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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 27 de abril de 2025

BEATA HOSANA DE KOTOR, TERCIARIA DOMINICA


La terciaria dominica Hosana de Kotor nació como Juana Kosić en la aldea de Relezi en el principado de Zeta (sur de Montenegro) el 25 de Noviembre de 1493 en una familia sacerdotal de la Iglesia Ortodoxa Serbia. Su padre Pedro, su abuelo Alejo y su bisabuelo Jorge Kosić eran sacerdotes; y su tío paterno Marcos Kosić fue obispo ortodoxo de Zeta.

Juana ejercía de pastora, y estando en soledad dedicaba mucho tiempo a la oración. Un día, estando cuidando las ovejas, vio a un niño acostado en la grama y cuando fue a acercarse a él, desapareció, dejándola con gran soledad.

A los 14 años, las visiones de Jesús (a veces como niño, a veces como crucificado) fueron acompañadas por un deseo de ir a la ciudad costera de Kotor (en italiano Cattaro) en la Albania Veneta (bahía de Kotor, Montenegro), donde Juana sentía que podía orar mejor. Al morir su padre en 1507, su madre, a regañadientes, le consiguió puesto en esa ciudad como sirvienta de la familia del senador Alejandro Buća, que era católico, y allí le permitieron visitar las iglesias de Kotor cuanto quisiese. En ese tiempo, instruida por Marina Bizanti (esposa de Alejandro), Juana se convirtió al catolicismo tomando el nombre de Catalina, y en su tiempo libre aprendió a leer y escribir, y leía libros religiosos en latín y en italiano, entre ellos la Biblia. El Viernes Santo de 1513, en la misma catedral, decidió dedicarse a observar la Pasión de Cristo, la oración, la penitencia y las buenas obras.

Al poco tiempo, se hizo terciaria dominica el 25 de Enero de 1514, tomando el nombre de Hosana, en honor de la beata Hosana de Mantúa, ella quiso llevar vida de anacoreta, y aunque su director el fraile franciscano Tomás Grubonja la consideraba demasiado joven, la condujo a una celda cerca a la iglesia de San Bartolomé, con dos ventanas: una para oír la misa, y la otra por la cual ocasionalmente la gente le pedía oración o le daba comida. Hecho el voto de estabilidad de los anacoretas, y recibida la bendición del obispo Trifón Bizanti, la celda fue cerrada.

Cuando un terremoto destruyó la celda en 1521, Catalina se trasladó a otra cerca a la iglesia de San Pablo, dirigida por los padres dominicos. Alrededor de ella se reunieron otras terciarias dominicas que recurrían a su dirección, y posteriormente se fundó un convento para acogerlas.

Desde que llegó a Roma la noticia de su santa vida, el general de los dominicos, Francisco Romeo, les permitió llevar un escapulario blanco en 1547, que era un signo reservado a las hermanas de la segunda orden dominica.

En su celda, Hosana oía la Misa y adoraba al Santísimo Sacramento. Cuando comulgaba no comía nada en todo el día y tomaba disciplina y usaba el cilicio. Su flagelo, con cinco cuerdas en los extremos, se conserva hasta el día de hoy y debía recordarle constantemente las llagas de Cristo. Nunca comía carne, ayunaba a pan y agua cuatro días a la semana, oraba larga y frecuentemente, tanto de día como de noche.

Hosana tuvo varias visiones del Niño Jesús, de la Santísima Virgen María y de varios santos. En una ocasión, el demonio se le apareció disfrazado de la Virgen y le sugirió modificar sus penitencias, pero con el consejo de su director espiritual fray Vicente Bucchia, lo desenmascaró y venció.

Cuando la ciudad de Kotor fue atacada por el corsario turco Jeiredín Barbarroja el 9 de Agosto de 1539, los habitantes de Kotor acudieron a ella ñpidiéndole oración y consejo, librándose así del asedio. También se acredita a sus oraciones que la ciudad se salvase de la peste.

Hosana murió el 27 de Abril de 1565, después de recibir de manos de fray Tomás Basca OP el Santo Viático y oír leer la Pasión según San Juan, habiendo observado por 52 años la regla de Santo Domingo. Los ciudadanos de Kotor la estimaban como “trompeta del Espíritu Santo” y “maestra de mística”, y por su intercesión por la paz de la ciudad y de las familias en contienda la llamaban “la virgen reconciliadora” y “ángel de la paz”.

Su cuerpo incorrupto fue venerado en la iglesia de San Pablo hasta 1807, cuando al ser convertida en bodega por las tropas napoleónicas, fue trasladada a la iglesia de Santa María. Si bien su veneración era una constante local y se extendió, a través de los dominicos, por Italia, Francia, España, Alemania y los Países Bajos, el proceso de beatificación se inició en 1905, siendo confirmado su culto en 1927 y beatificada en 1934.
   
ORACIÓN (Del Misal Dominico)
Renueva, oh Señor, en nuestros corazones el amor a tu Cruz, para que por la intercesión y ejemplo de tu bienaventurada virgen penitente Hosana, nos hagas partícipes de tu Pasión y gloria. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 31 de mayo de 2024

ESPIRITUALIDAD QUE HUYA DE LA CRUZ, NO ES BUENA


«Todo espíritu que quiera ir por dulzuras y facilidad, y huye de imitar a Cristo, yo no lo tendría por bueno» (SAN JUAN DE LA CRUZ, Subida del monte Carmelo, cap. VII. Barcelona, Juan Roca y Hnos., 1883, pág. 82).

sábado, 6 de abril de 2024

LAS APARICIONES EN EL MUNDO DE HOY, ¿QUÉ HACER?

    
Sermón predicado por el Rvdo. P. (hoy Obispo) Fernando Altamira, Superior de la Sociedad Santa María, el domingo 2 de Noviembre de 2014. Forma parte del sermón predicado el Jueves infraoctava de Pascua 4 de Abril de 2024 (arriba):
LAS APARICIONES EN EL MUNDO DE HOY, ¿QUÉ HACER? 
    
Queridos hijos:
  
Quería hablarles de un tema que me parece bien importante por tantas cosas que suceden. De no tener claridad en estas cosas, ellas servirían para seguir oscureciendo y confundiendo en esta realidad que nos toca vivir; y agravarían la crisis que soportamos. Me refiero a las apariciones, o supuestas apariciones, mensajes, locuciones, etc.
   
Estas cosas pululan aun entre nosotros los llamados “tradicionalistas”. A veces nuestros fieles se mantienen dentro de todo ese mundo, con el riesgo de “los engaños del diablo” que allí puede haber, y con el riesgo de descuidar la Fe.
    
En estos temas, hay que dar toda la primacía a la Sagrada Escritura y sus profecías (“profecías de la Revelación Pública”), y podemos decir que “con eso nos basta”.
  
(Cuerpo 1: Palabras de San Juan de la Cruz)
Para que se les graben bien las enseñanzas, no hablaré yo: Dejemos el lugar a un sacerdote, “que además” es santo, “que además” es Doctor de la Iglesia (por la excelencia de sus enseñanzas), “que además” es un místico (y por lo tanto conocedor o con experiencia en estos temas). Estamos hablando de San Juan de la Cruz. Su libro más famoso, “SUBIDA DEL MONTE CARMELO”, Libro II, Capítulo 11. Les leeré extractos:
“(...) acerca de la vista, [a algunos] se les suele representar figuras y personajes de la otra vida, de algunos santos, y figuras de ángeles, buenos y malos, y algunas luces y resplandores extraordinarios. Y con los oídos oír algunas palabras extraordinarias, ora dichas por esas figuras que ven, ora sin ver quién las dice (nota: se refiere a locuciones, revelaciones, o escrituras que se reciben o que “mueven la mano” en el papel). En el olfato, sienten a veces olores suavísimos sensiblemente, sin saber de dónde proceden... 2. (…) [en cuanto a las anteriores cosas] totalmente han de huir de ellas, sin querer examinar si son buenas o malas. Porque así como son más exteriores y corporales, así tanto menos ciertas son de Dios….
3. Y así, yerra mucho el que las tales cosas estima, y en gran peligro se pone de ser engañado… porque todas aquellas cosas corporales no tienen, como habemos dicho, proporción alguna con las espirituales.
    
Y así, siempre se han de tener las tales cosas por más cierto ser del demonio que de Dios
4. (…) [Estas cosas son] ocasionadas para criar error y presunción, y vanidad en el alma… y [el alma] se va tras ello, desamparando la Fe… y pierde más el camino y medio que es la Fe, cuanto más caso hace de las tales cosas.
5. Y, además de eso, como ve el alma que le suceden tales cosas y extraordinarias, muchas veces le nace [1] secretamente cierta opinión de sí, de que ya es algo delante de Dios, lo cual es contra la humildad. Y también el demonio sabe ingerir en el alma satisfacción de sí oculta, y a veces harto manifiesta. Y, por eso, él pone muchas veces estos objetos en los sentidos, mostrando a la vista figuras de santos, y resplandores hermosísimos, y palabras a los oídos… y olores muy suaves, y dulzuras en la boca, y en el tacto deleite, para que, engolosinándolos por allí, los induzca en muchos males.
    
Por tanto, SIEMPRE SE HAN DE DESECHAR tales representaciones y sentimientos, porque, dado caso que algunas sean de Dios, no por eso se hace a Dios agravio ni se deja de recibir el efecto y fruto que quiere Dios por ellas hacer al alma…
7. (…) Por tanto, el alma nunca se ha de atrever a quererlas admitir… en quererlas admitir abre la puerta al demonio para que le engañe en [cosas] semejantes, las cuales sabe él muy bien disimular y disfrazar, de manera que se parezcan a las buenas
8. Por tanto, siempre conviene al alma desecharlas A OJOS CERRADOS, sean de quién fueren. Porque, si no lo hiciese, tanto lugar daría a las del demonio… de tal manera irían multiplicándose las del demonio y cesando las de Dios, que todo se vendría a quedar en demonio y nada de Dioscomo ha acaecido a muchas almas incautas y de poco saber
12. (…) el demonio gusta mucho cuando una alma quiere admitir revelaciones y la ve inclinada a ellas, porque tiene él entonces mucha ocasión y mano para ingerir errores y derogar en lo que pudiere a la Fe…”.
(Cuerpo 2: ¿Cuál debe ser la actitud del católico frente a las revelaciones “privadas”?)
La Tradición (revelación oral) y la Sagrada Escritura (revelación escrita) constituyen el “Depósitum Fídei” (el Depósito de la Fe), el conjunto de enseñanzas y verdades dadas por Dios. Se le llama también “Revelación Pública”. Y se cerró y acabó con la muerte del último de los apóstoles: San Juan. Esto, la Fe, debe ser la vida del católico, “lo más principal”. Porque todo católico SE DEBE APOYAR EN LA FE, EN LA FE CATÓLICA, la cual en general se daña si uno está detrás de apariciones, etc, etc. Lo acabamos de oír por boca de San Juan de la Cruz.
   
Las apariciones, mensajes, etc, constituyen lo que se llama revelaciones “privadas”. Y en éstas se pueden dar muchas falsas, y se puede caer fácilmente en engaños del diablo. Aquí en Colombia hay muchísimas, “por todos lados”.

¿Cuál debe ser la actitud de un católico frente a las revelaciones “privadas”?
   
Uno no puede negar que Dios puede dar apariciones verdaderas: Dios puede dar estas cosas. Pero el católico tiene que ser consciente de que hay muchísimas falsas, y cómo se prestan éstas para que el diablo engañe y haga daño. El texto de San Juan de la Cruz es muy fuerte.
    
Entonces: Sin negar que estas cosas se pueden dar de parte de Dios, ser más bien bastante esquivo y reticente con las apariciones, más bien no dejarse llevar por ellas (porque además, estrictamente, no las necesitamos).
   
Con mayor razón se debe seguir este consejo hoy en día, en que el diablo anda “tan suelto”, “engañando tanto”. Con mayor razón hoy, que la falta de luz y de claridad es tan grande (“niebla tan espesa que casi se puede tocar con la mano”).
     
Saben cuánto he insistido sobre estas cosas en años anteriores. Un ejemplo (del año pasado): En nuestro propio barrio, a pocas cuadras, las supuestas apariciones-revelaciones de la Virgen. En el librito que han editado había “recetas”: Si tiene problemas digestivos, escriba en un papel “Jesús” y coma dicho papel (!). Otro caso: Hierva 10 minutos (?) una medallita de la Virgen y luego tome dicha agua (!). Lo penoso y triste es que –según parece– aun feligreses iban allí. Este ejemplo es más burdo, pero, en lo esencial, el problema es siempre el mismo con las supuestas apariciones, aun si éstas son más sutiles o refinadas.
    
(Cuerpo 3: Nuevas apariciones, “LAS CRUZADAS DEL ROSARIO” de Mons. Fellay, la mensajera)
En estas semanas, muchos (o varios) de ustedes han estado al tanto o han leído sobre las supuestas apariciones de la Virgen (creo son desde el año 2000), sobre su mensaje, sobre las Cruzadas del Rosario de Mons. Fellay, la mensajera, etc.
    
La primera Cruzada del Rosario que pidió Mons. Fellay, en el año 2006, tenía como “primera intención” obtener que Benedicto XVI libere la Misa de siempre. Esto no se obtuvo y lo que ocurrió fue peor.
    
Creemos que estas apariciones son falsas, por lo menos por lo ocurrido con la Misa y el Motu Proprio de Benedicto XVI. Y porque la Virgen María (la verdadera Virgen María) no podría apoyar o respaldar algo así. Además, no podemos sostener que Benedicto XVI cumplió con aquello de liberar la Misa Tridentina con su Motu Proprio.
    
Benedicto XVI, en dicho documento, establece como regla para la Iglesia Católica (“rito ordinario”) la “misa moderna”, una “misa” que en sus textos y en sus ritos tiene errores que dañan la Fe, una “misa” que tiene riesgo de invalidez, una “misa” protestantizada y protestantizante, una “misa” que niega el Sacrificio de la Cruz o lo oculta (y en vez de ello es: “La Cena del Señor”). Benedicto XVI, con su Motu Proprio, además da legitimidad a la “misa moderna”. Mons. Lefebvre usaba una expresión bien fuerte para expresarse sobre ella, la llamaba “misa bastarda”.
     
¿Y qué pasó con “nuestra” Misa? En ese mismo documento, Benedicto XVI llama a la verdadera Misa, a la Misa de siempre, “el rito extraordinario”. Con lo cual la regla pasa a ser la otra, y ésta –la verdadera– es una excepción, “rito extraordinario”.
 
“Padre, pero Benedicto por lo menos dejó libre la verdadera Misa, la liberalizó”. Esto es falso:
  • Primero, porque Benedicto XVI, en el documento, no manifestó la absoluta libertad que tiene cualquier sacerdote para que celebrarla cuando quisiere, tanto en forma pública como en forma privada.
  • Segundo, porque en las parroquias la dejó librada a los permisos y reglamentaciones de los obispos (en los horarios públicos de la parroquia); frente a lo cual, la casi totalidad de los obispos del mundo han puesto mil trabas y hasta han perseguido a los sacerdotes interesados (y ni entremos en el tema de que –además– la ordenación sacerdotal “moderna” tiene riesgo de invalidez, con lo cual sería “estar gastando pólvora en chimango”).
Por eso, volviendo a estas apariciones, las Cruzadas, etc: Si en estas apariciones, la supuesta Virgen María ha apoyado esto del Motu Proprio, decimos: Ésta no es una aparición verdadera, no es algo que viene del Cielo, allí no está la Virgen María.
    
Sobre el tema, en general, de las apariciones: Uno puede seguir las que han sido aprobadas por la Iglesia. En la aparición mencionada, se habla asimismo de “la consagración de Rusia”: Así como se la ha presentado (en otras ocasiones; diferentes personas), eso no es así, o no es tan así. Pero hoy no entro en este tema.
    
(Conclusión)
Todo ese mundo de mensajes, locuciones, apariciones, pueden llevar a errores, males, cosas graves. Debilitan nuestra Fe –como dice San Juan de la Cruz–.
    
La vida del católico debe ser la Fe y las obras de esa Fe, es decir la Caridad. El Depósito de la Fe, nuestra Santa Religión, deber ser suficiente para nosotros, ¡para todo católico!
    
Y si en épocas “normales” (pongamos, sin aclarar mucho: como las de San Juan de la Cruz) uno debía ser precavido y más bien guardar distancia con estas cosas: Con mucha mayor razón hoy, en épocas de crisis como las que vivimos, donde todo está tan mezclado, donde todo está tan “revuelto”, no hay mucha luz, y donde la poca luz que hay puede ser opacada por las falsas apariciones.
   
Terminamos la prédica con un gran pedido a Dios y a María Santísima, para que en todo esto que padecemos, la crisis de la Iglesia y la crisis interna de la Fraternidad San Pío X, ELLOS PERMITAN QUE HAYA MÁS LUZ. Que nuevos hechos o “dichos” nos permitan tener más luz, para tantos buenos sacerdotes, para tantos buenos feligreses, por las almas buenas.
  
AVE MARÍA PURÍSIMA.

NOTA
[1] Literalmente decía “se le ingiere”.

domingo, 17 de abril de 2022

BEATA MARÍA ANA DE JESÚS NAVARRO

   
La extática y maravillosa virgen Maria Ana de Jesús, nació en Madrid, de muy noble e ilustre linaje. Su padre Luis Navarro Ladrón de Guevara servia en la corte del rey don Felipe III. Cuando llevaban en brazos a la iglesia aquella santa niña, notaban que al tiempo de alzar la Hostia y el Cáliz se que daba arrobada; y cuando apenas sabía andar por sus pies, buscaba algún lugar recogido de su casa; y allí la veían puesta en oración delante de una imagen de nuestro Señor crucificado, bañados los ojos en lágrimas o cercado su rostro de resplandores. Gozaba de la presencia visible de su Ángel custodio; y platicaba de la beatísima Trinidad, de la Encarnación del Verbo, y de la adorable Eucaristía, que son los más inefables Misterios de nuestra divina Religión, como de cosas que más parecía entenderlas que creerlas. Recibió la primera comunión en edad muy temprana, y cada vez que tomaba el Pan de los ángeles, parecía transformarse en un ángel que gozaba de Dios. Mas, ¿quién no se espantará ahora de las durísimas pruebas por que hubo de pasar esta alma angelical? Muy presto tuvo en lugar de madre Juana Romero una madrastra de condición asperísima, que la afligía sobremanera, y no le iba el padre a la mano tanto como debiera, especialmente cuando la santa doncella hizo voto de perpetua virginidad, contra la voluntad del padre que quería casarla. Era ella, de gentil disposición y muy hermosa. Se cortó un día con las tijeras la rubia cabellera, pensando que así se entibiaría el amor del que la pretendiera por esposa. Entonces fue cuando su padre y su madrastra Jerónima Pinedo salieron de sí y cargaron sobre ella una tempestad de injurias y golpes, con tanto enojo y crueldad, como si fueran verdugos de su hija mártir. Cuando cesaron los malos tratos, Dios permitió que su sierva se viese todo los instantes del día fieramente atormentada por torpísimas imaginaciones y tentaciones las cuales le duraron once años, y a todo esto se añadían penosísimas enfermedades y agudísimos dolores, que acrisolaron como el oro su invencible paciencia. Dejó al fin la casa de sus padres, y con la aprobación del venerable Fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento, que era su confesor, y fue el fundador de los Mercedarios decalzos, se labró una celdilla junto a la ermita de Santa Bárbara, y recibió después el hábito de Nuestra Señora de la Merced de manos del Maestro general de la orden: y en aquella pobrísima casa la visitaban hasta los príncipes, porque era muy grande la fama de sus arrobamientos, milagros y profecías. Finalmente, después de una vida llena de trabajos y celestiales consuelos, en un éxtasis suavísimo entregó su alma al Señor a los cincuenta y nueve años de su edad.
      
REFLEXIÓN 
Los cilicios e instrumentos de penitencia que usaba la santa, y se conservan en el convento de Santa Bárbara de Madrid, llenan de asombro y compunción a los que los miran. Llevaba pegado al pecho un peto de espinas y a las espaldas unas cruces anchas sembradas de puntas de hierro; en los brazos unos cilicios, y en la cabeza una corona de espinas y solía hacer el vía crucis con una pesada cruz en los hombros. La causa de esta asombrosa mortificación no era otra sino el amor tan grande que tenía esta inocentísima virgen a su divino Amor crucificado, y tan desagradecido e injuriado de los hombres. Pues, ¿quién no exclamará aquí diciendo: "Esta santa virgen tan inocente y tan penitente, y yo tan pecador y tan inmortificado".
   
ORACIÓN
Oh clementísimo Dios, Señor de las virtudes, que llenaste de los dones de tu gracia a la bienaventurada María Ana, concédenos por sus ruegos, que los que la honramos con solemnes cultos, imitemos también sus obras.  Por J. C. N. S. Amén.
   
"FLOS SANCTORUM DE LA FAMILIA CRISTIANA", Las vidas de los Santos y principales festividades del año, ilustradas con otros tantos grabados y acompañadas de piadosas reflexiones y de las Oraciones litúrgicas de la Iglesia, del P. Francisco de Paula Morell, S. J. Ed. Difusión, Bs. As., 1943.

miércoles, 6 de octubre de 2021

SANTA MARÍA FRANCISCA DE LAS CINCO LLAGAS


Nació como Ana María Rosa Nicoletta Gallo Bansini en los Quartieri Spagnoli (Barrio Español) de Nápoles (Italia) el 25 de Marzo de 1715. Su padre Francisco Gallo era un tejedor, hombre de terrible mal genio. La mamá Bárbara Bansini era una mujer extraordinariamente piadosa, la cual antes del nacimiento de la niña, ante los tratos tan violentos de su esposo y ante el misteriosos sueños que había tenido, le consultó el caso a San Francisco de Jerónimo, el cual le profetizó que tendría una hija a la cual Dios le hablaría por medio de revelaciones.
   
Desde muy pequeñita fue obligada por su padre a trabajar muchas horas cada día en su taller de hilados. Pero la mamá aprovechaba todo rato libre para leerle libros piadosos y llevarla al templo a orar. El párroco, admirado de su piedad y viendo que se sabía de memoria el catecismo, la admitió a los 8 años a la Primera Comunión, y al año siguiente la encargó de preparar a varios niños.
   
Las demás obreras de la fábrica comentaban: «María Francisca trabaja las mismas horas que nosotras y hace el doble de hilados que las demás. ¿Qué será? ¿Vendrá su ángel de la guarda a ayudarla?». Y empezó a correr la noticia de que esta jovencita recibía especiales ayudas del cielo. Lo cierto es que cada día dedicaba cuatro o más horas a rezar, leer y meditar. Y cada mañana asistía muy devotamente a la Santa Misa.
   
Un domingo por la tarde, mientras preparaba unos niños a la Primera Comunión, de pronto se quedó callada como mirando a lo lejos y luego dijo: «José, Josecito: corre a tu casa que tu mamá te está necesitando. Ve allá enseguida». El niño salió corriendo y encontró que a la mamá le había dado un ataque y al caer había lanzado una lámpara encendida sobre un poco de ropa y se iba a producir un incendio. A tiempo pudo apagar las llamas y salvar la vida de su mamá. La noticia corrió por todo el barrio, y la gente empezó a comentar que a esta muchacha le enviaba Dios mensajes extraordinarios.
   
Como era hermosa, su padre le consiguió un novio de clase rica. Pero María Francisca le dijo que ella había prometido a Dios conservarse soltera y virgen para dedicarse a la vida espiritual y a ayudar a salvar almas. Su padre estalló en cólera y le dio violentos azotes. La encerró en una pieza a pan y agua por varios días. La jovencita aprovechó este encierro y este ayuno para dedicarse a orar y a meditar y a hacer penitencia. La madre logró hacer que un padre franciscano viniera a la casa y convenciera al furibundo padre para que dejara en libertad a su hija para escoger el futuro que más le agradara. El religioso logró convencer a Don Francisco Gallo a que permitiera que su hija se dedicara a la vida espiritual, en vez de obligarla a contraer matrimonio.
   
El 8 de Septiembre de 1731 recibió el hábito de Terciaria franciscana y siguió viviendo en su casa, pero con comportamientos de religiosa.
   
Como la gente comentaba que esta muchacha avisaba el futuro y leía las conciencias, un hombre de negocios le propuso a don Francisco que aprovechara las cualidades de su hija para conseguir mucho dinero. El papá le propuso entonces a María Francisca que se dedicara a adivinar la suerte a los demás y cobrara las consultas. Ella le dijo: «¿Papá, es qué has creído que yo soy adivina?». «No eres adivina», le respondió él, «pero eres una santa y lograrás que Dios te comunique el futuro de la gente». La joven le dijo humildemente: «¡Papá, yo no soy una santa. Yo soy una pobre criatura que lo único que hace es tratar de rezar con fe, pero no soy la que tú te estas imaginando. Y además nunca negociaré con lo que es de la religión!».
   
Entonces el padre la castigó ferozmente a latigazos y a duras penas la madre logró sacarla de sus manos. La joven corrió aterrorizada a casa del Sr. Arzobispo Francisco Pignatelli CR, el cual se fue ante el juez y logró que a ese hombre le pusieran una sentencia de que si en adelante azotaba a su hija tendría que pagar una multa. Esto hizo que no la azotara más.
   
María Francisca era muy devota de la Pasión de Cristo, por eso al hacerse terciaria Franciscana tomó el nombre de María Francisca de las Cinco Llagas. Y pasaba horas y horas meditando en la Pasión y Muerte de Jesús.
   
Frecuentemente mientras estaba en oración entraba en éxtasis (suspensión de la actividad de los nervios y de los sentidos, acompañada con visiones sobrenaturales). La Santísima Virgen se le aparecía y le traía mensajes. Pero también el demonio se le presentaba en forma de perro rabioso que la aterrorizaba. Afortunadamente descubrió que al hacer la señal de la cruz, y al pronunciar los nombres de Jesús, José y María lograba que el demonio saliera huyendo. Este fue el consejo que le oyó un día al crucifijo: «Cuando te asalten los ataques de los enemigos del alma haz la señal de la cruz, y además de invocar los nombres de las tres divinas personas de la Santísima Trinidad, debes decir varias veces: «Jesús, José y María”».
   
Una señora la invitó a visitar un enfermo, pero la llevó a una casa en donde se efectuaba un baile inmoral. Ella huyó precipitadamente y se libró de la corrupción.
   
Cuando su madre murió, María Francisca se dio cuenta de que ante el temperamento tan violento de su padre, ella tenía que abandonar el hogar. Y un santo sacerdote, Giovanni Pessiri, le permitió que fuera atenderle la casa cural en la calle Tre Re a Toledo. Allí estuvo los últimos 38 años de su existencia, y ese tiempo le sucedieron muchos hechos misteriosos.
   
Un día estaba barriendo la sacristía cuando oyó una voz que le decía: «María Francisca, huye, sal huyendo rápido». Ella salió corriendo y minutos después se desplomó el techo de la sacristía. Así salvó su vida.
   
Cuando rezaba el viacrucis iba sufriendo algunos dolores parecidos a los que Jesús sufrió en el Huerto de los Olivos, en la flagelación, en la coronación de espinas, al llevar la cruz a cuestas y al ser crucificado. Cada Viernes Santo entraba en agonía como si estuviera muriendo en una cruz. Y todo esto lo ofrecía por la conversión de los pecadores, y el descanso de las benditas almas del Purgatorio. Las gentes decían: «María Francisca saca más almas del Purgatorio ella sola con sus sufrimientos, que todos nosotros con nuestras oraciones».
   
Unos de los fenómenos más extraordinarios de esta santa sucedieron durante la comunión. En tres ocasiones la Santa Hostia voló a posarse en sus labios. Una vez mientras el sacerdote decía: «Este es el Cordero de Dios…», la hostia que él tenía en la mano salió volando y fue a colocarse en la boca de la santa. Otra vez voló desde el Copón, y una tercera vez, al partir el celebrante la hostia grande, un pedazo de ella voló hacia la fervorosa mística que estaba aguardando turno para comulgar.
   
En la Navidad de 1741, el Niño Jesús le habló y le dijo: «Quiero que seamos amigos para siempre». Fue tan grande la emoción de ella al oírle esto a Nuestro Señor, que quedó ciega por 24 horas. Después recobró otra vez la vista y el resto de su vida lo dedicó por completo a amar a Jesús y a hacerlo amar por los demás.
   
Le aparecieron las cinco llagas o heridas de Jesús en su cuerpo. Su salud era muy defectuosa y las enfermedades la hacían sufrir enormemente. Cuando su padre estaba moribundo le pidió a Dios que le pasara a ella los dolores que el pobre hombre estaba padeciendo, y así sucedió con espantables sufrimientos para la santa mujer. Pero con estos sufrimientos logró convertir a su papá y a muchos pecadores más. En sueños veía a varias almas del Purgatorio que le suplicaban ofreciera por ellas sus sufrimientos ya sí lo hacía. Muchas personas la trataron muy mal y ella ofrecía con paciencia estos malos tratos rezando por quienes le ofendían, y tratando bien a quienes le trataban mal. Las gentes murmuraban contra ella y le inventaban lo que no era cierto, pero ella callaba, para asemejarse a Jesús que callaba en su Pasión. A su director espiritual le dijo un día: «He sufrido en mi vida todo lo que una persona humana puede sufrir. Pero todo ha sido por amor a Dios». Y le añadía: «¡Padre, sed muy bondadoso con las personas que os vienen a consultar. No seáis duro con nadie!».
   
Anunció que iban a llegar muy pronto unos sufrimientos terribilísimos para la Iglesia Católica (y en aquellos años llegaron las feroces persecuciones de la Revolución Francesa que ocasionaron tantísimas muertes de católicos). Pidió a Dios que no permitiera que ella presenciara estos desastres, y murió cuando estaban empezando.
   
El 6 de Octubre de 1791 murió santamente. Beatificada por el Papa Gregorio XVI el 12 de Noviembre de 1843, el 29 de Junio de 1867 el Sumo Pontífice Pío IX la declaró santa.
  
ORACIÓN
Oh Señor Jesucristo, que entre las dotes que hiciste a la bienaventurada virgen Santa María Francisca está el admirable desprecio del mundo, concédenos te suplicamos, por sus méritos e intercesión, despreciar lo terreno y buscar siempre las cosas celestiales. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 17 de septiembre de 2021

SANTA HILDEGARDA DE BINGEN, VIRGEN Y ABADESA

Santa Hildegarda de Bingen
  
Esta santa es una de las mayores figuras femeninas de Occidente. A pesar de poseer una naturaleza tímida y enfermiza, aceptó la misión que le fue dada por Dios y exhortó al Papa, emperadores, reyes y clérigos a convertirse y rechazar las malas costumbres que habían aparecido sobre todo en las esferas religiosas.
   
Sus escritos inspiraron incluso a santos tan influyentes como Bernardo de Claraval (quien le aconsejó escribir las visiones que tenía, respondiendo humildemente a las gracias espirituales que Dios le concedió). También edificó en Monte San Ruperto, cerca de Bingen, un nuevo monasterio para su creciente comunidad de monjas (con agua corriente), mantuvo correspondencia con el Papa, aconsejó no sólo a laicos sino también a sacerdotes, escribió numerosas cartas, compuso himnos y dramas sagrados como Ordo virtútum y Symphonía armoníæ cœléstium revelatiónum, y aún le quedó tiempo para escribir en sus libros ScíviasLiber vitæ meritórum y Liber divinórum óperum lo esencial de sus veintiséis visiones simbólicas que trataban de las relaciones entre Dios y la humanidad. Además viajó mucho a lo largo de Alemania.
    
También tenía un gran conocimiento de plantas y hierbas medicinales y escribió dos libros sobre su naturaleza y su uso (Liber símplicis medicínæ o Phýsica, y Liber compósite medicínæ o Causæ et curæ). Diariamente llegaban a las puertas del convento personas necesitadas y enfermos graves para que Hildegarda los aconsejara o los curara con sus medicinas y sus oraciones. El pueblo veía como una dádiva especial de amor de Dios el consejo personal y el auxilio dispensado por las manos de esta mujer, que también en su propio cuerpo sufría múltiples penas.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que adornaste a tu bienaventurada virgen Santa Hildegarda con celestiales dones, concédenos te suplicamos, que siguiendo sus huellas y documentos, merezcamos pasar de las tinieblas del siglo presente a tu luz delectable. Por J. C. N. S. Amén.

miércoles, 14 de julio de 2021

MUSSOLINI EN EL PURGATORIO ANTES DE IR AL CIELO

Fragmento tomado de MYSTICS OF THE CHURCH, vía GLORIA TV. Traducción por un lector.
   
    
Edvige (Eduviges) Carboni Pinna (1880-1952) era una laica mística y estigmatizada que tuvo visiones de personas que habían ido al Infierno, de almas que estaban en el Purgatorio y solicitaban su ayuda; y de almas que entraban en el Cielo.

Vitalia, una amiga de ella, afirma: “Había un joven que vivía en el edificio de Edvige. Nunca escuchó su apelo de arrepentirse. No era creyente, y murió repentinamente de una descarga eléctrica en su lugar de trabajo. Tuvieron tiempo de llevarlo al hospital, pero cuando estuvo allí rechazó al sacerdote y los sacramentos.
    
Un día Edvige lo vio rodeado de llamas, condenado. La maldecía y le reprochaba no haber rezado más por él. Jesús consoló a Edvige, diciéndole que se había apiadado de este hombre enviándole un sacerdote, pero que él lo había rechazado”.

Hubo otro caso de un hombre que llevaba una vida honesta pero que nunca recibía los sacramentos. Jesús le dijo a Edvige que le escribiera a este hombre y le dijera que si no cambiaba su forma de vida, sería castigado. El hombre no quiso arrepentirse y más tarde, Jesús le hizo saber a Edvige que él también había sido condenado.
   
Jesús también le hizo saber a Edvige de un dentista en Cerdeña que había sido condenado:
“Hija mía, ese dentista que murió hace unos meses no quiso reconocerme como su padre, y yo no lo reconocí como hijo”.
    
Un caso muy conocido fue el de un sacerdote que durante la Segunda Guerra Mundial daba conferencias negando la presencia real de Jesús en la Sagrada Eucaristía en una Universidad de Roma. Tras su muerte, se le apareció a Edvige que solía rezar por él.
    
Le dijo que había sido condenado por los libros que había escrito contra la fe y por el escándalo que había provocado. Para demostrarle a Edvige que no eran imaginaciones suyas, el sacerdote cogió un libro en su habitación y al tocarlo se quemó por completo.
    
Respecto al purgatorio, Edvige escribió en su diario en octubre de 1943: “Alguien apareció y tocó mi muñeca y me quemó. No lo conocía. Iba vestido de oficial. Él me dijo: ‘He muerto durante la guerra. Me gustaría que Mons. (Alfredo) Vitali celebrara algunas misas. Tu hermana y tú haréis la santa comunión por mí’

Después de haber celebrado las Misas y las Comuniones ofrecidas por sus intenciones, él se le apareció nuevamente rodeado de luz y dijo: ‘Voy al Paraíso donde rezaré por vosotros, especialmente por monseñor Vitali. Soy ruso y me llamo Paolo Vischin. Mi madre me había educado en la santa religión; después, al crecer, me dejé llevar por la vida rusa, mala. En el momento de mi muerte me arrepentí, y recordé las bellas palabras que desde niño me decía mi madre. El buen Jesús me ha perdonado’”.

Edvige escribió en su diario: “Mientras rezaba delante del Crucifijo, se me apareció de repente una persona toda en llamas, y oí una voz que decía:
‘Yo soy Benito Mussolini. El Señor me ha permitido venir a ti a fin de obtener algún alivio a mis sufrimientos en el Purgatorio. Te suplico como acto de caridad ofrecer por mí todas tus oraciones, sufrimientos y humillaciones por dos años, si tu director lo permite. La misericordia de Dios es infinita, pero otro tanto lo es Su justicia. Uno no puede entrar al Cielo hasta pagar el último céntimo de la deuda contraída con la Justicia Divina. El Purgatorio es terrible para mí porque esperé hasta el último momento para escuchar la voz de Dios que me llamaba a penitencia’.
Un día de primavera en 1951, Jesús me dijo después de la Sagrada Comunión: ‘Esta mañana, el alma de Benito Mussolini ha entrado al Cielo’”.

Mussolini murió el 28 de Abril de 1945.
   

viernes, 4 de junio de 2021

SECUENCIA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

De la Misa compuesta por San Juan Eudes a inicios de 1668, y que el cardenal Luis de Vendôme, legado a látere de Clemente IX, aprobó para las religiosas de la Caridad de Bayeux, el 2 de junio de 1668, y casi dos años después, el 8 de marzo de 1670, el obispo de Rennes para la Congregación Eudista. En esa época, los Eudistas conmemoraban el Sagrado Corazón de Jesús el día 30 de Agosto (las apariciones a Santa Margarita María de Alacoque pidiendo que se instituyera su fiesta el Viernes post-Octava de Corpus tendrán lugar en 1674-1675).
 
LATÍN
Gaudeámus exsultántes
Cordis Jesu personántes
Divína præcónia.
  
Hæc est dies veneránda
In qua Patris adoránda
Laudámus præcórdia.
  
Cor amándum Salvatóris,
Melis fontem et amóris,
Corda cuncta dilígant;
  
Cor beátum summi Regis,
Cor et vitam novi legis
Omnes linguæ cóncinant.
  
Sit laus plena, sit imménsa,
Sit perénnis, sit accénsa
Ardóribus péctoris.
  
Laudet, canat orbis totus,
Colat, amet tota virtus
Et cordis et córporis.
   
Ore, manus, sensus, vigor,
Fides viva, parus amor
Cor divínum consónent;
  
Flammis sacris inflammáta,
Corda, voces atque facta
Cor amóris prædícent.
   
Cor mirándum Redemptóris
Coadúnans terram cœlis,
Unitátis spéculum,
   
Digna sedes Trinitátis,
Plenitúdo Deitátis,
Amóris miráculum.
   
Amóris evangélium,
Puri cordis incéndium,
Magna Dei glória,
   
Cœli nectar vivíficans,
Cordis manna deíficans,
Amor et lætítia.
   
Cleri sacri præsídium,
Rector benígne córdium,
Nostra rege péctora.
   
Fons ætérnæ pietátis,
Ardens fornax caritátis,
Corda flammis devóra.
   
Domus amóris áurea,
Turris amántum flámmea,
Cœtus nostri lex ígnea, 
Fons perénnis grátiæ.
   
Cor thesáurus sanctitátis,
Abýssus humilitátis, 
Thronus Dei voluntátis
Et centrum cleméntiæ.
   
Paradísus beatórum,
Consolátor afflictórum,
Pax et salus peccatórum,
Cor ómnibus ómnia.
   
O Jesu, raptor córdium,
Amóre flagrans méntium,
Cor tuum trahat ómnium
Mentes et præcórdia.
  
O Cor summa benígnitas,
Imménsa liberálitas,
Incomprehénsa cáritas,
Cordis vera felícitas,
Cor esto supplícibus.
  
Fac nos Jesu flammescéntem
Cordis tui caritátem
Et divínam pietátem
Summam quoque sanctitátem
Sanctis sequi móribus.
  
O beáta Trínitas,
Cordis Jesu cáritas,
Imménsæ cleméntiæ,
Imménsæ sint grátiæ,
Ætérna est glória,
Amen dicant ómnia.
Amen. Allelúja.

TRADUCCIÓN
Con alegre exsultación
Y con divinos pregones
Alabemos el Corazón de Jesús.
  
Este es el día venerable
En que adorando alabamos
Al Corazón del Padre.
  
Corazón amante del Salvador,
Amor y melífica fuente,
Que todos los corazones te amen.
  
Corazón bendito del altísimo Rey,
Corazón y vida de la nueva ley,
Alábente todas las lenguas.
   
Sit laus plena, sit imménsa,
Sit perénnis, sit accénsa
Ardóribus péctoris.
  
Laudet, canat orbis totus,
Colat, amet tota virtus
Et cordis et córporis.
   
Ore, manus, sensus, vigor,
Fides viva, parus amor
Cor divínum consónent;
  
Flammis sacris inflammáta,
Corda, voces atque facta
Cor amóris prædícent.
   
Corazón admirable del Redentor,
Que unes la tierra con los Cielos,
Espejo de unidad,
   
Digna sede de la Trinidad,
Plenitud de la Divinidad,
Milagro de amor.
   
Amóris evangélium,
Puri cordis incéndium,
Magna Dei glória,
   
Néctar vivificante del Cielo,
Maná que diviniza los corazones,
Amor y alegría.
   
Cleri sacri præsídium,
Rector benígne córdium,
Nostra rege péctora.
   
Fuente de eterna piedad,
Horno ardiente de caridad,
Corda flammis devóra.
   
Domus amóris áurea,
Turris amántum flámmea,
Cœtus nostri lex ígnea, 
Fons perénnis grátiæ.
   
Corazón que eres tesoro de santidad,
Abismo de humildad, 
Trono de la voluntad de Dios
Y centro de la clemencia.
   
Corazón que eres todo para todos,
Paraíso de los Bienaventurados,
Consolador de los afligidos,
Paz y salvación de los pecadores.
   
Oh Jesús, raptor de los corazones,
Incendia con tu amor las almas,
Atrae a todas las almas y corazones
A tu Corazón.
  
Oh Corazón, suma benignidad,
Inmensa liberalidad,
Caridad incomprehensa,
Verdadera felicidad de los corazones,
Cor esto supplícibus.
  
Fac nos Jesu flammescéntem
Cordis tui caritátem
Et divínam pietátem
Summam quoque sanctitátem
Sanctis sequi móribus.
  
O beáta Trínitas,
Cordis Jesu cáritas,
Imménsæ cleméntiæ,
Imménsæ sint grátiæ,
Ætérna est glória,
Amen dicant ómnia. Amén. Aleluya.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

ORAR SOLAMENTE PARA AGRADAR A DIOS, NO PARA BUSCAR CONSOLACIÓN SENSIBLE

   
«No se ha de ir a la oración para experimentar las dulzuras del amor divino; quien este fin se propusiere perdería el tiempo y sacaría escasa ventaja. El alma ha de darse a la oración solamente para agradar a Dios, es decir, sólo para conocer cuál sea su voluntad y pedirle la necesaria ayuda para cumplirla». (SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIOPráctica del amor a Jesucristo).

lunes, 16 de noviembre de 2020

TRIDUO EN HONOR A SANTA GERTRUDIS LA MAGNA PARA CONSEGUIR UNA BUENA MUERTE

Dispuesto por un devoto de Santa Gertrudis la Magna a partir de la Semana y otros santos ejercicios detallados en la Vida de la santa, e impreso en Murcia por la viuda de Felipe Teruel a fines del siglo XVIII, con las debidas licencias.
   
ADVERTENCIAS PARA HACER CON FRUTO ESTE SANTO TRIDUO. 
La primera será purificar el alma con una entera y dolorosa confesión, y recibiendo el Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, como si fuera para morir.
   
La segunda, considerar con mucha atención los desengaños que cada día corresponden a los ejercícios, como si nos viéramos ya en aquellos estrechos lances.
  
La tercera, procurar en esos días emplearse en santas obras de piedad, limosnas y mortificaciones, y renovando las devociones antiguas que por negligencia suelen dejarse, con especialidad las de Nuestra Señora, y la de las Ánimas benditas del Purgatorio, de quien fue la Santa singular devota. Y para que todo lo dicho se haga con la mayor perfección se da a los devotos una noticia del modo como la Santa lo practicaba. 
  
Deseando Santa Gertrudis que la llama del Divino amor que ardía en su amante corazón abrasase los corazones más helados y frios de los hombres, y considerando que ninguno que tiene estampada en su memoria la de la muerte puede pecar, dispuso un ejercicio muy útil y provechoso para que cualquiera por él, siquiera una vez en el año, pueda hacer las exequias de sus postrimerías, previniendo y anticipando con santas disposiciones la hora dudosa de la muerte. 
   
Poniendo en práctica este santo ejercicio, que enseñó a muchos con grande aprovechamiento de sus almas, para disponerse y aprender a bien morir: Señalaba una semana, en la cual consideraba que había de morir, y disponía de todas sus cosas, como si con efecto hubiese de salir de esta vida y partir al Tribunal de Cristo a dar cuenta de sus obras, y así se preparaba con toda diligencia para ella.
   
En el primero se considera enferma, y que Dios nuestro Señor llamaba a sus puertas por medio de los dolores, calenturas y molestias que causa la enfermedad, que son la batería con que la muerte acomete el flaco muro de nuestro cuerpo para derribarle; meditaba cómo se hallaría en estas circunstancias, y cuán impedida estaría para obrar en servicio de Dios, y cuán impaciente y acosada de los grandes dolores y congojas, y de los Medicos y medicinas, su flaqueza, y el peligro de caer en la sepultura.
   
El segundo día señalaba para la confesión sacramental, la cual hacía con tanta preparación y dolor como si hubiera de ser la última de su vida, y como la llave que le habia de abrir el Cielo alcanzandole perdón de sus pecados, los cuales lloraba amargamente, pidiendo perdón a Dios, y a los Santos que intercediesen por ella y la ayudasen y favoreciesen en tan importante ocasión, en que no le iba menos que la salvación eterna.
   
El tercer día destinaba para recibir por Viático la Sagrada Comunión, a la cual se disponía como si en realidad de verdad nunca más hubiera de comulgar; y como si con aquel bocado hubiera de partir luego al Tribunal de Dios, pidiéndole con lagrimas que la dispusiese con su gracia, que la purificase con su Sangre, que la adornase con los atavíos y ornatos de todas las virtudes, y los que habían llevado las Almas puras a Mesa, que más le habían agradado en este mundo. A los Santos sus devotos pedía prestados los vestidos de sus virtudes, y que la apadrinasen para el convite del gran Rey, porque no fuese reprobada y condenada en él, como el mal apercebido del Evangelio, que se atrevió a entrar a comer sin llevar ropas de boda, y de esta manera, con temor y temblor llegaba bañada en lágrimas a la Mesa del Señor, y después se recogía a dar infinitas gracias por la merced que le había hecho, en que gastaba el resto del día, pidiendo juntamente que la dispusiese para la muerte y la cuenta que esperaba dar en su recto tribunal dentro de pocos días.
  
El cuarto día señalaba para recibir el Santo Sacramento de la Extremaunción, preparándose para este Santo y último Sacramento con verdadera contricción de sus pecados y de todos los defectos e imperfecciones que había tenido en sus obras, palabras y pensamientos; discurriendo por todos sus sentidos, así del cuerpo como también por las Potencias del Alma, Memoria, Entendimiento y Voluntad; examinando y notando lo que había faltado en cada una, y pedía a Dios perdón por los méritos de su Sangre preciosa, con la cual consideraba que la ungía y purificaba como con el Óleo Santo de la Extremaunción.
   
El quinto día se contemplaba en las agonías de la muerte como so realmente se hallara en ellas: acostábase en la cama o en una tarima con una vela ardiendo al lado, y un Santo Crucifijo en las manos; despedida de todo este mundo y de camino para el otro, el pecho levantado, los ojos hundidos y turbados, el habla trémula, la respiración apresurada, los amigos llorando su partida, los demonios apresurados a espantarla y perseguirla con tentaciones y lazos para estorbarle la entrada en la Bienaventuranza, la muerte a la vista acercándose por instantes, amenazándola con el último golpe, que le ha de cortar el hilo de la vida y dividir aquellos dos antiguos amigos alma y cuerpo, que tantos años han estado unidos con tan estrecho lazo de amistad: contemplaba los temores que acometen en aquel trance las agonías de los que están arraigados en este mundo, las congojas que causa el temor del Juicio y el Infierno, y lo que uno quisiera haber hecho entonces, y con la luz de aquella última Candela descubría los engaños de Satanás, la vanidad de los bienes del Mundo y el valor de los eternos, y cuánto importa tener ganados amigos para aquel combate, y atesoradas riquezas inmortales para aquella partida en que sin réplicas nos dejan todas las caducas y perecederas de este siglo, y nos desamparan los más cercanos parientes y los mejores amigos.
   
El sexto día se consideraba recibiendo el último golpe de la muerte, contemplando cómo perdía los sentidos y cerraba los ojos a todo este Mundo, a quien volvía las espaldas, y que apartandose el Alma del Cuerpo le dejaba yerto y frío, exánime, asqueroso con los horrores de la muerte, sin vida ni aliento, como un tronco o una piedra: miraba con la consideración cómo la amortajaban y le vestían con lo más desechado de la casa, y trazaban el entierro en una honda sepultura, y parecíale que oía el clamorear las Campanas, los cánticos fúnebres de la Iglesia, la Misa de Réquiem y los Responsos y Oraciones, y que luego la llevaban en las Andas a la estrecha celda de la sepultura, a donde la metían en compañía de los otros difuntos, y cercada de huesos y calaveras la cubrían de tierra y la enlodaban, y se iban todos a sus negocios sin acordarse de ella, a dónde se pudría y era manjar de gusanos la que había sido tantos años respetada por Superiora, allí era pisada y hollada; quedando en perpetuo olvido de los hombres: de cuya consideración sacaba sumo desengaño y desprecio de todo lo que el Mundo adora; y de sí misma viendo, a vista de ojos, que no era más que un poco de tierra y un muladar cubierto de nieve, que deshecha, descubre lo que es, con horror de todos los que le miran.
   
En el séptimo dia contemplaba nuestra Santa Gertrudis al Alma separada del cuerpo, caminando por aquellas Regiones no conocidas ni andadas de los hijos de los hombres, por donde se camina en la otra vida, acompañaba a su Alma hasta el Tribunal de Dios, a donde se miraba sola de todo cuanto tenía en este Mundo si no era de sus obras, las malas para condenarla, y las buenas para salvarla. Contemplábase en aquel Tribunal de Cristo tan recto y riguroso, acusada de los Demonios, de todos sus pecados y  defectos, y de las imperfecciones de sus obras, de las que había omitido por negligencia, de las que en su Monasterio se habían hecho por su culpa, y de sus ingratitudes a tantos y tan grandes favores como había recibido de las manos de su Dios; y no viendo en sí cosa buena con qué poder satisfacer a tantos cargos, temblaba y lloraba su triste condenación, y alegaba la misericordia Divina y la Sangre de Jesucristo en su satisfacción, y los méritos de todos los Santos, y hecha un río de lágrimas pedía misericordia al Juez, y treguas para recuperar lo perdido y servir de nuevo al Señor en satisfacción de sus pecados, y poniendo por intercesora a la Santísima Virgen como abogada de todo el género humano, y a todos los Santos, en especial a sus devotos, pedía que orasen por ella y la alcanzasen dilación de la sentencia, como si ya estuviera condenada miraba el Infierno abierto, y el lugar a donde había de estar, merecido por sus pecados; y contemplando el rigor de aquellas penas, no cesaba de llorar sus culpas y dar gracias a Dios que no la había lanzado en él, haciendo ternísimos y fervorosísimos propósitos de enmendarse en adelante.
   
En el octavo día volvía los ojos a todo lo pasado, y dando gracias a Dios porque le concedía las treguas deseadas, hablaba consigo misma diciendo: «Ves aquí cuán mal has vivido, y en qué riesgo te has puesto de ser condenada para siempre y las penas que mereces por tus pecados: de ellas te saca Dios, para que enmiendes la vida y recuperes con penitencias y santas obras las pérdidas pasadas; mira qué hiciera uno que saliera del Infierno en satisfacción de su Alma, eso y mucho más debes hacer en satisfacción de la tuya y en agradecimiento de la merced que Dios te ha hecho, dándote tiempo para enmendarte».
  
De esta manera pasaba Santa Gertrudis la carrera que había de correr en las útimas postrimerías, para no errarla después, y así se enseñaba en salud a morir bien cuando llegase el tiempo de la enfermedad, gastando su vida en aprender con eminencia esta lección de bien morir, que es la ciencia más importante que podemos aprender. De estas consideraciones salía encendida en vivas llamas del Divino amor y odio de sí misma: de aquí sacaba los alientos para las mortificaciones y rigurosas penitencias con que maceraba su cuerpo, y las vigilias de la noche que gastaba en oración, el desprecio de las honras, el amor de la Cruz de Cristo, y el fuego con que anhelaba a la perfección, y como le iba también con este ejercicio, le persuadía a todos los que la comunicaban, y muchos que lo hicieron sacaron gran provecho para sus Almas. Quiera la Divina Magestad que tomen esta lección todos los presentes y los que la leyeren, y cojan de ella los frutos que cogió Santa Gertrudis, a quien el Señor para manifestarle lo grato que le era este ejercicio, en un día de ellos se le apareció muy benigno, y hablándola con gran dulzura la dijo: «Ajústate conmigo, como el Profeta Elíseo se ajustó con el Niño, que resucitó de muerte a vida». «¿Cómo, Señor mío (respondió la Santa), podré yo poner en ejecución lo que me mandas?», y luego le dio el Señor a entender que no había de ser corporalmente, sino espiritual y místicamente ajustando su vida con la suya, y así le dijo: «Aplica tus manos a las mías, esto es, las obras de tus manos a las que yo hice en el Mundo, obrándolas todas para mi servicio y a gloria de mi Eterno Padre. Tus ojos a los míos, imitando mi modestia y compostura. Tu boca a la mía, imitando mis palabras y mi templanza en la comida y en la bebida. Y tus pies a los míos siguiendo mis pasos, y no perdiéndome de vista. Tu corazón con el mío, teniendo un querer y no querer conmigo, sin discrepar un ápice tu voluntad de la mía, y de esta suerte recobrará tu espiritu nueva vida, como la recobró el Niño con quien se ajustó Eliseo, y te dispondrás para conseguir la feliz muerte que deseas».
   
Habiendo oído esta lección tan saludable de su Divino Esposo, procuró con todas sus fuerzas ponerla luego en ejecución, mirándose y remirándose en aquel espejo de vida, para conformar todas sus obras, palabras y pensamientos con él, y hacerse un vivo retrato suyo. Y Cristo nuestro Señor le premió de contado este cuidado y diligencia que puso en su servicio, porque visitándola amoroso y mostrándose agradecido, abrió su pecho y le mostró el Corazón, del cual salió una cinta de oro finísimo, con la cual enlazó consigo a Santa Gertrudis con tan estrecho vinculo de amor que ningunas fuerzas humanas la podían apartar de él,  con lo qual la Santa quedó enlazada de nuevo con su Divino Esposo con un vínculo tan estrecho y firme que le aseguraba su buena dicha, y que no le faltara en la hora de la muerte.
   
TRIDUO DE SANTA GERTRUDIS LA MAGNA PARA DISPONERSE A UNA BUENA MUERTE, Y ASEGURAR UNA BUENA Y DILATADA VIDA, Y ALCANZAR DE DIOS MUY SINGULARES FAVORES
   
    
Hincado de rodillas delante de alguna Imagen de la Santa, se dará principio con la señal de la Cruz, y levantando el corazon a Dios con viva fe y confianza en su Majestad, y en la intercesión de su querida Esposa Santa Gertrudis, y haciéndose presente a toda la Corte Celestial, como si se hallara en los últimos lances de la vida, dirá con verdadero arrepentimiento.
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mìo Jesucristo, Amado, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, propongo con vuestra gracia enmendar mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
   
Ahora dirá la Música siguiente:
Dulce Jesus y Señor, 
Por Gertrudis vuestra Esposa, 
Concédenos vuestro Amor.
    
ORACIÓN A JESUCRISTO ΝUESTRO REDENTOR PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísimo y amantísimo Señor mío Jesucristo, Esposo amantísimo de las Almas, yo te alabo y doy muchas gracias por los favores tan singulares que hiciste a tu amada y tierna Esposa Santa Gertrudis, depositando en su corazón los ricos tesoros de vuestras llagas, y abriendo las puertas de vuestro encendido pecho para mostrarla los soberanos secretos de vuestra altísima providencia, y poniendo en sus manos el remedio de innumerables pecadores, y el alivio de las Almas del Purgatorio. Yo te suplico, que por su intercesión me concedas el fruto de tus preciosas llagas para perdón de mis culpas y satisfacción de sus merecidas penas, y también consiga lo que pido en este Triduo, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
   
DÍA PRIMERO
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Amorosísima, piadosísima y fervorosísima Santa Gertrudis, que en los tres primeros días de la semana de vuestros santos ejercícios os disponíais para la jornada a la eternidad con la meditación de los precursores de la muerte, que son las enfermedades, los dolores y las fatigas con la noticia y cercanía de la muerte, y os preparábais para una confesión última y fervorosa, y pedíais a su Majestad que con su preciosa Sangre firmase el perdón de todas las deudas que le debemos por nuestros pecados, y con estas santas y admirables disposiciones recibíais a vuestro amado Esposo Sacramentado como Viatico para la partida de este mundo a la eternidad, y pedíais a todos los Ángeles y Santos, y a la Reina de los Santos y de los Ángeles, que con sus virtudes adornasen vuestra Alma para entrar en el convite de las Celestiales bodas. Yo te suplico me alcances del Señor que me disponga para esta jornada, recibiendo dignamente los Santos Sacramentos de Penitencia y Comunión. Que yo le reciba a la partida de este mundo con una caridad ardiente que consuma y abrase la multitud de mis pecados, llorándolos amargamente, y adornada mi Alma con el fervor y preparación con que vos Madre amorosa le recibíais, con esta preciosa gala entre en el convite de la Gloria, y también consiga lo que pido en este Triduo a mayor honra y gloria suya. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro y el Ave María con Gloria Patri, y despues se dirá la Oración siguiente.
   
Ahora dirá la Musica que se sigue:
Insigne Gertrudis,
Ruega a Jesucristo
Oiga a sus devotos 
Clemente y propicio.
  
ORACIÓN A SANTA GERTRUDIS
Dulcísima Madre y portentosa Virgen Santa Gertrudis, a quien el Divino Esposo concedió los dotes y singulares prendas de las más celebradas y heroicas mujeres de la Escritura: Yo te suplico por el amor y fina correspondencia que tuviste con tu amantísmo Esposo entregándole tu corazón fervoroso, y recibiendo el suyo colmado de favores para repartirlos a tus devotos, y socorrerlos en esta vida y en el desconsuelo del Purgatorio, que me alcances de su Majestad una pureza de corazón, con un dolor de haberle ofendid, un eficaz proposito de la enmienda, y una perseverancia segura para verle y gozarle en la eternidad de su Gloria, y también consiga lo que deseo y pido en este Triduo. Amén.
   
Aquí se pide en secreto, y con los afectos del corazón lo que desea conseguir en particular por medio de este Triduo, y para obligar más al Hijo se cierra este Triduo con la Oración a su Santísima Madre concebida sin pecado original.
  
Ahora dirá la Música siguiente:
Reina Inmaculada,
Por tu Patrocinio 
La gracia y la gloria 
Alcancen tus hijos. 
  
ORACIÓN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Santísima Reina e Inmaculada Virgen María, por haberte preservado el Altísimo de toda mancha de pecado, para que fuéseis digna Madre de su unigénito Hijo, que de tus Virginales Entrañas tomó carne humana y se hizo hombre: Suplicóte, purísima y bendita entre todas las mujeres, que me alcances de tu dilectísimo Hijo perdón cumplido de todos mis pecados, y que sea escrito en el numero de los predestinados, y en esta vida alcance la gracia final, con que merezca la eterna, que esperamos por ti, Señora nuestra. Y juntamente nos alcances de vuestro querido Hijo la exaltación de su Santo nombre, la extirpación de las herejías, y la paz y concordia entre los Príncipes cristianos, para que todos celebremos en vuestros misterios la mayor gloria de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
   
Antífona (del Breviario benedictino): Aparecieron espíritus celestes descendiendo del Cielo, que con sus voces invitaban a Gertrudis al gozo del Paraíso: ven, ven, Señora, porque te esperan las delicias del Cielo. Aleluya, aleluya.
  
℣. Ruega por nosotros, oh virgen Santa Gertrudis.
℟. Para que nos hagamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Oh Dios, que en el corazón de tu bienaventurada virgen Santa Gertrudis, te preparaste una agradable morada; por sus méritos e intercesión, limpia las manchas del nuestro, para que merezca ser digna habitación de tu divina Majestad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración a Jesucristo nuestro Redentor.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Ternísima, pacientísima y prudentísima Madre Santa Gertrudis, que en los tres días siguientes de vuestros santos ejercicios os representábais el lance temeroso de recibir la Extremaunción como Sacramento que quita las reliquias de las culpas y da valor en aquella hora para resistir a nuestros crueles enemigos, y con este socorro último de la Iglesia entrábais con singular valor en la última batalla y agonías de la muerte, y os considerábais turbada la vista, tardo el oído, perdidos los pulsos, impedida la lengua, y todas las facultades de las potencias enflaquecidas, y que despues del golpe de la rigurosa muerte, separada el Alma de vuestro cuerpo, disponían el Cadáver para la Sepultura con la mortaja que solo saca de este mundo, y que sepultado en la tierra del olvido le dejan todos desamparado, para que sea sustento de los gusanos, de cuyas consideraciones sacábais el desprecio de todos los bienes caducos de este siglo: Yo te suplico me alcances de Dios la anticipada luz de este desengaño, y gracia para que en mi última hora reciba este último socorro que nos ofrece la Iglesia para burlar las asechanzas de nuestros enemigos, vencer los temores de la muerte, y me alcances de todos los Santos el singular auxilio que necesita nuestra flaqueza, para salir por aquella última puerta, entregando mi espíritu en las manos de nuestro Criador y Redentor Jesucristo, y también la gracia que os pedimos a mayor gloria de Dios y honra vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las demás Oraciones se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración a Jesucristo nuestro Redentor.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Fervorosísima, sapientísima y gloriosísima Madre Santa Gertrudis, que en los dos últimos días de la semana de vuestros santos ejercicios contemplábais a vuestra Alma separada de la cárcel de su cuerpo, y caminando por la nueva región del otro mundo sola, y sin haber sacado de esta vida más que las buenas o malas obras que hubiere hecho, y con ellas va a comparecer en juicio delante del Tribunal del terrible Juez a ser juzgada y acusada de sus enemigos, sacando de esta consideración el hacer en esta vida riguroso examen de todas ellas para su enmienda. Y que se os prorrogaba con nuevos plazos la vida, como si salierais resucitada de la Sepultura, repetíais a vuestro Esposo Divino amorosísimas gracias, y empezábais a servirle y amarle como más fervorosa y agradecida. Y concluíais este devoto y santo ejercicio celebrando la dulce memoria de la Gloria que vuestro Esposo os reveló que tenía preparada para quando saliéseis de esta vida. Y anegada en las dulzuras y consideraciones de los celestiales bienes, y puestos los ojos en la Reina de los Ángeles, por cuya mano lograsteis estos favores, la suplicábais agradecida que los comunicase a todas las criaturas, llevándolas a la Gloria. Yo te suplico me alcances de esta soberana Reina el conocimiento que tendré a la hora de la muerte de mis culpas para llorarlas en esta vida, nuevos plazos de seguridad y vida para emplearla en su santo servicio con fervoroso agradecimiento; y que tome debajo de su protección mi vida, mi muerte y mi salvación, para servir, amar y gozar a su Santísimo Hijo y nuestro dulcísimo Redentor, con lo demás que pido y suplico en este Triduo a mayor honra y gloria suya. Amén.
  
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las demás Oraciones se dirán todos los días.

viernes, 24 de julio de 2020

SANTA CRISTINA LA ADMIRABLE, MÍSTICA Y ABOGADA DEL PURGATORIO

   
Cristina nació en Brusthem, población de la diócesis de Lieja, en 1150, en una familia campesina y devota. Al cumplir los quince años, ella y sus dos hermanas mayores quedaron huérfanas y fueron a vivir como eremitas. De ella lo que más ha trascendido son sus fenómenos místicos, narrados y autenticados por el cardenal Santiago de Vitry en su biografía de la beata María de Oignies, que la conoció personalmente.
   
Murió por primera vez muy joven, a los 22 años, y trasladaron el cuerpo de la joven en un féretro a la iglesia de Nuestra Señora para una misa de réquiem. Súbitamente, después del «Agnus Dei», Cristina se irguió, saltó fuera del féretro «como un pájaro», según cuenta su biógrafo y quedó colgada en una de las vigas del techo. Todos huyeron al punto de la iglesia, excepto la hermana mayor de la beata, que dio ejemplo de recogimiento y permaneció inmóvil hasta que la misa terminó. Entonces, el sacerdote que la celebró, ordenó a Cristina que descendiese del techo. Ella le explicó que «le repugnaba el olor nauseabundo de los pecadores empedernidos que asistían a su funeral» (esta sensación de olor nauseabundo ante el pecado, aún el más recóndito, le acompañó durante su vida, llegando a vomitar convulsivamente a la vista de algún pecador). Cristina declaró:
«Al punto que expiré, los Ángeles llevaron mi alma a un lugar espantoso, donde gran número de almas padecían tan crudos tormentos, que no hay lengua que baste a decirlos; yo tuve para mí que sería el Infierno, mas me desengañaron los Ángeles, diciéndome que era el Purgatorio, donde los pecadores que murieron arrepentidos, pero sin haber satisfecho suficientemente a Dios, iban a expiar sus pecados. Luego me llevaron a las torturas del Infierno. Allí también reconocí entre los réprobos a muchos de los que había conocido en vida. De aquí me llevaron al Paraíso a la presencia de la Divina Majestad. Cuando vi al Señor, me llené de gozo. Estaba bajo la impresión que podía quedarme con Él para siempre. El Señor conoció mi deseo y, viendo la angustia de mi corazón, me dijo: “Hija Cristina, en verdad estarás un día conmigo. Ahora, pues, te permito elegir: o quedarte conmigo desde ahora, o volver a la Tierra para cumplir una misión de caridad y sufrimiento. A fin de liberar de las llamas del Purgatorio a las almas que te inspiraron tanta compasión, tú sufrirás por ellas en la tierra: has de soportar grandes tormentos, sin morir por sus efectos. Y no solamente aliviarás a los difuntos, sino que el ejemplo que darás a los vivos y tu sufrimiento continuo amonestarán a los pecadores a convertirse y a expiar sus crímenes. Después de haber terminado esta nueva vida, regresarás aquí cargada de méritos”. Escogí lo segundo, porque entendí ser lo que más agradaba a su Majestad y lo que más persuadía la caridad y compasión para con aquellas almas. Entonces Él ordenó a sus Ángeles que me regresaran al mundo. Es con este solo objetivo, aliviar a los difuntos y la conversión de los pecadores, que he regresado a este mundo. Así que no te sorprendas de las penitencias que voy a hacer, ni de la vida que voy a llevar en adelante, porque Dios mismo me lo ha pedido. Será tan extraordinaria que nadie ha visto cosa semejante».
A partir de entonces los prodigios se sucedieron uno detrás de otro, relatados por el cardenal Vitry y por Tomás de Cantimpré OP:
   
El demonio la arrojó a un horno de pan, de donde salió ilesa, otras veces ella misma se arrojaba, para padecer algo similar, pero mucho menor a lo que padecían las almas, allí lloraba y gemía, pero no se quemaba. También llegó a poner las manos largo rato en los braseros, sufriendo grandes dolores, pero no las quemaduras. Otras veces se sumergía hasta durante una semana entera en el agua helada del río Mosa, en pleno invierno (una vez lo hizo luego que un sacerdote le negó la Comunión al verla). Se arrojaba a los molinos de agua, pasando su cuerpo por entre las ruedas, aplastando su cuerpo y dejándola con grandes dolores.
   
En algunos éxtasis místicos conducía a las llevaba a las almas de los recientemente fallecidos al Purgatorio y las del Purgatorio al Cielo. Volaba a la vista de todos, ante la simple visión de un pecador, alejándose de él; se remontaba a los árboles o las torres de las iglesias. Gozaba del don de la profecía, de milagros, de ubicuidad, cantaba con angelical voz himnos y salmos en latín (idioma que nunca aprendió)… y de mil y unos fenómenos más.
  
Ante estos fenómenos fue encerrada y encadenada, acusada de brujería, pero siempre salía volando, lejos del pecado y el no arrepentimiento, en medio de cantos de salmos o cánticos religiosos. Cierta vez, un hombre logró echarle mano al darle un golpe en una pierna con tanta fuerza, que parecía haberle roto los huesos. Las gentes llevaron a la herida a casa de un cirujano de Lieja, quien vendó fuertemente la pierna y encadenó a la joven a una columna. Cristina escapó durante la noche. En otras ocasiones, hacía todo lo contrario, se refugiaba en tumbas putrefactas, cuyo olor le era más soportable que el del pecado. Incluso en la cárcel, las llagas que le hicieron los grilletes, exhalaban un óleo milagroso que sanaba de sus llagas a otros presos. Otros milagros se sucedían en la pila bautismal donde había sido bautizada; allí todo enfermo que se metía era sanado en el acto. A pesar de la oposición eclesiástica era consultada por grandes personajes, como Luis II, conde de Loon (a quien constantemente reprendía por su mala conducta), o Santa Lutgarda.
    
Su biógrafo relata que después de que Cristina se encaramó a la pila bautismal de la iglesia de Wellen, «su conducta empezó a asemejarse más a la del resto de los hombres: se volvió menos inquieta y pudo soportar un poco mejor el hedor de los mortales».
   
Al final, el 24 de julio de 1224, falleció a los 74 años en el convento dominico de Santa Catalina de Saint-Trond, luego de un tiempo sin fenómenos y oculta a todos, pero llena de devoción de la gente, aunque también de recelo por parte de algunos clérigos, que no veían con buenos ojos aquellas cosas. Pero no murió de una vez, como los demás, sino que cuando había muerto el año anterior, una religiosa se arrodilló ante su ataúd, pidiéndole que la ayudase en su enfermedad; Cristina hizo su último milagro reviviendo y sanando a la religiosa.
 
Desde los bolandistas, los modernistas han llegado a hablar de un caso patológico de epilepsia o esquizofrenia. Pero contra ellos habla San Roberto Belarmino:
«Tenemos razón para creer el testimonio de Tomás de Cantimpré, puesto que tiene el aval de otro autor, Santiago de Vitry, Obispo y Cardenal, porque él relata lo que sucedió en su propio tiempo, y aun en la provincia donde vivió. Además, los sufrimientos de esta virgen admirable no fueron ocultos.Todos podían ver que ella estaba en medio de las llamas sin ser consumida, y cubierta de heridas, desapareciendo toda traza de ellas pocos momentos después. Pero más que esto era la maravillosa vida que llevó por cuarenta y dos años después de levantarse de entre los muertos, mostrando Dios claramente que las maravillas realizadas en ella por virtud de lo alto. Las sorprendentes conversiones que ella efectuó, y los milagros evidentes que ocurrieron después de su muerte, probaron manifiestamente el dedo de Dios, y la verdad de lo que, después de su resurrección, ella había revelado respecto de la otra vida.
 
Así, Dios quiso silenciar a esos libertinos que hacen profesión abierta de no creer en nada, y que tienen la audacia de preguntar con escarnio: “¿Quién ha regresado del otro mundo? ¿Quién ha visto los tormentos del Infierno o del Purgatorio?”. He aquí dos testigos. Ellos nos aseguran que los han visto, y que son aterradores. ¿Qué sigue, entonces, si no que los incrédulos son inexcusables, y que aquellos que creen y sin embargo no hacen penitencia están todavía más cerca de condenarse?». [En FRANÇOIS XAVIER SCHOUPPE SJ, El Purgatorio explicado por las vidas y leyendas de los Santos, parte 1, cap. XII: “Penas del Purgatorio: Belarmino y Santa Cristina la Admirable”.]
   
Sus atributos iconográficos más característicos son las alas y la hoguera, ambos alusivos a sus fenómenos místicos más conocidos. También se le suele representar volando por los aires y con una especie de escapularios que hacen referencia a su insistencia en la necesidad de la devoción mariana como prenda de no ir al infierno. Aunque se le acostumbra poner vestida de monja, no está claro si al final tomó los hábitos, todo parece indicar que no. Su culto, aunque no ha sido oficializado, se ha mantenido en la diócesis de Lieja, como patrona de las almas del Purgatorio, de los siquiatras y de los enfermos mentales.
   
ORACIÓN
Al proclamar, Señor, tus maravillas en la virgen Santa Cristina, suplicantes rogamos a tu Majestad, que así como sus méritos te fueron gratos, así también sean hallados aceptos los oficios de nuestra servidumbre. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 23 de julio de 2020

UN MILAGRO DEL PAPA PÍO VII

   
Julio de 1809: En la noche del 5 al 6 de Julio, Pío VII es sacado de su residencia (el palacio del Quirinal) por obra del general napoleónico Étienne Radet, desde el punto de que a su petición de renunciar al dominio temporal respondió «No podemos, no debemos, no queremos». Así comienza un encarcelamiento (primero en Savona y luego en Fontainebleau, a las puertas de París) que lo verá volver a Roma sólo cinco años después, en 1814.
   
Pío VII rechaza el mensaje de Napoleón pidiéndole la renuncia de sus Estados (grabado de Benedetto Eredi, Museo de Bellas Artes de San Francisco).
   
Es poco conocido, pero el 15 de agosto se recuerda el llamado milagro del papa Pío VII Chiaramonti. De hecho, en este día, en 1811, mientras se celebraba la Santa Misa, el papa, ahora prisionero de Napoleón, fue secuestrado en éxtasis y comenzó a levitar, de una manera no muy diferente de lo que le sucedió a San José de Cupertino.
  
Milagro del Papa Pío VII levitando en la Misa del 15 de Agosto de 1811 (grabado de Antonio Verico siguiendo a Vincenzo Gozzini. Londres, Museo Británico)
   
Esto demostró el profundo espíritu de oración y contemplación de este santo pontífice, que se había formado en el espíritu benedictino más genuino. No fue casualidad que hubiera sido abad de la abadía romana de San Pablo Extramuros: una posición que una vez hace mucho tiempo también había cubierto a San Gregorio VII.
   
El episodio de la levitación del papa Chiaramonti despertó gran asombro, también entre los diversos soldados franceses que lo vigilaron y que se encontraron testigos involuntarios del evento.