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lunes, 21 de enero de 2019

RECUERDOS DE UN PASADO GLORIOSO: LOS CORDEROS DE SANTA INÉS

En Roma tenía lugar hoy una ceremonia muy especial: La bendición de los corderos en la fiesta de la virgen y mártir Santa Inés, patrona de la Modestia cristiana.

León XIII bendiciendo los corderos de Santa Inés en el Palacio Apostólico (21 de enero de 1899)

Pío XII bendiciendo los corderos

Esta ceremonia era realizada en la iglesia de Santa Inés extramuros,  por el abad de San Pedro ad Vínculo (perteneciente a los Canónigos Regulares del Santísimo Salvador Lateranense), que usa la cruz y la mitra para esta ceremonia (Tomado del Ceremonial de los Obispos comentado y explicado por Mons. Ignace Bourguet, Obispo de Montréal, París, Librería de Jacques Lecoffre y Cía, año 1856). 
  
Acabada la Misa Mayor, el vicario de Roma va a la credencia y depone la capa pluvial, recibiendo el abad de San Pedro ad víncula la mitra, y con ella hace una reverencia a la cruz, y junto con el diácono y el subdiácono se dirige  al faldistorio, donde se sienta, después de depositar su manípulo al ministro y decirle que se retire. Los corderos, con su cabeza coronada de flores y rodeados con las mismas (las flores son blancas y rojas, símbolo de la virginidad y el martirio de Santa Inés respectivamente), son presentados por dos canónigos lateranenses en el momento del Agnus Dei, y puestos a los dos lados del altar, uno del lado de la epístola y el otro del lado del evangelio, cada uno sobre un cojín de damasco blanco ricamente adornado.

  
El coro canta la siguiente antífona, perteneciente a las vísperas de la octava de Santa Inés, también conocida como Sanctæ Agnétis secúndo (conciliares, no os matéis buscándola en vuestros calendarios: vuestro Montini la eliminó en 1970): «Stans a dextris ejus Agnus nive candídior, Christus sibi sponsam et Mártyrem consecrávit» [Cristo, Cordero más blanco que la nieve, permaneció a su derecha, y la consagró para Sí como esposa y mártir].
  
Mientras cantan la antífona, el abad impone incienso tres veces en el turíbulo, y lo bendice del modo acostumbrado. Acabada ésta, el abad, mitrado, asciende al altar con los ministros, y allí depone la mitra, hace reverencia a la Cruz, y con las manos juntas, dice en tono ferial (o canta) los versos y la siguiente oración:
℣. Adjutórium nostrum in nómine Dómini.
℟. Qui fecit cœlum et terram.
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spíritu tuo.

Orémus:
ORATIO
Omnípotens et miséricors Deus, qui per Móysen fámulum tuum, Pontifícibus tabernáculo serviéntibus induménta instituísti: et per sanctos Apóstolos tuos Sacerdótibus et Præsúlibus evangélicis vestiménta sacra providísti: effúnde tuam sanctam Bene ✠︎ dictiónem super hos Agnos, de quorum véllere sacra Pállia pro Summis Pontifícibus, Patriárchis, et Archiepíscopis conficiénda sunt: ut qui eis utántur una cum plebe sibi commíssa, pervéniant ad ætérnan beatitúdinem, per intercessiónem Beátæ Vírginis et Mártyris Agnétis (super cujus tumbam orámus), et mérita Dómini nostri Jesu Christi, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen. [Omnipotente y sempiterno Dios, que instituiste por tu siervo Moisés las vestiduras de los ministros del tabernáculo, y por los santos Apóstoles proveíste los ornamentos sagrados de tus sacerdotes y prelados evangélicos, infunde tu santa ben ✠︎ dición sobre estos corderos, con cuyo vellón se confeccionarán los palios para los Sumos Pontífices, Patriarcas y Arzobispos, para que, por la intercesión de la bienaventurada virgen y mártir Santa Inés (sobre cuya tumba oramos), puedan llegar juntamente con el pueblo a ellos confiado a la bienaventuranza eterna, por los méritos de nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén].
   
Y asperja tres veces los corderos con agua bendita, primero en el medio, luego por el lado derecho y luego del lado izquierdo. Primero el cordero del lado del Evangelio, y después el del lado de la Epístola, en ese orden. Posteriormente los inciensa tres veces a cada uno. Después el abad recibe la mitra, y hecha la reverencia ante la Cruz, regresa al faldistorio para despojarse de los ornamentos.
  
Los dos corderos son llevados al Palacio Apostólico, donde el Papa los bendice con idéntica ceremonia, y posteriormente, dichos animales retornan al monasterio trapense de San Pablo de las Tres Fuentes, y son alimentados hasta que son esquilados el Domingo de Pascua, y su lana es enviada al monasterio de monjas benedictinas de Santa Cecilia en el Trastévere para tejer los palios que se entregarán durante todo el año. Una vez terminados, son llevados por los subdiáconos apostólicos a la Basílica de San Pedro el día de la Natividad de San Juan Bautista (24 de Junio), donde en la vigilia de San Pedro y San Pablo son colocados por los canónigos en el altar de la Confesión, sobre la tumba del Príncipe de los Apóstoles después de rezar maitines, para ser bendecidos durante las primeras vísperas de San Pedro y San Pablo por el Papa y enviados posteriormente a los arzobispos metropolitanos y patriarcas (ceremonia que analizaremos, Dios mediante, en su momento). Concluyamos por ahora con estas palabras de Dom Prósper Gueranger OSB:
«Así, el sencillo ornamento de lana que los Prelados portan sobre sus espaldas como símbolo de la oveja del Buen Pastor, y que el Papa pone sobre la tumba misma de San Pedro para enviarlo a ellos, trasladará hasta los extremos confines de la Iglesia el doble sentimiento de la fuerza del Príncipe de los Apóstoles y de la virgínea dulzura de Santa Inés».

viernes, 12 de enero de 2018

NOVENA EN HONOR A LA VIRGEN Y MÁRTIR SANTA INÉS, PATRONA DE LA MODESTIA CRISTIANA

Novena basada en el tratado De virginitáte de San Ambrosio de Milán. Los gozos son tradicionales, sin autor ni fecha conocidos. Tomada de RADIO CRISTIANDAD.
  
NOVENA EN HONOR A LA VIRGEN Y MÁRTIR SANTA INÉS, PATRONA DE LA MODESTIA CRISTIANA

  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador y Redentor mio, por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido: propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta: ofrézcoos mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados; y así como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
 
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh virgen gloriosa Santa Inés!, vos que viviendo bajo la tiranía de la Roma pagana supisteis mantener la pureza bautismal, preservando de este modo el tesoro de la fe cristiana; vos que a los 12 años tuvisteis el valor viril de soportar el martirio para no traicionar vuestro voto de virginidad, conseguidnos la virtud de la templanza para vencer los asaltos de las pasiones y las asechanzas del enemigo en medio de la descomposición del siglo.
 
Procuradnos, os lo suplicamos, mantener viva la llama de la fe, conculcada por la indiferencia y la incredulidad del mundo. Y haced que estemos dispuestos a someternos a cualquier clase de sufrimiento antes que abandonar nuestro deber de estado.
 
Os rogamos, finalmente, por los méritos de vuestro Divino Esposo, ser llevados un día a la Gloria Eterna para cantar junto a vos sus misericordias. Amén.
  
DÍA PRIMERO - 12 DE ENERO
Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.
 
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, que me conserve puro y limpio en medio de los escándalos del mundo.
 
Rezar 12 Ave Marías en honor de los 12 años que duró la peregrinación de la virgen y mártir Santa Inés.
 
GOZOS EN HONOR DE SANTA INÉS
  
Ya que el célico esplendor
Logró tu martirio santo.
Sé mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
 
Tú, Inés, que en la eterna Roma
Flor naciste peregrina,
De su más bella colina
La más cándida paloma:
Tú, que en tu primer albor
Viste arder el fuego santo.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
  
Ya modesta en tus abriles,
Dar al mísero consuelo
Y elevar preces al Cielo
Son tus goces juveniles:
Tú, a quien próvido fervor
Dio tan joven celo santo.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
  
Casta Inés, ¿a cuál más tan bella
Que tu rostro al vergel humilla?
¿A cuál más espléndida estrella
Que sobre el Tíber brilla?
Para dar a Dios tu amor,
Que otro amor te causa espanto.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
   
Ni suspiros ni hondas penas
Rinden tu pecho, Inés pura.
Y en prisión lóbrega, oscura
Sufres bárbaras cadenas:
Y pues viste con valor
Del tormento el negro espanto.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
  
Ya te arrastran a sus aras
A adorar ídolos vanos.
Mas, ¿qué logran los tiranos?
Que en tu fe te acrisolaras.
¡Oh Inés!, tú que allí con fervor
Viste el árbol sacrosanto.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
 
Tú que al verte ya en el seno
De un lugar de culpa impuro,
Con la luz del Nazareno
Llegaste a puerto seguro:
Aquel sitio corruptor
Trocaste en asilo santo.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
  
Procopio en vano te adora
Buscando ofrecer el mayor tesoro.
¿Qué valdrá para ti el oro
Ni la pompa seductora?
Tú, Inés, con cristiano fervor
Despreciaste el mundanal encanto.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
     
De amor ciego ardiendo en ira,
Vil Procopio se adelanta,
Queriendo profanarla, expira,
Humillado ante la santa:
Tú, que orando al Redentor
Enjugaste el triste llanto.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
  
Aquel mísero, ante tu ruego
Levántase cual nuevo Lázaro,
De la fe sintiendo el fuego
Que la puerta abre del Cielo:
Tú, que del Juez sacrosanto
Templaste el duro rigor.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
   
Tú, que al fin por hechicera,
Cuando fe pura proclamas,
Te ves, Virgen, en la hoguera,
Respetada de las llamas:
Por quien un ángel salvador
Al infiel llenó de espanto.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
  
Y ya que al Cielo le plugo
Del martirio darte palma,
Recibiendo pura el alma
Al herir del cruel verdugo:
Aquel seno del candor
Que albergó solo amor santo.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.

De pureza maravilla,
Que alba ciñes la corona,
Pura Inés, a quien la modestia
Tiene por Santa Patrona:
Pues a ti con gran fervor
Se consagra nuestro canto.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
    
Ya que el célico esplendor
Logró tu martirio santo.
mi escudo con tu manto
Desde el trono del Señor.
          
V. Ruega por nosotros, bienaventurada mártir Santa Inés.
R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
  
ORACIÓN
Dios todopoderoso, que elegís en el mundo a los más débiles para confundir a los más fuertes, haced, por vuestra bondad, que, celebrando la solemnidad de vuestra virgen Santa Inés, experimentemos los efectos de su protección junto a Vos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO - 13 DE ENERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pinchan con una aguja, se poner a llorar como si se tratara de una herida.
 
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, que aborrezca todo cuanto pueda mancillar la pureza de mi alma.
 
Las 12 Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 14 DE ENERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
    
Inés se mantiene impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, y ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla.
 
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, la fuerza necesaria para nunca vestirme de manera que pueda desagradar a Dios.
 
Las 12 Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA CUARTO - 15 DE ENERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.

Al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.
 
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, la fuerza necesaria para ser modesto en mis pensamientos, palabras y obras.
 
Las 12 Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA QUINTO - 16 DE ENERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.

¿Le aplicarían una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.
   
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, que pueda participar también yo un día de la felicidad de que gozáis en el Paraíso.
 
Las 12 Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA SEXTO - 17 DE ENERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
   
En medio de los suplicios todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que, con tanta generosidad, entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma.
 
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, que no me deje llevar por respetos humanos en mi vestimenta y sea para quienes me vean ejemplo de modestia cristiana.
 
Las 12 Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA SÉPTIMO - 18 DE ENERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.
  
Resultó así que Inés a pesar de su corta edad, la misma que no le permitía legalmente dar fe de las cosas humanas, por su martirio fue capaz de dar fe de las cosas de Dios, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.
 
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, gran pureza de corazón, a fin de no cometer nunca ningún pecado.
 
Las 12 Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA OCTAVO - 19 DE ENERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.

El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:
«Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero».
 
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, la gracia de confesarme y comulgar con las debidas disposiciones, teniéndoos como modelo.
 
Las 12 Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.
 
DÍA NOVENO - 20 DE ENERO
Por la señal...
Acto de contrición y Oración preparatoria.

Inés se detuvo en el cadalso, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si él fuese el condenado; cómo temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble sacrificio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.
 
Gracia a pedir: Alcanzadme, gloriosa Inés, la fortaleza necesaria para confesar mi fe, servir a Dios y merecer el Cielo.
 
Las 12 Ave Marías, los Gozos y la Oración se rezarán todos los días.

sábado, 21 de enero de 2017

ORACIÓN A SANTA INÉS PARA OBTENER FORTALEZA

Martirio de Santa Inés
  
¡Cuán dulce y fuerte es, oh Santa Inés, el amor de tu Esposo Jesús! ¡De qué manera se apodera de los corazones inocentes, para transformarlos en corazones intrépidos! Así sucedió contigo. El mundo y sus goces, el suplicio y sus tormentos, todo ello era sin importancia para ti. El juez pagano te condenó a un insulto peor que mil muertes, sin saber que el Ángel del Señor te defendería. ¿Por qué no tuviste temor? Fue porque el amor de Jesús llenó tu corazón. La hoguera no era nada, la espada no era nada, incluso el infierno que movían los hombres, no significó nada para ti, porque tu amor te decía bien alto, que ninguna violencia humana sería capaz de arrebatarte el corazón de Jesús, tu divino Esposo; tenías su palabra y conocías muy bien su fidelidad.
 
¡Oh niña, inocente aún en medio de la capital de la pagana corrupción, y libre de corazón en medio de un pueblo esclavo, qué bien vemos en ti las virtudes de nuestro Emmanuel! Él es Cordero, y tú eres sencilla como Él; es el León de la tribu de Judá, y como Él eres tú invencible. ¡Verdaderamente, esos Cristianos, como decían los paganos, son una nueva raza bajada del cielo para poblar la tierra! Una familia que tiene Mártires y héroes y heroínas como tú, ¡santa valerosa!, que tiene jóvenes vírgenes, inflamados como sus pontífices y guerreros, de un ardor celestial y que no pretenden otra cosa que salir de este mundo después de haber depositado en él la semilla de las virtudes, es el pueblo de Dios, que no puede extinguirse. Sus Mártires son para nosotros la representación de las virtudes de Jesucristo. De suyo eran tan frágiles como nosotros; tenían una desventaja que nosotros no tenemos: vivir en la misma entraña del paganismo, paganismo que había corrompido la tierra entera, y no obstante eso, fueron fuertes y castos.
 
Ten piedad de nosotros y ayúdanos, ¡oh Inés, que eres una de las más resplandecientes entre los santos! Él amor de Jesús languidece en nuestros corazones. Tus luchas nos conmueven hasta llorar al oír contar tu heroica conducta, pero somos cobardes en la lucha que tenemos que librar contra el mundo y nuestras pasiones. El ansia habitual por la facilidad y las comodidades ha alimentado en nosotros cierta afeminación y, al volver nuestro interés hacia nimiedades, ¿cómo podemos tener seriedad y valor frente al deber? ¡La santidad! No podemos entenderla, y cuando oímos o leemos sobre ella, ¡gravemente decimos que los Santos hicieron cosas extrañas e imprudentes, y que se condujeron por nociones exageradas! ¿Qué debemos pensar en tu fiesta, de tu desprecio al mundo y sus placeres, de tu celestial entusiasmo y de tu afán por ir a tu Jesús mediante el sufrimiento? Tú, Inés, fuiste cristiana; ¿y nosotros no lo somos? Ruega por nosotros para que podamos amar como cristianos, esto es, con un amor generoso y activo, con un amor que pueda sentir indignación cuando nos pidan menos desapego a todo lo que no es de nuestro Dios. Ruega por nosotros para que nuestra piedad sea la del Evangelio, y no la piedad a la moda que le agrada al mundo y que nos hace agradables a nosotros mismos. Cierto es que existen almas valerosas que te siguen, pero son pocas; auméntalas con tu intercesión para que el Cordero pueda ser seguido doquiera vaya en el Cielo, por un cortejo innumerable de Vírgenes y Mártires.
 
Oh inocente santa, te presentas a nosotros, cada año, en la cuna del divino Niño; y nos regocijamos en tu fiesta al pensar en el maravilloso amor que hay entre Jesús y su valiente y pequeña Mártir. Este Cordero está para morir por nosotros también, invítanos a Belén; háblale a Él por nosotros, que la intercesión de una santa que Le amó como tú lo hiciste pueda obrar maravillas aún en los pecadores, cual somos nosotros. Condúcenos a la Virgen y Madre María, tú que imitaste su pureza virginal, y alcánzanos de ella una de esas plegarias suyas tan poderosas que purifican corazones aún peores que los nuestros.
 
Ruega, oh Inés, por la Santa Iglesia, que también es la Esposa de Jesús. Ella fue la que te hizo nacer a su amor; de ella tenemos también nosotros la luz y la vida. Alcánzale que sea bendecida cada vez más con un número siempre creciente de vírgenes fieles. Ampara a Roma, la ciudad que guarda tus reliquias y que te ama tan tiernamente. Bendice a los Prelados de la Iglesia, y obten para ellos la dulzura del cordero, la solidez de la roca y el celo del buen Pastor por la oveja perdida. Y finalmente, ¡oh esposa de Jesús!, escucha las oraciones de todos cuantos te invocan; enciéndase tu caridad hacia estos tus hermanos exiliados, y enséñanos del Sagrado Corazón de Jesús el secreto de encendernos con más fervor en un mundo cada vez más decadente. Amén.
  
Dom Prosper Gueranger OSB. El Año Litúrgico -edición inglesa-, vol. III. J. M. O'Toole & Son Printing, Dublín, 1868. Págs. 384-386

viernes, 21 de enero de 2011

MISA DE SANTA INÉS, VIRGEN Y MÁRTIR

DelMisal Romano de San Pío V

  Die 21 Januarii
S. Agnetis, Virginis et Martyris
Duplex

Introitus. Ps. 118, 95-96. Me exspectavérunt peccatores, ut pérderent me: testimónia tua, Dómine, intelléxi: omnis consummatiónis vidi finem: latum mandátum tuum nimis. Ps. ibid., 1. Beáti immaculáti in via: qui ámbulant in lege Dómini. . Glória Patri.

ORATIO
Omnipotens sempitérne Deus, qui infírma mundi éligis, ut fórtia quæque confúndas: concéde propítius; ut, qui beátæ Agnétis Vírginis et Mártyris tuæ sollémnia cólimus, ejus apud te patrocínia sentiámus. Per Dóminum.

Léctio libri Sapiéntiæ.
Eccli. 51, 1-8 et 12.

Confitébor tibi, Dómine, Rex, et collaudábo te Deum, Salvatórem meum. Confitébor nómini tuo: quóniam adjútor et protéctor factus es mihi, et liberásti corpus meum a perditióne, a láqueo linguæ iníquæ et a lábiis operántium mendácium, et in conspéctu astántium factus es mihi adjútor. Et liberásti me secúndum multitúdinem misericórdiæ nóminis tui a rugiéntibus, præparátis ad escam, de mánibus quæréntium ánimam meam, et de portis tribulatiónum, quæ circumdedérunt me: a pressúra flammæ, quæ circúmdedit me, et in médio ignis non sum æstuáta: de altitúdine ventris inferi, et a lingua coinquináta, et a verbo mendácii, a rege iníquo, et a lingua injústa: laudábit usque ad mortem ánima mea Dóminum: quóniam éruis sustinéntes te, et líberas eos de mánibus géntium, Dómine, Deus noster.

Graduale. Ps. 44, 3. Diffúsa est grátia in lábiis tuis: proptérea benedíxit te Deus in ætérnum.
Ibid., 5. Propter veritátem et mansuetúdinem et justítiam: et dedúcet te mirabíliter déxtera tua.

Allelúja, allelúja. . Matth. 25, 4  et 6. Quinque prudéntes vírgines accepérunt óleum in vasis suis cum lampádibus: média autem nocte clamor factus est: Ecce, sponsus venit: exíte óbviam Christo Dómino. Allelúja.

Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Veni, Sponsa Christi, áccipe corónam, quam tibi Dóminus præparávit in ætérnum: pro cujus amóre sánguinem tuum fudísti.
. Ps. 44, 8. Dilexísti justítiam, et odísti iniquitátem: proptérea unxit te Deus, Deus tuus, óleo lætítiæ præ consórtibus tuis.
Ibid., 5. Spécie tua et pulchritúdine tua inténde, próspere procéde et regna.

Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
Matth. 25, 1-13.

In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis parábolam hanc: Símile erit regnum coelórum decem virginibus: quæ, accipiéntes lámpades suas, exiérunt óbviam sponso et sponsæ. Quinque autem ex eis erant fátuæ, et quinque prudéntes: sed quinque fátuæ, accéptis lampádibus, non sumpsérunt oleum secum: prudéntes vero accepérunt óleum in vasis suis cum lampádibus. Moram autem faciénte sponso, dormitavérunt omnes et dormiérunt. Média autem nocte clamor factus est: Ecce, sponsus venit, exíte óbviam ei. Tunc surrexérunt omnes vírgines illæ, et ornavérunt lámpades suas. Fátuæ autem sapiéntibus dixérunt: Date nobis de óleo vestro: quia lámpades nostræ exstinguúntur. Respondérunt prudéntes, dicéntes: Ne forte non suffíciat nobis et vobis, ite pótius ad vendéntes, et émite vobis. Dum autem irent émere, venit sponsus: et quæ parátæ erant, intravérunt cum eo ad núptias, et clausa est jánua. Novíssime vero véniunt et réliquæ vírgines, dicéntes: Dómine, Dómine, aperi nobis. At ille respóndens, ait: Amen, dico vobis, néscio vos. Vigiláte ítaque, quia nescítis diem neque horam.

Offertorium. Ps. 44, 15 et 16. Afferéntur Regi Vírgines post eam: próximæ ejus afferéntur tibi in lætítia et exsultatióne: adducántur in templum regi Dómino.

SECRETA
Hóstias, Dómine, quas tibi offérimus, propítius súscipe: et, intercedénte beáta Agnéte Vírgine et Mártyre tua, víncula peccatórum nostrórum absólve. Per Dóminum nostrum.

Communio. Matth. 25, 4 et 6. Quinque prudéntes vírgines accepérunt óleum in vasis suis cum lampádibus: média autem nocte clamor factus est: Ecce, sponsus venit: exíte óbviam Christo Dómino.

POSTCOMMUNIO
Refécti cibo potúque coelésti. Deus noster, te súpplices exorámus: ut, in cujus hæc commemoratióne percépimus, ejus muniámur et précibus. Per Dóminum.

jueves, 21 de enero de 2010

SERMÓN DEL DÍA DE SANTA INÉS

No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria - Del tratado de San Ambrosio de Milán, sobre las vírgenes (Libro 1, caps. 2. 5. 7-9)

 
Santa Inés


Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.

¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pinchan con una aguja, se poner a llorar como si se tratara de una herida.

Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.

¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.

Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que, con tanta generosidad, entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.

El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:

«Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero».

Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si él fuese el condenado; como temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.

SANTA INÉS, VIRGEN Y MÁRTIR

Gocémonos, y saltemos de júbilo y demos gloria a Dios,
pues han llegado las bodas del Cordero
y su esposa se ha engalanado.
(Apocalipsis 19, 7)


Santa Inés

He aquí a la esposa del Cordero de Dios. Búrlase ella para conservar su cuerpo y su corazón para su esposo Jesús de las proposiciones y de las amenazas del tirano. Los ángeles la acompañan a un lugar infame y dan muerte al insolente que quiere arrebatarle la honra; mas ella devuélvele la vida y lo convierte a la fe. Se la echa al fuego, pero el fuego respeta a la tierna virgen y da muerte a los verdugos. Condenada, finalmente, a ser decapitada, inclina la cabeza y va al cielo a juntarse con su Esposo divino a quien prometiera fidelidad.


MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SANTA INÉS

I. Santa Inés consagra su cuerpo y su alma a Jesús, a los trece años, mediante el voto de castidad. ¡Qué amable Esposo elige! ¡Qué bello! ¡Qué sabio! ¡Qué poderoso! ¡Cuánto amor tiene por ella! Conságrate enteramente a Él y experimentarás los dulces efectos de su amor. ¡Oh Jesús, divino Esposo de nuestra alma, si los hombres os conociesen, os amarían y despreciarían las efímeras bellezas de la tierra para poseeros! ¡Os amo, Dios mío! Si es poco, haced que os ame con amor más ardiente y más puro (San Agustín).

II. Se amenaza a Santa Inés con los tormentos más crueles si no se casa con el hijo del prefecto de Roma, pero ella responde que es la prometida de Jesucristo. Se la arroja a las llamas, pero éstas no hacen sino aumentar su amor; las heridas la hacen más bella y más parecida a su divino Esposo. ¿Qué haces tú para conservar tu cuerpo y tu alma para Jesucristo? ¿Qué tormentos soportarías? Avergüénzate de saberte menos generoso que una niña de trece años. Tenía menos fuerzas que tú, pero más valor; tenía más fe y amor para con Jesucristo.

III. Se le promete una considerable fortuna si consiente en casarse con el hijo del prefecto; resiste a las seducciones como ha resistido a los suplicios. ¡Cuán pocas personas hay que resistan al atractivo de los placeres! Cuídate de ese doble veneno. Es más fácil resistir a los tormentos que a la voluptuosidad. Los tormentos aterran: la voluptuosidad halaga (San Cipriano).

La castidad.
Orad por la buena educación de la juventud.

ORACIÓN

Dios todopoderoso, que elegís en el mundo a los más débiles para confundir a los más fuertes, haced, por vuestra bondad, que, celebrando la solemnidad de vuestra virgen Santa Inés, experimentemos los efectos de su protección junto a Vos. Por J. C. N. S. Amén.