Vexílla Regis

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LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

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NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

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ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

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domingo, 25 de octubre de 2015

ACTO DE CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, COMPLETO Y VERDADERO

Esta oración de consagración al Sagrado Corazón de Jesús fue escrita por el Papa León XIII en 1899, junto con la Encíclica "Annum Sacrum"; y el Papa Pío XI ordenó que esta consagración se rezase el último Domingo de Octubre (Día de Nuestro Señor Jesucristo Rey). Además, es la AUTÉNTICA Y COMPLETA oración consagratoria al Sagrado Corazón, porque no sólo traemos el original en Latín (como fuera publicada en las Actas de la Sede Apostólica en 1927), sino también porque muchos sitios publican la traducción de la oración mutilada por la secta deuterovaticana el 18 de Julio de 1959 (eliminando la súplica por la conversión de los paganos y musulmanes, y la conversión de los judíos) para hacerla "ecuménica" y "políticamente correcta". Y como Católicos Sedevacantistas, hemos de asumir la Verdad totalmente y difundirla, como efectivamente hemos resuelto hacer.
   
ACTUS CONSECRATIÓNIS HUMÁNI GÉNERIS AD SACRATÍSSIMI CORDIS JESU
 
Jesu dulcíssime, Redémptor humáni géneris, réspice nos ad altáre (Extra ecclesiam vel oratorium, dicitur: ante conspéctum) tuum humíllime provolútos. Tui sumus, tui esse vólumus; quo autem tibi conjúncti fírmius esse possímus, en hódie sacratíssimo Cordi tuo se quisque nostrum sponte dédicat. Te quidem multi novére nunquam; te, spretis mandátis tuis, multi repudiárunt. Miserére utrorúmque, benigníssime Jesu, atque ad sanctum Cor tuum rape univérsos. 
  
Rex esto, Dómine, nec fidélium tantum qui nullo témpore discessére a te, sed etiam prodigórum filiórum qui te reliquérunt: fac hos, ut domum patérnam cito répetant, ne miséria et fame péreant. 

Rex esto eórum, quos aut opiniónum error decéptos habet, aut discórdia separátos, eósque ad portum veritátis atque ad unitátem fídei révoca, ut brevi fiat unum ovíle et unus pastor. 
 
Rex esto, eórum ómnium, qui in ténebris idololatríæ aut islamísmi adhuc versántur, eósque in lumen regnúmque tuum vindicáre ne rénuas. 
  
Réspice dénique misericórdiæ óculis illíus gentis fílios, quæ támdiu pópulus eléctus fuit: et Sanguis, qui olim super eos invocátus est, nunc in illos quoque redemptiónis vitǽque lavácrum descéndat. 
  
Largíre, Dómine, Eccléssiæ tuæ secúram cum incolumitáte libertátem; largíre cunctis géntibus tranquillitátem órdinis; pérfice, ut ab utróque terræ vértice una résonet vox: “SIT LAUS DIVÍNO CORDI, PER QUOD NOBIS PARTA SALUS: IPSI GLÓRIA ET HONOR IN SǼCULA”. Amen.
  
ACTO DE CONSAGRACIÓN DEL GÉNERO HUMANO AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
    
Jesús, dulcísimo Redentor del género humano, míranos postrados humildemente delante de tu Altar (Fuera de la iglesia o el oratorio, decir: ante tu Presencia); tuyos somos y tuyos queremos ser, y a fin de estar más firmemente unidos a ti, he aquí que, hoy día, cada uno de nosotros se consagra espontáneamente a tu Sagrado Corazón.
  
Muchos, Señor, nunca te conocieron; muchos te desecharon al quebrantar tus Mandamientos; compadécete, Jesús, de los unos y de los otros, y atráelos a todos a tu Santo Corazón. Sé Rey, ¡Señor!, no sólo de los fieles que jamás se separaron de ti, sino también de los hijos pródigos que te abandonaron; haz que vuelvan pronto a la casa paterna, no sea que perezcan de miseria y de hambre.
  
Sé Rey de aquéllos a quienes engañaron opiniones erróneas y desunió la discordia; tráelos al puerto de la Verdad y a la unidad de la Fe, para que luego no quede más que un solo Rebaño y un solo Pastor.
  
Sé Rey de los que aún siguen envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo. A todos dígnate atraerlos a la luz de tu Reino.
  
Mira, finalmente, con ojos de misericordia, a los hijos de aquel pueblo, que en otro tiempo fue tu predilecto; que también descienda sobre ellos, como bautismo de redención y vida, la sangre que reclamó un día contra sí.
  
Concede, Señor, a tu Iglesia incolumidad y libertad segura, otorga a todos los pueblos la tranquilidad del orden; haz que del uno al otro polo de la tierra resuene esta sola aclamación: “ALABADO SEA EL DIVINO CORAZÓN, POR QUIEN HEMOS ALCANZADO LA SALUD; A ÉL GLORIA Y HONOR, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS”. Así sea.
 
El Papa Pío XI, en Audiencia concedida al Cardenal de la Sagrada Penitenciaría Apostólica el 16 de Julio de 1926, concedió 300 días de Indulgencia a cuantos rezaren devotamente esta oración. Indulgencia plenaria al mes, con las condiciones de rigor, cuando se rece durante un mes. También se obtiene la Indulgencia plenaria en el Día de Nuestro Señor Jesucristo Rey, el último Domingo de Octubre.

sábado, 3 de octubre de 2015

CONSAGRACIÓN A LA SANTA FAZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, ESCRITA POR SANTA TERESITA DEL NIÑO JESÚS

"Del mismo modo que, en un reino, se consigue todo lo que uno desea con la efigie del príncipe, así con la pieza preciosa de mi santa humanidad, que es mi adorable Faz, obtendrás todo cuanto desees". (Nuestro Señor a Sor María de San Pedro, OCD)
 
Imagen de la Santa Faz pintada por sor Genoveva de la Santa Faz (hermana de Santa Teresita del Niño Jesús), según la Sábana Santa de Turín.
  
¡Oh Faz adorable de Jesús!, ya que habéis querido elegir nuestras almas de manera especial para entregaros a ellas, venimos a consagrarlas a Vos...
  
Nos parece, Jesús, oír que nos decís: "Abridme, hermanas mías, esposas mías queridísimas, que tengo la Faz cubierta de rocío y los cabellos del relente de la noche" (Cant., V, 2). Nuestras almas comprenden vuestro lenguaje de amor, nosotros queremos enjugar vuestra dulce Faz y consolaros del olvido de los malvados. A sus ojos, ¡Vos estáis todavía escondido, os consideran como objeto de desprecio! (Is., LIII, 3)...
  
¡Oh Faz más bella que los lirios y las rosas de primavera, Vos no estáis escondida a nuestros ojos!... Las lágrimas que velan vuestra mirada divina nos parecen diamantes preciosos que queremos recoger para con su valor infinito comprar las almas de nuestros hermanos.
   
De vuestra boca adorada hemos escuchado la amorosa queja. Y sabiendo que la sed que os consume es una sed de amor, ¡quisiéramos, para poder apagárosla, poseer un amor infinito!...
   
Esposo amadísimo de nuestras almas, si tuviésemos el amor de todos los corazones, todo ese amor sería para Vos... Pues bien, dadnos ese vuestro amor y venid a apagar vuestra sed en tus pobres esposas...
  
¡Almas, Señor, tenemos necesidad de almas!..., sobre todo de almas de apóstoles y de mártires, para que gracias a ellas podamos iluminar con vuestro Amor a la multitud de los pobres pecadores.
  
¡Oh Faz adorable, lograremos alcanzar de Vos esta gracia! Olvidándonos de que estamos desterradas junto a los canales de Babilonia, os cantaremos al oído las más dulces melodías, y como Vos sois la verdadera, la única Patria de nuestros corazones, esos nuestros cantos no serán cantados en tierra extranjera (Ps. CXXXVI, 4).
  
¡Oh Faz adorada de Jesús!, mientras esperamos el día eterno en que contemplaremos vuestra gloria infinita, nuestro único deseo es encantar vuestros divinos ojos escondiendo también nosotras nuestro rostro para nadie aquí en la tierra pueda reconocernos... Vuestra mirada velada: he ahí nuestro cielo, ¡oh Jesús!

viernes, 22 de agosto de 2014

CARTA APOSTÓLICA "Sacro Vergente Anno", CONSAGRANDO RUSIA AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

"El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo un tiempo de paz". (Nuestra Señora de Fátima)

Pío XII, obedeciendo el llamado que Nuestra Señora hiciera en Fátima, consagró Rusia al Inmaculado Corazón de María; y aunque, 62 años después, Rusia aún no se ha convertido a la Fe Católica (lo cual sucederá en la Parusía), ha pasado de una dictadura del comunismo ateo a ser una nación defensora de la Cristiandad; o dicho de otra forma, Rusia fue convertida a la paz.
  
SACRO VERGENTE ANNO
    
Carta Apostólica a los pueblos de Rusia: su consagración al Corazón Inmaculado de María
   
Pío XII
   
Venerables Hermanos: Salud y bendición apostólica
  
1. Súplicas de realizar la consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María.
   
Cuando el Año Santo iba felizmente a terminar, después que por designios divinos, Nos fue dado el definir solemnemente el dogma de la Asunción en alma y cuerpo al Cielo de la gran Madre de Dios la Virgen María, fueron muchísimos los que, desde todas las partes del mundo Nos manifestaron su vivísima alegría; entre éstos no faltaron quienes al dirigirnos cartas de agradecimiento, suplicaran insistentemente que, en las tribulaciones del momento presente, consagráramos todo el pueblo de Rusia al Corazón Inmaculado de la misma Virgen María.
    
2. Agrado del Papa por ello y su benevolencia al pueblo ruso.
    
Tal súplica Nos fue sumamente grata, ya que si bien Nuestro afecto paternal abraza a todos los pueblos, se dirige en modo particular a los que, no obstante estar separados de esta Sede Apostólica en gran parte por vicisitudes históricas, conservan todavía el nombre cristiano, y se encuentran en condiciones tales que no sólo es dificilísimo el escuchar Nuestra voz y conocer las enseñanzas de la doctrina católica, sino que son inducidos con engañosas y perniciosas artes a rechazar hasta la fe y el nombre mismo de Dios.
   
Apenas fuimos elevados al Pontificado Supremo, Nuestro pensamiento voló hacia vosotros, que formáis un inmenso pueblo, insigne en la historia por sus gloriosas empresas, su amor patrio, su laboriosidad y sobriedad, su piedad, para con Dios y con la Virgen María.
     
3. Plegarias del Papa por Rusia.
     
No hemos cesado jamás de elevar Nuestras súplicas a Dios para que os asista siempre con su luz y con su ayuda divina y os conceda a todos poder alcanzar, junto con una justa prosperidad material, aquella libertad mediante la cual cada uno de vosotros pueda defender la propia dignidad humana, conocer las enseñanzas de la verdadera religión y dar a Dios el debido culto, no sólo en lo íntimo de la propia conciencia, sino incluso abiertamente, en las actividades de la vida pública y privada.
       
4. Benevolencia de los Predecesores.
   
Por lo demás, bien sabéis que Nuestros Predecesores, cada vez que les fue posible, no tuvieron más empeño que manifestaros su benevolencia y daros su ayuda. Sabéis que los Apóstoles de los eslavos occidentales, los santos Cirilo y Metodio, que junto con la religión cristiana llevaron a los antepasados de aquellos incluso la civilización, se dirigieron a esta ciudad para que la obra de su apostolado fuese avalada por la autoridad de los Romanos Pontífices. Y mientras ellos entran en Roma, Nuestro Predecesor Adriano II, de feliz memoria, sale a su encuentro tributándoles grandes honores, acompañado del clero y del pueblo[1]; y después de aprobada y alabada su labor, no sólo los eleva al Episcopado, sino que él mismo quiere consagrarlos Obispos con la solemne majestad de los ritos sagrados.
   
5. En el siglo X.
     
Por lo que toca a vuestros antepasados, los Romanos Pontífices buscaron, cada vez que las circunstancias lo permitieron, el modo de trabar y consolidar con ellos lazos de amistad. Así en el año 977 Nuestro Predecesor Benedicto VII, de feliz memoria, mandó sus legados al príncipe Jarpolk, hermano del célebre Wladimiro y Nuestros Predecesores Juan XV en el año 991 y Silvestre II en el 999 enviaron legaciones al mismo gran príncipe Wladimiro, bajo cuyos auspicios resplandecieron por vez primera entre vuestra gente el nombre y civilización cristiana; a lo que el mismo Wladimiro correspondió cortésmente mandando a su vez legados a dichos Romanos Pontífices. Es digno de notar que en el tiempo en que este príncipe llevó sus pueblos a la Religión de Jesucristo, la cristiandad oriental y occidental estaban unidas bajo la autoridad del Romano Pontífice, como Jefe supremo de toda la Iglesia.
   
6. En el siglo XI.
    
Más aún, no muchos años después, es decir en 1075, vuestro príncipe Isjaslav mandó al Sumo Pontífice Gregorio VII su propio hijo Jaropolk; y éste Predecesor Nuestro de inmortal memoria, escribió así a dicho príncipe y a su augusta consorte: Mientras, vuestro hijo visitaba los sagrados sepulcros de los Apóstoles, vino a vernos, y dado que quería obtener aquel reino de Nuestra mano como un don de San Pedro, habiendo hecho profesión de fidelidad a San Pedro, príncipe de los Apóstoles, lo pidió con devotas súplicas asegurando sin duda alguna que su petición sería ratificada y confirmada por vos en el caso que hubiera obtenido el favor y la protección de la autoridad apostólica. Como estos deseos y estas peticiones parecían legítimas, tanto por vuestro consentimiento como por la devoción del solicitante, Nos las hemos acogido finalmente, y le hemos entregado de parte de San Pedro el gobierno de vuestro reino, con esta intención y este vehemente deseo, que el bienaventurado Pedro, con su intercesión ante Dios guarde a vos, a vuestro reino y a todas vuestras cosas, y haga que poseáis dicho reino con toda paz e incluso con honor y gloria hasta el fin de vuestra vida[2].
   
7. En los siglos posteriores.
    
Del mismo modo se ha de notar y tener muy en cuenta que Isidoro, Metropolita de Kiev, en el Concilio Ecuménico de Florencia, firmó el decreto que sancionaba solemnemente la unión de la Iglesia Oriental y Occidental bajo la autoridad del Romano Pontífice; y esto valió para toda su Provincia Eclesiástica, es decir para el entero reino de Rusia; sanción de unidad a la que él, por su parte permaneció fiel hasta el fin de sus días.
   
Pero si entretanto y en lo sucesivo, por motivo de un conjunto de circunstancias adversas, se hicieron más difíciles las comunicaciones de una y otra parte, y por consiguiente más dificultosa también la unión de los espíritus —aunque hasta el 1448 no haya ningún documento público que declare a vuestra Iglesia como separada de la Sede Apostólica— ; sin embargo en líneas generales esto no se ha de atribuir al pueblo eslavo, ni ciertamente a Nuestros Predecesores, los cuales siempre trataron con paternal afecto a esos pueblos y, cuando les fue posible, se preocuparon de protegerlos y ayudarlos a toda costa.
        
8. La ayuda material en nuestros tiempos.
         
Dejando a un lado no pocos otros documentos históricos en los que aparece la benevolencia de Nuestros Predecesores hacia vuestra nación, no podemos menos de aludir brevemente a lo que hicieron los Sumos Pontífices Benedicto XV y Pío XI, cuando, después del conflicto europeo, ingentes multitudes de hombres, mujeres, inocentes niños y niñas, especialmente en las regiones meridionales de vuestra patria, se vieron azotados por una terrible carestía y sumidos en tremenda miseria. Ellos en efecto, movidos por afecto paterno hacia vuestros compatriotas, enviaron a esas poblaciones víveres, vestidos y gran cantidad de dinero recogido entre los católicos, para ir en ayuda de todos aquellos hambrientos e infelices y poder aliviar de algún modo sus calamidades.
       
9. Ayuda espiritual.
    
Pero Nuestros Predecesores, según sus posibilidades, no sólo remediaron las necesidades materiales, sino también las espirituales; en efecto, no contentándose con elevar oraciones al Padre de las misericordias y fuente de todo consuelo[3] por vuestra situación religiosa, tan agitada y perturbada, ya que los enemigos de Dios pretenden arrancar de las almas la fe y la noción misma de la Divinidad, quisieron además que se hiciesen oraciones públicas. Y así el Sumo Pontífice Pío XI, en el año 1930, mandó que en el día de san José Patrón de la Iglesia Universal fuesen elevadas a Dios oraciones públicas en la Basílica Vaticana por las desgraciadas condiciones de la Religión en Rusia[4] y él mismo quiso estar presente, rodeado por una numerosísima y piadosa multitud de pueblo. Además, en la solemne Alocución Consistorial exhortó a todos con estas palabras: Es necesario rogar a Cristo Redentor del género humano, para que se restituya la paz y la libertad de profesar la fe a los infelices hijos de Rusia: y queremos que por esta intención, es decir por Rusia, se recen las oraciones que Nuestro Predecesor León XIII, de feliz memoria, impuso a los sacerdotes para recitarlas con pueblo después de la Santa Misa: los obispos y el clero secular y regular pongan gran cuidado en inculcar esto a los fieles, o a los que asistan a la Misa y no dejen de recordárselo frecuentemente.[5]
      
10. La acción de Pío XII.
        
Nos de buen grado confirmamos y renovamos esta exhortación y esta orden, desde el momento que la situación religiosa actual entre vosotros no ha mejorado ciertamente, y porque Nos sentimos animados del mismo vivísimo afecto y de los mismos cuidados hacia esas gentes.
    
Cuando estalló el último tremendo y largo conflicto hicimos todo lo que estaba en Nuestras manos, con la palabra, con exhortaciones, con obras para que las discordias fuesen compuestas con una equitativa y justa paz, y para que todos los pueblos, sin diferencia de estirpes, se unieran amigable y fraternalmente, y colaborasen juntos por alcanzar una mayor prosperidad. Jamás, incluso en aquel tiempo, salió de Nuestra boca una palabra que pudiera parecer injusta o dura para ninguno de los beligerantes. Hemos reprobado ciertamente, como se debía hacer, cualquier injusticia o cualquier violación del derecho; pero esto lo hicimos de manera que evitásemos con toda diligencia cuanto podía convertirse, aunque injustamente, en motivo de aflicciones mayores para los pueblos oprimidos. Y cuando desde alguna parte se presionaba para que Nos de algún modo, o de palabra o por escrito, aprobásemos la guerra emprendida contra Rusia en el año 1941, jamás consentimos hacerlo, como claramente dijimos el 25 de febrero de 1946, en el discurso pronunciado delante del Sacro y de todas las misiones diplon acreditadas ante la Santa Sede.[6]
       
11. Respeto del Papa por todas las naciones
        
Cuando se trata de defender causa de la Religión, de la verdad, de la justicia y de la civilización cristiana, no podemos callar ciertamente; sin embargo Nuestros pensamientos y Nuestras intenciones están siempre dirigidos a este fin, a saber, que no con la violencia de las armas, sino con la majestad del derecho se gobierne a todos los pueblos, y que cada uno de ellos, poseyendo la libertad civil y religiosa dentro de los límites de la propia Patria, sea conducido hacia la concordia, la paz y la vida de trabajo, de la que cada uno de los ciudadanos pueda obtener cuando le es necesario para alimentación, la habitación, el sustentamiento y gobierno de la propia familia. Nuestras palabras y nuestras exhortaciones se refirieron y se refieren a todas las naciones, y por consiguiente también a vosotros, que siempre habéis estado presentes en Nuestro corazón y cuyas necesidades y calamidades deseamos aliviar según permitan Nuestras fuerzas.
    
12. Amor universal del Papa, pese a los ataques.
       
Los que no aman la mentira sino la verdad saben que durante todo el curso del reciente conflicto Nos hemos demostrado imparciales con todos los beligerantes, y de ello frecuentemente hemos dado pruebas con las palabras y con las obras, y hemos abarcado en Nuestra ferventísima caridad a todas las Naciones, aun a aquellas cuyos gobernantes se profesan enemigos de esta Sede Apostólica, y a aquellas también en las que los enemigos de Dios, combaten fieramente todo lo que tiene algo de cristiano y de divino, y buscan el borrarlo de las almas de los ciudadanos. En efecto, por mandato de Jesucristo, que encomendó la entera grey del pueblo cristiano a San Pedro, Príncipe de los Apóstoles[7], del cual somos indignos Sucesores, Nos amamos con intenso amor a todos los pueblos y deseamos buscar la prosperidad terrena y la salud eterna de cada uno. Todos, por lo tanto, bien estén en guerra con las armas, o en desacuerdo por graves disensiones, son considerados por Nos como hijos iguales queridísimos; y no deseamos otra cosa, no pedimos al Señor con la oración más que la mutua concordia, la justa y verdadera paz, y una prosperidad cada vez mayor.
      
Mas bien, si algunos, engañados por las mentiras y las calumnias, Nos profesan abierta hostilidad, Nos estamos animados hacia ellos de una mayor compasión y de un más ardiente afecto.
  
13. A pesar de las calumnias, ama a los que yerran y condena el error.
     
Hemos condenado sin duda y rechazado, como exige el deber de Nuestro oficio, los errores que los partidarios del comunismo ateo enseñan y se esfuerzan en propagar con sumo daño para los ciudadanos; pero a los errantes, en vez de rechazarlos, les deseamos que vuelvan a la verdad y sean conducidos de nuevo al camino recto. Hemos puesto de manifiesto y reprobado estas mentiras, que frecuentemente se presentaban bajo falsas apariencias de verdad, precisamente porque sentimos hacia vosotros afecto de padre y buscamos vuestro bien. Nos, en efecto, tenemos la firme certeza que de estos errores no pueden sobreveniros sino grandísimos daños, porque no sólo quitan de vuestras almas la luz sobrenatural y los supremos consuelos que provienen de la piedad y del culto a Dios, sino que incluso os despojan de la dignidad humana y de la libertad debida a los ciudadanos.
    
14. El pueblo ruso conserva la fe y su amor a María.
      
Sabemos que muchos de vosotros conservan la fe cristiana en el santuario íntimo de la propia conciencia, que en ninguna forma se dejan inducir a favorecer a los enemigos de la Religión, sino que antes bien desean ardientemente profesar las enseñanzas cristianas, únicos y seguros fundamentos de la sociedad civil, no solamente en privado, sino que, si fuera posible, incluso en público, como conviene a personas libres. Y sabemos aún, con suma esperanza Nuestra y grandísimo consuelo, que amáis y honráis a la Virgen María Madre de Dios con ferventísimo afecto y que veneráis sus sagradas imágenes. Sabemos que en el Kremlin mismo se construyó un templo, hoy desgraciadamente cerrado al culto divino, dedicado a la Asunción de María Santísima a los Cielos; lo que es una prueba clarísima del amor que vuestros antepasados y vosotros tenéis a la Gran Madre de Dios.
      
15. La salvación por María.
       
Ahora bien, Nos sabemos que no puede faltar la esperanza de salvación allí donde las almas se dirigen con sincera y ferviente piedad a la Santísima Madre de Dios. De hecho, por mucho que se esfuercen los hombres, por impíos y poderosos que sean, en extirpar de los corazones de los ciudadanos la santa Religión y la virtud cristiana, por más que Satanás mismo busque el fomentar con toda clase de medios esta lucha sacrílega, según la sentencia del Apóstol de las Gentes: ...no tenemos que combatir contra la carne y la sangre, sino contra los príncipes y las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos...[8]; sin embargo, si María interpone su poderoso patrocinio, las puertas del infierno no podrán prevalecer[9]. Ella, en efecto, es la afabilísima y poderosísima Madre de Dios y de todos nosotros, y jamás se ha oído en el mundo que alguien haya recurrido suplicante a Ella y no haya probado su poderosísima intercesión. Continuad, por tanto, como estáis acostumbrados, a venerarla con ferviente piedad, a amarla ardientemente y a invocarla con estas palabras, que os son familiares: A tí únicamente ha sido concedido, Santísima y Purísima Madre de Dios, de ser siempre escuchada[10].
      
16. Plegaria para que se restaure en Rusia la fe y el bienestar.
     
Nos también junto con vosotros elevamos a Ella Nuestras oraciones suplicantes para que la verdad cristiana, decoro y sostén de la convivencia humana se refuerce y vigorice entre los pueblos de Rusia, y todos los engaños de los enemigos de la Religión, todos sus errores y falaces artes sean rechazados y alejados de vosotros; para que las costumbres públicas y privadas vuelvan a estar conformes con las normas evangélicas; para que especialmente aquellos que de entre vosotros se profesan católicos, aunque privados de sus Pastores, resistan con intrépida fortaleza a los asaltos de la impiedad, si es necesario, hasta llegar a morir; para que la justa libertad que conviene a la persona humana, a los ciudadanos y a los cristianos les sea restituida a todos, como a ello tienen derecho, y en primer lugar les sea devuelta la Iglesia que tiene el mandato divino de instruir a los hombres en las verdades religiosas y en la virtud; y finalmente para que la verdadera paz resplandezca vuestra queridísima Nación y en toda la humanidad y que esta paz, fundada en la justicia y alimentada por la caridad, dirija a todas las gentes a aquella prosperidad común de individuos y pueblos que proviene de la concordia de los espíritus.
     
17. Por la intercesión de María.
      
Dígnese Nuestra amorosísima Madre mirar también con ojos benignos a aquellos que organizan las formaciones de ateos militantes y dan todo género de ayuda a sus iniciativas. Quiera Ella iluminar sus mentes con la luz que viene de lo alto y dirigir con la gracia divina sus corazones hacia la salvación.
   
18. Consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María.
     
Nos, por tanto, para que Nuestras oraciones y las vuestras sean escuchadas más fácilmente y para daros una prueba especial de Nuestra particular benevolencia, lo mismo que hace pocos años consagramos todo el mundo al Corazón Inmaculado de la Virgen Madre de Dios, así ahora, de manera especialísima, consagramos todos los pueblos de Rusia al mismo Corazón Inmaculado, en la firme confianza de que con el poderosísimo patrocinio de la Virgen María se realizarán cuanto antes los votos que Nos, vosotros, y todos los buenos formulan por una verdadera paz, por una concordia fraternal y por la debida libertad para todos y en primer lugar para la Iglesia; de forma que, mediante la oración que Nos elevamos junto con vosotros y con todos los cristianos, el Reino salvador de Cristo, que es el Reino de verdad y de vida, Reino de santidad y de gracia, Reino de justicia, de amor y de paz[11] triunfe y se consolide establemente en todas las partes de la tierra.
   
19. Plegaria a la Virgen.
      
Con oración suplicante rogamos a la misma clementísima Madre que asista a cada uno de vosotros en las presentes calamidades y obtenga de su Divino Hijo para vuestras mentes la luz del Cielo e impetre para vuestras almas la virtud y la fortaleza, mediante las cuales, sostenidos por la gracia divina, podáis triunfar victoriosamente de la impiedad y del error.
  
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 7 de julio de 1952, fiesta de los Santos Cirilo y Metodio, año 14 de Nuestro Pontificado. Pío XII.
   
NOTAS
  
[1] Leon XIII, Encíclica "Grande Munus", 30-9-1880, Act. Leomis XIII, vol. II, p. 129; A. S. S.13, 145
[2] Registrum Gregorii VII 1, 2 n. 74. In. Monum. German Histor. Epistol. select. II, 1, pag.
[3] Véase II Corint. 1, 3
[4] Pío XI, Alocución Consistorial "Indictam ante catholico orbi'', 30-VI-1930, en la creación y publicación de los nuevos cardenales; A. A. S. 22 (1930) 300
[5] Pío XI, Alocución Consistorial véase nota (4); A. A. S. 22 (1930) 301.
[6] Pío XII, Alocución Respuesta al Embajador de Portugal, Antonio Carneiro-Pacheco en presencia del Sacro Colegio de Cardenales; "L'élévation des pensées" 25-11-1946; A. A. S. 38 (1946).
[7] Véase San Juan 21, 15-17.
[8] Efes. 6, 12.
[9] San Mateo 16, 18.
[10] Akathistos de la fiesta de Patrocinio de la Santísima Madre de Dios, Kontakion 3, "Akathistos" es un himno mariano alfabético de gran valor poético, en la Liturgia de la Iglesia griega del día sábado antes del 5º Domingo Cuaresmal. El autor es, probablemente, el patriarca Sergio, quien lo compuso en acción de gracias por la salvación de los bárbaros Avaros (año 636)
[11] Prefacio de la fiesta de Cristo Rey

jueves, 2 de enero de 2014

HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS, POR EL PADRE MATEO CRAWLEY-BOEVEY (del mes de Enero)

Desde MILES CHRISTI
  
HORA SANTA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
  
  
II Enero
  
He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres... Contempladlo, hijos míos, saciado de oprobios, en esta Hostia en que Él palpita, entre incendios de caridad, por vosotros... ¡sólo por vosotros! Y no pudiendo soportar por más tiempo los ardores que lo consumen, ha querido entregarlo al mismo mundo que lo tiene atravesado con el dardo de la ingratitud del dolor... Éste es el supremo y último recurso de mi redención...
  
Aquí tenéis mi Corazón: os lo doy, os lo entrego sin reservas, en cambio del vuestro pecador e ingrato... ¡Oh, tengo sed, inmensa sed de ser amado, en este Sacramento del Altar... En él he sido hasta ahora el Rey del silencio, el Monarca del olvido... Pero ha llegado la hora de mis triunfos... Vengo a reconquistar la tierra... Sí, he de subyugarla, mal que pese al infierno, y la salvaré por la omnipotencia de mi Corazón. Aceptádmelo, os lo ruego... tendedme las manos y el alma para recibir este supremo don de mi misericordia redentora... Fuego vengo a traer a la tierra, fuego de vida, de amor sin límites, fuego de santidad, fuego de sacrificio, y ¿qué he de querer sino que arda?...
  
Poned los ojos en mi pecho herido... ahí tenéis el Corazón que os ha amado hasta los abatimientos de Belén... y más; hasta las humillaciones y oscuridades de Nazaret... mucho más aún; hasta las agonías afrentosas del Calvario... Es éste el mismo Corazón que dejó de latir en el Gólgota, sí, el mismo, que sigue amando en la hoguera inextinguible del altar... de la santa Eucaristía.
  
¡Y vosotros no me amáis! Por esto estoy triste hasta la muerte...
  
Por esto, me apena hasta la agonía que la viña de mis amores haya producido las espinas que circundan mi divino Corazón... Arrancádmelas en esta Hora Santa y amorosa, en esta hora feliz para vosotros, y también para este Dios-Cautivo, que brinda amor, que espera amor, que pide amor en el Sagrario. Desfallezco de caridad... acercaos y sostenedme en esta agonía sacramental de veinte siglos... ¡Sed mis ángeles consoladores!...
  
¡Os amo tanto, tanto..., y no me amáis bastante vosotros mis amigos, vosotros mis favorecidos!... ¡Ay! Y el mundo desconoce todas mis finezas... rechaza mis ternuras... malgasta y profana mis misericordias...
  
¡Estoy triste hasta la muerte..., venid, éste es el Corazón que jamás dejó de amaros... venid, aceptadlo en prenda de resurrección! Hijos míos, venid y dadme en cambio del mío vuestros corazones, vuestras almas, vuestras vidas, vuestras penas y alegrías... ¡Oh, sed todo míos!... ¡Y todos!... Os perdono... ¡pero amadme!... ¡Decídmelo de una vez... decidme que soy vuestro Rey y que aceptáis reconocidos el don incomparable de mi Sagrado Corazón!...
  
(Pausa)
  
(Somos indignos de ese don; humillémonos, y puesto que tan grande es su misericordia, reclamémosle el obsequio celestial que nos ofrece para santificarnos y darle gloria).
  
LAS ALMAS: Señor Jesús, no aguardes que, cediendo a tu reclamo, te ofrezcamos nuestros corazones pobrecitos... no. Tómalos, pues, que son tuyos; ¡ah, pero en cambio, danos para siempre tu Divino Corazón!
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
Por amor a la Virgen María, dánoslo, Jesús, en las horas de fervor, cuando sintamos los deseos vehementes de amar y de sufrir como los santos.
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
Por amor a San Juan, dánoslo, Jesús, en las horas tan contadas de paz, y cuando disfrutemos de la dulce tranquilidad de una conciencia pura... o perdonada...
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
Por amor a tus tres amigos de Betania, dánoslo, Jesús, en las horas del pesar y la tristeza, cuando caigan sobre nuestras almas las tormentas del dolor...
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
Por amor a los Apóstoles predestinados del Tabor y de Getsemaní, dánoslo, Jesús, en las horas de la exaltación o de la prueba...
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
Por amor a la arrepentida Magdalena y a las hijas compasivas de Jerusalén, dánoslo, Jesús, en las horas de flaqueza humana o cuando nos solicita la gracia del remordimiento...
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
Por amor a la obra de tu Iglesia, dánoslo, Jesús, en las horas del combate, cuando ella nos reclame el tributo de nuestro celo y también de nuestro sacrificio...
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
Por amor a los santos Bernardo, Agustín y Francisco de Sales, Matilde y Gertrudis, precursores felices de esta admirable devoción, dánoslo, Jesús, en las horas de las resoluciones, cuando Tú te acercas en demanda de mayor fervor...
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
Por amor a tu Esposa y primera apóstol, Margarita María, dánoslo, Jesús, en todos los momentos de la vida, y sobre todo en el trance final de nuestra muerte...
(Todos en voz alta) Danos para siempre tu Divino Corazón.
  
¡Oh, sí!, entréganos tu Corazón como una vida, como un oasis, como un cielo... Y, aunque no lo merezcamos, confíanos, Jesús, con él todos sus tesoros de luz, de paz, de fortaleza, pues en este santuario divino queremos aprender a amarte... y a darte gloria... ¡Jesús, nos diste ya tu Cruz..., nos diste tu Madre... nos diste tu Sangre... danos ahora para siempre, Señor, danos, desde el destierro, el paraíso de tu Corazón! Con él, no ambicionamos ya nada más en el cielo ni en la tierra...
  
(Pausa)
  
(Pedidle gracia de fidelidad y gracia de generosidad para pagar al Señor el don incomparable de su Corazón... Rogadle que esta Hora Santa os traiga una nueva luz, una gran luz, para apreciar la amabilidad y largueza infinitas de un Dios, que os ofrece la fuente de su propia vida; para daros nueva vida... Humillémonos, confundámonos... y sobre todo, amemos a Aquel que nos ha amado tanto... Oigamos su voz...)
  
JESÚS: Me llamáis Señor y Maestro, y decís, verdad, porque efectivamente lo soy... ¡Pero aquí, en el Sagrario..., me siento feliz, hecho esclavo del hombre por amor del hombre ingrato!... Y al darme a vosotros, al llamaros ante mi altar... al solicitar vuestro cariño... al obsequiaros mi Sagrado Corazón... ¡ah! Yo que soy Señor del cielo y Maestro de la tierra, busco mi satisfacción y mi consuelo entre vosotros, flores del campo... arenas del desierto... Yo os amo... pero tanto... ¡tanto!... que me he creado una necesidad divina de vosotros... Sin vosotros, que me habéis ofendido... sin vosotros que me habéis olvidado... sin vosotros, que me habéis pospuesto a las vulgaridades de la tierra... sin vosotros, hijos pródigos de mi hogar, ¡Yo, Jesús, no podría vivir!... Mi cielo, sin vosotros, los redimidos de sangre, mi cielo... sería el destierro del Hijo del Hombre, si yo no tuviera por diadema de amor a esos mismos hombres. ¡Me costasteis tanto!
  
Reconocedlo así vosotros, los mejores del rebaño, confesádmelo en esta Hora Santa, porque el mundo no quiere persuadirse que lo amo en tanto grado... Decidme que aceptáis el tesoro de mi Corazón Divino, en obsequio mío, por mi triunfo, por mi gloria, porque Yo, Jesús, el Dios de los Tabernáculos, he creado el corazón humano para descansar en él, para convertirlo en el edén de todas mis delicias... Soy el Dios de la eternidad... y mi Corazón os necesita aquí en el tiempo... ¡Necesito convivir con vosotros mis hermanos!
  
Estoy fatigado... estoy herido y triste, no demoréis, venid con gran amor y brindadme, con fe viva, un hospedaje de ternura, de ardorosa fe, de caridad consoladora en vuestras almas... ¡Soy Jesús... tengo hambre de vosotros... habladme... abridme... amadme!... ¡oh! ¡Amadme sin medida!
  
(A esto cabalmente hemos venido; a hablarle, a abrirle el alma, o dársela encendida en gran amor... ¡Qué confesión la de Jesús; necesitarnos y... constituirse en mendigo de una caridad que le debemos en conciencia!... Respondámosle con una protesta de amor ardiente, apasionado... porque es más bien nuestro corazón quien lo necesita a Él).
  
LAS ALMAS: Al verte tan de cerca y tan benigno, lejos de exclamar como tu apóstol: “Apártate, Señor, aléjate, porque somos miserables pecadores...”, queremos, por el contrario, abalanzarnos a tu encuentro, acortar las distancias y estrechar la dichosa intimidad entre tu Corazón y los nuestros...
  
(Lento y cortado)
   
¡Ven, Jesús... ven a descansar en nuestro amor, cuando los soberbios gobernantes de la tierra maldigan de tu ley y de tu nombre... acuérdate que somos tuyos... que estamos consagrados a la gloria de tu Divino Corazón!...
  
¡Ven, Jesús... ven a descansar en nuestro amor, cuando las muchedumbres agrupadas por Luzbel y lo sectarios, sus secuaces, asalten tu santuario y reclamen tu sangre... acuérdate que somos tuyos... que estamos consagrados a la gloria de tu Divino Corazón!...
  
¡Ven, Jesús... ven a descansar en nuestro amor, cuando gimas por los vituperios y por las cadenas con que ultrajan a tu Iglesia santa los poderosos y aquellos mentidos sabios cuyo orgullo condenaste con dulcísima firmeza... acuérdate que somos tuyos... que estamos consagrados a la gloria de tu Divino Corazón!...
  
¡Ven, Jesús... ven a descansar en nuestro amor, cuando millares de cristianos hagan caso omiso de tu persona adorable... y te lastimen cruelmente con una tranquila prescindencia, que es un puñal de hielo, clavado en tu pecho sacrosanto... acuérdate que somos tuyos... que estamos consagrados a la gloria de tu Divino Corazón!...
  
¡Ven, Jesús... ven a descansar en nuestro amor, cuando tantos buenos y virtuosos te midan con avaricia su cariño, te den con mezquindad aborrecible su confianza... y te nieguen consuelo en sacrificio y santidad... acuérdate que somos tuyos... que estamos consagrados a la gloria de tu Divino Corazón!...
  
¡Ven, Jesús... ven a descansar en nuestro amor, cuando te oprima la deslealtad, cuando te amargue la tibieza de las almas predestinadas, que, por vocación, debieran ser enteramente tuyas siendo santas...; entonces, como nunca, en esa hora de sin par desolación, acuérdate que somos tuyos... torna aquí los ojos atristados, suplicantes... no olvides que estos hijos estamos consagrados para siempre a la gloria de tu Divino Corazón!...
  
Sobre el altar de nuestro sacrificio, por tu gloria, queremos que se cante esta palabra: ¡VIVA TU SAGRADO CORAZÓN... VENGA A NOS TU REINO!
  
(Si sentís remordimiento de alguna falta íntima... de alguna recaída en una culpa, en una falta de generosidad que sabéis le hiere mucho, aprovechad y pedid al Señor Jesús un perdón generoso... Él lo sabe todo... pero quiere nuestra protesta de amor y de arrepentimiento... –Pausa–. No os canséis, volved a oír la voz del dulcísimo Maestro):
  
JESÚS: Todo mi afán, hijitos míos, es veros saborear mi vida... Os la di con mi sangre..., y quiero que la viváis... Os la doy con mi Corazón... que él sea vuestra nueva vida... Lo quiero porque me necesitáis en vuestras debilidades de conciencia... en la flaqueza de vuestros propósitos... en la inconstancia de vuestra caridad... Venid vosotros, los predestinados de mi Eucaristía... ¡Yo soy la Fortaleza!
  
(Lento y cortado)
  
Saboread mi vida; os la doy en mi Corazón, para cuando sintáis el embate de las tentaciones... No desmayéis, no cedáis a las insinuaciones del enemigo de vuestro cielo... sed fuertes, sosteneos en mi gracia, no me abandonéis, para no quedar solos en la lucha por la paz...Venid vosotros los predestinados de mi Eucaristía... Yo soy la recompensa, sólo Yo soy la Victoria. Saboread mi vida: os la doy en mi Corazón, para cuando sintáis el asalto de las creaturas que me disputan vuestro corazón, que quieren apegaros a la tierra, que ambicionan distraeros del pensamiento y del amor de vuestro Dios... Desengañáos, no prestéis oído a este mundo seductor y mentiroso... Resistid con valentía y venid vosotros los predestinados de mi Eucaristía... Yo soy vuestro solo confidente, vuestro Amigo fidelísimo....
  
Saboread mi vida... os la doy en mi Corazón para cuando sintáis el aguijón del remordimiento, cuando os rindáis al peso de vuestros pecados, cuando vuestra gran miseria os acuse y os abrume con pesadumbre de montaña justiciera... Levantaos de esa postración, no lloréis sin esperanza en las caídas de la culpa... pobrecitos, enfermos, pecadores... Venid, sois siempre míos por mi gran misericordia... Venid, sois los predestinados de mi Eucaristía... Yo soy el Perdón de Dios... ¡soy el amor!
  
Saboread mi vida: os la doy en mi Corazón, para que cuando sintáis el nublado espeso de la tristeza y el torcedor de la amargura... ¡Qué triste! ¡Oh, qué sombría e incierta es la vida...! No la maldigáis ni perdáis el tesoro de vuestras lágrimas preciosas... No os acongojéis en demasía, ni gimáis en desamparo y solos... Venid... ¡Oh, venid..., sois los predestinados de mi Eucaristía... no tardéis... Yo soy néctar y bálsamo... Yo soy el Consuelo... me llamo Jesús!
  
(Pausa)
  
(Nos da su Corazón, no sólo para buscarse un consuelo... nos lo da para brindarnos Fortaleza, nueva vida y gran misericordia; nos lo da para nosotros, en beneficio nuestro... Agradeced ese don, reclamadle con fervor para vosotros... conjuradle que os lo guarde en prenda de amor en el tiempo, en la muerte... y en la eternidad).
  
(Pausa)
  
LAS ALMAS: Gracias, Señor Jesús, por la misericordiosa ternura con que, previniendo nuestros males, nos ofreces el remedio prodigioso de tu Corazón... Gracias por la preocupación incomprensible de nuestros intereses que debieras olvidar, en castigo de nuestros propios olvidos y de tantas ofensas... Gracias, Jesús benigno y manso del Sagrario... Mira, en retorno del más íntimo reconocimiento, en desagravio de las ingratitudes ajenas y propias, queremos en esta Hora Santa, nosotros los preferidos de tu grey pequeñita, pensar con ansias de amor en tus sacrosantos intereses... Son tantos los conjurados que traman el complot deicida de la blasfemia, de la negación pública y social de tu realeza... Son tantos los culpables comprometidos, Jesús, en guardar un silencio que te condena con la hipocresía de quien no se digna siquiera nombrarte, o, lo que es más hiriente, de quien aparenta ni siquiera conocerte... Y te azotan... y te despojan... y te escupen... y por razones que llaman de justicia y de paz social, ¡piden tu destierro y decretan tu muerte! ¡No, Soberano del Amor, mil veces no! Aquí congregados como en un cenáculo, vivificados por el fuego del Pentecostés de tu Divina Eucaristía, protestamos de ese deicidio legal de nuestra época; e inflamados por el celo de la gloria de tu causa, te aclamamos Vencedor y Rey, te exigimos el triunfo de tu caridad, prometido a las huestes que combaten al grito de “VIVA EL SAGRADO CORAZÓN”... ¡No queremos que otro reine, sino sólo Tú!...
  
Acércate, dulcísimo Maestro y aquí, en medio de los tuyos, estrechándote tus hijos, recibe de su mano la diadema, que quisieran arrebatarte los que, siendo polvo de la tierra, se llaman poderosos, porque, en los abatimientos de tu humildad, se imaginan injuriarte de más alto...
  
Adelántate triunfante en esta ferviente congregación de hermanos... no borres las heridas de los pies ni de tus manos... no abrillantes, no hermosees, deja ensangrentada tu cabeza... ¡Ah!, y no cierres, sobre todo, deja abierta la profunda y celestial herida de tu pecho... sí, Rey de sangre, así, cubierto con esa púrpura de amor y con la túnica de todos los oprobios... sin transfigurarte..., Jesús, tal como eres, el mismo Jesús de la noche espantosa del Jueves Santo, preséntate, desciende y recoge el hosanna de esta guardia de honor, que vela por la gloria del Corazón de Jesús, Su Rey.
(Todos en voz alta) ¡Viva tu Sagrado Corazón!
  
Los reyes y gobernantes podrán conculcar las tablas de tu ley, pero, al caer del sitial de mando, en la tumba del olvido, tus súbditos seguiremos exclamando:
(Todos en voz alta) ¡Viva tu Sagrado Corazón!
  
Los legisladores dirán que tu Evangelio es una ruina, y que es deber eliminarlo en beneficio del progreso..., pero, al caer despeñados en la tumba del olvido, tus adoradores seguiremos exclamando:
(Todos en voz alta) ¡Viva tu Sagrado Corazón!
  
Los malos ricos, los altivos, los mundanos, hallarán que tu moral es de otro tiempo, que tus intransigencias matan la libertad de la conciencia... pero, al confundirse con las sombras de la tumba y del olvido, tus hijos seguiremos exclamando:
(Todos en voz alta) ¡Viva tu Sagrado Corazón!
  
Los interesados en ganar alturas y dinero vendiendo falsa libertad y grandeza a las naciones... chocarán con la piedra del Calvario y de tu Iglesia... y al bajar aniquilados a la tumba del olvido, tus apóstoles seguiremos exclamando:
(Todos en voz alta) ¡Viva tu Sagrado Corazón!
  
Los heraldos de una civilización materialista, lejos de Dios y en oposición al Evangelio... morirán un día envenenados por sus maléficas doctrinas, y al caer a la tumba del olvido, maldecidos por sus propios hijos, tus consoladores seguiremos exclamando:
(Todos en voz alta) ¡Viva tu Sagrado Corazón!
  
Los fariseos, los soberbios y los impuros habrán envejecido estudiando la ruina, mil veces decretada, de tu Iglesia... y al perderse derrotados en la tumba de un eterno olvido... tus redimidos seguiremos exclamando:
(Todos en voz alta) ¡Viva tu Sagrado Corazón!
  
¡Oh, sí!, que viva y, al huir de los hogares, de las escuelas, de los pueblos Luzbel, el ángel de tinieblas, al hundirse eternamente encadenado a los abismos, tus amigos seguiremos exclamando por los siglos de los siglos:
(Todos en voz alta) ¡Viva tu Sagrado Corazón!
  
¡VIVA EN EL TRIUNFO DE TU EUCARISTÍA Y DE TU IGLESIA!... ¡VIVA PARA SIEMPRE TU SAGRADO CORAZÓN!
  
Señor, tenemos que despedirnos dejándote confiado, en ese altar, a la adoración de tus ángeles y a las alabanzas de la Virgen Madre... Nos vamos, Jesús, de tu lado, mas dejando nuestros corazones en la llaga sangrienta y celestial del tuyo... ¡Ah!, y al despedirnos en esta tarde, “más hermosa que alborada”, consiente, Salvador y Hermano, Señor y Amigo, consiente, ¡oh Dios aniquilado!, que te recordemos a muchos desgraciados que no están aquí, a tus plantas, ¡ay!, que te han dejado culpablemente...
  
(Lento y cortado)
  
Eres tan dulce, Jesús-Eucaristía, da una victoriosa luz a tantos ciegos que no quieren ver tus maravillas... ni reconocerte a ti como el Camino... hazlo por tu Madre y por tu Corazón...
  
Eres tan tierno, Jesús-Eucaristía, da paz a tantos que la buscan extraviados en la orgía seductora de un mundo que, cantando, vende lágrimas y muerte... Sé Tú su esperanza... hazlo por tu Madre y por tu Corazón...
  
Eres tan compasivo, Jesús-Eucaristía, sacia el hambre de amor, de amor inmenso que ha desviado a tantos pródigos... Son infelices y ¡cómo no serlo... lejos del manantial de tus altares!... Vuélvelos a tu Costado... que reconozcan que Tú, que sólo Tú eres la vida y el amor... Hazlo por tu Madre y por tu Corazón.
  
Eres tan amoroso, Jesús-Eucaristía, endulza los llantos desesperados de aquéllos que por sufrir las horribles decepciones de la vida, sin el apoyo de tu gracia se han envenenado con sus lágrimas... y se encuentran ¡infelices! en un abismo muy distante de los goces de la tierra, y más distantes aún de las delicias de un eterno paraíso... Baja hasta esos desgraciados... búscalos, sal a su encuentro con aquellas palabras que hacen estallar torrentes, mares, cielos, de júbilo indecible, en las regiones de la eternidad... hazlo, Jesús, por tu Madre, hazlo por tu Corazón...
  
(Pausa)
  
¿Qué tengo yo, ¡oh Divino prisionero!, que Tú no me hayas dado?
¿Qué sé yo que Tú no me hayas enseñado?
¿Qué valgo yo, si no estoy a tu lado?
¿Qué merezco yo, si a ti no estoy unido?
¡Perdóname los yerros que contra ti he cometido!
Pues me creaste sin que lo mereciera.
Y me redimiste sin que te lo pidiera.
Mucho hiciste en crearme,
Mucho en redimirme,
Y no serás menos poderoso en perdonarme...
Pues la mucha sangre que derramaste,
Y la acerba muerte que padeciste.
No fue por los ángeles que te alaban,
Sino por mí y demás pecadores que te ofenden...
Si te he negado, déjame reconocerte;
Si te he injuriado, déjame alabarte;
Si te he ofendido, déjame servirte;
Porque es más muerte que vida,
La que no está empleada en tu santo servicio...
  
(Nombradle aquí alguien cuya conversión os interese grandemente).
  
Y ahora, ocúltanos en él como una lágrima querida de tu Madre... No consientas que por nuestra flaqueza, te nos roben, de ese edén, las creaturas... Llámanos, mándanos venir a ti... y puesto que hemos conocido las bellezas del Corazón del Hermano, del Amigo, del Rey, de nuestro Dios, del benignísimo Jesús... queremos quedarnos ahí para siempre, pero, después que escribas en él nuestros nombres, ahora mismo, mientras te adoramos aquí en tu amado tabernáculo...
  
Señor, haz a tus hijos dulcísima violencia... esclavízanos en la prisión de caridad de tu Costado..., donde te adoremos y te amemos... donde vivamos de tu vida... donde te cantemos, Jesús, por los siglos de los siglos, glorificándote en las misericordias inefables de tu Sagrado Corazón: ¡VENGA A NOS TU REINO!...
  
(Padrenuestro y Avemaría por las intenciones particulares de los presentes. Padrenuestro y Avemaría por los agonizantes y pecadores. Padrenuestro y Avemaría pidiendo el reinado del Sagrado Corazón mediante la Comunión frecuente y diaria, la Hora Santa y la Cruzada de la Entronización del Rey Divino en hogares, sociedades y naciones).
  
(Cinco veces) ¡CORAZÓN DIVINO DE JESÚS, VENGA A NOS TU REINO!
  
(Lento y cortado)
  
Señor Jesús, hemos podido velar una hora contigo en Getsemaní y gustosos quedaríamos encadenados al Sagrario para siempre, si tu amor lo consintiera... Nos vamos llevando paz, mucha paz, consuelos divinos y nueva vida... ¡Ah!, pero, sobre todo, nos despedimos con la satisfacción de haberte dado a ti, amadísimo Maestro, alivio de caridad, desagravio de fe y reparación de amor que reclamaste, entre sollozos, a tu confidente Margarita María... Atiende, pues, los niños que comulgan... ¡sé su Amigo!... Señor Jesús, acoge manso y bueno, nuestra última oración:
  
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé la perseverancia de fe y de inocencia de los niños que comulgan... sé su Amigo!
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé el consuelo de los padres del hogar cristiano... sé su Vida!
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé el amor de la multitud que sufre, y de los pobres que trabajan... sé su Rey!
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé la dulcedumbre de los afligidos, de los tristes... sé su Hermano!
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé la fortaleza de los tentados, de los débiles... sé su Victoria!
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé el fervor y la constancia de los tibios... sé su Amor!
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé el centro de la vida militante de la Iglesia... sé su Lázaro triunfante!
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé el celo ardiente y victorioso de tus apóstoles... sé su Maestro!
¡Corazón Agonizante de Jesús, triunfa... y sé en la Eucaristía la santidad y el cielo de las almas... sé su paraíso de amor... sé su Todo!
Y mientras llega el día eterno y venturoso de cantar tus glorias, déjanos, dulcísimo Maestro, sufrir, amar y morir sobre la celestial herida del Costado, murmurando ahí, en la llaga de tu amante Corazón esta palabra triunfadora: “¡VENGA A NOS TU REINO!”.
  
(Cinco veces en honor de las cinco llagas) ¡Corazón Divino de Jesús!
(Todos) ¡Venga a nos tu reino
   
Acto de consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Purísimo Corazón de María
  
Doy y consagro al Sagrado Corazón de nuestro Señor Jesucristo mi cuerpo, mi alma, mi vida, mis acciones, penas y sufrimientos, a fin de que todo cuanto hay en mí sólo se emplee en honrarle, amarle y glorificarle. Tengo la firme resolución de entregarme a Él sin reserva y de emprenderlo todo por su amor, renunciando gustoso, a todo aquello que pueda desagradarle. De hoy en adelante seréis Vos, oh Corazón adorable, el objeto único de mi amor, el protector de mi vida, la esperanza de mi salvación, el remedio de mi flaqueza y de mi inconstancia, el reparador de todas mis faltas, y mi más seguro asilo en la hora de mi muerte. Reconciliadme, pues, oh, Corazón bondadoso, con Dios vuestro Padre, y apartad de mí los dardos de su cólera. Oh, Corazón amantísimo, en Vos pongo toda mi confianza, porque, si mi malicia y mi debilidad son para mí un justo motivo de temor, vuestra bondad me hace esperarlo todo de Vos. Que vuestro sagrado fuego consuma en mí todo lo que pueda desagradaros y estorbar la libre acción de vuestra gracia. Que vuestro purísimo amor abrase de tal modo mi corazón, que no pueda jamás olvidaros ni separarme de Vos. Dignaos grabar en Vos mi nombre, porque mi más ardiente anhelo es que toda mi felicidad y mi gloria consistan en vivir y morir como esclavo vuestro.
  
Y Vos, oh Corazón de María, estrecha e inseparablemente unido con el Corazón de Jesús, mi deseo es que, después de vuestro Hijo, ocupéis el primer lugar en mi corazón, que desde ahora os ofrezco y os consagro. Vos seréis siempre el objeto de mi veneración, de mi amor y de mi confianza. Procuraré conformar mis sentimientos y afectos con los vuestros, y el estudio continuo de mi vida será imitar vuestras virtudes. ¡Oh Madre bendita! dignaos abrirme vuestro Corazón y recibirme en él junto con vuestros verdaderos hijos y vuestros fieles siervos. Alcanzadme la gracia que necesito para imitar vuestro admirable Corazón, así como Él ha imitado el de Jesús; amparadme en los peligros, consoladme en las aflicciones; enseñadme a sacar el provecho debido de los bienes y de los males de esta vida; protegedme siempre y sobre todo en la hora de mi muerte.
  
¡Oh, divinos Corazones de Jesús y de María! a cuyo servicio me consagro, haced que ahora y siempre sea vuestro verdadero hijo. Amén.

martes, 31 de diciembre de 2013

CARTA "Sacratissimi Cordis Dominum Nostrum Jesum Christum"

 
Amados hermanos en Jesús y María, salud y bendición. 
 
El Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo, que es el Centro de toda devoción Eucarística, es continuamente despreciado por muchas almas que están apegadas al mundo y a su gobernante, satanás el diablo. Y ante esto, no podemos estar de brazos cruzados. Debemos dedicarnos a la reparación por tantas ofensas que continuamente padece, porque de eso se trata la verdadera devoción al Sagrado Corazón de Jesús: AMOR SANTO A JESÚS Y MARÍA, Y REPARACIÓN POR LOS PECADOS PROPIOS Y AJENOS.
 
Resolviendo acoger el llamado que hiciera el Santo Padre Beato Pío IX en la Encíclica "Quanta Cura", de "recurrir siempre, en la plenitud de la Fe, a Nuestro Señor Jesucristo, que nos redimió con su Sangre; y pidiendo continuamente y sin desfallecimiento a su Corazón dulcísimo, víctima de su ardiente caridad hacia nosotros, para que con los lazos de su amor todo lo atraiga hacia sí, de suerte que inflamados todos los hombres en su amor santísimo caminen rectamente según su Corazón, agradables a Dios en todas las cosas, y dando frutos en todo género de buenas obras", queremos consagrar este nuevo año 2014, "CRUZ DE BATALLA", a la protección del Sagrado Corazón de Jesús. A este fin publicamos la Hora Santa al Sagrado Corazón de Jesús, escrita por el Padre Mateo Crawley-Boevey, suplicando bendición y gracia para enfrentar los peligros que vienen en este año; y resolviendo reparar por las ingratitudes que sufre Nuestro Señor. 
 
Queremos que os unais a esta santa iniciativa que os reportará gran bendición espiritual, y lo más importante, ser dignos de la Salvación, porque como prometiera el Sagrado Corazón de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque, y por medio de ella a cuantos le son devotos: "Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte".
 
En unión con los Sagrados Corazones de Jesús y María,
Frater Jorge Rondón Santos
 
Año del Señor 2013, a 31 de Diciembre, XXXV de la Santa Cruzada.

jueves, 22 de julio de 2010

CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA - DÍA PRIMERO


Capítulo VI: "Aposentos del Amor Santo", del libro "María Arca de la Salvación", que fue dictado al vidente Agustín del Divino Corazón

Aposentos del Amor Santo
Preparación para todos los días
Noviembre 15/08

María Santísima dice:
Hijitos míos: No os importe el que no podáis verme con vuestros ojos físicos, basta que me sintáis en vuestro corazón, corazón que perfumaré con olor a rosas. Rosas cultivadas en el vergel florecido de mi Inmaculado Corazón. Rosas que podréis aspirar sus profusos aromas, aromas que son señal de mi verdadera presencia en medio de vosotros. Porque cuando un alma ora, pidiendo para sí misma y para otras, yo desciendo del cielo y le arropo cariñosamente con la orla de mi Sagrado Manto.

Así es, pues, mis pequeños, que debéis abrir el libro de vuestro corazón para que toméis atenta nota de todo lo que estoy por deciros, porque son enseñanzas de incalculable valor. Apreciadlas y apetecedlas más que al oro y a la plata porque aquí en este Aposento del Amor Santo conoceréis lo que es la verdadera vida. Vida que será transformada, renovada porque un alma que haya tenido el privilegio de conocer mis Lecciones de Amor no volverá a ser la misma, ya que su conciencia y su corazón serán salpicados de mi Pureza Virginal; pureza que limpiará la suciedad de su corazón tornándolo diáfano y cristalino como el agua. Su alma recibirá el brillo como el de una estrella y su espíritu volará radiante hacia el cielo porque puso en práctica mis enseñanzas, no las guardó como un trebejo viejo sino que meditaba en ellas día y noche hasta esculpirlas con letras imborrables en su corazón.

-Meditar el día correspondiente.
-Terminar con las Letanías y Consagración al Inmaculado Corazón

Primer día (1)
Mi oración predilecta: El Santo Rosario

El alma a su Inmaculada Reina:

Heme aquí Madre celestial, necesitada de vuestro cariño. 

Sin Vos soy como barco a la deriva a punto de naufragar. 

Sin Vos soy como arco iris de colores desteñidos, sombríos.

Sin Vos mi corazón padece de frío y soledad porque los rayos del sol no me calientan tan fuertemente como la llama del Amor Santo de vuestro Inmaculado Corazón.

Soberana Reina, venid y reinad en mi corazón. Tomad trono en él y haced de mí vuestro súbdito, súbdito que gaste su vida en amaros. Súbdito que os escucha atentamente para crecer en santidad. Súbdito que muera al mundo y nazca al cielo. Súbdito que forme parte de vuestro Ejército Victorioso. Súbdito que tome en sus manos el arma con el que batallará en este final de los tiempos. Arma poderosa que aniquilará todo poder maléfico. Arma que azotará y encadenará a satanás en estos tiempos difíciles de la tribulación.

Mi bella Señora sé que esa arma letal es el Santo Rosario, concédeme la gracia de regalaros diariamente ramos de rosas de distintos colores; tomadlas en vuestras purísimas manos y enajenad mi corazón con vuestro celestial aroma. 

Cómo quisiera responderos ante vuestro gran amor que sentís por mí; estrechadme, Madre mía, en vuestro regazo maternal, estoy ávido de vuestro abrazo de vuestros susurros de amor.

Alentadme a caminar siempre de vuestro lado, para que no perdáis vuestra mirada en mí, arropadme con el suave oleaje de vuestra presencia y haced que os ame con amor frenesí, porque amándoos a vos también amo a vuestro adorable Hijo.

Lección de Amor de la Reina del Cielo:

Hijo querido: no sabéis cuanto había esperado este momento, deseaba escuchar de vuestros labios vuestra dulce queja.

No temáis que no os dejaré solo, en mi Corazón Inmaculado hay un espaciecito de amor. Si queréis, venid a habitarlo, en Mí hallaréis calidez, os abrasaré con las llamas de mi Amor Santo y haré que exudéis lágrimas de amor por mí. En Mí, vuestro corazón sentirá el cariño de madre porque os amo. Aún, no sabéis qué tanto he llorado; me causasteis grandes preocupaciones porque os hablaba y no respondíais a mi voz. Sé que el mundo os tenía sordo, os había arrebatado de mis sagradas manos; pero no penséis más en esto, no os quiero entristecer por ningún motivo, al contrario os alegraré porque habéis encontrado el camino, os habéis subido al Arca de mi Inmaculado Corazón. Aquí no os anegaréis ya que soy Yo, vuestra Madre, quien toma los remos para navegar mar adentro y presentaros a Jesús.

Niño amado, haced de vuestra oración salmodia de Ángeles y cantad al unísono con la Iglesia Triunfante mi oración predilecta: El Santo Rosario. Cada Ave María es capullo que se convierte en rosa, rosa que planto en el Jardín de mi Corazón y os la devuelvo en gracias.

No os adormiléis, despertad. Abrid bien vuestros ojos y vuestro corazón y rezad diariamente la Corona completa del Santo Rosario. Corona de Rosas que Yo misma os ceñiré en vuestras cabecitas el día en que os durmáis eternamente al mundo y despertéis a la gloria.

Niñito querido, sostened siempre en vuestras manos la Corona de Rosas y el crucifijo como señal de fidelidad al Amor Santo y Divino.

Letanías al Inmaculado Corazón de María

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad. 
Señor, ten piedad.

Cristo, óyenos. 
Cristo, escúchanos. 

Dios Padre celestial. Ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo. Ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo. Ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios. Ten misericordia de nosotros.

Santa María, Corazón Inmaculado de María. Ruega por nosotros.
Corazón de María, lleno de gracia. Ruega por nosotros.
Corazón de María, vaso del amor más puro. Ruega por nosotros.
Corazón de María, consagrado íntegro a Dios. Ruega por nosotros.
Corazón de María, preservado de todo pecado. Ruega por nosotros.
Corazón de María, morada de la Santísima Trinidad. Ruega por nosotros.
Corazón de María, delicia del Padre en la Creación. Ruega por nosotros.
Corazón de María, instrumento del Hijo en la Redención. Ruega por nosotros.
Corazón de María, la esposa del Espíritu Santo. Ruega por nosotros.
Corazón de María, abismo y prodigio de humildad. Ruega por nosotros.
Corazón de María, medianero de todas las gracias. Ruega por nosotros.
Corazón de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús. Ruega por nosotros.
Corazón de María, gozando siempre de la visión beatífica. Ruega por nosotros.
Corazón de María, holocausto del amor divino. Ruega por nosotros.
Corazón de María, abogado ante la justicia divina. Ruega por nosotros.
Corazón de María, traspasado de una espada. Ruega por nosotros.
Corazón de María, coronado de espinas por nuestros pecados. Ruega por nosotros.
Corazón de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo. Ruega por nosotros.
Corazón de María, exultando en la resurrección de tu Hijo. Ruega por nosotros.
Corazón de María, triunfando eternamente con Jesús. Ruega por nosotros.
Corazón de María, fortaleza de los cristianos. Ruega por nosotros.
Corazón de María, refugio de los perseguidos. Ruega por nosotros.
Corazón de María, esperanza de los pecadores. Ruega por nosotros.
Corazón de María, consuelo de los moribundos. Ruega por nosotros.
Corazón de María, alivio de los que sufren. Ruega por nosotros.Corazón de María, lazo de unión con Cristo. Ruega por nosotros.
Corazón de María, camino seguro al Cielo. Ruega por nosotros.
Corazón de María, prenda de paz y santidad. Ruega por nosotros.
Corazón de María, vencedora de las herejías. Ruega por nosotros.
Corazón de María, de la Reina de Cielos y Tierra. Ruega por nosotros.
Corazón de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia. Ruega por nosotros.
Corazón de María, que por fin triunfarás. Ruega por nosotros.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oremos:
Tú que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos. Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor. Amén.

Consagración al Inmaculado Corazón de María

Inmaculado Corazón de María os consagro mis pensamientos para que por medio de ellos os honre por ser Corredentora y Madre del Redentor.

Inmaculado Corazón de María os consagro mis ojos, ojos que han de extasiarse ante vuestra singular belleza porque sois modelo de toda virtud.

Inmaculado Corazón de María os consagro mis oídos, oídos que han de abrirse a vuestra dulce voz, voz que ha de sosegar mi espíritu y aquietar mi alma.

Inmaculado Corazón de María os consagro mi boca, boca que han de pronunciar susurros de amor porque sois intercesora perenne ante vuestro amadísimo Hijo Jesús.

Inmaculado Corazón de María os consagro mi corazón, corazón que ha de encenderse en la llama de vuestro Amor Santo, llama que quemará toda imperfección y todo pecado.

Inmaculado Corazón de María os consagro mis manos, manos que han de levantarse al cielo porque sois mi Madre, Madre que ha de presentarme ante su Hijo Jesús el día que exhale mi último suspiro.

Inmaculado Corazón de María os consagro mis pies, pies que ha de seguiros porque sois puerta del cielo.

Inmaculado Corazón de María os consagro mi ser, ser que ha de refugiarse en Vos porque sois Arca de Salvación. Amén.