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jueves, 14 de mayo de 2026

POR QUÉ HUBO 40 DÍAS ANTES DE LA ASCENSIÓN


«Cristo  ascendió cuarenta días después de su resurrección. ¿Por qué esperó tanto? Para mostrarse vivo tras su pasión, superando numerosas pruebas; para establecer la comunidad cristiana; para entregar al apóstol Pedro las llaves y el timón de la Iglesia; para instituir el sacramento de la penitencia y los demás que aún quedaban; para instruir a los apóstoles y prepararlos para la venida del Espíritu Santo; y, finalmente, para recomendarnos con mayor intensidad su caridad y humildad. En efecto, estas virtudes brillaron con mayor esplendor en el Señor en aquellos últimos días, cuando ya vivía la vida de los ángeles no solo en espíritu sino también en cuerpo, y aun así conversaba con frecuencia y gran familiaridad con sus discípulos, hombres mortales y humildes».

SAN ROBERTO BELARMINO. Ópera ómnia, Tomo IX. París, Editora Luis Vives 1872, pág. 237

domingo, 3 de mayo de 2026

LA GLORIA DE LA CRUZ Y LA GLORIA DE LA RESURRECCIÓN

Visión de San Ignacio de Loyola en La Storta (detalle). Raúl Berzosa.

Algunos podrían pensar que los Apóstoles, como predicadores de la gloria de Cristo, deberían haber ocultado, disimulado o, al menos, minimizado la ignominia de la cruz. Y ciertamente lo habrían hecho si se hubieran guiado por la sabiduría humana y hubieran recibido el espíritu de este mundo en lugar del Espíritu que proviene de Dios. Sin embargo, actuaron de manera muy diferente. De hecho, ni los Evangelistas ni los Apóstoles describieron nada más allá de la Pasión, y los Apóstoles siempre mencionaron primero la cruz y la muerte; y no solo no se avergonzaban de la cruz, sino que se proclamaban abiertamente predicadores de la cruz misma. San Pablo dice: «Los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, que para los judíos es tropezadero y para los gentiles locura; pero para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios» (1.ª Cor. I, 22-24). Y el apóstol Andrés, cuando el procónsul lo amenazó con la tortura de la cruz, dijo: «Si temiera la cruz, no predicaría la gloria de la cruz». Y el apóstol Pedro, sin ocultar nada, dice: «Aquel a quien mataron colgado de un madero» (Act. X, 39). Pero nosotros, oyentes, ¿qué hacemos? ¿Acaso nos avergonzamos de la cruz? ¿O nos gloriamos en ella? ¿O ambas cosas? Ciertamente, cuando trazamos la cruz en nuestras frentes, parecemos profesar abiertamente que no la horrorizamos ni huimos de ella, sino que nos gloriamos en las ofensas, en los ultrajes, en la angustia, en las persecuciones y en todo lo demás que de alguna manera nos recuerda la cruz. Pero cuando llega el momento crítico y se nos hace algún daño, olvidamos inmediatamente nuestra profesión de la cruz y, a menos que lavemos el daño con venganza, experimentamos la mayor vergüenza. Y sin embargo, al trazar la cruz en nuestras frentes, parecemos gritar a los cuatro vientos que, como siervos de la cruz, no nos avergonzamos de los insultos ni de las ofensas. No sé cómo sucede, pero aunque anhelo hablar de la Resurrección, mi discurso siempre vuelve a la cruz; quizás porque todo nuestro tiempo aquí abajo es un tiempo de la cruz, mientras que por ahora solo celebramos la gloria de la Resurrección desde lejos.

SAN ROBERTO BELARMINO. Obras completas, tomo IX. París 1872, págs. 262-263. Traducción propia.

viernes, 13 de marzo de 2026

EL PASTOR DEL MINISTRO DE GUERRA ESTADOUNIDENSE PROHIBIRÍA LAS PROCESIONES CATÓLICAS

El pastor calvinista estadounidense (o “paleo-confederado”, como él mismo se proclama) Douglas James “Doug” Wilson Dodds, de 72 años, propuso que en Estados Unidos se introduzcan “Leyes Penales”, similares a las que se impusieron contra los católicos en la Irlanda ocupada entre los siglos XVII y XIX, informó Catholic Arena vía Twitter.

Durante un programa de pódcast “Blog & Mablog”, Wilson dijo que en su proyecto de un país “cristiano” [= protestante], se prohibirían las “manifestaciones públicas de idolatría”, como las procesiones católicas:
«Permíteme dar dos ejemplos prácticos, ¿vale? Vale. Ah, ¿los musulmanes podrían vivir aquí? Sí pueden. Pero… ¿podrían tener cargos políticos? No. ¿Podrían reunirse con sus parientes y amigos musulmanes para rezarle a Alá? Sí, por supuesto. ¿Podrían tener una mezquita? Sí. ¿Podrían tener un minarete, una torre de oración que permita dar llamados públicos a la oración? No, porque el espacio público pertenece a Cristo, ¿correcto? Somos una nación cristiana, por eso los campanarios estarían bien… las campanas de iglesia, pero eh…, que los musulmanes llamen a oración en un espacio público no estaría bien. Ehm, las campanas de la iglesias católicas estarían bien, pero los desfiles, los desfiles en honor de la Virgen María cargando una imagen de la Virgen María por la calle principal no estarían bien».
Cuando su interlocutor le pregunta: «Entonces…, ¿qué hay con la Eucaristía? ¿Qué pasa con la Eucaristía? ¿Con las procesiones eucarísticas?», Wilson respondió: 
«Eso es… eso es algo nuevo… pensaría… diría… probablemente no. Depende de lo que se esté haciendo a su alrededor, cómo se conduce… pero básicamente las manifestaciones públicas de idolatría, lo que el fundamento protestante de la ley considere ser idolatría, no sería permitido. Entonces, no tendrías una procesión hindú con el dios hindú, no tendrías una procesión de la Virgen María…».

 
Si bien es cierto que uno de los deberes del Estado cristiano es promover la Religión verdadera y proscribir las falsas, de las declaraciones de Wilson (que incluso varios protestantes repudiaron), San Roberto Belarmino dijo en su Tratado sobre el Anticristo, cap. VII:
«El Romano Pontífice no es el Anticristo. Lejos de ello, es bastante contrario a él, dado que el Papa honra y guarda cuidadosamente el Sacrificio que el Anticristo va a remover. Los herejes de este tiempo, aparte de las demás cosas, son precursores del Anticristo puesto que nadie desea más ardientemente abolir de una vez por todas el sacrificio de la Eucaristía que ellos».
***
  
Hijo de los fallecidos James Irwin “Jim” Douglas Leggat († 2022) y Elizabeth Catherine “Bessie” Dodds Schäfer († 2010) y cofundador de la Confederación de Iglesias Evangélicas Reformadas (CREC), Wilson había predicado a las tropas estadounidenses en el Pentágono el 17 de Febrero de este año a invitación de su discípulo Peter Brian “Pete” Hegseth Haugen, Secretario de Guerra del presidente Donald Trump (los cuales de vivir en la teocracia propuesta por Wilson –bajo los más rígidos principios calvinistas–, habrían sido irremisiblemente condenados a muerte mediante lapidación por adulterio, agresión sexual y asesinato).
  
Y si es de ídolos que se habla, ¿qué se le deja a los protestantes como Wilson, el embajador Michael Huckabee, la directora de la Oficina de Fe de la Casa Blanca y teleevangelista Paula Michelle Furr Mayo de White-Cain (que lleva tres matrimonios en su haber –igual que su colega el ministro Hegseth–) y los demás pastores que con ella le rezaron a Trump el 5 de Marzo? Protestantes que llevan a procesión sus ídolos que son los comentarios Scofield y el Estado de “Israel”, el nuevo “mesías” de los judíosasí que Douglas Wilson está «PREDICANDO LA MORAL EN CALZONCILLOS»…

martes, 22 de abril de 2025

JUDAS PERDIÓ LA FE ANTES DE TRAICIONAR

"Judas fue uno de los que, habiendo escuchado la palabra del Señor de que su carne debía ser comida, se escandalizó; y comenzó en su corazón a alejarse del Señor por la incredulidad. Por lo cual fue inducido incluso a traicionarlo. Porque nunca lo habría traicionado si hubiera creído que Él era el verdadero Dios. Por tanto, Judas perdió realmente la fe, y de la infidelidad llegó a la traición". (SAN ROBERTO BELARMINO, De la justificación, libro I, cap. XV).

jueves, 17 de octubre de 2024

CONSTANTINOPLA CAYÓ POR NEGAR EL FILIÓQUE

«… A fin que ellos [los griegos] entendieran que la razón de su destrucción fue la pertinacia en el error respecto a la procedencia del Espíritu Santo, en la misma fiesta del Espíritu Santo [29 de Mayo de 1453], Constantinopla fue capturada por los turcos, el emperador fue muerto, y el imperio fue totalmente extinto… por tanto, muchos comparan a la Iglesia griega con el reino de Samaria, que se separó del verdadero templo, y al final fue llevado a cautividad perpetua» (SAN ROBERTO BELARMINODe Christo, libro segundo, cap. 30).

jueves, 22 de agosto de 2024

ACUDAMOS CON FE Y CONFIANZA A MARÍA SANTÍSIMA, EL TRONO DE LA GRACIA DE JESUCRISTO

Inmaculado Corazón de María (Santuario de Fátima, Portugal).

«
La carga y yugo que nuestro Señor impuso a San Juan, que cuidaba de su Virgen Madre, era en verdad un yugo dulce y una carga ligera. ¿Quién no consideraría una felicidad vivir bajo el mismo techo con ella, que durante nueve meses había llevado en su seno al Verbo encarnado y durante treinta años había disfrutado con Él de la más dulce y feliz comunicación de sentimientos? ¿Quién no envidia al discípulo escogido de nuestro Señor, que en ausencia del Hijo de Dios, le fue dada la presencia de la Madre de Dios? Sin embargo, si no me equivoco, podemos lograr con nuestras oraciones que nuestro bondadoso Señor, que se hizo hombre por nosotros y fue crucificado por amor a nosotros, nos diga: “He ahí a tu Madre”; y debería decir a su Madre por cada uno de nosotros: “He ahí a tu hijo”.
  
Nuestro buen Señor no es avaro de sus gracias, con tal que nos acerquemos al trono de la gracia con fe y confianza (cf. Hebr. IV, 16), con un corazón verdadero y sincero, pero no falso. El que desea tenernos coherederos en el reino de su Padre, ciertamente no desdeñará tenernos coherederos en el amor de su Madre. Ni la misma Virgen benignísima se dará por gravada teniendo un número incontable de hijos, pues tiene un corazón capaz de abrazarnos a todos, y desea ardientemente que no perezca ni una sola de aquellas almas que su divino Hijo redimió con su Sangre preciosa, y su muerte aún más preciosa. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia de Cristo, y con lágrimas supliquemos humildemente que diga a su Madre por cada uno de nosotros: “He ahí a tu hijo”; y a cada uno de nosotros acerca de su Madre: “He ahí a tu Madre”.
   
¿Qué bien nos vendrá bajo la protección de tan gran Madre? ¿Quién se atreverá a sacarnos de su seno? ¿Qué tentación podrá vencernos, confiando en el patrocinio de la Madre de Dios y nuestra? Ni seríamos los primeros en obtener tal beneficio. Muchos nos han precedido; Muchos, digo, acudieron al patrocinio especial y claramente maternal de tan gran Virgen, y ninguno quedó confundido ni triste, sino que todos estaban alegres y regocijados, confiando en el patrocinio de tan gran Madre, de quien está escrito: “Ella misma te aplastará la cabeza” (Gén. III, 15). En ella confiarán, también ellos caminarán confiadamente sobre el áspid y el basilisco, y hollarán al león y al dragón (Salmo XC, 12). Porque no se ve que pueda perecer aquel de quien Cristo dijo a la Virgen: “He ahí a tu hijo”, con tal que él mismo no oiga con oídos sordos lo que Cristo le dijo: “He ahí a tu Madre”».
   
SAN ROBERTO BELARMINO SJDe las siete palabras de Cristo en la Cruz, cap. XII. Lecciones 7.ª, 8.ª y 9.ª de las Maitines de la fiesta del Inmaculado Corazón de María.

viernes, 29 de marzo de 2024

BERGOGLIO A PRISIONERAS: «JESÚS PERDONÓ A JUDAS».


Francisco Bergoglio realizó el Mandátum (Lavatorio de los pies) a doce mujeres [sic] de diversos países, como Italia, Bulgaria, Nigeria, Ucrania, Rusia, Perú, Venezuela y Bosnia, con edades de entre los 40 y 50 años, detenidas en la cárcel de mujeres de Rebibbia, cerca de Roma.
    
Siguiendo su costumbre desde Buenos Aires, Bergoglio ha lavado los pies de musulmanes, homosexuales, inmigrantes y criminales (costumbre que hizo ley en 2016). Esta, sin embargo, fue la primera vez (que se conoce) que solamente le lava los pies a mujeres.

El rito montini-bugniniano desde su promulgación el Jueves Santo 3 de Abril de 1969, además de presentar la Misa como el “memorial de la Cena del Señor” (como los herejes protestantes), pone el énfasis de la celebración del Jueves Santo en el Lavatorio de los pies (añadido en medio de esta desde la “reforma” de 1955).
   
Durante gran parte de la celebración, Bergoglio, con todo y llevar casulla y palio, permaneció sentado, presidiendo en cambio su maestro de ceremonias Diego Giovanni Ravelli.
   
En la homilía, Bergoglio atentó una vez más canonizar a Judas Iscariote, por cuya traición la Escritura registra que Cristo dijo: «más le valiera no haber nacido», diciendo:
«En esto momento de la cena, dos episodios atraen nuestra atención. El lavatorio de los pies de Jesús: Jesús se humilla, y con este gesto nos hace entender aquello que había dicho: “Yo no he venido para ser servido, sino para servir” (cf. Mc. 10, 45). Nos enseña el camino del servicio.
    
El otro episodio –triste– es la traición de Judas que no es capaz de llevar adelante el amor, y después el dinero y el egoísmo lo llevan a esta cosa mala [la traición]. Pero Jesús perdona todo. Jes perdona siempre. Solamente quiere que nosotros pidamos perdón».
Acto seguido, Bergoglio aderezó su herejía con otra anécdota y su predilección por las viejas:
«Una vez, oí a una viejita, sabia, una viejecita abuela, del pueblo… Ella dijo así: “Jesús no se cansa nunca de perdonar: somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”. Pidamos hoy al Señor la gracia de no cansarnos».
La Iglesia Católica ha enseñado siempre que el Señor perdona los pecados si el pecador se arrepiente sinceramente de ellos y acude al Sacramento de la Confesión, que requiere cinco elementos:
  1. Examen de conciencia.
  2. Contrición de corazón (que debe ser 1.º Interior, 2.º Universal [= Suma en el aprecio], 3.º Sobrenatural, y 4.º Soberana).
  3. Confesión de boca ante el sacerdote.
  4. Propósito de enmienda.
  5. Satisfacción de obra [= penitencia].
Bergoglio ha ido más allá de sus “papaexplicadores” como James “Jimmy” Akin y Steve Kellmeyer, quienes simplemente afirmaban que había una “esperanza” de que Judas Iscariote se haya salvado, contrariando a la Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica, el Magisterio, los Doctores de la Iglesia, y la Liturgia (tanto de Oriente como de Occidente) que han sostenido lo contrario:
  • «En cuanto al Hijo del hombre, él se marcha, conforme está escrito de él; pero ¡ay de aquel hombre, por quien el Hijo del hombre será entregado! Mejor le fuera al tal si no hubiese jamás nacido» (San Mateo XXVI, 24).
  • «Mientras estaba Yo con ellos, yo los defendía en tu Nombre. Guardado he los que Tú me diste, y ninguno de ellos se ha perdido, sino Judas el hijo de la perdición, cumpliéndose así la Escritura [Salmo CVIII, 8]» (San Juan XVII, 12)
  • «Y haciendo oración dijeron: “¡Oh Señor!, Tú que ves los corazones de todos, muéstranos cuál de estos dos has destinado a ocupar el puesto de este ministerio y apostolado, del cual cayó Judas por su prevaricación, para irse a su lugar a la habitación de los malvados”» (Hechos I, 24-25)
  • «Deus, a quo et Judas reátus sui pœnam, et confessiónis suæ latro prǽmium sumpsit, concéde nobis tuæ propitiatiónis efféctum: ut, sicut in passióne sua Jesus Christus, Dóminus noster, divérsa utrísque íntulit stipéndia meritórum; ita nobis, abláto vetustátis erróre, resurrectiónis suæ grátiam largiátur: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus per ómnia sǽcula sæculórum [Dios, de quien Judas recibio el castigo de su pecado y el Ladrón el premio de su confesión: haznos sentir el efecto de tu propiciación, para que así como Nuestro Señor Jesucristo en su Pasión dio a entrambos su merecido, así destruido el error del hombre viejo, nos conceda resucitar gloriosamente con Él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos]. Amén». (Oración colecta de la Misa del Jueves Santo, y de la Misa de Presantificados del Viernes Santo).
  • «Quándo Discípuli gloriósi in lotióne Cœnæ illuminábantur; tunc Judas ille ímpius pecúniæ cupiditáte ægrótans obscurábatur: et ex légibus judísibus te justum Júdicem pródebat. Intúere pecuniárum amátor illum, qui per eas láqueum reportávit, fuge insatiábilem ánimam, quæ tália ausa est in Magístrum [Cuando los gloriosos discípulos fueron iluminados al lavarles los pies, el impío Judas oscurecido por su enferma codicia, Te entregó, ¡oh Juez justo!, a los jueces sin ley. Mire el que ama las riquezas, cómo por ellas él se colgó a sí mismo, y huya el alma insaciable que haría tales cosas al Maestro]» (Liturgia bizantina, Maitines Reales del Gran Viernes Santo, tropario al primer Evangelio).
  • «Sensus nostros mundos Christo præsentémus: et támquam amíci Christi, ánimas nostras propter eum ponámus; néque sollicitudínibus vitæ suffocémus ut Judas. Sed in cubículis nostris clamémus; Pater noster qui es in cœlis, lilíbera nos a malo [Presentemos a Cristo nuestros sentidos purificados, y como amigos de Cristo ofrezcamos por Él nuestras almas: que no nos ahoguen las preocupaciones de la vida como Judas, sino que en nuestras recámaras, clamemos: Padre nuestro que estás en los cielos, líbranos de todo mal]» (Ibid., Antífona 1.ª).
  • «In Cœna Discípulos enútriens, et proditiónes consílium cognóscem,  in ea Judam redarguísti: incorrigíbilem quídem sciens eum; sed ut cunctis notum fáceres quod volens próditus sis, ut Mundum ráperes ab aliéno [Cuando alimentaste a tus discípulos en la cena, expusiste a Judas porque sabías que él Te traicionaría, y también que él no se arrepentiría, Tú le revelaste a todos que Te dejarías entregar para liberar al mundo del maligno]» (Ibid., Himno temporal para el segundo Evangelio).
  • «Amórem fraternitátis tánquam in Christo fratres, est non inclemeléntiam erga nostrum próximum acquirámus: ne ut servus ille immiséricors propter denários damnénur; et ne ut Judas pœniténtia ducti, nihil juvémur [Como hermanos en Cristo adquiramos el amor fraternal y no la inclemencia ante nuestro prójimo, para que como el siervo sin misericordia no seamos condenados por el dinero, o no consigamos nada de nuestras penitencias como Judas]» (Ibid., Antífona 4.ª).
  • «A otros lleva al orden Sacerdotal la ambición y apetito de honras. Otros quieren ordenarse por abundar en riquezas: de lo cual es prueba clara que sino se les confiere algún beneficio pingüe de la Iglesia, ni se acuerdan siquiera de los Sagrados órdenes. Estos son los que llama nuestro Salvador mercenarios (Jn. X) de quienes decía Ezequiel, que se apacentaban a sí mismos, no a las ovejas (cap. XXXIV) cuya vileza y perversidad no solo obscurece el orden del Sacerdocio, tanto que vienen a ser el oprobrio y desecho en el pueblo Cristiano, sino que hace también que no saquen ellos mismos del Sacerdocio sino lo que Judas de la dignidad del Apostolado, que fue su eterna perdición» (Catecismo del Santo Concilio de Trento, parte II, cap. VII “Del Sacramento del Orden”, pág. 207).
  • «Pero está firmemente establecido que Judas fue reprobado y condenado, tanto desde el paso donde es llamado “hijo de la perdición” [Juan XVII, 12] como desde Mateo 26, donde el Señor dice sobre Judas: “Mejor sería para ese hombre si no hubiera nacido”» (San Roberto Belarmino, “De Justificatióne”, Libro 3, Cap. XIV).
  • «Cuando se reflexiona que un apóstol de Cristo, uno de los Doce, como con dolor observan los evangelistas, Judas, fue arrastrado al abismo de la maldad precisamente por el espíritu de codicia de los bienes de la tierra, se comprende bien que ese mismo espíritu haya podido acarrear a la Iglesia tantos males en el curso de los siglos» (Papa Pío XI, Encíclica Ad Cathólici Sacerdótii, n. 39).
Por donde se colige lo siguiente:
  • Judas Iscariote estaba cegado por la codicia, y llevaba dos años urdiendo la traición al Señor después de que Él no procediera según sus expectativas de un reino terrenal.
  • Judas rechazó las inspiraciones de la gracia que lo llamaban a arrepentirse de su inicuo proceder.
  • Ante el resultado de su traición (la condena a muerte de Jesús), busca por sus propias fuerzas liberarse de su culpa.
  • Al verse rechazado por el Sanedrín y que su remordimiento fue inútil, desespera y saliendo de la ciudad, se suicida ahorcándose.
  • Por ende, Judas Iscariote está en el Infierno, donde es atormentado por los demonios POR TODA LA ETERNIDAD.
Y si se mide aun con el estándar tan “vara baja” bergogliano, IGUAL JUDAS SE CONDENA por “no pedir perdón”.

domingo, 11 de febrero de 2024

SAN ROBERTO BELARMINO CONTRA “RECONOCER Y RESISTIR”

Traducción del artículo publicado por el padre Anthony Cekada en el boletín de la iglesia Santa Gertrudis la Magna (Octubre de 2004).
   
LA CITA BELARMINIANA DE LA “RESISTENCIA”: OTRO MITO TRADICIONALISTA
Por el Rev. P. Anthony Cekada.
   
San Roberto Belarmino (anónimo)

Desde la década de 1970, incontables escritores tradicionalistas que han rechazado las enseñanzas del Vaticano II y la Nueva Misa pero que se oponen al sedevacantismo han justificado su propia postura reciclando irreflexivamente la siguiente cita de San Roberto Belarmino:
«Así como es lícito resistir a un Pontífice si ataca al cuerpo, así también es lícito resistirlo si asalta a las almas o turba el orden civil y más si intenta destruir la Iglesia. Es lícito resistirlo, afirmo, no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad. Con todo, no es lícito juzgarlo, castigarlo, o deponerlo, porque son actos propios de un superior» (De Románo Pontífice, título II, cap. 29).
Nos han dicho repetidamente que este pasaje respalda la noción que el movimiento tradicionalista puede “resistir” las falsas doctrinas, las leyes malas y el culto sacrílego que pronulgaron Pablo VI y sus sucesores, pero que todavía continúa “reconociéndolos” como verdaderos Vicarios de Cristo (esta idea errónea es atribuida también a otros teólogos como el cardenal Tomás de Vío Cayetano).
    
También nos han dicho que el mismo pasaje de Belarmino destruye el principio detrás del sedevacantismo (que un papa hereje pierde automáticamente su oficio) porque los sedevacantistas “juzgan” y “deponen” al papa.
     
Resulta que estas conclusiones son simplemente otro ejemplo de cómo los bajos estándares intelectuales en la polémica tradicionalista dan a luz mitos que rápidamente toman el aura de verdades casi reveladas.
   
Cualquiera que realmente consulte las fuentes originales y entienda unas pocas distinciones fundamentales en derecho canónico llegará  a un conjunto diferente de conclusiones sobre lo que el famoso pasaje de la “resistencia” realmente significa, a saber:
(1) Belarmino habla de un papa moralmente malo que da mandatos moralmente malos, no de quien, como los papas pos-Vaticano II, enseña error doctrinal error o impone leyes malas.
(2) El contexto de la cita es un debate sobre los errores del galicanismo, no el caso de un papa herético.
(3) Belarmino está justificando la “resistencia” pot reyes y prelados, no por los católicos individuales.
(4) Belarmino enseña en el capítulo siguiente de su obra (30) que un papa hereje pierde automáticamente su autoridad.
En una palabra, el pasaje no puede ni ser aplicado a la crisis presente, ni ser invocado contra el sedevacantismo.
  
Un breve comentario en orden sobre cada uno de estos puntos.
    
1. Mandatos malos, no leyes malas. En realidad, los tradicionalistas “resisten” las falsas doctrinas (v.g., sobre el ecumenismo) y las malas leyes (v.g. la Nueva Misa) promulgadas por los papas posconciliares.
    
Pero en la famosa cita, Belarmino aborda otro caso totalmente distinto: se le ha preguntado sobre un papa que ataca injustamente a alguien, perturba el orden público, o «trata de matar las almas con su mal ejemplo» (ánimas malo suo exémplo nitátur occídere). En su respuesta, dice: «Es lícito resistirlo, afirmo, no haciendo lo que manda» (…licet, ínquam, ei resístere, non faciéndo quod jubet).
   
Esta expresión describe a un papa que da mal ejemplo o da mandatos malos, en lugar de —como sería el caso de Pablo VI o sus sucesores— un papa que enseña error doctrinal o impone leyes malas. Esto es claro del capítulo 27 de De Comparatióne Auctoritátis Papæ et Concílii, del cardenal Cayetano, al cual Belarmino cita inmediatamente para sostener su postura.
  
Primero, en su título para el capítulo 27, Cayetano dice que va a abordar un tipo de falta papal «distinto a la herejía» (ex álio crímine quam hærésis). La herejía, dice, cambia totalmente el status del papa como cristiano (mutávit christianitátis statum). Es el “delito mayor” (majus crimen). Los otros son “delitos menores” (crimínibus minóribus) que “no se le igualan” (cœ́tera non sunt pária, [ed. Roma: Angelicum 1936], pág. 409). 
    
Por ende, ni Belarmino ni Cayetano se refieren a “resistir” los errores doctrinales de un papa mientras al mismo tiempo continúan considerándolo un verdadero papa.
   
Segundo, a lo largo de De Comparatióne, Cayetano provee ejemplos específicos de malas acciones papales que justifican la resistencia por parte de sus súbditos: «promover a los malvados, oprimir a los buenos, comportarse como tirano, alentar los vicios, blasfemias, avaricias, etc.» (356), «si él oprime a la Iglesia, mata a las almas [por el mal ejemplo]» (357), «disipar los bienes [de la Iglesia]» (359), «si actúa manifiestamente contra el bien común de la caridad para con la Iglesia Militante» (360), tiranía, opresión, agresión injusta (411), «destruir públicamente a la Iglesia», vender los beneficios eclesiásticos, y permutar los cargos (412).
  
Todos ellos involucran mandatos (præcépta) malos, pero los mandatos malos no son iguales a las leyes (leges) malas. Un mandato es particular y transitorio; la ley es general y es estable. (Para una explicación al respecto, ver el canónigo Raoul Naz, voz “Précepte”, en Dictionnaire de Droit Canonique, [París: Letouzey 1935-65], tomo VII, págs. 116–117).
    
El argumento de Belarmino y Cayetano justifican solamente resistir los mandatos malos de un papa (vender el pastorado de una parroquia al mejor postor, dice). No respalda la noción de que un papa, mientras aún retiene la autoridad de Jesucristo, puede (por ejemplo) imponer una Misa sacrílega y protestantizada a toda la Iglesia, cuyos miembros pueden entonces “resistirlo”, mientras continúan reconociéndolo como un verdadero papa.
    
2. Antigalicanismo. Los escritores tradicionalistas han distorsionado aún más el pasaje porque lo citan fuera de contexto. 
   
Este aparece en el abordaje que hace Belarmino de un tema completamente no relacionado con los tradicionalistas del presente: los argumentos protestantes y galicanos de que la Iglesia o el papa deben estar sujetos de un rey o un concilio general. El pasaje comprende solamente una oración en un capítulo que abarca dos páginas y media de cuartilla [157,5 × 215,0 mm; medio folio] a dos columnas de imprenta fina dedicadas a este particular (Ver De Controvérsiis [Nápoles: Giuliano 1854], tomo I, págs. 413-418).
    
Específicamente, el pasaje es tomado de la respuesta belarminiana al siguiente argumento: 
«Argumento 7.º Cualquier persona tiene permitido matar al papa si es injustamente atacado por él. Por tanto, con mayor razón se permite a los reyes o a un concilio deponer al papa si perturba al estado, o trata de matar a las almas por su mal ejemplo» (op. cit. 1:417)
Esta era la postura de los galicanos, que ponían la autoridad de un concilio general por encima de la del papa.
    
Es absurdo afirmar que una frase en la réplica de Belarmino a este argumento justifica de alguna forma general la “resistencia” a los errores posteriores al Vaticano II.
   
El absurdo se vuelve más evidente cuando adviertes que inmediatamente después de esta sentencia, Belarmino cita De Comparatióne de Cayetano, cuyas 184 páginas en octavilla [107,5 × 157,5 mm, media cuartilla] fueron escritas en su totalidad para refutar el galicanismo y el conciliarismo.
   
3. No es “resistencia” individual. Ítem, en contexto, la cita de Belarmino no justifica la “resistencia” a los papas por los individuos, como algunos tradicionalistas parecen pensar, sino la resistencia por los reyes o los concilios generales.
    
La postura galicana que Belarmino refutó sostenía que está permitido «a los reyes o el concilio» (licébit régibus vel concílio) deponer al papa. No hay nada de sacerdotes o laicos individualmente considerados.
   
Una vez más, este significado está claro en el capítulo 27 de Cayetano. «Los príncipes seculares y los prelados de la Iglesia [príncipes mundi et præláti Ecclésiæ]», dice, tienen disponibles muchas formas de organizar «resistencia o impedimento al abuso de su potestad [resisténtiam, impediméntumque abúsus potestátis]» (412).
   
De ahí que es imposible sostener que Belarmino y Cayetano estuviesen tratando el tema de un católico cualquiera resistiendo al papa.
    
4. Belarmino y el papa hereje. Y finalmente, en el capítulo siguiente al de la famosa frase (30), Belarmino trata explícitamente la cuestión de “Si un papa herético puede ser depuesto” (An papa hæréticus depóni possit.)
   
Belarmino refuta las respuestas dadas por distintos teólogos, incluyendo Cayetano, quien sostenía que un papa hereje necesitaba ser depuesto. Belarmino sustenta su respuesta en el siguiente principio:
«Los herejes ya antes de ser excomulgados están fuera de la Iglesia y privados de toda jurisdicción. Pues ya fueron condenados por su propia sentencia, como enseña el Apóstol (Tit. 3, 10-11)» (op.cit., tomo I, pág. 419). 
El santo concluye:
«Luego, la opinión verdadera es la quinta, de acuerdo con la cual el Papa hereje manifiesto deja por sí mismo (per se) de ser Papa y cabeza, del mismo modo que deja por sí mismo de ser cristiano y miembro del cuerpo de la Iglesia y por eso puede ser juzgado y punido por la Iglesia. Esta es la sentencia de todos los antiguos Padres, que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción».
Entonces, los escritos de Belarmino respaldan en lugar de refutar el principio detrás de la postura sedevacantista: un papa hereje se depone a sí mismo.
   
* * * * *
  
En resumen: La noción que el famoso pasaje de Belarmino justifica la “resistencia” a un verdadero papa y simultáneamente “refuta el sedevacantismo” está basada en la ignorancia del significado tanto del texto como de su contexto. Es hora que los tradicionalistas dejen de promover esos mitos tontos.
   
Un verdadero papa no enseña error doctrinal durante décadas o promulga una Misa sacrílega, por tanto, no hay necesidad de resistirlo.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

LA NECESIDAD DE LA PENA CAPITAL PARA LOS HEREJES

«La experiencia enseña que no hay otro remedio [sino condenar a muerte a los herejes], porque a medida que la Iglesia progresaba probó todos los remedios. Primero utilizó sólo la excomunión, luego añadió sanciones pecuniarias, luego utilizó el exilio y, finalmente, se vio obligada a implementar la pena de muerte, porque los herejes desprecian la excomunión, y dicen que es un rayo frío. Si se les amenaza con una sanción pecuniaria, no temen a Dios ni muestran reverencia hacia los hombres, sabiendo que no faltarán tontos que creerán en ellos y los apoyarán. Si se los encierra en prisión o se los envía al exilio, ellos corromperán con sus palabras a los que están cerca de ellos, y con sus libros a los que están lejos. Por tanto, el único remedio es enviarlos rápidamente al lugar donde pertenecen.
    
[…]
    
Los herejes son más dañinos para sus vecinos que cualquier pirata o ladrón, ya que destruyen las almas e incluso los fundamentos de todo lo bueno y llenan la comunidad de disturbios, actos que necesariamente siguen a las diferencias de religión.
    
Además, su castigo beneficiará a muchos que, sin tal castigo, nada harían, sino que serían impulsados por el castigo a concluir la gravedad de la herejía que están siguiendo, y a considerar que tal vez puedan acabar su vida presente en la miseria y no alcanzar la bienaventuranza futura. Por ende también el bienaventurado San Agustín atestigua, en la epístola 48 [93, a Vicente rogatista], que muchas personas se convirtieron después de que las leyes imperiales prohibieran a los herejes quedar impunes, y vemos que esto sucede todos los días en lugares donde la Inquisición florece.
   
Finalmente, es beneficioso para los herejes obstinados ser eliminados de esta vida, porque cuanto más tiempo viven, más errores cometen, más personas corrompen y más condenación adquieren para sí mismos». (SAN ROBERTO BELARMINO, Sobre los laicos o personas seglares, cap. XXI).

miércoles, 15 de noviembre de 2023

DEL SIGNIFICADO DE «APACIENTA MIS OVEJAS»

Por Recusant Catholic (Twitter/X).
   

«Apacienta mis ovejas» (San Juan XXI, 16).
   
A continuación, un breve resumen de la exposición de San Roberto Belarmino sobre este verso, y cómo prueba la jurisdicción universal del Papa.
   
En primer lugar, se muestra que solo a Simón Pedro le fue dicho «Apacienta mis ovejas». Porque Nuestro Señor pregunta directamente: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» inmediatamente antes de dar el divino mandato. En la Vulgata de San Jerónimo, es “Simon Joánnis”, en el caso dativo.
   
Además, los Padres de la Iglesia comentan que la tristeza de San Pedro al negar a Nuestro Señor (solo Pedro estaba triste) fue magnificada porque fue él quien prometió amar a Nuestro Señor.
   
Finalmente, San Máximo confirma que a San Pedro se le «confió apacentar los rebaños y corderos».
   
Al refutar a Calvino, San Belarmino también añade que San Pedro ordenó a los obispos gobernar su propia grey particular: «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros [páscite qui in vobis est gregem Dei]» (1.ª Pedro V, 2).
   
Ahora procedamos al significado de “apacentar”. Los pastores no solamente ofrecen alimento a las ovejas, sino que las gobiernan y las compelen con una vara.
    
De ahí la sabia elección de San Juan, que escribió Ποίμαινε, poimaine: «pastorear, arrear, dirigir, gobernar».
   
Esta es la misma palabra griega usada por San Mateo II, 6: «Porque de ti saldrá el capitán que ha de gobernar a mi pueblo Israel».
   
En otras palabras, San Juan claramente quería decir no solo una mera consejería espiritual, sino un verdadero poder de pastorear, dirigir y gobernar.
   
Hasta ahora hemos visto que (1) a San Pedro le fue conferido por Cristo (2) un poder de dirigir o gobernar. Ahora procedemos a considerar si “ovejas” significa la Iglesia universal.
   
San Belarmino explica que a San Pedro le fue confiado el cuidado de los judíos (agni), los gentiles (agni), y de los que DARÍAN A LUZ en Cristo a estos corderos, esto es, los Apóstoles (oves).
   
¡De qué misterio y esplendor están llenas las palabras del Santo Evangelio!
   
Notemos primero el pronombre “mis”. Cuando se añade sin ninguna restricción a la palabra “ovejas”, significa manifiestamente que todas estas ovejas fueron consignadas a Pedro, al cual se extiende el pronombre “mis”.
   
No hay cristianos que no se llamen ovejas de Cristo: por ende, todos los cristianos, sin excepción, están encomendados a San Pedro.
  
Cuando el Señor dice: «Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco» (San Juan X, 27), nadie negará que Él quería decir todas Sus ovejas.
   
¿Y qué es «apacienta mis ovejas» si no «cuida de mi grey»? ¿No hay un solo rebaño y un solo pastor? Por tanto, este único rebaño, todo el rebaño, fue encomendado a San Pedro.
   
San Epifanio confirma que la grey fue confiada a aquel que escuchó «apacienta mis ovejas».
    
San Juan Crisóstomo confirma que este verso muestra que «Jesús puso en sus manos la autoridad principal entre los hermanos» a aquel que es «el escogido entre los Apóstoles, la boca de los discípulos, y el líder del grupo» (Homilía 88 sobre San Juan).
   
Esto podría ir más lejos, pero basta decir que (1) solo a San Pedro (2) le fue confiado el cuidado de la grey universal, (3) cuyo cuidado se entiende como una verdadera autoridad de gobierno.
   
Tomado de San Roberto Belarmino, De Románo Pontífice, lib. I, caps. XIV - XVI.

martes, 21 de junio de 2022

TESTIMONIO DE SAN ROBERTO BELARMINO SOBRE SAN LUIS GONZAGA


Carta de San Roberto Belarmino al padre Virgilio Cepari SJ, autor de la Vida del bienaventurado San Luis Gonzaga:
Muy Reverendo Padre mío,
    
Con mucho gusto responderé a lo que V. R. me pregunta, porque juzgo que es gloria de Dios nuestro Señor que se sepan los favores que su Divina Majestad hace a sus siervos. Yo confesé largo tiempo a nuestro dulcísimo y santísimo hermano Luis Gonzaga, y una vez le confesé generalmente de toda su vida, y me ayudaba a Misa, trataba y comunicaba conmigo con afecto y gusto de cosas de nuestro Señor. Por la noticia de estas confesiones, y por la comunicación y trato que con él tuve me parece que con toda verdad se pueden afirmar de él las cosas siguientes.
    
Lo primero, que en toda su vida no hizo pecado mortal, y esto lo tengo por cierto desde la edad de siete años hasta su muerte; y en cuanto a los siete primeros años (en los cuales aún no tenía aquel conocimiento tan particular de Dios como después) téngolo por conjeturas, porque no es verosímil que en aquella edad pecase mortalmente; principalmente teniéndole ya Dios señalado para una pureza tan grande como tuvo. Lo segundo, que desde el séptimo año de su vida en el cual (como él me decia) se había convertido del mundo a Dios; vivió vida perfecta. Lo tercero, que jamas sintió estímulo de carne. Lo cuarto, que de ordinario no tenía ni sentía distracción en la oración y contemplación, la cual por la mayor parte tenía de rodillas sin arrimarse a nada. Lo quinto, que fue un dechado de obediencia, de humildad, de mortificación, de abstinencia, de prudencia, de devoción, de pureza.
     
En los últimos días de su vida tuvo un consuelo tan excesivo representándosele la gloria de los bienaventurados, que le pareció no haber durado un cuarto de hora habiendo durado casi toda la noche. En el mismo tiempo habiendo muerto el padre Ludovico Corbineli, y preguntándole yo qué juzgaba de aquella alma, él con gran resolución me respondió: Pasó solamente por el Purgatorio. Y conociéndole yo la condición y cuán considerado era en sus palabras, y el recato tan extraordinario que tenía para no afirmar lo que podía ser dudoso, tuve por cierto que lo había sabido por revelación; pero no le quise, apretar más por no darle ocasión de vanagloria. Otras muchas cosas pudiera decir que dejo por no asegurarme de mi memoria. En conclusión, yo tengo para mí que él se fue derecho al Cielo, y siempre tuve escrúpulo de rogar por su alma pareciéndome, que hacía injuria a la gracia de Dios que reconocí en ella; y al contrario jamás tuve escrúpulo de encomendarme á él, porque tengo gran confianza en sus oraciones.

V. R. me encomiende a nuestro Señor.
   
De palacio, a 17 de octubre de 1601.
   
De V. R.
   
Hermano afectísimo en Cristo,
Roberto card. Belarmino

sábado, 17 de julio de 2021

NEWMAN Y EL DEBER DE RESISTIR A LOS MALOS PAPAS

«El Cardenal Juan de Torquemada dice: “Aunque claramente se sigue por la circunstancia que el Papa puede errar a veces, y ordenar cosas que no se deben hacer, que no estamos para ser obedientes simplemente a él en todas las cosas, eso no muestra que no debe ser obedecido por todos cuando sus mandatos son buenos. Para saber en qué casos debe ser obedecido y en cuáles no… dice en el cap. V de los Hechos de los Apóstoles: ‘se debe obedecer a Dios antes que a los hombres’. Por tanto, cuando el Papa ordene algo contra la Sagrada Escritura, o los artículos de fe, o la verdad de los Sacramentos, o los mandamientos de la ley natural o divina, él no debe ser obedecido, sino que tales órdenes deben ser pasadas por alto (despiciéndus) (Summa de Ecclésia, págs. 47-48); San Roberto Belarmino, hablando sobre resistir al Papa, dice: “Para resistir y para defenderse a sí mismo, no se requiere ninguna autoridad… luego como es lícito resistir al Papa si asalta a una persona, así también es lícito resistirlo si asalta a las almas o turba el Estado (Turbánti Rempúblicam), y más si intenta destruir la Iglesia. Es lícito resistirlo, afirmo, no haciendo lo que manda e impidiendo la ejecución de su voluntad” (De Románo Pontífice, libro II, cap. XXIX).
   
El arzobispo Francis Patrick Eustace Kenrick escribe: “Su poder le fue conferido para edificar, no para destruir. Si él lo usa por amor al dominio (quod absit!), difícilmente encontrará pueblos que le sean obedientes”. (Theología Morális, tomo I, pág. 158)».
   
JOHN HENRY NEWMAN CO. Carta al Duque de Norfolk, 22 de Diciembre de 1874, sección IV “Lealtad dividida”. Traducción propia.
   
COMENTARIO: Newman, en esta carta a Henry Fitzalan-Howard, XV Duque de Norfolk (descendiente de recusantes*) con que refuta las acusaciones del primer ministro William Ewart Gladstone, anglicano, que decía que los católicos eran esclavos mentales del Papa, está refiriéndose a órdenes malas y actos injustos, o como diría San Roberto Belarmino citando al cardenal Tomás de Vío Cayetano en el capítulo XXVII de su obra Comparatióne Auctoritátis Papæ et Concílii, “faltas menores” (crimínibus minóribus) que “no igualan” (cetera non sunt pária) a la herejía, que est majus crimen, subjéctum mutávit christianitátis státum, en cuyo caso se aplica lo dicho por Belarmino en el capítulo siguiente:
«Un papa que es manifiestamente herético cesa automáticamente (per se) de ser papa y cabeza, así como cesa de ser cristiano y miembro de la Iglesia. Es por eso que puede ser juzgado y condenado por la Iglesia. Es la enseñanza de los antiguos padres que enseñan que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción».
Refutando así, por un lado, a Torquemada y a Cayetano (que postulaban que el Papa herético podía ser depuesto por el Concilio general), como a la postura de “Reconocer y resistir”.
   
* “Recusante” era el término con el que se denominaba a los católicos en Inglaterra por rechazar (en inglés “recusancy”, del latín “recusáre”) asistir a los servicios de la iglesia anglicana. Los recusantes ayudaron a conservar la fe Católica en Inglaterra, Escocia y Gales, y fundaron el Colegio Inglés de Douay (Francia), cuna de la traducción bíblica Douay-Rheims.

sábado, 24 de octubre de 2020

EN TODAS PARTES HAY AFLICCIÓN

«La aflicción se encuentra en todas partes, en todas partes nos encontramos con ella, en el hogar, en un viaje, en un foro… porque en todas partes los malvados oprimen a los buenos». (SAN ROBERTO BELARMINO, De Ætérna felicitáte Sanctórum).

lunes, 14 de octubre de 2019

¿ELECCIÓN PAPAL SIN CARDENALES?

Traducción del artículo escrito por John S. Daly. Los cánones fueron agregados por el traductor.

¿UNA ELECCIÓN PAPAL VÁLIDA SIN CARDENALES?
Condiciones para una elección papal válida en ausencia de electores designados - Consideración especial sobre algunas elecciones putativas recientes
  
Los Católicos incapaces de reconocer a los “papas” del Vaticano II como legítimos sucesores de San Pedro, que no han dejado piedra sobre piedra de la Iglesia como era en la muerte del Papa Pío XII, son a veces invitados a reconocer algún otro reclamante al papado. Este artículo se enfocará principalmente en un único contendor –el inglés Victor von Pentz, quien se llama Papa Lino II–. Esto también puede arrojar algo de luz sobre toda la materia de cónclaves extraordinarios.
   
Por supuesto que cuando la Santa Sede no está ocupado por un pontífice legítimo y cierto, la Iglesia necesariamente tiene el derecho y el poder para proveerse de un papa verdadero e incuestionable. ¿Pero cómo?
  
Las preguntas que se formulan son las siguientes:
  • ¿Quiénes son los electores legítimos en nuestras circunstancias extraordinarias?
  • ¿Qué condiciones debe cumplir su elección para ser válidas?
  • ¿Estos electores y estas condiciones estuvieron presentes y cumplidas, al menos suficientemente, en la elección de Lino II?
Varios teólogos de gran renombre han discutido la cuestión: ¿A quién se devuelve el derecho de elegir al soberano pontífice si los cardenales no están disponibles para cumplir su rol?
  
Dignos de especial mención entre los teólogos son los siguientes:
  • Louis card. Billot : De Ecclésia Christi: Quǽstio XIV, tesis xxix
  • Jean-Baptiste card. Franzelin: De Ecclésia, Tesis XIII, escolio.
  • Giacomo Tommaso Card. Cayetano: De Potestáte Papæ et Concílii, cap. XV.
  • San Roberto Belarmino (Doctor de la Iglesia): De Románo Pontífice y De Cléricis lib. I, cap. VII, prop. V y cap. X, prop. VIII).
  • Dom Adrien Gréa: De l’Église et de sa Divine Constitution.
  • P. Edmund J. O’Reilly S.J. The Relations of the Church to Society, Londres, John Hodges, 1892).
  • Lorenzo Spinelli: La Vacanza della Sede Apostolica, Milán, 1955.
Las dos soluciones principales ofrecidas por ellos son:
  • Un concilio general imperfecto, es decir, un concilio de todos los obispos del mundo, que sin embargo es llamado “imperfecto” porque ningún concilio es completamente general en ausencia del papa, y por supuesto, la ausencia del papa es en este caso la razón para convocar el concilio. La base de esta solución es que en ausencia del papa los obispos son la suprema autoridad en la Iglesia.
  • El clero romano. La base de esta solución es que el papa es papa porque es obispo de Roma. Los cardenales son considerados ser el clero principal de Roma. En su ausencia, el clero remanente de Roma resulta competente para elegir su obispo, quien, en virtud de ser obispo de Roma, será papa.
Sin embargo, los defensores de ambas soluciones reconocen que en una crisis que priva a la Iglesia de sus electores designados (los cardenales), ninguna alternativa funcionaría completamente. San Roberto Belarmino, mientras favorecía un concilio general, acepta que en la práctica, el clero romano y los obispos cercanos a Roma tendrían seguramente que elegir. Dom Gréa, sosteniendo al clero romano, piensa que así como el colegio de cardenales normalmente los representa, ellos podrían también ser representados en caso de emergencia por el Capítulo de Canónigos de la Basílica Lateranense.
  
Aquí está un extracto típico, del mayor y más autorizado de estos teólogos:
«Si no hubiera constitución pontificia en vigor concerniente a la elección del soberano pontífice, o si por algún percance todos los electores legalmente designados, esto es, todos los cardenales, perecen juntos, el derecho de elección pertenecería a los obispos vecinos y al clero romano, pero con una cierta dependencia (1) de un concilio general de obispos» (San Roberto Belarmino: De Cléricis, Lib. X, cap. X)
Claro, esto despierta más dificultades en nuestros días cuando casi todos los clérigos legítimamente nombrados de la diócesis de Roma y casi todos los obispos legítimamente designados de la Iglesia Católica se han hundido en la apostasía o al menos no tienen la comprensión adecuada de la naturaleza de la crisis y por tanto ninguna disposición para resolverla participando  en la elección de un Pontífice verdadero y Católico.
  
Cónclaves rivales
Como es sabido, varios atentados de cónclave han sido conducidos por personas que creen que esta dificultad ha sido resuelta suficientemente.
  
Así aconteció el 16 de Julio de 1990 en la elección de Kansas(2) en la que el ex-seminarista de la FSSPX David Bawden fue elegido y tomó el nombre Miguel. Los electores fueron todos laicos, tres hombres y tres mejores. Si siempre se ha considerado inusual para los padres de un papa estar vivos todavía para ver su elevación, ¡es más inusual todavía que ellos participen en su elección!
  
Otro fue el cónclave por Internet en el que, el 24 de Octubre de 1998, fue elegido el fraile capuchino P. Lucian Pulvermacher quien tomó el nombre de Pío XIII. Se afirmó (aunque no hay forma de verificar el hecho) que casi sesenta personas votaron. Pulvermacher era el único sacerdote. El proceso por el que él mismo se consagró obispo (primero ordenó por sí mismo y consagró a un laico, entonces él fue consagrado por el hombre que él consagró) desafía el sentido común y también a la sólida teología tomista.
  
Entre los dos ocurrió la elección (3) que nos ocupa. El 25 de Junio de 1994 en el Hotel Europa en Asís, Italia, un desconocido número de participantes eligió un candidato que tomó el título de Lino II.
  
Detalles del Cónclave de Asís
Inmediatamente después de la elección, la identidad del nuevo pontífice putativo no fue revelada. Tampoc se identificaron los electores, pero se dio la impresión de que fueron muy numerosos e incluía personas de alto rango eclesiástico. Se indicó que un “obispo romano retirado” (esto es, un miembro de la Jerarquía Católica debidamente nombrado por un verdadero papa) había o participado en o, al menos, alentado, el cónclave.
   
Sólo algunos años después, y a pesar de las negativas iniciales, se hizo público que Lino II era el ex-seminarista de la FSSPX Víctor von Pentz. Se declaró también que uno de sus simpatizantes (Immanuel Korab, también conocido como Emmanuel Korub, al que nombró Cardenal) fue consagrado (en una ceremonia pública) por el “obispo romano retirado” cuya identidad no podía ser revelada por temor de que cayera persecución sobre él.
   
Naturalmente los que aceptan el principio de un cónclave de emergencia desearán saber por qué los simpatizantes de Lino consideran su título papal preferible a los avanzados por otros reclamantes contemporáneos. La respuesta es que las otras elecciones son nulas porque tuvieron lugar “o mística o por autoproclamación o sólo por laicos sin participación de los obispos”. En otras palabras, un factor clave que corrobora la pretensiones de Lino al papado, en vez de cualquier otro, es “la participación de obispos” en su elección.
  
¿Quiénes fueron estos obispos?
La respuesta a esta pregunta entraña una dificultad consideable. Por largo tiempo las únicas personas claramente conocidas por haber sido asociadas a él fueron la Dra. Elizabeth Gerstner, un cierto “padre dominico”, el “Cardenal” Korab (cuya consagración tuvo lugar solamente después de la elección) y el mismo von Pentz. El obispo thucista Thomas Mary Fouhy(4) y otros menos conocidos obispos thucistas pudieron haber participado.
 
Pero el único nombre seriamente señalado como un miembro debido de la Jerarquía eclesiástica que participó en o apoyó la elección es el del retirado Ordinario Militar italiano, Arzobispo Arrigo Pintonello, Obispo Titular de Teodosiópilis en Arcadia [antigua diócesis en el Bajo Egipto, correspondiente al sitio Taha-el-Amudein, sufragánea de la Archidiócesis de Oxirrinco, N. del T.], nacido el 28 de Agosto de 1908 en la diócesis de Padua, consagrado el 30  de Noviembre de 1953, quien residía en Roma. Trasladado supuestamenteo por Pablo VI el 12 de Septiembre de 1967, para ser Obispo de Terracina-Latina, dependiente del Vicariato de Roma, retiróse el 25 de Junio de 1971 y murió el 8 de Julio de 2001.
   
A veces se ha alegado también que él consagró a Victor von Pentz.
  
Las preguntas que deben hacerse
Para establecer si este cónclave fue capaz de darle a la Iglesia un papa válido, debemos saber si la elección fue verdadera y demostrableme representativa de la Iglesia Católica, y en particular de la diócesis romana local. Por tanto, debemos saber si incluía a todos los que tenían el derecho a ser incluidos y excluidos los que no tenían derecho de participar.
  
Aquí están las principales preguntas de doctrina y derecho que deben plantearse:
  • ¿Es  admisible, cuando el clero regularmente nombrado está faltando es muy escaso, que los laicos tomen parte en una elección papal?
  • ¿Es admisible, cuando el clero regularmente nombrado está faltando es muy escaso, admitir a clérigos de emergencia (la alusión es a estos obispos que no fueron nombados a la jerarquía por un papa legítimo o a estos sacerdotes que no fueron ordenados por un obispo jerárquico) tomar parte en una elección papal?
  • ¿Se puede esperar que los Católicos reconozcan como su papa a un hombre cuya elección no se puede demostrar que fue en conformidad con los requerimientos de la constitución divina de la Iglesia?
Aquí están las principales preguntas fácticas que deben plantearse:
  • ¿Qué publicidad previa le fue dada al cónclave?
  • ¿Qué personas fueron consideradas competentes para participar, y qué prubas hay de su invitación?
  • ¿Qué clérigos regularmente nombrados tomaron parte en el cónclave?
  • ¿Qué clérigos romanos regularmente nombrados tomaron parte en el cónclave?
  • ¿Qué obispos regularmente nombrados tomaron parte en el cónclave?
  • ¿Qué clérigos irregulares u obispos no jerárquicos tomaron parte en el cónclave?
  • ¿Qué laicos tomaron parte en el cónclave?
  • ¿Qué peso le fue dado a los votos de las diferentes categorías de electores?
  • ¿Los electores eran libres y no sujetos a influencias indebidas (5)?
  • ¿Quién ordenó al electo Víctor von Pentz al sacerdocio y lo consagró obispo, y cuándo?
  • ¿Se estableció con certeza el sacerdocio y el episcopado del mismo alegado obispo elector?
  • ¿Los hechos esenciales en torno a la elección y consagración son públicos y ciertos, más allá de toda duda razonable?
Las respuestas decepcionantes
El único presunto elector explícitamemente nombrado por los simpatizantes de Lino II como un obispo legítimo de la jerarquía católica, o representante del clero romano, es el arzobispo Arrigo Pintonello. El presente escritor conoce a varias personas que lo conocieron. Su testimonio es concordante. El arzobispo Pintonello no alentó la elección de Asís, no tomó parte en la elección de Asís, no ordenó sacerdote o consagró como obispo a Lino o cualquiera de sus simpatizantes y en ningún momento reconoció a Lino como un papa legítimo. Además, mientras Pintonello era de una mentalidad conservadora, hostil a Juan Pablo II, y pronto a obligar a las familias sedevacantistas confirmando a sus hijos, simplemente no es cierto que él públicamente haya dudado del estatus papal de Juan Pablo II. Ni es verdad que él rechazó inequívocamente el Concilio Vaticano II o el Novus Ordo Missæ. La carga está squarely sobre Lino para probar la participación de Pintonello. Es incapaz de hacerlo. Es triste, pero es la verdad.
  
Esto reduce la elección a un evento en que uno o dos sacerdotes regularmente nombrados (notablemente el obispo Fouhy, que pertenece al sacerdocio diocesano en Nueva Zelanda, aunque su episcopado no es jerárquico) pudieron haber tomado parte, pero en la cual prácticamente todos los electores eran laicos o clérigos sin un estatus regular que les diese cualquier ventaja demostrable sobre los laicos al elegir un papa.
  
En este caso, muchas buenas almas han sido arrastradas a creer que existe una tradición de participación laica en las eleciones papales, al menos en algunos casos, y que la exclusión de los laicos deriva de la ley eclesiástica (que puede ceder a la necesidad) y no al derecho divino (que no puede ser dispensado). Esto no es así. Ver el Apéndice 1 sobre la Participación laica en elecciones eclesiásticas según San Roberto Belarmino.
  
Finalmente, la elección de Lino II sufre los siguientes defectos fatales:
  • Casi ninguno de los hechos concernientes a esta elección son públicos y ciertos. A los fieles les fue presentado con el anuncio de que el cónclave había elegido a un “Lino II”, pero su identificación como Víctor von Pentz tomó años para emerger. Toda la información es secreta y de tercera mano.
  • Se han hecho falsos reclamos y falsas impresiones dadas sobre ello por los que han estado cercanamente involucrados, a una extensión que mina la credibilidad de toda la empresa.
  • Ningún miembro de la jerarquía eclesiástica y ningún representante del clero romano (6) tomó parte, ni hubo ningún representante de ellos dando su consentimiento retroactivo a la elección.
  • La vasta mayoría de los electores no tenían ningún estátus eclesiástico y sus esfuerzos fueron por tanto necesariamente estériles.
  • La publicidad previa fue dirigida casi exclusivamente a sedevacantistas simpáticos conocidos. Si sólo los sedevacantistas en buenos términos con la fallecida Dra. Gerstner representan a la Iglesia, ¿dónde estaba la Iglesia a comienzos de los años 1960s? Ni la Iglesia ni el papado ni el episcopado pueden dejar de ser: esas son verdades dogmáticas que los organizadores de esta elección no parecen haber ponderado suficientemente.
  • Los organizadores no hicieron nigún esfuerzo adecuado para establecer si algún clérigo romano u obispo jerárquico sobreviviente profesaba la fe Católica y estaba deseoso de participar en una elección. Ellos lanzaron la participación en la elección abierta a personas excluidas por ley sin demostrar verdadera necesidad. Su búsqueda fue de pacotilla e inadecuada.
¿Es presuntuoso esperar?
Ningún Católico duda de la gran desiderabilidad de restaurar la autoridad en la Iglesia. Pero la urgencia nunca debe alimentar el pánico. Cualquier empresa, si va a emprenderse, debe ser prudentemente preparada. Si nosotros los mortales estamos para contribuir activamente a la restauración de la autoridad Católica, la preparación necesaria seguramente incluye un estudio teológico muy serio, acompañado de oración y buenas obras para obtener la bendición divina. Es con una referencia especial a las dificultades que los Católicos experimentarán mientras se acerca la era apocalíptica, que el gran abad de Solesmes, Dom Prosper Guéranger, escribió: «Muchos prácticamente ignorararán la verdad principal, que la Iglesia nunca podrá ser vencida por ningún poder creado... Estas... personas olvidarán que el Señor no necesita de habilidades torcidas para ayudarle a cumplir su promesa» (El año litúrgico, comentario a la Epístola para el Domingo XXº después de Pentecostés). La Iglesia no fallará por ninguna negligencia nuestra. Es imperativo que el estudio teológico más completo demuestre previamente, para satisfacción de aquellos verdaderamente competentes para juzgar, que un poyecto dado de restauración de hecho ajuste con los requerimientos de doctrina Católica y la constitución divina de la Iglesia.
  
No debe olvidarse que a menudo la Providencia, especialmente (pero no exclusivamente) en tiempos del Antiguo Testamento, permitió las crisis especialmente para recordarles a los hombres su propia impotencia, invariablemente llevando a la nada sus prematuros intentos para evadir el castigo misericordioso.
  
En conexidad a esto, el gran teólogo tomista el Cardenal Cayetano  (1469-1534) enseña que el papel de la oración en los problemas ordinarios es complementar y reforzar las iniciativas prácticas, siendo la oración de eficacia general, pero solamente parcial, en tales materias porque lo elevado de su dignidad la hace inapropiada para ser el único remedio, inmediato y específico para los males de orden inferior. Pero la situación es diferente cuando el  mal, problema o crisis que necesita ser remediado es de una gravedad e importancia extraordinaria. En tal caso, la intervención natural de los hombres –el remedio específico para los problemas inferiores– no puede ser suficiente como la solución eficaz. La panacea en tales casos es la oración y sólo la oración, porque ella sola es el medio específico que debe ser usado cuando el objetivo para ser asegurado es del orden supremo.
«Dios en Su sabiduría, debe haber dado como remedio a la Iglesia [en crisis muy graves]... ninguno de los medios meramente humanos que pudieran bastar en otras circunstancias eclesiásticas, sino la sola oración. ¿Y puede la oración de la Iglesia, cuando perseverantemente pide por las cosas necesarias para su salvación, ser menos eficaz que los solos recursos humanos? ¿No es la oración ferviente de un alma individual que pide cosas para sí misma, eficaz e infalible?... Pero ¡ay!, parece que estamos en los días anunciados por el Hijo del Hombre cuando preguntó si, a Su regreso, encontraría fe en la tierra (Lucas 18:8). Porque las promesas relacionadas a la mayor y más eficaz de las causas secundarias [esto es, la oración] han llegado a ser sin valor. ¡Los hombres dicen que... uno no puede estar contento con recurrir solo a la oración y a la Divina Providencia! ¿Pero por qué dicen esto sino porque ellos prefieren los medios humanos a la eficacia de la oración? ¿Porque “el hombre animal no puede hacerse capaz de las cosas que son del Espíritu de Dios”? (1 Corintios 2:14) ¿Porque ellos han aprendido a confiar en el hombre, no en el Señor, y pusieron su esperanza en la carne?» (De Comparatióne Auctoritátis Papæ et Concílii, cap. XXVII, nros. 417-420, 422).
Nuestra cita de Cayetano no implica el juicio de que la iniciativa humana para acabar la crisis necesariamente está fuera de lugar. Implica que la iniciativa humana para acabar la crisis puede no ser la solución destinada por la Providencia. Puede fallar. A menos que se proceda con orden, prudencia y humildad, ciertamente fallará.
   
Apéndice 1: Participación de los laicos en elecciones eclesiásticas según San Roberto Belarmino
En su De Cléricis, cap. VII, proposición V, San Roberto refuta a los Reformadores protestantes, demostrando que: «El derecho de elegir al soberano pontífice y los demás pastores y ministros de la Iglesia no pertenece por derecho divino al pueblo; cualquier poder que el pueblo haya tenido fue enteramente debido a la aquiesencia o concesión de los Pontífices”.
 
Su evidencia más allá de la simple refutación de la absurda herejía protestante. Muestra que los laicos no tienen en ninguna circunstancia ningún derecho o poder para participar en las elecciones eclesiásticas o en la selección de alguien para tener un cargo en la Iglesia.
  
He aquí un breve resumen de las pruebas principales de San Roberto:
  • «Ni nadie se apropie esta dignidad [del Sumo Sacerdocio], si no es llamado de Dios, como Aarón» (Hebreos 5:4). Esto muestra que el derecho para cualquier oficio en la Iglesia es dado por Dios, y por tanto por medio de aquellos a quienes Dios le ha delegado autoridad, no por el pueblo.
  • «Como mi Padre me envió, así os envío tambien a vosotros» (Juan 20:21). Esto muestra que un sucesor de los Apóstoles debe poseer una misión. Uno es enviado por aquellos constituidos en autoridad, no por los que están bajo autoridad.
  • Los obispos son pastores y el pueblo es su rebaño. Es contrario a la ley natural, la ley divina y el derecho escrito que las ovejas elijan a sus pastores. San Roberto agrega, de este argumento: “Certíssimum est – Es lo más cierto”.
    • Él explica que el pueblo a veces puede elegir su gobernante temporal porque Dios no asigna su gobierno temporal directamente como Él nombró a Pedro cabeza de la Iglesia desde el primer instante de su Iglesia. Además, un estado puede en un momento dado no tener cabeza temporal, en cuyo caso el pueblo puede elegir uno. Pero la iglesia nunca está enteramente ingobernada «porque siempre habrá otros obispos en la Iglesia que pueden elegir y crea nuevos pastores».
  • Los Apóstoles enviaron obispos sin consultar a los fieles.
  • Varios concilios han prohibido que los laicos se involucren en las elecciones eclesiásticas:
    • I Laodicea, c. 13: «La elección de aquellos que están para ser nombrados al sacerdocio no está encomendada a la multitud».
    • II Nicea, c. 3: «Que toda elección de obispo, presbítero o diácono, hecha por los príncipes permanece nula, según el canon que dice: “Si algún obispo obtiene jurisdicción sobre cualquier iglesia haciendo uso de los poderes seculares, sea depuesto y también excomulgado, junto con todos los que permanecen en comunión con él” (Cánones Apostólicos, canon 30). Porque el que es elevado al episcopado debe ser elegido por los obispos, como lo han decretado los Santos Padres de Nicea en el canon que dice: “Es lo más adecuado que un obispo sea ordenado por todos los obispos en la provincia; pero si es difícil lograrlo, o por cuenta de la urgente necesidad, o por lo largo del viaje, tres obispos al menos habiéndose reunido y dado sus votos, y habiendo expresado los que estén ausentes su consentimiento por cartas, la ordenación puede tener lugar. La confirmación de que esto se hizo así, debe ser dada en cada provincia por el metropolitano” (Canon 4)».
    • IV Constantinopla, can. 22 (que es muy que es muy poderoso contra la participación de los laicos): «Este Santo y universal Sínodo declara y decreta, en conformidad con los concilios anteriores, que la promoción de los obispos debe ser hecha por medio de una elección y decisión del colegio de los obispos. Así que promulga como ley que ninguna autoridad laica gobernante puede intervenir en la elección o promoción de un patriarca, un metropolitano o cualquier obispo, a menos que alguna irregularidad lleve a confusión impropia o tumulto, especialmente puesto que es erróneo para cualquier gobernante u otra persona laica  tenga influencia en tales materias. En cambio deberían estar en silencio y guardar sus propios asuntos hasta que la elección del futuro obispo haya sido completada con el debido proceso por la asamblea eclesiástica. Pero si alguna persona laica es invitada por la iglesia para participar en la discusión y ayudar con la elección. le es permitido aceptar la invitación con respeto, si desea. Porque en esta forma él puede ser capaz de promover un pastor digno en una forma regular, para el beneficio de su iglesia.
        
      Si alguna autoridad seglar o gobernante, o una persona laica de cualquier otro estatus, atenta actuar contra el método común, acordado y canónico de elección en la iglesia, sea anatema, esto hasta que obedezca y acepte lo que la iglesia muestra querer respecto a la elección y nombramiento de su líder».
  • Testimonio patrístico.
  • A la elección popular se siguen numerosos inconvenientes. Las personas no instruidas son incompetentes para juzgar la aptitud sacerdotal, aun si quisieran. La mayoría, los peores y los más estúpidos, siempre prevalecerían.
  • El derecho canónico (Cap. Honórii III) dice: «por edicto perpetuo prohibimos que la elección de los pontífices sea emprendida por los laicos, apoyados por los canónigos; y si por casualidad esto ocurriere, la elección será sin vigor, no obstando ninguna costumbre contraria, la cual deberá en cambio ser llamada corrupción».
San Roberto admite que desde los tiempos subapostólicos, el pueblo era llamado para atestiguar la buena moral de la persona que era seleccionada. Él reconoce que después, a fin de que  pudieran ser más dedicados a sus prelados, se permitió en algunos lugares que podían “postular”, esto es, solicitar a las autoridades competentes les dieran,  como pastor, algún individuo nominado –una solicitud que, por supuesto, las autoridades eran libres de rechazar si era necesario–. Él explica que después creció en algunos lugares una práctica abusiva por la cual el pueblo era admitido para votar por sus prelados. Este abuso fue corregido gentil y gradualmente, por un retorno a la práctica por la cual el pueblo atestigua la idoneidad moral del candidato –una práctica que todavía existe–.

De ahí se muestra claramente que la participación directa de los laicos en las elecciones eclesiásticas es un abuso, y uno que al presente invalidad la elección en cuestión.

Este artículo apareció primero en The Four Marks.
  
NOTAS
(1) El santo explica esta dependencia como diciendo que un concilio podría resolver cualquier duda como quiénes pueden ser electores legítimos.
(2) Un bromista ha calificado esta conducta como “el Gran Cisma del Medio Oeste”.
(3) Esta elección fue organizada por la fallecida Dra. Elizabeth Gerstner, vaticanóloga de trayectoria y editora del periódico germanoparlante Kyrie Eleison.
(4) El obispo Fouhy, un sacerdote secular ordenado el 30 de Noviembre de 1943 que defeccionó y se “casó” con la viuda Jacqueline Lorraine Grant poco después del Vaticano II, pero más tarde se arrepintió, y en penitencia recorrió Nueva Zelanda con una gran cruz. Consagrado obispo por el 27 de Octubre de 1993 en Francia, residió en Nueva Zelanda, donde murió en Wanganui el 8 de Agosto de 2007.
(5) Una objeción entendiblemente hecha contra la elección de Kansas fue que esta tuvo lugar en instalaciones pertenecientes a la familia de la persona elegida.
(6) «La eleccción del Soberano Pontífice peetenece tan exclusivamente a la Iglesia Romana que ningún otro poder, ninguna otra asamblea, ningún otro concilio, incluso ecuménico, pudo tomar su lugar. Sólo el hombre elegido por la Iglesia Romana es el heredero de San Pedro, porque solamente la Iglesia Romana es la Sede de San Pedro en la que resides his sucesión y sus prerogativas. Una persona elegida por cualquiera otra reunión no tiene ningún otro reclamo sobre ella porque es extraño a ella y no recibe nada de ella... Cierto número de obispos designados por el Concilio de Constanza cooperaron en la elección de Martín V; pero el consentimiento de los cardenales intervino y fue ese consentimiento el que le dio a la elección su fuerza y legitimidad». [Esta cita es de De LÉglise et de Sa Divine Constitution de Dom Adrien Gréa (página 168), una obra aprobada por el Cardenal Ludovico Jacobini en nombre del Papa León XIII. La aprobación papal no confirma la exactitud de la tesis de Dom Gréa, pero le da un peso teológico considerable. El cardenal Franzelin argumenta que fue por la virtud de la comisión del papa legítimo, previo a su abdicación, que el Concilio de Constanza recibió la autoridad para elegir un papa. De otro modo, se prueba claramente que no hay ninguna excepción a la regla de que el obispo de Roma debe ser elegido por los Romanos o sus delegados. – JSD]

lunes, 13 de mayo de 2019

MISA DE SAN ROBERTO BELARMINO

Del Misal Romano de San Pío V.
  
Die 13 Maji
S. Roberti Bellarmino, Episcopi, Confessoris et Ecclesiæ Doctoris.
Duplex.
 
Introitus. Eccli. 15, 5. In médio Ecclésiæ apéruit os ejus: et implévit eum Dóminus spíritu sapiéntiæ et intelléctus: stolam glóriæ índuit eum. Allelúja, allelúja. Ps. 91, 2. Bonum est confitéri Dómino: et psállere nómini tuo, Altíssime. ℣. Glória Patri.
 
ORATIO
Deus, qui ad errórem insídias repelléndas et apostólicæ Sedis jura propugnánda, beátum Robértum Pontíficem tuuam atque Doctórem mira eruditióne et virtúte decorásti: ejus méritis et intercessióne concéde; ut nos in veritátis amóre crescámus et errántium corda ad Ecclésiæ tuæ rédeant unitátem. Per Dóminum.
 
Léctio libri Sapiéntiæ.
Sap. 7, 7-14.
   
Optávi, et datus est mihi sensus: et invocávi, et venit in me spíritus sapiéntiæ: et præpósui illam regnis et sédibus, et divítias nihil esse duxi in comparatióne illíus: nec comparávi illi lápidem pretiósum: quóniam omne aurum in comparatióne illíus arena est exígua, et tamquam lutum æstimábitur argéntum in conspéctu illíus. Super salútem et spéciem diléxi illam, et propósui pro luce habére illam: quóniam inexstinguíbile est lumen illíus. Venérunt autem mihi ómnia bona páriter cum illa, et innumerábilis honéstas per manus illíus, et lætátus sum in ómnibus: quóniam antecedébat me ista sapiéntia, et ignorábam, quóniam horum ómnium mater est. Quam sine fictióne dídici et sine invídia commúnico, et honestátem illíus non abscóndo. Infinítus enim thesáurus est homínibus: quo qui usi sunt, partícipes facti sunt amicítiæ Dei, propter disciplínæ dona commendáti.
 
Allelúja, allelúja.
℣. Qui docti fúerint fulgébunt quasi splendor firmaménti. Allelúja.
℣. Qui ad justítiam erúdiunt multos quasi stellæ in perpétuas æternitátes. Allelúja.
  
In Missis votivis, extra Tempus Paschale, dicitur:
Graduale. Eccli. 44, 16. Ecce sacérdos magnus, qui in diébus suis plácuit Deo.
℣. Ibid., 20. Non est invéntus símilis illi, qui conserváret legem Excélsi.
 
Allelúja, allelúja. ℣. Qui ad justítiam erúdiunt multos quasi stellæ in perpétuas æternitátes. Allelúja.

Post Septuagesimam, omissis Allelúja et Versu sequenti, dicitur:
Tractus. Ps. 91, 2, 3 et 5. Bonum est confitéri Dómino: et psállere nómini tuo, Altíssime.
℣. Ad annuntiándum mane misericórdiam tuam, et veritátem tuam per noctem.
℣. Qui deléctásti me, Dómine, in factúra tua, et in opéribus mánuum tuárum exsultábo.
 
✠ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum.
Matth. 5, 13-19.
    
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Vos estis sal terræ. Quod si sal evanúerit, in quo saliétur? Ad níhilum valet ultra, nisi ut mittátur foras, et conculcétur ab homínibus. Vos estis lux mundi. Non potest cívitas abscóndi supra montem pósita. Neque accéndunt lucérnam, et ponunt eam sub módio, sed super candelábrum, ut lúceat ómnibus qui in domo sunt. Sic lúceat lux vestra coram homínibus, ut vídeant ópera vestra bona, et gloríficent Patrem vestrum, qui in cœlis est. Nolíte putáre, quóniam veni sólvere legem aut prophétas: non veni sólvere, sed adimplére. Amen, quippe dico vobis, donec tránseat cœlum et terra, jota unum aut unus apex non præteríbit a lege, donec ómnia fiant. Qui ergo solvent unum de mandátis istis mínimis, et docúerit sic hómines, mínimus vocábitur in regno cœlórum: qui autem fécerit et docúerit, hic magnus vocábitur in regno cœlórum.
 
Credo.
 
Offertórium. Ps. 72, 28. Mihi autem adhærére Deo bonum est, pónere in Dómino Deo spem meam: ut annúntiem pmnes prædicatiónes tuas in portis fíliæ Sion, allelúja.
 
SECRETA
Hóstias tibi, Dómine, in odórem suavitátis offérimus: et præsta; ut, beáti Robérti mónitis et exémplis edócti, per sémitam mandatórum tuórum dilatáto corde currámus. Per Dóminum.
 
Communio. Matth. 5, 14, 16. Vos estis lux mundi: sic lúceat lux vestra coram homínibus, ut vídeant ópera vestra bona, et gloríficent Patrem vestrum qui in cœlis est, allelúja.
    
POSTCOMMUNIO
Sacraménta, quæ súmpsimus, Dómine Deus noster, in nobis fóveant caritátis ardórem: quo beátus Robértus veheménter accénsus, pro Ecclésia tua se júgiter impendébat. Per Dóminum.

jueves, 22 de febrero de 2018

EVITAR LAS BIBLIAS HERÉTICAS

«Las escrituras de los herejes son escrituras de muerte y testimonio infernal, similares a aquella carta que portaba Urías Heteo (II Reg. 11, 15-16), y que no contenía otra cosa que su condena a muerte».
  
SAN ROBERTO BELARMINO SJ. Gran Catecismo de la Doctrina Cristiana, cap. 6: De la gloria de los milagros.