Vexílla Regis

Vexílla Regis
MIENTRAS EL MUNDO GIRA, LA CRUZ PERMANECE

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER

LOS QUE APOYAN EL ABORTO PUDIERON NACER
NO AL ABORTO. ELLOS NO TIENEN LA CULPA DE QUE NO LUCHASTEIS CONTRA VUESTRA CONCUPISCENCIA

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN

NO QUEREMOS QUE SE ACABE LA RELIGIÓN
No hay forma de vivir sin Dios.

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

ORGULLOSAMENTE HISPANOHABLANTES

Mostrando entradas con la etiqueta Santa Catalina de Siena. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santa Catalina de Siena. Mostrar todas las entradas

sábado, 30 de abril de 2022

PLEGARIA A SANTA CATALINA DE SIENA POR LA IGLESIA Y POR ITALIA


Absorta la Iglesia en las glorias de la resurrección, se dirige a ti, oh Catalina, “que sigues al Cordero a donde quiera que va” (Apocalipsis XIV, 4). En este lugar de destierro donde no puede detenerse por mucho tiempo, no goza de su presencia sino a intervalos; por lo cual te pregunta: “¿Encontraste al que ama mi alma?” (Cánticos III, 3). Eres su Esposa, también ella lo es; pero para ti ya no hay velos, no hay separación, mientras que para ella el gozo es raro y fugaz, y la luz, velada por las sombras. ¡Pero cuál ha sido tu vida, oh Catalina! Has unido la más profunda compasión por los dolores de Jesús a las alegrías más embriagadoras de la vida gloriosa. Nos puedes iniciar en los misterios del Calvario y en las magnificencias de la Resurrección. Estamos en Pascua, en la vida nueva; procura que la vida de Jesús no se extinga en nuestras almas, sino que crezca por el amor del que la tuya nos ofrece admirable ejemplo.
   
Concédenos participar, oh virgen, de tu adhesión filial a la Santa Iglesia, que te hizo emprender tan grandes cosas. Te afligías de sus dolores y te alegrabas en sus alegrías como hija sumisa. También nosotros deseamos amar a nuestra madre, proclamar los lazos que nos unen a ella, defenderla contra sus enemigos, ganarla nuevos hijos generosos y fieles.
   
El Señor se sirvió de tu débil brazo, oh mujer inspirada, para restituir en su silla al Romano Pontífice. Fuiste más fuerte que los elementos humanos que se afanaban por prolongar una situación desastrosa para la Iglesia. Las cenizas de Pedro en el Vaticano, las de Pablo en la Vía Ostiense, las de Lorenzo y Sebastián, las de Cecilia e Inés y las de tantos millares de mártires, saltaron de gozo en sus tumbas, cuando el carro triunfal que llevaba a Gregorio XI entró en la Ciudad.
  
Ruega también, oh Catalina, por Italia que tanto te amó y que estuvo tan orgullosa de tus gestas. En ella está suelta hoy la impiedad y la herejía; se blasfema el nombre de tu Esposo, se predica al pueblo descarriado las doctrinas más perversas, se le enseña a maldecir de todo lo que un día veneró, la Iglesia es ultrajada y la fe, desde tanto tiempo debilitada, amenaza extinguirse; acuérdate de tu desgraciada patria, oh Catalina. Es ya hora de que vengas en su ayuda y la libres de las garras de sus enemigos. La Iglesia entera espera de ti la salvación de esta ilustre provincia de su imperio; calma las tempestades y salva la fe en este naufragio que amenaza devorarlo todo.
   
DOM PRÓSPER GUÉRANGER OSB. El Año Litúrgico (1.ª edición española), tomo III. Burgos, Ediciones Aldecoa, 1956, págs. 751-753.

martes, 6 de octubre de 2020

CONTRA EL ABUSO DE CIERTA AFIRMACIÓN DE SANTA CATALINA DE SIENA

Santa Catalina de Siena se dirige al Papa Gregorio XI
  
Una frase que usan los antisedevacantistas es la siguiente:
«Incluso si el Papa fuera Satanás encarnado, no debemos levantar nuestras cabezas contra él, sino que con calma deberíamos reposarlas en su regazo. Quien se rebela contra nuestro Padre se condena a muerte, puesto que lo que le hacemos a él, se lo hacemos a Cristo: 
    
Honramos a Cristo si honramos al Papa; deshonramos a Cristo si deshonramos al Papa.
    
Se muy bien que muchos se defienden a sí mismos alegando: “¡Son tan corruptos y hacen las obras del mal!”. Mas Dios ha ordenado que si los sacerdotes, los pastores, e incluso el Vicario de Cristo en la tierra fueran demonios encarnados, les seamos obedientes y sujetos, no por amor a ellos, sino por amor a Dios y por obediencia a Él».
  
La frase en cuestión procede de la carta 28 que Santa Catalina de Siena dictara en Noviembre de 1373 a su discípulo y amanuense Raniero “Neri” di Landoccio dei Pagliaresi para los hermanos Bernabé y Galeazzo Visconti, Señores de Milán, que habían sido excomulgados en Enero del mismo año por el Papa Gregorio XI porque aquellos conquistaron Reggio Emilia dos años atrás (es de advertir que Reggio Emilia era gobernada por la Casa de Este, vasallos del Papa –en ese entonces, atacar a los territorios papales era causal de excomunión según la Bula “In Cœna Dómini”, proclamada hasta 1770 cada Jueves Santo–). Los Visconti habían solicitado a la virgen de Siena que mediara entre ellos y el Papa, para que les levantara la excomunión, que les representaba además pérdidas económicas por los saqueos a sus bienes y el boicot comercial a la ciudad.
   
A ellos, Santa Catalina les recuerda que la Iglesia es la única depositaria de las llaves de la Sangre de Cristo (los Sacramentos), y que fuera de ella no hay remisión de pecados:
«Aun cuando el Papa fuese un demonio encarnado, no debería levantar la cabeza contra él, sino inclinarme ante su autoridad y pedirle esa sangre de la que no puedo participar de otro modo. Y por eso os suplico que no os rebeléis contra vuestro jefe. Rechazad las investigaciones del diablo que os sugiere ser vuestro deber combatir a los malos pastores de la Iglesia. No le creáis y no tratéis de juzgar lo que no os concierne. Nuestro Salvador lo prohibe; ha declarado que eran sus ungidos y no quiere que ninguna criatura ejerza una jurisdicción que se ha reservado a sí mismo.
  
Si los sacerdotes nos despojasen de nuestros bienes, deberíamos preferir perder antes nuestros bienes temporales y la vida del cuerpo que los bienes espirituales y la vida de la gracia» (en JOHANNES JÖRGENSEN, Santa Catalina de Siena, Madrid, Ed. Voluntad 1924, pág. 273 – traducción de Juan de Hinojosa). 
La advertencia de «no juzgar lo que no concierne» se debe entender en que los fueros eclesiásticos deben ser respetados por el gobernante seglar, como también en cuanto a las faltas privadas (que son las que aducen los herejes de todas épocas para justificar su rebelión contra la Iglesia). No así a los crímenes contra la Fe (Herejía, Cisma y Apostasía), que tienen la particularidad de ser de carácter público, y que quien incurría en ella, además de excluirse de la Iglesia, podía entonces ser relajado al brazo seglar.
   
Y en ese sentido, Gregorio XI (que regresó a Roma a pedido de Santa Catalina de Siena, y por causa de la “Guerra de los Ocho Santos” entre los Estados Papales y la alianza de Florencia, Milán, Pisa, Luca, Siena y otras ciudades italianas) condenó tres afirmaciones de los franciscanos españoles Pedro de Bonageta y de Juan de Latone, catorce artículos del código alemán Sachsenspiegel (“Espejo sajón”) y 19 afirmaciones del teólogo inglés Juan Wiclef (que será condenado póstumamente como hereje en el Concilio de Constanza). Cosa muy distinta a lo que han hecho desde Roncalli Marzolla en adelante, que solamente “llaman al orden” a los teólogos heterodoxos sin proferir mayor condena judicial, PORQUE ELLOS SON HEREJES QUE USURPAN LA AUTORIDAD PAPAL Y QUE CON TODA VERDAD SERÁN CONDENADOS POR SANTA CATALINA DE SIENA.

martes, 21 de abril de 2020

NOVENA A SANTA CATALINA DE SIENA

Novena celebrada por las monjas del convento de Santa Catalina de Siena en Palma de Mallorca, y publicada a instancias de un devoto por la imprenta de Salvador Savall en 1823. Puede rezarse en cualquier momento del año, especialmente en preparación a su fiesta litúrgica el 30 de Abril, y en la de sus Sagrados Estigmas (1 de Abril).
  
ADVERTENCIA
Las almas que hoy son llamadas, y desean ser escogidas, noten las siguientes cuartillas del Obispo y Apóstol de Ginebra San Francisco de Sales (Práctica del Amor de Dios, libro XII, cap. XIII):
Mortal, elegir conviene
En esta vida inferior,
O bien el eterno Amor,
O bien la muerte perenne.

Mira a qué parte se inclina
Más segura tu remedio,
Pues no te ha dejado medio
La disposición Divina.

INTRODUCCIÓN (del autor original)
El venerable Padre Maestro Fray Luis de Granada (que tan altamente sintió, como profundo, claro, pío y elocuente escribió del amor de Dios) dice en el sermón tercero de la Seráfica Virgen Santa Catalina de Siena que: después del misterio de la Encarnación, y los que con él se eslabonan, en ninguna de las obras de Dios, que había visto, resplandecen las finezas del Divino Amor como en esta Virgen Seráfica y portento de las divinas gracias. De tan venerable y autorizado sentir, bien podemos inferir que así como por este misterio (que por ser todo obra de amor, se atribuye al Espíritu Santo, dador de los divinos dones) el Sumo Bien se comunicó a la humana naturaleza, hasta lo sumo de lo posible; así también pueden confiar las almas, que por medio de esta tan favorecida Esposa alcanzarán aquel fuego del Amor Divino que dijo el Verbo Humanado quería encender en la tierra, y con él aquellos consuelos y gracias que a más gloria del Señor convengan.

Todo humano desconsuelo halló el consuelo oportuno en esta prodigiosa Santa con portentosos milagros: pobres, afligidos, enfermos, bandos, sediciones, cismas, endemoniados y pecadores del todo desesperados; y como el Sumo Pontífice Pío II dice: Ninguno llegó a su presencia, que no volviese mejorado (Bula de Canonización). Pero sobre todas las gracias, de que es común Abogada, tiene la más importante, y en que la singularizó el Señor, que es alcanzar Bula de perdón y plenaria Indulgencia, con perfecta contrición de las culpas.

De esto hizo demostración la Santa (sobre las innumerables y milagrosas conversiones que en su vida se leen) en el caso que sucedió con su padre espiritual, designado por la Virgen Santísima, el Beato Raimundo de Capúa, general que fue de la sagrada Orden de Predicadores. Quiso este venerable Padre y discreto director asegurarse del espíritu que gobernaba aquella tan prodigiosa alma y su nueva hija. Para esto le pidió que le alcanzase del Señor una Bula de contrición y perdón general de sus culpas: y de repente, cuando mennos lo pensaba, estando un poco desganado, y presente la Santa, le vino tal conocimiento de la Bondad suma, y tan claro de la gravedad de la ofensa de todas sus más leves culpas, y la pena merecida por ellas, que reventando los ojos en torrentes de lágrimas, nadando en sollozos, gemidos y suspiros del mar amargo de contrición su encendido corazón, pensó le hubiera reventado el pecho, pero serenóse aquel mar y diluvio y las zozobras de sus dudas, la cándida paloma, mostrándole tan evidentes señales de la divina clemencia y diciéndole: Ea, Padre, acabad de leer toda la Bula. Acordaos de los dones del Señor, y proseguid en serle agradecido (Fray Lorenzo Gisbert y Capsir OP, Vida de Santa Catalina de Siena, libro I, cap. XVII).
  
Para conseguir esta, y las demás antedichas gracias, se hace la siguiente Novena por los nueve grados del Amor Divino que escribió el dulce Padre San Bernardo, y explicó largamente el Angélico Maestro Santo Tomás de Aquino, enseñando cómo por estos nueve suben las almas al último grado, que es de los Bienaventurados en la Gloria.
 
SAGRADA NOVENA A LA SERÁFICA MADRE Y CÁNDIDA VIRGEN SANTA CATALINA DE SIENA, PARA CONSEGUIR EL PERDÓN DE LAS CULPAS, CONSUELOS DEL DIVINO ESPÍRITU, Y POR SUS GRADOS EL ETERNO AMOR DEL SEÑOR

   
Para que la práctica de este santo ejercicio sea con el fruto espiritual que se desea, podrá prepararse el que hiciere la Novena confesando y comulgando en el primer día; y si no pudiere, procurará purificarse con un fervoroso acto de contrición: empleándose en cada uno de los días en imitar alguna de las muchas virtudes de la Santa, y poniendo especial cuidado en la mortificación de los sentidos, y puesto de rodillas delante de su Altar o Imagen, levantará el corazón a Dios y, ofreciéndole con encendido afecto todas sus obras, se persignará con la señal de la Cruz, y dirá la oración siguiente:
  
Hoy la devoción más fina
Consagra, a tus pies postrada,
Esta Novena Sagrada,
Seráfica Catalina.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh inmensa piedad! ¡Oh inmutable caridad! que, para librarme de la vil servidumbre del pecado, obligado del inextinguible fuego de vuestro amor, entregasteis a la muerte vuestro Unigénito Hijo, cuyas dulcísimas entrañas no solo le inclinaron a hacerse hombre de la Virgen María, sino que sediento de mi bien, abrazó la muerte de Cruz, derramando el infinito tesoro de su Sangre, para que yo viviera. Ruego a vuestra Majestad Divina, que reconocido de mi pasada ingratitud, sepa apreciar en adelante, asistido de Vos, este imponderable beneficio, huyendo del errado camino en que me ha puesto en desorden de mis apetitos, para que empleando en Vos (único bien mío) todas mis potencias, pase de esclavo de mis vicios, por medio de una verdadera contrición, a merecer el dulcísimo y apacible título de hijo vuestro, empleando el resto de mis días, y en especial este rato, a mayor honra y gloria vuestra; y para que mis culpas no impidan tan dichoso fin, digo, Señor, de lo más íntimo de mi corazón, que me pesa de haber ofendido a una Suma Bondad tan digna de ser amada; y propongo, ayudado de vuestra gracia, de enmendarme, con muy firme esperanza, de que me perdonareis por los méritos de vuestro Hijo, y Redentor mío. Amén.
  
DÍA PRIMERO - 21 DE ABRIL
Pues del Divino amor llena
Despedís ardiente llama,
Socorred al que a vos clama,
Astro brillante de Siena.
   
ORACIÓN
¡Oh Amante Catalina! Espejo del Divino amor, que ejercitada en el primer grado de vuestro ardiente fuego, enfermasteis provechosamente; y herida desde niña de enfermedad tan dichosa, principio de la eterna salud, la alcanzasteis a tanto número de almas: logre yo por vuestra intercesión esta gracia, por la que debisteis a vuestro Esposo Jesús, cuando en forma visible de Pontífice, asistido de los Apóstoles San Pedro, San Pablo y San Juan Evangelista, se os manifestó en vuestra pueril edad, dándoos su bendición; desde cuyo instante aborrecisteis todo gusto sensible, y aun el comer os era tormento de muerte, pasando muchos años milagrosamente con zumo de yerbas amargas, y los ocho últimos de vuestra vida, sin ningún material alimento. Ruegoos, Madre mía amantísima, que os imite yo de tal suerte, que los aplausos y placeres del mundo causen en mí tal tedio, que sus gustos me sean disgustos, y lo dulce amargo, hasta que negado a mí mismo, alcance que el amor Divino me sea desamor de mi amor propio, y rendido éste consiga tan dichosa muerte. Amén.
  
Ahora se rezarán tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri, en reverencia de la Santísima Trinidad por las tres gracias que concedió a nuestra Santa: de Virgen, Mártir de amor, y nueva Apóstol. Después cada cual, avivando la fe, con las palabras que le diere su propio afecto, pedirá interiormente la gracia espiritual o consuelo que necesita, y se dirá la oración siguiente:
  
Con humildes oraciones
Piden a tu protección
Saetas de contrición
Todos nuestros corazones.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Amabilísima Esposa de Jesús, escogida por la Virgen Madre; azucena de virginal pureza, elegida del Eterno Padre para maestra de las almas y espejo de sabiduría, mártir de amor, ejemplo de penitencia, y rosa de caridad, encendida con el fuego del Espíritu Santo; pues priváis tanto en la vista de la Divina Esencia, por lo que de ella fuisteis algún tiempo privada por la salud de las almas, y sabéis la necesidad en que ahora clama y suspira mi corazón; aplicad vuestra poderosa intercesión, para que el Señor me conceda aquella Bula, que sabéis de perfecta contrición y plenaria Indulgencia de mis culpas, más y más puro amor, y la gracia que os pido en esta Novena, si conviene para su mayor gloria, y si no, encaminad mi petición para lo que más de mi le agrade, y que eternamente le ame. Amén.
  
GOZOS
  
Pues al Cielo arrebatada
Fuisteis por bondad Divina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Con bendición de dulzura
El Señor os visitó
Cuando en trono se os mostró
Visible con gran ternura,
De su belleza prendada
Fuisteis amante muy fina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
En vuestra niñez mostrasteis
Señas de gran santidad;
Pues pureza y castidad
A los siete años votasteis:
Admiración ha causado
Vuestra virtud peregrina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
   
Con un fervor nunca visto
Hábito Guzmán tomasteis,
Y con gran dicha lograsteis
Ser desposada con Cristo;
Con luz de gloria colmada
El Cielo a vos se avecina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Para obligar la clemencia
De Dios con los pecadores,
Usasteis con vos rigores
De áspera y cruel penitencia;
Cual Domingo triplicada
Tomabais la disciplina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
De materia corrompida
Del cáncer de una mujer,
La caridad supo hacer
La más gustosa bebida,
Así del asco triunfasteis,
Agigantada Heroína:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
A Jesús amor tuvisteis
De tan alta elevación,
Que os arrancó el corazón
Y el suyo de él recibisteis;
Como a esposa muy amada
A su costado os reclina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
En vos con rayos violentos
Sus llagas Cristo imprimió
Con que vuestra alma sintió
De la pasión los tormentos;
Sin vida hubierais quedado,
A no obrar mano divina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Vuestra gran fe al Sacramento
Con tal devoción invoca,
Que en fin se os vino a la boca
Por el aire con portento;
Cristo mismo, cosa rara
A comulgaros se inclina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Mil efectos percibisteis
De este pan angelical,
Pues sin manjar corporal
En muchos años vivisteis;
Era la mesa sagrada
De favores oficina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
   
A la Iglesia en dulce unión
Los Florentinos trajisteis,
Y en toda Roma tuvisteis
Una grande estimación;
A Florencia por Legada
El Pontífice os destina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
   
Al Papa, y los Cardenales
En público predicasteis,
Y los más doctos pasmasteis
En coloquios Celestiales;
Por infusa, y encumbrada
Aclaman vuestra doctrina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Fuisteis luz de pecadores;
Pues los que con vos trataban,
Luego en buenos se trocaban,
Y los buenos en mejores;
Por esto habéis merecido
El renombre de Divina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Es premio tan excelente,
El que en el Cielo gozáis,
Que los prodigios, que obráis,
Lo publican claramente;
Del devoto que os invoca,
Sois eficaz medicina:
Sed siempre nuestra Abogada,
Virgen Santa Catalina.
  
Antífona: Dénos la bienaventurada virgen Santa Catalina gozar la verdadera luz de Cristo, e irnos a los coros celestiales.

ORACIÓN
Oh Dios, que le diste a la bienaventurada Santa Catalina, decorada con especial privilegio de virginidad y paciencia para vencer los ataques de los espíritus malignos y permanecer imperturbados en tu amor; concédenos te suplicamos, que por su imitación pisemos la iniquidad del mundo, y superando todas las insidias de los enemigos, podamos llegar seguros a tu gloria. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

DÍA SEGUNDO - 22 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Del Altar el pan Sagrado vuela,
Y a Vos se encamina,
Como a morada Divina
De Jesús Sacramentado.
   
ORACIÓN
¡Oh Serafín del Divino trono! Que elevada en el segundo grado de vuestra ardiente llama sin parar volabais en su presencia hasta transformarnos en el Verbo Humanado, y teniendo en Vos sus delicias, se os comunicó por sus Divinas manos en varias ocasiones, para que le recibieseis Sacramentado; volando otras veces de las de los Sacerdotes la Sacrosanta Hostia para entrar en vuestro pecho, que sediento le buscaba: alcanzad a mi alma, que por vuestra poderosa intercesión incesante­mente arda en intensos y vivos deseos que me hagan buscar nuevos empleos del Divino agrado; no se me pase, como hasta aquí, mi vida en inconstancias y deseos generales, ni detenga mi afecto fuera de Dios ninguna criatura; sí que elija constante el vivir de asiento en su Divino amor, recogiéndome a una vida en que de continuo le ame y siga sus santas inspiraciones, sin cesar hasta la muerte. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración “Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA TERCERO - 23 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Cuando Dios por altos fines;
Os regaló a su costado,
Oh, ¡cuanta envidia habéis dado
A todos los serafines!
   
ORACIÓN
¡Oh abismo de paciencia! ¡Oh fragante y encendida rosa de caridad! ¡Oh penitente azucena! Pues obrando de continuo sin deteneros corríais tan amante por el tercer grado de vuestro amoroso incendio, que cuidadosa solo de la honra Divina, despreciando la vuestra, sufristeis constante el público castigo que os dieron por la falsa acusación que contra vuestra virginal pureza produjo aquella mujer tan beneficiada de Vos en la cura del cáncer que tenía en el pecho, tolerando con humildad la infamia sin desmentirla; cuyo sufrimiento os grangeó las dos coronas que os presentó vuestro Esposo, una de oro y otra de espinas, para que eligiéseis, y escogisteis la de espinas para padecerlas, permitiendo por esto que la misma acusadora os viese después transformada en glorias, y que confesando su culpa, quedase sana de cuerpo y alma; y sin entibiarse vuestra caridad, proseguisteis en servirla con más intenso fervor, de suerte que para vencer el hastío y vómito que os ocasionaba el demonio por medio de la hediondez de la llaga, triunfasteis de él, bebiendo una grande porción de la misma pestilente podre; por lo cual os recreó Jesús en la Llaga de su costado: Alcanzadme del Señor, Patrona y Se­ñora mía, por este tan gran favor, una fervorosa caridad, que destierre la debilidad de mis propósitos y ejercicios de virtudes, usando con mis prójimos por puro amor de mi Dios. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración “Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA CUARTO - 24 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Sintiendo de alta oración cuerpo,
Y alma los ardores,
Padecisteis los dolores
De la sagrada Pasión
   
ORACIÓN
¡Oh fuego, y abismo de caridad! ¡Oh viva Hostia de la pasión de vuestro Esposo! ¡Oh Catalina en el padecer Divina! Pues reconcentrada ya en el cuarto grado del sagrado volcán de vuestro amor, admitisteis con sufrimiento invencible las penas y trabajos imponderables de enfermedades, calumnias, infamias y persecuciones de criaturas y demonios; padeciendo también con el más acerbo dolor de vuestro cuerpo y alma, todas las penas y dolores de la Pasión del Salvador, deseando ser una con Él; pues todas las sentisteis juntas, y en particular aquella tan atroz que sufrió cuando al estirarle en la Cruz la mano derecha, para que llegase al barreno, haciendo hincapié en el doloroso cuerpo, le descoyuntaron los más sensibles Divinos huesos que amparan el corazón; pues experimentó el vuestro este cruel estrago, dulcísima abogada mía, y os hizo el Señor la gracia de tener por la mayor dicha el pasar la vida infatigable en continuas penas, recreándoos en el inmenso mar de ellas con indecible sed y hambre de padecerlas; conseguidme de mi Dios que sufra alegre, paciente y humilde las que tuviere, a mayor agrado suyo. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración “Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO - 25 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Fuiste al cielo arrebatada,
Y eje la Divina Esencia
Bebiste por experiencia
La ciencia más encumbrada
   
ORACIÓN
¡Oh Catalina, abrasada del amor divino! Que apeteciendo incesantemente a vuestro Dios en el quinto grado del ardor que deshacía vuestro pecho, padecisteis de nuevo los dolores de la Pasión del Señor; y dividiendo los ímpetus de su incendio vuestro corazón en dos partes, quedasteis muerta cuatro horas, en que vuestra alma (cual la de otro Pablo al tercer Cielo) fue arrebatada a la Divina Esencia, viendo y gozando aquel gozo de la Gloria en que se anegan los Bienaventurados, y sintiendo las indecibles penas de los del Purgatorio, y también los eternos tormentos que padecen sin fin en el Infierno los que en esta vida no pusieron fin a sus gustos abrazando la penitencia; de cuyo rapto, volviendo por disposición Divina a animar nuestro cuerpo para el alto empleo de la predicación y conversión del mundo, quedasteis graduada y ordenada entre los Ángeles: Suplicoos, Serafín humano, que pues resucitasteis volviendo a esta vida mortal para bien de las almas, alcances a este miserable devoto vuestro una penetrante saeta de vuestro amor, para que muriendo del todo a mis inclinaciones, aspire impaciente a ver y amar al Sumo Bien para siempre. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración “Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
 
DÍA SEXTO - 26 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Con milagro nunca visto,
Robando los corazones
Desterrasteis sediciones
Contra el Vicario de Cristo.
   
ORACIÓN
¡Oh portento de la gracia! ¡Oh Catalina, milagro de vuestro sexo en el ministerio Apostólico! Pues corriendo velozmente en el servicio de Dios, y en su alcance, os remontasteis al sexto grado del amor de vuestro Esposo, y por su Divino precepto, sedienta del Martirio, fuisteis, ya como Embajadora de Florencia a la Corte del Papa, y ya como legada suya a sosegar las sediciones y rebelión de aquella Ciudad y más de sesenta Pueblos contra el Vicario de Cristo; alcanzando victoria contra el Infierno, y que volviese la Silla a Roma apagando también el cisma de la Iglesia; y siendo asombro de sabiduría, predicasteis varias veces delante del Papa y su Sagrado Colegio, venerándoos como nuevo Apóstol, cuyo alto empleo desempeñasteis con tanto fervor, que fue­ron innumerables las conversiones debidas a la eficacia de vuestras palabras, sin que bastasen los muchos Confesores que os seguían (y tres de ellos con autoridad Pontificia para absolver de casos reservados) a confesar los que convertía vuestra doctrina, y pues ninguno llegó a vuestra presencia que no volviese mejorado: alcanzadme, amada Protectora mía, que dando yo de mano a todo lo mundano, despierte de mi flojedad, y corra veloz por el camino de la perfección, hasta gozarme en el Eterno Bien. Amén
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración “Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  

DÍA SÉPTIMO - 27 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Sin culpas tu compunción
Fue asombro de penitencia:
Sin estudio hallaste ciencia,
Y amaste sin corazón.
   
ORACIÓN
¡Oh prodigio de santidad! ¡Oh mujer verdaderamente fuerte de espíritu magnánimo! Que desviando de la parte racional toda especie de temor pusilánime, emprendisteis con santa audacia las más arduas dificultades, y aprehendiendo a Dios en el séptimo grado de vuestro abrasado exceso, como liberal, amante, poderoso y fuerte, deshecha en vehementes ansias pedíais, como David, que criase en vos un corazón limpio y nuevo, y que renovase en vuestras entrañas un espíritu recto, y mostrándoseos amante abrió vuestro costado, y os sacó y llevó el corazón, viviendo sin él milagrosamente algunos días, hasta que apareciéndoseos después con otro, que traía en la mano, todo rubicundo y encendido, abriéndoos segunda vez el costado os le puso y cerró la herida, dejando por señal aquella cicatriz que después vieron algunas devotas mujeres vuestras compañeras: Por este raro favor os suplico, Virgen Santa, que pues aquel Divino corazón encendió en vuestro pecho tal hoguera, que hacía volar por el aire a su centro vuestro virginal cuerpo, logre yo por vuestra intercesión una centella que consuma todas mis tibiezas, hasta que viva crucificado con Cristo. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración “Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA OCTAVO - 28 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
Por despreciar los placeres,
Con que engaña el inundo vano,
Dios de Esposo os dio la mano,
¡Oh ejemplo de las mujeres!
   
ORACIÓN
!Oh Esposa dulcísima de Jesús! Que enlazada ya en el estrecho abrazo y nudo indisoluble de vuestro dulce Esposo en el octavo grado de vuestra sagrada hoguera, aquel Jueves de Carnestolendas, en que el mundo ciego corre sin riendas a las disoluciones y ofensas divinas, encerrada en vuestro retiro contemplábais a Cristo pendiente en la Cruz de tres clavos en los más dolorosos nervios de sus Sagrados pies y manos, y sintiendo en dulces coloquios la ingratitud de los hombres a tan excesivo amor, se os apareció lleno de gala, acompañado de la Virgen Madre, el gran Patriarca Santo Domingo, San Pablo y San Juan Evangelista con el Rey David, y convirtiendo en hermoso Cielo aquella humilde Celdita se celebró el más solemne y Divino desposorio, y dándoos Jesús la mano de Esposo, la juntó con la vuestra la Santísima Virgen, dejándoos por arras de tan místico Divino matrimonio aquel misterioso anillo que todavía se ve en vuestro dedo con cuatro perlas y un diamante, para mostrar, que la voluntad, el corazón, y bienes del Esposo, todo es vuestro: Pues sois tan absoluta y singular Esposa del Señor, haced que yo obre con tal pureza de intención y firmeza de diamante en la que ofrezco, que merezca morir a mi sensualidad, para unirme a mi Dios en estrecho lazo de amor. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración “Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 29 DE ABRIL
Por la señal...
Oración “¡Oh inmensa piedad!”.
  
A las llagas del amado
Águila veloz volasteis,
Y en vos impresas quedasteis
Hecha un Serafín llagado.
   
ORACIÓN
¡Oh admirable Catalina! ¡Oh triunfante encendida mártir de amor! Que ardiendo suave y dulcemente en la Divina voracidad del nove­no grado, como ascua del mismo amor transformada, gozabais lo que amabais, y amabais lo que gozabais; y enardecida en la contemplación de las cinco fuentes de las Llagas de Jesús (en cuyos dulces sagrados manantiales bebisteis repetidas veces), viendo entrar vuestro corazón por la del costado, se abrasó vuestra alma tan vivamente en la consideración de vuestro Esposo llagado y crucificado, y en el cuchillo de dolor que traspasó la bendita alma de su dulcísima Madre al pie de la Cruz, que fue vuestro cuerpo elevado casi hasta el techo de la Iglesia de Santa Cristina en Pisa, en donde en esta ocasión orábais, apareciéndoseos Jesús Crucificado para sellar en lo exterior lo que el interior padecía, os arrojó de sus Llagas cinco arroyos de su Divina Sangre, con que quedasteis llagada de pies y manos y costado, mudando el color sanguíneo en encendido oro; para que sintiendo el dolor para quitar mil vidas, no las viese el mundo, como así lo pedisteis. Alcanzadme, Divino Fénix, de aquel fuego Seráfico en que ardíais, un destello que consuma mis apegos y tibiezas, y eleve mi alma a la feliz región de la Bienaventuranza eterna. Amén.
   
Rezar tres Padre nuestros con tres Ave Marías y Gloria Patri; y pedir la gracia espiritual o consuelo que necesita. La oración “Amabilísima Esposa de Jesús,...” y los Gozos se rezarán todos los días.

viernes, 13 de diciembre de 2019

VINCENZO PAGLIA: “EL QUE DICE QUE JUDAS SE CONDENÓ ES HEREJE”

Traducción del artículo publicado en RADIO SPADA.
   
 
Mons. Vincenzo Paglia –el modernista-progresista nombrado en el 2012 (reino de Ratzinger) presidente del Pontificio Consejo de la Familia y en el 2016 (reino de Bergoglio) presidente de la Pontificia Academia para la Vida– en una reciente entrevista reportada por la AgenSir [Agencia S.I.R. –Servicio de Información Religiosa–, servicio de noticias de la Conferencia Episcopal Italiana, N. del T.] ha enseñado lo exactamente opuesto a lo que la Iglesia ha definido por siglos:
  
“Para la Iglesia Católica, si uno afirma que Judas [Iscariote] está en el infierno, es un hereje”, ha dicho.
  
¿Qué enseña, pues, el Catechismo Tridentino (n. 241 – La penitencia en cuanto virtud)?
“Frecuentemente sucede precisamente que los hombres no se arrepienten de los pecados como deberían; que también hay unos, al devir de Salomón, que se alegran del mal cometido (Pr 2,14); mientras que hay otros que se afligen tan amargamente, que desesperan de salvarse. Tal parece ser el caso de Caín que exclamó: Mi pecado es más grande que el perdón de Dios (Gn. 4, 13); y tal fue ciertamente el de Judas, el cual arrepentido, colgándose en el lazo, perdió al mismo tiempo la vida y el alma” (Mt. 27, 3 Ac. 1, 18).
  
Ad abundántiam, con fe pía, ¿qué es lo revelado a Santa Catalina de Siena (S. Catalina de Siena, Diálogo de la Divina Providencia, c. 37)?
“Porque la desesperación de Judas me disgustó más y fue más grave a mi Hijo que no la traición que me hizo. Así son condenados por este falso juicio de haber puesto mayor el pecado suyo que mi misericordia; y por eso son castigados con los demonios y atormentados eternamente con ellos”.

viernes, 26 de julio de 2019

ORACIÓN A LA PRECIOSA SANGRE DE CRISTO POR LA CONVERSIÓN DE UN PECADOR OBSTINADO

    
Señor mío, yo se que si miraseis a nuestras iniquidades no habría ninguno que pueda escapar de la eterna condenación. Mas acordaos que habéis sufrido los más crueles tormentos, derramasteis vuestra Sangre Preciosísima y habéis muerto con el solo fin de perdonarnos. No tengo otra consolación sobre la tierra, sino de ver a los pecadores que vuelven a vuestros pies. Concededme la conversión de este pecador obstinado N.: su alma está en vuestras manos. Amén. (SANTA CATALINA DE SIENA)

jueves, 26 de abril de 2018

EN ESTOS TIEMPOS DE APOSTASÍA, NO DEBEMOS CALLAR

Santa Catalina de Siena exhortando a Gregorio XI regresar a Roma (Sebastiano Conca)
    
«Os pido que obréis de modo que el día en que la suprema Verdad os juzgue no tenga que deciros esta dura palabra: “Maldito seas, tú que no has dicho nada”. ¡Ah, basta de silencio!, clamad con cien mil lenguas. Yo veo que a fuerza de silencio, el mundo está podrido. La Esposa de Cristo ha perdido su color (cf. Lam. 4, 1), porque hay quien chupa su sangre, que es la sangre de Cristo, que, dada gratuitamente, es robada por la soberbia, negando el honor debido a Dios y dándoselo a sí mismo; y es robada por la simonía, vendiendo los dones y gracias que nos son dadas por gracia con el precio de la Sangre del Hijo de Dios».
  
Cartas de Santa Catalina de Siena (edición de Piero Misciattèlli). Marzocco, Florencia 1939. Carta XVI (a un Prelado)

viernes, 30 de abril de 2010

SANTA CATALINA DE SIENA, DOCTORA DE LA IGLESIA

Donde está vuestro tesoro,
allí también estará vuestro corazón.
(Lucas 12, 34)


Santa Catalina de Siena

VIRTUOSA DESDE LA CUNA

Santa Catalina nació en 1347 en Siena, hija de padres virtuosos y piadosos. Ella fue favorecida por Dios con gracias extraordinarias desde una corta edad, y tenía un gran amor hacia la oración y hacia las cosas de Dios. A los siete años, consagró su virginidad a Dios a través de un voto privado. A los doce años, la madre y la hermana de Santa Catalina intentaron persuadirla para llegar al matrimonio, y así comenzaron a alentarla a prestar más atención a su apariencia. Para complacerlos, ella se vestía de gala y se engalanaba con joyas que se estilaban en esa época. Al poco tiempo, Santa Catalina se arrepintió de esta vanidad. Su familia consideró la soledad inapropiada para la vida matrimonial, y así comenzaron a frustrar sus devociones, privándola de su pequeña cámara o celda en la cual pasaba gran parte de su tiempo en soledad y oración. Ellos le dieron varios trabajos duros para distraerla. Santa Catalina sobrellevó todo esto con dulzura y paciencia. El Señor le enseñó a lograr otro tipo de soledad en su corazón, donde, entre todas sus ocupaciones, se consideraba siempre a solas con Dios, y donde no podía entrar ninguna tribulación.

Más adelante, su padre aprobó finalmente su devoción y todos sus deseos piadosos. A los quince años de edad, asistía generosamente a los pobres, servía a los enfermos y daba consuelo a los afligidos y prisioneros. Ella prosiguió el camino de la humildad, la obediencia y la negación de su propia voluntad. En medio de sus sufrimientos, su constante plegaria era que dichos sufrimientos podían servir para la expiación de sus faltas y la purificación de su corazón.

INTIMIDAD Y ESPONSORIOS CON JESÚS

Como una consagración más formal a Dios, a los diez y ocho años, Santa Catalina recibió el largo hábito blanco y negro deseado de la tercera orden de Santo Domingo. El hecho de pertenecer a una tercera orden significaba que la persona viviría la espiritualidad Dominica, pero en el mundo secular. Ella fue la primera mujer soltera en ser admitida. A partir de ese momento su celda llego a ser su paraíso, y se ofrecía a si misma en oración y mortificación. Durante tres años vivió como en una ermita, manteniéndose en silencio y sin hablar con nadie excepto Dios y su confesor. Durante este período, había momentos en que formas repugnantes y figuras tentadoras se presentarían en su imaginación, y las tentaciones más degradantes la asediaban. Posteriormente, el diablo extendió en su alma como una nube y una oscuridad tan grande que fue la prueba más severa jamás imaginable. Santa Catalina continuó con un espíritu de oración ferviente, de humildad y de confianza en Dios. Mediante ello perseveró victoriosa, y al final fue liberada de dichas pruebas que solo habían servido para purificar su corazón. Cuando Jesús la visitó después de este tiempo, ella le pregunto: "¿Dónde estabas Tú, mi divino Esposo, mientras yacía en una condición tan abandonada y aterradora?" Ella escuchó una voz que le decía, "Hija, estaba en tu corazón, fortificándote por la gracia." En 1366, Santa Catalina experimentó lo que se denominaba un ‘matrimonio místico’ con Jesús. Cuando ella estaba orando en su habitación, se le apareció una visión de Cristo, acompañado por Su madre y un cortejo celestial. Tomando la mano de Santa Catalina, Nuestra Señora la llevó hasta Cristo, quien le colocó un anillo y la desposó Consigo, manifestando que en ese momento ella estaba sustentada por una fe que podría superar todas las tentaciones. Para Catalina, el anillo estaba siempre visible, aunque era invisible para los demás. 

Desposorio místico de Santa Catalina (Clemente de Torres)

SU CARIDAD

Luego de tres años de vida solitaria en su hogar, Santa Catalina sintió que el Señor la estaba llamando en ese momento a llevar una vida más activa. Por lo tanto, comenzó a relacionarse más con los demás y a servirlos. Dios recompensó su caridad con los pobres a través de varios milagros, a menudo multiplicando víveres en sus manos, y haciendo que ella pudiera llevar todo lo necesario a los pobres, lo cual no hubiera podido lograrlo de otro modo a través de su fortaleza natural. En su ardiente caridad, trabajó intensamente por la conversión de los pecadores, ofreciendo sus continuas oraciones y ayunos. En Siena, cuando hubo un terrible brote de peste, trabajó constantemente para aliviar a los enfermos. "Nunca se la vio tan admirable como en ese momento”, escribió un sacerdote que la había conocido desde su infancia. "Siempre estaba con los que padecían por causa de la peste; los preparaba para la muerte y los enterraba con sus propias manos. Yo mismo fui testigo del gozo con que los atendía y de la maravillosa eficacia de sus palabras, que dieron lugar a muchas conversiones."

Todos sus discursos, acciones y su silencio inducían a los hombres al amor a la virtud, de tal modo a que nadie, de acuerdo al Papa Pío II, que se acercara alguna vez a ella regresaba sin ser una mejor persona. Santa Catalina era capaz de reconciliar a los peores enemigos, más a través de sus oraciones que de sus palabras. Por ejemplo, un hombre a quien ella estaba tratando de persuadir para que llevara una vida virtuosa, cuando Santa Catalina vio que sus palabras no estaban teniendo efecto, ella hizo una pausa repentina en su discurso para ofrecer oraciones por el. Sus oraciones fueron escuchadas en ese mismo instante, y un cambio radical se produjo en el hombre. Luego se reconcilió con sus enemigos y adoptó una vida penitencial. Los pecadores más empedernidos no podían resistir sus exhortaciones y oraciones en pos de un cambio de vida. Miles acudían a escucharla o solo a verla, y fueron ganados por sus palabras y por su ejemplo de arrepentimiento.

Se reunieron alrededor de la santa un grupo de fervientes seguidores. Por ejemplo, un ermitaño de edad avanzada abandonó su soledad para estar cerca de ella porque decía que encontraba más paz de mente y progreso en la virtud siguiéndola que lo que jamás hubiera hallado en su celda. Otro descubrió que cuando ella hablaba, el amor divino se inflamaba en todo su ser, y su desprecio por lo mundano aumentaba. Un cálido afecto la vinculaba a aquellos a quienes ella llamaba su familia espiritual – hijos suyos dados por Dios a quienes podía ayudar a lo largo del camino hacia la perfección. Ellos eran testigos de su espíritu de profecía, su conocimiento de las conciencias de los demás y su extraordinaria luz en las cuestiones espirituales. Ella leía sus pensamientos y frecuentemente tenía conocimiento de sus tentaciones cuando se alejaban de ella. En ese momento la opinión pública acerca de Catalina estaba dividida; varios la reverenciaban como a una santa, mientras que otros la consideraban una fanática o la denunciaban como hipócrita. Su confesor de ese tiempo, el Padre Raimundo, sería posteriormente el biógrafo de la santa.


Tal era la devoción a Santa Catalina que se le otorgó el patronato de una cofradía de Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento ¡en vida!

UNA CONCILIADORA PARA LA IGLESIA

Uno de los mayores logros de Santa Catalina fue su labor de llevar de vuelta el Papado a Roma a partir de su desplazamiento a Francia. Asimismo, se la llego a reconocer como conciliadora – ella comenzó ayudando a resolver varios conflictos familiares, y luego su trabajo se amplió para incluir el establecimiento de la paz en las ciudades estados italianas. Por ejemplo, en 1375, Santa Catalina tuvo noticias a través de Fray Raimundo de que la gente de Florencia se había adherido a una liga que estaba en contra de la Santa Sede. El Papa Gregorio XI, que residía en Avignon, escribió a la ciudad de Florencia, pero sin éxito. Ocurrieron divisiones internas y asesinatos entre los florentinos, y pronto se demando su reconciliación. Santa Catalina fue enviada por los magistrados de la ciudad como mediadora. Antes de llegar a Florencia, se reunió con los jefes de los magistrados, y la ciudad encomendó toda la situación a su criterio, con la promesa de que debía ser seguida a Avignon por sus Embajadores, quienes debían firmar y ratificar las condiciones de reconciliación y confirmar cada cosa que había hecho. Su Santidad, luego de haber tenido una conferencia con ella, en admiración de su prudencia y santidad, le manifestó: "No deseo nada más que la paz. Dejo esta cuestión totalmente en sus manos; solo le recomiendo el honor de la Iglesia." Sin embargo, los florentinos no fueron sinceros en su búsqueda de la paz, y continuaron sus intrigas secretas para apartar a toda Italia de su obediencia a la Santa Sede.

La santa tuvo otra misión durante su viaje a Avignon. El Papa Gregorio IX, electo en 1370, tenía su residencia en Avignon, donde los cinco papas previos también habían residido. Los romanos se quejaban de que sus obispos habían abandonado su iglesia durante setenta y cuatro años, y amenazaron con llevar a cabo un cisma. Gregorio XI hizo un voto secreto para regresar a Roma; pero no hallando este deseo agradable a su corte, el mismo consulto a Santa Catalina acerca de esta cuestión, quien le respondió: "Cumpla con su promesa hecha a Dios." El Papa, sorprendido de que tuviera conocimiento por revelación lo que jamás había revelado a nadie, resolvió inmediatamente hacerlo. La Santa pronto partió de Avignon. Se cuenta con varias cartas escritas por ella y dirigidas al Papa, a fin de adelantar su retorno a Roma, en donde finalmente falleció en 1376.

Posteriormente, Santa Catalina escribió al Papa Gregorio XI en Roma, exhortándole firmemente a contribuir por todos los medios posibles a la paz general de Italia. Su Santidad le encomendó la misión de ir a Florencia, aún dividida y obstinada en su desobediencia. Ella vivió un tiempo allí en medio de varios peligros incluso contra su propia vida. A la larga, ella logró que la gente de Florencia se dispusiera a la sumisión, a la obediencia y a la paz, aunque no bajo la autoridad de Gregorio XI, sino del Papa Urbano VI. Esta reconciliación ocurrió en 1378, luego de lo cual Santa Catalina regresó a Siena.

HACIA EL DIVINO ESPOSO

Santa Catalina regreso de esta manera a Siena, donde prosiguió su vida de oración. Ella obtuvo la unión perpetua de su alma con Dios. Aunque a veces estuviera obligada a conversar con diferentes personas sobre varios y diversos asuntos, ella siempre estaba ocupada y absorta en Dios. En una visión, Jesús se le presentó con dos coronas, una de oro y otra de espinas, ofreciéndole elegir con cual de las dos se complacería. Ella respondió: "Yo deseo, Oh Señor, vivir aquí siempre conforme a tu pasión, y encontrar en el dolor y en el sufrimiento mi reposo y deleite." Luego, tomando ansiosamente la corona de espinas, se la colocó sobre la cabeza.

En 1378, cuando Urbano VI fue electo Papa, su temperamento hizo que los cardenales se distanciaran, y que varios de ellos se retiraran. Luego declararon la elección nula, y eligieron a Clemente VII, con quien se retiraron de Italia y residieron en Avignon. Santa Catalina escribió largas cartas a los cardenales quienes primero habían reconocido a Urbano, y luego eligieron a otro; presionándolos a volver a su pastor legal. Ella también le escribió a Urbano mismo, exhortándolo a sobrellevar con temple y gozo los problemas en que se encontraba, y a aplacar el temperamento que le había llevado a tener tantos enemigos. A través del Padre Raimundo de Capua, su confesor y posteriormente su biógrafo, el Papa pidió a Santa Catalina regresar a Roma. El la escuchó y siguió sus instrucciones. Ella también escribió a los reyes de Francia y de Hungría para exhortarlos a renunciar al cisma.

Mientras trabajaba afanosamente para extender la obediencia al verdadero Papa, la salud de Santa Catalina comenzó a deteriorarse. Ella falleció de un ataque súbito a los 33 años en Roma. Los habitantes de Siena deseaban conservar su cabeza. Hubo un milagro que se comentó en el cual tuvieron un éxito parcial. Sabiendo que ellos no podían llevar a escondidas todo su cuerpo fuera de Roma, decidieron llevar solo su cabeza, la cual colocaron en un bolso. Cuando fueron detenidos por los guardias romanos, oraron para que Santa Catalina los ayudara. Cuando los guardias abrieron el bolso, parecía que ya no contenía su cabeza sino que todo el bolso estaba lleno de pétalos de rosa. Una vez que regresaron a Siena, volvieron a abrir el bolso y su cabeza estaba visible nuevamente. Debido a este relato, Sana Catalina a menudo es observada sosteniendo una rosa. La cabeza incorruptible y el dedo pulgar fueron sepultados en la Basílica de Santo Domingo, donde se conservan en la actualidad. El cuerpo de Santa Catalina esta enterrado en la Basílica de Santa María sopra Minerva en Roma, que se encuentra cerca del Panteón. 

La muerte de Santa Catalina de Siena (Pequeño palacio de Aviñón)

Cráneo incorrupto de Santa Catalina de Siena, venerado en la Basílica de Santo Domingo (Roma)

Las cartas de Santa Catalina son consideradas como una de las grandes obras de principios de la literatura Toscana. Ella escribió 364, y más de 300 de ellas se conservan en la actualidad. En sus cartas dirigidas al Papa, a menudo se refería al mismo con afecto como “Papa” o “Papi” (“Babbo” en italiano).

Aproximadamente un tercio de sus cartas estaban dirigidas a mujeres. Otros destinatarios incluyen a sus diversos confesores, entre ellos Raimundo de Capua, los reyes de Francia y Hungría, la Reina de Nápoles y numerosas figuras religiosas. Su otra obra magistral es el “Diálogo de la Divina Providencia,” un diálogo entre el alma y Dios. Registrado entre Registrado entre 1377 y 1378 por los miembros de su círculo. A menudo considerada como una analfabeta, Santa Catalina es reconocida por Raimundo en su biografía como capaz de leer latín e italiano, y otro hagiógrafo, Tommaso Caffarini, manifestó que la santa podía escribir. El Papa Pío II canonizó a Catalina en 1461

MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA DE SANTA CATALINA 

I. El corazón de Santa Catalina ardía del fuego del amor de Jesucristo. Abrasaban las llamas de este amor en su celo por la salvación de las almas, en su compasión por los pecadores, los pobres y los enfermos. Y tu corazón ¿a quién pertenece? ¿A las riquezas y a los placeres? Entonces es insensible al lamento de los pobres y a las inspiraciones del amor divino. ¡Señor! haced que os ame a Vos solo, y si amo algo más que lo haga por Vos. Dadme un corazón que Os ame (San Agustín).

II. Presentóle el Señor dos coronas, una de oro y otra de espinas, y la Santa eligió la de espinas, diciéndole que quería reproducir en ella la Pasión de su divino Maestro y gozarse en las penas y sufrimientos. Tú, en cambio, quieres en esta vida rosas y placeres; pronto se marchitarán las rosas y te quedarán espinas para toda la eternidad; porque es difícil gozar los bienes de este mundo y los del cielo (San Jerónimo).

III. El pensamiento continuo de la presencia de Dios la hizo salir victoriosa de todas sus tentaciones. Recogíase interiormente pensando en la Pasión de Jesucristo, en los castigos de los condenados y en su propia nada; estas consideraciones tornábanla insensible a las persecuciones de los hombres y hacíanla invencible a los asaltos del demonio. Piensa en Dios y en las verdades eternas, y nada temas ni desees en este mundo. Ahora no piensas sino en la tierra, por que tu tesoro y todas tus esperanzas están en la tierra y no en el cielo. Tu corazón y tu espíritu estarían en el cielo si allí estuviese tu tesoro (San Euquerio).

Meditar sobre la Pasión.
Orad por vuestro obispo.

ORACIÓN

Escuchadnos, oh Dios Salvador nuestro, y haced que la fiesta de la bienaventurada Catalina, vuestra virgen, al mismo tiempo que regocija nuestra alma, la enriquezca con sentimientos de una tierna devoción. Por J. C. N. S. Amén.

martes, 6 de abril de 2010

EN LA CONFESIÓN SE REALIZA LA MISERICORDIA DE DIOS

Diálogo 75 de Nuestro Señor con Santa Catalina de Siena


"También recibe el alma de otra manera este bautismo, hablando de un modo figurado, por especial providencia de mi divina caridad. Yo conocía la debilidad y fragilidad del hombre, que le lleva a ofenderme. No que se vea forzado por ella ni por ninguna otra cosa a cometer la culpa, si él no quiere, sino que, como frágil, cae en culpa de pecado mortal, por la que pierde la gracia que recibió en el santo bautismo en virtud de la Sangre. Por esto fue necesario que la divina Caridad proveyese a dejarles un bautismo continuo de la Sangre. Este bautismo se recibe con la contrición del corazón y con la santa confesión, hecha, cuando tienen posibilidad de ello, a los pies de mis ministros, que tienen la llave de la Sangre. Esta Sangre es la que la absolución del sacerdote hace deslizar por el semblante del alma.

Si la confesión es imposible, basta la contrición del corazón. Entonces es la mano de mi clemencia la que os da el fruto de esta preciosa sangre. Mas, pudiendo confesaros, quiero que lo hagáis. Quien pudiendo no la recibe, se ha privado del precio de la Sangre. Es cierto que en el último momento, si el alma la desea y no la puede haber, también la recibirá; pero no haya nadie tan loco que con esta esperanza aguarde a la hora de la muerte para arreglar su vida, porque no está seguro de que, por su obstinación, yo en mi divina justicia, no le diga: "Tú no te acordaste de mí en vida, mientras tuviste tiempo, tampoco yo me acuerdo de ti en la hora de la muerte". Que nadie, pues, se fíe, y si alguien, por su culpa, lo hizo hasta ahora, no dilate hasta última hora el recibir este bautismo de la esperanza en la Sangre. Puedes ver, pues, cómo este bautismo es continuo, en el que el alma debe ser bautizada hasta el final de su vida.

En este bautismo conoce que mi operación (es decir, el tormento de la cruz) fue finita, pero el fruto del tormento que por mí habéis recibido es infinito en virtud de la naturaleza divina, que es infinita, unida con la naturaleza humana, finita, que fue la que sufrió en mí. Verbo, vestido de vuestra humanidad. Mas porque una naturaleza está unida y amasada con la otra, la Deidad eterna trajo de sí e hizo suya la pena que yo sufrí con tanto fuego de amor. Por esto puede llamarse infinita esta operación, no porque lo sea el sufrimiento actual del cuerpo y el sufrimiento que me proporcionaba el deseo de cumplir vuestra redención (ya que ambas terminaron en la cruz cuando el alma se separó del cuerpo), pero el fruto, que proviene del sufrimiento y del deseo de vuestra salvación, sí es infinito. Por esto lo recibís infinitamente. Si no hubiese sido infinito, no habría sido restaurado todo el género humano: pasados, presentes y venideros. Ni el hombre cuando peca podría levantarse después de su pecado, si no fuera infinito este bautismo de la Sangre que se os ha dado, es decir, si no fuera infinito su fruto.

Esto os manifesté en la apertura de mi costado, donde halláis los secretos del corazón, demostrándoos que os amo mucho más de lo que puedo manifestar con un tormento finito. ¿En qué te he revelado que es infinito? En el bautismo de la Sangre, unido con el fuego de mi caridad, derramada por amor, con el bautismo general, dado a los cristianos y a quienes quieran recibirlo, del agua, unido con la Sangre y con el fuego, en que el alma se amasa con mi Sangre. Para dároslo a entender, quise que del costado saliese sangre y agua. Con esto he querido responder a lo que tú me preguntabas."