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domingo, 28 de junio de 2026

LOS PRO-SÝLLABUS Y LOS ANTI-SÝLLABUS

Traducción a partir de la versión inglesa de la conferencia dada por el arzobispo Marcel Lefebvre a los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X en el Seminario Internacional San Pío X en Écône (Suiza) el 6 de Septiembre de 1990, y publicada en la revista Fidéliter n.º 87, mayo-junio de 1992. Se presenta en respuesta a las declaraciones de Gerhard Ludwig Müller Straub, Robert Sarah Nemelo, el obispón de Lincoln (Nebraska) James Douglas Conley Smith, y los profesores de la Facultad de Teología de la Universidad Franciscana de Steubenville (Estados Unidos) sobre las consagraciones del próximo 1 de Julio.

LOS PRO-SÝLLABUS Y LOS ANTI-SÝLLABUS
   
EL PROBLEMA
Respecto al futuro, quisiera decir unas palabras sobre las preguntas que la gente común podría haceros, preguntas que a menudo recibo de personas que no saben mucho sobre lo que sucede en la Fraternidad, como por ejemplo: «¿Se han roto las relaciones con Roma? ¿Se acabó todo?».

UNA SOLUCIÓN LIGERA
Hace unas semanas, quizás tres, recibí otra llamada del Cardenal Silvio Oddi: «Bueno, Su Excelencia, ¿de verdad no hay manera de arreglar las cosas? ¿ninguna?». Le respondí: «Vosotros debéis cambiar, volver a la Tradición. No es una cuestión de liturgia, es una cuestión de fe».

El cardenal protestó:
«No, no, no es una cuestión de fe, no, no. El Papa está dispuesto a recibiros. Solo un pequeño gesto de vuestra parte, una pequeña petición de perdón, y todo estará bien».
Este es el cardenal Oddi, sin duda. Pero no lleva a ninguna parte. A ninguna parte. No entiende nada, o no quiere entender nada. Nada. Desafortunadamente, lo mismo ocurre con nuestros cuatro cardenales más o menos tradicionales: Pietro Palazzini, Alfons Maria Stickler SDB, Édouard Gagnon PSS, y Oddi. No tienen peso ni influencia en Roma; han perdido toda influencia. Ahora solo sirven para celebrar ordenaciones en la Fraternidad de San Pedro, etc. No llevan a ninguna parte. A ninguna parte.
 
EL PROBLEMA PESADO
El problema se mantiene muy grave, no hay que minimizarlo. Esto es lo que hay que responder a todos los laicos que preguntan si la crisis terminará, si no habría otro medio de tener una autorización para nuestra liturgia, para nuestros sacramentos…

Ciertamente la cuestión de la liturgia y de los sacramentos es muy importante, pero es más importante todavía la cuestión de la fe. Para nosotros esta cuestión está resuelta porque nosotros tenemos la fe de siempre, la del concilio de Trento, la del catecismo de San Pio X, de todos los concilios y de todos los papas anteriores al Vaticano II; en una palabra, la fe de la Iglesia.

¿Y en Roma? La perseverancia y la pertinacia de las ideas falsas y de los graves errores del Vaticano II continúan. Esto está claro.

El Padre Giulio María Tam nos ha enviado recortes del Osservatore Romano: discursos del Santo Padre, del cardenal Casaroli y el cardenal Ratzinger. Son documentos oficiales de la Iglesia de los cuales no se puede dudar de su autenticidad, y estamos estupefactos.
  
LA NUESTRA ES UNA ANTIGUA BATALLA
¡Estos textos son asombrosos, absolutamente asombrosos! Citaré algunos en breve. Es increíble. En las últimas semanas (¡ya que estoy en descanso!) he dedicado tiempo a releer el libro de Emmanuel Barbier, que bien conocéis, sobre el catolicismo liberal. Y es impresionante ver cómo nuestra lucha actual es exactamente la misma que libraron los grandes católicos del siglo XIX, tras la Revolución Francesa, y los papas Pío VI, Pío VII, Pío VIII, Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, y así sucesivamente, desde San Pío X hasta Pío XII.
   
Su lucha se resume en la encíclica Quánta Cura con el Sýllabus de Pío IX y en la Pascéndi Domínici gregis de San Pío X. Estos son los dos grandes documentos, sensacionales e impactantes para su época, que exponen la enseñanza de la Iglesia frente a los errores modernos, errores que surgieron durante la Revolución, especialmente en la Declaración de los Derechos del Hombre. Esta es la lucha en la que nos encontramos hoy. Exactamente la misma lucha.
   
Hay quienes favorecen el Sýllabus, Quánta Cura y Pascéndi, y quienes se oponen a ellos. Es sencillo. Es claro. Quienes se oponen a ellos adoptan los principios de la Revolución Francesa, los errores modernos. Quienes favorecen el Sýllabus, Quánta Cura y Pascéndi permanecen dentro de la verdadera fe, dentro de la doctrina católica.
   
Como bien saben, el cardenal Ratzinger afirmó que, en su opinión, el Concilio Vaticano II es «un anti-Sýllabus». Con esto, el cardenal se posicionó claramente entre quienes se oponen al Sýllabus. Si, por lo tanto, se opone al Sýllabus, está adoptando los principios de la Revolución. Además, continúa diciendo con claridad: «En verdad, la Iglesia se ha abierto a principios que no son propios, sino que provienen de la sociedad moderna, etc.», es decir, como todos entienden, los principios de 1789, los Derechos del Hombre.
   
Nos encontramos precisamente en la misma situación en la que el cardenal Luis Eduardo Pie, el obispo Carlos Emilio Freppel, Luis Veuillot y el diputado Emilio Keller en Alsacia, el obispo Guillermo Manuel de Ketler en Alemania y el cardenal Gaspar Mermillod en Suiza, lucharon con ahínco junto a la gran mayoría de los obispos de la época. En aquel entonces, tuvieron la fortuna de contar con el apoyo de la gran mayoría de los obispos. Algunos, como el obispo Félix Dupanloup y los pocos obispos franceses que lo siguieron, fueron una excepción. Los pocos obispos de Alemania e Italia que se opusieron abiertamente al Sýllabus, e incluso a Pío IX, fueron la excepción, no la regla.
   
Pero, por supuesto, estaban las fuerzas de la Revolución, los herederos de la Revolución, y estaba la mano tendida por Dupanloup, Carlos de Montalembert, Hugo Felicidad de Lamennais y otros, que ofrecieron su mano a la Revolución y que nunca quisieron invocar los derechos de Dios contra los derechos del hombre: «Solo pedimos los derechos de cada hombre», esto es, «los derechos compartidos por todos, compartidos por todos los hombres, compartidos por todas las religiones, no los derechos de Dios…», decían estos liberales.
  
NO DEBEMOS VACILAR
Pues bien, nos encontramos en la misma situación. No debemos hacernos ilusiones. Por consiguiente, estamos en medio de una gran lucha, una lucha titánica. Estamos librando una lucha garantizada por toda una línea de Papas. Por lo tanto, no debemos tener dudas ni temores, dudas como: «¿Por qué deberíamos ir solos? Después de todo, ¿por qué no unirnos a Roma? ¿Por qué no unirnos al Papa?». Sí, si Roma y el Papa estuvieran en consonancia con la Tradición, si continuaran la labor de todos los Papas del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, sin duda.
   
Pero ellos mismos admiten que han emprendido un nuevo camino. Admiten que con el Concilio Vaticano II comenzó una nueva era. Admiten que esta es una nueva etapa en la vida de la Iglesia, completamente nueva, basada en nuevos principios. No hace falta discutir este punto. Ellos mismos lo dicen. Es evidente. Creo que debemos insistir en este punto con nuestra gente, para que comprendan su unidad con toda la historia de la Iglesia, que va mucho más allá de la Revolución. Por supuesto. Es la lucha de la Ciudad de satanás contra la Ciudad de Dios. Claramente. Así que no debemos preocuparnos. Debemos, después de todo, confiar en la gracia de Dios.
   
¿Qué sucederá? ¿Cómo terminará? Este es el secreto de Dios. Un misterio. Pero es claro, clarísimo, que debemos combatir las ideas actualmente en boga en Roma, que provienen del propio Papa, de la boca del Cardenal Ratzinger, de la boca del Cardenal Casaroli, del Cardenal Johannes Willebrands y otros como ellos, pues simplemente repiten lo contrario de lo que los Papas han dicho y declarado solemnemente durante 150 años. Debemos elegir, como le dije al Papa Pablo VI: «Debemos elegir entre usted y el Concilio, por un lado, y sus predecesores, por el otro; o con sus predecesores que enunciaron la enseñanza de la Iglesia, o con las innovaciones del Vaticano II». Su respuesta fue: «Ah, este no es el momento de entrar en teología, no entremos en teología ahora». Es claro. Por lo tanto, no debemos vacilar ni un instante.

UNA FALSA CARIDAD
Y no debemos vacilar ni un instante en no apoyar a quienes nos traicionan. Algunos admiran siempre el césped del jardín del vecino. En lugar de mirar a sus amigos, a los defensores de la Iglesia, a quienes luchan en el campo de batalla, miran a nuestros enemigos del otro lado. «Después de todo, debemos ser caritativos, debemos ser amables, no debemos dividir, después de todo, celebran la Misa Tridentina, no son tan malos como dicen…». Pero nos traicionan, ¡nos traicionan! Se alían con los destructores de la Iglesia. Se alían con quienes apoyan ideas modernistas y liberales condenadas por la Iglesia. Así, hacen la obra del diablo.
 
Así, quienes estuvieron con nosotros y trabajaron con nosotros por los derechos de Nuestro Señor, por la salvación de las almas, ahora dicen: «Mientras nos permitan la antigua Misa, podemos estrechar la mano de Roma, sin problema». Pero ya vemos cómo termina. Se encuentran en una situación imposible. Imposible. No se puede estrechar la mano de los modernistas y seguir la Tradición al mismo tiempo. No es posible. No es posible.
   
Ahora bien, mantener el contacto con ellos para traerlos de vuelta, para convertirlos a la Tradición… sí, si se quiere, ¡ese es el ecumenismo correcto! ¿Pero dar la impresión de que, después de todo, casi lamentamos la ruptura, que disfrutamos hablando con ellos? ¡De ninguna manera! ¡Son personas que nos llaman “tradicionalistas cadavéricos” dicen que “somos rígidos como cadáveres”, que la nuestra no es una Tradición viva, que tenemos caras tristes, que la nuestra es una Tradición triste! ¡Se creería que ellos jamás han formado parte de la Tradición! Es inverosímil. ¿Cómo quieren que se pueda tener relaciones con ellos?
   
Esto es lo que nos crea problemas con ciertos laicos, gente muy amable, muy buena, todos a favor de la Fraternidad, que han aceptado las Consagraciones, pero que sienten una profunda nostalgia por no estar ya con la gente con la que estaban antes, gente que no aceptó las Consagraciones y ahora está en contra nuestra. «Es una pena que estemos divididos», dicen, «¿por qué no nos reunimos con ellos? Tomemos algo juntos, acerquémonos a ellos». ¡Eso es una traición! Quienes dicen esto dan la impresión de que, a la menor señal, se pasarían a los que nos han abandonado. Deben decidirse.
    
NO PODEMOS TRANSIGIR
Esto fue lo que mató al cristianismo en toda Europa, no solo a la Iglesia en Francia, sino también en Alemania y Suiza; esto fue lo que permitió que la Revolución se afianzara. Fueron los liberales, aquellos que se acercaron a personas que no compartían sus principios católicos. Debemos decidir si también nosotros queremos colaborar en la destrucción de la Iglesia y la ruina del Reinado Social de Cristo Rey, o si estamos decididos a seguir trabajando por el Reinado de Nuestro Señor Jesucristo.
  
A todos los que deseen unirse a nosotros y trabajar con nosotros, Deo grátias, les damos la bienvenida, vengan de donde vengan, eso no es problema; pero que vengan con nosotros, que no digan que van por un camino diferente para seguir a los liberales que nos han abandonado y trabajar con ellos. No es posible.
   
A lo largo del siglo XIX, los católicos se destrozaban, literalmente, sobre el Sýllabus: a favor, en contra, a favor, en contra.
  
Recordemos, en particular, lo que le sucedió al Conde de Chambord [Enrique de Artois, nieto del rey Carlos X de Francia y pretendiente legitimista bajo el nombre de Enrique V, N. del T.]. Fue criticado por negarse a ser nombrado rey de Francia tras la Revolución de 1870, debido al cambio de la bandera francesa. Pero no se trataba tanto de la bandera, sino de su negativa a someterse a los principios de la Revolución. Declaró: «Jamás consentiré en ser el rey legítimo de la Revolución». ¡Tenía razón! Porque sería elegido por el país, por el Parlamento francés, pero con la condición de que aceptara ser un rey parlamentario y, por lo tanto, aceptar los principios de la Revolución. Él afirmó: «No. Si debo ser rey, seré rey como lo fueron mis antepasados, antes de la Revolución».
  
Tenía razón. Hay que elegir. Él optó por permanecer con el Papa y con los principios prerrevolucionarios. Nosotros también hemos elegido ser contrarrevolucionarios, permanecer fieles al Sýllabus, oponernos a los errores modernos, permanecer fieles a la Verdad católica, defender la Verdad católica. ¡Tenemos razón!
  
EL VATICANO II ESTÁ PROFUNDAMENTE ERRADO
Esta lucha entre la Iglesia, los liberales y el modernismo es la lucha en torno al Concilio Vaticano II. Así de simple. Y las consecuencias son de gran alcance.
   
Cuanto más se analizan los documentos del Concilio Vaticano II y su interpretación por parte de las autoridades de la Iglesia, más se comprende que lo que está en juego no son simples errores superficiales, algunas equivocaciones, ecumenismo, libertad religiosa, colegialidad, cierto liberalismo, sino una perversión total de la mente, una filosofía completamente nueva basada en la filosofía moderna, en el subjetivismo.
   
Un libro publicado recientemente por un teólogo alemán (y que espero sea traducido al francés, para que lo tengáis en la mano) es sumamente instructivo. Muestra cómo el pensamiento del Papa, especialmente en un retiro que como obispo predicó en el Vaticano [el retiro cuaresmal de 1967, N. del T.], es subjetivista de principio a fin, y al leer sus discursos, uno se da cuenta de que, en efecto, este es su pensamiento. Puede parecer católico, pero no lo es. No. La noción de Dios del Papa, la noción de Nuestro Señor del Papa, surge «de las profundidades de su conciencia», y no de una Revelación objetiva a la que se adhiere con la mente. No. Él construye la noción de Dios. Recientemente afirmó en un documento —increíble— que la idea de la Trinidad solo pudo haber surgido muy tarde, porque la psicología interna del hombre tenía que ser capaz de definir la Trinidad.
   
Así pues, la idea de la Trinidad no surgió de una revelación externa, sino de la conciencia humana, brotó del interior del hombre, ¡de las profundidades de la conciencia humana! ¡Increíble! ¡Una versión totalmente distinta de la Revelación, de la Fe, de la filosofía! ¡Muy serio! ¡Una perversión total! No tengo ni idea de cómo saldremos de todo esto, pero en cualquier caso es un hecho, y como demuestra este teólogo alemán (que, creo, tiene dos capítulos más de su libro sobre el pensamiento del Santo Padre), es verdaderamente aterrador.
   
Así pues, no se trata de errores menores. No estamos hablando de trivialidades. Nos referimos a una línea de pensamiento filosófico que se remonta a Kant, Descartes y toda la generación de filósofos modernos que allanaron el camino a la Revolución.
    
EL ECUMENISMO DEL PAPA JUAN PABLO II
Permitidme citaros algunas frases relativamente recientes, por ejemplo, sobre el ecumenismo, del Osservatore Romano del 2 de junio de 1989, cuando el Papa estuvo en Noruega:
«Mi visita a los países escandinavos confirma el interés de la Iglesia Católica por el ecumenismo, cuyo objetivo es promover la unidad entre los cristianos, entre todos los cristianos. Hace veinticinco años, el Concilio Vaticano II subrayó claramente la urgencia de este reto para la Iglesia.
   
Mis predecesores persiguieron este objetivo con perseverante dedicación, con la gracia del Espíritu Santo, fuente divina y garantía del movimiento ecuménico. Desde el inicio de mi pontificado, he hecho del ecumenismo la prioridad de mi labor pastoral».
Está claro.
  
Ahora bien, cuando leéis multitud de documentos sobre ecumenismo, veis que él se pronuncia discurso tras discurso sobre el tema porque recibe delegaciones tras delegaciones de los ortodoxos, de todas las religiones, de todas las sectas, así que el tema siempre es ecumenismo, ecumenismo, ecumenismo.
 
Pero no consigue nada; el resultado final ha sido nada, absolutamente nada, excepto, por el contrario, tranquilizar a los no católicos en sus errores sin intentar convertirlos, confirmándolos en su error. La Iglesia no ha avanzado en absoluto con este ecumenismo. Todo lo que dice es un auténtico galimatías: “comunión”, “acercamiento”, “deseo de una comunión perfecta e inminente”, “esperanza de recibir pronto la comunión en el sacramento”, “unidad”, etc. Un verdadero embrollo. No hay progreso real. Es imposible avanzar así.
  
EL HUMANISMO DEL CARDENAL CASAROLI
Tomemos como ejemplo al Cardenal Casaroli, citado en el Osservatore Romano de febrero de 1989, mientras se dirige a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. ¡Vaya discurso!
«Al responder con gran placer a la invitación que se me ha extendido para comparecer ante vosotros, y al brindaros el aliento de la Santa Sede, deseo detenerme por unos instantes, como todos comprenderéis en un aspecto específico de la libertad fundamental de pensamiento y acción según la propia conciencia: la libertad religiosa».
¡Tales cosas saliendo de la boca de un arzobispo! ¡Libertad de pensamiento y acción según la propia conciencia; por lo tanto, libertad religiosa!
«Juan Pablo II no dudó en declarar el año pasado, en un mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que la libertad religiosa constituye una piedra angular en el edificio de los derechos humanos. La Iglesia Católica y su Pastor Supremo, quien ha hecho de los derechos humanos un tema central de su predicación, no han dejado de recordar que en un mundo hecho por el hombre y para el hombre (Casaróli dixit), toda la organización de la sociedad solo tiene sentido en la medida en que convierte la dimensión humana en una preocupación central».
¿Dios? ¿Dios? ¡No hay dimensión divina en el hombre! ¡Es espantoso! ¡Paganismo! ¡Espantoso! Luego continúa:
«Esto preocupa a la Santa Sede, a todos los hombres; y sin duda, también a vosotros».
¿Qué se puede hacer con gente así? ¿Qué tenemos en común con ellos? ¡Nada! Imposible.
  
LA DERIVA DEL CARDENAL RATZINGER
Pasemos ahora a nuestro conocido cardenal Ratzinger, quien observó que el documento Gáudium et Spes del Concilio Vaticano II era un contrasýllabus. Sin embargo, le resulta vergonzoso haber hecho tal comentario, porque la gente lo cita constantemente en su contra como una crítica: «¡Vd. dijo que el Vaticano II es un contrasýllabus! ¡Momento, esto es grave!». Así que buscó una explicación. La ofreció recientemente, el 27 de junio de 1990.
  
Como sabéis, Roma publicó recientemente un documento importante que explica la relación entre el Magisterio y los teólogos [la Instrucción “Donum veritátis”, N. del T.]. Ante los constantes problemas que les generan los teólogos, Roma ya no sabe qué hacer, así que intenta mantenerlos a raya sin ser demasiado duros con ellos. Por eso, dedican páginas y páginas a este documento. Ahora bien, en la presentación del documento, el cardenal Ratzinger expone su opinión sobre la posibilidad de contradecir lo que los Papas decidieron hace aproximadamente cien años.

La Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo, dice el Cardenal, «afirma por primera vez con tanta claridad…», ¡y de hecho creo que es cierto!:
«…que existen decisiones del Magisterio que no pueden ser, ni pretenden ser, la última palabra sobre la cuestión en sí, sino que constituyen un ancla sustancial para el problema…».
—¡Ah, el cardenal es muy astuto! Así que hay decisiones del Magisterio (¡y no cualquier decisión!) que no pueden ser la última palabra sobre el tema en sí, sino que son simplemente un ancla sustancial para el problema. El cardenal continúa:
«…y son ante todo una expresión de prudencia pastoral, una especie de provisión provisional…»
—¡Oído! ¡Las decisiones finales de la Santa Sede se están transformando en disposiciones provisionales! El cardenal continúa:
«…Su esencia sigue siendo válida, pero algunos detalles, influenciados por las circunstancias contemporáneas, podrían requerir una rectificación adicional. En este sentido, cabe remitirse a las declaraciones papales del siglo pasado sobre la libertad religiosa, así como a las decisiones antimodernistas de principios del siglo XX, especialmente las de la Comisión Bíblica de aquella época…».
  
EL MAGISTERIO DISUELTO
¡Esas son las decisiones que el cardenal no pudo soportar! ¡Así que tres declaraciones definitivas del Magisterio pueden descartarse por ser solo «provisionales»! Escuchemos al cardenal, quien continúa diciendo que estas decisiones antimodernistas de la Iglesia prestaron un gran servicio en su tiempo al «advertir contra las adaptaciones apresuradas y superficiales» y «evitar que la Iglesia se hundiera en el mundo burgués-liberal… Pero los detalles para determinar su contenido se suspendieron posteriormente una vez que cumplieron su deber pastoral en un momento determinado» (L’Osservatore Romano, edición en inglés, 2 de julio de 1990, pág. 5). ¡Así que pasemos página y no hablemos más de ellas!
   
¿Véis cómo el cardenal se libró de la acusación de haberse extralimitado al llamar al Concilio Vaticano II un antisýllabus, oponiéndose a las decisiones papales y al Magisterio del pasado? ¡Encontró una salida! – «…el núcleo sigue siendo válido…» –¿qué núcleo? ¡Ni idea!– «…pero los detalles individuales influenciados por las circunstancias de la época pueden requerir una rectificación adicional…» – ¡Et voilà, se libró del problema!

Cómo quieren que se les tenga confianza a personas como éstas, que justifican la negación de Quánta Cura, de Pascéndi, de las decisiones de la Comisión Bíblica, etcétera…
  
SIERVOS DEL GLOBALISMO
En conclusión, o bien somos herederos de la Iglesia Católica, es decir, de Quánta Cura, de Pascéndi, con todos los Papas hasta el Concilio y con la gran mayoría de los obispos anteriores al Concilio, para el reinado de Nuestro Señor Jesucristo y para la salvación de las almas; o bien somos herederos de aquellos que se esfuerzan, incluso a costa de romper con la Iglesia Católica y su doctrina, por reconocer los principios de los Derechos Humanos, basados ​​en la apostasía, para obtener un puesto como servidores en el Gobierno Mundial Revolucionario. Eso es todo. Ellos lograrán obtener un puesto bastante bueno como servidores en el Gobierno Mundial Revolucionario porque, al afirmar estar a favor de los Derechos Humanos, la libertad religiosa, la democracia y la igualdad humana, merecen claramente ocupar un puesto como servidores en el Gobierno Mundial.
  
EL SEÑOR ES NUESTRA FORTALEZA
Creo que si os cuento estas cosas, es para situar nuestra lucha en su contexto histórico. Obviamente, no empezó con el Concilio Vaticano II. Se remonta mucho más atrás. Es una lucha dura y muy dolorosa; ¡se ha derramado sangre en ella, y en abundancia! Y luego las persecuciones, la separación de la Iglesia y el Estado, los religiosos y religiosas forzados al exilio, la confiscación de bienes de la Iglesia, etcétera, no solo en Francia sino también en Suiza, Alemania, Italia; la ocupación de los Estados Pontificios que obligó al Papa a regresar al Vaticano: ¡abominaciones espantosas contra el Papa!
   
Bueno, ¿estamos del lado de todos estos innovadores, en contra de la doctrina profesada por los Papas, en contra de sus voces alzadas en protesta para defender los derechos de la Iglesia, los derechos de Nuestro Señor, para defender las almas? Creo que realmente tenemos una fuerza y ​​un fundamento en el que apoyarnos que no proviene de nosotros, y esto es lo bueno: no es nuestra lucha, es la lucha de Nuestro Señor, que la Iglesia ha llevado adelante. Así que no podemos vacilar. O estamos a favor de la Iglesia, o estamos en contra de la Iglesia y a favor de la nueva Iglesia conciliar que no tiene nada que ver con la Iglesia Católica, o que cada vez tiene menos que ver con ella. De hecho, cuando el Papa habló de derechos humanos, inicialmente también aludió a los deberes de los hombres, pero ya no. Ya no. Derechos humanos, y esta insistencia en todo para el hombre, todo por el hombre. ¡Verdaderamente espantoso!
  
LA FRATERNIDAD ESTÁ LUCHANDO
Quería compartir con vosotros algunas de estas reflexiones para que os fortalezcáis y seáis conscientes de la lucha que estáis librando. Con la gracia de Dios, porque es evidente que ya no estaríamos vivos si el Buen Señor no estuviera con nosotros. Esto es claro. Ha habido al menos cuatro o cinco ocasiones en que la Fraternidad San Pío X debería haber desaparecido. ¡Pues bien, aquí estamos de nuevo, gracias a Dios! Y por Dios, seguimos adelante. Deberíamos haber desaparecido especialmente en el momento de las Consagraciones en 1988. Eso fue lo que nos dijeron de antemano. Todos los profetas de la fatalidad, e incluso aquellos cercanos a nosotros, dijeron: «No, no, Su Excelencia, no lo haga, ese es el fin de la Fraternidad, puede estar seguro, se lo aseguramos, es el fin, todo habrá terminado, puede cerrar». ¡Y sin embargo sobrevivimos!
  
No, el Buen Señor no quiere que su lucha llegue a su fin, una lucha en la que ha habido muchos mártires, los mártires de la Revolución y todos aquellos que fueron mártires morales a causa de las persecuciones que sufrieron durante el siglo XIX. También en nuestro siglo, San Pío X fue mártir. Todos estos héroes de la fe, los obispos perseguidos, los conventos confiscados, las monjas exiliadas: ¿acaso todo esto ha sido en vano? ¿Acaso toda esa lucha ha sido una lucha inútil, una lucha en vano? ¿Una lucha que condena a sus víctimas? ¿Y a los mártires? Imposible. Así pues, nos encontramos atrapados en la misma corriente, en la continuación de la misma lucha, y damos gracias a Dios.
  
LA FRATERNIDAD ES PERSEGUIDA
Es obvio que somos perseguidos. ¿Cómo no serlo? Somos los únicos excomulgados. Nadie más lo es. Somos los únicos perseguidos, incluso en asu unntos materiales. Por ejemplo, nuestros compañeros suizos se ven obligados a hacer el servicio militar de nuevo. Esto es persecución por parte del gobierno suizo. En Francia, persiguen al Distrito Francés de la Fraternidad bloqueando la entrega de herencias al Distrito, en un intento de asfixiarnos privándonos de nuestros ingresos. Esto es persecución, de esas que abundan en la historia; simplemente continúa. Y Dios encuentra la manera de sortearla.
   
Normalmente, nuestro Distrito Francés debería haber sido asfixiado, y habríamos tenido que cerrar nuestras escuelas, clausurar todas las instituciones que nos costaban dinero. Pero esta situación se ha prolongado durante más de dos años, y la Providencia ha permitido que nuestros benefactores sean generosos y que los fondos fluyan, por lo que hemos podido continuar a pesar de esta persecución injusta. Injusta, porque la ley, el estado de derecho, está de nuestro lado. Pero hay una carta del Cardenal Aarón Lustiger al Ministro Francés pidiéndole que detenga nuestros legados, y esta carta no surgió de la nada; fue escrita bajo la influencia del obispo Camille Perl. Es él, el alma maldita. Es él. Estaba todo sonrisas cuando vino para la Visita Oficial de la Fraternidad en 1987, pero fue el genio maligno de esa Visita. ¡Creía que nos tenía bajo su control cuando cortó nuestra financiación!
   
Así que no debemos preocuparnos, porque al mirar atrás, vemos que aún no somos tan desafortunados como aquellos católicos desposeídos a principios de este siglo, que se encontraron en la calle sin nada. Esto podría sucedernos algún día, no lo deseo, pero cuanto más crezcamos, más despertaremos la envidia de quienes no nos aprecian. Pero debemos confiar en Dios, en su gracia.
  
NO HAY SOLUCIONES FÁCILES
¿Qué pasará? No lo sé. ¡Quizás la venida de Elías! Esta mañana leía en las Sagradas Escrituras: «Elías volverá y lo pondrá todo en su sitio». «Et ómnia restítuet», «y restaurará todas las cosas». ¡Por Dios Santísimo, que venga ya! No lo sé. Pero, humanamente hablando, por el momento no hay posibilidad de un acuerdo entre Roma y nosotros.
   
Alguien me dijo ayer: «¿Y si Roma aceptara sus Obispos y que usted estuviera completamente exento de la jurisdicción de los obispos…?». Pero, en primer lugar, están muy lejos de aceptar algo así ahora mismo, y en segundo lugar, ¡que nos hagan una oferta similar primero! Pero no creo que estén ni cerca de hacerlo. Porque la dificultad hasta ahora ha sido precisamente el hecho de darnos un obispo tradicionalista. No querían eso. Tenía que ser un obispo conforme al perfil establecido por la Santa Sede.
   
«El perfil». ¡Ved lo que eso significa! Imposible. Sabían perfectamente que al darnos un obispo tradicional, estarían estableciendo una fortaleza tradicionalista capaz de perdurar. No querían eso. Tampoco se lo dieron a los otros (la Fraternidad Sacerdotal San Pedro). Cuando los de San Pedro dicen que firmaron el mismo Protocolo que nosotros firmamos en mayo de 1988, eso no es cierto, porque nuestro Protocolo incluía un obispo y dos miembros de la Comisión Romana, cosas que su Protocolo no tenía. Así que no firmaron el mismo Protocolo que nosotros. Roma aprovechó la redacción de un nuevo Protocolo para eliminar esas dos concesiones. Querían evitarlo a toda costa. Así que tuvimos que hacer lo que hicimos el 30 de junio de 1988…
   
EL LADO POSITIVO 
En cualquier caso, me complace poder animaros y felicitaros por el trabajo que hacéis. Las quejas son raras hoy en día, y cuántas personas me escriben expresando su gratitud por la labor de los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X. Para ellos, la Fraternidad es su vida. Han redescubierto la vida que anhelaban, el camino de la fe, el espíritu familiar que necesitan, el deseo de una educación cristiana, todas estas escuelas, junto con todo lo que hacen nuestras hermanas y padres, y todos nuestros amigos que colaboran para continuar la Tradición. Todo esto es maravilloso en los tiempos que vivimos. La gente está verdaderamente agradecida, profundamente agradecida. Así que continuad con vuestro trabajo y organizaos. Espero que poco a poco nuestras diversas comunidades crezcan en número para brindarles un mayor apoyo mutuo a todos vosotros, tanto moral como físicamente, para que podais mantener vuestro fervor actual.

Deseo agradecer a todos los superiores su celo y devoción. Creo firmemente que Dios eligió la Fraternidad, la quiso. En noviembre celebraremos el vigésimo aniversario de la Fraternidad, y estoy profundamente convencido de que representa lo que Dios desea: continuar y mantener la Fe, preservar la verdad de la Iglesia, conservar lo que aún se puede salvar en ella. Esto es gracias a los obispos reunidos en torno al Superior General, quienes cumplen su indispensable papel como guardianes de la Fe, como predicadores de la Fe, otorgando la gracia del sacerdocio, la gracia de la Confirmación, dones insustituibles y absolutamente necesarios.
   
Todo esto resulta profundamente reconfortante. Creo que debemos agradecer a Dios y permitirle que siga su curso, para que algún día la gente se vea obligada a reconocer que, si bien la visita del cardenal Gagnon de 1987 dio pocos frutos, demostró nuestra presencia y la labor de la Fraternidad, aunque no quisieran expresarlo abiertamente fuera de nuestros círculos después de la Visita. Sin embargo, algún día se verán obligados a reconocer que la Fraternidad representa una fortaleza espiritual y una fe insustituibles, de las cuales, espero, tendrán la alegría y la satisfacción de beneficiarse, pero solo cuando hayan regresado a su fe tradicional.
  
Oremos a la Santísima Virgen y pidamos a Nuestra Señora de Fátima que interceda por todas nuestras intenciones en las peregrinaciones que realizamos a diversos países, para que nos ayude a la Fraternidad y así tenga numerosas vocaciones. Obviamente, nos gustaría tener más vocaciones. Nuestros seminarios no están llenos. Nos gustaría que lo estuvieran. Sin embargo, con la gracia de Dios, sucederá. Así que, una vez más, gracias, y por favor, orad por mí para que tenga una muerte buena y santa, ¡porque creo que es todo lo que me queda por hacer!

miércoles, 24 de junio de 2026

LA DIALÉCTICA HEGELIANA DE MONSEÑOR LEFEBVRE

Tomado de la revista “Fidelidad a la Santa Iglesia”, suplemento del número XV (Julio a Diciembre de 1981). Rescatado de CATÓLICOS ALERTA – SEGUNDA ÉPOCA.
LA DIALÉCTICA HEGELIANA DE MONSEÑOR LEFEBVRE

Desde las páginas de FIDELIDAD A LA SANTA IGLESIA, a través de diversos artículos y estudios, hemos procurado una clarificación doctrinaria sobre la situación que padece el catolicismo desde el Concilio Vaticano II.

Nuestra posición se encuentra resumida en la DECLARACIÓN suscripta el 8 de Diciembre de 1980 que contiene cuatro afirmaciones principales:
  1. El Concilio Vaticano II es heterodoxo;
  2. Las transformaciones de los ritos sacramentales habidas después del Vaticano II son contrarias a la Tradición Apostólica;
  3. Juan XXIII, Paulo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II deben ser incluidos en la lista de los antipapas;
  4. Existen una nueva Iglesia y una nueva religión con las cuales nosotros no comulgamos.
En su momento emitimos aquella declaración ante la difusión de versiones periodísticas sobre la posibilidad de un “ACUERDO” entre Mons. Lefebvre y las actuales autoridades vaticanas sobre la base de una autorización de la “experiencia de la Tradición” y el ensayo de una “interpretación tradicional del Vaticano II”.

Desgraciadamente, durante los meses transcurridos desde entonces las causas que nos movieron a pronunciarnos no han desaparecido. Por el contrario, se han visto agravadas a raiz de un “COMUNICADO” firmado por Mons. Lefebvre y otros cinco religiosos que siguen su línea el 28 de Mayo del corriente año (Ver “Fideliter”, n.º 22).

En dicho “comunicado” se insiste una vez más en la proposición de defender la Tradición Católica permaneciendo en plena comunión con la Roma apóstata del Vaticano II y con el antipapa reinante en ella.

La reiteración tan solemne y formal de este error nos obliga a no callar más sobre una realidad de graves consecuencias y connotaciones. Si guardáramos un minuto más de silencio nos haríamos cómplices de una empresa heterodoxa que no estamos dispuestos a favorecer.

Con la mayor fuerza y energía de que somos capaces debemos advertir seriamente a todos los católicos que tengan el sincero deseo de permanecer fieles a la Tradición acerca de la DIALÉCTICA HEGELIANA que utiliza Mons. Lefebvre en sus pronunciamientos desde varios años a esta parte.

En efecto; desde hace ya varios años notamos con preocupación que en los medios nunca desmentidos como “lefebvristas” y en las propias manifestaciones públicas, sea verbales o escritas, de Mons. Lefebvre se percibe el manejo constante de una argumentación que, afirmando el valor de la Tradición, al mismo tiempo, intenta siempre dejar el margen necesario para hallar una línea de síntesis, absorción o coexistencia con respecto al modernismo instalado en Roma.

Algunos ejemplos bastarán para evidenciar lo que decimos.
  1. El centro de la lucha de Mons. Lefebvre parece ser la cuestión de la Misa. Él dice que el nuevo rito de Paulo VI es “peligroso para la Fe”, pero cuidadosamente suele añadir que “no puede decirse que sea inválido”. Uno no comprende cómo un rito “peligroso para la Fe” puede ser válido en la Iglesia; pero nótese que así se deja abierta la posibilidad para un acuerdo futuro que permita convivir al rito tradicional con el nuevo.
  2. Cualquier persona medianamente ilustrada advierte con facilidad que los principios religiosos y teológicos enseñados por Montini y Wojtyła son los mismos que enseñaba el modernismo formalmente condenado por San Pío X. No obstante, Mons. Lefebvre evita cuidadosamente decir que Montini y Wojtyła son modernistas, solamente los califica como “liberales” y se apresura a agregar que en ellos no puede hallarse “herejía formal”. De esta manera parece condenar sus errores pero deja el margen necesario para que el día de mañana todo pueda quedar olvidado, puesto que no hay “herejía formal” y entonces nada grave habría ocurrido.
  3. Mons. Lefebvre en diversas ocasiones ha sostenido que el Concilio Vaticano II contiene textos ambiguos o equívocos, pero jamás los ha calificado de heréticos, y pese a la cosmovisión ostensiblemente herética que de ellos dimana, más de una vez ha admitido la posibilidad de “reinterpretarlos a la luz de la Tradición” como medio para obtener un acuerdo con el Vaticano.
Estos ejemplos son suficientes para configurar cuál es el curioso método argumental que utiliza Mons. Lefebvre. Decimos “curioso” porque se trata de un método por completo ajeno al ámbito de la Fe: ES EL MÉTODO PROPIO DE LA DIALECTICA HEGELIANA.

Sobre la línea fija de aparente afirmación de la ortodoxia, a través de los matices y las modulaciones de las palabras, Mons. Lefebvre continuamente traza planos de posibles síntesis con respecto a las posiciones heterodoxas de la nueva religión postconciliar. Nada parece definitivo, absoluto, tajante, incontestable; todo es graduado, matizado, modulado, en un tránsito constante desde la afirmación de las tesis ortodoxas hacia la síntesis con las antítesis heterodoxas. Así, la nueva Misa “es peligrosa para la Fe”, pero “no puede decirse que sea inválida”, luego no siempre habrá de ser tan peligrosa para la Fe, etc. etc.

Sin duda este método dialéctico sólo es practicable en base a una conducta muy simple: evitar sistemáticamente toda condena formal, frontal, definitiva y absoluta del error. De allí que los verdaderos católicos tradicionalistas pueden y deben combatirlo eficazmente adoptando la conducta inversa.

Nadie  puede afirmar la verdad y el error al mismo tiempo, quien no afirma la verdad cae en el error y se desliza insensiblemente por la pendiente de la herejía. Y  la herejía debe ser llamada herejía.

El “comunicado” de Mons. Lefebvre que hemos mencionado se cierra con una sorprendente invocación a María como “Madre de la Iglesia”. Sabemos que este título mariano fue lanzado por Paulo VI y carece de todo antecedente en la Tradición, fue explicado por él como una Maternidad sobre el “Pueblo de Dios” en concordancia con la doctrina heterodoxa del Concilio sobre la naturaleza de la Iglesia, y luego, fue claramente explicitado por Juan Pablo II en un sentido nestoriano cuando dijo que «María es Madre de la Iglesia porque es Madre de la humanidad de Cristo» (Ver Fidelidad a la Santa Iglesia n.º XI).

Mons. Lefebvre y los religiosos que lo siguen en su pendiente hacia la herejía no ha tenido pudor de invocar a María Santísima por medio de este extraño título, precisamente en el año que se cumplen los mil quinientos años del Sagrado Concilio de Éfeso que proclamó, para toda la eternidad, a María como MADRE DE DIOS.

Buenos Aires, 11 de Octubre de 1981
   
ÁLVARO DANIEL RAMÍREZ ARANDIGOYEN
Director “Fidelidad a la Santa Iglesia”

sábado, 31 de agosto de 2024

«VOS NO SERÉIS MÁS EL BUEN PASTOR»: CARTA DE Mons. LEFEBVRE Y Mons. DE CASTRO-MAYER A WOJTYLA EN 1985

En ocasión de la visita de Mons. Antonio de Castro-Mayer al seminario de Écône en 1985, él y el arzobispo Marcel Lefebvre escribieron una carta a Juan Pablo II Wojtyła, quien había convocado a un sínodo en conmemoración de los 20 años del Concilio Vaticano II.
   
En la misiva, que os presentamos a continuación, ellos resumen las causas de la situación de la Iglesia y le piden a Wojtyła que le ponga remedio. Por los hechos posteriores, y por el «non habémus Papam» que dijo Mons. De Castro-Mayer en la homilía de las consagraciones de 1988 (y que Lefebvre NUNCA LE OBJETÓ, ¿cierto o no, padre Schmidberger?), es visto que la situación fue y ha ido empeorando cada vez más hasta el punto que el grueso de la FSSPX y todos los de Campos se han hecho ciegos a ella y dando por bueno lo malo y malo lo bueno (del resto de modernistas, mejor ni hacerse –más– mala sangre), y que KAROL WOJTYŁA NUNCA FUE UN BUEN PASTOR:
Seminario San Pío X en Écône, 31 de Agosto de 1985
    
Santo Padre,
   
Quince días antes de la Fiesta de la Inmaculada Concepción, Vuestra Santidad había decidido reunir en Roma un Sínodo extraordinario, a fin que «el Concilio Vaticano II, concluido hace 20 años, devenga una realidad siempre más viviente».
    
Permitid que, en ocasión de este suceso, nosotros que fuimos parte activa del Concilio, Os hagamos respetuosamente partícipe de nuestras aprensiones y nuestros deseos, por el bien de la Iglesia y la salvación de las almas confiadas a nosotros.
   
De acuerdo a cuanto fue declarado por el Prefecto de la Sagrada Congregación para la Fe, durante los veinte años posteriores al Concilio se ha evidenciado una verdadera autodemolición de la Iglesia [Pablo VI Montini habló por primera vez de ello en su discurso al Pontificio Seminario Lombardo el 7 de Diciembre de 1968, N. del T.] en todo ambiente, a excepción de aquellos que han mantenido intacta la milenaria Tradición.
   
El cambio operado en la Iglesia en los años Sesenta se ha fraguado y afirmado en el Concilio con la “Declaración sobre la Libertad Religiosa” [Nostra Ætáte, N. del T.]: con ella se concede al hombre el derecho natural de estar exento de la coacción que le impone la ley divina de adherir a la Fe Católica para ser salvo, coacción que se traduce necesariamente en las leyes eclesiásticas y civiles sometidas a la autoridad legislativa de Nuestro Señor Jesucristo.

Esta libertad de toda coacción ejercida por la ley divina y por las leyes humanas en materia religiosa, está inserta entre las libertades proclamadas en la “Declaración de los Derechos del Hombre”, declaración impía y sacrílega condenada por los Papas y en particular del Papa Púo VI en su Encíclica “Ádeo nota” del 23 de Abril de 1791 y en su Alocución al Consistorio del 17 de Junio de 1793.

Esta “Declaración sobre la Libertad Religiosa” proviene de una fuente envenenada:
  1. El indiferentismo religioso de los Estados, incluso los católicos, realizado desde hace veinte años también por obra la Santa Sede;
  2. El ecumenismo perseguido sin interrupción por Vos mismo y por el Vaticano, y siempre condenado por el Magisterio de la Iglesia, y en particular por la encíclica Mortálium Ánimos de Pío XI;
  3. Todas las reformas hechas desde hace veinte años en la Iglesia para complacer a los herejes, cismáticos, las falsas religiones y los enemigos declarados de la Iglesia, como son los judíos, los comunistas y los francmasones.
  4. Esta liberación de la coacción de la ley divina en materia religiosa alienta evidentemente a la liberación de la coacción de todas las leyes divinas y humanas, y demuele toda autoridad en todos los sectores, especialmente en el de la moral.
Nosotros no hemos cesado de protestar durante y después del Concilio contra el inconcebible escándalo de aquesta falsa libertad religiosa y lo hemos hecho tanto verbalmente como por escrito, en privado y en público, apoyándonos en los más solemnes documentos del Magisterio de la Iglesia: inter ália, el Símbolo de San Atanasio, el IV Concilio de Letrán, el Sýllabus (n. 15), el Concilio Vaticano I (Denzinger-Schönmetzer 3008), y en la enseñanza de Santo Tomás de Aquino concerniente a la Fe católica (Suma Teológica, parte II-IIæ, cuestiones 8 a 16), enseñanzas de hace veinte siglos codificadas en la Iglesia y confirmadas por el Derecho y por sus aplicaciones.
    
Por estas razones, si el próximo Sínodo no regresase al Magisterio tradicional de la Iglesia en materia de libertad religiosa, sino que confirmase este grave error, fuente de herejía, nosotros tendremos el derecho de pensar que los miembros del Sínodo no profesan más la Fe católica.
    
De hecho, ellos actuarían contra los principios inmutables del Concilio Vaticano I, que afirma en el capítulo IV de su 4.ª sesión:
«No fue prometido a los sucesores de Pedro el Espíritu Santo para que por revelación suya manifestaran una nueva doctrina, sino para que, con su asistencia, santamente custodiaran y fielmente expusieran la revelación trasmitida por los Apóstoles, es decir el Depósito de la Fe».
Por todas estas razones, nosotros no podremos sino perseverar en la santa Tradición de la Iglesia y tomar todas las decisiones necesarias a fin que la Iglesia conservas un clero fiel a la Fe católica, capaz de repetir con San Pablo: «Tráditi quod áccepi».
   
Santo Padre, Vuestra responsabilidad está gravemente comprometida en esta nueva y falsa concepción de la Iglesia, que arroja al clero y los fieles en la herejía y en el cisma. Si el Sínodo, bajo Vuestra autoridad persevera en esta dirección, Vos no seréis más el Buen Pastor.
    
Nosotros, con el Rosario en mano, nos volvemos a nuestra Madre, la Bienaventurada Virgen María, y la suplicamos comunicar su Espíritu de Sabiduría a Vos y a los miembros del Sínodo, para poner fin a la extensión del modernismo en la Iglesia.
    
Santo Padre, quered perdonar la franqueza de nuestra intervención, que no tiene otro fin más que rendir a nuestro Único Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, el honor que Le es debido, así como a Su Única Iglesia, y dignaos acoger nuestros sentimiento de hijos devotos en Jesús y María.
   
✠ Marcel Lefebvre
Arzobispo-Obispo emérito de Tulle
   
✠ Antonio de Castro Mayer
Obispo emérito de Campos

domingo, 25 de agosto de 2024

LA INFILTRACIÓN MASÓNICA EN LA IGLESIA

https://web.archive.org/web/20121130051118/https://resistance-catholique.org/articles_html/2012/11/Mgr-Lefebvre-et-la-Contre-eglise-Conciliaire_contrefacon-de-l.Eglise.htm


https://lebloglaquestion.wordpress.com/2019/07/05/mgr-lefebvre-leglise-est-occupee-par-la-contre-eglise/
Paul-Antoine-Étienne Roca


«Por otro lado, creo que en la próxima reunión, o antes de la próxima reunión, si realmente me piden esta conferencia, seré yo quien les haga las preguntas. Seré yo quien les interrogará, para deciros:  – ¿Qué Iglesia eres? ¿Con qué Iglesia estamos tratando  -me gustaría saber- si estoy tratando con la Iglesia Católica, o si estoy tratando con otra Iglesia, con una Contra-Iglesia, con una falsificación de la Iglesia?...  Ahora, sinceramente creo que estamos ante una falsificación de la Iglesia y no de la Iglesia católica. ¿Por qué? Porque ya no enseñan la fe católica. Ya no defienden la fe católica. No sólo ya no enseñan la fe católica ni la defienden, sino que enseñan algo más, conducen a la Iglesia hacia algo distinto de la Iglesia católica. Ya no es la Iglesia católica. Están sentados en el asiento de sus antecesores, todos estos cardenales que están en las congregaciones y todos estos secretarios que están en estas congregaciones o en la secretaría de estado; Están sentados donde estaban sus predecesores, pero no continúan con sus predecesores. Ya no tienen la misma fe, ni la misma doctrina, ni siquiera la misma moral que sus predecesores. Entonces ya no es posible. Y, principalmente, su gran error es el ecumenismo. Enseñan un ecumenismo contrario a la fe católica.

En la Encíclica “Immortale Dei” (1885), el Papa León XIII explicó lo que debe ser una sociedad basada en la religión cristiana y denunció los errores que se deben evitar.
   
Y yo diré: – ¿Qué opináis de los anatemas del Concilio de Trento? ¿Qué opináis de los anatemas de la encíclica “Auctórem Fídei” sobre el Concilio de Pistoya? ¿Qué opináis del “Plan de Estudios”? ¿Qué opináis de la encíclica “Immortále Dei” del Papa León XIII? ¿Qué opináis de la “carta sobre Le Sillon” del Papa San Pío X? ¿De la encíclica “Quas Primas” del Papa Pío XI, de la “ Mortálium Ánimos” precisamente del Papa Pío XI contra el ecumenismo, contra este falso ecumenismo? y así…  ¿Te parece todo esto? ¡Que me respondan! Que me respondan si todavía están de acuerdo con todos estos documentos de los Papas, con todos estos documentos oficiales que definen nuestra fe. Estos no son documentos cualquiera, no son discursos o conversaciones privadas de los Papas, son documentos oficiales que comprometen la autoridad del Papa. Entonces ?…     

Creo que podemos, incluso deberíamos creer que la Iglesia está ocupada. Está ocupada por esta Contra-Iglesia. Por esta Contra-Iglesia que conocemos bien y que los Papas conocen perfectamente y que los Papas han condenado a lo largo de los siglos. Desde hace casi cuatro siglos, la Iglesia sigue condenando a esta Contra-Iglesia que nació especialmente con el protestantismo, que se desarrolló con el protestantismo y que está en el origen de todos los errores modernos que han destruido toda filosofía y que nos han llevado a todas estas cosas. errores que conocemos y que los papas han condenado: liberalismo, socialismo, comunismo, modernismo, sillonismo y ¿yo qué sé? Y morimos por ello. Los papas hicieron todo lo posible para condenar esto. Y ahora quienes están en los asientos de quienes condenaron estas cosas prácticamente están de acuerdo con este liberalismo y con este ecumenismo. Entonces no podemos aceptar esto.

Y cuanto más se aclaran las cosas, más nos damos cuenta de que este programa que se desarrolló en las logias masónicas – todo este programa, todos estos errores fueron desarrollados en las logias masónicas – bueno, nos damos cuenta muy lentamente y con más y más detalles de que hay simplemente una logia masónica en el Vaticano. Y ahora cuando nos encontramos frente a un secretario de congregación o a un cardenal que se encuentra sentado en el asiento o en el despacho donde estaban los santos cardenales, cardenales que tuvieron la fe de la Iglesia y que defendieron la fe de la Iglesia y que Si fuéramos hombres de Iglesia, ¡bueno nos encontramos frente a un masón! ¿Entonces es lo mismo? Entonces está bien, blanden la misma obediencia. Sí, en el pasado nos dijeron que obedeciéramos la fe, nos obligaron a hacer el juramento antimodernista, nos obligaron a hacer profesiones de fe y todo eso, pero ahora esta gente, ¿qué fe nos piden? tener? profesar? Ya no es lo mismo. Por eso siempre blandimos: ¡obediencia, obediencia, obediencia! ¡Ah! sí, pero aún así… ¡Obediencia a la Iglesia, sí! Obediencia a lo que la Iglesia siempre ha mandado, ¡sí! Obediencia a la fe de la Iglesia, ¡sí! Pero la obediencia a la masonería, ¡no! Eso es todo, ya sabes, ¡eso es seguro!
  
Últimamente me han llegado documentos que parecen totalmente verídicos, documentos que muestran las correspondencias entre Bugnini y el gran maestro de la Masonería sobre la reforma litúrgica en las cuales el gran maestro de la Masonería demanda Bugnini aplicar la reforma del famoso Roca, el sacerdote apóstata que, él, había predicho todo lo que se debía hacer y ya había previsto todo lo que debía hacerse luego que el Vatican sea ocupado por la Masonería:  – He aquí lo que hay que hacer.  ¡Y ahora el Gran Maestro de la Masonería le pide a Bugnini que aplique esto! Y el gran principio: hay que lograr la  “naturalización de la Encarnación”, por tanto desnaturalizar la Encarnación. Llegamos así al naturalismo. Y debemos aplicar los principios de la lengua vernácula, de la multiplicidad de los ritos, de la multiplicidad de la liturgia para hacer la liturgia completamente confusa y crear confusión por todas partes y oposiciones entre los diferentes ritos.

Bugnini responde que está totalmente a favor de ello, pero que llevará algún tiempo. Puede que le lleve diez años, pero en diez años lo conseguirá, y con la confianza que le han depositado especialmente el Cardenal Lercaro e incluso el Papa Pablo VI, con esta confianza que tiene, tiene la seguridad de poder alcanzar su meta. objetivos. Y nombra a todos aquellos con quienes trabajará en la Curia Romana, a todos aquellos que también tienen vínculos con la Masonería, para que pueda trabajar con ellos. Pero será necesario colocar a algunos de ellos, será necesario ponerlos en congregaciones para poder realizar la obra con éxito. Todas las congregaciones deben estar más o menos infiltradas e infiltradas por los miembros de la Masonería que él nombra: fulano de tal, fulano de tal... A éste tendremos que expulsarlo porque nos molesta, está contra nosotros, así que lo haremos. hay que sacarlo. Habrá que eliminar la congregación de ritos – dice – pero no es la congregación de ritos, es la congregación de los sacramentos. Logró suprimir la congregación de los sacramentos para poner todo bajo la congregación de los ritos, poniendo en consecuencia todo bajo su autoridad. Todo esto lo dijo en las cartas al Gran Maestro de la Masonería. ¿Entonces qué quieres? ¿Obediencia? ¡Ah! No ! ¡Que nadie nos hable de obediencia!

Queremos obedecer, por supuesto. Somos muy obedientes a la Iglesia y a todo lo que la Iglesia siempre ha enseñado, siempre ha querido, pero no a los hombres que trabajan para destruir la Iglesia dentro de la Iglesia. El enemigo está dentro de la Iglesia. El Papa Pío X lo anunció. La Salette lo había anunciado. Fátima lo anunció. Todo fue anunciado públicamente. Sabemos que el enemigo va a entrar en la Iglesia. ¡Pues ahí está! El está aquí !

¡Para que no vengan a pedir que se detengan las ordenaciones! ¿Quién pide que se detengan las ordenaciones? ¿Quién pide dejar de ser buenos sacerdotes? OMS ? ¿Es el Espíritu Santo o es el diablo? ¡Está claro, está claro! ¿Puede un poder normal de la Iglesia pedirle a un obispo que ya no sea buenos sacerdotes? ¿Puede un poder normal de la Iglesia pedir tal cosa? Piden quitar los seminarios, ¿seminarios que saben que son buenos? Lo saben, lo dijeron. Dijeron que eran buenos seminarios. Saben que la doctrina que te enseñan es la verdadera doctrina. Lo saben, lo escribieron, lo saben perfectamente. Lo escribieron en el informe de visitantes. Los visitantes lo dijeron. Hicieron un excelente informe a favor del seminario. Esto me dijo el cardenal Garona cuando me pidió que viniera a Roma. Dijo:  – Sí, el informe es bueno. Sabemos que el seminario es bueno, etc. etc.  Entonces, ¿por qué cerrar el seminario? Simplemente porque no queremos seguir estas orientaciones masónicas del ecumenismo y todas estas nuevas orientaciones que se han forjado en las logias masónicas. Por eso queremos cerrar el seminario. ¡Pues no, eso no es posible! Esto no viene del Espíritu Santo, no viene de la Iglesia. No es la Iglesia la que nos pide que cerremos el seminario. No es la Iglesia. No es el Papa como Papa, los que están ahí como realmente son los sucesores de los que estuvieron antes que ellos, ¡no! Es una logia masónica que logró penetrar dentro del Vaticano y que lo controla todo, y que obviamente no puede sentirnos. Está claro, es obvio. Estamos obstaculizando su plan, su plan de destrucción del sacerdocio, de destrucción de la misa, de destrucción de la liturgia. Es evidente.

Entonces, ¿deberíamos obedecer? Creo en la conciencia ante el Buen Dios, cuando me dice:  – Piensa bien ante Dios en conciencia lo que estás haciendo ...  Pues sí, lo he pensado todo delante del Buen Dios. Si me equivoco, que el Buen Dios me dé la luz para mostrarme que me equivoco, pero no creo. Realmente creo que al hacer lo que hago, al ordenar a los sacerdotes que voy a ordenar, creo que estoy sirviendo a la Iglesia. Yo sirvo a la Iglesia. ¡No lo haría si tuviera siquiera por un momento el pensamiento de que podría ser contrario al bien de la Iglesia y, por supuesto, me abstendría de hacer tales cosas! Es demasiado serio. ¡Pero es todo lo contrario!

Finalmente, los hechos ahora son obvios, los efectos de esta reforma y persecución de la Iglesia dentro de la Iglesia son claros para todos, cada vez son más claros. Basta leer cada vez la Documentación católica  para darse cuenta de cuántas ideas falsas se infiltran en los documentos episcopales, en todos los documentos, en todas estas comisiones teológicas. Lea la que dimos al mediodía, las comisiones de teología. ¡Pero está lleno de errores, es un espíritu falso, un espíritu que no es en absoluto el espíritu de la Iglesia! ¡Por eso no dudamos ni un momento y espero que el Buen Dios nos siga bendiciendo! »

domingo, 14 de enero de 2024

Mons. PIERRE ROY: «Mons. LEFEBVRE NO MENCIONABA A JUAN PABLO DESPUÉS DE LAS CONSAGRACIONES DE 1988».


En la entrevista concedida a Diego Rafael Moreira para el canal Controversia Católica en la víspera de su consagración episcopal, el obispo Pierre Roy dijo que después de las consagraciones de 1988, el arzobispo Marcel Lefebvre era ya sedevacantista (ver desde el minuto 7:40; traducción propia):
«Yo estaría realmente sorprendido, porque el arzobispo Lefebvre, sobre todo que al final de su vida, después de las consagraciones, y me acuerdo de las palabras de Mons. Williamson. Monseñor Williamson dijo una vez que el verdadero arzobispo Lefebvre se encuentra después de las consagraciones de 1988. Él estaba hesitante: a veces buscaba una reconciliación, otras veces su gran conciencia le decía que esta reconciliación era imposible, pero como Mons. Williamson decía una o tal vez muchas veces, el verdadero Mons. Lefebvre se encuentra en una acción que él, después de una larga duda, decidió hacer, y es la consagración en 1988 de los cuatro obispos.
    
Yo conocí personalmente al padre [Pierre] Épiney, que fue el confesor de Mons. Lefebvre y fue él, si mal no recuerdo, quien lo confesó en su lecho de muerte. Yo solía visitarlo, él fue un sacerdote que se unió a la FSSPX. En verdad, pienso que fue enviado a Mons. Lefebvre por el obispo de Sión (el obispo de la diócesis donde fue establecido el seminario de Écône) para intentar convencerlo de “retornar a la Iglesia”, pero al final, fue él quien se unió a Mons. Lefebvre, ocurriendo lo contrario. Y el padre Épiney me contó personalmente, muchas veces, que después de las consagraciones de 1988, Mons. Lefebvre jamás mencionaría el nombre de Juan Pablo II en el Canon de la Misa. No miento sobre esto, no tengo razones para creer que el padre Épiney mintió sobre esto, y esto es lo que él me contó muchas veces. Por eso yo creo que, al final de su vida, Mons. Lefebvre, una vez se decidió finalmente, después de consagrar los cuatro obispos, tenía más clara su postura que antes y no creo que hoy reconocería a alguien como Francisco como Vicario de Nuestro Señor Jesucristo, no veo cómo sería posible».
    
   

Nacido en 1935, el padre Pierre Épiney (foto; fallecido el 15 de Enero de 2022) había sido ordenado sacerdote el día de Corpus Christi de 1961 para la diócesis de Sión (Suiza). En 1967, fue designado por el obispo François-Néstor Adam Marzon CRB como párroco de Riddes y Écône.
    
En 1975, por su apoyo al arzobispo Marcel Lefebvre (quien estableció el seminario en Écône con su apoyo después que fue cerrado por seminario fue cerrado por el obispón de Lausana Pierre Mamie Donzé) y por negarse a adoptar la Misa Montini-Bugniniana, fue destituido por Adam (quien se decía tolerante a la Tradición) y fundó inmediatamente en el lugar una parroquia de reemplazo, en un aserradero, para los muchos fieles tradicionalistas de la región.
  
El padre Épiney fue confesor del arzobispo Lefebvre, y después de su muerte, se opuso a la política de acuerdismo del obispo Bernard Fellay (que de niño había sido su monaguillo), por lo que en 2012 le declaró persona non grata para la Fraternidad. Y en 2019, el padre Épiney dio un enérgico sermón contra el establecimiento del obispón modernista en retiro Vitus Huonder en la escuela Santa María en Wangs.
    
En su homilía por sus 25 años de ordenación sacerdotal, el arzobispo Lefebvre dijo el día de Corpus Christi de 1986 al padre Épiney: «Gracias a usted, querido padre, el Valais sigue siendo católico».

martes, 21 de noviembre de 2023

CARTA ABIERTA DE Mons. LEFEBVRE Y DE Mons. DE CASTRO MAYER, DENUNCIANDO LA NUEVA ECLESIOLOGÍA CONCILIAR


El 21 de Noviembre de 1983, después de la Declaración de la comisión mixta católico-luterana sobre la Justificación, y en vista de la entrada en vigor del nuevo Código de Derecho Canónico, Mons. Marcel Lefebvre en conjunto con Mons. Antonio de Castro Mayer dirigieron una carta abierta a Juan Pablo II Wojtyła declarando que la Iglesia aparecía «como una ciudad ocupada»:
  
CARTA ABIERTA AL PAPA Y MANIFIESTO EPISCOPAL
 21/11/1983
 
Beatísimo Padre
  
Permítanos Vuestra Santidad que, con filial franqueza, Le presentemos las reflexiones que siguen.
  
La situación de la Iglesia es tal, hace unos veinte años, que parece una ciudad ocupada.
  
Millares de sacerdotes y millones de fieles se encuentran en un estado de angustia y de perplejidad, motivado por la “autodestrucción” de la Iglesia: los errores contenidos en documentos del Concilio Vaticano II, las reformas posconciliares, especialmente la Reforma Litúrgica, las falsas concepciones difundidas por documentos oficiales, los abusos de poder cometidos por miembros de la Jerarquía dejan a los fieles perturbados y confusos. Semejante situación viene causando en muchos la pérdida de la fe, el enfriamiento de la caridad, y destruyendo el concepto de unidad de la iglesia en el tiempo y en el espacio.
  
Sensibilizados por las angustias de tantas almas desorientadas que, en todo el mundo, desean perseverar en la identidad de la misma Fe y de la misma Moral, tal como es definida por el Magisterio de la Iglesia o por Ella enseñada de modo constante y universal, Nos, Obispos de la Santa Iglesia Católica, Sucesores de los Apóstoles, juzgamos que no nos sería lícito callar sin ser cómplices de obras malignas (Cfr. 2. Jo., 11).
  
Esto porque, saltadas las diligencias hechas, en estos últimos 15 años, en carácter particular, nos vemos obligados a intervenir públicamente junto de Vuestra Santidad para denunciar las causas precípuas de esta angustiante situación de la Iglesia y suplicarle que, usando de Sus poderes pontifícios “confirme a sus hermanos” (Luc. XXII, 32) en la Fe que nos fue fielmente transmitida por la Tradición Apostólica.
  
Con este propósito, tomamos la libertad de, en anexo, señalar a Vuestra Santidad más pormenorizadamente, aunque no de modo exhaustivo, los errores principales que están en la raíz de esta situación trágica y que fueron condenados por Vuestros predecesores:
  1. Un concepto “latitudinarista” y ecuménico de la Iglesia, dividida en su Fe (condenado especialmente por el Sýllabus, nº 18; DS 2918).
  2. Un gobierno colegial y una orientación democrática (condenado especialmente por el Concilio Vaticano I DS 3055).
  3. El falso concepto de derechos naturales del hombre que aparece claramente en el documento sobre la Libertad Religiosa del Concilio Vaticano II (condenado especialmente por “Quánta cura” de Pío IX y “Libértas” de León XIII).
  4. La falsa concepción del poder del Papa (Cfr. DS 3115).
  5. La concepción protestante del Santo Sacrifício de la Misa y de los Sacramentos (condenada por el Concilio de Trento, sesión XXII).
  6. Y, finalmente, de modo general, la libre difusión de errores y herejías (como el nuevo humanismo, evolucionismo, naturalismo, socialismo, comunismo, etc.), caracterizada por la supresión del Santo Oficio.
Tales errores en documentos oriundos de fuentes tan excelsas crean, en la Iglesia, un profundo malestar y perplejidad a muchos fieles. Se trata, Santísimo Padre, no de fieles reticentes en el acatamiento de la Autoridad Pontifícia, y sí, por el contrario, de miembros del Clero y laicos que tienen como base de su Fe la adhesión profunda e inquebrantable a la Cátedra de San Pedro.
   
Con todo respeto, osamos decir a Vuestra Santidad: es urgente que este malestar cese pronto, porque el rebaño se dispersa y las ovejas abandonadas están siguiendo mercenarios. Nosotros conjuramos a Vuestra Santidad, por el bien de la Fe Católica y de la salvación de las almas, a que reafirme las Verdades contrarias a estos errores, Verdades que nos fueron enseñadas por la bimilenaria Iglesia de Jesucristo.
  
Nos dirigimos a Vuestra Santidad con los sentimientos de San Pablo con relación a San Pedro, cuando aquél lo censuraba por no seguir la “verdad del Evangelio” (cf. Gal. 2, 11-14). Con esta actitud, cumplimos un deber para con los fieles que peligran en la fe.
  
San Roberto Belarmino, expresando también un principio general de Moral, afirma que se debe resistir al Pontífice cuya acción sea perjudicial a la salvación de las almas (Cf. “De Romano Pontífice” lib. 2, cap. 29).
  
Es con la intención de auxiliar a Vuestra Santidad que lanzamos este grito de alarma, que se torna aún más vehemente delante de los errores, para no decir herejías, del Nuevo Código de Derecho Canónico, y las ceremonias y discursos en el seno del 5º Centenario de Lutero. Verdaderamente, se sobrepasaron los límites.
  
Expresándole nuestra filial devoción, rogamos a la Santísima Virgen María Su especial protección sobre Vuestra Santidad.
  
Río de Janeiro, 21 de Noviembre de 1983,
Fiesta de la Presentación de Nuestra Señora.
 
✠ Marcel Lefebvre, Arzobispo – Obispo Emérito de Tulle
✠Antonio de Castro Mayer – Obispo Emérito de Campos
    
ANEXO: BREVE RESUMEN DE LOS ERRORES PRINCIPALES DE LA ECLESIOLOGÍA CONCILIAR
   
I. Concepción “latitudinarista” y ecuménica de la Iglesia
  
La concepción de la Iglesia como “pueblo de Dios”, en adelante ya se encuentra en numerosos documentos oficiales: las actas del Concilio Unitátis Redintegrátio y Lumen Géntium, el nuevo Derecho Canónico ‒(c. 204.1)‒, la carta del Papa Juan Pablo II Catechési tradéndæ y la alocución en la Iglesia anglicana de Canterbury, el Directorio ecuménico Ad totam Ecclésiam del Secretariado para la Unidad de los Cristianos.
  
Ella respira un sentido latitudinarista y un falso ecumenismo.
   
Los hechos manifiestan con evidencia esta concepción heterodoxa: las autorizaciones para la construcción de salones destinados al pluralismo religioso, la edición de biblias ecuménicas que no son conformes con la exégesis católica, las ceremonias ecuménicas como las de Canterbury.
  
En Unitátis Redintegrátio se enseña que la división de los cristianos:
«Es para el mundo un objeto de escándalo y es un obstáculo para la predicación del Evangelio a toda creatura… que el Espíritu Santo no rehúsa servirse de otras religiones como medios de salvación».
Este mismo error es repetido en el documento Catechési tradéndæ de Juan Pablo II. En el mismo espíritu, y con afirmaciones contrarias a la fe tradicional, Juan Pablo II declaró en la Catedral de Canterbury, el 25 de Mayo de 1982, que:
«La promesa de Cristo nos inspira la confianza de que el Espíritu Santo curará las divisiones introducidas en la Iglesia desde los primeros tiempos después de Pentecostés»
como si la unidad de Credo no hubiera existido jamás en la Iglesia.
   
El concepto de “Pueblo de Dios” lleva a creer que el protestantismo no es sino una forma particular de la misma religión cristiana.
  
El Concilio Vaticano II enseña:
«Una verdadera unión en el Espíritu Santo con las sectas heréticas» (Lumen Géntium, 14), «una cierta comunión, aún imperfecta con ellas» (Unitátis Redintegrátio, 3).
Esta unidad ecuménica contradice la Encíclica Satis Cógnitum de León XIII quien enseña que:
«Jesús no fundó una Iglesia que abarque varias comunidades que se asemejan genéricamente, pero que son distintas y que no están unidas por un vínculo que forma una Iglesia individual y única».
Lo mismo, esta unidad ecuménica, es contraria a la Encíclica Humáni Géneris de Pío XII, quien condena la idea de reducir a una fórmula cualquiera la necesidad de pertenecer a la Iglesia Católica:
«Del mismo Papa que condena la concepción de una Iglesia “pneumática” que sería un vínculo invisible de las comunidades separadas por la Fe».
Este ecumenismo es igualmente contrario a las enseñanzas de Pío XI en la Encíclica Mortálium Ánimos:
«Sobre este punto es oportuno exponer y rechazar cierta opinión falsa que está en la raíz de este problema y de este movimiento complejo por medio del cual los no católicos se esfuerzan por realizar una unión de las Iglesias cristianas. Quienes adhieren a esta opinión citan constantemente las palabras de Cristo: “Que ellos sean uno… y que no exista sino un solo rebaño y un solo pastor” (Jn 17, 21 y 10, 16) y pretenden que por estas palabras Cristo expresa un deseo o una plegaria que jamás ha sido realizada. Pretenden de hecho que la unidad de fe y de gobierno, que es una de las notas de la verdadera Iglesia de Cristo, prácticamente hasta hoy no ha existido jamás y hoy no existe».
Este ecumenismo condenado por la Moral y el Derecho católicos, llega hasta permitir recibir los sacramentos de la Penitencia, Eucaristía y Extrema Unción de “ministros no católicos” (Canon 844 N. C.) y favorece:
«La hospitalidad ecuménica autorizando a los ministros católicos para dar el sacramento de la Eucaristía a no católicos».
Todas estas cosas son abiertamente contrarias a la Revelación divina que prescribe la “separación” y rechaza:
«La unión entre la luz y las tinieblas, entre el fiel y el infiel, entre el templo de Dios y el de las sectas» (II Corintios, 6, 14-18).
   
II. Gobierno colegial-democrático de la Iglesia
  
Después de haber quebrantado la unidad de la fe, los modernistas de hoy se esfuerzan por quebrantar la unidad de gobierno y la estructura jerárquica de la Iglesia.
  
La doctrina, ya sugerida por el documento Lumen Géntium del Concilio Vaticano II, será retomada explícitamente por el nuevo Derecho Canónico (Can. 336); doctrina según la cual el colegio de los Obispos unido al Papa goza igualmente del poder supremo en la Iglesia; y esto, de manera habitual y constante.
   
Esta doctrina del doble poder supremo es contraria a la enseñanza y a la práctica del Magisterio de la Iglesia, especialmente en el Concilio Vaticano I (DS 3055) y en la Encíclica de León XIII Satis Cógnitum. Sólo el Papa tiene el poder supremo que él comunica, en la medida en que lo juzga oportuno y en circunstancias extraordinarias.
  
Con este grave error se relaciona la orientación democrática de la Iglesia, residiendo los poderes en el “Pueblo de Dios” tal como lo define el nuevo Derecho Canónico. Este error jansenista es condenado por la Bula Auctórem Fídei de Pío VI (DS 2592).
  
Esta tendencia, de hacer participar a la “base” en el ejercicio del poder, se reencuentra en la institución del Sínodo y de las Conferencias episcopales, de los Consejos presbiteriales, pastorales y en la multiplicación de las Comisiones romanas y de las Comisiones nacionales, así como en el seno de las Congregaciones religiosas (ver al respecto Concilio Vaticano I, DS 3061 - Nuevo Derecho Canónico, can. 447).
   
La degradación de la autoridad en la Iglesia es la fuente de la anarquía y del desorden que hoy reinan en Ella por todas partes.
   
III. Los falsos derechos naturales del hombre
  
La declaración Dignitátis humánæ del Concilio Vaticano II afirma la existencia de un falso derecho natural del hombre en materia religiosa, en contradicción con las enseñanzas pontificias, que niegan formalmente semejante blasfemia.
  
Así Pío IX en su Encíclica Quánta Cura y el Sýllabus, León XIII en sus Encíclicas Libértas præstantíssimum e Immortále Dei, y Pío XII en su alocución Le Riesce a los juristas católicos italianos, niegan que la razón y la Revelación funden un derecho semejante.
  
El Vaticano II cree y profesa, de manera universal, que la Verdad no puede imponerse sino por la propia fuerza de la Verdad, lo que se opone formalmente a las enseñanzas de Pío VI contra los jansenistas del Concilio de Pistoya (DS 2604). El Concilio aquí llega hasta el absurdo de afirmar el derecho de no adherir y de no seguir la Verdad, y de obligar a los gobiernos civiles a no hacer más discriminación por motivos religiosos estableciendo la igualdad jurídica entre las falsas y la verdadera religión.
  
Estas doctrinas se basan en una falsa concepción de la dignidad humana, proveniente de los pseudofilósofos de la Revolución francesa, agnósticos y materialistas, que ya han sido condenados por San Pío X en la instrucción pontifical Notre Charge Apostolique.

El Vaticano II dice que de la libertad religiosa saldrá una era de estabilidad para la Iglesia. Gregorio XVI, al contrario, afirma que es una suprema impudencia afirmar que la libertad inmoderada de opinión sería benéfica para la Iglesia.
  
El Concilio expresa en Gáudium et Spes un principio falso cuando estima que la dignidad humana y cristiana vienen del hecho de la Encarnación, que ha restaurado esta dignidad para todos los hombres. Este mismo error es afirmado en la Encíclica Redémptor hóminis de Juan Pablo II.
   
Las consecuencias del reconocimiento, por parte del Concilio, de este falso derecho del Hombre, arruinan los fundamentos del Reinado social de Nuestro Señor, quebrantan la autoridad y el poder de la Iglesia en su Misión de hacer reinar a Nuestro Señor, en los espíritus y en los corazones, conduciendo el combate entre las fuerzas satánicas que subyugan las almas. El espíritu misionero será acusado de proselitismo exagerado.
   
La neutralidad de los Estados en materia religiosa es injuriosa para Nuestro Señor y su Iglesia, cuando se trata de Estados con mayoría católica.
  
IV. Poder absoluto del Papa
  
Sin duda el poder del Papa en la Iglesia es un poder supremo, pero no puede ser absoluto y sin límites, en cuanto que está subordinado al poder divino, que se expresa en la Tradición, la Sagrada Escritura y las definiciones ya promulgadas por el Magisterio eclesiástico (DS 3116).
   
El poder del Papa está subordinado y limitado por el fin para el cual le ha sido dado. Este fin está claramente definido por el Papa Pío IX en la Constitución Pastor Ætérnus del Concilio Vaticano I (DS 3070). Sería un abuso de poder intolerable modificar la constitución de la Iglesia y pretender apelar aquí al derecho humano contra el derecho divino, como en la libertad religiosa, como en la hospitalidad eucarística autorizada en el nuevo Derecho, como la afirmación de los dos poderes supremos en la Iglesia.
   
Es claro que en estos casos y en otros semejantes, es un deber para todo clérigo y todo fiel católico resistir y negar la obediencia. La obediencia ciega es un contrasentido y nadie está exento de responsabilidad por haber obedecido primero a los hombres que a Dios (DS 3115): y esta resistencia debe ser pública si el mal es público y objeto de escándalo para las almas (Sto. Tomás, Suma Teológica, parte II-IIæ, cuestión 33, art. 4).
   
Estos son principios elementales de moral, que regulan las relaciones de los sujetos con todas las autoridades legítimas.
   
Esta resistencia, por lo demás, encuentra una confirmación en el hecho de que en adelante están unidos quienes firmemente se atienen a la Tradición y a la fe católicas, mientras que aquellos que profesan doctrinas heterodoxas o que realizan verdaderos sacrilegios no son inquietados de ninguna manera. Esta es la lógica del abuso de poder.
   
V. Concepción protestante de la Misa
   
La nueva concepción de la Iglesia tal como la define el Papa Juan Pablo II, en la Constitución que precede el nuevo Derecho, evoca un cambio profundo en el acto principal de la Iglesia que es el sacrificio de la misa. La definición de la nueva Eclesiología da exactamente la definición de la nueva misa; es decir, un servicio y una comunión colegial y ecuménica. No se puede definir mejor la nueva misa, que, como la nueva Iglesia Conciliar, está en ruptura profunda con la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.
   
Es una concepción más protestante que católica la que explica todo lo que ha sido exaltado de manera indebida y todo lo que ha sido disminuido.
   
En contra de las enseñanzas del Concilio de Trento en la sesión XXII, en contra de la Encíclica Mediátor Dei de Pío XII, se ha exagerado la importancia de la participación de los fieles en la misa y disminuido la del Sacerdote, llegando a ser simple presidente. Se exageró la importancia de la liturgia de la palabra y se disminuyó la del sacrificio propiciatorio. Se exaltó el ágape comunitario y se le laicizó, en detrimento del respeto y de la fe en la presencia real por la transubstanciación.
   
Suprimiendo la lengua sagrada, se pluralizaron al infinito los ritos profanándolos con aportes mundanos o paganos y se difundieron falsas traducciones en detrimento de la verdadera fe y de la verdadera piedad de los fieles.
    
Y sin embargo los Concilios de Florencia y de Trento habían pronunciado anatemas contra todos estos cambios y afirmaron que nuestra misa, en su Canon, remontaba a los tiempos apostólicos.
    
Los Papas San Pío V y Clemente VIII han insistido sobre la necesidad de evitar los cambios y las mutaciones, guardando de manera perpetua el rito romano consagrado por la Tradición.
   
La desacralización de la misa y su laicización conllevan la laicización del Sacerdocio, a la manera protestante.
   
La reforma litúrgica al estilo protestante es uno de los mayores errores de la Iglesia conciliar y uno de los más destructores de la fe y de la gracia.
   
VI. La libre difusión de errores y de herejías
   
La situación de la Iglesia, puesta en estado de búsqueda, introduce, en la práctica, el libre examen protestante, resultado de la pluralidad de credos en el interior de la Iglesia.
   
La supresión del Santo Oficio, del Index y del juramento antimodernista, han fomentado en los teólogos modernos una necesidad de teorías nuevas que desorientan a los fieles y los incitan hacia el carismatismo, el pentecostalismo y las comunidades de base. Es una verdadera revolución dirigida, en definitiva, contra la autoridad de Dios y de la Iglesia.
   
Los graves errores modernos, siempre condenados por los Papas, se desarrollan en lo sucesivo con libertad en el interior de la Iglesia:
  1. Las Filosofías modernas antiescolásticas, existencialistas, anti-intelectualistas, son enseñadas en las Universidades católicas y en los Seminarios mayores.
  2. El humanismo es favorecido por esta necesidad de hacer eco al mundo moderno, por parte de las autoridades eclesiásticas, haciendo del hombre el fin de todas las cosas.
  3. El Naturalismo, la exaltación del hombre y de los valores humanos hace olvidar los valores sobrenaturales de la Redención y de la gracia.
  4. El Modernismo evolucionista causa el rechazo de la Tradición, de la Revelación, del Magisterio de veinte siglos. No hay más verdad fija, ni dogma.
  5. El Socialismo y el Comunismo. El rechazo de condenar estos errores por parte del Concilio ha sido escandaloso y hace creer legítimamente que el Vaticano sería favorable a un Socialismo o un Comunismo más o menos cristiano. La actitud de la Santa Sede, durante estos últimos 15 años, confirma este juicio, tanto más allá como más acá de la cortina de hierro.
  6. En fin, los acuerdos con la masonería, con el Consejo ecuménico de las Iglesias y con Moscú, reducen a la Iglesia al estado de prisionera y la hacen totalmente incapaz de realizar libremente su Misión. Estas son verdaderas traiciones que claman venganza al cielo, igualmente los elogios otorgados en estos días al heresiarca más escandaloso y más nocivo para la Iglesia.
Ya es tiempo que la Iglesia recobre su libertad de realizar el Reino de nuestro Señor Jesucristo y el Reino de María sin preocuparse de sus enemigos.

martes, 19 de septiembre de 2023

MARCEL LEFEBVRE DUDABA DE LA MISA DE 1962

Traducción del Comentario de los Padres de TRADITIO.
   
Incluso el arzobispo Lefebvre, fundador original de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) no aceptó completamente la Nueva Misa Latina, sino que expresó públicamente dudas acerca de ella.
Después que combatió la rampante herejía ecuménica del Anticoncilio Vaticano II, dijo que abordaría el asunto más adelante.
En los últimos tres años de su vida, él indicó su decisión de regresar a la Misa Latina Tradicional, pero la muerte lo sorprendió.
   
«Queridos Padres de TRADITIO: Vosotros os referís a la Nueva Misa Latina de 1962 como lo que es: un “enredo” [“Mess” en inglés significa “enredo”, “lío”, “confusión”. Así, “New Latin Mess” y “New Order Mess” son “Nuevo lío latino” y “Nuevo Orden de lío”, N. del T.]. Yo entiendo que esta corrupción fue un escalón en términos de las aberraciones sacrílegas iniciadas por el presbítero francmasón Aníbal Bugnini bajo Pío XII y culminadas en el totalmente protestante-masónico-pagano servicio Novus Ordo del Vaticano II. ¿Podemos por tanto concluir que la Nueva Misa Latina es inválida? ¿Cuál fue la postura del arzobispo Lefebvre y ahora la de la Neofraternidad San Pío X sobre la materia?» (Will).
   
RESPUESTA DE LOS PADRES DE TRADITIO: El texto de la Nueva Misa Latina está claramente corrompido y rechaza la Verdadera Misa, establecida en primer lugar por el mismo Cristo, Sus Apóstoles, y los Padres y Papas de la primera Iglesia. Así, sea o no escasamente válida la “Misa de 1962”, los católicos tienen la obligación de despreciarla. Además, cuando es simulada actualmente en la Iglesia Conciliar, es definitvamente inválida porque ella desde 1968 no ha ordenado sacerdotes «para ofrecer eo Sacrificio de la Misa por los vivos y los muertos», sino que simplemente ha «instalado presbíteros (como ministros) para presidir la asamblea del pueblo», como los protestantes, cuyos servicios son inválidos. La Iglesia Conciliar es esencialmente una secta protestante, y realmente peor por la adición de elementos judíos y paganos.
    
El arzobispo Lefebvre no aceptó completamente la Nueva Misa Latina, sino que expresó públicamente dudas acerca de ella. Él dijo qie después de lo hecho contra lo que creía ser la mayor herejía del Anticoncilio Vaticano II, la libertad religiosa, o lo que vino a ser llamado la Herejía del “ecumenismo” («todos adoramos los mismos dioses, todas las religiones son verdaderas»), él estudiaría y abordaría para la FSSPX la cuestión de la Misa de 1962. Es verdad que al comienzo, el arzobispo usó la Nueva Misa Latina, pero con algunas modificaciones reversantes. También usó sacerdotes válidos, no presbíteros conciliares no ordenados. Aparentemente, él se arrepintió de la decisión de usar la Nueva Misa Latina, porque en los últimos tres años de su vida, él indicó su decisión de regresar a la Misa Latina Tradicional, pero la muerte lo sorprendió.
    
En cuanto a la NeofSSPX, fundada por Bernard Fellay en 1994, han habido reportes continuados de que algunos de los “sacerdotes” de la Neo-FSSPX no son “limpios”. Más recientemente, Fellay parece estar aceptando como sacerdotes a presbíteros conciliares no ordenados, y al menos un obispón no consagrado. Informes recientes indican que está en camino de aceptar más obispones conciliares no consagrados, puesto que el obispo Richard Williamson lo abandonó en 2012, y el obispo Bernard Tissier de Mallerais está gravemente enfermo. Eso deja solo al mismo Fellay y el obispo Alfonso de Galarreta.
   
Fellay ya se ha vendido al apóstata antipapa Francisco Bergoglio y su Iglesia Conciliar sobre la cuestión de las “reconciliaciones” (la palabra conciliar para el otrora Sacramento de la Penitencia) y el Matrimonio, el cual se supone que sea conducido solamente en conjunto con la parroquia conciliar local. Adicionalmente, durante años ha estado circulado que la Neofraternidad está dando “dicorcios” como dulces por medio de “tribunales” secretos.