosofia e contro–storia filosofica. Dall’antichità pagana ad oggi (Buena filosofía y contrahistoria filosófica. Desde la antigüedad pagana hasta hoy). Edizioni Radio Spada, 2024 (Traducción propia). 

NOTAS
[1] C. Ottaviano, Pietro Abelardo. La vita, le opere, il pensiero, Roma, 1931; J. Verger – J. Jolivet, Bernardo e Abelardo, Milán, 1989. 
[2] Cfr. E. Gilson, La filosofia nel Medioevo, Florencia, La Nuova Italia, 1973, págs. 288-290, 336-357, 763-821; M. De Wulff, Histoire de la Philosophie médiévale, Lovaina, 1924, I vol., pág. 93 y ss., y II vol., pág. 157 y ss.; S. Vanni Rovighi, Storia della filosofia medievale, Milán, Vita & Pensiero, 2.ª ed., 2006, págs. 58-59, 84-88, 149-157; C. Giacon, Guglielmo di Ockam. Saggio storico-critico sulla formazione e sulla decadenza della Scolastica, Milán, Vita & Pensiero, 1941, 2 vols.; Id., Occam, Brescia, La Scuola, 1943; B. Mondin, Storia della  Metafisica, Bolonia, ESD, 1998, II vol., págs. 714-729; G. De Ruggero, Storia della filosofia, vol. I, parte III, Rinascimento, Bari, Laterza, 1937; N. Abbagnano, Guglielmo di Ockam, Lanciano, Carabba, 1931.   
[3] Por ejemplo, “humanidad”.
[4] Por ejemplo, “animal”.
[5] Por ejemplo, “humana”.
[6] G. Ockham, Sentencia 2.ª, cuestión 2.ª, art. 4; Sentencia 2.ª, cuestión 5.ª; Quodlíbeta, V, 14; Sentencia 2.ª, cuestión 2.ª, art. 8.
[7] El empirismo de Hobbes, Locke y Hume es un sistema filosófico que reduce toda la realidad al hecho experimentable precisamente de los sentidos, y es por esto que se llama también sensualismo. Por ende, la sensación es el único modo de conocimiento y el fenómeno sensible es la única realidad. De esto derivan el positivismo, el materialismo y el pragmatismo. «El empirismo hace imposible la construcción de una metafísica y quita todo valor a la realidad, que trasciende los sentidos o la experiencia sensible. Por ende, es adverso a la sana filosofía y a la religión» (P. Parente, voz “Empirismo” en Diccionario de teología dogmática, Roma, Studium, 4.ª ed., 1957, pág. 136).
[8] Cfr. Concilio de Trento, DB, 884; Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, cuestión. 65; ibid., cuestión 75, artículos 1-4. 
[9] C. Giacon, Occam, Brescia, La Scuola, 2.ª ed., 1945, pág. 120. 
[10] Cfr. Denis Fahey, The Mystical Body of Christ in the Modern World, Cork, Forum Press, 1945, vol. I, 3.ª parte, cap. XI y XII, pág. 377-415. Véase la influencia ejercitada sobre Ockham de la escuela escuela universitaria científica y experimental de Oxford nacida hacia 1150 con Roberto Cabeza gruesa de Lincoln, Rogelio Bacon y Pedro de Maricourt (cfr. C. Mallet, A History of the University of Oxford, 3 vols., Londres, 1924-1927; E. Bettoni, “Ruggero Bacone”, en Grande Enciclopedia Filosofica, Milán, Marzorati, 1954-1985, vol. IV, págs. 1270-1279) de la cual tomó nacimiento el liberalismo económico.
[11] Cfr. F. Roberti – P. Palazzini, Diccionario de Teología moral, Roma, Studium, 4.ª ed., 1968, vol. II, voz “Moral de la situación”, págs. 1065-1067 (Pietro Palazzini, compilador); C. Fabro, La aventura de la teología progresista, Milán, Rusconi, 1974, parte II, “Teología y Moral”, cap. I, “El valor permanente de la moral”, págs. 171-251. Tanto Palazzini como Fabro hacen derivar la nueva moral subjetivista –remotamente– del nominalismo ockhamista y –próximamente– del empirismo británico.
[12] B. Mondin, Storia della Metafisica, Bolonia, ESD, 1998, II vol., pág. 718.
[13] Cfr. B. Mondin, Storia della Metafisica, Bolonia, ESD, 1998, vol. II, pág. 718; A. Ghisalberti, Guglielmo di Ochkam, Milán, 1972, págs. 123-124. 
[14] B. Mondin, cit., págs. 720 y 723. 
[15] B. Mondin, cit., pág. 721.
[16] Cfr. J. Fuchs, Morale théologique et morale de situation, en Nouvelle revue théologique, n.º 76, 1954, págs. 1073-1085; A. Boschi, Una nuova morale: la così detta etica della situazione, en Palestra del clero, n.º 35, 1956, págs. 969-980; F. Olgiati, Una morale nuova e la condanna del S. Uffizio, en Rivista del clero italiano, n.º 37, 1956, págs. 481-490; F. Roberti – P. Palazzini, Diccionario de Teología moral, Roma, Studium, 4.ª ed., 1968, vol. II, voz “Moral de la situación”, págs. 1065-1067 (Pietro Palazzini, compilador); C. Fabro, La aventura de la teología progresista, Milán, Rusconi, 1974, parte II, “Teología y Moral”, cap. 1, “El valor permanente de la moral”, págs. 171-251; D. Composta, La nuova morale e i suoi problemi, Roma, 1990.

miércoles, 4 de octubre de 2023

LA VERSIÓN 2.0 DE “Laudato si’”

Ya voy a complacer a mi patrón Soros con otro manifiesto izquierdista…

Hoy Francisco Bergoglio publicó la exhortación “Laudáte Deum”, la versión 2.0 de su panfleto ecologista “Laudato si’” sobre la pretendida crisis climática, materia que escapa a las competencias de un Papa católico (la ciencia y política no son materia de infalibilidad pontificia –que tampoco cobija a los herejes–).
   
Bergoglio eligió publicarla el 4 de Octubre (la misma fecha que “Fratelli Tutti”), no porque sea la fiesta de San Francisco de Asís (que había sido declarado patrono de la ecología por Juan Pablo II Wojtyła en 1979), sino porque ese día en 1965, Pablo VI Montini dio su discurso en las Naciones Unidas diciendo que ella era «la última esperanza para la paz y la armonía de la humanidad».
   
Medalla conmemorativa de la visita de Pablo VI a las Naciones Unidas el 4 de Octubre de 1965 (Fuente: E-bay).

En “Laudáte Deum” (que parece recoger los sueños guajiros de la niñata malencarada de Greta Thunberg, otra marioneta del sistema), Bergoglio simplemente papagayea a la oligarquía y trata de asustar al lector con expresiones altisonantes como «sufrido planeta» o «el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre» (LD, 2).
    
Jugando a profeta de desastre (lo que irónicamente su antecesor Juan XXIII bis Roncalli quiso rechazar en su discurso de apertura del Vaticano II el 11 de Octubre de 1962), Bergoglio habla de «olas de calor», «inundaciones», «sequías severas», «calor extremo», «derretimiento de los glaciares», una «inusual aceleración del calentamiento», «aumento del nivel del mar», «irreversibles al menos por cientos de años», «el enorme daño que hemos causado», «diagnósticos apocalípticos», «de allí no se regresa» (LD, 5, 6, 15, 17, 19).
    
Luego, lo vuelve todo una broma de pésimo gusto (cosa en la que Bergoglio es experto desde sus días en la Curia bonaerense) diciendo que «la pandemia (sic) del covid-19 ha constatado la estrecha relación de la vida humana con la de otros seres vivientes y con el medio ambiente» (LD, 19). Otra broma: «Lamentablemente, la crisis climática no es precisamente un asunto que interese a los grandes poderes económicos, preocupados por el mayor rédito posible con el menor costo y en el tiempo más corto que se pueda» (LD, 13).
   
En vez de confrontar los argumentos sólidos que han desbancado el relato del cambio climático antropogénico que quiere venderse como hegemónico, él los denigra simplemente como «opiniones despectivas y poco racionales» que encuentra «incluso dentro de la Iglesia católica» (LD, 14), como si un Bergoglio confuso y emocional tuviese una maldita idea sobre la racionalidad o de opiniones respetuosas.
    
En el corazón del texto (número 35), apela a un peligroso y satánico gobierno único mundial, soñando con «una autoridad mundial regulada por el derecho» que «debe estar dotada de autoridad real de manera que se pueda “asegurar” el cumplimiento de algunos objetivos irrenunciables» [de la oligarquía].
   
Bergoglio divaga sobre lo que llama el «viejo multilateralismo», diciendo que quiere «reconfigurarlo y recrearlo teniendo en cuenta la nueva situación mundial» estableciendo un «un nuevo procedimiento de toma de decisiones y de legitimación de esas decisiones» (LD, 43).

En tal sentido, tiene unas palabras respecto la XXVIII Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28), que se realizará del 30 de Noviembre al 12 de Diciembre en Dubái (Emiratos Árabes Unidos):
«Los Emiratos Árabes Unidos hospedarán la próxima Conferencia de las Partes (COP28). Es un país del Golfo Pérsico que se caracteriza por ser un gran exportador de energías fósiles, si bien ha hecho importantes inversiones en energías renovables. Mientras tanto, las empresas de gas y petróleo ambicionan nuevos proyectos allí para ampliar más aún la producción. Decir que no hay nada que esperar sería un acto suicida, porque implicaría exponer a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, a los peores impactos del cambio climático.
  
Si confiamos en la capacidad del ser humano de trascender sus pequeños intereses y de pensar en grande, no podemos dejar de soñar que esta COP28 dé lugar a una marcada aceleración de la transición energética, con compromisos efectivos y susceptibles de un monitoreo permanente. Esta Convención puede ser un punto de inflexión, que muestre que todo lo que se ha hecho desde 1992 iba en serio y valió la pena, o será una gran decepción y pondrá en riesgo lo bueno que se haya podido lograr hasta ahora.
   
[…]
  
Si hay un interés sincero en lograr que la COP28 sea histórica, que nos honre y ennoblezca como seres humanos, entonces sólo cabe esperar formas vinculantes de transición energética que tengan tres características: que sean eficientes, que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente» (LD, 53-54, 59).
Acto seguido, pasa a defender a los ultras climáticos, que protestan violentamente contra eventos de tal envergadura (o sin envergadura de eventos, lo mismo da), en un discurso que en otras personas les granjearían unos buenos años en la prisión por terrorismo e instigación a delinquir:
«Suelen llamar la atención en las Conferencias sobre el clima las acciones de grupos que son criticados como “radicalizados”. Pero en realidad ellos cubren un vacío de la sociedad entera, que debería ejercer una sana “presión”, porque a cada familia le corresponde pensar que está en juego el futuro de sus hijos» (LD, 58).
Como católicos, ese documento tiene tanto valor como si un funcionario de las Naciones Unidas publicase una resolución sobre “nuevos aspectos la Santísima Trinidad” [= nulo], y debe rechazarse de plano como una súplica por el gobierno del Anticristo, al cual Jesucristo el Señor matará con la espada de Su boca y el resplandor de Su presencia el día glorioso de la Parusía (cf. 2.ª Tesalonicenses II, 13; Apocalipsis XIX, 21).

Epa, Pancho, ya que tanto te preocupa el ambiente, decínos cuántos árboles se talaron para producir el papel en que se imprimió esta bazofia.

viernes, 3 de febrero de 2023

CONTRA EL NUEVO PAPADO KWASNIEWSKISTA

Traducción del artículo publicado en NOVUS ORDO WATCH.
  
CONTRA EL ‘NUEVO PAPADO’ DE PETER KWASNIEWSKI
Rehaciendo el Papado para que Bergoglio ajuste en él…
   
  

El 4 de enero de 2023, el filósofo estadounidense Dr. Peter Kwasniewski publicó un artículo sobre One Peter Five titulado “Abandonar la Iglesia no tiene ningún atractivo para los tradicionalistas”, y en esta publicación responderemos al mismo. Por “tradicionalistas” se refiere a las personas en la Iglesia del Vaticano II que reconocen a Francisco como el Papa legítimo pero se resisten a él en cualquier cosa que personalmente decidan que «no está de acuerdo con la Tradición».
  
Preferimos llamar a esas almas —muchas de las cuales son genuinamente devotas y buenas personas que aman a nuestro Señor sin medida— “semitradicionalistas”, porque, ya sea intencionadamente o no, su adhesión a la Tradición católica es solo parcial: por un lado, no admitimos la enseñanza tradicional sobre el Papado y la Iglesia, que es irreconciliable con la idea de que el apóstata público Jorge Bergoglio (“Papa Francisco”) podría ser el sucesor de San Pedro.
 
De hecho, Bergoglio constantemente hace cosas que un verdadero Papa estaría divinamente impedido de hacer, como enseñar como parte de su magisterio oficial que se puede dar la Sagrada Comunión a los adúlteros impenitentes si “disciernen” que es “la voluntad de Dios” que ellos la reciban permaneciendo en adulterio; tales como declarar que Dios desea positivamente una variedad de religiones diferentes como expresión de Su voluntad y “enriquecimiento” para la humanidad; y como canonizar al monstruoso pecador público Giovanni Battista Montini (“Papa Pablo VI”) como un Santo digno de veneración e imitación.
    
Aunque claramente enseña, gobierna y “santifica” a sus seguidores en la miseria eterna (objetivamente hablando), Francisco es, sin embargo, un Papa válido para el profesor Kwasniewski, y la institución que dirige es, sin embargo, la Iglesia Católica Romana, insiste. Huir del hereje público Bergoglio, y salir de esa entidad de la que está a cargo, sería lo único razonable para cualquiera que quisiera ser católico, pero para “los Kwas”, como cariñosamente algunos de sus antiguos alumnos. llamarlo, eso sería “abandonar la Iglesia”.
    
Por lo tanto, ha estado escribiendo artículo tras artículo durante años para convencer a la gente de permanecer apegado a Francisco (reconociéndolo como Papa) mientras rechaza y lucha contra sus herejías, falsas enseñanzas, falsos santos y malas leyes. No hace mucho tiempo, se publicó en papel una recopilación de muchos de sus artículos sobre el tema como El camino del hiperpapalismo al catolicismo. Desde entonces, Kwasniewski ha estado trabajando duro para persuadir a la gente de que es necesario “repensar el Papado” a la luz de los últimos 10 años de “Paco caótico” en el Vaticano.
   
Para que esta nueva narrativa peligrosa no gane aún más tracción de la que ya tiene entre los semitradicionales, hemos estado emitiendo refutaciones contundentes a los errores de Kwasniewski. Éstos son algunos de ellos:
Comencemos ahora nuestra crítica del artículo del Dr. K “Abandonar la Iglesia no tiene ningún atractivo para los tradicionalistas”.

Primero, observa que el título está “cargado” de suposiciones. Las suposiciones no son necesariamente un problema, siempre que sean verdaderas y justificadas. En aras de la claridad, al menos los señalaremos. El título asume lo siguiente:
  • que la iglesia de la cual Francisco es la cabeza es la Iglesia Católica Romana
  • que los semitradicionalistas son parte de esa iglesia
  • que rechazar el reclamo de Francisco al Papado constituiría un abandono de la Iglesia Católica Romana
Por el momento, solo dejaremos esas suposiciones y nos centraremos en el cuerpo del artículo. Alerta de spoiler: el artículo de Kwasniewski es otro intento sin teología de “defender la Fe” al obligar a Bergoglio a aceptar el Papado y asegurar a las almas desanimadas del Novus Ordo que la razón por la que están tentadas a perder la Fe es porque simplemente no entienden el Papado tan bien como lo hace, por lo que ahora ha venido a desengañarlos de su crédula creencia de que el Papa en realidad tiene que ser católico y enseñar la verdadera Fe.
   
El Kwas empieza de la siguiente manera:
«Durante la cautividad bergogliana, uno escucha que los católicos pierden o cuestionan su fe porque piensan: “Si un papa puede estar tan equivocado, entonces la religión católica no debe ser verdadera”.
    
Seguramente deberíamos estar hechos de un material más duro que eso. ¿Por qué se requiere ver al Papa como el principio y fin del catolicismo? ¿Como la única medida de lo que la Iglesia cree y cómo debemos vivir y adorar? Este punto de vista debería parecernos francamente extraño. Somos herederos de 2.000 años de tradición eclesiástica. Tenemos las Escrituras, las cuales, a pesar de sus oscuridades y sutilezas, enseñan muy claramente importantes fundamentos. Tenemos la sagrada liturgia, la lex orándi, que a partir de semillas apostólicas creció orgánicamente en los grandes ritos de Oriente y Occidente, dando testimonio notable de la lex credéndi. Tenemos los escritos y el testimonio de una multitud de santos, incluidos los Padres de la Iglesia, los Doctores y los místicos (¡pensad, por ejemplo, en el testimonio del Diálogo de Catalina de Siena!); tenemos cientos de catecismos mutuamente consistentes de antes del colapso conciliar. Casi todos los papas que hemos tenido veneraron estas fuentes y extrajeron sus propias enseñanzas de ellas» (Peter A. Kwasniewski, “Abandonar la Iglesia no tiene ningún atractivo para los tradicionalistas”, One Peter Five, 4 de Enero de 2023; cursiva dada; hipervínculos eliminados).
Kwasniewski sólo puede hablar así porque ignorano toma en serio, o simplemente no cree lo que esa Tradición eclesiástica de 2000 años tiene que decir sobre el Papado. De hecho, esa Tradición no habría llegado hasta nuestros días a menos que los Papas, los Papas reales, hubieran velado, transmitido y difundido cuidadosamente cada ápice de nuestra santa Fe. El propio Dr. K. admite tanto en las líneas citadas anteriormente, y eso solo muestra la función inmensamente importante del Papa.
    
El Papa es la garantía de todo: que los santos son santos, que la Tradición es Tradición, que la Escritura es verdaderamente Escritura divina, que entendemos correctamente a los Padres de la Iglesia, que los catecismos son ortodoxos y coherentes, que nuestros obispos son pastores legítimos, que la Iglesia permanezca en la unidad, y que la Sagrada Liturgia sea auténticamente católica y no un incentivo a la impiedad, la herejía o el sacrilegio. Elimina al papado de la imagen y tal vez se quede con muchas opiniones y probabilidades, pero sin garantías.
   
En la primera encíclica de su pontificado, el Papa Benedicto XV (reinó entre 1914 y 1922) enseñó claramente:
«… [C]uando la potestad legítima mandare algo, a nadie sea lícito quebrantar el precepto por la sola razón de que no lo aprueba, sino que todos sometan su parecer a la autoridad de aquel al cual están sujetos, y le obedezcan por deber de conciencia. Igualmente ninguna persona privada se tenga por maestra en la Iglesia, ya cuando publique libros o periódicos, ya cuando pronuncie discursos en público. Saben todos a quien ha confiado Dios el magisterio de la Iglesia; a sólo éste, pues, se deje el derecho de hablar como le parezca y cuando quiera. Los demás tienen el deber de escucharlo y obedecerlo devotamente» (Papa Benedicto XV, Encíclica “Ad beatíssimi Apostolórum Príncipis cáthedram”, n.º 22).
Estas son palabras duras para Peter Kwasniewski, porque lo condenan a él, quien presume de invalidar al “Papa” en cuestiones de doctrinaliturgia y santidad declarada. ¡No está mal para alguien que no ha sido designado para ningún cargo en la Iglesia y que ni siquiera tiene un título en teología! (En nuestra publicación anterior, mostramos que ¡incluso tuvo el descaro de acusar al Papa San Pío X de modernismo!).
   
Además, está claro que Kwasniewski tiene que minimizar la autoridad papal tanto como sea posible, no solo porque lo condena a él, sino también porque, de lo contrario, no puede meter al apóstata público Bergoglio en el papel de Papa, e incluso entonces, por supuesto, no puede realmente, sino que puede dar la apariencia de haberlo hecho exitosamente.
  
Desafortunadamente, eligió incorrectamente…
   
Debemos estar en desacuerdo, por cierto, con la forma en que los Kwas enmarcan el tema en discusión, desde el principio. Él dice que la gente se lamenta: «Si un papa puede estar tan equivocado, entonces la religión católica no debe ser verdadera». ¿Se trata realmente del problema de que un supuesto Papa simplemente se equivoque? ¿No es más bien que este “Papa equivocado” enseña sus errores no sólo en forma privada a quienes lo rodean sino a toda la Iglesia? ¿No contamina los catecismos, cierra las florecientes órdenes religiosas, suprime el antiguo rito romano de la Misa, engaña al mundo con sus discursos públicos, canoniza a santos falsos y causa escándalo en todas partes por medio de sus actos oficiales?
   
El problema en discusión es mucho peor que el simple hecho de que un Papa esté equivocado.
   
Kwasniewski continúa:
«Si, por lo tanto, hemos tenido varios papas menos que estelares que se han negado a orientarse en las fuentes y monumentos a los que los católicos siempre han mirado, ¿no significaría esto que simplemente están abusando de su autoridad en todos los aspectos? ¿Áreas en las que los papas pueden ser imprudentes y falibles? No veo cómo esto cambia la religión católica, a menos que esa religión se equipare con una adopción sin sentido de todas las opiniones, declaraciones, caprichos y manías de un pontífice reinante» (Cursiva dada).
Aquí, nuevamente, el autor enmarca indebidamente los temas de una manera que favorece su posición. Los “Papas” posteriores a Pío XI han sido “menos que estelares”; eso sería como decir que los abortistas son pediatras menos que estelares. Simplemente no hace justicia a la realidad.
   
Asimismo, es erróneo enmarcar el asunto únicamente en términos de (in)falibilidad. Los Papas gozan de la asistencia divina incluso en materias que, estrictamente hablando, no son infalibles. El Papa Pío XI lo dijo precisamente a propósito de la prohibición de la anticoncepción, que al parecer algunos pretendían no tener que acatar por no ser una definición infalible:
«Tengan, por lo tanto, cuidado los fieles cristianos de no caer en una exagerada independencia de su propio juicio y en una falsa autonomía de la razón, incluso en ciertas cuestiones que hoy se agitan acerca del matrimonio. Es muy impropio de todo verdadero cristiano confiar con tanta osadía en el poder de su inteligencia, que únicamente preste asentimiento a lo que conoce por razones internas; creer que la Iglesia, destinada por Dios para enseñar y regir a todos los pueblos, no está bien enterada de las condiciones y cosas actuales; o limitar su consentimiento y obediencia únicamente a cuanto ella propone por medio de las definiciones más solemnes, como si las restantes decisiones de aquélla pudieran ser falsas o no ofrecer motivos suficientes de verdad y honestidad. Por lo contrario, es propio de todo verdadero discípulo de Jesucristo, sea sabio o ignorante, dejarse gobernar y conducir, en todo lo que se refiere a la fe y a las costumbres, por la santa madre Iglesia, por su supremo Pastor el Romano Pontífice, a quien rige el mismo Jesucristo Señor nuestro» (Papa Pío XI, Encíclica “Casti connúbii”, n.º 104; subrayado añadido).
El Papa Pío XII también derribó el argumento de que las enseñanzas no infalibles no son vinculantes:
«Ni hay que creer que las enseñanzas de las Encíclicas no exijan de suyo el asentimiento, por razón de que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema potestad de su Magisterio. Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, del cual valen también aquellas palabras: “El que a vosotros oye, a Mí me oye” (Luc. X, 16), y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas, ya por otras razones pertenece al patrimonio de la doctrina católica» (Papa Pío XII, Encíclica “Humáni géneris in rebus”, n.º 20).
Además, el hecho de que una determinada enseñanza no sea infalible, no implica que pueda ser herética, es decir, que pueda contradecir la Fe conocida. Demasiadas personas cometen este error en el razonamiento. Piensan que si no se garantiza que algo esté libre de todo error, por lo tanto no se garantiza que esté libre de ningún error. Pero eso es claramente falso.

Si tuviéramos que sostener, como lo hace el Prof. K, que los Papas son capaces de enseñar las herejías más repugnantes y los errores más abominables, excepto de vez en cuando cuando dan una definición infalible o cuando todos los obispos del mundo ya están enseñando la misma doctrina, entonces el papado no sería en absoluto una guía segura al Cielo, porque significaría que no podemos tener ninguna seguridad, fuera de esos extremadamente raros pronunciamientos ex cáthedra, de que lo que enseña el Papa solo es verdadero o al menos en armonía con la fe ortodoxa y, por lo tanto, segura para asentir.
  
Entonces, el magisterio ordinario diario del Romano Pontífice no serviría para nada más que para mantener a los fieles ocupados investigando y verificando para asegurarse de que el Vicario de Cristo no se haya deslizado al papel de Vicario de Satanás. ¡Sería una completa burla de la autoridad docente del sucesor de San Pedro! Como enseñó el Papa San Pío X, «es de suma importancia para la salvaguarda de la verdad católica, seguir y obedecer al Sucesor de San Pedro con la mayor fe» (Carta Apostólica Tuum Illud). Kwasniewski, entonces, lo tiene al revés: es la adhesión a la enseñanza del Papa lo que garantiza la ortodoxia de todos; no es la conformidad del Papa con todos los demás lo que lo hace.
    
El Papa no es la única medida del catolicismo, es cierto; sin embargo, él es la última medida y garantía de la misma: «…este sagrado Magisterio, en las cuestiones de fe y costumbres, debe ser para todo teólogo la norma próxima y universal de la verdad (ya que a él ha confiado Nuestro Señor JESUCRISTO la custodia, la defensa y la interpretación del depósito de la fe, o sea de las Sagradas Escrituras y de la tradición divina)…» (Pío XII, “Humáni géneris in rebus”, n.º 18).
   
Dicho esto, simplemente no es cierto que los “Papas” posteriores a Pío XII nunca hayan violado los estrictos límites de la infalibilidad, como insinúan los Kwas.
    
Por ejemplo, la herejía de Bergoglio sobre la pena de muerte, que ahora está siendo enseñada en toda su iglesia por prácticamente todos sus “obispos”, sobre una cuestión de fe y moral y como divinamente revelada, contradice la infalibilidad del Magisterio ordinario universal (ver Denz. 1792). En otras palabras, si Bergoglio fuera un verdadero Papa, Dios le habría impedido cambiar el Catecismo de esta manera.
    
Otro ejemplo sería la mala disciplina que se encuentra en el Código de Derecho Canónico de 1983 y en el Código de Cánones para las Iglesias Orientales de 1990, ambos promulgados solemnemente por la “autoridad apostólica” de “San” Juan Pablo II, según la cual los no católicos bautizados pueden recibir la Sagrada Comunión bajo ciertas condiciones, incluso fuera del peligro de muerte y sin arrepentirse o convertirse al catolicismo, incluso implícitamente:
Según la enseñanza católica, las leyes disciplinarias universales promulgadas por el Papa son infalibles, es decir, no pueden contener nada herético, erróneo, perverso, sacrílego, nocivo, etc.:
«Y ciertamente, esta piadosa Madre [la Iglesia] brilla sin mancha alguna en los sacramentos, con los que engendra y alimenta a sus hijos; en la fe, que en todo tiempo conserva incontaminada; en las santísimas leyes, con que a todos manda, y en los consejos evangélicos, con que amonesta; y, finalmente, en los celestiales dones y carismas con los que, inagotable en su fecundidad [Cf. Concilio Vaticano, sesión 3.ª: Constitución sobre la Fe Católica, cap. 3], da a luz incontables ejércitos de mártires, vírgenes y confesores» (Papa Pío XII, Encíclica “Mýstici Córporis Christi”, n.º 66; subrayado añadido).
Ahora, la pregunta es: ¿El Dr. Kwasniewski no sabe estas cosas, o las está ignorando a propósito? Si él no las conoce, y estas no son difíciles de buscar, ¿qué está haciendo al sermonear a otros sobre cómo “malinterpretan" el papado?
   
Pero volvamos ahora al ensayo del profesor:
«Sigo asombrado de que haya personas que traten la distinción entre enseñanza falible e infalible como meramente académica. Las distinciones entre niveles de autoridad son de hecho intuitivas y sólo han dejado de serlo porque hemos mistificado el magisterio. Nuestra situación doctrinal con el Papa Francisco es como cuando eras un niño y tu padre gritaba mucho y se enojaba cuando no hacías lo que le gustaba pero rara vez daba una orden clara o ponía todo el peso de su autoridad en juego, ordenando o prohibiendo inequívocamente. Es una situación complicada, pero en realidad no es desconocida en otras áreas de la vida humana en las que están involucradas la autoridad y la subordinación».
No, Dr. K, no hay “mistificación” del magisterio. El error radica en que enmarca el problema como uno de infalibilidad en lugar de uno de autoridad. Como se desprende claramente de la enseñanza papal ya citada y enlazada, la diferencia entre lo que es falible y lo que es infalible no es realmente relevante en la práctica porque en cualquier caso los fieles católicos deben asentir: «…incluso si para alguno, cierta ordenación de la Iglesia no parece estar reivindicada por los argumentos presentados, sin embargo, la obligación de obediencia permanece» (Pío XII, Alocución “Magnificáte Dóminum mecum”, 2 de Noviembre de 1954).
   
Nótese cómo hasta ahora Kwasniewski no ha dado ninguna evidencia magisterial de sus muchas pontificaciones. Y ahora, para colmo de males, usa una analogía artificial basada en cómo probablemente actuó tu padre cuando eras pequeño. Es patético, de verdad. Teológicamente, este hombre dispara desde la cadera y, a veces, es solo una carga explosiva.
   
El Kwas continúa:
«Soy consciente de que uno puede encontrar declaraciones exageradas de algunos papas posteriores al Vaticano I (p. ej., Pío X) que prácticamente equivalen a “L’Église c’est moi” [“Yo soy la Iglesia”]. Pero dado que esta posición en sí misma no es algo que se nos enseñe con autoridad o que nos obligue, pertenece a la categoría de “teología oficial”, no doctrina católica establecida, y mucho menos dogma, y ​​la teología oficial ciertamente puede contener errores u omisiones, como bien lo explica Thomas Pink».
¡Ah, finalmente el autor admite, aunque desdeñosamente, que la prueba magisterial está en su contra! ¿Y qué hace con ella? ¿Admite el error de sus caminos y abandona su proyecto de “repensar” el Papado? ¡Por supuesto que no!
    
En cambio, denuncia los pronunciamientos doctrinales de los Papas después del Concilio Vaticano I, ¡incluso mencionando a San Pío X por su nombre!, ¡como “exagerado” y “no vinculante”! ¡Él se refiere al Dr. Thomas Pink, cuya propia investigación es aparentemente más autorizada y vinculante que las enseñanzas de los Papas! ¡La arrogancia del hombre es asombrosa! ¿Quién necesita Papas cuando tienes a los Kwas? (Por cierto, nos ocuparemos de la tesis del Dr. Pink en una publicación posterior). Podríamos agregar que para el modernista excomulgado George Tyrrell, también fue Pío X quien estaba equivocado, ¡no él mismo, naturalmente! Todo disidente y hereje está convencido de que tiene razón y el Papa está equivocado.
   
Poco a poco, Kwasniewski está “defendiendo la Tradición” socavando la doctrina católica tradicional (anterior al Vaticano II). No te sorprendas si finalmente está de acuerdo con los llamados ortodoxos orientales y Joseph Ratzinger, quien escribió que un primado papal de honor en lugar de jurisdicción podría ser la verdad, ¡lo cual es una herejía contra el Vaticano I (ver Denz. 1831)! El Dr. K en realidad menciona la ortodoxia un poco más adelante, y entonces tendremos más que decir al respecto.
   
Volviendo al ensayo:
«La publicación de mis escritos sobre el hiperpapalismo ha ocasionado muchas revelaciones sobre la medida en que ciertas personas, especialmente aquellas que cuestionan la fe o que ya han abandonado la Iglesia, simplemente han identificado el catolicismo con la mente del Papa, como si la sustancia misma de este no se pudiera conocer de ninguna manera fuera de lo que el Papa actual dice que es. Sigo encontrando esto asombroso» (cursiva dada).
Esto también es engañoso. Nadie pretende que el catolicismo no tenga un contenido objetivo y se recree desde cero, por así decirlo, cada vez que habla el Papa. Más bien, el contenido objetivamente conocible del catolicismo es necesariamente ratificado y reafirmado por cada Papa, y ese no es el caso de Jorge Bergoglio. Eso es precisamente lo que genera la disonancia cognitiva en las personas, la cual debe ser resuelta porque la Fe Católica no exige, ni permite, una suspensión de la razón.
   
El autor continúa:
«¿Qué pasaría si un Papa en su “magisterio ordinario” contradijera el Credo de Nicea? ¿Rechazaríamos el Credo o condenaríamos al Papa por contradecirlo? ¿Qué pasaría si contradijera una clara enseñanza de las Escrituras, sobre la cual siempre hubo unanimidad? ¿Qué pasaría si rechazara uno de los ritos litúrgicos venerables e inmemoriales de la Iglesia, ya sea latino o griego? Me parece que no debería haber ni un momento de vacilación acerca de a qué debemos aferrarnos. En el momento en que dices que a un papa se le permite apartarse del testimonio autoritativo de la tradición (en la que está comprendido todo lo que posee la Santa Madre Iglesia, incluida la Escritura) o que su mente y su voluntad dominan ese testimonio hasta tal punto que se vuelve totalmente maleable en sus manos, ya has socavado la pretensión del catolicismo de ser siempre y para siempre verdadero».
Aparentemente, al Dr. Kwasniewski no se le ocurre que los escenarios que describe no son posibles. Si fueran posibles, podemos suponer que ya habrían ocurrido hace mucho tiempo. El punto central de Cristo dando a Su Iglesia el Papado es para que la Fe sea invenciblemente salvaguardada, no socavada: «…la religión misma nunca puede tambalearse y caer mientras esta Cátedra [de Pedro] permanece intacta, la Cátedra que descansa sobre la roca que las soberbias puertas del infierno no pueden derribar y en la que está toda y perfecta solidez de la religión cristiana» (Papa Pío IX, Encíclica Inter Multíplices, n.º 7). ¡Pero ahí vamos de nuevo, citando a uno de esos exagerados hiperpapalistas que no leyeron a Thomas Pink!
   
Por cierto: nadie está diciendo que al Papa se le “permita” apartarse de la fe; más bien, no puede, y con eso queremos decir que no es posible que deba hacerlo, no que simplemente no se supone que deba hacerlo y debe ser resistido cuando lo hace.
    
A continuación, el Dr. K considera una objeción: «Entonces, ¿por qué no volverse ortodoxo?».

La respuesta que da es terriblemente reveladora. Él enumera las siguientes razones para no volverse ortodoxo (resumidas por nosotros):
  • le encanta el rito romano tradicional de la misa (que los ortodoxos no tienen).
  • es discípulo de Santo Tomás de Aquino.
  • ama la música sacra de Occidente.
  • no sabría a cuál de los patriarcas ortodoxos autónomos someterse.
  • la Iglesia Católica Romana es su hogar.
¡Qué absoluto desastre intelectual! Ninguna de las razones que da tiene nada que ver con la verdad objetiva del catolicismo romano. Es decir, nada de lo que menciona está ligado al hecho de que el catolicismo es la única religión verdadera establecida por Dios, y la Iglesia Católica es únicamente Su Iglesia, y que esto se puede discernir a partir de un estudio de los llamados “motivos de credibilidad”. Kwasniewski ni siquiera intenta proporcionar una reivindicación objetiva del catolicismo. ¡En cambio, lo hace sobre sus gustos personales!
    
Para ser justos, justo antes de sacar a relucir la objeción sobre la ortodoxia, Kwasniewski había escrito: «La única forma en que se puede ver que la Fe es verdadera, para aquellos que la abordan racionalmente, es si es consistente y coherente a través de las edades» (cursiva dada). Sin embargo, esto no demuestra que la Fe sea verdadera: puede mostrar consistencia y coherencia con respecto a lo que se enseña, pero no dice nada sobre su verdad. Esta verdad no podría probarse de todos modos, ya que la fe descansa en la autoridad de Dios y no en nuestras propias luces, haciendo evidente a nuestra mente lo que creemos: «La fe, por lo tanto, debe excluir no solo toda duda, sino todo deseo de demostración», como dice el Catecismo Romano (pág. 15; subrayado añadido).
   
Incluso si queremos tomar la coherencia y la consistencia como un motivo de credibilidad, sin embargo, el mismo Kwasniewski lo torpedea en el mismo párrafo: «Es precisamente esta consistencia y coherencia lo que ha faltado demasiado a menudo en la enseñanza no infalible y en la práctica pastoral de papas recientes» (cursivas dadas). ¡Bingo! La Iglesia del Vaticano II, en otras palabras, carece de consistencia y coherencia básicas y, por lo tanto, de credibilidad. ¡No es de extrañar que el Dr. K decidiera hacer todo sobre sus gustos personales!
    
Mirando las razones dadas por Kwasniewski para «permanecer católico», un apologista ortodoxo podría fácilmente demolerlas una por una, de la siguiente manera:
  • ¿Y qué? Si la religión católica romana es falsa, tu preferencia litúrgica no importa.
  • ¿Y qué? Si la religión católica romana es falsa, es mejor que dejes de ser discípulo de Santo Tomás.
  • ¿Entonces qué? Todavía puedes escuchar la música de Occidente; pero de cualquier manera, tienes que amar a Dios y Su Verdad más que tus preferencias musicales.
  • ¿Y qué? Eso no justifica permanecer en una religión falsa.
  • ¿Y qué? ¡Si es una religión falsa, entonces ya no debería ser tu hogar! ¿Qué le dirías a un protestante que dice que no se convertirá porque la iglesia luterana es su hogar?
Es absolutamente sorprendente cómo alguien del calibre intelectual de Peter Kwasniewski (el hombre tiene un doctorado en filosofía y se ha autodenominado teólogo tomista en el pasado) puede dar respuestas tan tontas.
   
Tal vez anticipándose a tales críticas, escribe: «Doy estos varios ejemplos no para reducir la fe a la cultura, sino para hablar sobre todo el “fenómeno” de la Iglesia Romana. Es una totalidad de vida, cultura, literatura, teología, culto, hagiografía». Eso está bien, pero el hecho es que ninguna de las razones dadas, ya sea individualmente o en conjunto, equivale a una sola razón objetiva que podría justificar ser católico.
    
Al dar estas respuestas, Kwasniewski ha admitido que sus razones para (supuestamente) ser católico son subjetivas y se basan en diversas preferencias y experiencias personales. Esto recuerda la escandalosa “refutación” del ateísmo del Dr. Taylor Marshall en su célebre libro Infiltración, que hemos desmantelado en un largo artículo aquí y también en el TRADCAST 027 y el TRADCAST 028. Aunque Marshall tiene un doctorado en filosofía tomista de la Universidad de Dallas, no se le ocurrió refutar el ateísmo señalando a sus lectores los poderosos argumentos de Santo Tomás de Aquino, que se encuentran especialmente en la Summa contra Gentiles y la Summa Theologica. ¡En cambio, Marshall apeló a su experiencia personal de Dios como su razón para no ser ateo! ¡No hay nada más no tomista que eso! Francamente, la experiencia personal de Marshall es irrelevante y no puede refutar el ateísmo, como tampoco la experiencia personal de un ateo puede reivindicar el ateísmo.
   
Kwasniewski parece estar tomando una ruta muy similar a Marshall aquí, porque él también da todo tipo de razones subjetivas irrelevantes para lo que debería ser un asunto muy objetivo: uno debe ser católico no por Mozart o una experiencia litúrgica o porque uno no sabe cómo entrar en otra religión, sino porque solo la religión católica es verdadera.
   
Para defender el catolicismo como la única religión verdadera ante un no creyente, un apologista católico presenta los motivos de credibilidad que hacen que la Iglesia católica sea reconocible como la verdadera Iglesia y el catolicismo como la religión fundada por Jesucristo.

El Juramento Antimodernista, prescrito por el Papa San Pío X (¡él otra vez!) para los clérigos católicos, profesores de seminario y presumiblemente también para los autoproclamados correctores papales, dice:
«… [A]dmito y reconozco los argumentos externos de la Revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías, como signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el tiempo presente» (“Juramento Antimodernista”, 1910).
No hay nada allí sobre la belleza de la Misa Tradicional, o el canto Gregoriano, o el discipulado con Santo Tomás como criterio válido para determinar la verdadera religión.
   
Para una defensa racional de la credibilidad del catolicismo como la única religión verdadera, se dispone de numerosas obras apologéticas. Entre ellos podemos nombrar Laying the Foundation (anteriormente titulado We Stand with Christ) de Mons. Joseph C. Fenton, La Iglesia de Cristo del P. Sylvester Berry, La fe de nuestros padres del cardenal James Gibbons, la Controversia católica de San Francisco de Sales, The Faith of Millions del P. John O’Brien (solo las ediciones anteriores al Vaticano II, por supuesto), la Defensa de la Iglesia Católica del P. Francis Doyle, las Credenciales de la Iglesia Católica del canónigo John Bagshawe, What Say You? de David Goldstein, y la excelente serie Radio Replies de los Padres Leslie Rumble y Charles Carty (ignorar el vol. 5, llamado Questions People Ask, que fue publicado en 1972), entre tantos otros (Divulgación completa: Novus Ordo Watch se beneficia de las compras realizadas a través de estos enlaces de Amazon).
   
Por desgracia, Kwasniewski aún no ha terminado y se duplica en su enfoque condenado unos párrafos más adelante:
«Permitidme ofrecer una comparación. Todos sabemos que Estados Unidos es profundamente corrupto en su gobierno y su cultura. El cristianismo auténtico aquí está bajo el ataque implacable del protestantismo liberal, el capitalismo de libre mercado y la ideología despiertita, por nombrar solo algunos de sus adversarios. Ahora, digamos que haya un lugar en el mundo que esté libre de tales males; donde la vida sea, en general, mejor. Un amigo podría decirme: “Siempre estás señalando lo corrupto que es tu país. ¿Por qué no te vas y te mudas a [nombre del lugar] y terminas con esto? Serías mucho más feliz allí”. ¿Cuál sería mi respuesta? “No me importa visitar [nombre del lugar], y lo admiro desde la distancia, pero Estados Unidos es mi tierra, mi país, mi gente. Es de donde soy y donde me siento como en casa. Es parte de lo que soy en el fondo. Me dedico a este país con un patriotismo cristiano. Quiero quedarme aquí y hacer lo que pueda para ayudar. Convertirse en un expatriado, cualquiera que sea el atractivo que pueda tener, no es para mí. De hecho, creo que tengo la obligación divina de mantenerme firme y luchar contra los enemigos”».
Así que ahí va de nuevo. Sin teología, sin filosofía, sin argumentos a partir de la verdad objetiva. En lugar de eso, hace una analogía —él la llama una “comparación” pero en realidad es una analogía, y debería saber la diferencia— de la vida secular. Él reduce su razón para ser católico a: «Es solo lo que soy». Cualquier anglicano podría decir lo mismo de su religión; cualquier ortodoxo sobre la suya; o cualquier judío o musulmán sobre la suya.
   
La apología de Kwasniewski por ser católico es tan increíblemente antitomista y obviamente falaz que uno comienza a preguntarse si quizás no está ofreciendo a propósito una “defensa" tan débil precisamente para que la fe de la gente se vea dañada por ella, aunque solo sea inconscientemente, y eventualmente abandonar todo deseo de ser incluso católico. Esto puede parecer un poco duro, y es solo una sospecha, no una acusación; pero es difícil entender por qué alguien con un doctorado en la filosofía tomista, ¡que se atreve a corregir incluso a los papas canonizados!, cometería un error tan grave en un asunto tan rudimentario en blanco y negro, ¡especialmente cuando afirma defender la Tradición Católica!
    
La conclusión es esta: si las razones de Kwasniewski para aceptar el catolicismo como la verdadera religión son simplemente cuestiones de gusto e inclinación personal, entonces ha abierto de par en par la puerta al Modernismo y ha demostrado que su edificio está claramente construido sobre arena (cf. Mat. VII, 26-27). De hecho, podemos decir que al ofrecer una defensa tan excepcionalmente débil de su religión, ha declarado temporada abierta al catolicismo.

Por supuesto, esto no evita que los Kwas denuncien a los «apologistas terriblemente malos» que «sobrevaloran enormemente el papel del papa y del papado» y «terminan virtualmente equiparando el catolicismo con el papado». Él añade:
«Esta es una exageración malsana. El papado es un componente clave de la fe católica, pero es solo uno de muchos. El Papa es un instrumento en las manos de Dios; pero también lo son la liturgia, los santos, las devociones, los catecismos, los Padres y Doctores de la Iglesia, y las comunidades de creyentes católicos de las que formamos parte, desde la familia hasta la parroquia y la diócesis».
Ahí va de nuevo con su minimización del Papado, como si ciertos no católicos, como los ortodoxos, no tuvieran también «la liturgia, los santos, las devociones, los catecismos, los Padres y Doctores de la Iglesia», y sus propias comunidades de “creyentes”.
   
Kwasniewski se niega a aceptar que el catolicismo dependa del Papado, porque «el instrumento fuerte y eficaz de salvación no es otro que el Pontificado Romano», como enseñó el Papa León XIII (Alocución del 20 de Febrero de 1903; extracto de Papal Teachings: The Church, n.º 653). Por eso, San Agustín podía decir: «No puede creerse que guardáis la fe católica los que no enseñáis que se debe guardar la fe romana» (citado por León XIII, Encíclica “Satis Cógnitum”, n.º 13).
    
El Papa no es solo un obispo entre muchos, que puede fallar como todos los demás obispos, y cuando lo hace, simplemente lo desconectamos y nos enfocamos en las otras cosas que el catolicismo tiene para ofrecer. Dice el Papa Pío XII que «El Papa tiene las divinas promesas; aun en su humana debilidad, es invencible e inquebrantable; anunciador de la verdad y la justicia, y el principio de la unidad de la Iglesia; su voz denuncia los errores, idolatrías y supersticiones; condena las iniquidades; y hace amar la caridad y la virtud» (Discurso “Ancora Una Volta”, 20 de Febrero de 1949). Si esto no suena como que encaja con Jorge Bergoglio, no es porque el Papado sea falso sino porque Bergoglio lo es.

El Prof. K luego cita a San Vicente de Lerins, quien nos exhorta a ser firmes en la Fe antigua. Al hacerlo, Kwasniewski cree que ha encontrado un texto de prueba contra esos “maximalistas papales”. Pero esto es una tontería por varias razones.
   
Primero, no tiene sentido decir que podemos y debemos descartar lo que los Papas Pío IX, León XIII, San Pío X, Benedicto XV, Pío XI y Pío XII han enseñado en su magisterio oficial hace muchas décadas, pero de alguna manera están obligados por lo que San Vicente de Lérins u otros Padres de la Iglesia escribieron en el siglo V.

En segundo lugar, San Vicente no estaba ofreciendo su regla de Fe como una alternativa a la enseñanza de la Santa Sede, mucho menos como una que pudiera anularla. Hemos abordado esto con cierta extensión en una publicación anterior:
Después de algunas reflexiones filosóficas sobre el “holismo” y los “supuestos mecanicistas”, podemos ignorar felizmente porque es irrelevante, Kwasniewski se hunde a un nuevo nivel. Él reclama:
«Si hay algo extremadamente malsano en el hiperpapalismo, ¿no estaría totalmente de acuerdo con las formas conocidas de la Divina Providencia de orquestar la historia de tal manera que destete a los católicos de rito latino, incluso si eso significa mucho dolor y dificultad? Las adicciones de cualquier tipo son dañinas, por lo que deberíamos querer deshacernos de ellas; sin embargo, es doloroso liberarse de la sustancia adictiva. Se sintió bien, después de todo, animar al Papa (“¡Juan Pablo II, te amamos!”) y fue reconfortantemente fácil abofetear un signo igual entre él y la Fe».
Eso es: ¡Dios mismo está, a través de los acontecimientos de la historia, corrigiendo el falso magisterio de sus Vicarios! ¿Cómo es eso de un “dios de las sorpresas”! Con una tesis tan blasfema, Kwasniewski puede unirse a los teólogos modernistas de la Nouvelle Théologie (Nueva Teología) y su creencia en los hechos históricos —los “signos de los tiempos”— como fuente de doctrina. ¡Bienvenido a la teología de Marie-Dominique Chenu, Dr. K!
   
Kwasniewski termina el tren descarrilado de un artículo exhortando a los lectores a mantenerse firmes «contra los carceleros de la tradición». Sin embargo, ha demostrado ser uno de sus guardianes más ocupados, suprimiendo o ridiculizando la doctrina que se encuentra en el magisterio papal oficial y en las obras teológicas antes del Vaticano II como «declaraciones exageradas» que los católicos no ilustrados de esos días ingenuamente tragaron.
   
Y así, el filósofo estadounidense está desarrollando actualmente su propia versión del catolicismo tradicional, su propia “realidad”, por así decirlo, en la que no solo el Vaticano II y el magisterio posconciliar deben ser resistidos y corregidos, sino incluso el de antes del Vaticano II. Oye, lo que es bueno para el ganso es bueno para la gansa, ¿verdad?
   
El Prof. Kwasniewski se había propuesto explicar por qué «abandonar la Iglesia» no atrae a los semitradicionales. Pero el abandono de la Iglesia se puede hacer de varias maneras, y una de ellas es abandonando el catolicismo: «Puesto que no todos los pecados, aunque graves, separan por su misma naturaleza al hombre del Cuerpo de la Iglesia, como lo hacen el cisma, la herejía o la apostasía» (Papa Pío XII, Encíclica “Mýstici Córporis Christi”, n.º 23).
   
Al “repensar” el Papado, Peter Kwasniewski realmente lo está negando; y al negarlo, lo está abandonando. Y al abandonar el Papado, está abandonando la Iglesia Católica.
    
Todo porque se negó a abandonar a Bergoglio.