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miércoles, 17 de junio de 2026

AHORA RUINI SABRÁ QUÉ HAY MÁS ALLÁ DE LA MUERTE


En la tarde de ayer 16 de Junio, falleció en Roma el cardenal Camillo Ruini Rizzoli a los 95 años, tras complicaciones de una afección renal que padecía años atrás.
  
Camillo nació en Sassuolo (Módena) el 18 de Enero de 1931, hijo del cirujano Francesco Ruini y Yolanda Rizzoli Olivo. Su hermana Donatella murió en 2022 a los 85 años. Luego de estudiar en el Seminario diocesano de Reggio Emilia y en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, fue ordenado sacerdote el 8 de Diciembre de 1954 por el arzobispo por el arzobispo Luigi Traglia Crollari, entonces vicegerente de la diócesis de Roma. Fungió como profesor del Seminario diocesano, profesor del Seminario Teológico Interdiocesano de Módena-Reggio Emilia y rector del mismo entre 1968 y 1977, y profesor del Seminario Teológico Académico de Bolonia entre 1977 y 1983. Ítem, fue asesor diocesano de los médicos católicos, delegado episcopal para la Acción Católica, vicario episcopal para el apostolado laico, presidente del Centro Cultural Diocesano “Juan XXIII” y presidente del consejo diocesano para la pastoral escolar entre 1975 y 1986.
  
Fue nombrado obispón titular de Nepte (probablemente el oasis de Nefta, Túnez) y auxiliar de Reggio Emilia-Guastalla el 16 de Mayo de 1983, e “instalado” el 29 de Junio de ese año por su ordinario Gilberto Baroni Tugnoli († 1999; consagrado obispo el 27 de Diciembre de 1954). Fue designado Secretario general de la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) en 1986. En 1991, Juan Pablo II Wojtyła lo designó presidente de la CEI, lo promovió a Vicario General de la Diócesis de Roma, arcipreste de la Basílica Lateranense, y lo creó cardenal presbítero de Santa Inés Extramuros en el Consistorio del 28 de Junio.
  
Su mandato como presidente de los obispones italianos coincidió con el colapso del partido Democracia Cristiana por el escándalo de corrupción de Tangentópolis, ante lo cual Ruini promovió lo que se conoció como el “proyecto cultural”: un esfuerzo por incorporar la influencia católica en el Estado y la sociedad directamente, más allá de las viejas estructuras del partido.
  
Después del declive de la DC (y el fracaso de su sucesor abortado el Partido Popular Italiano) a mediados de la década de 1990, se convirtió en un destacado partidario del primer ministro de larga data Silvio Berlusconi († 2023), abogando por el compromiso cristiano continuo en la vida pública y rechazando el ofrecimiento del presidente democristiano Oscar Luigi Scalfaro Ussino († 2012) de derrocar a Berlusconi.
  
En 2010, Benedicto XVI Ratzinger, a más de nombrarlo presidente del comité científico de la Fundación que lleva su nombre, lo puso a cargo de la comisión vaticana que investiga las supuestas “apariciones marianas” en Međugorje (Bosnia y Herzegovina), que concluyó en 2017 que solo reconocían las primeras “apariciones” entre el 24 de Junio y el 3 de Julio de 1981, PERO sin abordar el tema del actuar del demonio en las mismas.

Si bien Ruini fue sacerdote válidamente ordenado con el Rito Romano tradicional, no se puede decir lo mismo en cuanto al episcopado, porque fue “consagrado” con el Rito montini-bugniniano, que es tan inválido y nulo como su contraparte anglicana. Y ahora que él murió, podrá comprobar EN VIVO Y A TODO COLOR qué hay después de la muerte, porque en 2024 él escribió un libro titulado “C’é un dopo?” (¿Hay un después?) en el que decía que, si bien hay experiencias pre-muerte y extracorporales que permiten inferir una supervivencia del alma, no se podía saber científicamente si existe una vida después de la muerte. Y por su apostasía (de la cual se concluye dado su temor de vida que no mostró señales de arrepentimiento), sabrá que existe el Infierno, que sus penas son eternas, y que por su estado clerical serán muchos mayores.

viernes, 26 de septiembre de 2025

¿PRÉVOST NEGÓ EL INFIERNO? SÍ


En su Audiencia general del pasado 24 de Septiembre, León XIV Riggitano-Prévost abordó como parte de sus catequesis sobre la Esperanza el pasaje «Y en el Espíritu [Cristo] fue a hacer su anuncio también a los espíritus que estaban prisioneros» (1.ª  Pe. III, 19). Traemos al completo el texto para su análisis:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

También hoy nos detenemos en el misterio del Sábado Santo. Es el día del Misterio pascual en el que todo parece inmóvil y silencioso, mientras que en realidad se cumple una invisible acción de salvación: Cristo desciende al reino de los infiernos para llevar el anuncio de la Resurrección a todos aquellos que estaban en las tinieblas y en la sombra de la muerte.

Este evento, que la liturgia y la tradición nos han entregado, representa el gesto más profundo y radical del amor de Dios por la humanidad. De hecho, no basta decir ni creer que Jesús ha muerto por nosotros: es necesario reconocer que la fidelidad de su amor ha querido buscarnos allí donde nosotros mismos nos habíamos perdido, allí donde se puede empujar solo la fuerza de una luz capaz de atravesar el dominio de las tinieblas.

Los infiernos, en la concepción bíblica, no son tanto un lugar, sino una condición existencial: esa condición en la que la vida está debilitada y reinan el dolor, la soledad, la culpa y la separación de Dios y de los demás. Cristo nos alcanza también en este abismo, atravesando las puertas de este reino de tinieblas. Entra, por así decir, en la misma casa de la muerte, para vaciarla, para liberar a los habitantes, tomándoles de la mano uno por uno. Es la humildad de un Dios que no se detiene delante de nuestro pecado, que no se asusta frente al rechazo extremo del ser humano.

El apóstol Pedro, en el breve pasaje de su primera Carta que hemos escuchado, nos dice que Jesús, vivificado en el Espíritu Santo, fue a llevar el anuncio de salvación también «a los espíritus encarcelados» (1.ª Pe. 3, 19). Es una de las imágenes más conmovedoras, que no se encuentra desarrollada en los Evangelios canónicos, sino en un texto apócrifo llamado Evangelio de Nicodemo. Según esta tradición, el Hijo de Dios se adentró en las tinieblas más espesas para alcanzar también al último de sus hermanos y hermanas, para llevar también allí abajo su luz. En este gesto está toda la fuerza y la ternura del anuncio pascual: la muerte nunca es la última palabra.

Queridos, este descenso de Cristo no tiene que ver solo con el pasado, sino que toca la vida de cada uno de nosotros. Los infiernos no son solo la condición de quien está muerto, sino también de quien vive la muerte a causa del mal y del pecado. Es también el infierno cotidiano de la soledad, de la vergüenza, del abandono, del cansancio de vivir. Cristo entra en todas estas realidades oscuras para testimoniarnos el amor del Padre. No para juzgar, sino para liberar. No para culpabilizar, sino para salvar. Lo hace sin clamor, de puntillas, como quien entra en una habitación de hospital para ofrecer consuelo y ayuda.

Los Padres de la Iglesia, en páginas de extraordinaria belleza, han descrito este momento como un encuentro: entre Cristo y Adán. Un encuentro que es símbolo de todos los encuentros posibles entre Dios y el hombre. El Señor desciende allí donde el hombre se ha escondido por miedo, y lo llama por nombre, lo toma de la mano, lo levanta, lo lleva de nuevo a la luz. Lo hace con plena autoridad, pero también con infinita dulzura, como un padre con el hijo que teme que ya no es amado.

En los iconos orientales de la Resurrección, Cristo es representado mientras derriba las puertas de los infiernos y, extendiendo sus brazos, agarra las muñecas de Adán y Eva. No se salva solo a sí mismo, no vuelve a la vida solo, sino que lleva consigo a toda a la humanidad. Esta es la verdadera gloria del Resucitado: es poder de amor, es solidaridad de un Dios que no quiere salvarse sin nosotros, sino solo con nosotros. Un Dios que no resucita si no es abrazando nuestras miserias y nos levanta de nuevo para una vida nueva.

El Sábado Santo es, por tanto, el día en el que el cielo visita la tierra más en profundidad. Es el tiempo en el que cada rincón de la historia humana es tocado por la luz de la Pascua. Y si Cristo ha podido descender hasta allí, nada puede ser excluido de su redención. Ni siquiera nuestras noches, ni siquiera nuestros pecados más antiguos, ni siquiera nuestros vínculos rotos. No hay pasado tan arruinado, no hay historia tan comprometida que no pueda ser tocada por su misericordia.

Queridos hermanos y hermanas, descender, para Dios, no es una derrota, sino el cumplimiento de su amor. No es un fracaso, sino el camino a través del cual Él muestra que ningún lugar está demasiado lejos, ningún corazón demasiado cerrado, ninguna tumba demasiado sellada para su amor. Esto nos consuela, esto nos sostiene. Y si a veces nos parece tocar el fondo, recordemos: ese es el lugar desde el cual Dios es capaz de comenzar una nueva creación. Una creación hecha de personas que se han vuelto a levantar, de corazones perdonados, de lágrimas secadas. El Sábado Santo es el abrazo silencioso con el que Cristo presenta toda la creación al Padre para volver a colocarla en su diseño de salvación.
La Fe Católica enseña que Nuestro Señor Jesucristo descendió “a los infiernos” (Descéndit ad inferos, como dice el Credo de los Apóstoles), refiriéndose al Limbo Patrum, donde se hallaban los justos del Antiguo Testamento esperando la liberación que con su Sacrificio en la Cruz había granjeado). Pensar que fue a “vaciar” el Infierno de los condenados (o en el caso, sembrar la posibilidad con un discurso ambiguo so color de enseñar que la misericordia de Dios alcanza aun el fondo de la miseria humana), reviviendo la herejía de la Apocatástasis (o Universalismo, que es su rediseño de marca), es herético.

Volviendo al Credo de los Apóstoles, nótese el uso del plural “infiernos”, que significa que el Infierno no es uno solo, sino que tiene regiones o partes:
  • El Limbo de los infantes (Limbum Infántium), donde van los que mueren antes del uso de razón sin haber sido bautizados. Allí no padecen pena de sentido (el fuego ni los tormentos), pero sí la pena de daño (privación de la Visión Beatífica de Dios), aunque como nunca llegaron a conocer a Dios, es como si no sintieran nada.
  • El Limbo de los Patriarcas (Limbum Patrum o Seno de Abrahán), donde estaban detenidos todos los justos que murieron antes de la Redención. Esta es la imagen evocada
  • El Purgatorio, donde las almas que murieron sin satisfacer enteramente la justicia divina expían sus culpas antes de ir al Cielo. Allí padecen la pena de sentido y la de daño, pero por las oraciones y sufragios de la Iglesia (especialmente el Santo Sacrificio de la Misa) pueden abreviar esas penas y salir libres.
  • El Infierno de los condenados, donde los réprobos junto con los demonios son castigados con la pena de daño y de sentido por toda la eternidad, sin posibilidad de redención.
El Limbo de los Patriarcas antes, y el Purgatorio después, corresponden al Seol/שְׁאוֹל‎ del hebreo bíblico (que en la Septuaginta fue traducido como Hades/ᾍδης), como quiera que, por una parte, las almas que descienden allí esperan salir de él y contemplar a Dios, y por otra, mantienen compasión por los vivos. Cosas las cuales son incompatibles con el Infierno de los condenados (correspondiente al hebreo Gehenna/גֵיהִינָּם y al griego Tártaro/Τάρταρος), donde no hay posibilidad de salir y no se tiene compasión por ninguno: solo odio.

La misericordia de Dios es grande, pero a esto debe concurrir la voluntad personal, pues como dice San Agustín: «El que te creó sin ti, no te salvará sin ti». Por otra, Nuestro Señor NO necesitó descender a los Infiernos para resucitar, sino que lo hizo en plena libertad y por puro efecto de su Caridad, y para darnos lección que si la caridad es necesaria con los vivos (por más pecadores que sean), con más razón lo es con los difuntos.

Volviendo a la pregunta que planteamos al título de este artículo, la respuesta es un . Prévost negó el Infierno al relativizarlo.

martes, 7 de enero de 2025

ISABEL DE INGLATERRA TUVO VISIONES DEL INFIERNO

Tomado de VATICANO CATÓLICO.
  

En 1570 el Papa San Pío V excomulgó a la malvada “reina” protestante Isabel I de Inglaterra y la condenó como hereje. Muchos católicos fueron martirizados durante el malvado reinado de Isabel. Ella también tuvo visiones del Infierno justo antes de su muerte:
«La reina Isabel murió [en 1603] en su castillo en Richmond, aterrorizada, luchando con el sueño, sin palabras al final, con su dedo sobre la boca… Al almirante Lord [Guillermo] Howard… que trataba de persuadirla de ir a dormir, ella dijo: “Si tú estuvieses habituado a ver tales cosas en tu cama como yo en mi mente, no me persuadirías de ir allí… Estoy atada con una cadena de fuego alrededor de mi cuello”. Y a la señora [Filadelfia Carey] Scrope, su dama de honor, la dijo: “Una noche vi mi propio cuerpo, excesivamente delgado y temeroso, en una luz de fuego. ¿Tú ves visiones en la noche?”… De este modo [ella] se fue a la muerte y al Juicio con visiones del Infierno…» (WARREN H. CARROLLThe Cleaving Of Christendom, tomo IV, pág. 481).

lunes, 14 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA DECIMOCUARTO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA DECIMOCUARTO – PENA DE LOS DEMONIOS
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera alma mía, que los Ángeles malos no perdieron en su caída los dones puramente naturales con que fueron enriquecidos, y el conocimiento de su propia belleza intelectual es para ellos su mayor suplicio, pues que privados del conocimiento sobrenatural de Dios, se desesperan y rabian al verse despojado de esta felicidad. Criados para un Dios de bondad y para Él solo, sienten en el fondo de su naturaleza una viva y poderosa inclinación hacia Él, como el único centro de su felicidad, como el término y objeto final de todas sus facultades. Sienten y conocen que han sido criados para Dios, como el ave para volar, como el pez para el agua, como el ojo para la luz, como el corazón para el amor; pero al mismo tiempo su voluntad obstinada en el mal se vuelve henchida de cólera y orgullo contra su Criador, su principio y su fin, y al contemplar a sus hermanos los Ángeles buenos en posesión de una bienaventuranza infinita que jamás perderán, porque jamás podrán pecar, la envidia los despedaza y padecen amargamente. La voluntad del demonio no es como la del hombre mientras vive sobre la tierra: el hombre no se adhiere al mal inamoviblemente, porque después de la elección del pecado, puede arrepentirse y volver a la virtud; el Ángel malo, por el contrario, una vez que ha elegido el mal, permanece adherido a él fija, inamovible, inflexiblemente para siempre, he aquí per qué su infierno o su tormento es eterno.
   
PUNTO 2º. Considera que los demonios emplean todos sus dones naturales no sólo en su propio mal, sino también en el mal de los hombres, de cuya desgracia son los más eficaces cooperadores; las luces de su inteligencia se han convertido en astucia y artificios malignos, y podemos apostrofarlos con Bossuet diciéndoles: «Oh ministros injustos de la justicia de Dios, vosotros habéis sido los primeros en experimentarla: vosotros aumentáis vuestros tormentos, haciendo experimentar al hombre vuestros celosos rigores: vuestra tiranía hace vuestra gloria, y no sois capaces sino de este placer negro y maligno, si es que se le puede llamar así, que proporciona un orgullo ciego y una baja envidia. Vosotros sois aquellos espíritus privados de amor que no viven más que del veneno de los celos y del odio. ¿Y cómo se ha verificado en vosotros tamaña mudanza? Os habéis retirado de Dios y Él se ha retirado de vosotros: he aquí vuestro gran suplicio y su grande y admirable justicia. Gemís bajo los golpes incesantemente redoblados de su mano invencible e incansable: por sus órdenes soberanas la criatura corpórea que estaba a vosotros sometida, os domina y os castiga; el fuego os atormenta, su humo, por decirlo así, os ahoga; espesas tinieblas os tienen cautivos en aquellas prisiones eternas: malditos espíritus, aborrecidos del Dios odiado de vosotros, ¿cómo habéis caído tan bajo? Vosotros lo habéis querido, lo queréis aún, puesto que queréis siempre ser soberbios, y que por vuestro orgullo indómito vivís obstinados en vuestra desgracia. Hombres soberbios y rebeldes, tomad ejemplo del príncipe de la rebelión y del orgullo; y ved y considerad y entended lo que un solo sentimiento de orgullo ha hecho en él y en todos sus secuaces. Huyamos, huyamos, huyamos de nosotros mismos: volvamos a entrar en nuestra nada y entreguémonos a Dios, nuestro apoyo como nuestro amor».
    
JACULATORIA
Ángeles santos, alcanzadnos la gracia de tener el valor de sufrir todas las penas de esta vida, a fin de no sufrir la mayor y más terrible pena de vernos privados de la visión de Dios y de su amor.
   
PRÁCTICA
Sufrid con paciencia y resignación todos los trabajos con que el Señor quiere probaros, considerando que por vuestros pecados habéis merecido las penas del Infierno. Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Espíritus gloriosos, que vivís en medio de un torrente de delicias, sin que jamás el más leve de los males perturbe vuestro reposo y bienaventuranza, que no deseáis otra cosa de nosotros los mortales de este mundo, sino que participemos de vuestra inmortal ventura, rogad a vuestro supremo Señor, que, fortaleciendo nuestras almas, nos dé la conformidad en nuestras penas, a fin de que nos veamos libres de los tormentos eternos del Infierno. Amén.
 
EJEMPLO
Un religioso de la Compañía de Jesús, el P. Juan José Surin, célebre en el siglo decimoséptimo por sus virtudes, su ciencia y sus desgracias, experimentó durante cerca de veinte años las angustias de tan terrible estado (el de la condenación eterna) para arrancar á una pobre y santa religiosa de la posesión del demonio, que había resistido a tres meses largos de exorcismos, oraciones y austeridades; el caritativo Padre llevó su heroísmo hasta ofrecerse el mismo por víctima, si la divina Misericordia se dignaba al fin escuchar sus votos y librar a una infortunada criatura. Fue escuchado, y Nuestro Señor permitió, para la santificación de su servidor, que el demonio tomase posesión de su cuerpo y lo atormentase durante largos años. Nada más auténtico que los extraños y públicos hechos que marcaron esta posesión del pobre Padre Surin y que sería largo referir aquí. Después de su libertad, recopiló en un escrito, que nos ha sido conservado, lo que recordaba de aquel estado sobrenatural en que el demonio, apoderándose materialmente, por decirlo así, de sus facultades y sentidos, le hacía experimentar una parte de sus propias impresiones y de su desesperación de condenado. «Parecía, dice, que todo mi ser, que todas las potencias de mi alma y de mi cuerpo se dirigían con indecible vehemencia hacia el Señor mi Dios; que veía era mi suprema dicha, mi bien infinito, el objeto único de mi existencia; y al mismo tiempo sentía una fuerza irresistible que me apartaba de Él, que me retenía lejos de Él: de suerte que, criado para vivir, me veía, me sentía privado de Aquel que es la Vida; criado para la verdad y la luz me veía absolutamente repelido por la Luz y la Verdad; criado para amar, estaba sin amor, estaba rechazado por el Amor; criado para el bien, estaba sumergido en el abismo del mal». «No podría, añade, comparar las angustias y la desesperación de aquella inexplicable situación sino con el estado de una flecha vigorosamente lanzada hacia un objeto, del cual la repele incesantemente una fuerza invencible: irresistiblemente impelida hacia adelante, y siempre a invenciblemente rechazada hacia atrás». Y esto no es más que una pálida imagen de aquella espantosa realidad que se llama la condenación. (Mons. Luis de Ségur, El Infierno).
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

viernes, 30 de agosto de 2024

LA IMPRUDENCIA LO CONDUJO A SU FINAL


A las 12:00h (hora local) de hoy viernes 30 de Agosto de 2024, en Santa Fe de Bogotá (Colombia), el joven Javier Acosta Cortés, de 36 años, decidió poner fin a sus días con la eutanasia.
   
La situación de Acosta empezó con un acto de imprudencia, como quiera que (así lo relató él mismo en un vídeo) en 2015 sufrió un siniestro vial en una motocicleta mientras regresaba de presenciar un partido de fútbol del equipo Millonarios en la ciudad de Tuluá (Valle del Cauca), quedando en silla de ruedas; y en 2019, en un paseo que hizo con dos amigas y el hijo de una de ellas a una piscina en Melgar (Tolima), contrajo el hongo Cándida áuris que le provocó osteomielitis y posteriormente le fue detectada leucemia, y prefirió la eutanasia a someterse a una amputación.
    
Javier Acosta Cortés usurpó el lugar de Dios, el único que puede disponer de la vida y de la muerte, y por ello su alma fue a parar al Infierno por toda la eternidad. Y lo peor es que probablemente el capellán del hospital San Ignacio (de la Universidad Javeriana, por ende de los jesuitas) no le exhortó a ofrecer como expiación su enfermedad o le habló de las penas del Infierno a que se expuso por este acto de desesperación que cometió, como tampoco lo hará el presbítero modernista que le presidirá las exequias, ni disuadirá a los concurrentes de imitar el mal ejemplo que él dio en vida.
    
Unas palabras finales: Dos días antes de la eutanasia, Acosta tuvo una conversación con el futbolista Radamel Falcao García Zárate, quien le dijo: Pediremos a Dios por ti. Cosa irónica y extraña porque (además de que en el Infierno no hay redención ni aprovechan oraciones), Falcao está afirmando implícitamente la existencia del Purgatorio (en el cual los protestantes -como él lo es, por su esposa Lorelei Tarón- no creen).

jueves, 18 de enero de 2024

LA BONDAD DE DIOS EXIGE QUE EXISTA EL INFIERNO

Infierno (Hans Thoma, ilustración del “Festkalender”, Leipzig, c. 1910).

«2.ª Objeción: ¿Puede un Dios infinitamente bueno condenar al hombre a suplicios eternos?
Respuesta: Sí; porque si Dios es infinitamente bueno, es también infinitamente justo, y su justicia reclama un castigo infinito para un pecado de malicia infinita.
   
Pregunto a mi vez ¿Sería bueno un padre que no impidiera a uno de sus hijos el hacer hacer daño a los otros hermanos? – No, sería cruel e injusto. – ¿Sería bueno si perdonara a sus hijos malos que se atrevieran a ultrajar y a herir a sus hermanos? – No, sería acto de debilidad imperdonable. – ¿Qué remedio le queda a un buen padre de familia para impedir que los hijos malos se entreguen al crimen? – No le queda otro que el de encerrar a esos malos hijos en una cárcel y tenerlos allí hasta que se conviertan. – ¿Cuánto tiempo debe durar la separación de los malos de la compañía de los buenos? – Hasta que los malos se hayan corregido. – ¿Y si siguen siempre malos? – La separación debe ser para siempre… Ahora bien, los malos seguirán siempre malos, porque el tiempo del arrepentimiento ha pasado para ellos; maldicen a Dios y desean aniquilarle. ¿Cuándo, pues, habrán de salir de la cárcel? – ¡Jamás! – Sí, nunca, la bondad de Dios exige la eternidad del infierno. (Extraído del P. Nicolás Gridel).

Por otra parte, cuando el hombre ha cometido un pecado mortal, ¿no ha consentido libremente en el castigo eterno? ¿No ha consentido en él, en la hora de la muerte, al no querer arrepentirse de sus culpas?… Nada ha querido saber de Dios en la tierra; ¿no es justo que Dios nada quiera saber de él en la eternidad?…

Finalmente, el infierno eterno es el mayor beneficio de la bondad divina. A veces nos imaginamos que Dios ha creado el infierno para obligarnos a merecer el cielo. Dios, infinitamente bueno, quiere proporcionar al hombre la mayor felicidad posible por los medios más eficaces. La mayor, felicidad del hombre es el cielo libremente adquirido por sus méritos. Pues bien, el medio más eficaz de que Dios puede valerse para obligar al hombre a hacer un buen uso de su libertad es el temor de una infelicidad eterna. El temor del infierno puebla el cielo. “El infierno –decía Dante–, es la obra del eterno amor”».
   

sábado, 3 de octubre de 2020

EL PELIGRO DE CALLAR LOS PECADOS MORTALES EN LA CONFESIÓN

En la provincia de Güeldres hubo una mujer que por espacio de once años calló en la confesión un pecado de deshonestidad que había cometido. Pasando por el pueblo en que vivía esta mujer, dos religiosos de la Orden de nuestro Padre Santo Domingo, uno Sacerdote y otro lego, se acercó al primero, creyendo ocasión oportuna de confesar a aquel desconocido el pecado que tantas veces había callado, y le pidió que la oyese de confesión. Accedió gustoso el religioso y mientras la confesaba, el compañero permaneció en oración en la misma iglesia, y luego observó que mientras aquella mujer se confesaba salían de ella muchas y asquerosas culebras, y que una más disforme y asquerosa que las demás, asomaba de cuando en cuando la cabeza para salir, más luego volvía a recogerse, y que cuando se hubo recogido del todo al terminar la confesión, todas las demás que habían salido volvieron a entrar en aquella mujer. Acabada la confesión, los dos religiosos siguieron su camino, y andadas algunas millas, el religioso lego refirió al otro la visión que había tenido en la iglesia. Este sospechó al momento lo que aquella visión significaba, y determinó volver atrás con el objeto de decir a aquella mujer que volviese al confesonario, más al llegar al pueblo luego les dieron la infausta noticia de que aquella mujer muriera de repente al entrar en su habitación. Consternados los religiosos al oírlo, determinaron pasar tres días en ayuno y oración, pidiendo a Dios que se dignase manifestarles el estado de aquella alma en el otro mundo. En la noche del tercer día se les apareció aquella infeliz mujer rodeada de abrasadoras llamas, y arrastrada por un demonio en figura de horrible dragón; alrededor del cuello tenía enroscadas dos serpientes que la oprimían la garganta y le mordían cruelmente los pechos; en la cabeza una víbora horrible que la punzaba sin cesar; en los ojos dos sabandijas asquerosísimas que la roían sin descanso; en los oídos saetas encendidas que la penetraban hasta el cerebro; de su boca salían llamas de fuego, y dos monstruosos perros la atenazaban y mordían continuamente las manos y los pies, atados con cadenas de fierro candente; y dando un espantoso grito, dijo: «¡Ay de mí! ¡Yo soy la misma desventurada mujer que habéis confesado hace tres días! Aquellas asquerosas culebras que salían de mí, eran los pecados que iba confesando, y aquella otra más disforme era figura de un pecado deshonesto que siempre he callado por vergüenza en las confesiones. Al ver en vos un confesor desconocido intenté confesarlo, pero el demonio me sugirió tal vergüenza que volví a callarlo como siempre. Por eso ha visto vuestro compañero que al terminar la confesión se recogió definitivamente, y con él volvieron a mi todos los demás que había confesado. ¡Ay! ¡Y cuánto me atormentan ahora, y cuán fácilmente pude confesarlos todos y salvarme! Pero cansado Dios de sufrirme tantos pecados y sacrilegios, me mandó una muerte repentina, y me arrojó a los infiernos, en donde soy atormentada horrorosamente por los demonios en figura de horribles animales.
    
Esta víbora que traigo en la cabeza es un demonio que me atormenta espantosamente por mi orgullo y soberbia, y por la vanidad y esmerado cuidado en adornarme para servir de lazo a las almas de los jóvenes incautos y lascivos; las sabandijas que me roen los ojos son otros dos demonios que me atormentan sin cesar por mis miradas impuras y libidinosas; estas saetas encendidas me traspasan los oídos, por haber puesto atención y escuchado con gusto murmuraciones, palabras torpes y canciones deshonestas; estas serpientes que traigo enroscadas al cuello son también otros dos demonios que me ahogan la garganta y me muerden los pechos, por haberlos llevado siempre con poco recato, y a veces de un modo provocativo, por los abrazos deshonestos que he admitido, y por las alhajas y preseas con que excesivamente me he adornado; estos perros rabiosos me atenazan las manos y los pies por mis malas acciones y tocamientos impuros, por mis bailes y paseos a los sitios en que se ofendía a Dios; pero lo que más me atormenta sobre todo esto, es este formidable dragón que me arrastra. Éste me roe y despedaza las entrañas, me punza el corazón, me aprieta y atormenta en todos los miembros que han servido a la iniquidad, me recuerda todos mis pecados, y por cada especie de ellos me da un tormento particular insufrible.
   
¡Desgraciada de mí! ¡Ya no tengo remedio! ¡Para mí se acabó ya el tiempo de la misericordia! ¡Ay! ¡Y cuán fácilmente pude salvarme! ¡Oh maldita vergüenza que me has abandonado para pecar, y me has atado para confesarme!». Dicho esto dió un grito espantoso, abrióse la tierra, y el horrible dragón la arrastró consigo a los infiernos, en donde sus tormentos jamás tendrán fin.
   
¿Y qué ha de ser de ti, oh cristiano que esto lees, si por tu desgracia has callado algunos pecados en la confesión, y no té resuelves a confesarlos cuanto antes? ¿Qué ha de ser de ti si al momento no reparas por medio de una confesión general, tantos pecados, tantos sacrilegios como has cometido? ¿No temes que te suceda lo que a aquella desventurada mujer? Ella había callado un solo pecado mortal, y por más que confesó los demás, ninguno le fue perdonado, y por todos es y será eternamente atormentada en los infiernos. Otro tanto te sucederá a ti seguramente si la muerte te sorprende en ese mal estado. ¡No lo permita Dios!
   
P. Fray ANDRÉS MARÍA SOLLA GARCÍA OP, S. Th. D., Misionero Apostólico. “El gran lazo del Infierno preparado para las confesiones sacrílegas, y aviso a los cristianos para que se precaven de caer en él”. Santiago de Compostela, Estab. Tip. de Souto e Hijo, 1865.

domingo, 12 de julio de 2020

VISIONES DE LA BEATA ANA MARÍA TAIGI CONTRA LOS CATÓLICOS FINGIDAMENTE OBSERVANTES

La beata Ana María Taigi frecuentaba muchas iglesias, pero su vida era la de una ama de casa viviendo en un ambiente popular.
   
Dios le mostraba ejemplos de las oraciones que oía, y de las costumbres de todas las clases sociales, para hacerle entender lo que veía.
   
Dios le insistía a ella que la promoción de una piedad blanda y azucarada que progresaba sin cesar en aquellos días preparaba la perdición de innumerables almas.
   
En el 10 de septiembre de 1820:
«Este es el tiempo en que los falsos filósofos se ostentan. Entre ellos hablan perlas, mas no causan impresión alguna en los pueblos porque no quieren creer en la verdad. (…) son falsos filósofos, llenos de soberbia y orgullo. De esos el mundo está lleno.
 
Y para estos hay un infierno especial. Si alguien profesa la verdad, es ofuscado por estos [falsos filósofos] y el pueblo queda perplejo, porque la miserable humanidad prefiere lo dulce antes que lo amargo» (Visiones de la Beata Ana María Taigi. Mons. Raffaele Natali, compilador. Vol. VI, pág. 85. Todas las citas provienen de tal compilación).

«Así dirás a tu confidente que diga a esta gente, que llueve almas en el infierno como la nieve. ¿Y (las almas) de quién? De bautizados.
 
Son cristianos de nombre, son animales de hecho, viven como animales. Antes bien, peor que los animales. ¿Cómo (pueden) salvarse llenos de odio, llenos de pecados? Después se dirá que son cristianos, pero…» (Vol. IX, pág. 85).
  
En el tercer domingo después de Pascua de 1817, en la iglesia del Santísimo Crucifijo de Campo Vaccino, San Pietro in Carcere, oyó:
«No te espante el hedor continuo que sientes bajo tus narices, porque es el mal olor de la corrupción del mundo presente. (…) Tú lo sabes porque Yo te dije muchas veces y vuelvo a repetirlo: “llueve almas en el infierno como nieve, y aún no acaba”» (Vol. III, págs. 43-44).

En 1828:
«El respeto humano lleva al infierno muchos confesores con todos sus penitentes. Para no dar un remedio amargo o el más mínimo disgusto, mueren tantas almas y van para la casa del diablo.
   
(…) ¿De quién es la culpa? (…) ¿Sabes de quién es? (…) Cuando ellos estén delante de mi Tribunal, ¿qué será de ellos? (…) Por esta razón, llueve almas en el infierno como la nieve. (…) ¿Ves cuántas ruinas hay en el mundo? Esta es la causa» (Vol. VII, pág. 433-437).

El 6 de noviembre de 1819:
«Mira los tormentos espantosos de los eclesiásticos torturados por los demonios. (…) ¿Por qué se consagraron a Dios cuando no buscaban sino la ambición, el orgullo y la vanidad?
   
Las puertas [del infierno] están abiertas. Lucifer se regocija y sus compañeiros festejan… Deja, deja, que estas puertas Yo las cerraré, la vorágine quedará llena y pocos quedarán» (Vol IV, págs. 555-557).

Después del 14 de abril de 1830:
«La paz sea con vosotros, mis hijos. Por toda parte debéis decir que no son ni hay paz, sino que los diablos danzan día y noche, y tejen grandes tramas, apañan en sus redes muchos peces, corderos y ovejas y las llevan a la perdición en grandes cantidades, ellos se abrevarán con la hiel y con la sangre humana. (…)
 
Yo te hablé para no seguir los santos modernos, sino aferrarte a los antiguos, porque los santos modernos, siendo todos o casi todos falsos, te habrían estragado» (Vol. VIII, págs. 519-521).
   
En 1832:
«Son lobos rapaces, lobos que devorarán muchas ovejas succionándoles la sangre una por una. ¡Si supiesen lo que está preparado para ellos irremediablemente!
   
Es más fácil que Yo oiga el clamor de un hereje que el de uno de esos lobos, tantas veces lobos como son las ovejas que esos lobos malditos devorarán» (Vol. IX, págs. 97-100).

lunes, 16 de marzo de 2020

DE LA ETERNIDAD DEL INFIERNO, O REFUTACIÓN HISTÓRICA Y DOCTRINAL A LA HEREJÍA DE LA APOCATÁSTASIS

Un error que está en boga en estos tiempos es la negación de la eternidad de las penas del Infierno, y con él la esperanza de que los condenados serán liberados de él. Fúndase esta falsa doctrina en la mala interpretación del pasaje de Hechos 3, 19-21:
Μετανοήσατε οὖν καὶ ἐπιστρέψατε εἰς τὸ ἐξαλειφθῆναι ὑμῶν τὰς ἁμαρτίας, ὅπως ἂν ἔλθωσιν καιροὶ ἀναψύξεως ἀπὸ προσώπου τοῦ κυρίου καὶ ἀποστείλῃ τὸν προκεχειρισμένον ὑμῖν Χριστόν, Ἰησοῦν, ὃν δεῖ οὐρανὸν μὲν δέξασθαι ἄχρι χρόνων ἀποκαταστάσεως πάντων ὧν ἐλάλησεν ὁ Θεὸς διὰ στόματος τῶν ἁγίων ἀπ' αἰῶνος αὐτοῦ προφητῶν. (Haced pues penitencia, y convertíos, a fin de que se borren vuestros pecados; para cuando vengan por disposición del Señor los tiempos de consolación, y envió al mismo Jesucristo que os ha sido anunciado; El cual es debido por cierto que se mantenga en el cielo, hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que antiguamente Dios habló por boca de sus santos profetas).
Resaltamos la palabra griega ἀποκαταστάσεως, declinación de la palabra Apocatastasis (ἀποκατάστασις, en latín restitútio in prístinum statum). Aunque esta palabra aparece en las obras de Platón como restauración al orden ideal, es en la teología que la Apocatastasis toma su significación más polémica, puesto que se plantea que llegará un tiempo en que todas las criaturas libres e intelectuales compartirán la gracia de la salvación; y especialmente, los demonios y las almas de los réprobos.

San Gregorio de Nisa enseñaba explícitamente esta doctrina. Por ejemplo, en su tratado “De ánima et resurrectióne” (en Jean Paul Migne, Patrología Græca XLVI, cols. 100-101; 104-05 y 152), compara el castigo por el fuego asignado a las almas después de su muerte (lo que sería la pena de sentido), con el refinamiento del oro en el crisol. Así, el castigo por el fuego tiene como razón de ser el separar el bien del mal en el alma; y la agudeza y duración del dolor de ese acrisolamiento están en proporción con el mal del cual cada alma es culpable y durarán mientras haya alguna traza de mal. Entonces vendrá un tiempo en que todo mal dejará de existir al volver el libre albedrío hacia Dios y estar en Él (porque sin libre albedrío, el mal no tendría por qué existir), como escribiera San Pablo: “Dios será todo en todos” (1 Cor. 15, 28). Luego, toda la creación (independientemente de si las creaturas necesitaron o no dicha purificación) dará gracias a Dios (Orátio catechética, cap. XXVI, en Migne, Patrología Græca XLV, col. 69). Sin embargo, no sólo el hombre (afirma) se verá libre del mal, sino también el diablo, por quien entró el mal al mundo  (Tratado “De mórtuis”, en Patrología Græca XLV, col. 536). Pero, en “Contra Usurários” (Patrología Græca XLVI, col. 436), él señala que el sufrimiento de los réprobos es eterno, lo que explica por qué los defensores de la ortodoxia considerarían que los escritos de San Gregorio de Nisa habían sido manipulados por los herejes. Más aun, San Germán de Constantinopla llegó a afirmar que los sostenedores de la apocatastasis osaron “infundir a la más pura y sana primavera de sus escritos [los del Niseno] el veneno negro y peligroso del error de Orígenes, y atribuir astutamente esta herejía absurda a un hombre famoso tanto por sus virtudes como por su erudición” (citado por Focio, Bibl. Cod., 223; Patrología Græca CIII, col. 1105). Ante esto, el historiador eclesiástico Louis Sebastien de Tillemont, en sus Mémoires pour l'histoire ecclésiastique (París, 1703), volumen IX, pág. 602, es del parecer que San Germán constantinopolitano tiene buenas razones para afirmarlo, pero su explicación se resiente. Igual opina Dionisio Petavio en “Theología Dogmática” (Amberes, 1700), III, “De Ángelis”, págs. 109-111.

De hecho, la apocatástasis del Niseno fue tomada principalmente de Orígenes Adamancio (el alegorista por antonomasia, porque después de haberse castrado decidió parar, de otro modo se hubiera decapitado), quien a veces parece renuente en tomar decisiones respecto al asunto de la eternidad del castigo (el teólogo francés Louis-Joseph Tixeront PSS indicó que Orígenes, en “De princípiis”, libro primero, cap. VI, 1-3, no se atreve a asegurar que todos los ángeles malos retornarán a Dios tarde o temprano; mientras que en su “Commentárium in Románum”, VIII, 9 afirma que sólo Lucifer, a diferencia de los judíos, no se convertirá, ni siquiera al final de los tiempos). Pero son una excepción, pues la norma general en Orígenes es enseñar sobre la restauración final de todas las criaturas inteligentes a la amistad con Dios.
“No todos disfrutarán de la misma felicidad, pues en la casa del Padre hay muchas moradas, pero todos podrán alcanzarla. Si la Escritura a veces parece hablar del castigo de los malvados como eterno, esto es para aterrorizar a los pecadores, para que vuelvan a la senda correcta, y siempre es posible, con atención, descubrir el verdadero significado de estos textos. Sin embargo, siempre se debe aceptar como principio que Dios no castiga sino para corregir, y que la única finalidad de su mayor ira es el mejoramiento de los culpables. Así como el médico emplea el fuego y el acero en ciertas enfermedades profundamente arraigadas, así Dios usa el fuego del Infierno para curar al pecador impenitente. Por lo tanto, todas las almas, todos los seres impenitentes que se han descarriado serán restaurados, tarde o temprano, a la amistad con Dios. La evolución será larga, en algunos casos incalculablemente larga, pero llegará el momento en que Dios será todo en todos. El último enemigo, la muerte, será destruido, el cuerpo se hará espiritual, el mundo de la materia se transformará, y en el universo sólo habrá paz y unidad” (Tixeront, Histoire des dogmes, volumen I, París 1905, págs. 304-305).

El texto palmario de Orígenes debería ser referido a “De princípiis”, III, 6,6; (Patrología Græca XI, col. 338-340), donde enseñó que todos los malos serán restaurados una vez que hayan pasado severos castigos y hayan recibido instrucción de los ángeles y de aquellos de un grado más elevado en conocimiento y luces celestiales.
 
Y hay más. El teólogo e historiador luterano Adolf von Harnack, en el primer volumen de Dogmengeschichte (Friburgo, 1894), págs. 645-646, conecta las enseñanzas de Orígenes en este punto con las de Clemente de Alejandría. Sobre esto abunda Tixeront: 
“Clemente de Alejandría admite que las almas pecadoras sean santificadas después de la muerte por un fuego espiritual, y que los malvados, del mismo modo, sean castigados por el fuego. ¿Será eterno su castigo? No parecería así. En la Stromata, VII, 2 (Patrología Græca, IX, col. 416), el castigo al que se refiere Clemente, y que sigue al juicio final, obliga a los malvados al arrepentimiento. En el capítulo XVI (col. 541) el autor establece el principio de que Dios no castiga, sino que corrige; es decir que todos los castigos de su parte son reparadores. Si se supone que Orígenes partió desde este principio para llegar a la apokatastasis -así como San Gregorio de Nisa- es extremadamente probable que Clemente de Alejandría lo entendiera en el mismo sentido” (Tixeront, op. cit., pág. 277).
  
Con todo, aunque Orígenes y Clemente alejandrino estuvieron influenciados por la filosofía de Platón y el esquema naturalista que de la justicia divina planteara en la República (coloquio X, 614), y sostuvieron la apocatástasis como parte de una teoría de los atributos divinos que subordina la justicia a la misericordia; de la libertad humana, que hace que la voluntad nunca esté finalmente fijada y del pecado, concebido como debilidad e ignorancia, la apocatástasis según Orígenes no era para ser predicada a todas audiencias, pues consideraba ser suficiente para el común de los fieles, el saber que los pecadores serán castigados. (Contra Celso, IV, 26). Y de Orígenes pasó esta opinión a San Gregorio de Nisa y a San Jerónimo, quien en su época de juventud la atribuyó solamente a los bautizados: “In restitutióne ómnium, quándo corpus tótius Ecclésiæ nunc dispérsum atque lacerátum, verus médicus Christus Jesus sanaturús advenérit, unusquísque secúndum mensúram fidei et cognitiónis Fílii Dei… suum recípiet locum et incípiet id esse quod fúerat” [En la restauración de todas las cosas, cuando todo el cuerpo de la Iglesia, ahora disperso y lacerado, vendrá Cristo Jesús como verdadero médico a sanarlo, a cada uno según la medida de sy fe y conocimiento del Hijo de Dios..., recibirá su lugar y comenzará a ser lo que fue] (Commentárium In Ephésios IV, 16; en Patrología Græca XXVI, col. 503). En todos sus demás escritos San Jerónimo enseña que el castigo de los demonios y de los impíos, es decir, de aquellos que no han asumido la fe, será eterno. (Ver Dionisio Petavio, Theología dogmática, De Ángelis, 111-112).
  
San Alfonso María de Ligorio explica sobre el origenismo jeronimiano:
San Jerónimo, quien en su comentario a Isaías, hablando de Orígenes, que señalaba término para las penas del Infierno, no solo no hace observacion alguna acerca de esta doctrina, sino que particularizándola todavía mas, dice, que únicamente los demonios, los ateos y los infieles serán eternamente castigados con las penas del Infierno, mas los cristianos, al quedar satisfecha la pena merecida alcanzarán el dia de la libertad: Et tamen christianórum, quórum ópera in igne probánda sunt atque purgánda, moderátam arbitrámur et mixtam cleméntia senténtiam júdicis.
    
En el díálogo contra los pelagianos cita tambien la opinion de Orígenes conforme a la cual, no todas las criaturas racionales irán a perderse eternamente, sino que hasta al demonio se concede la penitencia: pero el Santo Doctor afirma que no tan solo el demonio, sino todos los hombres impíos y prevaricadores padecerán perpetuos tormentos, y tratando en seguida de los demás cristianos dice: Et christiános, si in peccáto prævénti fúerint salvándos esse post pœnas [Y los cristianos, si se arrepintieron de sus pecados, serán salvados después de su castigo]. Este pasaje ha recibido una rigurosa censura por parte de Petavio y de Daniel Huecio. (Petav. L. 3. de Angel. c. 7, y Huetius in Origin. Lib. 2.)
  
Esto no obstante, dice el P. Juan Vicente Patuzzi OP (De sede Inférni, Libro 3. l. 11. n. 12), no hay sabio alguno que pueda llegar a persuadirse de que San Jerónimo haya opinado jamás que no todos los cristianos condenados padecerán penas eternas en el Infierno; sino que antes bien habló el Santo Doctor de aquellos cristianos pecadores, que arrepentidos de sus pecados graves, deben purgarlos en el fuego no ya del Infierno, sino del Purgatorio. Quien desee ver este punto mas profundamente examinado, lea a Noel Alexandre (Historia Ecclesiástica, Tomo 3, in dissertatióne contra Orig.).
  
Sin embargo, desde el momento en que prevaleció el anti-origenismo, la doctrina de la apocatastasis fue abandonada definitivamente. San Agustín protesta más fuertemente que ningún otro escritor contra un error tan contrario a la doctrina de la necesidad de la gracia. En el libro Actas del Proceso a Pelagio, capítulo I, art. 10, aludiendo a la sentencia contra Pelagio en el Concilio de Dióspolis (actual Lod, Israel) en el año 415, escribe:
“La Iglesia condena muy justamente el error origenista, que sustenta que aun los que han de ser condenados, según la sentencia del Señor, al eterno suplicio, y el mismo diablo, después de una purificación más o menos larga, se verán libres de sus penas y gozarán de la gloria del cielo en compañía de los bienaventurados”. 
Incluso en el Libro XXI de la Ciudad de Dios se propone encarecidamente rebatir la doctrina platónico-origenista de la apocatastasis.
 
Si bien San Gregorio Nacianceno en De seípso, 566 (Patrología Græca, XXXVII, col. 1010) se pregunta sobre el tema de si hay o no apocatastasis, no toma partido sobre el tema y deja la respuesta en las manos de Dios. El teólogo luterano Julius Köstlin, en su artículo “Apokatastasis” para la “Realencyklopädie für protestantische Theologie” (Leipzig, 1896), volumen I, pág. 617, menciona a Diodoro de Tarso y a Teodoro de Mopsuestia como sostenedores de esta doctrina, mas no cita ningún pasaje de ellos en apoyo de su afirmación.
 
La condena formal a la doctrina de la Apocatastásis se dio en cuatro momentos:
  • Sínodo Endemousa de Constantinopla (año 543), Anatemas al origenismo: “Si alguno dice o siente que el castigo de los demonios o de los hombres impíos es temporal y que en algún momento tendrá fin, o que se dará la reintegración de los demonios o de los hombres impíos, sea anatema”.
  • Concilio de Constantinopla II (año 553), Condena al Cisma Tricapitolino: “Si alguno no anatematiza a [...] Orígenes, juntamente con sus impíos escritos, y a todos los demás herejes, condenados por la santa Iglesia Católica y Apostólica y por los cuatro antedichos santos Concilios, y a los que han pensado o piensan como los antedichos herejes y que permanecieron hasta el fin en su impiedad, ese tal sea anatema”.
  • Concilio de Letrán IV (año 1215), Profesión de fe para los valdenses: “Y, finalmente, [creemos y confesamos que] Jesucristo unigénito Hijo de Dios, [...] ha de venir al fin del mundo, ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y ha de dar a cada uno según sus obras, tanto a los réprobos como a los elegidos: todos los cuales resucitarán con sus propios cuerpos que ahora llevan, para recibir según sus obras, ora fueren buenas, ora fueren malas; aquéllos, con el diablo, castigo eterno; y éstos, con Cristo, gloria sempiterna”.
  • Papa Benedicto XII, Constitución Dogmática Benedíctus Deus (29 de enero de 1336): “Definimos [por autoridad apostólica] además que, según la común ordenación de Dios, las almas de los que salen del mundo con pecado mortal actual, inmediatamente después de su muerte bajan al infierno donde son atormentados con penas infernales”.
 
Sin embargo, esta opinión heterodoxa estaba destinada a ser revivida en las obras de algunos escritores eclesiásticos. Sería interesante verificar la afirmación de Köstlin y Bardenhewer de que debe ser rastreada a Esteban Bar Sudaili, del Pseudo Dionisio Areopagita, San Máximo el Confesor, Escoto Eriúgena y Amalrico de Bena. Reaparece en los desórdenes protestantes merced a los escritos de Hans Denk (m. 1527), y Harnack no ha dudado en afirmar que casi todos los reformadores eran apocatastasistas de corazón, lo que explica su aversión a la enseñanza tradicional en relación con los sacramentos (Dogmengeschichte, III, 661). La doctrina de la apocatastasis considerada como creencia en la salvación universal se puede encontrar entre los anabaptistas (Hans Deck), los Hermanos Moravos, los cristadelfianos, entre los protestantes racionalistas y finalmente entre los universalistas profesos. También la han sostenido algunos filósofos protestantes como Friedrich Schleiermacher, y unos pocos teólogos, por ejemplo, Hans-Joachim Eckstein y Adolf Pfister en Alemania; y  Frederic William Farrar en Inglaterra, aunque éste último la negara en su momento:
“Aunque pueda ser nuestro deseo que esto (la restauración de todas las cosas y la universalidad de la redención cristiana) pueda ser la voluntad de Dios, aunque bellamente pueda parecer acorde tanto a la Justicia como a la Misericordia de Dios que el pecado, después de traer su propio castigo, pueda tornarse en santidad y ser perdonado, aunque podamos albergar la esperanza de que algo tan significativo pueda sustentar la general e ilimitada promesa de una Restitución futura, no me atrevo a adherir a cualquier dogma del universalimso, en parte porque es imposible para nosotros estimar el endurecedor efecto de la obstinada persistencia en el mal, y el poder de la voluntad humana para resistir el amor de Dios” (Frederic William Farrar, Eternal Hope. E. P. Dutton & Co. Publishing, Nueva York 1878, Prefacio, pág. XVI).
E inclusive, la Misa Novus Ordo parece rescatar esta herejía, como muestra el Prefacio Dominical X “El día del Señor”, añadido en 1988 y (aparentemente) solo existente en español e italiano:
“En verdad es justo bendecirte y darte gracias, Padre santo, fuente de la verdad y de la vida, porque nos has convocado en tu casa en este día de fiesta. Hoy tu familia, reunida en la escucha de tu Palabra y en la comunión del pan único y partido, celebra el memorial del Señor resucitado, mientras espera el domingo sin ocaso en el que la humanidad entera entrará en tu descanso. Entonces contemplaremos tu rostro, y alabaremos por siempre tu misericordia. Con esta gozosa esperanza, y unidos a los ángeles y a los santos, cantamos unánimes el himno de tu gloria”.
Conexo a la eternidad del Infierno, es de principio general que la Iglesia prohíbe orar por los condenados al Infierno, y sostiene que tales oraciones no reportan fruto alguno. Santo Tomás de Aquino, en su Suplemento a la Tercera parte de la Suma Teológica, cuestión LXXI, art. 5 afirma:
“Tal opinion [la de la disminución de la pena en los condenados] es presuntuosa, como contraria y vana a los dichos de los Santos, sin apoyo de autoridad alguna; y es irracional, ya porque los condenados en el Infierno se hallan fuera del vínculo de la caridad, según la que las obras de los vivos se continúan para con los difuntos, ya porque llegaron totalmente al término de la vida, recibiendo la última retribución por sus méritos, como también los Santos que están en el Cielo; porque lo que queda todavía de la pena o de la gloria del cuerpo, no les da la condicion de viadores; puesto que la gloria consiste esencial y radicalmente en el alma, como igualmente la miseria de los condenados. Y por tanto, no puede disminuirse la pena de estos, como ni ser aumentada la gloria de los santos en cuanto al premio esencial”.

viernes, 13 de diciembre de 2019

VINCENZO PAGLIA: “EL QUE DICE QUE JUDAS SE CONDENÓ ES HEREJE”

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
 
Mons. Vincenzo Paglia –el modernista-progresista nombrado en el 2012 (reino de Ratzinger) presidente del Pontificio Consejo de la Familia y en el 2016 (reino de Bergoglio) presidente de la Pontificia Academia para la Vida– en una reciente entrevista reportada por la AgenSir [Agencia S.I.R. –Servicio de Información Religiosa–, servicio de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana, N. del T.] ha enseñado lo exactamente opuesto a lo que la Iglesia ha definido por siglos:
  
“Para la Iglesia Católica, si uno afirma que Judas [Iscariote] está en el infierno, es un hereje”, ha dicho.
  
¿Qué enseña, pues, el Catechismo Tridentino (n. 241 – La penitencia en cuanto virtud)?
“Frecuentemente sucede precisamente que los hombres no se arrepienten de los pecados como deberían; que también hay unos, al devir de Salomón, que se alegran del mal cometido (Pr 2,14); mientras que hay otros que se afligen tan amargamente, que desesperan de salvarse. Tal parece ser el caso de Caín que exclamó: Mi pecado es más grande que el perdón de Dios (Gn. 4, 13); y tal fue ciertamente el de Judas, el cual arrepentido, colgándose en el lazo, perdió al mismo tiempo la vida y el alma” (Mt. 27, 3 Ac. 1, 18).
  
Ad abundántiam, con fe pía, ¿qué es lo revelado a Santa Catalina de Siena (S. Catalina de Siena, Diálogo de la Divina Providencia, c. 37)?
“Porque la desesperación de Judas me disgustó más y fue más grave a mi Hijo que no la traición que me hizo. Así son condenados por este falso juicio de haber puesto mayor el pecado suyo que mi misericordia; y por eso son castigados con los demonios y atormentados eternamente con ellos”.

viernes, 22 de noviembre de 2019

EL GUSANO QUE NUNCA MUERE, O EL REMORDIMIENTO DE LA CONCIENCIA EN EL INFIERNO

«El alma del condenado tendrá los bienes y delicias de su vida pasada, y su recuerdo lo afligirá. “Todo pasó para mí, exclamará: APENAS GOCÉ DE MIS RIQUEZAS, CUANDO LAS DEJÉ PARA QUE OTROS LAS DISIPASEN. ¿De qué me han aprovechado?… ¡Y hubiese yo podido, usando bien de ellas, adquirir el cielo!”.
  
Recordará las gracias de que abusó: los sermones que oyó, los remordimientos con que Dios le punzaba, las inspiraciones  a que cerró voluntariamente los oídos… ¡Ah! Otros… quizás los cómplices de sus vicios, se aprovecharon, y él no quiso, y se condenó…
  
Recordará los males que hizo, los pecados que cometió: pecados de la mocedad, de la juventud, de la edad viril… contra Dios. Contra el prójimo, contra sí mismo… desordenes opuestos a la razón… Su recuerdo lo avergonzará...
  
Padecerá el condenado horriblemente sumergido en aquel inmenso mar de fuego, sin esperanza de conseguir misericordia con SUS LÁGRIMAS Y SÚPLICAS, SIN ESPERANZA DE ABLANDAR NUNCA A DIOS CON PENITENCIAS, SIN ESPERANZA DE PAGAR  POR ENTERO, NI DISMINUIR JAMÁS LAS DEUDAS CON LOS TORMENTOS. ¡Eterna desesperación!».

viernes, 10 de mayo de 2019

LOS TORMENTOS EN LOS SENTIDOS DE LOS CONDENADOS

   
“Los condenados están dentro del abismo infernal como en una ciudad infortunada, en la cual padecen tormentos indecibles, en todos sus sentidos y en todos sus miembros, pues, por haberlos empleado en pecar, han de padecer en ellos las penas debidas al pecado: los ojos, en castigo de sus ilícitas y perniciosas miradas, tendrán que soportar la horrible visión de los demonios y del infierno; los oídos, por haberse complacido en malas conversaciones, no oirán sino llantos, lamentos de desesperación y así todos los demás sentidos”.

SAN FRANCISCO DE SALES, Introducción a la Vida Devota.

miércoles, 9 de enero de 2019

LOS TRES NIVELES DEL INFIERNO

Visión del Infierno de Santa Francisca Romana (Antoniazzo Romano. Roma, monasterio de Tor de’ Specchi).
  
El Infierno está dividido en tres partes: superior, medio e inferior. Lucifer está en el fondo del Infierno inferior. Bajo Lucifer, jefe universal de los demonios y de los condenados, hay tres jefes que le están subordinados y que son superiores a los demás: Asmodeo, que era un querubín, preside a los pecados de la carne; Mammon, que era un trono, preside a los de la avaricia. Es interesante ver cómo el dinero forma por sí solo una de las tres grandes categorías de pecados. Beelzebub preside a los pecados de la idolatría.
 
Todo crimen de magia, espiritismo, etc., corresponde a Beelzebub. Él es particular y especialmente el príncipe de las tinieblas. Por las tinieblas es torturado y con las tinieblas tortura a sus víctimas.
  
Una parte de los demonios permanece en el Infierno; otra reside en el aire, otra entre los hombres, buscando a cuál devorar. Los que están en el Infierno dan sus órdenes y envían sus delegados.
 
Los que están en el aire obran físicamente en las perturbaciones atmosféricas y telúricas; lanzan por todas partes sus malas influencias e infectan el aire física y moralmente. Su misión especial es debilitar el alma. Y cuando los demonios de la tierra ven a un alma debilitada por la influencia de los demonios del aire la atacan en medio de su desfallecimiento para vencerla más fácilmente.
  
La atacan en el momento en que desconfía de la Providencia, pues esta desconfianza, cuyos inspiradores especiales son los demonios del aire, prepara al alma a la caída que los demonios de la tierra solicitan.
 
SANTA FRANCISCA ROMANA, Visión del Infierno.

miércoles, 31 de octubre de 2018

LOS CUERVOS DE LUTERO

Traducción del artículo publicado en Alemán en MUTTER DER LÖSUNG.

Entrada de Martín Lutero en el Infierno
  
Nada menos que el padre Martín de Cochem OFM Cap. escribió sobre el final de Lutero en su Andere History-Buch:
«Justo después de la muerte, su cuerpo olía tan mal que nadie podía acercársele, aunque estaban en mitad del invierno, en el Hornung (febrero). Por lo tanto, lo colocaron lo más pronto posible en un ataúd de plomo y lo llevaron a la Iglesia de San Andrés. Todas las campanas de toda la ciudad sonaron a un tiempo, y la cruz fue llevada delante del féretro. Los condes y toda la gente lo siguieron, y Justo Jonás hizo el sermón funeral. El duque de Sajonia pidió al conde Alberto VII de Mansfeld el cuerpo de Lutero, para que fuera enterrado en Wittenberg. Para tal fin, fue dispuesto con gran pompa y esplendor en un carruaje cubierto con telas negras, y acompañado con mucha gente a Wittenberg. Su afligida monja (su mujer fue una vez monja) con tres hijos lo seguían en una litera, aquellos niños del pueblo, como a un respetable, rodeaban los restos de su señalado profeta.
  
El hedor del cadáver era tan grande que a nadie se le permitió acercarse, lo cual era entonces una señal de cuán cruelmente su alma debe apestar ante Dios y todos los ángeles. Muchos cuervos de un tamaño inusual volaban sobre el cuerpo, lo que provocó un grito vergonzoso en lugar de una música encantadora».
Otto Zischkin. Revista Ave-Kurier, Diciembre de 1980. Editora Mediátrix, Zischkin & Co. S.L., Viena.
 
El doctor Tilmann Bredenbach (Collatiónes sacræ, libro 7, cap. XXXIX) nos dice qué eran esas cosas como cuervos: 
«Me contaba el venerable señor N., bien conocido por su venerable edad, su doctrina y vida santa, que vivía para el día en que murió el nuevo evangelista Martín Lutero, que en ese tiempo en Geel de Brabante numerosos endemoniados esperaban las liberaciones que, por medio del cuerpo de Santa Dimpna, obraba Dios sobre muchos de ellos desde hacía muchos años. Debido a esto, siempre hay personas poseídas que son llevadas desde diferentes lugares para establecerse allí. Cuando, el día en que Lutero había muerto, muchos poseídos se mostraron tranquilos y calmados, contrariamente a sus costumbres, todo el mundo quedó asombrado y hablaban de todos y cada uno como si hubieran sido curados por los méritos de la bienaventurada virgen. Pero, desafortunadamente, al día siguiente esta gente pobre comenzó a enfurecerse de nuevo cruelmente y a estar plagada de espíritus malignos más que antes. Cuando fueron convocados por el clero y les preguntaron al mismo tiempo por qué estaban tan tranquilos ayer, pero ahora tan enojados, los demonios dijeron: Nuestro príncipe y archidemonio ordenó que todos los demonios subieran al funeral de nuestro fiel colega y profeta Martín Lutero y lo decoraran con su canto y presencia, porque convenía que quien había seducido a muchos para el Infierno, fuera llevado al Infierno con gran pompa por los demonios».
 
P. Paulus Deusdedit, editor. Luther: wie er lebte, leibte und starb (Lutero: Así fue su vida, vida y muerte). Ed. Gotthard Media.

miércoles, 1 de agosto de 2018

LOS SUFRAGIOS NO APROVECHAN A LOS CONDENADOS AL INFIERNO

Surgió gran polémica porque algunos criticaban el hecho de que se afirme con seguridad en las notas necrológicas sobre los enemigos de la Iglesia que ellos están bajo condenación eterna, hasta el punto de acusarnos de jansenistas y fariseos sólo porque señalamos que en el fuero externo no dieron señales de arrepentimiento y conversión, y porque reiteramos que por ellos no se debe rezar en sufragio. Frente a esta situación, es importante traer a colación la doctrina Católica sobre el tema, y a este fin, publicamos este artículo escrito por el Angélico Santo Tomás de Aquino.
 
En el Infierno, ninguna redención es posible.
  
¿LOS SUFRAGIOS APROVECHAN A LOS QUE ESTÁN EN EL INFIERNO?
  
Objeciones por las que parece que los sufragios aprovechan a los que están en el Infierno:
  1. Según consta de este pasaje de la Escritura (II Mac. XII, 40), donde se dice que debajo de las túnicas de los que habían sido muertos, hallaron las ofrendas a los ídolos prohibidas por la ley a los judíos; y sin embargo despues se añade, que Judas envió a Jerusalen doce mil dracmas de plata para que se ofreciese sacrificio por los pecados de los que habían muerto. Consta, empero, que pecaron mortalmente aquellos, obrando contra la ley, y en este concepto que habían muerto en pecado mortal, y que por tanto fueron trasladados a los infiernos. Luego los sufragios aprovechan a los que están en el infierno.
  2. En el libro 4 de las Sentencias de Pedro Lombardo, distinción 45, consta por las palabras de San Agustin (Manual sobre la Fe, Esperanza y Caridad, cap. CX), que «a los que aprovechan los sufragios o les aprovechan, para que el perdón sea pleno, o para que les sea más tolerable su condenación». Pero solamente se dicen condenados los que están en el Infierno. Luego también á los que existen en el Infierno, aproyechan los sufragios.
  3. Dice San Dionisio (De la Jerarquía Eclesiástica, cap. último): «si las oraciones de los justos obran tanto aquí y según esta vida, ¿cuánto más obrarán despues de la muerte en aquellos que son dignos de las oraciones sagradas?». De lo cual puede colegirse que los sufragios aprovechan más á los muertos que á los vivos. Pero también aprovechan á los vivos, que están en pecado mortal, pues la Iglesia ora diariamente por los pecadores, á fin de que se conviertan á Dios. Luego también valen los sufragios á los muertos que están en pecado mortal.
  4. En las vidas de los Padres (libro 3, núm. 172; y libro 6, núm. 16), se lee que también el Damasceno en un sermón suyo (De los Difuntos) refiere que Macario habiendo encontrado en la vía el cráneo de un difunto, hizo oracion para saber a quien había pertenecido aquella cabeza; y esta le respondió que había sido de un sacerdote gentil, que estaba condenado en el Infierno; y sin embargo, confesó que la plegaria de Macario le había ayudado a él y a otros [1]. Luego los de la Iglesia aprovechan áun a los que están en el infierno.
  5. Refiere el mismo Damasceno en el dicho sermón, que rogando San Gregorio por Trajano, oyó una voz divina que le dijo: «oí tu voz y concedo el perdón a Trajano». Todo el Oriente y Occidente atestiguaron este hecho, añade este santo doctor (ibid). Pero consta que Trajano estuvo en el Infierno, «puesto que había hecho perecer cruelmente á muchos mártires»; como dice allí mismo el Damasceno. Luego los sufragios de la Iglesia valen también para los que están en el Infierno.

Contra esto, dice San Dionisio (De la Jerarquía Eclesiástica, cap. VII): «el sumo sacerdote no ora por los inmundos, puesto que en esto se apartaría del orden divino»; y añade a continuación, que no «pide el perdón por los pecadores, porque no sería oído en favor de ellos». Luego los sufragios no valen para los que están en el Infierno. Ademas, dice San Gregorio (Morália, o Exposición sobre Job, libro 34, cap. XVI): «la causa por la que no se ora entonces, esto es, despues del día del Juicio, por los hombres condenados al fuego eterno, es la misma que hace que no se ore por el diablo, y los ángeles destinados al suplicio eterno; y la misma que hace que los santos no rueguen por los infieles e impíos que han muerto; pues respecto de estos saben que fueron condenados al suplicio eterno, y no quieren llevar ninguno el mérito de su oracion ante la presencia del justo juez». Luego los sufragios no valen para los que moran en el infierno. Ademas, en el libro IV de las Sentencias, dist. 45 consta por las palabras de San Agustín (sermón 32, De las palabras de los Apóstoles), que los que mueren sin la fe, que obra por el amor, y sin los sacramentos de ella, en vano se les impide por los suyos tales deberes. Pero todos los condenados son tales. Luego no les aprovechan los sufragios. Conclusión. 1º No puede ser que se quite la pena, sin que sea antes expiada la culpa. 2º La gloria consiste esencial y radicalmente en el alma, como igualmente la miseria de los condenados; y por tanto no puede disminuirse la pena de estos, como ni ser aumentada la gloria de los santos en cuanto al premio esencial. 3º Es más seguro decir simplemente que los sufragios no aprovechan a los condenados, ni la Iglesia entiende orar por ellos

Responderemos que acerca de los condenados hubo tres opiniones; algunos dijeron que en esto debe distinguirse de dos modos: 1º. en cuanto al tiempo, diciendo que despues del día del Juicio nadie que esté en el Infierno será ayudado por sufragio alguno, pero que antes del día del Juicio algunos son ayudados por los sufragios de la Iglesia; 2º. en cuanto a las personas detenidas en el Infierno, entre las que decían haber algunos muy malos, esto es, los que murieron sin la fe ni los sacramentos, y a los tales no pueden aprovechar los sufragios de la Iglesia, porque no pertenecieron a ella ni por el mérito ni en cuanto al número; otros no hay muy malos, esto es, los que fueron de la Iglesia numéricamente y teniendo la fe, habiendo recibido los sacramentos, y haciendo algunas obras del género de las buenas; y a los tales deben aprovechar los sufragios de la Iglesia. Pero se presentaba a los que seguían esta opinion una duda que les perturbaba, esto es, porque parecía resultar de esto que, siendo la pena de Infierno finita según la intensidad, aunque infinita en duración, multiplicándose los sufragios, aquella pena se quitaría totalmente, lo cual es el error de Orígenes (De los principios, libro 1, cap. VI). Y por esto quisieron eludir este inconveniente de muchas maneras. Al efecto Prepositivo dijo que tanto pueden multiplicarse los sufragios por los condenados, que se encuentren libres de toda pena, no en absoluto, como supuso Orígenes, sino por algún tiempo, esto es, hasta el día del Juicio; pues entonces, reunidas de nuevo las almas a los cuerpos, reentrarán en las penas del Infierno sin esperanza de perdón. Pero esta opinion parece repugnar a la Providencia divina, que nada desordenado deja en las cosas. Mas la culpa no puede ser ordenada sino por la pena; por lo que no puede ser que se quite la pena, sin que sea expiada antes la culpa.
  
Y por esto, permaneciendo continuamente la culpa en los condenados, su pena en manera alguna se interrumpirá; y por esto los Porretanos [2] imaginaron otro modo diciendo que se procede por los sufragios en la diminución de la pena, como se procede en la división de las líneas, las que, siendo finitas, pueden sin embargo dividirse hasta lo infinito, y jamás son consumidas por la división, mientras se haga la sustracción, no según la misma cantidad, sino según la misma proporcion; como si primero se quita la cuarta parte del todo, y despues la cuarta de aquella cuarta, y así sucesivamente hasta el infinito. Igualmente dicen que por el primer sufragio se disminuye en algún tanto la parte de pena, y por el segundo se disminuye una parte de la que queda según la misma proporcion. Pero este modo es defectuoso bajo muchos puntos de vista: primero, porque la división infinita que conviene a la cantidad continua, no parece poder ser aplicable a la cantidad espiritual; segundo, porque no hay razón alguna para que el segundo sufragio disminuya ménos de la pena que el primero, si es de igual valor; tercero, porque la pena no puede ser disminuida, si no se disminuye también la culpa, como ni ser quitada, si no lo es esta; cuarto, porque en la división de la línea se llega al fin a lo imperceptible al sentido; porque el cuerpo sensible no es divisible hasta lo infinito; y así se seguiría que despues de muchos sufragios la pena remanente no se sentiría a causa de su pequeñez, y así no sería pena. Por lo cual otros hallaron otro modo. Al efecto Guillermo Altisiodorense (Sentencias, libro 4, tratado 14, cap. I) dijo, que los sufragios aprovechan a los condenados, no por la diminución o interrupción de la pena, sino por la confortación del paciente: como si un hombre llevara una carga pesada y se le echase agua al rostro: pues en este caso sería confortado para llevarla mejor, sin que por eso se hiciera en nada más ligera la carga. Pero esto no puede sostenerse tampoco, porque alguno está más o ménos gravado con el fuego eterno, como dice San Gregorio (Morália, libro 9, cap. XXXIX), según el mérito de su culpa: y de aquí es que por el mismo fuego unos son más abrasados y otros ménos. Luego, permaneciendo la culpa de los condenados sin inmutarse, no puede ser que sufra una pena más leve.
  
Ademas, tal opinion es presuntuosa, como contraria y vana a los dichos de los Santos, sin apoyo de autoridad alguna; y es irracional, ya porque los condenados en el Infierno se hallan fuera del vínculo de la caridad, según la que las obras de los vivos se continúan para con los difuntos, ya porque llegaron totalmente al término de la vida, recibiendo la última retribución por sus méritos, como también los Santos que están en el Cielo; porque lo que queda todavía de la pena o de la gloria del cuerpo, no les da la condicion de viadores; puesto que la gloria consiste esencial y radicalmente en el alma, como igualmente la miseria de los condenados. Y por tanto, no puede disminuirse la pena de estos, como ni ser aumentada la gloria de los santos en cuanto al premio esencial. Sin embargo, podría sostenerse de cierta manera el modo que alguuos establecen para explicar cómo los sufragios aprovechan a los condenados: como si se dijera que no les aprovechan en cuanto a la diminución o interrupción de la pena, ni en cuanto a la diminución de la sensación de esta, sino porque por estos sufragios se les sustrae alguna materia de dolor que podría existir en ellos, si se vieran de tal modo despreciados que no se tuviese por ellos cuidado alguno; cuya materia de dolor se les sustrae cuando se hacen por ellos sufragios. Pero esto no puede aceptarse tampoco, según la ley común; porque, como dice San Agustín en De la piedad con los difuntos, cap. 13 (lo cual es verdadero principalmente acerca de los condenados), que «no ven las cosas que se hacen o suceden en esta vida a los hombres». Por consiguiente, no saben cuándo se hacen por ellos los sufragios, a ménos que superiormente a la ley común se les dé divinamente este remedio a alguuos condenados, lo cual es de todo punto incierto. Por lo tanto es más seguro [3] decir simplemente que los sufragios no aprovechan a los condenados, ni la Iglesia entiende orar por ellos, según es notorio por las autoridades aducidas.

Respuestas a las objeciones:
  • Al argumento primero diremos, que no fueron encontradas en aquellos muertos las ofrendas de los ídolos, de manera que pueda sacarse una prueba de que las llevaban por reverencia a los ídolos; sino que las tomaron como vencedores, porque les eran debidas por derecho de la guerra. Y sin embargo, pecaron venialmente por avaricia; por lo que no fueron condenados al Infierno, y en este sentido podían aprovecharles los sufragios. O debe decirse según algunos, que viendo que les amenazaba peligro en el combate mismo, se arrepintieron del pecado, según aquello (Salmo LXXVII, 34): cuando los mataba, le buscaban: y esto puede juzgarse con probabilidad, y por eso fue hecha oblación en favor de ellos.
  • Al segundo, que en aquellas palabras la condenación se toma en sentido lato por cualquier castigo, de tal suerte que se incluya también la pena del Purgatorio, que es expiada a veces totalmente por los sufragios y otras no, pero se disminuye.
  • Al tercero, que en este concepto más bien es aceptado el sufragio en favor del muerto que por el vivo, porque más lo necesita, puesto que no puede auxiliarse a sí mismo, como puede el vivo; pero en otro concepto el vivo es de mejor condicion, porque puede pasar del estado de la culpa mortal al estado de gracia, lo cual no puede decirse de los muertos, y por esto no hay la misma razón de orar por los vivos que por los difuntos.
  • Al cuarto, que aquel auxilio no consistía en que se disminuyese su pena, sino únicamente, como allí se dice, en que orando él se les concedía el que mutuamente se viesen; y en esto no tenían un gozo verdadero, sino fantástico, mientras se cumplía lo que deseaban, como se dice también que los demonios se regocijan, mientras atraen los hombres al pecado, aun por esto en nada se disminuya su pena, como ni se disminuye el gozo de los ángeles porque se diga que se compadecen de nuestros males.
  • Al quinto, que del hecho de Trajano [4] puede también pensarse con probabilidad, que por las preces del Bienaventurado Gregorio fue llamado otra vez a la vida; y que así consiguió la gracia, por la cual tuvo la remisión de los pecados, y por consiguiente la inmunidad de la pena; como también se ve en todos aquellos que fueron milagrosamente resucitados, de los cuales consta haber sido muchos idólatras y condenados. De todos los tales conviene decir igualmente que no estaban destinados finalmente al Infierno, sino según la justicia presente de sus propios méritos. Mas según causas superiores por las que se preveían que habían de ser llamados a la vida, se debía disponer de ellos de otra manera. O debe decirse, según algunos, que el alma de Trajano no fue librada absolutamente del reato de la pena eterna, sino que su pena fue suspendida por tiempo, esto es, hasta el dia del Juicio. Sin embargo, no es preciso que esto se haga comúnmente por los sufragios, porque hay unas cosas que acontecen por ley común y otras que son concedidas especialmente a algunos por privilegio, como unos son los límites de las cosas humanas y otros los signos de las virtudes divinas, según dice San Agustín en De la piedad con los difuntos, cap. XVI.
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, Suplemento de la tercera parte, cuestión LXXI, art. 5. Traducción de Hilario Abad de Aparicio, doctor in utróque juris. Madrid, imprenta de José Moya, año 1883 (tomo V), págs. 380-383.
  
NOTAS
[1] Tiénese por fabulosa esta narración, pues no se encuentra en la Historia Lausiaca de Paladio de Galacia, a la cual se refiere aquel autor. 
[2] Estos son los discípulos de Gilberto, apellidado Porretano, obispo de Poitiers, condenado por este y otros errores en el concilio de Reims por el papa Inocencio II.
[3] Asi habla el Santo por pur a modestia, según observa el cardenal Cayetano; pues por lo demás, las otras opiniones están condenadas y en este artículo por el Angélico cumplidamente deshechas.
[4] Sobre estos hechos tan singulares pueden consultarse: (Anales, año 601), San Roberto Belarmino (Del Purgatorio, libro 11, cap. VIII), Dionisio Petavio (De los Ángeles, libro 3º, caps. VI-VII) y otros autores. Bástanos consignar que el Santo Doctor habla de estos hechos, no como quien afirma, sino como quien duda, pues en la Sentencia 1ª, distinción 41, cuestión 2ª. art. 2 dice, que después de trescientos años Trajano fue acaso resucitado. Esto en cuanto al Santo Doctor. Pero las obras de San Gregorio Niseno, según confesión de Nicéforo y Focio, fueron interpoladas por los origenistas; y por consiguiente los testimonios que de la oración contra ellos predicada puedan deducirse, carecen de autenticidad. Y en conclusión; aunque así no fuese el testimonio de alguno que otro Padre, ilusionado al principio por los errores origenistas, pero que no continuaron en él, como demuestra Petavio, esos dichos aislados, repetimos, y más aún los hechos que se citan nada prueban contra la doctrina general de la Iglesia, ni el unánime sentir de toda la Tradición católica