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lunes, 20 de junio de 2022

NOVENA EN HONOR A LOS SANTOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO

Traducción de la Novena publicada en Montreal en 1867, con Imprimátur concedido por Mons. Ignacio Bourget Paradis, Obispo de Montreal.
   
NOVENA EN HONOR A LOS SANTOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO
  


Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén. 
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de todo corazón de haberos ofendido, y propongo firmemente de nunca más pecar, y de apartarme de todas las ocasiones de ofenderos, y de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta, y restituir y satisfacer si algo debiere; y por vuestro amor perdono a mis enemigos, y ofrezco vuestra santísima Pasión y muerte, mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados. Y como os lo suplico, así confío en vuestra bondad y misericordia infinita que me los perdonaréis, por los merecimientos de vuestra preciosísima Sangre, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar hasta la muerte. Amén.
 
DÍA PRIMERO – 20 DE JUNIO
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, que habéis sido los primeros para predicar la doctrina celestial, y quienes primero la pusisteis en práctica; cuyas acciones no tuvieron otro motivo que la divina voluntad, cuya muerte fue un holocausto de la más generosa obediencia, obtened para nosotros, ¡oh discípulos privilegiados de Jesucristo!, ese espíritu evangélico de perfecta obediencia, el cual muestra que somos fieles imitadores de vuestros ejemplos; concedednos que cumplamos la divina voluntad en todas las cosas hasta nuestra muerte, que después de haber seguido fielmente a Jesucristo con vosotros en la tierra, podamos ser recibidos en el Cielo, para cantar las victorias de la divina misericordia, victorias recervadas para los que son verdaderamente obedientes. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
   
ORACIÓN
Santísimos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, nosotros, vuestros siervos humildes y devotos, bendecimos, alabamos y damos gracias a Nuestro Señor Jesucristo por haberos designado como protectores y patronos de la Iglesia Católica. Habéis sido por todo el mundo los primeros predicadores de las verdades evangélicas, los fundadores de la Religión Cristiana, habéis sido los más perfectos modelos de todas las virtudes, y los principales ministros de las grandes misericordias de Dios. Santísimos Príncipes de los Apóstoles, maestros, abogados y padres nuestros, desde las alturas de vuestros resplandecientes tronos donde estáis sentados en el reino celestial, mirad con ojos de misericordia a toda la Iglesia Católica. Que vuestros oídos, que vuestros ojos estén contínuamente sobre ella: mirad sus necesidades, escuchad sus oraciones, oíd sus votos. Orad sin cesar e implorad de Dios todo tipo de favores para la Cristiandad. Vosotros la establecisteis, la habéis preservado hasta este día, y también preservaréis en medio de ella la cátedra infalible de las verdades eternas. Extended sobre el que esté sentado en esa cátedra y la gobierna, extended sobre él vuestra mano benévola, y dadle esa espada dorada de la Divinidad, que exterminará gloriosamente a todos los enemigos de la verdad. Que la fe, la paz y la caridad de Jesucristo reinen en este mundo por vuestra intercesión; proteged a todos los habitantes de esta ciudad, a todos los miembros de la diócesis, y concededle que estas mismas virtudes divinas reinen, en medio de nosotros en una forma especial, para que por vuestra intercesión, nosotros y todos nuestros hermanos en Jesucristo, puedan cumplir Sus preceptos evangélicos y, por tanto, tengan la felicidad de compartir con vosotros el reino eterno. Amén.
  
Antífona: En este día subió al patíbulo de la cruz Simón Pedro, en este día voló gozoso a Jesucristo el Portero de los cielos; en este día el Apóstol Pablo, lumbrera del mundo, inclinando la cabeza, fue coronado con el martirio por el nombre de Jesucristo.
℣. Ellos han anunciado las obras de Dios.
℟. Y tuvieron entendimiento de Sus obras.
  
ORACIÓN
Oh Señor, atiende nuestras súplicas, y llenos de confianza en tu misericordia, te pedimos en tu bondad, por la intercesión de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, que nos asistas desde tu trono celestial. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
     
DÍA SEGUNDO – 21 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
«Haced penitencia por vuestros pecados»: He aquí, ¡oh San Pedro!, cuál ha sido la conclusión de tu primer sermón, y he aquí cuál es la máxima fundamental que nunca cesaste de anunciar a todos los hombres durante todo el curso de tu Apostolado. Oh glorioso San Pablo, al justificar ante el rey Agripa tu predicación, has sido capaz de decirle que consistía principalmente en anunciar la penitencia a los hombres, y conducirlos a volver a Dios y hacer obras de arrepentimiento sincero. Oh Santos Apóstoles, vosotros nos dais también estas instrucciones en vuestras divinas Epístolas. Que vuestras palabras celestiales tengan influencia irresistible en nuestros corazones, que un temor general se mantenga en nosotros, y derramemos lágrimas de contrición y perseveremos en la imitación de vuestro ardor en hacer penitencia, para obtener en el Cielo aquel gozo reservado para los que en la tierra derramaron lágrimas de dolor. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
    
DÍA TERCERO – 22 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
  
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, vosotros habéis sido para todo el mundo, y en una forma especial para Roma, los ministros del Evangelio de Jesucristo, y los primeros fundadores de Su fe. Miradnos, santos Apóstoles, con la misma bondad que tuvisteis hacia los primeros cristianos. Obtenednos esa fe viva, eficaz, sincera y generosa que los santificó por el ministerio de vuestro Apostolado. Ellos fueron un monumento glorioso del poder de vuestro Apostólico ministerio; concedendos que nosotro, también, seamos un monumento no menos admirable de vuestra poderosa protección. Que nuestras acciones y costumbres reflejen las acciones y costumbres de estos felices cristianos, puesto que estamos unidos enteramente a ellos por la práctica de la misma fe divina; y obtenednos la gracia de ser en el Cielo, con Jesucristo, herederos de la eterna felicidad que gozan, después de haber sido, en la tierra, por la misericordia de Dios, herederos de su fe. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
   
DÍA CUARTO – 23 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
Tú nos dices en las Epístolas, ¡oh glorioso Príncipe de los Apóstoles, San Pedro!: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su gran misericordia nos ha regenerado en una esperanza viva por emdio de la resurrección de Jesucristo de la muerte a una herencia incorruptible». Y tú, glorioso San Pablo, quien, escribiste a los fieles que en el camino del Señor encontramos muchas tribulaciones, pero con la esperanza podemos vencerlas, porque la esperanza no nos engaña. Oh Santos Apóstoles, vosotros habéis poseído muy perfectamente esa divina virtud, vosotros sentísteis en la tierra sus admirabilísimos efectos, y habéis sido abundantemente recompensados en el Cielo. Por esa heroica esperanza que Jesucristo os dio en la tierra, por los gloriosos frutos que la virtud dio a vuestro Apostolado, y por la gran recompensa almacenada para vosotros en el Cielo, obtenednos a todos una esperanza cristiana, firme y generosa por la gracia para observar la ley de Dios y merecer la salvación eterna; que esa esperanza nos aliente y nos haga siempre corresponder fielmente a la gracia y obtener la posesión de la herencia eterna en el Cielo. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
     
DÍA QUINTO – 24 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, perfectísimos modelos de paciencia cristiana, vosotros habéis mostrado por el continuo y heroico ejercicio de esa virtud, que fuisteis verdaderos ministros de Dios y Sus dignos embajadores a los hombres, para predicarles las verdades eternas. Toda la tierra ha presenciado los prodigiosos ejemplos de paciencia que habéis dado, pero Roma ha sido su teatro más que otras naciones y en una forma especial por casi veinte siglos. Roma continúa recordando y honrando piadosamente las casas, prisiones, cadenas y cruces que habéis consagrado por los más heroicos actos de paciencia; estos mismos de paciencia indujeron a una incontable multitud de romanos a abrazar la fe de Jesucristo, y tan ardientemente la abrazaron, que un gran número de ellos la selló con su sangre, y rivalizaron con vosotros en paciencia por el martirio. Que vuestros ejemplos siempre ejerzan un gran poder sobre todos nosotros, como lo hizo sobre nuestros gloriosos predecesores y que tantos monumentos sagrados de vuestra paciencia preservados en esta augusta Urbe, siempre retengan para esta, con el honor de haber albergado pacíficamente en su seno al Vicario de Jesucristo, la gloria inefable de ser nuevamente el centro de la verdad para el mundo entero; que estos monumentos, mientras tengan la gran influencia de vuestra virtud, nos exciten a abrazar valientemente la cruz y caminar generosamente por las huellas de Jesucristo hasta que lleguemos, con vosotros, a Su reino y encontrar en Él nuestro descanso eterno. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
    
DÍA SEXTO – 25 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, a vuestra predicación, a vuestro celo, la Iglesia Católica debe su propagación, su establecimiento y su preservación. San Pedro, poco antes de sacrificar tu vida por Jesucristo, prometiste con tu celo verdaderamente paternal, tener siempre presente en tu alma a todos los cristianos, y acordarte siempre de ellos en el gozo del Señor. Tu celo, ¡oh San Pablo!, te movió a proveer, mientras estuviste en la tierra, por las necesidades no solo de los que vivían entonces, sino también de los que existirían en los tiempos venideros. Que vuestro afectuoso cuidado sea constante para nosotros también; haced por nosotros lo que habéis prometido; que Dios Omnipotente, por vuestra intercesión, nos muestre su beneficencia, como hizo antiguamente a tantas naciones, por medio de vuestra predicación. Que el Señor de a sus ministros esa virtud que Él os dio, que preserve en toda la Iglesia que la santa Religión establecida por vuestra dedicación, y puedan todas las naciones confesar y adorar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, uno en esencia, pero Dios en tres personas distintas. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
    
DÍA SÉPTIMO – 26 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, los dichosos habitantes de Roma son el más admirable y más glorioso monumento de vuestra caridad benévola. La Roma antigua y soberbia bebió el infame cáliz de todo tipo de disipación e impiedad; ella se embriagó con la sangre de incontables mártires de Jesucristo, y en castigo de tant maldad y demasiados sacrilegios, ella ha sido arruinada y no existe más. La Roma de hoy debe su existencia y su gloria a la Sede Apostólica, a vuestros restos, a vuestras tumbas santificadas, ¡oh Príncipes de los Apóstoles! Mirad pues a vuestra ciudad y continuad concediéndole el favor de vuestra protección. Desterrad de esta ciudad y sus habitantes los vicios que arruinaron a la Roma antigua, la Roma culpable. Que sus habitantes crezcan firmes y perfectos en todas las virtudes que deben brillar en la metrópoli de la santa Religión de Jesucristo, y hagan así más y más venerable la Suprema Cátedra de la Verdad. Tomad bajo vuestra especial protección a los Obispos y todos los pastores de almas, los Reyes y todos los que gobiernan las naciones de la tierra, las naciones cristianas, que honren la religión por una vida santa, que los infieles, cismáticos y herejes puedan venir al conocimiento de la verdad, que todos los justos puedan perseverar en la justicia, los pecadores se conviertan y finalmente todos los fieles, vivos y difuntos, puedan llegar a la eterna gloria despubés de haber pertenecido, por toda su vida, a la Religión que habéis establecido. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
   
DÍA OCTAVO – 27 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
    
Oh gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, para mostrar vuestra gloriosa protección, para tener vuestro poder amado y temido al mismo tiempo por todo el mundo y especialmente por Roma, habéis levantado a San León Magno, para humillar la soberbia y detener la furia de Atila que amenazó arruinar enteramente a Italia, y principalmente Roma. El bárbaro os vio entonces de pie al lado del venerable Pontífice, él os vio armados con la espada del Señor, vio la actitud formidable con la cual vosotros amenazasteis su vida si se negaba a obedecer. El bárbaro palideció, tembló, respetó a León, lo honró, obedeció su mandato, y para gran asombro del mundo, se devolvió. Así salvasteis a Roma de una matanza y de todo tipo de calamidades. ¡Oh admirable poder! ¡Oh confusión de la humana soberbia! ¡Oh gloria de la protección Apostólica! Dignaos, oh Santos Apóstoles, levantar por nosotros estas misericordiosas manos tan terribles a vuestros enemigos. Asistidnos y defendednos contra los enemigos de Jesucristo, humilladlos por vuestra voz poderosa, confundidlos y llevadlos a sentimientos de arrepentimiento, para que ellos también, reconociendo y confesando a Jesucristo, puedan tener la dicha de santificarse y trabajar seguros en su salvación. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
     
La Oración se rezará todos los días.
   
DÍA NOVENO – 28 DE JUNIO
Por la señal…
℣. Oh Dios, ven en mi auxilio.
℟. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
   
Gloriosos Príncipes de los Apóstoles, San Pedro y San Pablo, vosotros obtuvisteis del Señor las más preciosas y más abundantes gracias del espíritu de Jesucristo. Ese espíritu es un espíritu de amor y caridad; el espíritu de amor y caridad animó incesantemente vuestras acciones apostólicas. Por este espíritu santificasteis al mundo entero y a Roma en particular. En este teatro del mundo, confinados en prisiones o cargados con cadenas, conducidos al cadalso o entregados a los verdugos mostrasteis a los hombres lo que el amor de Jesucristo puede realizar en el corazón cristiano. Como un monumento perenne de ese amor, deseasteis que Roma heredase vuestros restos mortales: deseasteis que vuestros venerables restos reposasen allí, que vuestras sagradas tumbas sean glorificadas. ¡Ah!, que estos preciosos monumentos no nos sean inútiles, y que este suelo, consagrado por vuestra sangre y por el más sublime y perfectísimo acto de vuestro amor por Dios, sea siempre fertilizado por esa divina caridad. Que esa caridad, por vuestra intercesión, inflame todos los corazones; que estos días, dedicados al recuerdo de vuestra divina caridad, pasen para nosotros en el ejercicio continuo de esa virtud; que el espíritu del amor por Jesucristo anime los días que tengamos que pasar en la tierra y que nuestro último acto aquí en la tierra sea de perfecta caridad, cerrando nuestro período mortal y comenzando estos días inmortales cuando seamos capaces, con vosotros, de amar, bendecir y dar gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por siempre y para siempre. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  
***
  
Con rescripto de 28 de julio de 1778, por órgano de la Secretaría de Memoriales, el pontífice Pío VI concede 100 días de indulgencia a los fieles cristianos que, contritos, rezaren, a lo menos una vez al día, la siguiente Oración con un Padre nuestro, Ave María y Gloria en honor de los santos apóstoles Pedro y Pablo; y una indulgencia plenaria en cualquier fiesta de San Pedro o de San Pablo, o en uno de los nueve días precedentes, o bien en la octava siguiente, si confesados y comulgados visitaren devotamente una iglesia o altar dedicado a dichos santos Apóstoles, y allí rezaren la mencionada Oración, etc., rogando por la Santa Iglesia.
  
¡Oh santos apóstoles Pedro y Pablo! Yo N. os elijo hoy y para siempre por mis especiales protectores y abogados: y me alegro humildemente tanto con Vos, San Pedro, príncipe de los Apóstoles, porque sois aquella piedra sobre la cual edificó Dios su Iglesia; como con Vos, San Pablo, escogido por Dios para vaso de eleccion y predicador de la verdad en todo el mundo. Alcanzadme, os suplico, una fe viva, una esperanza firme y una caridad perfecta, una total abnegación de mí mismo, desprecio del mundo, paciencia en las adversidades y humildad en la prosperidad; atención en el orar, pureza de corazón, recta intención en las obras, diligencia en el cumplimiento de las obligaciones de mi estado, constancia en los propósitos, resignación a la voluntad de Dios y perseverancia en la divina gracia hasta la muerte; para que, mediante vuestra intercesión y vuestros méritos gloriosos, pueda vencer las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne, me haga digno de presentarme ante el supremo y eterno Pastor de las almas Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos, para gozarle y amarle eternamente. Amén. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

martes, 25 de enero de 2022

SAN ANANÍAS DE DAMASCO

«Quien se ensalza será humillado, y quien se humilla será ensalzado» (San Lucas 14, 11).
   
San Ananías de Damasco
  
De acuerdo con algunos detalles de la Sagrada Escritura, Ananías (en griego Ἀνανίας, del hebreo הֲנַנְיָה y siríaco ܚܰܢܰܢܝܳܐ, «el favorito de Dios») fue un fiel observador de la ley. Gozó de buena reputación entre los habitantes de Damasco (Hechos XXII, 12). San Pablo, en la narración de su propia conversión nos lo presenta bajo este aspecto favorable. Sabemos que Ananías, en el milagro de esta conversión, recibió del Señor mismo la orden de cumplir una misión y que obedeció fielmente.
   
Una tradición que no es de primera mano, hace de Ananías uno de los setenta y dos discípulos. Puede ser que se hubiera contado entre los oyentes de Jesús. San Agustín (Quæst., vol. II, cap. X, I) asegura que era sacerdote y que San Pablo le fue enviado para que recibiera de su mano el sacramento cuya dispensación el Hijo de Dios ha dejado al sacerdocio de su Iglesia. En seguida, se representa a Ananías como obispo de Damasco. Según datos griegos, Ananías evangelizó la ciudad de Damasco y la Eleuterópolis (Bet Gabra/Gibelín) hacia el año 60. El juez Licinio (o Luciano) lo hizo azotar con tendones de buey y quemarle con antorchas encendidas. En fin, Ananías fue lapidado a la salida de la ciudad. Todos estos detalles se reproducen en el Martirologio Romano.
   
Los griegos honran a Ananías el día 1 de octubre, que consideran la fecha de su martirio. Los latinos desde Usuardo, han unido su fiesta a la conmemoración de la conversión de San Pablo, el 25 de enero. Todo lo que se cuenta de su martirio es incierto, lo mismo que la afirmación de los bolandistas a propósito de la traslación de la cabeza de Ananías, de la Basílica de San Pablo Extramuros de Roma a la catedral de San Vito de Praga por el Sacro Emperador Carlos IV.
   
En Acta Sanctorum, 25 de enero se encuentra la traducción latina de las actas griegas. Louis-Sébastien Le Nain de Tillemont, Mémoires pour servir à l’histoire ecclésiastique des six premiers siècles, vol. I, págs. 199 y 545. Dom Henri Quentin OSB, Les martirologes historiques du Moyen Âge. Études sur la formation de martirologe romain, París 1908, p. 416 y 589.

martes, 29 de junio de 2021

BERGOGLIO: «SAN PABLO ERA “RÍGIDO” Y “TRADICIONALISTA”»

Noticia tomada de GLORIA NEWS.
   
  
«Al igual que Pablo, estamos llamados a estar libres de las hipocresías de lo externo, a estar libres de una observancia religiosa que nos hace rígidos e inflexibles, libres de vínculos ambiguos con el poder [¡sic!], y del miedo a ser incomprendidos y atacados», dijo Francisco Bergoglio en su homilía de los Santos Pedro y Pablo (29 de junio).
    
Le encanta oponer forma y contenido, como si pudieran separarse. Probablemente debido a una cierta rigidez senil, Francisco volvió a emprender su viaje de rigidez insistiendo en que San «Pablo se liberó del celo religioso que lo hacía feroz en la defensa de las tradiciones que había recibido». En la espiritualidad católica, se considera que el “celo religioso” es una virtud.
    
Para Francisco, «la observancia formal de la religión y el manejo de la espada en defensa de la Tradición» volvieron “rígido” a San Pablo. Tiene razón, y de hecho, San Pablo advierte a los tesalonicenses que «permanezcan firmes y mantengan las tradiciones que les enseñamos, ya sea de boca en boca o por carta» (2 Ts 2, 15).
    
En el Ángelus después de la Misa, Francisco recordó que Benedicto XVI fue ordenado sacerdote hace 70 años. Lo llamó –el que recibe con frecuencia a la gente y ve la televisión de los oligarcas– “el contemplativo del Vaticano” y le agradeció “su testimonio”.

jueves, 29 de junio de 2017

EL INCIDENTE DE ANTIOQUÍA

San Pablo afirma en la Epístola a los Gálatas (2, 11): «Pero cuando Céfas fue a Antioquía, en su misma cara le resistí (1), porque se había hecho reprensible» (2). Según San Agustín y Santo Tomás, San Pedro pecó venialmente por fragilidad, al observar las ceremonias legales del Antiguo Testamento, debido a la excesiva diligencia que puso en no escandalizar a los judíos, con lo que escandalizó a los gentiles convertidos al cristianismo. Y, al decir de la revelación, aconteció una resistencia pública de Pablo a Pedro, primer Papa.
 
Monseñor Francesco Spadafora lo comenta así: «Pedro llega a Antioquía poco después del Concilio de Jerusalén. Las familias se disputan el honor de hospedarlo (...) y él acepta de buen grado la invitación de aquellos gentiles conversos, dando así ejemplo de no tomar ya en cuenta las prescripciones de la ley mosaica (...). Pero he aquí que llegan de Jerusalén (...) algunos falsos hermanos (...) que han venido a espiar la conducta de Pedro. Osan dirigirle fuertes reproches por esa violación suya de las prescripciones mosaicas (...). Pedro reputa por inútil brindarles una explicación: a veces hay que esperar a que el tiempo nos esclarezca, a que nos abra los ojos; teme ofender a estas conciencias ciegas y débiles, piensa que es mejor, por el momento, evitar cualquier ocasión de turbación para dichos ánimos encendidos y ofendidos. Por consiguiente, considera prudente declinar las invitaciones [de los gentiles] y eclipsarse de algún modo. (...) Por eso San Pablo, viendo claramente (...) la turbación creada en la comunidad por el mero acto prudencial de Pedro (...) interviene públicamente y, después de haber hecho notar a Pedro que su “prudencia” mortificaba a los gentiles, se vuelve hacia la comunidad y corrobora el principio de la superación definitiva de la ley por obra de la redención» (F. Spadafora, Fuori della Chiesa non c'è salvezza [Fuera de la Iglesia no hay salvación], Caltanissetta, ed. Krinon, 1988, pp. 73-77).
 
En opinión de Tertuliano, el pecado de Pedro fue un «error de comportamiento, no de doctrina» (De præscr. hæret, XXIII). No obstante, «para San Agustín, Pedro cometió un pecado venial de fragilidad al preocuparse demasiado por no disgustar a los judíos [conversos al cristianismo]...» (J. Tonneau, Comentario a la Suma Teológica, París, Cerf, 1971, pp. 334-335, nota 51; S. Th., III, q. 103, a. 4, sol. 2).
 
A juicio de Santo Tomás de Aquino, «parece que Pedro fue culpable de un escándalo activo» (Suma Teológica, III, q. 103, a. 4, ad 2); mas el Angélico especifica que Pedro cometió un pecado venial de fragilidad, no deliberado (cf. Quæstiónes disputátæ, De Veritate, q. 24, a. 9; Quest. disput., De malo, q. 7, a. 7, ad 8um), por una prudencia excesiva al no querer contrariar a los judíos conversos al cristianismo.
 
La opinión de San Agustín, que Santo Tomás comparte, es conciliable con las prerrogativas extraordinarias de los Apóstoles. Los autores admiten comúnmente que a los Apóstoles se les concedió la confirmación en gracia (cf. I. Salaverri, De Ecclésia, Madrid, ed. BAC, 1962, 5ª edición, nº 255). En efecto, «es sentencia común entre los teólogos que la confirmación en gracia se cuenta entre las prerrogativas extraordinarias de los Apóstoles, por lo cual, después de la venida del Espíritu Santo, los Apóstoles no podían ya cometer de hecho ningún pecado grave, ni ningún pecado venial plenamente deliberado...» (F. Carpino, Enciclopedia Cattolica, Ciudad del Vaticano, 1948, vol. I, cols. 1687-1688).
 
Así, pues, San Pedro no erró contra la fe (véase Tertuliano), como sostenían erróneamente los antiinfalibilistas durante el Concilio Vaticano I; pero con su actuación torpe e imprudente cometió un pecado venial, no deliberado, sino de fragilidad. Ahora bien, «aunque Dios permitió que Pedro fuera “reprensible” objetiva o materialmente, no se sigue de ahí que el pecado venial semideliberado fuera incompatible con las prerrogativas apostólicas» (D. Th. C., vol. II, col. 1655).
 
En conclusión, Pedro pecó sólo venialmente, y con un pecado venial de fragilidad, mas Pablo le resistió en la cara y en público (Epístola a los gálatas, 2, 11). Pedro fue lo bastante humilde como para corregir su error conductual, que habría podido favorecer el error doctrinal de los judaizantes, quienes querían someter a los gentiles a las prescripciones mosaicas.
 
No se puede negar la resistencia de Pablo a Pedro: consta en la revelación divina: «Pero cuando Céfas fue a Antioquía, en su misma cara le resistí, porque se había hecho reprensible, (...) delante de todos» (Ga. 2, 11 y 14) (3). Santo Tomás se pregunta, con razón, si es más de admirar el coraje de San Pablo o la humildad del primer Papa.
  
Eleutherius
 
NOTAS
[1] “Resistir”, del latín “resistĕre”, permanecer firme... o estable, sin dejarse tumbar, ante alguien o algo que se nos opone; hacer un esfuerzo contrario que permita oponerse a la acción de alguien o de algo (Nuovo Zingarelli, Vocabulario della lingua italiana).
[2] “Reprensible”, del latín “re-prehendĕre”, digno de ser reprendido, reprobado, corregido, desaprobado, criticado, reconvenido a fuer de erróneo (Nuovo Zingarelli, ibid).
«La frase “se había hecho reprensible” (de la Vulgata) la traducen algunos exégetas como (...) esta otra: “se había puesto de parte del error”. Se explica el fallo o el error de Pedro, que ya Tertuliano había definido con entera precisión como “yerro de conducta, no de doctrina” (De præscriptióne hæreticórum, XXIII)» (G. Ricciotti, Las epístolas de San Pablo, Roma, ed. Coletti, 1949, 3ª edición, pp. 227-228).
[3] Cf. Arnaldo Xavier Vidigal Da Silveira, ¿Cuál es la autoridad doctrinal de los documentos pontificios y conciliares?, en Sì sì No no, 31 de octubre de 2010, pp. 1 y sgtes., edición italiana; Resistencia pública a decisiones de la autoridad eclesiástica, en Sì sì No no, 15 de noviembre de 2010, pp. 1 y sgtes., edición italiana; Si puede haber error en los documentos del Magisterio, en Sì sì No no, del 15 de octubre de 2010, pp. 4-6, edición italiana.

ORACIÓN “Ante óculos tuos, Dómine”

Esta oración, poco conocida aún entre los clérigos, fue compuesta por San Agustín poco antes de morir, mientras la ciudad de Hipona estaba siendo asediada por los vándalos de Genserico arriano, reconociendo en este suceso un castigo por los pecados cometidos en su ciudad y diócesis. De acuerdo a la Historia General de los Ermitaños de la Orden de San Agustín, esta oración fue encontrada por el cardenal Jerónimo Seripando, legado papal en el Concilio de Trento, y la dio a conocer a muchos. Urbano VIII ordenó que ésta se rezara como acción de gracias posterior a la Santa Misa y se incluyera al final del Breviario Romano, junto a las jaculatorias y las oraciones siguientes; y en su Constitución Inter primárias, del 15 de Noviembre de 1630 (Bullarium Basilica Vaticana, tom. III. p. 242, Roma 1752), concedió a cuantos la rezasen indulgencia plenaria en los días relacionados a continuación, con las condiciones habituales:
  • Santísima Trinidad.
  • Todas las fiestas de Nuestro Señor y de la Bienaventurada Virgen María.
  • La fiesta de San Juan Bautista.
  • La fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y las fiestas de los demás Apóstoles.
  • Todos los Santos.
  • Todos los Viernes de Marzo.
Y siete años con siete cuarentenas, en cualquier momento, bastando para ello el tener firme propósito de confesarse.
    
ORACIÓN “Ante óculos tuos, Dómine”
  
LATÍN
Ante óculos tuos, Dómine, culpas nostras férimus: et plagas, quas accépimus, conférimus.
Si pensámus malum, quod fécimus: minus est, quod pátimur; majus, quod merémur.
Gravius est, quod commísmus: levius, quod tolerámus. ­
Peccáti pœnam sentímus: et peccándi pertináciam non vitámus.
In flagéllis tui infírmitas nostra téritur: et iníquitas non mutátur. ­
Mens ægra torquétur: et cervix non fléctitur.
Vita in dolóre suspírat: et in ópere non se eméndat‚
Si exspéctas, non corrígimur: si víndicas, nоn durámus.
Confitémur in correctióne, quod égimus: oblivíscimur post visitatiónem, quod flévimus.
Si exténderis manum, faciénda promíttimus: si suspénderis gládium, promíssa non sólvimus.
Si férias, clamámus ut parcas: si pepérceris, íterum provocámus ut férias.
Habes, Dómine, confiténtes reos: nóvimus, quod nisi dimíttas, recte nos périmas.
Præsta, Pater omnípotens, sine mérito quod rogámus, qui fecísti ex níhilo, qui te rogárent. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
   
℣. Gregem tuam, Pastor ætérne, non déseras.
℞. Sed inter beátos Apóstolos tuos perpétua defensióne custódias.
    
℣. Prótege, Dómine, pópulum tuum ad te clamántem, et Apostolórum tuórum patrocínio confidéntem.
℞. Perpétua defensióne custódias.
   
℣. Oráte pro nobis, sancti Apóstoli Dei.
℞. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.
 
ORATIO
Præsta, quǽsumus, omnípotens Deus: ut nullis nos permíttas perturbatiónibus cóncuti; quos in apostólicæ confessiónis petra solidásti. Per Christum Dóminum nostrum. Amen.
    
Implóret, clementíssime Dómine, nostris opportúnam necessitátibus opem devóte a nobis proláta meditátio, qua sanctus olim Joánnes Chrysóstomus, in hac basílica cónditus, te cum beatíssimis Apóstolis Petro et Paulo repræsentávit sic colloquéntem: “Circúmdate hanc novam Sion et circumvállate eam: hoc est, custodíte, muníte, précibus firmánte; ut quando iráscor in témpore, et orbem terræ concútio, aspíciens sepúlchrum vestrum numquam desitúrum, et quæ libénter propter me géritis stígmata, iram misericórdia vincam, et ob hanc te percípiam vestram intercessiónem. Étenim quando Sacerdótium et Regnum vídeo lacrymári, statim quasi compátiens ad commiseratiónem flector, et íllius meæ vocis reminíscor: ‘Protégam urbem hanc propter David servum meum et Áaron sanctum meum’”. Dómine, fiat, fiat. Amen, Amen.
    
TRADUCCIÓN
Ante tus ojos, Señor, reconocemos nuestras culpas, y con ellas comparamos las llagas que hemos recibido.
Cuando pensamos en todo el mal que hemos hecho, poco es lo que sufrimos comparado con lo mucho que merecemos.
Graves son nuestras ofensas, y leve lo que toleramos.
Somos afligidos por el castigo de nuestro pecado, y no evitamos la pertinacia en el pecado.
Nuestra debilidad es triturada por tus azotes, pero nuestra iniquidad no cambia.
Nuestra alma enferma es amargamente atormentada, mas no doblamos la cerviz.
El dolor nos hace dar suspiros, y no enmendamos nuestras obras.
Si Tú nos esperas, no nos corregimos; si tomas venganza, no las sufrimos.
En nuestras correciones, confesamos cuanto hicimos; y después que nos visitas, olvidamos lo que habíamos lamentado.
Si extiendes Tu mano, hacemos promesas; si sueltas Tu espada, no cumplimos nuestras promesas.
Si Tú nos azotas, clamamos a Ti pidiendo clemencia; si Tú nos perdonas, Te provocamos nuevamente para herirnos.
Aquí tienes, Señor, la confesión de tus reos, pues bien sabemos que si no nos perdonas, justamente pereceremos.
Concédenos, Padre omnipotente, lo que inmerecidamente pedimos, pues nos creaste de la nada, para que roguemos a Ti. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
    
℣. No abandones para siempre a tu grey, Pastor eterno.
℞. Antes bien, defiéndela y custódiala por tus bienaventurados Apóstoles.
    
℣. Protege, Señor, a tu pueblo que llama a Ti, y confía en el patrocinio de tus Apóstoles.
℞. Defiéndela con tu protección perpetua.
    
℣. Rogad por nosotros, Santos Apóstoles de Dios.
℞. Para que seamos dignos de obtener las promesas de Cristo.
    
ORACIÓN
Concédenos, te suplicamos, Dios todopoderoso, que no permitas que golpeen las perturbaciones a cuantos consolidaste en la pétrea confesión apostólica. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
   
Clementísimo Señor, que esta oración que devotamente hemos elevado hacia el trono de Tus clemencias obtenga para nosotros la ayuda oportuna en el día de la necesidad, en la cual San Juan Crisóstomo, sepultado en esta basílica, te representó a Ti dirigiéndose a los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo de esta manera: “Recorred esta nueva Sion y circunvaladla: esto es, custodiadla, fortalecedla, afirmadla con oraciones; para que en el tiempo de mi ira, y cuando golpee al orbe, pueda mirar vuestros sepulcros, y cuando me presenteis las heridas que recibisteis, mi misericordia venza la ira, y por ella reciba vuestra intercesión. Y cuando vea las lágrimas del Sacerdocio y el Reino, me moveré a compasión y conmiseración, y traeré a recuerdo mis palabras: ‘Protegeré esta ciudad por David mi siervo, y Aarón mi santo’”. Señor, hágase, hágase. Amén, Amén.

miércoles, 21 de junio de 2017

NOVENA EN HONOR DE SAN PABLO APÓSTOL

Novena aprobada por el Obispo de Barcelona en 1857. Puede rezarse en cualquier momento del año, pero también puede emplearse en preparación a las fechas litúrgicas en honor al Apóstol de los gentiles:
  • 25 de Enero (Conversión)
  • 10 de Febrero (Llegada a la isla de Malta)
  • 30 de Junio (Conmemoración)
  • 18 de Noviembre (Dedicación de la Basílica de San Pablo extramuros)
 
ADVERTENCIA
La memoria, pues, de los hechos y escritos del Apóstol San Pablo no puede dejar de ser muy provechosa a toda clase de personas, porque a los más grandes pecadores les debe animar su extraordinaria conversión, a los convertidos les debe mover su fidelidad y a los justos constantes les puede servir de modelo la práctica de sus virtudes altamente heroicas.
 
Procure, pues, el cristiano hacer con devoción esta novena, que no es otra cosa sino una sucinta colección de lo que nos dejó San Pablo en sus preciosas cartas que abundan en suaves reprensiones para los malos, saludables avisos para los buenos y sabios consejos para los que aspiren a la perfección.
  
NOVENA EN HONOR DE SAN PABLO APÓSTOL

 
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor y Dios mío Jesucristo, yo el más indigno de vuestros hijos, postrado humildemente a vuestra Presencia y lleno de sentimiento, confieso la poca gratitud que he tenido a vuestra infinita Bondad y Misericordia, el poco respeto y reverencia a vuestra real y augusta Majestad, y el poco temor a vuestra inviolable Justicia, habiéndome atrevido orgulloso a quebrantar vuestra santa Ley y despreciar vuestra preciosa Sangre por mi derramada; pero lo que más siento, Señor, es el poco dolor que he tenido de haberos de esta manera ofendido. Pésame, Dios mío, de haber pecado y propongo firmemente de nunca más ofenderos. Ayudadme, dulcísimo Señor, para que pueda cumplir con mi propósito, siendo en adelante un fiel imitador del apóstol San Pablo, a quien dedico esta novena para mayor gloria vuestra, honor del Santo y provecho de mi alma. Amén.
  
DÍA PRIMERO - 21 DE JUNIO
MEDITACIÓN: De la virtud de la Fe.
Todos los escritos de San Pablo nos dan una verdadera idea de la viva fe que tenía; y no solo estaba bien poseído de esta virtud, sino que también procuraba con sus exhortaciones inculcarla a los demás. “Fortalecidos con la virtud de la fe, les decía, tened cuidado que nadie os engañe con filosofías y vanos sofismas que son según la tradición de los hombres y según los elementos del mundo, pero bien lejos de la ley de Cristo. Permaneced constantes, hermanos, y conservad las tradiciones que os hemos predicado y las que os hemos manifestado en nuestras cartas. Guardaos que no haya entre vosotros algún corazón inclinado a la incredulidad, apartándose de esta suerte de Dios; antes bien amonestaos siempre los unos a los otros, pues seremos participantes de la gloria de Jesucristo, si seguimos hasta el fin los caminos por donde nos dirige la fe. Por esta virtud alcanzaron los patriarcas y justos de la antigua ley las promesas del Señor, conquistaron reinos, apagaron la violencia del fuego, pusieron en huida a los ejércitos extranjeros y hasta resucitaron a los muertos”. No olvides, pues, cristiano, las exhortaciones que te hace el santo Apóstol; anímate y haz revivir en tu alma esta antorcha de la fe que con tus malas obras has amortiguado tantas veces. Atiende a la promesa que te hace San Pablo diciendo: “vendrá Jesucristo a ser glorificado en sus santos y hacerse maravilloso en todos los que creyeron”. ¡Cuánto alegrarás al santo Apóstol si permaneces firme en tu fe! “Gracias damos a Dios sin cesar, decía a sus fieles hermanos, porque cuando oísteis nuestra palabra no la recibisteis como palabra de hombres, sino como palabra de Dios. Temía que Satanás os tentase y que se hiciese vano e inútil nuestro trabajo; mas lleno estoy de consuelo y se me aparta toda mi aflicción, al saber que conserváis la fe que de nosotros recibisteis”. Aviva, pues, cristiano y aumenta tu fe, y de esta suerte podrás acudir seguro al santo apóstol para implorar su intercesión.
  
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar al apóstol San Pablo en la viva fe que tuvo de todos los misterios de nuestra santa Religión; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran santo la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
  
ORACION FINAL PARA TODOS LOS DIAS
Glorioso Apóstol de las gentes, a quien Jesucristo nuestro Señor eligió para publicar su santo Nombre por toda la redondez de la Tierra, y que fuisteis tan obediente a su voz, que despreciando todo respeto humano os dirigisteis presuroso a la predicación de su santo Evangelio; os suplico me alcancéis del mismo Dios un verdadero arrepentimiento de todos mis pecados para que, siguiendo vuestro santo ejemplo, atienda gustoso a la voz de mi Redentor que he oído tantas veces dentro de mi corazón, y tenga siempre en mi memoria vuestras heroicas virtudes, de las cuales nos habéis dejado tan perfecto dechado, para que, practicándolas como vos, alcance el fruto de ellas, viviendo y muriendo en gracia del Señor, para entrar a la participación de la eterna gloria e inexplicable felicidad, que tiene prometida a los que verdaderamente Le aman. Amén.
   
GOZOS EN HONOR A SAN PABLO APÓSTOL
 
Porque fuisteis pecador
Brillan más vuestros loores,
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
  
De Benjamín descendiente
Fuisteis Saulo esclarecido,
Hebreo, bien instruido,
Y a la Ley muy obediente,
Disteis a Dios la adoración
En Moisés legislador.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Admirable al mundo entero
Se hizo vuestra conversión,
Pues Jesús, de fiero león
Os trocó en manso cordero,
Y así es su pregonero
Quien fue su perseguidor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
A Damasco os dirigíais,
Y con sangre de cristianos
Empaparos vuestras manos
Vivamente apetecíais:
Mas mientras veloz corríais
Os detiene el Redentor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
La luz del que guía al trueno
Hasta el suelo os ha rendido,
Y casi desfallecido
La miráis de pavor lleno;
Mas, ¡qué estilo tan ameno
Escucháis del Dios de amor!
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
«Saulo, Saulo, ¿porque así
Me persigues sin sosiego?»
«¿Quién sois vos, respondéis luego,
Que venís radiante a mí?»
«Soy Jesus, que el blanco fui
De tu bárbaro furor».
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Del divino amor vencido,
Ya trocado os conocéis,
Y al Señor os ofrecéis
Contestando agradecido:
«¿Qué queréis, Jesus querido
De este grande pecador?»
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
«La ciudad que estabas ya
Para ver a breve instante,
Os dice Jesús amante,
Ciego te recibirá,
Y allí se te explicará
Tu destino y tu labor».
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Vuestros consocios turbados
Os conducen por la mano,
Y no entienden el arcano
Que contemplan admirados:
Del deslumbre consternados,
Andan presos del terror.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
¡Sinagoga, viste luto,
Que entra ciego en la ciudad
El que de tu impiedad
Defensor fue muy astuto!
Contra ti será su fruto,
No será más su fautor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Por orden del Poderoso,
Ananías os visita,
Vuestras cataratas quita
Y os instruye cariñoso:
«Vos seréis, dijo gozoso,
Vaso de elección y honor».
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
De Jesús soldado fuerte
Desde aquel día sois vos,
Preparado ya por Dios
A sufrir hasta la muerte,
Y empezasteis de esta suerte
Predicando con fervor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Con rapto al Señor
En el Empíreo oísteis,
De arcanos que recibisteis
Fue vuestro saber iluminado:
El mundo quedó pasmado
Por tan inaudito favor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Testigos los pueblos son
De vuestro constante celo,
Con que las sendas del Cielo
Enseñáis con perfección,
Y vuestra predicación
No respira sino amor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Que lo diga Antioquía,
Roma, Atenas, Malta, Apolonia,
Toda la gran Licaonia,
Filipos, Pafos, Bética y Candía:
En fin, toda gente oía
Vuestra voz de gran doctor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Sufristeis persecuciones,
Azotes y crueles penas
De naufragios y cadenas,
Calabozos y prisiones;
Mas por esto a las naciones
Predicáis con gran valor
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Decretó por fin Nerón,
Siendo vos preso y atado,
O bien ser decapitado
O seguir su religión:
«El martirio es mi elección»,
Decís al emperador.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Vuestra cabeza cortaron,
Y en tierra tres saltos dio
De los que, Roma lo vio,
Tres fuentes de agua manaron,
Y los labios pronunciaron
El nombre del Salvador.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Los prodigios que hicisteis
Fueron grandes y admirables,
Pues a muertos e incurables,
Salud y vida les disteis,
A los pobres socorristeis
Con el cariño mayor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Es creencia universal
Que aliviáis a los dolientes,
Y al que padece accidentes
De epilepsia fatal
Le curais luego su mal,
Si os lo pide con fervor.
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
Porque fuisteis pecador
Brillan más vuestros loores:
De enfermos y pecadores
Sed, San Pablo, intercesor.
     
V. Tú eres vaso de elección, ¡oh San Pablo Apóstol!
R. Predicador de la verdad en el universo mundo.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que has instruido al mundo entero por la predicación del apóstol San Pablo, haz, te lo rogamos, que honrando su memoria, marchemos hacia Ti imitando sus ejemplos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo , y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO - 22 DE JUNIO
Por la Señal...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: De la Esperanza.
La virtud de la esperanza es la que despierta en nuestros corazones el deseo de poseer y conocer aquellas cosas misteriosas y sublimes que nos enseña la fe. “Por esta virtud andamos, como dice el Apóstol, por si podremos de algún modo alcanzar el premio para el cual Dios nos ha criado”; y por la esperanza de este premio debemos obrar bien, sabiendo que no es Dios injusto para que se olvide de las obras que hacemos por su amor o por el de nuestros semejantes. ¡Oh, quién estuviera dotado de la constante esperanza de nuestro santo Apóstol, obrando en todo como si ya Dios le hiciera participante de las dulzuras celestiales! Por eso decía que su morada estaba en los cielos, en donde está Jesucristo sentado a la diestra de Dios Padre. Allí pues, cristiano, a imitación suya hemos de dirigir nuestros pensamientos y no a las cosas de este mundo: nuestro vivir y obrar ha de ser luchando contra las perversas inclinaciones que sentimos en nosotros mismos, pues que “a la verdad no tienen comparación los trabajos de esta vida con la gloria que Dios manifestará a sus escogidos”. Procuremos, pues, tener una firme esperanza de los bienes que Dios puede y quiere dispensarnos, y acordémonos que en las borrascas de nuestra alma nos servirá esta virtud de una áncora muy firme y segura que penetrará hasta los insondables abismos de la gracia de Dios. “Acudamos, dice el Apóstol, con confianza al trono de la divina gracia, a fin de alcanzar clemencia y protección para aquel tremendo día en que vendrá Jesucristo para dar la salvación eterna a aquellos que cifraron toda su esperanza en su infinita misericordia”. Sepamos imitar la admirable esperanza de San Pablo que le obligaba a exclamar: “De los cielos esperamos a Jesucristo nuestro Salvador, el cual transformará con su poder nuestro cuerpo vil y abatido en un cuerpo glorioso e inmortal, resucitándole a semejanza del suyo a una vida eterna y siempre feliz”.
   
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar la firme esperanza de San Pablo; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran Santo, la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
  
La oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 23 DE JUNIO
Por la Señal...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: Del Amor que es debido a Dios.
El amor de Dios, o sea, la virtud de la caridad, es sin duda la mayor de todas las virtudes, de manera que aunque el hombre hablase las lenguas de todas las naciones del mundo, aunque tuviese el don de profecía y supiese todos los misterios y cuanto se puede saber, y tuviese tanta fe que con ella traspasase los montes de un lugar a otro; de nada le serviría si no tuviese el amor debido a Dios. Y aunque distribuyera todos sus bienes para alimento de los pobres, y entregase su cuerpo a las llamas para ser abrasado; nada con eso mereciera si dejase de amar a Dios. Haz pues, cristiano, que todas tus cosas estén fundadas en el amor de Dios, porque los que aman a Dios serán conocidos de Dios y serán su templo y morada: Dios andará y vivirá entre ellos, Dios será su rey, y ellos serán su pueblo. “¿Podrá por ventura, decía el Apóstol, separarme del amor de Jesucristo la tribulación, la angustia, el hambre, la desnudez, la persecución o la cuchilla de los tiranos? No, por cierto; porque todas estas cosas jamás arredran al que esta confortado de Dios que tanto nos ama. Y así bien seguro estoy que ni los ángeles, ni la vida, ni la muerte, ni las cosas presentes, ni las venideras, ni otra criatura alguna podrán jamás separarme del amor de Dios que he aprendido en Jesucristo”. Tal era el amor que San Pablo profesaba a Dios que le hacía exclamar: “Deseo ya que mi alma deje los lazos del cuerpo y se una con Jesucristo; pues aunque vivo, no soy yo el que vivo, sino que vive Cristo en mí”. Muévete, cristiano y devoto de San Pablo, a la consideración de tan intenso amor, y confúndete al mismo tiempo de lo poco que has amado a un Dios tan bueno, que siendo rico se hizo pobre, para que tú pudieses ser rico y feliz. Ya que tienes por patrón a San Pablo, acude a tu Dios diciéndole como él: “¿Quién sois vos, Señor?” Te responderá: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues con tus malos pensamientos, escandalosas palabras y perversas acciones. Cesa de ofenderme, pues que yo nunca he cesado de amarte”.
   
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar a San Pablo en el puro amor que profesó a nuestro Dios y Señor; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran Santo, la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
  
La oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO - 24 DE JUNIO
Por la Señal...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: Del Amor que es debido al prójimo.
Las afectuosas cartas que dirigía San Pablo a sus iglesias y amigos, nos dan a entender cuán grande era el amor que les tenía, y lo mucho que deseaba que los fieles se amasen entre sí: “Ayudaos, les escribía, los unos a los otros, y así cumpliréis la ley de Cristo. Obrad y hablad sin murmurar jamás de vuestros prójimos; no oprimáis ni engañéis a vuestros hermanos, y permanezca entre vosotros la caridad fraternal. No volváis mal por mal; antes bien no os canséis jamás de hacer bien a todos, pues de esta suerte seréis ricos en buenas obras, y vuestro tesoro será un fundamento el más sólido para alcanzar la vida eterna. Acordaos de los presos y afligidos como si los tuvierais a vuestro lado, y con espíritu de mansedumbre y amor corregid a los malos, consolad a los pobres y humillados, y sed sufridos con todos. Vosotras mujeres, sujetaos del modo que conviene a vuestros maridos. Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis desabridos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres; padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos castigándoles sin medida ni razón. Siervos, obedeced a vuestros señores; y vosotros señores, recompensad a vuestros siervos con justicia y equidad. Revestíos finalmente todos de entrañas de misericordia, de benignidad y de paciencia. Vosotros sabéis bien el amor que siempre os he profesado, procurando en todo complacer a todos, no buscando mi propia comodidad, sino el provecho de todos para su salvación. De muy buena gana daré todo lo mío y me daré a mí mismo por vuestras almas, aunque apreciándoos mucho, sea yo aborrecido de todos: pues tanto en mi prisión como encontrándome en la predicación del Evangelio, siempre os tengo en mi corazón, y Dios es testigo de qué modo os amo a todos vosotros en las entrañas de Jesucristo”. ¡Intensa caridad del Apóstol! Con mucha razón aquellos sacerdotes de Mileto se arrojaron sobre su cuello, llorando y besándole amorosamente, cuando al despedirse les dijo que ya no le volverían a ver, y con el más profundo sentimiento le acompañaron hasta el buque que le aguardaba para marcharse a Jerusalén. ¡Oh, cómo no te mueves tú también, cristiano, a las penetrantes expresiones de amor con que te habla el Apóstol para que le imites, amando a tu prójimo como a ti mismo por amor de Dios! Acuérdate de tus odios y venganzas: llóralas ante el supremo Juez, y sigue en adelante el ejemplo de caridad de San Pablo, que hoy es el objeto de tu meditación.
   
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar al apóstol San Pablo en el grande amor que profesó al prójimo; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran Santo, la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
  
La oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO - 25 DE JUNIO
Por la Señal...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: De la Penitencia.
El único camino que queda al hombre después del pecado, es el de la penitencia. Por esto nuestro santo Apóstol, considerando la gravedad de sus faltas contra su Dios a quien había perseguido, dice que se complace y alegra por Jesucristo tanto en sus enfermedades, como en sus afrentas, angustias y persecuciones, porque todo lo mira como venido de la mano de Dios para castigar sus pecados contra Él cometidos. En espíritu de penitencia, dice, “sufrí ser azotado cinco veces por los judíos y tres veces por los romanos; sufrí naufragios, fatigas, hambre, sed, frio y desnudez; peligros de los judíos, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, y peligros de falsos hermanos, que me hacían traición con pretexto de amistad”. Bien conocía el glorioso santo todos estos peligros; no obstante procuraba vivir para poder así satisfacer por todos sus pecados. En Damasco huyó de la muerte que le preparaban los judíos, descolgándose por la muralla. En Iconio escapó de un fuerte motín y alboroto que contra él se había promovido. En Listra, a pesar de ser apedreado y arrastrado por el pueblo, procuró evadir la muerte para poder continuar su predicación. En Cesarea no pudieron persuadirle sus amigos que retrocediese de ir a Jerusalén, en donde se le esperaban penas y crueldades de los judíos. En fin, deseaba vivir para padecer, deseaba padecer para satisfacer, y deseaba satisfacer para merecer el premio de los escogidos del Señor. Considera ahora, cristiano, cuantas veces has abusado de la divina bondad y misericordia, y muévete a penitencia y contrición. “¿No sabes, dice el Apóstol, que la benignidad de Dios te convida a penitencia?” No atesores ira con tu corazón duro e impenitente para aquel terrible día, en que se revelará a todo el mundo lo más recóndito de los corazones humanos. Haz que se diga de ti: “Aquel que tanto pecó llora sus pecados y hace penitencia de ellos”, pues los judíos cristianos así decían de San Pablo: “Aquel que tanto nos perseguía, ahora predica la doctrina de Jesucristo”, y de esta suerte glorificaban todos al Señor, y los malos se convertían a Él a imitación del apóstol San Pablo. Imítale, pues tú también, cristiano; conviértete a tu Dios y de todos tus delitos haz verdadera penitencia.
   
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar al apóstol San Pablo, haciendo una verdadera penitencia de nuestros pecados; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran Santo, la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
   
La oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO - 26 DE JUNIO
Por la Señal...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: De la Paciencia.
Bendito sea el Señor, padre de las misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están atribulados”. ¡Con que palabras nos demuestra el apóstol San Pablo la virtud de la paciencia, y de qué modo tan propio invoca al Señor de quien recibimos joya tan preciosa! Esta es otra de las virtudes con que debe revestirse el pecador para sufrir las penalidades que reparte el soberano Señor a los descendientes de Adán. Por esto dice el Apóstol que “Dios castiga a los que ama, y azota a aquellos que recibe por hijos”; y en otro lugar dice que “los que querrán vivir piadosamente en Jesucristo, padecerán persecución”. Gloriémonos, pues, en nuestras angustias, como se gloriaba San Pablo; suframos si somos perseguidos, bendigamos a los que nos maldigan, roguemos por los que nos blasfemen, y no nos aflijamos, aunque seamos reputados como basura y escoria de los demás hombres; pues Dios que consuela a los humildes, también nos consolará en estos desprecios y sufrimientos. No quieras, no, cristiano, huir de las penas y aflicciones con que permite Dios seas probado, pues la virtud de la paciencia se perfecciona con estos trabajos y te bastará para sobrellevarlos la gracia del Señor. Así decía San Pablo: “todo lo puedo en aquel que me conforta”. Por eso reprendió a sus compañeros cuando lloraban por él, al partir para Jerusalén: “¿Por qué, les decía, afligís y quebrantáis mi corazón con vuestro llanto? Sabed que estoy aparejado no solamente para ser preso y maltratado, sino aun para morir por el nombre de Jesús”. Esforcémonos, pues, todos para alcanzar la virtud de la paciencia. En todas nuestras adversidades acudamos a Dios y al santo Apóstol, y de esta suerte no nos angustiarán las tribulaciones; en nuestros apuros no nos faltarán los recursos espirituales, en nuestras persecuciones no seremos desamparados, y por más abatidos que nos encontremos, no pereceremos jamás. Entonces nos dirá el Apóstol como decía a los hebreos: “Tened en vuestra memoria aquellos días en que sufristeis grandes combates de trabajos, fuisteis hechos espectáculo de oprobios y tribulaciones, sufristeis con gozo que os robasen vuestras haciendas; mas no desconfiéis: necesaria os es por cierto la paciencia: esa es la voluntad de Dios: recompensados quedaréis”. Si, cristiano: los trabajos y penas que sufras con paciencia, te los recompensará el Señor con una gloria que no tendrá fin.
   
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar la paciencia y resignación de San Pablo; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran Santo, la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
  
La oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO - 27 DE JUNIO
Por la Señal...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: De la Humildad.
La humildad es aquella virtud de la que se valió el apóstol San Pablo para predicar sin sublimidad de palabras la doctrina del Crucificado. Enemigo el Santo de la soberbia, así le hace exclamar su apostólico celo contra el hombre orgulloso: “¡Oh hombre!, le dice, ¿quién eres tú? ¿Qué cosa posees que no la hayas recibido de Dios? Y si de Él lo has recibido, ¿por qué te glorias y ensalzas como si fuese cosa de ti propia? Si piensas tú ser algo te engañas: nada serás, si antes no te persuades que por tus propias fuerzas nada puedes ser. ¿Qué te importa andar hinchado y lleno de soberbia, demostrando con tu hipocresía y altisonantes palabras una apariencia solamente de virtud? Procura ser humilde y virtuoso; y si eres sabio, no te ensoberbezcas por ello, y ten en cuenta que muchos de los que se creen saber algo, no conocen aun de qué modo les conviene saber”. Aprendamos del apóstol San Pablo que, a pesar de la excelencia y sublimidad de sus escritos, que más parecen divinos que humanos, dice que él es el menor de los apóstoles, que ni siquiera es digno de este nombre, que es un ignorante en sus discursos, que si predica el Evangelio de Jesucristo no tiene que gloriarse por ello, y que ni él ni otra criatura alguna debe presumirse que sea suficiente para pensar algo como propio de sí, “porque todo nuestro conocimiento y suficiencia nos viene de Dios”. Confiesa lleno de humildad que antes había sido blasfemo, perseguidor e injuriador, y no se avergüenza en decir que es el primero de los pecadores. “Cuidado, pues, en no seduciros, porque si alguno de vosotros, decía el mismo santo a los corintios, se tiene por sabio, mejor fuera si se hiciese como ignorante y sencillo, porque la sabiduría de este mundo es estupidez para con Dios”. Por lo que no debemos jamás gloriarnos ni hacer alarde de lo que sabemos, aunque nos parezca sublime y elevado; de esta suerte nos acomodaremos a las cosas humildes y seremos amables y sencillos para con nuestros prójimos; y si nos conocemos útiles para ellos, especialmente para los flacos y pobres de espíritu, prestémonos gustosos a su servicio, gloriándonos solamente en el Señor.
   
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar a San Pablo en su profunda humildad; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran Santo, la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
   
La oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO - 28 DE JUNIO
Por la Señal...
Acto de contrición.
   
MEDITACIÓN: De la Oración.
San Pablo, a quien Dios quiso elegir para ejemplar de los pecadores, nos manifiesta en muchas de sus cartas el gran cuidado que tenía en orar no solamente por él, sino que también por toda la Iglesia. Ya desde el momento en que se vio trocado por la eficacia de la gracia divina, se fue a Damasco, y allí puesto en oración esperó que llegase Ananías, a quien Dios había destinado para que le instruyera y bautizase. Escribiendo después a los de Éfeso les dice: “doblo mis rodillas al Padre eterno, para que por su santo Espíritu os corrobore en la virtud, según los tesoros de su gloria”. A los romanos les participa que siempre sin cesar hace mención de ellos en sus oraciones; y a los filipenses les escribe diciéndoles que da gracias a Dios cada vez que se acuerda de ellos, haciendo lleno de gozo oración por todos. Sabemos también que encontrándose preso con Silas, estaba en oración dentro del calabozo alabando al Señor. En fin, él en todos tiempos, ocasiones y lugares dio el más relevante ejemplo rogando por él y sus hermanos al Señor. Tanta era la importancia y necesidad que el Apóstol conocía de la oración, que siempre la encargaba a los fieles tanto en sus escritos como en su predicación: “Ruégoos, hermanos míos, les decía, por Jesucristo nuestro Señor y el amor del Espíritu Santo, que me ayudéis con vuestras oraciones. Orad y velad en todo tiempo y con todo fervor, rogando a Dios por todos y por mí, a fin de que me dé acierto en la predicación de su santo Evangelio. No andéis solícitos de las cosas de este mundo; dirigid vuestras oraciones a Dios, dándole gracias al mismo tiempo de los favores que os ha dispensado; y de este modo la paz del Señor reinara en vuestros corazones y todas vuestras acciones serán honestas y fundadas en la piedad”. Ea, pues, cristiano, la oración te encarga a ti también el santo Apóstol: dirígete a él con toda confianza y pídele por ti y por tus hermanos el remedio de todos los males, especialmente de aquellos que perturban nuestro sosiego y tranquilidad espiritual.
   
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar al apóstol San Pablo; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran Santo, la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
  
La oración y los gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 29 DE JUNIO
Por la Señal...
Acto de contrición.
 
MEDITACIÓN: De la Perseverancia.
Hoy que concluyes, cristiano, la novena del apóstol San Pablo, nada puedes meditar mejor que su perseverancia, para que lo sepas imitar hasta la muerte. Las persecuciones, los peligros, las injurias, las cárceles, los tormentos y finalmente la muerte que sufrió, son un testimonio el más evidente de su invencible perseverancia, desde el día en que Dios le llamó para ser su Apóstol hasta el día en que recibió del mismo Señor la palma del martirio. Por eso nos recomienda tanto en sus escritos esta virtud: “Permaneced, nos dice, firmes y constantes creciendo siempre en la obra del Señor, estando ciertos que vuestro trabajo será bien atendido. Velad siempre y sed fuertes en vuestra fe; retened la palabra de vida que os he dirigido, pues no pienso ni deseo haber trabajado en vano”. “Con toda sencillez he vivido y conversado entre vosotros, decía a los fieles de Corinto, y espero que conoceréis y retendréis hasta el fin lo que habéis logrado leer y conocer en mis cartas”. Escucha, cristiano, como reprendía el santo Apóstol a aquellos hombres de Galacia que no sabían ser constantes en el bien que se les había enseñado: “¡Oh insensatos!, les decía, ¿quién os ha fascinado y engañado para que no obedezcáis a la verdad que se os inculcó? ¿Tan necios sois que habiendo empezado una vida espiritual, queráis acabar con una vida solamente carnal? ¿De este modo despreciáis y echáis a perder lo que habéis trabajado y sufrido para alcanzar vuestra salud espiritual?”. Haz, pues, devoto de San Pablo, que esta novena en que has meditado sus hechos y consejos, quede de tal suerte grabada en tu memoria, que jamás olvides y dejes de practicar las virtudes que en ella has aprendido. De ti se despide el Santo diciendo: “Guarda, hermano, los divinos mandamientos hasta la venida de Jesucristo, sin dar jamás lugar a reprensión alguna; y en fin, todo lo que sea verdadero, honesto, justo, amable, virtuoso y digno de alabanza, esto solamente piensa y medita. Y todo lo que aprendiste, recibiste, oíste y viste en mí, esto es lo que debes hacer”. De esta suerte el Dios de la paz será contigo, y pues que Él da los auxilios para empezar, Él también te dará la gracia necesaria para perseverar hasta el fin de tu vida y entrar después de tu muerte a la participación de su gloria por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
Se meditará un rato y luego se dirá tres veces el Padre nuestro, con Ave María y Gloria Patri para que logremos imitar al apóstol san Pablo en su invencible perseverancia en el bien obrar; y entre tanto pida cada uno al Señor por la intercesión de tan gran Santo, la gracia particular que desea alcanzar por medio de esta novena.
   
La oración y los gozos se rezarán todos los días.