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martes, 16 de noviembre de 2021

DÍA DIECISÉIS, EN HONOR A SANTA GERTRUDIS LA MAGNA

Compuesto por el Rev. P. Fr. José Francisco Valdés, e impreso en México por Mariano de Zúñiga y Ontiveros en 1801.
    
DÍA DIEZ Y SEIS CONSAGRADO AL CULTO Y VENERACIÓN DE LA GLORIOSA VIRGEN SANTA GERTRUDIS LA MAGNA
    
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Amorosísimo y misericordioso Dios Trino y Uno, Criador y Señor mío: por ser vos quien sois, y por los méritos de vuestra querida Hija, Madre y Esposa María santísima, en gracia concebida, y por los de vuestra escogida sierva Santa Gertrudis, os pido me deis un dolor verdadero de todos mis pecados, los que aborrezco solo por ser quien sois, y propongo no volver a cometerlos, para lo cual imploro vuestra divina gracia, y para vencer mis desordenadas pasiones, que con este auxilio, espero amaros perfectamente en esta vida, y gozaros eternamente en la otra. Amén.
     
ORACIÓN
Esclarecida virgen Santa Gertrudis, fina amante de Jesús, abogada especialísima de los que se hallaren el artículo de la muerte. Yo te escojo desde este día por mi singular patrona, para lograr por tu intercesión, una feliz y dichosa muerte: y prometo de todo, mi corazón no olvidarte en adelante: recíbeme bajo tu protección por uno de tus esclavos: introdúceme en la de tu más querida procuradora María santísima, y en el corazón deífico de Jesús: asísteme en todos mis pensamientos, palabras y obras: alcánzame un eficaz auxilio, para que así en este día como en todos los que me restan de vida, me emplee en servir a mi Dios, Trino y Uno, y a María santísima mi Madre y tuya, guardando los mandamientos de Dios y de la Santa iglesia, las obligaciones de mi estado y ejercicio, para que mediante tu patrocinio, merezca conseguir las promesas que te concedió tu santísimo Esposo, y después acompañarte en la eterna bienaventuranza. Amén. Cinco Padre nuestros y Ave Marías.
    
ORACIÓN
Gloriosísima, amantísima y benignísima patrona mía Santa Gertrudis, que mereciste de Jesús que eligiera tu corazón para morada y centro dichoso de sus amores, hermoseándote con aquella santidad y pureza que imitaste de los ángeles y santos: por todos ellos, por el amor de tu dulcísimo Jesús, y por la Concepción Inmaculada de María Virgen Purísima, imploro tu patrocinio, para que el Señor adorne mi alma con aquellas virtudes que son propias de mi estado: quiero con todas veras, corran de tu cuenta todas las obras de mi vida, dirigiéndolas al mayor agrado  de Dios, hasta lograr la feliz unión de mi voluntad con la suya, Asísteme a la hora de mi muerte, y defiéndeme del enemigo, para que merezca oír del supremo juez aquellas dulces palabras: Venid, benditos de mi Padre. Extiéndase el poder de tu intercesión al alivio de las almas del Purgatorio, al remedio de los que están en pecado mortal, al socorro de las necesidades de la Santa Iglesia, al amparo de mis prójimos, y de los fieles cristianos constituidos bajo la potestad de los sarracenos, los que te celebran en este día, a mis encomendados, y todos los que se acogen a tu patrocinio: experimente yo, piadosísima abogada mía, aquellas especiales gracias con que te prometió el Señor premiar él cordial afecto de tus devotos. Entraña en nuestros corazones un ardiente amor Dios, una singular devoción a María santísima, y tal horror a la culpa, que aun su sombra nos espante. Haz que considerando lo que vale la gracia, y lo que importa el salvarnos, merezcamos por tu medio conseguir el favor que te pido en este día,  si es para honra y gloria do Dios,  de su santísima Madre, y bien de  mi alma. Amén. Aquí se hace la petición.
   
CARTA DE ESCLAVITUD
Amabilísima, agraciada esposa de Jesucristo, una de las más unidas (después de su santísima Madre) a su Majestad, en cuyo corazón hallaba descanso contra las fatigas que le causaban los pecados de los hombres, pues le tuviste tan continuadamente dentro de él, y ahora le tienes más presente en la bienaventuranza. Ruego a su Majestad divina, que sea yo uno de tus dichosos esclavos: y con deseo de obligarte, digo, declaro y protesto, quo me doy, rindo y entrego voluntariamente por esclavo tuyo, para emplearme en tu servicio, como escogida. Señora mía, te prometo por jornal cotidiano, de rezar todos los días cinco Ave Marías en acción de gracias por los cinco beneficios que te concedió tu santísimo Esposo: por paga de mes, los ejercicios del día diez y seis, por censo del año, tu novena, y por los tres días de carnestolendas que tu celestial Esposo te entregó. Suplícote, amorosísima Santa mía, quieras admitirme en tu dichosa esclavitud, por la cual goce de Jesús, María, José, Joaquín y Ana, mis muy amados Señores, y me reciba la santísima Trinidad, después de una vida en gracia en su gloria. Amén.
     
Hecha en lo íntimo de mi corazón, a mayor gloria de Dios.
    
DEVOCIÓN COTIDIANA
Gracias hago, y alabanzas espendo de todo mi corazón todas mis fuerzas, a tu amantísimo Esposo, ¡oh bienaventurada esposa de Cristo, Gertrudis! Lo primero, porque su graciosa piedad te eligió ab ætérno, saludablemente ætérno. Lo segundo porque saludablemente a Sí te trajo. Lo tercero, porque familiarmente a Sí te unió. Lo cuarto, porque se dignó habitar alegremente, y tener en tu alma sus deleites. Lo quinto, porque quiso que felizmente acabases, y con eterna gloria premiarte. ¡Oh bienaventurada esposa de Cristo Santa Gertrudis! Por el suavísimo Corazón de tu Esposo y su sacratísima muerte, alcánzame un corazón humilde y divino amor, encendido, constante, casto, fiel, perseverante, y finalmente, una sosegada y santa muerte, para alabanza y gloria de tu amantísimo Esposo. Amén.
    
A quien rezare esta oración con cinco Padre nuestros y cinco Ave Marías gloriados, prometió Dios oírle, y ayudarle en la hora de la muerte.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

lunes, 16 de noviembre de 2020

TRIDUO EN HONOR A SANTA GERTRUDIS LA MAGNA PARA CONSEGUIR UNA BUENA MUERTE

Dispuesto por un devoto de Santa Gertrudis la Magna a partir de la Semana y otros santos ejercicios detallados en la Vida de la santa, e impreso en Murcia por la viuda de Felipe Teruel a fines del siglo XVIII, con las debidas licencias.
   
ADVERTENCIAS PARA HACER CON FRUTO ESTE SANTO TRIDUO. 
La primera será purificar el alma con una entera y dolorosa confesión, y recibiendo el Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, como si fuera para morir.
   
La segunda, considerar con mucha atención los desengaños que cada día corresponden a los ejercícios, como si nos viéramos ya en aquellos estrechos lances.
  
La tercera, procurar en esos días emplearse en santas obras de piedad, limosnas y mortificaciones, y renovando las devociones antiguas que por negligencia suelen dejarse, con especialidad las de Nuestra Señora, y la de las Ánimas benditas del Purgatorio, de quien fue la Santa singular devota. Y para que todo lo dicho se haga con la mayor perfección se da a los devotos una noticia del modo como la Santa lo practicaba. 
  
Deseando Santa Gertrudis que la llama del Divino amor que ardía en su amante corazón abrasase los corazones más helados y frios de los hombres, y considerando que ninguno que tiene estampada en su memoria la de la muerte puede pecar, dispuso un ejercicio muy útil y provechoso para que cualquiera por él, siquiera una vez en el año, pueda hacer las exequias de sus postrimerías, previniendo y anticipando con santas disposiciones la hora dudosa de la muerte. 
   
Poniendo en práctica este santo ejercicio, que enseñó a muchos con grande aprovechamiento de sus almas, para disponerse y aprender a bien morir: Señalaba una semana, en la cual consideraba que había de morir, y disponía de todas sus cosas, como si con efecto hubiese de salir de esta vida y partir al Tribunal de Cristo a dar cuenta de sus obras, y así se preparaba con toda diligencia para ella.
   
En el primero se considera enferma, y que Dios nuestro Señor llamaba a sus puertas por medio de los dolores, calenturas y molestias que causa la enfermedad, que son la batería con que la muerte acomete el flaco muro de nuestro cuerpo para derribarle; meditaba cómo se hallaría en estas circunstancias, y cuán impedida estaría para obrar en servicio de Dios, y cuán impaciente y acosada de los grandes dolores y congojas, y de los Medicos y medicinas, su flaqueza, y el peligro de caer en la sepultura.
   
El segundo día señalaba para la confesión sacramental, la cual hacía con tanta preparación y dolor como si hubiera de ser la última de su vida, y como la llave que le habia de abrir el Cielo alcanzandole perdón de sus pecados, los cuales lloraba amargamente, pidiendo perdón a Dios, y a los Santos que intercediesen por ella y la ayudasen y favoreciesen en tan importante ocasión, en que no le iba menos que la salvación eterna.
   
El tercer día destinaba para recibir por Viático la Sagrada Comunión, a la cual se disponía como si en realidad de verdad nunca más hubiera de comulgar; y como si con aquel bocado hubiera de partir luego al Tribunal de Dios, pidiéndole con lagrimas que la dispusiese con su gracia, que la purificase con su Sangre, que la adornase con los atavíos y ornatos de todas las virtudes, y los que habían llevado las Almas puras a Mesa, que más le habían agradado en este mundo. A los Santos sus devotos pedía prestados los vestidos de sus virtudes, y que la apadrinasen para el convite del gran Rey, porque no fuese reprobada y condenada en él, como el mal apercebido del Evangelio, que se atrevió a entrar a comer sin llevar ropas de boda, y de esta manera, con temor y temblor llegaba bañada en lágrimas a la Mesa del Señor, y después se recogía a dar infinitas gracias por la merced que le había hecho, en que gastaba el resto del día, pidiendo juntamente que la dispusiese para la muerte y la cuenta que esperaba dar en su recto tribunal dentro de pocos días.
  
El cuarto día señalaba para recibir el Santo Sacramento de la Extremaunción, preparándose para este Santo y último Sacramento con verdadera contricción de sus pecados y de todos los defectos e imperfecciones que había tenido en sus obras, palabras y pensamientos; discurriendo por todos sus sentidos, así del cuerpo como también por las Potencias del Alma, Memoria, Entendimiento y Voluntad; examinando y notando lo que había faltado en cada una, y pedía a Dios perdón por los méritos de su Sangre preciosa, con la cual consideraba que la ungía y purificaba como con el Óleo Santo de la Extremaunción.
   
El quinto día se contemplaba en las agonías de la muerte como so realmente se hallara en ellas: acostábase en la cama o en una tarima con una vela ardiendo al lado, y un Santo Crucifijo en las manos; despedida de todo este mundo y de camino para el otro, el pecho levantado, los ojos hundidos y turbados, el habla trémula, la respiración apresurada, los amigos llorando su partida, los demonios apresurados a espantarla y perseguirla con tentaciones y lazos para estorbarle la entrada en la Bienaventuranza, la muerte a la vista acercándose por instantes, amenazándola con el último golpe, que le ha de cortar el hilo de la vida y dividir aquellos dos antiguos amigos alma y cuerpo, que tantos años han estado unidos con tan estrecho lazo de amistad: contemplaba los temores que acometen en aquel trance las agonías de los que están arraigados en este mundo, las congojas que causa el temor del Juicio y el Infierno, y lo que uno quisiera haber hecho entonces, y con la luz de aquella última Candela descubría los engaños de Satanás, la vanidad de los bienes del Mundo y el valor de los eternos, y cuánto importa tener ganados amigos para aquel combate, y atesoradas riquezas inmortales para aquella partida en que sin réplicas nos dejan todas las caducas y perecederas de este siglo, y nos desamparan los más cercanos parientes y los mejores amigos.
   
El sexto día se consideraba recibiendo el último golpe de la muerte, contemplando cómo perdía los sentidos y cerraba los ojos a todo este Mundo, a quien volvía las espaldas, y que apartandose el Alma del Cuerpo le dejaba yerto y frío, exánime, asqueroso con los horrores de la muerte, sin vida ni aliento, como un tronco o una piedra: miraba con la consideración cómo la amortajaban y le vestían con lo más desechado de la casa, y trazaban el entierro en una honda sepultura, y parecíale que oía el clamorear las Campanas, los cánticos fúnebres de la Iglesia, la Misa de Réquiem y los Responsos y Oraciones, y que luego la llevaban en las Andas a la estrecha celda de la sepultura, a donde la metían en compañía de los otros difuntos, y cercada de huesos y calaveras la cubrían de tierra y la enlodaban, y se iban todos a sus negocios sin acordarse de ella, a dónde se pudría y era manjar de gusanos la que había sido tantos años respetada por Superiora, allí era pisada y hollada; quedando en perpetuo olvido de los hombres: de cuya consideración sacaba sumo desengaño y desprecio de todo lo que el Mundo adora; y de sí misma viendo, a vista de ojos, que no era más que un poco de tierra y un muladar cubierto de nieve, que deshecha, descubre lo que es, con horror de todos los que le miran.
   
En el séptimo dia contemplaba nuestra Santa Gertrudis al Alma separada del cuerpo, caminando por aquellas Regiones no conocidas ni andadas de los hijos de los hombres, por donde se camina en la otra vida, acompañaba a su Alma hasta el Tribunal de Dios, a donde se miraba sola de todo cuanto tenía en este Mundo si no era de sus obras, las malas para condenarla, y las buenas para salvarla. Contemplábase en aquel Tribunal de Cristo tan recto y riguroso, acusada de los Demonios, de todos sus pecados y  defectos, y de las imperfecciones de sus obras, de las que había omitido por negligencia, de las que en su Monasterio se habían hecho por su culpa, y de sus ingratitudes a tantos y tan grandes favores como había recibido de las manos de su Dios; y no viendo en sí cosa buena con qué poder satisfacer a tantos cargos, temblaba y lloraba su triste condenación, y alegaba la misericordia Divina y la Sangre de Jesucristo en su satisfacción, y los méritos de todos los Santos, y hecha un río de lágrimas pedía misericordia al Juez, y treguas para recuperar lo perdido y servir de nuevo al Señor en satisfacción de sus pecados, y poniendo por intercesora a la Santísima Virgen como abogada de todo el género humano, y a todos los Santos, en especial a sus devotos, pedía que orasen por ella y la alcanzasen dilación de la sentencia, como si ya estuviera condenada miraba el Infierno abierto, y el lugar a donde había de estar, merecido por sus pecados; y contemplando el rigor de aquellas penas, no cesaba de llorar sus culpas y dar gracias a Dios que no la había lanzado en él, haciendo ternísimos y fervorosísimos propósitos de enmendarse en adelante.
   
En el octavo día volvía los ojos a todo lo pasado, y dando gracias a Dios porque le concedía las treguas deseadas, hablaba consigo misma diciendo: «Ves aquí cuán mal has vivido, y en qué riesgo te has puesto de ser condenada para siempre y las penas que mereces por tus pecados: de ellas te saca Dios, para que enmiendes la vida y recuperes con penitencias y santas obras las pérdidas pasadas; mira qué hiciera uno que saliera del Infierno en satisfacción de su Alma, eso y mucho más debes hacer en satisfacción de la tuya y en agradecimiento de la merced que Dios te ha hecho, dándote tiempo para enmendarte».
  
De esta manera pasaba Santa Gertrudis la carrera que había de correr en las útimas postrimerías, para no errarla después, y así se enseñaba en salud a morir bien cuando llegase el tiempo de la enfermedad, gastando su vida en aprender con eminencia esta lección de bien morir, que es la ciencia más importante que podemos aprender. De estas consideraciones salía encendida en vivas llamas del Divino amor y odio de sí misma: de aquí sacaba los alientos para las mortificaciones y rigurosas penitencias con que maceraba su cuerpo, y las vigilias de la noche que gastaba en oración, el desprecio de las honras, el amor de la Cruz de Cristo, y el fuego con que anhelaba a la perfección, y como le iba también con este ejercicio, le persuadía a todos los que la comunicaban, y muchos que lo hicieron sacaron gran provecho para sus Almas. Quiera la Divina Magestad que tomen esta lección todos los presentes y los que la leyeren, y cojan de ella los frutos que cogió Santa Gertrudis, a quien el Señor para manifestarle lo grato que le era este ejercicio, en un día de ellos se le apareció muy benigno, y hablándola con gran dulzura la dijo: «Ajústate conmigo, como el Profeta Elíseo se ajustó con el Niño, que resucitó de muerte a vida». «¿Cómo, Señor mío (respondió la Santa), podré yo poner en ejecución lo que me mandas?», y luego le dio el Señor a entender que no había de ser corporalmente, sino espiritual y místicamente ajustando su vida con la suya, y así le dijo: «Aplica tus manos a las mías, esto es, las obras de tus manos a las que yo hice en el Mundo, obrándolas todas para mi servicio y a gloria de mi Eterno Padre. Tus ojos a los míos, imitando mi modestia y compostura. Tu boca a la mía, imitando mis palabras y mi templanza en la comida y en la bebida. Y tus pies a los míos siguiendo mis pasos, y no perdiéndome de vista. Tu corazón con el mío, teniendo un querer y no querer conmigo, sin discrepar un ápice tu voluntad de la mía, y de esta suerte recobrará tu espiritu nueva vida, como la recobró el Niño con quien se ajustó Eliseo, y te dispondrás para conseguir la feliz muerte que deseas».
   
Habiendo oído esta lección tan saludable de su Divino Esposo, procuró con todas sus fuerzas ponerla luego en ejecución, mirándose y remirándose en aquel espejo de vida, para conformar todas sus obras, palabras y pensamientos con él, y hacerse un vivo retrato suyo. Y Cristo nuestro Señor le premió de contado este cuidado y diligencia que puso en su servicio, porque visitándola amoroso y mostrándose agradecido, abrió su pecho y le mostró el Corazón, del cual salió una cinta de oro finísimo, con la cual enlazó consigo a Santa Gertrudis con tan estrecho vinculo de amor que ningunas fuerzas humanas la podían apartar de él,  con lo qual la Santa quedó enlazada de nuevo con su Divino Esposo con un vínculo tan estrecho y firme que le aseguraba su buena dicha, y que no le faltara en la hora de la muerte.
   
TRIDUO DE SANTA GERTRUDIS LA MAGNA PARA DISPONERSE A UNA BUENA MUERTE, Y ASEGURAR UNA BUENA Y DILATADA VIDA, Y ALCANZAR DE DIOS MUY SINGULARES FAVORES
   
    
Hincado de rodillas delante de alguna Imagen de la Santa, se dará principio con la señal de la Cruz, y levantando el corazon a Dios con viva fe y confianza en su Majestad, y en la intercesión de su querida Esposa Santa Gertrudis, y haciéndose presente a toda la Corte Celestial, como si se hallara en los últimos lances de la vida, dirá con verdadero arrepentimiento.
  
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mìo Jesucristo, Amado, Criador y Redentor mío, por ser Vos quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido, propongo con vuestra gracia enmendar mi vida y perseverar en vuestro santo servicio hasta la muerte. Amén.
   
Ahora dirá la Música siguiente:
Dulce Jesus y Señor, 
Por Gertrudis vuestra Esposa, 
Concédenos vuestro Amor.
    
ORACIÓN A JESUCRISTO ΝUESTRO REDENTOR PARA TODOS LOS DÍAS
Dulcísimo y amantísimo Señor mío Jesucristo, Esposo amantísimo de las Almas, yo te alabo y doy muchas gracias por los favores tan singulares que hiciste a tu amada y tierna Esposa Santa Gertrudis, depositando en su corazón los ricos tesoros de vuestras llagas, y abriendo las puertas de vuestro encendido pecho para mostrarla los soberanos secretos de vuestra altísima providencia, y poniendo en sus manos el remedio de innumerables pecadores, y el alivio de las Almas del Purgatorio. Yo te suplico, que por su intercesión me concedas el fruto de tus preciosas llagas para perdón de mis culpas y satisfacción de sus merecidas penas, y también consiga lo que pido en este Triduo, a mayor honra y gloria vuestra. Amén.
   
DÍA PRIMERO
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Amorosísima, piadosísima y fervorosísima Santa Gertrudis, que en los tres primeros días de la semana de vuestros santos ejercícios os disponíais para la jornada a la eternidad con la meditación de los precursores de la muerte, que son las enfermedades, los dolores y las fatigas con la noticia y cercanía de la muerte, y os preparábais para una confesión última y fervorosa, y pedíais a su Majestad que con su preciosa Sangre firmase el perdón de todas las deudas que le debemos por nuestros pecados, y con estas santas y admirables disposiciones recibíais a vuestro amado Esposo Sacramentado como Viatico para la partida de este mundo a la eternidad, y pedíais a todos los Ángeles y Santos, y a la Reina de los Santos y de los Ángeles, que con sus virtudes adornasen vuestra Alma para entrar en el convite de las Celestiales bodas. Yo te suplico me alcances del Señor que me disponga para esta jornada, recibiendo dignamente los Santos Sacramentos de Penitencia y Comunión. Que yo le reciba a la partida de este mundo con una caridad ardiente que consuma y abrase la multitud de mis pecados, llorándolos amargamente, y adornada mi Alma con el fervor y preparación con que vos Madre amorosa le recibíais, con esta preciosa gala entre en el convite de la Gloria, y también consiga lo que pido en este Triduo a mayor honra y gloria suya. Amén.
   
Aquí se rezará tres veces el Padre nuestro y el Ave María con Gloria Patri, y despues se dirá la Oración siguiente.
   
Ahora dirá la Musica que se sigue:
Insigne Gertrudis,
Ruega a Jesucristo
Oiga a sus devotos 
Clemente y propicio.
  
ORACIÓN A SANTA GERTRUDIS
Dulcísima Madre y portentosa Virgen Santa Gertrudis, a quien el Divino Esposo concedió los dotes y singulares prendas de las más celebradas y heroicas mujeres de la Escritura: Yo te suplico por el amor y fina correspondencia que tuviste con tu amantísmo Esposo entregándole tu corazón fervoroso, y recibiendo el suyo colmado de favores para repartirlos a tus devotos, y socorrerlos en esta vida y en el desconsuelo del Purgatorio, que me alcances de su Majestad una pureza de corazón, con un dolor de haberle ofendid, un eficaz proposito de la enmienda, y una perseverancia segura para verle y gozarle en la eternidad de su Gloria, y también consiga lo que deseo y pido en este Triduo. Amén.
   
Aquí se pide en secreto, y con los afectos del corazón lo que desea conseguir en particular por medio de este Triduo, y para obligar más al Hijo se cierra este Triduo con la Oración a su Santísima Madre concebida sin pecado original.
  
Ahora dirá la Música siguiente:
Reina Inmaculada,
Por tu Patrocinio 
La gracia y la gloria 
Alcancen tus hijos. 
  
ORACIÓN DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Santísima Reina e Inmaculada Virgen María, por haberte preservado el Altísimo de toda mancha de pecado, para que fuéseis digna Madre de su unigénito Hijo, que de tus Virginales Entrañas tomó carne humana y se hizo hombre: Suplicóte, purísima y bendita entre todas las mujeres, que me alcances de tu dilectísimo Hijo perdón cumplido de todos mis pecados, y que sea escrito en el numero de los predestinados, y en esta vida alcance la gracia final, con que merezca la eterna, que esperamos por ti, Señora nuestra. Y juntamente nos alcances de vuestro querido Hijo la exaltación de su Santo nombre, la extirpación de las herejías, y la paz y concordia entre los Príncipes cristianos, para que todos celebremos en vuestros misterios la mayor gloria de Dios, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
   
Antífona (del Breviario benedictino): Aparecieron espíritus celestes descendiendo del Cielo, que con sus voces invitaban a Gertrudis al gozo del Paraíso: ven, ven, Señora, porque te esperan las delicias del Cielo. Aleluya, aleluya.
  
℣. Ruega por nosotros, oh virgen Santa Gertrudis.
℟. Para que nos hagamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN
Oh Dios, que en el corazón de tu bienaventurada virgen Santa Gertrudis, te preparaste una agradable morada; por sus méritos e intercesión, limpia las manchas del nuestro, para que merezca ser digna habitación de tu divina Majestad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
  
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
DÍA SEGUNDO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración a Jesucristo nuestro Redentor.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Ternísima, pacientísima y prudentísima Madre Santa Gertrudis, que en los tres días siguientes de vuestros santos ejercicios os representábais el lance temeroso de recibir la Extremaunción como Sacramento que quita las reliquias de las culpas y da valor en aquella hora para resistir a nuestros crueles enemigos, y con este socorro último de la Iglesia entrábais con singular valor en la última batalla y agonías de la muerte, y os considerábais turbada la vista, tardo el oído, perdidos los pulsos, impedida la lengua, y todas las facultades de las potencias enflaquecidas, y que despues del golpe de la rigurosa muerte, separada el Alma de vuestro cuerpo, disponían el Cadáver para la Sepultura con la mortaja que solo saca de este mundo, y que sepultado en la tierra del olvido le dejan todos desamparado, para que sea sustento de los gusanos, de cuyas consideraciones sacábais el desprecio de todos los bienes caducos de este siglo: Yo te suplico me alcances de Dios la anticipada luz de este desengaño, y gracia para que en mi última hora reciba este último socorro que nos ofrece la Iglesia para burlar las asechanzas de nuestros enemigos, vencer los temores de la muerte, y me alcances de todos los Santos el singular auxilio que necesita nuestra flaqueza, para salir por aquella última puerta, entregando mi espíritu en las manos de nuestro Criador y Redentor Jesucristo, y también la gracia que os pedimos a mayor gloria de Dios y honra vuestra. Amén.
  
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las demás Oraciones se dirán todos los días.
   
DÍA TERCERO
Por la señal…
Acto de contrición y Oración a Jesucristo nuestro Redentor.
   
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Fervorosísima, sapientísima y gloriosísima Madre Santa Gertrudis, que en los dos últimos días de la semana de vuestros santos ejercicios contemplábais a vuestra Alma separada de la cárcel de su cuerpo, y caminando por la nueva región del otro mundo sola, y sin haber sacado de esta vida más que las buenas o malas obras que hubiere hecho, y con ellas va a comparecer en juicio delante del Tribunal del terrible Juez a ser juzgada y acusada de sus enemigos, sacando de esta consideración el hacer en esta vida riguroso examen de todas ellas para su enmienda. Y que se os prorrogaba con nuevos plazos la vida, como si salierais resucitada de la Sepultura, repetíais a vuestro Esposo Divino amorosísimas gracias, y empezábais a servirle y amarle como más fervorosa y agradecida. Y concluíais este devoto y santo ejercicio celebrando la dulce memoria de la Gloria que vuestro Esposo os reveló que tenía preparada para quando saliéseis de esta vida. Y anegada en las dulzuras y consideraciones de los celestiales bienes, y puestos los ojos en la Reina de los Ángeles, por cuya mano lograsteis estos favores, la suplicábais agradecida que los comunicase a todas las criaturas, llevándolas a la Gloria. Yo te suplico me alcances de esta soberana Reina el conocimiento que tendré a la hora de la muerte de mis culpas para llorarlas en esta vida, nuevos plazos de seguridad y vida para emplearla en su santo servicio con fervoroso agradecimiento; y que tome debajo de su protección mi vida, mi muerte y mi salvación, para servir, amar y gozar a su Santísimo Hijo y nuestro dulcísimo Redentor, con lo demás que pido y suplico en este Triduo a mayor honra y gloria suya. Amén.
  
Tres Padre nuestros, con Ave María y Gloria. Las demás Oraciones se dirán todos los días.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

NOVENA EN HONOR A SANTA GERTRUDIS LA MAGNA

Novena reimpresa en 1764 a devoción del padre Antonio de Albarracín, cura párroco de Santa Eulalia en la ciudad de Murcia.
  
NOVENA EN HONOR A SANTA GERTRUDIS LA MAGNA
 
   
Puesto de rodillas ante la Imagen de Santa Gertrudis, después de persignarte, dirás el Acto de Contrición siguiente:
 
Por la señal ✠ de la santa Cruz; de nuestros ✠ enemigos líbranos, Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Dulcísimo Jesús mío, por ser tan bueno como sois, me pesa en el alma de haberos ofendido, y propongo con vuestra divina gracia, antes morir que pecar.
  
DÍA PRIMERO - 7 DE NOVIEMBRE
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
¡Oh Jesús mío!, Esposo amante de las Almas, que para quedaros con ellas os Sacramentáis: Yo os ofrezco la fe viva con que vuestra Esposa Gertrudis os adoraba debajo de los cándidos accidentes, pues con Luz Celestial, que de Vos recibía, os miraba vivo y glorioso en la Hostia Consagrada, penetrando su fe la Majestad que allí se encubre, siendo su alma arrebatada y llevada de su amor con una dulce violencia. Haced, Dios mío, la imite en la fe, que sus ruegos alcancen mi súplica, y que la acompañe en la Gloria. Amén.
  
Rezar cinco Padre nuestros y cinco Ave Marías, en memoria de las cinco Llagas que Jesús imprimió en su corazón.
  
ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS
Oh Gloriosísima Virgen Santa Gertrudis, amante Esposa de Jesús, a vos, Reina y Señora, que así os llamó vuestro Esposo, concediéndoos el favor que cualquiera que con devota intención orase a Su Majestad por medio de Vos, conseguiría todo el fruto que creyere poder alcanzar un hombre por la oración de otros. A Vos, a quien ofreció Jesús, que a quien prometieres algo de la divina bondad en la tierra, que lo tendría por bueno en el Cielo. A Vos, a quien dijo Jesús, erais el Templo y Altar de la Ley vieja, el que servía para refugio de los delincuentes. A Vos, quien llamó la amable Ester, cuya hermosura era graciosa a sus divinos ojos, os invoco, Santa mía, por Protectora y Abogada, representándoos todas las virtudes que en Vos florecieron, os suplico pidáis a nuestro Dios y Señor, que yo os imite en ellas, y logre por vuestra intercesión los divinos auxilios para vencer las diabólicas tentaciones. Alcanzadnos de la Trinidad Santísima el aumento de la Fe Católica y la extirpación de las herejías. También, amantísima Madre mía, con toda mi alma os suplico me ayudéis a pedir a vuestro dulce Esposo Jesús que consiga en esta Novena el favor que solicito, Santa mía, si Jesús os franqueó los Tesoros de su amante Corazón, para que de ellos sacáseis cuanto quisieres, y los repartieses a vuestra voluntad; y Vos, Señora, entrando en él la mano, la sacasteis llena de un celestial licor y rociaste con él las almas por quienes rogasteis. Llegad allí, Santa mía, y sacad el sí de la gracia que voy a pedir (Pídase ahora el favor que cada uno necesitare). Así lo espero lo haréis, Santa mía, y también espero conseguirlo, mediando vuestra súplica, pues os tiene ofrecido vuestro Esposo concederos cuanto Vos pidáis. Pero si no fuere del agrado de Dios y bien de mi alma el que lo consiga, alcanzadme de su Majestad perfecta resignación en su voluntad santísima y una felicísima muerte, para que eternamente en la Gloria te alabe. Amén.
  
GOZOS EN HONOR A SANTA GERTRUDIS LA MAGNA
 
Si ostentáis tanto favor
Al que rendido os implora,
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
  
Ser noble Benito os dio
Catedrática María,
Pues con sabrosa armonía,
Exponéis cuanto os dictó:
Cristo el ardiente fervor
Con que vuestra fe le adora:
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.

   
Fuisteis de letras divinas
Y humanas Comentadora,
Y por esto la Doctora
Sois Vos la más Peregrina:
Claro se ve en el valor,
Que en tus libros se atesora.
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
   
La humildad que en Vos se encierra
Por prodigio singular
Tenía el nunca llegar
A confundiros la tierra:
Decía: «¿Cómo tu ardor
No abrasa a tal Pecadora?».
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
 
     
Vuestra pureza fue tanta
Que le dio Cristo el blasón,
Con Vos trocó el Corazón
Y con sus Llagas lo esmalta:
Es tan grande este favor,
Que en el mundo igual se ignora:
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
  
En su noche con dulzura
En tu corazón nació
El Dios Niño, y te llamó
De su Humanidad figura:
Como sois tan pura Flor
Jesús en tu pecho mora:
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
   
Con milagro singular
En tus pechos se advirtió
Leche, y que Jesús bajó
Visiblemente a mamar:
Si le dais suave Licor,
Y como Madre os adora:
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
  
Por su Esposa os escogió
El Oráculo sagrado,
Siete anillos os ha dado,
Que su Cariño labró:
Si es tanto vuestro primor,
Que el mismo Cristo enamora:
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
  
Del Costado de Jesús
Ricos tesoros sacasteis,
Y a tus Devotos llenasteis
De claros rayos de luz:
Que así premia vuestro ardor
Al que de Vos se enamora:
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
  
Al tiempo que tú expiraste
Bajó Celeste Escuadrón,
Cristo abrió su corazón
Como a tu casa a él entraste;
Así el Divino Señor
A quien le sirve mejora:
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.


Si ostentáis tanto favor
Al que rendido os implora,
Sed, Gertrudis, protectora
De quien arde en vuestro amor.
   
Antífona: Salid, hijas de Sión, y mirad a Gertrudis con la corona con que Cristo la coronó el día de su desposorio, en el día de gozo de su corazón.
℣. Difundida está la gracia en tus labios.
℟. Porque el Señor te bendijo eternamente.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que gozosamente te preparaste una mansión en el corazón de tu bienaventurada virgen Santa Gertrudis, purifícanos clemente, por sus méritos e intercesión, de toda mancha en nuestro corazón, para que merezcamos ser hechos una digna habitación para tu divina Majestad. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
   
DÍA SEGUNDO - 8 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de contrición.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor mío, solo en Vos debe fundarse nuestra esperanza. De cuántos quilates fue la de vuestra Síerva Gertrudis, Vos sólo, Señor, lo sabéis. Pues le asegurásteis no negarle cosa que os pidiese, porque con prevenida voluntad tenéis hecho decreto de concederle cuanto impetrase. Haced, Dios mío, que esta virtud se imprima en mi corazón, para que consiga la gracia que os pido, y os vea en la Gloria que espero. Amén.
     
Rezar cinco Padrenuestros y Avemarías. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

DÍA TERCERO - 9 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de contrición.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Amabilísimo Dios y Señor mío, ofrezco en vuestras Aras la ardiente Caridad de vuestra querida Santa Gertrudis, quien tanto os amó, que murió de puro Amor; lloraba porque todas las criaturas os amaran, comunicando a todas el fuego de vuestro Amor. Bien se le manifestó en revelación el fruto de su amor, pues por ella entendió que con un hilo de oro traía a vuestro amor muchos pecadores que vívían apartardos de Él. Hasta el Purgatorio llegó su amor, logrando por sus oraciones el sacar muchas almas de las penas. Viva, Señor, en mi corazón este amor, y sea éste el medio de lograr mi petición, y de adoraros en la Gloria. Amén.
      
Rezar cinco Padrenuestros y Avemarías. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA CUARTO - 10 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de contrición.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dulcísimo Jesús mío, preséntoos, Señor, la humildad de vuestra Esposa Santa Gertrudis, la que fue tanta, que conociendo su bajeza os decía: «Oh Dulcísimo Esposo mío, milagro es, Señor, que me sufra la tierra, cuando por mis culpas merecía un Infierno», y Vos con amantes ternuras le respondías: «Con razón te se ofrece la tierra para que la ajes, cuando la máquina admirable de los Cielos espera la hora alegrísima en que te ha de llevar, para que las Estrellas las pises». Ruégoos, Señor, me concedáis esta virtud, para que la imite, y por su intercesión logre mi súplica, y acompañarla en la Gloria. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros y Avemarías. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA QUINTO - 11 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de contrición.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Oh Pacientísimo Jesús, yo os consagro la gran paciencia de tu querida Gertrudis, pues recibía los trabajos y enfermedades que le enviábais como singularísimos favores, mereciendo por tal sufrimiento, que padeciendo una enfermedad de continua vigilia, Vos, dulce Jesús, le cantábais al oído dulces cánticos, y para fortalecer su espíritu, de la Sangre de vuestro Costado le hicisteis una confección suavísima, que administrada por vuestra mano, quedó en todo fortalecida. Permitid, Dios mío, la imite yo en esta virtud, y que consiga mediante su ruego mi súplica y los auxilios de la gracia. Amén.
      
Rezar cinco Padrenuestros y Avemarías. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SEXTO - 12 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de contrición.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios y Señor mío, claro Espejo de Prudentes, admitid, Señor, en holocausto la que enseñásteis a vuestra querida Esposa Santa Gertrudis, quien en tu Escuela aprendió las reglas de la prudencia, y como Maestro Sabio le disteis las Lecciones de gobierno. Cuán acertado fue el suyo, díganlo cuarenta años de Abadesa, tan al gusto de sus Hijas, que después de su muerte pedian a Gertrudis las gobernara desde el Cielo. Estámpese, Señor, en mi alma este Don, y consiga por los ruegos de Gertrudis la gracia que espero, y la gloria que aspiro. Amén.
   
Rezar cinco Padrenuestros y Avemarías. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA SÉPTIMO - 13 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de contrición.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Purísimo Jesús mío, solamente vuestra Sabiduría sabrá explicar la Pureza de Gertrudis vuestra Esposa, pues fue más Angélica que humana: su mirar era honestísimo, sus palabras purísimas, y sus obras tan llenas de honestidad, que enseñaban a ser puros a cuantos las atendían. Vos, Señor, sabéis, que la visitasteis yendo como tierno Niño en los brazos de vuestra Dulcísima Madre, y pasando a los de Gertrudis, os alimentasteis de sus cándidos pechos. ¡Oh, cuál sería la pureza de esta Virgen! Dadme, Dios mío, un corazón purísimo con que la imite, y concededme la gracia que os pido, y la gloria que de vuestra piedad espero. Amén.
    
Rezar cinco Padrenuestros y Avemarías. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
   
DÍA OCTAVO - 14 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de contrición.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Dios mío, Padre de misericordía, ofrézcoos, Señor, las mortificaciones y penitencias de vuestra amabilísima Gertrudis, aquellos ayunos, disciplinas, el recogimiento de su vista, el silencio, el duro lecho, la sangre que en sus ejercicios derramó, la cruz con que os siguió, y aquel vivir muerta para el mundo y sólo viva para Vos: y os suplico, Dios mío, siga yo sus sendas, consiga mi petición mediando su súplica, y logre verla en la Gloria. Amén.
     
Rezar cinco Padrenuestros y Avemarías. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.
  
DÍA NOVENO - 15 DE NOVIEMBRE
Por la señal...
Acto de contrición.
  
ORACIÓN PARA ESTE DÍA
Oh Eterno Padre de misericordia, hoy finaliza la Novena de Gertrudis vuestra Esposa; deseo, Señor, tenga feliz despacho mi petición, y para más obligaros, presento los méritos de la Pasión de Jesucristo vuestro Hijo, los de María Santísima su Madre, y el amor que tuvo Santa Gertrudis al Verbo Humanado, pues por él logró que Cristo le diera su Corazón, y en su lugar pusiese el de Gertrudis, que lo rubricase con sus Llagas, que le hiriese con una flecha de Amor; y que el Corazón de Cristo le sirviese de Carroza para subir a la Gloria. Yo os suplico, Dios mío, me concedáis la gracia que os pido, y que os acompañe en la Gloria que espero. Amén.
     
Rezar cinco Padrenuestros y Avemarías. La Oración y los Gozos se rezarán todos los días.

lunes, 12 de abril de 2010

NADA OFENDE MÁS A DIOS QUE LA COMUNIÓN SACRÍLEGA

   
DE LO MUCHO QUE OFENDE A DIOS EL QUE LLEGA A COMULGAR SIN LA DEBIDA DISPOSICIÓN (Insinuaciones de la Divina Piedad, Lib. 3 cap. 18, § 4).
  
Un día después de haber comulgado, estando Nuestra Madre Santa Gertrudis considerando con cuanta diligencia se debe guardar la boca, por ser ella principalmente entre los otros miembros, el retrete y preciosa morada de los misterios de Cristo; le enseñó su Majestad lo que deseaba saber con este símil: «Si el que no guarda su boca de palabras vanas, mentirosas, torpes, detractoras, y de murmuraciones, y otras tales; sin haber hecho penitencia de ellas, se llega a la Santa Comunión, este tal (cuanto es de su parte) recibe a Cristo, al modo, que el que teniendo juntas muchas piedras al umbral de su casa, apedrease con ellas a su huésped al entrar en ella; o como si con una barra de hierro le rompiese la cabeza».
 
El que lee esta doctrina de Cristo, considere con sollozos y lágrimas de tierna y grande compasión, cuan grande es la diferencia que hay entre la inefable piedad y benignidad de este Divino Señor, por una parte, y entre la ingratitud y fiereza del que así le recibe, por otra.
 
Pondere cuan injusta cosa es, que sea perseguido con tanta crueldad, el Señor que con tanta mansedumbre viene a solicitar y a obrar nuestra eterna salud, y que sea así perseguido de los mismos a quienes desea comunicar tan soberano favor.
 
Esto mismo, que se ha dicho de las palabras ilícitas, se puede aplicar a otros cualesquiera pecados; pues por ellos procura el pecador (cuanto es de su parte) quitar la vida, al Señor que viene a dársela, y que por su remedio murió en una Cruz.
  
NOTAS DEL TRADUCTOR
Mira, ¡oh Cristiano!, cuán horrorosa cosa es la que acabas de oir. Considera atentamente cuán horrible cosa es el llegarse a recibir a Cristo Sacramemado sin la debida disposición, pues el que le recibe indignamcnte, además de la irreverencia que comete contra Dios, recibc, en lugar de la vida de la gracia, sentencia de su eterna condenación. «Es este Santísimo Sacramento el Amor de los amores (así le llama un Autor Piadoso). Es un compendio de finezas, y finezas Divinas. Luego, el que no llega a recibir este Amor con afecto amoroso, antes bien le recibe agraviándole y ofendiéndole; este tal no solo es ingrato, sino infiel y cruel». Así lo infiere el Autor citado, y le atribuye esta sentencia a Nuestro Padre San Bernardo.
 
A Oza castigó Dios con muerte temporal, privándole de la vida del cuerpo, porque tocó irreverentemente el Arca del Señor (II Reyes 6, 6), que era figura de este Sacramento; guárdate tú, no seas privado de la vida del alma y castigado con muerte eterna, de la cual eres digno, si indignamente tocas y recibes al Santo de los Santos. Dice San Pablo que el que recibe indignamente el Cuerpo y Sangre de Cristo, es reo del Cuerpo y Sangre de Cristo (I Corintios 11, 27). Es como Cristicida, o Agresor de Cristo.
 
Enséñanos el Evangelio (San Mateo 22), que un convidado que fue a sentarse a la mesa de un Rey sin vestidura decente fue arrojado del convite, y encerrado en un perpetuo, oscuro y penoso calabozo, en pena de su desatención y desacato. Tema pues el Cristiano que sin la vestidura de pureza y piedad se atreve a llegar al Sagrado Convite del Altar, en el cual ha de recibir dentro de sí mismo a Jesucristo Hijo de Dios Vivo, Rey de reyes y Señor de Señores. Procure llegar con mucha devoción, piedad y pureza a este Señor que es Fuente de pureza y piedad; porque si carece de esta disposición, en lugar de aguas saludables de vida, beberá el tósigo de la muerte.

Para haber de llegar a este Divino Convite, se ha de purificar la conciencia con la penitencia, por la cual consigue la aima la vestidura de la gracia; y se ha de adornar con fervorosa devoción, haciendo muchos actos de humilde rcconocimiento de su indignidad y miseria, y de amoroso agradecimiento del amor, benignidad y misericoidia del Señor, a cuyo Convite se llega. De esta suerte llegará dignamente a la mesa, y gustará del manjar del Cielo con muchos aumentos de gracia, y dones espirituales. 

miércoles, 24 de marzo de 2010

IMITAR LA PASIÓN DE CRISTO

Desde Salutaris Hostia

Nos enseña Nuestro Divino Maestro, como hemos de imitar las acciones de su Pasión en las que ordinariamente hacemos, con mucho fruto, y provecho de nuestras almas.

Santa Gertrudis la Magna

Considerando Nuestra Madre Santa Gertrudis un Viernes Santo, con amorosa ternura, y dulzura de su alma, lo mucho que el Señor había padecido en su Pasión por su amor, y deseando con fervoroso afecto de lo íntimo de su corazón, mostrarse agradecida, y corresponder en algo al amor infinito de su Divino Esposo le dijo: Ea Señor, única Esperanza y salud de mi alma, enséñame, en qué, o cómo,  podré mostrarme agradecida a tu Santísima Pasión, tan amarguísima para Ti, cuanto saludabilísima para mi. 

Respondió el Señor:
  1. El que sujeta su voluntad a la de otro, no gobernándose por su parecer, sino por el ajeno, este tal me agradece el dolor, y afrenta, que a la hora de Maitines padecí, cuando por la salud del género humano fui preso, maniatado, afligido, y escarnecido con muchos golpes, y oprobios.
  2.  El que con humildad reconoce, y confiesa sus defectos, me agradece el sentimiento que tuve a la hora de Prima, cuando, como Reo en juicio fui acusado de falsos testigos, y condenado a muerte afrentosa. 
  3. El que mortifica sus sentidos, negándoles los deleites sensibles me agradece los crueles azotes que padecí a la hora de Tercia. 
  4. El que con humilde rendimiento se sujeta a los Prelados poco ajustados, y que no son tan observantes, y morigerados como deben; me alivia el terrible dolor que me causó la Corona de espinas. 
  5. El que habiendo sido agraviado de otro, procura por el bien de la paz, disimular su ofensa, y con humildad se adelanta a reconciliarse con el que le ofendió, solicitando su amistad, me recompensa el trabajo que tuve en llevar sobre mis heridas y delicados hombros la Cruz. 
  6. El que por ejercitar la caridad con el prójimo, se anima, y emprende obras que exceden sus posibles, y fuerzas, extendiéndose a más de lo que puede; me agradece el terrible dolor, que padecí cuando a la hora de Sexta fui extendido, descoyuntado y clavado en la Cruz. 
  7. El que por corregir a su prójimo, o apartarle de que peque, no repara en la desazón, tribulación, afrenta o molestias, que de esto se le pueden seguir, me agradece la afrenta, y amarga muerte, que padecí a la hora de Nona, por la salud, y remedio de todos los hombres.
  8.  El que, viéndose sin razón injuriado, responde con humildad, y blandura a los que le injurian; me quita compasivo de la Cruz, donde estaba mi cuerpo pendiente. 
  9. Y finalmente el que con humildad estima más a su prójimo que a si mismo, juzgando que es razón que le sea preferido en honor, conveniencia, o en otra cualquiera cosa; me ofrece sepultura en que descanse mi cuerpo. Lib. 4 cap. 26

lunes, 16 de noviembre de 2009

SANTA GERTRUDIS, VIRGEN Y MÍSTICA

Santa Gertrudis
  
La ilustre maestra espiritual santa Gertrudis, hermana de santa Matilde, nació de nobles padres en Eisleben en la Alta Sajonia. A la temprana edad de cinco años fue ofrecida a Dios en el monasterio de Rodersdor, de las religiosas de san Benito. Dióse al estudio de la lengua latina, como era costumbre entre las monjas. Aprovechó tanto, que llegó a escribir en latín con elegancia muchos libros. Aprendió también las letras divinas y la doctrina de los ascetas. Aunque estaba adornada de talentos naturales no comunes, y de los más extraordinarios dones de la divina gracia, se tenía por la más vil y despreciable criatura. La sacratísima pasión del Redentor y la sagrada Eucaristía eran la materia más ordinaria de sus altísimas contemplaciones, en las cuales vertía copiosas y suaves lágrimas, y se arrobaba con éxtasis de amor divino. Fue elegida abadesa de su monasterio a los treinta años de edad. Un año después, pasó con sus monjas a otro monasterio llamado de Heldes, donde fue ejemplar perfectísimo de todas las virtudes, haciéndose por su humildad sierva de todas. Con las vigilias, ayunos, abstinencias y una constan te abnegación de su propia voluntad, venció todas las desordenadas aficiones que podían estorbarla en el perfecto cumplimiento de la voluntad divina. Tenemos un vivo retrato de su alma cándida y santísima, en el compendioso libro que escribió de las Divinas insinuaciones, o comunicaciones y sentimientos de amor de Dios, que es tal vez la obra más provechosa escrita por mujer, comparable con las que escribió santa Teresa de Jesús. En ella propone la santa piadosísimos ejercicios para renovar los votos bautismales, para convertirse el alma a Dios, para renovar sus espirituales desposorios, y para consagrarse a su Redentor divino por vínculo de amor indisoluble, pidiendo la gracia de morir para sí misma, y ser sepultada en el Señor, de manera de que no haga otro empleo de su vida, que el amar a su divino Esposo, que tanto la ama. Tenía esta santa virgen altísima contemplación, durante la cual con frecuencia se arrobaba en éxtasis seráficos; y hablaba de Cristo y de los misterios de su vida adorable con tanta fuerza de espíritu, y afectuosa devoción, que encendía en amor del Redentor divino a los que la oían. Como el amor divino había sido durante toda su vida el único principio de todas sus obras y afectos, así también fue como el término de ella, pues la enfermedad de que murió no tanto fue dolencia corporal, como enfermedad de amor divino, que desatándola del cuerpo a la edad de setenta años, hizo que volase a su celestial Esposo.
  
REFLEXIÓN
Por lo dicho puedes ver en dónde aprendió esta esclarecida maestra de espíritu los sublimes documentos de perfección, que nos dejó, y ella misma practicó. El libro más familiar de esta gloriosa santa, no era otro que Cristo crucificado. Entiende, pues, la frecuencia con que debes leer y contemplar la pasión del Salvador, si deseas aprovechar en la ciencia de los santos. ¡Oh! ¡Qué lecciones tan sabias de humildad, de mortificación, de paciencia y de todas las de más virtudes nos enseña Jesús en el curso de su pasión sacrosanta! Apréndelas tú con toda diligencia, pues así, y sólo así comprenderás el secreto de la verdadera santidad.
  
ORACIÓN
Oh Dios, que en el corazón de tu bienaventurada virgen santa Gertrudis, te preparaste una agradable morada; por sus méritos e intercesión, limpia las manchas del nuestro, para que merezca ser digna habitación de tu divina Majestad. Por J. C. N. S. Amén.