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viernes, 10 de noviembre de 2023

PARA PARTICIPAR EN LA MISA, NO ES NECESARIO ENTENDER LAS PALABRAS DE LA MISA

Traducción del artículo publicado en IL CAMINNO DEI TRE SENTIERI. Tomado de MILES CHRISTI RESÍSTENS.

¿REALMENTE ES NECESARIO ENTENDER TODAS LAS PALABRAS DE LA MISA? RESPONDE SANTA MARGARITA MARÍA
   

Una de las objeciones más frecuentes que se hacen a quien afirma la plena catolicidad del Rito Romano Antiguo y de cuánto este es más conforme a la Verdad Católica, es que este Rito, siendo celebrado en lengua latina, resulta poco comprensible y por ende impediría una plena participación.

La objeción sin embargo no ha lugar porque la participación de la Misa no se da por la perfecta comprensión de las palabras del celebrante, sino en el ser consciente de lo que estaba sucediendo y por ende del Misterio que se realiza.

Ítem, la participación en la Misa se mide con la adhesión del corazón, no con una adhesión estrictamente intelectual.

Como ejemplo está la Virgen María, la cual, al pie de la Cruz, no respondía ni hablaba, sino que ofrecía y contemplaba.

Y que el modelo de la participación en la Misa es precisamente la Virgen, nos lo confirma también Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), la famosa apóstol del Sagrado Corazón de Jesús. Ella ha revelado: “Nuestro Señor me enseñó que debo asistir a la Santa Misa con las disposiciones de la Santísima Virgen al pie de la Cruz, y ofrecer al Eterno Padre las disposiciones de María junto con los padecimientos de su divino Hijo para pedirle la conversión de los pecadores obstinados”.

Más claro no se puede.

viernes, 11 de junio de 2021

CONSAGRACIÓN DE SANTA MARGARITA MARÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

  
Corazón sagrado de mi amado Jesús: yo, aunque vilísima criatura, os doy y consagro mi persona, vida y acciones, penas y padecimientos, deseando que ninguna parte de mi ser me sirva si no es para amaros, honraros y glorificaros. Esta es mi voluntad irrevocable: ser todo vuestro y hacerlo todo por vuestro amor, renunciando de todo mi corazón a cuanto pueda desagradaros.
   
Os tomo, pues, oh Corazón divino, por el único objeto de mi amor, protector de mi vida, prenda de mi salvación, remedio de mi inconstancia, reparador de todas las culpas de mi vida; y asilo seguro en la hora de mi muerte. Sed, pues, oh Corazón bondadoso, mi justificación para con Dios Padre, y alejad de mi los rayos de su justa cólera. Oh Corazón amoroso, pongo toda mi confianza en vos, pues aunque lo temo todo de mi flaqueza, sin embargo, todo lo espero de vuestra misericordia; consumid en mi todo lo que os desagrada y resiste, y haced que vuestro puro amor se imprima tan íntimamente en mi corazón, que jamás llegue a olvidaros ni a estar separado de vos. Os suplico, por vuestra misma bondad, escribáis mi nombre en vos mismo, pues quiero tener cifrada toda mi dicha en vivir y morir como vuestro esclavo. Amén.
   
300 días de Indulgencia una vez al día, aplicable a las Ánimas del Purgatorio (Papa León XIII, Decreto del 13 de Enero de 1898). Plenaria al mes, con las condiciones de rigor, aplicable a las Ánimas del Purgatorio, si se reza diariamente durante un mes (San Pío X, Decreto del 30 de Mayo de 1908).

lunes, 26 de octubre de 2020

SEMANA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Práctica recomendada de Santa Margarita María de Alacoque. Tomado del opúsculo Le Jubilée du Concile de l’Immaculée Conception, publicado en Montréal por Jean-Baptiste Rolland e Hijo en 1869.
    
   
  • DOMINGO. Con la Iglesia. Considera el Sagrado Corazón de Jesús como el sol de la Iglesia, porque es de Él que ella recibe toda luz, toda vida, todo amor para conocer, adorar y amar a la Santísima Trinidad: a quien sea para siempre alabanza, gloria y bendición. Práctica: Orar por los pobres, orar por los Obispos y sacerdotes fieles*.
  • LUNES. Con el Espíritu Santo. Considera el Sagrado Corazón de Jesús como un dulce retiro… una soledad llena de encantos… Ve en paz, en silencio, y escucha la voz de Dios. Práctica: Recogimiento interior.
  • MARTES. Con los santos Ángeles. Considera el Sagrado Corazón de Jesús como la escuela de la divina sabiduría y del puro amor; pasa todo este día con tu Ángel custodio, pidiéndole humildemente que te llene de saber por tu salvación. Práctica: Docilidad a la gracia.
  • MIÉRCOLES. Con San José. Considera el Sagrado Corazón de Jesús como un tesoro desconocido, una perla preciosa por cuya adquisición estás dispuestos a venderlo todo. Pide a San José que te afirme en estos deseos fervientes que tienen los sentidos. Práctica: Ensayo de la vida oculta. Ofrenda de algunos sacrificios.
  • JUEVES. Con los Asociados de la Guardia de Honor. Considera el Sagrado Corazón de Jesús siempre vivo en el Santísimo Sacramento del altar para abrasar los corazones que se entregan a Él… ¡Oh! ¡Cuánto desea verte frecuentemente cerca de su prisión de amor! Práctica: Devoción a la Santa Eucaristía.
  • VIERNES. Con todos los Santos. Considera el Sagrado Corazón de Jesús como el bálsamo de donde deriva el remedio de todas las mordeduras del pecado. Haz el Vía Crucis meditando la Pasión de este divino Corazón, y en cada estación aplica a tus llagas el bálsamo que deriva de sus heridas… Práctica: Sentimiento de nuestras miserias. Penitencias voluntarias.
  • SÁBADO. Con la Santísima Virgen. Considera el Sagrado Corazón de Jesús como el nido de la paloma. Esta paloma, es María tu Madre… Más, es ella quien te va a abrir la entrada y aprenderás a cantar con Ella las dulzuras del amor puro. Práctica: Vida de unión y amor. Oficio parvo del Sagrado Corazón de Jesús.
  
* En el original dice «Orar por nuestro Santo Padre el Papa», pero como estamos en Sede Vacante, se cambia el destinatario de la oración.

sábado, 17 de octubre de 2020

LETANÍA DE SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

      
Traducción de la Letanía publicada en francés en la Novena, Misa y Letanía en honor a Santa Margarita María de Alacoque, publicada en 1866 por la Librería Religiosa y Clásica de Tolosa de Francia, con aprobación de Mons. Mons. Florián Desprez, Arzobispo de Tolosa.
   
LATÍN
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie, eléison.
   
Jesu, áudi nos.
Jesu, exáudi nos.
   
Pater de cœlis, Deus, miserére nobis.
Fili, Redémptor mundi, Deus, miserére nobis.
Spíritus Sancte, Deus, miserére nobis.
Sancta Trínitas, unus Deus, miserére nobis.
    
Sancta Margaríta María, Sacrum Spíritus sancti habitáculum, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, devóta Cordis Jesu víctima, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, cujus cor in Cor Jesu mutátum est, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, Paradísus Cordis Jesu, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, Corde Jesu dotáta, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, tota cum Corde Jesu conglutináta, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, Honor hujúsce órdinis cultu sacratíssimi Cordis Jesu, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, qui supra Cor Dómini recubuísti, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, dulcédinis et humilitátis Cordis Jesu imitátrix, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, cujus omnes thesáuri et divítiæ fúerunt in Corde Jesu, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, qui in Corde Jesu domicílium tuum posuísti, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, caræ delíciæ Cordis Jesu, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, casta Colúmba nidíficans in Corde Christi, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, qui Dilécto tuo júgiter adhærébas, et unus spíritus cum illo, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, Sponsa elécta, humilitátis Abýssus, jugis obœdiéntiæ Víctima, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, cujus vita abscóndita cum Christo in Deo, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, Christo crucifíxo cruci confíxa, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, Ancílla fidélis Christi, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, dilécta a Regína Cœli, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, dono prophetíæ illustráta, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, ómnium desolatórum Consolátrix, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, vera Imágo Cordis Christi, ora pro nobis.
Sancta Margaríta María, Zelátrix animárum salútis, ora pro nobis.
   
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, parce nobis, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, exáudi nos, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, misérere nobis.
   
Antiphona: O diviníssima Christi Sponsa, quam lux prophetíæ illustrávit, láurea Vírginum coronávit, divínis amóris incéndio consummávit.
℣. Ora pro nobis, Sancta Margaríta María.
℟. Ut digni efficiámur amóre Cordis Jesu, et promissiónibus ejus. 
   
Orémus.
   
ORATIO
Deus, qui in puríssimo corde Beatæ Margarítæ Maríæ Vírginis tuæ jucúndam tibi habitatiónem præparásti: ejus méritis, et intercessióne, cordis nostri máculas cleménter abstérge, ut digna divínæ majestátis tuæ habitátio éffici mereátur. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
  
TRADUCCIÓN
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
   
Jesús, óyenos.
Jesús, escúchanos.
   
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad Santa, un solo Dios, ten piedad de nosotros.
   
Santa Margarita María, morada del Divino Espíritu Santo, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, víctima devota del Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, cuyo corazón fue cambiado en el Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, Paraíso del Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, que recibiste por dote el Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, toda inseparable del Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, que honraste a tu Orden con el culto al Sacratísimo Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, que te reclinaste sobre el Corazón del Señor, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, imitadora de la dulzura y humildad del Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, cuyos todos tesoros y riquezas estuvieron en el Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, que estableciste tu morada en el Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, cara delicia del Corazón de Jesús, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, Paloma casta que anidaste en el Corazón de Cristo, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, que te uniste estrechamente a tu Amado, y eras un espíritu con Él, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, Esposa elegida, Abismo de humildad y Víctima del yugo de la obediencia, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, cuya vida estaba escondida con Cristo en Dios, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, fijada a la cruz de Cristo crucificado, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, fiel Sierva de Cristo, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, amada de la Reina del Cielo, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, ilustrada con el don de profecía, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, consoladora de todos los afligidos, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, verdadera imagen del Corazón de Cristo, ruega por nosotros.
Santa Margarita María, celosa de la salvación de las almas, ruega por nosotros.
   
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
   
Antífona: Oh divinísima Esposa de Cristo, que fuiste ilustrada con la luz de la profecía, laureada con la corona de las Vírgenes, y abrasada con el incendio del amor divino.
℣. Ruega por nosotros, Santa Margarita María.
℟. Para que seamos dignos del amor del Corazón de Jesús, y de sus promesas.
   
Oremos.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que dichosamente te preparaste una morada en el purísimo corazón de tu bienaventurada virgen Santa Margarita María: por sus méritos e intercesión limpia clemente las manchas de nuestro corazón, para que merezcamos ser hechos digna morada de tu divina Majestad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

viernes, 7 de junio de 2019

LETANÍA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Esta letanía es una síntesis de varias otras que se remontan al siglo XVII, entre ellas la publicada por la madre Luisa Enriqueta de Soudeille, superiora de las visitandinas de Moulins en La dévotion au Cœur de Jésus-Christ, pour les premiers Vernedis de chaque mois, Moulins 1687, que pudo haber sido compuesta por Santa Margarita María de Alacoque. El padre Juan Croiset SJ compuso una letanía que fue impresa en La dévotion au Sacré Cœur de Notre-Seigneur Jésus-Christ, par un Père de la Compagnie de Jésus, Lyon 1691, de las cuales 17 invocaciones fueron usadas por la Venerable Ana Magdalena Rémusat cuando compuso la suya en 1718, publicada ese año en el Manuel de l’Adoration perpétuelle du Sacré-Cœur impreso en Marsella y empleado por Mons. François-Xavier de Belsunce de Castelmoron SJ durante las procesiones penitenciales del 1 de Noviembre de 1720 con motivo de la peste que azotó la ciudad (Marsella fue la primera ciudad y diócesis en consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús).

Sor Ana María añadió diez invocaciones a las del padre Croiset, para un total de 27 invocaciones. Seis invocaciones más que fueron escritas por Sor Magdalena Joly en el opúsculo La Dévotion au Sacré-Cœur de Notre-Seigneur Jésus-Christ, Dijón 1687, fueron agregadas por la Sagrada Congregación de Ritos en 1899, cuando se aprobó el uso público de la misma, haciendo un total de 33 invocaciones, una por cada año de vida de Nuestro Señor Jesucristo. De estas 33 invocaciones, 15 están en concordancia, en lo que se refiere a su sentido, con la Letanía de Moulins, por lo que pudiéramos decir que la Letanía que nosotros rezamos hoy en día es casi la misma que Santa Margarita María solía rezar.
  
    
LATÍN
Kýrie, eléison.
Christe, eléison.
Kýrie, eléison.
  
Christe, áudi nos.
Christe, exáudi nos.
  
Pater de cœlis, Deus, miserére nobis.
Fili, Redémptor mundi, Deus, miserére nobis.
Spíritus Sancte, Deus, miserére nobis.
Sancta Trínitas, unus Deus, miserére nobis.
      
Cor Jesu, Fílii Patris ætérni, miserére nobis.
Cor Jesu, in sinu Vírginis Matris a Spíritu Sancto formátum, miserére nobis.
Cor Jesu, Verbo Dei substantiáliter unítum, miserére nobis.
Cor Jesu, majestátis infinítæ, miserére nobis.
Cor Jesu, templum Dei sanctum, miserére nobis.
Cor Jesu, tabernáculum Altíssimi, miserére nobis.
Cor Jesu, domus Dei et porta cœli, miserére nobis.
Cor Jesu, fornax ardens caritátis, miserére nobis.
Cor Jesu, justítiæ et amóris receptáculum, miserére nobis.
Cor Jesu, bonitáte et amóre plenum, miserére nobis.
Cor Jesu, virtútum ómnium abýssus, miserére nobis.
Cor Jesu, omni laude digníssimum, miserére nobis.
Cor Jesu, rex et centrum ómnium córdium, miserére nobis.
Cor Jesu, in quo sunt omnes thesáuri sapiéntiæ et sciéntiæ, miserére nobis.
Cor Jesu, in quo hábitat omnis plenitúdo divinitátis, miserére nobis.
Cor Jesu, in quo Pater sibi bene complácuit, miserére nobis.
Cor Jesu, de cujus plenitúdine omnes nos accépimus, miserére nobis.
Cor Jesu, desidérium cóllium æternórum, miserére nobis.
Cor Jesu, pátiens et multæ misericórdiæ, miserére nobis.
Cor Jesu, dives in omnes qui invócant te, miserére nobis.
Cor Jesu, fons vitæ et sanctitátis, miserére nobis.
Cor Jesu, propitiátio pro peccátis nostris, miserére nobis.
Cor Jesu, saturátum oppróbriis, miserére nobis.
Cor Jesu, attrítum propter scélera nostra, miserére nobis.
Cor Jesu, usque ad mortem obœ́diens factum, miserére nobis.
Cor Jesu, láncea perforátum, miserére nobis.
Cor Jesu, fons tótius consolatiónis, miserére nobis.
Cor Jesu, vita et resurréctio nostra, miserére nobis.
Cor Jesu, pax et reconciliátio nostra, miserére nobis.
Cor Jesu, víctima peccatórum, miserére nobis.
Cor Jesu, salus in te sperántium, miserére nobis.
Cor Jesu, spes in te moriéntium, miserére nobis.
Cor Jesu, delíciæ Sanctórum ómnium, miserére nobis.
  
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, parce nobis, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, exáudi nos, Dómine.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi, miserére nobis, Dómine.
  
℣. Jesu, mitis et húmilis Corde.
℟. Fac cor nostrum secúndum Cor tuum.
  
ORATIO
Omnípotens sempitérne Deus, réspice in Cor dilectíssimi Fílii tui et in laudes et satisfactiónes, quas in nómine peccatórum tibi persólvit, iísque misericórdiam tuam peténtibus, tu véniam concéde placátus in nómine ejúsdem Fílii tui Jesu Christi: Qui tecum vivit et regnat in sǽcula sæculórum. Amen.
   
TRADUCCIÓN
Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.
       
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
      
Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.
      
Corazón de Jesús, Hijo del Padre Eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo Divino, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Santuario de justicia y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de amor y bondad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están encerrados todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas sus complacencias, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos participado todos nosotros, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseado de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y de gran misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, rico para con todos aquellos que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, despedazado por nuestras maldades, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado con la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra vida y resurrección, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, nuestra paz y reconciliación, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima de los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salud de los que en ti esperan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, ten piedad de nosotros.
    
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
   
℣. Jesús, manso y humilde de Corazón.
℟. Haz nuestro corazón semejante al tuyo.
  
ORACIÓN
Omnipotente y sempiterno Dios, pon los ojos en el Corazón de tu muy amado Hijo, y en las alabanzas y satisfacciones que te ha ofrecido a nombre de los pecadores, y aplacado con ellas, perdona a los que imploran tu misericordia en nombre del mismo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
   
La Santidad del Papa León XIII, mediante decreto de la Sagrada Congregación de Ritos fechado a 2 de Abril de 1899, aprobó esta Letanía para su uso público, y se dignó conceder Indulgencia de 7 años cada vez que se rece; y Plenaria, con las condiciones de rigor acostumbradas, si se reza diariamente durante un mes con el verso y la oración Indulgencias confirmadas por el Papa Pío XI mediante Decreto de la Sagrada Penitenciaría Apostólica del 10 de Marzo de 1933.

miércoles, 17 de octubre de 2018

MISA EN HONOR A SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

Del Misal Romano de San Pío V.

Die 17 Octobris
Sancta Margarítæ Mariæ Alacóque, Vírginis
Duplex
 
Introitus. Cant. 2, 3. Sub umbra illíus, quem desideráveram, sedi: et fructus ejus dulcis gútturi meo. Ps. 83, 2-3. Quam dilécta tabernácula tua, Dómine virtútum! concupíscit, et déficit ánima mea in átria Dómini. ℣. Glória Patri.
 
ORATIO
Dómine Jesu Christe, qui investigábiles divítias Cordis tui beátæ Margarítæ Maríæ Vírgini mirabíliter revelásti: da nobis ejus méritis et imitatióne; ut, te in ómnibus et super ómnia diligéntes, jugem in eódem Corde tuo mansiónem habére mereámur: Qui vivis et regnas.
   
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios.
Ephes. 3, 8-9 et 1, 4-19.
   
Fratres: Mihi ómnium sanctórum mínimo data est grátia hæc, in géntibus evangelizáre investigábiles divítias Christi, et illumináre omnes, quæ sit dispensátio sacraménti abscónditi a sǽculis in Deo, qui ómnia creávit. Hujus rei grátia flecto génua mea ad Patrem Dómini nostri Jesu Christi, ex quo omnis patérnitas in cælis et in terra nominátur, ut det vobis secúndum divítias glóriæ suæ, virtúte corroborári per Spíritum ejus in interiórem hóminem: Christum habitáre per fidem in córdibus vestris: in caritáte radicáti et fundáti, ut póssitis comprehéndere cum ómnibus sanctis, quæ sit latitúdo et longitúdo et sublímitas et profúndum: scire étiam supereminéntem sciéntiæ caritátem Christi, ut impleámini in omnem plenitúdinem Dei.
 
Graduale. Cant. 8, 7. Aquæ multæ non potuérunt exstínguere caritátem, nec flúmina óbruent illam.
℣. Ps. 72, 26. Defécit caro mea et cor meum: Deus cordis mei, et pars mea Deus in ætérnum.
 
Allelúja, allelúja. ℣. Cant. 7, 10. Ego dilécto meo, et ad me conversio ejus. Allelúja.
 
Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Ps. 83, 3-4. Cor meum et caro mea exsultavérunt in Deum vivum.
℣. Étenim passer invénit sibi domum: et turtur nidum sibi, ubi ponat pullos suos.
℣. Altaria tua, Dómine virtútum: Rex meus et Deus meus.
 
Tempore autem Paschali omittitur Graduale, et ejus loco dicitur:
Allelúja, allelúja.
℣. Prov. 9, 5. Veníte, comédite panem meum et bíbite vinum, quod míscui vobis. Allelúja.
℣. Ps. 30, 20. Quam magna multitúdo dulcédinis tuæ, Dómine, quam abscondísti timéntibus te. Allelúja.
 
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
Matth. 11, 25-30.
    
In illo témpore: Respóndens Jesus, dixit: Confíteor tibi, Pater, Dómine cæli et terræ, quia abscondísti hæc a sapiéntibus et prudéntibus, et revelásti ea párvulis. Ita, Pater: quóniam sic fuit plácitum ante te. Ómnia mihi trádita sunt a Patre meo. Et nemo novit Fílium nisi Pater: neque Patrem quis novit nisi Fílius, et cui volúerit Fílius reveláre. Veníte ad me, omnes, qui laborátis et oneráti estis, et ego refíciam vos. Tóllite jugum meum super vos, et discíte a me, quia mitis sum et húmilis corde: et inveniétis réquiem animábus vestris. Jugum enim meum suave est et onus meum leve.
  
Offertorium. Zach. 9, 17. Quid bonum ejus est et quid pulchrum ejus, nisi fruméntum electórum et vinum gérminans vírgines?
 
SECRETA
Accépta tibi sint, Dómine, plebis tuæ múnera: et concéde; ut ignis ille divínus nos inflámmet, quo de Corde Fílii tui emisso beáta Margaríta María veheménter æstuávit. Per eúndem Dóminum.
 
Communio. Cant. 6, 2. Ego dilécto meo, et diléctus meus mihi, qui páscitur inter lília.
  
POSTCOMMUNIO
Córporis et Sánguinis tui, Dómine Jesu, sumptis mystériis: concéde nobis, quǽsumus, beáta Margaríta María Vírgine intercedénte; ut, supérbis sǽculi vanitátibus exútis, mansuetúdinem et humilitátem Cordis tui indúere mereámur: Qui vivis.

lunes, 8 de octubre de 2018

NOVENA EN HONOR A SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

Adaptación de la Novena dispuesta por un sacerdote de la Diócesis de León (Guanajuato), la cual Mons. Tomás Barón y Morales, Obispo de León, aprobó mediante decreto del 4 de Octubre de 1886, y concedió 40 días de Indulgencia por cada oración que la compone.
  
NOVENA EN HONOR A SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE
  
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ACTO DE CONTRICIÓN (Tomado de diversos escritos de Santa Margarita María)
¡Dios mío! Al considerarme tan pecador, tan mezquino y despreciable, me admiro con frecuencia de que la tierra no se abra bajo de mis pies para tragarme a causa de mis grandes pecados, que no me dejarían esperar más que castigos, si Vos no fueseis tan misericordioso. ¡Tened piedad, tened piedad de mí, Señor! ¿No sois omnipotente para curarme, Vos, que sois el remedio soberano de todos mis males? Yo espero que vuestro divino Corazón sea para mí una fuente inagotable de misericordia. Yo os amo, y quiero amaros sobre todas las cosas, y con todas mis fuerzas y potencias; detestando todo pecado, y esperando que puesto que soy todo vuestro, por haberme dado la vida en la Cruz, a costa de tantos dolores, tendréis piedad de mi flaqueza y miseria, y no permitiréis que me pierda. Bien veis, Señor, que yo no tengo con qué pagaros; consiento en que me arrojéis a una prisión, con tal que ella sea en vuestro Sagrado Corazón; y cuando yo esté allí, tenedme bien cautivo, ligado con las cadenas de vuestro amor, hasta que os haya pagado todo lo que os debo; y como esto no lo podré hacer jamás, así también, deseo no salir nunca de esa prisión. Amén.
   
ORACIÓN INICIAL - PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Adorable Trinidad, os damos gracias por todos los favores con que os dignasteis enriquecer a vuestra sierva la Bienaventurada Margarita María, y por intercesión de la misma os pedimos las gracias que deseamos conseguir en esta Novena.
  
Padre Eterno, yo os ofrezco el Corazón de Jesús, vuestro Hijo muy amado, como se os ofrece Él mismo en sacrificio. Recibid por mí esta ofrenda juntamente con todos los afectos y movimientos de ese Corazón Sagrado. Son todos míos, puesto que se inmola por mí, y no deseo tener en adelante más deseos que los suyos. Recibidlos en satisfacción de mis pecados y en acción de gracias por todos vuestros beneficios. Recibidlos para que por sus méritos nos concedáis a todos las gracias que necesitamos durante la vida y especialmente la gracia de la perseverancia final. Recibidlos como otros tantos actos de amor, de adoración y de alabanza que ofrecemos a vuestra divina Majestad, porque sólo por el Corazón de Jesús sois honrado y glorificado dignamente. Amén.
   
Rezar un Credo por la conversión de los pecadores.
  
DÍA PRIMERO - 8 DE OCTUBRE
¡Salve gloriosa Margarita María! Nosotros reverenciamos tu inocente niñez, en que por una disposición admirable de la Providencia Divina, no tuviste otro pensamiento ni otro amor que el de Dios, consagrándote a él con voto de castidad desde la tierna edad de cuatro años, aun sin comprender lo que era voto ni lo que era castidad; pero sintiéndote a ello suavemente impelida por la gracia del Señor. Dígnate, como te lo suplicamos, alcanzar a los niños la conservación de la inocencia, y a nosotros todos el horror al pecado, y el espíritu de penitencia para borrar con nuestras lágrimas todos los que hemos cometido. Amén.
   
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Nuestro Señor Jesucristo quiere retirar muchas almas de la perdición eterna, pues este Divino Corazón es como una fortaleza y un asilo seguro para todos los pobres pecadores que quieran refugiarse en él, y por este medio librarse de los golpes de la divina Justicia que, justamente indignada contra los culpables, caería sobre ellos como un torrente impetuoso a causa de los crímenes con que irritan su cólera divina.
  
Una cosa me consuela mucho, y es la esperanza que tengo de que, en compensación de las amarguras que este Divino Corazón sufrió en los palacios de los grandes durante las ignominias de su Pasión, esta devoción será recibida de ellos con magnificencia, andando el tiempo. Y cuando yo le presentaba con este fin mis humildes súplicas, pareciéndome esto muy difícil de obtener, me parecía oír estas palabras: “¿Crees tú que pueda yo hacerlo? Si lo crees, verás el poder de mí Corazón en la magnificencia de mi amor”. Y a medida que veo dichosos progresos: “¿No te he dicho que si puedes creer, verás el efecto de tus deseos cumplidos?”. Yo no sirvo sino de obstáculo por lo cual desearía salir de esta vida, aunque no ceso de aplicar al solo interés de la gloria de este Sagrado Corazón todo el bien que puedo hacer, y cuanto se hace por mí. Me da tales impulsos de reconocimiento por manifestarse así, que quisiera deshacerme en acciones de gracias. Este es un abismo de bienes, donde debemos perdernos para no gustar ya de ninguna cosa de la tierra». (Carta)

CONSEJO PRÁCTICO: «Debéis mirar siempre vuestra alma como un santuario donde Dios habita: ved por qué debéis evitar mancharla con ninguna falta».
      
ORACIÓN A SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE
¡Oh Santa Margarita María, que por una especial predilección fuisteis escogida de Dios para propagar la devoción y culto del Sacratísimo Corazón de su Hijo Santísimo! Por el encendido amor que os infundió el Espíritu Santo hacia el Divino Corazón de Jesús, por las grandes contradicciones y trabajos que sufristeis en llevar a cabo vuestra empresa, por los méritos eminentes y corona inmortal con que os halláis dichosamente adornada en la gloria, os suplico me alcancéis del Señor un amor ardiente, tierno y constante al Sagrado Corazón de Jesús, y que a imitación vuestra se haga mi corazón semejante al suyo; y que recibiendo copiosamente sus influencias, me consagre del todo a su amor y servicio y viva sólo para El, y muera en el seno de su amor, a fin de que mi alma pase a glorificarle eternamente en el cielo en vuestra compañía. Amén. Ahora se hará la petición, alentando la confianza de conseguir lo que se desea por intercesión de esta gloriosísima Santa, a quien su divino esposo Jesús ofreció no negar cosa que ella le pidiese.
  
GOZOS EN HONOR DE LA BIENAVENTURADA SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE
  
Un divino mercader
¡Oh Margarita!, te vio,
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Borgoña te dio la cuna,
De lo que hoy se gloría,
Y aplaude con alegría
Su verdadera fortuna:
Y Jesús desde el primer
Crepúsculo te miró.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Desde tu infancia primera
Te muestras santa futura,
Siempre te conservas pura
Y hermosa cual primavera:
Y Jesús, que quiere ser
Tu esposo, te regaló.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Las hijas de Santa Clara
Cuidan de tu educación,
Recibes la Comunión
Con la devoción más rara:
Y Jesús para crecer
En el fervor te auxilió.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Mundo, demonio y natura
Te declaran guerra fuerte,
Mas la gracia a socorrerte
Acude con gran premura:
Jesús te ha de sostener
Si tu fervor desmayó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Tu buena madre engañada,
Víctima de su candor,
Contigo sufre el rigor
De vivir esclavizada:
Te ve Jesús padecer,
Y tu paciencia le agradó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
    
La Madre del Salvador,
Que es de vírgenes modelo,
Te amó y cuidó con gran celo;
Tú respondiste a su amor,
Y Jesús, que con placer
Tal devoción observó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
La cruel flagelación
A tu vista se presenta,
Y una escena tan sangrienta
Te derrite en contrición:
Viendo a Jesús padecer,
Cruces pides, y te oyó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Te hace el Salvador oir
La divina vocación
Con que a la Visitación
Te llama; quieres partir:
¡Cuánto tienes que vencer!
Mas al fin Jesús triunfó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
La profesión religiosa
Haces, ¡y con qué fervor!
Y las glorias del Tabor
Jesús concede a su Esposa:
Tú prefieres padecer
Porque Jesús padeció.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
 
En oración recogida
Ves al Salvador radiante,
Y su Corazón amante
Te descubre por la herida:
Te sientes desfallecer,
Mas Jesús te confortó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Laméntase el Salvador
De que el hombre fementido,
Ingrato y desconocido
Se muestra a su fino amor:
Tú Víctima quieres ser,
Jesús por tal te aceptó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
En la dilección más pura
Tu corazón se abrasaba,
Del de Jesús imitaba
La humildad y la dulzura:
Desprecios quieres beber,
Y Jesús tu sed sació.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.

El Salvador te destina
A instalar la devoción
De su dulce Corazón,
Pues eres su amante fina:
Tu humildad te hace temer,
Pero Jesús te animó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
 
Con tus novicias empiezas
A plantear tal devoción,
Y Jesús con profusión
Ostenta nuevas finezas.
Satán ruge... estremecer
Hace... mas Jesús llegó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Al Corazón del Amado
Deseas verle reinar,
Y el mundo entero abrasar
En aquel fuego sagrado:
Que Jesús vino a prender
Cuando a la tierra bajó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Para ti es muerte el vivir,
Pues estás de amor herida,
Y para gozar la eternal vida
Solo ansías por morir:
Ves a Jesús descender,
Y de gloria te coronó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
¡Oh rico y precioso don
Que a sus hijas San Francisco de Sales
Predijo!; de amor raudales
Brotan de este Corazón;
Ven de esta fuente a beber,
Grey santa que Dios juntó.
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
   
Un divino mercader
¡Oh Margarita!, te vio,
Y su Corazón te dio
Para el tuyo poseer.
       
℣. Ruega por nosotros, bienaventurada Santa Margarita María.
℟. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
  
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, que admirablemente revelaste las inescrutables riquezas de tu Corazón a la bienaventurada Virgen Santa Margarita María, concédenos por sus méritos e imitación, amarte en todo y por sobre todas las cosas, para que merezcamos tener nuestra morada en tu mismo Corazón. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
DÍA SEGUNDO - 9 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Credo.
     
¡Salve gloriosa Margarita María! Nosotros reverenciamos tu juventud pasada casi de continuo en una fervorosa oración y en la práctica de toda clase de penitencias; soportando las burlas del mundo y las persecuciones de las gentes de tu propia casa, no oponiendo a todo eso más que una dulce sonrisa, una compasión amorosa y un absoluto perdón. Dígnate, como te lo suplicamos, obtener a cuántas personas sufren penas domésticas, la generosidad y dulzura para soportarlas, y a todos nosotros, la gracia necesaria para vivir en la paz y unión cristianas con las personas que nos rodean. Amén.
 
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Creo que nada podéis hacer que gane más la amistad del Sagrado Corazón de nuestro buen Maestro y que os haga más agradable en su presencia que el ser muy dulce y humilde, pero con una dulzura y humildad que os haga estar sumisa a todos y sufrir en silencio, estar alegremente y de buen grado las pequeñas humillaciones y mortificaciones que os vinieren, sin excusaros ni quejaros, pensando siempre que merecéis mucho más, reprimiendo valerosamente los sentimientos de la naturaleza inmortificada.
   
Cuando os vinieren deseos de excusaros, decid interiormente: “Jesús era inocente, y callaba cuando le acusaban, y yo que he sido tantas veces criminal, ¿osaré justificarme?”
  
Amad y honrad a los que os humillan o mortifiquen, mirándolos como vuestros mayores bienhechores. El Sagrado Corazón tendrá para vosotros un particular cuidado y amor si os mantenéis dentro de vosotros mismos, haciéndoos dulces y humildes en sufrir con constancia las contradicciones y humillaciones que son tanto más sensibles cuando más pequeñas sean en apariencias.

Vuestro empeño debe ser decir con resolución: “He aquí la hora de humillarme y de manifestar a Dios mi amor”». (Avisos particulares)
 
CONSEJO PRÁCTICO: «No conservéis jamás frialdad alguna con el prójimo, porque el Sagrado Corazón la tendrá con vosotros si lo hacéis así».

Pedir la gracia que se desea. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 10 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Credo.
     
¡Salve gloriosa Margarita María! Nosotros te reverenciamos llamada de un modo extraordinario por el Señor, al Monasterio de la Visitación, para acabar allí tu educación y consumar tu sacrificio en la dulce y fuerte escuela de San Francisco de Sales, dando allí los mas admirables ejemplos de humildad, de obediencia, de dulzura y del más completo y generoso sacrificio. Dígnate, como te lo suplicamos, alcanzarnos a todos la práctica de esas mismas virtudes, en el grado que a cada uno nos son necesarias para cumplir los deberes de nuestra respectiva vocación. Amén.
    
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Encomendándoos al Señor, –escribía a un alma probada-, me ha venido este pensamiento: “Que sea fiel en su camino, sufriéndolo todo sin quejarse, puesto que no puede ser el número de las perfectas amigas de mi Corazón sin ser antes probadas y purificadas en el crisol del sufrimiento”. Sufrid, pues, y contentaos con el agrado divino, al cual debéis estar siempre inmolada y sacrificada, con una firme esperanza y confianza de que el Sagrado Corazón no os abandonará, porque está más cerca de vos cuando sufrís que cuando gozáis.
  
Se nos ha dado la vida para sufrir, y se nos dará la eternidad para gozar. La cruz es la herencia de los elegidos en esta vida. Aunque Dios quiera salvarnos, es preciso que contribuyamos de nuestra parte, de otro modo no hará nada sin nosotros. Este es el tiempo de sembrar con fruto, para recoger una cosecha abundante en la eternidad. No os desaniméis; vuestras penas, padecidas con paciencia, valen mil veces más que toda otra austeridad». (Instrucciones).
 
CONSEJO PRÁCTICO: «Sufrir o gozar, todo debe sernos indiferente, con tal que se cumpla lo que agrada al Divino Corazón. Amar y sufrir en silencio es el secreto de los amantes de Jesucristo».

Pedir la gracia que se desea. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO - 11 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Credo.
     
¡Salve gloriosa Margarita María! Nosotros te reverenciamos como modelo acabado de la perfección monástica, admirando a la vez tu heróico desprendimiento en el Tabor de las santas visiones y místicas comunicaciones con que el Señor te recrea, y tu generosa fortaleza en el Calvario de los terribles sufrimientos y penas interiores con que Él mismo te prueba. Dígnate, como te lo suplicamos, alcanzarnos la gracia de recibir con igualdad de ánimo los acontecimientos prósperos o adversos que la Providencia nos enviare, y que besemos con el mismo amor su bendita mano, sea que nos acaricie o nos castigue. Amén.
 
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Hablando de obediencia, dice así: En el interior, obedeceréis fielmente a los movimientos de la gracia por los actos de las virtudes, y en el exterior, obedeceréis amorosamente a aquellos que tienen poder de mandaros, pensando en estas palabras: “Jesucristo fue obediente hasta la muerte de Cruz”; quiero pues, obedecer hasta el último instante de mí vida.
  
Vuestra obediencia serán para honrar las de Jesucristo en el Santísimo Sacramento; si sois fiel en hacer la voluntad de Dios en el tiempo, la vuestra se cumplirá por toda la eternidad. En verdad, me parece que toda la dicha de un alma consiste en hacer la voluntad de Dios: en esto encuentra nuestro corazón su paz, nuestro espíritu con Él; y yo creo que es el verdadero medio de hacer nuestra voluntad, porque su amorosa bondad se complace en contentar al alma, en la cual no halla resistencia». (Carta).
 
CONSEJO PRÁCTICO: «Sometámonos con alegría a las órdenes de nuestro Soberano y confesemos que, por más que sus pruebas nos parezcan duras, Él es bueno y justo en todo lo que hace, y merece en todo tiempo alabanza, amor y gloria».

Pedir la gracia que se desea. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO - 12 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Credo.
     
¡Salve, gloriosa Margarita María! Nosotros te reverenciamos como el dulce instrumento preparado durante veintitrés años con inefables gracias, por la Providencia Divina, para la grande misión que iba a confiarte, de ser la confidente de los secretos del amante corazón de Jesús, y la encargada de revelarlos al mundo. Dígnate, como te lo suplicamos, alcanzarnos una completa docilidad a la voluntad divina, para que dejándonos conducir por sus determinaciones, cumplamos fielmente la misión que a cada uno nos tuviere encomendada. Amén.
 
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Pidamos sin cesar a este amable Corazón que se haga conocer y amar, y que derrame sus misericordias sobre todos aquellos que recurran a Él, encomendándole las necesidades públicas. ¡Cuán poderoso es este Sagrado Corazón para apaciguar la cólera de la justicia divina que la multitud de nuestros pecados ha irritado, atrayendo sobre nosotros todas las calamidades que nos afligen!
  
Las oraciones comunes tienen gran poder cerca de este Divino Corazón, el cual contiene y aparta los rigores de la justicia divina, poniéndose entre ella y los pecadores para obtener misericordia.
“Me parece que el gran deseo que tiene Nuestro Señor de que su Sagrado Corazón sea honrado con algún homenaje particular, es con el fin de renovar en las almas los efectos de su Redención, haciendo de este divino Corazón un segundo Mediador entre Dios y los hombres, cuyos pecados se han multiplicado de tal manera, que es necesaria toda la extensión de su poder para obtenerles misericordias y las gracias de salvación y santificación que tanto deseo tiene de derramar con abundancia”». (Carta).

CONSEJO PRÁCTICO: «Aprended a dejaros y olvidaros con un pleno abandono en manos de la Providencia, y estad en el Corazón de Jesús como una estatua en manos de su escultor, la cual deja que la labren cortando y quitando de ella cuanto quiere al artista que la perfecciona».

Pedir la gracia que se desea. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA SEXTO - 13 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Credo.
     
¡Salve, gloriosa Margarita María! Nosotros te reverenciamos en aquellos instantes solemnes, en que por primera vez el Señor se te aparece mostrándote su divino Corazón todo radiante y brillando más que el sol, visible allí la llaga del costado, rodeado de una corona de espinas y ostentando sobre él una cruz, y diciéndote lo apasionado de amor que está por los hombres y el deseo que lo consume de difundir en el mundo, por tu medio, las ardientes llamas de su caridad. Dígnate, como te lo suplicamos, obtenernos una verdadera devoción hacia el Corazón divino, para alcanzar aquellas gracias que te prometió dar en esta vida a sus devotos; a los pecadores el dolor y el perdón, a las almas tibias el fervor, y a las almas fervorosas grandes adelantos en la perfección. Amén.
 
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Podéis considerar al Sagrado Corazón de Jesús como un divino conducto por donde sale sin cesar el manantial de aguas vivas para regar el jardín de vuestra alma, donde las flores de las virtudes están tan ajadas, que sólo con este riego cobrarán su natural belleza, para que vuestra alma sea el jardín de sus delicias. Suplicadle que después de ser un manantial de aguas vivas, sea también un sol divino, siempre brillante y abrasador que, calentándose, os haga crecer en virtudes y disipe las nueves y tinieblas de vuestra alma.
  
Otras veces, miráos como un árbol plantado en la corriente de las aguas que da el fruto a su tiempo, el cual cuanto más combatido es por los vientos, más introduce sus raíces en la tierra; de la misma suerte, cuanto más combatida seáis por el viento de las tentaciones, más debéis introducir las raíces de una profunda humildad en el Corazón, exige de sus amigos la pureza de intención, la humildad en las obras, y la unidad en las pretensiones; la pureza de intención y de corazón hará que seáis objeto de sus complacencias, la humildad le hará reinar en su amistad; y la caridad os hará reinar a vos en este Corazón adorable». (Avisos particulares).
 
CONSEJO PRÁCTICO: «Es preciso obrar de tal suerte, que vuestra virtud se adelante como la resplandeciente aurora, hasta la perfección del día».

Pedir la gracia que se desea. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA SÉPTIMO - 14 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Credo.
     
¡Salve, gloriosa Margarita María! Nosotros te reverenciamos en aquellos instantes solemnes, en que por segunda vez el Señor se te aparece, con sus cinco llagas brillantes como cinco soles, todo rodeado de llamas, dejándote ver su muy amante y amable Corazón, que era la viva fuente de esas llamas. Dígnate, como te lo suplicamos, obtenernos una ferviente devoción hácia el Corazón divino, para alcanzar aquellas gracias que te prometió dar a la hora de la muerte a sus devotos; ser su refugio seguro contra el demonio que en aquellos momentos redobla sus esfuerzos, y una garantía para los rigores del juicio de Dios. Amén.
 
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Nuestro Señor me hizo conocer que no podía hacer oración que más agradable le fuese en aquel santo tiempo del Jubileo, que pedir en su nombre tres cosas:
  • La primera, ofrecer a su Eterno Padre las satisfacciones que Él dio a su Justicia, clavado en la Cruz en favor de los pecadores rogándole hiciese eficaz el mérito de su Preciosísima Sangre para todas las almas criminales a quienes el pecado ha dado la muerte, y que, resucitándolas a la gracia, puedan ellas glorificarle eternamente.
  • La segunda, ofrecerle los amorosos incendios de su Divino Corazón para satisfacer por la tibieza y flojedad de su pueblo escogido, pidiéndole que por el encendido amor que le hizo sufrir la muerte, se digne calentar los corazones tibios en su servicio y abrasarlos en su amor, para que puedan glorificarle eternamente.
  • La tercera, ofrecer la sumisión de su voluntad a su Eterno Padre, pidiéndole por sus infinitos merecimientos las consumación de todas sus gracias y el cumplimiento de su divina voluntad y de todos sus deseos». (Vida, por los contemporáneos)

CONSEJO PRÁCTICO: «Cuidad mucho de no juzgar ligeramente a nadie, ni acusar o desaprobar cosa alguna que no os incumba, a fin de que vuestra lengua, destinada únicamente a bendecir y alabar al Señor, sea como el medio para que Él penetre con frecuencia en vuestro corazón, y no sea jamás instrumento de Satanás, para envenenar vuestra alma».

Pedir la gracia que se desea. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO - 15 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Credo.

¡Salve, gloriosa Margarita María! Nosotros te reverenciamos en aquellos instantes solemnes, en que por tercera vez el Señor se te aparece, y descubriéndote su Corazón te dice: «He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, y en cambio no recibe de la mayor parte de ellos más que ingratitudes». Dígnate, como te lo suplicamos, obtenernos el que no seamos del número de los ingratos al amor de Jesús, sino antes al contrario, encendidos en su caridad, alcancemos aquella gracia que te prometió dar para la vida eterna a sus devotos: el escribir el nombre de ellos en su Santísimo Corazón, y no borrarlo nunca de allí. Amén.
 
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Un viernes, durante la Santa Misa, sentí un gran deseo de honrar los sufrimientos de mí Divino Esposo crucificado. Entonces me respondió con mucho amor que deseaba que todos los viernes le adorase treinta y tres veces en el árbol de la Cruz, que es el trono de su misericordia, postrándose humildemente a sus pies y procurando mantenerme en las mismas disposiciones en que se encontraba la Santísima Virgen en el tiempo de su Pasión; ofreciendo todo esto al Padre Eterno, junto con los padecimientos de su Divino Hijo, para pedirle la conversación de los corazones endurecidos. A todos aquellos que fueren fieles a esta práctica les será favorable en la hora de su muerte.

Otra vez, me enseñó tres disposiciones que convendría llevásemos a los tres ejercicios más importantes que tenemos.
  • El primero, la Santa Misa, que debería oír en las disposiciones en que se hallaba la Santísima Virgen al pie de la Cruz.
  • El segundo, la Sagrada Comunión, que debía ofrecerle en las disposiciones en que estaba esta Señora en el momento de la Encarnación, procurando penetrar en ellos lo más que me fuese posible, pidiéndolas por su intercesión, y diciendo con ella: “He aquí la esclava del Señor”.
  • El tercero, la Oración; debía ofrecer las disposiciones de la Santísima Virgen cuando fue presentada en el Templo».
(Vida, escrita por los contemporáneos)
 
CONSEJO PRÁCTICO: «Cuando sintáis turbado vuestro corazón por alguna contrariedad o humillación decid con frecuencia: “Dulzura del Corazón de Jesús, pacificad mi corazón”».

Pedir la gracia que se desea. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 16 DE OCTUBRE
Por la señal...
Acto de Contrición, Oración inicial y Credo.
     
¡Salve, gloriosa Margarita María! Nosotros te reverenciamos cuando después de haber cumplido tu misión de hacer que el Sagrado Corazón de Jesús, fuente de toda caridad, recibiera de los hombres toda la honra y adoraciones que de tu celo dependían, consumida, no tanto por la enfermedad, cuanto por el fuego de la caridad, rompiste las ligaduras terrenales, para volar a las bodas celestiales del Cordero inmaculado. Dígnate, como te lo suplicamos, obtenernos el que practiquemos la devoción al Sacratísimo Corazón de Jesús, de una manera exterior, interior y pública: reverenciando sus imágenes, uniendo nuestro corazón al suyo, y procurando difundir su culto y la confianza en su poder, para hacernos dignos de que derrame con abundancia sobre nosotros las riquezas de su amor, conforme a la promesa solemne que te hizo. Amén.
 
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
MEDITACIÓN DE LOS ESCRITOS DE LA SANTA
«Jesucristo es el solo y verdadero Amigo de nuestros corazones, que han sido creados para solo Él; por esto no pueden hallar alegría, reposo ni hartura sino en Él.

Este divino Amor, que reposa sobre nuestros altares, no nos predica más que amor, a fin de que, por Él mismo, podamos tributarle todo el amor que espera de nosotros. Amor fuerte, que no se deja abatir; amor puro, que ama sin mezcla alguna de interés; amor crucificado, que no goza más que en el sufrimiento para conformarse con su Bien Amado; amor de preferencia, de olvido, de abandono de sí mismo, para dejar obrar a Él, para dejarle cortar, abrasar, anonadar en nosotros cuanto le desagrade, siguiéndole a ciegas, sin detenernos a mirar y reflexionar sobre nosotros mismos, para ver lo que hacemos». (Cartas).
  
CONSEJO PRÁCTICO: «Haréis treinta y tres comuniones espirituales y una Sacramental para reparación de honor al Sagrado Corazón de Jesús, implorando el perdón por todas las comuniones mal hechas, tanto por vos como por los malos cristianos».

Pedir la gracia que se desea. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

jueves, 24 de julio de 2014

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY (llamado a los Apóstoles de la vida interior)

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
   
XII De los apóstoles de vida interior
  
Especialmente dedicada a aquellas almas que, deseando ardientemente ser “apóstoles del Corazón de Jesús”, y no pudiendo por razones de salud, de edad o de situación ejercer un apostolado activo, de acción exterior, pueden y deben ser apóstoles del Reinado Social del Corazón de Jesús, mediante la Oración, el Sacrificio, la Eucaristía y el Amor. Esta Hora Santa la recomendamos y ofrecemos muy particularmente a aquellas Comunidades religiosas que se interesan con tanto celo en extender o en afianzar el Reinado Social del Sagrado Corazón.
  
LAS ALMAS: Jesús adorable y amantísimo. Tú mismo, en tu gran misericordia, nos has escogido y nos llamas amorosa e imperiosamente para que participemos de la gloria incomparable de los predicadores y misioneros de tu Corazón adorable...
  
¡Gracias, Jesús!
  
Sin merecerlo nosotros, lejos de ello, Señor, nos has elegido a fin de que, íntimamente y sólo a tu vista, seamos en secreto, sin parecerlo exteriormente, pescadores de almas y conquistadores de familias para el Rey de amor que Tú eres...
  
¡Gracias, Jesús!
   
En tu nombre, pues, Señor, e investidos de tu omnipotencia redentora..., creyendo con una fe inmensa en tu amor y en tus promesas soberanas, arrojaremos en plena noche, y sin trepidar, las redes de tu caridad... y ciertos estamos que un día, a la hora marcada por tu misericordia, esas redes se romperán al peso abrumador y delicioso de la pesca milagrosa prometida... Sin ver tal vez ostensiblemente, sin constatarlo siempre exteriormente, estamos convencidos, ¡oh, Amor de amores!, que el gran milagro lo harás, Jesús... El éxito sobrenatural, divino, de nuestro apostolado será un hecho... un hecho el prodigio de tu gracia y de tu amor... Esto porque eres Jesús... porque vivimos la hora providencial y espléndida de tu Sagrado Corazón..., y porque este Pentecostés victorioso que debe entronizarte como Rey de amor en las almas, en las familias y en las sociedades, Tú lo prometiste, Maestro divino, a tu confidente Margarita María...
       
Ella, Jesús, desempeñó su misión, hablando apenas..., pero la realizó maravillosamente, amando y sufriendo, dándose toda a tu Divino Corazón, y por este camino oscuro y misterioso fue el dócil instrumento de tus adorables designios... Como ella, pues... por ese mismo camino... imitando a tu discípula muy amada, queremos, con un apostolado intenso e íntimo, predicar e irradiar la gloria de tu Corazón misericordioso.
     
Y aunque no lo merecemos, Jesús, otórganos la gracia inapreciable de alistarnos todos, ¡oh, sí, todos!, en las filas de aquella falange, mil veces escogida, que en nuestros tiempos lucha resueltamente para apresurar el triunfo íntimo y social de tu Corazón adorable, en los corazones, en los hogares y en los pueblos todos de la tierra...
     
Te lo pedimos por María Inmaculada, Medianera indispensable y Reina del Cenáculo... Por Ella te rogamos que multipliques donde quiera el núcleo predestinado de aquellas almas que, como Moisés, tienen por misión el sostener los brazos fatigados de los soldados, de los apóstoles de la vida activa, soldados que luchan sin tregua ni reposo... y que seguirán luchando sin desmayo mientras no ondee victoriosamente entronizada tu bandera en millares de hogares y en las naciones cristianas...
      
A eso venimos esta tarde, Maestro de luz, para aprender de tus labios divinales la lección magnífica, suprema de apostolado... A través de las rejas de la prisión de tu Sagrario, contempla, pues, y bendice esta falange de oración y sacrificio... Mira complacido esta legión de Cireneos-apóstoles... Consagra, Tú mismo, para tu gloria, Jesús-Hostia, estas partículas de hostia... No calles, Señor, pues se trata de tu gloria, comprometida en esta gran empresa de amor... Habla, Maestro de caridad, y derrama sobre nosotros, las luces y las llamas prometidas a los apóstoles de tu Divino Corazón... Habla, Maestro adorable.
     
(Pidamos con gran fervor la gracia inestimable de saborear y de penetrarnos de las sublimes enseñanzas que el Señor quiere darnos en esta Hora Santa, de tanto y tan excepcional interés para el reinado de su Sagrado Corazón... En silencio, pues, hagamos a este efecto una breve, pero fervorosa oración).
      
JESÚS: Levantad los ojos, amigos del alma, y contemplad la cosecha que os espera, madura ya y dorada... Esos campos os aguardan... Sí, sabedlo vosotros, ya que tantos lo ignoran, por desgracia: el apostolado no es el privilegio exclusivo, ¡oh no!, de sembradores y de obreros activos... ¿Sabéis quiénes son los que de veras trabajan en los campos de mi Padre celestial?... Aquellas almas cálidas que, llenas hasta los bordes de mi sangre y de mi vida, rebasan y derraman a raudales la superabundancia de sus corazones hechos ascuas...
   
¡Ea!... Venid, pues, vosotros todos..., seguidme y os daré trabajo de apostolado en mi viña... ¡Oh!, pedidme en esta Hora Santa que encuentre en todas partes y que envíe para redención del mundo gran número de apóstoles como vosotros, apóstoles de acción interior y silenciosa...
   
No creáis, hijitos míos, que lo que falta principalmente para hacer el bien, sean hombres de ingenio y de palabra fácil y elocuente, no... Me faltan apóstoles en cuyos corazones, en cuya vida interior más intensa, resuene victoriosa la Palabra eterna, el Verbo Divino que soy Yo mismo... Más que lenguas de brillo, quiero, pido, necesito, almas de fuego...
  
Sabedlo y decidlo: aquellas almas que me aman con amor ardiente, apasionado, irradian siempre, sin saberlo ellas mismas muchas veces, el amor que las devora... Yo mismo siembro a distancia el fuego que consume la zarza ardiente de esos corazones... Meditad, si no, hijitos, el apostolado del Corazón de mi Madre... ¿Quién más que Ella me dio a conocer y me hizo amar?... ¡Esto porque ningún corazón como el suyo supo amar!...
     
¡Oh!, aprended esta lección de fecundidad divina: se me predica..., se me da inmensa gloria, se trabaja en el verdadero espíritu de mi apostolado, no siempre en la medida en que es grande el trabajo, y el vértigo de la acción exterior..., pero sí, siempre, en proporción con la intensidad de vida íntima, de vida interior... Entronizadme en ella sobre todo... Meditad, apóstoles míos, esta gran palabra: En la medida en que un alma se me da y se consagra a Mí... Yo me doy por ella y a través de ella a muchas almas...
   
Ella, la interesada en mi gloria, no lo sabe siempre, es cierto, no lo siente ni lo ve, pues yo le oculto con cuidado el secreto de su fecundidad maravillosa... Se la revelaré después, con gran sorpresa suya, en los umbrales de mi cielo...
   
El Apostolado ejercido por la oración abre el surco, engendra nuevas vocaciones, convierte muchos y grandes pecadores.
  
Oídme con amor, hijitos... ¿Quiénes creéis que son los esforzados obreros de mi viña que abren el surco y preparan el terreno que debe ser sembrado? ¿Lo sabéis?... ¡Ah, son aquéllos, sobre todo, que poseen la ciencia de saber orar en unión muy íntima con mi Sagrado Corazón!... ¡Oh, qué obreros aquéllos! ¡Qué bien hacen la difícil labor de despejar y de abonar el terreno..., de agrandarlo y extenderlo, comprando, con el tesoro de sus fervientes oraciones, nuevos y magníficos campos para mi gloria!... Mis ángeles son, invisiblemente, los instrumentos de esta labor espléndida... de verdadero prodigio... ¡Ah, pero son las almas interiores, las almas de oración, las que en realidad han obrado ese prodigio!
    
Por desgracia son muchos más, en general, los que trabajan en el afán exterior de las obras, que los que las fecundizan con la oración... Por esto acudo esta tarde a vosotros mis predilectos, a vosotros, que por gracia de misericordia tenéis luz divina para comprender estas cosas, para apreciar y utilizar la lección de apostolado sublime que os di en Nazaret...
     
¡Ah, en la casita humilde de mi Madre y a su lado, en Nazaret, he predicado durante treinta largos años!... Ahí, en ese santuario de silencio era ya el Salvador, y en unión con María preparaba ya mi apostolado público y mis milagros.
          
Sí, en Nazaret hice la elección de mis futuros apóstoles y eché las bases de mi Iglesia... En Nazaret, orando constantemente a mi Padre, preparé la Pascua de la Cena y del Calvario; en Nazaret dispuse la Pascua eterna y gloriosa de mis santos, mis mártires y mis apóstoles...
      
¡Ah!... Si supieseis qué deseo siento que esta gran idea sea el alimento cotidiano y sólido de las casas de oración y de retiro... el pan de cada día de las almas que me estáis especialmente consagradas.
         
¡Cuánto anhelo que se alimenten con este pan substancial mis amigos de Betania, aquellos hogares que son el santuario de mi Divino Corazón!... ¡Sí, Yo quiero y pido que en esas Betanias de mi amor se comprenda y se ejerza, a imitación mía, el Apostolado de Nazaret!...
     
Orad, pues, hijos y amigos de mi Sagrado Corazón... orad a fin de transformaros todos, absolutamente todos, en apóstoles, en precursores de mi gran victoria social; preparadla orando.
       
Orad..., orad constantemente, porque este apostolado vuestro, prepara ya, y engendrará mañana en los hogares de mi Divino Corazón los pregoneros y heraldos de su gloria...
     
Orad..., orad con una confianza a toda prueba, inmensa, pues vuestras plegarias se convertirán, no lo dudéis, en un Pentecostés de fuego que inflamará a muchos tibios... que despertará a un sinnúmero de apáticos e indiferentes... Y más todavía, mucho más; vuestra oración fervorosa y sostenida romperá el granito, el corazón endurecido de grandes pecadores...
      
No siempre veréis o palparéis sensiblemente este milagro..., pero Yo lo haré, os lo prometo... Os ocultaré con frecuencia esta maravilla para aumentar con el mérito de vuestra fe, la gracia, la fuerza sobrenatural mediante la cual redimiréis un gran número de extraviados..., de pródigos desventurados...
    
Orad con fe inquebrantable... Orad en unión con mi Divino Corazón y salvad a un mundo que perece, no por faltarle Profetas, que ya no necesita, sino almas de oración... Rogad, pedid que mi Padre envíe esos obreros indispensables a mi viña... Obtened esos apóstoles de fuego, a fuerza de gemidos y de súplicas... Ahí tenéis la tierra..., os la confío para conquistarla por la potencia irresistible de vuestras plegarias y de vuestra vida interior...
     
Hablad a mi Padre, vuestro Padre; hacedle violencia en el secreto de vuestras habitaciones y a los pies del santo Tabernáculo...
     
¡Oh, hijitos y apóstoles míos!... orad con fe y amor capaces de transportar montañas... orad y labraréis la gloria que me es debida... gloria que depende de vosotros y que confío a vuestro celo como un depósito sagrado...
     
(Pausa)
   
LAS ALMAS: Señor Jesús, al recibir de tus labios de verdad y de amor la lección que acabas de darnos, nuestras almas, sedientas de gloria divina y que anhelan tu reinado, han sentido despertarse emociones, alientos y esperanzas que sólo Tú puedes provocar...
   
Bien sabes, Maestro, cuán intenso es nuestro deseo de servir en la cruzada que está realizando los designios de tu gran misericordia.
   
Te confesamos, Señor, ingenuamente que hasta ahora, habíamos sentido una legítima envidia al contemplar a distancia de nosotros, y desde nuestra impotencia, aquellos gigantes del apostolado exterior... tantos trabajadores esforzados de tu viña... tantos dichosos sembradores de amor que, de un tiempo a esta parte, recorren el mundo como un huracán de fuego divino... “Quién pudiera lo que ellos”, nos decíamos, Jesús, sedientos de gloria...
     
¡Oh!, gracias, Señor, por habernos asentado en una paz deliciosa al asegurarnos Tú mismo que, aunque no podamos servir como ellos en la tarea activa..., como ellos, y si lo queremos, mejor que ellos, podemos contribuir a dilatar las conquistas de tu amor, y que, en silencio y en acción muy íntima, contaremos entre los mejores apóstoles del Cenáculo, bajo el manto y bajo las inspiraciones de María, la primera sembradora de tu amor...
       
Te bendecimos con efusión del alma por ellos, Señor, y en testimonio sentido por gracia tan insigne como inmerecida, dígnate aceptar ahora mismo una plegaria como las primicias de nuestro apostolado de oración...
       
“Hijo dulcísimo de María Inmaculada, escúchanos benigno, Jesús de Nazaret, Salvador del mundo desde el seno de la Virgen Madre... dígnate aceptar como una oración de apostolado ardiente nuestros más íntimos deseos, todos nuestros pensamientos, las palpitaciones todas de nuestros corazones pobrecitos, y toda aquella vida secreta del alma que escapa a la vista y al juicio de los hombres, y que Tú sólo puedes penetrar... Tómala de manos de la divina Nazarena y recíbela en petición de tu gloria, ¡oh, Rey del amor!; pero, en cambio: ¡venga a nos tu reino, así en la tierra como en el cielo!”.
(Todos) Venga a nos tu reino, así en la tierra como en el cielo.
    
Jesús de Nazaret, Pacificador del mundo desde la cuna de Belén en la noche venturosa de Navidad y en el trono amoroso de los brazos de María, dígnate aceptar como una oración de apostolado ardiente, las sonrisas y las lágrimas de los niños... sus primeras sonrisas y besos y aquellas primeras plegarias que los pequeñitos aprenden a balbucear en las rodillas de sus madres... Acepta de manos de la divina Nazarena ese néctar de cariño, inocente, ¡oh Rey de amor!, que brota de los labios de tus Benjamines, tus preferidos, porque pequeñitos, pero, en cambio: ¡venga a nos tu reino, así en la tierra como en el cielo!
(Todos) Venga a nos tu reino, así en la tierra como en el cielo.
    
Jesús de Nazaret, Libertador del mundo desde el taller humilde de tu Padre adoptivo, acepta como una oración de apostolado ardiente nuestra vida cotidiana... tantos trabajos y preocupaciones corrientes, inevitables, de la vida familiar... En unión con la divina Nazarena, te ofrecemos aquellas cruces insignificantes... aquellos éxitos sin brillo, y los demás detalles, incidentes y quehaceres que constituyen el camino vulgar y ordinario de la vida... Acepta, ¡oh Rey de amor!, todo cuanto en ella sea hermoso y bueno, sencillo y pobre; pero, en cambio: ¡venga a nos tu reino, así en la tierra como en el cielo!
(Todos) Venga a nos tu reino, así en la tierra como en el cielo.
    
Jesús de Nazaret, Redentor de un mundo desde las soledades del desierto, rescatando ya las almas en aquel retiro misterioso de cuarenta días..., dígnate aceptar como una oración de apostolado ardiente todas nuestras oraciones... todas las inspiraciones y movimientos de la gracia... Jesús, para Ti, para tu gloria, ¡oh Rey de amor!, ese tesoro pobrecito, te lo ofrecemos por manos de la Inmaculada, la divina Nazarena...; pero, en cambio: ¡venga a nos tu reino, así en la tierra como en el cielo!
(Todos) Venga a nos tu reino, así en la tierra como en el cielo.
    
(Y ahora ratifiquemos este ofrecimiento en el silencio de una plegaria fervorosa e íntima).

(Pausa)

Apostolado doliente de sacrificio. Con sangre del alma se riega y fecundiza la simiente. Con él se completa y perfecciona la labor de predicadores y misioneros.
   
Nadie, por cierto, mejor que Margarita María podrá revelarnos tanto la belleza como la fecundidad divina del apostolado doliente; esto es el de inmolación y sufrimiento por el reinado del Corazón de Jesús... El Salvador en persona enseñó a su confidente y apóstol esta ciencia altísima; Él mismo la instruyó acerca de la aplicación misteriosa y del mérito inmenso de este apostolado de sacrificio y de cruz, apostolado característico y propio de la devoción a su Sagrado Corazón.
     
Escuchemos, pues, a Margarita María con la santa emoción con que ella a su vez escuchó las enseñanzas de Jesús mismo; las palabras de la confidente mil veces venturosa, serán por cierto, el eco fiel de la voz del Maestro muy amado.
  
ENSEÑANZAS DE MARGARITA MARÍA: Ya que me llamáis, aquí estoy... Pero al mismo tiempo que vosotros, el Rey de amor me pide y me manda que me acerque a vosotros, los apóstoles de su Sagrado Corazón, a vosotros mis hermanos en la misma vocación de amor y de apostolado...
      
Quiero repetiros, pues, la lección maravillosa y fecunda que, en su gran misericordia, quiso el Señor hacer a ésta su humilde discípula. ¡Oídme!... ¡Ahí, si pudiera yo revelaros la gloria, toda la inmensa gloria con que el Rey de reyes ha querido cubrirme por eternidad de eternidades, y esto porque Él mismo se dignó inclinarse hacia mí y poner sus ojos en la pequeñez y pobreza de su sierva!...
    
En verdad, Aquel que es la grandeza me ha hecho grande, recogiéndome de entre el polvo para convertirme en el instrumento de sus designios misericordiosos... Y qué hice yo?... Darle mi corazón, dárselo entero en cambio del suyo adorable, a fin de que hiciese conmigo, incondicionalmente, lo que Él deseara para establecer y dilatar en el mundo entero el reinado de amor de su Sagrado Corazón...
   
Y porque Él es la misma bondad dignóse aceptar la ofrenda de mi corazón con todos sus inmensos deseos, y con él, mi amor y mi vida, ofrecida y consagrada sin reservas a su gloria...
   
¿Queréis saber ahora, hermanos muy amados, lo que hizo Jesús conmigo para adaptarme a la misión que había de confiarme?... Me inspiró, al mismo tiempo que una sed abrasadora de inmolarme, la capacidad divina de sufrir..., de vivir muriendo de amor para hacer conocer y amar al Amor que no es amado.
          
Desde ese momento hasta mi último suspiro todo mi apostolado consistió principalmente en abrazarme gozosa a la cruz y en abandonarme amorosamente al Crucificado divino con gratitud de alma y con sed inmensa de su gloria.
          
Que si a veces quiso el Señor que escribiera pidiendo y reclamando en nombre suyo el homenaje de amor a su Corazón adorable, esas cartas fueron victoriosas, y siguen siéndolo para su gloria, únicamente porque hube de escribirlas con sangre del alma y en el martirio de mi corazón crucificado.
     
Por ese mismo camino, sobre todo por ese camino, vosotros también, no lo dudéis, labraréis a pesar de Satán y sus secuaces, el pedestal de victoria del Rey de amor... Apóstoles del Corazón de Jesús, bendecidlo, pues Él mismo os ha elegido para que coronéis, en forma espléndida, la misión inicial que me fue confiada a mí...
       
Que si por una dignación de misericordia incomparable, quiso el Señor designarme para instrumento de su gloria en la primera etapa, cuando el sol del Corazón de Jesús se levantaba apenas en su primera aurora..., ahora que ese Sol divino ha rasgado las nubes, sois vosotros, sabedlo, sí, vosotros los felices precursores de su Reinado social, los que por senda de inmolación amorosa debéis afianzar su victoria... ¡Ah, pero no os engañéis; vuestro apostolado será maravillosamente fecundo sólo en la medida en que os penetréis vosotros mismos del Evangelio que el Maestro Divino nos predicó, a vosotros y a mí, en el Calvario y en Paray le Monial..., evangelio de cruz, abnegación y sacrificio!...
     
¡Oh, aprended, pues, ante todo, la ciencia sublime de sufrir..., sí, de sufrir amando y de cantar sufriendo para gloria del Divino Corazón!... ¿Recordáis cuánto deseaba Él ser bautizado con bautismo de sangre..., y ser levantado en el patíbulo de una Cruz para atraerlo irresistiblemente todo desde ese trono de sangre a su Sagrado Corazón?
      
Pues proceded así también vosotros los dichosos mensajeros de su amor, dejaos atraer desde el Calvario a su Calvario, sin vacilaciones ni cobardías..., ceded al imán de su Corazón crucificado... Y no temáis..., porque Aquel que os ha inspirado el deseo ardiente, y el querer, sabrá también daros el poder con gracia superabundante...
        
Acercaos, pues, al Tabernáculo del Rey de amor..., venid, llevándole gozosos, en ofrenda de apostolado, las dolencias del cuerpo enfermo... Ofrecedle como rico tesoro... flaquezas dolorosas de una salud quebrantada... Presentadle este precioso obsequio, y colocándolo en la herida de su Corazón adorable, decidle con toda resignación, con celo ardiente y con amor apasionado: “Acepto confundido, Señor, la gloria inmerecida de sufrir por amor..., y el honor incomparable de ser una partícula de la Hostia redentora que eres Tú mismo, Jesús... Pero, en recompensa, sana las almas enfermas, y en cambio de este nuestro Calvario, sube al Tabor de tu gloria, Jesús”.       
(Todos) Sube al Tabor de tu gloria, Jesús.
     
Acercaos al Tabernáculo del Rey de amor... y trayéndole gozosos en ofrenda de apostolado tantas torturas de vuestro espíritu... Ofrecedle como rico tesoro vuestras ignorancias... vuestras tinieblas y tantas zozobras crueles. Presentadle confiados este obsequio precioso, y colocándolo en la herida de su Corazón adorable, decidle con toda resignación, con celo ardiente y con amor apasionado: “Acepto confundido, Jesús, la gloria inmensa de sufrir por amor... y el honor incomparable de ser una partícula de la Hostia redentora que eres Tú mismo, Jesús... Pero, en recompensa, cura a tantos ciegos de espíritu..., ¡oh!, dales tu luz salvadora..., y en cambio de este nuestro Calvario, sube al Tabor de tu gloria, Jesús”.
(Todos) Sube al Tabor de tu gloria, Jesús.
     
Acercaos al Tabernáculo del Rey de amor, venid trayéndole gozosos en ofrenda de apostolado todas las penas, y las amarguras todas del corazón... Ofrecedle como rico tesoro las tristezas y los duelos, las decepciones y las injusticias... Presentadle confiados este obsequio precioso y colocadlo en la herida de su Corazón adorable... Decidle con toda resignación, con celo ardiente y amor apasionado: “Acepto, confundido, Señor, la gloria inmerecida de sufrir por amor..., y el honor incomparable de ser una partícula de la Hostia redentora que eres Tú mismo, Jesús... Pero, en recompensa, sana y convierte tantos Corazones extraviados, pervertidos, que mueren lentamente, distanciados de Ti, y en cambio de este nuestro Calvario, sube al Tabor de tu gloria, Jesús”.
(Todos) Sube al Tabor de tu gloria, Jesús.
     
Acercaos al Tabernáculo del Rey de amor... venid trayéndole gozosos en ofrenda de apostolado las muchas y continuas preocupaciones que os asedian en el orden moral y también material..., ofrecedle especialmente, todos nuestros sinsabores de hogar... Presentadle confiados ese obsequio precioso, y colocándolo en la herida de su Corazón adorable, decidle con toda resignación, con celo ardiente y con amor apasionado: “Acepto confundido la gloria inmerecida de sufrir por amor..., y el honor incomparable de ser una partícula de la Hostia redentora que eres Tú mismo, Jesús... Pero, en recompensa, cura a los pródigos del hogar querido, bendice con ternura esas familias atribuladas, y en cambio de este nuestro Calvario, sube al Tabor de tu gloria, Jesús”.
(Todos) Sube al Tabor de tu gloria, Jesús.
      
(Pausa)
     
Escuchad todavía una palabra de vuestra hermana en el apostolado del Divino Corazón.... Os ama tanto para su gloria...
     
Sabed que si en Paray-le-Monial fui yo la confidente y la venturosa mensajera del Corazón de Jesús, mucho más que entonces, que en aquel Getsemaní de su agonía mística, sigo siendo ahora en el Paraíso de su gloria eterna, la misma confidente y más que nunca su Margarita... el instrumento dócil de su triunfo en el Reinado de ese adorable Corazón.
        
Escuchadme con afecto; soy Margarita María, vuestra hermana. Cantad en paz, ¡oh!, cantad con amor, vosotros los enfermos y los que lleváis un corazón herido..., sembrad el fuego del amor divino por el apostolado doliente y tan fecundo de la inmolación y de la cruz.
    
Cantad en paz, ¡oh!, cantad con amor, vosotras almas afligidas, vosotros que sufrís la amargura de tribulaciones inesperadas... sembrad el fuego del amor divino por el apostolado doliente y tan fecundo de la inmolación y de la cruz.
        
Cantad en paz, ¡oh!, cantad con amor, los azotados por reveses de fortuna y los que habéis sufrido quebrantos materiales..., sembrad el fuego del amor divino por el apostolado doliente y tan fecundo de la inmolación y de la cruz.
    
Cantad en paz, ¡oh!, cantad con amor, vosotros todos, grandes y pequeños, que libráis el combate secreto, inevitable, asaltados por las creaturas o el infierno..., sembrad el fuego del amor divino por el apostolado doliente y tan fecundo de la inmolación y de la cruz.
        
Cantad en paz, ¡oh!, cantad con amor, vosotras almas consagradas, escogidas, que, deseando ser fervientes y aun santas, padecéis arideces provechosas y mil congojas de conciencia..., sembrad el fuego del amor divino por el apostolado doliente, fecundo por excelencia, apostolado victorioso como el de los santos..., ¡oh!, seguid sembrando el fuego del amor divino con la fuerza del dolor y de la cruz.
    
Sí, mal que pese al mundo y al infierno, el Corazón de Jesús triunfará por el Calvario..., reinará por el amor de sus apóstoles dolientes y crucificados.
    
(Tres veces) ¡Por tu cruz, Jesús, y nuestras cruces, venga a nos tu reino!
       
(Aquí un cántico cualquiera, pero apropiado a esta idea).
      
Apostolado por la divina Eucaristía.
   
Las almas eucarísticas multiplicarán, acrecentarán el poder sobrenatural de expansión de aquellos apóstoles que luchan en el ministerio de la vida activa.
    
Esas almas son fuente secreta y poderosa de irradiación, derraman a distancia la luz y el calor del corazón de Jesús Eucaristía.
      
LAS ALMAS: Mucho antes de verte bajar, Jesús, con gloria y majestad sobre las nubes del cielo como Juez tremendo de vivos y muertos en el último día del mundo...; mucho antes de contemplarte esplendoroso, amenazando con tu cruz a los que fueron tus hijos rebeldes y culpables..., queremos nosotros tus apóstoles, gozarnos en otra majestad y en otra gloria; la de tu misericordia infinita.
     
No rasgues, Señor, si Tú no lo quieres, no rasgues el velo de la Hostia divina que te oculta...; pero preséntate radiante a nuestros ojos, iluminados por la fe, ¡oh, Rey de amor!, y desciende hasta nosotros envuelto en la dulce majestad de tu ternura victoriosa....
      
¡Oh, sí! Queremos verte tal como te contempló un primer viernes nuestra hermana Margarita María... Como a ella, preséntate a nosotros ostentando sobre tu pecho anhelante y envuelto en llamas el Sol de vida: tu Divino Corazón... Y así, en esa actitud dulcísima de amor... deja por un instante tu trono, inclínate..., confíate a nosotros; muéstrate Rey conquistador, Rey irresistible y victorioso en la omnipotencia de tu sacrosanta Eucaristía...
         
Te pedimos estas gracias de luz y misericordia porque sabemos que tu voz, suplicante y rica de promesas, partió desde esa Hostia, resonó desde el Sagrario... Y porque comprendemos también, Jesús Eucaristía, que es tu voluntad que el torrente de almas, de familias y de sociedades, sacudidas y transformadas por el Pentecostés de tu Divino Corazón, venga a morir en paz de cielo aquí..., convergiendo a tu Sagrario.
        
Jesús-Hostia, tu hora providencial ha sonado, y en ella has de restaurar tu Reino, el Israel de la Ley de gracia, el Reino espiritual de las almas, el Israel cristiano de las sociedades, que son, por derecho divino, tu heredad en el tiempo, tu bien y tu conquista para la eternidad...
      
Jesús-Hostia, bien sabemos, porque Tú lo dijiste, que el origen de tu realeza no radica en esta tierra miserable... Tú vienes de lo alto. ¡Ah!... pero puesto que quisiste ser el Hermano mayor de la familia humana... puesto que resides y seguirás residiendo bajo tienda con nosotros entre las arenas del desierto de esta vida..., pedimos, reclamamos con la fuerza de tu derecho soberano, que reines acá abajo en esta tierra, tan realmente tuya y tan de veras tu morada, como es tuyo el Paraíso, mansión de tu Padre celestial...
        
Mientras llegue, pues, el día de justicia en que vengas a sentenciar definitivamente a los vivos y a los muertos, ¡sal, oh, Jesús-Eucaristía! sal de tu Sagrario silencioso; sal radiante, desde ahora y para siempre, sentencia de caridad y de vida, sentencia de misericordia, de resurrección moral en favor de tantos muertos del espíritu... Di, Jesús, que vivan, y vivirán de vida inmortal, fruto de la victoria íntima de tu Sagrado Corazón en ellos...
       
Señor, la Iglesia no sólo lo desea, tu Iglesia nos urge, nos apremia a que pidamos con grandes instancias tu reinado íntimo y social, mediante su sacrosanta Eucaristía...
       
Asómate pues, ¡oh Prisionero divino!, a las rejas de esa Cárcel-Sagrario para escuchar benigno el grito, el clamor espontáneo y unánime de esta vanguardia de tus amigos-apóstoles... Más que su voz, sus corazones vienen a suplicarte, en nombre de todas las almas y de todas las empresas eucarísticas del mundo entero, que apresures nuestra redención, precipitando la hora de tu suprema victoria sobre el mundo... Déjate vencer, Señor Jesús, por la amorosa violencia de tus íntimos...
     
Atiéndenos, Señor, con clemencia y con magnanimidad de Rey... Corazón de Jesús-Eucaristía, extiende y afianza tu reinado universal por las misas celebradas por tus sacerdotes... por el Santo Sacrificio, ofrecido incesantemente de un polo a otro de la tierra... ¡Oh!, no quieras que se pierda, que se esterilice ni una sola gota de tu sangre preciosísima... Te pedimos por esa sublime plegaria, que es el éxtasis de amor de tu Iglesia Santa, que te dignes santificar a los ministros del altar, los heraldos y los dispensadores de tu amor:
(Todos) Rey de amor, triunfa, santificando a tus ministros.
        
Corazón de Jesús-Eucaristía, extiende y afianza tu reinado universal por las Comuniones frecuentes, cotidianas y tan fervorosas de millones de almas escogidas que, en el mundo o en el claustro, te han ofrecido con juramento de amor el holocausto de su vida... Haz que todas ellas se conviertan en la zarza ardiente de tu caridad... pero ordena que tus incendios abrasen totalmente y consuman esa zarza viva... Por el fuego devorador de esas almas predestinadas, aumenta la virtud, la belleza sobrenatural de tus esposas.
(Todos) Rey de amor, triunfa, santificando a tus esposas.
     
Corazón de Jesús-Eucaristía, extiende y afianza tu reinado universal por las Comuniones admirables de fervor de tantos que, viviendo entre las llamas de una sociedad mundana y frívola, te alaban, sin embargo, luchan por Ti, y te sirven con una fidelidad maravillosa... ¡Cuánto desean esas almas heroicas unirse a tu Sagrado Corazón en vínculo cada día más fuerte y más estrecho! Haz, Jesús, que esas almas esforzadas sean el instrumento de tu gloria... Multiplica el número y, sobre todo, aumenta la fe y la confianza de esos amigos tan leales.
(Todos) Rey de amor, triunfa, santificando a tus amigos.
      
Corazón de Jesús, aumenta, extiende y afianza tu reinado universal por las Comuniones fervientes de aquel ejército innumerable de almas crucificadas y de corazones dolientes y torturados... Sólo Tú sabes algo que el mundo no imagina: el número incalculable de aquellos que te aman y que se gozan sobre todo, porque los crucificaste para su bien y para tu gloria... ¡Ah!, y no satisfechas con ese caudal de amor en sacrificio... anhelan abrasarse en amor más ardiente, atizando gozosas la hoguera de un sacrificio más alto y más intenso... Esas almas de hermosura incomparable las encuentras, Jesús, en todos los caminos; las hay numerosas en aquellos hogares predestinados, que son las Betanias de tu Corazón...; las encuentras también en los claustros, en los hospitales y en los mismos tugurios de miseria... Y bien sabes Tú con qué pasión de caridad esas almas víctimas se adhieren a Ti, la Víctima de amor. Hazlas, Señor, cada vez más tuyas, más ardientes... Y por ellas siempre a lo lejos, las llamas de tu amor... Bendice, pues, y colma de tus gracias de predilección dondequiera que viven muriendo de amor esas almas-víctimas.
(Todos) Rey de amor, triunfa, santificando las almas-víctimas.
    
Corazón de Jesús-Eucaristía, extiende y afianza tu reinado universal por la Comunión fervorosa de tus grandes amigos los niños... Mira con qué entusiasmo se alistan por millares en las filas de los apóstoles de tu Sagrado Corazón esos benjamines de tu amor... ¡Oh!, pasa con frecuencia, Jesús, entre ellos; pasa bendiciendo a esos apóstoles pequeñitos en el hogar y en la escuela...; bendícelos, desde la cuna, para tu gloria de mañana... Y al pasar al lado de esas florecitas perfumadas de candor, de celo y de inocencia, sonríeles, acarícialas, Jesús, en obsequio a la Virgen María, su Madre, porque es la Tuya... Al pasar bendiciendo los niños de tu Sagrado Corazón, consagra para Ti solo, Señor, su cariño, sus pensamientos, sus miradas y sus besos, y, sobre todo, la hermosura primaveral de esos lirios... Al acariciarlos, Jesús, arrebátales el corazón, encadenándolo para siempre al tuyo adorable... Haz de todos ellos tus amigos fieles, tus defensores..., tus apóstoles...
(Todos) Rey de amor, triunfa, santificando a los niños-apóstoles.
       
(Y ahora prometamos todos amar con llama ardiente al Sagrado Corazón en su divina Eucaristía... Y pidámosle que acepte este amor como un apostolado eficaz por la extensión de su reinado social).
     
Y en fin, el apostolado de amor intensifica la acción de los apóstoles activos. El amor hace durables y asegura los frutos ya cosechados.
           
LAS ALMAS: Escrito está, Maestro amabilísimo: “¡Qué hermosos son los pies de aquellos que evangelizan la paz y el bien!”. Ello es verdad, Jesús; pero en toda confianza nos atrevemos a pensar, Señor, que mucho más hermosos, por cierto, son los corazones de aquellos que, no pudiendo recorrer el mundo antorcha en mano, han resuelto confiar a María, la Reina de los apóstoles, la antorcha viva de sus propias almas, para incendiar la tierra en los ardores de tu caridad.
      
No todos pueden predicar, Maestro, ni todos pueden trabajar exteriormente... Más aún... ¡cuántos son, Jesús, los que ni siquiera pueden comulgar en la medida de sus deseos!... ¿Y quién es aquel que podría sufrir constantemente sin tregua ni reposo?... Tú mismo ni lo quieres ni lo permites siempre, por razones de sabiduría.
        
¡Ah, pero amar, sí, lo podemos todos!... ¿Y quién no puede felizmente, Jesús, atizar y desarrollar en cada palpitación de alegría o de pena esta llama divina?... ¡Oh, sí!: amar nos es posible siempre, nos es posible a todos... esto, al pie de los altares, como en el santuario del hogar, en Betania..., en la vida como en la muerte, el amor es llama que se alimenta de grandes deseos y de obras pequeñas, de flores y de espinas...
        
¡Qué consuelo inmenso, Señor Jesús, saber que, en realidad de verdad, podemos amarte todos y amarte en todo: en pleno mundo y en el claustro..., en las horas de júbilo y en el camino de amargura!... Y esto todos: grandes y pequeños..., los pobrecitos y los ricos..., los inocentes y los arrepentidos... ¡Y decir que este incomparable bien no depende sino de nosotros: puedo amarte, Jesús, en la medida en que yo lo quiera!...
        
Sí, nadie, ¡oh!, nadie puede, ni Tú mismo, Dios de amor; nadie puede impedirme el amar con delirio tu Corazón, todo amor... Las alegrías y las amarguras siguen el camino que Tú les trazas, Jesús...: no vienen y desaparecen según nuestros deseos... Y aun, Señor, aquellas manifestaciones obligadas de nuestra adoración y fe, como son retiros y confesiones, oraciones y obras, bien sabes Tú que muchas veces no dependen de nosotros, de nuestros deseos más sinceros y ardorosos... Porque eres el Amo, y sólo Tú juegas con tu bien, que somos nosotros...; dispones de él como te place... Pero, Dios y todo, no podrías, Jesús-Amor, prohibirnos el amarte en las luchas de la vida ni en las luchas de la muerte...
       
¡Qué..., ni siquiera cuando, por designios secretos de tu Providencia, pareces retirarte y abandonarnos en pleno desierto, en pleno campo de batalla, cuando nos sentimos abatidos, creyéndonos desamparados..., menos que nunca entonces, estás Tú, Jesús, lejos de nosotros... y en esa brega dolorosa podemos como nunca amarte...! La muerte misma, cruel, implacable, cortará, Señor, un día, por orden tuya, el árbol, poniendo la segur a la raíz... Y al herirnos agotará el manantial de todas nuestras energías, agostando la fuente misma de la vida...
     
¡Oh! Aún, y sobre todo entonces, Jesús, nuestro morir puede y debe ser el acto supremo del amor que te debemos, dándote todo, absolutamente todo, al devolverte con caridad perfecta, el don prestado de la vida.
       
¡Qué gracia de misericordia poder morir amándote..., y, al expirar, caer por eternidad de eternidades en el abismo del Corazón de un Dios que es infinito amor!
       
Magníficat!... Nuestras almas te alaban, te bendicen, te cantan con inmensa gratitud, por habernos enriquecido con un poder que sobrepuja y sobrevive a todo lo terreno..., poder inmortal, divino, depositado en nuestros corazones pobrecitos y de arcilla... Magníficat!... ¡Gracias te sean dadas, Jesús!...
     
Y ahora, Maestro adorable, dinos al terminar esta Hora Santa una palabra todavía... Instruye con una última lección de vida a esta legión de apóstoles de acción amorosa e íntima... ¿Quién sino Tú, Rey de amor, puede enseñarnos a predicar y a trabajar con las irradiaciones maravillosas y fecundas del amor?...
     
Habla, pues, Jesús, y confíanos no fuera sino una palabra de aquel diálogo dulcísimo entre tu Corazón y el de Juan en la última Cena... ¡Queremos tanto ser como él los amigos leales y los sembradores de fuego!
        
(Hágase un gran silencio..., que haya un profundo recogimiento, a fin de que nuestras almas puedan oír y comprender las palpitaciones del Corazón de Jesús).
    
JESÚS: “¡Sitio!”, dadme de beber el amor..., el inmenso amor que reclamo con derecho de los amigos y de los apóstoles de mi Divino Corazón...
  
No olvidéis, hijitos míos, que el verdadero apostolado, el único fecundo, es el de un amor, incendio incontenible, que por naturaleza propia estalla el exterior..., que irradia fuego... ¡Ah!... Pero cabalmente, para que ese amor sea capaz de comunicarse y de irradiar, es preciso amar con una caridad apasionada, vehemente, ilimitada, amando con los ardores de mi Sagrado Corazón...
   
¡Cuántos más apóstoles habría si en las casas de retiro y de oración..., si en las empresas y en las familias de mi Divino Corazón se comprendiera que un alma, una sola, pobre, ignorada y pequeñita, pero que ame con incendios de amor, predica más y hace mejor la obra de mi gloria..., extiende ella sola y afianza mejor mi reinado, que todo un ejército activo que se afana mucho en muchas cosas, pero que no ama sino con amor vulgar!...
      
¡Oh..., sin estas almas redentoras porque amantes..., sin esos sagrarios vivos y escogidos, sin esas almas de fuego que han comprendido, tanto la hermosura como el poder sobrenatural, expansivo, de María de Nazaret y de María de Betania..., sin ellas, el mundo, ya tan pervertido, estaría vecino a su sepulcro!... Será siempre, pues, verdad que María ha elegido la óptima parte para mi gloria y para la suya..., y también la óptima parte para tantas almas que ella redime con su apostolado secreto de caridad...
       
En esta hora providencial estoy preparando y sigo multiplicando por esto la falange venturosa, y cada vez más fuerte, de aquellas almas de fuego, las únicas capaces de servir de barrera salvadora a un mundo que, al enfriarse en mi amor, rueda al abismo... La caridad y sólo la caridad salva... redime y santifica. ¡Oh!, no olvidéis, amigos fidelísimos, que un acto de amor perfecto, ardiente, de un alma sencilla y desconocida, equivale a una misión...
      
¿Y quién de entre vosotros, enriquecidos con las luces y los tesoros de mi corazón, no será capaz de amar así, con ese incendio de amor fecundo? Y puesto que Yo mismo en mi sabiduría repartí diferentemente mis propios dones, ¿quién mejor que Yo sabe, apóstoles míos, que no todos podéis ser del mismo modo, y por el mismo camino los obreros de un apostolado activo? El secreto de vuestra vocación será siempre mi secreto.
       
¡Ah..., pero no olvidéis que así como mi Divino Corazón os fue dado a todos por amor..., así espero y exijo de vosotros todos, cualquiera que sea vuestra vocación, un amor sin límites: éste debe ser el más sencillo y el más fecundo de los apostolados..., éste será siempre el apostolado por excelencia!... Pedidle a la Reina del Amor Hermoso, a mi Madre, que os comente esta enseñanza: amar es sembrar, es predicar, es redimir.
     
“¡Sitio!” Apagad, pues, mi sed devoradora, dándome el amor que reclamo de vosotros todos, quienquiera que seáis: pequeños y pobres..., enfermos, inválidos y tristes..., combatidos por la tentación, atribulados o favorecidos por mi gracia... Sí, dadme amor vosotros, los que habéis penetrado en mi Evangelio..., los mimados por mi ternura..., los colmados por mi amable Corazón, todos.
(Todos, con vehemencia) ¡Oh, déjanos morir de amor, Jesús! ¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!
        
“¡Sitio!” Apagad mi sed devoradora dándome el corazón en llamas, pues por ellas quiero convertir y transformar a tantos desventurados que, empeñándose en no ver en Mí al Padre ni al Salvador, pretenden, con odio, derrocarme del trono del altar y de las almas...
(Todos, con vehemencia) ¡Oh, déjanos morir de amor, Jesús! ¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!
        
“¡Sitio!” Apagad mi sed devoradora dándome el corazón, sin reservas, en reparación por tantos hijos colmados de mercedes y que, hoy día, habiendo dilapidado los tesoros que les había confiado, viven en la miseria y perecen de hambre.
(Todos, con vehemencia) ¡Oh, déjanos morir de amor, Jesús! ¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!
        
“¡Sitio!” Apagad mi sed devoradora amándome con pasión del alma, en lugar de tantos de los míos a quienes Yo había dado, junto con mi Corazón, nobilísimos sentimientos y aspiraciones..., anhelos de nobleza divina... ¡Oh, dolor!... Toda esa fortuna moral la han derrochado, la han quemado como incienso ante los ídolos de las creaturas... Y aquí me tenéis, a Mí, que así quiero enriquecerlos, pospuesto, olvidado, por esos ingratos; aquí me tenéis, con las manos vacías y amargado el Corazón...
(Todos, con vehemencia) ¡Oh, déjanos morir de amor, Jesús! ¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!
        
“¡Sitio!” Apagad mi sed devoradora devolviéndome amor por amor... Así conquistaréis para mi Corazón tantos hijos ingratos y débiles que me abandonaron cuando los visité con la Cruz...; tantos que renegaron de mi Ley a causa de sus tribulaciones...; tantos que me desconocieron bajo el ropaje sangriento de mis dolores y de mi Calvario... Pretendieron amarme bebiendo el cáliz de gloria..., huyeron de mi lado cuando les presenté el cáliz de amargura...
(Todos, con vehemencia) ¡Oh, déjanos morir de amor, Jesús! ¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!
        
“¡Sitio!” Apagad mi sed devoradora con un amor ardiente que os devore el alma, y así conquistaréis a tantos que se alejaron temblando... y con temor exagerado...; a tantos que, no queriendo ver ni saborear las inefables bellezas, las ternuras de mi amor, no quisieron ver en Mí sino al Juez tremendo..., al Señor cuyos rigores ponen espanto en el alma...
(Todos, con vehemencia) ¡Oh, déjanos morir de amor, Jesús! ¡Te amamos, Jesús, porque eres Jesús!
        
Señor Jesús, hemos podido velar una hora contigo en Getsemaní, y gustosos quedaríamos encadenados al Sagrario para siempre si tu amor lo consintiera... Nos vamos, llevando paz, mucha paz, consuelos divinos y nueva vida... ¡Ah!, pero sobre todo, nos despedimos con la satisfacción de haberte dado a Ti, amadísimo Maestro, alivio de caridad, desagravio de fe y reparación de amor, que reclamaste, entre sollozos, a tu confidente Margarita María... Atiende, pues, Señor Jesús, acoge, manso y bueno, nuestra última oración.

¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa..., y sé la perseverancia de fe y de inocencia de los niños que comulgan...; sé su Amigo!
¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa... y sé el amor de la multitud que sufre, de los pobres que trabajan...; sé su Rey!
¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa... y sé consuelo de los padres del hogar cristiano...; sé su Vida!
¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa... y sé la dulcedumbre de los afligidos, de los tristes...; sé su Hermano!
¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa... y sé la fortaleza de los tentados, de los débiles...; sé su Victoria!
¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa... y sé el fervor y la constancia de los tibios...; sé su Amor!
¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa... y sé el centro de la vida militante de la Iglesia...; sé su Lábaro triunfante!
¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa... y sé el celo ardiente y victorioso de tus apóstoles...; sé su Maestro!
¡Corazón agonizante de Jesús, triunfa... y sé en la Eucaristía la santidad y el cielo de las almas..., sé su paraíso de amor...; sé su Todo!
    
Y mientras llega el día eterno y venturoso de cantar tus glorias, déjanos, dulcísimo Maestro, sufrir, amar y morir sobre la celestial herida del Costado; murmurando ahí, en la llaga de tu amante Corazón, esta palabra triunfadora: ¡venga a nos tu reino!
   
(Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes. Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores. Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).
    
(Cinco veces) ¡Corazón Divino de Jesús, venga a nos tu reino!