Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

Mostrando entradas con la etiqueta Patricio Shaw. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patricio Shaw. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de junio de 2025

LA NO PAPABILIDAD DE LEÓN XIV

Columna del Ing. Patricio Shaw Mihanović para PERIODISTA DIGITAL.
   
LA NO-PAPABILIDAD DE LEÓN XIV
   
Hay dos sentidos principales y muy distintos del verbo «juzgar»:
A. Sentido legal: Determinar un juez o tribunal si un hecho es contrario a la ley, y sentenciar lo procedente.
B. Sentido racional: Ejercer la segunda operación del entendimiento humano, que consiste unir a un sujeto un predicado, o desunírselo, y de ese modo comprometerse por reconocer un estado de cosas.

Es un horror vertiginoso y grosero confundir y mezclar ambos significados. Cuando se dice que un Papa no puede ser juzgado sino por Dios, se entiende en sentido legal y no en sentido racional; además, se entiende que se dice eso de un hombre de quien no hay pruebas apodícticas de que no es Papa, y que por ende tiene derecho a ser presumido inocente y legítimo, y a ser reconocido y obedecido. No es el caso de León XIV.
   
La no-papalidad de León XIV es perfectamente cognoscible por vías intelectuales, a partir de sentencias de Fe sobre qué es imposible que haga un Papa. Encontrar, a partir de la Fe, que es imposible que León XIV sea papa no es, ni un juicio legal, ni siquiera un juicio intelectual sobre un papa verdadero, sino sobre un hombre a quien el papado no le pertenece como una propiedad intrínseca, y a quien ni siquiera le pertenece por el único modo como el papado pertenece a un Papa: por delegación directa de Cristo comprobada en los hechos por la defensa del Depósito de la Fe por ese delegado.
    
No hace falta un juicio futuro de la Iglesia para saber que León XIV no puede ser Papa, y tampoco hay excusa para esperar a eso. Renunciar al razonamiento en área religiosa para depender únicamente de lo que dice Roma, es perder la Fe, porque es imposible tenerla verdadera sin que la razón tenga motivos suficientes para tenerla y conocerla como verdadera. Además, es una contradicción, porque si no se puede saber si León XIV es papa hasta que un futuro papa lo diga, tampoco se va a saber que ese futuro papa sea papa y diga la verdad sobre León XIV, hasta que un papa más futuro todavía lo diga, y así hasta el Fin del Mundo.
   
El Volkswagen Tipo 1 no se hunde. Si veo que un auto se hunde y digo que no es un Volkswagen Tipo 1, no estoy «juzgando legalmente el Volkswagen Tipo 1» ni «negándolo» ni necesito que venga un especialista en ese tipo de auto para saber que no es un Volkswagen. La indefectibilidad e infalibilidad de la potestad papal en gobernar, enseñar y administrar sacramentos es más segura aún que la resistencia del Volkswagen Tipo 1 al hundimiento. Si veo que en un pretendiente papal ciertamente no se cumple esa indefectibilidad, tengo lo suficiente para saber que no es Papa, sin ninguna sentencia ni opinión de ninguna autoridad, y no tendré excusa ante Dios el día del juicio para decir que «no se podía saber» si León XIV no era papa.
   
Dar por posible que León XIV sea Papa, es dar por posible que el delegado autorizado y asistido por Cristo para dirigir y organizar la Revelación de Cristo en la tierra puede incitarnos positiva y explícitamente, y además con derecho divino, a descreer de dicha Revelación: esto es contrario a la misma Revelación, es herejía, es blasfemia; además es una completa imbecilidad, porque si la autoridad que debiera ser infalible para transmitir, explicitar e interpretar la Revelación y hasta debiera ser Regla próxima de la Fe católica es falible, no hay Revelación divina segura. Esto equivale a decir que no hay Revelación divina ninguna, pues una Revelación que fuera divina sería segura. Si no hay Revelación divina, no hay modo conocido como el hombre haya de rendir culto a Dios. Pero siendo el hombre racional e inmortal, si Dios existe no puede no haberle prescrito un modo debido de rendirle culto. Resulta entonces, del falibilismo, y del antisedevacantismo obstinado y ciego, que Dios no existe, y que el hombre fue hecho para alimentarse y copular, y para terminar comido por gusanos.
  
Los que no adoptan el sedevacantismo por no haberse visto ante las razones del mismo, si están en ignorancia invencible, pueden encontrar misericordia en Dios. Pero los que rechazan el sedevacantismo habiendo visto e ignorado sus razones, pueden esperar un juicio terrible y la condenación eterna. Resistir la verdad conocida como tal es uno de los siete pecados contra el Espíritu Santo, de los cuales Cristo dijo que no tienen perdón.

Patricio Shaw Mihanović

viernes, 27 de agosto de 2021

¿QUÉ OBJETÓ SAN PABLO A SAN PEDRO EN ANTIOQUÍA?

Con relación a las palabras de Francisco Bergoglio respecto de San Pedro en su audiencia general del 25 de Agosto de 2021, traemos al ingeniero Patricio Shaw y su artículo refutando el uso por los modernistas de este episodio. Rescatado de CATÓLICOS ALERTA (Primera época).
   
¿QUÉ OBJETÓ SAN PABLO A SAN PEDRO EN ANTIOQUÍA?
   
  
Un número considerable y conocido de cristianos quieren ponerse a salvo de la Revolución Religiosa del Concilio Vaticano II salvando a sus principalísimos promotores mundiales como Papas. Para dejar en pie —aunque no en honra— el reclamo de título papal de los jefes vaticanos neomodernistas pese a la mucha distancia que separa su conducta de la que se esperaría normalmente de Papas católicos, rastrean en la historia casos que se parecen a fallas doctrinarias de Papas. Entonces proceden a razonar que si otros Papas fallaron doctrinariamente, los jefes vaticanos neomodernistas, fallando doctrinariamente, pueden ser Papas, mal que nos pese.
   
Los que hacen tal razonamiento son cristianos antimodernistas que tienen suficiente indignación contra las abominaciones neomodernistas como para oponerse a ellas y a sus autores, pero no tienen suficiente sabiduría o fortaleza como para negar a los autores de las abominaciones neomodernistas el título de Papas.
   
En realidad esos cristianos antimodernistas cometen impresionantes superficialidades de evaluación. Un estudio atento de las peores desviaciones doctrinarias de los Papas de la Historia sólo sirve para poner de resalto su escasez, su accidentalidad, su insignificancia, y su impotencia para desmentir o relativizar la asistencia divina al Papado.
     
El primer ejemplo que suelen presentar, es la advertencia que San Pablo hizo a San Pedro en Antioquía. Este es el texto neotestamentario:
Gálatas II: Y cuando vino Cefás a Antioquía, le hice resistencia cara a cara, por ser digno de reprensión; 12 pues antes que llegasen ciertos sujetos de parte de Santiago, comía con los gentiles; mas llegados que fueron, empezó a recatarse y separarse, por temor de aquellos circuncisos. 13 Y los demás judíos se conformaron con su porte disimulado, por manera que aún Bernabé fue inducido por ellos a usar de la misma disimulación. 14 Pero yo, visto que no andaban derechamente conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: Si tú, con ser judío, vives como los gentiles, y no como los judíos, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?
Quienes imaginan un paralelismo entre la conducta de San Pedro, y las abominaciones de los pseudo-papas conciliares, hacen no poca ofensa al Príncipe de los Apóstoles.
     
A continuación presentaremos las diferencias abismales entre ambos comportamientos:
  
SAN PEDRO EN ANTIOQUÍA
CONDUCCIÓN PSEUDO-PAPAL NEOVATICANA
1. El comportamiento de San Pedro en Antioquía no afectó el poco y simple dogma que contenía la Revelación Mosaica, ni su moral ni su liturgia, sino meros preceptos no litúrgicos.
La conducción pseudopapal neovaticana afectó fundamentalmente el dogma, la moral y la liturgia de la Religión Verdadera
2.  El comportamiento de San Pedro en Antioquía sólo fue nocivo a la Fe Católica de manera extrínseca y además potencial, en una ciudad y por breve tiempo. El venerado Obispo Inglés Challoner, en su revisión a la impecable versión bíblica católica inglesa de  Douay-Rheims, comenta así: La falta que aquí se nota en el comportamiento de San Pedro, sólo fue cierta imprudencia, al retirarse de la mesa de los Gentiles por temor de dar ofensa a los judíos convertidos: pero esto, en tales circunstancias, cuando hacerlo habría podido traer malas consecuencias a los Gentiles, que habrían podido ser inducidos a sentirse obligados a conformarse al modo de vida judío, con perjuicio de su libertad cristiana. (del inglés)
La conducción pseudopapal neovaticana ha sido intrínseca, actual y planetariamente y más de tres veces decenalmente letal a la Fe Católica.
3.  El comportamiento de San Pedro en Antioquía no buscó agradar a miembros de una falsa religión, sino a cristianos de origen judío a quienes se permitía observar la Ley de Moisés.
La conducción pseudopapal neovaticana ha sido idónea para agradar y confirmar todas las falsas religiones, el indiferentismo, el ateísmo, y a todo el anticatolicismo en todas sus variedades incluidas las peores.
4. Al Padre Władysław Lohn, S.J., profesor pre-conciliar de la Universidad Gregoriana de Roma, no se le pueden sospechar intereses algunos en exagerar la pureza doctrinaria de San Pedro. Este estudioso comenta así el pasaje mencionado en la traducción bíblica católica polaca del Padre Jakub Wujek, S.J. (Cracovia, 1962): Desde el Concilio de Jerusalén, que ya había tenido lugar, estaba claro que los cristianos gentiles estaban eximidos de observar la Ley de Moisés, pero no estaba completamente claro que lo mismo valiera para los cristianos judíos. Esta incertidumbre influyó el comportamiento defectuoso de San Pedro en Antioquía, en el cual hubo más bien indecisión que culpa moral. (del polaco)
La conducción pseudopapal neovaticana mal puede ser vehículo o consecuencia de alguna incertidumbre posible y fundable.
5. La falta de San Pedro en Antioquia no impuso a nadie ninguna legislación nociva la Fe Católica, ni propuso ninguna doctrina nociva a la Fe  Católica, ni sentó Magisterio.
La conducción pseudopapal neovaticana ha sido gravemente nociva a la Fe Católica en las legislaciones que ha impuesto y en las doctrinas que ha propuesto. Además, hizo cuestionable el Magisterio Perenne Infalible en su totalidad y en sus fundamentos.
6. No se sabe de una sola alma que haya sufrido daño religioso siquiera indirecto o accidental por el comportamiento de San Pedro. Podría no haber habido tiempo para ello, por la rápida intervención de San Pablo. Si llegó a ocurrir algún daño en absoluto, éste fue, en el peor de los casos, indirecto, no doctrinal, no forzoso, restringido a pocas personas, breve (a lo sumo de algunas semanas), y reparado amplia y efectivamente.
Como consecuencia de la conducción pseudopapal neovaticana, millones o decenas de millones han perdido Fe, millones han abandonado su práctica, millones se han entibiado, millones se han desorientado o extraviado de innumerables modos. El daño resultante ha sido directo, doctrinal, forzoso, universal, prolongado por cuatro décadas —por poco dos generaciones—, no reparado, y constantemente confirmado y defendido.
7. San Pedro dio excesiva consideración a tradiciones judaicas superficiales que habían caducado hacía poco tiempo.
La conducción pseudopapal neovaticana desconsideró y contradijo tradiciones católicas fundamentales, y las puso en estado de precariedad, agonía, envenenamiento o muerte en decenas o centenas de millones de conciencias.
8. Las tradiciones mosaicas que San Pedro respetó demasiado, poco antes eran válidas y divinamente dictadas —de hecho, grandes teólogos discuten acerca del momento exacto en que caducaron.
Muchas doctrinas falsísimas y modos de vida irreligiosísimos que la conducción pseudopapal neovaticana ha estado respetando todo el tiempo, son intrínseca y eternamente inválidos.
9. San Pedro no quebró una sola tradición católica.
La conducción pseudopapal neovaticana quebró tradiciones católicas fundamentales, inclusive la misma razón de ser de la Encarnación del Verbo, de la Redención, y de la Iglesia.
10. San Pedro se arrepintió de manera sincera e inmediata ni bien percibió su falta.
La conducción pseudopapal neovaticana hasta ahora se gloría de sus abominaciones, y solamente se «arrepiente» de supuestas faltas pasadas de la misma Iglesia de Cristo.
11. El comportamiento de San Pedro en Antioquía fue privado. Sólo se hizo público como pasado y ya corregido.
La conducción pseudopapal neovaticana ha sido pública tanto en la intención como en el efecto, y jamás ha sido corregida por sus culpables.
12. Más importante aún: El comportamiento de San Pedro en Antioquía no empeñó su autoridad.
La conducción pseudopapal neovaticana ha empeñado vigorosamente su falsa autoridad, pretendiendo hasta tenerla mayor que el Conciliio de Nicea (Pablo VI).
13. Como el Hijo fue enviado por el Padre, así cada miembro de la Iglesia Docente es enviado por el Hijo a enviar Su Revelación al mundo. Esta transmisión no puede fallar en la Iglesia. San Pedro en Antioquia no tuvo ni la voluntad ni la libertad de enviar nada malo o defectuoso desde la Iglesia hacia la Iglesia mediante la Iglesia.
La conducción pseudopapal neovaticana ha enviado de mil modos la devastación y la corrupción a grandes partes del Cuerpo de la Iglesia, y eso, pretendidamente “desde la Iglesia” y “mediante la Iglesia”.
14. Lo peor de que Santo Tomás de Aquino acusa a San Pedro es de haber pecado venialmente y haber hecho peligrar la Verdad del Evangelio. El mismo Doctor califica el grado del peligro al llamar a ese pecado venial. Es de notar que, sea cual fuere el peligro señalado, no se realizó —lo cual resalta más bien cuánto Dios impide que un Papa falle, que cuánto un Papa puede fallar en la conducción de la Iglesia. San Agustín acusa a San  Pedro de pecado venial de falta de discernimiento. San Jerónimo exonera completamente a San Pedro de cualquier culpa.
La conducción pseudopapal neovaticana es una avalancha incomprensible de lo más atroz que hay en cuanto a escándalos, sacrilegios, ardides antirreligiosos, y engaños universales y fundamentales. Ha pasado por incalculables años luz la línea de mero peligro potencial.
15. San Pedro en el peor de los casos descuidó por un tiempo sus potestades garantizadas por Dios, y algunos Papas posteriores harían otro tanto de otros modos, pero ni él, ni ningún sucesor suyo, pudo contradecir las potestades papales garantizadas por Dios; supuesto que Dios constituyó esas potestades como plenas, como nada más que plenas, y como incapaces de persistir en otra medida que en la plena.
La conducción pseudopapal neovaticana contradijo los poderes papales, y lo hizo de manera activa, forzosa, eficiente, metódica y global. Esto prueba que en esa conducción no estaban plenas las potestades papales, y la negación cierta de la plenitud de potestad papal conlleva la negación cierta de cualquier grado de potestad papal.
16. San Pedro cometió un tipo de falta que es posible que Dios permita que un Papa cometa, por ser inferior y extrínseca a las potestades papales.
La conducción pseudopapal neovaticana cometió tipos de faltas contradictorias a los poderes papales, daños que es imposible que Dios permita que los cometa alguien siendo Papa o que alguien sea Papa cometiéndolos.

    

Dios dio al Papa potestades extraordinarias. Él las ordenó a un fin. Él las hizo necesariamente conducentes a ese fin. El fin es que los frutos de la Redención duren para siempre. El Papa es la Base de la Iglesia, y la Iglesia es la dispensadora de la Redención y de la Vida Sobrenatural y es la Columna de la Verdad. Si Dios no ordenara ni condujera necesariamente las potestades papales al fin al cual las ha ordenado, la inmensa obra de la Redención pierde todo sentido.

jueves, 13 de febrero de 2020

GRACIAS AL CONCILIÁBULO…


  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados tienen una liturgia protestantizada e inválida.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados tienen sacramentos protestantizados y algunos de ellos invalidados.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados ven más y más católicos abandonar la Fe y formarse una religión a su medida.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… cayó espantosamente la cantidad y calidad de conversiones –en cambio decenas de millones se pasaron a sectas–.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados reciben la Comunión en la mano y tienen ministros eucarísticos laicos y femeninos, cosa que se consideraba sacrílega e impensable un tercio de siglo atrás.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados ven a sus pastores conducir liturgias ecuménicas con toda clase de religiones acatólicas, consagrando la herejía de que todas las religiones son buenas, y llenando de escándalo y confusión a los que siguen siendo fieles.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados reciben de manera aguada o sustancialmente envenenada los dogmas católicos necesarios para la salvación.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… se destruyó todo el concepto de Iglesia Militante.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados tienen el Movimiento Carismático con ellos, cuyas raíces protestantes y espiritistas siempre se habían considerado la antítesis del Catolicismo.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… se debilitaron o desaparecieron mil devociones santísimas y bellísimas, para lo cual el pueblo extraviado buscó compensación en supersticiones o en otras religiones.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos se han hecho mucho más paganos, en tanto que los paganos lo son más que nunca.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados, sacerdotes y laicos, sufren una enorme crisis de Fe.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados están envueltos por una religión maligna y engañosa empleada para subvertir todo el Catolicismo hasta su última molécula.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados van a una mesa protestante y ya no al altar católico; no tienen reclinatorios; comulgan de pie; inventan liturgias groseras y abominables.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… el Ofertorio ha sido totalmente desnaturalizado y judaizado.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… se entiende otra cosa por el misterio de nuestra fe: ya no la transubstanciación, sino “anunciamos tu muerte, Señor, y proclamamos tu resurrección hasta que vuelvas”.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados no entienden la necesidad de confesarse con profundo dolor si cayeron en pecado mortal.
  • GRACIAS EL CONCILIÁBULO… los católicos engañados asisten a templos profanos con poco o ningún sentido de reverencia ante Dios.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… la Iglesia Católica ha sido puesta en pie de igualdad con toda religión falsa de la tierra.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… el dogma católico de que fuera de la Iglesia no hay salvación no solamente se ignora, sino que se combate con energía.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados están con un pie en una Iglesia Mundial.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados están con un pie en un Gobierno Mundial.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados se embeben de la influencia demoníaca del Movimiento New Age.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados se reúnen para rezar con hindúes, budistas, judíos y musulmanes, todos los cuales niegan la Divinidad del Señor y Salvador Jesucristo.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados se embeben de la religión humanista de la Razón a través de sermones y catecismos insípidos o heréticos.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados rechazan ampliamente muchas enseñanzas católicas sobre Fe y Moral. Dicen: “Si se condona el pluralismo afuera de la iglesia, ¿qué tiene de malo tenerlo adentro de ella?”.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados no entienden nada del Reinado Social de Jesucristo, que enseña que todos los gobiernos y autoridades deben someterse a Cristo y su Iglesia verdadera.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… se ha demolido la magnífica estructura jerárquica de la Iglesia.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… no hay más sermones dominicales que defiendan la Verdad Católica contra los errores de que está lleno el mundo moderno.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados coexisten en su comunidad con todo tipo de ideas religiosas erróneas admitidas por las falsas autoridades eclesiásticas.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados difícilmente pueden creer que haya errores religiosos que la Iglesia deba condenar.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados tienen un rey desnudo con falsas vestimentas ecuménicas, y no hay quién les diga la verdad.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los Católicos fieles que con toda razón critican los efectos catastróficos de eso, son perseguidos, despreciados, y acusados de irrespetuosos, enfermos, soberbios, sectarios, divisivos y cismáticos.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los católicos engañados no tienen nada que agradecer a la Eclesialidad Post-Conciliar.
  • GRACIAS AL CONCILIÁBULO… los no católicos no tendrían nada que agradecer a la Eclesialidad Post-Conciliar si se pasaran a ella.

   
¡¡¡POCAS GRACIAS!!!

Ing. PATRICIO SHAW

sábado, 19 de octubre de 2019

¿EMBRIAGUEZ RESPETABLE?

Tomado de CATÓLICOS ALERTA.
  
«Estará borracho, pero no por eso deja de ser mi padre». Así justifican algunos católicos desorientados su adhesión a los recientes jefes vaticanos. Como el mal hijo de Noé se burló de su embriaguez involuntaria y sus buenos hijos la disimularon, así un buen católico debería disimular la conducta desordenada de los recientes jefes vaticanos y permanecerles leal y no exponer sus vergüenzas. Pero la «embriaguez» de los recientes jefes vaticanos no es meramente personal, accidental y pasajera: es gubernamental, fundamental, y permanente, y efectúa el envenenamiento de los intelectos y la muerte de las almas. Proteger y respetar ese alcoholismo crea problemas de conciencia. Además, los sujetos de ese alcoholismo están privados de la paternidad espiritual con que se pretende justificar esa discreción disimuladora.
  
I. Los nuevos jefes vaticanos carecen ciertamente de lo que los constituiría en Padres de los católicos.
La paternidad biológica es irreversible; pero no puede decírselo mismo de la paternidad espiritual ni de una potestad administrativa dada por Dios, pues se fundan en un parentesco espiritual y en una transmisión y protección de vida espiritual que puede faltar y hasta puede constatarse categóricamente que falta. Esto puede comprenderse del otro lado de la relación. Un hombre que tiene la Fe Católica por mucho que peque es hijo de la Iglesia, aunque precario, malo o muerto. Pero un hombre que no tiene la Fe Católica, no puede ser hijo de la Iglesia de ninguna manera. ¡Menos todavía puede ser Cabeza de la Iglesia y Padre de los creyentes!
  
El Doctor Angélico nos señala en su tratado sobre el Decálogo anota que los apóstoles y los maestros de Fe son verdaderos padres y dadores de vida en sentido espiritual, y se apoya en dos pasajes escriturísticos:
  • yo soy el que os he engendrado en Jesucristo por medio del Evangelio. [1]
  • Alabemos a los varones ilustres, a nuestros mayores, a quienes debemos el ser. [2]
La razón de ser del Orden Sagrado es que la Iglesia tenga multiplicación y gobierno. [3] Del Orden Sagrado dependen por lo pronto los importantísimos sacramentos de la Eucaristía y la Confesión; también la preservación y propagación ordenada, ordinaria, e idónea, de la Doctrina Católica, y todo lo mucho que de ella depende en lo político, cultural, y familiar. Pero en la cumbre del Orden Sagrado está el Papa. Por ende el Papa concentra, al menos de manera funcional, pero no por cierto superflua, toda la paternidad espiritual del sacerdocio. Un Papa es nada menos que un personaje público en quien Cristo encabeza todo lo que ocurre visiblemente en su Iglesia: jerarquía, legislación, magisterio.
  
Si un hombre niega y ataca la Fe Católica y la Iglesia Católica en su propia constitución, ¿cómo podría tener el encargo divino de hacer de «Padre de los católicos»? ¿A quién o a qué da la vida? ¿A quién o a qué mantiene?
   
El padre espiritual y doctrinario de los católicos en la tierra jamás puede malearse en su encargo divino de sostener la constitución visible y la Fe invisible de toda la Iglesia, ni puede jamás transmitir a sus hijos vida mala, y menos aún muerte, ni sostener su disgregación.
    
El Papa coincide nada menos que con Dios en paternidad espiritual sobre la Iglesia. Por lo que respecta a la vida de la Iglesia, tratándose de la invisible, Dios es su Padre en sí mismo, y tratándose de la visible, Dios es su Padre en el Papa.
  
Por ende, cada jefe vaticano que fomente el anticatolicismo, no es un mal padre, sino un padre falso de los católicos, y el padre de una familia anticatólica.
  
II. Los nuevos jefes vaticanos son diabólicos y enemigos de la Iglesia.
El profeta Daniel [4] predijo que el diablo, en figura de macho cabrío, quitaría el sacrificio perenne y abatiría el lugar de su santificación. Esto fue cumplido por P6, JP1, JP2 y ahora B16.
  
Los católicos nunca pueden ser hijos de un macho cabrío ni del diablo. Lo son los judíos malos: «Vosotros tenéis por padre al diablo, y así queréis satisfacer los deseos de vuestro padre». [5]
 
Mal seríamos seguidores de Cristo y de la Iglesia si tuviéramos por padre propio a un jefe vaticano ecumenista, independientemente de que queramos o no satisfacer sus deseos. Porque ellos quitan el sacrificio perenne y abaten el lugar de la santificación, y así, pues, ejecutan obras extremadamente diabólicas contra la vida de los católicos y hasta contra su existencia como tales.
  
El Padre eclesiástico dado por Dios a los católicos no puede impedir y menos destruir la transmisión principal de vida a los católicos, que es la Doctrina y la Misa.
  
La cuestión papal se comprende mejor a partir de la esencia de la Iglesia y a partir de la función hacia la Iglesia, en la Iglesia y sobre la Iglesia que Dios dio a un Papa.

III. Bajo los nuevos jefes vaticanos las almas se ven en dificultades para hacerse católicas o seguir siéndolo.
San Juan dice [6] que la cabeza invisible de la Iglesia dio poder de llegar a ser hijos de Dios a todos los que creen en su nombre.
  
Pero nadie puede creer en el nombre de Jesús sino a partir de la Iglesia, a través de la Iglesia, y adentro de la Iglesia.
 
Por un lado, la Cabeza invisible de la Iglesia dio a una determinada persona un poder que corresponde a aquel universal y condicional. En efecto, Cristo dio al Papa el poder de apacentar su Iglesia, y no cualquier medida de ese poder, sino su plenitud, como lo enseñan los concilios florentino y vaticano primero y único. Si un jefe de estado vaticano emplea, y por lo tanto tiene, un poder contrario a ese, su poder de apacentar la Iglesia no puede ser pleno y estaría al menos recortado. Pero el poder de un Papa de apacentar la Iglesia no puede ser menos que pleno, puesto que un tal poder no puede tener otra medida que la que Cristo le adjuntó para la firmeza de la Iglesia. Faltando el poder de apacentar la Iglesia en cuanto pleno, falta en absoluto, y falta así un Papa o Santo Padre.
  
Quien cree en Jesús —no de cualquier modo, sino como Dios lo ha requerido, es decir, según Su Iglesia— recibe el poder de llegar a ser hijo de Dios. ¿Cómo podría esto ocurrir bajo un jefe de estado vaticano que, al contrario de transmitir los medios visibles de la vida divina, los destruye, y obstruye al máximo la vida visible de la Iglesia que sigue a Dios?
 
No, es tan imposible que sean nuestros padres, como lo es que Dios pueda engendrar o fundamentar maldad, falsedad, y extravío.
  
PATRICIO SHAW
   
NOTAS
[1] 1 Cor 4, 15.
[2] Eclo. 44, 1.
[3] Super Sent., lib. 4 d. 24 q. 1pr.
[4] Dn 8, 11.
[5] Jn 8, 44.
[6] Jn 1, 12.

lunes, 1 de enero de 2018

MENSAJE DE PÍO XII

Mensaje Urbi et Orbi del Santo Padre Pío XII (Pascua de 1958) - Traducción y observación final, del ing. Patricio Shaw. Tomado de CATÓLICOS ALERTA.
  
Interior de la Basílica de San Pedro (Giovanni Panini)
  
Movidos por la sed ardiente de luz sobrehumana, amados hijos e hijas de Roma y del mundo, habéis venido, con la presencia o en espíritu, a este lugar, donde más vívido parece renovarse con la solemnidad de los ritos el fulgor de la Resurrección, para alcanzar de Cristo, Fuente de verdad y de vida, la onda restauradora de su luz y de su gracia. Cristo es Aquel que, erradicadas las tinieblas de muerte, resplandece como astro sereno sobre la entera humanidad:
«Ille, qui regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit» — «Él, que regresado de los infiernos, brilla sereno para el linaje humano[1].
  
Dispensadora perenne de luz es la Pascua cristiana, desde aquel alba afortunada, vaticinada y esperada durante largos siglos, que vio la noche de la pasión convertirse en día refulgente de alegría, cuando Cristo, destruidos los vínculos de muerte, salió a relucir, cual Rey victorioso, del sepulcro a nueva y gloriosa vida, liberando la humana progenie de las tinieblas de los errores y de los cepos del pecado. Desde aquel día de gloria de Cristo, de liberación para los hombres, nunca más cesó el acudir de las almas y pueblos hacia Aquel que, resucitando, confirmó con el divino sello la verdad de su palabra: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida»[2]. De cada región a Él convergen, sedientos y confiados, todos los que aman y creen en la luz; aquellos que sienten pesar sobre sus espíritus la angustia de la duda y de la incertidumbre; aquellos que están cansados del eterno errar entre opuestas doctrinas, los extraviados en las vanas sombras del siglo, los mortificados de las culpas propias y ajenas. En todos aquellos que, como vosotros, han abierto la mente y el corazón a la divina luz de Cristo, se ha renovado el prodigio de la resurrección a nueva vida, en el gozo y en la íntima paz. El «aleluya», que hoy la Iglesia canta por doquier en la tierra, y al que vosotros, exultantes, os asociáis, es el vivo testimonio de que Cristo es todavía «Luz del mundo», y tal será hasta la consumación de los siglos: luz de verdad, de unidad, de vida para las humanas generaciones. Como al alba de la creación la luz, brotada por primera vez de las manos del todopoderoso Ordenador del cosmos, todavía informe, caótica y tenebrosa [3], fue puesta al umbral de todo ordenamiento y ornamentación, al origen de todo desarrollo y de toda vida; así en la obra de restauración, comparada por el Apóstol a una nueva creación[4], la luz de Cristo es el elemento primero, fecundo, indispensable del nuevo orden restablecido por el Hijo de Dios. Esto significa que el hombre sólo por Cristo y en Cristo, conseguirá su perfección personal; por Él sus obras serán vitales, las relaciones con sus semejantes y con las cosas estarán alineadas, sus dignas aspiraciones serán colmadas; en una palabra, por Cristo y a partir de Cristo el hombre tendrá plenitud y perfección de vida, aún antes de que surjan sobre los eternos horizontes un nuevo cielo y una nueva tierra[5]. El mismo Verbo de Dios, que presidió la creación de todas las cosas visibles e invisibles, se encarnó para llevar a cabo la obra iniciada al principio de los tiempos, de modo que, así como «sin Él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas» y «En Él estaba la vida, y la vida era la luz»[6] , así no puede darse verdad, bondad, armonía ni vida, que no se inclinen a Cristo, maestro, apoyo y ejemplo de los hombres. ¡Oh, si estos reconocieran la realidad de la palabra de Cristo «Yo soy la luz del mundo», y aceptaran toda su amplitud, que no comporta límites ni recintos, exponiendo la mente y corazón a sus divinos rayos, cuánta vida, cuánta serenidad y esperanza florecerían en este nuestro valle! Al contrario, si internas tragedias dilaceran los espíritus, si el escepticismo y el vacío resecan tantos corazones, si la mentira se convierte en arma de lucha, si el odio estalla entre las clases y los pueblos, si guerras y revueltas se suceden de un meridiano a otro, si se perpetran crímenes, se oprime a débiles, se encadena a inocentes, si las leyes no bastan, si las vías de la paz son inaccesibles, —si, en una palabra, este nuestro valle está todavía surcado por ríos de lágrimas, no obstante las maravillas ejecutadas por el hombre moderno, sabedor y civil; es signo de que algo está sustraído a la luz de Dios que aclara y fecunda. El fulgor de la Resurrección sea entonces una invitación a los hombres a restituir a la luz vital de Cristo, a conformar a las enseñanzas y designios de Él el mundo y todo lo que éste abraza; cuerpos y almas, pueblos y civilizaciones, sus estructuras, sus leyes, sus proyectos. No prevalezcan en retenerlos ni el insensato orgullo, ni el vano temor de que el dejarse inspirar por Cristo menoscabe su libertad o la autonomía de sus obras. Dios, que desde los orígenes mandó al hombre someter la tierra y trabajar en ella[7], no retira su palabra, ni tiene intención de reemplazar al hombre, sino de conducirlo y sostenerlo, para que se cumplan a la perfección sus designios, ya que ni Dios ni el hombre estarían pagos con cualquier existencia del mundo, sino sólo de una vida suya en constante progreso hacia la plenitud de la verdad, la justicia, la paz.

¿Pero dónde encontrarán los hombres concretamente y con certeza la luz de Cristo? ¿Por qué visible medio ella se convierte en luz a los ojos mortales, norma práctica de acción y fecundidad inmediata de obras? Vosotros, dilectos hijos, lo sabéis: de la luz de Cristo es depositaria la Iglesia por Él fundada y asistida, por lo tanto en sentido verdadero «lumen de lumine» realidad visible y perenne, al mismo tiempo humana y divina, temporal y eterna. A esta «ciudad edificada sobre un monte» [8] Cristo ha confiado «el testimonio más firme que el nuestro que es el de los profetas, al cual hacéis bien en mirar atentamente, como a una antorcha que luce en lugar oscuro»[9]. Fijadas pues vuestras miradas en ella, con la sinceridad y el sabio discernimiento de los hijos de la luz, no ya con la malsano complacencia de los hijos de las tinieblas que prefieren, con daño propio, detenerse en las inevitables sombras que acompañan toda realidad en parte también humana. La sombra del hombre no apaga la luz de Dios, sino que la pone de resalto más claro. Es luz de Dios encendida en el mundo la atenta vigilancia de la Iglesia sobre las doctrinas, su asiduidad en difundir y defender la verdad, su no apresurada prudencia para con las novedades y cambios, la imparcialidad en las contiendas entre clases y naciones, la inflexibilidad en proteger los derechos de cada individuo, la intrepidez frente a los enemigos de Dios y de la sociedad. Pregúntese cada uno de vosotros: ¿qué se haría del mundo en la actualidad si faltara tanta luz? ¿Acaso él podría gloriarse de ese complejo de conquistas materiales y morales indicado con el nombre de «civilización»? ¿Estaría aún vivo en las conciencias el sentido, tan ampliamente difundido, de justicia, de verdadera libertad, de responsabilidad, que anima la mayoría de los pueblos y los gobernantes? ¿Que decir, pues, de la conciencia de unidad de la familia humana en consolador progreso en las mentes y en las concretas realizaciones? ¿Quién, si no Cristo, puede recoger y fusionar en un solo pálpito de fraternidad hombres tan distintos por estirpe, lengua, costumbres, cuales sois todos vosotros que Nos escucháis mientras os hablamos en su nombre y por su autoridad? Él es realmente Aquel que, erradicadas las tinieblas de muerte, resplandece como astro sereno sobre la entera humanidad. Empero, en un modo del todo particular, Cristo resplandece sobre la inmensa familia de los creyentes, sobre vosotros, que os gloriáis del nombre de Cristo hasta el punto de haceros partícipes de su divina prerrogativa. A las multitudes que lo rodeaban les dijo: «Vosotros sois la luz del mundo»[10]. Esta identidad de misión, derivada de Cristo a sus seguidores, mientras constituye en estos un título de excelso honor, impone graves responsabilidades de acción. «Brille así vuestra luz ante los hombres —añadió— de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos»[11]. ¿Pero qué «buena obra» más útil al mundo puede hacerse al presente por la entera cristiandad, si no promover con todas las fuerzas el firme restablecimiento de la justa paz? Individuos y pueblos, naciones y Estados, institutos y grupos, están invitados por el Rey de la Paz a insistir con confianza en esta difícil y urgente obra de gloria divina. A ella se deberá dedicar toda la imponente reserva de inteligencia, prudencia, y si fuera necesario de sólida firmeza, de que dispone el mundo cristiano, coadyuvado por todos los demás que lealmente aman la paz. La sinceridad en querer la paz, la prontitud en realizar todas las razonables renuncias que ella exige, la honestidad en discutir sus problemas, deben naturalmente disipar las sombras de la desconfianza; pero, si —Dios no lo quiera— así no ocurriera, se sabría finalmente a quien atribuir las responsabilidades de las presentes disarmonías. ¡Sed, pues, luz de paz en este mundo entenebrecido, y Dios estará con vosotros en cada suceso! He aquí, queridos hijos e hijas de Roma, de Italia y del mundo, el mensaje que la presente Pascua os lleva: creed en la luz de Cristo y de la Iglesia, amad y defended infatigablemente estos sumos dones prodigados por Dios al mundo. Os repetimos tanto con los acentos de los siglos lejanos, pero con la urgencia requerida por un presente todavía incierto: «Hay, pues, una luz que ha hecho esta luz: amémosla, ansiemos entenderla, sintamos sed de ésa, para que, bajo su guía, alguna vez lleguemos a ella misma y vivamos en ella sin morir absolutamente jamás. […] Porque en ti, Señor, está la fuente de la vida, y en tu luz veremos el eterno esplendor»[12]. ¡Así sea!
  
OBSERVACIÓN FINAL PERTINENTE A LOS TIEMPOS PRESENTES, DEL TRADUCTOR
En este maravilloso mensaje que hecha intensos haces de luz sobre varias realidades, llama la atención que el último Vicario de Cristo, infalible, presenta como definición esencial y como propiedad inseparable de la Santa Iglesia Católica el ser «luz de luz», de manera análoga a lo que el Credo niceno-constantinopolitano predica de Dios Hijo respecto de Dios Padre. La Iglesia Católica es luz fluida de manera homogénea y en nada perturbada ni entrecortada, de Cristo, y además, de la misma luz que ella en tiempos anteriores tomó de Cristo por medio de los Papas Intérpretes del Depósito de la Fe, luz que ella no sólo tomó, sino que además fue, es y será.
 
Ahora bien, aún antes de la conclusión del conciliábulo roncalliano-montiniano, en su pseudoencíclica «Ecclésiam suam» del 6 de agosto de 1964, Pablo VI, afirmó:
«La Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo en que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace coloquio».
 
El más elemental conocimiento objetivo de las cosas basta para comprender que ni la luz natural sensitiva, ni la natural intelectiva, ni la sobrenatural intelectiva, jamás se hacen coloquio, por cuanto la luz jamás recibe ni absorbe elemento alguno ajeno a ella: es un prerrequisito para ver y conocer, absolutamente independiente de lo visto y conocido, y del vidente y cognoscente.
 
Y esto aparece bien claro en estas palabras de Santo Tomás de Aquino sobre la luz tomada en sentido figurado, que es el sentido obvio de Su Santidad Pío XII para definir la Iglesia:
De un nombre cualquiera conviene tener presente dos aspectos: su sentido original y el sentido con el que se usa. Un ejemplo claro lo tenemos en la palabra visión, cuyo sentido original indicaba el sentido de la vista; pero por la dignidad y certeza de ese sentido, la palabra se ha extendido, con el uso, para indicar todo conocimiento que se tiene por los sentidos. (Así decimos: Mira cómo sabe, mira cómo huele, mira qué caliente está); y también para indicar el conocimiento intelectual. Dice Mt 5,8: Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios. Algo parecido puede decirse de Luz. Pues, primero, dicho nombre fue instituido para indicar lo que permite que la vista vea; después se empleó para indicar todo aquello que permite cualquier tipo de conocimiento. Por lo tanto, si se toma el nombre Luz en el primer sentido, entonces, y tal como dice Ambrosio, se aplica metafóricamente a los seres espirituales. Si se toma en el segundo sentido, entonces se aplica con propiedad.[13]
 
Concluimos con este simplísimo polisilogismo:
PREMISA 1: La Santa Iglesia Católica es luz de Cristo y de la Tradición
PREMISA 1: Ninguna luz se hace coloquio
CONCLUSIÓN 1 y premisa mayor 2: La Santa Iglesia Católica no se hace coloquio
PREMISA MENOR 2: La iglesia montiniana se hace coloquio
CONCLUSIÓN 2 Y FINAL: La Santa Iglesia Católica no es la iglesia montiniana
  
NOTAS
[1] Pregón Pascual.
[2] Jn 8,12.
[3] Cf. Gen 1,2-3.
[4] Cf. Gal 6,15; 2Cor 5,17.
[5] Cf. Apoc 21,1.
[6] Jn 1, 3-4.
[7] Cf. Gen 1,28; 3,23.
[8] Cf. Mt 5,14.
[9] 2Pe 1,19.
[10] Mt 5,14.
[11] Mt 5,16.
[12] Cf. San Agustín, Tratado 34 sobre Juan, Nº 3-4
[13] Suma teológica, Parte I, qu. 67, art. 1, co.

jueves, 20 de noviembre de 2014

DE LA SIMILITUD ENTRE LOS JUDÍOS Y LOS MALOS CRISTIANOS

Desde MILES CHRISTI
   
  
—Hijo mío, todavía te falta percibir el quebranto máximo que este pueblo deparó a mi Corazón. Menos lástima me dio por traerme a mí tormentos que a sí castigos… Un día me veías plañir amargamente sobre la ciudad de Jerusalén, no por la pasión y muerte que me infligiría, sino por los castigos que se acarrearía. Enfréntanme ahora, amado mío, sin dejarme cómo remediarlos, todos aquellos castigos con toda la ingratitud de este pueblo. Es así como veo a mi pueblo separado de mí para siempre; el peor entre todos los pueblos, que se acarreará la maldición de Dios… ¡Pueblo sin reyes, ni sacerdotes ni ciudades, vagando entre las naciones del mundo, por nadie tolerado, ajeno a otro afán que el de atesorar el dinero de esta tierra, perdido en alma para siempre!… ¡Y, lo que es más, en él vi el más encarnizado perseguidor de mi carísima Esposa, la Santa Iglesia!
  
[…]
  
—¡Oh Jesús, qué extraordinario amor y aprecio tuviste por mi alma! ¡Que tú, la misma Inocencia y Santidad, debas sufrir por mí tantas y tales penas que a mí me merecieron mis pecados! Te doy gracias, oh Jesús mío, y te alabo por el infinito Amor que me tuviste, y amor te prometo.
  
—Hijo mío, hermoso será tu agradecimiento, y conforme a mis deseos tu alabanza y amor, si me imitas; si por mi amor y según mi ejemplo lo sufres toda adversidad silencioso y sereno, y me tomas a mí en el Sagrario como único confidente y único refugio de tus tribulaciones. —Pero ahora sigue caminando a mi lado y entra en la ciudad de Jerusalén, la ciudad de mi Pasión. Aunque era ya medianoche, la luna llena y la gran cantidad de linternas en manos de mis enemigos te echan sobrada luz sobre lo miserable de mi estado. Henos cerca de la ciudad: mis enemigos con aplausos y gritos de alborozo dan el signo de que me han prendido, y con sarcasmos indican que me tienen atado para divertirse todos con un necio y loco que pretendía salvar el mundo. Se levantan todos por los gritos, las puertas y ventanas de las casas se atestan de gente, cunde la curiosidad por verme prendido —y entre tanta gente no hay nadie, hijo mío, nadie que me mire con piedad. Cinco días antes era bienvenido en esta ciudad con júbilo y cánticos triunfales, y ahora voy entrando entre los mayores desprecios y oprobios, habiéndose transformado todos en mis enemigos…
  
Aquello, hijo mío, fue y pasó… Pero ahora, ¿gozo mejor ventura en la Eucaristía?… Los mismos que hoy cantan HOSANNA delante de mí, ¿no se hacen bien pronto mis enemigos, obrando mal, pecando contra mí?
  
—Jesús, esas palabras puedo aplicarlas a mí, como quizá lo estés haciendo tú mismo. Ante la Eucaristía yo actúo como Jerusalén, y peor también… Primero te adoro con piedad como a mi Dios, te recibo en mi pecho y te prometo mi amor… y poco después, y acaso el mismo día, me vuelvo contra ti… te ofendo… te hiero el Corazón, te expulso del mío con el pecado, y me hago enemigo tuyo. Oh Jesús, ¡qué alma miserable, infiel, ingrata y malvada soy, de veras!… Oh Jesús, ¿cuándo comenzaré a darte el amor de un genuino amigo tuyo? ¿Cuándo vencerás mi corazón de tal modo que nunca más se separe de ti?… Jesús, haz que los dolores que me has dedicado en tu Pasión y el amor que me has patentizado en la Eucaristía me valgan un amor fuerte a ti que dure hasta el postrer respiro de mi vida y sea uno con la eternidad. Así sea.

[…]
  
—Pilato avisa a mis enemigos que va a condenarme a la muerte de cruz, que va a escribir tan cruel e injusta sentencia. Al punto lo sobrecoge un estremecimiento tal, que lo hace sentirse menos el juez que va a dictar el fallo, que el reo que va a recibirlo. El temor lo embarga, y a su naturaleza humana le repugna que sea sentenciado a muerte el Hijo de Dios, el mismo Autor de la vida. Y más le repugna tornar su propia autoridad contra el mismo Hijo de Aquel que se la confirió, y aplicarle la última pena. Y he aquí que, desafiando todo el temor que lo envuelve, Pilato ordena silencio y, en el tribunal de su pretorio, delante del pueblo y de los prohombres, escribe la sentencia de mi muerte y manda leerla delante de todos. Y son leídas en voz alta las siguientes palabras: «Jesús nazareno es condenado a la muerte de cruz».
  
De repente, hijo mío, perciben mis ojos un gran cambio en aquel pueblo: su rabia contra mí se muda en alborozo total. Se oyen gritos de vivas por toda aquella plaza, se felicitan mutuamente mis enemigos por la gran victoria alcanzada, y se echan a andar de un lado a otro para llevarles a todos esta noticia de que yo estoy condenado a la muerte de cruz.
   
—Amado Jesús mío, ¿quién podría saber lo que sintió tu Corazón al oír la sentencia de tu muerte y ver el alborozo de aquel pueblo por tu condena?
  
—Trata de hacerte alguna idea, carísima alma, del quebranto que tuve. En un instante me encontré condenado a muerte, y a la infame muerte de cruz… En un instante me vi sentenciado por un gobernador en una corte abierta a todos como si mereciera ser eliminado de este mundo, y tan ignominiosamente… En un instante oí a todo el pueblo vitorear la sentencia de mi muerte como el medio que libraría a la ciudad de Jerusalén de la escoria y la peste de la humanidad… Hijo mío, jamás podrías comprender tal sobresalto, ahogo y tormento cual entonces conoció mi Corazón. Siendo yo hombre, por debilidad natural sentí todo lo que de terrible, escalofriante y atormentador puede sentir un hombre al oír leerse la sentencia de su propia muerte, y al oírla sabiéndose inocente, y al oírla dictada a fuerza de forcejeos, y con complacencia, por todo un pueblo que gozó de su amor y beneficios.
  
Ha prevalecido la voluntad de este pueblo. Se librará de mí y ya puede regocijarse de su victoria.
   
—¡Vaya demencia la de ese pueblo, amado Jesús mío! ¡Sentir regocijo en librarse de ti, Fuente de todo bien, su Camino, Verdad y Vida! ¿Y qué le deparó tal victoria? ¡La suma de los quebrantos y la máxima desdicha posible en este mundo y en el otro! La vorágine de sus pasiones pudo dejarlo hasta tal punto ciego y loco… ¿Pero acaso quedo yo bien parado ante ellos? ¡Ay, no, Jesús, que igual ceguera e igual demencia han sido mi frecuente derrotero! El paralelo es espantoso: Este mismo que en adoración eucarística comenzaba expresándote estimación y amor y confesándote como su Bien y su Rey, —el mismo, con sus pecados, acababa rebelándose contra ti, arrojándote de la morada de su alma, y enviándote con los hechos este cruel e ingrato mensaje: «No tengo otro rey que esta pasión de mi corazón: a ella quiero contentarla». Y a imitación de los judíos te crucificaba y me complacía en el pecado, obra ruin e ingrata que me separaba de ti… Merecía, oh Jesús, que me abandonases y castigases como a aquel pueblo. No lo hiciste. Con maravillosa misericordia y paciencia me mantuviste tu amor y la efusión de tus gracias; me perdonaste a cada instante mis pecados y me mantuviste con tu Cuerpo y Sangre desde este Sacramento de Amor. Oh Jesús mío, a ti elevo, con mi más profundo agradecimiento, la súplica de que me sigas siendo favorable y me des verdadera contrición, ardentísimo amor a ti en la Eucaristía, y la gracia de la perseverancia en el bien hasta mi último respiro. Así sea.

(Fragmento tomado de "El alma ante Jesús Sacramentado", por Mons. Luis Vella - Traducción de Patricio Shaw)

lunes, 22 de septiembre de 2014

¿EL APÓSTOL SAN PABLO PREDIJO LA SEDEVACANCIA AL FINAL DE LOS TIEMPOS EN 2 TESALONICENSES?

Por Patricio Shaw
 
Hay explicaciones asombrosas en pocas palabras, perdidas como una aguja en un pajar, en un segmento de los voluminosos comentarios de Santo Tomás a distintos libros de las Sagradas Escrituras.
  
El Aquinate divide su comentario al segundo capítulo de la segunda epístola de San Pablo a los Tesalonicenses en dos partes: exclusión de la falsedad e instrucción de la verdad. Nos interesa en especial la segunda, que va de las palabras «quoniam nisi venerit discessio» (porque porque sin que primero haya acontecido la apostasía), del medio del tercer versículo, hasta la conclusión del capítulo.

El Apóstol (San Pablo) anunció en II Tesalonicenses 2, 3-12 la Gran Apostasía y la irrupción del anticristo por medio de la difusión de la falsa doctrina.
  
Esta parte trata primero de los eventos previos a la venida del Anticristo, y después trata del mismo Anticristo. Los eventos precedentes a la venida del Anticristo son dos apostasías: con respecto a la Fe y con respecto al Imperio Romano.
   
Interesa sobre manera la interpretación que nadie menos que Santo Tomás, el Doctor Communis, da del significado de «Imperio Romano» precisamente en este pasaje. Él parte de la interpretación tradicional y agustiniana de Daniel (II, 31) que se refería a cuatro reinos que precedieron el adviento de Cristo. Por el cuarto de ellos se entiende el romano, establecido a fin de que bajo su potestad se predicase la Fe a todo el mundo.
 
El profeta Daniel, en el capítulo II de su libro, describe los cuatro reinos que gobernaron la tierra hasta el Primer Advenimiento (Babilonia, Persia, Grecia y Roma).

Luego el mismo Santo Tomás, basándose en el sermón «De Apóstolis» de San León Magno —Papa y Padre y Doctor de la Iglesia, que gobernó de 440 a 461- afirma que el Imperio Romano había de durar mucho más allá del siglo V por transmutarse de temporal en espiritual, y que la naturaleza del Imperio Romano espiritual era la Fe Católica de la Romana Iglesia.
  
Santo Tomás de Aquino, siguiendo el parecer de San Agustín sobre la visión de Daniel, considera que el Imperio Romano fue el instrumento de Dios para la expansión del Evangelio de Jesús; y a San León Magno, que este reino pasaría de terrenal a espiritual, merced a la Iglesia Católica.
  
Las palabras de ese sermón más relevantes al comentario tomista que estamos viendo son las siguientes:
"Éstos [San Pedro y San Pablo] son quienes te han promovido a ti [Roma] a tal gloria que, hecha una nación santa, un pueblo elegido, un estado sacerdotal y real, y la cabeza del mundo por la Santa Sede del bienaventurado Pedro, alcanzaste un dominio más amplio por el culto de Dios que por el gobierno terreno".
  
Santo Tomás prosigue diciendo que la apostasía universal con respecto al Imperio Romano (en su fase espiritual) es signo conveniente de la proximidad del Anticristo, así como Cristo vino en el apogeo del Imperio Romano.

Algunas líneas más abajo Santo Tomás explica interesantísimamente el versículo séptimo, «El hecho es que ya va obrando el misterio de iniquidad; entre tanto el que está firme ahora, manténgase, hasta que sea quitado (del medio)», para el cual presenta seis exposiciones de las cuales adopta cuatro como verosímiles.

Nos interesa especialmente la primera, a la cual parece darle mayor importancia Santo Tomás, y que también es la más clara y concreta:
"Tantum ut qui tenet nunc, Románum impérium, téneat, donec de médio fiat, id est, donec moriátur".
 
La traducción castellana de este sentido adoptado por Santo Tomás sería más o menos:
"Mientras aquel que ahora tiene el Imperio Romano lo tenga, hasta que sea quitado del medio, esto es, hasta que muera".

A continuación Santo Tomás aclara que aquel que ha de ser quitado del medio antes de que venga el Anticristo es la persona pública del Imperio Romano.
  
En resumen: Según el comentario de Santo Tomás a 2 Tes II, el advenimiento del Anticristo debe ser precedido por una apostasía universal con respecto a la Fe Católica y al Imperio Romano, el cual es explicado como (1) la Fe de la Iglesia Romana y (2) como la persona pública del Imperio Romano.

Si no hay imperio sin emperador, entonces el «Emperador» que dejará de «tener el Imperio Romano» y será «quitado del medio», en la misma época en que el mundo apostataría de la Fe de la Iglesia Romana, no puede ser sino el Romano Pontífice. Y ningún mejor medio para hacer apostatar al mundo de la Fe de la Iglesia Romana, que un falso papa instigador de herejía reconocido por el mundo como el Papa.
 
La Apostasía requirió que la autoridad papal fuese pisoteada por usurpadores e instigadores de la herejía. Y esos instrumentos son sin duda los antipapas del Vaticano II
  
Esto se aclara más aún si se lo asocia con el comentario de Santo Tomás a Mateo XXIV, 21-22:
  
"Habrá entonces grande tribulación, porque habrá una perversión de la doctrina Cristiana por una doctrina falsa. Y si no fuesen abreviados aquellos días, a saber, por documento de doctrina, por una expansión de la verdadera doctrina, ninguna carne sería salva, esto es, todos se convertirían a la falsa doctrina".
  
Si vale la antedicha unión de dos interpretaciones tomistas sobre el Imperio Romano hechas con pocas líneas de diferencia, San Pablo Apóstol dijo que el signo de la inminencia del Anticristo es, con la pérdida universal de la Fe, la desaparición de la autoridad papal. ¡Lo que vemos es malo, pero alguna vez tenía que pasar y esa vez es ahora! Ha sido quitado del medio el verdadero gobierno papal, que fue impedimento insuperable para la venida del Anticristo por más de diecinueve siglos.