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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 23 de noviembre de 2025

ORACIÓN A SAN ATANASIO POR LA IGLESIA Y LA CONSERVACIÓN DE LA FE


¡Oh Atanasio!, te sentaste en la sede de San Marcos en Alejandría. Él salió de Roma para ir a fundar la segunda sede patriarcal: y tres siglos más tarde tú llegabas a Roma, sucesor de San Marcos, para obtener del sucesor de San Pedro que la injusticia y la herejía no prevalecieran contra esa silla augusta. Nuestro Occidente te admiró héroe sublime de la fe; te recibió en su seno; veneró en ti al noble desterrado, al confesor valeroso; y tu estancia en nuestras regiones quedó entre sus más caros y gloriosos recuerdos. 
  
Sé el abogado de las regiones en que otro tiempo se extendió tu jurisdicción de Patriarca y acuérdate también del apoyo y hospitalidad que te ofreció Occidente. Roma te protegió, tomó a pecho tu causa, promulgó la sentencia en que te declaraba inocente y te restituía tus derechos; desde las alturas de los cielos devuélvela cuanto hizo por ti; sostén y alienta a su Pontífice, sucesor del Papa Julio I, que te ayudó hace ya diez y seis siglos. Una terrible tempestad se ha desencadenado contra la roca que sostiene a todas las iglesias y el iris de paz no brilla aún en las nubes. Ruega, oh Atanasio, para que estos tristes días sean abreviados y que la silla de Pedro deje de ser el blanco de los ataques de mentira y de la violencia que a la vez son objeto de escándalo pará los pueblos.
   
Tus trabajos, oh gran doctor, ahogaron el arrianismo; pero esta odiosa herejía ha levantado la cabeza en estos días. Extiende sus estragos a favor de esa caricatura de ciencia que se une al orgullo y que ha llegado a ser el gran peligro de los tiempos presentes. El Hijo eterno de Dios, consubstancial al Padre, es blasfemado por los adeptos de una filosofía perniciosa que no tiene inconveniente en ver en Él al primero de todos los hermanos, con tal de afirmar que sólo fue hombre. En vano la razón y la experiencia demuestran que todo es sobrenatural en Jesús; ellos se obstinan en cerrar los ojos, y llenos de mala fe, a un lenguaje de admiración hipócrita mezclan el desprecio por la fe cristiana que reconoce en el Hijo de María al Verbo eterno, encarnado para la salvación de los hombres. Confunde a los nuevos arríanos, pón al descubierto su soberbia debilidad y sus artificios; disipa ilusión de sus desgraciados adeptos; que al fin sea reconocido que esos pretendidos sabios que se atreven a blasfemar de la divinidad de Cristo, van a perderse en los vergonzosos abismos del panteísmo, o en el caos del escepticismo, en cuyo seno desaparece toda moral y toda inteligencia se apaga.
  
Conserva en nosotros, por tus méritos y oraciones, el don precioso de la fe que el Señor se dignó confiarnos; alcánzanos que confesemos y adoremos siempre a Jesucristo como a nuestro Dios eterno e infinito, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado y no hecho, que se dignó tomar carne de María por nosotros los hombres y por nuestra salvación. Revélanos sus grandezas hasta el día en que podamos contemplarlas contigo en la gloria. Entretanto conversaremos con Él por la fe sobre esta tierra testigo de los esplendores de su resurrección.
 
Amaste a este Hijo de Dios, Creador y Salvador nuestro. Su amor fué el alma de tu vida, el móvil de tu consagración heroica a su servicio. Ese amor te sostuvo en las luchas en que el mundo entero parecía conspirado contra ti; te hizo más fuerte que todas las tribulaciones; alcanza para nosotros ese amor que nada teme porque es fiel, ese amor que debemos a Jesús, que siendo el esplendor eterno del Padre, su sabiduría infinita, se dignó humillarse hasta tomar la forma de esclavo, y hacerse por nosotros obediente hasta la muerte y muerte de Cruz (Filip. II, 8). ¡Cómo pagaríamos su entrega por nosotros sino dándole todo nuestro amor a ejemplo tuyo, y celebrando tanto más sus grandezas, cuanto más Él se humilló por nosotros!

DOM PROSPER GUÉRANGER OSBEl Año Litúrgico, tomo III (Traducción Española). Editorial Aldecoa, Burgos 1956, págs. 764-766.

viernes, 8 de octubre de 2021

CARTA DE SAN ATANASIO A SU GREY


Como Obispo de Alejandría, San Atanasio el Grande había pasado 17 años de su mandato en el exilio, durante el cual los sacerdotes de su diócesis en su gran mayoría apostataron a la herejía arriana (que vencidos en el Concilio de Nicea, sus adherentes se refugiaron en la Corte imperial) y se apoderaron de los templos, dejando a los católicos fuera de ellos. Estas noticias le habían llegado a nuestro santo, que en su Carta pascual del año 356 les escribe para infundirles esperanza y recordarles que el templo, aunque importante, sin la Fe no es más que un edificio común y corriente.
   
Esta carta (cuya versión griega no ha llegado hasta nosotros, y la versión latina es fragmentada), ha circulado por décadas en la Tradición (la FSSPX y los primeros sedevacantistas), a veces con distintas versiones que incluían paráfrasis o adiciones que le restaban autenticidad. Por primera vez os traemos el texto en latín (tomada de la edición de los Benedictinos de San Mauro de las obras completas de San Atanasio, tomo I parte 2.ª, París, imprenta de Juan Anisson, 1698, pág. 968) y una traducción al español, conservando la fidelidad al texto.
  
La carta de San Atanasio cobra vigencia en nuestros tiempos tan desgraciados: los modernistas, congraciados con la Jerarquía Apóstata del Vaticano II y en connivencia con los poderes seglares, esparcieron el error en tal medida que los mundanos creen que es la verdadera Iglesia Católica (sin serlo realmente), y se apoderaron de los templos católicos, dándole los usos más diversos y abyectos (caso reciente, lo que sucedió en Toledo),  cuando no vendiéndolos para convertirse en restaurantes, edificios residenciales, ¡salones de eventos!, o demoliéndolos de plano cuando ni siquiera los ceden a las religiones falsas. Y si se trata de sus nuevos templos, construidos las más veces en forma extravagante o pauperista y decorados con el informe y hasta diabólico “arte moderno”, son todo menos lugares sagrados.
    
LATÍN
Deus quídem vos consolétur, novi áutem quia non hoc solum vos contrístat, sed contrístat et illud, quia ecclésias quídem álii per violéntiam tenúerunt, vos áutem ínterim foris estis a locis; illi enim loca, vos vero habétis apostólicam fidem. Illi in locis exsisténtes, a vera fide sunt foris: vos vero a locis quídem foris estis, fides vero intus. Discutiámus quid sit majus, locus an fides: claret útique quia vera fides. Quis ergo ámplius perdídit, vel quis ámplius habet, qui locum tenet, an qui fidem? Bonus quídem locus est, quándo illic apostólica fides prædicátur: sanctus est, si ibi habítat sanctus.
   
Vos áutem beáti, qui fide in Ecclésia estis, in fídei fundaméntis habitátis, et sufficiéntem satisfactiónem habétis, fídei summitátem: quæ in vobis permánet inconcússa; ex apostólica enim traditióne pervénit ad vos, et frequénter eam exsecránda invídia vóluit commovére, nec váluit: magis áutem per ea quæ commovérunt sunt abscíssi. Hoc est enim quod scriptum est: “Tu es Fílius Dei vivi”, Petro per revelatiónem Patris confésso et audiénte: “Beátus es, Simon Barjóna, quía caro et sánguis non revelávit tibi, sed Pater meus qui in cœlis est” (Matth. XVI, 17), et cœ́tera. Nemo ígitur únquam vestræ fídei prævalébit, dilectíssimi fratres: si enim aliquándo ecclésias reddíderit Deus, crédimus enim hoc; verúmtamen ne tanta ecclesiárum redditiónem súfficit nobis fides. Et ne forte sine scriptúris lóquens, violéntia dicam, bonum est vos ad Scripturárum testimónia trahére. Commemorámini enim quia templum quídem erat Jerúsalem: templum non erat in éremo, alienígenæ invasérant. Ex quo et templum vero Jerúsalem; illi ejécti Babylónia descendérunt, judício probántis, sive étiam corrigéntis Dei; manifestántis vero inimicórum sánguinem vorántium pœnas ígnaris. Et locum quídem habébant alienígenæ; loci vero Dóminum nesciébant. In tantum vero, quía nec respónsa dabat, nec loquébatur, sed a veritate desoláti fúerunt. Quid ígitur eos juvat locus? Ecce enim locum habéntes accusántur a diligéntibus Deum, quía eum fecérunt spelúncam latrónum, et domum negotiatiónis, et domum veli* locum sanctum fecérunt améntes sibi, quos illic non licébat intráre. Audívimus enim, dilectíssimi, discéntes ab his qui inde venérunt hæc et detériora his. Quándo ígitur labóre vidéntur Ecclésiam tenére, tanto magis ejécti sunt. Et putántur esse infra veritátem, expúlsi sunt áutem et capti, et nullum lucrum sola Ecclésia quía rerum véritas judicátur.
   
TRADUCCIÓN
Que Dios os consuele. He sabido que no sólo esto os entristece [mi exilio], sino sobre todo el hecho de que los otros [los arrianos] se han apoderado de los templos por la violencia y entre tanto vosotros habéis sido expulsados de esos lugares. Ellos, entonces, tienen los templos. Vosotros, en verdad, tenéis la Fe apostólica. Ellos, consolidados en esos templos, están fuera de la verdadera Fe, en cambio vosotros, que estáis fuera de los lugares, permanecéis dentro de la Fe. Discutamos qué sea más importante, el templo o la Fe, y está claro que es más importante la verdadera Fe. Por tanto, ¿quién ha perdido más, o quién posee más, el que retiene un lugar, o el que retiene la Fe? El lugar ciertamente es bueno cuando  allí se predique la Fe Apostólica: es santo, si allí habita el Santo.
   
Bienaventurados en cambio vosotros, que estáis en la fe de la Iglesia, habitáis en los fundamentos de la fe, y tenéis suficiente satisfacción en la totalidad de la fe, que en vosotros permanece inconmovible. Por tradición apostólica ha venido hasta vosotros, y frecuentemente la execrable envidia ha querido conmoverla pero no ha podido: antes contrario, por ella los que la conmovieron son cortados. Esto es lo que está escrito: que Pedro por revelación del Padre confesó: “Tú eres el hijo del Dios vivo”, y escuchó “Bienaventurado eres Simón hijo de Joná, porque esto no te lo reveló la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el Cielo”, etc. (San Mateo XVI, 17), y lo demás. Por eso nadie prevalecerá nunca contra vuestra fe, queridísimos hermanos: si en algún momento Dios os devolviere las iglesias, creemos esto no obstante: la Fe nos basta más que la restitución de las iglesias. Y no os hablo sin apoyo de la escritura, os digo con violencia, es bueno traeros el testimonio de las Escrituras. Recordemos pues el templo que estaba en Jerusalén: el templo no estaba en despoblado, y los extranjeros lo invadieron. Del templo de Jerusalén, ellos [los judíos] bajaron expulsados a Babilonia, probando el juicio, o también corregidos por Dios, manifestando a los ignorantes las penas por los enemigos sedientos de sangre. Y en el lugar pues que habitaban los extranjeros, desconocieron al Dios verdadero. En verdad, ni respuesta les podía dar, ni hablar, sino que fueron desolados de la verdad. ¿Qué pues, gozaron ellos del templo? He aquí que al tener los templos, los que aman a Dios los acusan, porque del lugar santo hicieron cueva de ladrones y casa de negocios y tribunal judicial, perteneciéndoles a quienes no les era permitido entrar allí. Hemos oído decir esto y cosas peores, dilectísimos, de los han venido hasta aquí. Pues cuando se ven en la labor de tener la Iglesia, tanto más son echados de ella. Y diciendo estar bajo la verdad, en cambio son expulsados de ella y cautivos, y sin ningún lucro de la verdad, única cosa que juzga la Iglesia.
   
NOTA ÚNICA  
*Literalmente “umbral de la casa” (en griego οἶκος βηλός). En sentido figurado, Tribunal de justicia.

GRABAN VÍDEO INMODESTO EN LA CATEDRAL DE TOLEDO

Si bien la Catedral Primada de Toledo está profanada hace rato con el Novus Ordo Missæ (tanto en el Rito Romano como en el Hispánico) y los rituales paganos o ecuménicos de ocasión, esta vez hubo un hecho que le pone la guinda.
    
   
A inicios de Septiembre, el cantante madrileño Antón Álvarez Alfaro (C. Tangana) grabó con la cantante argentina Nathalia Beatriz Dora Peluso (Nathy Peluso) el vídeo de su reciente canción “Ateo” en las instalaciones de la Catedral. Una canción con una letra y coreografía obscenas, que la modestia no autoriza presentar.
    
Ante el hecho, el Arzobispado de Toledo declaró mediante comunicado en nombre del arzobispón Francisco Cerro Chávez que este «desconocía absolutamente la existencia de este proyecto, el contenido del mismo y el resultado final», «lamenta profundamente estos hechos y desaprueba las imágenes grabadas», y pide «humilde y sinceramente perdón a todos los fieles laicos, consagrados y sacerdotes, que se han sentido justamente heridos por este uso indebido de un lugar sagrado», al tiempo que se comprometió a «revisar el procedimiento seguido para evitar que vuelva a suceder algo semejante. Para ello, se comienza a elaborar inmediatamente un protocolo para la grabación de imágenes de difusión pública en cualquier templo de la archidiócesis».
    
   
Por su parte, Juan Miguel Ferrer Grenesche, deán del Cabildo Catedralicio, defendió la canción en un comunicado, diciendo que esta es la «historia de una conversión mediante el amor humano», y que «a ciertas actitudes de intolerancia contrapone la comprensión y acogida de la Iglesia [del Novus Ordo], tal y como se manifiesta en las secuencias finales del video». Para el deán «es cierto que el video utiliza un lenguaje visual provocador, pero no afecta a la fe. Es un lenguaje propio de la cultura de nuestro tiempo y se ha atendido al bien que pueda producir en los alejados».
   
   
Católicos tradicionales, ante esta situación, además de reprochar esta afrenta acolitada por unos perros mudos, debemos recordar las palabras de San Atanasio el Grande a sus fieles escritas hacia el año 356, cuando él fue desterrado de su diócesis por los arrianos (que se apoderaron de los templos):
«He sabido que no sólo os entristece mi exilio, sino sobre todo lo que tanto os entristece es que los enemigos han ocupado por violencia vuestros templos, en tanto que vosotros, en todo este tiempo, os encontráis afuera. Es un hecho, que ellos tienen los templos; pero, en cambio, vosotros tenéis la fe apostólica. Ellos han podido quedarse con nuestros templos, pero están fuera de la verdadera fe. Vosotros tenéis que permanecer fuera de los lugares del culto, pero permanecéis, en cambio, dentro de la fe» [Colléctio selécta SS. Ecclésiæ Patrum. Armand Benjamin Caillau y Marie-Nicolas-Silvestre Guillou, compiladores. Tomo XXXII, París 1832, págs. 411-412. Traducción de la Revista “Trento”, N.º 44, 1 de Enero de 1975, pág. 1].

lunes, 2 de mayo de 2016

EL PROVECHO DE PROFUNDIZAR EN LA FE CATÓLICA TRADICIONAL

San Atanasio el Grande
 
"Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre de tal".
  
San Atanasio, Epístola a Serapión.

domingo, 2 de mayo de 2010

SAN ATANASIO EL GRANDE, OBISPO, CONFESOR Y DOCTOR DE LA IGLESIA

Dichosos seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren,
y os persiguieren, y dijeren con mentira toda suerte de mal contra vosotros.
(Mateo 5, 11)

San Atanasio el Grande

San Atanasio nació en Egipto, Alejandría, en el año 295. Estudió derecho y teología. Se retiró por algún tiempo a la vida solitaria, haciendo amistad con los ermitaños del desierto. Regresando a la ciudad, se dedicó totalmente al servicio de Dios.

En su tiempo, Arrio, clérigo de Alejandría, propagaba la herejía de que Cristo no era Dios por naturaleza. Para enfrentarlo se celebró el primero de los ecuménicos, en Nicea, ciudad del Asia Menor. Atanasio, que era entonces diácono, acompañó a este concilio a Alejandro, obispo de Alejandría. Con doctrina recta y gran valor sostuvo la verdad católica y refutó a los herejes. El concilió excomulgó a Arrio y condenó su doctrina arriana.

Concilio de Nicea (a la izquierda de San Constantino vemos a San Atanasio, mientras que el hereje Arrio yace en una fosa)

Pocos meses después de terminado el concilio murió san Alejandro y Atanasio fue elegido patriarca de Alejandría. Los arrianos no dejaron de perseguirlo hasta que lo desterraron de la ciudad e incluso de Oriente. Cuando la autoridad civil quiso obligarlo a que recibiera de nuevo a Arrio en la Iglesia a Arrio a pesar de que este se mantenía en la herejía, Atanasio, cumpliendo con gran valor su deber, rechazó tal propuesta y perseveró en su negativa, a pesar de que el emperador Constantino, en 336, lo desterró a Tréveris.

Durante dos años permaneció Atanasio en esta ciudad, al cabo de los cuales, al morir Constantino, pudo regresar a Alejandría entre el júbilo de la población. Inmediatamente renovó con energía la lucha contra los arrianos y por segunda vez, en 342, sufrió el destierro que lo condujo a Roma.

Ocho años más tarde se encontraba de nuevo en Alejandría con la satisfacción de haber mantenido en alto la verdad de la doctrina católica. Pero sus adversarios enviaron un batallón para prenderlo. Providencialmente, Atanasio logró escapar y refugiarse en el desierto de Egipto, donde le dieron asilo durante seis años los anacoretas, hasta que pudo volver a reintegrarse a su sede episcopal; pero a los cuatros meses tuvo que huir de nuevo. Después de un cuarto retorno, se vio obligado, en el año 362, a huir por quinta vez. Finalmente, pasada aquella furia, pudo vivir en paz en su sede.

Falleció el 2 de mayo del año 373. Escribió numerosas obras. 

MEDITACIÓN SOBRE LAS PERSECUCIONES
 
I. Dios permite que sus más fieles servidores sean probados por la persecución, sea para castigarlos por alguna falta leve o para volverlos más vigilantes, sea para acrecentar su corona o impedir que la prosperidad los pierda. En las pruebas, Dios siempre busca su gloria y el bien de nuestras almas; no te quejes, pues, sino agradécele. Dios te envía males porque has despreciado bienes. Reconoce en sus golpes al que no reconociste en sus regalos (San Cipriano).

II. En todas las acusaciones que se dirijan contra ti, mira si cometiste las faltas que se te reprochan. Si eres culpable, pide perdón a Dios; entristécete, no de haber sido acusado, sino de haber, con tus faltas, dado motivo a la acusación. Agradece a Dios de que se sirva de la mano de tu adversario para punzarte el absceso que tú hubieras ahogado.

III. Si eres inocente de la falta que se te imputa, si hasta eres perseguido por una acción buena, agradece a Dios, regocíjate de que te haga sufrir por la justicia. No te afanes en justificarte, tarde o temprano lo hará Dios. A menudo un padre hace castigar a sus hijos por intermedio de malos servidores, sin embargo prepara una prisión para éstos y reserva la herencia para aquellos (San Agustín).

La paciencia.
Orad por los perseguidos a causa de su justicia.



ORACIÓN

Os suplicamos, Señor, escuchéis las oraciones que os dirigimos en la solemnidad de vuestro confesor pontífice San Atanasio, a fin de que los méritos y la intercesión de quien dignamente os ha servido nos obtengan el perdón de nuestros pecados. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 7 de octubre de 2009

CARTA DE SAN ATANASIO A SUS DISCÍPULOS


En estos tiempos tan críticos, en el que los verdaderos Católicos padecemos el exilio y la persecución a manos de la infame iglesia conciliar, las palabras de San Atanasio son más vigentes que nunca. 


En esta carta, San Atanasio se conduele de que sus discípulos hayan sido despojados de los templos, pero les recuerda que es más valiosa la fe que la posesión de los templos, dado que de nada sirven los templos si los que lo ocupan no están en la Fe verdadera.


Así estamos actualmente: la iglesia conciliar nos echó de los templos, pero no nos quitó nuestra fe, basada en la Tradición Apostólica. En consecuencia, ellos (los conciliares) se condenan, pues convierten los templos en cueva de ladrones. 


Nota: Donde dice "arrianos" leed "conciliares".





"Que Dios os consuele. He sabido que no sólo os entristece mi exilio, sino sobre todo el hecho de que los otros, es decir los arrianos se han apoderado de los templos por la violencia y entre tanto vosotros habéis sido expulsados de esos lugares. Ellos entonces poseen los templos. Vosotros en cambio la tradición de la Fe apostólica. Ellos, consolidados en esos lugares, están en realidad al margen de la verdadera Fe, en cambio vosotros, que estáis excluidos de los templos, permanecéis dentro de esa Fe. Confrontemos pues qué cosa sea más importante, el templo o la Fe, y resultará evidente desde luego, que es más importante la verdadera Fe. Por tanto, ¿quién ha perdido más, o quién posee más, el que retiene un lugar, o el que retiene la Fe? El lugar ciertamente es bueno, supuesto que a11í se predique la Fe de los Apóstoles, es santo, si allí habita el Santo. (¿No es para hoy esta carta?). Vosotros sois los dichosos que por la Fe permanecéis dentro de la Iglesia, descansáis en los fundamentos de la Fe, y gozáis de la totalidad de la Fe, que permanece inconfusa. Por tradición apostólica ha llegado hasta vosotros, y muy frecuentemente un odio nefasto ha querido desplazarla, pero no ha podido; al contrario, esos mismos contenidos de la Fe que ellos han querido desplazar, los han destruido a ellos. Es esto en efecto lo que significa afirmar: "TU ERES EL HIJO DE DIOS VIVO". Por tanto, nadie prevalecerá jamás contra vuestra Fe, mis queridos hermanos, y si en algún momento Dios os devolviere los templos, será menester el mismo convencimiento: que la Fe es más importante que los templos.


Y precisamente una Fe tan viva suple para vosotros, por ahora, la devolución de los templos. No es que yo hable sin respaldo de la Escritura, por e1 contrario, os digo con énfasis que os conviene confrontar sus testimonios. Recordad precisamente que el templo era Jerusalén, y que el templo no estaba en el desierto cuando los enemigos lo invadieron. Los invasores venidos de Babilonia habían irrumpido como juicio de Dios, que probaba o que corregía y que, precisamente por medio de estos enemigos ávidos de sangre imponía castigo a los que lo ignoraban. Los extranjeros, pues, se posesionaron del lugar, pero éstos, en el lugar, negaban a Dios. Justamente porque no sólo no tenían respuestas adecuadas, ni las proferían, sino que estaban excluidos de la verdad. Por tanto ahora también, ¿de qué les sirve tener los templos? Si efectivamente, los tienen, pero eso a los ojos de quienes se mantienen fieles a Dios indica que son culpables, porque han hecho cueva de ladrones y casas de negocios, o sitios de disputas vanas lo que antes era un lugar santo, de modo que ahora les pertenece a quienes antes no les era lícito entrar. Muy queridos, por haberlo oído de quienes han llegado hasta aquí, sé todo esto y muchas otras cosas peores; pero, repito, cuanto mayor es el empeño de éstos por dominar la Iglesia, tanto más están fuera de ella. Creen estar dentro de la verdad, aunque en realidad están excluidos de ella, prisioneros de otra cosa, mientras la Iglesia, desolada, sufre la devastación de estos supuestos benefactores".

   


Hasta aquí la carta de San Atanasio, del año 356 exactamente.

lunes, 31 de agosto de 2009

FUNDAMENTOS DE NUESTRA FÉ CATÓLICA: SÍMBOLO DE SAN ATANASIO

Para quienes no estáis familiarizados con el símbolo de san Atanasio, os lo presento. Este símbolo fue propuesto por San Atanasio, quien fue el único obispo africano que defendió la divinidad de Jesucristo Nuestro Señor frente a la herejía arriana. Debido a que muchos obispos africanos apoyaban la herejía, ellos lo excomulgaron y lo desterraron (precedente de la persecusión que las actuales conferencias episcopales dirigen contra los católicos). Providencialmente, en el Concilio de Nicea contaba con el apoyo de los obispos europeos, el Papa san Silvestre I y el emperador san Constantino, logrando vencer a los herejes arrianos. (Cualquier parecido con nuestra realidad no es coincidencia).

San Atanasio, Padre y Doctor de la Iglesia Católica
Retornando al Símbolo Atanasiano, éste enfatiza sobre el dogma de la Santísima Trinidad y sobre la Encarnación de Nuestro Señor. Un Credo ciertamente sublime (por la veracidad de su contenido y  por haber sido redactado en Latín). Al final veréis la traducción al Castellano.

Symbolum Athanasianus
Quicumque vult salvus esse, ante omnia opus est, ut teneat catholicam fidem; Quam nisi quisque integram inviolatamque servaverit, absque dubio in aeternam peribit. 
Fides autem catholica haec est: ut unum Deum in Trinitate, et Trinitatem in unitate veneremur. Neque confundentes personas, neque substantiam seperantes. Alia est enim persona Patris alia Filii, alia Spiritus Sancti: Sed Patris, et Fili, et Spiritus Sancti una est divinitas, aequalis gloria, coeterna maiestas. Qualis Pater, talis Filius, talis Spiritus Sanctus. Increatus Pater, increatus Filius, increatus Spiritus Sanctus. Immensus Pater, immensus Filius, immensus Spiritus Sanctus. Aeternus Pater, aeternus Filius, aeternus Spiritus Sanctus. Et tamen non tres aeterni, sed unus aeternus. Sicut non tres increati, nec tres immensi, sed unus increatus, et unus immensus. Similiter omnipotens Pater, omnipotens Filius, omnipotens Spiritus Sanctus. Et tamen non tres omnipotentes, sed unus omnipotens. Ita Deus Pater, Deus Filius, Deus Spiritus Sanctus. Et tamen non tres dii, sed unus est Deus. Ita Dominus Pater, Dominus Filius, Dominus Spiritus Sanctus. Et tamen non tres Domini, sed unus est Dominus. Quia, sicut singillatim unamquamque personam Deum ac Dominum confiteri christiana veritate compelimur: ita tres Deos aut Dominos dicere catholica religione prohibemur. Pater a nullo est factus: nec creatus, nec genitus. Filius a Patre solo est: non factus, nec creatus, sed genitus. Spiritus Sanctus a Patre et Filio: non factus, nec creatus, nec genitus, sed procedens. 
Unus ergo Pater, non tres Patres: unus Filius, non tres Filii: unus Spiritus Sanctus, non tres Spiritus Sancti. Et in hac Trinitate nihil prius aut posterius, nihil maius aut minus: sed totae tres personae coaeternae sibi sunt et coaequales. Ita ut per omnia, sicut iam supra dictum est, et unitas in Trinitate, et Trinitas in unitate veneranda sit. Qui vult ergo salvus esse, ita de Trinitate sentiat. 
Sed necessarium est ad aeternam salutem, ut incarnationem quoque Domini nostri Iesu Christi fideliter credat. Est ergo fides recta ut credamus et confiteamur, quia Dominus noster Iesus Christus, Dei Filius, Deus et homo est. Deus est ex substantia Patris ante saecula genitus: et homo est ex substantia matris in saeculo natus. Perfectus Deus, perfectus homo: ex anima rationali et humana carne subsistens. Aequalis Patri secundum divinitatem: minor Patre secundum humanitatem. Qui licet Deus sit et homo, non duo tamen, sed unus est Christus. Unus autem non conversione divinitatis in carnem, sed assumptione humanitatis in Deum. Unus omnino, non confusione substantiae, sed unitate personae. Nam sicut anima rationalis et caro unus est homo: ita Deus et homo unus est Christus. Qui passus est pro salute nostra: descendit ad inferos: tertia die resurrexit a mortuis. Ascendit ad caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis: inde venturus est iudicare vivos et mortuos. Ad cuius adventum omnes homines resurgere habent cum corporibus suis: et reddituri sunt de factis propriis rationem. Et qui bona egerunt, ibunt in vitam aeternam: qui vero mala, in ignem aeternum.


Haec est fides catholica, quam nisi quisque fideliter firmiterque crediderit, salvus esse non poterit. Amen.
 
 
Símbolo Atanasiano
 
Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.
 
Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad. Cual el Padre, tal el Hijo, tal el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente el Espíritu Santo; y sin embargo no son tres omnipotentes sino un solo omnipotente. Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es el Espíritu Santo; y sin embargo, no son tres dioses, sino un solo Dios. Así, Señor es el Padre, Señor el Hijo, Señor el Espíritu Santo; y sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohibe decir tres dioses y señores. El Padre, por nadie fue hecho ni creado ni engendrado. El Hijo fue por solo el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado ni engendrado, sino que procede.


Hay, por consiguiente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.


Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, hijo de Dios, es Dios y hombre. Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo: perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad. Mas aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona. Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo. El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien irán a la vida eterna; los que mal al fuego eterno. 
Esta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse. Amén.