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jueves, 6 de febrero de 2020

MARX: SIMÓN BOLÍVAR ERA UN TIRANO COBARDE

Por César Cervera para ABC.

Marx culpa al criollo de las dificultades que tuvo la revolución de despegar debido a su cobardía y tendencia a acaparar poder.
  
La muerte de Simón Bolívar (Antonio Herrera Toro).
  
Lejos del relato clásico de la lucha de los americanos por conseguir su independencia respecto a los españoles, las sucesivas guerras de emancipación que se vivieron en los territorios del Imperio español fueron, en esencia, una guerra civil entre españoles, esto es, españoles de América contra españoles de Europa. Simón Bolívar, un criollo de ascendencia española y dueño de grandes plantaciones, era tan español como el que más. Un buen representante del caudillismo y la intromisión de elementos militares en la política tan característicos de la historia ibérica en el siglo XIX.
  
Fiel a su sueño de crear a toda costa unos EE.UU. en el sur de América, Bolívar no dudó en imponer su idea del nuevo país a territorios en los que, como en Perú, se veía con recelo sus intromisiones. Su visión democrática estaba deformado de origen por la idea de que él y los militares que habían participado en las guerras de independencia debían gozar de una posición especial de forma vitalicia. En sus últimos años de vida, el «libertador» empezó a acaparar poder y actuar de forma despótica, incluyendo dos años de dictadura pretoriana. La amenaza del ejército peruano de José de La Mar, la insubordinación del general de su mayor confianza, José María Córdoba, y un intento de asesinato el 25 de septiembre de 1828 señalaron la puerta de salida al caudillo. Bolívar, gravemente enfermo y en proceso depresivo, presentó su dimisión en 1830 ante el Congreso colombiano y vivió sus últimos días torturado por las noticias que llegaban de más y más fragmentaciones de las repúblicas americanas.
   
A su muerte, la figura de Bolívar fue víctima de un proceso de mitificación en términos inverosímiles, que dura hasta la actualidad. Sin embargo, no han faltado desde entonces pensadores, incluso de un espectro ideológico progresista, que comprendieron lo limitada que era la idea que el libertador tenía de la democracia. El prusiano Karl Marx, considerado junto a Engels el padre del comunismo práctico, no dudó en criticar con dureza a Bolívar en un texto titulado «Bolívar y Ponte», escrito en 1858, donde le presenta como un pésimo militar con tendencia a acaparar poder.

   
«El Napoleón de las retiradas»

El documento traza la biografía política de Bolívar, poniendo énfasis en sus tímidos inicios revolucionarios. De hecho, Marx culpa al criollo del fracaso, en 1812, de la revolución iniciada por Francisco de Miranda debido a su cobardía. Cuenta el prusiano que estando Bolívar al frente de Puerto Cabello, la principal plaza fuerte de Venezuela, se produjo una insurrección por parte de prisioneros de guerra leales a la Corona.
«Aunque los españoles estaban desarmados, mientras que él disponía de una fuerte guarnición y de un gran arsenal, se embarcó precipitadamente por la noche con ocho de sus oficiales, sin poner al tanto de lo ocurría ni a sus propias tropas, arribó al amanecer a Guaira y se retiró a su hacienda de San Mateo».

Una precipitada huida que permitió a los realistas tomar la plaza y, a su vez, forzó a Miranda a suscribir, el 26 de julio de 1812, el tratado de La Victoria, que sometió nuevamente a Venezuela al dominio del Rey. Además, Bolívar y varios de sus oficiales arrestaron en persona a Miranda mientras dormía y lo entregaron al jefe realista, que lo remitió a Cádiz, donde Miranda murió después de varios años de cautiverio. «Debe satisfacerse el pedido del coronel Bolívar, como recompensa al servicio prestado al Rey de España con la entrega de Miranda», dejó escrito el mando realista cuando Bolívar solicitó un pasaporte para salir de Venezuela.   

    
No en vano, Bolívar faltó a su palabra de marcharse del continente para encabezar a principios de 1813 una nueva rebelión contra la Corona. Sus tropas tomaron Caracas en un rápido movimiento y abrieron la puerta a que el caudillo danzara en un desfile propio de los generales de la Antigua Roma. En palabras de Marx, el libertador entró «de pie, en un carro de triunfo, al que arrastraban doce damiselas vestidas de blanco y ataviadas con los colores nacionales, elegidas todas ellas entre las mejores familias caraqueñas, Bolívar, la cabeza descubierta y agitando un bastoncillo en la mano, fue llevado en una media hora desde la entrada la ciudad hasta su residencia». Se proclamó, a continuación, Dictador y Libertador de las Provincias Occidentales de Venezuela y creó la Orden del Libertador, un cuerpo de tropas escogidas a las que denominó guardia de corps y se rodeó de la pompa propia de una corte.
  
Hugo Chavez rinde homenaje ante el féretro de Simón Bolívar, en el cementerio de Caracas
  

Según apreció el padre del marxismo, esta dictadura degeneró pronto en una anarquía militar, en la cual «asuntos más importantes quedaban en manos de favoritos que arruinaban las finanzas públicas y luego recurrían a medios odiosos para reorganizarlas». Tampoco tarde el entusiasmo popular en transformarse en descontento, dando tiempo a las fuerzas realistas a contraatacar y a reconquistar Caracas. Cuando Bolívar se vio obligado a refugiarse en Jamaica, en manos inglesas, junto a sus generales de confianza, aún dejó a su espalda a un grupo de revolucionarios que resistió en Venezuela hasta sus últimas consecuencias. Siempre se las arregló para poner tierra de por medio a tiempo.
   
En estas huidas preventivas, opina Marx y los historiadores que se han acercado a su figura que Bolívar se presentaba como víctima de alguna facción o enemigo secreto, imaginario o imaginado, que le había obligado a dejar a sus partidarios atrás para salvar la vida. Una tendencia a escapar cuando las cosas pintaban mal que llevó a uno de los generales revolucionarios, el negro María Francisco Piar, a amenazarlo con llevar el caso a un consejo de guerra por deserción, apodándole con sarcasmo «El Napoleón de las retiradas». Las acusaciones de Piar instigaron su condena a muerte por el Consejo Supremo de la Nación acusado de haber conspirado contra los blancos, atentado contra la vida de Bolívar y aspirar al poder supremo. Fue fusilado el 16 de octubre de 1817.
   

El giro más dictatorial
Aparte de la timidez en combate, Marx considera al libertador un incompetente en sus decisiones tácticas. En la campaña decisiva que terminó con la independencia de Venezuela, Bolívar acumuló un sinfín de derrotas a pesar de contar con superioridad numérica. Para finales de mayo de 1818, el criollo español había perdido ya unas doce batallas y parte de la ventaja que había obtenido Piar antes de ser ejecutado. La salvación de la causa revolucionaria vino en esas fechas procedente de Inglaterra a través de hombres, buques, munición e incluso oficiales ingleses, franceses, alemanes y polacos. Marx atribuye al ejercicio de los ingleses la victoria definitiva en Nueva Granada en el verano de 1819 y responsabiliza a Bolívar de retrasar la campaña por «perder tiempo en homenajes» en las distintas ciudades que ocupaba.

   
El mando directo sobre esta legión extranjera permitió a Bolívar imponer los términos de lo que debía ser la Gran Colombia que sustituyera a las instituciones realistas:

«Mediante su guardia de corps colombiana manipuló las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 1823 le encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia, Bolívar se aseguró la reelección como presidente de Colombia. Mientras tanto su posición se había fortalecido, en parte con el reconocimiento oficial del nuevo estado por Inglaterra, en parte por la conquista de las provincias altoperuanas por Sucre, quién unificó a las últimas en una república independiente, la de Bolivia. En este país, sometido a las bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus tendencias al despotismo y proclamó el Código Boliviano, remedo del Código de Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia al Perú, y de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por medio de tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera y soldados peruanos. Valiéndose de la violencia, pero también de la intriga, de hecho logró imponer, aunque tan sólo por unas pocas semanas, su código al Perú».
Como presidente y libertador de Colombia, protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, alcanzó la cúspide de su poder y, a partir de ese punto, comenzó su giro más autoritario. En sus dos últimos años de una dictadura sin disimulo, Marx señala que ejerció durante un tiempo «una especie de terror militar», que incluyó la condena a muerte, sin un proceso legal con suficientes garantías, de varias personas acusadas de haberle intentado asesinar. En medio de este ambiente cada vez más opresivo, presentó su dimisión en 1830 ante el Congreso colombiano, si bien murió sin abandonar completamente el país cuando ya buscaba la forma de regresar de nuevo al poder.

martes, 24 de diciembre de 2019

LA NAVIDAD NEGRA, O EL GENOCIDIO COMETIDO POR SIMÓN BOLÍVAR EN PASTO

BOLÍVAR Y SUCRE: LA PERSONIFICACIÓN DE HITLER PARA LOS PASTUSOS.
Por Miguel Argote
  
Hace algunos meses, sentados en un restaurante departíamos una charla muy amena entre docentes, acerca de la actitud de Bolívar en su relación con la maldad histórica en contra de los pastusos y cuál no sería mi sorpresa cuando una compañera salió en defensa de Bolívar, momento en el cual pensé que era absurda su objeción, pues desconocía los hechos históricos y no sería la única pastusa en desconocerlos.  Me propuse que conocieran la verdadera historia de este “suceso”, por ello recopilé datos con fuentes históricas fidedignas, que llegaran al alma de mi compañera, a los pastusos y sobre todo, a mis alumnos.
  
Entonces considere redactar un relato en forma de una historia actual, para ello en determinado momento puede que plagie y no coloque comillas respectivas, pero esa no es mi intención.
  
En los últimos años han aparecido tanto en Colombia como en Argentina o Ecuador algunos historiadores dispuestos a derribar los «mitos» de las revoluciones hispanoamericanas. Les recomendaría que los sigan de cerca pues de seguro que aprenderán muchas cosas sobre la historia «menos conocida».
Publicado por Cabeleira Santoro. Madrid – España
Siguiendo con la serie de entradas sobre aquellos amerindios y mestizos leales a España durante las guerras de independencia hispanoamericanas hoy hablaré sobre la ciudad de San Juan de Pasto y sus habitantes de mayoría indomestiza. Esta localidad ubicada en el antiguo Virreinato de Nueva Granada luchó con bravura contra las tropas independentistas siendo posteriormente masacrada bajo el mando de Antonio José de Sucre en la llamada Navidad Negra de Pasto.
  
San Juan de Pasto fue fundada por españoles a mediados del siglo XVI en lo que actualmente se conoce como el departamento de Nariño (Colombia). A pesar de que existen ciertas discrepancias sobre la fecha exacta de su fundación las autoridades colombianas decidieron elegir el 24 de junio de 1537 como fecha oficial del nacimiento de la ciudad. Tras su fundación el municipio de Pasto se convirtió rápidamente en una de las principales urbes de la región, lo cual desembocó un proceso de mestizaje, en donde los indomestizos siempre conformaron la mayoría de la población pastusa, como todavía sucede en la actualidad. La prosperidad alcanzada hizo de Pasto una ciudad de fuerte carácter hispano con grandes connotaciones monárquicas y religiosas.
  
Este marcado carácter hispano sería reafirmado una vez comenzaron los primeros destellos separatistas en el Virreinato de Nueva Granada. Tanto así que en la temprana fecha del 29 de agosto de 1809 la Alcaldía de San Juan de Pasto publica un auto que cuestiona el proceso de independencia en el cual se destacan los siguientes extractos:
“¿Con qué otros –en referencia a los impuestos– podrá soportar sus erogaciones la nueva soberanía? Registradlo en todas las combinaciones de vuestra discreción y no las hallaréis”.
“Veréis echarse sobre las temporalidades de los regulares y venderles sus fundos, reduciéndolos a intolerable mendicidad; y últimamente: veréis recargar los tributos con nuevas imposiciones que constituyan sus vasallos en desdichada esclavitud…”
“Esta es la felicidad pomposa a la patria que nos proponen. Nos halagan con palabras vacías de objeto, y luego se verán en la necesidad de arrojar el rayo tempestuoso sobre los miserables que han tenido la inconsideración de someterse a su dorado veneno…”.
Este documento demuestra que los pastusos de la época tenían la suficiente perspectiva como para presagiar las grandes calamidades que traería consigo la independencia, incluso hasta nuestros días.
  
Una vez estalla la guerra de independencia, la ciudad de San Juan de Pasto permanece leal a España incluso tras la instauración en 1811 de la república bautizada como Provincias Unidas de la Nueva Granada. Tras varias rebeliones fallidas contra la delegación del gobierno republicano en Pasto se consigue reinstaurar la soberanía española el 20 de mayo de 1812 gracias a las milicias formadas por los propios pastusos con la inestimable ayuda de los negros cimarrones provenientes del Valle del Patía. Al enterarse de la pérdida de la localidad el nuevo gobierno republicano entró en cólera y a través de la Gobernación de Popayán envió una carta fechada el 4 de julio de 1812 al cabildo de Pasto donde decía:
“La ruina de Pasto ha llegado y esa ciudad infame y criminal va a ser reducida a cenizas. No hay remedio: un pueblo estúpido, perjuro e ingrato que ha roto los pactos y convenciones políticas y que con la más negra perfidia ha cometido el horrible atentado de hacer prisionero al Presidente de este Gobierno, después que enjugó sus lágrimas y le levantó de la desgracia en los días de sus amarguras, debe ser, como el Pueblo Judío, entregado al saqueo y a las llamas. Tiemble, pues, la ingrata Pasto que ha hecho causa común con los asesinos y ladrones de Patía, y tiemblen esos hombres de escoria y de oprobio que se han erigido en cabezas de la insurrección de los pueblos. Una fuerza poderosa, terrible, destructora y hábilmente dirigida va a caer sobre esa ciudad inicua. Ella será víctima del furor de un Reino entero, puesto en la actitud de vengarse y aniquilarla. Las tropas belicosas de las provincias confederadas de la Nueva Granada reducirán a pavesas a Pasto y sólo podrá evitar su irremediable destrucción poniendo inmediatamente en libertad las personas del Presidente, oficiales y soldados, pérfidamente sorprendidas, y entregando todas las armas. Decídase, pues, ese Ayuntamiento: ésta es la primera y última intimidación que le hace este Gobierno, justamente irritado, de la Provincia de Popayán.”
Queda de manifiesto que ya en 1812 el gobierno republicano estaba dispuesto a realizar una masacre contra toda la población de Pasto sin hacer distinciones entre civiles y milicianos como finalmente sucedería 10 años después. Pero esta carta no fue una manifestación aislada puesto que entre las órdenes impartidas por Simón Bolívar hay una referencia a la ciudad de Pasto que dice “haced lo posible por destruir a los pastusos”.
    
Tras casi dos años de feroz resistencia, el general Antonio Nariño envía una misiva a la localidad de San Juan de Pasto en la cual conminaba al municipio a deponer las armas y aceptar la autoridad republicana bajo amenaza de ser atacada por el ejército separatista. El 4 de abril de 1814 el ayuntamiento de Pasto responde de la siguiente manera:
“Nosotros hemos vivido satisfechos y contentos con nuestras leyes, gobiernos, usos y costumbres. De fuera nos han venido las perturbaciones y los días de tribulación…”.
   
A pesar del continuo hostigamiento de las tropas independentistas los pastusos siguieron siendo fieles a España. Su lealtad sería recompensada con la llegada de las tropas españolas provenientes de Europa  que reinstauraron el Virreinato de Nueva Granada en el año 1816.
  
Sin embargo, en 1819 el ejército independentista retoma el poder constituyendo la República de Colombia. Pese a que este hecho supuso el final definitivo del Virreinato Neogranadino, la ciudad de Pasto se mantuvo bajo control español gracias a la determinación de los pastusos que siguieron combatiendo contra el gobierno republicano. El 7 de abril de 1822 se produce la Batalla de Bomboná a unos 50 kilómetros de San Juan de Pasto donde las tropas realistas lideradas por el coronel Basilio Modesto García derrotan al ejército dirigido por Simón Bolívar pese a estar en inferioridad numérica. Debido a esta inferioridad los efectivos españoles se vieron notablemente mermados lo que supuso la capitulación de la localidad de Pasto ante las fuerzas republicanas el 8 de junio de 1822. No obstante, la derrota sufrida por Simón Bolívar a manos de los pastusos no fue olvidada puesto que el bando separatista consideró una humillación que milicianos indomestizos vencieran a su máximo líder. Tanto fue así que hasta modificaron el relato de la Batalla de Bomboná para dar como vencedor a Simón Bolívar. En definitiva, aquella batalla supuso el desencadenante último de la Navidad Negra de San Juan de Pasto que acontecería ese mismo año.
  
Pese a la reciente capitulación los pastusos emprenden en el mes de septiembre un nuevo ataque que desemboca en la Segunda Batalla de la Cuchilla de Taindala producida el 24 de noviembre de 1822 en las proximidades de Pasto. La milicia realista dirigida por Benito Boves vence al ejército independentista liderado por Antonio José de Sucre contra todo pronóstico. Esta nueva derrota de las fuerzas republicanas enfureció a Simón Bolívar, de tal forma que movilizó en masa a sus mejores tropas para lo que pretendía ser una brutal venganza contra toda la ciudad de San Juan de Pasto, sin excepción alguna. El 24 de diciembre de 1822 el ejército dirigido por Antonio José de Sucre, bajo las órdenes de Simón Bolívar, llega a la localidad de Pasto en donde se produce la aniquilación de toda resistencia miliciana debido a la enorme superioridad numérica del contingente independentista.
 
A partir de ese momento se producen una serie de brutales acontecimientos que, posteriormente, se conocerían bajo el nombre de la Navidad Negra de San Juan de Pasto. Una vez que la ciudad quedó indefensa, el ejército republicano se ensañó en una sanguinaria venganza por el apoyo del pueblo pastuso a la causa española. El mayor de los abusos cometidos por los independentistas fue el exterminio de la mayor parte de la población pastusa, sin hacer distinciones entre milicianos y civiles, hasta el extremo de asesinar a mujeres, ancianos, niños e incluso bebés.
  
Se calcula que cerca de 500 pastusos fueron asesinados a lo largo de los tres días que duró la presencia de las tropas separatistas. Tal fue la masacre que la Calle del Colorado de la ciudad de Pasto debe su nombre a la cantidad de sangre allí derramada por las víctimas pastusas durante la Navidad Negra. Además de esta matanza hubo multitud de violaciones a mujeres y niñas.
   
Sin embargo, todo esto fue sólo una parte de la brutal represalia; también hubo un expolio y destrucción absolutos tanto de las propiedades de los vecinos como de las iglesias y edificios públicos. Se robaron todo tipo de objetos de valor y destruyeron los archivos del ayuntamiento, junto con los libros parroquiales, suponiendo a la postre la pérdida de un patrimonio histórico de incalculables dimensiones, que abarcaban casi tres siglos de la historia de la ciudad.
    
La Navidad Negra de Pasto fue una matanza y expolio de tal magnitud que incluso algunos conocidos personajes independentistas criticaron con dureza a Antonio José de Sucre por permitir tales atrocidades. El general José María Obando le  dedicó las siguientes palabras:
“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad ejecutados contra un pueblo entero que de boca en boca ha transmitido sus quejas a la posteridad”
Por su parte el voluntario irlandés Daniel Florencio O’Leary dijo en referencia a la Navidad Negra:
“[…] en horrible matanza que siguió, soldados y paisanos, hombres y mujeres, fueron promiscuamente sacrificados y se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y a asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes; hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los libros públicos y los archivos parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas”.
No obstante, aunque Antonio José de Sucre estaba al mando del asalto a la localidad de Pasto, no se debe olvidar que las órdenes venían impuestas por Simón Bolívar. El general Antonio José de Sucre actuó con semejante crueldad porque sabía que no traería consecuencias para su persona,  que contaba con el beneplácito de su superior. Como mencioné, la derrota de Simón Bolívar en la Batalla de Bomboná supuso un duro golpe para su prestigio debido a que hombres con menor preparación y en menor número lograron vencerle. Desde entonces el anhelo del líder independentista era vengarse a toda costa de los pastusos, pese a la capitulación de San Juan de Pasto, apenas dos meses después de aquella batalla.
   
El nuevo alzamiento de la ciudad fue la excusa perfecta para planificar su venganza máxime tras otra derrota del ejército republicano a manos de los pastusos en la Batalla de Taindala. Entre las numerosas tropas que movilizó Simón Bolívar para la tarea se encontraban muchos de los supervivientes de su derrota en Bomboná como los hombres del Batallón Rifles.
  
Por desgracia, la masacre realizada en Pasto no debe sorprender a nadie, pues el bando independentista había acuñado el concepto de “guerra a muerte”, que consistía en el asesinato de civiles, el saqueo y la destrucción indiscriminada de propiedades y el fusilamiento de los prisioneros de guerra. Sin embargo, en este caso, fue peor puesto que estaba en vigencia el Tratado de Regulación de la Guerra firmado por el propio Simón Bolívar, el 25 de noviembre de 1820, donde se especificaba que los pueblos que fueran ocupados por las tropas militares serían bien tratados y respetados.
  
A modo de curiosidad si eres colombiano y alguna vez te has preguntado por el origen de las burlas hacia los pastusos, efectivamente, éstas son debidas a su lealtad al Imperio Español durante la guerra de independencia. Una vez consolidado el gobierno republicano se ejerció una deliberada estigmatización sobre los pastusos que, posteriormente, se tradujo en una caricaturización de los mismos y la cual continúa vigente en la sociedad colombiana.
ESPANTOSO GENOCIDIO EN PASTO (Extraído de Medina Patiño, Isidoro. Bolívar, genocida o genio bipolar, Imp. Visión Creativa, Pasto, 2009, págs. 69 y sigs.)
La Navidad negra - Diciembre de 1822
«Porque ha de saber ud. que los pastusos... son los demonios más demonios que han salido de los infiernos... Los pastusos deben ser aniquilados, y sus mujeres e hijos transportados a otra parte, dando a aquel país una colonia militar. De otro modo Colombia se acordará de los pastusos cuando haya el menor alboroto o embarazo, aun cuando sea de aquí a cien años, porque jamás se olvidarán de nuestros estragos aunque demasiado merecidos». [Simón Bolívar, Carta a Francisco de Paula Santander. Potosí, 21 de Octubre de 1825] Academia Nariñense de Historia, Manual de Historia de Pasto, Tomo IV, Graficolor, 2003, p. 26 
El tremendo odio que el Libertador Simón Bolívar sentía contra la ciudad de Pasto y sus moradores, por el apoyo a España, se desencadenó en la navidad de 1822, cuando las tropas patriotas, al mando de Antonio José de Sucre, se tomaron la ciudad y protagonizaron uno de los más horripilantes episodios de la guerra de la Independencia. Fue una verdadera orgía de muerte y violencia desatada, en la que hombres, mujeres y niños fueron exterminados, en medio de los más incalificables abusos. Este hecho manchó sin duda alguna, la reputación de Sucre, quien de manera inexplicable permitió que la soldadesca se desbordara, sin ninguna clase de control. Fue una navidad negra, cuyos detalles presentamos en las líneas siguientes:
  
Solo una mente bipolar desequilibrada pudo ordenar unas acciones tan terribles, en contra de un pueblo entero. Con este ataque del ejército patriota a la ciudad, Simón Bolívar demostró una vez más su odio visceral en contra del pueblo pastuso y como instrumento de su sangrienta venganza, utilizó a su paisano, el General Antonio José de Sucre, el oficial de sus mayores afectos, quien, de manera inexplicable, permitió a sus soldados perpetrar toda clase de iniquidades, como jamás se habían visto.
   
Podría decirse que la saña con la que llegó el ejército republicano era producto de la corajuda guerra que les estaba dando la ciudad de Pasto y el reciente revés sufrido en Taindala. Pero nada de eso, ni siquiera el anhelo de una liberación continental para las élites “criollas”, justifica la matanza y los abusos cometidos.
  
Horas de horror
Trasladémonos al 24 de diciembre de 1822. Sí, es la celebración de la Navidad, pero el pánico reina en Pasto. Ya se tienen noticias del avance del ejército patriota, al mando de Sucre. Se trata de unas tropas en las que viene nada menos que los batallones Rifles, Bogotá y Vargas, integrados por militares de una gran veteranía, curtidos en toda clase de combates. Como si esto fuera poco, los acompañan los escuadrones de Cazadores Montados, Guías y Dragones de la Guardia, reforzados también con soldados de la vecina Quito. El día anterior, se ha sabido que ese ejército ya ha atravesado el paso del Guáitara, muy mal defendido por las milicias improvisadas que allí quedaron, por lo que el 24 se esperaba su llegada en cualquier momento.
  
La mayoría de los hombres (informados de la gran superioridad de los enemigos), el oficial español Remigio Boves, Agualongo y otros pocos, prefieren huir a las montañas. Numerosas mujeres y niños buscan refugio en las iglesias. Creen que los enemigos tendrán respeto de esos recintos sagrados, pero se darán cuenta, demasiado tarde, de su terrible equivocación.
  
A pocos minutos de las tres de la tarde, se escucha un grito de espanto:
¡Ya están aquí, ya están aquí!
Es cierto. Las tropas patriotas han llegado a la ciudad y luego de su extenso recorrido, aparecen en el atrio de la Iglesia de Santiago, frente al antiguo camino de Caracha. El día es triste y frío y el imponente volcán Galeras se encuentra nublado, como no queriendo ser testigo de las iniquidades que en cuestión de minutos van a dar comienzo.
  
Prácticamente no hay resistencia en las barricadas defensivas que se han levantado. El jefe de Pasto, Estanislao Merchancano y su segundo, el comandante, Agustín Agualongo, han huido a las montañas, al darse cuenta que se encuentran en inferioridad de condiciones y que, por lo tanto, en caso de dar batalla, seguramente serán hechos prisioneros o muertos.
  
Santiago, el primer derrotado
Entonces, en esos momentos de intenso pánico, a alguien se le ocurre decir: ¡Saquemos a Santiago para que nos defienda!
  
Al parecer no queda otra alternativa. Sólo un milagro puede salvar en esos aterradores momentos a Pasto y los aterrorizados moradores se lo piden al apóstol Santiago. Entonces, su imagen es colocada en medio de quienes tratan de rechazar el brutal ataque. Es una imagen increíble: por un lado los patriotas en violenta arremetida, por el otro, unos pocos hombres, con los rostros demudados por el miedo, cuya única arma es una imagen de yeso. Los minutos que siguen demuestran que los milagros no son cosa de todos los días. Santiago no sirve absolutamente para nada. Es más un estorbo, que cae al suelo en medio del fragor del combate, mientras, poco a poco, los atacantes van minando la poca resistencia para apoderarse definitivamente de la ciudad que tantos dolores de cabeza le ha causado al proceso de emancipación de la Nueva Granada.
  
Los episodios que siguen a continuación son infernales.
A pocos metros de la Iglesia de Santiago, uno de los soldados le arrebató su hijo de brazos a una desesperada madre. Enloquecida trata de recuperarlo y como una fiera enfurecida se lanza contra el hombre. Pero, otro de los soldados, la degüella de un certero sablazo y su cabeza rueda por la pendiente, con la boca abierta en un grito silencioso. Acto seguido, el soldado que le había quitado el niño, en medio de una carcajada de demente, lanza al infante hacia arriba y lo ensarta en su bayoneta, mientras que la soldadesca lo aplaude. Toda la ciudad de Pasto parece un solo grito de dolor. A sangre y fuego se somete a la población; templos, capillas y conventos cayeron en poder de los atacantes, a excepción del de las Conceptas, que se levantaba donde hoy es la Gobernación de Nariño.
  
Un homicidio espantoso
En la Catedral de 1822, hoy Iglesia de San Juan, las tropas al mando de Sucre y enviadas por el Libertador Simón Bolívar perpetran un asesinato espantoso, cuya víctima es el sacristán que pasaba de los 80 años de edad. En efecto, las tropas lo agarran y lo obligan a colocar su cabeza en la pila bautismal. El pobre anciano no puede hacer nada para defenderse de la brutal agresión. Es entonces, cuando uno de los oficiales patriotas Apolinar Morillo posterior asesino confeso de Sucre-, le descarga una mole de adobe. La escena no puede ser más dantesca. La sangre salta por doquier y mancha las paredes de la iglesia. Mientras se perpetra este asesinato incalificable, la soldadesca que ha entrado al templo en sus caballos, enlaza las sagradas imágenes de las vírgenes y de los santos, que acto seguido son despojadas de sus ornamentos y sus riquezas terrenales, en una orgía de muerte, destrucción y pillaje, en medio de los alaridos de las mujeres que están siendo violadas y pasadas a cuchillo y de los gritos de los hombres, que también son degollados. Pero la navidad negra, apenas está comenzando. 
  
¡Tome usted a mi hija!
 Al darse cuenta de la nula resistencia, los soldados republicanos, convertidos en verdaderos animales, empezaron a ingresar con brutal violencia a las casas, para robar, matar y violar sin pudor alguno a todas las mujeres, aunque estas fueran niñas o ancianas. Los gritos y alaridos de las infortunadas se escuchaban por doquier. Fue entonces, cuando en medio de esa orgía de sexo desenfrenado, muchas madres en su desesperación decidieron sacar a sus hijas a la calle, para entregársela a algún soldado blanco, antes de que un negro la violara.
 ¡Señor, por favor, tome usted a mi hija! Fue una exclamación que se escuchó muchas veces en ese caos en el que se convirtió la ciudad.
  
Las violaciones fueron múltiples y de acuerdo con las crónicas de la época, todas las mujeres que fueron sorprendidas en Pasto, ese 24 de diciembre de 1822, fueron víctimas de vejámenes sexuales, de los cuales no se salvaron las monjas en los conventos.
  
De los robos y abusos cometidos, es de rescatar la opinión del general José María Obando, quien no vacila en criticar los incalificables excesos y responsabiliza de los mismos al general Sucre:
“No se sabe cómo pudo caber en un hombre tan moral, humano (?) e ilustrado como el general Sucre la medida altamente impolítica y sobremanera cruel de entregar aquella ciudad a muchos días de saqueo, de asesinatos y de cuanta iniquidad es capaz la licencia armada; las puertas de los domicilios se abrían con la explosión de los fusiles para matar al propietario, al padre, a la esposa, al hermano y hacerse dueño el brutal soldado de las propiedades, de las hijas, de las hermanas, de las esposas; hubo madre que en su despecho salióse a la calle llevando a su hija de la mano para entregarla a un soldado blanco antes de que otro negro dispusiese de su inocencia; los templos llenos de depósitos y de refugiados fueron también asaltados y saqueados; la decencia se resiste a referir tantos actos de inmoralidad…”
    
Increíbles bacanales
Realmente, como lo dice el general José María Obando, nunca se sabrá qué pasaba por la mente de Antonio José de Sucre, al permitir tantos desmanes, que él perfectamente pudo evitar. Córdova mismo, alarmado por este gravísimo error político e histórico, le pidió que cesara la matanza y, ante su fuerte insistencia, ordenó a Sucre, al tercer día del genocidio, que este Coronel, con el cuerpo que comandaba, desarmara a los enloquecidos y borrachos soldados, en particular a los de “Rifles”, compuesto por venezolanos y mercenarios ingleses.
  
Pasto fue, pues, durante tres días el epicentro de hechos horribles y abusos inimaginables contra su población. En cercanías a la hoy Plaza de Nariño, soldados en avanzado estado de embriaguez seguían abusando sexualmente de las mujeres, sin importar que esto fuera en plena calle. Lo más horrible de todo es que, muchas veces, satisfechos de su bellaquería, los infames soldados, procedían a degollar a las indefensas mujeres.
 Respecto a los muertos, en las calles se amontonaron por lo menos quinientos cadáveres de hombres, mujeres y niños, la mayoría con el cuello cortado. Al cabo de pocos días y a pesar de la frialdad del clima, la pestilencia fue insoportable, ya que nadie se atrevía a sepultar los cadáveres por el riesgo de convertirse en uno de ellos, en una ciudad en donde la soldadesca hacía lo que le daba la gana.
 Tanto así que ni siquiera los templos de Santiago, San Juan, San Andrés, Taminanguito y San Sebastián, sirvieron de protección a quienes se refugiaron en ellos convirtiéndose en escenario de crímenes horrorosos, que parecieran ser cometidos por brutales dementes.
Destrucción cultural
 Aparte de la terrible matanza y los escabrosos hechos que rodearon el vil ataque a Pasto por parte de las tropas republicanas, la ciudad sufrió a su vez un irreparable daño cultural y económico, como lo dice José Rafael Sañudo: “Se entregaron los republicanos a un saqueo por tres días, y asesinatos de indefensos, robos y otros desmanes hasta el extremo de destruir, como bárbaros al fin, los archivos públicos y los libros parroquiales, cegando así tan importantes fuentes históricas. La matanza de hombres, mujeres y niños se hizo aunque se acogían a las iglesias y las calles quedaron cubiertas con los cadáveres de los habitantes, de modo que “el tiempo de los Rifles”, es frase que ha quedado en Pasto para significar una cruenta catástrofe”.
   
Tesoros escondidos
De esa nefasta navidad de 1822, han quedado para la posteridad muchas historias, que años después, obviamente no han perdido vigencia en Pasto. Por ejemplo, es una realidad que, al darse cuenta de la llegada del ejército patriota, fueron muchos quienes, de manera desesperada, escondieron sus pertenencias de valor en patios y paredes, con la esperanza de volver algún día por ellas. Al respecto, son informaciones conocidas que numerosos entierros han sido descubiertos en viejas viviendas o en patios y, por lo que se sabe, una gran cantidad de tesoros todavía esperan ser descubiertos en la hoy capital de Nariño. Por mi parte, estoy plenamente convencido de esto puesto que en Pasto, en la época de los acontecimientos que estamos relatando, había personas que poseían grandes fortunas, especialmente en monedas de oro.
  
Finalmente, como epílogo de los trágicos acontecimientos de esa navidad de 1822, hay que decir que, por culpa de lo sucedido en esa fecha, la guerra de Independencia se prolongó por dos años más con todas sus trágicas consecuencias en lo humano y en lo económico. Ese diciembre no hubo celebración de navidad, ni villancicos, a consecuencia de la más espantosa tragedia que haya afrontado la ciudad de Pasto en su historia. Producto, de acuerdo con todos los antecedentes descritos, de una mente bipolar, como la del Libertador Simón Bolívar, quien encontró en su paisano Antonio José de Sucre un inesperado cómplice para que se perpetrara la matanza y abusos contra la población pastusa. Además, los documentos quemados fueron la causa para que se perdiera la memoria de la región, la cual ardió en las hogueras de la violencia y la barbarie.

miércoles, 16 de octubre de 2019

MANUEL PIAR, FUSILADO POR SIMÓN BOLÍVAR

Por José Álvarez para LAS 2 ORILLAS.
  
EL INFAME FUSILAMIENTO ORDENADO POR BOLÍVAR
Por empuñar las armas a favor de la libertad de los esclavos, la igualdad de los pardos y el reconocimiento de los indígenas, Manuel Piar fue asesinado.
 
   
El 16 de octubre de 1817, en la plaza principal de Angostura, un pelotón de fusilamiento asesinaba al militar de más alto rango en las tropas insurgentes que luchaban por la independencia de la América Española. El nombre de la víctima, Manuel Piar, general en jefe del ejército insurgente. El jefe de los verdugos, Simón Bolívar, hasta ese momento combatiente del mismo bando del ahora fusilado. El motivo de la condena, la decisión de Piar de empuñar las armas no por puestos burocráticos para los criollos ricos de la América Española, sino a favor de la libertad de esclavos, de la igualdad de los pardos (mestizos y mulatos) y del reconocimiento de los indígenas.
   
Manuel Piar había sido hasta ese momento el militar más destacado en la guerra de independencia. Invicto en 24 batallas, con su triunfo en San Félix a la orilla del Orinoco, había logrado por primera vez desde la reconquista de Murillo que las maltrechas tropas patriotas venezolanas pasaran de la guerra de guerrillas a una guerra de posiciones, con un territorio bajo control en la provincia de Guyana, lugar que se convirtió en la retaguardia del ejército que luego liberó de presencia realista a lo que hoy es Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia. Si en Ayacucho y Tumusla bajo el mando de Sucre y Santa Cruz culminaron la campaña de independencia, en San Félix empezó esa larga marcha, bajo las órdenes de Piar. A pesar de esa hazaña heroica, Piar tuvo el infortunio de tropezar en el camino con Bolívar y de amenazar directamente los intereses de clase de este último. Bolívar, Terrateniente caraqueño propietario de las haciendas más grandes del país, tanto en los valles de Aragua como en el Orinoco, lo tenía claro, su lucha era por la secesión, no por la transformación radical de las estructuras sociales impuestas por la colonia.
    
Aunque Piar y Bolívar luchaban en el mismo bando, eran muy diferentes. Bolívar había nacido en una de las familias terratenientes y mineras más ricas de Venezuela y de América, Piar en una familia modesta, inmigrante de Curazao. Bolívar era blanco, descendiente directo de españoles, quien antes de iniciar la guerra de independencia tenía más de mil esclavos bajo su servicio; Piar era mulato, descendiente de negros y de canarios y, por lo tanto, enemigo jurado de la esclavitud. Mientras Bolívar de forma cobarde con su derrota en Puerto Cabello en julio de 1812 había sido el causante del fin de la Primera República, Piar había logrado mantener a toda costa a su ejército en Margarita. Mientras Bolívar había salido huyendo antes de que cayera la Segunda República y había abandonado a sus tropas en la expedición de Los Cayos, Piar, por el contrario, se había mantenido combatiendo en el oriente. Mientras Bolívar para consolidar su liderazgo había traicionado a Miranda, Piar solo había ascendido por sus triunfos.
    
En lo ideológico también eran caras opuestas de esa moneda llamada independencia. Bolívar abogaba por gobiernos centralistas cuasi monárquicos y detestaba a cualquier intento de democratización. Su miedo a “la pardocracia” (posibilidad de que los mulatos, mestizos o negros pudieran gobernar), lo llevaba a estar rodeado de oficiales que como él eran ricos, blancos y mantuanos. Piar, por el contrario, entendía que la mayoría del pueblo americano se componía de descendientes de esclavos, de indígenas, de canarios y de españoles pobres. Por eso, Piar prometió la abolición de la esclavitud de forma inmediata, sin ningún tipo de condición. Piar quería una revolución social, Bolívar solo reforma que les permitieran a los blancos americanos el poder absoluto, con él a la cabeza, en un régimen profundamente conservador, vitalicio y proinglés, como se vería años más tarde con su famosa constitución boliviana y con su Decreto Orgánico de la Dictadura.
   
El fusilamiento de Piar y del proyecto emancipador que este encarnaba tuvo profundas repercusiones históricas. Aunque las tropas de Bolívar alcanzaron la independencia, la esclavitud pervivió hasta la segunda mitad del Siglo XIX. Bolívar se rodeó de oficiales ricos, terratenientes y hambrientos de poder. El mismo Bolívar les alimentó se apetito por la tierra. Justo una semana antes del fusilamiento de Piar, el 10 de octubre de 1817 Bolívar expidió un Decreto que formalizaba la desigualdad al respecto: Los Oficiales recibirían propiedades confiscadas de hasta 25.000 pesos, mientras los soldados tendrían que conformarse con un máximo de 500 pesos. Posteriormente creó una comisión de tierras que no terminó beneficiando a las tropas de a pie, sino a oficiales que ya eran ricos. Las haciendas fueron repartidas a Soublette, Mariño, Cedeño, Bermúdez, Urdaneta y otros tantos bolivarianos que años más tarde fundarían los partidos conservadores de Venezuela, Colombia y Ecuador.
   
La traición a Piar no fue la primera cometida por Bolívar ni la última que cometería. Ya en julio de 1812 había ordenado arrestar a Francisco Miranda, su Jefe en la lucha independentista, quien lo había hospedado dos años antes en Londres. Lo entregó al enemigo y así consolidó su poder. Igualmente, en 1814 en vez de enfrentar a la Santa Marta realista, incumplió la orden del Congreso de la Confederación Granadina y prefirió atacar al gobernador patriota de Cartagena Manuel Castillo y Rada. Luego, mientras él huía a Jamaica, le impidió abordar el barco, por lo que fue apresado por las tropas de Murillo y luego fusilado. Tampoco sería su último asesinato infame. En 1828 mandó a fusilar al Almirante Padilla, único mulato con ese rango militar. El delito de Padilla también fue ser de color y oponerse de forma radical a la esclavitud. Bolívar era antiesclavista de palabra, Padilla de acción. Padilla fue acusado de “participar en la Conspiración Septembrina” a pesar de estar preso en esos momentos, mientras que el líder confeso Pedro Carujo fue perdonado. Solo había una diferencia, Padilla era mulato antiesclavista, mientras Carujo era blanco y mantuano.
   
Acciones como estas fueron las que llevaron a que todos los partidos reaccionarios y conservadores idolatraran a Bolívar durante el Siglo XIX y hasta mediados del siglo XX. Las mentes progresistas y liberales trataron de hacer lo mismo con Santander, quien, a pesar de sus errores, siempre fue fiel al pensamiento liberal, la ideología más revolucionaria que existía para esa época. Esto cambia en los años 50 del Siglo XX cuando Indalecio Liévano Aguirre publica su biografía de Bolívar donde intenta presentarlo como lo que nunca fue: Un revolucionario, defensor de los oprimidos y explotados. Hoy, incluso sectores progresistas que nunca han leído a Bolívar o han leído solo las biografías rosas post- Liévano (o ahora la serie de Netflix) lo idolatran. Si Bolívar prohibió en 1828 leer a Jeremías Bentham por considerarlo una ideología subversiva, ¿que no hubiera dicho al enterarse de la aparición de teorías verdaderamente científicas al servicio de los oprimidos, como aquellas que aparecen tras las barricadas de los levantamientos obreros de 1848 en Europa? Los héroes del Siglo XIX en la lucha por la emancipación no fueron personajes como Bolívar, sino aquellos que como Piar, Padilla y más tarde Melo, lucharon por abolir los cimientos del sistema de castas que tanto daño le han hecho a nuestro progreso.

domingo, 29 de septiembre de 2019

SIMÓN BOLÍVAR, EL GENOCIDA SILENCIADO

Por César Cervera para ABC (España).
  
UN LIBRO DENUNCIA EL GENOCIDIO SILENCIADO QUE SIMÓN BOLÍVAR APLICÓ A LOS ESPAÑOLES EN AMÉRICA
El libro «El terror bolivariano», de Pablo Victoria, presenta a un libertador muy alejado del mito.
  
Una cosa es matar al enemigo en combate y otra, muy distinta, ejecutar a un millar de soldados enfermos a machetazos tras mantenerlos cautivos durante un año. A principios de 1814, tropas del bando de los llamados libertadores se afanaron en ejecutar a españoles cautivos en las mazmorras de Caracas. Dado que la pólvora era escasa y cara, también se emplearon sables y picas para asesinarlos, sin importar que estuvieran heridos e inmóviles. Este tipo de matanza desplegada en las Guerras de Emancipación no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia establecida para la eliminación total de «la malvada raza de los españoles», como denuncia el catedrático y escritor Pablo Victoria en su libro «El terror bolivariano» (La Esfera de los Libros).

El hombre que ideó aquel plan se llamaba Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar, un descendiente de españoles que había combatido a Napoleón y que, hasta el estallido de la guerra, no había dado señales de albergar tanto odio contra la madre patria. Hoy se puede contemplar su estatua en plazas de muchas ciudades españolas, entre ellas en el Parque del Oeste de Madrid.
  
Portada del libro

«Que los españoles dediquen estatuas a un genocida de su pueblo, artífice de un antecedente claro del holocausto judío, me deja verdaderamente sorprendido. Creo que es el único país en el mundo que puede homenajear así a sus enemigos», defiende en una entrevista con ABC Pablo Victoria, colombiano de nacimiento y de nacionalidad española, que justifica esta anomalía por el complejo que arrastra el país: «Los españoles han asumido la Leyenda Negra como cierta y verdadera, cuando es completamente falsa. España nunca cometió atropellos desde sus instituciones en América y, de hecho, protegió a las minorías como negros e indígenas. Por algo los indios, sobre todo en el sur de Colombia, permanecieron fieles a la corona hasta el final».
   
Tras una investigación de doce años, Victoria pretende en su nueva obra, dividida en dos volúmenes, romper con el discurso -hegemónico en ambos lados del océano- que divide la Guerra de Emancipación entre patriotas y traidores, amantes de la libertad y opresores, americanos y españoles. Porque el Rey de España no era un invasor o un extranjero que se había implantado allí de la noche a la mañana, sino el señor natural, frente al que algunos españoles americanos se rebelaron y otros, en cambio, se mantuvieron leales. Lo que viene a ser una guerra civil repleta de odios, cuentas pendientes y villanos como Bolívar. «Es un personaje histórico que no ha tenido biógrafos sino aduladores que le representan como alguien magnánimo, despegado de pasiones, inteligente y culto. Ciertamente era ilustrado, y por eso hay que señalarle y juzgarle con más rigor por ser capaz, aun así, de cometer tantos asesinatos y de una crueldad tremenda», apunta.
   
La crueldad del mito
Para distanciarse del héroe que le enseñaron en la escuela y en su entorno familiar, este autor colombiano ha recopilado cartas y documentos del propio Bolívar, que le muestran como «alguien inmensamente cruel y cuya motivación era acaparar poder y ser un dictador toda su vida». «En mi investigación demuestro que aspiraba a establecer una dictadura en los territorios americanos. Es más: quería, con el apoyo de Inglaterra y de algunas provincias de América, coronarse emperador del continente», explica Victoria en «El terror bolivariano».
   
Muerte de Simón Bolívar, por Antonio Herrera Toro.
    
Nada que ver con el manojo de virtudes con las que Netflix ha plasmado al libertador en su reciente serie «Bolívar: una lucha admirable». «No la quiero ni ver. Todo lo que dicen allí es completamente falso y no es casualidad que el mundo anglosajón produzca una ideologización del héroe así. Los británicos siempre ambicionaron tener un pie en el continente y, además, quisieron vengarse de España por colaborar en la independencia de EE.UU. Bolivar sirvió a sus propósitos», sostiene este colombiano de cuna.
   
De aquellos polvos estos lodos. Como recuerda en su libro Pablo Victoria, los viajeros europeos y estadounidenses que recorrieron la América española antes de la rebelión elogiaron las ciudades de Lima y México como las de mayor esplendor del mundo por su nivel de desarrollo. Todo aquello se vino abajo con las nuevas repúblicas o -como lamentó el propio Bolívar- «tres siglos de progreso han desaparecido». «Lo que hoy sucede en Venezuela, sus expropiaciones, sus caciques y su miseria, tiene su antecedente en esa catástrofe que originó Bolívar. A la vista de la ruina, en sus últimos días el libertador se arrepintió de sus hechos y reconoció que “era mejor con los españoles”», recuerda el autor del éxito editorial «El día que España derrotó a Inglaterra», que narra a su manera la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo.
  
El hilo conductor de su nuevo libro son unas memorias inéditas que Victoria halló por casualidad en la casa de la familia de su mujer en Cali (Colombia). Un texto escrito por Joaquín de Mosquera y Figueroa, que llegó a ser en tiempos de la guerra contra Napoleón presidente de la regencia española y diputado de las Cortes de Cádiz, lo que le colocó en una posición privilegiada para comprender las verdaderas motivaciones de ambos bandos. «Su propia existencia desmiente el mito de que los criollos se levantaron contra España porque tenían cerrado el acceso a las instituciones y cargos de la Corona. Don Joaquín nació en Colombia y llegó a ser Rey virtual de España. Y no es un caso aislado. El comandante de la flota española era criollo, como también lo fueron obispos, cardenales y un virrey de México. Los españoles de un lado y de otro éramos los mismos», resume el escritor.

sábado, 28 de septiembre de 2019

DE LA NOVEL SERIE “BOLÍVAR”

Por Alexander López Díaz.

 
Qué emoción, se acaba de estrenar la novela sobre Bolívar, ya me imagino cómo retratan su infancia llena de lujos, riquezas y comodidades, como miembro de la más rancia burguesía venezolana. Ciertamente es un personaje difícil de retratar, voluntarioso desde niño, sin ninguna disciplina y acostumbrado a que se le cumpla todo capricho.
Aunque me apetece más ver el capítulo en que el libertador firma el Decreto de Guerra a Muerte en el que ordena la muerte de todas las personas nacidas en Europa o en Canarias por su solo origen aunque no tuviesen partido ni militancia política o militar.
Espero ansioso el capítulo en el que Bolívar ordena el fusilamiento de miles de presos en Caracas, Valencia y la Guaira sin juicio ni procedimiento previo, ni qué decir de los cientos de enfermos y ancianos ultimados a machete o aplastándoles la cabeza con rocas porque Juan Bautista Arismendi ordenó no gastar más pólvora. Me imagino las referencias al reclutamiento forzado que se hacía de indios y de negros, de campesinos y de esclavos que de negarse a luchar con Bolívar también les esperaba el paredón.
   
No puedo esperar a que retraten sus monumentales retiradas cuando dejaba a sus soldados abandonados a su suerte cuando el pronóstico era la derrota mereciéndole el apodo de “El Napoleón de las retiradas” por parte de Manuel Piar y Atanasio Girardot.
   
Me desvelo imaginándome el capítulo en el que muestren al Bolívar que es capturado tras la derrota de Puertocabello y que con toda mezquindad entrega a Francisco de Miranda a los realistas para salvar su pellejo, vendiendo al único ideólogo de la gesta independentista a quien le robaría el pabellón nacional y todo el supuesto honor de la emancipación.
Qué nervios ver cómo retratan el Sitio de Santafé (de Bogotá) de 1814 en el que tras la rendición de la ciudad se ordenó que se saqueara durante 48 horas, y se dio licencia para que se viole a las mujeres y se fusile a los hombres, desmanes que terminaron con la destrucción del observatorio. El sitio de Cartagena de 1815 seguro tampoco se les pasará a los productores de la novela.
   
Ya veo a Bolívar comisionando a Luis López Méndez para que enduede por toda la eternidad a esta republiqueta para lograr sus ansias de poder, comprando mercenarios de Inglaterra e Irlanda tras haber comprometido buena parte del botín con Alejandro Petión y José Antonio Páez. CÓMO SERÁN ESOS CAPÍTULOS EN QUE ORDENA EL GENOCIDIO DEL PUEBLO PASTUSO TRAS NO PODER VENCERLOS NUNCA MILITARMENTE, LA REPRESENTACIÓN DE LA “NAVIDAD NEGRA”, LAS VIOLACIONES MASIVAS EN LA CATEDRAL DE PASTO, EL FUSILAMIENTO DE CIVILES DE TODAS LAS EDADES QUE TIÑEN LAS CALLES DE ROJO. SEGURO NO ESCATIMARON EN DETALLES PARA MOSTRAR LA MEZQUINDAD DEL BOLÍVAR QUE VENDIÓ HASTA LAS BANCAS DE LAS IGLESIAS AL LLEGAR A BOGOTÁ PARA AMASAR MAYOR FORTUNA.
   
Ya quiero ver en la pantalla las epístolas de Bolívar en que manifiesta su más abyecto racismo hacia los pueblos indígenas y hacia los negros.
   
Cómo representarán al Bolívar que impone la Constitución Dictatorial en Bolivia donde se proclama presidente vitalicio con facultad de heredar la monarquía disfrazada, o el Bolívar que se inviste dictador en Colombia.
   
Me imagino la conclusión de la serie, el Bolívar moribundo por tuberculosis y sífilis tras haber organizado todo tipo de orgías y de haber sometido sexualmente a quien le apeteció en las ciudades en que entraba triunfal como libertador, dictando el diario de Bucaramanga y señalando a todo Neogranadino (léase colombiano) de pertenecer a una raza cobarde y sin virtudes políticas y militares, pereciendo en el capítulo final en Santa Marta, cuando se disponía a embarcar hacia Francia huyendo por enésima vez en su vida.

lunes, 19 de julio de 2010

"A BOLÍVAR LO MATARON EN COLOMBIA": EL LOCO DE CHÁVEZ

Mi discípulo fiel, el hermano Jorge, recibió una llamada de agentes infiltrados en la corte real de Miraflores (Venezuela), donde comentaban que el loco de Hugo Chávez mandó desenterrar los restos del "Soulouqe blanco", de Simón Bolívar, para intentar probar que murió envenenado por sus enemigos en Colombia y no de tuberculosis.

Chavez cree que su dios Bolívar fue asesinado por sus enemigos en Colombia

Esto ocurre en momentos en que las relaciones bilaterales se caldean. Chávez soltó meses atrás la idea de investigar la muerte ocurrida en 1830, lo que despertó la ira de sus adversarios, quienes le pidieron ocuparse de problemas actuales como la inseguridad, la inflación y la escasez de productos básicos.

Así está Venezuela: asediada por la pobreza, la inseguridad y la corrupción gubernamental. ¿Cuándo comenzó a presentarse? ¡DESDE QUE CHÁVEZ ESTÁ EN EL PODER!

Pero el militar retirado, que proclama una “revolución bolivariana” en favor de los pobres, insistió en la pesquisa. “¡Hola mis amigos! ¡Qué momentos tan impresionantes hemos vivido esta noche! ¡Hemos visto los restos del Gran Bolívar!”, escribió en la madrugada en su cuenta en la red social Twitter @chavezcandanga.
 
Horas después mostró emocionado parte de la exhumación en cadena nacional de radio y televisión. Seis militares destaparon el sarcófago en el Panteón Nacional tras hacerle un paso militar.
 
 
Vídeo de la exhumación de los restos de Bolívar
 
Chávez contó que encontraron una etiqueta de ‘made in England’ (hecho en Inglaterra) en la bandera que cubría los restos y dijo que eso se corregirá (muy dificil corregir un hecho histórico innegable  y consumado como ese, a menos que Chávez tenga una máquina del tiempo): sustituirá el ataúd de plomo por uno de madera de las sabanas de Apure -en el occidente del país- y los restos se cubrirán con una bandera que tejan especialmente mujeres venezolanas.

Nuestros agentes dicen que la etiqueta es similar a la que ostenta esta camiseta

Según Chávez, el estratega militar del Siglo XIX que tiranizó a Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela murió envenenado con arsénico por su rival colombiano Francisco de Paula Santander. La exhumación ocurrió horas después de que Colombia denunciara, reviviendo acusaciones, que líderes guerrilleros se refugian en Venezuela, por lo que Caracas protestó y llamó a consulta a su embajador en Bogotá, Gustavo Márquez, en un nuevo capítulo de los tormentosos vínculos entre los vecinos.

Francisco de Paula Santander, rival político de Bolívar, sería el autor intelectual de su asesinato (según Chávez)
 
Sacad vuestras conclusiones.

sábado, 10 de julio de 2010

RAZONES POR LAS QUE KARL MARX REPUDIÓ A SIMÓN BOLÍVAR

Recordaréis que hace mucho tiempo, he transcrito el ensayo que Karl Marx escibió sobre Simón Bolívar. Ahora, os presento las razones por las que Marx criticó al mencionado buscapleitos (Bolívar). El artículo fue redactado por Wilson García Mérida y Carlos Ayala Corao y publicado en La Onda Digital; el cual publico (aclarando que hay ciertos puntos en los que discrepo, como llamar a Bolívar como “Libertador”), pero que resulta interesante como respuesta a los chavistas, castristas y demás progres de mierda que hay en América y España propagando la bolivarianolatría.

¿Por qué Bolívar fue cuestionado por C. Marx?
por Wilson García Mérida, Ayala Corao

(I) ¿Por qué Marx repudió a Bolívar?
p
or Wilson García Mérida*

Charles Daña, director del “New York Daily Tribune”, le reclamaba a Carlos Marx por el “tono prejuicioso” con que el padre del materialismo histórico había escrito un ensayo biográfico sobre Simón Bolívar que, a pedido de Daña, fue redactado para el tomo III del “New American Cyclopædia”, el cual circuló en enero de 1858, casi tres décadas después de la muerte del Libertador 

Para Karl Marx, Bolívar era “el canalla más cobarde, brutal y miserable”, hasta el punto de equipararlo con Faustino Soulouqe

En una carta fechada en Londres el 14 de febrero de 1858, Marx le escribió a Federico Engels comentando los reclamos de Daña y decía: 
“En lo que toca al estilo prejuiciado, ciertamente me he salido algo del tono enciclopédico. Pero hubiera sido pasarse de la raya querer presentar como Napoleón I al canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque”.

La sola comparación con el emperador negro Soululouque, el dictador de Haití que surgió de entre los esclavos para cometer fechorías contra su propia gente, pone a Bolívar, desde la mira de Marx, en la posición de un dictadorzuelo oportunista y demagogo que había aprendido con ventajas las mañas de la “viveza criolla” americana. 

Faustino I Soluouque, emperador de Haití

Aunque omite el hecho de que Bolívar colaboró con Petion para la liberación de los esclavos de Haití a cambio de armamento británico, Marx logra demostrar —para profundo pesar de los adoradores del Libertador— que las campañas castrenses emprendidas por Bolívar durante la Guerra de la Independencia fueron nada más un alarde de mediocridad estratégica financiada por capitalistas ingleses y por la propia corona británica en pos de dominar el vasto mercado americano que se dislocaba del decadente dominio español.
 
¿Un “español americano”?
Marx desmitifica con ruda acuciosidad el aura de genio militar que rodea a Bolívar y lo expone como un general calculador y cobarde al punto de calificarlo como “el Napoleón de las Retiradas” en alusión a recurrentes episodios donde Bolívar huye en plena batalla abandonando a sus soldados, como sucedió en agosto de 1814 durante un combate contra las tropas del realista Boves. Y por si fuera poco, Marx le endilga a Bolívar el título de traidor, acusándole de haber participado en la entrega del independentista Francisco Miranda al tirano español Monteverde. 

Francisco Miranda fue traicionado por Bolívar

De hecho, el caraqueño había iniciado su carrera militar —como buen hijo de colonos españoles de alta alcurnia— en las filas del ejército realista. A sus 16 años fue nombrado por el rey de España subteniente de la Sexta Compañía del Batallón de Milicias de Blancos de los Valles de Aragua; es decir comenzó su carrera hacia el poder sirviendo a la Corona, como una mayoría de aristócratas y criollos que luego encabezaron el proceso independentista apoyados por los propios europeos enemigos del corrupto monarca español Fernando VII.

Durante la ruptura con España, atenido al omnímodo poder que le habían conferido las sofisticadas armas inglesas, el dinero de la corona británica y los caudales aportados por las élites de “españoles americanos” que se enfrentaban a los “españoles europeos” (términos usados por el propio Bolívar en varios de sus escritos), el aristócrata Libertador erigió su soberbia y casi divina figura sobre los despojos de los genuinos luchadores populares por la Independencia, indígenas y negros, llegando a incomodarse sin disimulo ante la emergencia de líderes plebeyos como el dirigente mulato Manuel Carlos Piar, prócer de la liberación venezolana, a quien Bolívar mandó fusilar, según Marx,
“bajo las falsas imputaciones de haber conspirado contra los blancos, atentando contra la vida de Bolívar y aspirando al poder supremo”.

Marcos Roitman Rosenmann y Sara Martínez Cuadrado, en el epílogo de la última edición española (Sequitur, Madrid, 2001) del ensayo que Aníbal Ponce tradujo en 1936 para su revista “Dialéctica”, aseguran que
“No hay uno sólo de los hechos que Marx relata que no hayan sido admitidos por los propios historiadores amigos de Bolívar”.
 
Pueblos sin historia
Las devastadoras opiniones con que Marx estigmatiza las pulsiones autoritarias de Bolívar constituyen hoy un colosal problema teórico y político para el movimiento marxista internacional que, paradójicamente, en Latinoamérica tiende a expresarse bajo la forma de un movimiento anti-imperialista “bolivariano”.

Marx odiaba a Bolívar sin tapujos. Lo odiaba por su origen de clase, por su condición de aristócrata, más que criollo, codicioso de la fama y el poder. Un “pequeño burgués” disoluto y procaz que “tras dejar en funciones al congreso granadino y al general Santander como comandante en jefe… marchó hacia Pamplona, donde pasó más de dos meses en festejos y saraos (...), con un tesoro de unos 2’000.000 de dólares, obtenidos de los habitantes de Nueva Granada mediante contribuciones forzosas, y disponiendo de una fuerza de aproximadamente 9.000 hombres, un tercio de los cuales eran ingleses, irlandeses, hanoverianos y otros extranjeros bien disciplinados”, escribió Marx.
  
José Aricó ha escrito un esclarecedor estudio sobre el mencionado texto explicando que 
“Fue una evaluación política la que indujo a Marx a interpretar a Bolívar como autoritario y bonapartista y proyectar, como solía hacerlo, su hostilidad política al conjunto de las actividades y hasta a la propia personalidad del libertador, del que se burla encarnizadamente a lo largo de su extenso ensayo”.
 
Según Aricó, la solidez de la desoladora visión marxista del mito bolivariano se sustenta en uno de los conceptos teóricos fundamentales del socialismo científico para entender los problemas anticoloniales del tercer mundo: se trata del concepto de matriz hegeliana sobre los “pueblos sin historia”, según el cual los procesos revolucionarios librados al azar de un mero imperativo positivista, sin la conciencia de una clase hegemónica capaz de imponer su propia racionalidad en el marco de la lucha de clases, devienen en procesos caóticos e irracionales “que permitieron a un personaje mediocre y grotesco representar el papel de héroe”. Marx describe entonces los sucesos históricos protagonizados por Bolívar como una suma de casualidades y de hechos gratuitos o “positivos”, es decir contingentes, por ejemplo, cuando Marx anota que como consecuencia de las sucesivas derrotas derivadas de la manifiesta incapacidad militar de Bolívar, “a una defección seguía la otra, y todo parecía encaminarse a un descalabro total.
 
En ese momento extremadamente crítico, una conjunción de sucesos afortunados modificó nuevamente el curso de las cosas”. Entre tales hechos fortuitos, fueron los de mayor peso aquellos que se relacionaban con la descomposición irreversible del régimen monárquico y colonial, pero sobre todo aquellos que tienen que ver con la capacidad política y militar que desarrollan especialmente los movimientos indígenas autónomos de los Andes —quechuas y aymaras— en la lucha por su propia emancipación, que señoritos como Bolívar capitalizarán en su beneficio particular aprovechando el sofisticado aparataje logístico y financiero que le brindan sus aliados británicos.

El Código Boliviano
Para sorpresa nuestra, resulta que una de las críticas más duras de Marx contra Bolívar se relaciona con la naciente república de Bolivia y la forma odiosamente bonapartista (en términos marxistas) con que el Libertador diseñaba la estructura del naciente Estado boliviano. Como es sabido, Bolívar se desplazó a los Andes peruanos tras una exitosa campaña en Ecuador, dejando atrás antiguas rivalidades y animadversiones que sostenía con sus propios correligionarios venezolanos y colombianos. Al fundarse Bolivia, el Libertador redactó su famosa Constitución Vitalicia, conocida por Marx como el “Código Boliviano”.

En este fragmento medular encontramos acaso las únicas referencias sobre Bolivia en la vasta obra de Marx:
“Durante las campañas contra los españoles en el Bajo y el Alto Perú (1823-1824) Bolívar ya no consideró necesario representar el papel de comandante en jefe, sino que delegó en el general Sucre la conducción de la cosa militar y restringió sus actividades a las entradas triunfales, los manifiestos y la proclamación de constituciones.
 
Mediante su guardia de corps colombiana manipuló las decisiones del Congreso de Lima, que el 10 de febrero de 1823 le encomendó la dictadura; gracias a un nuevo simulacro de renuncia, Bolívar se aseguró la reelección como presidente de Colombia. Mientras tanto su posición se había fortalecido, en parte con el reconocimiento oficial del nuevo Estado por Inglaterra, en parte por la conquista de las provincias altoperuanas por Sucre, quién unificó a las últimas en una república independiente, la de Bolivia. En este país, sometido a las bayonetas de Sucre, Bolívar dio curso libre a sus tendencias al despotismo y proclamó el Código Boliviano, remedo del Code Napoleón. Proyectaba trasplantar ese código de Bolivia al Perú, y de éste a Colombia, y mantener a raya a los dos primeros estados por medio de tropas colombianas, y al último mediante la legión extranjera y soldados peruanos. Valiéndose de la violencia, pero también de la intriga, de hecho logró imponer, aunque tan sólo por unas pocas semanas, su código al Perú. Como presidente y libertador de Colombia, protector y dictador del Perú y padrino de Bolivia, había alcanzado la cúspide de su gloria.…”.
 
Sin embargo, se debe reconocer que la idea de una Presidencia Vitalicia para regir los destinos de la Confederación Sudamericana, que Bolívar intentaba construir a partir de la Constitución boliviana tan deplorada por Marx, no era tan mala idea. En el Discurso del Libertador al Congreso Constituyente de Bolivia, redactado en Lima el 25 de mayo de 1825, Simón Bolívar afirma que la figura de un Presidente Vitalicio —a quien define “como el Sol que, firme en su centro, da vida al Universo”— sería sometido a “los límites constitucionales más estrechos que se conocen” y estaría privado de “todas las influencias” delegando competencias a otras instancias del Estado, siendo el Vicepresidente principal ejecutivo y sucesor vitalicio. “Por esta providencia se evitan las elecciones —decía Bolívar— que producen el grande azote de las repúblicas, la anarquía, que es el lujo de la tiranía y el peligro más inmediato y más terrible de los gobiernos populares”. No dejaba de haber una gran dosis de racionalidad en esas ideas de Bolívar, o al menos una intuición visionaria sobre un devenir latinoamericano, especialmente boliviano, donde la democracia representativa, partidocrática y “huayra-leva” [clasista] forma parte de una cultura de corrupción que ni Marx fue capaz de sospechar hace 147 años. (bolpress)

*Periodista boliviano, editor de El Heraldo

(II) Marx y Bolívar
por Carlos M. Ayala Corao 


Karl Marx se refirió a Simón Bolívar como el “canalla más cobarde, brutal y miserable. Bolívar es el verdadero Soulouque”, (carta de Marx a Engels de fecha 14-2-1858). En esa misma oportunidad, afirmó que Bolívar era un mito de la fantasía popular:
“La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es, sin duda, el de Simón Bolívar”.
  
En días pasados, por mera casualidad nos topamos con un pequeño opúsculo titulado Simón Bolívar, cuyo autor es Karl Marx, publicado por Ediciones Sequitur, Madrid, 2001. Confieso la impresión que nos llevamos al constatar la existencia de esta obra la cual ignoraba, como creo que es el caso de muchos venezolanos.

La verdad es que con sus distancias geográficas y su diferencia de edades (Bolívar nacido en Caracas en 1783 y Marx en Tréveris en 1818), nada nos podía hacer suponer que alguno de ellos sería objeto de atención por el otro. Pero la coincidencia ocurrió cuando en 1857, Charles Daña, director del New York Daily Tribune, solicitó a Marx y a Engels un grupo de biografías para incorporarlo en la New American Cyclopædia.
 
Es el propio Marx quien en la referida carta a Engels, nos dio noticias de los reparos de Daña contra su artículo sobre Bolívar, porque estaba escrito en un tono prejuiciado y, además, le había exigido más fuentes. A Daña, no le faltó razón para rechazar el artículo de Marx, pues como incluso lo reconoció este último, ciertamente se salía del tono enciclopédico.

Marx comienza su artículo refiriéndose a Bolívar como un descendiente de familias mantuanas, que en la época de la dominación española constituían la nobleza criolla en Venezuela. Luego, Marx continúa su relato emitiendo una serie de afirmaciones y conceptos ciertamente prejuiciados, inexactos o deformados sobre la vida del Libertador. En este sentido afirma que el Libertador rehusó adherirse a la revolución que estalló en Caracas el 19 de abril de 1810, a pesar de las instancias de su primo José Félix Ribas. En cuanto a la misión de Bolívar a Londres en 1811 (junto con Bello y López Méndez), Marx afirma que ésta se redujo a la autorización para exportar armas, teniendo que abonarlas de contado y pagar fuertes derechos.

La pérdida de la plaza de Puerto Cabello en la Primera República, Marx la describe como una huida cobarde y a escondidas de Bolívar para ocultarse en San Mateo y con posterioridad participar, personalmente, en el asalto y detención de Miranda en La Guaira, traicionándolo de esta forma al entregarlo engrillado al general español Monteverde -quien lo envió a Cádiz donde luego moriría-. Esta traición la reseña Marx como debidamente recompensada con la expedición del pasaporte español a Bolívar, en reconocimiento por su “servicio prestado al Rey de España con la entrega de Miranda”.
 
Marx describe la victoria en la toma de Santa Marta en 1814 como una hazaña en la cual, a pesar de que la ciudad ya había capitulado, Bolívar le permitió a sus soldados que la saquearan durante cuarenta y ocho horas. La retirada a Jamaica en 1815 es descrita como una huida de Bolívar durante ocho largos meses, mientras los generales patriotas ofrecían su tenaz resistencia en Venezuela; y la Carta de Jamaica es una defensa de Bolívar ante su fuga de los españoles, en la cual pretendió presentar su renuncia al mando supuestamente en aras de la paz pública. Marx describe otra huida cobarde de Bolívar en 1816 frente a una diminuta fuerza del general Morales en Valencia, que lo llevó a retroceder a rienda suelta hasta Ocumare (de la Costa) para saltar y embarcarse a bordo del Diana rumbo a Bonaire, “dejando a todos sus compañeros privados del menor auxilio”. De allí -relata el autor- que Piar haya amenazado a Bolívar con someterlo a un consejo de guerra por deserción y cobardía. Piar es para Marx el héroe singular de la conquista de Guayana que le da un vuelco favorable a la guerra de Independencia. Bolívar es el dictador traidor y cobarde que (de nuevo) abandona a Arismendi en 1817 en Margarita en manos de los españoles, y luego a Freites en la Casa de la Misericordia en Barcelona, donde éste muere en batalla. Frente a ello, Piar no escatimaba sarcasmos contra Bolívar como el “Napoleón de las Retiradas”. Pero bajo “falsas imputaciones” de haber conspirado contra los blancos, atentado contra la vida de Bolívar y aspirado al poder supremo, es que Piar es fusilado en Angostura.

La conquista de Nueva Granada no se le debe a Bolívar y a las tropas patriotas, sino a “las tropas extranjeras, compuestas fundamentalmente por ingleses”. Por ello -anota Marx- tras dejar en funciones al Congreso granadino y al general Santander como comandante, Bolívar marchó a Pamplona, “donde pasó más de dos meses en festejos y saraos”.

A la cobardía de Bolívar en Calabozo en 1819, al no haber decidido avanzar sobre las tropas inferiores en número de Morillo, se debe la prolongación de la guerra por cinco años más; y la tregua del Convenio de Trujillo en 1820 con Morillo fue hecha
“a espaldas del Congreso de Colombia”.

En cuanto a la Batalla de Carabobo (1821), Marx relata que a Bolívar le pareció tan imponente la posición del enemigo, “que propuso a su consejo de guerra la concertación de una nueva tregua, idea que, sin embargo, rechazaron sus subalternos”. Los éxitos de la campaña de Quito (1822) se debieron a los oficiales británicos”. Y en Bolivia, 'sometida a las bayonetas de Sucre”, Bolívar “dio curso libre a sus tendencias de despotismo”.

El Congreso de Panamá (1826) fue convocado por Bolívar con la intención real de unificar América del Sur en una república federal, cuyo dictador quería ser él mismo. Los diversos mandatos de Bolívar al frente de la Gran Colombia fueron planeados por él para satisfacer sus apetencias de poderes dictatoriales.

Finalmente en 1830 Bolívar pretendía invadir a Venezuela desde Colombia para someterla, pero se asustó frente al ejército de Páez, y se vio entonces obligado a presentar su dimisión, a condición de que se retirara al extranjero favorecido con una pensión anual.

En la descripción personal de Bolívar que Marx cita de Docoudary-Holstein, se lee entre otras perlas lo siguiente:
“Tiene frecuentes y súbitos arrebatos de ira, y entonces se pone como loco, se arroja en la hamaca y se desata en improperios y maldiciones contra cuantos lo rodean. Le gusta proferir sarcasmos contra los ausentes, no lee más que literatura francesa de carácter liviano... Le agrada oírse hablar, y pronunciar brindis le deleita”.

Este texto de Marx, suerte de “leyenda negra” de nuestro Libertador Simón Bolívar, fue descubierto en 1935 por Aníbal Ponce en los archivos del Instituto Marx-Engels-Lenin de Moscú, y tras ser traducido, fue publicado por primera vez en castellano en la revista Dialéctica de Buenos Aires en 1936.

No podemos menos que expresar que resulta insólito un texto histórico tan prejuiciado como el escrito por Marx sobre Bolívar. Posiblemente en ello influyó sobre Marx la noción hegeliana de los “pueblos sin historia”. Pero aun así, ello pone de relieve los errores de mezclar la ideología con la historia.

Lo curioso es que esta visión del proceso revolucionario de la independencia latinoamericana haya sido compartida por marxistas acríticos de tendencia historiográfica soviética, prácticamente hasta 1959, cuando en la segunda edición en ruso de las obras de Marx y Engels se incluyó por primera vez una severa crítica de las posiciones sostenidas en el artículo de Marx sobre Bolívar.

Entonces, que aprendamos la historia de los historiadores y viceversa, para no cometer sus propios errores.