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sábado, 17 de mayo de 2025

DE LA RUINA DEL MUNDO

   
TOSCANO
Se non che pur è vero e così credo,
Rettor del mondo, che infinita sia
Toa providenzia; né già mai potria
Creder contra, perché ab experto el vedo;
Talor serìa via più che neve fredo,
Vedendo sottosopra volto el mondo
Ed esser spenta al fondo
Ogne virtute e ogne bel costume:
Non trovo un vivo lume,
Né pur chi de’ soi vizi se vergogni;
Chi te nega, chi dice che tu sogni.
  
Ma credo che ritardi, o Re superno,
A maggior pena de’ soi gran defetti
On pur ch’è forsi appresso, e tu l’aspetti,
L’estremo dì che fa tremar l’inferno.
A noi virtù non tornarà in eterno:
Quivi se estima chi è de Dio nemico;
Catone va mendico;
Ne le man di pirata è gionto il scetro;
A terra va San Pietro;
Quivi lussuria ed ogne preda abunda,
Che non so come il ciel non si confunda.
   
Non vedi tu il satirico mattone
Quanto è superbo ed è di vizi un fiume,
Che di gran sdegno il cor mi se consume?
Deh! mira quel cinedo e quel lenone
Di porpora vestito, un istrione
Che ’l vulgo segue e il cieco mondo adora!
Non ti ven sdegno ancora
Che quel lussurioso porco gode,
E le toe alte lode
Usurpa, [ha] assentatori e parasciti,
E i toi di terra in terra son banditi?
   
Felice or mai chi vive di rapina,
E chi de l’altrui sangue più se pasce,
Chi vedoe spoglia e soi pupilli in fasce
E chi di povri corre a la ruina!
Quella anima è gentil e peregrina,
Che per fraude o per forza fa più acquisto,
Chi spreza il ciel cum Cristo
E sempre pensa altrui cacciar al fondo;
Colui onora el mondo,
Che ha pien di latrocini libri e carte,
E chi d’ogne mal far sa meglio l’arte.
   
La terra è sì oppressa da ogne vizio,
Che mai da sé non levarà la soma:
A terra se ne va il suo capo, Roma,
Per mai più non tornar al grande offizio.
Oh! quanta doglia hai, Bruto, e tu, Fabrizio,
Se hai intesa questa altra gran ruina!
Non basta Catilina,
Non Silla, Mario, Cesaro o Nerone,
Ma quivi òmini e done,
Ogn’om si sforza dargli qualche guasto:
Passato è il tempo pio e il tempo casto.

-Virtù mendica, mai non alzi l’ale-
Grida il vulgo e la ciecca gente ria;
Lusura si chiama or filosofia:
Al far bene ogn’om volta pur le spale:
Non è chi vada or mai per dritto cale:
Tal che ’l valor se agiaza che me avanzia:
Se non che una speranzia
Pur al tutto nol lassa far partita,
Ch’io scio che in l’altra vita
Ben si vedrà qual alma fo gentile
E chi alziò l’ale a più legiadro stile.
   
Canzion, fa’ che sia acorta,
Che a purpureo color tu non te apogie;
Fugi palazi e logie
E fa’ che toa ragion a pochi dica,
Ché a tuto el mondo tu serai nemica.
   
TRADUCCIÓN
Si no fuese verdad y así creo,
¡Oh Rector del mundo!, que infinita sea
Tu providencia, ni podría yo nunca
Creer lo contrario, porque por experiencia lo veo;
Quizá más que nieve estaría frío
Viendo de cabeza al mundo
Y ser acabadas del todo
Toda virtud y toda buena costumbre:
No veo una viva luz
Ni quien de sus vicios se avergüence;
Quién Te niega, quién dice que Tú sueñas.
   
Mas creo que retardas, ¡oh Rey Supremo!,
Para castigar más duramente sus defectos;
O, por ventura, porque está próximo, Tú esperas
Aquel extremo día que teme el Infierno.
A nosotros la virtud no retornará nunca:
En este mundo se estima a quien de Dios es enemigo;
Catón va de mendigo;
El cetro ha caído en manos de un pirata;
Cayó San Pedro en tierra;
Aquí abajo la lujuria y toda presa abunda,
Tanto que no sé cómo el Cielo no se confunda.
   
¿No ves Tú al satírico maldiciente
Cuánto es soberbio y es de vicios un río,
Que mi corazón se consume de gran indignación?
¡Ah! ¡Mira aquel sodomita y aquel alcahuete
De púrpura vestido, un payaso
Que el vulgo sigue y el mundo ciego adora!
¿No Te indigna aún
Que aquel lujurioso cerdo goza
Y tus altas alabanzas
Usurpa; que tiene aduladores y parásitos, 
Y los tuyos son de ciudad en ciudad perseguidos?
   
¡Feliz es tenido ahora el cual vive de rapiña
Y se harta con la sangre de otros,
Que roba a la viuda y al huérfano 
Y lleva los pobres a la ruina!
Cual noble y virtuosa es tenida el alma
Que por fuerza o fraude gran lucro logra,
Que desprecia al Cielo y a Cristo,
Y siempre piensa derribar al prójimo;
Al que de latrocinios llena libros y papeles,
Y que de todo mal hacer sabe todo el arte,
A aquel el mundo honra.
    
La tierra está tan oprimida de todo vicio
Que nunca más levantar por sí propia la cabeza podrá.
Roma, cabeza del mundo, yace prostrada
Para nunca más retomar su noble oficio.
¡Cuánto dolor hallaréis, Bruto y Fabricio,
Si hubieseis conocido otra ruina tal!
No bastaron Catilina,
Ni Sila, Mario, César y Nerón;
Mas aquí hombres y mujeres
Todos se esfuerzan en hacerle daño.  
Los días piadosos y castos pasaron.
   
Virtud miserable, no alces nunca las alas
Grita el vulgo y la ciega gente malvada;
La lujuria ahora se llama filosofía:
Al bien hacer todos dan la espalda:
No hay quien vaya nunca por el camino derecho,
Tanto que el valor que me queda se congela:
Con todo, una esperanza
Del todo no me deja perderla,
Porque yo sé que en la otra vida
Bien se verá qué alma fue gentil
Y quien alzó sus alas para más virtuoso estilo.
   
Canción, está atenta,
Que no te apoyes en purpúreo color;
Huye de palacios y salones;
Y cuida a pocos decir tus razones;
Porque de todo el mundo serás enemiga.

FRAY GIROLAMO SAVONAROLA, De ruína mundi. En Poesie di Fra Girolamo Savonarola, tratte dall’autografo (Cesare Guasti, editor). Florencia, Antonio Cecchi, 1862, págs. 7-9 (Traducción propia).

viernes, 2 de abril de 2021

«CUÁNTO DOLOR SOPORTÓ POR TU AMOR»

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
    
   
Alma mía, te pido que nunca salga de tu mente el grandísimo amor de tu Esposo y dulce Redentor Cristo Jesús.
    
Esta contemplación será nuestro pan y nuestro alimento, noche y día.
       
Nuestro vivir y nuestro morir sea continuamente en las Llagas y las Entrañas del Dulcísimo Verbo Encarnado.
      
Contempla, pues, alma mía, cuánta fue Su Pasión y cuánto Su Dolor.
    
No hay pasión que a esta pueda [anche solo] asemejarse, porque todos sus sentidos eran brutalizados y golpeados por dentro y por fuera, Su tristeza era grandísima en Su noble y fuerte Mente, en la cual con fuerte impresión aprehendía las cosas que Lo emtristecían, máximamente, los pecados de todos los hombres.
     
Los cuales pecados eran en deshonor de Su Padre e instrumento inmenso de perdición de almas.
       
Y tanto más cuando veía contra Él a los judíos pecar gravísimamente, siendo Sus hermanos, teniendo tristeza de la malicia de los grandes y compasión de la ignorancia de los pequeños, esto es, de la plebe.
    
Aún más aumentaba Su tristeza cuando veía padecer a todas generaciones de hombres: del pueblo hebraico al gentil, siendo por los escribas y por los fariseos acusado y por Pilato condenado.
    
Por Herodes befado y por hombres y mujeres perseguido –y en máxima forma por aquella mujer que hizo negar a Pedro– por príncipes y siervos, de Sus amigos abandonado, de Pedro negado, por Judas traicionado.
     
Y todas estas generaciones de hombres llevaban la tristeza interior de nuestro Salvador.
      
Todavía se movía Su Corazón purísimo, teniendo tristeza de la ofensa la cual injustamente toleraba, y tanto más cuando era en grande irreverencia de Su Eterno Padre, sobre todo viéndose despojado y desnudo ante tanto pueblo, entre el cual ya había predicado gloriosamente y hecho admirables operaciones.
      
Aun la crueldad de la Pasión y de la muerte, la cual no había merecido, Lo afligía mucho y tanto más cuanto esta provenía de la mísera voluntad de escribas y fariseos.
       
Pero sobre todo estas aflicciones más Lo afanaban hacia la Piedad y Compasión que tenía hacia aquellas devotas mujeres, las cuales con grande dolor Lo seguían.
       
Y sobre todo dolor Lo afligían las lágrimas y suspiros y grandísima pasión de Su Dulce Madre, La cual amaba ternísimamente.
    
Fue tan grande la Pasión de nuestro Salvador en los sentimientos.
     
Mas llevó también una acerbísima Pasión en los sentidos externos y, principalmente, en el tacto siendo golpeado tantas veces en la Columna, y trapasado en la Cabeza por la Corona de agudísimas espinas.
    
Y tanto más cuanto era befado, y golpeado, y empujado, y continuadamente golpeado de personas innobles y crueles, los cuales no sabían qué fuese la piedad.
    
Pero sobre todo esto fueron las Llagas cuando fue Crucificado, porque fue herido en los puntos nerviosos, esto es, en las Manos y los Pies; y agravaba el dolor el peso del Cuerpo prendido sobre aquellos clavos, y tanto más por el largo tiempo en el cual estuvo suspendido, por cuanto el Dulce y Buen Jesús era de sana constitución, pero delicada y muy sensible.
   
Esto porque siendo todavía Su Físico noble y robusto, según los filósofos, Él tenía una fortísima sensibilidad y por esto cada mínima puntura o corte resultaba muy dolorosa.
    
Luego piensa en cuánto dolor soportó por tu amor.
      
Su pureza aumentó este dolor, porque Jesús atravesó en el dolor toda Su sensibilidad, incluso la incrementó voluntariamente porque, habiendo asumido di Propria sponte esta Pasión, quería recibirla aún más grave para satisfacer el Sacrificio en bien de la humanidad.
      
¡Oh Caridad inestimable!
      
Jesús habría podido satisfacer Su Sacrificio con una gota de sangre, mas para demostrar Su amor y para convencer a Su creatura para amarlo, aceptó un padecimiento desgarrador.
      
Ulteriormente la multitud de las pasiones, las cuales concurrían juntas en aquel cándido Cuerpo, multiplicando por mucho el Dolor, porque no padeció solamente en una parte del Cuerpo, sino en todas, de la Cabeza a los Pies.
    
Y no solamente en el sentido del tacto, sino en todos: en el gusto cuando le fue dado la hiel y el vinagre para beber; en el olfato, porque fue Crucificado en un lugar fétido, donde se mataba y torturaba; en el oído, porque continuamente oía la voz de los judíos que Lo blasfemaban y hacían befas de Él, y por otra parte allá donde las santas mujeres que lo seguían; además, [oía] las palabras piadosas y llenas de lágrimas y suspiros de Su dulce Madre, más angustiada que todas juntas frente la Cruz.
      
Alma mía, tu esposo Jesús, para salvarte, ha soportado tanta pasión, demostrándote las entrañas de Su misericordia, para incitar a tu duro corazón a amarLo.
    
Es ciertamente duro como el hierro quien, en Todo Esto pensando, no se inflama. Por tanto, contempla mucho Su Pasión para inflamarte de Su dulce Amor, el cual hace aparecer toda fatiga ligera y con alegría ayuda a caminar hacia la Vida eterna
    
FRAY JERÓNIMO SAVONAROLA OPTratado del amor a Jesús, cap. VII y último “De la grandeza de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”.

martes, 13 de marzo de 2018

ORACIÓN “Infélix ego”, DE SAVONAROLA

Girolamo Savonarola en oración ante Jesús crucificado (Xilografía en Exposítio in psalmum “In te, Dómine, sperávi”. Pavía, Imprenta de Michele Garaldi, 1499)
  
El día 8 de Mayo de 1498, mientras Savonarola estaba en la cárcel de Florencia, esperando su ejecución, compuso una meditación titulada “Infélix ego”, sobre el salmo 50 (Miserére) y comenzó otra titulada “Tristítia obsédit me” (La tristeza me oprime), sobre el salmo 30 (In te, Dómine, sperávi), que dejó inconclusa. En ambas meditaciones, Savonarola expresa su tristeza y culpa por haber admitido bajo tortura que sus enseñanzas eran erróneas y que sus profecías no provenían de Dios (los jueces sólo perdonaron en la tortura su brazo derecho, a fin de que pudiera redactar y suscribir su retractación), y expresa su confianza en que Dios le pueda perdonar.
  
Estas “Meditaciones en la prisión” fueron de las pocas obras savonarolianas que se salvaron en su momento del Índice de los Libros Prohibidos, y en los años inmediatamente posteriores a su muerte se conocían traducciones a varios idiomas, destacándose en Español la versión comentada por el cardenal Cisneros. La parte inicial, que presentamos a continuación, fue musicalizada por varios compositores, entre ellos el católico recusante William Byrd, quien compuso un motete a partir de ella.
 
LATÍN    
Infélix ego, ómnium auxílio destitútus,
Qui cœlum terrámque offéndi. 
Quo ibo? Quo me vertam?
Ad quem confúgiam? Quis mei miserébitur?
 
Ad cœlum leváre óculos non áudeo,
Quia ei gráviter peccávi.
In terra refúgium non invénio,
Quia ei scándalum fui.
  
Quid ígitur fáciam? Desperábo? Absit!
  
Miséricors est Deus, pius est Salvátor meus.
Solus ígitur Deus refúgium meum.
Ipse non despíciet opus suum,
Non repéllet imáginem suam.
  
Ad te ígitur, piíssime Deus,
Tristis ac mœrens vénio. 
Quóniam tu solus spes mea,
Tu solus refúgium meum.
    
Quid autem dicam tibi, cum óculos leváre non áudeo?
Verba dolóris effúndam, misericórdiam tuam implorábo, et dicam:
“Miserére mei, Deus, secúndum magnam misericórdiam tuam!”...
     
TRADUCCIÓN
Infeliz yo, destituido de todo auxilio,
Que al cielo y la tierra ofendí.
¿A dónde iré? ¿A quién me volveré?
¿En quién me refugiaré? ¿Quién se apiadará de mí?
  
Al cielo levantar mis ojos no me atrevo,
Pues gravemente contra él pequé.
En la tierra refugio no encuentro,
Pues para ella escándalo fui.
  
¿Qué haré, pues? ¿Desesperar? ¡Lejos de mí tal cosa!
  
Misericordioso es Dios, piadoso es mi Salvador,
Pues Dios solo es mi refugio.
Él no desprecia su obra,
Ni rechaza su imagen.
   
A Ti, pues, piadosísimo Dios,
Triste y doliente vengo.
Pues Tú solo eres mi esperanza,
Tú solo eres mi refugio.
   
¿Qué puedo decirte, si levantar mis ojos no me atrevo?
Palabras de dolor derramaré, imploraré tu misericordia, y diré:
“¡Ten piedad de mí, oh Dios, por tu gran misericordia!”...

lunes, 27 de febrero de 2017

DEL CELO INDISCRETO, POR FRA GIROLAMO SAVONAROLA

Tomado de SOCIEDAD RELIGIOSA SAN LUIS REY DE FRANCIA
  
De Fray Jerónimo Savonarola a fray Stefano Capodiponte
 
La paz de Cristo que sobrepasa toda comprensión domine tu corazón en Cristo” (Fil. 4,7), queridísimo hermano. Habiendo estado muy presionado por muchos empeños no he podido satisfacer antes tu deseo: porque incluso olvidándome de mí, a veces no llego a cumplir aquello que pienso y deseo. Ahora sin embargo obligado por tu caridad y tu celo indiscreto, estoy obligado a recomendarte que camines en la vocación para la cual has sido llamado.
  
Acuérdate que en el cielo están solo los buenos, en el infierno sólo los malos; pero en este mundo los buenos y los malos se encuentran juntos; así que jamás podrás encontrar buenos sin malos. He aquí por qué muchos que desean vivir bien, pero sin someterse a personas más ancianas, buscan algo imposible en este mundo. Ellos quieren vivir con los santos, excluyendo a todos los hombres malos e imperfectos. Y como no encuentran esto, abandonan su vocación y se entregan a vagabundear. Son engañados por el demonio, caen en error y en pecado, y a continuación no vuelven más a la vía recta de la sabiduría.
   
Hijo mío, el bien vivir consiste en hacer el bien y en el soportar el mal, y así perseverar hasta la muerte. Y ¿quien podría vivir mal entre los santos sino un hombre perverso y privado totalmente de la gracia de Dios? No merece gran alabanza vivir bien entre los buenos. Digo esto no porque aquellos con los cuales te encuentras sean malos; por el contrario, son buenos, si bien algunos tal vez sean imperfectos; sino porque tú, de una pajuela tiendes a hacer un travesaño.
   
Ciertamente que hay que huir de los hombres malos y perversos, y se debe estar con los buenos; porque “con el santo serás santo y elegido con los elegidos, mientras que con los perversos te pervertirás” (Salmo 17, 26). Pero si tú quisieses huir de todos los malos, tendrías que salir de este mundo. Verdaderamente ya has salido de este mundo, y pensabas que entrarías inmediatamente en el paraíso. En cambio has entrado en la antecámara del paraíso, pero todavía no en el paraíso. En el mundo ha vivido entre escorpiones; pero en el convento te toca vivir entre perfectos, entre los que van adelantando en la vida espiritual, y entre imperfectos; pero no entre malvados.
    
Si tú, pues, encuentras algún falso hermano, no debes maravillarte; más bien deberías maravillarte de lo contrario. De hecho se encontró alguno que otro impío y perverso perseguidor de los buenos en la familia de Abraham, y en la de Isaac, y en la de Jacob, de Moisés, de David e incluso entre los de la casa del Señor nuestro Jesucristo. Por eso, ¿cómo puedes pensar que en este mundo haya una casa sin ningún malo?
    
Te equivocas, hermano, te equivocas: esta es una grave tentación, armada con astucia por obra del diablo. Por eso “busca la paz y persíguela”; “camina ante el Señor”; “humíllate bajo la poderosa mano de Dios”; entre las espinas busca de recoger las rosas: “estima a los otros como mejores que tú”. Si ves algo que no te gusta, piensa que ha sido con buena intención: muchos son interiormente mejores de lo que parecen.
    
Cálmate, pues, hermano mío, cálmate: ejercítate en la humildad, en la sumisión y en la obediencia; reza ininterrumpidamente, y ten sabido que la morada del Señor está en la paz. Ora por mí y dale mis recuerdos a tu maestro y a tus condiscípulos. Cuídate.
 
Desde Florencia, el 22 de mayo de 1492.
Fra Jerónimo de Ferrara, OP

jueves, 10 de junio de 2010

OTRAS PLUMAS: "JESÚS, MIRA ROMA CON PERFECTO AMOR"


"JESÚS, MIRA ROMA CON PERFECTO AMOR"
Por Francesco Colafemmina 

En estos días me estoy preguntando incesantemente cuál es la calle por la que se encamina la Iglesia Católica… Una reflexión que nace de la consternación por la miseria que emerge lentamente y que se refiere a la condición de profunda corrupción de la jerarquía. Pido ayuda a los Padres de la Iglesia, reviso manuales del siglo XVIII, busco y rebusco en Santo Tomás y Santo Domingo, pero no puedo encontrar respuestas definitivas. ¿Es o no un misterio profundo la iniquidad que nos circunda? ¿Cómo pudo ocurrir que la Iglesia Católica se convirtiese en un círculo de negocios, poder, arrogancia, depravación y traición?

Parece haber terminado, Dios quiera. Pero no podemos recurrir al paso del tiempo para disminuir la entidad de los escándalos. Se habla durante meses sólo de la cuestión pedófila. Pero sin embargo, es sólo la punta de un iceberg. El verdadero problema es el dinero, el poder, el hacer carrera. Estos elementos suelen ir acompañados de un séquito de perversiones sexuales. ¿Puede, entonces, la Iglesia ser rehén de una banda de mercenarios travestidos de sacerdotes, obispos y compañía? Porque, si bien, es obvio que al final en cualquier lado el bien y el mal conviven, es innegable que la preponderancia del mal, especialmente aquella que se ve enfatizada por los medios, termina recayendo de manera uniforme sobre todo el tejido eclesial. Y cuanto más elevados están los artífices del mal, tanto más extendida es su recaída sobre los pequeños.

Si, por ejemplo, los fieles suspendemos de una vez por todas el pago del 8 por mil a la Conferencia Episcopal Italiana. Si, indignados por el uso totalmente inadecuado de su dinero para alimentar una estructura de poder que no tiene nada que ver con la Iglesia de Cristo, si los fieles que dejasen de dar parte de su sueldo a la Iglesia, ¿quiénes se verían perjudicados? ¿Los prelados y monseñores que viven en penthouses romanos? ¿Los ricos en sotana que viajan en Audi o Mercedes? ¿Los ocultos manipuladores de dinero, propiedad inmobiliaria y acciones? ¡Por supuesto que no! Al final se verían afectados los buenos sacerdotes que pasan su existencia ayudando al prójimo y que lo hacen administrando, sin tener más ayuda de sus superiores que algo de dinero, como si la sola erogación bastase para satisfacer las exigencias espirituales de los fieles. ¡Figurémonos qué pasaría si hasta el dinero se acabase!

Mientras que tantos hombres corruptos y perversos travestidos como sacerdotes, obispos y cardenales continúan viviendo en su depravación y nadie logra despegarlos de sus cómodas poltronas, existe una Iglesia que sufre, que es atormentada por el dolor, el miedo y la consternación. Y no sabe más que aferrarse a Cristo y al Papa, sabiendo que la esperanza no sustituye el dolor, sólo lo alivia. Esta Iglesia está compuesta de muchos laicos y pocos eclesiásticos. Entre estos últimos, está con seguridad el Santo Padre, pero como un auténtico coloso en medio de una platea de enanos (…y bailarinas)!

De los muchos laicos, son pocos los que logran darse cuenta de la traición de una parte del clero. No quieren aceptarlo y a veces se comportan como las mujeres que no quieren aceptar la traición de sus maridos. Terminan por encontrar las excusas más absurdas para justificar a su cónyuge. Sólo con pruebas evidentes se convencen de haber vivido con traidores de la peor especie. Y allí nace la rabia, la indignación. Sólo en rara vez el perdón, la más de las veces la indiferencia. Entonces: ¿terminará así? Espero que no. Porque la fe que se ve hoy amenazada es la de los pequeños, los fieles puros de corazón, la de la gente simple, la de los trabajadores humildes que aman verdaderamente a la Iglesia y al Señor. No la fe de los poderosos, aquélla hecha de departamentos en la Via della Conciliazione o de casas que valen un milloncito de euros. Ésta no es la fe. ¡Ésta es la maldita hipocresía!

En cualquier caso, no deseo hacerla más larga de lo debido. Por ello dejo para vuestra meditación esta oración de fray Girolamo Savonarola. Un gran hombre que la Iglesia quemó en la Piazza della Signoria, sólo porque acusaba a la jerarquía de ese tiempo usando el siguiente tono: 
“Nosotros conducimos los hombres a la simplicidad y las mujeres al vivir honesto, vosotros los conducís a la lujuria, la pompa y la soberbia, le habéis fallado al mundo y habéis corrompido a los hombres con la libídine, a las mujeres con la deshonestidad, a los niños los habéis conducido a la sodomía y a la miseria y a comportarse como prostitutas”. 
Un profeta, ¿no?
Jesús, dulce consuelo y sumo bien
de todo angustiado corazón,
mira Roma con perfecto amor.
¡Anda! mira con piedad en qué tormenta
se encuentra tu Esposa,
y cuánta sangre, ¡ay!, se espera,
si tu mano piadosa,
que en perdonar siempre se deleita,
no la retorna a aquella
paz, que tuvo cuando era menesterosa.

Mira la bondad que te movió antaño
a tomar humana carne,
y por nosotros hacerte como un gusano en tierra:
socorre a la Romana
santa Iglesia tuya, que el demonio aterra,
rompiendo los nervios y los huesos,
si no atiendes sus crueles golpes.

¿Dónde está, Señor, tu antigua piedad,
y la Sangre en tierra derramada,
y la memoria eterna de tu Hijo?
Ahora extinguido parece y arrasado
todo buen espíritu y todo buen consejo:
no veo sino espadas.
Jesús, perdona nuestras iniquidades.

Abre ya, Señor, tu costado,
y deja penetrar
de tus devotos siervos la plegaria:
Jesús, no te enojes;
socorre pronto a tanta destrucción:
renueva nuestro estado,
pues el gran Pastor nos ha sido quitado.

Tú nuestro Redentor y nuestro Padre,
Tú eres nuestro refugio,
nuestra fuerza y nuestra reciedumbre,
en este frágil claustro,
donde bien ciego está quien no alza el lamento
ante estas armadas escuadras
contra nuestra sacrosanta Madre.

Si esta vez tu fuerte mano
no toma por Ella las armas,
habiéndose apagado toda luz,
sin duda alguna me parece
que todo culto y hábito bueno
se perderá para nuestro daño,
o quedará Roma en gran congoja.

Convierte, Señor mío, estas terrenas
almas nuestras al reino
donde haya paz para tu santa Esposa:
por aquel piadoso leño
que en tierra y cielo la hizo gloriosa,
a Ti piedad corresponde:
huérfanos somos, y Tú nuestra esperanza.

Jesús, dulce consuelo y sumo bien,
de todo angustiado corazón,
Mira Roma con perfecto amor.


Retrato de Girolamo Savonarola, por Fra Batolomé (Bartolomeo Baccio della Porta, 1473-1517) Museo de San Marcos- Florencia