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viernes, 23 de enero de 2026

MISA DE SAN ILDEFONSO DE TOLEDO

Del Misal Propio de España. La Misa es In médio, del común de los Doctores, pero con oraciones propias.

Die 23 Januarii
In Festo S. Idephónsi, Archiepíscopi Toletáni et Confessóris.
Duplex Majus.
    
Introitus. Eccli. 15, 5. In médio Ecclésiæ apéruit os ejus: et implevit eum Dóminus spíritu sapiéntiæ et intelléctus: stolam glóriæ índuit eum. Ps. 91, 2. Bonum est confitéri Dómino: et psállere nómini tuo, Altíssime. ℣. Glória Patri.
 
ORATIO
Deus, qui per gloriosíssiman Fílii tui Matrem beátum Ildephónsum Confessórem tuum átque Pontíficem, misso de thesáuris cœléstibus múnere decorásti: concéde propítius; ut per ejus preces et mérita, múnera capiámus ætérna. Per eúmdem Dóminum.
  
Et fit commemoratio S. Raymundi de Pennafort Conf.
ORATIO
Deus, qui beátum Raymúndum pœniténtiæ sacraménti insígnem minístrum elegísti, et per maris undas mirabíliter traduxísti: concéde; ut ejus intercessióne dignos pœniténtiæ fructus fácere, et ad ætérnæ salútis portum perveníre valeámus.
    
Pro S. Emerentianæ Virg. et Mart.
ORATIO
Indulgéntiam nobis, quǽsumus, Dómine, beáta Emerentiána Virgo et Martyr implóret: quæ tibi grata semper éxstitit, et mérito castitátis, et tuæ professióne virtútis. Per Dóminum.
     
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Timótheum.
2. Tim. 4, 1-8.
  
Caríssime: Testíficor coram Deo, et Jesu Christo, qui judicatúrus est vivos et mórtuos, per advéntum ipsíus et regnum ejus: prǽdica verbum, insta opportúne, importúne: árgue, óbsecra, íncrepa in omni patiéntia, et doctrína. Erit enim tempus, cum sanam doctrínam non sustinébunt, sed ad sua desidéria coacervábunt sibi magístros, pruriéntes áuribus, et a veritáte quidem audítum avértent, ad tábulas autem converténtur. Tu vero vígila, in ómnibus labóra, opus fac Evangelístæ, ministérium tuum ímpie. Sóbrius esto. Ego enim jam delíbor, et tempus resolutiónis meæ instat. Bonum certámen certávi, cursum consummávi, fidem servávi. In réliquo repósita est mihi coróna justítiæ, quam reddet mihi Dóminus in illa die, justus judex: non solum autem mihi, sed et iis, qui díligunt advéntum ejus.
 
Graduale. Ps. 36. 30-81. Os justi meditábitur sapiéntiam, et lingua ejus loquétur judícium.
℣. Lex Dei ejus in corde ipsíus: et non supplantabúntur gressus ejus.
 
Allelúja, allelúja. ℣. Ps. 88, 21. Invéni David servum meum, óleo sancto meo unxi eum. Allelúja.

Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Ps. 111, 1-3. Beátus vir, qui timet Dóminum: in mandátis ejus cupit nimis.
℣. Potens in terra erit semen ejus: generátio rectórum benedicétur.
℣. Glória et divítiæ in domo ejus: et justítia ejus manet in sǽculum sǽculi.

Tempore autem Paschali omittitur Graduale, et ejus loco dicitur:
Allelúja, allelúja.
℣. Eccli. 45, 9. Amávit eum Dóminus, et ornávit eum: stolam glóriæ índuit eum. Allelúja. 
℣. Osee 14, 6. Justus germinábit sicut lílium: et florébit in ætérnum ante Dóminum. Allelúja.

✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
Matth. 5, 13-19.
 
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Vos estis sal terræ. Quod si sal evanúerit, in quo saliétur? Ad níhilum valet ultra, nisi ut mittátur foras, et conculcétur ab homínibus. Vos estis lux mundi. Non potest cívitas abscóndi supra montem pósita. Neque accéndunt lucérnam, et ponunt eam sub módio, sed super candelábrum, ut lúceat ómnibus qui in domo sunt. Sic lúceat lux vestra coram homínibus, ut vídeant ópera vestra bona, et gloríficent Patrem vestrum, qui in cœlis est. Nolíte putáre, quóniam veni sólvere legem aut prophétas: non veni sólvere, sed adimplére. Amen, quippe dico vobis, donec tránseat cœlum et terra, jota unum aut unus apex non præteríbit a lege, donec ómnia fiant. Qui ergo solvent unum de mandátis istis mínimis, et docúerit sic hómines, mínimus vocábitur in regno cœlórum: qui autem fécerit et docúerit, hic magnus vocábitur in regno cœlórum.
 
Offertorium. Ps. 88, 25. Véritas mea et misericórdia mea cum ipso: et in nómine meo exaltábitur cornu ejus.
 
SECRETA
Sancti Ildephonsi Pontíficis tui átque Confessóris, quǽsumus, Dómine, ánnua solémnitas pieitáti  tuæ nos reddat accéptos: ut per hæc pia placcatiónis offícia, et illum beáta retribútio commitétur, et nobis grátiæ tuæ dona consíliet. Per Dóminum.
  
Commemoratione S. Raymundi de Pennafort Conf.
SECRETA
Laudis tibi, Dómine, hóstias immolámus in tuórum commemoratióne Sanctórum: quibus nos et præséntibus éxui malis confídimus et futúris.
     
Pro S. Emerentianæ Virg. et Mart.
SECRETA
Hóstias tibi, Dómine, beátæ Emerentiánæ Vírginis et Mártyris tuæ dicátas méritis, benígnus assúme: et ad perpétuum nobis tríbue proveníre subsídium. Per Dóminum.
  
Communio. Luc. 12, 42. Fidélis servus et prudens, quem constítuit dóminus super famíliam suam: ut et illis in témpore trítici mensúram.
 
POSTCOMMUNIO
Deus fidélium, remunerátur animárum: præsta; ut beáti Ildephónsi Confessóris tui átque Pontíficis, cujus venerándam celebrámur festivitátem, précibus Indulgéntiam consequámur. Per Dóminum.

Commemoratio S. Raymundi de Pennafort Conf.
POSTCOMMUNIO
Refécti cibo potúque cœlésti, Deus noster, te súpplices exorámus: ut, in cujus hæc commemoratióne percépimus, ejus muniámur et précibus.
     
Pro S. Emerentianæ Virg. et Mart.
POSTCOMMUNIO
Divíni múneris largitáte satiáti, quǽsumus, Dómine, Deus noster: ut, intercedénte beáta Emerentiána Vírgine et Mártyre tua, in ejus semper participatióne vivámus. Per Dóminum.

jueves, 23 de enero de 2025

SAN ILDEFONSO, ARZOBISPO DE TOLEDO


Por muchos años desearon tener hijos los ilustres padres de San Ildefonso, y prometía su madre a María Santísima que, si le daba un varón, con todas sus fuerzas procuraría que fuese su capellán. Cumplió el Señor tan santos deseos, naciendo el santo niño. Criáronle sus padres con todo cuidado, y señaladamente su madre por tenerlo ofrecido a Nuestra Señora. Llegado a la edad competente, le enviaron a San Isidoro, arzobispo de Sevilla, para que en su colegio aprendiese, con otros mancebos de su edad, las letras humanas y divinas, principalmente el amor y temor de Dios. Pasados doce años, volvió de Sevilla, docto y bien ejercitado en la filosofía y las Letras Sagradas, Y abandonando todas las cosas del mundo, retiróse al monasterio de benedictinos. Mas su padre fue con gente armada para sacarlo del claustro; y no pudiendo lograrlo, por haberse ocultado el santo joven entre unas paredes ruinosas, desistió de su mal propósito. Vieron los monjes en Ildefonso un acabado modelo de perfección y sabiduría, y de común acuerdo le eligieron por su abad. Mas habiendo fallecido su tío el arzobispo de Toledo, San Eugenio, a propuesta del rey y por aclamación del pueblo fue escogido por sucesor nuestro santo, y por más que lloraba y gemía, no pudo resistir a la voluntad de Dios, y hubo de sentarse en la cátedra arzobispal de Toledo. Aquí, como en más ancho campo, resplandecieron y dieron mayor brillo sus dotes naturales y sus virtudes. Amábanle todos, como a padre; llamábanle Crisóstomo y boca de oro por su elocuencia, y doctor de la Iglesia por sus admirables escritos. Convenció en pública disputa a los herejes venidos de la Galia gótica, que ponían mácula en la virginal integridad de Nuestra Señora; y en recompensa de este celo y devoción, mereció que la virgen Santa Leocadia en el día de su fiesta a vista de todo el pueblo se levantase de su sepulcro y le dijese: «Ildefonso, por ti vive la gloria de mi Reina». Cortó después el santo con la daga del rey Recesvinto, que estaba presente, una parte del velo que cubría el rostro de la santa virgen. Entrando otro día en su catedral, apareciósele la Reina de los cielos con grande majestad, y le regaló una preciosa casulla, como a su amado capellán. Finalmente, a los sesenta años de edad, murió el santo arzobispo con gran sentimiento de toda su grey, y fue sepultado el sagrado cuerpo en el templo de Santa Leocadia. Después en la invasión de los moros fue llevado por los cristianos a Zamora, donde es tenido en gran veneración.
   
REFLEXIÓN
Aunque San Ildefonso fue admirable en todas sus obras, en lo que más se esmeró, fue en la devoción de Nuestra Señora, que se le había pegado ya en las entrañas de su madre; y así, en las muchas y provechosas obras que escribió resplandece su santidad y una ternura y afecto entrañable cuando trata de la sacratísima Virgen María, y entonces parece que extiende las velas de su devoción y se deja llevar con el viento fresco del espíritu del cielo que le guiaba. Imitémosle todos en esta tierna y filial devoción a la Madre de Dios, porque es prenda de eterna vida. Ninguno de los devotos de la Santísima Virgen ha tenido la desgracia de morir en pecado mortal y condenarse. Todos los que han sido fieles devotos de la Virgen están en el cielo.
   
Flos Sanctorum de la Familia Cristiana, del P. Francisco De Paula Moreli SJ. Editoral Difusión, S. A., 1943.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que honraste por medio de la gloriosísima Madre de tu Hijo al bienaventurado Ildefonso tu confesor y pontífice, enviándole un regalo de los tesoros celestiales, concédenos propicio, que por sus ruegos alcancemos los eternos dones. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

lunes, 9 de diciembre de 2019

SANTA LEOCADIA, VIRGEN Y MÁRTIR

Aparición de Santa Leocadia ante San Ildefonso de Toledo
  
La España ha sido en todos tiempos un campo fértil en grandes Santos. y la sangre de los muchos gloriosos Mártires con que fue regada desde los primeros siglos de la Iglesia, ha aumentado considerablemente su número. Entre tantos héroes cristianos que regaron el jardín de la Iglesia con su sangre, se vió un prodigioso número de tiernas vírgenes que, elevándose sobre la delicadeza de su edad y sexo, insultaron la fiereza de los más crueles tiranos, siendo unos milagros de la gracias. Una de éstas fué santa Leocadia, natural de la ciudad de Toledo y de las más nobles y antiguas familias del país. Nació a fines del siglo tercero, y sus padres la educaron según los principios de la religión cristiana. Prevenida con las dulces impresiones de la gracia, su virtud se había anticipado a la edad de la razón, y desde sus más tiernos años manifestó un juicio superior. Su principal diversión era la oración; no conoció más galas que las de la virtud, y su mayor atractivo era el retiro.
  
Vivía en su casa Leocadia como verdadera religiosa, y hallándose en la más alta reputación de prudencia y de virtud, fué cuando Daciano vino a Toledo con título de gobernador de España terraconense, por los emperadores Diocleciano y Maximiano. Nunca hubo tirano más cruel, más bárbaro, ni más enemigo de la fe católica entonces.
  
Luego que entró a Toledo hizo publicar los edictos de los emperadores y prohibió con pena de la vida adorar a otro Dios que a los suyos. Mandó hacer una exacta pesquisa de todos los cristianos y que se le diese una lista de ellos. Como Leocadia era conocida hasta de los paganos, fue puesta la primera en cabeza de esta lista.
 
Desde luego advirtió Daciano que si podía pervertirla, sería ésta su mayor conquista, y mandó que compareciese en su tribunal. Apenas oyó Leocadia el nombre del gobernador, se preparó para el martirio; renovó el voto de su virginidad, y con fervor ofreció a Dios su vida. Animada del valor que sólo Dios puede inspirar, se presentó a Daciano, el cual quedó prendado de su hermosura y modestia: se levantó para hacerle este honor, y le dijo en tono dulce y afable:
“Estoy informado de la nobleza de tu nacimiento del mérito de tus abuelos y de las bellas cualidades de tu persona. Yo veo que, aunque el retrato que me han hecho de ti sea brillante, es inferior aún a tu propio mérito. Daré parte a los emperadores del tesoro que está oculto en Toledo. No dudes que irás en breve a la corte y que hallarás un partido digno de tu nacimiento: No he querido dar crédito a una calumnia que me han dicho, porque tienes bastante entendimiento y prudencia para seguir una secta tan despreciada de todos y que está prohibida en todo el imperio romano”.
  
Oyó la santa este discurso con los ojos bajos, sin la menor alteración, y le respondió con tono firme sin faltar jamás a su modestia:
“Muy reconocida estoy, señor, al concepto que habéis formado de mí y a la honra que hacéis a mi familia; pero permitidme, señor, que os diga que me causa gran dolor la prevención que tenéis contra los cristianos y el desprecio que hacéis de la religión cristiana. Sólo puede no estimarla el que no la conoce; pero basta ser racional para persuadirse que esta religión es sólo la verdadera; los dioses que llaman del imperio son unos dioses fabulosos: sola la religión cristiana nos hace conocer al verdadero Dios, y nos enseña que la verdadera nobleza no se halla sino en el que le sirve; jamás reconoceré a otro Dios que a éste, y pondré toda mi gloria en ser cristiana”.
  
Pareció que toda la asamblea aplaudió éstas razones, y al mismo Daciano le dió golpe una intrepidez tan bien fundada; pero haciéndose cargo que era cosa vergonzosa ceder a las razones de una doncella cristiana, toda su admiración se trocó en furor, y mirando a la santa con ojos terribles, le dijo: “anda, vil esclava, indigna de la familia de que has nacido”. Luego, volviéndose a los verdugos, les dijo: “Supuesto que esa mujerzuela profesa la lay de un galileo que murió en una cruz, tratadla como a una esclava y moledla a palos”. La orden se ejecutó con crueldad. No quería el tirano que muriera en este suplicio, y mandó luego encerrarla en un obscuro calabozo, a fin de reservarla para mayores tormentos.
  
Viendo la santa que lloraban los cristianos por verla en un estado tan lastimoso, les dijo: “Bien podéis tenerme envidia y dar gracias a Dios por el favor que me hace de que padezca por mi divino Esposo Jesucristo”. Alababa a Dios la santa en el calabozo noche y día, y prefería su prisión a los palacios más magníficos del mundo. Supo los horribles tormentos que había padecido en Mérida santa Eulalia, noticia que la enterneció mucho, y la horrible persecución que se encendía contra los siervos de Jesucristo. Suplicó entonces al Señor que la sacase de una tierra tan feliz, en la que su divino nombre iba a estar en execración, y besando una cruz que había grabado con una piedra en su dedo, expiró luego. Esta preciosa muerte sucedió el día 9 de diciembre del año 303. Los paganos arrojaron el cuerpo al campo; pero los cristianos lo enterraron en un sitio muy cercano, donde se edificó una magnífica iglesia en su nombre. En ella sucedió aquél milagro referido por los doctores antiguos.
  
Estando en oración San Ildefonso, arzobispo de Toledo, en el sepulcro de esta santa, en presencia del rey Recesvinto y de toda su corte, se levantó la lápida del sepulcro, de donde salió santa Leocadia cubierta con un gran velo, y le dijo al santo arzobispo: “Eres dichoso Ildefonso, en tener una devoción tan tierna a María Santísima; y por haber defendido con tanto valor su gloria y prerrogativas insignes contra sus enemigos, te aseguro que todo lo debes esperar de su poder y bondad”. Durante esta milagrosa aparición, tomó San Ildefonso un pedazo de velo de la santa, el que cortó con el cuchillo que el rey llevaba; esta preciosa reliquia permanece actualmente en el sagrario de la santa iglesia de Toledo. Hay en ésta ciudad tres iglesias con el nombre de la santa: una en el sitio donde nació, otra donde estuvo presa, y la tercera donde fue enterrada. En una de las iglesias de Santa Leocadia se han celebrado la mayor parte de los concilios de Toledo, lo que prueba la gran veneración que siempre se ha tenido a ésta gran santa.
  
Dr. JUAN JULIÁN CAPARROS. Año Cristiano - Diciembre. Imprenta de Benito Cano, Madrid, 1791.
 
ORACIÓN
Te suplicamos, Señor, nos ayuden las oraciones y méritos de tu virgen y mártir Santa Leocadia, para que, quien por la confesión de tu Nombre afrontó prisiones y muerte, por su patrocinio nos defienda de la cárcel eterna. Por J. C. N. S. Amén.