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miércoles, 18 de mayo de 2022

NOVENA A SAN JOSÉ DE CUPERTINO PARA APROBAR LOS EXÁMENES

Traducción del artículo publicado en SAINTES PRIERES ET DÉVOTIONS.
   
Este santo, el más grande de los estáticos en la historia, nació de padres muy pobres y muy cristianos, el 13 de junio 1603.
   
«Desde su más tierna infancia, dicen las actas se su proceso de canonización, dio tales signos de santidad, que, para ser ya venerado como hombre perfecto, solo le faltaba la edad».
   
Visitar las iglesias, orar por largaa horas, día y noche, ante el pequeño altar decorado por él en la casa paterna, era su única distracción; podría decirse, su única oración.
   
Su alma vibraba con el pensamiento de las cosas celestiales, poderosamente atraído a la divina contemplación. Oía en la iglesia los acordes de los órganos, las melodías santas, o en la escuela, el canto de cánticos sencillos, la lectura de piadosas consideraciones, el libro se le caía de las manos; mantenía la mirada fija en el cielo, con la boca entreabierta. Sus compañeros, por burla, lo habían apodado «boca abierta».
   
Este ensimismarse en Dios, siempre creciente, le volvió inhábil al oficio  de zapatero, que debía asegurar su vida material. Ella por algún tiempo parecía hacer imposible su gran deseo de entregarse totalmente a Dios, en la Orden Franciscana.
   
Se presentó en los conventuales, a la edad de 17 años. Allá rechazaron recibirlo, sobre todo por la instigación de sus dos tíos, religiosos destacados de esta Orden, que lo juzgaron incapaz de realizar estudio alguno.
   
Tuvo que solicitar a los capuchinos que lo aceptaran en calidad de hermano lego. Allá incluso, su insigne torpeza, su incapacidad en las labores manuales, después de nueve meses lo hicieron excluir del noviciado. ¡Oh profundidad de los juicios de Dios! ¡Los religiosos, cuyo único deseo es de poblar el cielo de santos, rehusaron mirar un santo cuya vida maravillosa será una de las más grandes luces de la Orden seráfica! Dios lo permitía así para ejercitar la humildad y la confianza de su servidor.
   
Por compasión, para no dejarlo sin recursos, en medio del mundo, ante sus súplicas, las lágrimas de su madre, y esta vez, a la petición de sus tíos, los superiores de los Hermanos Menores Conventuales consintieron aceptarlo como oblato.
   
Le encargaron en particular de cuidar la mula del convento. Aquel que le hicieron buscar un pastorcito, en las montañas de Judea, para hacerlo el más ilustre y el más santo de los reyes de Israel, se reservó el exaltar un día al humílde palafrenero del convento de la Grotticella, y de hacer, por su sacerdocio, por sus virtudes, sus milagros, una de las más brillantes luces de la Iglesia católica.
   
El humilde oblato se esforzó de cumplir lo mejor posible, los fáciles trabajos que le eran impuestos. Su unión constante en Dios, su caridad, su mortificación le condujeron a la admiración de los religiosos como un vaso de elección que el Señor se dignó llenar de sus dones.
  
El mes de junio de 1625, una congregación provincial decidió admitirlo en la Orden, en calidad de clérigo. Tuvo la alegría de recibir el santo hábito y con fervor hizo un noviciado, que le consentiría la profesión solemne.
   
Dos desean ahora llenaban su corazón: devenir un verdadero discípulo de Cristo, y de su perfecto imitador, San Francisco: y después, ser elevado al sacerdocio.
   
A su conocimiento, lo primero ya fue realizado, pero ¿lo será lo segundo?
   
La santidad no es suficiente para ministrar los altares: hace falta la ciencia. Los esfuerzos del hermano José, para adquirirla, eran vanos; leía muy mal, y escribía aún peor. Dios quería, por esta ignorancia total confundir la sabiduría humana. Dios llegó en efecto a instruirlo Él mismo, y José se revelaría un profundo teólogo, tanto que algunos dirán en el proceso de canonización, haber aprendido más en sus conversaciones con él, que en las más reputadas obras de teología.
   
Ver cómo Dios vino maravillosamente en ayuda del hermano José, y le permitió franquear victorioso la prueba, tan peligrosa para él, de los exámenes.
   
El obispo de Nardo, admirador de sus virtudes, le había conferido, sin dificultad, las órdenes menores y el subdiaconado. Le hizo resaltar que para elevarse al diaconado era requerido un examen. El hermano José se presenta con la seguridad de un doctor consumado en el conocomiento de las Santas Letras. Esta seguridad no era orgullosa presunción, sino confianza filial en la Virgen María: Ella le aseguraría el camino del triunfo. El obispo abrió el Nuevo Testamento. Como la Virgen dirigía su mano, se dirige al texto del Evangelio: «beátus venter qui te portávit», que el hermano José meditaba constantemente, porque exaltaba la maternidad de María. Agradeciendo interiornente a su celestial Protectora, el joven clérigo leyó y comentó, con ciencia y piedad, este pasaje tan glorios para la divina Madre. Fue felicitado y admitido al diaconado.
   
Quedaba por hacer el examen más difícil, el que precede al sacerdocio. En compañía de muchos cofrades, José se presentó ante el obispo de Castro, presidente de los exámenes, conocido de los ordenandos por su gran severidad. Los primeros religiosos, sujetos de élite, respondieron con una ciencia perfecta. El prelado juzó inútil de interrogar a los otros, y los admitió a todos, incluido el hermano José.
   
Allá estqba la mano de Dios. Esto no era un milagro, sino una manifestación providencial de la bondad divina que se añade a las otras, hizo de nuestro Santo extático el protector de los candidatos a los exámenes. La confianza de sus múltiples protectores, siempre que ella no sea temeraria, es casi siempre recompensada.
   
San José de Cupertino no es en efecto el recurso de los perezosos; ser negligente en prepararse para un trabajo serio, y contar con su asistencia para el éxito final será pura temeridad. Pero si bien esté preparado, el candidato puede siempre temer un fracaso: los más «sabios» a veces tienen la dura experiencia. Nada de más oportuno que una piadosa y seria novena a San José de Cupertino para obtener por su intervención el éxito en los exámenes.

CONDICIONES PARA HACER LA NOVENA
  1. Estar en estado de gracia, por consecuencia, purificar su conciencia de todo pecado  grave. Si no, el estudiante se expondrá a ser tratado como un joven caballero que un gran señor presentó a nuestro santo, para que lo bendiga. «¿Qué moro me traéis acá?», le dijo, y luego se volvió al lado del caballero: «Hijo mío, ve a lavarte la cara». El hombre lo entendió, hizo una buena confesión; a su regreso, el santo lo abrazó, diciendo: «¡Oh, hijo mío, ahora eres hermoso!»
  2. Estar en la disposición de hacer la voluntad de Dios y practicat la Virtud que resume toda la vida cristiana: la obediencia, obediencia al decálogo, a la Iglesia, a su jefe visible en la tierra: el Papa, y a sus representantes calificados.
      
    Esta virtud era particularmente querida a San José. Frecuentemente elevado en éxtasis, despegado de la tierra, tanto que podía decirse que «la mitad de su vida se pasa en los aires», una sola palabra tenía el poder de hacerlo salir de este estado, era la de la obediencia. «A esta palabra, decía, Dios cierra la cortina». «La obediencia, decía más él, es el cuchillo que deguella la voluntad del hombre y la inmola a Dios. Es una carroza que conduce dulcemente al paraíso... Es el má fuerte de los exorcismos...».
  3. Rezar cada día de la novena las oraciones siguientes, y el último día, por lo menos, oír la Santa Misa y comulgar con fervor.
 
ORACIÓN DE LA NOVENA
   
  
Oh bienaventurado San José, que amáis mostraros favorable hacia vuestros devotos servidores, vengo a implorar vuestra ayuda para este examen que debo hacer. A pesar de mi trabajo y mi buena voluntad, temo que me deje perturbar y no pueda responder convenientemente.
  
Acordaos que vos os hallasteis en la misma dificultad, y que por la obediencia y la poderosa protección de vuestro Padre de los cielos salisteis felizmente de ella.
   
Haced lo mismo a mi favor. Concededme la seguridad en mis respuestas, dad a mi inteligencia la prontitud y la vivacidad. Os lo pido por el amor de Jesús, de María y de San Francisco, cuyo hijo y siervo fiel fuisteis. En vos pongo mi confianza, santísimo Patrón de los exámenes, y estoy convencido que mi esperanza no será frustrada.
  
Antífona: Yo estoy muerto al mundo, y mi vida está escondida con Cristo en Dios.
℣. El Señor conduce al justo por caminos rectos.
℟. Y le muestra el reino de Dios.
    
ORACIÓN
Oh Dios, que has querido atraer a tu Hijo Unigénito Jesucristo todas las cosas, haz que, por los méritos y a ejemplo de tu seráfico confesor José, elevándonos por encima de todas las codicias terrestres, merezcamos llegar a Él, que contigo y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
   
Con el permiso de los Superiores. Imprimátur: Namur, 27 de Junio de 1934. Antoine Collard, vicario general.
Librería Mariana y Franciscana, 9, calle de Vauquois, 41000 Blois, Francia.

jueves, 9 de septiembre de 2021

NOVENA EN HONOR A SAN JOSÉ DE CUPERTINO

Traducción de la Novena publicada en italiano por el Mtro. Fray Bernardino Pianzola OFM Conv., exprovincial de Venecia, en la Raccolta di Meditazioni e Massime eterne, impresa en Venecia por Lorenzo Baseggio en 1780. Los Gozos fueron compuestos por fray Hilario de Arenas del Mar (en el siglo José Puig y Bosch) OFM Cap.
  
NOVENA EN HONOR A SAN JOSÉ DE CUPERTINO
   
  
Por la señal ✠ de la Santa Cruz, de nuestros ✠ enemigos, líbranos Señor ✠ Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.
  
ACTO DE CONTRICIÓN
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, porque sois mi Criador, mi Redentor y mi benigno Salvador, y porque sois mi amoroso Padre, me pesa en lo íntimo de mi corazón, con el más vivo dolor, de haber ofendido a vuestra infinita bondad, con los atrevidos ultrajes de mi delincuente malicia. Propongo, Señor, aprovecharme para mi enmienda de los poderosos auxilios de vuestra soberana misericordia, cuya dulce confianza me alienta, para ofreceros el sacrificio de mi fervorosa voluntad, con la que deseo padecer todas las afrentas, dolores y trabajos en satisfacción de mis repetidas culpas y pecados, y para cuyo perdón apelo, Padre amantísimo, inmenso tesoro de los méritos de vuestra preciosa y divina Sangre, esperando que vuestra gracia haga eficaces los firmes propósitos de mi debida perseverancia en vuestro santo servicio. Amén.
  
DÍA PRIMERO – 9 DE SEPTIEMBRE
Consideremos en este primer día el admirable desprendimiento de San José de las cosas terrenas. Comenzó él a vivir en el mundo casi fuera del mundo, puesto que no solo no buscaba ni apreciaba sus falsos bienes, sino que los aborrecía sumamente. Entrado sin embargo en la Religión Franciscana, no solamente vivió en la misma despojado de todo, aun de lo más necesario al vivir humano; sino también tuvo tal despojamiento interior, que habría querido poder vivir incluso de aquello poco sin lo cual no podía mantener su vida aunque estancadísima. Cuanto sin embargo tenía el corazón vacío de las cosas terrenas, otro tanto se veía lleno de DIOS con sobreabundancia de riquezas y dones celestiales; y fue provisto a veces también prodigiosamente en sus necesidades temporales. Reflexionemos por otra parte cuán distinto somos de tal ejemplar. ¡Ah, cuántos enderezan sus pensamientos y sus afanes para vivir cómodamente en el mundo, nunca bastante contentos de la comida, de los vestidos y de la habitación! ¡Incluso llevados del interés, procuran cada vez más acumular, y a veces hasta con modos ilícitos, como si debiesen estar eternamente en la tierra, y en ella estuviese determinado su fin último! Que si algunos son pobres por natural condición, y otros por voluntaria profesión, hay muchos sin embargo llenísimos de deseos de tener. Pidamos pues a nuestro Santo, a fin que nos impetre del Altísimo una viva fe, para que considerando siempre los bienes verdaderos del Paraíso, para el cual fuimos creados, y separemos nuestro corazón de esta tierra, nos sirvamos de sus bienes con aquella moderación que en todos los fieles requiere la Pobreza Evangélica, y para obtener esto recemos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino..
   
ORACIÓN  
Benditísimo San José, vos poseéis la Bienaventuranza celestial en premio de todas las heroicas virtudes practicadas por vos aquí en la tierra, y veis bien además que la virtud de la Humildad es la base y custodia de todas las demás. Por el amor que tenéis a nuestras almas, impetrádnosla, os suplicamos, de nuestro Dios amante de los humildes. Así, con el vivo conocimiento de nosotros mismos y de nuestras miserias, así como de nuestra nada, no solo depondremos toda vanidad y soberbia, sino que humillándonos siempre a imitación vuestra, conseguiremos con el divino auxilio y con vuestra protección las demás virtudes, con las que podremos esperar ser finalmente con vos exaltados a la eterna Gloria. Amén.
  
GOZOS

¿Dónde encontrará la ciencia
La florecilla del camino?
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.

Cuando entrasteis a la vida
Era el año mil seiscientos tres;
Todo a vivir os invita
Y por el Cielo se ve extendido
Todo un libro de clemencia
Para aprender a leer.
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.

Taciturno dentro de la alcoba
En el lecho donde estáis enfermo,
Os entraba la luz nueva
Que llamaba en la ventana
Para dejar la experiencia
De un bello vivir, un santo morir:
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.
  
Tal la muerte cual fue la vida,
Nos dice el refranero,
Que no nos dice una mentira,
Y es claro y muy sincero;
Os remueve la conciencia
Una voz os hace estremecer:
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.
    
Y la vida austera y dura
La encontráis en el convento,
La veis en la figura
De este San Francisco valiente
Que conoce la paciencia,
Ese don de amor divino.
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.

En el convento con Dios se goza
Si uno quiere a Dios y sus Santos
Cómo perfume, cómo reposa
Una rosa entre las manos;
A pan y agua y abstinencia
Os desea rejuvenecer.
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.
   
Os premia con mil carismas
Este Dios tan adorado;
Vos sentís mil egoísmos
Y cómo llama el pecado,
Pero es tal vuestra excelencia
Que el mundo os hace mal;
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.
    
El Espíritu os arrebata
Con un éxtasis constante,
Y el corazón todo os estalla,
Os deshace bueno y consolante
A quien llora, a quien pena,
No podéis ver padecer:
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.
   
Y los que os menospreciaron
Por vuestro poco saber,
¡Oh, Dios mío!, os admiraron
Pues sabían el por qué Dios,
Señor de omnisciencia,
Os abría todo destino:
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.
   
Ahora todos vienen a la hora
En que viene el estudiante,
El que pasa más afuera,
El que viene de tanto en tanto;
Perdonad la delincuencia
Que viene a arrepentirse:
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.
   
Por vuestra supervivencia
Oh, querednos bendecir:
Gran modelo de sapiencia
San José de Cupertino.
  
℣. Ruega por nosotros, San José de Cupertino.
℟. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
   
ORACIÓN
Oh Dios, que dispusiste atraer a tu Hijo Unigénito elevado de la tierra todas las cosas, concédenos propicio por los méritos y ejemplos de tu seráfico Confesor San José el ser elevados sobre todo deseo terrenal, para que merezcamos llegar a Él. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
   
En el nombre del Padre, y del Hijo ✠, y del Espíritu Santo. Amén.

DÍA SEGUNDO – 10 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Consideremos en nuestro San José la perfecta negación de sí mismo. Tanto estaba sometido a la voluntad no solamente de los Superiores, sino incluso de los ínfimos, que parecía no tener su propia voluntad, no dando casi ningún paso sin el permiso de su Religioso compañero. Luego es que felizmente superó a todos, aún a los más duros y difíciles encuentros, asperezas de viajes, y extrañezas de preceptos, no requiriendo ni siquiera la razón de hacer algo, o de ir o estar en algún lugar, haciendo todo y yendo a todo con inalterable resignación, adquiriendo así una paz suma de espíritu: Y siendo a todos obediente, era a su vez obedecido por las criaturas irracionales, y hasta por el demonio, que salía de los obsesos con el solo mérito de la obediencia. Place a DIOS que así tuviésemos sujeta nuestra voluntad al menos en nuestros principales deberes a la voluntad de aquellos que por divina ordenación debemos someternos; pero el mal se está que, amantes de la voluntad propia rechazamos obedecer a los hombres, que tienen en la tierra el lugar de DIOS, sino a DIOS mismo, con la transgresión de sus santísimas Leyes. Dirijamos pues nuestras súplicas a San José para obtener del Señor por sus méritos la gracia singular de conocernos a nosotros mismos, y de sujetarnos perfectamente a la voluntad de Dios, y de todos aquellos que nos representan a DIOS. Y para obtener esto recemos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino.
  
La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA TERCERO – 11 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Consideremos las asperísimas penitencias de nuestro Santo: no comer pan por cinco años, y por diez años no beber nunca vino: alimentarse cotidianamente de hierbas y frutas secas, y habas condimentadas con amarguísimos polvos. Dormir brevemente sobre un lecho compuesto de tres tablas, y una raída piel de oso: observar siete cuaresmas al año con tanta rigidez que fuera de los jueves y del domingo, pasaba más veces sin comida, sostenido entonces con solo el Eucarístico Pan, era el ordinario gobierno que San José hacía de su cuerpo. Y como si esto no bastase para tenerlo mortificado, agréganse flagelaciones frecuentes, un pungentísimo cilicio, una cadena y una gran placa de hierro, que más apretaba el cilicio que la misma cadena. Mas si el inocente José tenía su cuerpo en tal manera mortificado, ¿qué no deberíamos hacer nosotros los pecadores? Con todo, no hacemos si no complacer los deseos de la carne, buscando comodidades, deleites y placeres incluso ilícitos, los cuales, como enseña el Evangelio, van a terminar abajo en los Abismos. Si, sin embargo, nos espanta el Infierno, y ansiamos esquivarlo, apliquémonos ahora a mortificar nuestros sentidos, y pidamos al al Santo que nos impetre de DIOS parte al menos de su espíritu penitente. Para obtenerlo digamos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino.
  
La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA CUARTO – 12 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Consideremos la heroica Paciencia de nuestro Santo. En las enfermedades, ocasionadas por sus ásperas penitencias, o que Dios le mandaba, a veces dolorosísimas, no salió jamás de su boca ni siquiera un lamento, sino con hilaridad de rostro y de corazón sufría todo mal. Toleró semejantemente con increíble paciencia los trabajos que recibía de los hombres, que lo obligaron a muchos y siempre arduos viajes, y lo restringieron casi en anodina soledad, ora tratándolo con vigilancia y desprecio, ora tachándolo finalmente de hipócrita. El demonio, aun cuando lo afligía en su alma con fuertes tentaciones, y en el cuerpo con horrendos tropiezos y frecuentes golpes, pero siempre en vano: el Santo llamaba siempre chistes las tentativas diabólicas. Y finalmente, en la grave cruz que le mandaba el mismo Dios con desolaciones y penosísima aridez de espíritu, fue reconocido como su digno siervo. ¡Oh, cuánto mérito adquirió por esto! Pero nosotros, necios, en vez de obtener ventajas de las enfermedades, los trabajos y dolores que tanto nos afligen, y quizá provengan de nuestros desórdenes, hacemos gravísimas pérdidas, puesto que nada conformes a la divina voluntad, prorrumpimos en querellas, en inquietudes y manías, actos solamente que acrecentarán nuestras penas. Pidamos pues al Santo, que interceda para que obtengamos la gracia para que miremos en adelante las enfermedades y todas las demás adversidades, o como justo castigo de nuestras culpas, y como favores que Dios suele hacer a los que ama, y tolerémoslas con resignación y paz. Para obtener esto recemos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino.
  
La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA QUINTO – 13 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Consideremos la incesante y perfectísima Oración, de cuya asiduidad en sus oraciones bien se ve en la huella de sus rodillas dejadas en la grada del Altar y el tablado de su Oratorio. No había cosa que hiciese con tanta atención de mente y fervor de corazón, que la Oración, especialmente al celebrar la Santa Misa, en rezar el Divino Oficio, del cual decía obtener todo gran provecho. Que si callaban sus labios, oraba su mente con moderaciones y altísimas contemplaciones, pareciendo que su espíritu, aunque ligado a su cuerpo, estaba inmerso en el Cielo. Eran pues sus Oraciones animadas de una Fe tan viva y de una Esperanza tan fuerte que todo siempre impetraban de DIOS, aun a provecho de otros; afirmando los pueblos que experimentaban la eficacia, que su Oración nunca fue vana. Pero nosotros, que estimando la Santa Oración como cosa inútil, o no oramos, como siempre se debería, dado el aviso de JESUCRISTO, u oramos con la mente divagante y distraída, y con el corazón mudo y frío, se hacen ineficaces nuestras oraciones, por más que se repitan cotidianamente. Oremos pues, en el futuro, como San José, y supliquémosle que haga nuestras oraciones tan atentas, fervorosas y perseverantes. Para obtener esto recemos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino.
  
La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SEXTO – 14 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Consideremos el ardentísimo Amor de Dios, el cual incendiaba el corazón de San José. Puede decirse que él, como los Serafines en el Cielo, vivía en la tierra de puro amor. DIOS solo era el objeto de sus anhelos, sus afectos todos los dirigía a DIOS, tenía siempre a DIOS en sus labios, y al oír solo su Nombre, ¡oh amor! exclamaba, ¡oh amor! y frecuentemente caía en amorosos deliquios y profundísimo éxtasis. Sin embargo, se veía mejor la mayor fuerza de su amor cuando, no pudiendo tener encerrado su vehementísimo fervor interno, dio un fuerte grito, y a DIOS volaba con su espíritu, y con él elevaba por los aires también el cuerpo, bien sobre las cruces, bien sobre las más altas cimas de los árboles, bien sobre los púlpitos, sobre los altares y las cornisas de las iglesias: Y esto con tanta frecuencia y manera tan prodigiosa, que devino verdaderamente admirable y singular por estos vuelos. Y nosotros, que aunque profesamos la misma Ley de amor, y por esto el gran precepto de amar a DIOS sobre todas las cosas, y debemos amarlo con todo el corazón a la sola consideración de su amabilidad infinita, solamente hacia Él tenemos el corazón frío, cual si fuese un objeto poco amable e indiferente. Peor aún si es, que lejos de amarlo, Lo ofendemos cotidianamente de mil maneras, transportados por el desordenado amor de las criaturas y de nosotros mismos. ¡Ah!, reflexionemos un poco en nuestra miseria, y pidamos al Santo que, por aquel inmenso mar de amor en el cual está absorto en el Cielo, haga caer sobre nosotros una chispa que nos encienda, nos inflame para amar sobre todas las cosas a nuestro DIOS amabilísimo. Para obtener esto recemos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino.
  
La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA SÉPTIMO – 15 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Consideremos que la perfección del Amor hacia DIOS hizo tan perfecta en San José la Caridad hacia el prójimo. ¡Ah, cuántas Oraciones rezaba! ¡A cuántas penitencias se aplicó por la conversión de los pecadores y de los infieles, deplorando su alta miseria, y recomendando también a los otros que orasen por ellos, para que todos seamos redimidos con la Preciosísima Sangre de JESUCRISTO! Él estaba, además, que como madre amorosa confortaba a los angustiados de escrúpulo, fortificaba a los tentados por el demonio y arreglaba los disensos; y de las almas extendió su caridad a los cuerpos de los prójimos: en cuanto le permitía la obediencia, visitaba a los enfermos, confortándolos, sosteniéndolos, alimentándolos y curando aun, si debía hacerlo, sus llagas. Nunca se enojó con ninguno, aun cuando las más veces fuese vilipendiado con villanías y desprecios, y ultrajado aún en su vida, sino perdonando a sus ofensores toda injuria, incluso dándoles verdaderos signos de amor y correspondiendo con beneficios, bien con predicciones gozosas, bien con prodigiosas curaciones, ganándolos para sí y para DIOS. La imagen de DIOS, que resplandece en todos los prójimos, y el amor de Dios, que en todos los prójimos quiere honrada y amada, eran los motivos de la gran Caridad de nuestro Santo. Y estos motivos precisamente deberían excitar en nuestros corazones una caridad semejante. Mas nosotros, por cualquier ligerísima ofensa recibida, nos encendemos de ira y de desdén, y cuando externamente simulamos paz y perdón, escondemos en nuestro seno odios, amarguras y rencores tanto más perniciosos cuanto más ocultos y menos advertidos. Roguemos, pues, a DIOS que por los méritos del Santo sean consumidas en nosotros estas aversiones contra el prójimo con el fuego de su Caridad, y sea inflamado nuestro corazón en sincerísimo amor hacia todos nuestros prójimos, aunque sean malévolos, maledicentes y enemigos. Para obtener esto recemos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino.
  
La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA OCTAVO – 16 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Consideremos el amor filial de nuestro Santo a MARÍA Santísima. Reconociendo por medio de Ella todo bien de DIOS, la llamaba siempre su Madre. Y como a Madre honrábala precisamente con varias señales externas de amor, tributándole al mismo tiempo con afectuosísimas expresiones su corazón, e insinuando también en los corazones de los demás el amor de aquella a quien quería de todos amada y reverenciada como amantísima Madre de todos. Por tanto es,, que era amado San José de Cupertino como hijo por MARÍA, tanto más porque en él veía una pureza limpísima conservada siempre en su alma como en su cuerpo, y lejos de las ocultas trampas y sensibles representaciones de impureza con las cuales trató mucho el Demonio de arrebatarle y oscurecer tan bella joya; y premiada también de DIOS con el olor suavísimo que emanaba de su cuerpo, y que todos llamaban fragancia del Paraíso. Nosotros, aunque pecadores, obtendremos de DIOS tanto para el alma como para el cuerpo, infinitas gracias por la intercesión de la Clementísima Reina y Madre MARÍA, si la honrásemos y amásemos como conviene. Mas, porque aun cuando afectemos alguna devoción y amor hacia MARÍA, tenemos también el corazón siempre contaminado de tantos otros malos afectos, quedamos privados de todo bien, no advirtiendo que MARÍA es Refugio de pecadores sí, pero de los pecadores arrepentidos, no de aquellos que no dejan de ser pecadores. Para gozar pues de los dulces efectos del maternal Corazón de María, pidamos al Santo que nos obtenga de DIOS por medio de MARÍA Santísima un corazón puro semejante al suyo. Para obtener esto recemos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino.
  
La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

DÍA NOVENO – 17 DE SEPTIEMBRE
Por la señal…
Acto de contrición.
   
Consideremos finalmente la Humildad profundísima de San José de Cupertino. Aunque fuese adornado de todas las virtudes, honrado de DIOS con todos sus dones más espléndidos y aplaudido sumamente en todas maneras por los hombres, tenía también tan bajo concepto de sí mismo que solía llamarse hombre muerto, inútil para todo, y el más desgraciado e infame pecador en el mundo. Y como tal humillábase ante todos, aun a los ínfimos, ejercitando alegremente empleos vilísimos; aborrecía las alabanzas y los aplausos, y solo se complacía de las injurias y los vilipendios. Por lo cual no solo buscaba ocultar especialmente el aprecio de sus éxtasis y arrebatamientos llamándolos solamente aturdimiento y flaqueza de complexión, sino que a veces llegó a pedirle a DIOS no dispensarle tales favores para no ser objetos de las maravillas de otros. Pero DIOS, después de haberlo favorecido tanto aquí en la tierra, lo llevó a excelsa gloria en el Cielo, y lo adornó con frecuentes y estrepitosos milagros, dispuso aún que fuese elevado en el mundo para la veneración de los pueblos con el glorioso título de Beato, y después de Santo; del cual exultó grandemente todo el Cristianismo. Este es el gran premio que tiene DIOS preparado para los humildes. El que se humilla será exaltado en la eterna Gloria, nos lo enseña JESUCRISTO, así como por el contrario será condenado a eterna ignominia quien va soberbio de sí mismo. Humillémonos ahora con provecho, pidiéndole a DIOS perdón por los excesos de nuestra pasada vanagloria, para no quedar inútil y eternamente confundidos; y pidamos fervorosamente al Santo que nos impetre la gracia de conseguir y siempre conservar esta virtud tan necesaria para nosotros que es la santa Humildad. Para obtener esto recemos devotamente nueve Padre nuestros, nueve Ave Marías y nueve Gloria Patri en honor de los nueve coros católicos, y para agradecerle a la Santísima Trinidad todas las gracias, y la gloria y privilegios dados a San José de Cupertino.
  
La Oración y los Gozos se dirán todos los días.

viernes, 18 de septiembre de 2009

SAN JOSÉ DE CUPERTINO, CONFESOR

Armémonos, revistiendo por coraza la fe y la caridad, y por casco la esperanza de la salvación. (I Tesalonicences, 5, 8).
 
San José de Cupertino


Temprano declaró San José la guerra a la carne y al mundo. Mucho antes de su entrada en religión, llevaba un tosco cilicio y maceraba su cuerpo con diversas austeridades. Admitido como doméstico entre los Conventuales, fue después, a causa de sus eminentes virtudes, recibido entre los religiosos de coro. Ordenado sacerdote en 1628, se retiró a una incómoda celda, se despojó de todo lo que le había sido acordado por la regla y, arrojándose al pie del crucifijo: Señor, exclamó, heme aquí despojado de todas las cosas creadas, sé tú mi único tesoro; considero todo otro bien como un peligro, como la pérdida de mi alma. Para recompensar su generosidad, el Señor lo favoreció con numerosos éxtasis, y le concedió el don de milagros y profecía. Murió el 18 de septiembre de 1663.
   
MEDITACIÓN SOBRE LAS ARMAS DEL CRISTIANO

I. Hay circunstancias en las que el cristiano no triunfa sino mediante la huida. La castidad es uno de estos combates. ¿Quieres obtener en ellos una victoria segura? Huye de las ocasiones, porque tienes a tu cuerpo contra ti; es un enemigo doméstico que está en inteligencia con el demonio, y que te traicionará. No tengas vergüenza de huir, si deseas obtener la corona de la castidad. (San Agustín)

 
II. No resistas a quienes te abruman de injurias y de burlas sangrientas, a quienes te desprecian, te calumnian o te maltratan de cualquier manera que fuere: cállate, no trates de confundirlos, no les devuelvas mal por mal. ¡Oh! ¡qué difícil es contenerse en tales ocasiones; mas, cuán agradable a Jesucristo es la victoria que obtienes sobre ti mismo! El divino Maestro nada respondió a las calumnias y a las burlas de los judíos; imítalo.

   
III. La fe, la esperanza y la caridad son las tres armas que San Pablo nos presenta para hacernos triunfar de nuestros enemigos. Considera con los ojos de la fe lo que ha sufrido Jesucristo, y tus sufrimientos te parecerán leves; eleva tus miradas al cielo, y la esperanza de obtener la corona sostendrá tu valor; ama a Dios, y sus mandamientos ya nada tendrán de penoso para ti. Donde hay amor, no hay pena, o si existe pena, hácese amable. (San Agustín)
   
La huida de las ocasiones. Orad por los que son tentados.
 
ORACIÓN
Oh Dios, que habéis querido que vuestro Unigénito Hijo, levantado de la tierra, atrajese todo hacia Él, haced, os lo suplicamos por los méritos del seráfico José, vuestro confesor, que elevados a su ejemplo por sobre todas las cosas terrenales, merezcamos llegar a ese mismo Jesucristo que vive y reina con Vos por los siglos de los siglos. Amén.