Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

Mostrando entradas con la etiqueta San José. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta San José. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de marzo de 2026

TRUMP ALABA A SAN JOSÉ; PRÉVOST A BERGOGLIO

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
El 19 de Marzo, fiesta de San José, el pseudopapa León XIV Riggitano-Prévost ignoró al patrón de la Iglesia universal y, en cambio, expresó su apoyo incondicional al documento apóstata de Francisco Bergoglio de 2016 “Amóris Lætítia”, que promueve la admisión de bígamos a la cena Novus Ordo.
Mientras tanto, el presidente de los Estados Unidos emitió una proclamación exhortando a los jóvenes a seguir la «encarnación viviente de la virtud cristiana» del santo.
  
El pseudopapa León XIV Riggitano-Prévost ni siquiera se molestó en conmemorar la festividad de San José en su propio día, el 19 de Marzo de 2026. En cambio, Riggitano-Prévost optó por expresar su apoyo incondicional al documento apóstata de su predecesor Francisco Bergoglio de 2016 “Amóris Lætítia”, que se utilizó para promover la admisión de bígamos al Novus Ordo. Ni siquiera se mencionó a San José en el sitio web del Vaticano en su día.
   
Por el contrario, el presidente estadounidense Donald J. Trump aprovechó la festividad para publicar la primera proclamación de alabanza al extraordinario ejemplo de San José jamás emitida por un presidente de Estados Unidos. El documento estaba tan bellamente redactado que ni siquiera Riggitano-Prévost, intentándolo, habría podido escribir palabras tan sublimes [Parte de la información para este Comentario proviene de Life Site News].
   
Contrariamente a la teología “concienciada” de la falsa Iglesia Novusordita, el presidente utilizó una forma tradicional de dirigirse al Santo que la Antiiglesia ha descartado, a saber, “Terror de los Demonios”, y animó a los jóvenes a «abrazar la fe, casarse, formar una familia y criar a la próxima generación». El Presidente describió a San José como «un padre, esposo y trabajador ejemplar, así como una encarnación viviente de la virtud cristiana» y continuó elogiando al Santo con estas palabras:
«Dedicó su vida a trabajar incansablemente, sin elogios ni reconocimiento, para proteger a su familia y criar al Hijo de Dios. En medio de cada prueba y tribulación, San José guió a su familia con dignidad, fortaleza y valentía moral. Ante la incertidumbre y el peligro, una y otra vez, se sometió valientemente a la voluntad de Dios con fe, fortaleza, humildad y obediencia, desempeñando un papel fundamental en la vida de Jesucristo y en la historia de la salvación. Sigue siendo venerado por innumerables personas por su extraordinario ejemplo de lo que significa ser hombre, padre y esposo»
El Presidente concluyó su proclamación con estas palabras:
«Guiados por su ejemplo, nunca dejaremos de luchar por el legado de San José en nuestros hogares, iglesias, cultura y espacios públicos».
Católicos tradicionales, el autoproclamado “papa” de la Iglesia Sinodal de la Nueva Era jamás ha escrito nada tan sublime sobre el Patrono de la Iglesia Universal. De hecho, el “Rito de 1962” (igual que la “Reforma de 1955”) desechó la fiesta de San José bajo ese título. Parece que el Presidente de los Estados Unidos tiene una mentalidad claramente más católica que el Pseudopapa Riggitano-Prévost. Quizás podamos esperar la conversión del primero. Es evidente que el segundo ha optado públicamente por el lado demoníaco que San José era conocido por aterrorizar.

miércoles, 4 de febrero de 2026

NUEVE PRIMEROS MIÉRCOLES DE SAN JOSÉ

LA PRÁCTICA DE LOS NUEVE PRIMEROS MIÉRCOLES: DEVOCIÓN PROMULGADA POR LA PÍA UNIÓN DE SAN JOSÉ
   
Cada miércoles está dedicado especialmente a San José. Celebra los Nueve Primeros Miércoles [similar a los Nueve Primeros Viernes del Sagrado Corazón] en honor a San José para una muerte feliz, para ti y tus seres queridos. Como la caridad es una de las mejores maneras de ser digno de la gracia de una muerte feliz, ofrece la Misa, la Comunión y las devociones del Primer Miércoles en honor a San José de manera especial por la salvación de los moribundos, especialmente por un pecador eterno que perderá su alma sin la gracia del arrepentimiento final.
   
Nuestro Señor permite a San José tomar de su divino tesoro a manos llenas para dar a las almas los tesoros de la gracia y la misericordia divinas, como José, hijo de Jacob, quien tomó trigo de los graneros del rey de Egipto para alimentar a sus hermanos y a todos los que recurrían a él. Desde lo alto del Cielo, el Rey de la Gloria nos dirige las mismas palabras que el Faraón dirigió al pueblo hambriento de Egipto:  «Ite ad Joseph», «Id a José».
  
ORACIONES “ID A JOSÉ”
  

I. En las miserias de este valle de lágrimas, ¿a quién recurriremos, oh bienaventurado José, sino a vos, a quien vuestra amada esposa María confió todos sus ricos tesoros para que los conservases para nuestro provecho? 

«Id a mi esposo, José», parece decirnos María, «y él os consolará. Os librará de las desgracias que ahora los oprimen y os hará felices y dichosos». 

Apiadáos de nosotros, pues, oh San José; tened piedad de nosotros por aquel amor que tuvisteis hacia una esposa tan digna y amable. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

II. Somos plenamente conscientes de que hemos ofendido la justicia de Dios con nuestros pecados y merecemos sus más severos castigos. ¿Cuál será nuestro refugio? 

«Id a José», parece decirnos Jesús; «Id a José, en quien me complací y a quien tuve como padre adoptivo. A él, como a un padre, le he dado todo poder, para que lo use para su bien según su propio deseo». 

Apiadáos de nosotros, oh bienaventurado José, tened piedad de nosotros por el gran amor que tuvisteis hacia un Hijo tan admirable y tan querido. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

III. Desgraciadamente, los pecados que hemos cometido nos azotan con los más duros azotes: esto debemos confesar. ¿En qué arca nos refugiaremos para ser salvos? ¿Dónde encontraremos el arcoíris bendito que nos dará consuelo y esperanza en medio de nuestras aflicciones? 

«Id a José», parece decirnos el Padre Eterno. «Id a quien tomó mi lugar en la tierra con respecto a mi Hijo hecho hombre. A él le confié la custodia de mi Hijo, quien es la fuente inagotable de gracia. Por lo tanto, toda gracia está en sus manos». 

Apiadaos de nosotros, pues, querido San José, tened piedad de nosotros por vuestro gran amor a Dios Todopoderoso, que ha sido tan generoso con vos. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

jueves, 2 de octubre de 2025

NOVENA DEL TRÁNSITO DE SAN JOSÉ

Novena compilada en El devoto josefino editado por D. Francisco Abadiano Valdés, y publicado en París y Méjico por la editorial de Charles Bouret en 1881. Las consideraciones fueron tomadas de la Mística Ciudad de Dios, de Sor María de Jesús de Ágreda.
   
NOVENA DEL TRÁNSITO DEL SANTÍSIMO PATRIARCA SEÑOR SAN JOSÉ, PARA IMPLORAR UNA BUENA MUERTE
   

Puesto delante de una imagen del Señor San José, dirás el siguiente 

ACTO DE CONTRICION.
Dulcísimo Redentor mío: amabilísimo Padre de las misericordias, Dios de todo consuelo, que no quereis se pierdan las almas que a costa de vuestra preciosísima Sangre redimísteis del cautiverio infame del demonio, sino que deseáis ardientemente su vida, su conversión, su penitencia: aquí tenéis, Dios mío, postrado a vuestras plantas al mayor pecador que, despreciando vuestra ley, ha abandonado vuestros preceptos: aquí me tenéis avergonzado y traspasado de dolor de haberos ofendido. ¡Oh, quién, Dueño amorosísimo, hubiera muerto antes que cometido la más leve ofensa, la más ligera culpa contra vuestra bondad! ¡Oh, quién, ya que os ha ofendido, tuviera tan gran dolor que se le hiciera pedazos el corazín! ¡Ay Dios mío! ¡Ay Dios mío!, ¡cómo me pesa de haberos agraviado! ¡Ay, y cómo me arrepiento y prometo ya nunca más ofenderos! Dadme vuestra gracia y concededme, por los esclarecidos méritos de vuestro gran José, el que conservándola hasta la muerte, me abra las puertas de la gloria. Amén.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh José dulcísimo, nutricio del Hijo de Dios y fidelísimo custodio de la Virgen Madre, que en la hora de tu muerte tuviste por enfermeros y asistentes divinos al mejor Hijo, Jesús, y a la mejor Esposa, María: asístenos, ampáranos, favorécenos en aquel trance terrible, que para entónces, pues eres refugio de agonizantes, te requerimos; para entonces, cuando no tenemos ni ojos con qué verte, ni boca con qué llamarte, te llamemos e imploremos tu patrocinio. No nos dejes en aquella hora, cuando procurará combatirnos terriblemente el demonio, a fin de que perdamos a Dios eternamente. Muéstranos entónces tu oficio de padre y patron del linaje humano: ejercita el cargo que tienes, José Santísimo, de eficaz auxilio de los afligidos, de agradable consuelo de desamparados. No se pierda, ¡oh Santo gloriosísimo!, no se pierda entónces quien pone en ti sus esperanzas, y quien desde ahora para aquella te llama, te invoca y te solicita. Seas tú nuestro auxilio, nuestra ayuda, nuestro socorro; para que invocando entonces los dulcísimos nombres de Jesús, María, y tuyo, vayamos a gozarte por todos los siglos en la gloria. Amén.

DÍA PRIMERO
Consideracion: núm. 866, cap. xiv Agred.
Considera cómo Cristo Nuestro Señor, maestro ciertamente grande de los trabajos, lleva por el camino real de éstos al esposo de su Madre, Señor San José, a quien amaba su Majestad sobre todos los hijos de los hombres: y para acrecentar los merecimientos y corona, antes que se le acabase el término de merecerla, le dio en los últimos años de su vida algunas enfermedades de calentura y dolores vehementes de cabeza y coyunturas del cuerpo, muy sensibles, y que le afligieron y extenuaron mucho.

ORACION.
Oh pacientísimo José, que en los últimos años de vuestra vida acrecentais vuestros merecimientos y corona con aquel gran sufrimiento, paciencia y tolerancia con que sufrísteis aquellas enfermedades, dolores y calenturas que extenuaron vuestro castísimo cuerpo: haced, Santo mío poderosísimo, por esta gran paciencia y mansedumbre, que en mis trabajos, aflicciones y dolores imite vuestra tolerancia, considerando que son regalos de la mano de Dios e instrumentos para merecer mayores coronas y laureles: ruégoos tambien, esposo de mi Reina, me concedais una dichosa y santa muerte, la cual sea tránsito para gozaros en la gloria. Amén.

Siete veces el Padre nuestro y Ave María, y despues de cada uno esta:

JACULATORIA.
En la postrera agonía, 
Cuando mi muerte llegare, 
Tu patrocinio me ampare 
Y el de tu esposa María. 

Despues, para todos los dias, esta
  
ORACIÓN
Poderosísimo patron del linaje humano, amparo de los pecadores, seguro refugio de afligidos, eficaz auxilio de los agonizantes, Padre putativo de Jesus y Esposo verdadero de María. ¡Oh Santo mio dulcísimo! no me desampareis en el terrible trance que me aguarda: mirad cuán pocas son mis fuerzas para rebatir las asechanzas con que en aquella hora procurará el demonio derribarme, sugiriéndome malos pensamientos contra la fe, contra la esperanza y contra la caridad. Mirad que si vos no me socorreis, pereceré eternamente y no tendré en lo humano quien me ayude. Si vos no me ayudais, ¿qué será de mí? ¡Oh Santo mio, oh Santo mio! escuchad mis ruegos y asistidme en aquel trance, para el cual os invoco desde esta hora. Para esto os interpongo estas, aunque tibias oraciones, y el amor tan grande con que os asistieron en el vuestro, Jesus y María. Alcanzad asimismo, de vuestro Hijo y Esposa, concordia entre los gobiernos cristianos; victoria contra los infieles y herejes; exaltacion de la santa Iglesia y del nombre del verdadero Dios; descanso de las almas del purgatorio; consuelo y alivio á los necesitados, esfuerzo á los varones apostólicos; amor hacia nuestros enemigos; para todos colmada gracia y mucha gloria. Amen.

Se finaliza con una Salve á la Santísima Vírgen y esta

ORACION.

Bellísima María, Esposa del Patriarca santo José, fuente de piedades y misericordia: que toda os difundís para remedio de los mortales, principalmente en las postreras agonías, cuando necesitan mas de tu socorro: para entónces, para entónces os llamo, Señora mia, confiado en que no habeis de despreciar mis ruegos, pues siempre os habeis mostrado favorable y propicia hácia á los que se refugian bajo vuestro patrocinio, y con especialidad hácia á aquellos que tierna, devota y fervorosamente se ejercitan en los cultos de vuestro querido Esposo José. Por la intercesion de este Patriarca santo, os ruego tenga yo, y todos los católicos, en la hora de nuestra muerte, la asistencia de vuestra alteza soberana y la de vuestro dulcísimo Hijo Jesus, Rey eterno de la gloria. Amen.
  
Con afecto fervoroso
Y con humilde atención, 
Celebra la devoción 
Vuestro tránsito glorioso.

  Grave pena sentiría, 
José, vuestra alma inocente, 
Al ver amante y prudente, 
Sentir su pena María; 
¡ Mas cuánto gozo tendría, 
Al ver con celeste luz, 
Que en compañía de Jesus 
En la cama os asistía! 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Fué vuestra pena doblada 
Con no poder trabajar; 
Y ésta se llegó á aumentar 
Mirando á María atareada ; 
Pero salió consolada 
Vuestra alma, porque en verdad 
Se cumplia la voluntad 
De vuestro Hijo, prenda amada.
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Vuestro cuerpo padecia
Muy insufribles dolores, 
Y éstos se os hacian mayores 
Porque María los sentia; 
Mas os llenó de alegría 
El manjar que os ministraba, 
Porque María lo guisaba, 
Y en la boca os lo ponia. 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Fue vuestra pena crecida
Cuando se os apareció 
El ángel, y os avisó 
De estar cerca la partida:
Mas fue en gozo convertida,
Considerando que en vos
Se cumplia el gusto de Dios, 
Sacrificando la vida.
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
      
Fué la angustia mas penosa 
Que sintió vuestra alma pura, 
Despediros con ternura
De vuestro Hijo y vuestra Esposa;
Pero en esta ansia amorosa
Con demostraciones finas, 
Y con promesas divinas, 
Quedó vuestra alma gozosa. 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Qué pena recibiriais,
Qué tolerar y sufrir, 
Al padecer y sentir 
Las últimas agonías;
Mas en tan duras porfías
Con aquel rapto divino 
En que vísteis a Dios trino, 
Os llenásteis de alegría. 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    
Fué la pena sin igual 
Cuando a rigurosa calma, 
Se apartó vuestra pura alma 
De la vida temporal;
Mas con gozo celestial, 
¡Oh Santo José! quedásteis, 
Porque á Jesus entregásteis 
Ese tan rico caudal. 
Por este gozo y dolor 
Os pedimos feliz suerte, 
Y que una dichosa muerte 
Nos alcancéis del Señor. 
    

SEGUNDO DIA.

Consideracion núm. 866, cap. xiv. Agred. Considera como sobre estas enfermedades que afligieron al santo Patriarca, tuvo otro modo de padecer mas dulce, pero muy doloroso, que le resultaba de la fuerza del amor ardientísimo que tenia, porque era tan vehemente que muchas veces tenia unos vuelos y éxtasis tan impetuosos y fuertes, que su espíritu purísimo rompiera las cadenas del cuerpo, si el mismo Señor que se los daba no le asistiera dándole virtud y fuerzas para no desfallecer con el dolor. Mas en esta dulce violencia le dejaba su Majestad padecer hasta su tiempo; y por la flaqueza natural de un cuerpo tan extenuado y debilitado, venia á hacer este ejercicio de incomparables merecimientos para el dichoso santo, no solo en los efectos de dolor que padecia, sino tambien en la causa del amor de donde le nacian.

ORACION.

Amorosísimo José, en quien se verificó aquella dulce enfermedad de amor de que adolecia la esposa de los Cantares, y con tanta vehemencia que rompiera vuestro espíritu las cadenas de la cárcel del cuerpo, á causa de aquellos impetuosos éxtasis ocasionados del amor, si el Señor que os lo concedia no os asistiera con su virtud divina. Por este amor tan grande, os suplico que todo me encienda y arda como ascua en las llamas del amor divino; y por aquellos dolores que os ocasionaba esta, aunque dulce, dolorosa enfermedad, os pido me asistais ahora y en aquella hora de que depende, ó una insufrible eternidad de penas, ó una deliciosa eternidad de gloria. Amen.

TERCER DIA.

Consideracion núm. 873, cap. xv. Agred.

Considera como corrian ya ocho años que las enfermedades y dolencias del mas que dichoso Santo José le ejercitaban, purificando cada dia su mas generoso espíritu en el crisol de la paciencia y del amor divino, y creciendo tambien los años con los accidentes, se iban debilitando sus flacas fuerzas, desfalleciendo el cuerpo y acercándose al término inexcusable de la vida, en que se paga el comun estipendio de la muerte que debemos todos los hijos de Adan: crecia tambien el cuidado y solicitud de su divina Esposa y nuestra Reina, en asistirle y servirle con inviolable puntualidad: y conociendo la amantísima Señora, con su rara sabiduría, que ya estaba muy cerca la hora ó el dia último de su castísimo Esposo, para salir de este pesado destierro, se fué á la presencia de su Hijo Santísimo, y hablando con su Majestad le pidió lo asistiese en la hora de su muerte, acordándole el amor y humildad, el colmo de virtudes y méritos á que habia subido el Santo Patriarca, y poniéndole delante la fidelidad y solicitud con que habia servido al Hijo y á la Madre, la cual peticion aceptó nuestro Salvador.

ORACION.

Oh dichosísimo Patriarca José, que acrisolado ya con ocho años de prolijas y dolorosas enfermedades, y acercándose el plazo de vuestra muerte, tuviste la incomparable dicha de que te asistiese con mayor puntualidad y cuidado tu dulcísima Esposa, quien interpuso sus súplicas para con tu Hijo estimativo, para que te asistiese con el brazo poderoso de su diestra: yo te pido, Santo mio, por estas sumas felicidades, interpongas las tuyas, para que me asistan en mi trance estos Santísimos Señores. Bien conozco, padre mio, que por mis muchas culpas me he hecho indigno de estos favores; pero al mismo tiempo conozco

1

que vale mucho tu patrocinio para con tu Hijo y Esposa; y no me dejarán de conceder lo que te pido cuando te pongo por mi abogado é intercesor, para gozar una preciosa muerte, tránsito á una interminable gloria. Amen.

CUARTO DIA.

Consideracion núm. 874, cap. xv. Agred. Considera como nueve dias antes del trán

sito de Señor San José, por mandato de Jesucristo, tres veces cada dia los santos ángeles daban música celestial al dichoso enfermo, con cánticos de loores del Altísimo y bendiciones del mismo Santo. A mas de esto, se sintió en toda aquella humilde pero inestimable casa, una suavísima fragancia de olores tan admirables, que confortaban no solo al varon Santo José, sino á todos los que llegaron á sentirla, que fueron muchos de fuera, adonde redundaba.

ORACION.

Oh felicísimo José, Patriarca santo, que en vuestra preciosa muerte, ahuyentando Jesus y María los bramidos del infernal dragon, que en aquella hora procura combatir á los mor

tales, merecísteis escuchar la apacible música de los ángeles, y que vuestra santa casa, santuario ciertamente en que habitaban la mejor arca, el mejor propiciatorio, y el mejor altar de timiama Jesus y María, se llenase de suavísima fragancia, que confortaba vuestro cuerpo : yo os pido humildemente se conforte mi alma con las fragancias de las virtudes, las que conservando hasta el fin de mi vida, merezca ir á gozar aquella melodía, con que los ángeles cantan: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Amen.

QUINTO DIA.

Consideracion núm. 876, cap. xv. Agred.

Considera como un dia antes que muriese el santísimo Patriarca, sucedió que, inflamado todo del divino amor con estos beneficios, tuvo un éxtasis altísimo, que le duró veinticuatro horas, conservándole el Señor las fuerzas y la vida por milagroso concurso, y en este grandioso rapto vió claramente la divina Esencia, y en ella se le manifestó sin velo ni rebozo lo que por la fe habia creido, así de la Divinidad incomprensible, como del misterio de la Encarnacion y redencion humana y la Iglesia militante, con todos los sacramentos que á ella pertenecen.

ORACION.

Oh Patriarca bienaventurado, que merecísteis tener un éxtasis de tanta duracion y tan sublime en que vísteis claramente y sin rebozo la divina Esencia, efecto verdaderamente de aquella fe tan grande con que creísteis el arcano misterio de la Divinidad, como tambien el de la Encarnacion y redencion humana, y todos los demas sacramentos de nuestra Iglesia. Yo os pido, Santo mio, una fe tan viva, tan ciega, que en defensa de estos misterios dé, si fuere necesario, hasta la última gota de mi sangre; y que viva y muera para ir á ver claramente estas verdades incontestables por eternidades en la gloria. Amen.

SEXTO DIA.

Consideracion núm. 876, cap. xv. Agred.

Volvió Señor San José del rapto, que dijimos ayer, lleno su rostro de admirable resplandor y hermosura, y su mente toda deificada de la vista del Sér de Dios; y hablando con su Esposa santísima, le pidió la bendicion, y ella á su Hijo benditísimo que se la diese, y su Divina Majestad lo hizo. Luego la gran Reina, maestra de la humildad, puesta de rodillas, pidió á San José tambien la bendijese como esposo y cabeza, y no sin divino impulso, el varon de Dios, por consolar á la prudentísima Esposa, le dió su bendicion á la despedida, y ella le besó la mano con que la bendijo, y le pidió que de su parte saludase á los santos padres del Limbo.

ORACION.

Oh José santísimo, Esposo de la Madre de Dios, y cabeza de la mejor y mas noble familia de la tierra, que estando cercano á vuestra muerte, pedísteis la bendicion á vuestra Esposa, y le dísteis la vuestra para consuelo suyo, la que recibió la muestra grande de la humildad postrada de rodillas: yo os suplico me bendigais en todas mis acciones, para que todas vayan dirigidas á Dios, como á fin último, y me alcanceis me bendigan tambien Jesus y María en esta vida, y en aquel terribilísimo trance de que con tantas bendiciones espero salir en paz, para bendeciros á vos y á Jesus y María, eternamente en la gloria. Amen.

SÉPTIMO DIA.

Consideracion núm. 876, cap. xv. Agred.

Considera como para que el humildísimo José cerrase el testamento de su vida, con el sello de esta virtud, pidió perdon á su divina Esposa, de lo que en su servicio y estimacion habia faltado, como hombre flaco, terreno, y que en aquella hora no le faltase su asistencia con la intercesion de sus ruegos. A su Hijo santísimo agradecióle tambien el santo Esposo los beneficios que de su mano liberalísima habia recibido toda la vida, y en especial en aquella enfermedad.

ORACION.

Oh humildísimo José, varon verdaderamente justo y agradecido, que nos dejásteis ejemplo grande de humildad, cuando lleno de lágrimas, como piadosamente creemos, pedísteis perdon á vuestra Esposa de aquello en que hubiérais faltado á su servicio, siendo así, que fuísteis su fidelísimo custodio, que puntualmente la guardásteis y servisteis: yo os suplico por esta humildad tan esclarecida, me concedais la imite, pidiendo perdon á los que hubiere injuriado, y perdonando asimismo á los que me hubieren hecho algun agravio. Os pido tambien, por aquellas gracias que dísteis á vuestro Hijo santísimo de los beneficios recibidos de su mano, que me concedais no olvide jamas de dárselas tambien por las innumerables que me ha hecho, para que muriendo en gracia, vaya á cantárselas en la gloria. Amen.

OCTAVO DIA.

Consideracion núm. 877, cap. xv. Agred.

Considera como despues de haber hablado con su castísima Esposa, se convirtió el varon de Dios á Cristo Nuestro Señor, y para hablar a su Majestad, con profunda reverencia en aquella hora, intentó ponerse de rodillas en el suelo; pero el dulcísimo Jesus llegó a él, y le recibió en sus brazos; y estando reclinada la cabeza dijo: «Señor mio y Dios altísimo, Hijo del Eterno Padre, Criador y Redentor del mundo: dad vuestra bendicion eterna a vuestro esclavo y hechura de vuestras manos: perdonad, Rey piadosísimo, las culpas, que como indigno he cometido en vuestro servicio y compañía. Yo os confieso, engrandezco, y con rendido corazón os doy eternamente gracias, porque entre los hombres me eligió vuestra inefable dignación para Esposo de vuestra Madre; vuestra grandeza y gloria misma sean mi agradecimiento, por todas las eternidades». El Redentor del mundo le dió la bendicion y le dijo: «Padre mio, descansad en paz y en la gracia de mi Padre celestial y mía: a mis profetas y santos, que os esperan en el Limbo, daréis alegres nuevas de que se llega ya su redención».

ORACION.

Oh Patriarca justísimo, que con la mas profunda reverencia y humildad os despedísteis de vuestro soberano Hijo, pidiéndole perdon de vuestras culpas (aunque no las habíais cometido) confesándoos indigno en su presencia, engrandeciendo su Majestad y conociendo su divinidad verdadera, á cuyas verdaderas palabras correspondió el Señor dándoos la paz y constituyéndoos precursor hácia los padres del Limbo. Yo os pido humildemente, maestro excelente de la humillad, me alcanceis de Dios un verdadero dolor le mis culpas, un conocimiento grande de mi pequeñez, de mi miseria, de mi nada; un conocimiento de su grandeza, de su poder, de su Majestad, y un temor grande de ofenderle; una preciosa muerte, una perenne gracia y una perpetua gloria. Amen.

ÚLTIMO DIA.

Consideracion núm. 875, cap. xv. Agred. Considera como en aquellas palabras de Jesus á José : « Padre mio, descansad en paz etc., » espiró el varon justo en los brazos de su santísimo Hijo, y su Majestad le cerró los ojos. Al mismo instante la multitud de angeles que asistian con su Rey supremo y Reina, hicieron dulces cánticos de alabanza, con voces celestiales y sonoras. Luego por mandado de su Alteza, llevaron la santísima alma al Limbo de los padres y profetas, donde todos la conocieron llena de resplandores de incomparable gracia, como Padre putativo del Redentor del mundo y su gran privado, digno de singular veneracion, y conforme á la voluntad y mandato del Señor que llevaba, causó nueva alegría en aquella innumerable congregacion de santos con las nuevas que les evangelizó de que se llegaba ya su rescate.

ORACION.

Oh fidelísimo José, que merecísteis en vuestra muerte os cerrase los ojos el mismo Hijo del Eterno Padre, y que en manos de ángeles, al son de alegres instrumentos y sonoros cánticos de alabanza, fuese vuestra candidísima alma, mas blanca que la nieve, llevada al seno de sus padres, que esperaban la redencion, la que vos evangelizásteis, causando en ellos grandísima alegría: yo os pido por estas felicidades, me concedais, que cerrando los ojos á todas las vanidades y pompas mundanas, solo los abra para ver las cosas del agrado de Dios. Os suplico tambien, por aquella veneracion y culto que os dieron los santos padres en el Limbo, nos empleemos todos los católicos en vuestra importante devocion, y que perseverando en ella hasta la muerte, merezcamos sean llevadas nuestras almas en manos de los ángeles á la gloria. Amen.

domingo, 27 de octubre de 2024

TRIDUO A SAN JOSÉ EN ALGUNA ENFERMEDAD

Dispuesto por el padre Giuseppe Marconi, y publicado junto a la Novena para el patrocinio del Glorioso Patriarca San José en Barcelona por la Imprenta de Valentín Torrás en 1843.
   
TRIDUO AL PATRIARCA SAN JOSÉ EN ALGUNA GRAVE ENFERMEDAD
   

Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Amabilísimo esposo de María siempre Virgen, amorosísimo abogado nuestro San José, a vos acudimos humildemente por los siete dolores que traspasaron vuestro corazón en esta vida mortal, y os encomendamos una miserable criatura que yace oprimida de una grave enfermedad. Vos, ¡oh gran Santo!, alcanzadle la salud tan suspirada, en memoria de aquella afectuosa asistencia que María os prestó en las agonías de vuestra muerte preciosa. Presentadla a su misericordioso trono, y decidla: «Oh María, tened piedad de esta infeliz criatura, por el amor que os profesé como a mi esposa querida». Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

I. Amabilísimo padre putativo de Jesús Redentor nuestro, amorosísimo abogado nuestro San José, a vos acudimos por aquellas siete alegrías que inundaron vuestro corazón, a vos encomendamos una miserable criatura, que gime en las crueles, angustias de la enfermedad. Vos, ¡oh gran santo!, interceded para ella, alcanzadle la salud tan suspirada, en memoria de aquel admirable consuelo que os prestó Jesús en los últimos instantes de vuestra vida. Presentadla a su piadosísimo trono y decidle: «Oh Jesús, ten piedad de esta infeliz criatura, por el amor que te profesé como a mi amado hijo». Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.

II. Amabilísimo representante en la tierra de la Trinidad sacrosanta, amorosísimo protector nuestro San José, a vos recurrimos devotos por los singulares favores de que os colmó el Cielo, y os encomendamos con toda la efusión de nuestro espíritu una miserable criatura afligida con una grave enfermedad. Alcanzadle, Santo glorioso, la salud tan deseada, por aquella gloria inefable que recibisteis de la Trinidad beatísima despues de vuestro tránsito feliz. Presentadla a su clementísimo trono, y decidle: «Dios Uno y Trino, tened piedad de esta infeliz, por aquella humilde reverencia que os tributé en la tierra, y por la sublime gloria con que me honrasteis en el Cielo». Un Padre nuestro, Ave María y Gloria Patri.
   
III. Gloriosísimo protector nuestro San José, nosotros nada podemos alcanzar con nuestras suplicas. Demasiado conocemos nuestra debilidad, e ingenuamente la confesamos. Con todo, aquí nos teneis implorando vuestro patrocinio, a fin de que nos concedais por vuestra protecciín, lo que no podemos alcanzar por nuestra debilidad. Dignaos escuchar, santo glorioso, nuestros gemidos, y nuestros suspiros; os muevan a piedad las lagrimas que derramamos a vuestros pies. A vos acudimos, liberalísimo abogado nuestro, a fin de que alenteis aquella infeliz criatura. Cuanto podeis cerca de Jesus y de Maria, hacedlo. Suplid a nuestra debilidad, y haced que volviendo ella al primer estado de su salud, podamos venir juntos a daros las debidas gracias, y a cantar himnos de alabanza y eterno reconocimiento. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

domingo, 5 de mayo de 2024

ORACIONES A SAN JOSÉ POR LOS MORIBUNDOS


Eterno Padre: por el amor que tienes a San José, escogido por Ti entre todos para hacer tus veces en la tierra, ten misericordia de nosotros y de los pobres moribundos. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
   
Eterno Hijo divino; por el amor que tienes a San José, tu custodio fidelísimo en la tierra, ten misericordia de nosotros y de los pobres moribundos. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
  
Eterno Espíritu divino; por el amor que tienes a San José, celosísimo custodio de la Santísima Virgen María tu Amada Esposa, ten misericordia de nosotros y de los pobres moribundos. Padre Nuestro, Ave María y Gloria.
   
Mediante rescripto del 17 de Mayo de 1884 al Secretario de la Sagrada Congregación de Indulgencias y Reliquias, el Papa León XIII se dignó conceder, a instancias del canónigo Domingo Salvatori, director de la Pía Unión para los moribundos, 300 días de Indulgencia una vez al día a cuantos, al menos con la debida contrición, rezaren estas oraciones.

miércoles, 20 de marzo de 2024

TRES ASPECTOS IMPORTANTES CON SAN JOSÉ

Sermón pronunciado por el Ilmo. Mons. Fernando Altamira, Superior de la Sociedad de Santa María, el 19 de Marzo de 2024 (Fiesta de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María).
   

miércoles, 12 de abril de 2023

SAN JOSÉ, MODELO CONTRA EL MUCHO HABLAR

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
  
San José proporciona un contraste como un hombre silente de acción, opuesto a los antipapas vanamente parloteando.
Qué modelo nos provee San José para que nosotros actuemos sobre nuestras creencias católicas, no solo a parlotear palabras vanas como los líderes conciliares, que realmente no hacen nada y desagradan a Dios para su perdición.
   
Los antiguos romanos tenían una expresión: facto, non verbo, que se traduce libremente: «Hechos, no palabras». El actual antipapa, Francisco Bergoglio, es conocido por hablar bien, pero realmente no hacer nada. Su respuesta a las continuadas depredaciones sexuales de sus obispones y presbíteros contra menores en el Gran Holocausto Sexual y Malversación Conciliar fue simplemente subir un sitio web llamativo y nombrar un comité tan disfuncional que varios de sus miembros han renunciado públicamente en protesta.

Proporcionando el contraste católico al apóstata Bergoglio, está el gran San José, cuya fiesta cayó durante la Cuaresma el 19 de Marzo. La Biblia no registra ni una sola palabra que haya dicho, sion que registra lo mucho que hizo, principalmente como protector del Niño Jesús aceptando el rol de Su padre adoptivo y protegiéndolo del sanguinario rey Herodes el Grande. Por el compromiso inquebrantable de San José en su deber para la Sagrada Familia, le ha sido dado el título «Terror de los demonios». Confrontando al Adversario, a satanás, San José simplemente «hizo lo que le mandó el Ángel del Señor» (San Mateo I, 24/Versión de Mons. Félix Torres Amat).

Católicos tradicionales, la tradición nos dice que San José murió pacíficamente en el Señor, en presencia de la Sagrada Familia, que protegió durante toda su vida, esto es, en la presencia de la Santísima Virgen, a quien tomó como esposa, a pesar de sus dudas, en el mandato por el Ángel del Señor, y en presencia del mismo Dios, en la persona del Cristo que él había criado toda su vida por voluntad de Dios, al cual absolutamente se confió. ¡Qué modelo nos provee San José para que nosotros actuemos sobre nuestras creencias católicas, no solo a parlotear palabras vanas como los líderes conciliares, que realmente no hacen nada y desagradan a Dios para su perdición!

viernes, 29 de octubre de 2021

CARTA APOSTÓLICA “Novum Arguméntum”, SOBRE LA DEVOCIÓN A LA SAGRADA FAMILIA

   
En Agosto de 1890, el Cardenal Agostino Bausa OP, arzobispo de Florencia, envió al Papa León XIII una carta solicitándole elevar el culto a la Sagrada Familia, atendiendo a la devoción que este Misterio tenía entre los fieles de su arzobispado. El Papa Pecci le responde que sigan los estatutos que aprobara Pío IX para la Asociación Piadosa de la Sagrada Familia en 1870, al tiempo que le presenta una fórmula de consagración de los hogares a la Sagrada Familia, y una oración cotidiana en su honor, otorgándoles Indulgencias.
  
Por primera vez, traemos esta Carta Apostólica en su original latín y una traducción al castellano, a partir del francés publicado en Lettres Apostoliques de S.S. Léon XIII: Encycliques, Brefs, etc., tomo III. París, Casa de la Buena Prensa, 1893, págs. 2-7. 

LATÍN
LITTERÆ SANCTISSIMUS DOMINUS NOSTER LEONIS PAPÆ XIII AD CARDINALEM BAUSA, ARCHIEPISCOPUM FLORENTINUM, ADJICITUR FORMULA CONSECRATIONIS FAMILIARUM ET ORATIO QUOTIDIE RECITANDA
   
Dilécte Fili nostri, Salútem et Apostólicam Benedictiónem.

Novum arguméntum perspécti tui erga hanc Apostólicam Sedem stúdii et obséquii prodidérunt lítteræ Augústo mense exeúnte ad Nos datæ, quíbus vota Nobis significásti plúrium fidélium, ut venerátio quæ Christo Dómino ac Matri Vírgini et Sancte Josépho domésticæ Ejus societátis consórtibus, sub Sacræ Famíliæ título exhibétur, ad ampliórem in Ecclésia cultus dignitátem provehátur, átque de hac re, uti fíeri debet in cáusis grávibus fidem ac disciplínam spectántibus, senténtiam et judícium hujus Apostólicæ Sedis postulásti. Tuæ observántiæ et prudéntiæ offícium Nos plúrimi æstimántes, conféstim postulatiónis tuæ ratiónem habéndam censúimus, ac rem propósitam Consílio Nostro sacris rítibus præpósito cognoscéndam mandávimus, ut deínde ad Nos consúlta et exquísita reférret.
   
Re ítaque diligénter expénsa, Tibi nunc significámus, ob peculiáres jústasque cáusas Nos decrévisse, ut pietátis cultus erga Sacram Famíliam, nullis áliis indúctis ejus exercéndi novis formis, in eo statu servétur, in quo Auctoritáte hujus Apostólicæ Sedis probátus fuit, átque ut potíssimum christiánæ domus Sacram Famíliam ad veneratiónem et exémplum propósitam hábeant, juxta institúta piæ illíus Consociatiónis, quam Decéssor Noster felícis recordatiónis Pius IX suis lítteris die V Januárii Anno MDCCCLXX datis, probávit et commendávit, atque in spem certam maximórum frúctuum látius in dies propagári exoptávit.
    
Quam spem salutárium bonórum et Nos ultro in ejúsdem Societátis spíritu pónimus: confídimus enim Fidéles omnes probe intelligéntes, in cultu quem Sacræ Famíliæ exhíbent, sese mystérium vitæ abscónditæ venerári, quam Christus cum Vírgine Matre et Sancte Josépho egit, inde magnos stímulos habitúros ad fídei fervórem augéndum et virtútes imitándas, quæ in divíno Magístro, ac Deípara, Ejúsque Sponso Sanctíssimo fulsérunt.
   
Hæ áutem virtútes, ut non semel monúimus, dum aetérnae vitae mercédem páriunt, ad prosperitátem étiam domésticae et civílis societátis tam mísere hoc témpore laborántis spectant; cum ex famíliis sancte constitútis, civitátis étiam commúne bonum, cujus família fundaméntum est, necessário consequátur. Majus vero fidúcia Nostra increméntum capit dum cogitámus, Sacrae Famíliae cultóres ex institúto Societátis quam dixímus, a Christo Dómino grátiam per mérita Matris Vírginis et Sancte Joséphi sedúlo efflagitántes, propítiam índubie opem expertúros, ut vitam sancte compónant, átque uti in dómibus suis concórdiam, caritátem, in advérsis tolerántiam, morúmque honestátem laeténtur efflorescére.
   
Vota ígitur ad Deum effúndimus, ut germánus memorátæ Societátis spíritus in dies látius inter Fidéles emánet ac vígeat, átque in hanc rem óperam suam collatúros tum sacrórum Antístites, tum onmes Ecclésiæ adminístros non dubitámus. In mandátis áutem dédimus Consílio Nostro sacris rítibus præpósito, ut orándi fórmulam ad te mittat, quam confíci et edi curávimus in usum fidélium, ad domos suas Sacræ Famíliæ consecrándas, tum étiam quotidiánæ precatiónis exémplar a fidélibus in Sacræ Famíliæ veneratióne persolvéndæ.
    
Tuo demum in Nos obséquio, Dilécte Fili Noster, parem dilectiónis afféctum libénter profitémur, et in auspícium cæléstium múnerum, Apostólicam Benedictiónem Tibi, et Clero ac fidélibus, quíbus præsídes, peramánter in Dómino impértimus.

Datum Romæ apud Sancte Petrum, die XX Novémbris Anno MDCCCXC, Pontificátus Nostri Decimotértio. LEO PAPA XIII
  
TRADUCCIÓN
CARTA APOSTÓLICA DE NUESTRO SANTÍSIMO SEÑOR LEÓN PAPA XIII AL CARDENAL BAUSA, ARZOBISPO DE FLORENCIA, AGREGANDO UNA FÓRMULA DE CONSAGRACIÓN DE LAS FAMILIAS Y UNA ORACIÓN COTIDIANA
  
Querido Hijo, Salud y Bendición Apostólica.
   
Nos hemos encontrado una nueva prueba de tu devoción y de tu respeto por esta Sede Apostólica en la  carta que Nos has dirigido el pasado mes de Agosto, para significarnos los votos de muchos fieles que siguiendo la devoción practicada, bajo el título de la Sagrada Familia, hacia Nuestro Señor Jesucristo y la Virgen Madre y San José, que formaron su familia, sea elevada a un grado de culto más alto, y para consultar sobre este asunto, como es debido en las causas graves que interesan a la fe y la disciplina, la sentencia y el juicio de la Sede Apostólica. Apreciando altamente tu acto de deferencia y de prudencia, Nos hemos querido dar cuenta también de tu demanda, y hemos sometido el asunto al examen de Nuestra Sagrada Congregación de Ritos para tener su consulta y sus proposiciones.
     
Después de diligente examen, Nos te informamos hoy que, por causas especiales y justas, Nos hemos decretado que el culto de piedad rendido a la Sagrada Familia sea conservado, sin introducir novedad alguna en el modo de practicarlas, en las condiciones que fue aprobada por la autoridad de esta Sede Apostólica, y que los hogares cristianos honren y tomen como modelo lo más posible a la Sagrada Familia, según los estatutos de la Asociación Piadosa que Nuestro Predecesor Pío IX, de feliz recordación, aprobó y recomendó por su carta del 5 de Enero de 1870, expresando, en la esperanza segura de los mejores frutos, el anhelo que ella se desarrolle cada día más.
   
Nos queremos fundar la misma esperanza de frutos salvíficos en el espíritu de esta Sociedad; porque Nos tenemos la confianza que todos los fieles comprendan que, en el culto rendido a la Sagrada Familia, ellos veneran el misterio de la vida oculta que Jesucristo llevó en compañía de la Virgen su Madre y de San José, y encontrarán poderosos estímulos para el aumento del fervor de su fe y parala imitación de las virtudes que han resplandecido en el divino Maestro y en la Madre de Dios y en su santísimo esposo.
   
Estas virtudes, como Nos las hemos enseñado más de una vez, al mismo tiempo que procuran las recompensas de la vida eterna, interesan también la prosperidad de la sociedad doméstica y de la sociedad civil, que en nuestra época sufren tantos males, puesto que el bien general del Estado, del cual la familia es el fundamento, deriva necesariamente de la existencia de familias santamente constituidas. Nuestra confianza acrecienta aún más por el pensamiento que los miembros de la Sociedad que Nos mencionamos, establecida por el culto de la Sagrada Familia, implorando asiduamente la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, por los méritos de la Virgen Madre y de San José, no pueden dejar de obtener una asistencia propicia para ordenar santamente su vida y para ver felizmente florecer en sus casas la concordia, el afecto, la paciencia en la adversidad y la honestidad de las costumbres.
    
Dirigimos pues Nuestros Votos al Señor para que el espíritu propio de la Sociedad se difunda más y más entre los fieles, y no dudamos que los Obispos y todos los ministros de la Iglesia harán todos los esfuerzos a este fin. Nos hemos dado orden a Nuestra Sagrada Congregación de Ritos enviar una fórmula de oraciones que hemos hecho componer y publicar, para uso de los fieles, para la consagración de sus hogares a la Sagrada Familia, y también un modelo de oración cotidiana para rezar en honor a la Sagrada Familia.
   
Finalmente, Nos te atestiguamos, carísimo Hijo Nuestro, un sentimiento de afecto igual a tu respeto hacia Nos, y como prenda de los dones celestiales, te concedemos muy afectuosamente en el Señor, a ti y a los fieles que presides como jefe, la Bendición Apostólica
   
Dado en Roma, junto a San Pedro, a 20 de Noviembre del año 1890, decimotercio de Nuestro Pontificado. LEÓN XIII, PAPA

domingo, 2 de mayo de 2021

BERGOGLIO AGREGA SIETE INVOCACIONES A LAS LETANÍAS DE SAN JOSÉ

San José y el Niño (Escuela Española, siglo XVIII)
    
Como si no hubiesen suficientes alteraciones a la devoción tradicional por parte de los modernistas por el prurito de “actualizarlas”, la conciliar Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, publicó ayer 1 de Mayo (día de San José obrero para los conciliares –novusordianos y acuerdistas– y cuantos siguen la reforma de 1955; porque para los Católicos es la fiesta de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago el Menor) la siguiente carta:
CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS
CARTA A LOS PRESIDENTES DE LAS CONFERENCIAS DE OBISPOS SOBRE NUEVAS INVOCACIONES EN LAS LETANÍAS EN HONOR A SAN JOSÉ
    
Ciudad del Vaticano, 1 de mayo de 2021, san José obrero
    
Eminentísimo/Excelentísimo Señor:
    
En el ciento cincuenta aniversario de la declaración de san José como patrón de la Iglesia universal, el Santo Padre Francisco ha publicado la Carta Apostólica Patris corde, con la intención de «que crezca el amor a este gran Santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución».
    
En este sentido, ha parecido oportuno actualizar las Letanías en honor de san José, aprobadas en 1909 por la Sede Apostólica (cf. Acta Apostólicæ Sedis 1 [1909] 290-292), añadiendo siete invocaciones tomadas de las intervenciones de los Papas que han reflexionado sobre algunos aspectos de la figura del Patrón de la Iglesia universal. Son las siguientes: «Custos Redemptóris» (cf. san Juan Pablo II, Exhort. Apost. Redemptóris custos); «Serve Christi» (cf. san Pablo VI, homilía del 19-III-1966, citada en Redemptóris custos n. 8 y Patris corde n. 1); «Miníster salútis» (san Juan Crisóstomo, citado en Redemptóris custos, n. 8); «Fulcímen in difficultátibus» (cf. Francisco, Carta Apost. Patris corde, prólogo); «Patróne éxsulum, afflictórum, páuperum» (Patris corde, n. 5).
    
Las nuevas invocaciones han sido presentadas al Santo Padre Francisco, quien ha aprobado su inserción en las Letanías de san José, como en el texto adjunto a esta Carta.
    
Corresponderá a las Conferencias de Obispos traducir las Letanías a las lenguas de su competencia y publicarlas; dichas traducciones no necesitarán la confirmatio de la Sede Apostólica. Según su prudente criterio, las Conferencias de los Obispos podrán insertar también, en el lugar apropiado y conservando el género literario, otras invocaciones con las que se honra particularmente a san José en sus países.
    
Al tiempo que me complace comunicar a Vuestra Eminencia/Excelencia esta disposición para su conocimiento y su aplicación, aprovecho la ocasión para expresarle mi más sincera estima.
   
De Vuestra Eminencia/Excelencia Reverendísima, devotísimo en el Señor
  
(Fdo.) ✠ Arthur Roche
Arzobispo Secretario
   
(Fdo.) P. 
Corrado Maggioni SMM
Subsecretario  
  
El orden en el que irán estas nuevas invocaciones en las Letanías de San José es el siguiente:
  • «Custos Redemptóris» (Custodio del Redentor): después de «Dei Genitrícis Sponse» (Esposo de la Madre de Dios).
  • «Serve Christi» (Siervo de Cristo) y «Miníster salútis» (Ministro de la Salvación): después de «Christi defénsor sédule» (Diligente defensor de Cristo).
  • «Fúlcimem (sic) in difficultátibus» (Apoyo en las dificultades): después de «Familiárum cólumen»  (Sostén de las familias).
  • «Patróne éxsulum» (Patrón de los exiliados), «Patróne afflictórum» (Patrón de los afligidos) y «Patróne páuperum» (Patrón de los pobres): después de «Spes ægrotántium» (Esperanza de los enfermos).
Salvo «Miníster salútis» (cita proveniente de San Juan Crisóstomo, Sobre San Mateo V, 3. En Migne, Patrología Græca LVII, col. 57 y ss.), las demás invocaciones no son trigo limpio. Mucho menos las tres últimas (que pensamos las separaron porque poner «Patrónem éxsulum, afflictórum pauperúmque» sería antiestético para ellos), que denotan claramente el programa bergogliano pauperista e inmigracionista.
   
Lingüísticamente, en la invocación «Fúlcimen in difficultátibus», la palabra “Fúlcimen” (“refuerzo”, según el Diccionario Castellano con las voces de Ciencias y Artes del Padre Esteban Terreros y Pando SJ, Madrid, 1786) debe llevar el acento en la “i” y no en la “u” (como hizo el Vaticano) porque en latín, la antepenúltima sílaba lleva acento cuando la penúltima es corta, y este no es el caso. Estamos asistiendo a una situación de «Ego sum Rex románus et super grammáticam» (Soy el Rey de Romanos y estoy por encima de la gramática), la famosa frase atribuida por Wolfgang Mentzel en su Geschichte der Deutschen (Historia de los Alemanes) tomo I, pág 477, al Sacro Emperador electo Segismundo de Luxemburgo el 25 de Diciembre de 1414 durante el Concilio de Constanza cuando un cardenal le recordó que en latín, “schisma” es neutro y no femenino. Por supuesto, estamos hablando de Bergoglio, que es más arrogante e ignorante que Segismundo, pero en cuanto a la religión, está en sus antípodas, porque el usurpador argentino (por favor, no lo toméis a mal) pretende erradicar la Fe Católica.
    
Como en anterior oportunidad sentenciamos sobre las tres invocaciones que Bergoglio introdujera en las Letanías de la Santísima Virgen, estos cambios no tendrán sino un efecto puramente anecdótico. Si los modernistas no saben ni las letanías de la Virgen, menos aún las de San José.
  
A nosotros los Católicos, en fin, estas extravagancias bergoglianas no nos van ni nos afectan. Pero si las traemos a colación es porque sirven de evidencia que para los modernistas no hay nada que no puedan moldear y manipular para hacerlo a su retorcida imagen.
   
JORGE RONDÓN SANTOS
2 de Mayo de 2021 (Año Mariano “Espada de Lepanto”).
IV Domingo después de la Octava de Pascua. Fiesta de San Atanasio el Grande, Obispo de Alejandría y Doctor de la Iglesia; de San Félix Diácono, Mártir de la Fe; de Santa Viborada de San Galo, Monja y Mártir de la Fe; de los Santos Saturnino, Neópolo, Germán y Celestine, Mártires de la Fe; de los Santos Vindemial, Eugenio y Longinos, Obispos y Mártires de la Fe; y de los Santos Exuperio, Zoe, Ciríaco y Teódulo, Mártires de la Fe. Nacimiento de Santa Catalina Labouret F.d.C., Virgen. Tránsito de San Antonino Pierozzi OP, Arzobispo de Florencia y Confesor; y del Bienaventurado José María Rubio y Peralta SJ, Apóstol de Madrid. Fundación de San Sebastián de los Reyes (España) y de Itapé (Paraguay); Alzamiento del 2 de Mayo e inicio de la Guerra de Independencia Española. Canonización de Santa Gema Galgani.

jueves, 21 de enero de 2021

DÍA TRECE EN HONOR AL TRÁNSITO DE MARÍA SANTÍSIMA

Ejercicio publicado con la Novena y Trisagio a la Santísima Trinidad en Santa Fe de Bogotá por José Ayarza en la imprenta de Bruno Espinosa en 1846. Indulgencia de 80 días otorgada por Mons. Dr. Manuel José Mosquera y Arboleda, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, y otros 100 días por Mons. Nicolás Savo, Encargado de Negocios ad ínterim de los Estados Pontificios para la Nueva Granada y América del Sur.
    
VISITA A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA PARA EL DÍA TRECE DE CADA MES, EN MEMORIA DE SU ADMIRABLE TRÁNSITO, PARA QUE FAVOREZCA A LOS QUE SE HALLAN EN EL ARTÍCULO DE LA MUERTE.
   

Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
    
ORACIÓN
¡Oh Virgen purísima Madre de Dios y Señora nuestra, consuelo de afligidos y socorro de necesitados! Todos los que estamos presentes, postrados con el debido rendimiento y humildad a vuestras sagradas plantas, y esforzados con la confianza que nos ofrece vuestra gran liberalidad y entrañas piadosísimas de Madre, os pedimos ¡oh gran Reina!, que por vuestro dichoso Tránsito acojáis debajo de vuestro amparo, consoléis y defendáis a todos los que se hallaren en el tránsito y agonía de su muerte: a todos los cuales, y a cada uno en particular, humildemente os pedimos los recibáis por medio de vuestro Ángel de Guarda, y de vuestro amado Esposo Señor San José: especialmente os presentamos a los que hubieren de morir en este mes, a los que nos hallamos presentes, y a los que se hubieren descuidado de prepararse para morir, y de granjear vuestra poderosa intercesión para este horrendo trance; por el gozo, ¡oh compasiva Madre!, que tuvisteis cuando os hallasteis en compañía de vuestro amado Hijo, libre ya de las penalidades de esta mortal vida.
    
Volved, Señora, hacia ellos, esos vuestros misericordiosos ojos, y mirad su pobreza, necesidad, turbación y congoja en que se hallan: atended, piadosísima Madre, que esta es la hora en que más necesitan de vuestro amparo y socorro: experimenten, Señora, sus afligidas almas vuestra misericordia y crecida liberalidad: distribuidles, Señora, vuestras piedades según la necesidad en que se hallan en tan peligroso tránsito, y favorecedlas en todo; y en honor y reverencia de las tres divinas personas de la Santísima Trinidad, que tantos consuelos, favores y gracias os concedieron en vuestro dichoso Tránsito, y gloriosa coronación, concededles, oh gran Reina y Madre, estos tres favores que humildemente os pedimos.
    
En el primero, que por vuestro feliz Tránsito se vean libres sus almas de los infernales enemigos, y de sus tentaciones, astucias y engaños con que en esta hora suelen combatirlas. El segundo, que les alcancéis luz para conocer sus culpas y verdadero dolor de todas ellas. El tercero, que les impetréis una especial confianza en la bondad infinita de Dios, y para más inclinar vuestras piadosísimas entrañas a conseguir los tres dichos favores, decimos de lo intimo de nuestro corazón, que nos pesa en el alma de todos nuestros pecados, y que quisiéramos con el mismo dolor borrar de sus almas los pecados que hubieren cometido los que se hallaren en el tránsito de su muerte, y en desagravio de todos ellos ofrecemos, Señora, los méritos de todos los bienaventurados del cielo y justos de la tierra, juntos con vuestros méritos y los de la Pasión, vida y muerte de vuestro amado Hijo, con aquellas agonías que padeció en las tres horas que estuvo pendiente del Sagrado Árbol de la Cruz, Y con la agonía que sintió en la última hora en que entregó su Espíritu a su Eterno Padre, a quien ofrecemos tamo bien, oh Señora, la ofrenda más agradable a sus Divinos ojos: su Hijo Unigénito, y Señor nuestro sacrificado en las Aras del Altar, para que por ellos os dignéis, oh misericordiosa Madre, de recibir las dichas almas bajo de vuestra piedad y especial amparo, y presentar las en el tribunal de la Divina misericordia, en donde por vuestros piadosos y eficaces ruegos consigan la bendición de vuestro amado Hijo con la sentencia de eterna vida. Amén.
   
Aquí se rezan tres salves a nuestra Señora en reverencia de su dichoso Tránsito, y después lo siguiente en favor de los agonizantes:
   
DEPRECACIÓN
℣. Por tu purísima Concepción.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la Encarnación del Hijo de Dios en tus purísimas entrañas.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por los nueve meses que le tuviste en vuestro Vientre Sagrado.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el gozo que sentisteis cuando le viste nacido para bien del mundo.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis cuando estuvo tres días perdido.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis cuando yendo a padecer se despidió de Vos.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la sangre que en el Huerto sudó vuestro Hijo Santísimo.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis cuando supisteis estaba preso.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis en los tormentos que vuestro Hijo padeció en la noche de su prisión.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la vestidura que por escarnio le pusieron a vuestro Hijo.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por los azotes que le dieron atado a una columna.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la corona de espinas que en su cabeza le pusieron.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por las bofetadas y salivas que con tanta mansedumbre recibió.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por los lastimosos pasos que dio vuestro Hijo cuando lo llevaron de casa en casa aquellos ministros.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por las voces que dieron pidiendo le crucificasen.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la inicua sentencia de muerte que le dieron a vuestro Hijo.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la pesada Cruz que en sus delicados hombros pusieron.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la tropelía y mofa con que lo llevaron al Calvario.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sintió vuestro corazón cuando lo encontrasteis en la calle de la amargura.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor con que le acompañasteis hasta el Calvario.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la confusión y vergüenza que sintió vuestro Hijo cuando le desnudaron.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la congoja y aflicción que sintió cuando le mandaron tender sobre la Cruz.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que traspasó vuestro corazón cuando le visteis enclavar.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis cuando ya enclavado le levantaron en alto.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis cuando dejaron caer la Cruz en el hoyo.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis cuando dieron a beber a vuestro Hijo la hiel y vinagre.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis en aquellas tres horas que estuviste al pie de la Cruz.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la recomendación que os hizo de nosotros en cabeza del Apóstol San Juan.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la muerte santísima de vuestro Inocente Hijo.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis cuando con la lanza atravesaron su Santo Costado.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por aquel tan grande dolor que sintió vuestro corazón, cuando le bajaron de la Cruz y fue puesto en vuestros purísimos brazos.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dolor que sentisteis cuando le sepultaron.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por tu santísima y tristísima soledad.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por la Resurrección gloriosa de vuestro amantísimo Hijo.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por su admirable Ascensión.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por tu glorioso Tránsito.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por el dichoso tránsito de vuestro amado esposo Señor San José.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
℣. Por aquel dolor que tuvo de apartarse de tu dulce compañía.
. Oh Virgen María, ampara a los pecadores en su última agonía.
   
Aquí se rezan tres Aves Marías con Gloria Patri, en reverencia del Glorioso Tránsito del Patriarca Señor San José.
  
ORACIÓN
Santifica, ¡Oh Padre piadosísimo!, a tu Iglesia; quita de ella todos los escándalos y cismas, a fin de que sea un solo rebaño, y un solo pastor, derrama tus misericordias sobre las gentes que no te conocen, e ilumina sus corazones para que te conozcan y amen; disipa los consejos de los impíos, a fin de que no se opongan a tu reino y a la propagación de tu gloria; concede al Sumo Pontífice, a los prelados, a las órdenes religiosas, y a todos los eclesiásticos tu amor, y que cumplan exactamente con sus deberes; a todos los gobernantes y magistrados la sabiduría para que administren con fidelidad la justicia y procuren la paz; y a tu pueblo bendición. Da a los agonizantes verdadera contrición y tu amor; a los pecadores perdón y verdadera enmienda; a mis enemigos tu caridad y dulzura; a los amigos, bienhechores y consanguíneos tu dilección; a la reunión de tus fieles bienes espirituales y temporales; dirige a nosotros nuestras cosas de modo que tu culto siempre esté aquí en vigor y perseverancia; a las almas del Purgatorio, a aquellas particularmente que necesiten de nuestros sufragios, y con las que estamos más obligados, descanso sempiterno y el gozo de la bienaventuranza. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

miércoles, 20 de enero de 2021

BREVE EJERCICIO PARA HONRAR TODOS LOS MIÉRCOLES A SAN JOSÉ

Tomada del devocionario El Devoto Josefino, compilado por el bienaventurado Enrique de Ossó y Cervelló en 1894.
   
BREVE EJERCICIO PARA HONRAR TODOS LOS MIÉRCOLES AL GLORIOSO SAN JOSÉ 
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ORACIÓN A SAN JOSÉ
«Id a José», nos claman un día y otro día los Vicarios de Jesucristo, los Vicegerentes de Dios sobre la tierra; «Id a José», nos repiten una y mil veces al acudir a su trono en demanda de socorro en las grandes necesidades que en este valle de lágrimas nos cercan… A José somos enviados, y a José venimos llenos de confianza en su poderosa protección. ¡Oh Patriarca santo! Nuestra salud está en vuestras manos; miradnos propicio tan solamente, y serviremos al Rey de la gloria con alegría y paz… Acordaos que jamás se ha oído decir que ni uno solo de los que han acudido a vuestra protección haya quedado sin consuelo… Alcanzadnos, pues, de Jesús, vuestro Hijo, y de María Santísima, vuestra Esposa, remedio en todas nuestras necesidades. ¡Ay, que son grandísimos los trabajos que nos oprimen!… Está ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, quieren poner su Iglesia por el suelo, quieren borrar hasta el nombre cristiano de la tierra…, y Vos, oh excelso Patriarca, que salvasteis un día a Jesús y a María de una muerte cierta que les maquinaban sus perseguidores, ahora, en esta hora decisiva... ¿no nos ayudaréis? jOh! No es posible, Santo mío. Alargadnos vuestro poderoso auxilio, y haced que, destruidas todas las adversidades y errores, vivamos en paz, muramos en gracia y alcancemos la gloria. Amén.
    
JACULATORIA: Salvadnos, excelso Patriarca; salvadnos, que perecemos.
     
Récense los siete Dolores y Gozos de San José:
  1. Glorioso San José, por el dolor y el gozo que viviste en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en el seno de nuestra Santa Madre la Virgen María. Obtén para nosotros la gracia de la confianza en Dios (Hacer una breve pausa para meditar). Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  2. Glorioso San José, por el dolor que experimentaste al ver nacer al Niño Jesús en tanta pobreza y por el gozo que sentiste al ver como lo adoraban los ángeles. Obtén para nosotros la gracia de acercarnos a la santa comunión con fe, humildad y amor. (Hacer una breve pausa para meditar). Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  3. Glorioso San José, por el dolor que experimentaste al circuncidar al Divino Niño y por el gozo que sentiste al ponerle el nombre de Jesús, ordenado por el ángel. Obtén para nosotros la gracia de quitar del corazón todo aquello que no es bueno frente a los ojos de Dios. (Hacer una breve pausa para meditar). Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  4. Glorioso San José, por el dolor y el gozo que experimentaste al escuchar la profecía del viejo Simeón, que anunciaba la perdición y por otro lado la salvación de tantas almas mientras tomaba al Niño Jesús en sus brazos. Obtén para nosotros gracia de meditar los dolores de Jesús y los dolores de María. (Hacer una breve pausa para meditar). Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  5. Glorioso San José, por el dolor que experimentaste al huir a Egipto y por el gozo que sentiste al tener siempre contigo a Dios junto a su Madre. Obtén para nosotros la gracia de poder cumplir con fidelidad y amor todos nuestros deberes. (Hacer una breve pausa para meditar). Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  6. Glorioso San José, por el dolor que experimentaste en la persecución del Niño Jesús y por el gozo de volver a tu casa de Nazaret. Obtén para nosotros la gracia de hacer siempre la voluntad de Dios. (Hacer una breve pausa para meditar). Padre nuestro, Ave María y Gloria.
  7. Glorioso San José, por el dolor que sufriste cuando se perdió Jesús y por el gozo que sentiste cuando lo encontraste. Obtén para nosotros la gracia de llevar una buena vida y morir santamente. (Hacer una breve pausa para meditar). Padre nuestro, Ave María y Gloria.
MEMORÁRE A SAN JOSÉ
Acordaos, oh castísimo esposo de la Virgen María y amable protector mío San José, que jamás se ha oído decir que ninguno haya invocado vuestra protección e implorado vuestro auxilio sin haber sido consolado. Lleno, pues, de confianza en vuestro poder, ya que ejercisteis con Jesús el cargo de Padre, vengo a vuestra presencia y me encomiendo a Vos con todo fervor. No desechéis mis súplicas, antes bien acogedlas propicio y dignaos acceder a ellas piadosamente. Amén.
   
Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía.
Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.
Jesús, José y María, en vosotros descanse en paz el alma mía.
    
ORACIÓN FINAL PARA CADA MIÉRCOLES DE SEMANA
Dulcísimo Abogado y Protector mío san José, yo os ofrezco todos los obsequios  y servicios de amor, reverencia y cariño con que os honraron Jesús y María durante vuestra vida, y los que Vos tributasteis a tan soberanas Personas, con todos los dolores y gozos de vuestro paternal corazón, al ver a Dios encarnado, adorarlo nacido y llamarlo Jesús; al ver conocido al Mesías, libertado de Herodes, de Arquelao preservado, y hallarlo perdido. Yo os consagro desde hoy para siempre mi alma, vida y corazón con todos los obsequios y alabanzas que os han tributado y tributarán los justos de cielo y tierra. Logre con vuestro favor y poderoso Patrocinio, Santo mío de mi corazón, vivir en justicia, morir en gracia y alcanzar la gloria. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 21 de diciembre de 2020

ORACIÓN A SAN JOSÉ PARA OBTENER LA CONVERSIÓN DE UN PECADOR

    
Oh justo y glorioso San José, yo os recomiendo incesantemente la salvación del alma de N..., que Jesús rescató a costa de su preciosa Sangre. Vos sabéis, oh gran santo, cuán infelices son aquellos que, habiendo echado de su corazón al divino Salvador, quedan expuestos a perderlo por toda la eternidad. No permitáis, pues, que esta alma, que me es tan querida, quede por mucho tiempo separada de Jesús. Hacedle conocer los peligros que la amenazan. Hablad fuertemente a su corazón. Reconducid este hijo pródigo al seno del mejor de los padres y no lo dejéis, sin haberle abierto las puertas del cielo, donde os bendecirá eternamente por la felicidade que le hubieres alcanzado. Amén.
    
FRAY AMBROSIO JOHANNING OFM (Compilador). Maná ou alimento da alma devota – orações e exercícios piedosos (Maná o alimento del alma devota – Oraciones y ejercicios piadosos.) Petrópolis: Editora Vozes, 1950. – Traducción propia.

martes, 13 de octubre de 2020

CARTA ENCÍCLICA “Quámquam Plúries”, SOBRE LA DEVOCIÓN A SAN JOSÉ

   
El Papa Pío IX había proclamado mediante el decreto “Quemadmódum Deus” el 8 de Diciembre de 1870 al Señor San José como Patrono de la Iglesia Católica. Con esto en mente, y con la finalidad de que el Clero y los Fieles recurran especialmente a su patrocinio después de implorar el de la Bienaventurada Virgen Santa María con el Santo Rosario, el Papa León XIII publica el 15 de Agosto de 1889 la encíclica “Quámquam Plúries”, publicando también una oración para después del Santo Rosario durante el mes de Octubre.
  
CARTA ENCÍCLICA “Quámquam Plúries” DEL SUMO PONTÍFICE LEÓN XIII, SOBRE LA DEVOCIÓN A SAN JOSÉ
    
   
A nuestros Venerables Hermanos los Patriarcas, Primados, Arzobispos y otros Ordinarios, en paz y unión con la Sede Apostólica.
   
Venerables Hermanos, Salud y Bendición Apostólica.
   
1. Aunque muchas veces antes Nos hemos dispuesto que se ofrezcan oraciones especiales en el mundo entero, para que las intenciones del Catolicismo puedan ser insistentemente encomendadas a Dios, nadie considerará como motivo de sorpresa que Nos consideremos el momento presente como oportuno para inculcar nuevamente el mismo deber. Durante periodos de tensión y de prueba —sobre todo cuando parece en los hechos que toda ausencia de ley es permitida a los poderes de la oscuridad— ha sido costumbre en la Iglesia suplicar con especial fervor y perseverancia a Dios, su autor y protector, recurriendo a la intercesión de los santos —y sobre todo de la Santísima Virgen María, Madre de Dios— cuya tutela ha sido siempre muy eficaz. El fruto de esas piadosas oraciones y de la confianza puesta en la bondad divina, ha sido siempre, tarde o temprano, hecha patente. Ahora, Venerables Hermanos, ustedes conocen los tiempos en los que vivimos; son poco menos deplorables para la religión cristiana que los peores días, que en el pasado estuvieron llenos de miseria para la Iglesia. Vemos la fe, raíz de todas las virtudes cristianas, disminuir en muchas almas; vemos la caridad enfriarse; la joven generación diariamente con costumbres y puntos de vista más depravados; la Iglesia de Jesucristo atacada por todo flanco abiertamente o con astucia; una implacable guerra contra el Soberano Pontífice; y los fundamentos mismos de la religión socavados con una osadía que crece diariamente en intensidad. Estas cosas son, en efecto, tan notorias que no hace falta que nos extendamos acerca de las profundidades en las que se ha hundido la sociedad contemporánea, o acerca de los proyectos que hoy agitan las mentes de los hombres. Ante circunstancias tan infaustas y problemáticas, los remedios humanos son insuficientes, y se hace necesario, como único recurso, suplicar la asistencia del poder divino.
    
2. Este es el motivo por el que Nos hemos considerado necesario dirigirnos al pueblo cristiano y exhortarlo a implorar, con mayor celo y constancia, el auxilio de Dios Todopoderoso. Estando próximos al mes de octubre, que hemos consagrado a la Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario, Nos exhortamos encarecidamente a los fieles a que participen de las actividades de este mes, si es posible, con aún mayor piedad y constancia que hasta ahora. Sabemos que tenemos una ayuda segura en la maternal bondad de la Virgen, y estamos seguros de que jamás pondremos en vano nuestra confianza en ella. Si, en innumerables ocasiones, ella ha mostrado su poder en auxilio del mundo cristiano, ¿por qué habríamos de dudar de que ahora renueve la asistencia de su poder y favor, si en todas partes se le ofrecen humildes y constantes plegarias? No, por el contrario creemos en que su intervención será de lo más extraordinaria, al habernos permitido elevarle nuestras plegarias, por tan largo tiempo, con súplicas tan especiales. Pero Nos tenemos en mente otro objeto, en el cual, de acuerdo con lo acostumbrado en ustedes, Venerables Hermanos, avanzarán con fervor. Para que Dios sea más favorable a nuestras oraciones, y para que Él venga con misericordia y prontitud en auxilio de Su Iglesia, Nos juzgamos de profunda utilidad para el pueblo cristiano, invocar continuamente con gran piedad y confianza, junto con la Virgen-Madre de Dios, su casta Esposa, a San José; y tenemos plena seguridad de que esto será del mayor agrado de la Virgen misma. Con respecto a esta devoción, de la cual Nos hablamos públicamente por primera vez el día de hoy, sabemos sin duda que no sólo el pueblo se inclina a ella, sino que de hecho ya se encuentra establecida, y que avanza hacia su pleno desarrollo. Hemos visto la devoción a San José, que en el pasado han desarrollado y gradualmente incrementado los Romanos Pontífices, crecer a mayores proporciones en nuestro tiempo, particularmente después que Pío IX, de feliz memoria, nuestro predecesor, proclamase, dando su consentimiento a la solicitud de un gran número de obispos, a este santo patriarca como el Patrono de la Iglesia Católica. Y puesto que, más aún, es de gran importancia que la devoción a San José se introduzca en las prácticas diarias de piedad de los católicos, Nos deseamos exhortar a ello al pueblo cristiano por medio de nuestras palabras y nuestra autoridad.
     
3. Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria. Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro. Ya que el matrimonio es el máximo consorcio y amistad —al que de por sí va unida la comunión de bienes— se sigue que, si Dios ha dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha dado no sólo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad, sino también para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella. El se impone entre todos por su augusta dignidad, dado que por disposición divina fue custodio y, en la creencia de los hombres, padre del Hijo de Dios. De donde se seguía que el Verbo de Dios se sometiera a José, le obedeciera y le diera aquel honor y aquella reverencia que los hijos deben a sus propio padres. De esta doble dignidad se siguió la obligación que la naturaleza pone en la cabeza de las familias, de modo que José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Y durante el curso entero de su vida él cumplió plenamente con esos cargos y esas responsabilidades. El se dedicó con gran amor y diaria solicitud a proteger a su esposa y al Divino Niño; regularmente por medio de su trabajo consiguió lo que era necesario para la alimentación y el vestido de ambos; cuidó al Niño de la muerte cuando era amenazado por los celos de un monarca, y le encontró un refugio; en las miserias del viaje y en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y el apoyo de la Virgen y de Jesús. Ahora bien, el divino hogar que José dirigía con la autoridad de un padre, contenía dentro de sí a la apenas naciente Iglesia. Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la Madre de Jesucristo, ella es la Madre de todos los cristianos a quienes dio a luz en el Monte Calvario en medio de los supremos dolores de la Redención; Jesucristo es, de alguna manera, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son sus hermanos. Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo.
    
4. Ustedes comprenden bien, Venerables Hermanos, que estas consideraciones se encuentran confirmadas por la opinión sostenida por un gran número de los Padres, y que la sagrada liturgia reafirma, que el José de los tiempos antiguos, hijo del patriarca Jacob, era tipo de San José, y el primero por su gloria prefiguró la grandeza del futuro custodio de la Sagrada Familia. Y ciertamente, más allá del hecho de haber recibido el mismo nombre —un punto cuya relevancia no ha sido jamás negada—, ustedes conocen bien las semejanzas que existen entre ellos; principalmente, que el primer José se ganó el favor y la especial benevolencia de su maestro, y que gracias a la administración de José su familia alcanzó la prosperidad y la riqueza; que —todavía más importante— presidió sobre el reino con gran poder, y, en un momento en que las cosechas fracasaron, proveyó por todas las necesidades de los egipcios con tanta sabiduría que el Rey decretó para él el título de "Salvador del mundo". Por esto es que Nos podemos prefigurar al nuevo en el antiguo patriarca. Y así como el primero fue causa de la prosperidad de los intereses domésticos de su amo y a la vez brindó grandes servicios al reino entero, así también el segundo, destinado a ser el custodio de la religión cristiana, debe ser tenido como el protector y el defensor de la Iglesia, que es verdaderamente la casa del Señor y el reino de Dios en la tierra. Estas son las razones por las que hombres de todo tipo y nación han de acercarse a la confianza y tutela del bienaventurado José. Los padres de familia encuentran en José la mejor personificación de la paternal solicitud y vigilancia; los esposos, un perfecto de amor, de paz, de fidelidad conyugal; las vírgenes a la vez encuentran en él el modelo y protector de la integridad virginal. Los nobles de nacimiento aprenderán de José como custodiar su dignidad incluso en las desgracias; los ricos entenderán, por sus lecciones, cuáles son los bienes que han de ser deseados y obtenidos con el precio de su trabajo. En cuanto a los trabajadores, artesanos y personas de menor grado, su recurso a San José es un derecho especial, y su ejemplo está para su particular imitación. Pues José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no sólo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido. José, contento con sus pocas posesiones, pasó las pruebas que acompañan a una fortuna tan escasa, con magnanimidad, imitando a su Hijo, quien habiendo tomado la forma de siervo, siendo el Señor de la vida, se sometió a sí mismo por su propia libre voluntad al despojo y la pérdida de todo.
    
5. Por medio de estas consideraciones, los pobres y aquellos que viven con el trabajo de sus manos han de ser de buen corazón y aprender a ser justos. Si ganan el derecho de dejar la pobreza y adquirir un mejor nivel por medios legítimos, que la razón y la justicia los sostengan para cambiar el orden establecido, en primer instancia, para ellos por la Providencia de Dios. Pero el recurso a la fuerza y a las querellas por caminos de sedición para obtener tales fines son locuras que sólo agravan el mal que intentan suprimir. Que los pobres, entonces, si han de ser sabios, no confíen en las promesas de los hombres sediciosos, sino más bien en el ejemplo y patrocinio del bienaventurado José, y en la maternal caridad de la Iglesia, que cada día tiene mayor compasión de ellos.
    
6. Es por esto que —confiando mucho en su celo y autoridad episcopal, Venerables hermanos, y sin dudar que los fieles buenos y piadosos irán más allá de la mera letra de la ley— disponemos que durante todo el mes de octubre, durante el rezo del Rosario, sobre el cual ya hemos legislado, se añada una oración a San José, cuya fórmula será enviada junto con la presente, y que esta costumbre sea repetida todos los años. A quienes reciten esta oración, les concedemos cada vez una indulgencia de siete años y siete cuaresmas. Es una práctica saludable y verdaderamente laudable, ya establecida en algunos países, consagrar el mes de marzo al honor del santo Patriarca por medio de diarios ejercicios de piedad. Donde esta costumbre no sea fácil de establecer, es al menos deseable, que antes del día de fiesta, en la iglesia principal de cada parroquia, se celebre un triduo de oración. En aquellas tierras donde el 19 de marzo —fiesta de San José— no es una festividad obligatoria, Nos exhortamos a los fieles a santificarla en cuanto sea posible por medio de prácticas privadas de piedad, en honor de su celestial patrono, como si fuera un día de obligación.
   
7. Como prenda de celestiales favores, y en testimonio de nuestra buena voluntad, impartimos muy afectuosamente en el Señor, a ustedes, Venerables Hermanos, a su clero y a su pueblo, la bendición apostólica.
   
Dado en el Vaticano, el 15 de agosto de 1889, undécimo año de nuestro pontificado. LEÓN PP. XIII
  
ORACIÓN A SAN JOSÉ (Indulgencia de 3 años cada vez que se rece; 7 años cuando se rece finalizado el Santo Rosario durante el mes de Octubre y en cualquier miércoles del año. Plenaria al mes, con las condiciones de rigor, si se reza diariamente – Sagrada Congregación de Indulgencias, Decreto del 21 de Septiembre de 1889. Sagrada Penitenciaría Apostólica, Decretos del 17 de Mayo de 1927, 13 de Diciembre de 1935 y 10 de Marzo de 1941).
A Vos recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado San José, y después de implorar el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro Patrocinio. Por el afecto que os unió la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, por el amor paternal que profesasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su que Jesucristo conquistó con su Sangre y que nos socorráis con vuestro poder en nuestras necesidades.
   
Proteged, oh prudentísimo Custodio de la Sagrada Familia, el linaje escogido de Jesucristo; preservadnos, Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción, sednos propicio y asistidnos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas. Y del mismo modo que, en otra ocasión, librasteis del peligro de la muerte al Niño Jesús, defended ahora a la Iglesia Santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y contra toda adversidad. Amparad a cada uno de nosotros con vuestro perpetuo patrocinio; a fin de que, siguiendo vuestros ejemplos y sostenidos por vuestro auxilio, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del Cielo. Amén.