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sábado, 7 de junio de 2025

BEATA ANA DE SAN BARTOLOMÉ, CONTINUADORA DE SANTA TERESA Y PROPAGADORA DEL CARMELO DESCALZO EN FRANCIA Y BÉLGICA


La Beata Ana de San Bartolomé (en el siglo Ana García Manzanas) es un satélite que se mueve por completo en la órbita de Santa Teresa de Jesús. Tiene con ella un punto de contacto excepcional: la vida de ambas está dominada por los fenómenos místicos, constituyendo un válido testimonio de la existencia de lo sobrenatural, prueba patente de la presencia de Dios en el mundo de las almas. Ambas nos han descrito su experiencias. Teresa como maestra, con la exactitud y riqueza de sus minuciosas descripciones; Ana con la sencillez de su mente inculta y campesina, pero con una sinceridad y una transparencia que encantan. 
   
La Autobiografía de la Beata está tan llena de hechos extraordinarios, que resulta poco atrayente para los espíritus críticos y desconfiados de nuestro siglo, pero está escrita con un estilo tan directo y con una tal convicción, que no pueden menos de ser aceptados, por lo menos, como experiencia vivida, por quienes se acerquen a ella con un criterio adicto a lo divino.
   
Nació Ana en Almendral, pueblo de la provincia de Toledo, el 1 de octubre de 1549, en una familia cristiana y campesina, de costumbres austeras y acendrada piedad, siendo la sexta entre siete hermanos. Un vulgar episodio de su infancia parece señalar el destino de su vida. Ella misma lo cuenta en su Autobiografía: Cuando todavía era muy niña y apenas podía tenerse en pie la dejaron un día solita sus hermanas para que se entrenara en andar. Pasando por allí su madre, les dijo:
– Mirad que la niña no caiga, que se matará.
 Una de las hermanas replicó:
– Dios la haría merced, si se muriera: que ahora iría al cielo.
 Y la otra repuso:
– Déjala, no se muera, que si vive podrá ser santa.
Mas la primera objetó:
– Esto está en duda, y ahora no tiene peligro, mas en llegando a los siete años pecan los niños.
   
Nos asegura la Beata que este diálogo, sólo vagamente comprendido, causó un impacto terrible en su alma. Cobró horror al pecado, y, levantando los ojos al cielo, le pareció que se le mostraba claramente la majestad divina.
   
Es posible que una elaboración posterior fuese llenando de contenido la primitiva impresión, pero lo cierto es que su vida queda marcada desde sus albores con el signo de lo sobrenatural. Y cuando cumplió siete años la encontraban con frecuencia llorando y, preguntada por el motivo, respondía: «Porque tengo miedo de pecar y condenarme».
   
Cuando contaba apenas diez años perdió a sus padres Hernán García y María Manzanas, y sus hermanos la obligaron a guardar el rebaño que poseía la familia. Ana aprendió con el contacto del campo a relacionarse con Dios, a quien veía presente en la creación. Gustaba de pasar las horas muertas con el pensamiento en el Cielo, absorta en contemplación, y ya desde entonces se entrenó en continuos coloquios con Cristo, que, nos asegura, se le aparecía continuamente en figura de niño que conversaba con ella. Lo sentía junto a sí y le hacía partícipe de sus pensamientos y preocupaciones. La Beata interpreta estas experiencias como si se tratara de una presencia real y corporal de Cristo, mas acaso no pasasen de visiones imaginarias producto de su fantasía infantil excitada por el pensamiento de Cristo, hacia el cual encauzaba toda la capacidad sensitiva de su alma. Lo cierto es que vivía en continua presencia de Dios, nota que fue la característica de su vida toda bajo diversos aspectos conforme al desarrollo de la gracia en su alma y al diverso grado de madurez espiritual. 
   
Al llegar a los veintiún años, sus hermanos quisieron casarla y le buscaron para marido un mozo gallardo y de buena posición. La joven estaba decidida a consagrarse al Señor y, con hábil estratagema, logró burlar las pretensiones familiares, presentándose ante su presunto esposo tan desastradamente ataviada, que no fue aceptada. Durante mucho tiempo continuó la insistencia de sus familiares y fue tanta la guerra que le hicieron, que faltó muy poco para que se rindiera. «Si yo hallara un hombre muy rico, muy agradable, muy santo y que me ayudara al servicio de Dios, que me holgara con tal compañía».
   
Mas Cristo, que en su infancia se le hacía sentir como niño, se le mostró entonces con rasgos juveniles y le susurró al oído: «Yo soy el que tú quieres, y conmigo te has de desposar», y desapareció.
   
Desde entonces todos sus pensamientos y deseos se encaminaron al claustro, y por consejo de su confesor, el párroco del pueblo, se dirigió al convento de San José de Ávila pidiendo ingresar entre las hijas de Santa Teresa. Sus hermanos se opusieron en un principio y su hermano mayor, cuando cierto día le reclamaba el dinero para el viaje, tuvo un acceso tan terrible que poco faltó para que la atravesase con su espada. Mas finalmente, amansado, él mismo la acompañó a Ávila, donde ingresó el 1 de noviembre de 1570.
   
La Beata carecía por completo de instrucción y no sabía leer ni escribir, lo cual suponía un grave inconveniente para su admisión por su incapacidad para el rezo del coro. Mas la santa Madre, que nunca había querido admitir legas en sus conventos, hizo una excepción con ella para no perder una vocación tan privilegiada, y la recibió para “freila”, siendo la primera lega de la descalcez. Hay que notar, sin embargo, que no se tuvo en cuenta para nada la cuestión económica, ya que aportó su dote correspondiente. 
   
En el convento la probó el Señor con duras pruebas espirituales, retirándola el suave sentimiento de su presencia y presentándosele como Cristo doliente que la invitaba a caminar por el sendero de la cruz. En una visión se le mostró afligidísimo y descargó en su corazón la pena que tenía: «“¡Mira las almas que se me pierden! ¡Ayúdame!”, mostróme la Francia como si estuviera presente allí y millones de almas que se perdían en las herejías».
   
Dios la probó con graves enfermedades, efecto de su vida de oración, en la que incluso pasaba las horas de la noche, con lo que gastaba su cuerpo no muy robusto. Pero un día la madre Teresa, encontrándose enferma nuestra Beata, le ordenó por obediencia que se convirtiera en enfermera de las demás y, superando su debilidad, se dio tal maña en el oficio, que se convirtió en “Priora de las novicias”, como donosamente la llamaba Santa Teresa.
   
Fue la Santa la que moldeó su espíritu con sus enseñanzas y con su familiaridad, ya que la convirtió en su confidente, su enfermera, su ayuda de cámara y hasta en su secretaria. Ella misma confiesa que la Santa «estaba ya tan acomodada a mis pobres y groseros servicios, que no se hallaba sin mí».
   
Como la Beata Ana no sabía escribir, se lamentaba Teresa de ello, porque hubiera querido que la ayudase a llevar su copiosa correspondencia. Por dar gusto a la Madre, se empeñó con tal entusiasmo en conseguir aprender a escribir, que lo consiguió con sólo copiar la letra de la Santa y con tal rapidez que se tuvo por todos como verdadero milagro.
   
Cuando en 1579 se autorizó de nuevo a Santa Teresa para que reanudase la visita de sus conventos y su actividad de fundadora, tras el obligado reposo de dos años en Ávila, quiso llevar como compañera a la Beata Ana de San Bartolomé, que la acompañó en sus últimas peregrinaciones, las más duras y trabajosas, a lo largo de todos los caminos de Castilla. A la pluma de la Beata debemos las vívidas descripciones de estos trabajos, que completan las trazadas por Teresa en el Libro de las Fundaciones.
   
Ana la acompañó a las de Malagón, Villanueva de la Jara y Burgos, y se hizo su presencia tan necesaria a la Santa, que no sabía ponerse en camino sin su compañía.
   
En la última enfermedad de Santa Teresa, la Beata no se apartó de su lado, olvidándose de comer y de dormir, y tal era el consuelo que le daba el verse por ella atendida que, cuando se alejaba, reclamaba insistentemente su presencia. Ella la asistió en su agonía y tuvo reclinada entre sus manos durante varias horas la cabeza de la santa Madre hasta que en ellas expiró.
   
Muerta la Santa, se convirtió Ana de San Bartolomé en oráculo para las descalzas, que a ella acudieron en su ilusión de conocer los detalles de la vida y enseñanzas de su Madre, que ella mejor que nadie conocía.
   
Cuando el cardenal Pedro de Bérulle vino a España para llevarse a Francia un grupo de carmelitas, se recordó Ana de la revelación que respecto de Francia le había hecho el Señor en otro tiempo y de los deseos de Santa Teresa, y acogió la idea con entusiasmo, formando parte de la primera expedición.
   
En Francia la obligaron los superiores a tomar el velo negro de corista y la nombraron priora primero de Pontoise y luego de París. La madre Ana tuvo que hacerse al trato de las damas y personajes de la corte, que dieron en la moda de visitar las descalzas y someterse a su dirección. Las primeras vocaciones francesas al Carmelo pertenecían a la nobleza francesa, y fue Ana encargada de su formación, trasvasando en ellas el espíritu teresiano de que el suyo rebosaba. A ella se debe también la fundación del convento de Tours.
   
Una grave dificultad presentaba la permanencia en Francia de las descalzas. El cardenal Bérulle, una de las más grandes figuras de la espiritualidad francesa, quiso moldear a las carmelitas conforme a su propio espíritu, aunque siguiendo la línea de Santa Teresa. Las españolas estaban acostumbradas a la dirección de los padres y no podían hacerse a vivir sin consultar su espíritu con ellos. La Beata Ana aguantó cuanto pudo; mas, no bien comprendió que el Carmelo en Francia podía continuar por sus propios medios, aceptó la invitación de trasladarse a Bélgica, donde podría dirigirse con los descalzos, que estaban ya establecidos allí.
   
Llegó a Bélgica a los sesenta y tres años de su edad y fueron los años que allí vivió hasta su muerte los más fecundos de su vida. Su recuerdo está unido en Bélgica a la fundación de Amberes por ella realizada y que se convirtió pronto en un potente foco de irradiación espiritual. Desde la reja de su locutorio y a través de su correspondencia ejerció poderosa influencia sobre la sociedad belga, colaborando al desarrollo de la espiritualidad y vida de oración entre aquellas gentes que se han distinguido siempre entre las más dispuestas para la vida sobrenatural.
   
Cuando Mauricio de Nassau intentó por tres veces tomar por sorpresa la fortaleza de Amberes, la población atribuyó a las oraciones de la Beata y de sus monjas la liberación, y la infanta y los generales acudieron al locutorio para agradecerle su intervención.
   
Murió la Beata Ana de San Bartolomé el 7 de junio de 1626, precisamente el día de la Santísima Trinidad, cuya presencia sintió de manera especial en su alma durante los últimos años de su vida.
   
Su memoria perdura viva en el Carmelo y en la ciudad de Amberes, que en los días terribles de la guerra mundial volvió a encomendarse a ella, atribuyendo a su mediación protectora el haberse visto libre de la destrucción.

GREGORIO DE JESÚS CRUCIFICADO (en el siglo Jesús Ruilope López de Muniaín) OCD. Año Cristiano, Tomo II. Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que hiciste de tu bienaventurada virgen Ana un eximio ejemplo de humildad, concédenos a nosotros tus siervos que, siguiendo sus huellas, merezcamos conseguir los premios prometidos a los humildes. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 14 de mayo de 2025

OSTENSIÓN DE LAS RELIQUIAS DE SANTA TERESA


La basílica de la Anunciación en Alba de Tormes (España) realizó la ostensión para la veneración pública del cadáver de Santa Teresa de Jesús de Ávila, fundadora de la Orden carmelita descalza (reformada).
    
La ostensión se inició el domingo 11 de Mayo luego del servicio Novus Ordo de las 12:30h, y continuará hasta el domingo 25. Es la tercera que se realiza, siendo las dos primeras en los años 1760 (para la inauguración de su sepulcro donado por el rey Fernando VI “El Justo” el 13 de Octubre) y 1914 (en conmemoración del IV centenario de su nacimiento, y en dos ocasiones: una privada del 16 al 23 de Agosto en el camarín alto, y el 28 del mismo mes al público).
  
En Agosto de 2024, el sepulcro fue abierto para una restauración y examen de las reliquias de la santa, hallándose en buena condición.
   

El miércoles 14 de Mayo el servicio fue presidido por el arzobispón de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española Luis Argüello y el hoy nuncio en la Unión Europea Bernardito Aúza y Cleopas. El domingo 18, el servicio contará con la presidencia del cardenal emérito de Valencia Antonio María Rouco Varela y será amenizado por Hakuna; el sábado 24 habrá procesión con las reliquias y el domingo 25 será el servicio de clausura presidido por Miguel de María Márquez Calle, superior general del Carmelo Descalzo.
  
Santa Teresa murió el 4 de Octubre de 1582 (al día siguiente, al adoptarse en España el calendario gregoriano, pasó a 15, cuando fue sepultada aprisa). Nueve meses después, cuando fue exhumado a pedido de las religiosas, su cadáver fue hallado incorrupto, y del cual se extrajeron varias reliquias, como el corazón transverberado, la mano derecha (conservada en el Convento de la Encarnación en Ávila, cuna de la reforma teresiana) o el brazo izquierdo (que había conservado consigo el Generalísimo Franco desde 1937 hasta su muerte).

sábado, 5 de octubre de 2024

MES DE LOS SANTOS ÁNGELES – DÍA QUINTO

Dispuesto por el padre Alejo Romero, y publicado en Morelia en 1893, con licencia eclesiástica.
  
MES DE OCTUBRE, CONSAGRADO A LOS SANTOS ÁNGELES, EN QUE SE EXPONEN SUS EXCELENCIAS, PRERROGATIVAS Y OFICIOS, SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA SAGRADA ESCRITURA, LOS SANTOS PADRES Y DOCTORES DE LA IGLESIA.
 
ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Soberano Señor del mundo, ante quien doblan reverentes la rodilla todas las criaturas del cielo, de la tierra y del infierno; miradnos aquí postrados en vuestra divina presencia para rendiros los homenajes de amor, adoración y respeto que son debidos a vuestra excelsa majestad y elevada grandeza. Venimos a contemplar durante este mes las excelencias, prerrogativas y oficios con que habéis enriquecido en beneficio nuestro a esos espíritus sublimes que, como lámparas ardientes, están eternamente alrededor de vuestro trono, haciendo brillar vuestras divinas perfecciones. Oh Sol hermoso de las inteligencias, que llenáis de inmensos resplandores todo el empíreo, arrojad sobre nuestras almas un destello de esos fulgores, a fin de que, conociendo la malicia profunda del pecado, lo aborrezcamos con todas nuestras fuerzas, y se encienda en nuestros corazones la viva llama del amor divino, para que podamos camina por los senderos de la virtud, hasta llegar a la celestial Jerusalén, donde unamos nuestras alabanzas a las de los angélicos espíritus y bienaventurados, para glorificarlos por toda la eternidad. Amén.
   
DÍA QUINTO – AMOR DE LOS ÁNGELES
   
MEDITACIÓN
PUNTO 1º. Considera, alma mía, que los Ángeles, siendo espíritus, están por esto mismo dotados de voluntad, o sea la facultad de querer el bien, la cual tiene una relación tan estrecha con el entendimiento, que a medida que crece el conocimiento del bien, aumenta también en proporción la inclinación o adhesión de la voluntad hasta aquel grado que se llama amor, el cual no es otra cosa que la misma adhesión de la voluntad a un bien determinado, en cuanto que produce la unión del amante con el objeto amado, llenándolo de dulce arrobamiento. Así, pues, mientras más se conoce la bondad de un objeto; más se ama, y como los Ángeles, según vimos ayer, tienen un conocimiento elevadísimo no sólo de la bondad de Dios y de sí mismos, sino también de la de todos los demás seres de la creación, considera cuál será el amor que profesan a Dios, el que se tienen entre sí mismos y a nosotros por Dios. Si el entendimiento tiende a atraer y a unir los objetos de fuera a sí mismo, ya que no en la realidad, al menos en sus semejanzas intelectuales que los representan; la voluntad, por el contrario, o el amor tiende a unirse con el objeto amado, a ser una y misma cosa con él casi olvidándose de sí mismo. Los ángeles aman, pues, a Dios con un amor vehementísimo; aquel cúmulo de perfecciones atrae como un poderoso imán al hierro a sus corazones, que se sumergen en un piélago de éxtasis o arrobamientos tan dulces y deleitosos, que esto mismo constituye toda su felicidad o bienaventuranza.
    
PUNTO 2º. Pero los Ángeles, al amar a Dios con un afecto tan crecido e inefable, no dejan de amar los demás bienes que no sean Dios y especialmente las criaturas racionales: en primer lugar, porque no pierden el conocimiento de su bondad, pues que ésta es el objeto del amor y los seres criados son todos buenos, según la expresión del Sagrado Texto: vio Dios todas las cosas que había criado y eran muy buenas, «Vidit Deus cuncta quæ fécerat, et erant valde bona» y como conocen todos estos bienes, no pueden menos que amarlos; en segundo lugar, porque al hacerse una misma cosa con Dios participan de su misma naturaleza, puesto que Dios es amor, es caridad, «Deus cháritas est». Por consiguiente, cuanto Dios ama, ellos también lo aman necesariamente; y como las criaturas racionales y su perfección moral son el objeto predilecto del amor de Dios, he aquí porque también los Ángeles nos aman sobremanera a nosotros, criaturas racionales. Aún hay más razones que nos demuestran cuán grande, cuán sumo es el amor de los Ángeles para con nosotros los hombres. El bien es de sí mismo difusivo, «bonum est diffusívum sui»; pues bien, Dios para reparar todos los males que el género humano ha contraído por culpa del primer hombre, y para darnos una prueba la más patente de su infinito amor, no vacilo en dar al mundo a su Unigénito Hijo; «Sic Deus diléxit mundum, ut Filium suum unigénitum daret» y tomó nuestra naturaleza, se Hizo Dios y hombre, padeciendo v muriendo por la humanidad entera; desde entonces quedamos todos los hombres hijos de Dios, hermanos suyos, miembros del cuerpo místico de Jesucristo que es Dios. Los espíritus angélicos contemplan asombrados nuestro ser así enaltecido, sublimado elevado y convertido en cierto modo en la misma Divinidad y superior al ser de ellos bajo este aspecto, y entonces prorrumpen en alabanzas a su Criador; nos rinden sus respetos, y sus corazones saltando de amor en sus pechos, no anhelan ni quieren para nosotros más que lo que Dios anhela y quiere, es decir, nuestra salvación y nuestra felicidad y esto no es más que amarnos.
   
JACULATORIA
Ángeles que os consumís de amor en el fuego de la caridad divina, abrasad nuestros corazones.
    
PRÁCTICA
Sed muy devotos de los Serafines a quienes se atribuye un amor más ardiente que a los demás Ángeles, y exclamad frecuentemente con ellos: «Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos; llenos están los cielos y la tierra de vuestra gloria y majestad». Se rezan tres Padre Nuestros y tres Ave Marías con Gloria Patri, y se ofrecen con la siguiente:
   
ORACIÓN
Espíritus dichosos, Ángeles amantes, y en particular vosotros, enamorados Serafines, que os estáis abrasando eternamente en aquel fuego inextinguible de la Divinidad, desprended de ese incendio de amor algunas chispas que, cayendo en nuestros helados corazones, los inflamen de tal modo que se conviertan en llamas vivientes del amor divino, y se hagan un solo corazón aquí en la tierra con el corazón amorosísimo de Jesús Sacramentado. Amén.
   
EJEMPLOS
La gran Doctora, el Serafín humanado, Santa Teresa de Jesús, en su vida escrita por ella misma, refiere lo siguiente: «Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión, veía un Ángel cerca de mí hacia el lado izquierdo en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla, aunque muchas veces se me representan Ángeles sin verlos, sino como la visión pasada, que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese ansí, no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido, que parecía de los Ángeles muy subidos que parece todos se abrasan: deben ser los que llaman Serafines, que los nombres no me lo dicen, más bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos Ángeles a otros, y de otros a otros, que no lo sabría decir. Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces, y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacia dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay que desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios» [Vida de Santa Teresa, cap. XXIX, n. 11].
     
ORACIÓN A LA REINA DE LOS ÁNGELES PARA TODOS LOS DÍAS
Oh, María, la más pura de las vírgenes, que por vuestra grande humildad y heroicas virtudes, merecisteis ser la Madre del Redentor del mundo, y por esto mismo ser constituida Reina del universo y colocada en un majestuoso trono, desde donde tierna y compasiva miráis las desgracias de la humanidad, para remediarlas con solicitud maternal; compadeceos, augusta Madre, de nuestras grandes desventuras. El mundo no ha dejado en nosotros más que tristes decepciones y amargos desengaños; en vano hemos corrido en pos de la felicidad mentida que promete a sus adoradores, pues no hemos probado otra cosa que la hiel amarga del remordimiento, y nuestros ojos han derramado abundantes lágrimas que no han podido enjugar nuestros hermanos. Por todas partes nos persiguen legiones infernales incitándonos al mal, y no tenemos otro abrigo que refugiarnos bajo los pliegues de vuestro manto virginal, como los polluelos perseguidos por el milano no tienen otro asilo que agruparse bajo las alas del ave que les dio el ser. Por esto, desde el fondo de nuestras amarguras clamamos a Vos para que enviéis hasta nosotros y para nuestra defensa a los espíritus angélicos, de quienes sois la Reina y Soberana, a fin de que nos libren de sus astutas asechanzas y nos guíen por el recto camino de la felicidad. Amén.

jueves, 29 de agosto de 2024

ABREN SEPULCRO DE SANTA TERESA

Elementos tomados de distintas fuentes.
   

Por primera vez desde el 16 de Agosto de 1914, la tumba de Santa Teresa de Jesús de Ávila (1515-1582) fue abierta el 28 de Agosto. La Diócesis de Ávila anunció que el cuerpo permanece “incorrupto”.
   
Un tribunal se conformó para esta ocasión por el obispón de Salamanca y Ciudad Rodrigo José Luis Retana Gozalointegrado por Francisco del Buen Pastor Sánchez Oreja OCD (provincial descalzo de la Provincia Española “Santa Teresa de Jesús”) como delegado episcopal, Miguel Ángel de Santa Teresa Díez González OCD (prior de Alba de Tormes y Salamanca) como promotor de justicia, y sor Remigia Blázquez Martín (superiora de las Hijas de la Caridad de Alba de Tormes) quien funge de notaria.
   
«La fe y la ciencia se ayudan mutuamente y son reconciliables. Por medio de esta última se descubren muchas cosas y con los medios actuales pretendemos tener un mayor conocimiento de Santa Teresa de Jesús, así como una mayor profundización en distintos aspectos de su vida»comentó el prior a Televisión Española.
   
La tumba se encuentra en el convento de la Anunciación de Alba de Tormes, la localidad donde murió Santa Teresa. Para abrir el ataúd (trasladado del monasterio de San Pablo de los Montes y donado por el rey Fernando VI “El Justo”) que contiene las reliquias se necesitan 10 llaves diferentes: tres del convento de Alba de Tormes, otras tantas del Duque de Alba, tres más del Padre general de los carmelitas en Roma, y una (la del arca interior, de plata) del Rey de España (aunque esta solo es ceremonial, sin uso especial en el proceso).
   
El prior describió la apertura y traslación de las reliquias en los siguientes términos:
«A primera hora de la mañana la comunidad de Madres Carmelitas Descalzas junto con el Postulador General de la Orden, los miembros del tribunal eclesiástico y un reducido grupo de religiosos hemos trasladado con austeridad y solemnidad los relicarios al lugar habilitado para el estudio. Lo hemos hecho cantando el Te Deum con el corazón lleno de emoción».
Al estudio de las reliquias en Alba de Tormes (el cuerpo y el corazón) se suman el del brazo (conservado en Ávila) y el de la mano izquierda de Santa Teresa (conservada en el convento del Corazón Eucarístico de Jesús de Ronda, y que fue particularmente venerada y custodiada por el Generalísimo Franco después de recuperarla del espolio republicano en 1937). Esta última reliquia llegó al convento el día 27, fiesta de la Transverberación de Santa Teresa.
   
   
El equipo de investigación pasará los próximos cuatro días estudiando las reliquias, esperando saber más sobre la vida de la santa, incluidos los tipos de enfermedades que padeció.
   
«Sabemos que los últimos años fueron difíciles para ella en caminar, en los dolores que ella misma describe. A veces, mirando un cuerpo, se descubre más de lo que la persona tenía. Analizando el pie en Roma, vimos la presencia de espinas calcáreas que hacen casi imposible caminar. Pero ella caminaba. Llegó a Alba de Tormes y, luego, la muerte, pero su deseo era seguir y seguir adelante, a pesar de los defectos físicos», dijo el postulador general Marco del Sagrado Corazón de Jesús Chiesa OCD.
   
Posterior a la apertura, se realizarán los trabajos de reconocimiento visual, toma de fotografías y radiografías por parte de un equipo especializado y de última generación de Madrid, que estará dirigido por el doctor José Antonio Ruiz de Alegría y Felones, de la empresa Subcontratación y Servicios Madrid, S.L. Al mismo tiempo, se realizará la limpieza de los relicarios con apoyo de los orfebres salmantinos Ignacio Manzano Martín y Constantino Martín Jaén. Concluida esta fase inicial, se cerrarán los relicarios y se llevará nuevamente al Carmelo de Ronda la reliquia de la mano de la Santa, por el año jubilar que se celebra allá por el centenario de su fundación bajo el bienaventurado Manuel González García († 1940), “El obispo de los Sagrarios abandonados”.
   
El equipo médico y científico encargado de estudiar las reliquias, dirigido por el profesor Luigi Capasso (que analizó la reliquia del pie de Santa Teresa en el convento romano de Santa María de la Escala) encontró el cuerpo en el mismo estado en que se encontraba hace 110 años, según las fotografías tomadas entonces por fray Eliseo de San José.
  
   
Según la crónica del padre Daniel de Pablo Maroto OCD, la ostensión de 1914 se dio bajo autorización de San Pío X porque el padre general de los Carmelitas Descalzos, Clemente de los Santos Faustino y Jovita (en el siglo Faustino Mazzola) quiso aprovechar su visita a España para ver el cuerpo de los santos fundadores: San Juan de la Cruz, en Segovia, y de Santa Teresa, en Alba. Se halló que el cuerpo estaba seguía “con entera incorrupción”, la misma condición que tenía en un reconocimiento habido en 1750.
   
En la segunda fase, se estudiarán todos los elementos tomados en los laboratorios de Italia por parte del equipo de médicos y científicos participantes, lo cual tomará varios meses y, a su finalización, se publicarán los resultados del estudio y las conclusiones científicas.
   
Por último, en Alba de Tormes se presentarán algunas intervenciones para la mejor conservación del cuerpo y de las reliquias, trasladándose de nuevo la reliquia de la mano de Santa Teresa a Alba de Tormes  (es de advertir que el convento de Ronda, donde se conserva esta reliquia desde 1976 tras su restitución por la viuda del Generalísimo doña Carmen Polo y su hija la doña María del Carmen Franco Polo, I Duquesa de Franco, estaría próximo a cerrarse por la endémica falta de vocaciones en la Secta del Vaticano II y hay pleito sobre el lugar donde se conservará la reliquia). Se cerrarán y se sellarán el sepulcro y los relicarios con la ayuda de los orfebres, asegurando la conservación de las reliquias.
  
Un estudio similar se hizo en Segovia a las reliquias de San Juan de la Cruz en 1991, con ocasión del IV centenario de su muerte.

viernes, 15 de octubre de 2021

DÍA QUINCE EN HONOR A SANTA TERESA DE JESÚS

Ejercicio dispuesto por un devoto de Santa Teresa de Jesús, reimpreso para las religiosas Carmelitas Descalzas de La Habana a costa del Dr. Don José Joaquín de España en la oficina del Real Seminario Palafoxiano de la Puebla de los Ángeles en 1796.
   
DÍA QUINCE: EJERCICIO EN HONOR DE LA ADMIRABLE VIRGEN, SERÁFICA DOCTORA Y MADRE SANTA TERESA DE JESÚS
   
   
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN 
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, te conozco y adoro por el inestimable beneficio de la Fe, te debo amar sobre todas las cosas; pero he hecho lo contrario, ofendiéndote enormísimamente con mis ingratitudes. Si yo pudiera deshacerlas con mi dolor, aunque fuese a costa de mi vida, moriría gustoso en este instante. Bórralas tú según la multitud de tus misericordias. Yo las siento sólo por ser ofensas de tu inefable bondad. Tú mismo me mandas que espere de ella el perdón de mis yerros. Sería toda mi desdicha y el mayor de mis pecados no cumplir este suave y amoroso precepto. Confío pues, Dios mío, confío que me has de perdonar. Perdóname por ti mismo, y por la intercesión de MARÍA Santísima, Madre tuya y Madre de pecadores, por la de tu Padre Putativo el Señor San JOSÉ, por la de tu amada Esposa SANTA TERESA DE JESÚS, y por la de todos tus Santos. Amén.
   
ELOGIOS DE SANTA TERESA
Trono de las glorias de Dios.
Esposa verdadera de Cristo.
Recreo de sus amores.
Erario de sus arcanos.
Sabia Doctora de su Iglesia.
Amabilísima Madre Santa Teresa de Jesús, asístenos en las congojas de la vida y ampáranos en las batallas de la muerte.
   
Se rezarán seis Ave Marías en honra de las seis letras del Nombre de la Seráfica Santa Madre.
   
ORACIÓN
Amantísima Madre mía Santa TERESA DE JESÚS, yo te entrego mi pobre alma, mi cuerpo, y todo cuanto soy, para que hagas que en el día de hoy, y en todos los de mi vida, ame verdaderamente a mi Señor Jesucristo, y le vea benigno en mi muerte. Amén.
  
ORACIÓN
Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, te ruego por la intercesión y méritos de mi amada Madre Santa TERESA DE JESÚS, me des tu amor y gracia para servirte con fidelidad en la vida, y triunfar de mis enemigos en la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina por todos los siglos de los siglos. Amén.
    
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 23 de marzo de 2020

APRENDER A SUFRIR

«Este cuerpo tiene una falta, que cuando más se le engorda más se conocen sus necesidades.
¡Oh tú, que estas libre de las grandes molestias del mundo, aprende a sufrir un poco por el amor de Dios, sin que nadie lo sepa!
     
Y recuerda a nuestros santos padres de otros tiempos y a los santos ermitaños cuya vida tratamos de imitar; ¡cuántos dolores sufrieron, cuánta soledad, cuánto frío, cuánta hambre, cuántos soles ardientes sin que tuvieran a nadie con quien quejarse, excepto Dios! ¿Crees que eran de hierro?
  
Dios nos libre de cualquiera que desee servirle y piense en su propia dignidad y tema caer en desgracia… No hay veneno en el mundo que mate a la perfección como lo hacen tales cosas…
  
Algunas veces el diablo nos propone grandes deseos, de modo que no pongamos la mano sobre aquello que debemos hacer y sirvamos al Señor en las cosas posibles, sino que quedemos contentos habiendo deseado las imposibles. Concediendo que podéis hallar gran ayuda en la oración, no tratéis de que todo el mundo se beneficie, sino aquellas que están en vuestra compañía, y así el trabajo será mejor, pues estaréis mucho más allegados a Él».
   
SANTA TERESA DE ÁVILA, “Las Moradas o Castillo Interior” (Extractos).

lunes, 25 de febrero de 2019

BUENA COMPAÑÍA EN LA CRUZ ES LA VIRGEN MARÍA

 
«Es larga la vida, y hay en ella muchos trabajos, y hemos menester mirar a nuestro dechado, Cristo, cómo los pasó, y aun a sus apóstoles y Santos, para llevarlos con perfección. Es muy buena compañía el buen Jesús para no apartarnos de ella, su sacratísima Madre, y Él gusta mucho de que nos dolamos de sus penas, aunque dejemos nuestro contento y gusto algunas veces» (SANTA TERESA DE ÁVILA, Las Moradas del Castillo interior, Moradas Sextas, cap. VII, 13).

viernes, 9 de noviembre de 2018

ORACIÓN FERVIENTE DE SANTA TERESA FRENTE LAS ACTUALES NECESIDADES DE LA IGLESIA

  
Padre Santo, que estáis en los cielos, no sois Vos desagradecido, para que piense yo dejaréis de hacer lo que os suplicamos, para honra de vuestro Hijo. No por nosotros, Señor, que no lo merecemos, sino por la Sangre de vuestro Hijo y sus merecimientos, y de su Madre gloriosa, y de tantos mártires y santos como han muerto por Vos.
  
¡Oh Padre Eterno! Mirad que no son de olvidar tantos azotes e injurias y tan gravísimos tormentos. Pues, Creador mío, ¿cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas como las vuestras que lo que se hizo con tan ardiente amor de vuestro Hijo, y por más contentaros a Vos, que mandaste nos amase, sea tenido en tan poco, como hoy día tienen esos herejes al Santísimo Sacramento, que le quitan sus posadas, deshaciendo las iglesias?
 
Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como dicen, pues le levantan mil testimonios: quieren poner su Iglesia por el suelo: desechos los templos, perdidas tantas almas, los Sacramentos quitados.
 
Pues, ¿qué es esto, mi Señor y mi Dios? O dad fin al mundo, o poned remedio en tan gravísimos males, que no hay corazón que los sufra, aún de los que somos ruines.
 
Os suplico, pues, Padre Eterno que no lo sufráis ya Vos, atajad este fuego, Señor, que si queréis, podéis; algún medio ha de haber, Señor mío: póngalo Vuestra Majestad.
  
Mirad, Dios mío, mis deseos, y las lágrimas con que esto os suplico: y olvidad mis obras, por quien Vos sois, y habed lástima de tantas almas como se pierden y favoreced vuestra Iglesia. No permitáis ya más daños en la Cristiandad, Señor; dad ya luz a estas tinieblas. Ya Señor, ya Señor, haced que sosiegue este mar. No ande siempre en tanta tempestad esta nave de la Iglesia, y salvadnos, Señor mío, que perecemos. Amén.

Oración entresacada del Camino de Perfección, de Santa Teresa de Jesús.

jueves, 13 de septiembre de 2018

LEX ORÁNDI, LEX CREDÉNDI

  
LEX ORÁNDI, LEX CREDÉNDI
PADRE RAÚL SÁNCHEZ ABELENDA
  
Punto primero
No por conocido pierde actualidad este adagio dogmático-moral cuya formulación data de comienzos del siglo V en los escritos eclesiásticos [1] Y bien estampó Santa Teresa de Ávila que el progreso de la vida ascética en un todo va a la medida con el progreso en la vida de oración. La santidad se arraiga y consolida, fructifica y se dilata en la verdad y la caridad de Dios y a Dios se accede por la oración. A través de la oración se ejerce la virtud moral por excelencia, la religión, que iluminada por la fe, espoleada por la esperanza y nutrida por la caridad, nos asimila a Dios conforme a las exigencias de la participación real de su Divina Naturaleza en nuestra naturaleza creada, sobrenaturalizada por la Gracia [2] Toda exteriorización farisaica y todo pelagianismo endógeno quedan, así, excluidos y curados de raíz.
  
La vivencia ‒y no la mera y periférica aseveración polémica‒ del “extra Ecclésiam nulla salus”, cimiento y condición sine qua non del genuino ecumenismo que por naturaleza es soteriológico, nos urge, en aras de la virtud de la religión, el sentido y la necesidad de orar por la Iglesia. Aquí se da una reciprocidad causal por cierto vinculante: no sólo la Iglesia reza por nosotros ‒y en este orden no hay solución de continuidad ontológica entre la Esposa y el Esposo, entre el Cuerpo Místico y la Cabeza‒ sino que también nos confiere la aptitud y la capacidad de orar por ella. Por sus necesidades vitales. Pero, en este orden, con una variante: somos nosotros, miembros de la Iglesia, los que oramos por ella, poniendo en juego nuestra fidelidad filial, que es de la misma naturaleza que nuestra libre aceptación de Dios. Mal se puede orar a Dios, ser religiosos con Él, si se rechaza o tergiversa en un ápice su Revelación, lo que Él mismo nos ha revelado de Sí mismo para nuestro bien, en suma su Voluntad salvífica con todo lo que implica y todo lo que nos exige, la mutua correspondencia entre su Gracia y nuestra libertad.
  
El rechazo de la Revelación y de la Gracia no lo mengua a Dios en Sí mismo, pero sí desgarra a su Iglesia, hasta desnaturalizarla, en la medida en que se pretende tener conciencia de seguir integrándola. La herejía, el cisma, el naturalismo religioso, el ecumenismo igualitario e intramundano, mutilan y destruyen la realidad del principio “extra Ecclésiam nulla salus”.
  
Para creer así en la verdad de la Iglesia, que por encima de cualquier otra entidad legítima es sustancialmente el Cuerpo Místico de Cristo y Su esposa, urge y es necesario ‒porque “lex credéndi, lex orándi”‒ rezar [3] por las intenciones clásicas de los Romanos Pontífices: 1º) Por la extirpación de las herejías, 2º) Por la propagación de la fe, 3º) Por la conversión de los pecadores y 4º) Por la paz entre los príncipes cristianos. Esta sencillez gradual de prioridades es significativa: sin la incolumidad de la Iglesia en la integridad de su e y todo lo que ésta conlleva ‒“Ecclésia est constitúta supra fidem et sacraménta fidei”, dice Santo Tomás (Suma Teológica, parte III, cuestión 64, artículo 2, respuesta a la objeción 3ª)‒, no puede propagarse esta fe ni ser instrumento de conversión del pecador a la vida de la Gracia, ni, por añadidura ‒la añadidura histórica, como la hubo y la debe haber, de la cristiandad‒, concitar y afianzar la paz entre las repúblicas que reconocen el vasallaje de Cristo Rey.
 
El punto 1º) tiene por eco el “Ut inimícos sanctæ Ecclésiæ humiliáre dignéris…”. No hay peor enemigo que el enemigo endógeno, instrumento de temores de muerte. Los puntos 2º) y 3º) suplican: “Ut omnes errántes ad unitátem Ecclésiæ revocáre, et infidéles univérses ad Evangélii lumen perdúcere dignéris…”. El punto 4º) ruega: “Ut régibus, et princípibus Christiánis pacem, et veram concórdiam donáre dignéris…”, y su consecuencia lógica: “Ut cuncto pópulo Christiáno, pacem et unitátem largíre dignéris…”.
 
¿Han desaparecido, no son necesarias, no son “importantes”, son de “perfil bajo” como ahora suele decirse, son trasnochadas o pueriles estas intenciones de nuestra plegaria por la Iglesia? Como se cree se reza y como se reza se cree. “Ut Ecclésiam tuam sanctam régere, et conserváre dignéris…” [4].
  
Punto segundo
En relación con lo expuesto es oportuno tener presente las razones y motivos que señala el célebre “Exorcísmus in Sátanam et Ángelos Apostáticos”, promulgado por mandato del Papa León XIII con fecha 18 de mayo de 1890. El texto original de este documento (pues ediciones posteriores del Rituále Románum, v.gr. la edición típica del año 1952, pp. 873-878, lo traen mutilado), en su Plegaria a San Miguel Arcángel marca con fuerza que nuestra lucha con el Demonio es “cuerpo a cuerpo” y cuya soberbia, en su afán de borrar todo lo que es cristiano, lo impele, e incluso transfigurado en ángel de luz, a poner su trono de perfidia y abominación en la misma Cátedra Romana (“ubi sedes beatíssimi Petri et Cáthedra veritátis ad lucen géntium constitúta est”): faena abominable y tiránica del enemigo del género humano, dragón inmenso y serpiente antigua (Apocalipsis, XII), “homicida desde el principio”, que realiza mediante los hombres depravados en su inteligencia y corrompidos en su corazón, mentirosos, impíos y blasfemos, con su plétora de vicios, merced al influjo letal del espíritu de las tinieblas que bien sabe que “herido el pastor, se dispersa el rebaño que él devora”. Por eso nos urge el mencionado Sumo Pontífice a orar para evitarle a la Iglesia tanto daño.
 
Colofón
En este tenor oraba Santa Teresa de Ávila para pedir remedio en las necesidades de la Iglesia:
Padre Santo que estáis en los cielos, no sois Vos desagradecido, para que piense yo dejaréis de hacer lo que os suplicamos, a honra de vuestro Hijo. No por nosotros, Señor, que no lo merecemos, sino por la sangre de vuestro Hijo y sus merecimientos, y de su Madre gloriosa, y de tantos mártires y santos como han muerto por Vos. ¡Oh Padre Eterno! Mirad que no son de olvidar tantos azotes e injurias y tan gravísimos tormentos. Pues, Criador mío, ¿cómo pueden sufrir unas entrañas tan amorosas como las vuestras que lo que se hico con tan ardiente amor de vuestro Hijo sea tenido en tan poco? Estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo; quieren poner su Iglesia por el suelo: deshechos los templos, perdidas tantas almas, los Sacramentos quitados. Pues, ¿qué es esto, mi Señor y mi Dios? O dad fin al mundo, o poned remedio en tan gravísimos males, que no hay corazón que los sufra, aún de los que somos ruines. Suplicoos, pues, Padre Eterno, que no lo sufráis ya Vos, atajad este fuego, Señor, que si queréis, podéis; algún medio ha de haber, Señor mío; póngale vuestra Majestad.
 
“Habed lástima de tantas almas como se pierden, y favoreced vuestra Iglesia. No permitáis ya más daños en la cristiandad. Señor: dad ya luz a estas tinieblas. Ya, Señor; ya, Señor, haced que sosiegue este mar; no ande siempre en tanta tempestad esta nave de la Iglesia, y salvadnos, Señor mío, que perecemos” (Del “Camino de perfección”).
   
El Padre Raúl Sánchez Abelenda Ph.D. (1929-1996) fue profesor del Seminario “Nuestra Señora Corredentora” de La Reja y colaborador en el Priorato “San Pío X” de Buenos Aires, donde tenía a su cargo rezar la Misa de 11:00 de cada domingo.
  
NOTAS
[1] De suerte que la ley de la oración establezca la ley de la fe (“legem credéndi lex statúat supplicándi”).
[2] Así lo señala San Pío X en su Carta del 7 de marzo de 1914. Respecto de la intrínseca relación entre la oración y la virtud de la religión, cfr. Santo Tomás, Suma Teológica, parte II-IIæ, cuestión 83, artículo 3, respuesta a las objeciones 1 y 3 (“orátio præéminet áliis áctibus religiónis”).
[3] Conforme a las Normas I y II del “Manual de las Indulgencias”.
[4] 1º) Que te dignes abatir a los enemigos de la santa Iglesia; 2º) Que te dignes devolver a la unidad de la Iglesia a todos los que viven en el error, y traer a la luz del Evangelio a todos los infieles; 3º) Que te dignes conceder una verdadera paz a los reyes y príncipes cristianos; Que te dignes dar a todo el pueblo cristiano paz y unión; 4º) Que te dignes regir y conservar tu Iglesia.

domingo, 15 de octubre de 2017

MISA DE SANTA TERESA DE JESÚS

Del Misal Romano de San Pío V -la Misa “Dilexísti” es la del Común de las Vírgenes, aunque con oraciones propias-. La Misa Votiva, que cuenta con Prefacio propio, es del Propio de España y la Orden Carmelita Descalza.
  
Die 15 Octobris
Sancta Terésiæ, Vírginis.
Duplex
  
Introitus. Ps. 44, 8. Dilexísti justítiam, et odísti iniquitátem: proptérea unxit te Deus, Deus tuus, óleo lætítiae præ consórtibus tuis. (T. P. Allelúja, allelúja.) Ps. ibid., 2. Eructávit cor meum verbum bonum: dico ego ópera mea Regi. ℣. Glória Patri.
 
ORATIO
Exáudi nos, Deus, salutáris noster: ut, sicut de beátæ Terésiæ Vírginis tuæ festivitáte gaudémus; ita cœléstis ejus doctrínæ pábulo nutriámur, et piæ devotiónis erudiámur affectu. Per Dóminum.
  
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Coríntios.
2. Cor. 10, 17-18; 11, 1-2.
  
Fratres: Qui gloriátur, in Dómino gloriétur. Non enim, qui seípsum comméndat, ille probátus est; sed quem Deus comméndat. Útinam sustinerétis módicum quid insipiéntiæ meæ, sed et supportáte me: ǽmulor enim vos Dei æmulatióne. Despóndi enim vos uni viro vírginem castam exhibére Christo.
 
Graduale. Ps. 44, 15. Spécie tua et pulchritúdine tua inténde, próspere procéde et regna.
℣. Propter veritátem et mansuetúdinem et justítiam: et dedúcet te mirabíliter déxtera tua.
 
Allelúja, allelúja. ℣. Ibid., 15 et 16. Adducántur Regi Vírgines post eam: próximæ ejus afferéntur tibi in lætítia. Allelúja
 
Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Ps. 44, 11 et 12.
Audi, fília, et vide, et inclína aurem tuam: quia concupívit Rex spéciem tuam.
℣. Ibid., 13 et 10. Vultum tuum deprecabúntur omnes dívites plebis: fíliæ regum in honóre tuo.
℣. Ibid., 15-16. Adducéntur Regi Vírgines post eam: próximæ ejus afferéntur tibi.
℣. Afferéntur in lætítia et exsultatióne: adducántur in templum Regis.
   
Tempore autem Pascháli omittitur Graduale, et ejus loco dicitur:
Allelúja, allelúja.
℣. Ps. 44, 15 et 16. Adducéntur Regi Vírgines post eam: próximæ ejus afferéntur tibi in lætítia. Allelúja.
℣. Ibid., 5. Spécie tua et pulchritúdine tua inténde, próspere procéde et regna. Allelúja.
 
✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
Matth. 25, 1-13.
   
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis parábolam hanc: Simile erit regnum cœlórum decem virgínibus: quæ, accipiéntes lámpades suas, exiérunt óbviam sponso et sponsæ. Quinque autem ex eis erant fátuæ, et quinque prudéntes: sed quinque fátuæ, accéptis lampádibus, non sumpsérunt óleum secum: prudéntes vero accepérunt óleum in vasis suis cum lampádibus. Horam autem faciénte sponso, dormitavérunt omnes et dormiérunt. Média autem nocte clamor factus est: Ecce, sponsus venit, exíte óbviam ei. Tunc surrexérunt omnes vírgines illæ, et ornavérunt lámpades suas. Fátuæ autem sapiéntibus dixérunt: Date nobis de óleo vestro: quia lámpades nostræ exstinguúntur. Respondérunt prudéntes, dicéntes: Ne forte non suffíciat nobis et vobis, ite pótius ad vendéntes, et émite vobis. Dum autem irent émere, venit sponsus: et quæ parátæ erant, intravérunt cum eo ad núptias, et clausa est jánua. Novíssime vero véniunt et réliquæ vírgines, dicéntes: Dómine, Dómine, apéri nobis. At ille respóndens, ait: Amen, dico vobis, néscio vos. Vigiláte ítaque, quia nescítis diem neque horam.
 
Offertorium. Ps. 44, 10. Fíliæ regum in honóre tuo, ástitit regína a dextris tuis in vestítu deauráto, circúmdata varietate. (T. P. Allelúja.)
  
SECRETA
Accépta tibi sit, Dómine, sacrátæ plebis oblátio pro tuórum honóre Sanctórum: quórum se méritis de tribulatióne percepísse cognóscit auxílium. Per Dóminum
  
Communio. Matth. 25, 4 et 6. Quinque prudéntes vírgines accepérunt óleum in vasis suis cum lampádibus: média autem nocte clamor factus est: Ecce, sponsus venit: exite óbviam Christo Dómino. (T. P. Allelúja.)
 
POSTCOMMUNIO
Satiásti, Dómine, famíliam tuam munéribus sacris: ejus, quǽsumus, semper interventióne nos réfove, cujus sollémnia celebrámus. Per Dóminum.
  
Infrascriptæ Missæ de Sancta Teresia, ex Proprium Diœcesibus Hispaniæ et Ordo Fratrum Discalceatorum Beatissimæ Mariæ Virginis de Monte Carmelo, dici possunt ut festivæ ubicumque, ad libitum sacerdotis, juxta rubricas. Similiter hujusmodi Missæ dici possunt etiam ut votivæ, nisi aliqua expresse excipiatur:
  
Die 15 Octobris
Sancta Terésiæ, Vírginis ac Matris Nostræ.
Altera Missa
 
Introitus. 3. Reg. 4, 29. Dedit ei Dóminus sapiéntiam, et prudéntiam multam nimis, et latitúdinem cordis, quasi arénam quæ est in líttore maris. (T. P. Allelúja, allelúja.) Ps. 97, 1. Cantáte Dómino cánticum novum: quóniam mirabília fecit. ℣. Glória Patri.
 
ORATIO
Exáudi nos, Deus, salutáris noster: ut, sicut de beátæ Terésiæ Vírginis tuæ et Matris Nostræ festivitáte gaudémus; ita cœléstis ejus doctrínæ pábulo nutriámur, et piæ devotiónis erudiámur affectu. Per Dóminum.
  
Léctio Libri Sapiéntiæ.
Sap. 7, 7-14.
  
Optávi, et datus est mihi sensus: et invocávi, et venit in me spíritus sapiéntiæ: et præpósui illam regnis et sédibus, et divítias nihil esse duxi in comparatióne illíus: nec comparávi illi lápidem pretiósum: quóniam omne aurum in comparatióne illíus arena est exígua, et tamquam lutum æstimábitur argéntum in conspéctu illíus. Super salútem et spéciem diléxi illam, et propósui pro luce habére illam: quóniam inexstinguíbile est lumen illíus. Venérunt autem mihi ómnia bona páriter cum illa, et innumerábilis honéstas per manus illíus, et lætátus sum in ómnibus: quóniam antecedébat me ista sapiéntia, et ignorábam, quóniam horum ómnium mater est. Quam sine fictióne dídici et sine invídia commúnico, et honestátem illíus non abscóndo. Infinítus enim thesáurus est homínibus: quo qui usi sunt, partícipes facti sunt amicítiæ Dei, propter disciplínæ dona commendáti.
 
Graduale. Eccli. 51, 24-25. Danti mihi sapiéntiam dabo glóriam: zeláta sum bonum, et non confúndar.
℣. Coluctáta est ánima mea in illa, et in faciéndo eam confirmáta sum.
 
Allelúja, allelúja. ℣. Ps. 118, 130. Declarátio sermónum tuórum, Dómine, illúminat: et intelléctum dat párvulis. Allelúja.
 
Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Isa. 54, 6, 8 et 11.
Ut muliérem derelíctam et mœréntem spíritu vocávit me Dóminus.
℣. Dixit: Abscóndi fáciem meam parumper a te, et in misericórdia sempitérna misértus sum tui.
℣. Paupércula tempestáte convúlsa, absque ulla consolatióne: in justítia fundáberis, et non timébis.
   
Tempore autem Pascháli omittitur Graduale, et ejus loco dicitur:
Allelúja, allelúja.
℣. Apoc. 19, 19. Gaudeámus et demus glóriam ei: quia venérunt núptiæ Agni, et uxor ejus præparávit. Allelúja.
℣. Isa. 35, 2. Exsultávit lætabúnda et laudans: glória Líbani data est ei: decor Carméli et Saron. Allelúja.
 
✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
Matth. 11, 25-30.
   
In illo témpore: Respóndens Jesus, dixit: Confíteor tibi, Pater, Dómine cœli et terræ, quia abscondísti hæc a sapiéntibus et prudéntibus, et revelásti ea párvulis. Ita, Pater: quóniam sic fuit plácitum ante te. Ómnia mihi trádita sunt a Patre meo. Et nemo novit Fílium nisi Pater: neque Patrem quis novit nisi Fílius, et cui volúerit Fílius reveláre. Veníte ad me, omnes, qui laborátis et oneráti estis, et ego refíciam vos. Tóllite jugum meum super vos, et díscite a me, quia mitis sum et húmilis corde: et inveniétis réquiem animábus vestris. Jugum enim meum suave est et onus meum leve.
  
Dicitur Credo, per totam Octavam.
 
Offertorium. Jer. 20, 9. Factus est in corde meo quasi ignis exǽstuans, clausúsque in óssibus meis: et deféci, ferre non sústinens. (T. P. Allelúja.)
  
SECRETA
Majestáti tuæ, quǽsumus, Dómine, beátæ Terésiæ précibus nostra sit accépta devótio: cui medullárum cordis ejus ita plácuit holocáustum. Per Dóminum.
  
Præfatio de Sancta Teresiæ
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. Qui beátam Terésiam Sanctórum sciéntia ac divínæ caritátis ardóre muneráre: et Ángeli visióne, ígnito jáculo præcórdia ejus transverberántis, veheméntius inflammáre, eámque sibi spiritáli connúbio sociátam, data déxtera, significáre dignátus est. Quo caritátis incéndio, dum beátæ Terésiæ vita consúmitur, spíritus ejus colúmbæ specie egrédi visus, sublímen cœléstis glóriæ gradum conscéndit. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes:
  
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cœli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
   
Communio. Ps. 88, 2. Misericórdias Dómini in ætérnum cantábo. (T. P. Allelúja.)
 
POSTCOMMUNIO
Súbdita tibi família, quam cœlésti pane satiásti, quǽsumus, Dómine Deus noster: ut, beátæ Terésiæ intercessióne et exémplo, misericórdias tuas váleat in ætérnum cantáre. Per eúmdem Dóminum.

domingo, 27 de agosto de 2017

MISA DE LA TRANSVERBERACIÓN DEL CORAZÓN DE SANTA TERESA DE JESÚS

Del Misal Propio de los Carmelitas Descalzos, Lisboa 1761 (Los Carmelitas descalzos, a pesar de la sugerencia de San Juan de la Cruz de conservar el Rito del Santo Sepulcro -propio de los Carmelitas de Antigua Observancia, dada su permanencia en Tierra Santa-, adoptaron el Rito Romano codificado por San Pío V. Con todo, les fueron reconocidas Misas y Lecciones propias).
   
Die 27 Augusti
Transverberatiónis Cordis Sanctæ Terésiæ, Vírginis ac Matris Nostræ
Duplex II. clasis
 
Introitus. Hab. 3, 9-11. Suscítans suscitábis, Dómine, arcum tuum in luce sagittárum tuárum ibunt, in splendóre fulgurántis hastæ tuæ. Ps. 107, 2. Parátum cor meum, Deus, parátum cor meum: cantábo et psallam tibi, glória mea. ℣. Glória Patri.
 
ORATIO
Deus, qui illibáta præcórdia beátæ Vírginis Terésiæ sponsa tuæ, ac Matris Nostræ, ígnito jáculo transfixísti, et charitátis víctima consecrásti: ipsa interveniénte, concéde, ut corda nostra ardóre Sancti Spíritu férveant, et te in ómnibus super ómnia dilígant. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte ejúsdem Spíritus Sancte, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
  
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Hebrǽos.
Hebr. 4, 12-13.
 
Fratres: Vivus est enim sermo Dei, et éfficax et penetrabílior omni gládio ancípiti: et pertíngens usque ad divisiónem ánimæ ac spíritus: compágum quoque ac medullárum, et discrétor cogitatiónum et intentiónum cordis. Et non est ulla creatúra invisíbilis in conspéctu ejus: ómnia autem nuda et apérta sunt óculis ejus.
  
Graduale. Ps. 41, 2-3. Quemádmodum desíderat cervus ad fontes aquárum: ita desíderat ánima mea ad te, Deus.
℣. Sitívit ánima mea ad Deum fortem vivum: quando véniam et apparébo ante fáciem Dei?
  
Allelúja, allelúja. ℣. Ps. 16, 3. Probásti cor meum, et visitásti nocte, igne me examinásti. Allelúja.
  
✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam.
Luc. 12, 48-50.
  
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Omni, cui multum datum est, multum quærétur ab eo: et cui commendavérunt multum, plus petent ab eo. Ignem veni míttere in terram, et quid volo nisi ut accendátur? Baptísmo autem hábeo baptizári: et quómodo coárctor usque dum perficiátur?
  
Offertorium. Lev. 3, 16. Univérsa vitália adolébit in pábulum ignis, et oblatiónis Dómini.
  
SECRETA
Majestáti tuæ, quǽsumus Dómine, beátæ Terésiæ précibus nostra sit accépta devótio: cui transfíxi, et combústi Cordis ejus, digne plácuit holocáustum. Per Dóminum.
 
Præfatio de Sancta Teresia
Vere dignum et justum est, ǽquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: per Christum Dóminum nostrum. Qui beátam Terésiam Sanctórum sciéntia ac divínæ caritátis ardóre muneráre: et Ángeli visióne, ígnito jáculo præcórdia ejus transverberántis, veheméntius inflammáre, eámque sibi spiritáli connúbio sociátam, data déxtera, significáre dignátus est. Quo caritátis incéndio, dum beátæ Terésiæ vita consúmitur, spíritus ejus colúmbæ specie egrédi visus, sublímen cœléstis glóriæ gradum conscéndit. Et ídeo cum Ángelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus cumque omni milítia cœléstis exércitus hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes:
  
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt cœli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
 
Communio. Deut. 4, 35-36. Quóniam Dóminus ipse est Deus, de cœlo te fecit audíre vocem suam, ut docéret te, et in terra osténdit tibi ignem suum máximum.
 
POSCOMMUNIO
Deus, qui Fílium tuum, ut ignem mítteret in terram, veníre fecísti: da nobis eo indesinénter accéndi qui beátam Terésiam Matrem nostram felíciter adússit, et ad te diligéndum íntime vulnerávit. Per eúmdem Dóminum.