Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

Mostrando entradas con la etiqueta Mons. Mark Pivarunas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mons. Mark Pivarunas. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de febrero de 2022

CONSAGRACIÓN EPISCOPAL EN ARGENTINA

El miércoles 16 de Febrero próximo venidero, Mons. Martín Dávila Gándara consagrará obispo al padre Pío Carlos Espina Leupold (foto), hermano del padre Julián Carlos Espina Leupold, en la capilla de “El Retiro-Mater Dei” en Molinari (provincia de Córdoba, Argentina), a las 9:00h (hora local).
   

Pío Carlos y su hermano mayor Julián Carlos son hijos de Carlos Alberto Espina Rawson (que fuera cónsul en España durante la “Revolución Libertadora” de los generales Eduardo Ernesto Lonardi Doucet y Pedro Eugenio Aramburu Silveti que derrocara al general Juan Domingo Perón en 1955) y María Magdalena Leupold Carbó. Julián (nacido el 3 de Noviembre de 1963 en Gijón, España) recibió el 12 de Septiembre de 1991 en Acapulco (Méjico) el Orden Sacerdotal de manos de Mons. Moisés Carmona y Rivera; mientras que Pío (nacido en Río Colorado, prov. de Río Negro, el 29 de Septiembre de 1979) la recibió el 14 de Junio de 2003 (fiesta de San Basilio el Grande y ese año, Sábado de las Témporas de Pentecostés) en Míchigan (Estados Unidos) de manos de Mons. Donald J. Sanborn.
    
Como coadjutor de su hermano Julián, Pío Espina no solo atiende las distintas capillas en Argentina, sino también las misiones en Brasil y Chile, y como fruto de su misión en Brasil está la ordenación sacerdotal del padre Gabriel María Rodrígues Graciáni por Mons. Andrés Morello Peralta el 8 de Diciembre de 2017.
  
Dicho lo anterior, Pío Carlos Espina Leupold reúne los requisitos básicos para ser consagrado obispo: tiene 42 años de edad, y casi 19 como sacerdote. Ha hecho misión apostólica en Argentina, Brasil y Chile; y defendido el sedevacantismo como única conclusión teológica acorde a la Fe Católica frente a la Apostasía del Vaticano II. El único reparo que se puede hacer es en cuanto a la fecha escogida para la consagración (16 de Febrero de 2022), toda vez que las rúbricas de la Consagración de Obispos del Pontifical Romano Tradicional editado por Benedicto XIV y revisado por León XIII prescriben lo siguiente sobre la fecha de consagración episcopal:
«Statúta die consecratiónis, quæ debet esse Domínica, vel Natalítium Apostolórum, vel étiam festíva, si Summus Póntifex hoc speciáliter indulsérit: et tam Consecrátor, quam Eléctus convéniens est, ut præcedénti die jejúnent» [Establecido el día de la consagración, que debe ser Domingo, o del Natalicio de un Apóstol, o también una fiesta, si el Sumo Pontífice ha indultado especialmente; y el consagrante, en convenio con el elegido, deben ayunar el día precedente].
En este mismo sentido, el canon 1006 § 1 del Código Pío-Benedictino de Derecho Canónico dice: 
«Consecrátio episcopális conférri debet intra Missárum sollémnia, die domínico vel natalítio Apostolórum» (La consagración episcopal debe conferise dentro de la Misa solemne del día domingo o del natalicio de los Apóstoles).
El 16 de Febrero de 2022 es un día ferial, esto es, que no tiene conmemoración asignada en específico ni en el Calendario Romano General de 1954 ni en el de la reforma hecha por Pío XII con el decreto “Cum hac nostra ætáte” del 23 de Marzo de 1955 que los padres Espina siguen (por ende, se puede decir en él Misa de Réquiem o Misa votiva), sumado a que cae dentro de la Septuagésima, que como antesala para la Cuaresma, ve desterrado el Aleluya. Estaría así presentándose un cuestionamiento litúrgico sobre la consagración del padre Pío Espina, porque tal como se infiere de la rúbrica citada, no se puede consagrar obispos en días feriales.
  
En el vídeo que nos fue enviado por nuestras fuentes (y después fue subido a YouTube) anunciando la noticia, se presentan las armas del nuevo obispo. El fotograma no es muy legible, así que encargamos una representación basada en ella, con la mayor fidelidad posible al original:
  
Armas episcopales de Mons. Pío Espina Leupold: Tajado 1.º De azur (azul), espino de sínople (verde) frutado de gules (rojo), acompañado de cinco panelas también de gules, una en el jefe y dos en cada flanco del espino (por la casa Espina). 2.º De plata, un áncora del mismo metal (por la casa Leupold). Lleva por tenantes una mitra y un báculo de oro. El escudo está acolado con una Cruz procesional de oro, timbrado por capelo de sínople con seis borlas dispuestas en tres órdenes a cada lado (2×6 borlas de sínople  1, 2, 3). En su base, una cinta con el lema «PER IPSUM, ET CUM IPSO, ET IN IPSO» [Por Él, y con Él, y en Él].
   
Estas armas contradicen las reglas de la heráldica, en cuanto se desconoce la regla de contrariedad de los esmaltes: nunca metal sobre metal, nunca esmalte sobre esmalte. Al contrariar esta regla (que es de hecho la primera de este arte), se convierte en “Armas a inquirir”, esto es, que se deben estudiar para su corrección, la cual proponemos en la imagen siguiente (respetando la disposición de las mismas):
  
  
ACTUALIZACIÓN (15 de Febrero): Mons. Mark Anthony Pivarunas CMRI, quien confiriera la Consagración Episcopal a Mons. Martín Dávila Gándara, envió la siguiente carta aprobando la consagración del Padre Pío Carlos Espina Leupold:
   
  
TRADUCCIÓN:
   
Rev.mo Mark A. Pivarunas CMRI
Seminario Mater Dei
Av. Militar 7745, Omaha, NE 68134
    
Aprobación pública de la consagración episcopal del P. Pío Espina por Su Excelencia el Obispo Martín Dávila.
     
En la gozosa ocasión de la consagración episcopal del P. Pío Espina de la capilla de San José (Molinari, Argentina) por Su Excelencia el Obispo Martín Dávila, deseo declarar públicamente mi aprobación de esta consagración. El P. Pío Espina ha sido sacerdote por 18 añios y no hay duda de su dedicación a la Santa Madre Iglesia Católica y de su generosidad al servicio de la Iglesia. Deseo expresar mi sincero aprecio a Su Excelencia el Obispo Martín Dávila por su sacrificio para viajar a Argentina y realizar la consagración episcopal. Cada vez que hay una consagración episcopal bajo las presentes circunstancias en la Iglesia Católica actual, se recuerda a los fieles que hay precedentes históricos para tales consagraciones durante la vacancia de la Sede Apostólica. Durante el Interregno, entre la muerte del Papa Clemente IV (29 de Noviembre de 1268) y la elección del Beato Gregorio X (1 de Septiembre de 1271), hubo 21 consagraciones episcopales sin el acostumbrado mandato papal. También se le recuerda a los fieles que los Obispos Católicos tradicionales creen firmemente en el Papado, la Infalibilidad Papal y el Primado del Romano Pontífice. Es por esta razón que ellos rechazan a Francisco I como verdadero papa porque él ha sido culpable del pecado de herejía manifiesta en numerosas ocasiones, tanto antes como después de su supuesta elección. La Ley Divina impide a los herejes manifiestos la elección papal; si un papa cayera en el pecado de herejía manifiesta, por Derecho Divino perdería el oficio papal (ver [Bula] Cum ex Apostolátus Offício del Papa Pablo IV; [Decretal] Si Papa del Papa Inocencio III; el Canon 219; De Románo Pontífice de San Roberto Belarmino; Epítome Juris Canónici de [Arthur] Vermeersch; e Institutiónes Juris Canónici de [Matteo Conte a] Coronata).
    
(Fdo.) Rev.mo Mark A. Pivarunas CMRI.

miércoles, 2 de febrero de 2022

LAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES DURANTE LOS INTERREGNOS

Homilía de Mons. Mark Anthony Pivarunas CMRI dada el 24 de Septiembre de 1996, aniversario de su consagración episcopal por Mons. Moisés Carmona Rivera. Tomada de CONGREGACIÓN MARÍA REINA INMACULADA.
Amados en Cristo:
   
Han pasado ya cinco años desde que Su Excelencia, el fallecido obispo Moisés Carmona, me confirió la consagración episcopal como un medio para ayudar a preservar nuestra preciosa fe católica en estos tiempos de herejía y apostasía.
     
Aunque las consagraciones de obispos católicos tradicionales han sido bienvenidas por la mayoría de los fieles, existen algunos que cuestionan su licitud, basándose en que la letra de la ley la prohibe estrictamente la consagración de un obispo sin mandato papal.
    
Es de suma importancia que nuestros fieles católicos comprendan los principios teológicos que hay de por medio en estas cuestiones, a fin de responder a quienes rechazan la Misa y los Sacramentos ofrecidos por estos obispos y por los sacerdotes que ellos ordenan.
    
En esta carta pastoral, revisaremos brevemente este tema y examinaremos las siguientes consideraciones pertinentes:
  1. el precedente histórico de consagraciones episcopales sin mandato pontificio durante el largo interregno (tiempo entre la muerte de un Papa y la elección de otro) entre los papas Clemente IV y Gregorio XI;
  2. la definición de ley, su naturaleza y su cesación intrínseca;
  3. la subordinación de las leyes menores a las exigencias de las mayores.
Antes de profundizar en cada una de ellas, es necesario establecer primero que al presente existe, y ha existido desde el Concilio Vaticano II, una crisis muy seria en la Iglesia católica. Donde antes se ofrecía el Santo Sacrificio de la Misa, es decir, en todas las iglesias católicas del mundo, ahora se celebra la Nueva Misa (el Novus Ordo Missæ), que representa no un sacrificio propiciatorio (‘que expía el pecado’), sino un memorial protestante de la Última Cena. En esta nueva misa, las palabras mismas de Cristo, en la forma sacramental de la sagrada Eucaristía, han sido sustancialmente alteradas; y según el decreto de San Pío V, De Deféctibus, esto viene a invalidar la consagración. Desde el advenimiento del Concilio Vaticano II, las falsas doctrinas del ecumenismo y del indiferentismo religioso (condenadas por varios papas y concilios, especialmente por Pío IX) han obtenido promulgación por la autoridad docente, ordinaria y universal bajo Pablo VI y Juan Pablo II. En ellas se da reconocimiento oficial no solamente a las sectas acatólicas (luteranos, anglicanos, ortodoxos, etcétera), sino también a las religiones no cristianas (budismo, hinduismo y judaísmo, por mencionar algunas). Ahora bien, la jerarquía moderna acepta esas religiones, fomenta el rezo a sus deidades e intenta promover lo bueno que hay en ellas.
    
¿Cómo puede uno reconciliar las enseñanzas infalibles del Magisterio (la autoridad docente del papa y los obispos) de la Iglesia católica, anteriores al Concilio Vaticano II (1962-1965), con los errores emanados de dicho concilio y que desde hace treinta años siguen siendo promulgados por la jerarquía moderna?
    
La correcta y única conclusión a la que podemos llegar es que la moderna jerarquía de la Iglesia surgida del Vaticano II no es ni puede ser la representante del verdedero Magisterio católico, pues Cristo prometió estar con los apóstoles y sus sucesores «todos los días hasta la consumación de los siglos». Nuestro Señor les prometió la asistencia del Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad, que “moraría siempre en ellos».
     
A partir de las enseñanzas del Concilio Vaticano (el de 1870), sabemos que la Iglesia católica es infalible no solamente en sus decretos solemnes (p.ej, cuando el Papa habla ex cátedra, o cuando en los concilios ecuménicos se decreta algo), sino también en sus enseñanzas ordinarias y unversales: «Por lo tanto, deben ser creídas con fe divina y católica todas las cosas contenidas en la Palabra de Dios, ya escrita, ya transmitida, y que sean propuestas por la Iglesia como materia divinamente revelada, sea por decreto solemne, sea por magisterio ordinario y universal».
    
Pensar de otro modo sería insinuar que Cristo le falló a su Iglesia y que el Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad, que mora con los apóstoles, dejó a la Iglesia caer en errores manifiestos.
    
De acuerdo con estas circunstancias inauditas, debemos considerar la posición de los obispos verdaderamente católicos: ¿qué debían hacer al verse frente a la Gran Apostasía, predicha por San Pablo en su segunda epístola a los tesalonicenses? ¿Nada?
    
Los opositores a la presente consagración de obispos contestarían afirmativamente. De este modo, a la muerte de los obispos tradicionales, que permanecieron fieles a la verdadera fe, ya no habrá sucesores; y sin éstos, eventualmente no quedarán sacerdotes ni Misa ni sacramentos.
    
Y, sin embargo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo prometió a los apóstoles y a sus sucesores que Él “estaría con ellos todos los días hasta la consumación de los siglos” (Mt. 28:20). Con respecto a esto, el Concilio Vaticano I enseñó: «Por tanto, así como (Cristo) envió a los apóstoles, que había elegido del mundo; y de la misma manera como Él mismo fue enviado por el Padre; así quiso que en su Iglesia hubiera pastores y maestros hasta la consumación de los siglos (Mt. 28:20)».

Con el fin de preservar la fe católica, el sagrado sacerdocio y el Santo Sacrificio de la Misa, y para asegurar la promesa de Cristo de “que en su Iglesia habrá pastores y maestros hasta la consumación de los siglos”, estos obispos tradicionales tomaron las medidas pertinentes.
    
Estas medidas se tomaron sin intención alguna de negar la primacía de jurisdicción del Romano Pontífice, la autoridad suprema del Papa; ya que estos obispos, y los sacerdotes ordenados por ellos, han profesado sin reservas la fe católica, la cual incluye la doctrina de la primacía de jurisdicción y la infalibilidad del Romano Pontífice. Pero, en vista de las circunstancias, el cargo de Papa, que durará hasta el fin del tiempo, estaba vacante; y, por tanto, era imposible obtener un mandato papal para autorizar las consagraciones episcopales.
     
Esto nos lleva a considerar el único precedente en la historia eclesiástica en que sí hubo consagración de obispos durante un interregno (la vacancia de la Sede Apostólica).
   
Lo siguiente es un extracto de Il Nuovo Osservatore Cattolico de Stephano Filiberto, que posee un doctorado en historia eclesiástica:
«El 29 de noviembre de 1268, el papa Clemente IV murió, y se dió comienzo a uno de los más largos interregnos –o vacancia del cargo papal– en la historia de la Iglesia católica. Los cardenales en ese momento iban a reunirse en cónclave en la ciudad de Viterbo; pero las maquinaciones de Carlos de Anjou, Rey de Nápoles, sembraron discordia entre los miembros del Sagrado Colegio, y la posibilidad de una elección vino a ser cada vez más remota.
     
Después de casi tres años, el alcalde de Viterbo encerró a los cardenales en un palacio, no permitiéndoles más de lo necesario para subsistir, hasta que llegaran a una decisión que devolviera a la Iglesia su Cabeza visible. Finalmente, el 1 de septiembre de 1271, se eligió a Gregorio X para la silla de Pedro.
    
Durante este largo período de vacancia de la Sede Apostólica, también ocurrieron vacancias en varias diócesis alrededor del mundo. A fin de que los sacerdotes y fieles no qudasen sin pastores, se eligieron y consagraron obispos para llenar las sedes vacantes. En este tiempo hubo veintiún elecciones y consagraciones en varios países. Lo más importante de este precedente histórico es que todas estas consagraciones episcopales fueron ratificadas por el papa Gregorio X y, por consiguiente, afirmó su licitud».

He aquí algunos obispos consagrados durante la vacancia de la Sede Apostólica:
  • en Avranches (Francia): Radulfo de Thieville, en noviembre de 1269;
  • en Aleria (Córcega): Nicolás Forteguerra, en 1270;
  • en Antívari (Epiro, noroeste de Grecia): Gaspar Adam, O.P., en 1270;
  • en Auxerre (Francia): Erardo de Lesinnes, en enero de 1271;
  • en Cagli (Italia): Jacobo, el 8 de septiembre de 1270;
  • en Le Mans (Francia): Godofredo d’Assé, en 1270;
  • en Cefalú (Sicilia): Pedro de Tours, en 1269;
  • en Cervia (Italia): Teodorico Borgognoni, O.P., en 1270.
A estas alturas, los que se oponen a la consagración de obispos tradicionales en nuestros tiempos podrían objetar que el precedente histórico citado ocurrió hace 700 años, y que Pío XII, en vista de las consagraciones ilícitas de obispos en la cismática Iglesia Nacional de China, decretó que cualquier consagración de obispos hecha sin mandato papal llevaba consigo la pena de excomunión ipso facto para el consagrante y el consagrado.
    
Para contestar dicha objeción, es necesario entender la naturaleza de la ley. Precisamente por falta de un claro conocimiento de los principios de la ley, muchos católicos tradicionales caen en el error. Santo Tomás de Aquino define la ley como ordenanza de la justa razón hecha para el bien común y promulgada por uno que tiene autoridad en esa sociedad. Notemos que está hecha para el bien común. En la época de Pío XII, ningún obispo podía lícitamente consagrar a otro obispo sin mandato, y ésto era para el bien común de la Iglesia. Sin embargo, una ley, con el tiempo y por cambio radical de las circunstancias, puede dejar de ser para el bien común, y, como tal, ya no obliga. Una ley puede cesar de dos maneras: por cesación extrínseca (el legislador abroga la ley) e intrínseca (cesa de ser ley cuando ya no funciona para el bien común).
     
Como comenta el arzobispo Amleto Giovanni Cicognani, profesor de Derecho Canónico en el Insitituto Pontificio de Derecho Canónico y Civil en Roma: «Una ley cesa intrínsecamente cuando su propósito termina; la ley cesa por sí misma […] la ley cesa extrínsecamente cuan es revocada por el Superior. En relación a lo primero: el fin (ya de propósito o de causa) de la ley cesa adecuadamente cuando todos sus propósitos terminan; y el propósito de la ley cesa inversamente cuando una ley perjudicial se vuelve injusta o imposible de observar».
    
Así, la observancia en nuestros tiempos del decreto de Pío XII sobre la prohibición de la consagración episcopal sin mandato pontificio sería perjudicial a la salvación de las almas. Sin obispos, eventualmente no habría sacerdotes ni Misa ni sacramentos.
     
¿Acaso fue ésta la intención del legislador, el papa Pío XII? ¿Habría él deseado que su decreto fuera interpretado al pie de la letra, de suerte que eventualmente se causara el fin de la sucesión Apostólica? Es obvio que no.

En lo que se refiere a otro aspecto de la ley, el arzobispo Cicognani explica —una vez más, en su Comentario al Derecho Canónico— la naturaleza de la epiqueya: «Un legislador humano nunca es capaz de prever todos los casos individuales a los que se aplicará la ley. Por consiguiente, una ley, aun cuando sea justa en general, si se toma literalmente, puede llevar en casos no previstos a resultados que ni están de acuerdo con la intención del legislador ni con la justicia natural; antes bien los violaría. En tales casos, la ley debe exponerse no según su redacción, sino de acuerdo a la intención del legislador».
     
Los siguientes autores nos proporcionan definiciones adicionales de este aspecto de la ley, de la epiqueya:
  • Bouscaren y Ellis: Derecho Canónico (1953): «Es una interpretación que exenta de la ley, contrariamente a las claras palabras de la ley, pero de acuerdo a la intención del legislador».
  • Prümmer: Teología Moral (1955): «Es una interpretación favorable y justa no de la ley misma, sino de la mente del legislador, de quien se presume está indispuesto a obligar a sus súbditos en los casos extraordinarios cuando la observancia de su ley causaría daño o impondría una carga demasiado severa».
  • Besson: Enciclopedia Católica (1909): «Es una interpretación favorable del propósito del legislador, que supone que él no tuvo intención de incluir un caso en particular dentro del alcance de su ley».
  • Jone y Adelman: Teología Moral (1951): «Es dar por sentado, de manera razonable, que el legislador no desearía obligar en un caso particularmente difícil, aunque dicho caso esté obviamente cubierto por la redacción de la ley».
Una última consideración sobre el decreto de Pío XII se encuentra en la misma palabra ‘ley’ (en latín, jus). Deriva de las palabras latinas justítia (justicia) y justum (justo), pues todas las leyes están destinadas a ser buenas, equitativas y justas. Ésta es precisamente su característica. Y de todas ellas, la máxima es la de la salvación de las almas: salus animárum, supréma lex.

El papa Pío XII dijo en su informe a los estudiantes religiosos de Roma el 24 de junio de 1939: «La ley canónica asimismo está ordenada para la salvación de las almas; y el propósito de todos sus reglamentos y leyes es que los hombres vivan y mueran en la santidad que les es dada por la gracia de Dios».
    
A fin de sobrevivir espiritualmente, necesitamos hoy las gracias del Santo Sacrificio de la Misa y de los sacramentos. Pero para obtenerlas, necesitamos sacerdotes; y para tener sacerdotes, necesitamos obispos.

Agradezcamos a Dios todopoderoso, quien, en su Providencia, ha previsto las necesidades espirituales de su rebaño y nos ha suministrado de maestros y pastores para continuar la misión de la Iglesia: enseñar a todas las naciones todas las cosas que Él ha mandado.

In Christo Jesu et María Immaculáta
Rvmo. Mark A. Pivarunas.

jueves, 1 de diciembre de 2011

EL LATÍN EN LA SANTA MISA, ¿POR QUÉ?

Por Mons. Mark A. Pivarunas, CMRI



1. ¿Porqué se oficia la Misa en Latín?
La Misa en latín con frecuencia se denomina “Misa Tridentina,” en referencia al hecho de que fue codificada por San Pío V poco después del Concilio de Trento (1545-1563), de donde proviene el término “Tridentino.” Contrario a lo que algunas personas piensan, San Pío V no creó una nueva Misa, sino unificó toda la Liturgia existente: Ordenando y estructurándola bajo un “Ordo,” de tal manera; que toda la Liturgia de la Iglesia permaneciera sin mutación con el correr de los Siglos. Su Bula “Quo Primum Tempore” no solamente declaró que había que mantener la Misa permanentemente inalterable, sino también prohibió la introducción de nuevas Liturgias en la Misa. La Misa en Latín puede de hecho llamarse Misa de los Apóstoles, porque data del tiempo de Nuestro Señor y de los Apóstoles. Los pormenores de las primeras Liturgias se asemejan a la Misa en Latín en sus detalles esenciales.

2. ¿Originalmente en que Idioma se decía la Santa Misa en la Iglesia?
La Misa se decía originalmente en Arameo o Hebreo, puesto que estas eran las lenguas que hablaban Cristo y los Apóstoles; las expresiones: “Amen, Alleluia, Hosanna y Sabbaoth” son palabras Arameas que se mantuvieron y aun permanecen actualmente en la Santa Misa en Latín. Cuando la Iglesia se extendió por todo el mundo gentil en el Siglo I; adoptó el Griego en su Liturgia porque este era el Idioma común del Imperio Romano. El uso del Griego continuó hasta el siglo II y parte del siglo III. El Kyrie eléison, y el Símbolo Litúrgico IHS (deriva de la palabra Jesús en Griego) son una prueba víva del uso de este Idioma en la Liturgia de la Iglesia; pues permanecen aun en la Santa Misa en Latín. Las Misas Romanas iniciales se encuentran en los escritos de San Justo “que datan del año 150 del Cristianismo” y también en los de San Hipólito del “año 215.” El Latín finalmente remplazó al griego como lengua oficial del Imperio.

3. ¿Desde cuándo se usa el latín en la Iglesia?
Hacia el año 250 de la fundación de la Iglesia, la Misa se decía en Latín en la mayor parte del mundo Romano. Incluyendo las ciudades del Norte de África y de Italia, como Milán. La Iglesia en el Imperio Occidental adoptó el latín en la Misa alrededor del año 380 del Cristianismo. El Canon de la Santa Misa en latín, como lo conocemos actualmente, ya estaba completo para el año 399 del Cristianismo. El Latín dejó de ser lengua vernácula hacia los Siglos VII y IX; sin embargo, la Misa siguió ofreciéndose en Latín porque mucha de su Liturgia ya había sido creada en esa lengua. Los Santos Padres de la Iglesia, por entonces, no vieron razón alguna para adoptar las nuevas lenguas vernáculas que estaban en desarrollo alrededor del mundo conocido. Este fue un medio providencial; porque el latín, aunque lengua muerta, sirvió como medio de comunicación en la Iglesia y a través de los Siglos. Sin duda era este el medio por el cual, Dios prometiera en el santo Evangelio, que estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos; esto es parte del Plan de Dios para preservar a su Iglesia hasta el final.

4. ¿Qué razones tuvo la Santa Iglesia para mandar que se oficiara la Misa en Latín?
El único objetivo de San Pío V al mandar codificar la Misa, no fue sino el de la Unidad de la Iglesia, la única de las razones de peso; por la que se asegura la Unidad en el Culto Católico y se evita la disparidad de Rito, el único medio era la Uniformidad en el Idioma, y así se preservaría no solo de Cisma sino también de los errores que pudieran ser introducidos. Mandó San Pío V fuese dicha, la Misa en lo que sería en adelante el Idioma Oficial de la Santa Iglesia: “El Latín.”

5. ¿Cómo asegurar la perpetuidad de los Ritos Católicos, a través de tanta diversidad de Idiomas, Naciones, costumbres y que además esas mismas diferencias cambiarían a través del correr de los años?
Las razones son evidentes, había que asegurarse de que el Idioma que la Iglesia tomara como oficial, no fuera modificado a través de los tiempos y los lugares; pues la Historia nos demuestra que los vocablos de los Idiomas cambian de significado o se introducen modismos, por el habla Popular con el tiempo.
Hasta los reformistas protestantes reconocen la conexión entre las enseñanzas de la Iglesia y la Misa. Lutero creyó que eliminando la Misa, podría derrocar al papado. El y otros reformistas protestantes se dedicaron a erradicar la noción del sacrificio de sus liturgias “reformadas.” Eliminaron los altares y los crucifijos, y las lecturas de las Escrituras y los sermones remplazaron el concepto de la Real Presencia de Cristo en el Sagrado Sacramento. Esto se fue haciendo gradualmente, para que los católicos quienes, después de todo, iban a las mismas iglesias y con frecuencia tenían los mismos pastores, difícilmente se dieran cuenta de que poco a poco se iban convirtiendo en protestantes.
La repuesta Sabia de la Iglesia, a todas estas incógnitas Preocupantes, las soluciona adoptando una Lengua que en sí misma sea inalterable, inmutable en lo esencial de sus vocablos.

 6. ¿Qué lengua entre el Griego, Latín, Hebreo y el llamado Siriaco-Arameo resolvía éstas incógnitas?
El Latín ofrecía esta garantía; es por eso que se mandó, se adoptase en toda la Liturgia de la Iglesia: “El Latín Lengua Muerta” a excepción de los Ritos Católicos que tuvieran más de 200 años de existencia. Son por estas razones y no por otras, por las que se dice la Misa en Latín (Lengua Muerta). Como no se habla actualmente como lengua vernácula de país alguno; las palabras en latín no cambian de significado. Por ejemplo el Idioma Inglés será más fácil de entender, pero a causa del habla popular, los Coloquialismos, y la influencia de los Regionalismos, las palabras que usamos varían de significado de un sitio a otro y de un año a otro. Como lo dijo su Santidad Pío XII de feliz memoria: “El uso del Latín” es una señal hermosa y manifiesta de la Unidad, así como un antídoto efectivo contra cualquier corrupción en la Verdad Doctrinal” (Mediator Dei).

 7. ¿Qué podemos decir de las personas que objetan que hay dificultad actualmente para entender el latín por lo que les resulta aburrida la Misa?
Es evidente, están olvidando que el acto de Adoración Supremo (Misa) no es una reunión social que sirva para alagar a los sentidos ni mucho menos un estímulo para favorecer el sentimentalismo; muy al contrario es la “Aceptación de la Soberanía infinita de Dios y de sus Perfecciones con la sumisión absoluta de la criatura para con su Señor y Creador. Nos encontramos por desgracia en una situación en donde los modismos y costumbres en los Idiomas se suceden una y otra vez sin interrupción; de tal manera que al cabo de solo 2 o 3 años ya no tienen el mismo significado tal o cual palabra, la prueba está en que experimentamos cambios en la forma de hablar de las generaciones pasadas a las actuales y sin embargo lo aceptamos gustosos. Entonces, ¿ Porqué no aceptar un Idioma que además de ser Mandado por la Iglesia Católica es a la vez una garantía de seguridad que preserva a nuestra Fe Católica de todo contagio de error y de corrupción?. Para los que se quejan de no entender el latín no es sino una manera fácil de justificar su falta de piedad y de Fe y por este motivo culpan a un Idioma que facilita la Unidad de la Iglesia y que además a sido Inspirado por el Espíritu Santo y por eso se conforman con el progresismo religioso de los Templos actuales; condenado por la Santa Iglesia.

8. ¿Cuál es la manera Católica de guiarnos cuando asistimos los domingos a las Misas en latín?
Existe una diversidad de Misales que traen el texto en Latín y adjunto la traducción en el Idioma de cada País; recordemos que el Culto de “Dulía que ofrecemos a los Santos” y el Culto de “Latría o de Adoración que es el que se tributa solo a Dios” lo hacemos conforme lo manda La Santa Iglesia y que éste solo hecho debe bastarnos para satisfacer nuestras exigencias de entender el Latín, pues aunque por el oído no lo entendamos sabemos que adoramos a Dios de la manera como quiere ser Adorado, del modo, forma y medida que el Espíritu Santo a proporcionado a su Iglesia. Sus Ministros lo entienden y nos trasmiten los sentimientos de la Iglesia en cada mínimo gesto litúrgico; y basta con que ellos nos expliquen con claridad cada parte del Culto Oficial de la Iglesia que es: “la Liturgia” y como consecuencia el Centro de ella “La Santa Misa.”

 9. ¡Qué es lo que sucede actualmente! ¿Porqué razón, no se ofician más Misas Católicas, es decir, en el Idioma Oficial y con las disposiciones mandadas y ordenadas por la Iglesia?
La razón es que las Misas que se dicen a partir del 20 de Noviembre de 1960, mandadas por el hereje Pablo VI (Montini), no son ya Misas Católicas, puesto que se separan de una manera impresionante de la Misa Tridentina (Cardenal Ottaviani); el Novus Ordo Missae o nueva Misa; no es ni será jamás, Un Ordo Católico; muy al contrario no representa mas que un Misal arreglado y ordenado a merced de las aspiraciones protestantes: la Nueva Misa, no representa más que el sueño dorado del Pérfido Martín Lutero; pues su máxima favorita era: “¡Destruid la Misa y Habréis acabado con Papado!” Y en efecto se cortó el canal de la gracia (la Misa) que es el Centro de Toda la Liturgia; y se consiguió lo que aspiraban, protestantizar a la que ellos consideraban su enemigo acérrimo la “Iglesia Católica.” La nueva Misa es en verdad una Asamblea protestante. Ella es el reflejo vivo de la secta protestante; y en honor a la verdad si Ud. ¡No lo cree!, lo Insto a que lo compruebe con sus propios ojos, si puede Ud. encontrar alguna diferencia entre una asamblea protestante Y la Misa nueva; basta con presenciar personalmente las dos Asambleas; la protestante y la que dicen en los Templos modernos mal llamados Católicos.

 10. ¿Cuáles fueron las consecuencias al querer imponer a todos los sacerdotes la nueva Misa?
Aunque la Misa en Latín data del año 150 del Cristianismo, el advenimiento de la nueva Misa Protestante (Novus Ordo Missae) hecha oficial por el hereje Pablo VI el 22 de Marzo de 1970, causó la Apostasía de muchos Sacerdotes. Pero también la reacción de muchos otros que permanecieron fieles a las Enseñanzas de la Iglesia, los cuales conscientes de la importancia de la Unidad cuya nota, es la principal para conocer la Verdadera Religión; han continuado Oficiando la Santa Misa tal como fue codificada por la Santa Iglesia poco después del Concilio de Trento, sin agregar ni disminuir nada de lo que allí establecieron; según aquello del conmmonitorio: “no traspases los límites que han establecido vuestros antepasados.” Los sacerdotes de la “Congregación María Reina Inmaculada” (CMRI) que comenzó en el año de 1967, siempre han ofrecido la Misa Católica (Tradicional en Latín) con las circunstancias que rodean actualmente a la Santa Iglesia, como es el: Declarar que la Sede Apostólica está Vacante, por razón cierta y comprobada que los últimos Papas predecesores a Pío XII han caído consuetudinariamente en las heréticas y depravadas prácticas de Doctrinas condenadas por la Iglesia, separándose así del Cuerpo Místico de Cristo tales son los casos de Juan XXXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II los cuales habiendo reformado; la Misa, Sacramentos, y aún la Liturgia en general, se han plegado a los errores Modernistas condenados por San Pío X. Pues es clara la Iglesia cuando la escuchamos decir por San Roberto Bellarmino: ¿Puede un Papa caer en herejía? Y no duda al responder que, Sí, cuando atenta contra los Dogmas, y lo establecido a “perpetuidad” concerniente a (Moral y Doctrina Católica) que ya la Iglesia por medio de los Pontífices antecesores haya Decretado, quien pretenda hacer lo contrario, y refórmese lo ya establecido quedará ipso facto fuero de la Santa Iglesia, esta es doctrina clara de la misma; es hereje quien niegue, reforme, agregando o disminuyendo lo que la Iglesia manda que crea, reciba y obedezca; cualquiera que haya sido su condición o Autoridad dentro de la Santa Iglesia llámese: Obispo, Arzobispo, Cardenal y en definitiva Papa.

 11. ¡Acaso la Liturgia no puede acomodarse a las necesidades de los tiempos actuales! ¿Porqué la Misa en latín es tan importante para ustedes?

El Papa Pío XII declara expresamente que la Sagrada Liturgia está íntimamente vinculada a las verdades de la Fe Católica y por lo tanto debe conformarse a ella y reflejar esas verdades; no podemos so pretexto, de acomodar la Liturgia a las exigencias de los pueblos y de los tiempos modernos, comprometer una sola Verdad de Fe; es absolutamente importante conservar inalterable la Liturgia para que ella sirva actualmente salvaguardando la integridad de la Fe (Mediator Dei). Si la Liturgia en este sentido representa el depósito de la Fe Católica, resultaría herético y sacrílego, querer acomodar la Santa Misa a merced del capricho humano, atropellando con ello toda una tradición infalible.

 12. Estimo que el latín es una lengua Anticuada ¿Acaso no se opone al progresismo cultural de los pueblos?
No podemos objetar el que una lengua como el latín haya pasado de uso en estos tiempos tan modernos o el que peligremos habernos quedado anclados en el Siglo XV; como afirman muchas personas de juicio ligero. Contrario a estos criterios equívocos, no solamente afirmamos que quedamos anclados en el Siglo XV sino en el año 33 de Nuestro Señor; por eso cuando se nos acusa de novedosos podemos responderles: “no hay nada mas nuevo que permanecer en los Orígenes”( Sta. Teresa de Jesús). No es pues la Misa en latín, una manera selectiva o novedosa de oficiarla ni tampoco elitista o exclusivista, todo lo contrario, es la única manera católica, es decir, Universal de oficiarla, acomodada para que sea escuchada por toda persona bautizada del mundo sin importar la Nacionalidad que tuviera (Chino, Alemán, Norteamericano etc.) Esta fue la intención de la Iglesia al mandar codificar la Misa en una lengua que a través de los tiempos y los lugares no sufriera cambios, pues pertenecemos a la Iglesia Católica que es Una: en el Bautismo, Una en los Sacramentos, Una en la Fe; como dice el Apóstol San Pablo. Por estas razones, la Iglesia siempre ha protegido cuidadosamente el Texto de la Misa, para evitar que se incorporen a la Liturgia errores doctrinales. La Misa tradicional en latín es entonces la expresión perfecta de las verdades inmanentes de la Iglesia Católica. Hasta los protestantes reformistas reconocen la conexión entre las enseñanzas de la Iglesia y la Misa. Lutero creyó que eliminando la Misa, podría derrocar el Papado. El y todos los demás protestantes se dedicaron a quitar la Noción de Sacrificio de sus Liturgias, “inventadas” por ellos: eliminaron los altares y los crucifijos, y las lecturas de las Escrituras y los sermones reemplazaron el concepto de la Real Presencia de Cristo en el Sagrado Sacramento. Esto se fue haciendo de un modo gradual y despacio para que los Católicos, quienes después de todo, observaban atónitos los cambios y novedades que se iban introduciendo en sus iglesias, ni siquiera advirtiesen que se iban convirtiendo en protestantes.

 13. ¿Cuál fue el origen de la nueva Misa conocida como: “NOVUS ORDO MISSAE”?
Desde principios de la década de los 60′s muchos de estos primeros cambios se fueron gradualmente introduciendo en las iglesias Católicas. Fue entonces en ésta época cuando la Misa experimentó cambios por una comisión del Vaticano II asistida por seis protestantes. En la nueva Liturgia que arreglaron ellos no hay referencias a la Misa como un sacrificio, pues la definen como: “El memorial del Señor” y se identifica perfectamente con el servicio protestante. Al transformar toda la Liturgia alejándose impresionantemente de la Teología Católica, éstas reformas han demostrado a la sociedad que los nuevos cambios litúrgicos solo conducen a una total desorientación en los Católicos que dieron señales de indiferencia y de disminución de la Fe, otros pasaron por una torturante crisis de conciencia y finalmente miles apostataron; pues la nueva Misa no era ya la expresión de una Fe Católica sino la de una nueva religión ecuménica.

 14. ¿Acaso no debe la liturgia acomodarse a las necesidades de las culturas y de los pueblos para Evangelizarlos?
La Misa es el acto supremo de Adoración a Dios, quién está por sobre el tiempo, las lenguas y las culturas. La finalidad de la Misa es honrar a Dios y Adorarlo. Durante Siglos, un Católico podía asistir a la Misa en cualquier parte del mundo y siempre hallaba la misma forma Católica de seguirla y cumplir con el precepto. Si pudiésemos viajar a través del tiempo, encontraríamos la misma Verdad: una Misa ofrecida por un sacerdote Católico que viviera en Roma en el año 570 sería igual a una ofrecida por un sacerdote que viviera en Nagasaki en 1940, o la de un sacerdote del Monte San Miguel en el año 2002. Este hecho refleja claramente dos de las cuatro Notas de la Iglesia Católica; su Unidad y su Catolicidad en relación con el tiempo y el espacio.

 15. ¿Cuáles son los fines de la Santa Misa?
Recordando nuestro Catecismo; los propósitos por los que se ofrece la Misa son:
  1. Adorar a Dios como Señor y Creador
  2. Darle gracias a Dios por todos los favores recibidos
  3. Pedir a Dios que derrame sus bendiciones sobre todos los hombres
  4. Satisfacer la Justicia de Dios por los pecados que se cometen.
La Misa es, aún más, la Adoración pública ofrecida por la Iglesia entera a Dios a través de Jesucristo, quién, como el Sumo Sacerdote Eterno se ofrece de nuevo a su Eterno Padre como lo hiciera en la Cruz. Él es el Cordero de Dios, la Víctima sin mancha cuyo sacrificio lava los pecados del mundo. La Misa, es entonces el cumplimiento de la profecía: “De Levante a Poniente, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se sacrifica y se ofrece al Nombre Mío una ofrenda pura” ( Mal. I,11).

 Obispo Mark A. Pivarunas, CMRI

miércoles, 28 de abril de 2010

EL ESPÍRITU MARIANO DE CMRI: CONSAGRACIÓN TOTAL A LA SANTÍSIMA VIRGEN

Desde CMRI.org


“Soy todo tuyo, y todo lo que tengo es tuyo, Oh amorosísimo Jesús, a través de María tu Santísima e Inmaculada Madre”. (San Luis María Grignon de Montfort)

Toda congregación religiosa posee su propia mezcla de espiritualidad o devoción única — los Dominicos tienen el rosario, los Pasionistas promueven la meditación sobre la Pasión y Muerte de Cristo, los Jesuitas honran de manera especial el Santo Nombre de Jesús, por mencionar algunos. La Congregación de María Reina Inmaculada tiene por devoción especial la práctica de la Consagración total a la Sma. Virgen, como lo enseña San Luis María de Montfort.

San Luis, en su famoso tratado La Verdadera Devoción a María, dice que esta devoción es desoconocida para muchos, comprendida por unos cuantos, y practicada por un número aún menor. Y, sin embargo, la llama una vía “corta, infalible, perfecta y segura” para unirse con Dios. Por medio de esta consagración, el alma se da a sí misma “enteramente a nuestra Señora, a fin de pertenecer a Jesús a través de ella”. El cuerpo, el alma, los bienes interiores y exteriores — todo se consagra a Jesús a través de las manos de María. Como lo explica el santo:
“Con esta devoción damos a Jesucristo de la manera más perfecta, puesto que es por medio de las manos de María, todo lo que le podemos dar, y aún más que con cualquier otra devoción en la cual le damos ya sea parte de nuestras buenas obras, o una parte de nuestras satisfacciones y mortificaciones; pues aquí todo se le da y consagra, hasta el derecho de deshacernos de nuestros bienes interiores y de las satisfacciones que ganamos por nuestras buenas obras día tras día”.
San Luis, al describir su devoción, dice que ella es interior, consistiendo más en una actitud de mente y sentimiento del corazón, que en palabras o acciones exteriores. Es tierna, como la dependencia amorosa que un hijo tiene de su madre. Es santa, en que lleva a las almas a crecer en la virtud, y a acercarse firmemente a Dios mismo. Es desinteresada, en que la devoción es practicada principalmente porque la Bienaventurada Virgen, santificada ella abundantemente como la Madre inmaculada de Dios, es tan merecedora de nuestro amor y veneración. Finalmente, la verdadera devoción a nuestra Señora es constante. Los que la practican no se debilitan como el viento en su amor y devoción, sino que permanecen en su práctica, aún ante las tentaciones y las pruebas.

La base de esta devoción puede encontrarse en dos incidentes en la vida de María, narradas en el Nuevo Testamento. La primera es su visita con su prima Isabel. Isabel, llena del Espíritu Santo con el conocimiento de la gran gracia y privilegio otorgados a su jóven prima, la alaba con las palabras “Bendita tú entre las mujeres...” (Lucas 1:42). La contestación humilde de María es “Engrandece mi alma al Señor... Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre...” (Lucas 1:46-49). Ella ofrece inmediatamente la alabanza de su prima a Dios, la fuente de toda bondad. Así, al promover la devoción a María, los religiosos están seguros de que ella, a su vez, ofrece las oraciones, sacrificios y alabanzas a Dios tan pronto como lo hizo con su prima Isabel.

La segunda narración es la de las bodas de Caná. La Sma. Virgen siempre solícita a las necesidades de otros, se da cuenta que a los casados se les ha acabado el vino y apela a su Divino Hijo. A instancia de ella, Jesucristo, a pesar de reconocer que su “hora no ha llegado”, obra su primer milagro público al convertir el agua en vino. A partir de esta narración puede uno ver qué tan pronto y poderosamente la Sma. Virgen María intercede por sus hijos.

San Luis de Montfort no fue la primer persona en practicar esta devoción a María. Santos a través de la historia de la Iglesia, como San Efrén, S. Bernardo, S. Buenaventura, S. Anselmo, Sta. Bernardita, Sto. Domingo, y S. Juan Damasceno, entre otros, se les conoció por su ferviente devoción y amor a la Madre de Dios. San Luis, sin embargo, fue el primero en predicarla públicamente en esta forma, y en definirla como una devoción única de la Igleisa. Durante su vida, la promovió por toda Francia, estableciendo dos congregaciones religiosas para asegurarse que su práctica continuaría en el futuro. Su tratado original, La Verdadera Devoción a María, se perdió después de su muerte, y sólo se descubrió ciento veintiséis años después, en 1842. Desde entonces, la devoción se ha esparcido por el mundo entero, y ha recibido la aprobación de muchos papas, incluyendo San Pío X.

La práctica de la Consagración Total está abierta a todas las personas que tienen un deseo sincero de amar y agradar a Dios, sin importar su estado de vida. Se realiza con la plena confianza de que María actuará en su consideración, como lo hizo en las narraciones del Nuevo Testamento. Ella ofrecerá todas las buenas obras, oraciones y sacrificios de uno a Dios, guardándose nada para ella. De esa manera hace nuestros dones, simples e imperfectos, más dignos de él, que lo que serían de lo contrario. Como una buena madre, cuida de las necesidades de sus hijos, obteniendo de Dios, por sus propias oraciones fervientes, las gracias que necesitan.

San Luis de Montfort recomienda que, para esta Consagración, se haga una preparación de 33 días de oraciones y meditaciones especiales. Durante este tiempo, uno ora para separarse del espíritu del mundo, para conocerse más claramente, como Dios lo conoce, y para conocer y amar a Jesús y a María. Aquellos que entonces deciden hacer esta Consagración Total, o sagrada esclavitud, como se le llama a veces, se dan a sí mismos a la Bienaventurada Virgen en el sentido más completo e imaginable. En una ceremonia simple, consagran a Jesús, a través de María, su mismo ser, sus mismas oraciones, obras y bienes, a fin de que ella las utilice como quiera. Se convierten, por así decir, en esclavos, y buscan en lo sucesivo hacer todo “mediante María, con María, en María y por María”. Haciendo eso, imitan de una manera muy real, la humilde dependencia y amor que nuestro Señor tuvo por ella durante su vida en la tierra.

Tan hermosa como sea la devoción en sí, para su práctica encontramos un incentivo en las palabras de María misma, durante sus apariciones en Fátima, Portugal. Nuestra Señora dijo a los niños, “Dios desea establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Yo prometo la salvación a los que la abrazen, y sus almas serán amadas por Dios como flores puestas por mí puestas para adornar Su trono”.

En ninguna otra ocasión en la historia del mundo ha sido más necesitada tal devoción, pues los poderes de las tinieblas son grandes en nuestros días. Los religiosos de CMRI, y todos los que practican la Consagración Total, unen fuerzas en la continua batalla por las almas que están del lado de la Mujer, cuyo talón aplastará para siempre la cabeza de Satanás. Esta Consagración ayuda a todos los que la practican fielmente, para cumplir en sus vidas diarias las palabras de la simple oración: “Colocaos, Oh fiel Virgen, como un sello sobre mi corazón, para que en Vos, y a través de Vos, pueda hallárseme fiel a Dios”.

* Para mayor información acerca de esta devoción, por favor leer el libro de San Luis María de Montfort, La Verdadera Devoción a María.

jueves, 8 de abril de 2010

RECATO Y MODESTIA EN EL VESTIR

"Cuando me iban a crucificar, los sayones me despojaron de mis vestiduras, quedando desnudo y afrentado delante de todos. Esto ocurrió para reparar la inmodestia que ronda en estos últimos tiempos." (Mensaje de Jesucristo crucificado a Jorge de la Compasión)

"Se introducirán ciertas modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor. [...] Más almas se van al infierno a causa de los pecados de la carne que por cualquier otra razón." (Nuestra Señora de Fátima, 1917)

Mons. Mark Pivarunas escribió esta carta a los sacerdotes de la Congregación María Reina Inmaculada (y a las diferentes congregaciones de la Resistencia Católica) para recordarles a los fieles la importancia del recato y la modestia en el vestir. Desde CMRI.org

Junio 21 de 1996

Amados en Cristo:

Con el calor de los meses veraniegos no sólo es apropiado, sino necesario que nuestros sacerdotes prediquen a los fieles acerca de los peligros espirituales tan predominantes hoy en los ámbitos de la modestia y la castidad. Esta carta pastoral tiene como propósito ayudar a los sacerdotes en su responsabilidad moral de instruir a sus parroquianos.

En primer lugar, los principios de la modestia y la castidad se basan en el sexto y noveno mandamientos de Dios:
No cometerás adulterio (Éxodo 20:14).
y
No codiciarás la mujer de tu prójimo (Éxodo 20:17).
Leemos, además, en el evangelio de san Mateo que nuestro Divino Salvador Jesucristo reiteró el noveno mandamiento cuando dijo:
Oísteis que fue dicho: «No cometerás adulterio». Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón (Mt. 5:27-28).
Cuando reflexionamos sobre estos temas, nos vienen a la mente algunas de las advertencias que dio la Bienaventurada Virgen en Fátima (Portugal, 1917): «Se introducirán ciertas modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor. [...] Más almas se van al infierno a causa de los pecados de la carne que por cualquier otra razón.»

Han pasado casi 80 años desde las apariciones de Nuestra Señora en Fátima y, ¡qué profético fue su mensaje! Con la moderna tecnología — la televisión, los cines y los videos, y ahora las computadoras — nuestros jóvenes están expuestos diariamente a la pornografía y otras inmoralidades que tanto destruyen su carácter moral. Sus efectos son obvios: promiscuidad y embarazo de adolescentes, abortos, abierta promoción de contraceptivos y aumento de crímenes violentos contra las mujeres.

¡Qué trágico es ver a tantos jovencitos vivir como si no hubiera Dios, mandamientos, pecado mortal, muerte, juicio o eternidad! Sin embargo, es todavía más trágico ver a mujeres y niñas católicas caer víctimas de los encantos de las modas y estilos indecentes; y, en esto, se convierten en ocasión de pecado para muchos otros.

El papa Pío XII lamentó este triste y funesto espectáculo en muchas ocasiones; por ejemplo, en 1954 dijo tristemente: «Cuántas jovencitas hay que, como tantas ovejas, no ven nada malo en seguir ciertos estilos desvergonzados. Ciertamente se ruborizarían si supieran la impresión que hacen, y los sentimientos que evocan, en las personas que las ven.»

En otra ocasión, se dirigió a los grupos de jóvenes católicas de Italia:
El bien de nuestra alma es más importante que el corporal; y debemos preferir el bienestar espiritual de nuestro prójimo a las comodidades de nuestro cuerpo...
Si cierto tipo de vestido constituye una ocasión grave y próxima de pecado, y pone en peligro la salvación de tu alma y la de otros, es tu deber abandonarlo...
Oh madres cristianas, si supieran qué futuro de ansiedades, peligros y de vergüenzas preparan para sus hijos e hijas al acostumbrarles imprudentemente a vivir escasamente vestidos y haciéndoles perder el sentido del pudor; si supieran, se apenarían y espantarían por el daño que se hacen a ustedes mismas, por el daño que están causando a estos niños, a quienes el cielo les ha confiado para ser educados como cristianos.
Todo eso está muy bien, pero carecerán de sentido en ausencia de ciertas pautas prácticas que indiquen exactamente qué constituye una vestimenta inmodesta para mujeres y niñas. Las siguientes directrices generales, basadas en varios extractos de libros de teología moral, no deben ser demasiado difíciles de entender para nuestras mujeres y niñas católicas:

La vestimenta inmodesta corresponde a:
  • vestidos o blusas escotadas;
  • faldas o pantalones cortos que expongan la parte superior de las piernas;
  • vestimenta transparente;
  • vestidos o pantalones excesivamente ajustados.
Aquí podría preguntarse acerca de aquellas ocasiones particulares que parecen pedir excepciones. ¿Qué hay de los tiempos extremadamente cálidos, los deportes y la natación?

En estos casos, la mujer tendrá que utilizar el sentido común y tomar algunas precauciones extras, pues lleva una grave responsabilidad. En tiempos cálidos, puede usar un vestido o una falda floja, ligera y fresca, y, no obstante, ser modesta; en los deportes, y dependiendo de la actividad, debe ser creativa para mantenerse dentro de los límites; en la natación puede usar un tipo de yérsey o prenda que cubra, excepto cuando está nadando. Hoy el tipo de traje de baño femenino es extremadamente importante: la mayoría son groseramente inmodestos, y tal vez tendrá ella que hacerse o proveerse de sus propias combinaciones. Si eso es lo que cuesta permanecer modesta, debe hacerlo.

Dejen que nuestras mujeres y niñas católicas reflexionen seriamente sobre su manera de vestir y sobre la obligación moral de abstenerse de los «estilos y modas que gravemente ofenden a nuestro Divino Señor». Cuando consideramos que el máximo mal que puede sucederle a alguien es la pérdida eterna de su alma, ¡cuánto más debiéramos temer ser la causa u ocasión de pecado para alguien!

Teniendo esto en mente, concluyamos con una revisión de las instrucciones dadas por el Consejo de Vigilancia en el Acta Apostolicæ Sedis (Actas de la Sede Apostólica) a los obispos y ordinarios durante el pontificado de Pío XI:

En virtud del Supremo Apostolado que ejerce en la Iglesia universal, Su Santidad el papa Pío XI nunca ha dejado de inculcar por palabra y por escrito aquel precepto de san Pablo (1 Tim. 2:9-10): «Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia [...] con buenas obras, como corresponde a mujeres que profesan piedad».

Y en muchas ocasiones, el mismo supremo pontífice ha reprendido y vehementemente condenado esa inmodestia que está hoy en boga en todas partes, aún entre mujeres y niñas católicas; práctica que causa gran daño a la suprema gloria y virtud de la mujer, y que desafortunadamente lleva no solamente a su desventaja temporal, sino, lo que es peor, a eterna ruina suya y de otras almas.

No es sorpresa, pues, que los obispos y otros ordinarios, como ministros de Cristo, hayan resistido unánimemente y por todos los medios, en sus respectivas diócesis, esta licenciosa y desvergonzada moda; y con ello hayan tenido que soportar animada y valientemente el escarnio y ridículo algunas veces dirigido en contra suya.

Consecuentemente, para mantener la disciplina entre clero y laicos, esta Sagrada Congregación aprueba y alaba dicha acción y vigilancia por parte de los obispos; además les exhorta seriamente a continuar en la tarea y propósito que tan sabiamente comenzaron, cada vez con mayor vigor, hasta que esa peste sea enteramente desterrada de la sociedad decente.

Para que ello se logre con mayor facilidad y seguridad, esta Sagrada Congregación, en cumplimiento de las órdenes de Su Santidad, ha determinado los siguientes reglamentos concernientes al tema:
I. Cuando tengan la oportunidad, los pastores y predicadores deben, según las palabras de san Pablo (2 Tim 4:2), instar, redarguír, reprender y exhortar, con el fin de que las mujeres usen vestimentas decorosas, las cuales pueden ser ornamento y salvaguardia de la virtud; también deben ellos avisar a los padres de que no permitan a sus hijas vestir inmodestamente.
II. Los padres, conscientes de su gravísima obligación de proveer especialmente para la educación moral y religiosa de sus hijos, deben asegurarse con especial cuidado de que sus hijas reciban una instrucción sólida en la doctrina cristiana desde la más temprana edad; y ellos mismos, por palabra y ejemplo, han de entrenarlas seriamente para adquirir un amor al pudor y la castidad. Tras el ejemplo de la Sagrada Familia, los padres deben esforzarse de tal modo a ordenar y regular la familia, a fin de que cada miembro pueda encontrar en el hogar alguna razón o motivo para amar y apreciar la modestia.
III. Los padres también deben prevenir que sus hijas tomen parte en entrenamientos públicos y concursos atléticos; pero si son obligadas, deben asegurarse de que vistan un traje enteramente recatado, nunca permitiendo lo contrario.
IV. Los directores de escuelas e institutos para jovencitas deben esforzarse por imbuir en sus corazones el amor a la modestia para que se vean persuadidas a vestir moderadamente.
V. No se ha de admitir a las escuelas o institutos a jovencitas dadas a los vestidos indecentes; mas si tales han sido recibidas, a menos que cambien, serán expulsadas.
VI. Las monjas, de acuerdo con la Carta del 23 de agosto de 1928, de la Sagrada Congregación de Religiosas, no admitirán ni dejarán que permanezcan en sus institutos, escuelas, oratorios y centros de diversión, jovencitas que no observen en los vestidos el pudor cristiano; y, en su cargo de educadoras, tomarán especial cuidado de sembrar en sus corazones un amor a la castidad y la decencia cristiana.
VII. Con el propósito de restringir por consejo, ejemplo, y actividad los abusos concernientes a la indiscreción en la vestimenta, y para la promoción de la pureza moral y la humildad, se establecerán y fomentarán asociaciones femeninas piadosas.
VIII. Las mujeres que vistan inmodestamente no serán admitidas a estas asociaciones; y las que ya hayan sido aceptadas, si no se enmiendan tras haber cometido una falta en este respecto, seguida de una advertencia, serán expulsadas.
IX. A niñas y mujeres que vistan indecorosamente se les ha de negar la Sagrada Comunión y excluir de los oficios de madrinas en los sacramentos de bautismo y confirmación, y en casos apropiados, han de excluirlas aún de la iglesia.
X. En tales fiestas del año que ofrezcan oportunidades especiales para inculcar la modestia cristiana, especialmente en las fiestas de la Bienaventurada Virgen, los pastores y sacerdotes a cargo de uniones piadosas y asociaciones católicas no deben fallar en predicar un sermón oportuno sobre el tema, a fin de alentar a las mujeres a que cultiven el recato cristiano en el vestir. Cada año, en la fiesta de la Inmaculada Concepción, se rezarán ciertas oraciones en todas las catedrales y parroquias; y cuando sea posible, también habrá una exhortación oportuna por medio de un solemne sermón a los fieles.
XI. El Concilio diocesano de Vigilancia, mencionado en la declaración del Santo Oficio el 22 de marzo de 1918, deberá de tratar especialmente, al menos una vez al año, de las formas y medios para mantener el recato en la vestimenta femenina.
XII. A fin de que esta acción provechosa pueda proceder con mayor eficacia y seguridad, los obispos y otros ordinarios informarán también cada tres años, y junto con su reporte sobre la instrucción religiosa mencionada en el Motu proprio, Orbem Catholicum del 29 de junio (1923), a esta Congregación sobre la situación concerniente a la vestimenta femenina, y sobre las medidas que se habrán tomado en cumplimiento de esta Instrucción.
Para que nadie piense que este difícil tema de la modestia sea un tópico inapropiado e inadecuado para que dirijan nuestros sacerdotes a sus fieles, nos referimos a la declaración final de la Sagrada Congregación del Concilio:

I. Cuando tengan la oportunidad, los pastores y predicadores deben, según las palabras de San Pablo (2 Tim 4:2): instar, redarguír, reprender, exhortar, con el fin de que las mujeres usen vestimentas decorosas, las cuales pueden ser ornamento y salvaguardia de la virtud; también deben ellos avisar a los padres que no permitan a sus hijas vestir inmodestamente.

In Christo Jesu et Maria Immaculata,
Rvdmo. Mark A. Pivarunas

jueves, 18 de marzo de 2010

LITURGIA DE LA SEMANA SANTA, POR Mons. MARK PIVARUNAS, CMRI

De la CONGREGACIÓN MARÍA REINA INMACULADA

Amados en Cristo:

Hemos llegado ya a la última semana de la sagrada temporada de Cuaresma: Semana Santa, llamada así porque conmemora los hechos más sagrados en la historia de toda la humanidad: la Pasión, Muerte, y Resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Y ahora más que nunca se nos manifiesta en la sagrada liturgia el principio lex orandi, lex credendi (la ley de la oración es la ley de la creencia). Para sacar el mayor provecho espiritual de este tiempo sagrado, debemos meditar brevemente sobre algunas de las principales ceremonias litúrgicas en que el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia católica, rinde el supremo culto de adoración a su divino Salvador.

Domingo de Ramos

 

Este Domingo de Ramos la liturgia nos lleva en espíritu a Jerusalén, donde Jesucristo entra triunfante a la ciudad santa mientras las gentes entusiásticamente dejan palmas en su camino y exclaman con júbilo: «Hosana al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor.» Este título, «Hijo de David,» se usaba solo en alusión al Mesías, por lo que en este día toda Jerusalén reconoce a nuestro Señor como el Prometido. Antes de iniciar el santo sacrificio de la misa, el sacerdote, vestido con estola y casulla roja, bendice los ramos y los distribuye a la congregación. Acto seguido, se canta el santo Evangelio segun san Mateo, el cual narra los acontecimientos del primer Domingo de Ramos. Habiendo traído a la mente la triunfante procesión de nuestro Señor Jesucristo, el clero y los fieles salen en procesión pública y cantan como lo hicieron los antiguos israelitas: «Hosana al Hijo de David, bendito el que viene en el nombre del Señor.» En esta procesión se reconoce públicamente a nuestro Señor como el Mesías, el Hijo de Dios, nuestro Salvador y Rey. Cuando la procesión concluye, el sacerdote se cambia a vestimentas moradas y comienza la santa misa. Este cambio repentino y sombrío del color de sus vestimentas nos recuerda cuán rápidamente el pueblo escogido cambió de opinión en el curso de una semana. De los alegres hosanas, que gritaban el Domingo de Ramos, en solo cinco días pasaron a exclamar: «¡Quítale de nuestra vista, crucifícale... No tenemos más rey que el César!» ¡Qué espectáculo tan trágico!

En la misa del Domingo de Ramos se lee la Pasión de nuestro Señor sin la usual introducción de Dominus Vobiscum... y Sequéntia sancti evangélii... Tan tristes y trágricos son los acontecimientos que el solo se anuncia el título: «La Pasión de nuestro Señor Jesucristo, según san Mateo.» No se inciensa el libro de los Evangelios, no hay acólitos con cirios prendidos; el libro no es reverenciado con un beso al terminar la recitación. Estos detalles nos recuerdan que nuestro Señor sufrió de la manera más cruel y humillante, como si fuera el peor de los criminales, y que fueron nuestros pecados lo hicieron sufrir tanto. Reflexionemos este Domingo de Ramos en cómo nosotros nos parecemos a los antiguos israelitas. Pues también nosotros hemos exclamado muchas veces «hosana al Hijo de David» cuando estamos en misa, y luego gritamos: «quítale de nuestra vista, crucifícale,« al cometer un pecado. Uno de los principales frutos espirituales que debemos sacar de la Cuaresma, y especialmente de Semana Santa, es el gran horror y odio al pecado.

Jueves Santo

La sagrada Liturgia del Jueves Santo tiene una doble celebración. Por la mañana, el obispo celebra la misa del santo Crisma, en la cual se bendicen los tres óleos sagrados que se utilizan en la administración de los sacramentos. Estos tres santos óleos son el santo Crisma (usado en el sacramento del bautismo y la Confirmación, y también en la consagración de obispos, cálices e iglesias), el óleo de los catecúmenos (se usa en los sacramentos del bautismo y del orden sagrado) y el óleo de los enfermos (se utiliza en la extremaunción). Estos óleos se bendicen durante la santa misa para manifestar su carácter sagrado. Antes de concluir el Canon, el obispo purifica sus dedos que acaban de consagrar la sagrada Hostia, adora profundamente a nuestro Señor presente en el altar, y baja al centro del santuario donde se halla preparada una mesa especial para estas bendiciones. El arcediano pide que el óleo de los enfermos sea traido por el subdiácono para ser bendecido por el obispo.
 
El óleo de los enfermos recibe primero un exorcismo y después la bendición:
«Te pedimos, Señor, que envíes desde lo alto de los cielos tu Espíritu Santo el Paráclito a este aceite de la oliva, que, en tu benevolencia, has dignado producir del verde árbol para el fortalecimiento del alma y del cuerpo; que por tu santa bendición sea protección de alma y cuerpo para cuantos reciban la unción con esta medicina celestial y alivie este óleo todos los dolores, todas las debilidades, toda dolencia mental o corporal... Sea para nosotros, Señor, unción perfecta, por ti bendita, permanente en nuestras entrañas. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo.»
Así pues, se bendice la materia del sacramento de la extremaunción para su administración el año siguiente.

Al concluir esta oración, el obispo regresa al altar y continua la misa hasta el momento de las abluciones después de la sagrada comunión. En ese momento, el obispo desciende nuevamente del altar y se sienta en el centro del santuario, mientras el arcediano pide el óleo del Santo Crisma y el óleo de los catecúmenos. De la sacristía sale ahora la solemne procesión del subdiácono y los acólitos con incienso, cruz y cirios; y dos diáconos con el óleo del Santo Crisma, el bálsamo y el óleo de los catecúmenos. Durante esta procesión, cantan un hermoso himno a nuestro divino Redentor, quien nos santifica por medio de sus siete sacramentos.
  
En la bendición del Santo Crisma, el obispo canta solemnemente el siguiente prefacio:
«En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, el darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, Santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que al principio, entre otros dones de tu bondad, mandaste a la tierra a producir árboles frutales entre los que naciese el olivo, suministrador de este licor y fruto que sirviese para este sagrado crisma. Pues también David, presintiendo con profético espíritu los sacramentos de tu gracia, cantó que con el óleo se alegrarían nuestros rostros, y cuando antaño los crímenes del mundo eran expiados por el diluvio, una paloma demostró una semejanza del futuro don anunciando con la rama de olivo la paz devuelta a la tierra, lo cual en estos últimos tiempos vemos manifiestamente cumplido, cuando borrados todos los crímenes cometidos por las aguas del bautismo, esta unción del óleo torna nuestros rostros alegres y serenos. Por eso también diste mandato a tu siervo Moisés de constituir sacerdote a su hermano Aarón mediante la unción de este ungüento, tras haberse lavado con agua. Añadióse a éste un más amplio honor cuando tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor, exigió a Juan que le lavara en las aguas del Jordán para que, habiendo enviado el Espíritu Santo desde las alturas a semejanza de paloma sobre tu Unigénito, le proclamaras, por el testimonio de la consiguiente voz, que en él tenías tus mejores complacencias y claramente manifestara que era Aquél a quien el profeta David había cantado como ungido entre todos con el óleo de exultación. Por ello te pedimos, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios, por el mismo Jesucristo, tu Hijo, Nuestro Señor, que santifiques con tu bendición a esta criatura para que se mezcle con ella la virtud del Espíritu Santo, cooperando el poder de Cristo, tu Hijo, de quien tomó nombre el crisma con el que ungiste a sacerdotes, reyes, profetas y mártires, a fin de que sea crisma de salvación para quienes renacieren del agua y del Espiritu Santo, y les haga partícipes de la vida eterna y consortes de la gloria celestial. Por el mismo Señor Nuestro Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén».

En seguida, el obispo mezcla el bálsamo con el aceite de oliva, que significa fortaleza, y el bálsamo, que significa el suave olor de la vida cristiana.

Cuando termina la bendición del Santo Crisma, el obispo procede a la bendición del óleo de los catecúmenos con la siguiente oración:
«Oh, Dios, remunerador de todo incremento y aprovechamiento espiritual, que por la virtud del Espíritu Santo fortaleces a las rudimentarias almas vacilantes, te pedimos, Señor, te dignes enviar tu bendición sobre este óleo y por la unción de esta criatura concedas a los que vengan al lavatorio de la bienaventurada regeneración, la purificación de alma y cuerpo, para que si algunas manchas de los espíritus enemigos se adhirieron a ellos, desaparezcan al contacto con este óleo santificado, no quede lugar para las malicias del demonio, ningún recurso a los poderes en fuga, ninguna licencia para ocultarse los males en acecho, sino que a tus siervos que vienen a la fe y han de ser limpiados por la acción de tu Espíritu Santo, sea la preparación de esta unción útil para la salvación, que han de conseguir también por la natividad de la regeneración en el sacramento del bautismo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y al mundo con fuego. Amén».

Cuando termina la bendición de los santos óleos, los diáconos, subdiáconos y acólitos los llevan enseguida a la sacristía. Entretanto, el Obispo regresa al altar para continuar el santo sacrificio de la misa. Al terminar la santa misa, el obispo (tal como requiere el Pontifical) hace una exhortación a los sacerdotes presentes sobre el uso sagrado de estos óleos santos. Qué conveniente que la Iglesia escogiera el Jueves Santo para ser el único día del año para realizar estas bendiciones, pues fue este día que Cristo ordenóa sus apóstoles al sagrado sacerdocio, y estos santos óleos son una parte tan importante y necesaria del sacerdocio en la administración de los sacramentos.

Por la tarde se celebra una sola misa, porque fue el día del Jueves Santo hace veinte siglos, que nuestro divino Salvador instituyó el sacramento de su amor, la Santa Eucaristía. En esta misa, el obispo (o el sacerdote de la parroquia) celebra la misa de la Última Cena, en la cual los demás sacerdotes recibirán la sagrada comunión de sus manos. Durante la santa misa, al entonar el Gloria, se tocan las campanas para honrar el santo sacrificio de la misa, la Santa Eucaristía y el santo sacerdocio. Al concluir el Gloria, se dejarán de toar las campanas hasta el Gloria de Pascua; Este detalle sombrío nos recuerda que nuestro amado Jesús fue entregado «a manos de pecadores» después de la Última Cena, tal como lo había predicho. Y como la traición se realizó por el traicionero beso de Judas, se omiten el beso de la paz y el beso del anillo episcopal antes de la Comunión para recordarnos el insulto que ofreció uno de los mismos apóstoles a nuestro Señor.

El lavatorio de los pies es algo único en la liturgia del Jueves Santo. En conmemoración de la gran humildad y caridad de nuestro Señor para con sus apóstoles, el sacerdote, después del sermón, habiéndose quitado la casulla y el manípulo, comienza el lavatorio de los pies de doce hombres que representan a los doce apóstoles. Durante la ablución de los pies, el coro canta una serie de antífonas tomadas de las exhortaciones de nuestro Señor a sus apóstoles durante la Última Cena de se amaran los unos a los otros como él los había amado. 

Mientras recordamos que nuestro Señor lavó los pies de los apóstoles, nos damos cuenta de que la caridad es la señal por la cual todos los hombres han de reconocer a sus discípulos: «Por esto sabrán todos los hombres que son mis discípulos, que se amen unos a otros.» En nuestros tiempos, cuando el mundo se esfuerza por alcanzar la paz, cuando hay tanta inmoralidad y crimen, cuando la caridad se enfría (desafortunadamente, aun entre quienes se dicen católicos), la amorosa exhortación de nuestro Señor resuena en nuestras mentes y corazones para que practiquemos la más grande de todas las virtudes: la Caridad.

Al terminar la santa misa, nuestro Rey eucarístico es llevado en procesión solemne al Monumento, donde será adorado durante el resto de la noche. El altar mayor es despojado de todo adorno para recordar que nuestro Señor también será despojado de sus vestiduras, mofado y escupido por los crueles soldados. Cuando se participa de la sagrada Liturgia no quede uno más que quedar impresionado por la belleza y riqueza de los hechos que significados. Es muy importante que los padres expliquen a sus hijos estos actos litúrgicos, para que ellos alberguen en sus mentes estas santas impresiones.

Viernes Santo:

La liturgia del Viernes Santo tiene todos los tonos de tristeza y luto que se pueden tener este día cuando Jesucristo «por nosotros los hombres y por nuestra salvación... fue crucificado, muerto y sepultado.» El Viernes Santo tiene cinco aspectos particulares: el canto de las lecturas del Antiguo Testamento (que nos recuerda de la Pascua y la liberación judia de la esclavitud de los egipcios); la lectura de la Pasión según san Juan; la exposición y adoración de la cruz (“¡He aquí el madero de la cruz, de donde pende la Salvación del mundo!”), las solemnes oraciones (donde se reza por nuestra santa madre la Iglesia, por el clero y los fieles, por los jefes de estado, por la conversión de los judíos, herejes cismáticos y paganos) y la recepción de nuestro divino Redentor en la sagrada comunión. Después de la sagrada comunión, los cirios del altar se apagan, los pocos objetos que se usaron en la liturgia también se retiran del altar y la iglesia queda fría y vacía. Cuando salimos de la iglesia el Viernes Santo, habiendo sido quitado de su lugar el Santísimo y habiendo quedado el altar sin adorno alguno, realmente nos sentimos vacíos, los mismos sentimientos que experimentaron las mujeres santas y los apóstoles cuando Jesucristo fue crucificado y después sepultado en aquel Viernes Santo.

La Muerte de Jesucristo motiva el luto del Viernes Santo

Vigilia pascual y misa de medianoche

La liturgia de Semana Santa culmina con las ceremonias de la vigilia pascual y la misa de medianoche. Pues, de una manera maravillosa estas ceremonias significan la inestimable obra de Jesucristo en la Redención de la humanidad y el tremendo privilegio nuestro de ser hijos de Dios por medio del bautismo. Las ceremonias comienzan por la noche (alrededor de las 10:30 p.m.) afuera de la iglesia con la bendición del fuego nuevo y del cirio pascual, que también significa dos cosas: primero, la presencia de Dios en el pilar del fuego que guió al pueblo elegido por el desierto; en segundo lugar, a Cristo, la luz del mundo, cuya vida y enseñanzas disipan las tinieblas espirituales en que se encuentra la humanidad. El diácono de la misa lleva el cirio pascual en procesión a la iglesia y tres veces dice lumen Christi, la luz de Cristo. Esto simboliza cómo Cristo, la Luz del mundo, primero iluminó a sus apóstoles y discípulos, y, por medio de ellos, al mundo entero. Cuando la procesión llega al santuario, el diácono descansa el cirio pascual y enseguida canta el Exultet, uno de los cantos más hermosos de la Liturgia. Escuchemos el emocionante Exultet de nuestro diácono, y aprendamos de él los gozos que nos esperan en esta noche maravillosa.
«Exulte ya la angélica turba de los cielos; exulten los divinos Misterios, y por la vicotria de Rey tan grande, resuene la trompeta de salvación. Alégrese también la tierra, radiante de tanta luz, e iluminada con el esplendor del Rey eterno, sienta haberse ya disipado la oscuridad que tenía encubierto antes al mundo. Alégrese también nuestra madre la Iglesia, adornada con los fulgores de tanta luz; y resuene este recinto con las festivas voces de los pueblos. Por lo que vosotros, hermanos carísimos, que asistís a la maravillosa claridad de tan santa luz, unidos conmigo, invocad la misericordia del Dios omnipotente. Para que pues se dignó, no por mis méritos, agregarme al número de los diáconos, difundiendo la claridad de su luz, pueda cantas las alabanzas de este cirio. Por nuestro Señor Jesucristo su Hijo, que con Él vive y reina en unidad del Espíritu Santo Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén».

El diácono continúa cantando las alabanzas de nuestro divino Redentor en el esplendor de un glorioso prefacio, que cuenta la caída de nuestros primeros padres, Adán y Eva, y el infinito amor de Dios de enviar su Hijo Unigénito, el cual derramó su sangre por nuestra Redención. Este Prefacio nos manifiesta la hermosa relación entre el sacrificio del cordero pascual del Antiguo Testamento, cuya sangre pintó en los postes de las puertas de los israelitas el día de su liberación de Egipto, y el verdadero sacrificio de Jesucristo en la cruz, por el cual derramó su Sangre por nuestra Redención.

Siguen las lecturas donde se narra la creación del mundo y del hombre, el cruce del Mar Rojo por los israelitas y su viaje a la Tierra Prometida. Una vez terminadas las lecturas, se entonan las letanías de los santos, donde invocamos la intercesión de todos los coros angélicos y de la corte celestial. Casi en la mitad de estas invocaciones hay una interrupción para bendecir el agua bendita de Pascua y, en particular, el agua bautismal para el sacramento de la Regeneración.

Terminada la bendición del agua bautismal, sigue la renovación de las promesas bautismales. Habiendo renunciado a satanás, sus pompas y obras, profesamos nuestra firme creencia en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra; y en Jesucristo, el Hijo de Dios, que se Encarnó, padeció y murió por nosotros; y en el Espíritu Santo y en la santa Iglesia católica.

Después de hacer esta renovación, el sacerdote nos rocía con el agua bendita de Pascua para recordarnos de nuestro bautismo, por el cual nos hicimos hijos de Dios y herederos del cielo.

Mientras se concluye la letanía de los santos, el sacerdote se prepara para la santa misa. En la misa de medianoche para la Pascua, hay una gran espera en nuestros corazones, porque después del Kyrie Eléison se entonará el Gloria, las campanas se tocarán y se descubrirá la imagen de nuestro Salvador resucitado. Es imposible tratar de explicar el sentimiento de gozo que experimentamos en este momento. Ya que en la liturgia experimentamos, de la manera más expresiva, la gloriosa Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo. El cambio súbito en la iglesia de la apariencia triste de las telas moradas que cubren las estatuas y del altar vacío, al toque de las campanas, el exultante canto del Gloria con el órgano, el descubrimiento de las imágenes de nuestro Salvador Resucitado y de sus santos: todas estas cosas nos dan la mejor experiencia posible de la gloriosa Resurrección de nuestro Señor.

Espero que todos los fieles puedan asistir a las ceremonias sagradas para obtener abundante fruto de ellas, y así como nos exhorta san Pablo, resuciten a una nueva vida espiritual en Cristo.

In Christo Jesu et Maria Immaculata,
Obispo Mark A. Pivarunas

Semana Santa de 1995