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domingo, 3 de agosto de 2025

MISA DEL BIENAVENTURADO PEDRO JULIÁN EYMARD

Misa aprobada por la Sagrada Congregación de Ritos el 17 de Enero de 1930.
  
Die 3 Augusti
In festo B. Petri Juliáni Eymard, Confessóris.
Duplex 2. Classis.
  
Introitus. Ps. 83, 3. Passer invénit sibi domum: et turtur nidum sibi, ubi ponat pullos suos. Altária tua, Dómine virtútum: Rex meus, et Deus meus. (T. P. Allelúja, allelúja.) Ps. ibid., 2. Quam dilécta tabernácula tua, Dómine virtútum: concupíscit, et déficit ánima mea in átria Dómini. ℣. Gloria Patri.
   
ORATIO
Deus, qui ad gloriósi Córporis tui mystérium júgiter adorándum, novam, per beátum Petrum Juliánum Confessórem, in Ecclésia tua famíliam florescére voluísti: ejus nobis précibus et méritis concéde, ut Quod velátum adorámus in via, reveláta fácie in pátria contemplári. Qui vivis.
   
Léctio libri Apocalýpsis beáti Joánnis Apóstoli.
Apoc. 5, 11-14.
   
In diébus illis: Audívi vocem Angelórum multórum in circúitu throni, et animálium, et seniórum: et erat númerus eórum mília mílium, dicéntium voce magna: Dignus est Agnus, qui occísus est, accípere virtútem, et divinitátem, et sapiéntiam, et fortitúdinem, et honórem, et glóriam, et benedictiónem. Et omnem creatúram, quæ in cœlo est, et super terram, et sub terra, et quæ sunt in mari, et quæ in eo: omnes audívi dicéntes: Sedénti in throno, et Agno: benedíctio, et honor, et glória, et potéstas in sǽcula sæculórum.
   
Graduale. Dan. 3, 53 et 52. Benedíctus in templo sancto glóriæ tuæ, et laudábilis et gloriósus in sǽcula.
℣. Et benedíctum Nomen glóriæ tuæ, quod est sanctum, et laudábilem, et gloriósum in sǽcula.
   
Allelúja, allelúja. ℣. Ibid, 54. Benedíctus super thrónum sanctum regni tui, super sceptrum Divinitatis tuæ. Allelúja.
   
Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Num. 14,. 5 et 6. Quam pulchra tabernácula tua, Jacob, et tentória tua, Ísraël!
℣. Ut valles nemorósæ, et hortis juxta flúvios írrigui.
℣. Ut tabernácula, quæ fixit Dóminus, quási cedri prope áquas.

Tempore autem Paschali omittitur Graduale, et ejus loco dicitur:
Allelúja, allelúja. 
℣. Is. 12, 5 et 6. Cantáte Dómino, quóniam magnífice fecit: annuntiáte hoc in univérsa terra. Allelúja.
℣. Exsúlta, et láuda, habitátio Sion, quía magnus in médio tui sanctus Ísraël. Allelúja.
     
✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
Joann. 6, 56-60, 67-70.
   
In illo témpore, dixit Jesus turbis: Caro mea vere est cibus, et sanguis meus vere est potus. Qui mandúcat meam carnem, et bibit meum sánguinem, in me manet, et ego in illo. Sicut misit me vivens Pater, et ego vivo propter Patrem: et qui mandúcat me, et ipse vivet propter me. Hic est panis, qui de cœlo descéndit. Non sicut manducavérunt patres vestri manna, et mórtui sunt. Qui mandúcat hunc panem, vivet in ætérnum. Hæc dicit in synagóga docens, in Caphernaum. Ex hoc multis discipulórum ejus abíerunt retro: et jam non cum illo ambulábant. Dixit Jesus ad duódecim: Numquid et vos vultis abíre? Respóndit ergo ei Simon Petrus: Dómine, ad quem ibímus? Verba vitæ ætérnæ habes. Et nos credívimus, et cognóvimus, quía tu es Christus Fílius Dei.
   
Offertorium. Luc. 22, 28-30. Vos estis, qui permansístis mecum in tentatiónibus meis: et ego dispóno vobis sicut dispósuit mihi Pater meus regnum, ut edátis et et bibátis super mensam meam in regno meo. (T. P. Allelúja.) 
   
SECRETA
Illum tui amóris ignem, Dómine Jesu, accénde in córdibus nostris, quo beátus Petrus Juliánus, hæc sacra mysteria peragéndo, flagrábat: ut digne semper ac devóte sistámus in circúito mensæ tuæ. Qui vivis.
   
Communio. 3. Reg. 10, 8. Beate viri tui, et beati servi tui, qui stant coram te semper, et áudiunt sapiéntiam tuam. (T. P. Allelúja.) 
   
POSTCOMMUNIO
Divína dape reféctos, fac nos, Dómine Deus, beáti Petri Juliáni Confessóris exémplo, in gratiárum semper actióne manére, et sacrosánctum Córporis tui mystérium in spíritu et veritáte perénniter adoráre. Qui vivis.

viernes, 25 de julio de 2025

NOVENA EN HONOR AL BIENAVENTURADO PEDRO JULIÁN EYMARD

Novena publicada en 1928, con Nihil Obstat del P. Eugéne Couet SSS, superior general de la Sociedad del Santísimo Sacramento, e Imprimátur del Ilmo. Sr. Obispo Daniel Mannix, arzobispo de Melbourne.

DECLARACIÓN: De conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII., declaramos que no pretendemos atribuir más que la fe humana a los hechos extraordinarios que se relatan a continuación, mientras sometemos todo cuanto se diga aquí al juicio de la Santa Iglesia, de la que deseamos permanecer siempre como hijos obedientes.
  
NOVENA AL BEATO PEDRO JULIÁN EYMARD
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Oh Dios mío, de todo corazón lamento haberte ofendido, y detesto todos mis pecados, porque temo la pérdida del Cielo y las penas del Infierno, pero más que todo, porque ellos Te ofendieron, mi Dios, que eres el Sumo Bien y merecedor de todo mi amor. Firmemente resuelvo, con el auxilio de Tu gracia, confesar mis pecados, hacer penitencia, y enmendar mi vida. Amén.
   
DÍA PRIMERO – 25 DE JULIO
El beato Pedro Julián Eymard nació de padres piadosos en las montañas del Delfinado, en La Mure de Isère (Francia), el 4 de Febrero de 1811, y bautizado al día siguiente. Tan pronto como fue capaz de caminar, corrió hacia la Iglesia y pasaba horas allí. En una ocasión, su hermana Mariana lo encontró de rodilla en una escala justo detrás del altar mayor, sus manitas juntas, y sus ojos fijos en la parte posterior del tabernáculo. Respondiendo a su pregunta: «¿Qué estás haciendo aquí?», dijo: «Diciendo mis oraciones. ¡Estoy más cerca de Jesús y escuchándolo a Él!». El pequeño Pedro Julián tenía alrededor de cuatro o cinco años en ese momento. El Amador de los pequeños estaba ya escuchando al futuro apóstol del Santísimo Sacramento. 
   
A lo largo de toda su vida (murió en La Mure el 1 de Agosto de 1868), la fe del beato Pedro Julián en la Presencia Real de Nuestro Señor en la Sagrada Eucaristía parecía traspasar los velos sacramentales y ser más una visión de la Realidad que una mirada a través del cristal oscuro de la fe. Cuando fue director del Colegio Marista en La Seyne-sur-Mer, él tenía un agujero cortado en la pared de su habitación y lo cerró con una pequeña puerta. Por medio de este podía mirar directamente al tabernáculo en la capilla detrás de su habitación. Pasaba horas allí en amorosa conversación con Nuestro Señor, muchas veces también en la noche. A veces, cuando pensaba que estaba solo, hablaría en voz alta con el Señor. Para impedirse pasar mucho tiempo en esta ventana, ¡se apresuraba a cerrar la puerta con candado! ¡Tal era su fe sencilla y como niño!
   
JACULATORIAS:
  • Оh Santísimo Sacramento, oh Sacramento divino, sea a Vos toda alabanza y acción de gracias en todo momento (100 días de Indulgencia).
  • Bendita sea la Santa e Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, Madre de Dios (300 días de Indulgencia).
  • Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, rogad por nosotros (300 días de Indulgencia).
   
ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA PRIMERO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por vuestra fe sencilla y como niño que encantó al Corazón de Jesús en el Santísimo Sacramento, rogad por mí. Vos estás muy cerca a Jesús ahora en el Cielo y escuchándolo a Él. Rogadle por mí y pedidle me conceda el favor particular que quisiera recibir. Pedidle me de especialmente una fe sencilla y como un niño como la vuestra, para que pueda servirle mejor ahora en el Santísimo Sacramento y después de mi muerte, alabarlo con vos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.
    
ORACIÓN AL BEATO PEDRO JULIÁN EYMARD PARA OBTENER LA LLEGADA DEL REINO DE JESÚS EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO.
Oh Beato Pedro Julián, cuya seráfica mirada traspasó tan profundamente tras el Velo Eucarístico, vos que habéis dado al mundo este sublime llamado a las armas: «Jesús está allí, venid todos a Él», obtenednos por la intercesión de la Santísima Virgen, a la que honrasteis por el dulcísimo nombre de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, que este grito de nuestro corazón pueda hallar un eco en cada corazón.
   
Obtened para nosotros que podamos ser el punto de partida de una amplia e intensa renovación de la vida, culto y acción eucarística. Obtenednos que todas puedan ser llevadas irresistiblemente hacia Jesús en el Santísimo Sacramento, a fin de adorarlo en Su inefable abajamiento, a fin de asociarlos por medio de la Santa Misa a Su perenne sacrificio, y a fin de recibirlo como su Pan de Vida.
  
Que vuestro clamor venga con mayor poder y fecundidad desde el Cielo, donde vuestra humildad ya es triunfante y resplandece con santificado esplendor que nunca decaerá. Que surja entre almas nobilísimas, y particularmente entre los sacerdotes, quienes fueron el constante objeto de vuestro especial afecto, nuevas tropas de adoradores y apóstoles de la Sagrada Eucaristía que, siguiendo vuestro ejemplo y según vuestra enseñanza, se consagrarán a glorificar al Santísimo Sacramento entre los individuos y entre las naciones, y así apresurarán más eficazmente la llegada de la Paz de Cristo en el Reino de su amor. Amén.
  
℣. Rogad por nosotros, bienaventurado Pedro Julián.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
   
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, que admirablemente suscitasteis al Bienaventurado Pedro Julián para promover en todos el culto solemne del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, y por cuyo medio le disteis una nueva familia a vuestra Iglesia, concedednos propicio que por su intercesión y ejemplo, podamos convertirnos en adoradores en espíritu y verdad de tan grande Misterio y propagadores de la gloria del mismo. Vos que vivís y reináis por los siglos de los siglos. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO – 26 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Cuando el Beato Eymard tenía alrededor de ocho años, su padre Julián cayó muy enfermo. Su madre María Magdalena Pellorce le permitió al pequeño acompañar a sus dos hermanas, a pie, al santuario de San Juan de Vertus, alrededor de diez o quince millas de La Mure. No habiendo hecho su primera Comunión entonces, se puso muy cercana Mariana y le pidió a Jesús, a quien ella recibió, no dejar morir a su padre. «¡Oh Mariana!», dijo, «¡pude sentir al Buen Dios en ti!». El Buen Dios no pudo resistir la oración del niño. Su padre fue curado. Desde ese momento, Pedro Julián sintió un gran ansia por la Sagrada Comunión, que no le fue permitido recibir por primera vez hasta su duodécimo cumpleaños, el Domingo de Pasión 16 de Marzo de 1823. Treinta años después, el recuerdo de ese día aún conducía lágrimas en sus ojos: «¡Oh, cuán bueno fue conmigo Nuestro Señor en mi Primera Comunión!». La única gran ansia de la vida de Pedro Julián fue por la Sagrada Comunión. Como niño o después como sacerdote, ningún sacrificio de naturaleza física, como el ayuno, o la fatiga, o la mala salud, fue capaz de impedirle satisfacer su hambre de recibir el Pan de Vida. 
  
Se rezan las jaculatorias.

ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA SEGUNDO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por vuestro duradero y ferviente deseo por la Sagrada Comunión, rogad por mí. Vos «sentís al Buen Dios» en vos mismo en el Cielo. Él no pudo resistir vuestra infantil oración por vuestro padre que estaba muriendo. Él no resistirá vuestra oración por mí hoy. Pedidle al Jesús que tan frecuentemente recibisteis, que me conceda el favor particular que quisiera recibir. Pedidle especialmente me dé un ferviente deseo como el vuestro de recibirle frecuentemente en la Sagrada Comunión aquí en la tierra y, después de mi muerte, gozarle con vos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.

Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO – 27 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Con el consentimiento de su padre, el Beato Pedro Julián entró al noviciado de los Oblatos de María Inmaculada en Marsella en Junio de 1829. Seis meses después, fue enviado a casa para morir. Al lado de su cama se dijeron las oraciones para los agonizantes. Parecía inconsciente, pero estaba orando: «¡Señor, concededme la dicha de decir al menos una Misa y consiento morir!». Dios oyó su oración. «Seré sacerdote un día», murmuró lo suficientemente alto para ser oído, «¡diré Misa un día». Dijo su primera Misa el 22 de Julio de 1834, y prácticamente cada día después de este, cuando le fue posible físicamente, hasta el 21 de Julio de 1868 inclusive. Dijo su primera Misa con tal fervor que los testigos declararon que estaba transfigurado y parecía estar en el Cielo. Se dice que por sus oraciones en la Misa, se habían obtenido favores considerables, algunos de naturaleza milagrosa. El mayor fue el que le fuera concedido después de su Misa el 18 de Abril de 1853, cuando Nuestro Señor le reveló muy claramente la Sociedad que iba a fundar. La primera piedra de la Sociedad del Santísimo Sacramento fue puesta ese día. Otro favor sucedió el 8 de Septiembre de 1848. Margarita Guillot, quien más tarde se convirtió en la fundadora de las Hermanas Siervas del Santísimo Sacramento, estaba muy enferma y muriendo. El padre Eymard estaba diciendo Misa por su recuperación a las siete de esa mañana en una capilla vecina. A las 7:15, para el momento de la Elevación de la Misa, ella súbitamente se mejoró. Se levantó, se vistió, ¡y fue declarada completamente curada! 
  
Se rezan las jaculatorias.
   
ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA TERCERO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por vuestro extraordinario aprecio del augustísimo Sacrificio del Altar, rogad por mí. Vos estáis disfrutando ahora la recompensa por la piedad con la cual dijisteis cada una de vuestras Misas mientras estuvisteis en la tierra. El Dios que oyó entonces vuestras oraciones, ciertamente las escuchará ahora. Rogadle por mí y pedidle me conceda el favor particular que quisiera recibir. Pedidle especialmente un aprecio de la Santa Misa y una piedad como la vuestra, para que pueda agradarle aquí en la tierra, y después de mi muerte, compartir con vos la felicidad del Cielo por toda la eternidad. Amén.

Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO – 28 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Cuando tenía alrededor de nueve años, el Beato Pedro Julián comenzó a guardar un diario espiritual. Destruyó la mayoría de este más tarde en su vida, pero una página escapó a su ojo. En ella, entre otras resoluciones escritas con la mano y lenguaje de un niño, está esta: «Resuelvo tener una tierna devoción a la Santísima Virgen». Más o menos un año después, él obtuvo permiso para ir a una peregrinación, solo, a pie, al santuario de Nuestra Señora de Laus, alrededor de 37 millas de La Mure. «¡Fue allí donde conocí y amé a María por primera vez!». Se puede conjeturar seguramente que tuvo su primera visión de Nuestra Señora entonces. Ella se le apareció varias veces durante su vida (particularmente en su santuario de Fourviere de Lyon, el 2 de Febrero de 1851), y también la noche antes de su muerte, el 1 de Agosto de 1868. Su amor por Nuestra Señora fue el segundo solo a su amor a Santísimo Sacramento. Muy frecuentemente obtuvo favores espirituales y temporales para otros por su poderosa intercesión. La señorita Adela Julien, paralizada, fue golpeada con fiebre tifoidea en París, ella se aburrió de consultar especialistas. Fue ungida se hicieron los preparativos para su funeral. El padre Eymard la mandó hacer una novena a Nuestra Señora de La Salette. Ella recibió el Viático el último día de su novena, el 25 de Octubre. El padre Eymard oró mientras tanto al lado de su cama, y luego salió de su habitación. Una hora después ella se levantó y caminó, completamente curada. Al año siguiente ella pasó por Ars en su camino a La Salette. El santo cura, Juan María Vianney, quien nunca la había conocido antes, la llamó aparte y dijo: «Querida hija, Nuestra Señora de La Salette te ha salvado. El padre Eymard te hizo hacer esa Novena y obtuvo un milagro para ti. Él es un santo». 
  
Se rezan las jaculatorias.

ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA CUARTO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por vuestra tierna devoción a la Inmaculada Virgen María, rogad por mí. Vos la veis y amáis ahora en el Cielo, no por primera o última vez, sino para siempre. Rogadle por mí y pedidle que me obtenga de su Divino Hijo Jesús el favor particular que quiero recibir. Y pedidle especialmente me conceda una tierna devoción a su amantísima Madre como la vuestra, para que pueda ser su hijo aquí en la tierra y, después de mi muerte, alabadla y amadla con vos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.

Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO – 29 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
   
El dedo de Dios se mostró muy frecuentemente en la vida del Beato Pedro Julián. Él señaló inequívocamente al sacerdocio cuando no era sino un niño de seis o siete. Su párroco se alineó con su padre en oponerse a sus estudios para el sacerdocio. Su madre, y luego su padre, murieron, y su propia salud era muy pobre. Sin embargo, en la forma y tiempo propios de Dios, él se convirtió en sacerdote. Dios dispuso que Pedro Julián fundase una orden religiosa de sacerdotes para el Santísimo Sacramento. La Providencia lo entrenó en el clero secular como teniente de cura y como párroco. Luego lo llevó a la recién fundada Sociedad de María, formándolo y disponiéndolo como religioso y superior perfecto. El dedo de Dios señaló nuevamente a la fundación de una nueva Orden Eucarísticas. Surgieron por todos lados obstáculos aparentemente insuperables. Desde un punto de vista humano, la idea estaba condenada al mayor fracaso. Por un momento, el padre Eymard pensó que todo estaba perdido. Una reunión inesperada con el arzobispo de París, un momento de conversación, y el arzobispo reversó su decisión, aprobó la idea y la congregación fue fundada (13 de Mayo de 1856). En sus notas privadas, escritas durante un largo retiro que hizo en Roma el año 1865, el Beato Pedro Julián escribió: «La mano suave y firme de la Divina Providencia me ha guiado en una forma admirable en todo momento. Una y otra vez parecía que no sería hallado digno, pero el Divino Piloto sostuvo el timón, guiando mi nave hacia el puerto del sacerdocio y la vida religiosa». Y, podemos añadir, a la fundación de la Congregación del Santísimo Sacramento. 
  
Se rezan las jaculatorias.

ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA QUINTO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por la suave y firme mano de la Divina Providencia que os guió en todo momento, rogad por mí. Vos estáis a salvo ahora en el puerto del cielo y no tenéis nada que temer. Rogad al Divino Piloto por mí y pedidle me conceda el particular favor que deseo recibir. Pedidle especialmente que tome el timón de mi barco y me guíe, como Él os guió seguramente por las aguas tormentosas de esta vida al puerto donde, después de mi muerte, seré feliz con vos amando y alabándolo por toda la eternidad. Amén.

Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO – 30 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Una noche, mientras estuvo en Saint-Romans, el Beato Pedro Julián pasó una hora en una contemplación de la bondad y amabilidad de Dios que recordó toda su vida. Esta contemplación lo hizo semejante a un bardo de la amorosa bondad de Dios. Sus escritos están tan llenos de este tema que tienen una dulzura y encanto fronterizo a lo divino. Parece que nunca había experimentado la menor duda sobre la bondad de Dios. Tenía la confianza de un niño en Dios. Frecuentemente citaría las palabras de San Pablo: «¿No nos ha dado con Él todas las cosas?», y argumentó que puesto que Dios se nos dio en la Sagrada Eucaristía, Él nos dará cualquier otra cosa. Fue esta sencillez y confianza como niño que hizo tan poderosas sus oraciones. Un día le dijo a la señorita Guillot: «Vos sabéis que el Buen Dios no me niega nada. Él me concede más de lo que me atrevo siquiera a desear». 
  
Se rezan las jaculatorias.
 
ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA SEXTO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por vuestra incansable confianza en la bondad y amabilidad de Dios, rogad por mí. El Buen Dios que nunca os negó nada en la tierra ciertamente escuchará vuestras oraciones ahora en el Cielo. Rogadle, pues, por mí, y pedidle me conceda el favor particular que quiero recibir. Pedidle especialmente una confianza como niño en su amorosa bondad basada en el Don de la Eucaristía, para que pueda servirle fielmente en la tierra y, después de mi muerte, alabarlo y amarlo con vos eternamente en el Cielo. Amén.

Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO – 31 DE JULIO
Por la señal…
Acto de contrición.
   
La única ambición del Beato Pedro Julián era extender el reino de Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento sobre la tierra. Para este propósito, quiso que Nuestro Señor manifestara Su presencia y poder realizando milagros, espirituales y corporales. Muchísimas personas habían recurrido al Beato Pedro Julián, pidiéndole obtener favores e incluso curaciones para ellos. Siempre los refería a Nuestro Señor en el Santísimo Sacramento. Cuando se deseaba la curación de una enfermedad corporal, él recomendaba usar el aceite tomado de la lámpara del santuario ardiendo ante el Santísimo Sacramento. En una ocasión dijo: «¡Esa lamparita que arde ante Nuestro Señor nunca ha dejado de curar a los que, cunado enfermos, han sido ungidos con su aceite, que es la fe y la caridad!». Cuando las personas, que habían obtenido el favor deseado, iban a agradecerle al Beato Eymard, él les respondía: «Ve y agradécele al Señor. Yo no tuve nada que ver con eso». 
  
Se rezan las jaculatorias.
     
ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA SÉPTIMO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por vuestra gran fe en el poder del Santísimo Sacramento, rogad por mí. Vos podéis ahora agradecerle al Señor en el Cielo por los muchos favores que las personas obtenían siguiendo vuestro consejo y habiendo recurrido al Santísimo Sacramento. Rogadle ahora a Nuestro Señor por mí, y pedidle me conceda el favor particular que quiero recibir. Pedidle especialmente me dé una fe más grande en el poder de Su Santísimo Sacramento, para que pueda obtener todo lo que necesito de Él aquí en la tierra y, después de mi muerte, agradecerle con vos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.

Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 1 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición.
   
El Beato Pedro Julián era amable. Todos lo amaban. Él tenía la sencillez y la alegría de un niño pequeño, la modesta humildad de un gran santo, y la caridad y bondad de una madre. Nadie podía dejar de sentirse atraído por él. Los jóvenes decían: «Podía ir a confesarme con él cada día». Los pecadores moribundos no podían resistir su sincera amabilidad, y hacían las paces con Dios por su medio. Cada vez que se detenía en algún lugar por algunos días, la noticia se expandía como fuego y los visitantes venían en tanto número que quedaban siempre esperando en Ars para ir a confesar con su párroco, San Juan María Vianney, amigo cercano del Beato Eymard. Uno de sus religiosos le dijo: «Padre, vos habéis fijado horarios para recibir a los visitantes. Las personas os quitan tiempo por nada». El buen sacerdote le respondió: «Nuestro Señor no tiene horarios. Él está presto a recibir visitantes siempre, y yo, Su siervo, debo estar listo para recibirlos cuando vienen». La gente venía a verlo por cualquier cosa, tal como habrían ido al mismísimo Señor. A veces, el Beato Eymard diría «Soy como una madre cuyos pequeños corren a ella para mostrarle dónde se lastimaron». Un testigo en el proceso de beatificación declaró bajo juramento: «Nadie recurría nunca a él en vano». Esto fue especialmente cierto de los pobres y los que habían hecho algo por el Santísimo Sacramento. 
  
Se rezan las jaculatorias.

ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA OCTAVO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por vuestra gran amabilidad y caridad por todos los hombres, rogad por mí. Nunca pudisteis negar nada a nadie en la tierra. Ahora que estáis en el Cielo, Dios ciertamente no os negará nada. Rogadle, pues, a Dios por mí, y pedidle me conceda el favor particular que quiero recibir. Pedidle especialmente he haga semejante a vos para que pueda llevar almas a Su Santísimo Sacramento aquí en la tierra y, después de mi muerte, ser dichoso con vos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.

Las demás oraciones se rezarán todos los días.
     
DÍA NOVENO – 2 DE AGOSTO
Por la señal…
Acto de contrición.
   
El Beato Pedro Julián era uno de los sacerdotes más conocidos y amados del París de su tiempo: «Debe ser mi culpa», dijo, «¡las personas siempre van tras de mí!». Su encantadora bondad tenía mucho que ver con ello, y también los muchos favores que obtuvo para la gente. Él trató, en su sincera humildad, de evitar toda responsabilidad y refería todos los favores a la confianza que las personas tenían en el Santísimo Sacramento o en Nuestra Señora. A veces Dios hacía manifestar claramente quién era el responsable. Valga señalar el siguiente caso: Una madre llevó a su hijo de trece años, quien había quedado ciego por un accidente cinco o seis años antes, al padre Eymard. «Me dijeron que fuera con Vd., padre, para que mi hijo sea curado». «Buena señora, no soy médico», respondió, «pero le daré la tarjeta de un buen oculista que conozco aquí en París». «Padre, Vd. debe curarlo. No quiero ver a un médico». «Bueno, entonces, vaya al Señor expuesto en la capilla y Él os escuchará». La madre respondió: «Vaya Vd., padre. Él no escuchará mis oraciones». Entonces el padre Eymard sumergió dos dedos en agua bendita y los puso en los ojos del niño, diciéndole que vaya a orar a Nuestro Señor. El chico gritó: «¡Mamá, puedo ver!». La curación fue completa. 
  
Se rezan las jaculatorias.

ORACIÓN ESPECIAL PARA EL DÍA NOVENO
¡Оh Beato Pedro Julián! Por vuestro gran poder para obtener favores de Dios, rogad por mí. Ahora que estáis en el Cielo, vuestro poder debe ser mucho más grande y vuestra humildad no tiene nada que temer. Rogad al Buen Señor, pues, por mí y pedidle me conceda el favor particular que quiero recibir. Pedidle especialmente me de gracias como a vos, para que pueda servirle mejor en el Santísimo Sacramento aquí en la tierra y, después de mi muerte, tener la felicidad de servirle con vos en el Cielo por toda la eternidad. Amén.

Las demás oraciones se rezarán todos los días.

viernes, 29 de diciembre de 2023

JESUCRISTO QUISO NACER DE ESTIRPE REAL


Cuando Dios Padre decidió dar su Hijo al mundo quiso hacerlo con honra, pues Él es digno de todo honor y alabanza. Le preparó, por tanto, una corte y un servicio real dignos de Él: Dios quería que su hijo encontrase, aun sobre la tierra, una recepción digna y gloriosa, si no a los ojos del mundo, al menos a los suyos propios. Este misterio de gracia de la Encarnación del Verbo no fue improvisado por Dios: aquellos que habían sido elegidos para participar en él habían sido preparados por Él desde hacía mucho tiempo. La corte del Hijo de Dios humanado la componían María y José; el propio Dios no podía haber encontrado más dignos servidores para estar junto a Él.

Consideremos sobre todo a san José. Encargado de la educación del Príncipe Real del Cielo y de la tierra, encargado de gobernarlo y servirlo, ha de honrar con su servicio a su Divino Pupilo: Dios no podía tener con qué ruborizarse de su Padre adoptivo. Y como Él es Rey, de la sangre de David, hizo nacer a José de este mismo tronco real; quiso que fuese noble, aun de la nobleza terrenal. Por las venas de José corría la sangre de David, de Salomón y de todos los nobles reyes de Judá: si la dinastía aún ocupase el trono, él sería el heredero y debería ocuparlo en su momento. No os detengáis a considerar su pobreza actual: la injusticia ha expulsado a su familia del trono a que tenía derecho; pero no deja por eso de ser rey, el hijo de esos reyes de Judá, los más grandes, nobles y ricos del universo. En los registros del empadronamiento, en Belén, José será inscrito y reconocido por el gobernador romano como el heredero de David: ahí está su pergamino real, es fácilmente reconocible y lleva su real firma.

¿Qué importa la nobleza de José?, diréis tal vez. Jesús no vino sino para humillarse. Yo os respondo que el Hijo de Dios, que quiso humillarse durante algún tiempo, quiso asimismo reunir en su Persona todo género de grandezas: Es también rey por derecho de herencia; es de sangre real. Jesús es noble, y cuando eligió a sus apóstoles entre la plebe los ennobleció; este hijo de Abraham y heredero del trono de David tiene todo el derecho a hacerlo. Él ama este honor de familia; la Iglesia no pasa por encima de la nobleza el rodillo de la democracia; respetemos, pues, todo lo que a ella respecta; la nobleza es de Dios.

Pero, ¿es preciso entonces ser noble para servir a Nuestro Señor? Si lo sois, le tributaréis gloria mayor, pero no es necesario. Él se contenta con la buena voluntad y la nobleza de corazón. Sin embargo, los anales de la Iglesia nos muestran que un gran número de santos, y de los más ilustres, gozaban de blasón, tenían un nombre, pertenecían a una familia ilustre; muchos eran incluso de familia real. Nuestro Señor se complace en recibir los homenajes de todo lo que es honorable. San José recibió una educación perfecta en el templo, y Dios lo preparó así para ser el noble servidor de su Hijo, el edecán del más noble de los Príncipes, el protector de la más augusta Reina del Universo. 

Mois de Saint Joseph, Le premier et le plus parfaite des adorateurs, Extrait des écrits du P. Eymard, Bureau des Œuvres eucharistiques et Société Saint-Augustin, Desclée, De Brouwer et Cie., Brujas-Bruselas-Lille-París, 7.ª ed., p. 59-62.

jueves, 21 de febrero de 2019

NO ESCATIMAR EL AMOR A JESÚS SACRAMENTADO

   
«Nuestro Señor quiere establecer en nosotros un amor apasionado por Él. Toda virtud, todo pensamiento que no termina en una pasión, que no acaba por convertirse en una pasión, jamás producirá algo grande.
  
El amor sólo triunfa cuando se convierte en una pasión vital. Sin eso, pueden producirse actos aislados de amor, más o menos frecuentes; pero la vida no se verá tomada por él.
  
Nuestro amor, para que sea una pasión, debe sufrir las leyes de las pasiones humanas. Hablo de las pasiones honestas, naturalmente buenas; pues las pasiones son indiferentes en sí mismas; nosotros somos quienes las hacemos malas cuando las dirigimos hacia el mal, pero depende de nosotros el encaminarlas hacia el bien.
  
Ahora bien, la pasión que domina al hombre, lo concentra. Si un hombre quiere llegar a una determinada posición honrosa y elevada trabajará para alcanzarla diez años, veinte, no importa. “Llegaré”, dice él, y se concentra en ello: todo lo subordina a servir ese pensamiento, ese deseo y deja a un lado todo cuanto no le conduce a su objetivo.
  
Así es como se llega en el mundo a lo que se desea. Esas pasiones pueden tornarse malas, y muchas veces no son más que un crimen continuo, pero, en fin, pueden ser y son aún honoríficas.
  
Sin una pasión, nada se alcanza: la vida carece de objetivo; ¡se arrastra una vida inútil!
  
Pues bien, en el orden de la salvación, es necesario sentir también una pasión que nos domine y haga producir, para gloria de Dios, todos los frutos que el Señor espera.
  
Amad tal virtud, tal verdad, tal ministerio apasionadamente. Dedicadle vuestra vida, consagradle vuestros pensamientos y trabajos; sin eso, nunca alcanzaréis nada, seréis apenas unos asalariados, jamás unos héroes.
 
¡Ah!, en el Juicio, Nuestro Señor nos censurará por su amor. “¡Tú me amaste menos que a las criaturas! ¡Tú no hiciste de Mí la felicidad de tu vida! ¡Tú me amaste lo suficiente para no ofenderme mortalmente; pero no para vivir de Mí!”.
  
Habrá quien diga: “¡Qué exageración!”. ¿Pero qué es el amor sino exageración? Exagerar es ir más allá de la ley; pues bien, el amor debe exagerar.
  
¡Vamos! Entremos en Nuestro Señor. Amémoslo un poco por Él. Sepamos olvidarnos y entregarnos a ese buen Salvador. Inmolémonos un poco. Considerad estos cirios, esta lámpara, que se consume sin dejar vestigio, sin reservar nada».
  
SAN PEDRO JULIÁN EYMARD. El Santísimo Sacramento.

lunes, 11 de marzo de 2013

EL DEBER CRISTIANO DE REPARAR LA INGRATITUD QUE MUCHAS ALMAS TIENEN CONTRA DIOS NUESTRO SEÑOR

Desde MILES CHRISTI
 
No es el título original, pero hemos intitulado así esta exhortación que San Pedro Julián Eymard nos hace en nombre de Jesús Sacramentado recordándonos el deber de reparar por los pecados y la ingratitud con que ofendemos a la Divina majestad. (Fragmento tomado de “Directorio práctico para la Adoración”, en las OBRAS EUCARÍSTICAS DE SAN PEDRO JULIÁN EYMARD)
“LA PROPICIACIÓN” 
 “Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. TE PIDO PERDÓN POR AQUELLOS QUE NO CREEN, NO ADORAN, NO ESPERAN Y NO TE AMAN.” (Oración de reparación dictada a Francisco, Jacinta y Lucía -los Videntes de Fátima-)

Pase vuestro corazón de la alegría a la tristeza, a los gemidos, a las lágrimas y al más profundo dolor, al considerar la ingratitud, la indiferencia e impiedad de la mayor parte de los hombres para con nuestro Salvador sacramentado. ¡Cuántos hombres, en efecto, aún después de haberle amado y adorado, vuelven a olvidarlo! Pero ¿es que Él ha dejado de ser amable o ha cesado un instante de amarlos? ¡Qué ingratitud! Precisamente por ser Él demasiado amante no quieren amarle ya; por ser demasiado amante no le quieren recibir; por haberse hecho excesivamente pequeño, excesivamente humilde y casi nada, por los hombres, no quieren verle; y huyen de Él, esquivan su presencia y desechan su recuerdo que les importuna y apremia
 
Además, no faltan quienes, para vengarse del excesivo amor de Jesús, le insultan, le blasfeman, y no pudiendo ignorarle reniegan de un padre tan bondadoso, de este Señor tan amable. Cierran los ojos para no ver este sol de amor, y, ¡oh dolor!, entre estos ingratos hay sacerdotes indignos, vírgenes sacrílegas, corazones apóstatas, serafines y querubines caídos...

Llorar a los pies de Jesús, menospreciado de los suyos, crucificado en tantos corazones, abandonado en tantos lugares..., esto es vuestra herencia, adoradores del santísimo Sacramento. Habéis de hacer lo posible por consolar el corazón de este padre tan tierno, pues el demonio, su enemigo, le ha arrebatado sus hijos y Él, prisionero eucarístico, no puede ya correr tras sus ovejas descarriadas y expuestas a la voracidad de los lobos. Vuestra misión es implorar gracia para los culpables, pagar por su rescate lo que la divina misericordia requiera de vuestros corazones suplicantes; constituiros víctimas propiciatorias con Jesús, quien, no pudiendo sufrir en su estado glorioso, quiere padecer en vosotros y por vosotros.

miércoles, 3 de agosto de 2011

SAN PEDRO JULIÁN EYMARD, APÓSTOL DE JESÚS SACRAMENTADO

Desde MILES CHRISTI

«Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.» Jn 15, 10

San Pedro Julián Eymard

San Pedro Julián nació cerca de Grenoble, en Francia, el año 1811. Recorrió varios caminos hasta encontrar su vocación definitiva, pero siempre, en todas las etapas de su vida, se empleó a fondo, sin desviaciones.

Quizá la fortaleza de su carácter la recibió de la formación cristiana y austera que le dio su madre. Desde muy niño acompañaba a su madre, a la iglesia, muy de mañana, para asistir a la Misa y comulgar.

Eymard realizó también, hasta los 18 años, un duro trabajo con su padre en una prensa de aceite. Pero no olvidaba la piedad. Las horas libres las pasaba en el templo. Y de este modo surgió en él la vocación religiosa.

Su padre se oponía rotundamente. Pero Pedro Julián no cejaba en su empeño. Estudiaba latín a escondidas, en los ratos libres, y de este modo se preparaba lo mejor posible para cuando llegara el momento oportuno.

Por fin intervino el sacerdote Guibert, futuro cardenal y arzobispo de París, y su padre cedió. Julián entró en el noviciado de los Oblatos de Marsella. Pero la dura disciplina le debilitó y hubo de dejarlo.

Estuvo después en el seminario de Grenoble, donde fue ordenado sacerdote. Trabajó cinco años en varias parroquias, y luego ingresó en los Padres Maristas de Marsella, donde desempeñó diversas tareas.

Insignia de los Padres Maristas, congregación en la que San Pedro Julián Eymard colaboró durante algunos años

Desde que, de niño, acompañaba a su madre a la iglesia, se distinguió por su ardiente amor al Santísimo Sacramento. Sentía hacia él una atracción irresistible, un vivo deseo de contrarrestar las tristes secuelas que había dejado el jansenismo, siempre prontas a rebrotar.

El jansenismo, con su rigorismo exagerado en la piedad, alejaba a muchas almas de los Sacramentos, en especial el de la Eucaristía

De aquí nació el deseo de fundar una congregación dedicada exclusivamente al culto eucarístico. Dejó la Congregación de los Maristas y fundó la Congregación del Santísimo Sacramento. Sus miembros, llamados vulgarmente Sacramentinos, se dedican a adorar al Señor en la Eucaristía, día y noche, como carisma principal de su apostolado.

Fundó además la Congregación de Religiosas Siervas del Santísimo Sacramento. También organizó la archicofradía del Santísimo Sacramento, que se estableció en muchas parroquias. Promovió por todo el mundo, y con todos los medios a su alcance, el culto a la Eucaristía. Este era su mensaje: "Sólo en la vuelta a Cristo Sacramentado está la salvación".

En una de sus correrías apostólicas conoció Eymard a la señorita Tamisier. Ingresó Tamisier en la Congregación de las Siervas del Santísimo Sacramento. Luego recorrió diversos países, como viajera del Santísimo Sacramento y como organizadora de los Congresos Eucarísticos, que se siguen celebrando con notable provecho. El primero fue en Lille en 1881.

Tenía también San Pedro Julián una tierna devoción a la Virgen María. En una ocasión terminaba así su predicación: "Honremos a María con el título de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento". Y desde entonces María es invocada con este título, que sus Hijos propagan por doquier.

San Pedro Julián Eymard honraba a la Santísima Virgen con el título de "Nuestra Señora del Santísimo Sacramento" 

San Pedro Julián murió el 1 de agosto de 1868. Muy pronto se extendió su devoción. El Papa Juan XXIII lo canonizó el año 1962.

ORACIÓN

Te rogamos, Señor, que nos proteja la intercesión y nos informe la piedad de san Pedro Julián que fue eximio amante del sagrado Misterio del altar. Por J. C. N. S. Amén.

sábado, 30 de julio de 2011

MARÍA SANTÍSIMA EN LA VIDA Y APOSTOLADO DE SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

 
"A quien Dios quiere hacer santo, lo hace gran devoto de Santa María" (San Luis María de Montfort)

Un apóstol eminente de la Eucaristía, san Pedro Julián Eymard, es también un fiel devoto de la Virgen María. Ella ha tenido un lugar especial en su vida y, al final de su camino, la ha honrado con un título particular, el de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento.

San Pedro Julián Eymard, apóstol de Jesús Sacramentado

El primer santuario y el más querido de su corazón, fue el de Laus. Situado a 80 kilómetros de La Mure, en la diócesis de Gap, Notre-Dame de Laus era, después del siglo XVII, un centro de peregrinación que destacaba en la Provenza y el Delfinado. A la edad de once añós, Pedro Julián, llega allí, solo, y mendigando el pan. Fue allí, dirá más tarde, donde, por primera vez, conocí y amé a María.

El Santuario de Nuestra Señora de Laus es recordado porque allí, entre 1674 y 1717, la Virgen se apareció a la beata Benita Rencurel, y desde entonces se han dado muchos milagros en el lugar de las apariciones

En Laus, María le enseña a Pedro Julián a abrirse al amor. Hace la primera comunión a la edad de doce años, y manifiesta su deseo de ser sacerdote, aunque su padre se oponga a su aspiración. En una nueva peregrinación a Laus Pedro Julián recibe, del Padre Touche, la confirmación de su vocación y la gracia de comulgar todos los domingos, una excepción en aquella época

Más decidido que nunca, se pone a aprender latín, solo, a escondidas de su padre. En el mes de agosto de 1828, estando al servicio de un sacerdote en el hospicio de Saint-Robert, a las puertas de Grenoble, se entera accidentalmente de la muerte de su madre. Se dirige rápidamente a la capilla del hospicio para encomendarse a María. "Bendije a Nuestra Señora De Laus, anotará más tarde, y el día en que la tomé por madre cuando murió mi pobre madre, le pedí, postrado a sus pies en la capilla de Saint-Robert, la gracia de ser un día sacerdote. (17 de marzo de 1865) A partir de esta época, escribirá más tarde, experimenté siempre, la protección de María, de una manera muy especial, (3 de septiembre de 1839). 

Su entrada en los Maristas en 1839 llena sus expectativas: llegar a ser religioso en una Sociedad que lleva el nombre de María y que es su familia de una manera muy especial. Hace su noviciado en Lyón, durante algunos meses, y desde entonces, el santuario de Nuestra Señora De Fourvière se convierte en su lugar privilegiado de oración: sube allí por lo menos dos veces a la semana. En su retiro de entrada en el noviciado, escribe: He sentido en mí un gran deseo de vivir de la vida de la Santísima Virgen y de hacer un estudio continuado de su humildad, de su obediencia y de su amor divino; de pedir las luces del Espíritu santo por María para conocer la voluntad de Dios sobre mí... para obtener el espíritu de la Sociedad de María. ( 28 de agosto 1839).

Santuario de Nuestra Señora de Fourvière, uno de los santuarios que San Pedro Julián Eymard visitaba frecuentemente en peregrinación

En el Corpus de 1845, experimenta una atracción eucarística muy fuerte que va a marcar su ministerio. El 21 de enero de 1851, estando orando en Fourvière, recibe la inspiración de consagrarse a una obra eucarística. Descubre que la Eucaristía es el remedio a la indiferencia religiosa y a la increencia moderna. Una nueva gracia en La Seyne-sur-Mer, el 18 de abril de 1853, le confirma en su deseo. Orienta a los jóvenes, se prepara con los sacerdotes y laicos para crear una nueva obra eucarística. En realidad, su proyecto quedará corto, pero tiene la conciencia de que la Virgen María le está guiando hacia esta vocación nueva, que siente en su corazón.

Fue Nuestra Señora quien le señaló a San Pedro Julián Eymard que su apostolado será propagar el amor y la reparación a Jesús Sacramentado

Después de que varios años de reflexión prudente y de combate interior, alentado por el papa Pio IX, funda a la congregación del Santísimo Sacramento en París el 13 de mayo de 1856.

Meditando sobre María, durante su gran retiro de Roma, anota en efecto: Le debo (a María) la perseverancia, la vocación, sobre todo la gracia del Santísimo Sacramento. Ella me ha dado a su Hijo como su servidor, su hijo predilecto (11 de marzo de 1865).

O todavía poco después: ¡Cómo (María) me ha conducido de la mano, solo, hasta el sacerdocio! ¡Después, al Santísimo Sacramento! (17 de marzo 1865) De Nazareth, Jesús fue al Cenáculo, y María fijó allí su estancia!.


NUESTRA SEÑORA DEL SANTISIMO SACRAMENTO, ¿POR QUÉ?

El título de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento fue dado a María por San Pedro Julián Eymard en mayo de 1868, mientras que hablaba a sus principiantes. Algunos años más tarde él describió lo que debe parecer su estatua: "La Virgen santa tiene al niño en sus brazos y él sostiene un cáliz en una mano y una hostia en la otra". Él les suplicó a que invocaran a María como "¡Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, ruega por nosotros que recurrimos a ti!". 

Imagen de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, tal como la describió San Pedro Julián Eymard

Pío IX enriqueció la invocación con indulgencias. Dos veces, San. Pío X hizo lo mismo. El 30 de diciembre de 1905, él concedió una indulgencia de 300 días al fiel que ore: “Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, ruega para nosotros.” Y dirá después "este título, de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, es quizás el más significativo de todos".

San Pío X, buscando enfervorizar al creyente hacia la Sagrada Eucaristía, concedió 300 días de indulgencia a los devotos de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento

En 1921 la Sagrada Congregación para los Ritos autorizó a las Congregaciones del Santísimo Sacramento a celebrar cada año, el día 13 de mayo, la "conmemoración solemne de la Santísima Virgen" con la intención de honrar a María bajo título de "Nuestra Señora del Santísimo Sacramento".

El papa Juan XXIII codificó el título de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento cuando declaró a Santo a Pedro Julián Eymard, el 9 de diciembre de 1962, al final de la última sesión del Concilio Vaticano II.


ORACION A NUESTRA SEÑORA DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO

Virgen María, Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, gloria del pueblo cristiano, gozo de la Iglesia universal, ruega por nosotros y concede a todos los fieles verdadera devoción a la Sagrada Eucaristía, siendo dignos de recibirla cada día.

Antífona: Oh Augustísimo Sacramento, en el cual recibimos a Cristo, se renueva la Memoria de su Pasión, el alma se llena de gracia y nos es dada en prenda la vida futura!
V. Les has dado pan del cielo
R. Que contiene en sí todo deleite.

ORACIÓN
Oh Dios, que nos dejaste en este sacramento admirable el memorial de tu pasión y de tu Cruz; concédenos, te suplicamos, que de tal modo veneremos los sagrados misterios de tu Cuerpo y Sangre para que podamos siempre gozar de los frutos de tu Redención. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 29 de julio de 2011

DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA, POR SAN PEDRO JULIÁN EYMARD

Desde STAT VERITAS- Vía MILES CHRISTI

Fragmento de "Obras Eucarísticas de San Pedro Julián Eymard"

III

PARTICIPAR todos los días en la santa Misa. Ello atrae las bendiciones del cielo para el día. Oyéndola cumpliréis mejor todos vuestros deberes y os veréis más fuertes para llevar la cruz de cada día. La misa es el acto más santo de toda la religión; nada tan glorioso para Dios ni tan provechoso para vuestra alma como el oírla con piedad y con frecuencia. Esta es la devoción privilegiada de los santos.

La misa encierra todo el valor del sacrificio de la cruz, que aplica a cada uno: uno mismo es el sacrificio del calvario y el del altar, iguales la víctima y el sacerdote, Jesucristo, que también en el altar se inmola de un modo real y eficaz, aunque incruentamente. ¡Ah! Si después de la consagración os fuese dado ver en toda su realidad el misterio del altar, vierais a Jesucristo en cruz, ofreciendo al Padre sus llagas, su sangre y su muerte para salvación vuestra y la del mundo. Vierais cómo los ángeles se postran alrededor del altar asombrados y casi espantados ante lo que se ama a criaturas indiferentes o ingratas. Oyerais al Padre celestial deciros como en el Tabor contemplando a su Hijo: "Este es mi Hijo muy amado y el objeto de mis complacencias; adorad y servidle de todo vuestro corazón."

La Santa Misa es la renovación incruenta del Sacrificio de Cristo en la Cruz

Para caer en la cuenta de lo que vale la santa Misa, preciso es no perder de vista que el valor de este acto es mayor que el que juntamente encierran todas las buenas obras, virtudes y merecimientos de todos los santos que haya habido desde el principio del mundo o haya de haber hasta el fin, sin excluir los de la misma Virgen santísima. La razón está en que se trata del sacrificio del hombre-Dios, el cual muere en cuanto hombre, y en cuanto Dios eleva esta muerte a la dignidad de acción divina, comunicándole valor infinito. Infunde respeto el oír cómo el concilio de Trento expone esta verdad: "Como en el divino sacrificio que se ofrece en la misa es contenido y se inmola incruentamente el mismo Jesucristo que una sola vez se inmoló de un modo incruento en la cruz, enseña este santo Sínodo que este sacrificio es verdaderamente propiciatorio y que alcanzaremos por este medio en el momento oportuno misericordia, gracia y ayuda siempre que nos acerquemos a Dios con corazón sincero y recta fe, con temor y reverencia, contritos y penitentes. Porque, aplacado el Señor por esta oblación, nos perdona nuestros crímenes y pecados, por grandes que sean, otorgándonos la gracia y el don de la misericordia. Una sola y una misma es la víctima ofrecida, uno solo y uno mismo el que ahora se ofrece por ministerio de los sacerdotes, y entonces se ofreció a sí mismo sobre la Cruz, no habiendo más diferencia que la del modo de oblación. Mediante este sacrificio incruento recíbense muy copiosamente los frutos de aquel cruento, sin que, por consiguiente, se menoscabe en lo más mínimo el valor de aquél. Según la tradición de los apóstoles, este sacrificio es ofrecido no solamente por los pecados, penas, satisfacciones y demás necesidades de los vivos, sino también por los difuntos en Cristo, cuyos pecados no están cabalmente purgados" (1). ¡Qué lenguaje éste que emplea la Iglesia!

He aquí una de las virtudes de la Misa: no sólo se ofrece por la Iglesia peregrina en la tierra (los vivos), sino también por la Iglesia penitente en el purgatorio (los fieles difuntos). (Cuadro "Misa por las Ánimas del Purgatorio", escuela del Potosí, S. XVII)

Para glorificar sin cesar a su Padre, Jesús adoptó el estado de víctima; para que, poniendo el Padre los ojos en El, pueda bendecir y amar la tierra; para continuar su vida de Redentor, asociarnos a sus virtudes de Salvador, aplicarnos directamente los frutos de su muerte participando dentro de su ofrenda y enseñándonos a sacrificarnos junto con El; y también para ponernos a mano, como a María y a Juan, el medio de asistir a su sacrificio.
IV

Habiendo Jesús reemplazado todos los sacrificios de la antigua ley por el sacrificio de la misa, ha encerrado en éste todas las intenciones y todos los frutos de aquéllos.

La Muerte de Jesús en la Cruz remplaza y suprime los sacrificios del Antiguo Testamento

Conforme a las órdenes recibidas de Dios, los judíos ofrecían sacrificios por cuatro fines, a saber: para reconocer su supremo dominio sobre toda criatura; para agradecerle sus dones; para suplicarle siguiera concediéndoselos y para aplacar su cólera irritada por sus pecados. Todo esto lo hace Jesús, y de un modo tanto más perfecto cuanto que en lugar de toros y carneros se ofrece El mismo, hijo de Dios y Dios como su Padre.

Adora, por tanto, a su Padre; por todos los hombres, cuyo primogénito es, reconoce que de El viene toda vida y todo bien; que sólo El merece vivir, y que cuanto es, sólo por El existe; y ofrece su vida para protestar que, por venir todo de Dios, de todo puede El disponer libre y absolutamente.

Como Hostia de alabanzas, da gracias a su Padre por todas las gracias que le ha concedido a El y, por medio suyo, a los hombres todos; hácese nuestra perpetua acción de gracias.

Es víctima de propiciación, pidiendo sin cesar perdón por los pecados que continuamente se renuevan, y desea asociar al hombre a su propia reparación, uniéndoselo en la ofrenda.

Es, finalmente, nuestro abogado, que intercede por nosotros con lágrimas y gemidos desgarradores; y cuya sangre clama misericordia.

Cristo, habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con poderoso clamor y lágrimas a Dios Padre, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen. (Paráfrasis de Hebreos  V, 7- 9)

V

Asistir a la santa misa es unirse a Jesucristo; es, por tanto, para nosotros el acto más saludable.

En ella recibimos las gracias del arrepentimiento y de la justificación, así como ayuda para evitar las recaídas.
En ella encontramos el soberano medio de practicar la caridad para con los demás, aplicándoles, no ya nuestros escasos méritos, sino los infinitos de Jesucristo, las inmensas riquezas que a nuestra disposición pone. En ella defendemos eficazmente la causa de las almas del purgatorio y alcanzamos la conversión de los pecadores.

La misa es para el cielo entero un motivo de gozo y produce a los santos un aumento de gloria exterior.

"Sólo en el Cielo conoceremos el gran valor que tiene la Santa Misa", dice San Juan María Vianney, "Cura de Ars" sobre el Santo Sacrificio de la Misa

VI

El mejor medio de asistir a la santa misa es unirnos con la augusta víctima. Haced lo que ella, ofreceos como ella, con la misma intención que ella, y vuestra ofrenda será así ennoblecida y purificada, siendo digna de que Dios la mire con complacencia si va unida a la ofrenda de Jesucristo. Caminad al calvario en pos de Jesucristo, meditando las circunstancias de su pasión y muerte.

Pero, por encima de todo, uníos al sacrificio, comiendo junto con el sacerdote vuestra parte de la víctima. Así la misa logra toda su eficacia y corresponde plenamente a los designios de Jesucristo.

"El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día." A eso nos invita Jesús: no sólo a asistir a Misa, sino también a comulgar frecuente y dignamente

¡Ah! Si las almas del purgatorio pudieran volver a este mundo, ¡qué no harían por asistir a una sola misa! Si pudierais vosotros mismos comprender su excelencia, sus ven tajas y sus frutos, ni un solo día querríais pasar sin participar en ella.

NOTA

(1) Sesión 22ª (17- IX- 1562), "Sobre el Santo Sacrificio de la Misa" cap. 2

martes, 7 de junio de 2011

LA VICTORIA DE JESÚS SACRAMENTADO

Desde Crónica del Fin de los Tiempos

CHRISTUS VINCIT, REGNAT, IMPERAT: AB OMNI MALO PLEBEM SUAM DEFENDAT.
(JESUCRISTO VENCE, REINA, IMPERA; ÉL LIBRE A SU PUEBLO DE TODO MAL.)

El Papa Sixto V hizo grabar estas palabras en el obelisco que se levanta en medio de la plaza de San Pedro en Roma.

Estas magníficas palabras se hallan en presente, y no en pretérito, para indicarnos que el triunfo de Jesucristo es siempre actual, y que este triunfo se obtiene por la Eucaristía y en la Eucaristía.

I
Christus vincit. -Cristo vence

Jesucristo ha combatido, y ha quedado dueño del campo de batalla; en él tremola su estandarte y en él ha fijado su residencia: la Hostia santa, el tabernáculo eucarístico.

Venció al judaísmo y su templo, y sobre el monte Calvario se levanta un tabernáculo ante el cual le adoran todas las naciones bajo las especies del Sacramento.

Venció al paganismo... y la ciudad de los césares ha sido elegida por Él para hacerla su propia capital. En el templo de Júpiter Tonante hay otro tabernáculo.

Ha vencido la falsa sabiduría de los que se tenían por sabios y, ante la Eucaristía que se levanta sobre el mundo difundiendo sus rayos por todo él; huyen las tinieblas como las sombras de la noche al aproximarse la salida del sol. Los ídolos rodaron por el suelo y fueron abolidos sus sacrificios: Jesucristo en la Eucaristía es un conquistador que nunca se detiene, marchando siempre adelante: se ha propuesto someter el mundo a su dulce imperio.

Cuantas veces se apodera de un país, planta enseguida allí su regia tienda eucarística: su toma de posesión consiste en erigir un tabernáculo. Ahora mismo, en nuestros días, se va a los pueblos salvajes, y, dondequiera que se lleva la Eucaristía, los pueblos se convierten al cristianismo: este es el secreto del triunfo de nuestros misioneros católicos y lo que explica el fracaso de los predicadores protestantes. Aquí es el hombre quien combate, allí es Jesucristo quien triunfa.

El triunfo de los misioneros católicos radica en establecer en las almas y las naciones a Jesús Sacramentado ("Primera misa en Brasil", Víctor Meirelles)
II
Christus regnat.- Jesucristo reina

Jesucristo no reina sobre los territorios, sino sobre las almas: reina por la Eucaristía.

El dominio efectivo de un rey consistirá en que sus súbditos guarden sus leyes y le profesen un amor verdadero.

Ahora bien: la Eucaristía es la ley del cristianismo: ley de caridad, ley de amor, promulgada en el Cenáculo por aquél admirable discurso que Jesús pronunció después de la cena: "Amaos los unos a los otros, este es mi precepto. Amaos como yo os he amado. Permaneced en mí y observad mis mandamientos. (1)

Ley que se intima en la Comunión: como los discípulos de Emaús, el cristiano ve entonces claro y comprende la plenitud de la ley.

La fracción del pan era lo que hacía a los primeros cristianos tan fuertes contra sus perseguidores, y tan fieles en practicar la ley de Jesucristo : "Erant perseverantes in communicatione fractionis panis.- Perseveraban en la fracción del pan" (2)

La ley de Jesucristo es una, santa, universal, eterna: nada en ella cambiará, ni nada debilitará su fuerza: la observa el mismo Jesucristo, su divino autor, y Él es quien la graba en nuestro corazón por medio de su amor. El mismo legislador es el que se encarga de promulgar su divina ley en cada una de nuestras almas.

Es una ley de amor. ¿Cuantos reyes reinan por amor? Apenas hay otro rey que Jesucristo cuyo yugo no se imponga por la fuerza: su reinado es la dulzura misma y sus verdaderos súbditos se someten a Él en vida y en muerte, y mueren si es preciso, antes que serle infieles.

III
Christus imperat.- Cristo manda

No hay rey que mande en todo el mundo. Cualquiera que éste sea, tendrá en los otros reyes iguales a él. Pero Dios Padre dijo a Jesucristo: "Te daré en herencia todas las naciones" (3). Y Jesús, al enviar por el mundo a sus lugartenientes, les dijo: "Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra: id y enseñad y mandad a todas las naciones" (4)

Del Cenáculo salieron sus órdenes y el Tabernáculo eucarístico, que es una prolongación y una multiplicación del Cenáculo es el cuartel general del Rey del reyes. Aquí reciben sus órdenes todos los que defienden la buena causa. 

Ante Jesús Eucaristía todos son súbditos, todos obedecen; desde el Papa, vicario de Jesucristo, hasta el último fiel.

Jesucristo Manda.

IV
Christus ab omni malo plebem sum defendat.- Que Jesucristo nos defienda de todo mal.

La Eucaristía es el divino pararrayos que aparta de nustras cabezas los rayos de la justicia divina. Del mismo modo que una madre bondadosa y tierna, para librar a su hijo de la cólera de su padre irritado lo esconde entre sus brazos y con su cuerpo forma una especie de muralla para protegerle, así Jesús se ha multiplicado por todo el mundo y cubre y rodea toda la tierra con su presencia misericordiosa. La justicia divina no encuentra ya lugar donde pueda cumplir su oficio ni se atreve a ello.

Y contra el demonio, ¡que protección tan eficaz! La sangre de Jesús que ha teñido nuestros labios nos hace terribles a satanás: señalados con la sangre del Cordero, no figurado, sino verdadero, no hay que temer ya al ángel exterminador.

Cristo, Cordero de Dios, con su Preciosísima Sangre, nos guarda de la irrupción del ángel extermniador

La Eucaristía protege al culpable para que tenga tiempo de arrepentirse: en otros tiempos, los asesinos perseguidos por la justicia encontraban un lugar de refugio en las iglesias, de las cuales no los podían sacar para castigarles, y allí vivían a la sombra de la misericordia de Jesucristo.

Sin la Eucaristía, sin ese Calvario perpetuo, ¡cuántas veces la cólera divina habría estado contra nosotros!

¡Y cuán desgraciados son los pueblos que se han quedado sin la Eucaristía! ¡Que tinieblas y que anarquía reina en los espíritus, qué frialdad en los corazones! Sólo triunfa satanás.

A nosotros la Eucaristía nos libra de todos los males: CHRISTUS VINCIT, CHRISTUS REGNAT, CHRISTUS IMPERAT: AB OMNI MALO PLEBEM SUAM DEFENDAT.


San Pedro Julián Eymard, Obras Eucarísticas

NOTAS

(1) Ioannes XIII, 34; XV, 9 - 10.
(2) Actus Apostolorum II, 42.
(3) Psalmi II, 8.
(4) Matthaeus XXVIII, 18.