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martes, 18 de noviembre de 2025

FRANCO A JUAN CARLOS: «MEJORE SU ORTOGRAFÍA, Y CÁSESE».

Tomado de EL MUNDO (España).
  
Las memorias del Rey Juan Carlos desgranan los amoríos que tuvo antes de conocer a Doña Sofía. El dictador impidió que fructificaran algunos romances y le humilló.

Emilia Landaluce
Actualizado Viernes, 14 noviembre 2025 - 21:30
  

Es inaudito que Reconciliación se haya publicado en francés antes que en español y que los que lo han podido leer hayan pasado por alto algunas perlas que matizan mucho las buenas palabras que el Rey Juan Carlos le dedica a Franco. Durante el tiempo que estuvo en España, antes de que le nombraran sucesor, lejos aún de ser Príncipe de España, estaba totalmente a merced de los instrumentos del régimen. Incluso en lo relativo al amor. Según cuenta el Rey Padre, la primera mujer que cortejó fue Blanca Romanones, hija del conde de Romanones, Luis de Figueroa, y de Blanca de Borbón. Era cinco años mayor que él.

«Le envié mi primer ramo de flores. Era la hija de un vecino del palacio de Miramar que me parecía muy guapa». Vivía en Madrid pero pasaba el verano en San Sebastián. «Cuando el duque de la Torre [Carlos Ignacio Martínez de Campos y Serrano, preceptor de Juan Carlos] se enteró, montó en cólera y llamó a sus padres amenazándolos: “Enviaré a su hija fuera del país si alguna vez se atreve a mantener una relación con el príncipe”. Evidentemente no volví a tener noticias de ella. Sin embargo, seguimos siendo amigos». Blanca se casaría con Jaime Martínez de Irujo, con el que tuvo cuatro hijos. Aquello no fue importante.

«Mi primer amor de juventud fue una de las hijas del rey de Italia Humberto II, María Gabriela de Saboya, que vivía en Estoril y a quien conocía desde la infancia. Cuando jugábamos todos en casa del conde de París [Enrique de Orléans], ella se cayó a la piscina. No sabía nadar muy bien y se debatía en el agua. Me lancé enseguida para socorrerla. Así fue como nos hicimos cómplices. Aquella princesa tan hermosa, de silueta esbelta y cabellos dorados, iluminaba nuestras veladas entre amigos por la delicadeza de sus rasgos y su alegría de vivir. Yo la llamo Ella. Cultivada, independiente, moderna, no quería ser prisionera de un título, hasta el punto de rechazar mi propuesta de matrimonio, luego la del sha de Persia y la de Balduino de Bélgica. Reivindicaba su libertad y no quería estar sometida a los deberes reales. Seguramente era su manera de protegerse, pues había sufrido mucho por su exilio. Durante mucho tiempo conservé una foto suya en mi mesilla en la Academia Militar».
   
Como curiosidad, habría que resaltar que María Gabriela acabó casada con Robert de Balkany con el que tuvo una hija. Balkany era uno de los hombres más ricos de Francia y durante un tiempo tuvo empleado a Jaime de Marichalar como consejero de su empresa en España.

La anécdota más divertida que aporta Reconciliación sobre los amores del Rey se remonta a su etapa como cadete en Elcano. «En una fiesta ofrecida a los cadetes del buque, en el puerto del Callao, en Perú, la seductora Gladys Zender, recién elegida Miss Universo, causó sensación. Me emocionaba poder cenar a su lado al día siguiente, antes de volver a embarcar. Me regaló entonces un álbum de fotos suyo de un centenar de páginas, que pensaba conservar cuidadosamente. (…) Por desgracia, desapareció. Nunca lo recuperé. Al subir de nuevo al barco, le escribí una carta larguísima. Una página por día. Después de una veintena de días de navegación, ya era demasiado. Al llegar a Panamá, pedí discretamente a un compañero que la enviara. A mi regreso de aquel periplo fui a ver a Franco, sin sospechar nada. Me dijo, de pasada: “Usted comete siempre muchas faltas de ortografía, Alteza. Hay que tener cuidado”. Entonces lo entendí. Por suerte no hizo ningún comentario más. Sospecho que el amigo a quien confié mi carta la entregó a uno de nuestros superiores, que seguramente la dio al cónsul de España en Panamá. La carta había acabado en el despacho de Franco».

La volvió a ver 15 años más tarde, durante un viaje oficial a Perú. «Mi corazón no dio un vuelco como la primera vez que la vi, pero me emocionó recordar aquella época bendita». La bella peruana es la madre de Christian Meier, que interpretó a Don Gustavo en la telenovela Luz María. Y también a Santos Luzardo en la versión de Doña Bárbara que protagonizó Edith González.
  
Don Juan Carlos sigue desgranando amoríos. «Durante aquellos años de formación militar también tonteé con una hija de republicano, lo cual escandalizó a algunos altos mandos. También conocí a la italiana Olghina de Robilant, que vivía al lado de la casa del conde de París, en las alturas de Sintra. Mi hermana Pilar decía que yo tenía mucho éxito con las chicas, pero yo no lo comentaba. Sobre todo me gustaba divertirme y bailar, y los flirteos de la época eran muy castos: apenas nos cogíamos de la mano. Estaba secretamente enamorado de Helena, la tercera de los once hijos del conde de París, cuatro años mayor que yo. Un amor imposible. Su belleza me conmovía profundamente. Fue en su homenaje que di a mi hija mayor el nombre de Elena».

«Un día, en medio de una conversación, Franco me dijo: “Ha llegado el momento de que Su Alteza deje de retozar y se case”. Tenía 23 años y comprendí el mensaje. Era una época en la que uno se casaba joven». Y conoció a Doña Sofía…

viernes, 6 de septiembre de 2024

BERGOGLIO VUELVE A LIARLA CON FRANCO SOBRE LOS CAPUCHINOS


Francisco Bergoglio empezó así su discurso al Capítulo General de los Frailes Menores Capuchinos el pasado sábado 31 de Agosto:
«Estoy contento. Recuerdo a vuestros frailes en Buenos Aires: buenos confesores. Aquellos vascos que Franco había ahuyentado vinieron allí. Buenos confesores, buenos. Y todavía vive uno, que es argentino; lo he hecho cardenal ahora [referencia al cardenal Luis Pascual Dri Lodi OFM Cap., creado por Bergoglio el 30 de Septiembre de 2023, N.del T.]. ¡Éste lo perdona todo! Me lo contó: que a veces siente el escrúpulo de perdonar demasiado –siempre perdona– y un día se presentó ante el Señor, en la capilla, para pedir perdón: “Perdoname, Señor, he perdonado demasiado… ¡Pero fuiste Vos quien me dio mal ejemplo!”. Así reza este buen Cardenal vuestro».
Ante eso, el abogado Luis Felipe Utrera-Molina Gómez le respondió vía Twitter:
«El gobierno de España presidido por Francisco Franco no expulsó de España a ningún fraile capuchino.
  
Estoy seguro de que @Pontifex_es rectificará y pedirá perdón con el mismo relieve mediático.
  
Esta es una corrección fraterna».
Y luego agregó:
«Hubo algunos sacerdotes y religiosos que fueron enviados fuera de España por los superiores de su orden (principalmente a Cuba y a Paraguay)  por su reconocido apoyo al nacionalismo vasco».
Doctor Utrera-Molina, espere sentado vuesa merced la rectificación, máxime porque Bergoglio autorizó en su momento al rais Pedro Sánchez Pérez-Castejón para profanar la basílica de Santa Cruz del Valle de los Caídos exhumando los restos del Generalísimo Franco. Y de vivir en la época de la Guerra Civil, Bergoglio habría llamado a interminables negociaciones y ofrecido sus sacrosantas oraciones frente a la persecución del “gobierno” de Azaña (como hace actualmente frente al régimen Ortega-Murillo, Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel o Xi Jinping), y excomulgado a Franco.

viernes, 1 de abril de 2022

LOS CATÓLICOS BRITÁNICOS QUE LUCHARON POR FRANCO

Traducción del artículo publicado por Luca Fumagalli en RADIO SPADA.
  
Durante los años turbulentos de la Guerra Civil Española, entre 1936 y 1939, los nacionalistas vieron el conflicto como un tipo de cruzada contra todos los que tramaban destruir la Iglesia. Así fue que los informes de las atrocidades cometidas por los republicanos contra los sacerdotes, monjas y edificios sagrados, llevaron a muchos católicos europeos a movilizarse en favor de los soldados de Francisco Franco.
    
En el Reino Unido, los defensores de los nacionalistas fueron numerosos (solo Graham Greene y unos pocos fueron excepciones). El mismo gobierno británico, aunque oficialmente neutral, se alineó secretamente con los nacionolistas, dispuestos a conjurar la amenaza comunista a toda costa.
  
Entre los más activos polemistas “papistas” en apoyo de la causa de Franco estaba el periodista Douglas Francis Jerrold, simpatizante del fascismo italiano. Jerrold había estado personalmente involucrado en los planes que condujeron a los eventos de Julio de 1936, cuando dos agentes de inteligencia británicos, su amigo Hugh Pollard y el capitán Cecil Bebb, volaron con Franco desde las Islas Canarias a Marrueco, tan pronto se puso en movimiento el golpe de estado. En su autobiografía Georgian Adventure (1938), Jerrold relata la empresa con el gusto de un joven temerario, mas el entusiasmo agregado de numerosas y sorprendentes anécdotas. El infatigable periodista, que escribió decenas de artículos sobre los eventos en España, fue un amante de las invectivas. Una vez escribió que los voluntarios que iban a luchar por los republicanos estaban apoyando una causa repugnante, no solo para las conciencias de todos los católicos en el Imperio,sino también para la mayoría de los cristianos ingleses de cualquier denominación.
  
Tales ideas fueron compartidas por Charles Petrie, Arnold Lunn, el padre Francis Woodlock SJ, Bernard Wall, Michael de la Bédoyère y muchos otros intelectuales católicos. Además, no debe olvidarse que la simpatía por los fascismos mediterráneos estaba muy propagada entre los círculos “papistas” británicos de la década de 1930s (en contraste, el nazismo fue despreciado por su manifiesto neopaganismo). Más allá del odio al comunismo y el secularismo, el apoyo por los regímenes fascistas español e italiano fue también motivado por el anticapitalismo promovido por, entre otros, por Hilaire Belloc y G. K. Chesterton. Por su parte, la futura cuñada de Evelyn Waugh, la señorita Gabriel Herbert representaba el entusiasmo por la cruzada de Franco que infectó a muchos jóvenes de la época: Ella viajó a España y dio su ayuda a los nacionalistas que trabajaban como personal de ambulancia (como Cordelia de Brideshead Revisited). Incluso el Partido Laborista, que tenía muchos miembros entre los trabajadores migrantes católicos de Irlanda, miraban a los republicanos con sospecha.
    
El comité “Amigos de la España Nacional”, fundado al estallar el conflicto y casi exclusivamente religioso en su naturaleza, floreció incluso en Escocia gracias a los esfuerzos del general Walter Maxwell-Scott y el coronel Rupert Dawson. A lo largo del curso de la guerra, esta asociación nunca cesó de expresar su cercanía a la confraternidad española que estaba sufriendo un prolongado martirio debido a la tiranía, anarquía y comunismo. También de acuerdo a las intenciones del comité, los eran necesariamente eliminados para segurar el triunfo de la unidad, orden, libertad y religión.
  
El cardenal arzobispo de Westminster, Arthur Hinsley, quiso formar otra organización para proporcionar ayuda humanitaria a los nacionalistas. En la dirección, entre otros, estaban el señor Fitzalan de Derwent y el señor Howard de Penrith. También estaba Evelyn Waugh, aunque su entusiasmo por Franco era limitado (la parcialidad que había mostrado hacia Mussolini ya había alenado las simpatías de muchos de sus escritores que fueron sus amigos; era inútil, pues, ir demasiado lejos).
  
Los otros obispos ingleses tampoco dejaron de hacer su parte. Al comienzo de la Guerra Civil dirigieron una cordial carta de apoyo a la jerarquía española, y en los años siguientes continuaron dando su máximo para ayudar a las víctimas. Incluso George Orwell –que fue voluntario por el lado republicano y luego regresó a casa derrotado y desilusionado– fue forzado a admitir que la Iglesia Católica en Gran Bretaña estaba unida en sus simpatías por Franco.
   
Finalmente, gracias a los esfuerzos de los soldados españoles y la ayuda internacional, la lucha contra los republicanos fue exitosa. Sin embargo, en ese año terrible de 1939, los problemas para Europa apenas estaban comenzandos…

viernes, 18 de junio de 2021

FRANCO Y LA “LIBERTAD RELIGIOSA” DEL VATICANO II

Durante la última sesión del Vaticano II, quedaba por votar el “Esquema XIII sobre la Iglesia en el mundo de su tiempo” (que sería aprobado como la Declaración “Dignitátis Humánæ”) redactado en su versión final por el belga Emiel Maria Jozef De Smedt Couckx, obispo de Brujas y vicepresidente del Secretariado para la Unidad de los Cristianos (versión que, aunque había dado de mano con la redacción del jesuita estadounidense John Courtney Murray –que había sufrido dos infartos cardíacos y un colapso del pulmón en Enero y Diciembre de 1964, y que calificó la nueva redacción como “débil”–, aún sostenía muchas de sus ideas). A la sazón, se estaba trabajando por el Gobierno español en la redacción de un Estatuto para los acatólicos (particularmente como consecuencia del casamiento de los príncipes Juan Carlos de Puigmoltó-Borbón y Sofía de Grecia y Dinamarca –nacida en la Iglesia Ortodoxa Griega– el 14 de Mayo de 1962).
   
El embajador de España ante la Santa Sede Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate, que a pedido del Generalísimo Franco, observaba las sesiones conciliares, había ordenado el 1 de Agosto de 1965 una traducción al castellano de los capítulos III, IV y V del entonces reservado “Esquema XIII”, la cual remitió a Franco el día 21. Sobre esta traducción, el Caudillo hizo la siguiente anotación:
«El proyecto del Capítulo III del Esquema sobre la Iglesia en el mundo de su tiempo introduce en su nueva redacción definiciones y preceptos que, a nuestro juicio, revisten gravedad trascendente. Aun participando de la gran mayoría de sus conceptos, a los que se anticipó nuestro Movimiento político desde hace 25 años y el sentido humano y social cristiano que preside toda nuestra obra, nos parecía que un concilio debería centrarse en lo que al orden religioso y de la moral afecta y pronunciarse sobre principios inmutables, sin entrar en el campo de lo concreto reconocido al César, sin llegar a conclusiones en el orden temporal, afectadas por el ambiente político de la posguerra.
   
Hemos de reconocer que en el campo de lo temporal existen principios inmutables en los que con carácter general no hay peligro de definirse, pero sin embargo las aplicaciones a lo concreto estarán siempre sujetas a la evolución de los tiempos y al caso y situación de cada nación. El propio principio de libertad política adquiere, con los avances de la civilización y el progreso, características variantes; no es lo mismo el concepto abstracto que se tenía ayer que el que hemos de tener mañana.
   
El hecho del paso de la mitad del Universo por el comunismo y las características nacionales y sociales que imprimen carácter al despertar de los pueblos nuevos, como asimismo el desprestigio universal de la política de partidos, ha de influir decisivamente en las futuras estructuras políticas. Ante estos hechos, ¿no resultaría imprudente el pronunciarse en favor de fórmulas gastadas y correr el peligro de tropezar mañana contra las formas nuevas? En este orden, que afecta a las estructuras temporales, ¿no resulta improcedente el obligar a pronunciarse a los prelados obligándoles a conformarse con las decisiones de la mayoría en materia que podría colocarles en mala postura frente a las estructuras políticas de sus países? ¿No sería oportuno, en este orden temporal, conocer el pensamiento de los gobernantes católicos que en ninguna forma están representados por esos observadores laicos que a nadie representan?
   
La mayoría de los gobernantes del mundo no son católicos y no les importa que el Concilio patine, pero sí a los católicos militantes, a los que se les puede colocar en un estado difícil de conciencia al poner en pugna la defensa de la paz y del bien común y las soluciones concretas que en determinadas materias la Iglesia se pronuncia. A nuestro juicio, la Iglesia no debe anclarse en materias temporales que, desde el día siguiente de pronunciarse, empezarían a envejecer. Hemos de pensar que no se trata de una encíclica, sino de los acuerdos de un Concilio. El que el tiempo obligue a corregir lo definido en una encíclica, como hoy ocurre con la que condenó el liberalismo, no es agradable, pero responde a la evolución de los tiempos, y basta una nueva encíclica para cambiarlo, pero ¿se ha pensado si fuese un Concilio el que se pronuncia?; requeriría la autoridad de otro Concilio para cambiarlo. Todo esto produce una inquietud y confusión que bien merecería la pena evitar.
   
Esto estará por otra parte en contradicción con lo ya aprobado en la Constitución conciliar De Ecclésia (Lumen Géntium) que declara oportunamente que pertenece a los laicos la configuración del orden temporal y laboral por el bien común en el campo político. Esta clara doctrina permite que los laicos, en plena libertad y responsabilidad personal, contribuyan a la construcción de la “ciudad terrena” animados del espíritu cristiano pero sin que su actuación, siempre sujeta a errores y desaciertos, comprometa a la Iglesia. En materias opinables, que Dios ha dejado a la discusión de los hombres, como son las ideologías y programs políticos, parece conveniente que los laicos gocen de absoluta libertad para propugnar, con arreglo a su leal saber y entender, las soluciones que en cada momento y según las circunstancias cambiantes de la vida política les parezcan más oportunas.
  
El principio de la libertad en cuestiones políticas es una conquista de nuestra civilización y no se estima aconsejable dar motivo a que se interprete que los católicos la disfrutan en menor grado que los demás ciudadanos. Creo ser doctrina de la Iglesia que los católicos en su actuación política son totalmente libres, sin otras limitaciones que el obligado respeto al dogma y a la moral cristianos y en modo alguno están constreñidos por la aceptación de concepciones e ideologías que, aun siendo dignas de respeto, no son ciertamente inmutables ni siquiera discutibles.
  
El proyecto mira a los hombres como buenos y pacíficos olvidando la malicia de la naturaleza humana y las fuerzas del mal a las que abre las puertas. Hay cosas que, pese a toda la buena voluntad, no podrán en muchos casos ser aceptadas por los peligros y daños que causarían al bien común. Obedecen a conceptos políticos en vía de superación que serán, sin duda, rebasados por el futuro» (FRANCISCO FRANCO BAHAMONDEAnotaciones sobre los capítulos III, IV y V del “Esquema XIII”. Archivo de la Fundación Francisco Franco, legajo 268. Citado en LUIS SUÁREZ FERNÁNDEZ, “Franco y la Iglesia”, segunda parte, cap. VII, págs. 217-218 de la edición digitalizada). 

lunes, 3 de mayo de 2021

LA MASONERÍA ACTUAL

Se vive en nuestros días tan de prisa, cuando no tan frívola y superficialmente, que pocos son los que se toman la molestia de detenerse a analizar el porqué de los hechos, y hasta lo que nos sorprende, afecta e impresiona es rápidamente olvidado, como si el alejamiento de los hechos pudiera hacer desaparecer las causas perennes que les dieron vida.
     
Esto ocurre con la masonería. Gravísimos son los daños que a nuestra sociedad han venido infiriendo sus conspiraciones; gravísimas las pruebas contundentes e incontrovertibles que hemos venido acumulando en nuestros trabajos anteriores, que demuestran de manera fehaciente que la masonería no descansa; que desde que nació siguen siendo sus blancos la Iglesia Católica y el resurgimiento de España.
     
Que existe un Comité supremo en Europa, titulado Asociación Masónica Internacional, a través del cual se conspira en forma ininterrumpida, y un día tras otro, contra cuanto España representa, a la vez que se utiliza como instrumento de la acción política de algunas naciones europeas contra Norteamérica, cuya masonería, aunque apartada de la Asociación, no es impermeable a la influencia que este instrumento secreto de poder desarrolla sobre las logias hispanoamericanas para servir a los designios secretos de sus señores.
      
Muchas veces hemos repetido, saliendo al paso de las quejas que las masonerías extranjeras, en especial las anglosajonas, suelen exteriorizar contra nuestros documentados trabajos, que forzosamente tiene que ser muy distinto el juicio que de la masonería puedan formar los verdugos y las víctimas: aquellas naciones para las cuales la masonería constituye un órgano eficaz de su acción contra otros pueblos, y los que de éstos vienen sufriendo durante más de un siglo las conspiraciones que la masonería desde el exterior les desata; no pueden pensar lo mismo de ella aquellos cristianos disidentes de la fe católica que la masonería misma, que los católicos que durante siglos vienen sufriendo los ataques y las maquinaciones de sus logias.
    
En los países en que la masonería es lícita, defiende a la nación y no se encuentra en pugna con el sentir general ni los principios de su fe, la calidad de los que en ella militan forzosamente ha de ser muy distinta que cuando de países católicos se trata y la masonería constituye el instrumento secreto de unos pocos vendidos al servicio del extranjero para la destrucción o anulación de la nación.
    
En este orden creía haber esclarecido suficientemente desde este diario las características más salientes de la acción masónica sobre España, y cuando me había concedido un descanso en estas tareas tonificadoras de la defensa de nuestra sociedad contra la masonería, nuevas muestras de la actividad masónica vienen reclamando a mi pluma la vuelta a la palestra.
     
Si la masonería no descansa en sus actividades criminales, forzosamente hemos de ponernos en plan de combatir quienes, por conocerla, nos hemos convertido en fieles guardianes de nuestro solar frente a sus ataques.
     
No hemos jamás de olvidar que entre las fuerzas derrotadas de la anti-España por el Movimiento Nacional español ocupaban puesto principal las fuerzas masónicas de nuestra Patria, que, aunque reducidísimas en su número, eran, sin embargo, las patrocinadoras de todas las traiciones y las que realmente habían abierto las puertas de la Patria a la invasión comunista y a su enseñoramiento de nuestro solar.
      
Al hundirse la República, que una minoría exigua de masones había logrado levantar con la estafa del resto de la nación, forzosamente habían de caer aquellos templos masónicos en que, con artificio, malicia y engaño, había venido forjándose la decadencia Española.
     
En dos grupos dividió a la masonería la guerra: el de los capitostes, que, por haber contraído graves responsabilidades criminales, se exilaron, y aquellos otros que, por no haber tenido una actuación pública y ser en parte desconocidos, se acogieron a la paz y a la generosidad de la nueva España.
     
Y mientras los que aquí quedaron parecieron fundirse en la vida ciudadana, disfrutando de la paz y el orden internos de nuestra nación, los otros continuaron fuera de las fronteras la acción criminal antiespañola y fueron los constantes voceros de la BBC británica, de la Radio París y de otras muchas Radios minadas por la masonería o adscritas a su servicio.
     
Desde entonces, cuantos vientos de fuera nos soplaron han tenido su principal motor en la dispersión de esa criminalidad masónica por las logias del mundo, a las que, después de haber recibido su auxilio, parasitaron con la levadura de su espíritu criminoso.
     
Los que crean que la masonería se da alguna vez por vencida se equivocan. Hija de la maldad, su espíritu demoníaco sobrevive a la derrota y encarna en nuevos seres y en nuevos territorios. Hemos de desconocernos al sol de la gloria y del resurgimiento si queremos librarnos de la sombra inseparable de las asechanzas masónicas.
     
Dos razones hay para que la masonería nos ataque: una, la de la independencia española, malquerida no sólo de la masonería propia, sino también de las extrañas, y otra, el resurgimiento del espíritu católico de nuestra nación, que, por católica, apostólica, romana, se convierte en blanco predilecto de la conspiración masónica.
     
Después de diez años de grandes esfuerzos y fracasos, sentimos hoy de nuevo sobre nuestra Patria la acción disociadora de las logias masónicas. Cuando el horizonte internacional se ofrecía aparentemente más despejado; cuando la vuelta de los embajadores señalaba la derrota de la conspiración masónica, que, jugando “al alimón” con el comunismo, había llevado a cabo la monstruosa conjura de la ONU.
     
En buena hora deshecha por la firmeza del Caudillo y su pueblo, nuevamente aparece en el horizonte la acción conspiradora de la masonería y sus agentes contra la paz y el orden internos de nuestra Patria.
     
Y mientras las Radios al servicio de Moscú enronquecen en sus propagandas contra la fortaleza del bastión ibérico y los gobernantes masones de las naciones occidentales pretenden subestimar el valor estratégico militar y político de nuestra nación ante las amenazas que el mundo sufre, la acción masónica, que, con habilidad que hemos de reconocerle, maneja los hilos de la intriga, siembra en nuestro solar la disociación y pretende explotar el malestar que la carestía universal y otras circunstancias imperativas proyectan sobre nuestra Patria.
     
No se trata de nada nuevo, muchos que desde que terminó nuestra contienda la masonería proyecta sobre nuestra nación, y que explotan unos malvados con la inconsciencia colaborante de quienes viven frívola o superficialmente; pero (a los que, sin duda, bastará una voz de alarma para que puedan descubrir en los que tal ambiente forma su nexo, con los masones o sancionados.
     
¿Que los tiempos no son fáciles? Todos hemos de reconocerlo. ¿Que asistimos a un proceso general de carestía de la vida, que se puede frenar, pero no totalmente dominar? Es evidente.
     
Que directa o indirectamente estamos todas las naciones pagando la guerra pasada, el plan Marshall y la preparación del arsenal bélico del Occidente, constituye un hecho incontrovertible, ya que todos esos gastos, que importan miles de millones de dólares, a través de los impuestos y de la carestía de los precios, se reparten sobre todas las naciones del universo, que, en mayor o menor escala, lo ven repercutir en sus precios interiores.
     
Quien con autoridad puede decirlo y con clarividencia anunció al mundo males que por torpeza se cosecharon, nos viene previniendo de la importancia de la era social en que vivimos, de la crisis de los viejos sistemas para dar soluciones a los problemas de la hora actual y de la necesidad de abrir cauces a la realización de las aspiraciones latentes en las masas más importantes de la Humanidad, si no queremos caer en el caos materialista y antihumano que el comunismo representa.
     
En este aspecto político es muy claro el dilema: o nos resignamos a conllevar nuestra escasez en medio de la paz y el orden con vistas a plazo fijo a la mejora ansiada, o caeremos con incomparables mayores estrecheces en el caos y en la anarquía que los masones, consciente o inconscientemente, patrocinan.
      
Parecería bastar con lo dicho para que la agudeza de los españoles sacase consecuencias de los intentos de agitación que desde la llegada de los embajadores se pretende mover en nuestra Patria; pero no está de más que para los torpes o los maliciosos recordemos su trayectoria y los nexos de la agitación con la secta masónica y las consignas desde fuera; recordaremos a nuestros lectores aquel trabajo, publicado en este mismo diario, en que descubríamos la acción desarrollada en las últimas décadas por la masonería sobre nuestras Universidades.
     
Aquella Institución Libre de Enseñanza, de nefasta memoria, con la que acaudalados masones torcían el buen natural de nuestros universitarios con becas, bolsas de estudio y un laicismo desaforado; aquella Federación Universitaria de Estudiantes, que si exteriormente asociaba a la casi totalidad de los estudiantes de la nación en una federación escolar universitaria, interiormente estaba manejada y controlada por lo que en el “argot” ‘masónico titulaban “la FUE interna”, constituida por un grupo de estudiantes masones íntimamente ligados con las logias que ocupaban los años 1930 y 1931 los puestos directivos y que, estafando a los otros escolares, vendían su Patria y la Universidad a la traición, y que más tarde, públicamente, bajo la República, se declararon masones y cobraron la cuenta de su traición.
     
Lo mismo que desde que terminó nuestra Cruzada, a través de catedráticos izquierdistas y de hijos de masones sancionados o desplazados, ha venido intentándose un día tras otro, y que gracias al patriotismo y buen sentido de una juventud en que la Patria se mira ha podido abortarse.
     
Los incidentes y algaradas de Barcelona constituyen una muestra de estos torpes empeños, que allí explotan los residuos del viejo separatismo, que las logias francesas amparan y que aún hoy intentan cultivar desde allende el Pirineo.
     
Otra muestra clarísima de la conexión íntima de masonería y agitación se realza en la explotación que la Prensa masónica del mundo lleva a cabo de sucesos tan triviales y corrientes como las algaradas estudiantiles o los conatos de huelga en tiempos de necesidades y de escasez; cuando en el mundo se desarrollan graves huelgas que paralizan durante muchas semanas la vida de los pueblos, arruinando sus economías y poniendo en peligro la vida entera de la nación, se destaca, multiplica y agranda nuestro más pequeño conflicto laboral, que es muestra precisamente de la tolerancia y de la generosidad de un Régimen que por su fortaleza puede ser generoso.
    
En este orden ha quedado bien claro, por la insólita declaración del Comité de Asuntos Exteriores de la Asamblea francesa, compuesto en sus nueve décimas partes de conspicuos masones, la íntima relación de la agitación de la capital catalana y su explotación masónica inmediata.
     
No trabaja la masonería sólo con fuerzas propias por tratarse de una exigua minoría; su táctica es la de siembra de calumnias, la de dirigir, asociar y agrupar a los descontentos, la acción solapada y traidora, la estafa y explotación de los disgustados.
     
Así, la última consigna que la masonería ha puesto en marcha es la de una supuesta corrupción administrativa, que la malicia humana está siempre dispuesta a acoger, y que, como hemos visto en otras calumniosas campañas desatadas contra la Dictadura y la Monarquía, se demuestra a posteriori haber sido absolutamente falsas.
     
Nosotros nos creemos llamados a defender el crédito de los pobres y honrados funcionarios españoles, dignos de más respeto y consideración, y cuya moralidad es muy superior a la de la mayoría de los otros pueblos. Si la Administración española no fuese honrada no podría achacársele al Régimen, habíamos de pensar que sus nueve décimas partes y en todos sus escalones superiores más respetables han sido heredados de la Monarquía liberal y de la República y de los tiempos en que la masonería, filtrada en sus filas, compartía las responsabilidades de gobierno.
     
Es paradójico que la masonería española, que ha recogido en sus filas a los prevaricadores y desfalcadores de todos los Cuerpos del Estado, sea la que intente arrojar el fango sobre la recta Administración española. Y que sea ese mundo democrático de los grandes escándalos de corrupción el que pretenda acoger y divulgar la calumnia que las logias intentan levantarnos.
    
Precisamente por católico, que sabe que ha de dar cuenta a Dios de sus actos, posee el pueblo español frenos morales desconocidos en otras latitudes en que el materialismo predomina. Si desgraciadamente en todos los países es siempre posible la corruptibilidad humana, Tribunales de Justicia de hombres probos, honrados e independientes están siempre abiertos a la denuncia y a la investigación, como lo pregonan las bajas y sanciones que, en los escalafones, con toda regularidad, se registran.
     
De todos es conocida la acción que unos grupos incontrolables de masones, sancionados y despechados, realizan cerca de las Embajadas y representaciones diplomáticas extranjeras, a las que se asaetea con cartas simuladas de disgustados, con visitas de elementos indeseables cuya calidad moral queda bien demostrada con esa simple acción de ir a verter en las cancillerías del extranjero los malos humores de su traición. Así se enrarece el ambiente de los diplomáticos extranjeros y se los engaña sobre la calidad moral de nuestro pueblo.
    
En esta acción de filtración masónica no escapan ni las propias jerarquías eclesiásticas, a las cuales igualmente se pretende influir, como a todos aquellos sectores que cual el Ejército, el Movimiento Nacional o los Sindicatos son considerados por los masones como pilares en que el Régimen se asienta. Alerta, pues, a los masones y los “lowetones” hijos iniciados de aquéllos y a cuantos consciente o inconscientemente se convierten en instrumentos de la anti-España. Que sobre ellos caigan las maldiciones de la Patria.
  
JAKIM BOOR (seudónimo del Generalísmo Francisco Franco Bahamonde). Diario Arriba, 3 de Mayo de 1951.

domingo, 18 de abril de 2021

ÚLTIMO DISCURSO DEL GENERALÍSIMO FRANCO

   
En aplicación del Decreto-Ley 10 del 26 de Agosto de 1975 sobre prevención del terrorismo (promulgado tras la muerte del almirante Luis Carrero Blanco y el atentado de la Calle del Correo), fueron condenados a muerte once terroristas del Frente Revolucionario Antifascista y Popular (FRAP) y del ETA Político-Militar por sendas acciones armadas en que murieron el cabo del Servicio de Información de la Guardia Civil Gregorio Posadas Zurrón, en Azpeitia (Guipúzcoa), el 3 de Abril de 1974, el cabo primero de la Policía Armada Ovidio Díaz López en Barcelona, el 6 de Junio de 1974, el policía armado Lucio Rodríguez y el teniente de la Guardia Civil Antonio Pose Rodríguez, en Madrid, el 15 de Julio y el 16 de Agosto de 1975.
   
De los once condenados, seis (Manuel Blanco Chivite, Vladimiro Fernández Tovar, Concepción Tristán López, María Jesús Dasca Pénelas, y Manuel Cañaveras de Gracia –del FRAP–, y José Antonio Garmendia Artola alias El Tupa –del ETA-pm–) fueron indultados por el Consejo de Ministros al conmutarles la pena de muerte por la reclusión), mientras que los cinco restantes (José Humberto Baena Alonso, José Luis Sánchez-Bravo Solla alias Pito y Ramón García Sanz –del FRAP–; Juan Paredes Manot alias Txiki, y Ángel Otaegui Etxeberria alias Caraquemada o Azpeiti –del ETA-pm–) fueron fusilados el 27 de Septiembre. 
   
En respuesta a las protestas surgidas en Europa (donde incluso la embajada española en Lisboa fue incendiada) y México (cuyo presidente Luis Echeverría Álvarez –que era informante de la CIA con el código Litempo-8, como Secretario de Gobernación del presidente Gustavo Díaz-Ordaz Bolaños, que a su vez era el informante Litempo-2 de la CIA, fue responsable de la masacre de Tlatelolco el 2 de Octubre de 1968; y como presidente fue responsable de la Matanza del Jueves de Corpus el 10 de Junio de 1971– solicitó la suspensión de España como miembro de la ONU) el 1 de Octubre de 1975 tuvo lugar la manifestación organizada por el teniente coronel de artillería del Ejército de Tierra José Ignacio San Martín López en la Plaza de Oriente, donde a las 12:35h, desde el balcón del Palacio Real, el Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, acompañado por su esposa doña María del Carmen Polo y Martínez-Valdés, por los Príncipes de España Juan Carlos de Puigmoltó-Borbón y Borbón-Dos Sicilias y su consorte Sofía de Grecia y Dinamarca, el Presidente de Gobierno Carlos Arias Navarro, el alcalde de la Villa y Corte de Madrid Miguel Ángel García-Lomas Mata y el cardenal Marcelo González Martín, Arzobispo de Toledo y Primado de las Españas, alzó su voz diciendo:
«Españoles: Gracias por vuestra adhesión y por la serena y viril manifestación pública que me ofrecéis en desagravio a las agresiones de que han sido objeto varias de nuestras representaciones diplomáticas y establecimientos españoles en Europa, que nos demuestran, una vez más, lo que podemos esperar de determinados países corrompidos, que aclara perfectamente su política constante contra nuestros intereses.
    
No es la más importante, aunque se presenta en su apariencia, el asalto y destrucción de nuestra Embajada en Portugal, realizada en un estado de anarquía y de caos en que se debate la nación hermana, y que nadie más interesado que nosotros en que pueda ser restablecido en ellos el orden y la autoridad.
    
Todo lo que en España y Europa se ha armado obedece a una conspiración masónica e izquierdista en la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece.
    
Estas manifestaciones demuestran, por otra parte, que el pueblo español no es un pueblo muerto, al que se le engaña. Está despierto y vela sus razones, y confía que la valía de las fuerzas guardadoras del Orden Público, y suprema garantía de la unidad de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire, respaldando la voluntad de la Nación, permitan al pueblo español descansar tranquilo. Evidentemente, el ser español ha vuelto a ser hoy algo en el mundo. ¡Arriba España!».
A este discurso, escuchado por cientos de miles de españoles que blandían el lábaro patrio y carteles con mensajes en defensa de la Patria y condenando el comunismo y el terrorismo, respondían con «¡Viva España!», «¡Muera el comunismo!», «¡ETA al paredón!» y «¡España unida jamás será vencida!». García-Lomas cerró el evento diciendo: «Gracias por vuestra victoria, gracias por vuestra paz, gracias por vuestra prosperidad. ¡Arriba España! ¡Viva el Caudillo!».
    
Un grupo de manifestantes liderado por Blas Piñar López y el veterano de la División Azul Mariano Sánchez Covisa se dirige a protestar contra la embajada de Portugal, que a no ser por la protección militar y policial, hubiese sido pasto de las llamas como lo fue su par español en Lisboa.

Fue el último discurso que dio el Caudillo, porque desde entonces su estado de salud se agravó hasta el día de su muerte, el 20 de Noviembre.

lunes, 15 de febrero de 2021

LOS TRES ATENTADOS DE STALIN PARA ASESINAR A FRANCO, FRUSTRADOS POR SUS PURGAS

Por Israel Viana para ABC (España).
   
EL CONTINGENTE QUE STALIN ENVIÓ A LA GUERRA CIVIL CONTRA FRANCO: UN SECRETO OCULTO POR LA URSS DURANTE 60 AÑOS
El dictador comunista no solo mandó aviones, tanques, bombas, miles de pilotos, tanquistas, asesores militares o especialistas en armamento, también organizó tres expediciones secretas para asesinar al futuro Caudillo
    
Un grupo de pilotos soviéticos en el aeródromo del Soto, durante la Guerra Civil
   
La documentación procedente de los actuales archivos de la Federación Rusa, antes integrados en la extinta Unión Soviética, estuvo guardada con un celo absoluto hasta el final de la Guerra Fría. Desde que salieron a la luz en 1991, han jugado un papel importante a la hora de reconstruir de manera más seria el papel que los soviéticos jugaron en la Guerra Civil española, cuya intervención militar directa fue decidida por Stalin entre mediados de agosto y finales de septiembre de 1936, mientras disfrutaba de su descanso en la ciudad balneario de Sochi, en el mar Negro.
   
En las reflexiones del dictador comunista pesó la idea de que si España acababa en manos de Franco, eso representaría un peligro para Francia, el país que constituía el primer eslabón de la cadena que debía cercar las ansias expansionistas de la Alemania nazi. Y si ella caía, sería un peligro para la URSS, puesto que no tenían la menor duda de que Hitler acabaría llevando a cabo una política más agresiva contra Europa que acabaría afectando al Tercer Reich, tal y como ocurrió poco después en la Segunda Guerra Mundial.
   
Lo cierto es que Stalin no tenía dudas sobre cómo solucionar el problema de España de la manera más eficaz posible: asesinar a Franco. Y tal y como contaba el historiador ruso y ex agente de los servicios de inteligencia rusos, Boris Volodarsky, en su libro «El caso Orlov» (Editorial Crítica, 2013), la Unión Soviética llegó a enviar hasta tres expediciones al bando sublevado con el objetivo de llevar a buen puerto su magnicidio. Todo ello mientras se ponía en marcha una operación mucho más complicada y grande como la Operación X (donde «X» significaba España), que consistía en el apoyo al Ejército republicano enviando todo tipo de armamento y hombres.
   
La ayuda a la República
Esta última se decidió oficialmente en la reunión del Politburó –el máximo órgano de poder en la Unión Soviética– del 29 de septiembre de 1936, pero las acciones ya se habían emprendido días antes. El 14 de septiembre, por ejemplo, en otra reunión en el Kremlin presidida por Viacheslav Molotov como presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo, se aprobó la compra de armas para España en los mercados de Francia, Suiza y Checoslovaquia. Y el 26 fue Stalin quien telefoneó desde Sochi al mariscal Kliment Voroshilov, para ordenarle que enviara también unos cien tanques y sesenta bombarderos, con sus correspondientes tanquistas y pilotos, junto a un nuevo cargamento de armas.
   
El volumen final de la ayuda soviética a lo largo de la Guerra Civil fue de 648 aviones, 347 tanques, 60 vehículos blindados, 1.186 piezas de artillería, 340 morteros, 20.486 ametralladoras, 497.813 fusiles, 3,5 millones de proyectiles, 862 millones de cartuchos, 110.000 bombas de aviación y cuatro torpederas, según las cifras dadas por el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco, Ricardo Miralles, en su artículo sobre la «Operación X» de la revista «La Aventura de la Historia». Y a esto hay que añadir otros 66 «igreks» –barcos de transporte que tuvieron que vadear el cerco impuesto por la marina de Franco en el Mediterráneo y entrar en España por la costa atlántica de Francia– para transportar las armas.
   
El volumen de dicha aportación fue muy grande, efectivamente, pero la de Alemania e Italia fue mayor, pues enviaron conjuntamente unos 1.500 aviones que participaron, entre otros, en los bombardeos de Guernica y el mercado de Alicante. Pero las armas de los rusos, a su vez, no llegaron solas. Junto a ellas vinieron, además de los mencionados pilotos y tanquistas, asesores militares, técnicos, especialistas en armamento, instructores, ingenieros aeronáuticos, mecánicos, radiooperadores y traductores, estos últimos para que se produjera una comunicación fiable entre rusos y españoles. Y todos ellos sumaron, aproximadamente, 2.200 hombres y mujeres.
   
Solo en asesores militares, la URSS mandó a 600 personas: unos cien prestaron servicio en 1936, 150 en 1937, 250 en 1938 y, a comienzos de 1939, cuando la derrota ya parecía segura tras la batalla del Ebro, unos 84. Para coordinarlos se creó una estructura de mandos a cuyo frente colocaron a un consejero militar jefe (GVS, por sus siglas en ruso), que contaba con su propio Estado Mayor y más asesores específicos en cada ámbito: desde la marina hasta las comunicaciones, pasando por la aviación y la infantería, entre otros.
   
Kim Philby
La compleja operación de transporte, instrucción y combates por tierra, mar y aire no impidió que Stalin siguiera en secreto con su plan de asesinar a Franco. Un golpe de efecto, pensaba, que sería mucho más efectivo que cualquier batalla. De las tres expediciones enviadas por el dictador comunista, la primera de ellas es de sobra conocida, pues su caso ha sido tratado por periodistas, pensadores, cineastas y escritores como John Le Carré, que se inspiró en él para el personaje central de «El topo», su novela más célebre. Su nombre, Kim Philby, un corresponsal de guerra británico que había sido reclutado por los soviéticos cuando tenía 22 años.
    
Harold Adrian Russell “Kim” Philby, en una imagen de 1955
   
El capítulo menos conocido de su carrera, sin embargo, es esta primera misión de espionaje en la Guerra Civil española, bajo la tapadera de estar cubriendo el conflicto como periodista para «The Times». En su primer viaje había permanecido en nuestro país tres meses. Al regresar logró que el prestigioso diario británico le publicara un reportaje titulado «En la España de Franco», el cual le abrió las puertas para su corresponsalía permanente en el bando franquista, de cara al público, y su labor como espía, en secreto.
   
Durante su cobertura, Philby llegó a ser galardonado con la Cruz Roja al Mérito Militar por el mismo Franco, que le creía simpatizante de su causa. Y corrió bastantes riesgos, porque estuvo a punto de morir durante la batalla de Teruel cuando, comiendo bombones y bebiendo brandy en la Nochevieja de 1937, un proyectil republicano acabó con la vida de otros tres corresponsales que se encontraban a su lado. Sin embargo, cuando los servicios secretos le enviaron allí, ya sabían que su voluntad y coraje no eran lo suficientemente fuertes como para matar al futuro Caudillo. Así que ni lo intentó a pesar de encontrarse cerca del objetivo en alguna ocasión.
   
Durante años se ha puesto en duda que Kim Phliby fuera el elegido por Stalin. Y, de hecho, nunca se han encontrado pruebas concluyentes. Según los archivos desclasificados del Servicio de Seguridad británico (MI5), un general ruso que desertó a Gran Bretaña, en 1940, reveló la existencia de dicha misión. Y aseguraba que había sido encargada a un «joven inglés» que, posiblemente, era periodista.
   
Por otra parte, en el archivo personal de Nikolai Yezhov, líder del NKVD, el futuro KGB, hay un informe con la confesión del general Walter Krivitsky después de huir a Estados Unidos en 1938. Esta, según la transcripción realizada por «The Guardian», dice: «A principios de 1937, la OGPU (policía secreta) recibió órdenes de Stalin para preparar el asesinato de Franco. Hardt, un oficial que fue luego purgado, fue instruido por el jefe de la OGPU, Yezhov, para reclutar a un inglés. Este lo contactó y envió a España. Era joven, un periodista de buena familia, un idealista y fanático anti nazi. Antes de que el plan madurara, el propio Hardt fue llamado a Moscú y desapareció». Lo curioso del informe, según el medio británico, es que en los márgenes había escrito «prob Philby» («probablemente Philby»).
   
La defensa de Madrid
Casi al mismo tiempo que la posible elección de Philby, en la primavera de 1937, hubo otra expedición encabezada por el oficial de la inteligencia soviética Grigori Mijáilovich Semiónov. Y una tercera que se depositó en Elli Bronina, la esposa de un espía soviético en Shanghai. Pero todas fracasaron, como bien es sabido, porque Stalin parecía estar más interesado en eliminar antes a los «traidores» trotskistas que habían sido enviados a España desde la URSS. Todo ello bajo la lógica aterradora de que, para acabar con cualquier enemigo externo, primero había que acabar con el enemigo interno.
   
Mientras se llevaba a cabo esta purga mediante asesinatos selectivos y fracasaban los planes del magnicidio, a España llegaban los diferentes consejeros jefes de la Unión Soviética: en 1936 y 1937, Yan Berzin; en 1937 y 1938, Grigory Stern, y entre finales de 1938 y comienzos de 1939, Kuzmá Kachanov, según detalla Miralles. Todos ellos con sus correspondientes consejeros adjuntos y el proyecto de crear un Nuevo Ejército Popular. Y lo cierto es que su aportación fue decisiva en la defensa de Madrid, cuya operación fue un éxito durante los primeros meses de guerra y funcionó, también en algunas de las batallas posteriores, como el Jarama, Teruel y Guadalajara. Al igual que el adiestramiento de soldados españoles y la creación de escuelas militares en Barcelona, Madrid, Almansa, Murcia, Albacete o Archena.
   
Los primeros pilotos soviéticos, por su parte, llegaron a España en septiembre de 1936, un mes antes que los primeros bombarderos rápidos Tupolev –un total de 30 con los que formaron tres escuadrillas– y 40 cazas. Fue en Madrid donde se produjeron también los primeros combates en 1936, que se saldaron la mayoría con éxito por parte de los aviadores rusos y con la ayuda de algunos españoles inexpertos. El final ya lo sabemos: el número decreció desde los 311 a finales de 1936, hasta los 183 en 1938, hasta el final de una guerra que acabó con 99 de ellos.

viernes, 24 de julio de 2020

VATICANO A PEDRO SÁNCHEZ: «DEBISTE MANTENER EN SECRETO QUE BERGOGLIO APOYABA LA EXHUMACIÓN DE FRANCO»

   
Como es sabido, el 24 de Octubre de 2019 fue exhumado sacrílegamente por Pedro Sánchez Pérez-Castejón el ataúd con los restos mortales del Generalísimo Francisco Franco Bahamonde de la Basílica de la Santa Cruz en Cuelgamuros, anexa a la abadía benedictina del Valle de los Caídos, en aplicación de la «Ley de “Memoria histórica”» promulgada por José Luis Rodríguez Zapatero, sancionada por Juan Carlos Puigmoltó-Borbón y no derogada por Mariano Rajoy Brey. Pero al menos (hasta donde se sabe), no hubo ludibrio sobre ellos (ni mucho menos la ceremonia masónica de castigo) como sí hacían los republiquetos en los años treinta.
  
Tal acto, que fue acolitado por la ingrata Conferencia Episcopal Española, contó con casi ninguna protesta en España, salvo la del prior de la abadía Dom Santiago Cantera Montenegro OSB, del pretendiente legitimista francés S. A. R. Luis Alfonso de Borbón y Martínez-Bordiú (bisnieto del Caudillo) y de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X - Casa Autónoma de España y Portugal.
   
Ante las declaraciones de Pedro Sánchez ante el periodista Aldo Cazzullo del CORRIERE DELLA SERA el 8 de Julio:
«Las relaciones son pacíficas. Francisco es un Papa carismático, espero poder conocerlo. Le cuento una cosa: me ha ayudado en el asunto del cuerpo de Franco. En el Valle de los Caídos había una comunidad de benedictinos contrarísima a la exhumación. He pedido la intervención del Vaticano. Y todo se ha resuelto».
Palabras que hicieron saltar a la prensa subvencionada a la CEE, y que la Sala de Prensa de la non sancta Sede expidiera el siguiente comunicado el día 21 de Julio:
«Con respecto a las declaraciones hechas por el Sr. Presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, en su entrevista publicada el 8 de julio pasado en el periódico Corriere della Sera, se precisa que la Santa Sede, sobre el asunto de la exhumación de Francisco Franco, ha reiterado en varias ocasiones su respeto a la legalidad y a las decisiones de las autoridades gubernativas y judiciales competentes, ha instado al diálogo entre la familia y el Gobierno y no se ha pronunciado nunca sobre la oportunidad de la exhumación ni sobre el lugar de la sepultura, porque no es de su competencia».
  
Como que al “carismático” Bergoglio no le van las zalamerías cuando estas lo ponen en evidencia.

jueves, 9 de julio de 2020

SÁNCHEZ: «FRANCISCO ME AYUDÓ A EXHUMAR A FRANCO»

En entrevista concedida a Aldo Cazzullo al diario liberal milanés (claro y patente pleonasmo) CORRIERE DE LA SERA, el “presidente de Gobierno” pepesoe-podemita (y lacayo del judío György Schwartz Szűcs alias George Soros Suchs) Pedro Sánchez Pérez-Castejón habló no sólo de la plandemia del coronavirus wuhanense y de la imagen de los socialistas en España y Europa, sino también sobre lo único que lo hizo enroscarse en el poder: Franco.
   
Pedro Sánchez Pérez-Castejón
  
El periodista le preguntó: «Vd. será recordado también como el presidente que ha re-exhumado el cuerpo de Franco del Valle de los Caídos. Es el tiempo en que se derriban las estatuas. ¿Era precisamente necesario?», a lo que Sánchez respondió:
«Sí. Un dictador no merece un mausoleo; y sus víctimas no pueden reposar junto a él. He procedido en forma legal, aplicando la ley de la memoria histórica de Zapatero, y con un amplio consenso popular».
Y para poner la guinda al cóctel, preguntado sobre las relaciones del PSOE con la iglesia conciliar luego de las tensiones (se entiende que con Zetapé), dijo:
«Las relaciones son pacíficas. Francisco es un Papa carismático, espero poder conocerlo. Le cuento una cosa: me ha ayudado en el asunto del cuerpo de Franco. En el Valle de los Caídos había una comunidad de benedictinos contrarísima a la exhumación. He pedido la intervención del Vaticano. Y todo se ha resuelto».
 
Ante tamaña revelación (que quizá sea la única verdad dicha por ese mentiroso encostrado), INFOCATÓLICA acabó vendiendo el sofá y quemando el colchón, diciendo en pocas palabras que lejos de apoyar directamente la profanación so capa de “memoria histórica”, el Vaticano no quiso interferir al respecto, citando para el efecto la carta del cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin del 14 de Febrero de 2019 a la vicepresidenta de gobierno Carmen Calvo, que en misiva del 19 de Enero le informa del obstáculo que en su momento representaba el prior del Valle de los Caídos Santiago Cantera Montenegro OSB, y le pide al Vaticano que tomara las decisiones oportunas «a fin de remover los obstáculos que la referida abadía ha creado con su decisión»:
«Confirmo que la Santa Sede respeta plenamente el texto y el espíritu del Acuerdo con el Estado español sobre asuntos legales del 3 de enero de 1979, que reconoce y protege las respectivas esferas de competencia y jurisdicción. En cumplimiento del principio de no intervención en asuntos que pertenecen esencialmente a la competencia interna de otro Estado, la Santa Sede no quiere intervenir en una cuestión que está sujeta a la jurisdicción española».
Pero la carta dice párrafo seguido, recordando la reunión que los dos sostuvieran el 29 de Octubre de 2018 en el marco del Consistorio (visita considerada por algunos como chantaje), que:
«La Iglesia no se opone a la exhumación de los restos mortales del General Franco si la autoridad competente así lo dispone. A la comunidad benedictina de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos fue recordado y se seguirá recordando su deber cívico de observar plenamente el ordenamiento y de respetar a las autoridades civiles»
y con eso basta. Esta respuesta, diplomática donde las haya, para Pedro Sánchez Pérez-Castejón significó una victoria táctica en su pretensión de profanar (con el bergogliano placet) más la Abadía con la exhumación del Generalísimo, el último obstáculo (κατέχον, en términos apocalípticos) que le quedaba a España para evitar caer en el comunismo, y a Sánchez para legitimar en las Cortes su ascenso vía golpe de Estado a la Moncloa.
     
Carmen Calvo Poyato y Pietro Parolin Miotti (29 de Octubre de 2018)
   
Por supuesto, los jerarcas de la ingrata Iglesia española no se opondrían a ello, ya que no les convenía perder la X en la planilla de impuestos (por el cual sólo el año pasado recibieron 284’000.000 de euros por parte de 8 millones y medio de contribuyentes, según Luis Javier Argüello García, portavoz de la CEE) ni su posición más favorable para discutir el pago del Impuesto de Bienes Inmuebles (aun cuando solamente la APSA del Vaticano paga al Comune de Roma € 9’300.000 por este concepto).
   
Pero como Dios no se guarda nada, la alta incidencia de casos (252.513, entre ellos altos funcionarios del régimen, como la ministra de Política Territorial y Políticas Públicas Carolina Darias San Sebastián, y María Begoña Gómez Fernández –mujer de Sánchez– e Irene María Montero Gil –por cuya salud el ateo Iglesias tuvo que doblar rodilla en una iglesia–) y 28.396 muertes (destacando el alcalde socialista de Cantalojas Narciso “Siso” Arranz Cerezo y la “princesa roja” María Teresa de Borbón-Parma, prima del “rey” Felipe VI Puigmoltó-Borbón y Grecia) por la pandemia en España es una parte del castigo por profanar el lugar en que el Generalísimo (aun contra su voluntad, cabe resaltar) esperaba la Resurrección de los muertos. Y ni hablar del castigo que a Sánchez, Calvo, Parolin y Bergoglio les esperará en el Infierno por toda la eternidad.

jueves, 24 de octubre de 2019

SOBRE LA EXHUMACIÓN DEL GENERALÍSIMO POR EL DICTADOR PEDRO SÁNCHEZ, EN CONTUBERNIO CON LA JERARQUÍA APÓSTATA

Hoy se llevó a cabo el acto de mayor bajeza de toda la democracia, hoy el PSOE llevó a termino un acto de venganza, profanando la tumba de Francisco Franco, el hombre que salvó a España del mayor genocidio católico de la historia, llevado a cabo por los socialistas del PSOE durante la segunda república.
   
Lo triste es que no sólo nadie ha salido en su defensa, sino que los que provocaron la guerra,  quedan impunes con monumentos, calles, colegios y plazas en su memoria, Largo Caballero, La Pasionaria, Carrilo y un largo etcétera, a pesar de que la Unión Europea los equipara al nazismo y deben de quitarse.
   
Esto también invalida la amnistía de la transición, pues se beneficia continuamente a un bando en detrimento del otro.
   
El PSOE no causó la guerra sólo: tuvo a la URSS, al PCE y a los separatistas vascos y catalanes. Y hoy, 80 años después de perder la guerra que ellos mismos crearon, ha llevado a cabo la profanación con el apoyo del PP, Podemos, los separatistas vascos y catalanes, la obsecuencia de un Tribunal Supremo politizado e incensado por el Vaticano comunista y la ingrata Conferencia Episcopal Española. Pero Dios es el Juez supremo, y con toda justicia a cada quien pondrá en su sitio.
  
🙋🏻‍♂🇪🇸

JORGE RONDÓN SANTOS
24 de Octubre de 2019
Fiesta de San Rafael Arcángel

martes, 24 de septiembre de 2019

EL SATÁNICO BERGOGLIO APOYA LA EXHUMACIÓN DE FRANCO ORDENADA POR EL GOBIERNO PEPESOE

Hoy, los seis magistrados de la Sala Tercera-Sección Cuarta del Tribunal Supremo de España (conformado por Jorge Rodríguez-Zapata Pérez, Celsa Picó Lorenzo -catalana, amiga de la minstra de defensa Margarita Robles y miembro de Jueces y Juezas para la Democracia, José Luis Requero Ibáñez -opusino-, María del Pilar Teso Gamella, Segundo Menéndez Pérez y Pablo María Lucas Murillo de la Cueva -cercano al Partido Nacionalista Vasco, y ponente de la sentencia- y que sesiona en el antiguo convento de las Salesas Reales de Madrid) votaron unánimes que, en aplicación de la «Ley de “Memoria histórica”» (promulgada por José Luis Rodríguez Zapatero, sancionada por Juan Carlos Puigmoltó-Borbón y no derogada por Mariano Rajoy Brey), los restos del Generalísimo Francisco Franco Bahamonde fueran exhumados de la Abadía del Valle de los Caídos para ser inhumados en el cementerio de Mingorrubio-El Pardo, secundando uno de los objetivos politiqueros y demagógicos del golpista Pedro Sánchez Pérez-Castejón, quien aspira a ser refrendado tras las elecciones generales del 10 de Noviembre. Este es un capítulo más entre la lucha de los epígonos de los republiquetos que CAUSARON y PERDIERON la guerra civil, en reconstruir la Historia a su conveniencia, y ahora con la bendición de Francisco Bergoglio (quien imita a Roncalli y Montini en su odio a España, otrora Baluarte del Catolicismo).
 
Tomamos de ALERTA DIGITAL este análisis.

Profanación de la iglesia del Carmen
 
Como es sabido, el Frente Popular fue esencialmente una alianza de separatistas, totalitarios y golpistas, con fuertes rivalidades y odios internos, manifiestos en represalias, torturas y asesinatos entre ellos, cosa que se trata de olvidar, borrando arbitrariamente parte significativa de la realidad histórica. No obstante esos odios, había al menos una cosa en la que estaban todos de acuerdo: la Iglesia católica debía ser aniquilada y erradicada del presente y en lo posible del pasado de España.
 
Las «7.000 rosas» asesinadas durante la represión republicana de las que el PSOE no se acuerda
 
En consecuencia, el Frente Popular organizó durante la guerra civil y aún antes, el exterminio, menudo con sadismo extremado, del clero y de muchas personas distinguidas por su catolicismo, la destrucción sistemática de templos, a menudo de gran mérito artístico, monasterios de poso histórico, bibliotecas valiosísimas y hasta cruces de los cementerios. Se trató, técnicamente, de un genocidio. Esa labor fue acompañada del saqueo de bienes y tesoros artísticos, utilizados luego para asegurar un exilio bien llevadero a los dirigentes. En esa tarea participaron todos los partidos, unos con más intensidad que otros, y alguno encubriendo o justificando la persecución ante el exterior. Una persecución que acarreó un grave descrédito al Frente Popular en los países democráticos, incluso en aquellos tradicionalmente hostiles al catolicismo, donde la mayor parte de la opinión pública la vio como la explosión de barbarie que sin duda fue.
 
La puerta de Alcalá de Madrid con el retrato de Stalin durante la II República
 
La razón de esa política que, mirada en retrospectiva, deja una impresión de alucinamiento, estribaba y estriba en la noción ideológica de que la Iglesia era la causante de un atraso español muy exagerado por la propaganda de esos partidos; y de todos los males sociales concebibles. Por tanto su influjo debía ser sustituido por el de unas ideologías que traerían al país, o a algunas de sus regiones separadas, una brillante ilustración, libertad y prosperidad. De hecho se trataba de ideologías importadas y vulgarizadas al nivel de simples consignas, que no solo originaban odio a la Iglesia, sino entre esas mismas ideologías. Quizá fue ello lo que llevó al escritor liberal Gregorio Marañón, uno de “los padres espirituales de la república”, a tacharlas acremente de “estupidez y canallería”. No hará falta extenderse sobre las realidades que han generado en varios países europeos.
 
Militantes socialistas profanan una iglesia durante la II República.
  
Pero cualquiera sea la opinión sobre la Iglesia o las ideologías hostiles a ella, el hecho histórico evidente es que el cristianismo constituye la base y raíz de la cultura tanto española como europea, habiendo generado una acumulación simplemente gigantesca de arte, ciencia y pensamiento manifiesta en la obra de miles de escritores, arquitectos, pintores, pensadores o científicos. Este mero hecho exige, tanto para creyentes como para no creyentes, una actitud de esencial respeto, cualquiera sea su criterio sobre la relación actual entre religión y política. La experiencia prueba que la pérdida de ese respeto conduce directamente a la barbarie, como ocurrió en España.
 
Quema de iglesias durante la Segunda República
   
Pues bien, los católicos, y los no católicos que admitimos de estas evidencias, tenemos la absoluta obligación moral y política de reconocer la importancia histórica de Francisco Franco en el salvamento de la Iglesia y de la cultura cristiana. Esta obligación corresponde en primer lugar al papa, los obispos y otras jerarquías eclesiásticas. Y por tanto, debemos denunciar y oponernos con energía a los planes del actual gobierno de ultrajar los restos de aquel gran personaje histórico. No deben admitirse en modo alguno sus pretensiones de encubrir con la bandera de la democracia unos designios radicalmente antidemocráticos, provocadores de odios que nos retrotraen precisamente a aquellos tiempos de barbarie.
 
EL VATICANO: «NADA MÁS QUE AÑADIR»

 
El Vaticano mantiene su postura sobre la exhumación de Franco y precisa que no tiene «nada más que añadir» ante el fallo del Tribunal Supremo (TS), que ha avalado por unanimidad la decisión de Gobierno de Pedro Sánchez de sacar los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos y su posterior inhumación en el cementerio de El Pardo-Mingorrubio, que había sido recurrida por la familia del dictador.
 
Los Franco se oponían y reclamaban que, en todo caso, la reinhumación se produjese en la Catedral de la Almudena, donde compraron una cripta. El recurso ha sido rechazado en su totalidad.
 
Los seis magistrados no solo deben pronunciarse sobre la exhumación, sino también sobre el nuevo emplazamiento, con la premisa de que la familia solo ha dado la cripta de la catedral como opción
 
«La Santa Sede se ha manifestado ya en su momento sobre el caso Franco. No hay nada más que agregar», han señalado fuentes de la Santa Sede.
   
 
El Vaticano se ha pronunciado en varias ocasiones en relación a la exhumación de Franco, y concretamente a través de una carta que el Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolin, envió el pasado mes de febrero a la vicepresidenta del Gobierno español, Carmen Calvo. En definitiva, la Santa Sede defiende que la decisión «concierne a la familia, al Gobierno español y a la Iglesia local». Asimismo, señalaba que la exhumación es «competencia del Estado español y está sometido al Derecho y a la Justicia española».

El Juzgado de lo Contencioso-Administrativo 3 suspendió de forma cautelar el informe con el que se aprueban las obras en el Valle de los Caídos, escollo que el Gobierno todavía tiene que superar
 
Posteriormente, en julio de este mismo año, el Vaticano también se refirió a la declaraciones del ya exnuncio en España, Renzo Fratini, que aseguró en una entrevista con Europa Press que con su medida el Gobierno había conseguido «resucitar a Franco». La Santa Sede aseguró que estas declaraciones se realizaban «a título personal».

El entonces director «ad interim» de la Oficina de Prensa, Alessandro Gisotti, reiteró que la posición de la Santa Sede sobre el tema de la exhumación de Franco «es clara» y «ha sido ya expresada oficialmente». Recientemente, se ha conocido que el próximo nuncio en España será el hasta ahora observador del Vaticano ante la ONU, el filipino Bernardito Azúa, aunque su nombramiento oficial aún está pendiente por parte de la Santa Sede.
  
NO LLEGÓ A PRONUNCIARSE SOBRE LA ALMUDENA

Catedral de la Almudena.
  
Aunque el Vaticano ha mantenido reiteradamente que la exhumación de Franco es una cuestión que compete a Gobierno y familia, no ha llegado a pronunciarse sobre una posible inhumación en la Catedral de La Almudena.
 
De hecho, en octubre de 2018, tras la reunión mantenida entre la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, y el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, la Santa Sede precisó en un comunicado que no se opone a la exhumación de Francisco Franco, «si así lo han decidido las autoridades competentes».
 
Pero también aclaró que en ningún momento se había pronunciado sobre el lugar de la inhumación, ante la posibilidad de que fuera enterrado en la catedral de La Almudena. En el comunicado del Gobierno español, Calvo afirmaba que había manifestado su preocupación por la posible sepultura en la catedral de la Almudena y su deseo de explorar otras alternativas, también a través del diálogo con la familia» y que al cardenal secretario de Estado «le pareció oportuna esta solución».
 
ABADÍA DEL VALLE DE LOS CAÍDOS
   
Asistentes al Valle de los Caídos
 
Por su parte, fuentes de la Abadía del Valle de los Caídos, al frente de la cual está el prior Santiago Cantera, han señalado que hasta que no estudien el fallo no podrán valorarlo. En su recurso, la comunidad benedictina considera que no hay razones objetivas para llevar a cabo la exhumación de Franco.
 
Los monjes benedictinos del Valle de los Caídos son los gestores de la basílica y gozan de autonomía, de forma que sobre el prior solo tienen autoridad el abad de la Abadía de Solesmes, Philippe Dupont, y el Papa.

viernes, 28 de junio de 2019

EL SAGRADO CORAZÓN Y ESPAÑA

Traducción hecha por don Antonio Moiño Munitiz del artículo publicado en LA CONTRE-RÉFORME CATHOLIQUE. Tomado de AMOR DE LA VERDAD.
  
En las revelaciones de Paray-le-Monial, en el siglo XVII, los jesuitas fueron elegidos para ser los apóstoles del Sagrado Corazón. Pero la demanda de Paray-le-Monial fue mal recibida en la Compañía de Jesús, al menos en Francia y Roma. (…)
 
Sin embargo, en España, gracias a una serie de acontecimientos providenciales, los miembros más prominentes de la Compañía se embarcaron en el plan divino revelado en Paray-le-Monial. Ciertamente, el Padre Bernardo de Hoyos estaba predestinado y preparado por una serie de gracias extraordinarias, en el noviciado, para hacer triunfar  la causa del Sagrado Corazón. Algunas de las apariciones y visiones con que fue favorecido, le revelaron los tesoros inagotables de la misericordia y la gracia escondida en el Sagrado Corazón.
  
Durante el reinado de Felipe V, se le manifestó la gran promesa” del Sagrado Corazón: “Reinaré en España, y con más veneración que en otras partes”. Así fue cómo España fue preservada del jansenismo. Veremos a continuación cómo el reinado del Sagrado Corazón siguió su curso durante los siglos siguientes, los eclipses temporales que sufrió, y qué principios e imperativos doctrinales condicionan hoy su restauración. (…)
  
EL REINADO DEL SAGRADO CORAZÓN, INSTAURADO Y RESTAURADO.
El Padre Hoyos conocía las promesas hechas a Santa Margarita María en favor de los que honraran el Sagrado Corazón, y dieran un lugar a su imagen en sus hogares. Por ello hizo imprimir grabados que fueron por primera vez enviados a la Corte, donde fueron recibidos con reverencia. (…) Después , se propagaron rápidamente por el país, así como una Novena en honor del Sagrado Corazón, la cual fue enviada a los miembros de la Corte y a los obispos de los reinos de España. (…) 
  
El Padre Cardaveraz, que fue uno de los directores espirituales del Padre Hoyos, escribió: “ El demonio hace todo lo posible para lograr  nuestra negligencia este apostolado, porque Nuestro Señor atendiendo a nuestras súplicas, comunicará a los hijos de Ignacio el fuego que consume su Corazón, y que consumirá el mundo”. (…)
  
CELOSOS MISIONEROS
Puede asegurarse que los grandes predicadores españoles de la Compañía respondieron con ardor a la llamada del Padre Cardaveraz. (…) Puédese juzgar el éxito de su ministerio por el testimonio del Padre Calatayud“Durante los catorce meses que duraron las misiones populares sólo en la provincia de Asturias, fueron fundadas ciento dos cofradías del Sagrado Corazón” (…). Fundada en Madrid en septiembre de 1736, la Congregación del Colegio Imperial de los Jesuitas tuvo representantes de la más alta nobleza del reino, e insufló su ardor y su vida en otras congregaciones del Sagrado Corazón. Los nobles, príncipes y princesas, la Reina y el Rey dieron su nombre y se alistaron en las cofradías. Felipe V fue el primero que se inscribió. (…)  
  
Los jesuitas no estuvieron solos en la labor: los amigos que contaban entre el episcopado hicieron de la causa del Sagrado Corazón su causa personal. Además, sólo tres años después de la muerte del Padre Hoyos, los obispos reunidos en concilio enviaron una petición al Papa para obtener su permiso para celebrar en sus diócesis, el Oficio y Misa del Sagrado Corazón. (…) 
  
El Papa Clemente XII fue renuente a la celebración litúrgica del Sagrado Corazón, y rechazó esta petición. En 1745 los obispos de la provincia de Tarragona renovaron de nuevo sus instancias con el nuevo Papa, Benedicto XIV.
 
A pesar de la persistente negativa de los Papas, la “gran promesa” ya se había logrado: “Durante diez años, desde 1735 hasta 1745, el Sagrado Corazón reinó verdaderamente en España ya ganada a su amor”.
 
SEPULTADOS CON CRISTO
El rey Fernando VI y la Reina, Doña Bárbara, y la reina madre Doña Isabel Farnesio, se inscribieron en la Cofradía del Sagrado Corazón.
  
Sin embargo, bajo su sucesor, Carlos III, tuvo lugar el destierro de los jesuitas, promulgado el 2 de abril de 1767, con la denuncia del culto del Sagrado Corazón de Jesús: “Descubrimos en las asociaciones del Sagrado Corazón, elementos de una vasta conspiración que intentaría de acuerdo con los expulsados poner en peligro el trono. Por lo tanto las manifestaciones públicas del culto del Divino Corazón quedan prohibidas”.
  
Suprimida la Compañía en Portugal en 1759, en Francia en 1764, la Compañía fue disuelta finalmente por el mismo Papa en 1773. Por no haber respondido a las demandas de Paray-le-Monial, los jesuitas sufrieron un castigo terrible. La devoción de los jesuitas españoles al Sagrado Corazón no les ahorró la persecución. (…)
 
Sin duda, la advertencia que Nuestro Señor hiciera a Santa Margarita María: “Mi Divino Maestro no me dijo que sus amigos no tendrían  que sufrir nada, sino que quiere que ellos obtengan su mayor felicidad en gustar su amargura”.

Igualmente el Padre Hoyos escribió: “Dios siente una especial satisfacción al ver que la Compañía iza el estandarte de su Nombre y le imita en el sufrimiento, en las tribulaciones, contradicciones y persecuciones que todos verán. Jamás faltará a la Compañía la persecución, y si algún día no la padeciera, que tenga un gran temor porque ella no faltó jamás a su Capitán”. 
  
RENOVACIÓN DE LA DEVOCIÓN POR FERNANDO VII
Después de los disturbios, desórdenes, y problemas causados por Napoleón en la Península, los descendientes de Felipe V reanudaron esta devoción. Carlos IV, después de su abdicación, y Fernando VII durante su encarcelamiento en Valençay, recapacitaron. Tanto el padre como el hijo volvieron sus ojos al Sagrado Corazón de Jesús y pusieron toda su confianza en Él.
  
“En su detención en Valençay, Fernando se obligó con un voto a fundar, una vez alcanzada la libertad, una cofradía del Sagrado Corazón en la capital del reino. Restaurado, contra toda esperanza, en el trono de sus padres, en 1814 llevó a cabo su promesa de fundar una cofradía del Sagrado Corazón en la iglesia del Real Monasterio de la Visitación de Madrid. El mismo Rey asistió a su inauguración, con la reina y la familia real.
  
Pero Fernando VII fue más allá: pidió al Papa Pío VII el que  aprobara formalmente para  la Iglesia de España la devoción al Sagrado Corazón. Era,  como dijo, la forma más eficaz para reactivar la devoción de sus súbditos. 
   
El Santo Padre se apresuró a aceptar la petición del monarca  y aprobó esta devoción para toda la Iglesia de los dominios españoles, ordenando que la fiesta se celebrara el viernes después de la octava de Corpus Christi, con el rito de segunda clase”.
 
Además, Fernando VII revocó por real decreto todas las medidas adoptadas en contra de la Compañía de Jesús. (…) Durante su reinado, las nuevas cofradías religiosas consagradas a la adoración de la Eucaristía y del Sagrado Corazón experimentaron un desarrollo extraordinario.
  
Este culto llegó a ser un culto público; el Estado español era un Estado oficialmente católico. Aunque la Constitución de 1812 era liberal en algunos aspectos, sin embargo, especifica: “La religión de la Nación española es y será por siempre la católica, apostólica y romana, la única verdadera religión. La Nación la protegerá por medio de leyes sabias y justas, y prohibirá el ejercicio de cualquier otra religión”.
  
ALFONSO XIII, CONSAGRADO AL SAGRADO CORAZÓN
Este rey fue favorecido en su infancia con un milagro del Sagrado Corazón. A la edad de cuatro años, en 1890, sufrió una indigestión tan perniciosa que los médicos consideraron que perdería la vida. La madre priora de un convento de Madrid, a sabiendas de que estaba para morir, envió a su madre la reina regente, María Cristina, un escapulario del Sagrado Corazón, para que se lo impusiera a su Majestad. Además le animaba a consagrarlo al Corazón de Jesús, en el caso de que obtuviera la salud. La reina impuso el escapulario a su hijo. Contrariamente a todos los pronósticos, disminuyeron los dolores, y quedó sano.
  
Seis meses más tarde, durante la novena al Sagrado Corazón, en la parroquia de San Martín, el 10 de junio de 1890, la reina solemnemente consagró a sus tres hijos al Corazón de Jesús. 
  
En Madrid, durante el Congreso Eucarístico Internacional en 1911, Alfonso XIII, que siempre llevaba el escapulario del Sagrado Corazón, realizó la consagración de España a Jesús ante la Eucaristía. Además, el Congreso reprobó la laicidad señalando que las naciones tenían obligación de dar en homenaje a Nuestro Señor Jesucristo la reparación y adoración de la Nación, reconociendo los derechos de su  soberanía sobre las personas, recibidos en heredad de su Padre Celestial”. Se trataba de luchar contra la apostasía oficial de los poderes públicos, antaño cristianos, es decir puestos en sumisión a Dios, y que hoy, bajo pretexto de neutralidad, ignoran sus leyes, en tanto que naciones, e intentan expulsarlo de la vida pública.
  
La decisión de construir un monumento al Sagrado Corazón, cerca de Madrid, en el cerro de los Ángeles, centro geográfico de la península, respondía a este deseo. (…) Alfonso XIII dio su apoyo, a pesar de las presiones y amenazas de la masonería de Madrid. (…)
   
El 30 de mayo de 1919, después de la bendición del monumento por el nuncio apostólico, el Rey, que entonces tenía treinta y tres años, rodeado por los miembros del gabinete, representantes de las Cortes y de los órganos del Estado, pronunció solemnemente, ante una multitud inmensa, un acto de consagración de España al Sagrado Corazón . (…)
  
El 19 de noviembre de 1923, en Roma, durante una audiencia papal, Alfonso XIII, acompañado por el general Primo de Rivera, hizo un discurso magnífico ante el Papa Pío XI, presentándose a sí mismo como heredero de los Reyes Católicos:
En la historia española, fluye libremente, Santo Padre, la savia de la fe. Si la cruz de Cristo ya no se levantara sobre nuestro país, ¡España dejaría de ser España!”. (…)
  
Tras recordar la consagración nacional al Sagrado Corazón, continuó: “Al pedir respetuosamente vuestra bendición para España, mi familia y los valientes soldados que luchan en África por la justicia y la civilización, solemnemente os prometemos que si un día, Su Santidad decidiera hacer una Cruzada contra los enemigos de nuestra santa Religión, España y el Rey, fiel a vuestras órdenes, no desertarían del puesto de honor que se les asignan por sus gloriosas tradiciones, del triunfo y la gloria de la Cruz, que no sólo es el  símbolo de la fe, sino también de ¡la paz, la justicia, la civilización y el progreso!”.
  
Pero ante esto el Papa, declinando su ofrecimiento de la Cruzada, le dio una amonestación paternal   invitándole a enrolarse en la vía del liberalismo: “En el noble y grande pueblo español, existen también hijos desgraciados, incluso los más amados por Nos, que se niegan a acercarse al Divino Corazón. Dígales que no les excluímos, sino que por el contrario, nuestros pensamientos y nuestro amor son para ellos”.
  
La Cruzada “contra los enemigos de nuestra santa religión”, propuesta por Alfonso XIII, la emprendería con éxito el General Franco, quince años después. (…)
  
ESTADO CATÓLICO DEL GENERAL FRANCO 
Francisco Franco recibió de su madre y de sus maestros una educación profundamente católica. Fueron muchos los soldados de su ejército que fueron a la lucha con el detente del Sagrado Corazón en el pecho.
  
Los rojos, que habían tomado el Cerro de los Ángeles, se encastillaron allí y llegaron en su funesto juego a disparar a la estatua del Sagrado Corazón que presidía el cerro. El 7 de agosto de 1936, destruyeron el monumento con dinamita. Sin embargo, el saqueo, la  profanación y el sacrilegio provocaron en el pueblo una reacción saludable. Mons. González García, el santo obispo de Palencia, escribía al párroco de Torrelobatón, el 5 de septiembre de 1936: Gracias a Dios, vemos en todas partes un gran renacer religioso, pero en esta parroquia de Torrelobatón, es todavía mayor que en otras partes la devoción y amor por el Sagrado Corazón de Jesús. Esto no podía ser de otra manera ya que son Uds. los hermanos del Santo Padre Hoyos. (…)
  
En los territorios reconquistados, el general Franco restableció la dichosa cooperación de Iglesia y Estado con perfecta armonía de los dos poderes. El historiador Claude Martin hizo un balance de las medidas de reparación adoptadas por el Caudillo:Él restauró la Iglesia en la posición  privilegiada de la antigüedad, declaró el catolicismo la religión del estado, hizo regresar a los jesuitas expulsados de España por la República, hizo obligatorio el estudio de la religión en las escuelas y universidades, derogó la ley de divorcio y restauró el valor legal del matrimonio religioso. El estado implantó la subvención de los clérigos.
  
En esta materia, dijo el Caudillo a las Cortes en 1953, no hay engaños ni fraudes. Si somos católicos, nos salen al paso las obligaciones que se derivan de este hecho. En las naciones católicas, las cuestiones de fe pasan a ser de primera importancia para el Estado. La salvación o perdición de las almas, el aumento o disminución de la verdadera fe son problemas de capital importancia que no pueden dejarnos indiferentes”.
  
A comienzos de los años 40, los obispos españoles recibieron las advertencias de nuestro Señor, por medio de la Hermana Lucía de Fátima, para reformar la moral del clero. La Virgen Peregrina de Fátima recorrió la Península y recibió “un apoteósico y extraordinario homenaje” en Madrid en mayo de 1948. A las puertas de la capital, que entonces tenía 800.000 habitantes, Nuestra Señora recibió la aclamación de un millón y medio de fieles. El 26 de mayo, Nuestra Señora fue llevada a la residencia del Generalísimo Franco, donde fue recibida por todo el personal civil y militar en la capilla del palacio. (…)
  
El  Cardenal Cerejeira, Patriarca de Lisboa, dijo en su discurso del 30 de mayo, en la ceremonia de clausura: “Fátima es al culto al Corazón Inmaculado de María, lo que Paray-le-Monial fue para el culto del Sagrado Corazón. Fátima, en cierto sentido, es la continuación, o más bien, la conclusión de Paray-le-Monial: Fátima une a estos dos corazones que Dios ha unido en la obra divina de la Redención”.
  
Después de las lluvia de gracias, en todas las regiones de España, el Caudillo, el 12 de octubre de 1954, hizo a los pies de la Virgen del Pilar una admirable consagración de la nación española al Inmaculado Corazón de María.
   
Este acto de consagración afirmó la soberanía de los Sagrados Corazones de Jesús y María en el Estado español, y contiene por ello, implícitamente, un rechazo de la doctrina de la libertad religiosa, doctrina que se basa en dos principios: primero, la dignidad trascendente y el derecho inalienable de todo ser humano a que sus creencias religiosas no sufran ningún impedimento en actos públicos, y por otro lado, la incompetencia del Estado en materia religiosa.
 
De acuerdo con la enseñanza constante de la Iglesia universal, el concordato firmado en 1953 entre la Santa Sede y el gobierno español oficialmente desaprobaba la libertad religiosa. (…)
 
Ciertamente, si quien quiera trabajar con eficacia por el reinado del Sagrado Corazón, primero tiene que rechazar la impía doctrina convertida en el “nuevo dogma” del Concilio Vaticano II, a saber, el derecho social a la libertad en materia religiosa, y todo lo que sigue, en particular la teoría del Estado democrático, neutral, indiferente a Dios y servidor de la libertad individual. 

La Suprema Verdad es Cristo, escribió el abate Georges de Nantes. Él es nuestra justicia, nuestro derecho, la belleza suprema. Pero Cristo Jesús es una Persona, Persona divina encarnada, y por lo tanto, sujeto incomparable de los derechos sociales más amplios” (CRC No. 218, enero de 1986, pág. 3).
  
Por lo tanto, principalmente a través del reconocimiento explícito y de la solemne proclamación de los derechos sociales de nuestro amado Salvador, la Iglesia y el Estado, felizmente concertados, pueden restaurar o crear, en nuestras naciones, el Reinado de su Divino Corazón.
 
Extracto de Il est ressuscité!, Volumen 4, No. 25, agosto de 2004, págs. 15-20