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lunes, 16 de julio de 2018

SECUENCIA “Flos Carméli”, EN HONOR DE LA VIRGEN DEL CARMEN


Esta secuencia compuesta por San Simón Stock, está tomada del Misal de la Orden Carmelita, donde fue asignada a la Misa de Nuestra Señora del Monte Carmelo desde 1633 (desde el año 1300 hasta esa fecha, era la secuencia de la Misa de San Simón Stock). Las dos primeras estrofas de esta secuencia corresponden a la oración que este mismo Santo dirigiera a la Virgen, y cuya respuesta fue precisamente la entrega del Escapulario marrón.
   

LATÍN
Flos Carméli,
Vitis florígera,
Splendor cœli,
Virgo puérpera
Singuláris.
  
Mater mitis,
Sed viri néscia,
Carmelítis
Esto propítia,
Stella maris.
  
Radix Jesse
Gérminans flósculum,
Nos adésse
Tecum in sǽculum
Patiáris.
  
Inter spinas
Quæ crescis lilíum,
Serva puras
Mentes fragílium,
Tuteláris!
  
Armatúra
Fortis pugnántium,
Furunt bella,
Tende præsídium
Scapuláris.
  
Per incérta
Prudens consílium,
Per advérsa
Juge solátium
Largiáris.
  
Mater dulcis
Carméli dómina,
Plebem tuam
Reple lætítia
Qua beáris.
  
Parádisi
Clavis et Jánua,
Fac nos duci
Quo, Mater, glória
Coronáris.
Amen. Allelúja.

ORATIO
Deus, qui beatíssimæ semper Vírginis et Genetrícis tuæ Maríæ singulári título Carméli órdinem decorásti: concéde propítius; ut, cujus hódie Commemoratiónem sollémni celebrámus offício, ejus muníti præsídiis, ad gáudia sempitérna perveníre mereámur: Qui vivis et regnas cum Deo Patre, in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen. 

TRADUCCIÓN
Flor del Carmelo,
Vid florida,
Esplendor del cielo,
Tú eres singular
Virgen y Madre.
   
Madre dulce
Y de varón no conocida,
Con los Carmelitas
Muéstrate propicia,
¡Oh Estrella del mar!
  
Raíz de Jesé
Que la flor produce,
Concédenos
En este mundo
Servirte siempre.
  
Lirio que creces
Entre altas espinas,
Puras conserva
Las almas frágiles
Que en Ti confían.
   
Fuerte armadura
De los combatientes,
La guerra está arreciando:
Extiende el auxilio
De tu Escapulario.
  
En la incertidumbre
Danos prudente consejo,
En la desventura
Del Cielo impétranos
La Consolación.
  
Oh dulce Madre
Y Señora del Carmelo,
De aquella alegría
Que has obtenido
Llena a tus fieles.
   
Oh llave y puerta
Del Paraíso,
Haz que lleguemos
Ante quien, oh Madre, de gloria
Te ha coronado.
Amén, aleluya.

ORACIÓN
Oh Dios, que decoraste a la bienaventurada siempre Virgen y Madre tuya María con el singular título del Monte Carmelo, concédenos propicio a cuantos celebramos su memoria, que revestidos de su amparo merezcamos alcanzar el gozo sempiterno. Tú que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 16 de mayo de 2009

SAN SIMÓN STOCK, EL MENSAJERO DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN

Hoy también recordamos a San Simón Stock, un monje inglés que vio a Nuestra Señora bajo la advocación de Reina del Monte Carmelo y recibió de manos de Ella el Escapulario carmelita. San Simón Stock es, con San Elías profeta, uno de los enviados de María Santísima en la orden carmelita.

San Simón Stock con el escapulario carmelita

BIOGRAFÍA
Nació en Inglaterra. Desde mediados del siglo XIV las fuentes le aplican el sobrenombre “Stock”, con el cual relacionan el singular género de vida que habría observado antes de entrar en el Carmelo. Dice así la redacción larga del Santoral: «Antes de la llegada de los carmelitas a Inglaterra los esperó con espíritu profético, llevando vida solitaria en el tronco de un árbol: de ahí el nombre de Simón Stock con que es llamado». Esta sobria noticia supone todo un poema de ascetismo, que los biógrafos posteriores intentaron poner de relieve con piadosas amplificaciones.
  
Pero hay un documento que nos invita más bien a contar a San Simón entre los cruzados y peregrinos que por aquellos tiempos tomaron el hábito en el mismo Carmelo, atraídos por la vida de oración que llevaban los solitarios del santo monte, «como abejas del Señor en las colmenas de sus celdas fabricando miel de dulzura espiritual», según hermosa frase de Jaime de Vitry († 1240). En efecto, el dominico Gerardo de Fracheto, contemporáneo de nuestro Santo, después de contar una aparición del Beato Jordano de Sajonia a un religioso carmelita, acaecida en 1237, nota: «Esto lo contaron a nuestros religiosos el mismo que tuvo la visión y el prior de la misma Orden, el hermano Simón, varón pío y veraz». Con esta noticia concordaría el Viridárium de Juan Grossi, que extiende el generalato de San Simón del 1200 al 1250. Por ahora no estamos en grado ni de escoger entre las dos versiones ni de concordarlas razonablemente.
  
Con el agravarse de la situación de los cristianos en Palestina después de la tregua pactada por Federico II con el sultán de Egipto (1229), los ermitaños carmelitas se encontraron frente al urgente dilema de, o bien exponerse a la extinción en una tierra que iba quedando a merced de los mahometanos, o bien probar la aventura de un traslado a Europa. Algunos, los más perfectos (dice Grossi), «tenían miedo a tal aventura por el peligro que encerraba de una alteración del propio espíritu; pero graves razones aducidas hicieron prevalecer la opinión contraria, que fue reforzada con una aparición de la Santísima Virgen» (Guillermo de Sanvico). Así en 1238 empezó con carácter sistemático la emigración de numerosos carmelitas a los diversos países de Europa.
   
A Inglaterra se dirigieron dos expediciones, patrocinadas, respectivamente, por los barones Guillermo Vescy y Ricardo Grey y presididas por los venerables religiosos Radulfo Fresburri, e Ivo el Bretón, dando como primer resultado el establecimiento de dos conventos eremíticos, el primero en Hulne, cerca de Alnwick, y el segundo en Aylesford, en el condado de Kent. Esto sucedía entre 1241 y 1242. Fue entonces (según la primera versión antes mencionada) cuando Simón Stock, aureolado ya con la fama de eximia santidad, «dejó la vida solitaria y entró con gran devoción en la Orden de los carmelitas, que desde hacía mucho tiempo esperaba ilustrado por divina inspiración».
 
Ahora iba a ofrecerse a nuestro Santo un campo muy vasto en donde manifestar los dones recibidos de Dios. En 1245 se celebraba, precisamente en Aylesford, un Capítulo general, el primero reunido en Europa, y en él Simón Stock era llamado “milagrosamente” al oficio de prior general, oficio que sólo entonces adquiría pleno sentido, pues antes el prior del monte Carmelo era la suprema autoridad.
   
La Orden sufría en toda su gravedad las consecuencias del traslado a Europa. En el nuevo ambiente no encontraba la amorosa acogida que seguramente habían esperado y que tan necesaria era para empezar a echar raíces. Por otra parte, la experiencia demostraba que no era fácil conservar el tenor de vida contemplado en la Regla de San Alberto y con ardiente amor abrazado por los venerables moradores del Carmelo. Simón Stock afrontó heroicamente ambas dificultades. Respecto a la primera, se esforzó por acrecentar la estima hacia la Orden con repetidos recursos al Papa Inocencio IV y también a los próceres seculares. De hecho, desde 1247 a 1252 consiguió del Papa Inocencio IV tres preciosas cartas de recomendación que debieron contribuir no poco a la consolidación de la Orden, y en diciembre de 1252 otra del rey de Inglaterra Enrique III. En orden a la segunda dificultad impetró del mismo Inocencio IV una audaz reforma de la Regla que permitiera vivir a los carmelitas en las ciudades y participar en el servicio de las almas. Pero esta reforma suscitó en el seno de la Orden un hondo descontento que venía a agravar todavía más la situación tan comprometida por la hostilidad exterior. De este descontento tenemos la prueba en una amarga requisitoria que compuso el sucesor de nuestro Santo, Nicolás el Francés, y en las frecuentes deserciones de religiosos, que buscaban en otras Ordenes mayor garantía de salvación. En este momento histórico tuvo lugar el episodio culminante de la vida de San Simón Stock, la visión del santo escapulario, testificada por el antiguo Santoral y parcialmente corroborada por la Crónica de Guillermo de Sanvico. La relación más antigua está concebida en estos términos:
«San Simón... suplicaba constantemente a la gloriosísima Madre de Dios que diera alguna muestra de su protección a la Orden de los carmelitas, pues goza en grado singular del titulo de la misma Virgen, diciendo con toda devoción: “Flor del Carmelo, vid florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular; oh Madre dulce, de varón no conocida, a los Carmelitas da privilegios, Estrella del mar” (Flos Carméli, vitis florígera, Splendor cœli, virgo puérpera, singuláris. Mater mitis, sed viri néscia Carmelítis da privilégia, Stella maris). Se le apareció la bienaventurada Virgen, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos el escapulario de la Orden y diciendo estas palabras: “Este será el privilegio para ti y para todos los Carmelitas, que quien muriere con este hábito no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará” (Hoc erit tibi et cunctis Carmelítis privilégium: quod in hoc hábitu móriens, ætérnum non patiétur incéndium, id est, in hoc móriens salvábitur)».
  
Nuestra Señora da el Escapulario a San Simón Stock (Anónimo)
  
Tal fue la gran promesa, que originariamente era una exhortación a la perseverancia dirigida a los descorazonados carmelitas, pero pronto fue acogida en toda la Iglesia como una de las manifestaciones supremas de la maternidad universal de María.
  
Lo restante de la vida de San Simón se confunde con la historia de la Orden del Carmen, historia de fundaciones y de gracias pontificias, índice de la casi definitiva consolidación en Europa, la grande obra que Dios le reservara.
  
Después de veinte años de gobierno (según un códice de Bamberga muy autorizado), por tanto, en 1265, murió en el convento de Burdeos el día 16 de mayo (o de marzo según algunos códices).
  
La fama de santidad que le había acompañado en vida se acrecentó después de la muerte. En los documentos su nombre nunca aparece sin el dictado de santo, y repetidamente se recuerda el don de hacer milagros. Su culto desde antiguo fue muy ferviente en Burdeos, donde se veneraban y se veneran aún sus reliquias. Una circunstancia providencial impidió que fuesen profanadas en tiempo de la Revolución Francesa. Su veneranda cabeza fue solemnemente trasladada el año 1951 al convento de Aylesford, recientemente recuperado, y allí es hoy meta de frecuentes peregrinaciones.
  
P. Fray Bartolomé Xibertá OCARM (Año Cristiano, Tomo II. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1966).
  
ORACIÓN
Oh Dios, que cada año nos regocijas con la solemnidad de tu Confesor el bienaventurado San Simón, concédenos propicio que cuantos celebramos su nacimiento para el Cielo, imitemos también sus acciones. Por J. C. N. S. Amén.