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lunes, 28 de enero de 2019

DE LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

 
P. ¿Qué cosa son los frutos del Espíritu Santo? R. Que son: Actus perfécti procedéntes ex speciáli motióne Spíritus Sancti, quibus homo operátur suáviter, et delectabíliter. Llámanse frutos del Espíritu Santo, por proceder del hombre fecundado de este divino Espíritu, mediante su virtud, que es su semilla.
 
P. ¿Cuántos son los frutos del Espíritu Santo? R. Que son doce, es a saber: Caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fe, modestia, continencia, y castidad. Así los numera el Apóstol ad Gálatam Cap. 5. Los tres primeros perfeccionan el alma en sus bienes, dentro de sí misma; porque mediante ellos ama a Dios con gozo y paz, sin que las pasiones la perturben, que es un felicísimo estado. La paciencia y longanimidad perfeccionan el alma dentro de sí misma, para superar las adversidades interiores, y exteriores de esta vida, y el que se le dilate el gozar de los bienes de glora. La bondad, benignidad, mansedumbre, y fe perfeccionan el alma, en orden al prójimo, comunicándole sin ira ni fraude, sino antes bien con sinceridad, benignidad, y fidelidad los bienes, así espirituales, como temporales. Últimamente la modestia, continencia, y castidad perfeccionan el alma, acerca de las pasiones y concupiscencias, regulando, así a éstas, como a las acciones exteriores, suavemente por una superior moción.
  
FRAY MARCOS DE SANTA TERESA OCD. Compendio Moral Salmaticense, tomo I, tratado cuarto, cap. III, punto 2º. Pamplona, Imprenta de José Rada, 1805, págs. 130-131

martes, 1 de enero de 2019

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO PARA EL AÑO NUEVO

   
El “Veni, Creátor Spíritus”, que según el himnólogo alemán Guido Maria Dreves SJ es “el mejor de todos los himnos”, fue compuesto por San Rabano Mauro hacia el siglo IX. La Iglesia lo recita en el Divino Oficio del día de Pentecostés y durante su octava, antes de los salmos de Tercia y antes del Magníficat en las Vísperas, de rodillas en la primera estrofa y lo demás de pie. También se entona cuando se suplica la presencia del Espíritu Santo, como la entrada de los Cardenales a cónclave, canonizaciones, la consagración de Obispos y ordenación de Sacerdotes, la profesión en comunidades religiosas, la Dedicación de una iglesia, durante la celebración de sínodos o concilios, en la coronación de los reyes; y en algunas universidades se entona al comienzo y cierre del año académico (como dato curioso, es el único himno católico conservado en el Libro de Oración Común de la iglesia anglicana).
  
Mediante Breve del Papa Pío VI, fechado a 26 de Mayo de 1796, a todos cuantos recen diariamente el Veni Creátor Spíritus y las siguientes oraciones, con la intención de orar por las intenciones generales de la Iglesia, se les concede Indulgencia plenaria una vez al mes, después de confesarse y comulgar. Indulgencia confirmada por la Sagrada Congregación de Ritos mediante decreto del 20 de Junio de 1889, y por la Sagrada Penitenciaría Apostólica mediante decreto del 9 de Febrero de 1934, que estableció la posibilidad de ganarla también por rezarlo el día de Pentecostés y durante su octava (en el Breve del 26 de Mayo de 1796, eran 300 días de Indulgencia), y el 1 de Enero para encomendar y dedicar el año entrante; además de cinco años de Indulgencia en cualquier otro día del año, cada mañana.
 
LATÍN
Veni, Creátor Spíritus,
Mentes tuórum vísita,
Imple supérna grátia,
Quæ tu creásti péctora.
  
Qui díceris Paráclitus,
Altíssimi donum Dei,
Fons vivus, ignis, cáritas,
Et spiritális únctio.
  
Tu septifórmis múnere,
Dígitus patérnæ déxteræ,
Tu rite promíssum Patris,
Sermóne ditans gúttura.
 
Accénde lumen sénsibus:
Infunde amórem córdibus:
Infírma nostri córporis
Virtúte firmans pérpeti.
  
Hostem repéllas lóngius,
Pacémque dones prótinus:
Ductóre sic te prǽvio
Vitémus omne nóxium.
 
Per te sciámus da Patrem,
Noscámus atque Fílium,
Teque utriúsque Spíritum
Credámus omni témpore.
  
Deo Patri sit glória,
Et Fílio, qui a mórtuis
Surréxit, ac Paráclito,
In sæculórum sǽcula.
Amen.
  
℣. Emítte Spíritum tuum, et creabúntur.
℟. Et renovábis fáciem terræ.
 
℣. Dómine, exáudi oratiónem meam.
℟. Et clamor meus ad te véniat.
  
[Sacerdótes addunt:
℣. Dóminus vobíscum.
℟. Et cum spí­ri­tu tuo.]
 
Orémus
  
ORATIO
Deus, qui corda fidélium Sancti Spíritus illustratióne docuísti: da nobis in eódem Spíritu recta sápere; et de ejus semper consolatióne gaudére.
 
Dómine Deus omnípotens, qui ad princípium hujus anni nos perveníre fecísti: tua nos hódie salva virtúte; ut in hoc anno ad nullum declinémus peccátum, sed semper ad tuam justítiam faciéndam nostra procédant elóquia, dirigántur cogitatiónes et ópera. Per Dóminum nostrum Jesum Christum, Fílium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
TRADUCCIÓN
Ven, creador Espíritu,
De los tuyos la mente a visitar;
A encender en tu amor los corazones
Que de la nada plúgote crear.
   
Tú que eres el Paráclito,
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, amor y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
   
Tú, septiforme en dádivas,
Tú, dedo de la diestra Paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar.
   
Con tu luz ilumina los sentidos,
Los afectos inflama con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
   
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro guía,
Toda culpa logremos evitar.
   
Denos tu influjo conocer al Padre,
Denos también al Hijo conocer;
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
  
A Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito,
De siglos en la eterna sucesión. Amén.
 
℣. Envía, Señor, tu Espíritu, y todo será creado.
℟. Y renovarás la faz de la tierra.
   
℣. Señor, escucha mi oración.
℟. Y llegue a ti mi clamor.
  
[Los Sacerdotes agregan:
℣. El Señor sea con vosotros.
℟. Y con tu espí­ri­tu.]
  
ORACIÓN
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables.
  
Oh Señor Dios omnipotente, que nos has permitido llegar al comienzo de este año, sálvanos con tu virtud, para que no caigamos en ningún pecado en este año, sino que nuestros pensamientos y obras se dirijan siempre al cumplimiento de tu ley. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 6 de junio de 2018

CORONA DEL DIVINO ESPÍRITU SANTO

 
CORONA DEL DIVINO ESPÍRITU SANTO
(Oración dictada por Nuestro Señor Jesucristo a Sor María de Jesús Crucificado OCD).
 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
  
En la Cruz, decir: Dios, ven en nuestro auxilio. Señor, apresúrate en socorrernos.
Glória Patri.
Credo.
 
En la primera cuenta grande: Ven, Espíritu Santo de Sabiduría, desprénde­nos de las cosas de la Tierra e infúndenos el amor y gusto por las cosas del Cielo.
En las siete cuentas pequeñas: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; ven y renueva la faz de la Tierra.
Finalizado el misterio: Oh Maria, que por obra del Espíritu Santo, concebiste al Salvador, ruega por nosotros.
 
En la segunda cuenta grande: Ven, Espíritu de Entendimento, ilumina nuestra mente con la luz de la Verdad Eterna y enriquécela de puros y santos pensamientos.
En las siete cuentas pequeñas: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; ven y renueva la faz de la Tierra.
Finalizado el misterio: Oh Maria, que por obra del Espíritu Santo, concebiste al Salvador, ruega por nosotros.
 
En la tercera cuenta grande: Ven, Espíritu de Buen Consejo, haznos dóciles a tus santas inspiraciones y guíanos en el camino de salvación.
En las siete cuentas pequeñas: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; ven y renueva la faz de la Tierra.
Finalizado el misterio: Oh Maria, que por obra del Espíritu Santo, concebiste al Salvador, ruega por nosotros.
 
En la cuarta cuenta grande: Ven, Espíritu de Fortaleza, danos fuerza, constancia y victoria en las batallas contra nuestros enimigos espirituales y corporales.
En las siete cuentas pequeñas: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; ven y renueva la faz de la Tierra.
Finalizado el misterio: Oh Maria, que por obra del Espíritu Santo, concebiste al Salvador, ruega por nosotros.
  
En la quinta cuenta grande: Ven, Espíritu de Ciencia, se el Maestro de nuestras almas y ayúdanos a practicar tus santas enseñanzas.
En las siete cuentas pequeñas: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; ven y renueva la faz de la Tierra.
Finalizado el misterio: Oh Maria, que por obra del Espíritu Santo, concebiste al Salvador, ruega por nosotros.
 
En la sexta cuenta grande: Ven, Espíritu de Piedad, ven a morar en nuestros corazones, toma cuenta de ellos y santifica todos sus afectos.
En las siete cuentas pequeñas: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; ven y renueva la faz de la Tierra.
Finalizado el misterio: Oh Maria, que por obra del Espíritu Santo, concebiste al Salvador, ruega por nosotros.
 
En la séptima cuenta grande: Ven, Espíritu del Santo Temor de Dios, reina en nuestra voluntad y haz que estemos siempre dispuestos a antes sufrir y morir que ofender a la Divina Majestad.
En las siete cuentas pequeñas: Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor; ven y renueva la faz de la Tierra.
Finalizado el misterio: Oh Maria, que por obra del Espíritu Santo, concebiste al Salvador, ruega por nosotros.
 
ORACIÓN FINAL
¡Oh Divino Espíritu Santo!, Tú que me esclareces de todo, que iluminas todos mis caminos para que pueda alcanzar mi ideal, Tú que me concedes el sublime dom de perdonar y olvidar las ofensas y hasta el mal que me hayan hecho, a Ti que estás conmigo en todos los instantes, yo quiero humildemente agradecer por todo lo que tengo, por todo lo que soy y confirmar una vez más mi intención de nunca apartarme de Ti por mayor que sea la ilusión o tentación material, con la esperanza de un día merecer y poder estar contigo y todos mis hermanos en la gloria y en la paz de los Cielos. Amén.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

viernes, 26 de mayo de 2017

NOVENA AL DIVINO ESPÍRITU SANTO

La novena cuenta con aprobación otorgada en Marzo de 1931 por Mons. Manuel José Caicedo Martínez, Arzobispo de Medellín (Colombia). Las meditaciones insertas en el original fueron tomadas del libro Oficios de la Iglesia: con la explicación de las ceremonias de la Santa Misa, impreso en Madrid, año de 1853, sin compilador conocido.

NOVENA AL DIVINO ESPÍRITU SANTO
  
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
Antífona: Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
℣. Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
℟. Y renovarás la faz de la tierra.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
 
HIMNO Veni Creátor Spíritus
Ven, creador Espíritu,
De los tuyos la mente a visitar;
A encender en tu amor los corazones
Que de la nada plúgote crear.
  
Tú que eres el Paráclito,
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, amor y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
 
Tú, septiforme en dádivas,
Tú, dedo de la diestra Paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar.
  
Con tu luz ilumina los sentidos,
Los afectos inflama con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
 
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro guía,
Toda culpa logremos evitar.
 
Denos tu influjo conocer al Padre,
Denos también al Hijo conocer;
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
 
A Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito,
De siglos en la eterna sucesión. Amén.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume todas las debilidades y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaba a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo, ven y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo, mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén. (San Agustín, Meditaciones, cap. IX).
 
DÍA PRIMERO
MEDITACIÓN: “¿Qué debo hacer para hallarte, Dios mío?
¿Qué debo hacer para hallarte, oh Dios mío, a ti que eres mi verdadera vida? Buscarte a ti, es buscar la vida bienaventurada. ¡Plegue a tu misericordia inspirarme el deseo de buscarte siempre!, porque, así como mi alma es la vida de mi cuerpo, del mismo modo tú, Señor, eres la vida de mi alma.
 
Oh verdad, luz de mi corazón, sé tú la que me conduzca, y no mi propio espíritu, que no es más que tinieblas. Me he dejado arrastrar al torrente de las cosas que pasan, y pronto se halló mi inteligencia cubierta de una profunda noche. Mas en este estado de oscuridad no he dejado de amarte; en mi extravío me he acordado al fin de ti. He oído a lo lejos tu voz que me llamaba. Apenas ¡ay! la he oído, a causa del ruido que mis pecados hacían en mi corazón. Sin embargo, la seguí al fin, y heme que vuelvo fatigado, sediento y jadeando a la fuente vivificante que eres tú mismo, oh Dios mío. ¡Haz que nadie me impida apagar la sed en esas aguas celestiales! ¡Que beba en ellas, para recobrar la vida; porque cuando vivía mal, me di la muerte a mí mismo. Yo no puedo vivir sino en ti solo, oh Dios mío! (San Agustín, Confesiones, Libro 10 cap. XVII y XX; Libro 12, cap. X).
 
SECUENCIA Veni, Sancte Spíritus
Ven, oh Santo Espíritu,
Y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
 
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
 
¡Oh luz dichosísima!
Llena lo más íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
Inculpable ni justo puede haber.
  
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
 
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Amén.
 
MAGNÍFICAT
Glorifica mi alma al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha puesto sus ojos en la humildad de su esclava; y he aquí que todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el Omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su Nombre es santo. Y su misericordia se propaga de generación en generación sobre los que le temen.
 
Desplegó el poder de su brazo: y disipó los designios del corazón de los soberbios. Derribó del trono a los poderosos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
 
Levantó a Israel su siervo, acordándose de su misericordia: según había prometido a nuestros padres, Abrahán y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
  
MEMORÁRE
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro, ha sido abandonado. Animado de esta confianza, ¡oh Virgen de las vírgenes!, vengo a ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me prosterno a tus plantas. ¡Oh Madre del Verbo!, no desprecies mis oraciones, sino escúchalas favorablemente, y dígnate acogerlas. Amén.
 
Rezar siete Padrenuestros, con Avemarías y Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
 
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
 
DÍA SEGUNDO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Señor, abre mis ojos
¡Oh luz que veía Tobías, cuando con los ojos cerrados le enseñaba a su hijo el camino de la vida inmortal; luz que veía Isaac en su corazón cuando, oscurecidos los ojos del cuerpo, contaba a su hijo las cosas futuras; luz que veía Jacob cuando, instruido interiormente, predecía a sus hijos los secretos del porvenir; luz invisible para la que están descubiertos los abismos del corazón! Yo sé que las tinieblas se esparcen por las profundidades de mi inteligencia; pero tú eres luz; yo sé que espesa oscuridad se levanta sobre las aguas de mi corazón, pero Tú eres verdad.
 
Oh Verbo, por quien todo ha sido hecho y sin el cual nada recibe la vida; Verbo, que eres ante todo y sin el cual todo estaba en la nada; Verbo, que gobiernas todo y sin el cual todo vuelve a caer en la confusión; Verbo, que dijiste al principio: «Hágase la luz, y la luz fue hecha» (Génesis I, 3); dime a mí también «Hágase la luz», y la luz será hecha, y veré la luz, y reconoceré mis tinieblas; porque sin ti tomamos la luz por las tinieblas y las tinieblas por la luz. Sí, sin ti, no hay verdad, sino error; sin ti no hay orden ni prudencia, sino confusión; no hay ciencia sino ignorancia; no hay vista clara, sino ceguedad del corazón; no hay camino recto, sino extravío y emboscadas; no hay vida, sino muerte.
 
Oh luz venturosa, tú no puedes ser vista sino de los corazones puros. «¡Bienaventurados los corazones puros, porque verán a Dios!» (Mateo V, 8). Lávame, virtud purificante; cura mis ojos a fin de que puedan contemplarte. Esplendor inaccesible, haz que un rayo de tu luz eche abajo las escamas de mi antigua ceguedad. Te doy gracias, oh Dios, porque ya veo: ¡dilata mi vista, Señor, dilátala en ti! ¡Corre el velo a mis ojos para que considere las maravillas de tu ley! Gracias te sean dadas, ¡oh luz mía!, porque ya veo, aunque todavía como en un espejo y en enigma. ¿Cuándo te veré frente a frente? ¿Cuándo vendrá ese día de alegría y de gloria en que entre en tu admirable santuario, en que sea saciado mi deseo y vea al que siempre me ha visto? (San Agustín, Soliloquios, cap. III y XXXIV).
 
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
 
DÍA TERCERO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: Quiero conocerte, oh Dios mío
Quiero conocerte, oh Dios mío, a ti que me conoces hasta el fondo de mi corazón. Quiero conocerte, fuerza de mi alma. Muéstrate a mí, consolador mío; ven, plenitud de mi espíritu; quiero verte, luz de mis ojos, quiero hallarte, supremo objeto de mi deseo; ¡quiero poseerte, amor de mi vida, eterna belleza! ¡Consérvete siempre en el fondo de mi corazón, vida bienaventurada y soberana dulzura! Haz que te ame, Dios mío, Criador y refugio mío, dulce esperanza mía en todos mis males. Goce yo de ti, perfección divina, sin la cual nada hay perfecto. Abre las profundidades de mi oído a tu palabra, «más penetrante que una espada cortante» (Hebreos IV, 12), y haz que oiga tu voz. Alumbra mis ojos, luz incomprensible, a fin de que deslumbrados con el brillo de tu gloria, no puedan ver ya las vanidades.
  
Dame, Señor, un corazón que piense en ti, un alma que te ame, un espíritu que se acuerde de tus maravillas, una inteligencia que te comprenda, una razón que esté siempre adherida fuertemente a ti. Oh vida, por quien todo respira; vida que me das el ser; vida que eres mi vida, sin la cual yo muero, sin la cual caigo en la aflicción; vida dulce, vida suave, vida siempre presente a mi memoria, ¿dónde estás? ¿Dónde te hallaré, para que me deje a mí mismo, y no viva más que en ti? (San Agustín, Soliloquios, cap. I).
   
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Te he amado demasiado tarde
Te he amado demasiado tarde, belleza siempre antigua y siempre nueva: ¡Te he amado demasiado tarde! Tú estabas dentro y yo fuera, y aquí era donde te buscaba. Tú estabas conmigo, y no estaba contigo, y tus obras, que sin ti no habrían existido, me retenían lejos de ti. Daba vueltas alrededor de ellas buscándote; pero deslumbrado por ellas, me olvidaba a mí mismo. Pregunté a la tierra si era mi Dios, y me respondió que no, y todos los seres que están en ella me hicieron la misma confesión. Interrogué a todas las criaturas y me respondieron: “nosotros no somos tu Dios; búscale sobre nosotras”. Y yo volví a mí, entré dentro de mí mismo, y me dije: “¿y tú quién eres?”. Yo me respondí: “soy un hombre racional y mortal”.
  
Y comencé a discutir lo que esto significa. Profundicé desde más cerca la naturaleza del hombre, y dije: “¿de dónde viene tal ser? Señor mi Dios, ¿de dónde viene, sino es de Ti? Tú eres quien me ha formado, y yo no me he formado a mí mismo. ¿Quién eres tú, por quien todo vive? ¿Tú, por quien yo vivo? ¿Quién eres tú, mi Señor y mi Dios, único poderoso, único eterno, incomprensible, inmenso, que siempre vives, y en quien nada muere? ¿Quién eres tú, y qué eres para mí? Dilo, oh misericordia mía, dilo a tu pobre siervo. Dilo en nombre de tu bondad, ¿qué eres Tú para mí? Di a mi alma: Yo soy tu salud. No me ocultes tu rostro, no sea que muera. Déjame dirigirme a tu clemencia, a mí que no soy más que tierra y ceniza. Déjame hablar a tu misericordia, pues ella ha sido grande sobre mí. Dime, responde, oh misericordia mía, en nombre de tus bondades, ¿qué eres Tú para mí?”. Y he aquí que has hecho resonar hasta mí una gran voz en el fondo de mi corazón y has roto mi sordera. Me has iluminado y he visto tu luz, y he comprendido que eres mi Dios, he aquí por qué Te he conocido.
   
Sí, Te he conocido, y he sabido que eres mi Dios. He creído que eres el verdadero Dios, y que el que has enviado es el Cristo. Mal haya el tiempo en que no te conocí, mal haya esa ceguedad que me impedía verte; mal haya esa sordera en la que no te oía. Te he amado demasiado tarde, belleza siempre antigua y siempre nueva. ¡Te he amado demasiado tarde! (San Agustín, Soliloquios, cap. XXXI y Confesiones, Libro 10 cap. VI).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA QUINTO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Mora con nosotros, Señor
Sí, «quédate con nosotros, Señor, porque el día baja y se hace ya tarde» (Lucas XXIV, 29). Las olas de las tribulaciones han subido hasta nosotros; las alegrías del fervor se han cambiado en suspiros, y el soplo de las tentaciones ha removido nuestra alma hasta en sus íntimos pliegues. «Quédate con nosotros», oh tú, paz, refugio y consuelo de los corazones atribulados. Nuestros ojos te imploran, y nuestra alma alterada suspira por ti. «Quédate con nosotros», no sea que nuestra caridad se entibie y nuestra luz se extinga en la noche; porque «el día baja y se hace ya tarde».
  
Ya ha llegado la tarde de mi vida: ya mi cuerpo cede a la violencia de los dolores; la muerte me cerca, mi conciencia se turba, tiemblo al pensamiento de tu juicio, Señor. «Se hace tarde, el día declina; quédate con nosotros». «En tus manos entrego mi espíritu» (Lucas XXIII, 46). En ti solo está mi salud; hacia ti solo sé levantar mis miradas. «Quédate con nosotros», a fin de que emancipándose el alma en la tarde de la vida por medio del fervor del yugo de las tribulaciones, le preparen la oración y el amor una dulce hospitalidad en el seno de Dios. (San Bernardo, en Tesoro de los Santos).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
   
DÍA SEXTO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Oh Dios mío, ten misericordia de los que no la tienen de sí mismos
Oh Señor y Dios mío, cuán grande es la petición que te hago cuando te pido que ames a los que no te aman; que abras a los que no llaman a tu divina puerta, y que sanes a los que no solamente tienen gusto en estar enfermos, sino que trabajan por aumentar sus enfermedades. Tú has dicho, Dios mío, que viniste al mundo a buscar a los pecadores: estos son, Señor, los verdaderos pecadores. No consideres su ceguedad; considera solamente la sangre que tu Hijo derramó por nuestra salvación. Ten misericordia de los que no la tienen de sí mismos, y puesto que no quieren ir a ti, ve tú mismo a ellos, oh Dios mío.
   
Oh verdaderos cristianos, llorad con vuestro Dios; las lágrimas que derramó no fueron solamente por Lázaro, sino también por todos aquellos de quienes Él sabía que no querían resucitar cuando los llamase en voz alta para que saliesen de sus sepulcros.
 
Oh Jesús, ¡cuán presentes tenías entonces todos los pecados que he cometido contra ti! Mas haz que cesen, Dios mío, haz que cesen, así como los de todo el mundo. Salvador mío, sean tus gritos tan poderosos que den la vida a estos desgraciados, aunque no te la pidan, y los hagan salir del abismo tan profundo de sus funestas delicias. Lázaro no te pidió que lo resucitaras; tú hiciste ese milagro en favor de una mujer pecadora. Aquí tienes una, Señor, que lo es mucho más. Muestra, pues, la grandeza de tu misericordia; yo te la pido, aunque miserable, para los que no quieren pedírtela. Yo te la pido en su nombre con la seguridad de que esos muertos resucitarán tan pronto como comiencen a volver en sí mismos, a conocer su miseria y a volver a tu gracia. (Santa Teresa, Meditaciones 8, 9 y 10 después de la Comunión).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Yo no veo en mí más que imperfección
Oh Dios de mi alma, vos que tanta compasión y amor tenéis por ella, habéis dicho: «Venid a mí, venid vosotros que estáis abrumados de trabajo y de pena, y yo os aliviaré; venid todos los que tenéis sed, y yo os la apagaré». Oh vida que dais la vida a todos, fuente celestial de la gracia, no me neguéis esa agua tan dulce que prometéis a todos los que la desean. Yo la deseo, Salvador mío, yo la pido, y acudo a vos para recibirla de vos.
 
Pero, oh Señor y Dios mío, ¿cómo la que tan mal os ha servido y no ha sabido conservar lo que le habéis dado, puede tener el atrevimiento de pediros favores? ¿Quién puede fiarse de una persona que tantas veces le ha vendido? ¿Qué puede pediros una criatura tan miserable como yo?
 
¡Bendito sea eternamente el que me da tanto y a quien doy tan poco! Porque, ¿qué os da, Señor, una persona que no renuncia a todo por vuestro amor? ¿Y no estoy infinitamente distante de haberlo hecho? Yo no veo en mí más que imperfección, ni más que cobardía por tu servicio, y a veces quisiera ver perdido el sentimiento para no saber hasta dónde llega el exceso de mi miseria. Vos solo, Señor, sois capaz de remediarla; así os lo suplico; no me neguéis esta gracia, oh Dios mío. (Santa Teresa, Meditaciones 2, 8 y 5 después de la Comunión).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: “Oh Dios, cuán pobre es mi alma
Oh Dios, ¡cuán pobre es mi alma! Es una verdadera nada de donde sacas poco a poco el bien que quieres derramar en ella: no es más que un caos antes de que tú comiences a poner en claro todos sus pensamientos. Tú comienzas por la fe a introducir en ella la luz, la cual, sin embargo, es imperfecta hasta que la has formado por la caridad, y hasta que Tú, verdadero sol de justicia, tan ardiente como luminoso, la abrasas con tu amor. Oh Dios, loado seas siempre por tus propias obras. No basta haberme iluminado una vez: sin tu socorro vuelvo a caer en mis primeras tinieblas; porque el sol mismo es siempre necesario al aire que ilumina, a fin de que permanezca iluminado. ¿Cuánta mayor necesidad no tendré yo de que no ceses de iluminare, y digas siempre «Hágase la luz»?
  
Luz eterna, yo te adoro, yo abro a tus rayos mis ojos ciegos: los abro y los cierro al mismo tiempo, no atreviéndome ni a apartar mis miradas de ti, por temor de caer en el error ni en las tinieblas; ni tampoco a fijarlos demasiado sobre ese brillo infinito, por temor de que «escrutador» temerario de la majestad, no sea yo «deslumbrado por la gloria» (Proverbios 25, 27). (Santiago Benigno Bossuet, Elevaciones del alma a Dios sobre todos los Misterios de la Religión cristiana, Tercera Semana, Meditaciones 6 y 7).
  
Las demás oraciones se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO
Por la Señal...
Oraciones iniciales.
 
MEDITACIÓN: Oh Espíritu, Tú no puedes hallar nada más pobre ni más abandonado que mi corazón
Señor, ¿dónde está tu Espíritu, que debe ser el alma de mi alma? No lo siento, no lo encuentro. Yo no experimento en mis sentidos más que fragilidad, ni en mi espíritu más que disipación y mentira, ni en mi voluntad más que inconstancia, repartida entre tu amor y mil vanas diversiones. ¿Dónde, pues, está tu Espíritu? ¿Por qué no vienes a crear en mí un corazón nuevo según el tuyo? Oh Dios mío, comprendo que tu Espíritu se digne habitar en esta alma empobrecida, siempre que se abra a ti sin tasa y sin medida. Ven, pues, ¡oh Espíritu!; Tú no puedes hallar nada más pobre, más despojado, más desnudo, abandonado y débil que mi corazón. ¡Oh Espíritu! ¡Oh amor! ¡Oh verdad, que eres mi Dios!, ámame, glorifícate a ti mismo en mí. (Francisco Fénelon, Pláticas de afecto, plática 15).
 
Las demás oraciones se rezarán todos los días.

jueves, 25 de mayo de 2017

BREVE “Próvida Matris Charitáte”, SOBRE LA DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO

El Espíritu Santo es la fuente de la maravillosa unidad que vemos en la Iglesia Católica, en la cual personas de diferentes culturas, diferentes idiomas y diferentes historias se unen en la única y verdadera Fe, en la misma Santa Misa, en los mismos sacramentos”. (Padre Casimir Puskorius, CMRI)
 
Por primera vez presentamos la traducción al Español de un documento papal sobre la devoción al Divino Espíritu Santo, el Παράκλητος (Defensor, sostenedor) que Jesús prometiera a los Apóstoles como garante de la indefectibilidad de la Iglesia Católica, y que sobre ellos descendió el 15 de Mayo del año 33. Esta traducción la realizamos con dos propósitos: el primero, como presentación de la Novena en honor al Espíritu Santo que publicaremos el día de mañana, que ofreceremos por la unidad del Remanente Católico. Y segundo, en protesta contra la falsa devoción que tristemente vemos esparcirse en muchos lugares por causa del fenómeno “carismático” protestante-conciliar.

BREVE “Próvida Matris Charitáte”, SOBRE LA DEVOCIÓN AL ESPÍRITU SANTO
   
A todos los fieles que lean la presente carta, Salud y Bendición Apostólica
  

Sumamente digno de providente caridad maternal es el voto que la Iglesia nunca deja de presentar a Dios, a fin que en el pueblo cristiano, dondequiera se encuentre, “una sea la fe en las mentes, una la piedad en las obras”. Del mismo modo, Nos, que, como ejercitamos en la tierra las veces del Divino Pastor y Nos empleamos en imitar su ánimo, igualmente no dejamos en ninguna manera de alimentar tal propósito entre las gentes católicas; y ahora con mayor celo nos comprometemos en los pueblos que ya por largo tiempo y con gran deseo la Iglesia misma está reclamando a sí. En verdad es bien conocido, y cada día se hace más manifiesto, de dónde habíamos obtenido principalmente la inspiración y atendíamos los desarrollos para estos nuestros propósitos y Nuestros empeños: sin duda de Aquél que con buen derecho es invocado como Padre de las misericordias, y que ilumina las mentes y benignamente doblega la voluntad ante la salvación.
  
Ciertamente no puede escapar a los católicos cuan grande es el valor y la importancia de estas Nuestras iniciativas; de hecho, de ellas depende, unidamente al engrandecimiento del honor divino y a la gloria del nombre cristiano, la salvación eterna de muchísimas almas. Si los mismos católicos quisieran meditar estas cosas con el debido espíritu religioso, ciertamente probarían en sí más poderosamente el estímulo y la llama de aquella caridad suprema la cual, por gracia de Dios, no retrocede nunca y todo intenta en favor de los hermanos. Así habrá, como Nos vivamente deseamos, que los católicos prontamente se unan a Nos, no solo en la confianza de un buen suceso, sino también en el aporte de la búsqueda de cualquier posible ayuda; ante todo de aquella que desciende de Dios por obra de humilde y santa oración.
   
A este oficio de piedad ningún tiempo parece más adecuado que aquel en el cual ya los Apóstoles, después de la ascensióne del Señor al cielo, se recogieron “perseverando unánimes en oración con María, la Madre de Jesús” (Actas 1, 14), esperando “la virtud prometida de lo alto” y los dones de todos los carismas. En el augusto Cenáculo, para el misterio del adveniente Paráclito, la Iglesia, que ya estaba concebida por Cristo, con Su muerte nació como impulsada por un soplo divino: había comenzado felizmente su misión entre todas las gentes para conducirla a la única nueva fe de la vida cristiana. En breve tempo se siguieron copiosos y relevantes frutos, entre los cuales aquella suma unión de voluntad nunca suficientemente recomendada como ejemplo: “La multitud de los creyentes era un solo corazón y una sola alma” (Actas 4, 32).
 
Por tal motivo habíamos considerado oportuno excitar con Nuestra exhortación y con Nuestra invitación la piedad de los católicos, a fin de que, según el ejemplo de la Virgen Madre y de los Santos Apóstoles, en la inminente novena en preparación a la solemnidad del sagrado Pentecostés, quieran concordes y con extraordinario ardor dirigirse a Dios, insistiendo en la súplica: “Envía, Señor, tu Espíritu, y todo será creado: y renovarás la faz de la tierra”.
 
En verdad es lícito esperar grandísimos y salubérrimos bienes de Aquel que es Espíritu de la verdad, revelador de los misterios divinos en las Sagradas Escrituras, consuelo a la Iglesia con su perpetua presencia; de Él, como viva fuente de santidad, las almas, regeneradas en la divina adopción de hijos, crecen admirablemente y se perfeccionan para la eternidad. De hecho, de la multiforme gracia del Espíritu derivan perennemente en esa luz divina y ardiente, medicina y fuerza, consolación y paz, y la voluntad para todo bien y la fecundidad de obras santas. En fin, el mismo Espíritu opera talmente con su virtud en la Iglesia que, como de este místico cuerpo la cabeza es Cristo, así Él con idónea similitud se puede decir que sea el corazón: de hecho “el corazón tiene sobre ellos una influencia oculta. Y por este motivo se compara al Espíritu Santo con el corazón” (Santo Tomás de Aquino. Suma teológica, Parte III, cuestión octava, art. 1,3).
  
Puesto que Él es esencialmente caridad y a Él en modo remarcable se atribuyen las obras de amor, es de esperar intensamente que por obra suya —frenado el creciente espíritu del error y de la malicia— se hagan más estrechos y se mantenga el consenso y la unión de las alas, como corresponde a los hijos de la Iglesia. Hijos que, según la exhortación del Apóstol, no deben nunca obrar litigiosamente, sino tener un mismo modo de sentir y unánimes en el mismo vínculo de caridad (Filipenses 2, 2-3); y así, siendo perfecta Nuestra alegría, hagan, por tanto, más seguira y floreciente la sociedad civil. Por este ejemplo de cristiana concordia entre los católicos, por este religioso compromisoo de orar al divino Paráclito se puede esperar grandemente que se promueva la reconciliación de los hermanos disidentes, de los cuales hemos cuidado particularmente, a fin de que ellos sientan igualmente los sentimientos “que tuvo Cristo Jesús” (Filipenses 2, 5), participando un día con Nosotros en la fe y la esperanza, estrechados por los dulcísimos vínculos de la perfecta caridad.
 
Además de las ventajas que ciertamente por esta piedad los fieles recibirán de Dios, aquellos que respondan con plena disponibilidad a Nuestras exhortaciones, gustaríamos acrecentar el tesoro de la Iglesia, el preio de las sagradas Indulgencias.
 
Por tanto, a los fieles que durante nueve días seguidos, antes de Pentecostés, cada día dirigieren con devoción, sea en público, sea en privado, oraciones particulares al Espíritu Santo, concedemos para cada día una indulgencia de siete años y otras tantas cuarentenas; e Indulgencia plenaria una sola vez en cualquiera de los dichos días, o en el mismo día de Pentecostés, o en uno de los días de la octava, siempre que confesados y comulgados oraren según Nuestra intención arriba expresada. Además de esto, concedemos también a quienes, por su piedad, rezaren nuevamente en las mismas condiciones en los ocho días siguientes de Pentecostés, que puedan lucrar de nuevo las mismas indulgencias. También declaramos y decretamos que dichas indulgencias pueden aplicarse en sufragio de las Benditas Ánimas del Purgatorio, y que valdrán también para los años venideros, salvo cualquier prescripción de costumbre y de derecho.
  
Dado en Roma, junto a San Pedro, bajo el anillo del Pescador, a 15 de Mayo del año 1895, 18º de nuestro Pontificado.
  
LEÓN PP. XIII

domingo, 24 de mayo de 2015

OFICIO PARVO DEL DIVINO ESPÍRITU SANTO

Tomado del libro "Coeléste Palmétum", escrito por el Padre Wilhem Nakateni, SJ.
   
OFFÍCIUM PARVUM DE DIVÍNUM SPÍRITUS SANCTUS
   
AD MATUTÍNUM (Maitines, antes de 06:00h)
    
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
   
V. Spíritus Sancti grátia, illúminet sensus et corda nostra.
R. Amen.
  
V. Dómine, lábia mea apéries.
R. Et os meum annuntiábit laudem tuam.
   
V. Deus in adjutórium meum inténde.
R. Dómine, ad adjuvándum me festína.
   
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. Desde la Septuagésima hasta la Pascua, en lugar del Allelúja, decir: Laus tibi, Dómine, Rex ætérnæ glóriæ. 
  
Nobis Sancti Spíritus grátia sit data,
De qua Virgo vírginum fuit obumbráta,
Cum per sanctum Ángelum fuit salutáta,
Verbum caro factum est, Virgo foecundáta.
    
Antiphona:  Veni Sancte Spiritus, reple tuórum corda fidélium: et tui amóris in eis ignem accénde.
   
V. Emítte Spíritum tuum, et creabúntur.
R. Et renovábis fáciem terræ.
    
Oremus:
Adsit nobis, quǽsumus Dómine, virtus Spíritus Sancti: quae et corda nostra cleménter expúrget, et ab ómnibus tueátur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
   
AD PRIMAM (A la primera hora, 07:00h)
  
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
      
V. Spíritus Sancti grátia, illúminet sensus et corda nostra.
R. Amen.
   
V. Deus in adjutórium meum inténde.
R. Dómine, ad adjuvándum me festína.
   
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. Desde la Septuagésima hasta la Pascua, en lugar del Allelúja, decir: Laus tibi, Dómine, Rex ætérnæ glóriæ.
 
De María Vírgine Christus fuit natus,
Crucifíxus, mórtuus, atque tumulátus:
Resúrgens discípulis fuit demonstrátus,
Et ipsis cernéntibus, in caelis elevátus. 
   
Antiphona:  Veni Sancte Spiritus, reple tuórum corda fidélium: et tui amóris in eis ignem accénde.
   
V. Emítte Spíritum tuum, et creabúntur.
R. Et renovábis fáciem terræ.
    
Oremus:
Adsit nobis, quǽsumus Dómine, virtus Spíritus Sancti: quae et corda nostra cleménter expúrget, et ab ómnibus tueátur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
    
AD TERTIAM (A la hora tercia, 09:00h)
 
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
      
V. Spíritus Sancti grátia, illúminet sensus et corda nostra.
R. Amen.
   
V. Deus in adjutórium meum inténde.
R. Dómine, ad adjuvándum me festína.
   
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. Desde la Septuagésima hasta la Pascua, en lugar del Allelúja, decir: Laus tibi, Dómine, Rex ætérnæ glóriæ.
  
Suum Sanctum Spíritum Deus delegávit.
In die Pentecóstes Apóstolos confortávit.
Et de linguis ígneis ipsos inflammávit:
Relínquere órphanos eos denegávit.

Antiphona:  Veni Sancte Spiritus, reple tuórum corda fidélium: et tui amóris in eis ignem accénde.
   
V. Emítte Spíritum tuum, et creabúntur.
R. Et renovábis fáciem terræ.
    
Oremus:
Adsit nobis, quǽsumus Dómine, virtus Spíritus Sancti: quae et corda nostra cleménter expúrget, et ab ómnibus tueátur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
    
AD SEXTAM (Al medio día, 12:00h)
 
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
      
V. Spíritus Sancti grátia, illúminet sensus et corda nostra.
R. Amen.
   
V. Deus in adjutórium meum inténde.
R. Dómine, ad adjuvándum me festína.
   
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. Desde la Septuagésima hasta la Pascua, en lugar del Allelúja, decir: Laus tibi, Dómine, Rex ætérnæ glóriæ.
  
Septifórmem grátiam tunc acceptavérunt,
Quare idiómata cuncta cognovérunt.
Ad divérsa clímata mundi recessérunt:
Et fidem Cathólicam tunc prædicavérunt.
 
Antiphona:  Veni Sancte Spiritus, reple tuórum corda fidélium: et tui amóris in eis ignem accénde.
   
V. Emítte Spíritum tuum, et creabúntur.
R. Et renovábis fáciem terræ.
    
Oremus:
Adsit nobis, quǽsumus Dómine, virtus Spíritus Sancti: quae et corda nostra cleménter expúrget, et ab ómnibus tueátur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
   
AD NONAM (A la hora nona, 15:00h)
 
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
      
V. Spíritus Sancti grátia, illúminet sensus et corda nostra.
R. Amen.
   
V. Deus in adjutórium meum inténde.
R. Dómine, ad adjuvándum me festína.
   
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. Desde la Septuagésima hasta la Pascua, en lugar del Allelúja, decir: Laus tibi, Dómine, Rex ætérnæ glóriæ.
  
Spíritus Paráclitus fuit appellátus,
Donum Dei, cháritas, fons vivificátus,
Spiritális unctio, ignis inflammátus,
Septifórmis gratia, charisma vocátus.
   
Antiphona:  Veni Sancte Spiritus, reple tuórum corda fidélium: et tui amóris in eis ignem accénde.
   
V. Emítte Spíritum tuum, et creabúntur.
R. Et renovábis fáciem terræ.
    
Oremus:
Adsit nobis, quǽsumus Dómine, virtus Spíritus Sancti: quae et corda nostra cleménter expúrget, et ab ómnibus tueátur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
   
AD VÉSPERAS (Vísperas, 18:00h)
 
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
      
V. Spíritus Sancti grátia, illúminet sensus et corda nostra.
R. Amen.
   
V. Deus in adjutórium meum inténde.
R. Dómine, ad adjuvándum me festína.
   
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. Desde la Septuagésima hasta la Pascua, en lugar del Allelúja, decir: Laus tibi, Dómine, Rex ætérnæ glóriæ.
  
Déxteræ Dei dígitus, virtus Spiritális,
Nos deféndat, éruat ab ómnibus malis.
Ut nobis non nóceat dæmon infernális:
Prótegat, et nútriat, fóveat sub alis.
   
Antiphona:  Veni Sancte Spiritus, reple tuórum corda fidélium: et tui amóris in eis ignem accénde.
   
V. Emítte Spíritum tuum, et creabúntur.
R. Et renovábis fáciem terræ.
    
Oremus:
Adsit nobis, quǽsumus Dómine, virtus Spíritus Sancti: quae et corda nostra cleménter expúrget, et ab ómnibus tueátur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
 
AD COMPLETÓRIUM (Completas, 21:00h)
  
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
      
V. Spíritus Sancti grátia, illúminet sensus et corda nostra.
R. Amen.
   
V. Convérte nos Deus, salutáris noster.
R. Et avérte iram tuam a nobis
   
V. Deus in adjutórium meum inténde.
R. Dómine, ad adjuvándum me festína.
   
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculórum. Amen. Desde la Septuagésima hasta la Pascua, en lugar del Allelúja, decir: Laus tibi, Dómine, Rex ætérnæ glóriæ.
  
Spíritus Paráclitus nos velit juváre,
Gressus nostros régere et illumináre:
Ut cum Deus venérit omnes judicáre,
Nos velit ad déxteram omnes appelláre.
 
Antiphona:  Veni Sancte Spiritus, reple tuórum corda fidélium: et tui amóris in eis ignem accénde.
   
V. Emítte Spíritum tuum, et creabúntur.
R. Et renovábis fáciem terræ.
    
Oremus:
Adsit nobis, quǽsumus Dómine, virtus Spíritus Sancti: quae et corda nostra cleménter expúrget, et ab ómnibus tueátur advérsis. Per Dóminum nostrum Jesum Christum fílium tuum: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia sǽcula sæculórum. Amen.
   
Commendátio (Encomienda del alma, después de las Completas)
Has horas canónicas cum devotióne,
Tibi, Sancte Spíritu, pia ratióne:
Dixi, ut nos vísites inspiratióne,
Et vivámus júgiter cæli regione.
Amen.
   
 In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.

jueves, 9 de junio de 2011

Mons. MARCCEL LEFEBVRE: LOS PENTECOSTALES (Y "CARISMÁTICOS") SON UNA PARODIA DE LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

Desde MILES CHRISTI

Los carismáticos dicen ser "católicos", pero sus reuniones dan la impresión de ser protestantes

Ante el fenómeno "carismático" de los protestantes y su irrupción en el Catolicismo, Mons. Marcel Lefebvre levanta su enérgica voz profética para denunciar que éstos movimientos son una cruel parodia del Espíritu Santo.

Mons. Marcel Lefebvre, representante del Sacerdocio Tradicionalista

Actualmente se habla con frecuencia en la Iglesia del Movimiento Pentecostal y de la Renovación Carismática. Efectivamente hay muchos católicos hoy en día que intentan recibir la gracia del Espíritu Santo por un camino diferente que en definitiva nos llega a través del Protestantismo. El Movimiento Pentecostal es de origen protestante (1) y ha entrado en la Iglesia (2) transformándose en el Movimiento de la Renovación Carismática. Hay que decir con claridad que estas manifestaciones son cada vez más frecuentes en la Iglesia y siempre con la autorización de las autoridades eclesiásticas (3).

En el mes de Noviembre de 1984, durante la reunión que tuvo lugar en Munich conocida como Katholikentag, todos los Cardenales y Obispos alemanes se congregaron junto a más de ochenta mil fieles. Todo el mundo fue testigo de estas extrañas manifestaciones que tuvieron lugar generalmente antes de administrar el Sacramento de la Eucaristía. Y no cabe duda que ante tales manifestaciones uno se pregunta si estaban inspiradas por el verdadero Espíritu de Dios o se trataba de otro espíritu.

Más o menos y también por entonces, en Graz (Austria), tuvieron lugar una serie de manifestaciones carismáticas ante el Obispo de este lugar, el cual afirmó que en adelante serían aceptadas en la Iglesia Católica como un medio para atraer a los jóvenes cuya práctica religiosa cada vez era menor. Tal vez, siguió diciendo, sea un medio para que renazca la vida cristiana entre la juventud.

Al mismo tiempo, en Paray-le-Monial, se celebran frecuentemente reuniones de este tipo, adornadas con ciertos elementos tradicionales.

Concretamente aquí, en Paray-le-Monial, hay jóvenes que pasan la noche en adoración ante el Santísimo Sacramento, rezando el Rosario y dando testimonio de un auténtico espíritu de oración. Por lo tanto hay un aspecto curioso y extraño en el que se mezclan a la vez la Tradición y esas manifestaciones raras y nada habituales en la Iglesia.

¿Qué podemos pensar de todo esto? ¿Habrá que creer que es un nuevo camino abierto con ocasión del Concilio Vaticano II, e incluso algunos años antes, para recibir el Espíritu Santo?

El Movimiento Pentecostal es de origen protestante y ha entrado en la Iglesia transformándose en el Movimiento de la Renovación Carismática

Todo parece indicar que estas nuevas manifestaciones no son acordes con la Tradición de la Iglesia. ¿De dónde procede el Espíritu Santo? ¿Quién nos da el Espíritu Santo? ¿Quién es el Espíritu Santo?

¿De dónde procede el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es Dios y procede de Yahveh y de Jesucristo

El Espíritu Santo es Dios. Spiritus est Deus, dice San Juan. “Dios es Espíritu”. Y Dios quiere que le recemos y le adoremos en espíritu y en verdad. Así pues más que manifestaciones sensibles, externas, se trata de una actitud espiritual que debe mostrar nuestra vinculación con el Espíritu Santo. En el Evangelio Nuestro Señor Jesucristo anuncia a los Apóstoles que recibirán el Espíritu Santo, que les enviará el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, Espíritu de verdad, de caridad, que glorificará a Nuestro Señor porque tomará de El y lo dará a conocer. Mittam eum ad vos. “Yo os lo enviaré”. Este Espíritu procede de Nuestro Señor Jesucristo y del Padre. Lo decimos en el Credo: Credo in Spiritum Sanctum, qui ex Patre Filioque procedit.“Que procede del Padre y del Hijo”. Esta es la Fe católica: creemos que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo y que Nuestro Señor Jesucristo ha venido precisamente a la tierra para comunicarnos su Espíritu, para infundirnos su vida espiritual, su vida divina.

Los Sacramentos

¿Cómo se nos da el Espíritu Santo? ¿Qué medios usa Nuestro Señor? ¿Se vale de estas manifestaciones (4) que vemos en la Renovación Carismática y los Pentecostales? En absoluto. Es por medio de los Sacramentos, instituidos por El, que nos comunica su Espíritu.

Nosotros sólo podemos recibir el Espíritu Santo a través de los Sacramentos, NO POR OTRA VÍA

Debemos insistir de forma especial en esta verdad de la Tradición: Nuestro Señor nos comunica su Espíritu por el Bautismo. Se lo dijo a Nicodemo en la entrevista nocturna que mantuvo con él. “El que no renace del agua y del Espíritu Santo no entrará en el Reino de los Cielos”. Debemos renacer del agua y del Espíritu Santo. Además Nuestro Señor comunicó también de esta forma su Espíritu a los Apóstoles. Primeramente recibieron el bautismo de Juan y después en Pentecostés recibieron el Bautismo del Espíritu. Y justo después de haber recibido el Espíritu Santo, ¿qué hicieron?

Creo que deberíamos meditar con más atención la gran realidad de nuestro Bautismo. Es una total transformación la que se opera en nuestras almas con motivo de la recepción de este Sacramento

Lo que hicieron los Apóstoles fue bautizar; comunicaron el Espíritu Santo a todos los que tenían Fe, a todos los que creían en Nuestro Señor Jesucristo.

Es así cómo la Iglesia, bajo la influencia y el dictamen de Nuestro Señor Jesucristo, comunica el Espíritu Santo a las almas a través del Bautismo. Todos nosotros hemos recibido el Espíritu Santo el día de nuestro Bautismo. Creo que deberíamos meditar con más atención la gran realidad de nuestro Bautismo. Es una total transformación la que se opera en nuestras almas con motivo de la recepción de este Sacramento.

Los otros Sacramentos vienen a completar esta efusión del Espíritu Santo recibido en el día de nuestro Bautismo.

El Sacramento de la Confirmación nos comunica también todos los dones del Espíritu Santo con gran profusión, ya que tenemos necesidad de ellos para alimentar y fortalecer nuestra vida espiritual, nuestra vida cristiana.

Y eso no es todo. En efecto, Nuestro Señor Jesucristo ha querido que dos Sacramentos en particular nos comuniquen su Espíritu de forma frecuente, con el fin de mantener en nosotros la efusión de su Espíritu. Son los Sacramentos de la Penitencia y de la Sagrada Eucaristía. El Sacramento de la Penitencia refuerza la Gracia que hemos recibido el día de nuestro Bautismo y purifica nuestras almas de nuestros pecados. No podemos pensar en recibir numerosas gracias del Espíritu Santo si estamos contristándole por el pecado. El Sacramento de la Penitencia restituye pues en nosotros la fuerza del Espíritu Santo, la virtud de la Gracia.

¿Qué diremos del Sacramento de la Sagrada Eucaristía que nos es dado por la celebración del Santo Sacrificio de la Misa? Es en ese preciso instante en que el Sacrificio de la Misa se consuma, continuándose así el Sacrificio de la Redención, cuando el Sacramento de la Sagrada Eucaristía se realiza. Esta gracia fluye del Corazón traspasado de Nuestro Señor Jesucristo. La Sangre y el agua que salen de su Sagrado Corazón significan las gracias de la Redención y al mismo tiempo nos comunican su vida divina. En la Sagrada Eucaristía recibimos a la vez la santificación de nuestras almas al alejarnos del pecado y la unión con Nuestro Señor Jesucristo, y en todo esto se nos comunica la fuerza del Espíritu Santo.

Los Sacramentos del Matrimonio y del Orden santifican a la sociedad. El primero santifica a las familias y el segundo es conferido para comunicar precisamente el Espíritu Santo a todas las familias cristianas, a todas las almas. Son momentos en los que Nuestro Señor Jesucristo nos da realmente su Espíritu, Espíritu de verdad, de caridad y de amor.

Finalmente el Sacramento de la Extremaunción nos prepara para recibir la verdadera y definitiva efusión del Espíritu Santo, cuando recibamos nuestra recompensa en el Cielo.

No tenemos derecho a escoger otros medios

Estos son los medios que Nuestro Señor Jesucristo ha querido emplear para comunicarnos su vida espiritual, su propio Espíritu. No tenemos derecho a querer y escoger otros medios distintos de los que Nuestro Señor Jesucristo nos ha dado, esos medios que El mismo ha instituido tan sencillos, tan bellos, tan eficaces y tan simbólicos al mismo tiempo. No pretendamos recibir el Espíritu Santo mediante simples manifestaciones externas o gestos originales. Es muy de temer que todas estas manifestaciones sean inspiradas por el espíritu del mal, precisamente para engañar a los fieles, haciéndoles creer que reciben el verdadero Espíritu de Nuestro Señor. Y no es verdad, no reciben el Espíritu Santo sino otro tipo de espíritu... Cuidado con dejarnos engañar por estas corrientes, velando para que no lo sean tampoco nuestros familiares. Hagámosles ver que nuestro Señor Jesucristo puso todo su empeño en comunicarnos el Espíritu Santo a través de los Sacramentos que El mismo instituyó.

La verdadera acción del Espíritu Santo en las almas: los dones del Espíritu Santo

Así pues, ¿cómo actúa el Espíritu Santo en nuestras almas? Primeramente alejándonos del pecado, mediante los dones de fortaleza y de temor de Dios. Especialmente el temor filial y no el temor servil, aunque puede ser útil el temor que nos infunden los castigos, guardándonos fieles a nuestro Señor Jesucristo y a sus Mandamientos. Pero es el temor filial el que debemos cultivar. Es este temor el que nos infunde el Espíritu Santo. Temor de alejarnos de Nuestro Señor Jesucristo que es nuestro todo, de alejarnos de Dios, del Espíritu Santo. Este temor debería ser suficiente y eficaz para apartarnos de todo pecado voluntario, sea el que sea. Que nuestra voluntad no se aleje de Dios por el apego a bienes contrarios a la Voluntad divina. Este es el primer efecto de los dones del Espíritu Santo.

A través de los Dones de Consejo y Sabiduría el Espíritu Santo nos inspira el sometimiento a la Voluntad de Dios; el Don de Consejo perfecciona la virtud de Prudencia. Todos tenemos necesidad en nuestra vida de saber cuál es la Voluntad de Dios para poder cumplirla. No siempre es fácil. Hay momentos en que debemos tomar ciertas decisiones, que son sin duda complicadas, y es entonces cuando suele ser difícil conocer la Voluntad de Dios. El Espíritu Santo nos ilumina por los Dones de Consejo y Sabiduría.

La Tercera Persona de la Santísima Trinidad nos mueve también a la oración, a la unión con Nuestro Señor Jesucristo, a la unión con Dios Padre mediante la plegaria. He aquí el Don de Piedad, uno de los siete Dones del Espíritu Santo. El Don de Piedad se manifiesta especialmente en la virtud de la Religión que lleva las almas a Dios. Virtud de la Religión que forma parte de la virtud de Justicia, pues es justo y digno que tributemos un culto. Y el culto que Dios Padre quiere se lo tributamos a través de la Persona de Nuestro Señor Jesucristo, mediante el Sacrificio del Calvario. Por la celebración del Santo Sacrificio de la Misa Dios Padre ha querido que le tributemos todo honor y toda gloria por Nuestro Señor Jesucristo, con El y en El.

Esto es lo que la Iglesia nos pide que hagamos cada Domingo: unirnos al Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo. Es la oración más bella y más grande. En la Santa Misa el Espíritu Santo nos inspira esta virtud de la Religión, espíritu de piedad profunda, realidad espiritual mucho más que sensible.

Una frase muy repetida: la participación activa en la Liturgia
De nuevo nos vemos obligados a decir que hay un error en la reforma litúrgica: la repetición machacona sobre la participación de los fieles. Yo mismo oí de labios de Monseñor Bugnini, pieza clave en la reforma litúrgica, decir lo siguiente: “La reforma litúrgica ha tenido como objetivo hacer participar a los fieles en la Liturgia”.

¿De qué participación se trata? Esta es la pregunta. ¿Una participación externa? ¿Una participación oral? Estas formas no son siempre la mejor manera de participar. ¿Por qué la participación externa? ¿Por qué estas ceremonias? ¿Por qué estos cantos? ¿Por qué estas oraciones vocales? ¿Acaso es con el fin de llegar a la unión interior, a esa unión espiritual, sobrenatural, a esa unión de nuestras almas con Dios?

Dicho esto es muy posible que uno pueda asistir al Santo Sacrificio de la Misa en actitud silenciosa, sin abrir siquiera el Misal, precisamente cuando toda la atención se cifra en lo que allí se celebra, y el alma está centrada, invadida por los sentimientos que el sacerdote manifiesta en su acción litúrgica, pendiente del momento en que el ministro pronuncia el confiteor, su acto de contrición. De esta forma el alma hace suyas las palabras del sacerdote y se duele de sus pecados.

Cuando se entona el Kyrie eleison se hace una llamada a la piedad y a la misericordia de Dios. Cuando se lee el Evangelio o la Epístola surge el espíritu de Fe. El Credo es un acto de Fe, de Fe en las verdades enseñadas por la Santa Iglesia. En el momento del Ofertorio el alma se ofrece, junto con la Hostia, en la patena. Se ofrece el trabajo del día, la propia vida y la familia, los seres queridos: todo se ofrece a Dios. Los sentimientos continúan expresándose de esta manera a través de la Misa, es magnífico. Esta es la verdadera participación, participación interior de nuestras almas en la oración pública de la Iglesia. No tiene que ser necesariamente una participación externa, aunque ésta sea muy útil y pueda ayudarnos a unirnos al sacerdote. Pero el fin es siempre la unión espiritual de nuestros corazones y de nuestras almas con Nuestro Señor Jesucristo, con Dios Padre. Y por lo tanto es un error cuando se pretende que los fieles participen externamente y esto en tal grado que llega a ser un obstáculo para la oración interior y la unión de las almas con Dios.

No tenemos derecho a querer y escoger otros medios distintos de los que Nuestro Señor Jesucristo nos ha dado, esos medios que El mismo ha instituido tan sencillos, tan bellos, tan eficaces y tan simbólicos al mismo tiempo.

Cuántas personas dicen que no pueden rezar ahora con la Nueva Misa. Siempre se está oyendo algo. Siempre hay una oración en común, pública, manifestada externamente, que es motivo de distracciones e impide que nos podamos recoger y así estar unidos más íntimamente con Dios. Es la negación de lo que se está haciendo.El espíritu de piedad y el Don de Piedad son también una manifestación del Espíritu Santo.

De la piedad a la contemplación
Finalmente los Dones de Entendimiento y de Ciencia nos invitan a la contemplación de Dios a través de las cosas de este mundo. El Don de Ciencia y el Don de Entendimiento nos penetran y nos infunden la Luz de la existencia de Dios, de su Presencia en todas las cosas y especialmente en las manifestaciones espirituales y sobrenaturales que Dios nos concede por la Gracia y los Sacramentos. Cuando el Espíritu Santo ilumina a un alma ésta ve de alguna manera la presencia de Dios en todas las cosas y así se une a su Señor en el vivir diario esperando verle realmente en la vida eterna.

El Espíritu Santo fuente de la vida interior
Así es y así se manifiesta el Espíritu Santo. En los Evangelios, en los Hechos de los Apóstoles, en las Epístolas, se puede contemplar al Espíritu Santo. Está en todas partes y en todas partes se manifiesta. Es la expresión clarísima de la Voluntad de Dios Padre que desea vernos cómo nos santificamos por la presencia del Espíritu Santo.

Pidamos a la Santísima Virgen María, colmada por el Espíritu Santo, Ella que es Nuestra Madre del Cielo, que nos ayude a vivir esta vida espiritual, interior y contemplativa. Ella que tanto recato ha tenido en manifestar externamente su oración. Unas pocas palabras en el Evangelio bastan para mostrarnos y descubrirnos un poco el alma de la Santísima Virgen María.

Ella meditaba las palabras que profería Nuestro Señor. Las meditaba en su Corazón, nos dice el Evangelio. Este era el espíritu de la Santísima Virgen María: meditaba las palabras de Jesús.

Meditemos también nosotros las enseñanzas del Evangelio; meditemos las enseñanzas que la Iglesia nos hace aprender para unirnos cada vez más y más a Dios Nuestro Señor. Amén.

† Mons. Marcel Lefebvre, FSSPX
Arzobispo

NOTAS

(1) El primero de Enero de 1901 una estudiante protestante experimentó de repente una sensación de paz y de gozo que según ella provenía de Cristo e igualmente se pone a hablar en lenguas cuyo conocimiento ignoraba. Pasados algunos días toda su comunidad había recibido, al igual que ella, el “Bautismo en el Espíritu”. Así nacía el Movimiento Pentecostal protestante.

(2) El 13 de Enero de 1967 dos profesores de la Universidad de Pittsburgh piden que se les imponga las manos en una asamblea protestante, descubriendo con gran sorpresa que “hablan en lenguas”. Había nacido la Renovación Carismática católica.

(3) ¿Esta tendencia ecumenista actual, de tan gran éxito, no constituirá tal vez lo que se ha venido en llamar la “renovación conciliar”?

(4) Los signos extraordinarios de Pentecostés fueron carismas pasajeros cuyo fin era interesar a los judíos en la predicación de los Apóstoles. A medida que la Iglesia iba extendiéndose estos carismas fueron desapareciendo poco a poco.